Bismillahir Rahmanir Rahim

Introducción

 وَإِن مِن أُمَّةٍ إِلّا خَلا فيها نَذيرٌ

«No hubo ninguna nación a la que no llegara un amonestador».

-(Sura Fatiha: 24)

وَلَقَد بَعَثنا فى كُلِّ أُمَّةٍ رَسولًا أَنِ اعبُدُوا اللَّهَ وَاجتَنِبُوا الطّٰغوتَ

«Y enviamos a cada nación un profeta, que exhortó diciendo: Adorad a Al-lah y alejaos de obedecer al Tagut».

-(Sura An-Nahl: 36)

هٰذا نَذيرٌ مِنَ النُّذُرِ الأولىٰ

«Éste es uno de los amonestadores anteriores».

-(Sura An-Naym: 56)

إِنَّكَ لَمِنَ المُرسَلينَ

«(Oh, Muhammad,) ciertamente eres un Mensajero». -(Sura Ya-Sin)

قُل ما كُنتُ بِدعًا مِنَ الرُّسُلِ

«(Oh, Muhammad,) di: “No soy un Mensajero novedoso”».

-(Sura Al-Ahqaf: 9)

وَما مُحَمَّدٌ إِلّا رَسولٌ قَد خَلَت مِن قَبلِهِ الرُّسُلُ

«Muhammad no es sino un Mensajero; antes de él también pasaron muchos Mensajeros». (Sura Al Imran: 144

قولوا ءامَنّا بِاللَّهِ وَما أُنزِلَ إِلَينا وَما أُنزِلَ إِلىٰ إِبرٰهۦمَ وَإِسمٰعيلَ وَإِسحٰقَ وَيَعقوبَ وَالأَسباطِ وَما أوتِىَ موسىٰ وَعيسىٰ وَما أوتِىَ النَّبِيّونَ مِن رَبِّهِم لا نُفَرِّقُ بَينَ أَحَدٍ مِنهُم وَنَحنُ لَهُ مُسلِمونَ

فَإِن ءامَنوا بِمِثلِ ما ءامَنتُم بِهِ فَقَدِ اهتَدَوا ۖ o

«Di: Creemos en Allah, en la enseñanza que nos ha sido revelada y en la enseñanza que fue revelada a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y sus descendientes, y en todo lo que fue dado a Moisés, Jesús y a los demás profetas por parte de su Señor. No hacemos distinción entre ninguno de ellos y estamos sometidos a Allah. Así pues, si creen de la misma manera que ustedes han creído, estarán ciertamente en el camino recto».»

(Sura Al Baqara: 136-137).

لَقَد مَنَّ اللَّهُ عَلَى المُؤمِنينَ إِذ بَعَثَ فيهِم رَسولًا مِن أَنفُسِهِم يَتلوا عَلَيهِم ءايٰتِهِ وَيُزَكّيهِم وَيُعَلِّمُهُمُ الكِتٰبَ وَالحِكمَةَ وَإِن كانوا مِن قَبلُ لَفى ضَلٰلٍ مُبينٍ

«En verdad, es una gran gracia de Allah para los creyentes que haya hecho surgir de entre ellos mismos un Mensajero que les recita los versículos de Allah, los purifica y les enseña el Libro y la sabiduría. De no ser así, ciertamente se encontrarían en un extravío manifiesto». (Sura Al Imran: 164).

 اليَومَ يَئِسَ الَّذينَ كَفَروا مِن دينِكُم فَلا تَخشَوهُم وَاخشَونِ ۚ اليَومَ أَكمَلتُ لَكُم دينَكُم وَأَتمَمتُ عَلَيكُم نِعمَتى وَرَضيتُ لَكُمُ الإِسلٰمَ دينًا ۚ

«Hoy he perfeccionado para vosotros vuestra religión, he colmado sobre vosotros Mi gracia y he elegido para vosotros el islam como sistema de vida». –(Sura al-Mā’idah: 3)

 

تَاللَّهِ لَقَد أَرسَلنا إِلىٰ أُمَمٍ مِن قَبلِكَ فَزَيَّنَ لَهُمُ الشَّيطٰنُ أَعمٰلَهُم فَهُوَ وَلِيُّهُمُ اليَومَ وَلَهُم عَذابٌ أَليمٌ

وَما أَنزَلنا عَلَيكَ الكِتٰبَ إِلّا لِتُبَيِّنَ لَهُمُ الَّذِى اختَلَفوا فيهِ ۙ وَهُدًى وَرَحمَةً لِقَومٍ يُؤمِنونَ

«¡Por Dios, oh Muhammad! Antes de ti enviamos la guía a diversas comunidades. Pero después Satanás les hizo atractivas sus malas acciones. Hoy él se ha convertido en su protector y ellos se han hecho merecedores de un castigo doloroso. Y no hemos hecho descender sobre ti este Libro sino para que les expongas con claridad la verdad sobre la cual discrepan. Y también hemos hecho descender este Libro para que sea guía y misericordia para quienes aceptan obedecerlo».

–(Sura an-Nahl: 63-64)

يٰأَهلَ الكِتٰبِ قَد جاءَكُم رَسولُنا يُبَيِّنُ لَكُم كَثيرًا مِمّا كُنتُم تُخفونَ مِنَ الكِتٰبِ وَيَعفوا عَن كَثيرٍ ۚ قَد جاءَكُم مِنَ اللَّهِ نورٌ وَكِتٰبٌ مُبينٌ

يَهدى بِهِ اللَّهُ مَنِ اتَّبَعَ رِضوٰنَهُ سُبُلَ السَّلٰمِ وَيُخرِجُهُم مِنَ الظُّلُمٰتِ إِلَى النّورِ بِإِذنِهِ وَيَهديهِم إِلىٰ صِرٰطٍ مُستَقيمٍ

“¡Oh, gente del Libro! Ha venido a vosotros Nuestro Mensajero, quien os explica muchas cosas que ocultáis del Libro y pasa por alto muchas otras. Ha venido a vosotros, de parte de Allah, una luz y un Libro claro, mediante el cual Él guía hacia el camino de la salvación y del castigo a quienes siguen aquello que Le complace; y, según Su voluntad, los saca de las tinieblas hacia la luz y los guía por el camino recto”. (Sura Al-Ma’idah: 15-16).

يٰأَيُّهَا النَّبِىُّ إِنّا أَرسَلنٰكَ شٰهِدًا وَمُبَشِّرًا وَنَذيرًا

وَداعِيًا إِلَى اللَّهِ بِإِذنِهِ وَسِراجًا مُنيرًا

“¡Oh, Profeta! Te hemos enviado como testigo, anunciador de buenas nuevas, advertidor y convocador hacia Él, con permiso de Allah, y como una lámpara luminosa”. (Sura Al-Ahzab: 45-46).

يَأمُرُهُم بِالمَعروفِ وَيَنهىٰهُم عَنِ المُنكَرِ وَيُحِلُّ لَهُمُ الطَّيِّبٰتِ وَيُحَرِّمُ عَلَيهِمُ الخَبٰئِثَ وَيَضَعُ عَنهُم إِصرَهُم وَالأَغلٰلَ الَّتى كانَت عَلَيهِم ۚ فَالَّذينَ ءامَنوا بِهِ وَعَزَّروهُ وَنَصَروهُ وَاتَّبَعُوا النّورَ الَّذى أُنزِلَ مَعَهُ ۙ أُولٰئِكَ هُمُ المُفلِحونَ

“Él les ordena hacer el bien, les prohíbe el pecado, les hace lícitas las cosas puras y les prohíbe las impuras. Les quita las cargas y las cadenas que pesaban sobre ellos y los mantenían sometidos. Por tanto, quienes crean en él, lo auxilien y sigan la luz que le ha sido revelada, esos serán los triunfadores”. (Sura Al-A’raf: 157).

إِنّا أَنزَلنا إِلَيكَ الكِتٰبَ بِالحَقِّ لِتَحكُمَ بَينَ النّاسِ بِما أَرىٰكَ اللَّهُ ۚ وَلا تَكُن لِلخائِنينَ خَصيمًا

“¡Oh, Muhammad! Te hemos revelado este Libro con la verdad, para que juzgues entre la gente conforme a lo que Allah te ha mostrado y no seas abogado de los traidores”. (Sura An-Nisa: 105).

هُوَ الَّذى أَرسَلَ رَسولَهُ بِالهُدىٰ وَدينِ الحَقِّ لِيُظهِرَهُ عَلَى الدّينِ كُلِّهِ ۚ

«Allah es quien ha enviado a Su Mensajero con la guía y la religión de la verdad, para hacer prevalecer esta religión verdadera sobre todos los demás sistemas de vida». —(Sura Al-Fath: 28).

قُل يٰأَيُّهَا النّاسُ إِنّى رَسولُ اللَّهِ إِلَيكُم جَميعًا الَّذى لَهُ مُلكُ السَّمٰوٰتِ وَالأَرضِ ۖ لا إِلٰهَ إِلّا هُوَ يُحيۦ وَيُميتُ ۖ فَـٔامِنوا بِاللَّهِ وَرَسولِهِ النَّبِىِّ الأُمِّىِّ الَّذى يُؤمِنُ بِاللَّهِ وَكَلِمٰتِهِ وَاتَّبِعوهُ لَعَلَّكُم تَهتَدونَ

«¡Oh, Muhammad! Di: “¡Oh, humanidad! Soy el Mensajero de Allah para todos vosotros, de Aquel a quien pertenece el reino de los cielos y de la tierra; no hay otra divinidad sino Él, y Él es el Dueño de la vida y de la muerte. Creed, pues, en Allah y en Su Mensajero iletrado, que cree en Allah y en Sus mandamientos.”

وَأوحِىَ إِلَىَّ هٰذَا القُرءانُ لِأُنذِرَكُم بِهِ وَمَن بَلَغَ ۚ

«Y di: “Este Corán me ha sido revelado para que, por medio de él, os advierta a vosotros y a aquellos a quienes llegue”».

ما كانَ مُحَمَّدٌ أَبا أَحَدٍ مِن رِجالِكُم وَلٰكِن رَسولَ اللَّهِ وَخاتَمَ النَّبِيّۦنَ ۗ

«Muhammad no es el padre de ninguno de vuestros hombres, sino el Mensajero de Allah y el sello de los profetas». —(Sura Al-Ahzab: 40).

En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso

Introducción

Alabado sea Allah Todopoderoso, pues la gran obra que emprendimos ha sido completada en gran medida, y se espera que, con Su ayuda, también se complete la parte restante.

Si, dejando completamente de lado mi relación de grupo con el maulana Sayyid Abul Ala Maududi, se observa con sinceridad su servicio religioso, surge, sin ningún sentimiento de admiración ciega, la convicción de que, en esta época, no se encuentra ni siquiera en los horizontes más remotos de la historia un ejemplo semejante a la manera en que ha expuesto con argumentos y pruebas tan sólidos, con un estilo novedoso y con tanta amplitud, la verdad fundamental del islam y los diversos aspectos de su sistema integral de vida. La realidad es que, gracias a la contribución que ha realizado, las vidas de innumerables personas han cambiado por completo. Y esta gran obra constituye para el maulana un enorme capital para la Otra Vida.

Desde que conocí al maulana hasta hoy he mantenido con él una relación afectuosa, y mi más ferviente deseo es que se adopten diversos estilos de exposición para difundir y propagar la sabiduría y el pensamiento del maulana. Asimismo, estoy por encima de una mentalidad que pretenda utilizar la personalidad del maulana, su reputación y las obras que ha realizado para satisfacer mis intereses personales.

Esto ocurrió hace diez o doce años. Varios amigos íntimos y yo estábamos sentados conversando en la habitación del maulana Maududi. En el curso de la conversación dije que, si al maulana le parecía bien, podía compilarse una biografía a partir de sus artículos y demás escritos. Entonces mi amigo pidió que se le confiara a él la responsabilidad de realizar esta tarea. Yo acepté. Pero, cuando transcurrieron varios años sin que mi amigo tuviera la oportunidad de llevarla a cabo, planteé nuevamente el asunto al maulana, con su permiso. Además de esta propuesta, el maulana nos dio algunos consejos generales para trabajar también en otros temas.

Finalmente, después de comenzar el trabajo, comprendí que compilar un libro recopilando textos fundamentales de todo el acervo literario del maulana era mucho más difícil y laborioso que redactar por cuenta propia una obra de investigación. Pues, además de los seis volúmenes de Tafhim al-Qurán, había que estudiar gran parte de su literatura, identificar en ella los textos fundamentales necesarios y pertinentes según el tema, copiarlos y, por último, distribuirlos en distintos capítulos y secciones, organizándolos bajo diversos títulos. Estas tareas eran tan arduas que una y otra vez perdía el ánimo y pensaba que llevar a cabo este enorme proyecto estaba más allá de mis capacidades.

Lo afortunado fue que recibí la ayuda y colaboración de varios amigos en esta tarea. En particular, el maulana Abdul Wakil Aliví, M. A., trabajó conmigo durante aproximadamente un año y medio de tal manera que no sería exagerado decir que su contribución fue la mayor en este trabajo.

Tras terminar silenciosamente, después de un año y medio o dos años de trabajo incansable, se presentó la obra ante el Maulana, quien también se sorprendió al comprobar cuánto material sobre la personalidad del Profeta Mustafa (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y su biografía había reunido en sus artículos. El Maulana expresó asimismo su satisfacción al ver que, por manos de personas humildes como nosotros, se había completado la compilación inicial de una obra de casi tres volúmenes. En el primer volumen se tratan la discusión fundamental, la dignidad de la profecía, el sistema de la revelación, la llegada del Santo Profeta, el entorno y las circunstancias de la época anterior al Profeta, la situación del pueblo al que se dirigió la invitación y la de otros diversos grupos. En el segundo volumen se narran los acontecimientos del período comprendido entre el nacimiento del Profeta Mustafa (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y su emigración a Medina; en el tercero se tratan los momentos culminantes de la vida de lucha del Santo Profeta transcurrida en Medina. La compilación del cuarto volumen aún está pendiente. En él se incluirán las actividades reformadoras del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), su enseñanza y educación, y la imagen de los cambios iniciados en los distintos ámbitos de su vida. Que Allah también nos conceda el tawfīq para completar este volumen.

La obra ha sido compilada de tal manera que los artículos del Maulana y sus diversas declaraciones fundamentales han sido ordenados bajo distintos títulos, y se ha reforzado la conexión entre los contenidos, de modo que los asuntos que es necesario conocer aparecen gradualmente ante el lector. Hay unos pocos lugares en los que los dos compiladores tuvieron que insertar algunas palabras por iniciativa propia o tomadas de otra obra, indicando también su fuente. Hay dos tipos de notas: unas, incorporadas en los artículos originales del autor de la obra; y otras, añadidas por los dos compiladores. Ambos tipos de notas se han escrito por separado. Las citas de los artículos del autor incluidas en los distintos capítulos y secciones se han reunido y consignado al final de la obra.

Es motivo de alegría que el Maulana Sayyid Abul A‘la Mawdudi, a pesar de su enfermedad y sus ocupaciones, haya leído de principio a fin nuestra compilación, la haya corregido en diversos lugares y haya señalado algunos de sus dichos fundamentales para que fueran incorporados. No obstante, si quedara algún error o deficiencia en la compilación de esta obra, nosotros seremos los responsables.

Ahora rogamos que Allah acepte todo lo que hemos hecho y la manera en que lo hemos hecho, y que los lectores reciban de ello los rayos luminosos de la guía. También solicitamos a los lectores que, si observan algún error o deficiencia en algún lugar, o consideran necesaria alguna corrección, tengan la bondad de informarnos. Insha’Allah, en la próxima edición daremos prioridad a sus propuestas y sugerencias e intentaremos mejorar aún más esta obra.

—Naeem Siddiqui

 

Palabras de los dos compiladores

Respecto al primer volumen, es necesario señalar que, bajo los títulos de los temas mundanos que se tratan en él, se han reunido aquellos artículos, discursos y citas necesarios del respetado Maulana que, por un lado, arrojan luz sobre la dignidad de la profecía, el sistema de la revelación, la concepción de la religión y otros asuntos relacionados, y, por otro, ponen de manifiesto el entorno histórico, religioso y político de la época de la aparición del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y de las civilizaciones anteriores. Aunque esta exposición no presenta directamente los acontecimientos relacionados con la noble vida del Profeta, será, sin embargo, una ayuda para comprender la personalidad del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), su dignidad y su lucha integral. Por ello hemos considerado necesario que, antes de estudiar su biografía, los lectores se familiaricen con estas exposiciones orientadoras.—Los dos compiladores

 

000

El islam es, en realidad, el nombre de ese movimiento que quiere construir todo el edificio de la vida humana sobre la idea y la convicción de la soberanía de un solo Allah. Este movimiento se ha desarrollado desde tiempos remotísimos sobre la misma base y mediante el mismo método. Lo han dirigido aquellos a quienes se llama profetas y mensajeros de Allah, el Altísimo. Si hemos de dirigir este movimiento, inevitablemente tendremos que seguir el método de acción de esos dirigentes. Pues, aparte de este, no existe ni puede existir ningún otro método de acción para un movimiento de esta naturaleza. Cuando intentamos investigar las huellas de los nobles profetas (la paz sea con ellos) a este respecto, nos enfrentamos a una gran dificultad. No podemos saber mucho sobre las obras y actividades de los profetas que vivieron en la antigüedad. En el Corán se encuentran algunas indicaciones breves, pero a partir de ellas no es posible reconstruir el plan completo. En el Nuevo Testamento de la Biblia se hallan algunas palabras poco fiables de Jesús (la paz sea con él) que arrojan cierta luz sobre un aspecto: cómo puede dirigirse el movimiento islámico en su etapa más inicial y qué problemas debe afrontar. Sin embargo, Jesús (la paz sea con él) no tuvo que enfrentarse a la etapa posterior, y tampoco se encuentra ninguna indicación al respecto. Sobre este asunto recibimos una orientación clara y completa de un solo lugar: la vida del profeta Muhammad Mustafa (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Nuestro regreso a él no se debe simplemente a nuestro respeto por su persona; en realidad, estamos obligados a volver a él para adquirir conocimiento sobre las dificultades y los altibajos de este camino. Entre todos los dirigentes del movimiento islámico, solo el profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es el único líder cuya vida nos permite conocer, desde la proclamación inicial de este movimiento hasta el establecimiento del Estado islámico y, después, la estructura del Estado, su constitución, sus políticas internas y externas y los principios y métodos de su administración, una descripción completa y sumamente fidedigna de cada etapa y cada aspecto.

Prólogo del autor

En todas las épocas, la humanidad ha obtenido la bendición del islam por medio de solo dos vías. Una: la palabra de Allah. Dos: Allah, el Altísimo, no envió a los profetas únicamente como medios para transmitir Su mensaje y enseñarlo y hacerlo comprender. También les ordenó ejercer un liderazgo práctico y ofrecer orientación, para que pudieran reformar y rectificar a las personas y a la sociedad con el fin de cumplir correctamente el propósito del mensaje de Allah, y mostrar mediante la reforma de un sistema social corrupto cómo reconstruir una sociedad honesta y equilibrada.

Estos dos asuntos han estado siempre tan estrechamente vinculados que, al separarlos uno del otro, el ser humano no ha podido obtener el conocimiento correcto de la religión ni alcanzar la guía. Si se separa el Libro de Allah del profeta, se convierte en una embarcación sin timonel. Por más que un viajero inexperto recorra con ella el mar de la vida, jamás podrá llegar a su destino. Y si se separa al profeta del Libro de Allah, en lugar de encontrar el camino de Dios, el ser humano no podrá salvarse de ningún modo del peligro de convertir en dios a quien no es Dios. Ambos pueblos anteriores sufrieron estas dos consecuencias. El pueblo hindú eliminó las biografías de sus fundadores religiosos y se conformó con quedarse únicamente con sus libros sagrados. El resultado fue que también acabó eliminando esos libros. Los cristianos, ignorando el Libro, se aferraron al manto del profeta y rodearon su personalidad. Como consecuencia, terminaron convirtiendo al profeta de Allah en el hijo de Allah, e incluso en Allah mismo.

Al igual que en el pasado, también en esta época moderna, para obtener la bendición del islam, la humanidad tendrá que adoptar los dos medios que se han mantenido desde tiempos inmemoriales. Primero: la palabra de Allah, que solo puede encontrarse en la forma del Sagrado Corán. Segundo: el modelo del profeta, que ahora se conserva únicamente en la biografía del profeta árabe Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Si hoy, como en el pasado, se quiere alcanzar el conocimiento correcto del islam, el único camino es comprender el Corán a partir del profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y comprender al profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)) a partir del Corán. Quien haya comprendido ambos con ayuda mutua ha comprendido el islam. De lo contrario, quedó privado de comprender la religión y, como consecuencia, también quedó privado de la guía.

Además, puesto que el propósito, el objetivo y la misión especial del Corán y del profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) son los mismos, todo depende de hasta qué punto se logre comprender ese propósito y ese objetivo. Si se ignora este asunto, se verá que el Corán no es más que un conjunto de palabras y frases, y que la biografía del profeta no es más que una colección de acontecimientos. Incluso llevando al extremo la investigación de hechos y datos históricos, puede alcanzarse un conocimiento correcto y detallado de la personalidad del Santo Profeta y de la época actual, pero no se podrá comprender la fuerza vital de la religión. Esto se debe a que dicha comprensión no está vinculada simplemente con los textos originales del Corán y la cronología de los acontecimientos, sino con el objetivo y el propósito para los cuales fue revelado el Corán y para cuyo estandarte apareció el profeta. Cuanto más clara y correcta sea la concepción de este objetivo y propósito, más correcta será la concepción del Corán y de la vida del profeta. Y si la concepción del objetivo y del propósito es errónea, necesariamente será errónea la concepción del Corán y del profeta.

Es una gran verdad que el Corán y la biografía del profeta son como un océano. Si alguien pretendiera obtener todos sus significados, su esencia, sus beneficios y sus bendiciones, no podría lograrlo de ningún modo. Lo que sí puede intentarse es adquirir de ellos, en la medida de las propias posibilidades, la mayor cantidad de conocimiento posible y comprender, a su luz, cuanto se pueda de la fuerza vital de la religión.

Estoy agradecido por la infinita misericordia de Allah, el Altísimo, pues me concedió la gracia de completar Tafhim al-Qur’an para emplear todo el esfuerzo y la capacidad que tenía en hacer comprender el Sagrado Corán. Después, mi profundo deseo era tomar la pluma para escribir la biografía del Santo Profeta. Pero completar la primera tarea consumió treinta años de mi vida. Después de eso ya no tenía fuerzas para emprender la segunda, y el dolor de no poder hacerlo me inquietaba constantemente. Fue entonces cuando el señor Na’im Siddiqi y el señor Abd al-Wakil Alawi me presentaron esta recopilación de la Sira, elaborada a partir de mis diversos libros y artículos. Me quedé asombrado al descubrir que mis escritos sobre este vasto tema contenían tanto material. De inmediato les expresé espontáneamente mis sinceras felicitaciones por su incansable esfuerzo y también recé por ellos pidiendo el bien. Lo hice porque habían examinado minuciosamente estos materiales, dispersos en distintos lugares, y los habían recopilado debidamente. Aunque el conjunto de estos materiales no es suficiente para elaborar una obra definitiva sobre la Sira, los temas incorporados en esta recopilación serán, si Allah quiere, una ayuda para comprender la personalidad del Santo Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y su inmensa contribución.

No hay duda de que todo lo que se ha añadido a esta obra ya ha llamado anteriormente la atención de los lectores de mis libros y artículos, y a la gente tampoco le agrada que se le repita lo ya repetido. Sin embargo, el lector de esta obra sentirá por sí mismo que las ideas que estaban dispersas en distintos lugares y que fueron escritas durante los últimos treinta o cuarenta años, según las circunstancias y los contextos de cada momento, aparecen aquí reunidas en forma de compilación; el beneficio que se obtiene de estudiar artículos dispersos no se encuentra en la misma medida.

Ruego a Allah el Altísimo que esta obra sea un medio para guiar a Sus siervos y para mi recompensa en la Otra Vida.

-Abul A’la

Lahore

19 de Dhul Qa‘da de 1392 de la Hégira

25 de diciembre de 1972

Algunas verdades fundamentales sobre la continuidad de la profecía

Capítulo 1: La esencia de la profecía

En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso

La guía de Al-lah para la humanidad

El Señor de los mundos, Creador, Dueño y Soberano de toda la Tierra, los cielos y el universo creado, creó al ser humano en esta parte de Su vasto reino que conocemos como la Tierra. Le otorgó la capacidad de conocer, pensar y comprender. Le concedió la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, así como la libertad de examinar, escoger y decidir según su voluntad. Le concedió el derecho de ejercer su propia autoridad. En suma, al otorgarle una especie de autonomía, lo estableció en la Tierra como Su califa o representante.

Cuando Al-lah, Señor del universo, estableció al ser humano en este cargo, arraigó firmemente en su mente la convicción de que Él es el único Dueño del ser humano y de todo el universo, el único digno de toda obediencia y el único Soberano. En Su reino, el ser humano no es independiente ni está sometido a nadie más; antes bien, aparte de Él, nadie tiene derecho a recibir la obediencia, servidumbre, adoración ni culto del ser humano. Es cierto que el ser humano ha sido enviado a esta vida mundana con poder y libertad de acción, pero, en realidad, se trata de un período de prueba para él. Él decidirá, juzgando las obras de las personas, quién de ellas ha superado la prueba y quién ha fracasado. La única perspectiva correcta para el ser humano consiste en reconocer a Al-lah como su único Señor, Dios y Soberano; actuar en el mundo conforme a la ley que Él establezca, y vivir considerando el mundo como un lugar de prueba, conscientes de que el verdadero objetivo es triunfar en el momento del Juicio Final. Por el contrario, toda perspectiva diferente de esta sería una perspectiva equivocada. Por el contrario, toda perspectiva diferente de esta sería víctima del extravío. Si el ser humano adopta la primera perspectiva —libertad que también posee para adoptarla—, entonces tendrá que afrontar la destrucción y la inquietud en este mundo y, después de terminar la vida mundana y entrar en la vida del Más Allá, será arrojado al abismo del sufrimiento eterno, la angustia y la desgracia, llamado Yahannam.

‘Musulmán’ (obediente): la orden de permanecer

El Señor del universo ordenó al ser humano vivir en la Tierra en obediencia. También mostró a los primeros seres humanos de esta clase —Adán (la paz sea con él), Hawá y sus hijos y descendientes— cómo debían actuar en la Tierra. Este primer ser humano no estaba sumido, desde el momento de su creación, en las tinieblas de la ignorancia y la falta de conocimiento; por el contrario, Al-lah inició su vida en la Tierra en un entorno plenamente iluminado. Conocía la verdad. También se le había concedido la ley por la que debía vivir, y su forma de vida consistía en obedecer a Al-lah (es decir, el islam); además, enseñó a sus hijos a vivir en la Tierra obedeciendo a Al-lah (como musulmanes).

 

Desviación del camino recto

Pero, en los siglos posteriores, las personas se desviaron gradualmente de la forma de vida correcta (la religión) y comenzaron a avanzar por el camino equivocado. Por negligencia y descuido, hicieron desaparecer esta forma de vida y también la deformaron mediante actitudes deshonestas y acciones perversas. Convirtieron en asociados de la autoridad y soberanía de Al-lah a diversos seres humanos, no humanos, imaginarios y materiales de la Tierra y los cielos. Mezclaron con el conocimiento verdadero proporcionado por Al-lah diversas clases de imaginaciones, idealismos, ideologías y filosofías, y, conforme a sus deseos, inclinaciones, tendencias y actitudes parciales, crearon una ley de vida que hizo que la tierra de Al-lah se llenara de opresión.

Siendo así que Allah ha concedido al ser humano una autonomía limitada, ¿cómo podría Él utilizar Su poder creador para obligar a los descarriados a volver al camino recto? Y, puesto que ha establecido un plazo para que las distintas tribus y naciones humanas actúen en la Tierra, tampoco sería correcto que destruyera a toda la humanidad en cuanto surgiera la rebelión. Desde el primer día de la creación humana, manteniendo intacta la capacidad de autonomía del ser humano, Él también asumió la responsabilidad de guiarlo durante el plazo establecido. Por ello, para cumplir esta responsabilidad que Se había impuesto, comenzó a utilizar, de entre los propios seres humanos, a personas que creían en Él y obedecían Su voluntad y Sus mandatos. Los convirtió en Sus representantes. Les envió Su mensaje. Les concedió el verdadero conocimiento. Les otorgó un sistema de vida correcto e infalible. Los designó para invitar a los hijos descarriados de Adán al camino recto.

Estos profetas designados por Allah comenzaron a aparecer entre distintos países y pueblos. Su llegada continuó durante miles de años. También fueron innumerables. Todos profesaban la misma religión: es decir, la perspectiva verdadera y correcta y el sistema de vida que se había dado a conocer a la humanidad desde el primer día. Todos seguían la misma guía, es decir, los principios primordiales y eternos del carácter, la moralidad y la civilización y cultura, establecidos para el ser humano desde el comienzo de la creación. Todos tenían la misma misión. Su misión consistía en invitar a sus propias tribus y naciones a esta religión y a esta guía y, después, organizar a quienes aceptaran la invitación para convertirlos en una comunidad y un grupo que se sometiera a la ley de Allah y estableciera también en el mundo la obediencia a la ley de Allah, esforzándose y luchando por impedir su oposición. Cada uno de estos profetas cumplió debidamente, para la humanidad, la misión que le había sido encomendada

a lo largo de las épocas. Sin embargo, siempre se vio que una gran cantidad de personas no estaba dispuesta a aceptar su invitación. Y quienes aceptaban esta invitación y entraban a formar parte de la comunidad musulmana también comenzaban a corromperse gradualmente. Así, algunas de esas comunidades perdieron por completo la guía de Allah, mientras que otras añadieron y alteraron por iniciativa propia las palabras de Allah, cambiando por completo su apariencia.

Finalmente, el Señor del universo envió a Muhammad —que Allah le bendiga y le conceda paz— a Arabia con la misma responsabilidad con la que había enviado anteriormente a los profetas del pasado. Invitó tanto a la gente común como a los seguidores descarriados de los profetas anteriores. Su responsabilidad consistía en invitar a todos a la perspectiva correcta y al camino verdadero, transmitir nuevamente a todos la guía de Allah y convertir a quienes aceptaran este camino y esta guía en una comunidad que, por un lado, establecería su sistema de vida sobre la base de la guía de Allah y, por otro, se esforzaría y lucharía por reformar a los habitantes del mundo.

La profecía y el pacto primordial

(árabe****************** en la página 29 del PDF)

«¡Y [oh, Profeta]! Recuerda a la gente aquel momento en que tu Señor sacó de la espalda de los hijos de Adán a sus descendientes, los hizo testigos contra sí mismos y les preguntó: “¿Acaso no soy Yo vuestro Señor?”. Respondieron: “Sí, ciertamente, Tú eres nuestro Señor. Damos testimonio de ello”. Esto lo hice para que el Día de la Resurrección no pudierais decir: “No lo sabíamos”. O para que no pudierais decir: “Nuestros antepasados iniciaron el politeísmo antes que nosotros, y nosotros nacimos después entre sus descendientes. ¿Acaso nos castigarás por el error que cometieron los descarriados?”»

—(Sura Al-A’raf: 172-173)

En esta aleya se menciona el propósito para el cual se obtuvo el reconocimiento de todos los descendientes de Adán en los albores de la creación. Ese propósito es que las personas que adopten el camino de la rebelión contra Allah sean consideradas plenamente responsables de ese delito. No tendrán la oportunidad de excusarse alegando ignorancia ni podrán librarse de la responsabilidad de sus errores atribuyéndola a sus antepasados. En otras palabras, Allah Ta‘ala ha considerado este juramento y pacto primordial de la creación como una prueba de que cada ser humano lleva personalmente dentro de sí el testimonio de que Allah es el único Ilah, el único Señor y Dueño. Por eso, sería incorrecto afirmar que una persona puede liberarse por completo de la responsabilidad de su error y extravío simplemente porque fue criada en una ignorancia absoluta o en un entorno desorientador.

Ahora surge la pregunta: si este pacto primordial realmente ha estado vigente, ¿se conserva en nuestra conciencia y memoria? ¿Hay alguien entre nosotros que sepa que, antes del comienzo de la creación, fue presentado ante su Allah, que se le preguntó: «¿Acaso no soy vuestro Señor?» y que respondió: «Sí»? Si la respuesta es negativa, ¿cómo puede considerarse contra nosotros como prueba el recuerdo de un juramento que ha desaparecido de nuestra conciencia?

Puede responderse que, si se hubiera dispuesto que las huellas de aquel pacto y juramento permanecieran frescas en la conciencia y la memoria humanas, habría sido completamente absurdo enviar al ser humano al actual laboratorio de prueba del mundo. En efecto, después de revelar la respuesta, una prueba semejante carecería de todo sentido. Por tanto, aunque sus huellas no se han mantenido frescas en la memoria y la conciencia, ciertamente se conservan en la mente subconsciente (Sub-conscious mind) y en la intuición (Intuition). Lo mismo ocurre con nuestros demás sentimientos y conocimientos adquiridos subconscientemente. Todo el potencial de cuanto el ser humano ha podido alcanzar hasta hoy en los ámbitos de la civilización, la cultura, la moral y las relaciones estaba latente en él. Todo lo que las fuerzas externas e internas han podido hacer conjuntamente se limita a manifestar efectivamente aquello que estaba latente. Es cierto que ninguna enseñanza, ejercicio, influencia del entorno ni fuerza interior puede originar en el ser humano algo cuyo potencial no esté ya latente en él. Del mismo modo, aunque lo intenten miles de veces, esas fuerzas tampoco pueden aniquilar por completo ninguno de los elementos cuyo potencial permanece latente en el ser humano. A lo sumo, pueden hacer que, pese a toda clase de deformaciones, desviaciones y extravíos, ese elemento permanezca oculto en el interior, siga esforzándose por manifestarse y se mantenga siempre preparado para responder a la atracción y al llamamiento externos. Ya he dicho que lo mismo puede afirmarse de todos nuestros sentimientos y conocimientos subconscientes:

Todo lo descrito anteriormente existe activamente en nuestro interior, y obtenemos una prueba segura de su existencia precisamente a través de todo lo que se manifiesta efectivamente por medio de nosotros.

Para que todo esto se manifieste, se necesitan recordatorios, enseñanza y ejercicio procedentes del exterior. Todo lo que se manifiesta por medio de nosotros es, en realidad, la guía de Allah para la humanidad que nos rodea.

La respuesta al llamamiento. Y estas respuestas proceden de las realidades activas que existen dentro de nosotros.

Las tendencias erróneas internas y las reacciones erróneas externas pueden reprimir, ocultar, deformar y casi aniquilar todo esto, pero no pueden extinguirlo por completo. Por ello, la corrección y el cambio (Conversión) son posibles tanto mediante los sentimientos internos como mediante los esfuerzos externos.

Lo mismo ocurre con el conocimiento intuitivo que hemos adquirido acerca de nuestra verdadera dignidad en este universo y de nuestra relación con el Creador del universo.

La prueba de su existencia es que, en todas las épocas de la vida humana, en todos los tiempos y países, se observa su surgimiento y desarrollo entre las familias, las tribus y los individuos de cada comunidad. En ninguna época ni era ha podido ninguna fuerza del mundo abolirlo.

Siempre que se ha hecho efectivo en nuestra vida, ha sido capaz de producir buenos resultados. Esta es la prueba de que está de acuerdo con la verdad.

Para su surgimiento, manifestación y adquisición de una forma concreta, siempre ha sido necesario un estímulo externo. Por eso se ha visto que los profetas de Allah, las Escrituras celestiales y todos los predicadores de la verdad que los siguen se afanan en realizar esta misma tarea. Por ello, el Corán los menciona como muḏakkir (quien hace recordar), ḏikr (recuerdo), taḏkira (memoria), y denomina su labor taḏkīr (hacer recordar). Esto significa que los profetas, las Escrituras celestiales y los predicadores de la verdad no crean en los seres humanos ninguna cosa nueva, sino que simplemente desarrollan y vivifican aquello que ya existía previamente en su interior.

El veredicto de la razón acerca de la profecía

En las grandes ciudades vemos cientos de fábricas funcionando con energía eléctrica. Circulan tranvías y trenes. Por la noche, de repente, se encienden miles de lámparas; durante el calor, los ventiladores giran sobre nuestras cabezas en las casas. Sin embargo, al ver estos fenómenos no nos sorprendemos en lo más mínimo. Tampoco existe entre nosotros ninguna discrepancia sobre la causa de que estas cosas brillen y se muevan. ¿Cuál es la razón? La razón es que vemos con nuestros propios ojos los cables a los que están conectadas estas lámparas. También conocemos la situación de estos cables, que están conectados a la central eléctrica. Sabemos asimismo que aquel ingeniero se ocupa de la electricidad. Y las lámparas eléctricas se encienden gracias a la energía producida. Por tanto, la razón por la que no surge entre nosotros ninguna diferencia de opinión acerca de la causa y el efecto al observar los signos de la electricidad es que toda la cadena causal está dentro del ámbito de nuestra percepción y la hemos observado directamente. Supongamos que estas lámparas se encendieran, los ventiladores giraran zumbando, los tranvías y trenes corrieran, y las ruedas de las fábricas y las máquinas giraran, pero que fueran invisibles los cables mediante los cuales se suministra electricidad a todos ellos; que la central eléctrica también estuviera fuera del alcance de nuestra percepción; y que tampoco pudiéramos saber que esta fábrica funciona gracias a la energía de quienes trabajan en la central eléctrica. En tal situación, al ver aquellos signos de la electricidad, ¿se sentiría segura nuestra mente? ¿Habría entonces consenso entre nosotros acerca de la causa y el efecto de esos signos? No hace falta decir que la respuesta será negativa. ¿Por qué? Porque cuando la causa y el efecto de los signos permanecen ocultos y nadie puede conocerlos, es completamente natural que en la mente surjan, junto con el asombro, la inquietud; que el cerebro y el intelecto se dediquen a investigar este profundísimo misterio, y que difieran las ideas, conjeturas y opiniones acerca de él.

Expliquemos el asunto un poco más claramente. Admitamos que aquello que antes se había supuesto meramente existe en la realidad y de hecho. Es decir, que realmente arden miles y miles, millones y millones de lámparas eléctricas; giran millones y millones de ventiladores eléctricos; los vehículos corren; y las ruedas de las fábricas y las máquinas siguen girando, pero no disponemos de ningún medio para saber qué fuerza actúa en ellas ni de dónde procede. La gente ha quedado sobrecogida de asombro al ver estos signos.

Las opiniones de unos y otros

Muchos han puesto en marcha los caballos de su intelecto para investigar la causa de todo esto. Algunos dicen que estas cosas se encendieron por sí mismas y se mueven por sí mismas. Fuera de su existencia, no hay ninguna entidad que les haya dado luz o movimiento, según el veredicto de la razón acerca de la profecía. Otros dicen que la propia naturaleza de los elementos de los que están formadas ha producido en ellas el estado de luz y movimiento. Según algunos, detrás de este mundo material existe un grupo de dioses: unos encienden las lámparas, otros conducen los tranvías y los trenes, otros hacen girar los ventiladores y otros hacen girar las ruedas de las fábricas y las máquinas. A su vez, un grupo de personas se ha cansado de reflexionar sobre este asunto y, finalmente, ha comenzado a declarar su incapacidad diciendo: «Nuestro intelecto es incapaz de penetrar en las profundidades de este prodigio. Solo sabemos aquello que podemos ver y percibir. No comprendemos nada más. Y aquello que no comprendemos no podemos declararlo verdadero, pero tampoco podemos declararlo falso».

Estas personas están en desacuerdo entre sí. Sin embargo, cada una de ellas no posee, para apoyar sus propias ideas y refutar las de los demás, ningún otro medio de conocimiento aparte de las nociones, las conjeturas y las imaginaciones.

 

Una afirmación independiente

Mientras continuaba esta disputa, llegó un hombre y dijo: «Dejad de lado todas vuestras opiniones; yo poseo un medio de conocimiento que vosotros no tenéis. Por medio de él he podido saber que estas lámparas, ventiladores, relojes, fábricas y máquinas están conectados a ciertos cables invisibles que vosotros no podéis percibir. Desde una gran central eléctrica se suministra energía a esos cables, la cual se manifiesta en forma de luz y movimiento. En esa central eléctrica hay enormes máquinas. Innumerables empleados y técnicos las manejan, y todos ellos están bajo la autoridad de un gran ingeniero. El ingeniero estableció todo el sistema con su propio conocimiento y poder. Todas estas actividades se desarrollan bajo sus órdenes y dirección».

Después llegó otro hombre. También él comenzó a presentar la misma afirmación, con exactamente la misma pretensión. Luego llegaron un tercero, un cuarto y un quinto; ellos también dijeron lo mismo y de la misma manera que sus predecesores. Después continuó una ininterrumpida sucesión de recién llegados. Su número llegó incluso a cientos de miles, después de superar las cifras de cientos y miles. Todos presentaban la misma afirmación con idéntica pretensión. A pesar de las diferencias de lugar, tiempo y circunstancias, no se observaba ninguna diferencia entre sus palabras y sus afirmaciones. Todos decían: «Poseemos un medio de conocimiento que la gente común no posee». A todos se les tachaba de locos y se les sometía a diversas formas de opresión y tormento. Se les obligaba por todos los medios a retirar sus afirmaciones, pero todos permanecían firmes en ellas, y ninguna fuerza del mundo pudo apartarlos de su posición ni siquiera un ápice. Junto con esta firmeza e inquebrantabilidad, tenían además otra característica notable: ninguno de ellos era mentiroso, ladrón, malversador, criminal, opresor ni comedor de lo ilícito. Incluso sus adversarios y enemigos lo reconocían. Todos eran puros, intachables y poseían una extraordinaria rectitud moral. En el trato amable y la buena conducta con la gente, eran únicos entre toda la humanidad. No se observaba en ellos ningún signo de locura; por el contrario, poseían un elevado carácter moral y una purificación espiritual. Lejos de dedicarse a presentar asuntos mundanos, los grandes sabios, eruditos, teóricos y especialistas del mundo consagran toda su vida a comprender plenamente sus profundos misterios y sus sutiles verdades.

Ante el tribunal de la razón y el entendimiento

Por un lado están los diversos grupos de quienes niegan la verdad, enfrentados entre sí; por otro, el grupo de quienes sostienen una afirmación única. Ante el tribunal de la razón y el entendimiento se presentan los casos de ambos grupos. Como juez, la responsabilidad de la razón y el entendimiento consiste primero en comprender debidamente su propia posición; después, tras comprender la situación de ambas partes y examinarlas comparativamente, debe decidir cuál de las dos merece mayor consideración.

La situación del juez es que no dispone de ningún medio para conocer el asunto real. Él mismo no conoce la verdad. Ante él solo están las declaraciones de ambas partes, sus argumentos y pruebas, sus circunstancias personales y los signos y evidencias externos. Debe examinarlos con la mirada de un investigador. Sin embargo, no puede emitir ninguna conclusión que vaya más allá de la mayor probabilidad. Pues, basándose en todos los datos y descripciones que tiene sobre su mesa, no le es posible descubrir la verdad real. Puede dar prioridad a la declaración de una de las dos partes, pero no puede afirmar, con certeza definitiva, cuál de las dos declaraciones es verdadera y cuál es falsa.

La situación de quienes niegan la verdad

La situación de quienes los declaran falsos es la siguiente:

Uno: Sus opiniones sobre la verdad son diversas. No existe acuerdo entre ellos sobre ningún asunto. Incluso entre los miembros del grupo que sigue esta doctrina surgen a menudo discrepancias.

Dos: Ellos mismos admiten que no poseen ningún medio exclusivo de conocimiento. Como máximo, cada uno de sus grupos sostiene que su conjetura es más sólida que el juicio de la razón respecto a la profecía de otros; pero todos reconocen que sus propias conjeturas no dejan de ser conjeturas.

Tres: Su fe, convicción y certeza en esa conjetura no pertenecen al nivel de una creencia inquebrantable. Se encuentran innumerables ejemplos de cambios de opinión entre ellos. Con frecuencia se ha visto que alguien que hasta ayer defendía con gran firmeza una opinión, hoy se opone él mismo a ella y presenta otra distinta. En la mayoría de los casos, sus opiniones cambian a medida que aumentan su edad, inteligencia, conocimiento y experiencia.

Cuatro: Para declarar falsos a los que hacen afirmaciones individuales, solo tienen un argumento: que no poseen ninguna prueba cierta en apoyo de sus afirmaciones. No pudieron mostrar los cables invisibles que, según afirmaban, estaban conectados a las lámparas y los ventiladores. No pudieron demostrar directamente, mediante experimentos, la existencia de la electricidad. No pudieron mostrar a nadie la central eléctrica. Tampoco pudieron mostrar los aparatos y las máquinas que había allí. Ni siquiera pudieron hacer que nadie se encontrara con el ingeniero. Entonces, ¿cómo puede aceptarse como verdadera su afirmación?

La situación de quienes hacen afirmaciones individuales

Por otro lado, la situación de quienes hacen afirmaciones individuales es la siguiente:

Uno: Todos ellos se basan en el consenso. Existe pleno acuerdo entre ellos sobre todos los asuntos fundamentales de sus afirmaciones.

Segundo: Su afirmación unánime es que poseen un medio de conocimiento que no está al alcance de la gente común.

Tercero: Ninguno de ellos ha dicho que hable basándose en conjeturas, suposiciones o imaginaciones. Por el contrario, todos afirman unánimemente que mantienen una relación especial con el ingeniero, que sus empleados acuden a ellos y que él los ha llevado a recorrer su fábrica y les ha mostrado todo. Por tanto, sostienen que todo cuanto dicen no se basa en conjeturas ni imaginaciones, sino en un conocimiento real de los hechos y en una convicción plena.

Cuarto: No existe ningún caso en que alguno de ellos haya cambiado siquiera mínimamente su relato. Cada uno de ellos ha mantenido las mismas palabras desde el comienzo de su vida hasta el último instante.

Quinto: Su carácter es sumamente puro e intachable. No hay en él ni el menor rastro de mentira, engaño, perfidia o fraude. No hay razón para pensar que quienes son veraces y sinceros en todos los asuntos de su vida se hayan puesto de acuerdo para mentir precisamente en este único asunto.

Sexto: Tampoco está demostrado que tuvieran algún interés personal detrás de esta afirmación. La mayoría de ellos padeció, a causa de ella, sufrimientos y persecuciones extremas, se enfrentó a peligros, sufrió encarcelamiento, fue sometida a torturas físicas y expulsada de su país. A muchos incluso los mataron. No se vio que ninguno obtuviera prosperidad ni abundancia. Por tanto, no se les puede acusar de buscar satisfacer ningún interés personal. Por el contrario, el hecho de que, en circunstancias tan extremas, permanecieran firmes en su afirmación individual demuestra que su confianza y convicción en su propia veracidad eran inconmovibles como montañas. Su convicción llegó a tal extremo que ninguno de ellos retiró su afirmación, ni siquiera para salvar la vida.

Séptimo: Tampoco existe prueba de que estuvieran locos o hubieran perdido la razón. En todos los asuntos de la vida se ha visto que eran sumamente sabios y juiciosos. Incluso sus adversarios reconocieron en la mayoría de los casos la superioridad de su conocimiento. ¿Cómo, entonces, puede aceptarse que precisamente en este único asunto fueran víctimas de la locura? También debe considerarse la importancia del asunto. Para ellos se había convertido en una cuestión de vida o muerte. Por ello se enfrentaron a la gente de todo el mundo y lucharon durante años. Era el fundamento de todas sus enseñanzas de profundo conocimiento, cuya validez incluso muchos negadores reconocieron.

Octavo: Nunca dijeron que fueran a ponerlos en contacto con el ingeniero o con sus empleados. Tampoco dijeron: «Podemos mostrarles su fábrica secreta e invisible, o demostrar nuestra afirmación mediante experimentos y observación directa». Ellos mismos calificaron este asunto de «lo oculto» o invisible. Al respecto dijeron: «Confíen en nosotros y acepten cuanto decimos».

El veredicto del tribunal de la razón y el entendimiento

Tras examinar la situación y las afirmaciones de ambas partes, el tribunal emite ahora su veredicto. En él se declara que ambas partes han investigado las causas internas a partir de ciertos signos e indicios, y que cada una ha expuesto su propia opinión. A primera vista, las opiniones de ambas partes parecen iguales. En primer lugar, ninguna de ellas es contraria a la razón. Es decir, conforme a las leyes de la razón, no puede afirmarse de ninguna de sus opiniones que sea imposible que sea correcta. En segundo lugar, la exactitud de la opinión de ninguna de las partes puede demostrarse mediante experimentos o por observación directa. Este es el juicio de la razón acerca de la profecía, que forma parte de la primera postura.

Ninguna de las partes puede presentar, en apoyo de su doctrina, una prueba científica que obligue a toda persona a creer en ella. La segunda parte tampoco tiene esa capacidad, ni pretende tenerla. Sin embargo, tras una reflexión e investigación más profundas, se hacen visibles ciertos elementos sobre cuya base la doctrina de la segunda parte parece preferible a todas las demás doctrinas.

En primer lugar, parece algo extraordinario que un número tan grande de personas, pertenecientes a distintas épocas y países, se hayan unido de esa manera en apoyo de una doctrina. Todos han sostenido unánimemente que poseen un medio extraordinario de conocimiento y que, mediante dicho medio, han llegado a conocer las causas internas de los signos e indicios externos. Esto nos inclina a aceptar la veracidad de su afirmación. En particular, observamos que no existe la menor contradicción entre los datos que todos ellos han presentado, y que sus datos, aunque estuvieran distorsionados, tampoco son contrarios a la razón. Además, aquello que no se encuentra en algunas personas no puede considerarse, conforme a las leyes de la razón, absolutamente imposible.

En segundo lugar, al examinar la situación de los indicios externos, la doctrina de la segunda parte parece aún más claramente correcta. Pues las lámparas, los ventiladores, los vehículos y las fábricas, entre otras cosas, no se han iluminado ni puesto en movimiento por sí mismos. Si así fuera, iluminarse y moverse dependería de su propia voluntad. Pero no vemos que sea así, ni que su luz y su movimiento sean el resultado inevitable de los elementos de los que están compuestos. Pues cuando no están iluminados ni en movimiento, esos mismos elementos siguen presentes en su estructura. Además, cuando no hay luz en una lámpara concreta, el ventilador tampoco funciona, el tranvía se detiene y la rueda de la fábrica tampoco gira. Por tanto, ninguna de las doctrinas que la primera parte ha propuesto para explicar los indicios externos guarda siquiera una relación remota con la razón y el razonamiento. Aquí parece mucho más correcto afirmar que en estos indicios actúa alguna fuerza y que su extremo rector está en manos de un Ser sabio y poderoso, que utiliza dicha fuerza en los distintos indicios conforme a un sistema determinado.

A la afirmación de los escépticos de que esto está más allá de su razón y que aquello que está más allá de su razón no puede calificarse de verdadero ni de falso, se puede responder que tampoco esta afirmación resulta válida a la luz de la razón. Pues que el oyente comprenda o no un acontecimiento al oír hablar de él no determina que el acontecimiento haya ocurrido. Para reconocer que un hecho ha sucedido basta con numerosos testimonios fiables y concordantes. Si varias personas dignas de confianza vinieran a decirnos: «Hemos visto en los países occidentales a personas volando por el aire montadas en vehículos de hierro, y, sentados en Londres, hemos escuchado con nuestros propios oídos una canción de América», en tal caso solo tendríamos que comprobar si esas personas no son mentirosas ni bromistas, si no tienen ningún interés personal relacionado con semejante afirmación y si no padecen alguna perturbación mental. Si quedara demostrado que no son mentirosas, bromistas ni dementes, que no tienen ningún interés vinculado con el asunto y, además, viéramos que muchas personas veraces e inteligentes continúan afirmándolo con plena convicción y sin ninguna discrepancia, entonces necesariamente lo aceptaríamos. ¿Qué importa que comprendamos o no cómo un vehículo de hierro puede volar por el aire, o cómo una canción puede oírse en otro lugar a miles de kilómetros sin ningún medio material?

Esta es la conclusión de la razón y el discernimiento sobre este asunto. Pero el estado de fe y convicción, llamado imán, no se produce de esta manera. Para ello hace falta percepción interior. Se necesita una voz que surja del interior del corazón y que, anunciando el fin de la falsedad, la duda y la vacilación, diga con absoluta claridad: todas las conjeturas de la gente son falsas. La verdad es únicamente aquello que las personas veraces han expuesto, no sobre la base de sus propias conjeturas, sino basándose en un conocimiento lleno de convicción y en una profunda percepción interior.

La necesidad y la importancia de la profecía

La mayor necesidad del ser humano

(Árabe****************en la página 39 del PDF)

«A Alá le corresponde mostrar el camino recto, aunque también hay caminos desviados».

Al presentar aquí argumentos en favor del tawhid, la misericordia y todo el «señorío» de Alá, también se ha presentado implícitamente un argumento en favor de la profecía. El resumen de este argumento es el siguiente:

Para los seres humanos del mundo son posibles múltiples caminos de pensamiento y de acción, y de hecho existen. Es obvio que todos esos caminos no pueden ser verdaderos al mismo tiempo. La verdad es una sola. Por tanto, el único modo de vida correcto puede ser aquel que se fundamente en una visión de la vida infalible.

Conocer esta ideología infalible y el camino correcto es la mayor necesidad de cada ser humano. Más bien, es la necesidad fundamental por excelencia. Debido a que el ser humano es un ser de alto rango, todas las demás cosas que necesita únicamente satisfacen sus necesidades; pero esta es una necesidad indispensable para él en cuanto ser humano. No satisfacerla significa que toda la vida del ser humano ha sido un fracaso.

Ahora bien, cabe preguntarse: el Dios que, antes de dar existencia al ser humano, había dispuesto para él tantos recursos y medios, y que, después de darle existencia, estableció de manera tan perfecta y amplia todo lo necesario para satisfacer cada necesidad de su vida biológica, ¿puede concebirse que no haya dispuesto satisfacer esta necesidad más grande y fundamental de la vida humana?

Esta ব্যবস্থা se ha completado mediante la profecía. Si alguien desea negar la profecía, necesariamente tendrá que decir qué otra ব্যবস্থা ha dispuesto Alá para guiar a la humanidad. Nadie puede librarse respondiendo que Alá ha dado al ser humano inteligencia y capacidad de reflexión para buscar el camino. Pues la inteligencia y el pensamiento humanos ya han descubierto innumerables caminos. Esto constituye una prueba evidente de su fracaso en la búsqueda exacta del camino sencillo, correcto y recto. Por otro lado, tampoco es posible afirmar que Alá no haya dispuesto ningún medio para guiarnos. Porque, en lo que respecta a Alá, difícilmente podría haber una peor opinión que pensar que Él ha dispuesto por completo nuestro sustento, nuestra inteligencia y nuestro desarrollo como seres vivos, pero no ha dispuesto ningún medio para formarnos como seres humanos, sino que nos ha dejado en la oscuridad.

La guía islámica en lugar de la guía obligatoria

(Árabe**************página 39 del PDF)

«Si Allah hubiera querido, os habría guiado a todos».

— (sura An-Nahl: 9)

Es decir, aunque Allah Todopoderoso habría podido cumplir esta responsabilidad suya —o la que Él mismo se impuso para guiar a la humanidad— de tal manera que todos los seres humanos hubieran sido guiados por naturaleza, como las demás criaturas carentes de voluntad y capacidad independiente, el ser humano posee libertad para seguir cualquier camino que desee, sin importar si es correcto o erróneo. Para utilizar esta libertad, se le ha concedido conocimiento. Se le han concedido la razón y la capacidad de pensar. Se le han concedido la fuerza de la voluntad y la determinación. Se le ha otorgado la capacidad de utilizar innumerables cosas dentro y fuera de sí mismo. Además, tanto en su interior como en el mundo exterior, se han dispuesto innumerables causas y medios que pueden conducirlo tanto a la rectitud como al extravío. Si hubiera sido creado por naturaleza como alguien que sigue el camino recto, todo esto carecería de sentido. Entonces no le habría sido posible al ser humano ascender a la cumbre más elevada del progreso, algo que solo puede alcanzar mediante el uso correcto de la libertad. Por eso, para guiar al ser humano, Allah Todopoderoso ha abandonado el método de una guía obligatoria y ha adoptado el método de la profecía y la mensajería. De este modo, se preservará la libertad humana, se cumplirá el propósito de su prueba y el camino recto, sencillo y virtuoso también se le presentará mediante argumentos racionales.

 

La necesidad de señales del camino recto en la vida material y moral

(Árabe**************página 39 del PDF)

«Ha dejado en la Tierra señales que sirven de guía, y también por medio de las estrellas la gente encuentra el camino». — (sura An-Nahl: 16).

Es decir, Allah no ha creado toda la Tierra de un mismo modo. Más bien, ha distinguido cada región de la Tierra mediante diferentes tipos de señales y marcas especiales (Land Marks). Como resultado, las personas se benefician de diversas maneras. Pueden reconocer su camino y su destino. Esta es una de esas muchas ventajas. El ser humano solo puede comprender plenamente el verdadero valor de esta bendición y este don de Allah cuando tiene la oportunidad de ir a una región desértica donde no puede ver ninguna señal distintiva de este tipo. Como consecuencia, permanece siempre angustiado por miedo a perder el camino. En los viajes por mar, la gente puede sentir aún más el valor y la importancia de este gran don de Allah, porque allí, en realidad, no existe ninguna señal del camino. Sin embargo, incluso en los desiertos y en el mar, Allah ha establecido un sistema natural para guiar a las personas. Ese sistema consiste en las estrellas del cielo, con cuya ayuda la humanidad ha encontrado su camino desde la antigüedad hasta nuestros días.

Aquí también, al presentar argumentos y pruebas a favor del tawhid, la rahma y la «profecía», se ha aludido sutilmente a la prueba de la misión profética. Al leer este versículo, la mente se inclina espontáneamente hacia la siguiente reflexión: ¿Acaso Aquel que ha dispuesto de manera tan amplia la guía para la vida material del ser humano permanece tan indiferente ante su vida moral? ¿Acaso no considera necesario ofrecerle siquiera la más mínima guía para su vida moral? Es evidente que, por grande que sea el perjuicio de equivocarse en el camino de la vida material, es muchas veces menor que el perjuicio de un error semejante en la vida moral. Además, ¿cómo puede albergarse una opinión tan negativa sobre el Dios Misericordioso, que presta una atención tan aguda al bienestar de los seres humanos que ha abierto caminos para ellos incluso a través de las montañas, ha erigido señales en medio de vastas llanuras desoladas y ha encendido lámparas en el cielo para protegerlos de perder la dirección en los desiertos y los mares, hasta el punto de pensar que no les ha mostrado ningún camino para su bienestar moral? ¿Y que no ha colocado ninguna señal para hacer claro ese camino ni ha encendido ninguna luz para iluminarlo?

La importancia de una guía consciente para el ser humano

(Árabe**************en la página 39 del PDF)

«Moisés respondió al Faraón: “Nuestro Señor es Aquel que ha dado a cada cosa su forma y luego la ha guiado”». —(Ta-Ha: 50)

Es decir, Él ha concedido la forma, la configuración, la fuerza, la capacidad, las cualidades y las características de cada cosa del mundo; en suma, todo. Ha creado la mano con la forma que le permite realizar las tareas del mundo. También ha dado al pie la forma que le corresponde. A los seres humanos, los animales, las plantas, la materia inerte, el aire, el agua, la luz y las diversas clases de cosas les ha concedido la forma que necesitan para desempeñar correctamente en la Tierra la función que les corresponde.

Además, no se limitó a dar a cada cosa su forma particular, sino que también le proporcionó la guía para desenvolverse. No existe cosa alguna en el mundo a la que, después de crearla y darle una forma particular, no le haya enseñado, mediante su propia estructura, el modo de cumplir el propósito de su creación. Él enseñó al oído a oír y al ojo a ver. Él enseñó al pez a nadar, al ave a volar, al árbol a dar flores y frutos, y a la tierra a producir plantas, verduras y cosechas. En una palabra, Él no es solamente el Creador de cada cosa de todo el universo creado, sino también su maestro y su guía.

Además, en esta breve frase, el profeta Moisés (la paz sea con él) presentó implícitamente también el argumento de la misión profética. Sin embargo, el Faraón se negó a aceptarlo. En su argumento se encuentra la indicación de que Allah es el Guía de todo el universo y que guía a cada cosa conforme a su condición y sus necesidades. Una exigencia necesaria de Su condición de Guía universal es que, para guiar al ser humano en su vida consciente, no adopte un método que pueda ser apropiado para los peces y las aves. El método más adecuado consiste en que un ser humano consciente sea designado por Él para guiar a toda la humanidad. Este apelará a la razón, al conocimiento y a la conciencia de las personas, y las conducirá por el camino recto.

¿Qué es la profecía?

Dios mismo ha dispuesto todo lo que el ser humano necesita para vivir en este mundo. Cuando nace un niño, es enviado al mundo acompañado de todo lo necesario. Se le dan ojos para ver, oídos para oír, nariz para oler y respirar, sensibilidad táctil en la piel de su cuerpo para sentir, pies para desplazarse, manos para trabajar, cerebro para pensar y muchas otras cosas; todas ellas quedan vinculadas de antemano a su pequeño cuerpo en función de sus necesidades. Luego, apenas pone los pies en la tierra de este mundo, recibe tantos elementos necesarios para sostener su vida que resulta imposible terminar de enumerarlos. La luz, el aire, el calor, el agua y la tierra están preparados para él. En el pecho de su madre ya fluye de antemano un caudal de leche destinado a él. En el corazón de su madre, su padre, sus familiares e incluso otras personas también se hace fluir para él un manantial de afecto y cariño, y con su ayuda es criado y cuidado. Después, a medida que crece, sigue recibiendo día tras día todo tipo de cosas para satisfacer sus necesidades. Al observar la situación, parece que todas las fuerzas de la tierra y del cielo se hubieran consagrado a su crianza y servicio.

A todos los seres humanos se les han concedido las capacidades necesarias para trabajar en este mundo. La fuerza física, la inteligencia y el discernimiento, la facultad del habla y muchas otras capacidades semejantes existen, en mayor o menor medida, en cada persona. Pero aquí Dios ha establecido un hermoso sistema. No ha concedido por igual todas las capacidades a toda clase de personas. Si lo hubiera hecho, nadie habría necesitado de nadie ni habría tenido consideración por los demás. Por eso, aunque Dios ha creado entre los seres humanos todas las capacidades necesarias para las necesidades colectivas de la humanidad, lo ha hecho de tal manera que a cada persona le ha concedido en mayor grado una capacidad particular. Algunos reciben mayor fuerza para el trabajo físico que otros. Muchas personas nacen con una aptitud especial para determinada profesión o arte, mientras que otras carecen de ella. En algunas personas hay más inteligencia y conocimiento que en otras. Algunos nacen como comandantes militares. Otros poseen una aptitud especial para gobernar y ejercer autoridad. Unos nacen con una extraordinaria capacidad oratoria. En otros existe una excepcional habilidad innata para escribir. Se han visto personas muy hábiles en matemáticas. Incluso resuelven los problemas más complejos de esta disciplina de una manera inconcebible para los demás. Una persona inventa toda clase de cosas asombrosas, y sus inventos dejan atónito al mundo. También se ve a personas con una extraordinaria competencia en derecho. Problemas jurídicos sumamente complejos, cuya comprensión resultaba imposible para cualquiera después de años de reflexión, ellas alcanzan a penetrar hasta el fondo con una sola mirada. Estas capacidades son otorgadas por Dios. Nadie puede crear en sí mismo tales capacidades mediante su propio esfuerzo. Ni siquiera es posible producirlas con la ayuda de la educación y la práctica. En realidad, son capacidades innatas; Dios las concede a quien quiere, conforme a Su sutil sabiduría y discernimiento. Aquí se hace referencia a las capacidades extraordinarias. Las capacidades comunes del ser humano pueden desarrollarse mediante la educación, la práctica y el hábito. En cambio, las capacidades extraordinarias a menudo se manifiestan sin ningún entrenamiento o con una práctica mínima. Si en estos casos se intenta desarrollarlas mediante una educación y una práctica superiores, pueden alcanzar un nivel excepcional y ejemplar. —Los editores—

Las capacidades más necesarias para la civilización y la cultura humanas se crean en un mayor número de personas. En cambio, cuanto menor es la necesidad de una capacidad, en menor número de personas se encuentra. Nacen muchos soldados. También nacen en gran número agricultores, artesanos, tejedores y personas capacitadas para otras labores semejantes. Pero el número de personas dotadas de capacidades teóricas e intelectuales, así como de aptitudes para la política y el mando militar, resulta aún menor. Esto se debe a que sus contribuciones perduran durante cientos de años y, por ello, la sociedad humana no necesita con frecuencia personas dotadas de capacidades semejantes.

Una necesidad más importante que la vida humana

Lo que debe suscitar reflexión es que, para hacer exitosa la vida de las personas en este mundo, estas necesidades por sí solas no son suficientes. No basta con que entre los seres humanos nazcan únicamente ingenieros, matemáticos, científicos, juristas, políticos, economistas y personas dotadas para diversas profesiones. Existe para la humanidad otra necesidad mayor que todas estas. Y consiste en que nazca entre los seres humanos alguien que les muestre el camino de Dios. La función de los demás consiste únicamente en informar de qué cosas dispone el ser humano en este mundo y cómo debe utilizarlas. Pero también se necesita a alguien que informe a las personas para qué fueron creadas, quién les proporcionó en este mundo todos estos medios y cuál es la voluntad de ese Dador; una voluntad conforme a la cual, si se vive en este mundo, se puede alcanzar un éxito seguro y eterno. Esta es la verdadera y mayor necesidad del ser humano. La razón no está dispuesta a aceptar que Aquel que ha dispuesto satisfacer incluso nuestras necesidades más pequeñas haya ignorado por completo una necesidad tan grande. Esto nunca es posible.

La dignidad de los Mensajeros

Del mismo modo que las personas destacadas en otras ciencias, saberes y artes nacen con una mente especial y una naturaleza particular, también el profeta nace en este mundo con una naturaleza especial.

Por el poema de un poeta innato podemos comprender que ha nacido con una aptitud especial para la poesía, pues, aunque los demás lo intenten mil veces, no pueden escribir poesía como él. Del mismo modo, es fácil reconocer por sus obras al orador nato, al escritor nato, al inventor nato y al líder nato, porque cada uno de ellos demuestra en su propio campo una capacidad extraordinaria que los demás no poseen. La situación del profeta es semejante. En su mente surgen ideas que ningún otro ser humano, aparte de él, podría expresar. Su mirada penetra espontáneamente en las profundidades de asuntos sutiles a los que otros no llegan ni siquiera después de años de investigación. Nuestra razón acepta cuanto dice y nuestro corazón da testimonio de ello; así debe ser, ciertamente. Sus palabras resultan verdaderas. Pero nosotros mismos, aunque quisiéramos decir cosas semejantes, no somos capaces de hacerlo. Además, su naturaleza es tan pura e intachable que adopta en todos los asuntos un método veraz y noble. Nunca dice algo falso. Nunca comete una mala acción. Siempre enseña la virtud y la veracidad. Todo lo que dice a los demás, él mismo lo practica y lo demuestra. Nunca se ha visto en su vida que actúe en la práctica contra aquello que él mismo enseña. En sus palabras y acciones no hay ningún interés personal. Se perjudica a sí mismo por el bien de los demás y no perjudica a otros por su propio beneficio. Toda su vida está formada por los ideales de la verdad, la nobleza, la pureza espiritual, el pensamiento elevado y la humanidad superior. Aunque se lo buscara con un telescopio, no se encontraría defecto alguno en él. Todo esto permite reconocer claramente que este hombre es un verdadero profeta de Allah.

La obediencia al profeta

Después de reconocer a una persona como un verdadero profeta de Allah, se vuelve indispensable aceptar sus palabras, obedecerlo y vivir conforme a su método. Después de aceptar a alguien como profeta, no obedecer sus palabras es un acto completamente contrario a la razón. Pues aceptar a alguien como profeta significa admitir que todo cuanto dice lo dice de parte de Allah y que todo cuanto hace lo hace conforme a la voluntad de Allah. Por tanto, ninguna palabra o acción nuestra en contra de él puede ser correcta. Así pues, después de aceptar a alguien como profeta, se vuelve indispensable aceptar sin reservas cada una de sus palabras y someterse a sus órdenes. En este asunto, es irrelevante que comprendamos o no el significado fundamental y los beneficios de esta orden. El hecho de que una palabra haya sido pronunciada por el profeta basta para demostrar que es verdadera y que contiene toda clase de conocimiento, beneficio y provecho. Si no comprendemos el significado de alguna de sus palabras, eso no significa que haya un defecto en ella; significa, más bien, que ha aparecido alguna deficiencia en nuestra razón y en nuestra capacidad de comprensión.

Quien no es especialista en un arte no será capaz de comprender sus asuntos más sutiles. Pero si no acepta las palabras del especialista únicamente porque no las comprende, eso sería una actitud absurda. Después de nombrar a un especialista, se confía plenamente en su trabajo y no se interfiere de ninguna manera en él. Por tanto, no todos pueden ser especialistas en todo, ni todos tienen la capacidad de comprender todos los asuntos y actividades del mundo. Lo único que debemos examinar es si una persona es especialista en un arte, y para alcanzar una plena certeza al respecto debemos emplear nuestra razón, nuestro conocimiento y toda clase de cautela. Luego, cuando sabemos que es un buen especialista, debemos confiar plenamente en su trabajo. Después, interferir en su labor y decir a cada paso: «Primero explícame esto; de lo contrario, no estoy dispuesto a aceptarlo» no puede llamarse inteligencia, sino pura necedad. Después de encomendar un caso a un abogado, si se continúa discutiendo con él de ese modo, no cabe duda de que echará de su despacho a un cliente así. Si se le pide a un médico la razón y la justificación de cada una de sus recetas, abandonará el tratamiento del paciente en cuestión. Lo mismo puede decirse de los asuntos religiosos. Debemos adquirir conocimiento sobre Allah. Queremos saber cuál es el método para vivir conforme a la voluntad de Allah. No disponemos de ningún medio para conocer estas cosas. Por ello, se convierte en nuestro deber buscar al verdadero profeta de Allah. Sin duda, al buscar al profeta debemos demostrar gran inteligencia, discernimiento y cautela. Pues si aceptamos como profeta a alguien que en realidad no lo es, nos conducirá por el camino equivocado. Pero, después de examinar y verificar cuidadosamente a una persona y convencernos de que es el verdadero profeta de Allah, debemos depositar en él nuestra confianza plena y cumplir cada una de sus órdenes.

La necesidad de creer en los profetas

Cuando sabemos que el camino cuya guía ofrece el profeta de Allah de parte de Allah es el único camino verdadero y recto, también comprendemos espontáneamente que creer en el profeta, obedecerlo y seguirlo es indispensable para todos los seres humanos, y que quien abandone el camino del profeta y se procure otro camino con ayuda de su propia razón y conocimiento, sin duda se extraviará.

En este asunto, la gente comete errores graves. Muchas personas reconocen la veracidad de los profetas, pero no creen en ellos ni los obedecen. No son solamente incrédulos, sino también necios. ¿Quién puede ser más necio que quienes siguen deliberadamente la falsedad?

Muchos dicen que no hay ninguna necesidad de obedecer a nuestro Profeta. Podemos conocer por nosotros mismos el camino de la verdad con la ayuda de nuestra razón. Esto también es un gran error. Todo estudiante de geometría sabe que entre un punto y otro solo puede haber una línea recta. Cualquier otra línea que se trace será curva o no llegará hasta el segundo punto. Lo mismo ocurre con el camino de la verdad, que en la terminología islámica se llama Sirat al-Mustaqim (es decir, el camino recto). Este camino comienza en el ser humano y termina al llegar a Allah. Según el principio geométrico mencionado, solo puede haber un camino así. Todos los demás caminos, aparte de este, serán curvos o no llegarán hasta Allah. Reflexionemos ahora un poco sobre el camino recto. El Profeta ya ha indicado el camino recto. No puede existir un segundo Sirat al-Mustaqim o camino recto. Quien, dejando de lado este único camino, busque por sí mismo otro, se enfrentará necesariamente a una de dos situaciones: no encontrará ningún camino que conduzca hasta Allah o, aunque encuentre uno, será un camino muy sinuoso, una línea curva en vez de una línea recta. En el primer caso, su perdición es evidente. Y en el segundo, no puede haber ninguna duda sobre su necedad. Incluso un animal inferior, cuando va de un lugar a otro, abandona el camino sinuoso y toma el recto. Sin embargo, el caso del ser humano, la más inteligente y sagaz de las criaturas, es verdaderamente digno de asombro. Un siervo virtuoso de Allah le muestra el camino recto, pero él continúa diciendo: «No seguiré en absoluto el camino que me muestras; avanzaré por los caminos sinuosos, seguiré extraviándome y continuaré buscando mi destino».

Es algo cuya verdad cualquier persona puede comprender a primera vista. Pero, si se reflexiona un poco más profundamente, se comprenderá que quien se niega a creer en el Profeta no puede encontrar ningún camino, ni recto ni sinuoso, que conduzca hasta Allah. Pues la persona que no es capaz de aceptar las palabras de alguien veraz y sincero tiene algún defecto en su mente que la hace apartarse de la verdad. Puede carecer de conocimiento y entendimiento; puede haberse instalado la arrogancia en su corazón; su naturaleza puede ser tan torcida que su mente no esté dispuesta a aceptar el mensaje de bondad y verdad; puede estar sumergida en la ciega imitación de sus antepasados y, por ello, no estar dispuesta a aceptar nada que contradiga las ideas transmitidas por la costumbre; o puede ser esclava de sus pasiones y negarse a aceptar las enseñanzas del Profeta porque entonces perdería la libertad de realizar actos ilícitos e impuros. Si se encuentra en una persona cualquiera de estas causas, le será imposible encontrar el camino hacia Allah. Y si no se encuentra en ella ninguna de ellas, es absolutamente imposible que una persona sincera, honrada e íntegra se niegue a aceptar las enseñanzas de un Profeta sincero.

Lo más importante es que el Profeta ha sido enviado por Allah, y Allah también ha ordenado creer en él y obedecerlo. Por tanto, quien no cree en el Profeta se rebela contra Allah. El gobernante que sea nombrado por el gobierno del que una persona es súbdita debe ser obedecido. Si se niega a reconocer a esa persona como gobernante, eso significará que se ha rebelado contra el gobierno. Aceptar al gobierno y no aceptar al gobernante que este ha nombrado son dos cosas completamente contradictorias. Lo mismo ocurre con Allah y el Profeta que Él ha enviado. Allah es el verdadero Rey de los seres humanos. Reconocer como Profeta a la persona que Él ha enviado para guiar a la humanidad y cuya obediencia ha ordenado, y abandonar la obediencia a todos los demás para obedecer únicamente a él, es deber de todo ser humano. Quien le muestra indiferencia es necesariamente un negador —un kafir—. En tal caso, que acepte o no a Allah carece por completo de sentido.

Una visión general de la historia de la sucesión de la profecía

Ahora abordaremos cómo comenzó la llegada de los profetas entre la humanidad y cómo, desarrollándose progresivamente, esta sucesión concluyó con el último y más excelente de los profetas.

Allah creó primero a un ser humano. Después creó una pareja a partir de ese ser humano. Luego dio inicio al linaje de esa pareja. A lo largo de cientos y miles de años, este se extendió por todo el mundo. Todos los seres humanos nacidos en la Tierra son hijos de aquella primera pareja. Las narraciones religiosas e históricas de todos los pueblos proclaman unánimemente que el linaje de la humanidad comenzó con un solo ser humano. Las investigaciones científicas tampoco han demostrado que se crearan seres humanos distintos en diferentes regiones de la Tierra. Por el contrario, la mayoría de los científicos sostienen que al principio debió nacer un solo ser humano y que todas las personas que se encuentran en cualquier lugar del mundo son descendientes de ese único ser humano.

En nuestro idioma, aquel primer ser humano es llamado Adán (la paz sea con él). De ahí procede la expresión «hijos de Adán», cuyo significado es la raza humana. Allah hizo de Adán (la paz sea con él) el primer Profeta y le ordenó enseñar las doctrinas del islam a sus hijos. Es decir, le ordenó comunicarles lo siguiente: «Vuestro Señor y el Señor de todo el mundo es un solo Allah. Debéis adorar únicamente a Él. Debéis inclinaros únicamente ante Él. Debéis pedirle ayuda. Debéis llevar en el mundo una vida recta y justa conforme a Su voluntad. Si vivís de esta manera, al final recibiréis una gran recompensa. Y si os apartáis de Su obediencia, mereceréis un castigo terrible». Entre los hijos de Adán (la paz sea con él), los buenos y rectos continuaron siguiendo el camino recto indicado por su padre, pero los malvados abandonaron ese camino. Poco a poco surgieron toda clase de injusticias y maldades. Algunos comenzaron a adorar la luna, el sol y las estrellas. Otros se entregaron al culto de los árboles, los animales y los ríos. Algunos llegaron a pensar que el viento, el agua, el fuego, la enfermedad, la salud y las demás fuerzas de la naturaleza tenían cada una un dios distinto. Por ello, creían que había que adorar a cada una de ellas. Entonces todos los dioses se complacerían y nos concederían su favor. A causa de semejante ignorancia se establecieron diversas formas de politeísmo y de idolatría, de las que surgieron distintas religiones. En aquel tiempo, los descendientes de Adán (la paz sea con él) se habían dispersado por todo el mundo. Surgieron entonces diferentes pueblos. Cada pueblo creó para sí una nueva religión. Las costumbres y tradiciones de cada uno eran diferentes. Al olvidar a Allah, la gente también olvidó las normas y leyes que su padre original, Adán (la paz sea con él), había enseñado a sus hijos. Las personas comenzaron a seguir sus propios deseos. Empezaron a difundirse toda clase de malas costumbres. Se extendieron todo tipo de ideas nacidas de la ignorancia. La gente comenzó a equivocarse al distinguir entre el bien y el mal. Muchas cosas malas fueron consideradas buenas, y muchas cosas buenas fueron consideradas malas.

En este contexto, el siguiente versículo del Noble Corán explica el significado y la importancia de la profecía:

(Árabe*********************************en la página 49 del PDF)

«Al principio, todas las personas seguían un mismo camino. (Después, esta situación no continuó y surgieron discrepancias.) Entonces Allah envió a los profetas. Ellos eran anunciadores de buenas nuevas (para quienes seguían el camino recto y verdadero) y advertidores (sobre las consecuencias de seguir el camino desviado y erróneo). Y con ellos hizo descender el Libro de la verdad, para que se resolvieran las discrepancias que habían surgido entre la gente acerca de la verdad. Y la causa de que surgieran estas discrepancias no fue que al principio no se les hubiera dado conocimiento. Después de recibir una guía clara, abandonaron la verdad y tomaron caminos diversos por una sola razón: querían cometer injusticia y excederse unos contra otros. –[Después de “Al principio, todas las personas seguían un mismo camino”, se ha omitido la mención de las discrepancias. Al final de la aleya se trata este tema.] –(Sura al-Báqara: 213).»

Los ignorantes, al escribir la historia de la «religión» basándose en sus propias ideas e imaginaciones, dicen que la vida religiosa del ser humano comenzó en el oscuro torbellino del politeísmo; después, mediante una evolución gradual, esa oscuridad fue disipándose y la línea de luz comenzó a hacerse más brillante. Así, finalmente, el ser humano llegó al concepto del tawhid, es decir, de un solo Dios. El Corán presenta una información completamente opuesta: afirma que, durante mucho tiempo, en la plena luz del mundo, los descendientes de Adán permanecieron firmes en el camino verdadero y correcto y formaron un mismo grupo. Después, la gente comenzó a abrir nuevos caminos e inventó diversos métodos. No lo hizo porque no hubiera sido informada acerca de la verdad; más bien, la razón fue que, aun conociendo la verdad, muchos querían obtener ganancias y beneficios superiores a sus derechos legítimos. Deseaban cometer injusticia, opresión y excesos unos contra otros. Para eliminar estos defectos, Allah, el Señor de todos los mundos, comenzó a enviar profetas. Estos profetas no fueron enviados para fundar, cada uno en su propio nombre, una nueva religión ni para formar una nueva ummah. Por el contrario, el único propósito de enviarlos fue que hicieran nuevamente claro ante la gente este camino verdadero que se había perdido y la transformaran otra vez en una sola ummah.

La misión de los profetas

Cada uno de los profetas recordaba a su propio pueblo las enseñanzas olvidadas. Les enseñaba a adorar a un solo Allah. Los mantenía alejados del politeísmo y de la idolatría. Abolía sus costumbres y tradiciones de la época de la ignorancia y les enseñaba a vivir conforme a la voluntad de Allah; establecía una ley correcta y precisa y les ordenaba cumplirla. No hay ningún país del mundo —Bengala, Pakistán, India, China, Irak, Irán, Egipto, África, Europa y demás— al que no haya llegado algún profeta enviado por Allah. La religión de todos ellos era una sola. En nuestro propio idioma llamamos a esta religión «Islam». –[Por lo general, la gente mantiene la idea equivocada de que el Islam comenzó con el honorable Muhammad, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, e incluso se lo considera su fundador. En realidad, esta es una idea sumamente equivocada. Hay que borrar por completo esta idea de la mente. Debe saberse bien que el Islam es la única y verdadera religión de la humanidad en todos los tiempos y todos los lugares, y que todos los profetas enviados por Allah a cualquier parte del mundo trajeron el mensaje de esta misma religión. –(El autor)] Sin embargo, los métodos de enseñanza y las leyes relativas al modo de vida diferían un poco entre ellos. Se insistía en eliminar las ignorancias, la falta de conocimiento, las supersticiones y las malas prácticas que se habían extendido entre cada pueblo. Se prestaba mayor atención a corregir las ideas erróneas que se habían propagado. Cuando los pueblos se encontraban todavía en una etapa inicial en cuanto a civilización, cultura, educación y conocimiento científico, se les concedían enseñanzas sencillas y una sharía simple. Después, a medida que avanzaban gradualmente por el camino del progreso, también la enseñanza y la sharía se ampliaban cada vez más. Pero esta diferencia se limitaba únicamente a la apariencia y la forma externas. El espíritu y la esencia eran iguales para todos. Es decir, la creencia y la fe de todos se basaban en el tawhid, y sus obras se basaban en la honestidad, la virtud, la paz y la seguridad, así como en la convicción del castigo y la recompensa en la vida del Más Allá.

Cómo trata la gente a los profetas

La gente trata de manera extraña a los profetas. Primero se les inflige daño físico. Se niegan a aceptar sus buenos consejos. A muchos se los expulsa de su patria y a muchos se los mata. Algunos, después de dedicar toda su vida a enseñar y aconsejar, apenas logran convertir a cinco o diez personas en seguidores de la religión verdadera. Pero estos queridos siervos de Allah continúan cumpliendo incansablemente su responsabilidad. Incluso llega un momento en que sus enseñanzas ejercen influencia. Muchas grandes naciones se convierten en sus seguidoras. Después, el extravío de la humanidad adopta una nueva forma. Tras la muerte de los profetas, sus comunidades introducen cambios en sus enseñanzas. En los libros que ellos traen de Allah, sus comunidades introducen toda clase de corrientes de pensamiento. Inventan nuevos modos de adoración. Algunos comienzan a adorar a sus propios profetas. Otros consideran a sus profetas encarnaciones de Allah (es decir, que Allah mismo descendió adoptando forma humana). Algunos llaman a su profeta hijo de Allah. Otros declaran que sus profetas son socios de Allah en Su autoridad y soberanía. Así, de diversas maneras, comienzan a manifestarse las extrañas y deformadas mentalidades de los seres humanos. Las personas fabrican ídolos de quienes habían venido a romper los ídolos y los habían roto, y comienzan a adorarlos. Después, también se deforma de diversas maneras la sharía que estos profetas habían dejado a sus comunidades. Se mezclan con ella toda clase de costumbres de la época de la ignorancia, relatos atractivos y narraciones falsas. Qué cosas se mezclaron con ella…–[Así es como las comunidades de los profetas deforman su religión original (es decir, el Islam) y hacen surgir nuevas religiones. Hoy, estas son las que existen en el mundo bajo diversos nombres. Por ejemplo, la religión que el honorable Jesús (la paz sea con él) enseñó era en realidad el Islam, pero sus seguidores hicieron del propio Jesús un dios y, mezclando con sus enseñanzas y su sharía muchas ideas inventadas por ellos mismos, crearon una nueva religión, conocida hoy en el mundo como cristianismo. –(El autor)] Ya no quedó ningún medio para saber qué cosas se habían mezclado con ella. La historia de la vida de los profetas también se perdió de tal manera entre los diversos relatos de la gente que no se puede encontrar nada fiable acerca de ellos.

Sin embargo, todos los esfuerzos de los profetas no fueron en vano. A pesar de toda clase de mezclas, en cada pueblo permaneció algo de verdad. La conciencia de Dios y de la vida del Más Allá se extendió, en alguna medida, entre todos los pueblos. La virtud, la honestidad, la justicia y la moralidad fueron reconocidas universalmente como principios fundamentales. Los profetas de todas las naciones y tribus prepararon por separado a sus pueblos de tal manera que fue posible difundir las enseñanzas de una religión universal, adecuada a toda la humanidad, sin distinción de raza, tribu o nación.

La misión y la dignidad de los profetas

Al estudiar el Corán, se observa que los profetas llegan uno tras otro y todos transmiten a sus pueblos el mismo llamamiento:

(Árabe*********************************en la página 52 del PDF)

«¡Oh, pueblo mío! Adorad a Alá; no tenéis ninguna otra divinidad aparte de Él».

Ya fuera en Babilonia o en Sodoma, en Madián o en la región de Hiyr, en el valle del Nilo o en cualquier otro país del mundo; ya fuera entre pueblos esclavizados, libres, subdesarrollados o elevados a las cumbres del progreso político y cultural, desde el siglo cuarenta hasta el siglo diez antes de Cristo o después, siempre que y dondequiera que llegara un profeta enviado por Alá, transmitía a la gente el mismo llamamiento. El llamamiento de todos ellos era: adorad a Alá; no tenéis ninguna otra divinidad —es decir, ningún verdadero objeto de adoración o dios— aparte de Él. El profeta Abraham declaró a su pueblo, con palabras inequívocas, que mientras no reconocieran este principio fundamental, no podría existir ninguna forma de cooperación entre ellos y él.

(Árabe*********************************en la página 52 del PDF)

Es decir, mientras no creáis en el Dios único, la enemistad y el odio continuarán entre vosotros y nosotros. Cuando el profeta Moisés acudió al faraón, (Árabe******)antes de presentar la exigencia «envía conmigo a los hijos de Israel», declaró (Árabe*******)«he sido enviado por el Señor de los mundos» y (Árabe********)lo invitó diciendo: «¿Estás dispuesto a purificarte y a que te muestre el camino hacia tu Señor, para que le temas?». Le hizo saber que él no era el Señor ni el Amo; por el contrario, el Señor y Amo es Aquel que creó todas las cosas y enseñó a todos el modo de vivir. (Árabe********)«Él es nuestro Señor y Amo, quien dio forma a cada cosa y luego le determinó su camino». Es decir, el profeta Moisés y el profeta Aarón cumplieron la misma responsabilidad que cumplieron los demás profetas, desde el profeta Noé hasta el último profeta, Muhammad —la paz sea con todos ellos—. Esa responsabilidad consistía en informar y hacer comprender a la gente que debía reconocer únicamente a Alá, el Señor de los mundos, como su Señor y Amo; que, después de esta vida, llegaría otra en la que tendría que comparecer ante Alá; y que su salvación dependía de aceptar el llamamiento de los profetas de su época a creer en la unicidad de Dios y en el Más Allá, y de construir su sistema de vida sobre esa base. —[Autor]—. El pueblo del profeta Jesús vivía sometido bajo el dominio de los romanos. Sin embargo, él no invitó a los hijos de Israel ni a los diversos pueblos de las regiones vecinas a emprender una guerra de liberación contra el imperialismo romano. Más bien, invitó a la gente a creer que: (Árabe***********)«En verdad, Alá es mi Señor y vuestro Señor. Adoradlo, pues; este es el camino recto». Es evidente que estos acontecimientos relatados en el Corán no pertenecen a otro mundo, sino que ocurrieron en la misma tierra en la que vivimos y están relacionados con seres humanos de carne y hueso como nosotros. Aquí no hay lugar para afirmar que los países y pueblos a los que llegaron los profetas carecieran de problemas políticos, económicos y culturales, o que no fuera necesario atraerlos hacia la solución de esos problemas. No obstante, cuando cada dirigente del movimiento islámico, en todos los países y épocas, pasó por alto toda clase de problemas inmediatos y locales, puso ante sí un único problema y dedicó a él todas sus fuerzas, podemos concluir que, para ellos, este era la raíz de todos los problemas y que consideraban que la solución de todos los demás problemas de la vida dependía de resolverlo.

Hazrat Isa (la paz sea con él), dirigiéndose a los hijos de Israel, describió así el propósito de su venida:

(Árabe*********************************PDF, página 53)

«He venido para hacer lícitas algunas cosas que os habían sido prohibidas. Mirad, os he traído una señal de vuestro Señor. Temed, pues, a Allah y obedecedme. Allah es mi Señor y también vuestro Señor. Adoradlo, pues; este es el camino recto».—(Sura Al Imran: 50-51)

De esto se supo que, al igual que en el caso de todos los demás profetas, el mensaje fundamental de Hazrat Isa (la paz sea con él) también comprendía tres aspectos.—[Es necesario prestar especial atención al mensaje de Hazrat Isa (la paz sea con él), porque antes de la llegada de Hazrat Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda paz, él era el último profeta, y su palabra, su mensaje y su misión fueron completamente distorsionados.—(El recopilador)]

Primero: La soberanía, que se reconoce únicamente a Allah. Por ello, la adoración debe consagrarse a Él, y todo el sistema de la vida moral y cultural se establecerá sobre la base de la obediencia exclusiva a Él.

Segundo: Deben obedecerse las órdenes del profeta, como representante del Soberano.

Tercero: En la vida humana, los límites entre lo lícito y lo ilícito, y entre lo legal y lo ilegal, serán establecidos únicamente por la ley de Allah. A este respecto, quedarán anuladas las leyes establecidas por otros.—[Véase la aleya 51 de la Sura Al Imran:(Árabe******** en la nota de la página 54)]

En realidad, no existe la menor diferencia entre el mensaje de Hazrat Isa (la paz sea con él), Hazrat Musa (la paz sea con él), Hazrat Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y los demás profetas. Quienes han considerado diferentes las misiones de los distintos profetas y han establecido diferencias entre ellas en cuanto a su propósito y naturaleza han cometido un grave error. Quienquiera que se presente ante los súbditos del Señor de toda la creación llevando un nombramiento de Él tendrá como único propósito impedir que los súbditos practiquen la desobediencia y ejerzan un gobierno autónomo; les prohibirá asociar a alguien con Él —es decir, hacer partícipe de la soberanía a alguien junto al Dueño del poder soberano y repartir entre ambos la propia obediencia, adoración y devoción—, y los invitará a adorar, obedecer, venerar y seguir las órdenes únicamente del verdadero Señor.

En el Noble Corán, el propósito de la venida de los profetas también se describe de otra manera:

(Árabe****************** en la página 54 del PDF)

«Estos mensajeros fueron enviados como anunciadores de buenas nuevas y amonestadores, para que, después de que fueran enviados, la gente no tuviera ningún argumento que presentar contra Allah».—(Sura an-Nisa: 165)

Es decir, el envío de estos mensajeros tenía un único propósito: Allah Ta’ala quería llevar Sus pruebas y argumentos ante la humanidad a su etapa definitiva, para que, el Día del Juicio Final, ningún criminal extraviado tuviera la oportunidad de decir: «No estábamos informados y usted no dispuso ningún medio para informarnos de la verdad y de la realidad del asunto». Con este objetivo, Allah envió profetas a distintas regiones del mundo y reveló Libros. Estos profetas transmitieron el conocimiento verdadero a un gran número de personas y, aun después de partir de este mundo, dejaron para la humanidad los Libros celestiales. Entre estos Libros, en cada época permaneció en el mundo al menos uno para guiar a la humanidad por el camino verdadero y recto. Por tanto, si después de ello alguna persona se extravía, Allah y Sus profetas no serán culpables de ello; más bien, la propia persona implicada será culpable. Esto se debe a que el mensaje de Allah le había llegado, pero no lo aceptó. O serán culpables quienes conocían el camino verdadero y recto, pero, aun viendo a los siervos de Allah sumidos en el extravío, no les mostraron el camino verdadero y recto.

Los profetas y mensajeros, además de convocar hacia la verdad, también tienen derecho a recibir obediencia. Así se expresa claramente en el Corán:

(Árabe****************** en la página 55 del PDF)

«A cualquier mensajero que haya enviado, lo he enviado para que sea obedecido con el permiso de Allah».—(Sura an-Nisa: 64)

Es decir, el mensajero no viene de parte de Allah para que uno simplemente crea en su misión profética y luego pueda obedecer, según su voluntad, a cualquier otra persona. Al contrario, el propósito mismo de la venida del mensajero es que, para vivir, se obedezca únicamente la norma que él trae, abandonando todas las demás normas del mundo, y que, dejando de lado todas las órdenes del mundo, se pongan en práctica únicamente las instrucciones que él transmite de parte de Allah. Quien no obedece al mensajero de esta manera no tiene ningún sentido en reconocerlo meramente como mensajero.

También forma parte de la responsabilidad de los profetas esforzarse y luchar para hacer prevalecer el din. En el Noble Corán se dice:

(****************** página 55 del PDF)

«Allah ha enviado a Su Mensajero con la guía y la verdadera religión, para hacerla prevalecer sobre todas las demás religiones». —(Sura At-Tawba: 33)

En el versículo original se utiliza la expresión «ad-din». En su traducción he escrito «todas las religiones». En realidad, en árabe la palabra din se utiliza como sinónimo de un sistema o modo de vida cuyo fundador es aceptado como digno de confianza y de seguimiento, y cuya obediencia se acata. Por tanto, el propósito de la venida del Mensajero descrito en este versículo es que la guía y la verdadera religión que él ha traído de parte de Allah deben hacerse prevalecer sobre todas las demás religiones, es decir, sobre todos los demás modos y sistemas. Dicho de otro modo, el Mensajero nunca es enviado con el propósito de que el sistema de vida que trae quede subordinado y sometido a otro sistema de vida, y de que pase sus días encogido y miserable dentro de las concesiones que este le otorgue. Al contrario, viene como representante del Rey de la tierra y de los cielos. Desea ver triunfar el verdadero sistema de su Rey. Si en el mundo existe otro sistema de vida, este debe permanecer necesariamente bajo el sistema de vida otorgado por Allah, contentándose con algunas de las concesiones que este le conceda, como ocurre con la situación del sistema de vida de los dimmíes al pagar la yizia.

La tarea de los profetas es eliminar la corrupción

Cuando el ser humano abandona la obediencia a Allah y comienza a obedecer a su propio ego o a otros, desobedece la guía y las directrices de Allah y estructura su vida moral, social y cultural sobre la base de principios, leyes y normas inventados por otros, entonces aparece en la tierra la verdadera corrupción, que da lugar a innumerables defectos y desviaciones en el sistema universal. El propósito del Corán es impedir esta corrupción y corregir esos defectos y desviaciones. Asimismo, el Corán revela esta verdad: la corrupción no es lo esencial en el sistema universal; lo esencial son la honestidad, la virtud y las buenas obras, y la corrupción se impone temporalmente sobre él únicamente a causa de la necedad, la ignorancia y los excesos del ser humano. Dicho de otro modo, la vida de los seres humanos en el mundo no comenzó en medio de la necedad, la ignorancia, la barbarie, el politeísmo, la rebelión y la anarquía moral, ni comenzó después un proceso gradual de reforma para eliminar todo ello. Por el contrario, la vida humana comenzó en realidad con la honestidad y las buenas obras, y más tarde los malvados fueron ensuciando y contaminando este sistema puro mediante su insensatez y sus malas acciones. Para eliminar esta corrupción y reformar de nuevo el sistema de vida de los seres humanos, Allah siguió enviando profetas a lo largo de las épocas. En cada época, los profetas transmitieron a la gente esta misma invitación: abstenerse de introducir corrupción en el sistema universal, que ha sido establecido sobre la honestidad, la virtud y las buenas obras —a este respecto, la perspectiva del Corán es completamente distinta de la de los evolucionistas. Los evolucionistas, basándose en una concepción completamente errónea, han dado origen a la doctrina de que el ser humano salió de las tinieblas y avanzó gradualmente hacia la luz. Al comienzo de su vida había deformación y desorden; después, poco a poco, está llegando a adquirir una forma adecuada. Por el contrario, el Corán dice que Allah envió al ser humano al mundo en un entorno completamente luminoso e inició su vida mediante un sistema lleno de bienestar. Después, al aceptar el ser humano el liderazgo de Satanás, entró una y otra vez en las tinieblas y deformó repetidamente este sistema de bienestar. Para conducir al ser humano de estas tinieblas hacia la luz e invitarlo a abstenerse de crear deformación y corrupción, Allah envió a Sus profetas a lo largo de las épocas—.

En la afirmación de la profecía está implícito que el profeta desea transformar por completo todo el sistema de vida de los seres humanos. Sin duda, el sistema político del país también está incluido en ello. Cuando una persona se presenta como representante del Señor del universo, se reconoce como consecuencia inevitable que exige a la gente una obediencia completa a sí mismo. Porque el representante del Señor del universo nunca viene para permanecer como súbdito subordinado a otro y obedecerle. Al contrario, viene para hacer que todos le obedezcan y para convertirse en su gobernante y protector. En este caso, reconocer la dignidad de la autoridad y el poder gobernante de un incrédulo es completamente contrario a la dignidad de su condición de Mensajero.

El propósito de enviar al Mensajero

(Árabe****************** PDF, página 56)

«(Y lo hice para que,) no pudieran decir, cuando les sobreviniera una desgracia como consecuencia de sus propias acciones: “¡Señor nuestro! ¿Por qué no nos enviaste un Mensajero? Si nos hubieras enviado un Mensajero, habríamos seguido Tus signos y habríamos sido de los creyentes”». —(Sura al-Qasas: 47)

En diversos lugares del Corán se ha presentado precisamente esto como la razón del envío de los Mensajeros. Sin embargo, sería erróneo concluir, a partir de esta exposición coránica, que siempre y en todo lugar debe venir un Mensajero. Mientras el mensaje de algún Mensajero se conserve intacto en el mundo y exista un medio para que llegue a la gente en general, no hay necesidad de un nuevo Mensajero. Pero si fuera necesario añadir algo al mensaje anterior o enviar un mensaje nuevo, entonces llega un nuevo Mensajero. Si en algún lugar el mensaje anterior pierde su vigencia, la gente tiene, sin duda, la posibilidad de presentar esta excusa: que no existía en absoluto para ellos ningún medio que les permitiera distinguir entre la verdad y la falsedad ni les mostrara el camino correcto; en tal situación, ¿cómo les habría sido posible encontrar el camino verdadero y correcto? Para eliminar esta excusa, Dios Todopoderoso envía un Profeta en circunstancias de este tipo. Después de ello, será posible responsabilizar de su error a quien adopte el camino equivocado.

El Mensajero no viene de parte de Dios con el propósito de que uno tenga que creer únicamente en su misión profética y luego pueda obedecer, según su propia voluntad, a cualquier otra persona. Al contrario, el propósito mismo de la llegada del Mensajero es —como se ha explicado anteriormente— que, abandonando todos los demás sistemas de vida, se adopte únicamente el sistema que él trae para la vida, y que, ignorando todas las demás instrucciones, se cumpla únicamente la instrucción que el Mensajero transmite de parte de Dios. Si, después de aceptar al propio Mensajero, una persona no hace esto, entonces aceptar a su Mensajero carece de sentido.

La llegada de los Mensajeros antes del momento del juicio

(Árabe****************** PDF, página 57)

«No envío a los Mensajeros con otro propósito que cumplir la misión de anunciar buenas nuevas y advertir; pero la situación de los incrédulos es que intentan hacer prevalecer la falsedad sobre la verdad mediante las armas de la falsedad, y se burlan de Mis signos y de aquello contra lo que se les ha advertido». —(Sura al-Kahf: 56)

Es decir, envío a los Mensajeros para advertir a la gente, antes de que llegue el momento del juicio, sobre las buenas consecuencias de obedecer las órdenes de Dios y las malas consecuencias de desobedecerlas.

(Árabe****************** en la página 58 del PDF)

«Ciertamente, la religión ante Allah es el islam. Aquellos a quienes se les había dado el Libro no adoptaron otros caminos en lugar de esta religión sino después de haberles llegado el conocimiento, por rivalidad y transgresión entre ellos». —(Sura Al ‘Imrán: 19)

Esto significa que, siempre que un mensajero vino de parte de Allah a cualquier lugar del mundo, trajo consigo el mensaje de la religión del islam; y siempre que un Libro fue revelado en la lengua de alguna nación del mundo, impartió las enseñanzas del islam. La única razón por la que surgieron entre la humanidad distintas religiones, tras distorsionar esta religión original y añadirle o quitarle elementos, fue que la gente deseaba obtener más derechos, ventajas y beneficios, excediendo los límites de sus derechos legítimos. Por ello, modificaron a su antojo las creencias, los principios y las disposiciones de la religión original.

Los profetas portaban el estandarte de una misma religión

(Árabe****************** en la página 58 del PDF)

«Y dividieron su religión entre ellos en fragmentos; todos ellos tendrán que regresar a Mí». —(Sura Al-Anbiya: 93)

Todos los profetas que llegaron al mundo fueron portadores del estandarte de esta religión. La esencia de esa religión original era que Allah es el único Señor y Sustentador de los seres humanos, y que solo a Él se debe adorar y servir. Todas las religiones que surgieron posteriormente son formas distorsionadas de aquella religión original. Unos tomaron de ella una enseñanza y otros tomaron otra. Unos eliminaron uno de sus aspectos y otros, otro aspecto. Después mezclaron con ella muchas cosas procedentes de sí mismos. De este modo, innumerables profetas la dividieron en múltiples partes; si esto fuera así, podría considerarse una mentira completamente inventada. El simple hecho de que estas religiones tengan distintas formas y estén vinculadas con diferentes profetas en distintas épocas y países no demuestra que tal diversidad de religiones haya sido creada por los profetas. Ellos no pudieron enseñar la adoración de otro señor en lugar del Dios único.

Las ideas de los profetas antes de recibir la profecía

Del Noble Corán sabemos que, antes de que descendiera la revelación de Allah, el conocimiento que poseían los profetas no difería en ningún aspecto del conocimiento de la gente común. Antes de que descendiera la revelación, no tenían ningún medio de conocimiento que no estuviera al alcance de los demás. Por eso dice el Corán: (Árabe*******)«No sabías qué era el Libro ni qué era la fe». (Ash-Shura: 52) (Árabe*********)«Y te encontró extraviado y te guio».

Junto con esto, el Corán también nos informa de que, antes de recibir la profecía, los profetas, valiéndose de los medios naturales de conocimiento y comprensión comunes a las demás personas, superaban la etapa de creer en lo invisible. La llegada de la revelación fortalecía el conocimiento que habían adquirido mediante la percepción. La revelación ofrecía un testimonio cierto y definitivo de la verdad de aquello que sus corazones habían atestiguado anteriormente. Y les proporcionaba un conocimiento directo y ocular de esas verdades, de modo que podían dar testimonio de ellas ante el mundo con plena convicción. Este tema se ha expuesto varias veces en la sura Hud. Primero se dice acerca del Noble Mensajero:

Texto árabe — página 59 del PDF

«¿Acaso quien se basa en una prueba clara procedente de su Señor —es decir, quien posee una guía intelectual y natural—, y a quien llega de parte de Allah un testigo —es decir, el Corán—, y antes de él ya estaba el Libro de Moisés como guía y misericordia, puede tener dudas sobre esta verdad?». (Sura Hud: 17)

Después, este mismo tema vuelve a expresarse en boca del profeta Noé, la paz sea con él, en el tercer rukū‘, de la siguiente manera:

Texto árabe — página 59 del PDF

«¡Oh, pueblo mío! Reflexionad: si me baso en una prueba clara procedente de mi Señor y Él me ha concedido una misericordia de Su parte —la revelación y la profecía—, pero esto permanece oculto a vuestra vista, ¿acaso vamos a imponéroslo por la fuerza?». (Sura Hud: 28)

Asimismo, el profeta Salih, la paz sea con él, en el sexto rukū‘, y el profeta Shu‘ayb, la paz sea con él, en el octavo rukū‘, repitieron este mismo tema. Esto deja claramente establecido que repitieron el tema mediante la revelación. Resulta evidente que, antes de obtener directamente el conocimiento de la verdad por medio de la revelación, los profetas penetraban profundamente en la realidad del tawhid y del Más Allá utilizando correctamente su capacidad natural de reflexión, investigación y observación, a lo que en la aleya anterior se denomina (Árabe********)se dijo). Su éxito al penetrar en las profundidades de la verdad no era un don otorgado por Allah, (Árabe)sino que era fruto de su propio esfuerzo (Árabe***). Después, Allah les concedía el conocimiento de la revelación. Este no era adquirido, sino que era otorgado por Allah.

La observación, reflexión e investigación de estos signos naturales, así como el uso del sentido común (Commonsense), son completamente diferentes de las conjeturas, suposiciones y especulaciones (Speculation) de los filósofos. El propio Noble Corán ha intentado incitar a cada persona a utilizar este recurso. El Corán ha dicho repetidamente: abre los ojos, observa los signos naturales de Allah e intenta llegar a conclusiones correctas a partir de ellos.

El conocimiento de lo oculto del Mensajero

Es errónea la idea de que a los Mensajeros se les concedió únicamente el conocimiento de lo oculto que Allah tenía la intención de transmitir a los seres humanos. Esta idea contradice las claras declaraciones del Noble Corán y del Hadiz. En el Noble Corán se dice acerca de Hazrat Yaqub (la paz sea con él) que les dijo a sus hijos:(Árabe*******)«Yo sé, por parte de Allah, cosas que vosotros no sabéis». —Sura Yusuf: 11

Además, se sabe por diversos versículos del Corán que, antes de enviar el castigo sobre diferentes pueblos, se informaba de ello a sus profetas; sin embargo, ni siquiera cuando se acercaba el castigo informaban a sus pueblos de todos sus detalles. A Hazrat Nuh, la paz sea con él, se le había informado del castigo con tanta antelación que durante ese tiempo había construido el arca. Pero no dijo a su pueblo que el castigo del diluvio se abatiría sobre ellos. Asimismo, por el Hadiz se sabe que al Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se le habían revelado diversos aspectos de lo oculto que no comunicó a su comunidad. En una ocasión, el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo en un sermón:

(Texto árabe en la página 60 del PDF)

«¡Oh comunidad de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)! ¡Por Allah!, si supierais lo que yo he sabido, reiríais muy poco y lloraríais mucho». —Bujari: capítulo Sadaqa fil Kusuf

En otra ocasión, el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:(Árabe**********)«Os veo por detrás exactamente como os veo por delante». —Bujari: capítulo Azmatu Imamin Nas.

En resumen, por muchos otros hadices y versículos se sabe que a los Mensajeros se les concedió un conocimiento de lo oculto mucho mayor que el que llegó a los siervos por medio de ellos. La razón y el sentido común también respaldan esto. Pues la gente común solo necesita conocer aquella parte de lo oculto que está relacionada con la fe y la doctrina. Pero para los Mensajeros no basta con conocer únicamente esa parte del conocimiento de lo oculto. Necesitan conocer muchas otras cosas que les sirven de ayuda para cumplir con la responsabilidad de la misión profética. Por ejemplo, los vicejefes de Estado y los gobernadores necesitan conocer, hasta cierto nivel, la política del Estado y sus secretos. Si estos secretos llegan a ser conocidos por los súbditos comunes, en lugar de ser beneficiosos se convierten en causa de perjuicio. Del mismo modo, en la administración del reino de Allah existen muchos secretos que solo conocen los representantes especiales de Allah y Sus Mensajeros. Los súbditos comunes, es decir, la gente corriente, no conoce ni el más mínimo detalle de ellos. Este conocimiento de lo oculto ayuda a los Mensajeros a cumplir con sus responsabilidades, pero la gente común no lo necesita ni tiene capacidad para soportarlo. En términos muy resumidos, se dice que el conocimiento del profeta es menor que el conocimiento de Allah y mayor que el conocimiento de la gente común. Pero ¿cuánto abarca este conocimiento? ¿Cuánto es mayor o menor? Por supuesto, no poseemos ningún instrumento con el que podamos medirlo de esta manera.

Una mirada atenta a los profetas

En la sociedad humana, los profetas ocupan la posición más importante y delicada. Un acontecimiento común en la vida de una persona corriente no reviste ninguna importancia especial. Pero, cuando ese mismo acontecimiento ocurre en la vida de un profeta, se convierte en ley. Por ello, por parte de Allah se mantiene una vigilancia atenta sobre cada acontecimiento de la vida de los profetas. Como consecuencia, ni su más insignificante paso ni la menor de sus acciones pueden producirse en contra de la voluntad de Allah. Si alguna vez un profeta realizaba algo semejante, se corregía inmediatamente. El propósito era que la ley islámica y sus principios llegaran a las personas no solamente a través del Libro de Allah, sino también como el excelente modelo de vida del profeta, y que no pudiera incluirse en ella ni siquiera la cosa más insignificante que no estuviera de acuerdo con la voluntad de Allah.

Conocimiento directo y observación

Allah hizo que cada uno de los profetas observara, conforme a su rango, el sistema que gobierna la tierra y los cielos, y, al apartar el velo entre el mundo material y el mundo invisible, les permitió conocer directamente muchos secretos ocultos por causa de los cuales habían sido encargados de invitar a la gente común a tener fe en lo oculto. De este modo quedó claramente establecida la diferencia entre su rango y el de los filósofos. Los filósofos hablan basándose en conjeturas y especulaciones. Si hubieran conocido correctamente su propia condición y rango, nunca habrían dado testimonio de la verdad de ninguna de sus opiniones. Por el contrario, los profetas hablan de todo basándose en el conocimiento directo y la observación. Pueden testimoniar ante la gente de este modo: «Sabemos perfectamente todo lo que decimos y lo hemos observado con nuestros propios ojos».

Poderes extraordinarios —Sobre los poderes y capacidades extraordinarios de los profetas, así como sobre su sistema especial de formación, se ha tratado detalladamente en el apartado «La misión profética y sus disposiciones», del capítulo «La posición del Mensajero noble como persona y como profeta».

(Árabe****************** en la página 62 del PDF)

«Cuando esta caravana partió (de Egipto), su padre (sentado en su casa, en Canaán) dijo: “Percibo el aroma de Yusuf. No volváis a decir vosotros (los habitantes de la casa) que, al haber envejecido, he perdido el juicio”». —(Sura Yusuf: 94)

De esto puede deducirse que los profetas poseían poderes extraordinarios. Apenas la caravana había emprendido el viaje desde Egipto llevando la camisa de Yusuf, cuando el profeta Yaqub percibió su aroma desde una distancia de cientos de millas. Sin embargo, de esto también se sabe que ese poder no era propio de los profetas. Allah les había concedido ese poder. Pero solo podían utilizarlo cuando Allah quería y en la medida que Él quería. Yusuf permaneció durante años en Egipto, pero Yaqub nunca percibió su aroma. Ahora, en cambio, tan pronto como su camisa comenzó a salir de Egipto, la capacidad olfativa de Yaqub aumentó repentinamente tanto que empezó a percibir su aroma.

La naturaleza humana de los profetas

Todos los profetas anteriores fueron seres humanos. No eran una creación extraordinaria de Allah. Enviar a un ser humano como Mensajero no constituye ningún acontecimiento insólito en la historia.

La tarea que Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) está realizando ahora es la misma tarea para la que vinieron los profetas anteriores. Al igual que la de Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), su misión y su enseñanza eran las mismas. Allah trató de manera especial a los profetas. Grandes calamidades cayeron sobre ellos. Permanecieron año tras año en medio de las dificultades. Sufrieron aflicciones en el ámbito personal, y sus enemigos también les causaron problemas. Pero finalmente Allah aceptó sus súplicas, alivió sus sufrimientos, derrotó a sus enemigos y les concedió ayuda milagrosa.

A pesar de ser amados y gratos a Allah, y de haber recibido de Él grandes poderes extraordinarios, eran siervos de Allah y seres humanos. Ninguno de ellos poseía poder divino.

El significado de la impecabilidad de los profetas

Los profetas también son seres humanos. Ningún ser humano tiene la capacidad de mantenerse en todo momento en el grado de perfección prescrito para el creyente. En alguna ocasión, ante una situación delicada y emotiva, incluso el más excelso de los seres humanos, como un profeta, puede sucumbir durante un instante ante su debilidad humana. Pero tan pronto como percibe, o Allah hace que perciba, que está descendiendo por debajo del nivel deseado, se arrepiente. No vacila ni por un instante en corregir su error. ¿Qué prueba mayor de la excelencia moral de Noé (la paz sea con él) podría haber que esta? Su hijo joven se estaba hundiendo ante sus ojos en aguas insondables; lo veía con sus propios ojos y la gravedad de la escena le partía el corazón. Pero en cuanto Allah le advirtió que considerar como propio, únicamente por ser su hijo biológico, a un hijo que había abandonado la verdad y se había aferrado a la falsedad era simplemente una emoción ignorante, regresó a la forma de pensar correcta.

La impecabilidad del profeta no significa que le hayan sido arrebatadas la capacidad y la aptitud para pecar y equivocarse, ni que exista la menor posibilidad de que cometa un pecado. Significa, más bien, que el profeta tiene la capacidad de pecar, pero que, aun poseyendo todas las cualidades, emociones, sentimientos, deseos y anhelos humanos, es tan recto y temeroso de Allah que nunca decide conscientemente cometer un pecado. En su conciencia existe un testimonio y una evidencia tan inmensos y poderosos de su Señor que, frente a ellos, los deseos de su naturaleza inferior jamás pueden triunfar. Aun así, si alguna vez comete inadvertidamente un error, Allah lo corrige de inmediato mediante una revelación manifiesta. Esto se debe a que su tropiezo no es solamente el tropiezo de un individuo, sino el de toda una comunidad. Si se aparta siquiera un palmo del camino recto, el mundo entero avanza varios kilómetros por el sendero del extravío.

Algunos versículos relativos a las cualidades de los profetas

(Árabe****************** en la página 63 del PDF)

«Y menciona en este Libro a Abraham; ciertamente, él era un hombre veraz y un profeta» (sura de Maryam: 41).

(Árabe****************** en la página 63 del PDF)

«Y menciona en este Libro a Moisés. Ciertamente, era un hombre escogido y un mensajero-profeta. Y lo llamé desde el lado derecho del monte Tūr y le concedí proximidad mediante una conversación confidencial» (sura de Maryam: 51-52).

(Árabe****************** en la página 63 del PDF)

«Y menciona en este Libro a Ismael. Ciertamente, era fiel a su promesa y un mensajero-profeta. Ordenaba a su familia la oración y el azaque, y era alguien grato para su Señor. Y menciona en este Libro a Idrís. Ciertamente, era un hombre veraz y un profeta, y lo elevamos a un lugar sublime» (sura de Maryam: 54-57).

(Árabe****************** en la página 64 del PDF)

«Estos son los profetas a quienes Allah concedió Su favor: eran descendientes de Adán, de aquellos a quienes llevamos en el arca con Noé, de la descendencia de Abraham y de la descendencia de Israel, y pertenecían a aquellos a quienes guiamos y escogimos. Cuando se les recitaban las aleyas del Misericordioso, caían postrados, llorando» (sura de Maryam: 58).

(En la página 64 del PDF)

«Y antes de esto, concedí a Abraham discernimiento, y lo conocía muy bien».–(Sura Al-Anbiyá: 51)

(En la página 64 del PDF)

«Y salvé a Abraham y a Lot, y los llevé a una tierra en la que puse bendición para todos los mundos. Y le concedí a Isaac y a Jacob como don adicional, e hice virtuosos a todos ellos. Y los convertí en líderes que guían por mandato Mío, y les inspiré que hicieran el bien, establecieran la oración y entregaran el zakat. Y fueron adoradores Míos».–(Sura Al-Anbiyá: 71-71)

(En la página 64 del PDF)

«Y concedí a Lot juicio y conocimiento, y lo salvé de aquella ciudad cuyos habitantes cometían malas acciones. En verdad, eran un pueblo sumamente perverso. Le concedí a Lot Mi misericordia, porque pertenecía a los virtuosos».–(Sura Al-Anbiyá: 74-75)

(En la página 65 del PDF)

«Y concedí esta misma gracia a Noé. Recuerden cuando, antes de todo esto, Me invocó; acepté su súplica, lo salvé a él y a su familia de una gran aflicción, y lo ayudé contra aquel pueblo que había desmentido Mis signos. Eran gente sumamente malvada; por eso, a todos ellos los sumergí en el agua».

(Árabe****************** en la página 65 del PDF)

“Y concedí esta misma gracia a David y Salomón. Recuerda cuando ambos juzgaban un caso relacionado con un campo en el que, durante la noche, habían entrado las ovejas de otras personas. Y Yo mismo observaba su juicio. En aquella ocasión, enseñé a Salomón el juicio correcto. Sin embargo, a ambos les concedí discernimiento sutil y conocimiento. Y sometí las montañas y las aves a David, que glorificaban a Dios. Nosotros fuimos quienes hicimos esto. Y, para vuestro beneficio, le enseñé el arte de fabricar armaduras, para que os protegieran de los golpes unos de otros. ¿Seréis, pues, agradecidos? Y sometí para Salomón el viento veloz, que soplaba, por orden suya, hacia la tierra en la que había puesto bendición. Y tengo conocimiento de todas las cosas. Y sometí a su servicio a muchos de los demonios, que buceaban para él y realizaban también otras tareas. Y Yo era el protector de todos ellos”.–(Sura de los Profetas: 78-82)

La mención, en este contexto, de este acontecimiento particular de Hazrat David (a.s.) y Hazrat Salomón (a.s.) tiene un propósito: hacer comprender que, pese a ser profetas y poseer capacidades y aptitudes extraordinarias concedidas por Dios, los profetas eran, en realidad, seres humanos. No había en ellos ni el menor rastro del poder divino. En este caso, Hazrat David (a.s.) no fue ayudado mediante la revelación y se equivocó al emitir su veredicto. Hazrat Salomón (a.s.) fue ayudado y, por ello, emitió el veredicto correcto. Sin embargo, ambos eran profetas. La finalidad de describir las cualidades de ambos es también hacer comprender que eran cualidades concedidas por Allah y que tales cualidades no elevan a nadie al rango de Dios.

(Árabe************************* en la página 66 del PDF)

“Y concedí este mismo don —el don del discernimiento, la capacidad de juzgar y el conocimiento— a Job. Recuerda cuando invocó a su Señor diciendo: ‘Estoy afligido por la enfermedad, y Tú eres el más misericordioso de los misericordiosos’. Entonces acepté su súplica y aparté de él su sufrimiento. Y no solo le devolví a su familia, sino que le concedí además otra cantidad igual, como una misericordia especial procedente de Mí, y para que esto sirviera de lección a quienes adoran”.–(Sura de los Profetas: 83-84)

(Árabe************************* en la página 66 del PDF)

“Y concedí esta misma gracia a Ismael, Idrís y Dhul-Kifl. Todos ellos eran pacientes, y los incluí por Mi propia voluntad entre quienes reciben Mi misericordia, porque eran virtuosos”.–(Sura de los Profetas: 85-86)

(Árabe************************* en la página 66 del PDF)

«Y al del pez lo agracié con Mis dones, y pensó que no le pondríamos restricciones. Finalmente, desde las tinieblas clamó: “No hay más dios que Tú; glorificado seas. Sin duda, he sido de los injustos”. Entonces acepté su súplica, lo salvé de la angustia, y así salvamos a los creyentes». (Sura Al-Anbiya, 87-88)

(Árabe*************************en la página 67 del PDF)

«Y a Zacarías, cuando invocó a su Señor diciendo: “¡Señor mío! No me dejes solo, aunque Tú eres el mejor de los herederos”. Así pues, acepté su súplica, le concedí a Juan y rectifiqué para él a su esposa. Ellos se apresuraban a realizar buenas obras, Me invocaban con temor y esperanza, y se humillaban ante Mí». (Sura Al-Anbiya, 89-90)

El propósito de relatar el episodio del Profeta Zacarías (la paz sea con él) es explicar que todos estos profetas eran simplemente siervos de Allah y seres humanos. No había en ellos ni el menor rastro de divinidad. No tenían poder para conceder hijos a otros; más bien, ellos mismos suplicaban a Allah que les concediera hijos. El propósito de mencionar al Profeta Jonás (la paz sea con él) es mostrar que, a pesar de la grandeza y dignidad de un profeta eminente, fue reprendido inmediatamente después de cometer un error. Y cuando se humilló ante su Señor, también se manifestó hacia él una misericordia extraordinaria. Fue sacado vivo del vientre del pez. El propósito de mencionar al Profeta Job (la paz sea con él) es informar que sufrir aflicciones no es algo extraordinario para los profetas. Cuando un profeta es afligido por la adversidad y la enfermedad, pide a Allah que lo cure y lo libre de ellas. Ellos no pueden curar a otros; por el contrario, piden a Allah su propia curación. Además, otro propósito de estos relatos es establecer esta verdad objetiva: todos los profetas reconocieron el tawhid y no exponían sus necesidades ante nadie excepto ante el Único Allah. Asimismo, se pretende dejar claro que Allah siempre ayudó a Sus profetas de manera extraordinaria. Por grandes que fueran las pruebas a las que se enfrentaran al principio, finalmente sus súplicas eran aceptadas milagrosamente y llegaban a cumplirse.

Capítulo 2: La revelación

Significado, formas y clases de la revelación

Significado literal y terminológico

El significado de la revelación es hacer una señal, indicar, infundir algo en la mente, decir algo en secreto o enviar un mensaje. El significado terminológico de la revelación es “señal rápida” y “señal secreta”. Es decir, una señal que se hace con rapidez y de tal manera que nadie puede conocerla excepto quien la hace y aquel a quien se dirige. Esta palabra se emplea en sentido terminológico para referirse a una guía que Allah infunde en el corazón de uno de Sus siervos, desde Su parte, como un relámpago.

No puede plantearse que Allah se haga presente ante alguien, o que alguien se haga presente ante Él, se sitúe frente a Él y hable con Él cara a cara. Él es Omnisciente y Todopoderoso. Cuando quiere establecer una relación con algún siervo para guiar a la sociedad humana o mostrarle el camino, ningún obstáculo ni dificultad de ninguna clase puede surgir en el camino de Su voluntad. Para ello, mediante Su conocimiento, adopta la vía de la revelación.

Clases de revelación

Aunque en la actualidad la palabra «revelación» se utiliza únicamente para la revelación enviada a los profetas, en el Corán no se observa esta distinción terminológica. Según la descripción coránica, también desciende revelación sobre el cielo, y todo su sistema se rige conforme a ella (Árabe**********)También sobre la tierra desciende la revelación, y, siguiendo su indicación, esta comienza a relatar su historia sin demora (Árabe******)También desciende revelación sobre los ángeles, y ellos actúan conforme a ella (Árabe***********)A las abejas también se les enseñan todas sus actividades mediante la revelación (la enseñanza natural). Así se afirma en la aleya 68 de la sura An-Nahl. Sin embargo, esta revelación no se limita únicamente a las abejas. El nado de los peces en el agua, el vuelo de las aves en el aire y la lactancia de los recién nacidos: todas estas enseñanzas se producen mediante la revelación de Allah. Asimismo, que una persona obtenga, sin reflexión ni investigación, una estrategia correcta, un juicio acertado o el camino correcto para pensar y actuar también forma parte de esta revelación (Árabe**********)Ningún ser humano está privado de esta revelación. En todos los descubrimientos realizados en el mundo, en todos los nuevos objetos y asuntos inventados para beneficio de la humanidad, y en todas las grandes y nobles obras realizadas por grandes pensadores, estadistas, conquistadores y escritores, se observa la eficacia de esta revelación. Más aún, la gente común se enfrenta día y noche a innumerables experiencias relacionadas con ella. A menudo sucede que, estando sentado, surge de pronto una idea en la mente, aparece en la cabeza una nueva estrategia o una intuición, o se ve algo en sueños, y la experiencia posterior demuestra que ello era una guía correcta que le había sido concedida desde lo invisible. Entre estas múltiples formas de revelación, una clase especial descendía sobre los profetas y mensajeros; su diferencia respecto de las demás revelaciones es muy clara. Quien recibe esta revelación es plenamente consciente de que está descendiendo de parte de Allah. Tiene plena certeza de que esta revelación procede de Allah. Esta clase de revelación contiene creencias, normas, leyes y directrices morales y espirituales. Su propósito es guiar a la humanidad por medio del profeta.

Una concepción errónea

La sura Ash-Shu’ara (Árabe*******) describe el modo en que llegó la revelación mediante la cual todos los Libros celestiales fueron transmitidos a los profetas. Es decir, Allah envía la revelación a los mensajeros por medio de uno de Sus ángeles. Algunos han entendido erróneamente esta aleya y la han interpretado así: «Allah envía a un mensajero que, por orden Suya, transmite Su mensaje a la gente común». Pero esta expresión del Corán (Árabe**********)(«Después, él —es decir, el ángel— hace descender o transmite la revelación, por orden Suya, cuanto Él quiere») demuestra claramente que esa interpretación es errónea. En ninguna parte del Corán se ha llamado «revelación» a la predicación de los profetas ante la gente común, ni en la lengua árabe existe posibilidad alguna de expresar mediante la palabra «revelación» una conversación pública entre personas. El significado léxico de revelación es precisamente una indicación secreta y rápida. Solo alguien completamente ignorante de la lengua árabe podría utilizar esta palabra como sinónimo de la predicación de los profetas.

Algunas observaciones más sobre las distintas clases de revelación

A una clase de revelación se la puede llamar revelación natural o instintiva. Mediante ella, Allah enseña a cada criatura cómo realizar su función. Esta revelación desciende sobre los animales y las aves en mayor medida que sobre los seres humanos, y posiblemente sobre las plantas y los seres inanimados en una medida aún mayor. La segunda clase de revelación puede llamarse revelación «juz’í» (parcial). Mediante ella, Allah enseña a alguno de Sus siervos cierta habilidad relacionada con los asuntos de la vida. Esta revelación desciende diariamente sobre la gente común. Todos los grandes descubrimientos del mundo se realizan mediante esta revelación. Esta revelación contribuye a las grandes innovaciones teóricas. Su eficacia se observa detrás de importantes acontecimientos históricos. Se observa que, en medio de importantes corrientes de acontecimientos, de pronto ocurre un hecho especial sin reflexión previa, y este ejerce una influencia decisiva sobre el curso de la historia. Esta clase de revelación descendió sobre la madre de Moisés. Separada de estas dos clases de revelación, existe otra mediante la cual Allah informa a Su siervo de las verdades profundas de lo oculto y le concede guía respecto al sistema de vida. El propósito es que transmita este conocimiento y esta guía a la gente común y la conduzca de las tinieblas hacia la luz. Esta revelación desciende únicamente sobre los profetas. Del Corán se sabe claramente que, se llame a este tipo de conocimiento irqa, ilham, kashf o revelación en sentido técnico, no se concede a nadie salvo a los profetas y mensajeros. Este conocimiento se concede a los profetas de tal manera que pueden tener plena certeza de que procede de Allah, está completamente protegido de la intrusión de los demonios y está totalmente libre de la influencia de sus propios pensamientos, imaginaciones y deseos. Además, ante la sharía, este conocimiento se considera una prueba concluyente. Obedecerlo es obligatorio para cada persona, y los profetas son encargados de invitar a toda la humanidad a creer en él. Asimismo, creer en esta revelación es una condición indispensable para la salvación en la otra vida, e ignorarla conduce finalmente a la destrucción.

Si a una persona que no sea profeta se le concede alguna parte de este tercer tipo de revelación, esta permanece en el nivel de una indicación tan ambigua que, para comprenderla plenamente, es indispensable recurrir a la luz de la revelación profética —es decir, someterla al Corán y a la Sunna, verificar si es errónea o correcta y, si es correcta, determinar su propósito—. Quien considera su propia inspiración una fuente independiente de guía, comienza a actuar conforme a ella sin verificarla según el criterio de la revelación profética e invita a otros a seguirla, no puede obtener, desde el punto de vista de la Sharía, ningún reconocimiento de legitimidad para semejante acto. Esta verdad ha sido expuesta claramente en diversos lugares del Corán. En particular, en la última aleya de la sura Al-Yinn se ha expuesto este asunto liberándolo de toda rigidez y ambigüedad:

(Árabe*************************en la página 73 del PDF)

«Él (Allah) conoce lo oculto. No revela a nadie Su conocimiento de lo oculto, salvo al Mensajero que Él escoge para comunicarle algún conocimiento de lo oculto. Entonces pone guardianes delante de él y detrás de él, para que se sepa que han transmitido los mensajes de su Señor. Él abarca todo lo que los rodea y ha contado minuciosamente todas las cosas». —(Sura Al-Yinn: 27-28)

Si se reflexiona un poco, se puede comprender fácilmente por qué a los mejores hombres piadosos y a los reformadores sociales de más alto nivel entre los musulmanes no se les concedió un kashf y un ilham del mismo nivel que el de los profetas, y por qué se les concedió, en cambio, una especie de kashf e ilham de grado inferior y subordinado. La razón por la que no se les concedió el primero es que este marca la línea divisoria entre el profeta y la umma común. Esta línea divisoria no puede eliminarse de ningún modo. La razón por la que se les concedió el segundo es que quienes, después del profeta, se esfuerzan por mantener su obra necesitan recibir de Allah una profunda comprensión de cada asunto de la religión y una guía correcta en la lucha por establecer la religión. Naturalmente, esto se concede de manera inconsciente a todo servidor de la religión que posee un pensamiento sincero y correcto. Y si se concede a alguien conscientemente, será sin duda una recompensa de Allah.

La revelación en sueños

(Árabe*************************en la página 74 del PDF)

«Cuando el muchacho llegó a la edad de correr junto a él, Ibrahim le dijo un día: “Hijo mío, he visto en sueños que te estoy sacrificando. Dime ahora qué opinas de esto”. Él respondió: “Padre mío, haz lo que se te ordena”». —(Sura As-Saffat: 102)

Estas palabras dejan claro que el hijo del profeta no consideró el sueño de su padre un simple sueño, sino que lo consideró una orden de Allah. Y si realmente no hubiera sido una orden de Allah, entonces Allah habría indicado claramente, o al menos mediante alguna señal, que el hijo de Ibrahim se había equivocado al considerarlo una orden de Allah. Sin embargo, ni en el contexto anterior ni en el posterior de esta aleya existe indicio alguno de ese tipo. Por eso surgió en el islam la doctrina de que los sueños de los profetas no son simples sueños, sino una forma de revelación. Es evidente que, si aquello sobre cuya base pudiera introducirse un principio tan importante en la ley de Allah hubiera sido realmente falso, Allah lo habría refutado. Quienes reconocen el Corán como la palabra de Allah no pueden aceptar de ningún modo que Allah pueda cometer semejante error.

La revelación a las abejas

(Árabe*************************PDF en la página 74)

«Y he aquí que tu Señor inspiró a las abejas: “Construid vuestras moradas en las montañas”».—(Sura an-Nahl: 68)

El significado léxico de la revelación es una indicación secreta y sutil. Nadie, excepto quien hace la indicación y aquel a quien va dirigida, puede percibirla. En consonancia con este significado, la palabra se emplea en el sentido de ilqā (arrojar una idea en la mente) e ilhām (impartir una enseñanza y una instrucción secretas). Puesto que la enseñanza que Alá imparte a Sus criaturas no se da en una institución educativa, sino mediante un método tan sutil que exteriormente no parece que uno enseñe y otro aprenda, el Corán la expresa mediante las palabras revelación, ilhām e ilqā. En la actualidad, estas tres palabras han adquirido tres formas terminológicas distintas. La palabra revelación se utiliza exclusivamente para los profetas; ilhām, para los awliyā, los santos y los hombres especialmente venerables; e ilqā, relativamente, para la gente común.

La revelación a la madre de Moisés

(Árabe*************************PDF en la página 75)

«Recuerda cuando indiqué a tu madre una indicación hecha mediante la revelación».—(Sura Ṭā Hā: 38)

(Árabe*************************PDF en la página 75)

«Inspiré a la madre de Musa: “Amamántalo; y cuando temas por su vida, arrójalo al río”». —(Sura Al-Qasas: 7)

Es decir, la madre de Hazrat Musa realizó este acto por inspiración de Allah, quien previamente le había infundido confianza, asegurándole que, si seguía este camino, no solo se salvaría la vida de su hijo, sino que también se lo devolvería a sus brazos y, posteriormente, su hijo se convertiría en Su Mensajero.

La revelación de los demonios a sus aliados

(Árabe*************************en la página 75 del PDF)

«Los demonios inspiran dudas y sospechas en el corazón de sus aliados para que entren en disputa con vosotros». —(Sura Al-Anam: 121)

La revelación a Rasulullah (s.a.w.) no es un acontecimiento sin precedentes

(Árabe*************************en la página 75 del PDF)

«¡Oh, Muhammad! Te hemos enviado la revelación tal como se la enviamos a Noé y a los profetas que le sucedieron. Y también revelamos a Ibrahim, Ismail, Ishaq, Yaqub y a los descendientes de Yaqub».

-(Sura An-Nisa: 163)

El propósito de decir esto es informar a todos de que Muhammad, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, no trajo nada nuevo que nadie hubiera traído antes. Él no afirmó ser el primero en presentar ante el mundo algo completamente nuevo; por el contrario, también recibió la guía de la misma fuente de conocimiento de la que todos los profetas anteriores habían recibido la guía. Y se limitó a repetir el mismo mensaje de verdad y justicia que todos los profetas que aparecieron en las distintas regiones del mundo habían proclamado siempre.

La revelación del Corán al Mensajero de Allah, la paz sea con él

(Árabe*************************en la página 76 del PDF)

«Y este Corán me ha sido enviado mediante la revelación para que pueda advertiros a vosotros y a todos aquellos a quienes llegue».

(Árabe*************************en la página 76 del PDF)

«Cuando se les recitan Nuestros versículos claros, quienes no esperan encontrarse con Nosotros dicen: “Trae otro Corán en lugar de este, o modifícalo”. Di, oh Muhammad: “No me corresponde modificarlo por iniciativa propia de ninguna manera; solo sigo la revelación que me llega”».—(Sura Yunus: 15)

Aquí se ha dejado claro a todos, respecto al Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él: «Yo no soy el autor de este Libro. Al contrario, me ha llegado mediante la revelación y no tengo ningún derecho a modificarlo o ampliarlo de ninguna manera». Además, también se ha dejado claro que no existe posibilidad alguna de llegar a un compromiso en este asunto. Si se ha de aceptar, debe aceptarse toda la religión exactamente tal como es; de lo contrario, debe rechazarse.

(Árabe*************************PDF, página 76)

«Por tanto, Profeta, que no suceda que abandones alguna de las cosas que te están siendo reveladas y que tu corazón se angustie por ello».—(Sura Hud: 12)

Es decir, a nuestros ojos se valora a la persona que es recta y que avanza por el camino de la justicia, la honestidad y las buenas obras con paciencia, firmeza e inquebrantabilidad. Por tanto, debido a la estrechez de miras, la hostilidad, la indiferencia, las burlas y las insinuaciones mordaces, así como a las objeciones y preguntas nacidas de la ignorancia, mediante las cuales estás siendo enfrentado, que no se produzca ninguna diferencia en tu firmeza e inquebrantabilidad. No debes vacilar, sentir temor ni angustiarte al manifestar y proclamar la verdad que se ha hecho clara ante ti mediante la revelación, ni al invitar en su nombre. Que jamás surja en tu mente un pensamiento como este: cuando la gente comienza a lanzar burlas en cuanto oye tal o cual afirmación, ¿cómo voy a planteársela? Y cuando no está en absoluto preparada para escuchar tal o cual verdad, ¿cómo voy a exponérsela? Crean o no crean, continúa proclamando con voz intrépida, sin añadir ni quitar nada, aquello que sabes que es la verdad. Lo que ocurra después está enteramente en manos de Alá.

(Árabe*************************PDF, página 77)

«¡Oh, Muhammad! Estas son noticias de lo oculto. Te las revelo. Antes de esto, tú no las conocías, ni las conocía tu pueblo».—(Sura Hud: 49)

(Árabe*************************PDF, página 77)

«Alif, Lam, Ra. Estos son los versículos del Libro que expone claramente su mensaje. Lo hemos hecho descender como un Corán en lengua árabe, para que vosotros (los árabes) podáis comprenderlo bien. ¡Oh, Muhammad! Al revelarte este Corán, te hemos expuesto del mejor modo los hechos y la información».—(Sura Yusuf: 1-2)

(Árabe*************************PDF, página 77)

«¡Oh, Muhammad! Esta historia forma parte de las noticias de lo oculto que te revelo. Tú no estabas presente cuando los hermanos de José se confabularon y tramaron juntos». — (Sura Yusuf: 102).

(Árabe*************************en la página 77 del PDF)

«¡Oh, Muhammad! Así te hemos enviado como Mensajero a una comunidad ante la cual ya habían pasado muchas otras comunidades, para que les recites el mensaje que te revelamos, mientras ellos niegan al Misericordioso». — (Sura Ar-Ra‘d: 30).

Diversas formas en que fue revelada la revelación al Mensajero de Allah (s.a.s.)

En el Noble Corán se dice:

(Árabe*************************en la página 77 del PDF)

«No es propio de ningún ser humano que Allah le hable directamente. Pero le habla mediante la revelación (una señal), o desde detrás de un velo, o enviando a un mensajero (un ángel) que le revela, con Su permiso, lo que Él quiere. Ciertamente, Él es Excelso y Sabio». — (Sura Ash-Shura: 51).

El Corán y los hadices han demostrado que al Mensajero de Allah (s.a.s.) le fue concedida la guía mediante estas tres formas.

Uno: Del relato de la declaración de Aisha, que ha sido citada en los hadices, se sabe que la revelación al Mensajero de Allah (s.a.s.) comenzó mediante sueños verídicos (Bujari y Muslim). Esta continuidad se mantuvo también en la etapa posterior; en los hadices se mencionan muchos sueños del Mensajero de Allah (s.a.s.). Por medio de ellos se le impartían enseñanzas o se le comunicaban ciertos asuntos. En el Noble Corán también se encuentra una descripción detallada de uno de sus sueños (sura Al-Fath: 27). Además, en diversos hadices se menciona que el Mensajero de Allah (s.a.s.) dijo: «Tal asunto fue depositado en mi corazón», «se me hizo saber», «se me ordenó esto» o «se me prohibió esto». Todos estos asuntos pertenecen al primer tipo de revelación. La mayoría de los hadices qudsíes pertenece a esta categoría.

Dos: Durante el Mi‘ray, el Mensajero de Allah (s.a.s.) recibió el segundo tipo de revelación. De los relatos que aparecen en diversos hadices auténticos sobre cómo se le ordenó al Mensajero de Allah (s.a.s.) realizar las cinco oraciones diarias y cómo presentó repetidamente sus ruegos y súplicas al respecto, se sabe claramente que en aquel momento tuvo lugar entre Allah y Su siervo Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) una conversación semejante a la que tuvo lugar entre el profeta Moisés (a.s.) y Allah en el monte Tur.

Tres: Respecto al tercer tipo de revelación, el propio Corán da testimonio de que era transmitida al Mensajero de Allah (s.a.s.) por medio de Gabriel (a.s.). Este asunto se expone en la aleya 97 de la sura Al-Baqara y en las aleyas 192 a 195 de la sura Ash-Shu‘ara.

Algunas palabras más sobre este asunto

La revelación llegaba al Mensajero de Allah (s.a.s.) de diversas maneras. El erudito Ibn Qayyim presentó en su obra «Zad al-Ma‘ad» una explicación detallada de ellas, de la siguiente manera:

Uno: Sueños verídicos: Este fue el estado inicial del descenso de la revelación al Mensajero de Allah (s.a.s.). Los sueños que veía eran tan claros como la luz del día.

Dos: El ángel fijaba una idea en su corazón, aunque él no podía verlo. Como ejemplo, puede mencionarse un hadiz en el que el Mensajero de Allah (s.a.s.) dijo: «El Espíritu Santo (Gabriel) ha depositado en mi corazón —o ha insuflado en él— que ninguna criatura morirá hasta recibir por completo su sustento asignado. Por tanto, temed a Allah y actuad correctamente, y adoptad buenos medios para procurar el sustento. Y que la demora en obtenerlo no os lleve a tratar de conseguirlo desobedeciendo a Allah. Pues lo que está junto a Allah —es decir, Su recompensa— solo puede alcanzarse mediante la obediencia a Él».

Tres: El ángel adoptaba forma humana, se presentaba ante él y hablaba hasta que él podía grabar completamente sus palabras en su mente. En algunas ocasiones, los compañeros llegaron a ver a aquel ángel.

Cuarto: antes de que descendiera la revelación, un sonido de campana resonaba en sus oídos y, al mismo tiempo, el ángel hablaba. Este era el método más difícil del descenso de la revelación. Cuando la revelación descendía mediante este método, incluso en los días de intenso frío, el cuerpo del Mensajero de Allah (s.a.s.) comenzaba a sudar copiosamente. Si en ese momento iba montado sobre un camello, este se sentaba debido al peso de la carga. En cierta ocasión, estaba recostado con la cabeza sobre el muslo de Zayd ibn Thabit (r.a.) cuando comenzó a descender la revelación. El muslo de Hazrat Zayd (r.a.) soportó una presión tan grande que estuvo a punto de fracturarse.

Quinto: veía al ángel en la forma original en la que Allah lo había creado. Luego, todo lo que Allah ordenaba le era revelado en forma de revelación.

Sexto: Allah le hacía descender la revelación directamente. Esto ocurrió cuando ascendió al cielo durante el Mi‘ray. Allí Allah hizo obligatoria la oración y también le comunicó otras cosas.

Séptimo: Allah hablaba con él sin intermediación de los ángeles, tal como lo había hecho con Musa, la paz sea con él. Esta distinción de Hazrat Musa (a.s.) está demostrada por el Corán. En cuanto al Mensajero de Allah (s.a.s.), se menciona en los hadices relativos al Mi‘ray.

Además, algunos han descrito otro método. Es el siguiente: «Allah habló con él sin ningún velo. Esta es la opinión de quienes creen que el Mensajero de Allah (s.a.s.) vio a Allah. Sin embargo, los eruditos de las primeras y de las últimas generaciones discrepan sobre esta cuestión». (Zad al-Ma‘ad, tomo I, págs. 24-25).

El erudito Jalaluddin Suyuti dedicó un capítulo entero de su obra Itqan, tomo I, a explicar este asunto. A continuación se ofrece un resumen de su exposición:

«Cuando se convirtió en profeta a los cuarenta años de edad, durante los primeros tres años Israfil se encargó de su enseñanza y formación. Por medio de él no descendió ninguna parte del Corán. Después, Yibril se encargó de traer la revelación. Continuó trayendo el Corán durante veinte años. La revelación descendía de las siguientes maneras:

Primero: una campana comenzaba a sonar en sus oídos y después se oía la voz del ángel. La ventaja de este método era que, en cuanto sonaba la campana, el Mensajero de Allah (s.a.s.) podía apartar la mirada y la atención de todas las direcciones y concentrarse únicamente en la voz del ángel. El Mensajero de Allah (s.a.s.) dice que este método era el más difícil para él.

Segundo: se hacía que una idea quedara firmemente arraigada en su mente y en su corazón, tal como él mismo dijo.

Tercero: el ángel venía con apariencia humana y hablaba con él. El Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo que este método de la revelación era para él el más fácil y llevadero.

Cuarto: el ángel venía a él en sueños y hablaba con él.

Quinto: Allah hablaba directamente con él, tanto mientras dormía como mientras estaba despierto.

El desafío del Corán respecto a su condición de revelación de Allah

Durante los cuarenta años de vida anteriores a recibir la profecía, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no recibió ninguna educación, formación ni compañía que le hubieran permitido adquirir un vasto caudal de información, cuyas fuentes hubieran comenzado a fluir de repente de su boca al mismo tiempo que proclamaba su misión profética. Ahora, en las sucesivas suras del Corán empezaban a tratarse diversos temas, pero la gente nunca lo había visto mostrar interés por ellos, hablar de ellos ni expresar pensamientos de esa naturaleza. Incluso ninguno de sus amigos íntimos ni de sus parientes cercanos, durante aquellos cuarenta años de vida, había percibido en su conducta y en sus palabras nada que pudiera considerarse una introducción o un indicio de aquella gran llamada. Esto demuestra claramente que el Corán no era fruto de su propio intelecto, sino que le había sido concedido desde fuera.

(Árabe*************************en la página 80 del PDF)

«¡Oh, Muhammad! Tú no estabas presente en el rincón occidental cuando impuse a Moisés este mandato de la Ley. Tampoco fuiste testigo de ello. Después de eso, hicimos surgir muchas generaciones y transcurrieron largos períodos sobre ellas. Tampoco estabas entre los habitantes de Madián para recitarles Nuestros versículos, ni estabas junto al monte Ṭūr cuando llamé por primera vez a Moisés. Pero esto es una misericordia de tu Señor, pues se te proporciona esta información, para que adviertas a un pueblo al que no había llegado ningún amonestador antes de ti; quizá así recobren el conocimiento». «]}],

-(Sura Al-Qasas: 44-46)

Estas tres afirmaciones se han presentado como prueba de la profecía de Muhammad, la paz y las bendiciones de Allah sean con él. Cuando se pronunciaron estas palabras, los jefes de La Meca y la sociedad común de los incrédulos se habían empeñado en demostrar, de una forma u otra, que él no era profeta y, Dios nos libre, que era un falso pretendiente de la profecía. Para ayudarlos estaban los eruditos judíos y los sacerdotes cristianos presentes en distintos lugares del Hiyaz. Pero lo más importante es que Muhammad, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, no había venido del espacio exterior para recitarles este Corán. Al contrario, era un habitante de La Meca. Ningún aspecto de su vida estaba oculto a la mirada de la gente de su propia ciudad y de su tribu. Por eso, ninguna persona de La Meca, del Hiyaz ni de toda la península arábiga se atrevió a decir semejantes disparates como los orientalistas de hoy. Aunque no eran inferiores a estos en mentir ni en presentar afirmaciones inventadas, ¿cómo podían decir a plena luz del día una mentira tan descarada que nadie estaba dispuesto a creer ni siquiera por un instante? ¿Cómo podían decir: «Oh Muhammad, has reunido esta información de tal o cual erudito judío y de los sacerdotes cristianos»? Porque no podían mencionar el nombre de una sola persona de todo el país para ese propósito. En cuanto hubieran mencionado el nombre de alguien a este respecto, habría quedado demostrado que el Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, había recibido de esa persona toda esa información; o que poseías a tu disposición una enorme biblioteca de obras de conocimiento, ciencia y literatura, y que pronunciabas estos discursos con ayuda de los libros conservados en ella. Porque, lejos de una biblioteca, ni siquiera podían encontrar en ningún lugar cercano a Muhammad, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, un trozo de papel en el que estuviera escrita esa información. Todos, jóvenes y ancianos, en La Meca sabían que Muhammad, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, no sabía leer ni escribir. Tampoco podían decir que había contratado a varios intérpretes que le traducían obras escritas en hebreo, latín y siríaco. Incluso el más

desvergonzado no se habría atrevido a afirmar que había mantenido alguna conversación con un sacerdote cristiano o un erudito judío de Siria o Palestina; pues el gobierno romano habría convertido un grano de arena en una montaña y se habría lanzado directamente a la propaganda calumniosa, sin vacilar en difundir que, Dios nos libre, Muhammad había aprendido allí todo y luego había ido a La Meca fingiendo ser profeta. Así pues, queda claro que, en una época en la que el desafío del Corán traía un mensaje de muerte para los idólatras de Quraysh y en la que ellos tenían mucha más necesidad que los orientalistas de la época actual de demostrar que era falso, ninguna persona de aquel tiempo pudo traer de algún lugar una información tal que demostrara que Muhammad, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, disponía de otro medio, aparte de la revelación, para obtener esos conocimientos; tampoco fueron capaces de identificar dicho medio.

También debe saberse que el Corán no presentó este desafío únicamente en este lugar. Al contrario, después de relatar distintas historias en diversos lugares, se dijo:

(Árabe*************************página 82 del PDF)

«Esta es una noticia de lo oculto que te revelamos. Tú no estabas presente junto a ellos cuando echaban suertes para decidir quién se encargaría de criar a María, ni estabas presente cuando discutían». —(Sura Al Imrán: 44).

Después de relatar la historia de Hazrat Yusuf, la paz sea con él, se dijo:

(Árabe*************************página 82 del PDF)

«Esta es una noticia de lo oculto que te revelamos mediante la revelación. Tú no estabas presente en ningún lugar junto a ellos —es decir, los hermanos de José— cuando llegaron a un acuerdo sobre su decisión y cuando tramaban su plan».

Del mismo modo, después de relatar detalladamente la historia del profeta Noé, se dice:

(Árabe*************************en la página 82 del PDF)

«Esta es una noticia de lo oculto que te revelamos mediante la revelación. Antes de esto, ni tú ni tu pueblo sabíais nada de ello». (Sura Hud: 49).

Al mencionarse repetidamente este asunto, ha quedado claro que una de las grandes pruebas que el Noble Corán venía presentando en favor de ser el Libro de Allah y de que Muhammad —que Allah le bendiga y le conceda paz— es el Mensajero de Allah consistía en lo siguiente: se escuchaba de labios de un hombre iletrado un relato detallado de acontecimientos ocurridos cientos y miles de años atrás, y aparte de la revelación él no disponía de ningún otro medio para obtener ese conocimiento. Este fue uno de los motivos importantes por los cuales los contemporáneos del Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— comenzaron a creer que él era un verdadero profeta de Allah y que recibía revelación. Cualquiera puede comprender fácilmente cuán importante era para los opositores del movimiento islámico de aquella época responder a este desafío, y que no escatimaron ningún esfuerzo para reunir pruebas contra él. Además, también puede comprenderse fácilmente que, si hubiera existido en este desafío la más mínima debilidad, a los contemporáneos no les habría resultado en absoluto difícil reunir testimonios para demostrar su falsedad.

La comparación de la revelación con la lluvia

En dos lugares del Corán se encuentran indicios de una comparación con la lluvia de misericordia descendida sobre el Noble Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—:

(Árabe*************************en la página 83 del PDF)

«Allah ha hecho descender agua del cielo, y cada río y arroyo la ha recibido y ha fluido conforme a su capacidad». —(Sura ar-Ra‘d: 17)

En esta parábola, la revelación descendida sobre el Mensajero de Allah se compara con la lluvia, y las personas equilibradas y dotadas de fe se comparan con ríos y arroyos que, llenos hasta el borde con la lluvia de la misericordia, siguen fluyendo. Por otro lado, el alboroto que los grupos opositores habían provocado contra el movimiento islámico se compara con masas de espuma y paja que, impulsadas siempre por la corriente de la inundación, se elevan sobre la superficie del agua y comienzan a ejecutar una danza desenfrenada con un estruendo ensordecedor.

(Árabe*************************en la página 83 del PDF)

«¿Acaso no ves que Allah hace descender agua del cielo y, por medio de ella, la tierra se vuelve verde y exuberante?» —(Sura al-Hayy: 63)

También aquí se oculta una indicación del significado externo. El significado externo consiste simplemente en describir el poder de Allah. Pero la sutil indicación oculta en ello es la siguiente: así como, en cuanto una gota de la lluvia que Allah hace descender cae sobre la tierra, veis de pronto cómo surge por todas partes una exuberancia verde en los terrenos secos e improductivos, del mismo modo, la lluvia de misericordia de Allah que hoy desciende en forma de revelación pronto hará aparecer ante vosotros una escena semejante. Es decir, esta árida e infecunda región desértica de Arabia pronto se transformará en un jardín de conocimiento, moralidad, carácter y cultura virtuosa, sin precedente alguno en la historia de la humanidad.

La revelación descendida sobre el Mensajero es la misericordia de Allah

(Árabe*************************en la página 83 del PDF)

«¡Oh, pueblo mío! Considerad: yo me apoyaba en una prueba clara procedente de mi Señor, y luego Él derramó sobre mí una misericordia especial proveniente de Sí mismo». —(Sura Hud: 28)

Esto mismo fue hecho pronunciar a Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda paz, en el rukū‘ anterior. Es decir, primero comprendí la esencia profunda del tawhid al contemplar las señales de Allah en los cielos y en la tierra. Después, Allah derramó sobre mí Su misericordia —es decir, la revelación— y me concedió directamente el conocimiento de aquellas verdades de las que mi mente y mi alma ya habían dado testimonio. De esto también se supo que, antes de recibir la profecía, cada profeta alcanzaba la fe en lo oculto mediante su pensamiento, su investigación y su observación. Luego, cuando Allah les concedía el rango de la profecía, les otorgaba una fe directa o visual.

(Árabe*************************en la página 84 del PDF)

«Sālih dijo: ¡Oh, pueblo mío! ¿Acaso consideráis esto, si yo tuviera una prueba clara procedente de mi Señor y Él hubiera derramado también Su misericordia sobre mí?» —(Sura Hūd: 63).

Uso del término rūh para la revelación del Mensajero

(Árabe*************************en la página 84 del PDF)

«Él hace descender esta rūh o esencia vital, mediante los ángeles y por Su mandato, sobre aquel de Sus siervos que quiere —con esta guía: “Anunciad a la gente que no hay otra divinidad para vosotros aparte de Mí; temedme, pues”—». —(Sura An-Nahl: 2)

El significado de la rūh mencionada anteriormente es la esencia vital de la profecía, al llenarse de la cual el profeta actúa y habla. Esta revelación y esencia vital de la profecía posee en la vida moral una importancia y una dignidad semejantes a las que posee la vida física; por eso, en diversos lugares del Corán se emplea la palabra rūh —esencia vital— para expresar este significado.

(Árabe*************************en la página 84 del PDF)

“Te preguntan acerca del espíritu. Diles: «El espíritu procede del mandato de mi Señor. Pero no habéis recibido sino una parte muy pequeña del conocimiento»”.

(Sura Bani Isra’il: 85)

Generalmente se considera que aquí espíritu significa alma. Es decir, la gente preguntó al Mensajero de Allah (s.a.s.) para conocer la naturaleza del alma y de la vida. Y se respondió que esta procede del mandato de Allah. Pero no estoy dispuesto en absoluto a aceptar este significado. Porque solo es posible interpretarlo así después de separar este versículo de la continuidad de la exposición anterior y posterior, tomándolo como una frase independiente y aislada. De lo contrario, si se lo analiza dentro del contexto que se venía tratando aquí, interpretar espíritu como sinónimo de alma planteará dificultades mucho mayores. Surgirá una grave falta de coherencia en el discurso. Allí donde los tres versículos anteriores han descrito el Corán como un remedio para las enfermedades, y han presentado a quienes niegan el Corán como injustos, ingratos y negadores de los dones de Allah, y donde los versículos siguientes presentan argumentos y pruebas a favor de que el Corán es la palabra de Allah, ¿cómo podría aparecer de repente, en medio de todo ello, una frase del tipo «las almas cobran vida por mandato de Allah»? Soy incapaz de comprender razón lógica alguna para ello.

Si se analiza teniendo en cuenta la relación entre las partes anterior y posterior del discurso, quedará claro que aquí espíritu no puede significar otra cosa que «revelación» o «el ángel portador de la revelación». En realidad, la pregunta de los idólatras era: «¿De dónde traéis este Corán?». Allah respondió: «¡Oh, Muhammad! La gente te pregunta acerca del espíritu, es decir, sobre el origen del Corán o el medio por el que recibes el Corán. Infórmales de que este espíritu procede de la orden de mi Señor. Pero poseéis un conocimiento tan escaso que no podéis distinguir entre las palabras de un ser humano y las palabras reveladas por Allah, y albergáis dudas sobre la palabra de Allah, pensando que algún hombre está componiendo estas palabras».

Esta interpretación no es preferible únicamente porque la relación del versículo con el discurso anterior y posterior la exige, sino también porque este mismo tema se expone casi con estas mismas palabras en otros pasajes del Noble Corán. En la sura Al-Mu’min se dice:

(Árabe******************************en la página 85 del PDF)

“Él hace descender el espíritu, por Su mandato, sobre quien quiere de Sus siervos, para advertir a la gente sobre el Día del Encuentro” —(versículo 15).

Y en la sura Ash-Shura se dice:

(Árabe******************************en la página 85 del PDF)

«Y así te envié un espíritu por Mi mandato; tú no sabías qué eran el Libro ni la fe». —(Sura Ash-Shura: 52)

Entre los sabios de las primeras generaciones, Ibn Abbas —que Allah esté complacido con él—, Qatadah —que Allah esté complacido con él— y Hasan al-Basri —que Allah esté complacido con él— transmitieron esta exégesis. Ibn Jarir la atribuyó a Ibn Abbas, citando a Qatadah como fuente. Sin embargo, escribió algo extraño: que Ibn Abbas transmitía esta opinión en secreto. Hasan, el autor de la exégesis Ruh al-Ma‘ani, también citó esta declaración de Qatadah: «Por “espíritu” se entiende a Gabriel. La pregunta era cómo descendía y cómo la revelación descendía al corazón del Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz—».

(Árabe******************************en la página 85 del PDF)

«Y así, ¡oh Muhammad!, te envié un espíritu por Mi mandato». —(Sura Ash-Shura: 52)

Aquí, por “espíritu” se entiende la revelación, o aquella enseñanza que fue concedida al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— mediante la revelación.

Argumentos en favor del mensaje revelado como revelación

El mensaje que fue revelado a Muhammad —que Allah le bendiga y le conceda paz— es, en esencia, el mensaje de Allah mismo. Para demostrar esta verdad, el Corán presenta cuatro argumentos como testimonio.

Uno: Este Libro está colmado de abundante bondad y bendiciones. Es decir, contiene los mejores principios para procurar el bienestar y la prosperidad de la humanidad. En él se encuentra la enseñanza de una creencia correcta e irreprochable. Forma parte de él despertar el entusiasmo por las buenas obras y ordenar la adopción de elevadas virtudes morales. Su característica es establecer las normas para llevar una vida pura y santa. Por otro lado, este Libro está completamente libre de la ignorancia, el egoísmo ciego, la estrechez de miras, la opresión, la injusticia, la obscenidad y las demás malas acciones —que vosotros habéis acumulado en los sagrados Libros celestiales—.

Dos: Este Libro no presenta una guía distinta de las guías que habían llegado anteriormente de parte de Allah. Por el contrario, confirma la verdad de cuanto se había expuesto en aquellos Libros anteriores y lo respalda.

Tres: Este Libro fue revelado con el mismo propósito con el que los Libros celestiales fueron enviados por Allah en cada época. Ese propósito era despertar a los negligentes y advertirles de las consecuencias de avanzar por caminos erróneos y desviados.

Cuatro: Este Libro, mediante su llamamiento, no reunió a los adoradores del mundo ni a los esclavos de sus pasiones. Más bien, reunió y organizó a personas cuya visión había avanzado mucho más allá de los estrechos límites de la vida mundana. Además, bajo la influencia de este Libro se produjo en ellos una revolución cuyo mayor signo es que, entre la humanidad, se distinguen por su devoción a Allah. ¿Podría alguna vez un libro escrito por un impostor y mentiroso, que se atreve a cometer el más abominable crimen de redactarlo él mismo y afirmar que fue escrito por Allah, alcanzar semejantes características y resultados?

Capítulo 3: La necesidad de la profecía de Muhammad (la paz sea con él) y sus pruebas

La razón del envío del Mensajero de Allah (la paz sea con él) después de los profetas anteriores

(Árabe******************************en la página 89 del PDF)

«Y, en verdad, quienes recibieron en herencia el Libro después de los pueblos anteriores permanecen sumidos en una inquietante duda respecto de él». —(Sura Ash-Shura: 14)

Cuando, tras el paso de la época de cada profeta y de sus seguidores más cercanos, el Libro de Dios llegó a las generaciones posteriores, estas no lo aceptaron con confianza y convicción. Por el contrario, cayeron en graves dudas y conflictos internos respecto a él. Había múltiples razones detrás de esta situación. Después de estudiar las circunstancias que surgieron en relación con la Torá y el Evangelio, podemos comprender muy fácilmente esas razones. Las generaciones anteriores conservaron estos dos Libros en sus lenguas y redacción originales, pero mezclaron con la Palabra original palabras humanas en forma de explicaciones, relatos históricos, diversas narraciones transmitidas oralmente y asuntos complementarios ideados por los juristas. Difundieron tanto sus traducciones que el original desapareció y solo las traducciones permanecieron ante la gente. También destruyeron de tal manera su autenticidad histórica que hoy nadie puede afirmar con plena convicción que el libro que tiene en sus manos sea el mismo Libro original que fue revelado para los habitantes del mundo a Hazrat Jesús (la paz sea con él) o a Hazrat Moisés (la paz sea con él). Sus dirigentes y sabios iniciaban ocasionalmente debates sobre la religión, Dios, la filosofía, la ley, el cuerpo, el alma y la sociedad, y establecían las bases de ideas tales que, atrapado en el laberinto formado por ellas, al ser humano le resultaba extraordinariamente difícil escoger, entre miles de caminos intrincados, el camino recto y sencillo de la verdad. Por otra parte, el Libro de Dios tampoco existía en su forma original ni en un estado fiable. Por tanto, la gente tampoco podía dirigir su mirada hacia ninguna fuente fiable que pudiera ayudarla a distinguir la verdad de la falsedad.

Cabe señalar que la invitación a la verdadera religión llegó por primera vez a la península arábiga por medio de Hazrat Hud (la paz sea con él) y Hazrat Salih (la paz sea con él). Fue un acontecimiento de la era prehistórica. Después llegaron Hazrat Abraham (la paz sea con él) e Ismael (la paz sea con él). Ellos llegaron dos mil quinientos años antes del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Después de ellos y antes del Noble Mensajero, el último profeta que llegó a la península arábiga fue Hazrat Shuayb, la paz sea con él.

Los árabes venían reclamando desde hacía tiempo la llegada de un profeta

(Árabe******************************en la página 90 del PDF)

«Juraban solemnemente que, si llegara a ellos un amonestador, serían más rectos que todas las naciones del mundo».

-(Sura Fatir: 42)

Antes de que el Noble Mensajero recibiera la profecía, al observar la degradada condición moral de los judíos y los cristianos, la gente de Arabia en general, y los coraichitas en particular, solía decir esto.

Asimismo, se dice en la Sura Al-An’am:

(Árabe******************************página 90 del PDF)

«Después de que ha llegado este Libro, ya no podéis decir: “A los dos grupos que nos precedieron se les había dado un Libro, pero no sabíamos qué leían o qué enseñaban”. Tampoco podéis alegar ahora: “Si se hubiera hecho descender sobre nosotros un Libro, habríamos demostrado seguir una guía más recta que ellos”».—(Sura Al-An‘am: 156-157)

En la Sura As-Saffat se dice:

(Árabe******************************página 90 del PDF)

«Al principio solían decir: “¡Ojalá tuviéramos el Recuerdo que recibieron las naciones anteriores; entonces seríamos siervos enteramente devotos de Allah”».—(Sura As-Saffat: 167-169)

La necesidad de presentar una prueba clara

(Árabe******************************página 90 del PDF)

«Los incrédulos de entre la Gente del Libro y los idólatras no iban a apartarse de su incredulidad hasta que les llegara una prueba clara: un Mensajero enviado por Allah que les recitara páginas purificadas».—(Sura Al-Bayyinah: 1-2)

Es decir, llegará una prueba luminosa que les hará comprender la falsedad de cada una de las formas de incredulidad y su oposición a la verdad, y les expondrá claramente, de manera racional, el camino recto y preciso; aparte de ello, no tenían ninguna otra vía para salir de la situación de incredulidad. Esto no significa que, apenas llegue esta prueba clara, todos abandonarán la incredulidad. Más bien, significa que, sin esta prueba, de ningún modo les habría sido posible librarse de la influencia de tal situación. Y ahora, después de su llegada, quienes permanezcan firmes en la incredulidad serán ellos mismos los responsables de ello. En adelante, no podrán quejarse ante Alá diciendo que Él no había tomado ninguna medida para guiarlos. Esta cuestión ha sido expuesta de diversas maneras en distintos lugares del Corán. Por ejemplo, en la sura An-Nahl se dice: (Árabe******)«Corresponde a Alá mostrar el camino recto». (Aleya 9). En la sura Al-Lail se dice: (Árabe*******)«A Mí me corresponde mostrar el camino». (Aleya 12)

(árabe******************************PDF, página 91)

«(¡Oh, Profeta!) Te hemos revelado la revelación, tal como se la revelamos a Noé y a los profetas posteriores a él. A estos Mensajeros se les encomendó la misión de anunciar buenas nuevas y advertir, para que la gente no pudiera presentar ante Alá ninguna excusa después de la llegada de los Mensajeros». (Sura An-Nisa, aleyas 163-165)

(árabe******************************PDF, página 91)

«¡Oh, Gente del Libro! Mi Mensajero ha venido a vosotros para explicaros la verdad, después de un largo intervalo durante el cual cesó la sucesión de los Mensajeros, para que no podáis decir: “No vino a nosotros ningún anunciador de buenas nuevas ni ningún advertidor”. Así pues, ahora ha venido a vosotros un anunciador de buenas nuevas y un advertidor». (Sura Al-Ma’idah, aleya 19)

(árabe******************************PDF, página 91)

«Aquellos a quienes se les había concedido el Libro anteriormente no discreparon sino después de que les llegó la explicación clara del camino verdadero». (Sura Al-Bayyinah, aleya 4)

Es decir, anteriormente la Gente del Libro, al caer víctima de diversas formas de extravío, se dividió en numerosos grupos y subgrupos. Su situación no se debió a que Alá hubiera sido negligente en algún aspecto de Sus esfuerzos por enviarles pruebas claras para guiarlos. Por el contrario, adoptaron esta actitud después de que la guía procedente de Alá les hubo llegado. Por ello, ellos mismos eran responsables de su extravío y desviación, pues la verdad les había sido expuesta con claridad. Del mismo modo, puesto que actualmente sus libros ya no se conservan intactos ni contienen enseñanzas exactas, Alá envió a uno de Sus Mensajeros como una prueba luminosa y, por medio de él, les expuso claramente la verdad, entregándoles un Libro puro e intacto que contenía enseñanzas precisas. Por tanto, si aun después de esto persisten en sus discrepancias, toda la responsabilidad recaerá sobre ellos mismos. No podrán responsabilizar a Alá de ninguna manera. Esta cuestión se ha mencionado de diversas formas en distintos lugares del Corán. Como ejemplos, véanse las aleyas 213 y 253 de la sura Al-Baqarah, la aleya 19 de Al Imran y las aleyas 16-18 de Al-Ma’idah. Además, si se revisan brevemente las notas que he añadido al explicar las suras correspondientes en Tafhim al-Corán, será más fácil comprender el asunto.

Era absolutamente necesario enviar un Mensajero. Pues, sin distinción entre los politeístas y la Gente del Libro, a todas las personas del mundo que se habían sumido en aquella forma de incredulidad les era completamente imposible salir de ella sin la ayuda de un profeta. Necesitaban la ayuda de un profeta cuya propia existencia fuera una prueba manifiesta de su misión profética. Él presentaría ante la humanidad el Libro de Allah en su forma original, íntegra y exacta. Este Libro estaría libre de las falsedades que se habían mezclado con los libros celestiales anteriores. En él se reunirían únicamente las enseñanzas verdaderas, correctas y auténticas.

La elección del lugar para enviar al Profeta

Al observar el mapa del mundo se percibe de inmediato que, para la misión profética destinada al mundo entero, no existe ni podía existir sobre la Tierra un lugar más apropiado que la península arábiga. Este país se encuentra exactamente en el centro de los continentes de Asia y África. Europa también está muy cerca de allí. En particular, en aquella época la mayoría de los pueblos civilizados de Europa habitaba en la parte meridional de ese continente. Y esta región estaba tan próxima a Arabia como lo estaba la India de aquel tiempo.

Incluso al estudiar la historia de aquella época se puede saber que, para esta misión profética, no había entonces ningún pueblo más adecuado que el pueblo árabe. Los demás grandes pueblos, después de manifestar al máximo su fuerza, influencia y poder, se habían debilitado. En cambio, el pueblo árabe estaba lleno de una nueva oleada de vitalidad. El progreso de la civilización y la cultura había deformado los hábitos y la naturaleza de los demás pueblos. Pero los árabes aún se mantenían alejados del contacto con una civilización desarrollada. Por ello, este pueblo no era lujoso, amante de la comodidad ni de carácter degradado. La Arabia del siglo VI de la era cristiana estaba completamente libre de la mala influencia de los pueblos civilizados contemporáneos. Poseían todas las virtudes humanas fundamentales que puede tener un pueblo situado muy lejos de la luz de la civilización. Eran valientes, intrépidos, generosos, cumplidores de sus promesas, dotados de pensamiento independiente y amantes de la libertad. No estaban sometidos a ningún otro pueblo. Para ellos era muy fácil entregar la vida por defender su dignidad. Un modo de vida sencillo y sin ostentación era su característica. No tenían ninguna relación con el lujo ni con el amor a las comodidades. Sin duda, también poseían muchas malas cualidades. Pues durante dos mil quinientos años no había llegado ningún profeta a su territorio. —La época de Abraham e Ismael fue aproximadamente dos mil quinientos años anterior a la de Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz. Durante ese largo intervalo no nació ningún otro profeta en Arabia.— Tampoco había surgido allí ningún líder popular que pudiera corregir su carácter y formar de ellos un pueblo civilizado. Debido a haber vivido durante cientos de años una vida libre e independiente en la inmensa extensión de sus desiertos, la ignorancia y la necedad se habían propagado entre ellos. Su ignorancia se había solidificado hasta convertirse en una piedra tan dura que pulirla y convertirlos en seres humanos no era tarea de una persona común. Sin embargo, también poseían una capacidad tal que, si una persona extraordinaria los reformaba y, bajo la influencia de sus enseñanzas, los impulsaba hacia un modo de vida elevado, podían transformar el mundo entero. Para difundir por todo el mundo las enseñanzas del Profeta universal se necesitaba precisamente un pueblo poderoso, rebosante de vitalidad y lleno del ímpetu de la juventud.

Asimismo, al abordar la cuestión de la lengua, se verá que las características del árabe saltan fácilmente a la vista. Al estudiar esta lengua y su literatura se observa que no existe otra lengua más adecuada para expresar con sencillez los pensamientos elevados, describir los aspectos más sutiles del conocimiento otorgado por Allah e influir profundamente en la mente. Gracias a su inmensa fuerza interior, penetra como una flecha hasta la región más profunda del corazón. Y su dulzura es incomparable. Parece como si desbordara de néctar. Las ondas de su melodía colman el corazón y la mente. Para un Libro como el Corán se necesitaba precisamente una lengua así.

Por tanto, se puede comprender fácilmente que detrás de la elección de un país como Arabia para el Profeta universal había un gran propósito de Allah.

El mejor líder para un pueblo ignorante

Un pueblo llevaba cientos de años hundiéndose en el abismo de la ignorancia, la necedad, la rebeldía y la decadencia. Entonces, un día, de repente, se derramó sobre él la infinita gracia de Allah, el Altísimo. Hizo nacer entre ellos a su mejor y más excelente líder. Para elevarlos del abismo insondable de la ignorancia, hizo descender Su palabra sobre aquel líder. Su propósito era despertarlos del sueño de la negligencia y ayudarlos a avanzar por el camino de una vida verdadera, bella y recta, liberándolos del velo de la ignorancia y la superstición.

Pero los ignorantes de la nación y sus jefes tribales, cegados por sus intereses, se lanzaron contra el líder. Hicieron todo lo posible para hacerlo fracasar. El tiempo siguió avanzando. Hasta que un día conspiraron para asesinarlo. En esa situación, el Altísimo Allah dice: «¿Acaso, por causa de vuestra necedad, voy a impedir vuestros esfuerzos de reforma? ¿Voy a poner fin a esta continuidad de exhortaciones? ¿Y voy a dejaros tendidos en el abismo de la decadencia en el que os habíais sumergido? ¿Creéis que eso sería lo que exige Mi misericordia? ¿Habéis reflexionado sobre cuál puede ser el desenlace de rechazar la gracia de Allah y hacer todo lo posible por aferrarse a la falsedad, incluso después de que la verdad se haya manifestado?»

La prueba intelectual de la profecía del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)

Cierre los ojos por un momento y recorra una vez el mundo del pensamiento. Mire con plena atención la Tierra de hace mil cuatrocientos años. ¿Cómo era la situación del mundo en aquel entonces?

El mundo de hace mil cuatrocientos años

En aquella época, los medios y recursos para intercambiar ideas entre los habitantes del mundo eran muy escasos. Los medios para establecer relaciones entre países y pueblos eran extremadamente limitados. El alcance de los conocimientos humanos era muy reducido. Su pensamiento era sumamente inmaduro. En su mundo interior reinaban la superstición y el miedo. En el seno de la oscuridad impenetrable de la ignorancia, el tenue trazo del conocimiento era cada vez más débil. La onda de luz avanzaba con enorme dificultad, apartando las olas montañosas del oscuro océano. En el mundo de aquel tiempo no existían el teléfono, el telégrafo, la radio, el ferrocarril ni el avión. No se encontraban editoriales ni imprentas como las de hoy. No había abundancia de escuelas, colegios, madrasas ni instituciones educativas de diversos tipos. Tampoco existía entonces un sistema extendido de periódicos y revistas. El alcance de los conocimientos de un erudito de aquella época era, en muchos aspectos, inferior incluso al de una persona común de hoy, y su gusto y cultura eran menores. Incluso una persona de pensamiento muy claro y progresista de aquella época albergaba ideas más anticuadas que una persona de hoy con una mentalidad anticuada. Lo que hoy todos conocen solo podía llegar a conocerse en aquella época después de años y años de esfuerzo, investigación y estudio, y con grandes dificultades. Para obtener las noticias que un niño pequeño de hoy conoce sin esfuerzo de su entorno desde el primer instante en que despierta a la conciencia, en aquella época había que viajar cientos de kilómetros. Incluso muchas veces había que dedicar toda la vida a adquirir aquella pequeña información. Lo que hoy se considera superstición y disparatados cuentos mitológicos era entonces la «verdad». Las acciones que hoy se califican de indecentes y bárbaras eran entonces prácticas comunes. Los métodos que la conciencia humana actual detesta no solo eran lícitos en la moral de aquella época, sino que nadie podía imaginar que pudiera existir método alguno contrario a ellos. La fascinación de la gente por lo sobrenatural era tan grande que no estaba dispuesta a reconocer la veracidad ni la superioridad de algo mientras no fuera sobrenatural, extraordinario y contrario a las leyes habituales. Además, la gente se consideraba sumamente pobre, miserable e insignificante. Por eso, para ellos era inconcebible e inimaginable que una persona se convirtiera en un wali de Allah o que un wali de Allah fuera un ser humano.

La situación del país árabe

En aquella época de oscuridad, la oscuridad era aún más densa en una parte del mundo. Entre los países que, según los criterios de civilización de aquel tiempo, eran considerados avanzados, aquel país se encontraba aislado y solitario, apartado de todos los demás. A su alrededor se irradiaban algunos destellos de conocimiento, arte, civilización y cultura desde Irán, Roma y Egipto. Pero los vastos mares de desierto mantenían a Arabia separada de ellos. Los comerciantes árabes viajaban a esos países para comerciar, recorriendo durante meses largas distancias a lomos del camello, el barco del desierto. Se limitaban a intercambiar mercancías y regresaban. No traían consigo ninguna luz de conocimiento ni de civilización. En su país no había instituciones educativas. Las bibliotecas eran inconcebibles. Entre la población del país no existía la práctica del conocimiento ni interés alguno por el conocimiento y el arte. En todo el país, solo un puñado de personas sabía leer y escribir. Pero incluso el alcance de sus estudios era tan limitado que desconocían por completo el conocimiento y el arte de aquella época. Sin duda, su idioma se encontraba en un nivel avanzado y poseía una extraordinaria capacidad para expresar con claridad cualquier pensamiento elevado. También existía entre ellos un gusto literario de alto nivel. Sin embargo, por lo poco que hemos podido conocer de su literatura, podemos deducir que el alcance de sus conocimientos era sumamente limitado. En civilización y cultura ocupaban el nivel más bajo. ¡Hasta qué punto estaban sumidos en la superstición! Sus pensamientos y su naturaleza eran una manifestación desnuda de ignorancia y barbarie. Su pensamiento moral era enteramente material de vertedero, rancio y desechado.

Allí no había un gobierno, una disciplina, unas leyes ni una administración regulares. Cada tribu era independiente. La ley de la selva era la única ley vigente allí. Un beduino árabe no podía comprender de ningún modo por qué no debía matar a una persona que no perteneciera a su tribu ni apoderarse de sus bienes.

Poseían un nivel sumamente bajo de moralidad, decencia y civilización, y eran dueños de una mentalidad confusa. Eran casi desconocedores de la diferencia entre lo puro y lo impuro, lo lícito y lo ilícito, lo decente y lo indecente, y otras cosas semejantes. Su modo de vida estaba profundamente corrompido. Su conducta era totalmente bárbara e inhumana. Cometer adulterio, jugar, beber alcohol, asaltar, matar y saquear eran actividades cotidianas de su vida. Se desnudaban sin reparo unos delante de otros. Incluso sus mujeres daban la vuelta alrededor de la Kaaba desnudas. Dominados por la ignorancia, enterraban vivas con sus propias manos a sus hijas pequeñas, simplemente para impedir que algún hombre pudiera convertirse en su yerno. Después de la muerte de su padre, se casaban con sus madrastras. Ni siquiera conocían las más elementales normas y costumbres relativas a la comida, la vestimenta y la pureza.

También eran partícipes, en igual medida, de la ignorancia y el extravío del mundo contemporáneo en materia de religión. Adoraban ídolos, genios y fantasmas, estrellas; en resumen, estaban involucrados en todas las formas de adoración que se practicaban en el mundo contemporáneo, excepto la adoración del Dios único. No poseían ningún conocimiento correcto acerca de los profetas de la antigüedad ni de sus enseñanzas. Sabían que Abraham e Ismael eran sus antepasados remotos, pero ignoraban cuál era la religión de aquel padre y aquel hijo, y a quién adoraban. También habían oído las historias de los pueblos de ʿAd y Zamud. Sin embargo, después de leer las narraciones ofrecidas por los historiadores árabes, no se encontrará en ninguna parte el menor rastro de las enseñanzas de Saleh y Hud. Por medio de los judíos y los cristianos también habían conocido las historias de los profetas de los Hijos de Israel. Pero para saber qué clase de historias eran aquellas, basta con revisar las narraciones israelitas citadas en las obras de exégesis escritas por los exegetas musulmanes. Así se sabrá qué clase de hombres eran los profetas de los que los árabes y los israelitas tenían conocimiento. Asimismo, se comprenderá cuán bajo era también su concepto de la profecía.

Apareció un hombre

En ese momento nació en aquel país un hombre. Desde su infancia quedó privado del afecto de su madre, su padre y su abuelo. Por ello, en una situación tan lamentable, ni siquiera recibió la educación que normalmente podía recibir un niño árabe. Cuando alcanzó la edad de comprender y razonar, salió a pastorear cabras con los muchachos beduinos. Al llegar a la juventud, se dedicó al comercio. Se relacionaba y convivía exclusivamente con aquellos árabes cuya situación acabo de describir. Allí no había ni rastro de educación. Ni siquiera sabían leer y escribir lo más mínimamente. No existía una sola persona instruida o erudita. En algunas ocasiones tuvo la oportunidad de salir de Arabia, pero esos viajes se limitaron únicamente a Siria. Y eran, como cualquier otro viaje de una caravana de aquella época, simples viajes comerciales. Supongamos que durante ese tipo de viajes hubiera observado algunos indicios de conocimiento y civilización, y que hubiera conocido a algunas personas sabias, virtuosas y civilizadas. Aun así, la vida de una persona no se forma mediante encuentros y observaciones tan dispersos. Estas experiencias no pueden ejercer sobre un individuo una influencia tan amplia que lo libere por completo de su sociedad y su entorno y lo conduzca a un mundo superior, donde, una vez llegado, no parezca existir ninguna relación entre él y su ambiente. De este modo, tampoco le era posible adquirir un conocimiento de tal nivel que elevara a un beduino iletrado al liderazgo no solo de un país, sino de todo el mundo; no solo de una época, sino de todas las épocas. Aunque hubiera adquirido algún conocimiento teórico de personas de fuera, no había manera de que obtuviera la información que en aquel tiempo nadie conocía en el mundo, las ideas y principios sobre religión, moralidad, civilización y cultura que no existían en ninguna parte, ni el ideal de carácter humano que no se encontraba en ningún lugar del mundo de entonces.

Sus actividades

Hay que tener presente la situación y el ambiente no solo de Arabia, sino del mundo entero. Entonces se verá que este hombre, entre quienes nació, entre quienes pasó su infancia, con quienes pasó de la adolescencia a la juventud entre risas y juegos, y con quienes se relacionó y trató día y noche, fue desde el principio diferente de todos ellos en su naturaleza, carácter, hábitos y conducta. Nunca mentía. Toda la nación daba testimonio de su veracidad. Ni siquiera su enemigo más encarnizado lo acusó jamás de haber mentido. Nunca habló con dureza a nadie. Nadie oyó jamás de su boca un insulto o una obscenidad. Trataba con la gente en todo tipo de asuntos, pero nunca se le vio crear enemistad con nadie, discutir o pelear. En sus palabras, en lugar de dureza, se percibía dulzura. Y esa dulzura estaba impregnada de tal sinceridad que todo aquel que se relacionaba con él se convertía en su admirador y devoto. Nunca trató mal a nadie. Nunca usurpó el derecho de nadie. Incluso después de comerciar durante años, nunca se apoderó ilícitamente ni de una sola moneda ajena. Todos aquellos con quienes hacía negocios confiaban plenamente en su honestidad. Toda la nación lo llamó «al-Amín», el digno de confianza. Incluso sus enemigos depositaban sin reparo sus bienes valiosos en su custodia. Él los protegía con absoluta fidelidad. Entre personas desvergonzadas mostró tal pudor que, desde que tuvo uso de razón, nadie lo vio jamás desnudo. Rodeado de personas de mala conducta, ofreció el ejemplo de un carácter de pureza insuperable. Nadie lo vio jamás entregado a una mala acción. Nunca se acercó siquiera al alcohol ni al juego. Entre personas indecentes mostró la máxima decencia. Odiaba toda clase de malas acciones y obscenidades, y en todas sus obras se distinguían claramente las huellas de la pureza y la decencia. Entre los moradores del desierto de corazón pétreo, él era la encarnación de la ternura. Se le veía ayudar a todos en sus necesidades y aflicciones. Ayudaba a los huérfanos y a las viudas. Brindaba hospitalidad a los viajeros y caminantes. Nunca causó daño a nadie; al contrario, sufría él mismo por los demás. Entre los beduinos bárbaros era profundamente amante de la paz. Sufría enormemente al ver las disputas y el derramamiento de sangre entre su pueblo. Se mantenía alejado de las guerras tribales y de clanes, y desempeñaba un papel activo y destacado en la reconciliación y el acuerdo entre las tribus enfrentadas. Entre los idólatras poseía una naturaleza de equilibrio absoluto. No encontró entre la tierra y el cielo cosa alguna que pudiera ser adorada. Nunca inclinó la cabeza ante ninguna criatura. No aceptaba ofrendas de los ídolos. De manera espontánea, aborrecía el shirk y la adoración de las criaturas.

En aquel ambiente completamente adverso, este hombre mostraba unas cualidades que hacían pensar en una lámpara resplandeciente que irradiara luz en medio de una oscuridad totalmente negra, o en una joya de incalculable valor que brillara entre un montón de piedras.

Cambio mental y espiritual

Después de vivir durante casi cuarenta años una vida tan pura, piadosa y honorable, se produjo una revolución en su vida. Al contemplar la oscuridad impenetrable que se cernía por todas partes, se sintió profundamente alarmado. Quería salir de aquel terrible océano de ignorancia, inmoralidad, malas acciones, anarquía, desorden, shirk e idolatría. Nada de aquel entorno le parecía compatible con su naturaleza. Apartándose de todos, se sentaba en la soledad de las montañas, lejos de los lugares habitados, y se dedicaba a reflexionar. En la profunda serenidad de la soledad pasaban varios días seguidos. Ayunando, purificaba aún más su alma, su mente y su espíritu. Continuaba reflexionando día tras día y noche tras noche. Buscaba una luz capaz de disipar la oscuridad que se espesaba a su alrededor. Se esforzaba por adquirir una fuerza que pudiera destruir y reconstruir desde los cimientos aquel mundo descarriado, para después embellecerlo y organizarlo de nuevo.

El mensaje de la revolución

De repente se produjo un cambio enorme en su estado. En su mente brilló súbitamente una luz de la que antes no había habido ni el menor rastro. La fuerza de la que hasta entonces no había mostrado señal alguna llegó de pronto, desde algún lugar, y llenó todo su ser. Abandonó la soledad de la cueva y salió. Se presentó ante su pueblo. Comenzó a decirles: «No tenéis poder alguno sobre vosotros mismos, ni beneficio ni daño, por parte de estos ídolos que adoráis. No los adoréis. No existe ningún ser humano, árbol, piedra, espíritu o astro que pueda ser adorado y venerado, ante el cual se pueda inclinar la cabeza y cuya obediencia se pueda prestar. La luna, el sol, la tierra, los astros y todo cuanto existe entre la tierra y el cielo son creación de un solo Allah. Él os creó a vosotros y creó todas las cosas. Él es quien da la vida. El poder de dar la muerte está únicamente en Sus manos. Adoradle solo a Él. Obedeced Su mandato. Inclinaos ante Él. El robo, el bandolerismo, el saqueo, el pillaje, el asesinato, la injusticia y la opresión que practicáis: todo ello son actos pecaminosos. Apartaos de ellos. A Allah no le agradan. Decid la verdad. Sed justos. No matéis a nadie. No usurpéis los bienes de nadie. Si tomáis algo, hacedlo justamente. Si dais algo, dadlo justamente. Todos sois seres humanos. Todos los seres humanos son iguales. Nadie nace con la marca de la deshonra grabada en la frente, ni nadie entra en este mundo con una corona de honor y dignidad sobre la cabeza. La excelencia, el honor y la nobleza no residen en el linaje. Residen en la obediencia a Allah, las buenas obras y la pureza. Quien teme a Allah es virtuoso y puro. Es el mejor de los seres humanos. De lo contrario, no es nada. Después de la muerte, todos tendréis que rendir cuentas ante Allah. Tendréis que rendir cuentas ante un Allah que lo ve y lo sabe todo. No podréis ocultarle nada. Él determinará vuestro destino basándose en vuestras obras. Ante ese juez verdaderamente justo no servirán ninguna clase de intercesión ni soborno. No preguntará por el linaje de nadie. Allí solo se preguntará por la fe y las buenas obras. Quien posea este capital entrará en el Paraíso. Y quien no posea nada de ello será arrojado al Infierno, cargando sobre la cabeza la cesta del fracaso». Este era el mensaje que había traído de la cueva.

La reacción del pueblo

El pueblo ignorante se convirtió en su enemigo. Comenzaron a insultarlo. Le arrojaban piedras. No durante uno o dos días, sino que lo sometieron a un trato inhumano durante trece años consecutivos. Finalmente, lo expulsaron de su tierra natal. No se conformaron con desterrarlo; incluso en el lugar donde buscó refugio lo persiguieron. Le causaron sufrimientos de diversas maneras. Incitaron a toda Arabia contra él. Durante ocho años completos continuaron haciéndole la guerra. Él soportó todos esos sufrimientos con una sonrisa, pero no se desvió ni un ápice de su resolución y de su misión.

¿Por qué se convirtió su pueblo en su enemigo? ¿Se trataba acaso de apoderarse de tierras y territorios? ¿Había alguna cuestión de venganza por sangre? ¿Les estaba reclamando algún bien mundano? No, no era eso. La raíz de toda la disputa era la siguiente: ¿por qué enseñaba la adoración de Allah, la honestidad, la veracidad y las buenas obras? ¿Por qué hacía campaña contra la idolatría, el shirk y las malas acciones? ¿Por qué atacaba el liderazgo de los adoradores de ídolos y los sacerdotes? ¿Por qué advertía al pueblo contra el engaño de la autoridad de los jefes? ¿Por qué quería poner fin a las diferencias entre los seres humanos, basadas en superiores e inferiores? ¿Por qué consideraba la predilección por la tribu y el linaje como jahiliyyah? Su pueblo no dejaba de decirle: «Todo lo que dices es contrario a nuestras costumbres nacionales y a nuestras tradiciones familiares; por tanto, abandona todo esto, o haremos insoportable tu vida».

¿Por qué soportó el sufrimiento?

¿Por qué soportó aquel hombre tantos sufrimientos? Su pueblo estaba dispuesto a convertirlo en rey. Quería acumular montañas de riquezas a sus pies. Pero había una condición: debía abandonar esas enseñanzas. Él rechazó su propuesta y prefirió ser oprimido y perseguido antes que renunciar a sus propias enseñanzas. ¿Por qué aceptó todo esto? ¿Tenía algún interés personal en que los miembros de su pueblo se volvieran virtuosos y obedientes a Allah? ¿Había en ello algún interés mayor suyo frente al cual resultaran insignificantes la ambición de liderazgo, la autoridad estatal, las riquezas y la vida cómoda? ¿O había aquí algún beneficio por el que una persona pudiera estar dispuesta a soportar durante cien años consecutivos los más severos sufrimientos físicos y mentales? Que una persona continúe sufriendo, no por su propio interés, sino por el interés y el bienestar de los demás: ¿puede imaginarse para la humanidad un ideal más elevado de virtud, sacrificio y compasión? Aquellos por cuyo bienestar se esforzaba fueron precisamente quienes lo dejaron sin hogar y lo desterraron. Incluso en el extranjero lo persiguieron. A pesar de todo ello, no dejó de desear su bienestar.

¿Puede un mentiroso soportar semejantes peligros por algo carente de fundamento? ¿Puede alguien que comienza a actuar basándose únicamente en conjeturas mantenerse tan firme e inquebrantable en su resolución que, aunque las montañas de calamidades se derrumben sobre él, aunque todo el país y todo el mundo se levanten contra él, y aunque el ejército más grande del mundo se abalance sobre él, no esté dispuesto a apartarse ni un ápice de su resolución? Esta constancia y firmeza son precisamente el testimonio de que tenía plena confianza en su propia veracidad. Si hubiera albergado la más mínima duda o incertidumbre al respecto, no le habría sido posible afrontar, durante veintiún años consecutivos, peligro tras peligro.

Este era un aspecto del cambio que se produjo en su situación. El otro aspecto era aún más asombroso.

El otro aspecto del cambio en su situación

Hasta los cuarenta años fue un árabe común, como los demás árabes. Hasta entonces, nadie conocía a aquel comerciante como un orador extraordinario. Nadie lo había visto hablar sobre religión, moralidad, filosofía, derecho, política o asuntos sociales. Nadie había escuchado de él una sola palabra acerca de Alá, los ángeles, los libros celestiales, los profetas y las comunidades anteriores, el Día del Juicio, la muerte, la vida después de la muerte, el Paraíso y el Infierno. Es cierto que trataba a la gente con extrema bondad, que sus modales eran sumamente decorosos y amables, y que poseía el carácter moral más noble y elevado de su época. Pero hasta que cumplió cuarenta años no se había observado en él nada extraordinario que pudiera llevar a la gente a pensar que llegaría a convertirse en alguien especial. Hasta entonces, la gente lo conocía simplemente como un hombre silencioso, pacífico, sumamente cortés y decoroso. Pero cuando, después de cumplir cuarenta años, salió de una cueva, de repente se vio que su semblante había cambiado por completo.

Ahora estaba transmitiendo un mensaje asombroso. Al escucharlo, todos los árabes quedaron maravillados. Debido a su efecto penetrante, incluso sus enemigos más acérrimos temían escucharlo siquiera; temían que, una vez que aquel mensaje entrara en sus oídos, pudiera arraigarse para siempre en el corazón de la nación. Su elocuencia y la dulzura de su exposición eran incomparables. En presencia de los grandes poetas, oradores y expertos en lengua de la Arabia de entonces, aquel mensaje lanzó un desafío a todos los árabes y lo repitió una y otra vez: «Traed todos una frase semejante a cualquiera de sus frases». Pero nadie se atrevió a hacer frente a este desafío. Ningún árabe había escuchado jamás un mensaje tan incomparable.

De la noche a la mañana se manifestó como un sabio incomparable, un extraordinario reformador social y formador del carácter moral, un asombroso experto en política y legislador, un juez de alto nivel y un comandante militar sin igual. Aquel nómada analfabeto comenzó a exponer conocimientos y erudición de los que nadie había hablado antes y de los que nadie pudo hablar después. Aquel analfabeto comenzó a hablar con plena seguridad sobre Alá, el mundo invisible y el más allá. A partir de la historia de las naciones, comenzó a explicar las causas del ascenso y la caída de diversos pueblos; analizó las actividades de los antiguos reformadores, criticó las distintas religiones del mundo y resolvió los conflictos entre las naciones. Comenzó a enseñar el carácter, la moralidad, la decencia y la cultura.

Estableció leyes sobre la sociedad y la cultura, el sistema económico, las transacciones mutuas y las relaciones internacionales. Elaboró leyes de tan elevado nivel que los más grandes sabios, eruditos e intelectuales del mundo solo pudieron comprender su verdad intrínseca después de años, e incluso de toda una vida, de investigación y estudio. Y cuanto más avanzaban las pruebas y los experimentos del mundo, tanto más resplandeciente se hacía su verdad.

Aquel comerciante silencioso y pacífico jamás había empuñado una espada, nunca había recibido instrucción militar y, en toda su vida, solo había participado en una batalla como un espectador silencioso. Sin embargo, ahora se convirtió en un soldado heroico. En los campos de las grandes batallas, llenos de crisis, sus pies jamás retrocedieron ni un ápice. Ahora se convirtió en un comandante de enorme poder. En apenas nueve años conquistó todo el país árabe. Ahora se convirtió en el más grande comandante y estratega militar. Gracias a la organización militar que creó y al impulso bélico que inspiró, los árabes, sin dinero y afligidos por la falta de equipamiento bélico, derrotaron en apenas unos años a las dos grandes potencias del mundo.

Durante cuarenta años, nadie percibió en aquel hombre solitario y amante de la paz el menor indicio de inclinación por la política. De repente, apareció como un gran reformador y estadista. En veintitrés años, sin la ayuda de trenes, teléfonos, radios ni imprentas, sometió a una sola religión, una sola cultura, una sola ley y un solo sistema de gobierno a las tribus dispersas por el desierto, extendido sobre un territorio de doce lakh de millas cuadradas, tribus desorganizadas, belicosas, ignorantes, anárquicas, bárbaras e incivilizadas, siempre enfrentadas entre sí y alejadas del contacto con la civilización moderna. Cambió el rumbo de sus ideas. Transformó su carácter. Llenó de refinada decencia su forma de vida desprovista de modestia. Convirtió su barbarie y salvajismo en una vida ciudadana refinada. Transformó su vicio y su mala conducta en virtud, taqwa y un elevado carácter moral. Cambió su anarquía y caos por una vida ordenada, caracterizada por la máxima obediencia a la ley y la mayor diligencia en cumplir las órdenes del dirigente. Esta nación era tan estéril que durante cientos de años no había nacido de ella ninguna personalidad destacada. Pero aquel hombre solitario hizo que de ella surgieran personalidades tan eminentes. Ellos se dispersaron por todos los rincones del mundo para enseñar a sus habitantes la religión y la moralidad.

Método de acción moral

No realizó esta tarea mediante la opresión, la persecución, el engaño y el fraude. Al contrario, la llevó a cabo mediante un trato bondadoso que conquistaba los corazones, la cortesía y una enseñanza cautivadora. Con un trato bondadoso convirtió a los enemigos en amigos. Ablandó los corazones mediante el afecto y la benevolencia. Gobernó el país con justicia y equidad. Nunca se apartó ni un ápice de la verdad y la honestidad. No engañó a nadie en el campo de batalla. No oprimió siquiera a sus enemigos acérrimos. No engañó a nadie en el campo de batalla. No oprimió siquiera a sus enemigos acérrimos. A aquellos sedientos de su sangre, que lo habían herido a pedradas, obligado a abandonar su patria y levantado a toda Arabia contra él, e incluso, llevados por el exceso de hostilidad y rencor, habían extraído y masticado el hígado de su tío, los perdonó después de vencerlos. Nunca tomó represalias contra nadie por el trato injusto que él mismo había recibido.

A pesar de todo ello, su dominio de sí mismo era incomparable. Su desapego de los intereses mundanos había llegado a tal punto que, aun después de convertirse en rey de todo el país, siguió siendo un pobre como antes. Vivía bajo un techo de hierba y hojas. Una estera era su cama. Vestía ropas ásperas. Comía el alimento de los pobres. Muchas veces pasaba hambre. Pasaba toda la noche ocupado en la adoración de Allah. Ayudaba y servía a los pobres y afligidos. Nunca dudaba en realizar trabajo físico como un obrero. Hasta el final de su vida, no hubo en él ni el menor rastro de pompa real, del esplendor de los ricos ni de la arrogancia de los acomodados. Se relacionaba con todos como una persona común. Participaba en sus desgracias, dificultades, penas y sufrimientos. Se sentaba entre la gente común de tal manera que a un visitante le resultaba difícil identificar en aquella reunión al líder de la nación y jefe del Estado. A pesar de ser una personalidad tan grandiosa, trataba a las personas humildes y despreciadas como si fueran iguales a él. Después de toda una vida de lucha y esfuerzo, no dejó nada para sí mismo. Consagró para la nación todos sus bienes que había dejado atrás. No estableció ningún derecho, por mínimo que fuera, para sí mismo o para sus hijos sobre sus seguidores. Incluso, por temor a que en el futuro sus seguidores entregaran todo el zakat a sus hijos, privó a estos del derecho a recibir zakat.

El creador de la era moderna

Las grandes obras de este gran hombre no tienen fin. Para formarnos una idea adecuada de su elevada posición, debemos contemplar ahora la historia universal en su conjunto. Allí veremos que este hombre iletrado del desierto árabe, nacido hace mil cuatrocientos años en una época de oscuridad, fue en realidad el fundador de la era moderna y el líder de todo el mundo. No es solamente el líder de quienes lo reconocen como tal, sino también de quienes no lo reconocen. Ellos ni siquiera perciben hasta qué punto el liderazgo de aquel contra quien hacen campaña está ligado a su pensamiento, su modo de vida, sus principios de acción y la esencia vital de su era moderna.

Este hombre cambió el rumbo del pensamiento de los habitantes del mundo. Los apartó del idealismo, la superstición, la adoración de cosas maravillosas y el ascetismo, y los condujo hacia el racionalismo, el realismo y una religiosidad fundada en el verdadero temor de Allah. En un mundo cuyos promotores afirmaban la existencia de fenómenos milagrosos perceptibles, despertó la tendencia a comprender los milagros intelectuales y a aceptarlos como criterio de la verdad. Abrió los ojos de quienes buscaban señales del poder de Allah en las excepciones a las leyes naturales, y creó en ellos el hábito de contemplar las señales de Allah en los fenómenos naturales (Natural Phenomena). Condujo a los amantes de las fantasías, en lugar de hacia la especulación (Speculation), por el camino del racionalismo, el pensamiento, la observación y la investigación. Dio a conocer a la humanidad la línea divisoria entre la razón y la percepción. Estableció una relación entre el materialismo y el espiritualismo. Estableció una relación entre la religión y el conocimiento y la acción, y entre el conocimiento y la acción y la religión. Con la fuerza religiosa creó en el mundo la fuerza científica, y con la ayuda científica creó la verdadera religiosidad. Arrancó de raíz la adoración de la creación y el shirk, y consolidó la creencia en el tawhid mediante la fuerza del conocimiento, de tal manera que los politeístas y adoradores de ídolos se vieron obligados a teñir su religión con el color del monoteísmo. Cambió por completo los conceptos fundamentales de la moralidad y la espiritualidad. A quienes consideraban el ascetismo y la austeridad como la verdadera moralidad, y según quienes no era posible alcanzar el progreso espiritual y la salvación en la otra vida si se cumplían los derechos del cuerpo y las inclinaciones naturales y se participaba en los asuntos de la vida mundana, él les mostró, dentro de la sociedad, la cultura y la actividad mundana, el camino hacia la grandeza moral, el desarrollo espiritual y la salvación en la otra vida. Él fue quien informó a la humanidad de su verdadero valor y dignidad. A quienes no estaban dispuestos a aceptar como guía y líder a nadie salvo a Bhagaván, los avatares y el hijo de Allah, les enseñó que un ser humano semejante a ellos podía ser representante del reino celestial y califa de Allah, Señor del universo. A quienes consideraban dioses propios a todos los poderosos, les hizo comprender que el ser humano no es más que un ser humano. Ninguna persona nace con derechos innatos a la santidad, la autoridad de gobierno y el señorío. Nadie nace llevando la mancha de la impureza, la servidumbre, la esclavitud y la subordinación. Esta enseñanza fue la que dio origen en el mundo a la unidad de la humanidad, la igualdad, la democracia y la libertad de pensamiento.

Al salir del mundo de las ideas y observar la realidad, se verá que las consecuencias prácticas y efectivas del liderazgo de este hombre iletrado fueron vastas e ilimitadas en el ámbito de las leyes, los métodos y los sistemas del mundo. Innumerables principios y métodos de moralidad, civilización, cultura, decoro, pureza y limpieza se difundieron por todo el mundo tras surgir de sus enseñanzas. La normativa social que él instauró fue ampliamente adoptada por el mundo entero y aún continúa siendo adoptada. Sobre la base de la legislación económica que estableció surgieron, y siguen surgiendo, numerosos movimientos económicos en el mundo. Mediante el sistema de gobierno que adoptó, hasta el día de hoy se han producido, y siguen produciéndose, varias revoluciones en el pensamiento político mundial. Los principios de justicia y derecho que formuló han influido profundamente en los sistemas judiciales y en el pensamiento jurídico del mundo, y su influencia continúa actuando silenciosamente. En materia de guerra, tregua y relaciones internacionales, fue él quien estableció en la práctica normas y sistemas civilizados. Antes de él, el mundo ni siquiera sabía que la guerra podía regirse por normas y principios civilizados, ni que las relaciones y los intercambios entre distintas naciones podían establecerse sobre la base de la humanidad.

La síntesis de todas las virtudes superiores

En la historia de la humanidad, la personalidad superior y excelsa de este hombre extraordinario es tan clara y resplandeciente que, si se colocara frente a él a los grandes personajes de la historia desde sus comienzos hasta hoy —a quienes la gente ha llamado héroes—, parecerían ante él pequeños enanos. Entre los grandes personajes del mundo no hay uno solo cuyas mejores virtudes hayan podido extenderse más allá de uno o dos ámbitos de la vida. Algunos expusieron teorías, pero no tenían capacidad para llevarlas a la práctica. Otros eran hábiles en la acción, pero débiles en el pensamiento. La autoridad de algunos se limitaba a sus cualidades políticas. Otros poseían únicamente méritos militares. La visión de algunos penetró tan profundamente en un aspecto de la vida social que los demás aspectos quedaron completamente desatendidos. Algunos avanzaron por el camino de la moral y la espiritualidad, ignorando por completo la economía y la política. Otros progresaron en el ámbito de la economía y la política, dejando completamente fuera de su mirada la moral y la espiritualidad. En suma, la historia solo muestra grandes hombres unilaterales. Pero este hombre constituye la única excepción. Todas las virtudes se reunieron en él. Él mismo es filósofo y erudito. Él mismo lleva su filosofía a la práctica en la vida real. Es estadista y también comandante militar. Es legislador y, al mismo tiempo, maestro de la moral. Además, es líder religioso y espiritual. Su visión abarca todos los aspectos de la vida humana y no descuida ni siquiera sus detalles más pequeños. Desde las normas de la alimentación y la bebida y los métodos de higiene corporal hasta las relaciones internacionales, imparte leyes e instrucciones sobre cada asunto. Basándose en su doctrina, dio nacimiento a una civilización y estableció un equilibrio perfecto entre los diversos ámbitos de la vida. En ninguna parte se encuentra el menor rastro de extremismo. ¿Podrá encontrarse en las páginas de la historia el nombre de una segunda persona poseedora de virtudes tan completas?

Por encima de su entorno

No hay una sola de las grandes figuras de la humanidad que, en mayor o menor medida, no sea producto de su propio entorno. Pero la situación de este hombre es distinta de la de todos los demás. Su entorno no ejerció la menor influencia en la formación de su personalidad. No será posible demostrar, mediante ningún razonamiento ni prueba, que el contexto y el entorno de Arabia estuvieran históricamente preparados en aquel momento para dar origen a una persona semejante. Forzando mucho las cosas, a lo sumo puede decirse que, por razones históricas, Arabia necesitaba entonces un líder de ese tipo. Él habría terminado con el desorden y la anarquía tribales, los habría unido en los lazos de una sola nación y, conquistando país tras país, habría allanado el camino para la prosperidad económica de los árabes. Es decir, un líder árabe nacionalista que reuniera todas las características de aquella época. Mediante la opresión, la persecución, el derramamiento de sangre, el engaño, el fraude y toda táctica posible, habría enriquecido a su pueblo. Habría fundado un imperio y lo habría dejado a sus compatriotas subdesarrollados. Fuera de esto, no puede demostrarse ninguna otra exigencia de la historia árabe de aquella época. Desde la perspectiva de la filosofía de la historia de Hegel y de la interpretación materialista de la historia de Marx, a lo sumo podría decirse que, en el entorno entonces existente en Arabia, era necesario o posible que surgiera una persona capaz de formar una nación y establecer un imperio. Pero ¿qué explicación darán las filosofías hegeliana y marxista de lo que realmente ocurrió? En aquel momento y en aquel entorno nació una persona que enseñó la más elevada moralidad y organizó y dignificó a la humanidad. Su visión trascendió los límites de la estirpe, la tribu, la nación y el país, y creó para toda la humanidad un sistema moral, espiritual, cultural y político. Estableció y demostró en la realidad, no en el mundo de la imaginación, la gestión económica, las normas de gobierno y las relaciones internacionales sobre una base moral, y logró una combinación equilibrada de espiritualidad y materialismo que, tanto entonces como hoy, se reconoce como la mayor expresión de conocimiento y sabiduría. ¿Puede considerarse a una personalidad semejante producto del entorno jahilí de la Arabia de aquel tiempo?

Creador de la historia

Este hombre no es simplemente producto de su entorno; al observar sus actos, vemos que estaba libre de los límites y la influencia del lugar y del tiempo. Su visión rompió las ataduras del tiempo y las circunstancias, avanzó más allá de los límites de los siglos y los milenios, y se proyectó hacia el futuro. Contempló al ser humano a la luz de todas las épocas y todos los entornos. Al mismo tiempo, proporcionó para su vida cotidiana instrucciones morales y prácticas que se adaptan correctamente a toda circunstancia. No pertenece a aquellos a quienes la historia ha incluido en la lista de los antiguos. Su verdadera identidad solo puede expresarse diciendo que fue el líder supremo de su época. Era distinto y singular entre todos. Fue un líder de la humanidad cuyo liderazgo avanza dinámicamente con el curso de la historia y aparece igualmente moderno en cada época, tal como lo fue en la época anterior.

Aquellos a quienes se llama indiscriminadamente creadores de la historia son, en realidad, criaturas de la historia. En toda la historia de la humanidad, solo se encontrará a una persona que haya sido verdaderamente creadora de la historia. Si se observa con mirada investigadora la situación de quienes han provocado revoluciones en la historia, se verá que, ya antes, los elementos de la revolución se estaban formando. Eran esos elementos los que determinaban la dirección y el curso de la revolución conforme a sus propias exigencias. ¿Qué papel desempeñó el líder revolucionario en este proceso? Desempeñó el papel de un actor que hace realidad las exigencias de la situación y del entorno, para quien el escenario y todos los preparativos de la actuación ya habían sido dispuestos y determinados de antemano. Sin embargo, entre los creadores de la historia y de las revoluciones, él fue la única excepción. En su caso, no existían los elementos ni las causas de la revolución. Por ello, él mismo ideó y preparó sus elementos y causas. Allí donde no se encontraba entre la gente la esencia vital ni la capacidad efectiva para una revolución, formó mediante su propio esfuerzo una fuerza humana apta para crearla. Disolvió su formidable personalidad y la vertió en el corazón de miles de personas, moldeándolas a su propia imagen. Su poder y su fuerza de voluntad crearon todos los elementos de la revolución y determinaron su forma y naturaleza; y, con la fuerza de su determinación, cambió el curso de las circunstancias y lo dirigió hacia el objetivo que se había propuesto. ¿Se ha encontrado alguna vez, en algún lugar del mundo y en alguna época, un creador de la historia semejante y un revolucionario de este tipo?

Veracidad absoluta

En el mundo de oscuridad de hace mil cuatrocientos años, en una remota región de un país sumido en una oscuridad tan profunda como Arabia, ¿cómo fue posible que surgieran de repente, en un pastor y comerciante analfabeto del desierto, cantidades tan inmensas de conocimiento, luz, fuerza y elevadas virtudes, así como una montaña de capacidades ejercitadas a un nivel tan alto? Se dice que todo ello fue creación de su mente y de su cerebro. Yo diría que, si estas cosas fueron creación de su mente y de su cerebro, entonces debió haber reclamado la divinidad, no la profecía. Si realmente hubiera hecho semejante afirmación, cierto tipo de personas no se habría negado en absoluto a aceptar como dios a un hombre tan dotado de todas las virtudes como él. Pues anteriormente habían convertido a Rama en un dios, no habían vacilado en aceptar a Sri Krishna como Bhagaván, ellos mismos habían colocado a Gautama Buda en el trono de la divinidad, habían convertido voluntariamente a Jesús, la paz sea con él, en hijo de Allah, y también habían adorado al fuego, al agua y al aire. Pero lo que él mismo dijo es verdaderamente digno de atención. No reclamó ningún mérito por todas esas cualidades suyas. Dijo: «Soy un ser humano, un ser humano como vosotros. Nada de lo que poseo me pertenece; todo pertenece a Allah y todo me ha sido concedido por Él. El mensaje que he traído, del cual toda la humanidad es incapaz de producir un ejemplo semejante, tampoco es mío ni es resultado de mi capacidad intelectual. Cada una de sus palabras ha llegado a mí de parte de Allah. Por eso, solo Allah merece la alabanza. Ninguno de los méritos que he mostrado, ninguna de las leyes que he promulgado ni ninguna de las normas éticas que he enseñado a la gente ha sido creación mía. No tengo capacidad para presentar nada basado en mi aptitud personal. En todos los asuntos dependo de la guía y las instrucciones de Allah. Digo y hago únicamente aquello que me llega como indicación de Su parte».

¡Qué verdad tan asombrosa! ¡Qué extraordinaria integridad y veracidad! Los mentirosos no dudan lo más mínimo en atribuirse, en el registro de sus propios méritos, las mejores obras de otros para engrandecerse. Y, sin embargo, no resulta nada difícil rastrear el origen de esas obras. Pero este hombre ni siquiera se atribuye cualidades que, si las presentara como mérito suyo, nadie podría demostrar que fueran una mentira. Porque nadie conoce medio alguno para rastrear su origen. ¿Qué prueba mayor de veracidad podría existir? ¿Quién podría ser más veraz que aquel que ha recibido cualidades sin parangón de una fuente sumamente oculta y que, sin la menor vacilación, declara cuál es su verdadera fuente? Si no lo llamamos veraz a él, ¿a quién llamaremos veraz?

Los argumentos del Corán a favor de la profecía de Hazrat Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)

Algunos argumentos importantes—[La exposición y los argumentos que el Corán contiene acerca de la profecía de Muhammad son tan amplios y de tan largo alcance que no es posible presentarlos íntegramente en un solo artículo. Además, si se reuniera el análisis y la explicación que Maulana Maududi hizo de los argumentos del Corán, formarían un libro aparte. Teniendo en cuenta estos aspectos, citamos aquí la breve exposición del Maulana sobre algunos argumentos especialmente importantes. —(El compilador)]

En el Corán se dice:

(Árabe*****************en la página 109 del PDF)

«Oh, Profeta: antes de esto no leías ningún libro ni escribías con tu propia mano. Si así hubiera sido, los falsarios habrían podido caer en la duda. En realidad, estos son signos luminosos en los corazones de quienes poseen conocimiento». —(Sura al-Ankabut: 48-49)

La base del argumento expuesto en este versículo es que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) era analfabeto. Sus compatriotas, familiares, miembros de su hogar y gente de su propia tribu lo habían visto con sus propios ojos desde su nacimiento hasta su juventud. Sabían perfectamente que durante toda su vida no había leído ningún libro ni había tomado jamás una pluma.

El analfabetismo del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) es precisamente una prueba de su profecía

Al mencionar el hecho real de que era analfabeto, Dios ha dicho: esto demuestra claramente que la profunda y extensa erudición sobre las enseñanzas de los Libros Celestiales de la antigüedad, las historias de los profetas anteriores, las doctrinas y creencias de las distintas religiones del pasado, la historia de los pueblos primitivos, y cuestiones económicas y de organización social, que brota de los labios de este Profeta analfabeto, no podía haber sido adquirida por ningún otro medio que no fuera la revelación. Si hubiera sabido leer y escribir, y la gente lo hubiera visto leer libros, investigar y estudiar minuciosamente, los falsarios quizá habrían tenido algún fundamento para sospechar que aquel vasto caudal de conocimientos podía haberlo adquirido mediante la lectura y la búsqueda del saber, y no por medio de la revelación. Pero el absoluto analfabetismo del Profeta no dejó en modo alguno lugar para semejante sospecha. —[No se puede dejar de quedar asombrado ante la insolencia de quienes, incluso después de esta exposición inequívoca del Corán y de su impecable argumentación, intentan demostrar que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) era instruido. Sin embargo, aquí el Corán presenta claramente su analfabetismo como una prueba irrefutable a favor de su profecía. En primer lugar, los relatos en los que se basan quienes afirman que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) era instruido o que aprendió a leer y escribir posteriormente merecen ser rechazados de raíz, pues ningún relato contrario al Corán puede ser aceptable. Además, son tan débiles que ni siquiera pueden tomarse como fundamento de un argumento. Uno de ellos es el relato de Bujari sobre el tratado de Hudaybiyya. Se afirma allí que, mientras se redactaba el tratado de paz, el representante de los incrédulos de La Meca dijo al Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él): «Borra “Mensajero de Dios” de “Muhammad, el Mensajero de Dios” y escribe “Muhammad ibn Abd Allah” (Muhammad, hijo de Abd Allah)». Ali no quiso borrar las palabras «Mensajero de Dios». Entonces el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) tomó de su mano el documento del tratado, borró él mismo aquellas palabras y escribió «Muhammad ibn Abd Allah». Este hadiz, transmitido por medio del compañero Bara ibn Azib, aparece citado en cuatro lugares de Bujari y en dos de Muslim, y presenta diferencias en cada uno de ellos. En uno de los capítulos de Bujari relativos al tratado, el texto de una de las versiones es el siguiente:»

(Árabe*****************en la página 110 del PDF)

«El Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo a Ali (que Dios esté complacido con él): “Borra esta frase”. Ali respondió: “No puedo borrarla”. Finalmente, el Profeta la borró con su propia mano.»

Dos: el texto de otra versión de Bujari es el siguiente:

(Árabe*****************en la página 110 del PDF)

«Entonces le dijo a Hazrat Ali (r. a.): “Borra las palabras ‘Rasulullah’”. Ali (r. a.) respondió: “No, ¡por Dios!, jamás borraré su nombre”. Entonces Hazrat (s. a. s.) tomó el tratado y escribió en él: “Este es el acuerdo redactado por Muhammad, hijo de Abd Allah”».

Tercero: la tercera narración de Bujari está incluida en el capítulo sobre la yizia, transmitida por Bara ibn Azib. En ella se dice:(Árabe*****************en la página 110 del PDF)

«Hazrat (s. a. s.) no sabía escribir. Le dijo a Hazrat Ali (r. a.): “Borra las palabras ‘Rasulullah’”. Hazrat Ali (r. a.) respondió: “¡Por Allah!, jamás las borraré”. Entonces Hazrat (s. a. s.) dijo: “En ese caso, muéstrame dónde están escritas”. Él le mostró el lugar a Hazrat (s. a. s.), y entonces Hazrat borró las palabras con su propia mano.

Cuarto: la cuarta narración de Bujari está incluida en el Kitab al-Maghazi (el capítulo relativo a las guerras y expediciones). Es la siguiente:

(Árabe*****************en la página 110 del PDF)

«Entonces Hazrat (s. a. s.) tomó el tratado en sus manos, aunque no sabía escribir. Escribió: “Este es el acuerdo redactado por Muhammad, hijo de Abd Allah”».

Quinto: en el Kitab al-Yihad de Muslim también se ha registrado otra narración transmitida por Bara ibn Azib. En ella se dice que, debido a que Hazrat Ali (r. a.) se negó, Hazrat (s. a. s.) borró con su propia mano las palabras «Rasulullah».

Sexto: en otra narración de Sahih Muslim se dice que el Mensajero de Allah (s. a. s.) le dijo a Hazrat Ali (r. a.): «Muéstrame dónde están las palabras “Rasulullah”». Hazrat Ali le mostró el lugar. Entonces Hazrat borró esas palabras y escribió allí «hijo de Abd Allah». De las diferencias existentes en la redacción de las diversas narraciones se entiende claramente que los narradores intermedios no lograron citar literalmente la declaración de Hazrat Bara ibn Azib. La palabra «Abd Allah» la escribió Hazrat con su propia mano. También es posible que los hechos hayan ocurrido así: cuando Hazrat Ali (r. a.) se negó a borrar las palabras «Rasulullah», Hazrat preguntó a Hazrat Ali dónde estaba exactamente ese lugar, lo supo por él y las borró con su propia mano; después hizo que Hazrat Ali (r. a.) o algún otro escriba escribiera «ibn Abd Allah». Por otras narraciones se sabe que quizá Ali y Muhammad ibn Maslama (r. a.) eran los dos escribas encargados de redactar el tratado. (Fath al-Bari, tomo 5, pág. 217). Por tanto, no sería extraño que, si un escriba se negó a realizar una tarea, se hiciera que otro escriba la llevara a cabo.

Basándose en otra narración citada por Ibn Abi Shayba y Amr ibn Maybar, transmitida por Mujahid, se sostiene que el Honorable Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) sabía leer y escribir. La narración dice lo siguiente:(Árabe*****************en la página 111 del PDF)

«El Honorable Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) aprendió a leer y escribir antes de fallecer». Sin embargo, según la valoración de la cadena de transmisión, esta narración es muy débil. El hafiz Ibn Kazir la calificó de infundada y débil. En segundo lugar, si el Honorable (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) realmente hubiera aprendido a leer y escribir posteriormente, el hecho se habría conocido ampliamente. Muchos Compañeros lo habrían transmitido y también se habría sabido de quiénes aprendió a leer y escribir el Honorable (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Pero, aparte de Awn ibn Abd Allah, nadie más transmitió esta narración. Mujahid se enteró de ello por Awn. Awn tampoco era un Compañero, sino un tabi‘í (la generación inmediatamente posterior a los Compañeros), y tampoco afirmó con certeza de qué Compañero o Compañeros había obtenido esa información. Desde este punto de vista, la debilidad de esta narración también es evidente. Ninguna afirmación que contradiga un hecho real puede ser aceptada basándose en una narración tan débil.»

Que un hombre iletrado presentara un libro como el Corán y, aparentemente sin ningún tipo de preparación previa, demostrara un talento y una madurez extraordinarios es, sin duda, algo fuera de lo común. Para las personas instruidas y perspicaces, estos son los signos más brillantes de la profecía de aquel hombre iletrado—[Este argumento también se ha examinado en el artículo titulado «La profecía de Muhammad puesta a prueba en la piedra de toque de la personalidad». Sin embargo, allí se expuso el tema sin analizar los argumentos del Corán.—(Compilador).] Si se examina la biografía de cualquier personaje histórico del mundo, las causas que intervinieron en la formación de su personalidad y en el desarrollo de su talento pueden encontrarse en su entorno. Se observa una clara correspondencia entre los elementos que formaron su personalidad y sus circunstancias. Pero las extraordinarias cualidades que se encuentran en la personalidad del Honorable Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) no se encuentran en ninguna parte. No se encuentran en la sociedad árabe, desde luego. Tampoco en los entornos más remotos de las sociedades de los países vecinos con los que los árabes mantenían relaciones se hallan elementos que guarden siquiera una mínima semejanza con los componentes de la personalidad del Honorable Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Es precisamente sobre el trasfondo de esta verdad objetiva que se ha producido la reunión de los signos mencionados anteriormente.—[Aquí el Corán responde a quienes exigían que se mostrara un milagro como condición previa para aceptar la profecía del Gran Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él).—(Compilador).] No importa que los ignorantes no encuentren en él ningún signo. Pero quienes poseen conocimiento, al observar estos signos, comprendieron que él era dueño de un talento sin precedentes y que no podía ser otra cosa que un profeta.

(Árabe*****************en la página 112 del PDF)

«Dicen: “¿Por qué no han descendido sobre este hombre signos procedentes de su Señor?”. Di: “Los signos solo están en poder de Dios. Yo solo he venido para advertir claramente”. ¿Acaso no les basta que te hayamos revelado el Libro y que se les recite? En verdad, en ello hay misericordia y exhortación para los creyentes».—(Sura al-Ankabut: 50-51)

Es decir, ¿acaso no es un gran milagro que, pese a ser iletrado, te haya sido revelado un libro como el Corán? ¿No es esto suficiente para tener fe en tu profecía? Después de esto, ¿queda aún necesidad de algún otro milagro? Los demás milagros son de otra índole. Solo se recitan y se seguirán recitando ante quienes los presenciaron. Vosotros podéis verlos en todo momento.

Presentar como prueba la vida anterior a la profecía

(Árabe*****************en la página 112 del PDF)

«Ya he pasado un período entre vosotros». —(Sura Yunus: 16)

Los idólatras de Quraysh creían que el Corán era una obra inventada por Muhammad (s). Según ellos, él pretendía hacerla pasar injustificadamente por revelación de Allah. Por otro lado, Muhammad (s) sostenía que no era un Libro compuesto por él, sino que le había llegado de parte de Allah mediante la revelación. La aleya anterior presenta un argumento poderoso para refutar aquella idea de los idólatras y respaldar la afirmación del Profeta (s). Dejemos de lado las demás pruebas y argumentos. Pero la vida real del Profeta (s) estaba ante sus propios ojos. Antes de recibir la profecía, había pasado cuarenta años enteros entre ellos. Había nacido en su propia ciudad. Había atravesado la niñez y la juventud y alcanzado la madurez delante de sus ojos. Todas sus relaciones sociales —sus reuniones, su modo de vivir y alimentarse, sus tratos, sus transacciones, su matrimonio, etc.— habían sido con ellos. Nada de su vida les era desconocido ni estaba oculto para ellos. ¿Qué prueba podría ser más irrefutable que un conocimiento y una evidencia tan directos? En su vida había dos aspectos sumamente claros, que todo habitante de La Meca conocía.

En primer lugar, durante los cuarenta años completos anteriores a la profecía, no había recibido ninguna educación ni tenido ninguna compañía de la que pudiera proceder la amplia variedad de conocimientos que mostró inmediatamente después de afirmar su profecía. Antes de la revelación del Corán, nunca se le había visto prestar atención a los temas tratados sucesivamente en las suras coránicas, ni hablar de ellos ni expresar opiniones al respecto. Incluso durante los cuarenta años completos, ninguno de sus amigos íntimos ni de sus parientes cercanos había observado en su conducta o en sus palabras señal alguna de preparación o planificación para la predicación que comenzó de repente al cumplir los cuarenta años. Esto demuestra claramente que el Corán no era fruto de su mente, sino que se había originado en algún lugar externo y había sido introducido en ella. La mente humana no puede presentar de repente algo en una determinada etapa de la vida. Sea cual sea la etapa en la que presente algo, en la etapa anterior necesariamente se verán indicios de su preparación, desarrollo y crecimiento. Por eso, algunos astutos habitantes de La Meca comprendieron que afirmar que el Corán se había originado en la mente del Profeta (s) sería una completa necedad. Así que cambiaron de postura y empezaron a decir que necesariamente había otra persona detrás de todo aquello, alguien que enseñaba esas palabras a Muhammad (s). Pero esta afirmación resultó ser aún más absurda que la anterior. Porque, no ya en La Meca, sino en toda Arabia, no había una sola persona con la capacidad que pudiera señalarse con el dedo y decir: «Fulano compuso estos mensajes o es capaz de componerlos». En realidad, alguien que posea semejante capacidad no puede permanecer desconocido ni pasar inadvertido en ninguna sociedad.

La segunda característica resplandeciente de la vida del Profeta (s) antes de su profecía era que en su carácter no se encontraba ni el más mínimo rastro de falsedad, engaño, fraude, estafa, bajeza o vileza. En toda la sociedad no había nadie que pudiera afirmar haber observado en su comportamiento alguna falta de esa índole durante aquellos largos cuarenta años de trato con él. Por el contrario, toda persona que había entrado en contacto con él lo había visto como un hombre sumamente veraz, justo, de noble carácter y digno de confianza. Apenas cinco años antes de su profecía ocurrió un hecho célebre durante la reparación de la Kaaba. Surgió una disputa entre las distintas tribus de Quraysh sobre quién levantaría la Piedra Negra sagrada y la colocaría en su sitio. Finalmente acordaron que aceptarían como árbitro a la primera persona que entrara en el recinto sagrado a la mañana siguiente. Al día siguiente resultó que Muhammad (s) fue el primero en entrar en el recinto sagrado. En cuanto lo vieron, comenzaron a exclamar: «¡Este es aquel hombre justo! Estamos de acuerdo. ¡Es Muhammad!». De este modo, antes de ser designado para la misión profética, Allah hizo que todo el clan de Quraysh diera formalmente testimonio de su justicia. Después de eso, ¿cómo podía caber la posibilidad de pensar que aquel Al-Amín pudiera recurrir alguna vez a la injusticia y la falsedad? ¿Cómo sería posible que una persona que jamás había recurrido a la mentira, ni siquiera en un asunto insignificante, ni había cometido engaño o fraude durante toda su vida, comenzara de repente a incurrir en una mentira tan enorme y en un fraude tan terrible como inventar unas cuantas palabras y hacerlas pasar ante la gente por palabras de Allah?

(Árabe**************************** página 114 del PDF)

«Y así, ¡oh Muhammad!, te hemos revelado, por Nuestro mandato, un espíritu. De no ser así, no habrías sabido qué era el Libro ni qué era la fe». —(Sura ash-Shura: 52)

En realidad, antes de recibir la profecía, el Mensajero de Allah (s) ni siquiera podía imaginar que algún Libro debiera serle entregado o que estuviera a punto de recibirlo. Ni siquiera sabía nada en absoluto acerca de los Libros celestiales y de su contenido. Del mismo modo, su fe en Allah era verdadera, pero no sabía que, junto con ella, había que creer también en los ángeles, la profecía, los Libros celestiales y la otra vida, entre muchas otras cosas. Para los habitantes de La Meca, la proclamación de su profecía fue igualmente algo completamente repentino e inconcebible. Antes de aquella proclamación inesperada, nadie podía testificar que alguna vez hubiera oído de sus labios algo como que se debía creer en el Libro de Allah o en tal o cual asunto. Es evidente que, si alguien comenzara de antemano a prepararse por sí mismo para hacerse pasar por profeta, no podría mostrarse tan indiferente respecto de su supuesta profecía que quienes hubieran convivido con él día y noche durante cuarenta años no oyeran de sus labios ni una sola palabra sobre el Libro y la fe, y que, justo al completar los cuarenta años, comenzara de repente a pronunciar discursos interminables sobre esos temas.

(Árabe**************************** página 114 del PDF)

«Nunca esperaste que se te revelara el Libro; esto no ha sucedido sino por la gracia de Allah. Así pues, no seas auxiliar de los incrédulos» (sura Al-Qasas, 86). Estas palabras se presentan como una prueba de la profecía de Muhammad (s.a.w.). Veamos primero el caso del honorable Moisés (a.s.). Él no sabía en absoluto que iba a convertirse en profeta ni que estaba a punto de ser encargado de una misión importante. Lejos de desear o anhelar ser profeta, jamás había siquiera imaginado remotamente esa posibilidad. De repente lo llamaron del camino, lo hicieron profeta y realizaron por medio de él obras extraordinarias que no guardaban ninguna semejanza con su vida anterior. Exactamente lo mismo ocurrió en la vida de Muhammad (s.a.w.). Hasta el día anterior a su descenso de la cueva de Hira con el anuncio de su profecía, los habitantes de La Meca conocían perfectamente cómo era su vida, qué hacía, qué clase de conversaciones mantenía, sobre qué asuntos dialogaba y cuáles eran sus actividades e inclinaciones. Es verdad que aquella parte de su vida era un ejemplo ardiente de honestidad, veracidad, fidelidad y excelente carácter. Era la vida de un hombre sumamente cortés, muy amante de la paz e inofensivo, firme en sus promesas y pactos, extremadamente cuidadoso en devolver a los demás sus derechos y lo que les correspondía, y extraordinariamente caritativo. Estas eran las características más destacadas y relevantes de su vida. Sin embargo, no había en él nada que pudiera llevar a nadie a imaginar siquiera que aquel hombre santo y virtuoso pronto proclamaría ser profeta. Ninguno de quienes mantenían una relación estrecha con él, de sus parientes, vecinos o amigos, podía decir que se estaba preparando de antemano para ser profeta. Inmediatamente después de aquel momento conmovedor en la cueva de Hira, comenzó a hablar de asuntos sobre los cuales nadie le había oído antes emplear ese tipo especial de lenguaje, terminología y palabras. Nunca se había puesto de pie para pronunciar un sermón, un consejo religioso o un discurso. Nunca había salido al campo al frente de un movimiento ni de una invitación religiosa. De ninguna de sus actividades se desprendía indicio alguno de que estuviera planeando emprender un programa para resolver los problemas de la vida social o realizar una reforma religiosa o moral. Hasta el día anterior a aquel momento revolucionario, era un hombre que pasaba alegremente el tiempo con sus hijos, atendía a los huéspedes, ayudaba a los pobres y desamparados, trataba bien a sus parientes y, de vez en cuando, se retiraba en soledad para adorar. Que un hombre cortés e inofensivo como aquel apareciera de pronto ante la gente con una proclamación capaz de sacudir el mundo, comenzara a transmitir una invitación revolucionaria, creara un tesoro literario incomparable y presentara una nueva filosofía de vida, un método de pensamiento y un sistema moral y social enteramente distintos de las ideas y caminos establecidos en todo el mundo, fue sin duda un acontecimiento extraordinariamente conmovedor y excepcional. Algo así nunca puede surgir como resultado del método o la planificación de un hombre, ni de una iniciativa o esfuerzo voluntario. Pues cualquier esfuerzo, iniciativa, organización o preparación de ese tipo tendría necesariamente que avanzar atravesando las etapas de una evolución histórica. Y tendría que avanzar atravesando esas etapas. Y tales etapas nunca podrían permanecer ocultas para los compañeros y allegados permanentes de una persona. Si la vida del honorable (s.a.w.) hubiera avanzado atravesando esas etapas, cientos de personas en La Meca habrían dicho: «Sabíamos que ese hombre algún día formularía una afirmación sensacional de una u otra clase». Pero la historia atestigua que, aunque los habitantes de La Meca formularon toda clase de acusaciones contra el honorable (s.a.w.), nunca formularon esta acusación.

Por el contrario, los hadices que describen el comienzo de la revelación demuestran que el propio honorable (s.a.w.) no deseaba alcanzar la profecía, ni la esperaba ni aguardaba su llegada, sino que se enfrentó de repente a ella de una manera completamente inesperada e inimaginable. Después de su primer encuentro con Gabriel (a.s.) y de que se iniciara la profecía mediante la revelación de las primeras aleyas de la sura Al-‘Alaq, el honorable (s.a.w.) llegó temblando a casa desde la cueva de Hira. Luego dijo a su familia: «¡Cubridme! ¡Cubridme!». Cuando, después de un rato, su estado de temor disminuyó un poco, contó todo lo sucedido a su esposa Khadija (r.a.) y dijo: «Temo que voy a morir». Khadija (r.a.) respondió inmediatamente: «¡Nunca! Allah jamás te afligirá. Tú cumples los derechos de tus parientes, ayudas a los indefensos y desprovistos, honras a los huéspedes y estás siempre dispuesto a colaborar en toda buena obra». Después lo llevó ante Waraqa ibn Nawfal. Waraqa era primo de Khadija (r.a.), un destacado erudito de la Gente del Libro y un hombre veraz. Tras escuchar del honorable (s.a.w.) el relato completo de lo ocurrido, dijo con toda calma: «¿Qué dices? ¿Acaso ellos me expulsarán de aquí?». El honorable (s.a.w.) dijo: «¿Qué dices? ¿Acaso ellos me expulsarán de aquí?». Waraqa respondió: «Sí. Cada vez que alguien ha venido en el pasado con algo como lo que tú has traído, sus propios compatriotas se han convertido inmediatamente en sus enemigos».

Este acontecimiento ofrece una representación perfecta de la transformación que naturalmente puede experimentar una persona sencilla cuando se enfrenta inesperadamente a un suceso sumamente extraordinario y anormal. Si el Mensajero de Allah (s.a.w.) hubiera tenido desde antes la intención de convertirse en profeta, si hubiera pensado que un hombre como él debía ser profeta y, aguardando esa profecía en meditación solitaria, hubiera estado ansioso pensando cuándo vendría el ángel a traerle el mensaje, entonces, al ocurrir el episodio de la cueva de Hira, habría saltado de alegría, habría bajado de la montaña exultante de felicidad y orgullo, habría ido directamente ante la gente y habría proclamado en voz alta su profecía. Pero ¡qué lejos estuvo de aquella alegría y de aquella voz altiva! Allí se quedó y después se acostó envuelto en una manta. Cuando su mente se tranquilizó un poco, le contó todo a su esposa en voz baja. Le dijo: «Hoy, estando a solas en la cueva de Hira, me enfrenté a este suceso. No sé qué será de mí. Siento que mi vida está en peligro». No hace falta explicar cuánto difiere esto de la reacción que cabría esperar de alguien que aspirara a la profecía.

Nadie puede conocer la vida, el carácter y la forma de pensar de un esposo mejor que su esposa. Si Khadija (r.a.) hubiera sabido de antemano que su esposo aspiraba a la profecía y que pasaba todo el tiempo contando las horas a la espera de que llegara el ángel, no le habría respondido de aquella manera. Le habría respondido de otra forma. Le habría dicho: «¿Por qué te asustas? Has obtenido aquello que anhelabas desde hace tanto tiempo. Ahora ve y comienza el negocio de hacer discípulos. Yo me estoy preparando para administrar las ofrendas y regalos que lleguen». Pero, teniendo en cuenta el conocimiento que había adquirido de la vida del honorable (s.a.w.) durante quince años de vida matrimonial, comprendió en un instante que, ante un hombre tan honesto y desinteresado, podía presentarse cualquiera menos Satanás, y que Allah tampoco podía someterlo a una calamidad grave. En efecto, lo que ella había visto era enteramente cierto.

La situación de Waraqa ibn Nawfal era también así. No era posterior a ellos. Era pariente del Profeta (la paz sea con él) y un cuñado muy cercano. Como erudito cristiano, sabía qué eran la profecía, el Libro y la revelación, y tenía la capacidad de distinguir lo auténtico de lo artificial y lo inventado. Como era algunos años mayor que el Profeta (la paz sea con él), había observado toda su vida desde la infancia. También él, después de escuchar de sus propios labios lo sucedido en Hira, declaró de inmediato: «Este visitante es, sin duda, el ángel que solía traer la revelación al profeta Moisés (la paz sea con él)». Porque también aquí se daba una situación semejante a la de Moisés (la paz sea con él). Un hombre sencillo, de carácter completamente perfecto e inmaculado. Su mente era enteramente transparente y libre. Lejos de albergar el deseo de la profecía, jamás había imaginado siquiera recibirla. De pronto, plenamente lúcido y consciente, se encontró públicamente ante este acontecimiento inaudito. Por eso Waraqa pudo llegar, sin reflexión alguna, a la conclusión de que allí no había ninguna seducción del instinto ni engaño de Satanás. Al contrario, aquel hombre honesto y veraz, a quien conocía desde siempre, había visto exactamente lo que había visto, sin estar movido por deseo o aspiración alguna: había contemplado la verdad real. La conclusión de Waraqa era tan exacta e irrefutable como un cálculo matemático.

En realidad, que la revelación descendiera de manera tan repentina e inesperada, en el contexto de la completa honestidad, veracidad y absoluta analfabetidad de su vida anterior a la profecía, constituye una prueba tan resplandeciente de la veracidad de la profecía que resulta imposible negarla para cualquier persona dotada de conocimiento real. En varios lugares del Corán se presenta esto como una prueba de la profecía. Por ejemplo, en la sura Yunus, Allah dice:

(Árabe*******************************************página 117 del PDF)

«¡Oh, Profeta! Di: Si Allah no lo hubiera querido, yo jamás habría podido recitaros este Corán ni informaros de su contenido. He vivido entre vosotros una parte considerable de mi vida. ¿Es que no comprendéis ni siquiera esto?».—(Versículo 16)

En la sura Ash-Shura, Allah dice:

(Árabe*******************************************página 114 del PDF)

«¡Oh, Profeta! Tú no sabías en absoluto qué era el Libro ni qué era la fe. Pero hicimos de esta revelación una luz, y mediante esta luz guiamos por el camino recto a quien queremos de entre Nuestros siervos».—(Versículo 52)

Véase una explicación más detallada sobre este tema en Tafhim al-Qur’an, Yunus, nota 21; Al-Ankabut, notas 88-92; y Ash-Shura, nota 84.

La vida pura e inmaculada del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), la asombrosa influencia de su educación y enseñanza sobre el carácter de sus nobles Compañeros y los elevados temas tratados en el Corán: todo ello constituye una evidencia sumamente clara. Para quien conoce las biografías de los profetas y las enseñanzas de los Libros celestiales, es sumamente difícil albergar dudas.

(Texto árabe*******************************************en la página 118 del PDF)

«(Él es) un Mensajero enviado por Allah, que recita las Escrituras sagradas, en las cuales hay escritos verdaderos y correctos». —(Sura al-Báyyina: 2-3)

Aquí se ha descrito la persona del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como una evidencia luminosa. Pues su vida, antes y después de su misión profética; el hecho de que, pese a ser iletrado, presentara un libro como el Corán; la extraordinaria revolución producida en la vida de los creyentes por la influencia de su enseñanza y compañía; sus creencias doctrinales completamente racionales; su adoración sumamente perfecta y pura; su carácter de la más elevada pureza; y la enseñanza de los mejores principios y normas para la vida humana; la plena armonía y coherencia entre las palabras y los actos del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él); y la continuación de su labor de proclamación con firmeza inquebrantable y devoción inmutable, haciendo frente a toda clase de oposición y obstáculos: todas estas características incomparables son evidencias manifiestas de que él es el Mensajero de Allah.

El Corán es una obra milagrosa y una prueba de la profecía.

(árabe*******************************************en la página 118 del PDF)

«Sin duda, este Libro ha sido revelado por el Señor de todos los mundos. ¿Acaso dicen que es una invención de ese hombre? No. Al contrario, es la verdad absoluta procedente de tu Señor».—(Sura as-Saydah: 2-3)

Aquí no se ha dicho solamente que este Libro ha descendido del Señor de todos los mundos. Además, se ha afirmado con mayor énfasis que, sin duda, es el Libro de Allah. No hay el menor lugar para dudar de que es un Libro revelado por Allah. Si se analiza esta frase de certeza a la luz del contexto real de la revelación del Corán y de la exposición precedente y posterior del propio Corán, se comprenderá que en ella se presenta simultáneamente una afirmación y su prueba. Esta prueba no era desconocida para los habitantes de La Meca ante quienes se planteó la afirmación. Conocían toda la vida de quien les recitó este Libro, tanto su vida anterior como la posterior a dicha recitación. Podían observar la clara diferencia entre el lenguaje y el estilo de expresión de este Libro y el lenguaje y el estilo propios de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Comprendían claramente que una misma persona no podía tener dos estilos de expresión tan diferentes. Contemplaban la sublime e incomparable belleza literaria milagrosa de este Libro. Y, por hablar la misma lengua, podían ver con absoluta claridad que todos los poetas y literatos de Arabia eran incapaces de producir una obra literaria equivalente. El Corán fue presentado precisamente con este desafío: «(árabe**** en la nota) «Traed, pues, una sura semejante a él». Este desafío hizo aún más evidente el carácter milagroso del Corán. Los adversarios, incapaces de responder a este desafío, reconocieron silenciosamente que esta literatura no era obra humana. Allah calificó este carácter milagroso del Corán como una prueba de la veracidad de la profecía de Su Excelencia (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).—(Los recopiladores)] Tampoco desconocían la enorme diferencia entre el lenguaje de los poetas, literatos, oradores y sacerdotes de Arabia y el lenguaje del Corán, ni la elevadísima calidad de los temas expuestos en el Corán. No pudieron encontrar ni el más mínimo rastro del egoísmo que suele estar presente en la literatura y las obras de un impostor, ni en la literatura del Corán ni en la proclamación de su portador. Ni siquiera con un microscopio lograban descubrir qué clase de personas, entre la nación, se sentían atraídas hacia la proclamación de su propia persona, de su familia, de su tribu o de su pueblo por parte de Su Excelencia (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), quien afirmaba la profecía; mientras que podían ver con sus propios ojos la enorme revolución que estaba produciéndose en sus vidas. Todo esto constituía una prueba irrefutable a favor de la afirmación de la profecía. En este contexto, bastaba decir que no había lugar para dudar de que este Libro había sido revelado por el Señor de todos los mundos.

Las profecías de la Torá y el Evangelio sobre el Profeta universal

Una importante declaración de Jesús (la paz sea con él)

(Árabe*******************************************en la página 120 del PDF)

«Recuerda las palabras de Jesús, hijo de María. Él dijo: “¡Oh, descendientes de Israel! He sido enviado a vosotros como Mensajero. He venido para confirmar la verdad de la Torá que existía antes de mí”». —(Sura As-Saff: 6)

Esta afirmación puede interpretarse de tres maneras, y las tres interpretaciones son correctas. La primera es que no he traído una religión diferente y novedosa. He traído la misma religión que Moisés (la paz sea con él). No he venido para refutar la Torá, sino para apoyarla y confirmar su verdad. La práctica eterna de todos los Mensajeros de Dios es apoyar al Mensajero anterior y confirmar su verdad. Yo también sigo esa misma práctica. Por tanto, no tenéis razón alguna para vacilar en reconocer que soy un Mensajero.

La segunda interpretación es que la profecía contenida en la Torá sobre mi venida como Mensajero se ha confirmado y cumplido con mi misión profética. Por tanto, en lugar de oponeros a mí, deberíais recibirme con estas palabras: «Ha llegado el Profeta cuya venida fue anunciada por los profetas anteriores».

Si se lee la afirmación mencionada en el Corán junto con la que viene después, se desprende una tercera interpretación: estoy declarando verdadera la profecía de la Torá sobre la bendita llegada de Ahmad (la paz sea con él), el Mensajero de Dios, y yo mismo estoy anunciando su llegada. A la luz de esta tercera interpretación, la declaración de Jesús (la paz sea con él) constituye un apoyo y una confirmación de la buena nueva que Moisés (la paz sea con él), dirigiéndose a su pueblo, había anunciado sobre la aparición del Profeta universal.

La clara profecía de la Torá

En aquel discurso dirigido al pueblo, Moisés (la paz sea con él) dijo: «Tu Señor hará surgir para vosotros, de entre vosotros mismos, es decir, de entre vuestros hermanos, a un profeta semejante a mí. Escuchadlo. Su aparición tendrá lugar conforme a la petición que dirigiste a tu Señor el día de la asamblea, cuando estabas en Horeb. Dijiste: “Que no vuelva a escuchar el discurso de mi Señor ni a ver ese fuego terrible, a causa del cual ni siquiera tengo tiempo de morir”. El Señor me dijo: “Lo que dicen está bien. Les suscitaré, de entre sus hermanos, un profeta como tú; pondré Mis palabras en su boca y él les dirá solamente lo que Yo le ordene. Yo pediré cuentas a quien no escuche las palabras que él pronuncie en Mi nombre”».—(Deuteronomio, capítulo 18, versículos 15-19)

Esta es una profecía explícita de la Torá. No se aplica a nadie más que a Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En ella, Moisés (la paz sea con él) comunica a su pueblo esta promesa de Allah: «Les enviaré, de entre sus hermanos, a un profeta». Es sabido que, cuando se habla de los «hermanos» de una nación, no se alude a una familia o tribu de esa misma nación. Por «hermanos» de una nación se entiende otra nación del mismo linaje. Si el sentido de estas palabras fuera que surgiría un profeta de entre los propios hijos de Israel, se habría dicho: «Les enviaré un profeta de entre vosotros mismos». Por tanto, los hermanos de los hijos de Israel solo pueden ser necesariamente los hijos de Ismael, pues son de su mismo linaje por ser descendientes de Abraham (la paz sea con él). Además, hay otra razón por la que esta profecía no puede aplicarse a ninguno de los profetas de los hijos de Israel. Después de Moisés (la paz sea con él), no vino a los hijos de Israel un solo profeta: vinieron numerosos profetas. Toda la Biblia contiene relatos sobre esos profetas.

Hay otro aspecto de esta profecía que merece atención. El profeta que vendrá será un profeta semejante a Moisés (la paz sea con él). Naturalmente, esto no significa semejanza en la apariencia física ni en la historia de vida, pues en este sentido ninguna persona es igual a otra. Tampoco se refiere únicamente a la semejanza en el hecho de ser profeta, porque todos los profetas que vinieron después de Moisés (la paz sea con él) compartían esa característica. Por ello, ningún profeta en particular puede reclamar la cualidad de ser semejante a Moisés (la paz sea con él). Tras descartar estos dos aspectos de la semejanza, queda un aspecto que puede considerarse una característica del profeta posterior: una sharía independiente, es decir, un sistema jurídico distinto. El sentido de la profecía es que el profeta que vendrá traerá, al igual que Moisés (la paz sea con él), un sistema jurídico independiente. Nadie, salvo Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), posee esta característica, pues todos los profetas de los hijos de Israel que vinieron antes de él siguieron el sistema jurídico traído por Moisés (la paz sea con él). Ninguno vino con un sistema jurídico distinto.

La validez de esta interpretación de las palabras de la Torá queda aún más demostrada por las palabras que siguen: «La aparición de ese profeta tendrá lugar conforme a la petición que dirigiste a tu Señor el día de la asamblea, cuando estabas en Horeb. Dijiste: “Que no vuelva a escuchar el discurso de mi Señor ni a ver ese fuego terrible, a causa del cual ni siquiera tengo tiempo de morir”. Mi Señor me dijo: “Lo que dicen está bien. Les enviaré, de entre sus hermanos, a un profeta. Pondré Mis palabras en su boca. Él dirá solamente lo que Yo le ordene”». La petición mencionada aquí es aquella mediante la cual se otorgó por primera vez a Moisés (la paz sea con él) la legislación de la sharía. Su significado es que, si en el futuro se nos concediera una sharía, es decir, un sistema jurídico, no se nos concediera en las terribles circunstancias cuya descripción aparece tanto en el Corán como en la Biblia. (Véanse la sura al-Baqara, versículos 55, 56 y 63; la sura al-A‘raf, versículos 155-171; y el Éxodo de la Biblia, 19:17-18). En respuesta, Moisés (la paz sea con él) informó a los hijos de Israel que Allah había aceptado su petición. Él dijo: «Les enviaré un profeta por cuya boca proclamaré Mis palabras». Es decir, cuando en el futuro se concediera el sistema jurídico, ya no se producirían las terribles circunstancias que habían surgido en el valle del monte Horeb. En cambio, al profeta al que se confiaría esta misión solo se le haría memorizar el mensaje de Allah, y él lo comunicaría a la gente. Al examinar detenidamente esta declaración explícita, se puede afirmar sin duda que Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es el verdadero destinatario de esta profecía. Después de Moisés (la paz sea con él), solo él fue portador de una sharía independiente. Cuando se otorgó la sharía al pie del monte Horeb, hubo una gran congregación de los hijos de Israel; en cambio, cuando se otorgó la sharía a Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), no hubo una asamblea semejante. Tampoco volvieron a producirse, al promulgarse las disposiciones de la sharía, las circunstancias que habían surgido allí.

La buena nueva del advenimiento de Muhammad en el Evangelio

Así se menciona en el Corán la buena nueva del advenimiento de Muhammad anunciada por Jesús (la paz sea con él):

(Árabe*******************************************en la página 122 del PDF)

Recuerda las palabras de Jesús, hijo de María. Dijo: «¡Oh, descendientes de Israel! He venido a vosotros como Mensajero de Allah, confirmando la verdad de la Torá que ya estaba antes de mí, y anunciando la buena nueva de un Mensajero que vendrá después de mí, cuyo nombre será Ahmad»—(sura as-Saff, 6).

Este es un versículo importante del Corán. Los opositores del islam han polemizado mucho sobre este versículo y también han intentado interpretarlo criminalmente. Pues en él se afirma que el honorable Jesús (a.s.) anunció con claridad la llegada del honorable Mensajero de Allah (s.a.s.), mencionando expresamente su nombre. —[Además, en diversos lugares de la Biblia se encuentran profecías sobre la llegada del honorable Profeta (s.a.s.). A este respecto, el Corán dice brevemente:

(árabe********* en la nota)

«La Gente del Libro lo encuentra mencionado por escrito en la Torá y en el Evangelio». —(Sura Al-A‘raf: 147)

Por ejemplo, en los siguientes pasajes de la Torá y del Evangelio se observan profecías sobre Muhammad (s.a.s.): Deuteronomio, capítulo 18, versículos 15-19; Evangelio de Mateo, capítulo 21, versículos 33-46; Evangelio de Juan, capítulo 1, versículos 10-21; Evangelio de Juan, capítulo 14, versículos 15-17 y 25-30; Evangelio de Juan, capítulo 15, versículos 25-26; Evangelio de Juan, capítulo 16, versículos 7-15. 77—Los autores y compiladores.] Por ello, es necesario tratar este asunto con cierto detalle.

Primero: «Muhammad» y «Ahmad»:”: En este versículo se menciona Ahmad como nombre del Mensajero de Allah (s.a.s.). Ahmad tiene dos significados: el que más alaba y el más digno de alabanza entre los hombres más alabados. Por hadices auténticos se sabe que este también era uno de los nombres del honorable Profeta (s.a.s.). En las colecciones de hadices de Muslim y Abu Dawud al-Tayalisi, se narra de Abu Musa al-Ash‘ari (r.a.) que el honorable Profeta (s.a.s.) dijo: (Árabe********)«Soy Muhammad, soy Ahmad y soy al-Hashir (el que reúne)». Varios hadices transmitidos por Zubair ibn Mut‘im sobre este asunto han sido citados por los imanes Malik, Bujari, Muslim, Darimi, Tirmidhi y Nasai en sus respectivas colecciones de hadices. Este nombre del honorable Profeta (s.a.s.) también era conocido y utilizado entre los Compañeros. En un verso del poema de Hassan ibn Zabit se lee lo siguiente:

(árabe*******************************************en la página 123 del PDF)

«Allah, los ángeles que se agolpan alrededor de Su Trono y los hombres piadosos han enviado bendiciones sobre el bendito Ahmad». La historia también demuestra que el honorable Muhammad (s.a.s.) no era conocido únicamente por este nombre, sino que su nombre Ahmad también era conocido por todos. En todo el acervo literario de la nación árabe no se sabe de nadie anterior al honorable Profeta (s.a.s.) que fuera conocido con el nombre de Ahmad. Después del honorable Profeta (s.a.s.), innumerables personas han recibido los nombres de Ahmad y Ghulam Ahmad. El hecho de que este nombre sea célebre y ampliamente conocido por toda la comunidad desde la época de la profecía hasta hoy constituye su mayor prueba. Si este nombre no hubiera pertenecido al honorable Profeta (s.a.s.), ¿de qué Ahmad consideran siervos a sus hijos quienes les han puesto el nombre de Ghulam Ahmad?

Segundo: el Mesías, el honorable Elías (a.s.) y «ese Profeta»”: El Evangelio de Juan (Yuhanna) atestigua que, en el momento de la llegada del honorable Jesús (a.s.), los hijos de Israel esperaban a tres personas. Eran el Mesías, Elías (es decir, el regreso del honorable Elías [a.s.]) y «ese Profeta».

«Y Juan [el hazrat Yahya (a.s.)] dio testimonio de que, cuando los judíos enviaron sacerdotes desde Jerusalén para preguntarle: “¿Quién eres?”, él confesó, no lo negó. Confesó que no era el Mesías. Ellos le preguntaron: “Entonces, ¿quién eres? ¿Eres Elías?”. Él respondió: “No”. “¿Eres acaso aquel Profeta?”. Él respondió: “No”. Entonces le dijeron: “¿Quién eres, pues?”. Él dijo: “Soy la voz de un pregonero en el desierto: allanad el camino de Allah”. Le preguntaron: “Si no eres el Mesías, ni Elías, ni aquel Profeta, ¿por qué afirmas ser profeta?”.—(1:19-25)

De estas palabras se entiende inequívocamente que, además del hazrat Mesías (a.s.) (Jesús) y del hazrat Elías (a.s.), los hijos de Israel esperaban a otro profeta, y que ese profeta no era el hazrat Yahya (a.s.). La creencia de que ese profeta vendría estaba tan extendida entre los hijos de Israel que bastaba decir “aquel Profeta” para que todos entendieran de quién se hablaba. Ni siquiera era necesario añadir: “aquel cuya venida fue anunciada de antemano en la Torá”. También se desprende que la llegada del profeta al que aludían estaba demostrada de manera concluyente. Pues cuando hicieron estas preguntas al hazrat Yahya (a.s.), él no dijo: “Ya no vendrá ningún otro profeta. ¿De qué profeta estáis preguntando?”

Tres: El testimonio del Evangelio de Juan: Veamos ahora las profecías narradas consecutivamente en el Evangelio de Juan (Yuhanna o Yahya), desde el capítulo 14 hasta el capítulo 16:

«Y pediré al Padre que os envíe otro auxiliador, que permanecerá con vosotros eternamente; es decir, el Espíritu de la verdad, al que la gente del mundo no puede recibir, porque ni lo ve ni lo conoce. Vosotros lo conocéis, porque permanece con vosotros y está en medio de vosotros».—(14:16-17)

«Os he dicho estas cosas mientras aún estaba con vosotros. Pero el auxiliador, es decir, el Espíritu glorioso, que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas. Y os recordará todo lo que os he dicho».—(14:25-26)

«Después ya no os hablaré mucho, porque viene el gobernante del mundo. Él no tiene nada en mí».—(14:30)

«Pero cuando venga el auxiliador que os enviaré de parte del Padre, es decir, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio a mi favor».—(15:26)

«Pero os digo la verdad: os conviene que me vaya, porque si no me voy, el auxiliador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré».—(16:7)

«Tengo muchas más cosas que deciros, pero ahora no podríais soportarlas. Sin embargo, cuando venga él, es decir, el Espíritu de la verdad, os guiará por el camino de toda la verdad. Porque no hablará por su propia cuenta; solamente dirá lo que oiga y os anunciará lo que ha de suceder. Él manifestará mi grandeza, porque recibirá de mí y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso dije que recibirá de mí y os lo anunciará».–(16:12-15_

Cuarto: El significado de las profecías mencionadas:Para comprender correctamente el verdadero sentido de las palabras anteriores, primero hay que saber que Hazrat Isa (la paz sea con él) y los habitantes de Palestina de su época hablaban siríaco, la forma regional de la lengua aramea. Ya doscientos o doscientos cincuenta años antes del nacimiento de Hazrat Isa (la paz sea con él), durante el gobierno de la dinastía seléucida, la lengua hebrea desapareció de aquella región y en su lugar se estableció el siríaco. Es cierto que, debido al dominio de los seléucidas y de los emperadores romanos posteriores, la lengua griega también penetró en esta zona. Pero se limitó a una clase particular. Solo quienes ocupaban o aspiraban a ocupar diversos cargos en la administración gubernamental y, por ello, se habían vuelto excesivamente inclinados hacia Grecia, practicaban la lengua griega. La gente común de Palestina utilizaba una forma dialectal particular del siríaco. Esta lengua era diferente del siríaco que hoy se habla en la región de Damasco. Los habitantes de Palestina eran tan ignorantes de la lengua griega que, cuando el comandante romano Tito pronunció un discurso ante los habitantes de Jerusalén después de conquistarla en el año 70 d. C., hubo que traducirlo al siríaco. Esto demuestra que todo lo que Hazrat Isa (la paz sea con él) dijo a sus discípulos lo dijo en siríaco.

La segunda cuestión que hay que saber es que los cuatro Evangelios incluidos en la Biblia fueron escritos por hablantes de griego que adoptaron el cristianismo después de la desaparición de Hazrat Isa (la paz sea con él). Los relatos sobre las palabras y los actos de Hazrat Isa (la paz sea con él) llegaron a su conocimiento por medio de cristianos de habla siríaca, y no por escrito, sino en forma de relatos orales. Ellos tradujeron estos relatos siríacos y los pusieron por escrito. Ninguno de estos Evangelios fue escrito antes del año 70 d. C. En particular, el Evangelio de Juan fue escrito probablemente un siglo después de Hazrat Isa (la paz sea con él), en la ciudad de Afusus, en Asia Central. Además, no se conserva ninguna copia original de la lengua griega en la que estos Evangelios fueron escritos por primera vez. De todos los manuscritos griegos recopilados en distintos lugares antes de la invención de la imprenta, ninguno es anterior al siglo IV. Por eso resulta difícil decir cuántas modificaciones se introdujeron en esos Evangelios durante trescientos años. Además, el hecho de que los cristianos hayan considerado legítimo modificar los Evangelios a su voluntad hace que la cuestión resulte aún más dudosa. El autor del artículo titulado «Biblia» de la Enciclopedia Británica dice:

«En los Evangelios se hicieron deliberadamente cambios importantes. Por ejemplo, en algunos pasajes se incorporaron literalmente al Evangelio extensos fragmentos procedentes de otras fuentes. …..Estos cambios se hicieron deliberadamente. Quienes acostumbraban a considerar que tenían derecho a incluir en el texto original cualquier cosa que encontraran en algún lugar, siempre que mejorara la calidad de la obra o la hiciera más instructiva, fueron precisamente quienes realizaron este tipo de modificaciones. Ya en el siglo II se añadieron bastantes pasajes. Sin embargo, no se sabe de dónde fueron tomados».

En este contexto, resulta difícil afirmar con certeza si las palabras de Hazrat Isa (la paz sea con él) que encontramos en los Evangelios fueron citadas literalmente o si sufrieron alguna modificación.

El tercer asunto importante es que, incluso después de que los musulmanes establecieran su dominio en Palestina, la lengua de los cristianos de allí siguió siendo el siríaco durante casi trescientos años. En el siglo IX cristiano, el árabe sustituyó al siríaco. La información sobre el cristianismo que los eruditos musulmanes de los tres primeros siglos obtuvieron por medio de los habitantes de Palestina de habla siríaca es más fiable que la recibida por quienes obtuvieron información traducida repetidamente del siríaco al griego y luego del griego al latín. Esto se debe a que era mucho más probable que las palabras originales en siríaco, pronunciadas por Hazrat Isa (la paz sea con él), se hubieran conservado intactas entre ellos.

Quinto: Será el líder de todo el mundo:A la luz de los hechos irrefutables mencionados anteriormente, hay que considerar que en las declaraciones citadas del Evangelio de Juan, Hazrat Isa (la paz sea con él) anuncia la llegada de un profeta después de él. Acerca de él dice que será el líder de todo el mundo, que «permanecerá eternamente», que mostrará todos los caminos de la verdad y que él mismo dará testimonio a favor de Hazrat Isa (la paz sea con él). En estas declaraciones de Juan, expresiones como «el Espíritu glorificado» y «el Espíritu de la verdad» han complicado el significado original. No obstante, si se leen con profunda atención, queda claro que aquel cuya llegada se anuncia no es un espíritu, sino un ser humano, una persona concreta. La enseñanza de esa persona será universal, abarcará a todos y perdurará hasta el Día de la Resurrección. Para esa persona especial se utilizó en la traducción urdu la palabra «madadgar» (ayudante). Los cristianos insisten en que se trata de Paracletus, pero hasta los propios eruditos cristianos se han confundido al determinar su significado. En la lengua griega original, la palabra Paraclete se emplea con varios sentidos: llamar hacia algún lugar, llamar en busca de ayuda, intimidar o advertir, exhortar, inspirar, suplicar, implorar y orar. Además, esta palabra tiene varios significados helénicos: consolar, calmar y animar. En ninguno de los pasajes de la Biblia donde aparece esta palabra encaja adecuadamente ninguno de estos significados. El erudito bíblico Orígenes la tradujo en algunos lugares como Consolator y en otros como Deprecator, pero los demás comentaristas de la Biblia rechazaron ambas traducciones. En primer lugar, porque este significado no es correcto desde el punto de vista de la gramática griega. En segundo lugar, porque carece de sentido en las frases donde se utiliza la palabra. Otros traductores la tradujeron como Teacher. Sin embargo, este significado tampoco puede aceptarse basándose en el uso de la lengua griega. Tertuliano y Agustín la tradujeron como Advocate; otros la tradujeron como Assistant, algunos como Comforter y otros como Consoler (véase Enciclopedia de literatura bíblica, entrada «Paracletos»).

Ahora bien, lo interesante es que en griego existe otra palabra: Pariclytos, que significa «alabado». Es exactamente un sinónimo de «Muhammad». En su pronunciación se observa una notable semejanza con Paractetus. No habría nada de extraño si los eruditos cristianos, acostumbrados a modificar libremente sus libros religiosos según sus propios deseos, al considerar esta palabra de la profecía de Juan contraria a sus creencias y dogmas, hubieran alterado ligeramente su ortografía. Para comprobarlo, podría buscarse en algún lugar el Evangelio griego original escrito por Juan y verificar cuál de estas dos palabras se utilizó realmente.

Seis: Munhamanna:Pero, aun sabiendo qué palabra utilizó realmente Juan en griego, no se podría llegar a una conclusión al respecto, porque todo lo que él escribió no era más que una traducción. Ya hemos dicho que la lengua de Jesús (la paz sea con él) era el siríaco palestino. Por tanto, cualquiera que fuese la palabra que utilizara en su profecía, debía ser una palabra siríaca. Afortunadamente, encontramos esa palabra siríaca original en la obra biográfica de Ibn Hisham. Asimismo, gracias a Ibn Hisham, pudimos conocer cuál era su equivalente griego. Citando la fuente de Muhammad ibn Ishaq, Ibn Hisham reprodujo la traducción completa de los versículos 23 al 27 del capítulo 15 y del primer versículo del capítulo 16 del Evangelio de Yuhannas (Yuhanna, es decir, Juan). En ella, en lugar de la palabra griega «Paráclito», se utilizó la palabra siríaca Sunhamanna. Después, Ibn Ishaq o Ibn Hisham explicó que la palabra siríaca Munhamanna significa Muhammad en árabe y Paráclito en griego. (Ibn Hisham, tomo I, pág. 248).

Cabe señalar que, desde el punto de vista histórico, el siríaco fue hasta el siglo IX la lengua común de los habitantes de Palestina. Esta región estaba bajo dominio islámico desde la primera mitad del siglo VII. Ibn Ishaq murió en 768 d. C. e Ibn Hisham en 828 d. C. Es decir, durante la época de ambos, los cristianos de Palestina hablaban siríaco, y ninguno de los dos tenía dificultad alguna para comunicarse con los habitantes cristianos de su propio país. Además, en aquella época vivían millones de cristianos de habla griega en las zonas bajo dominio musulmán. Por ello, tampoco les resultaba difícil saber qué palabra griega era equivalente a una determinada palabra siríaca. Ahora bien, si en la traducción citada por Ibn Ishaq se utilizó la palabra siríaca Munhamanna, y si Ibn Ishaq o Ibn Hisham explicó que su equivalente en árabe era Muhammad y en griego Paráclito, entonces no queda lugar para ninguna duda de que Jesús (la paz sea con él) anunció la buena nueva de la venida de Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), pronunciando su nombre. Al mismo tiempo, se llega a saber que en el Evangelio griego de Juan se utilizó originalmente la palabra Pariclytos. Más tarde, los eruditos cristianos la cambiaron por Pariclytos. Después, los eruditos cristianos la modificaron a Pariclytos.

Siete: El testimonio del Negus:Una prueba histórica aún más antigua es el relato de Abdullah ibn Masud (que Allah esté complacido con él) sobre el acontecimiento de la emigración a Abisinia. Cuando el Negus convocó a la corte a los musulmanes emigrados que habían llegado a Abisinia y escuchó de boca de Jafar, hijo de Abu Talib (que Allah esté complacido con él), una descripción detallada de las enseñanzas y el modelo del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), dijo:

(Árabe******************************************en la página 127 del PDF)

«Os felicito a vosotros y al gran hombre de quien habéis venido. Doy testimonio de que él es el Mensajero de Allah. Él es aquel cuya mención encontramos en el Evangelio». Este acontecimiento también ha sido relatado en diversos hadices por Jafar (que Allah esté complacido con él) y Umm Salama (que Allah esté complacido con ella). De esto se sabe que, ya en los primeros tiempos del siglo VII cristiano, el Negus sabía que Jesús (la paz sea con él) había profetizado la llegada de un profeta. También se sabe que en el Evangelio se había dado una identificación tan clara de ese profeta futuro que el Negus no tuvo la menor duda en comprender que Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) era precisamente aquel profeta. Sin embargo, este relato no permite saber si el Negus conoció esta profecía de Jesús (la paz sea con él) por medio del Evangelio de Juan o si en aquella época existía alguna otra fuente para conocerla.

Ocho: El Evangelio de Bernabé:Los cuatro evangelios que la Iglesia cristiana ha declarado evangelios fiables y reconocidos (evangelios conciliares) no son, en realidad, un medio fiable ni siquiera para conocer la profecía de Jesús (la paz sea con él) acerca de Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y mucho menos para conocer la biografía del propio Jesús (la paz sea con él) y cuáles fueron sus verdaderas enseñanzas y principios. Por el contrario, el Evangelio de Bernabé, al que la Iglesia cristiana califica de ilegal y sospechoso, es un medio mucho más fiable y digno de confianza. Los cristianos tomaron numerosas medidas para mantener oculto este libro. Durante cientos de años desapareció del mundo. En el siglo XVI, solo había un ejemplar de su traducción italiana en la biblioteca del papa Sixto (Sixtus). Sin embargo, no se permitía a nadie leerlo. A comienzos del siglo XVIII cayó en manos de un hombre llamado John Toland. Después, al pasar de una persona a otra, llegó en 1738 a la Biblioteca Imperial de Viena. En 1907, la traducción inglesa de aquel manuscrito fue impresa por la Clergyman Press de Oxford. Pero, al parecer, en cuanto fue impresa, el mundo cristiano comprendió que este libro estaba a punto de desarraigar la religión instituida en nombre de Jesús (la paz sea con él). Por ello, aquellos ejemplares impresos fueron hechos desaparecer mediante una artimaña especial. Después de eso, aquel Evangelio ya no pudo volver a publicarse. En el siglo XVIII todavía podían encontrarse en algunos lugares otros ejemplares traducidos al español a partir del mismo manuscrito italiano. George Sale mencionó ese manuscrito en el prólogo de su traducción inglesa del Corán. Pero también fue hecho desaparecer en algún lugar. Hoy no queda rastro de él. Tuve la oportunidad de ver una copia fotostática de la traducción inglesa publicada en Oxford y la leí minuciosamente. Mi impresión es que se trata de un tesoro incalculable. Pero los cristianos, movidos únicamente por la obstinación y la terquedad, se han privado de él.

En los libros cristianos, cada vez que se menciona este Evangelio, se lo rechaza calificándolo de falso y apócrifo, y afirmando que probablemente algún musulmán lo escribió y lo atribuyó falsamente a Bernabé. Pero esto es una mentira descarada. En este Evangelio aparecen claramente, en varios pasajes, profecías sobre Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) (Hay un texto ilegible en la primera línea de la página 129**********************) Se ha recurrido a esta mentira. En primer lugar, basta leer este Evangelio para comprender claramente que jamás pudo haber sido escrito por un musulmán. En segundo lugar, si lo hubiera escrito un musulmán, se habría difundido ampliamente en la sociedad musulmana y se lo habría mencionado muchas veces en los libros de los eruditos musulmanes. Sin embargo, la realidad es que, antes de la publicación de la introducción de la traducción inglesa de George Sale (Hay un texto ilegible al final de la cuarta línea de la página 129******) los musulmanes ni siquiera sabían que tal Evangelio había existido alguna vez. Autores como al-Tabari, al-Ya‘qubi, al-Mas‘udi, al-Biruni, Ibn Hamza e Ibn Taymiyya poseían entre los musulmanes un conocimiento particularmente profundo de las escrituras cristianas. Sin embargo, en ninguna de sus obras se encuentra la menor alusión o indicio al Evangelio de Bernabé al tratar la doctrina cristiana. Los catálogos más fidedignos de los libros que se conservaban en las bibliotecas del mundo musulmán son el «Al-Fihrist» de Ibn al-Nadim y el «Kashf al-Zunun» de Hachí Jalifa. No obstante, tampoco en estos dos se hace mención alguna de él. Hasta el siglo XIX, ningún erudito musulmán llegó siquiera a pronunciar el nombre del Evangelio de Bernabé. La tercera y mayor prueba de que es falso es que el Evangelio de Bernabé figuraba en la lista de libros religiosos con creencias erróneas y engañosas elaborada durante el pontificado del papa Gelasio I, 75 años antes del nacimiento del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y cuya lectura fue prohibida mediante un decreto sacerdotal. Surge entonces la pregunta: si en aquella época se fabricó este Evangelio falso, ¿de dónde habían salido los musulmanes?

Nueve: ¿Qué es el Evangelio de Bernabé? Antes de citar las profecías de Jesús (la paz sea con él) sobre el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) tomadas del Evangelio de Bernabé, es necesario ofrecer una breve presentación de este Evangelio, para poder comprender su importancia y entender también por qué los cristianos sienten tanta aversión hacia él.

Ninguno de los autores de los cuatro Evangelios que fueron incluidos en la Biblia como legítimos y fiables era un discípulo de Jesús (la paz sea con él). Es más, ninguno de los autores de los Evangelios afirmó siquiera que hubiera recopilado la información de los discípulos de Jesús e incluido el libro sobre esa base. Tampoco explicaron de qué fuentes habían obtenido la información. Por ello, no se sabe si quienes les proporcionaron la información habían presenciado personalmente los hechos narrados y escuchado las palabras, o si estas les habían llegado por algún otro medio. En cambio, el autor del Evangelio de Bernabé dice: «Soy uno de los doce compañeros más antiguos de Jesús (la paz sea con él). Permanecí con él desde el principio hasta el final, y en este libro registro lo que escuché con mis propios oídos y vi con mis propios ojos». Y no solo eso. En la conclusión de la obra dice: «Al despedirse del mundo, Jesús (la paz sea con él) me dijo que era mi responsabilidad eliminar las confusiones que se habían creado entre la gente acerca de él e informarles de los hechos verdaderos».

¿Quién era este Bernabé? En los Hechos de los Apóstoles de la Biblia se menciona repetidamente a un hombre de este nombre, de ascendencia judía y originario de Chipre. Se elogia mucho su contribución a la propagación y difusión del cristianismo y a la ayuda y colaboración con los seguidores de Jesús (la paz sea con él). Sin embargo, en ninguna parte se dice cuándo aceptó el cristianismo, y su nombre tampoco aparece en la lista de los doce compañeros más antiguos que figura en los tres Evangelios. Por tanto, no es posible afirmar si el Bernabé de la Biblia fue el autor de este Evangelio o si lo fue otra persona. La lista de los doce compañeros presentada por Mateo y Marcos difiere de la lista de Bernabé en solo dos nombres. Uno de ellos es Tomás. En lugar de Bernabé, este puso su propio nombre. El segundo es Simón el Cananeo. En lugar de Bernabé, menciona el nombre de Judas, hijo de Jacob. Este segundo nombre también aparece en el Evangelio de Lucas. Por ello, no sería erróneo suponer que, en algún momento posterior, se introdujo el nombre de Tomás únicamente para eliminar a Bernabé de la lista de los doce compañeros. De este modo se facilitaría ignorar el Evangelio de Bernabé. En realidad, para los eruditos cristianos no era considerado un acto ilícito realizar semejantes alteraciones en los textos religiosos.

Si alguien lee el Evangelio de Bernabé con una mente libre de prejuicios y una actitud abierta, y lo compara con los cuatro Evangelios conocidos, no podrá evitar considerarlo muchas veces superior a ellos. En él se narra con mucho mayor detalle la vida de Jesús (la paz sea con él). Por la manera de narrarla, parece que alguien hubiera presenciado realmente todos los acontecimientos con sus propios ojos y hubiera estado personalmente involucrado de algún modo en ellos. En comparación con los relatos fragmentarios de los cuatro Evangelios, su descripción histórica está mucho más ordenada y sistematizada. Esto facilita aún más la comprensión de la relación entre los acontecimientos. Las enseñanzas de Jesús (la paz sea con él) también se presentan en este Evangelio de manera mucho más clara y conmovedora que en los otros cuatro. Las exposiciones sobre la enseñanza de la unicidad de Allah, la refutación del politeísmo, los atributos de Allah, la exhortación a la adoración y las nobles cualidades morales son aquí muy sólidas, razonadas y detalladas. De las parábolas instructivas en cuyo contexto Jesús (la paz sea con él) expuso estas enseñanzas, los otros cuatro Evangelios no contienen ni siquiera un uno por ciento. También se conoce con gran detalle, a partir de este Evangelio, con qué discernimiento y habilidad Jesús (la paz sea con él) enseñaba a sus discípulos la religión de Allah y les proporcionaba formación práctica. Quien tenga siquiera un mínimo conocimiento del lenguaje, el estilo narrativo y el carácter de Jesús (la paz sea con él) se verá obligado, al leer este Evangelio, a admitir que no se trata de un relato inventado por alguien posterior, sino que en él Jesús (la paz sea con él) muestra su verdadera naturaleza con mucha mayor claridad que en los cuatro Evangelios conocidos. Y las contradicciones que se observan entre las distintas declaraciones de Jesús en los cuatro Evangelios no tienen aquí ni rastro.

La manera en que en este Evangelio se narran la vida y las enseñanzas de Jesús (la paz sea con él) parece exactamente la vida y la enseñanza de un verdadero profeta. Él se presentó como profeta. Proclamó la veracidad de todos los profetas y libros anteriores y afirmó claramente que, aparte de las enseñanzas de los profetas, no existe otro camino para alcanzar la verdad. Quien ignora a los profetas, en realidad ignora a Dios. Predicó, al igual que todos los demás profetas, las mismas creencias acerca de la unicidad divina, la misión profética y la otra vida. Enseñó la oración, el ayuno y el zakat. De las repetidas descripciones que Bernabé hace de sus oraciones se sabe que, al igual que en nuestra época, rezaba en los momentos del fayr, zuhr, asr, magrib, isha y taháyyud, y siempre realizaba la ablución antes de la oración. Junto con los demás profetas, declaró profetas también a David (la paz sea con él) y Salomón (la paz sea con él). Sin embargo, judíos y cristianos han dejado a ambos fuera de la lista de los profetas. Según este Evangelio, reconoció a Ismael (la paz sea con él) como el dhabih —aquel que había sido dispuesto a ser degollado y ofrecido en sacrificio— y obligó a un erudito judío a admitir que el profeta Israel había recurrido inútilmente al engaño para declarar a Isaac (la paz sea con él) el dhabih. En realidad, fue Ismael (la paz sea con él) quien fue el dhabih. Las enseñanzas sobre la otra vida, la Resurrección y el Paraíso y el Infierno expresadas en este Evangelio se aproximan a las enseñanzas del Corán.

Décimo: ¿Por qué los cristianos se oponen al Evangelio de Bernabé?La frecuente presencia en el Evangelio de Bernabé de claras profecías sobre la venida del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él) no es la única razón por la que los cristianos llegaron a sentir aversión hacia él. Pues ya habían rechazado el Evangelio mucho antes del nacimiento del Honorable (la paz y las bendiciones sean con él). Para comprender cuál es la verdadera razón de su descontento con él, es necesario examinar el asunto con cierto detalle.

Los primeros seguidores de Jesús (la paz sea con él) lo aceptaban únicamente como profeta. Seguían el sistema legal (la sharía) traído por Moisés (la paz sea con él). En materia de creencias, culto y mandamientos y prohibiciones, no se consideraban separados de los demás hijos de Israel. Su única discrepancia con los judíos era que, además de aceptar a Jesús (la paz sea con él) como profeta, también lo reconocían como el Mesías (un profeta de rango especial). Pero los judíos no querían reconocerlo como Mesías. Más tarde, cuando San Pablo se incorporó a este grupo, comenzó a predicar esta religión también entre los romanos, los griegos y otros no judíos ni israelitas; con ese propósito, cambió las creencias, los mandamientos y los principios de la religión predicada por Jesús (la paz sea con él) y creó una religión completamente nueva. Este hombre nunca tuvo la compañía de Jesús (la paz sea con él); al contrario, durante su vida fue un acérrimo opositor suyo y, durante varios años después de su muerte, enemigo de sus compañeros. Luego, cuando entró en este grupo y empezó a crear una nueva religión, tampoco presentó ante la gente ninguna declaración de Jesús (la paz sea con él) como fundamento de ella. Tomó como base únicamente sus propias ideas e imaginaciones. El único propósito que perseguía al crear esta nueva religión era que fuera una religión que todos los no judíos del mundo aceptaran ampliamente. Declaró que los seguidores de Jesús (la paz sea con él) estaban libres de todos los mandamientos de la ley judía. En materia de alimentos y bebidas, abolió la distinción entre lo lícito y lo ilícito. Abolió la circuncisión, una práctica que los no judíos detestaban especialmente. Incluso decretó como deber de fe creer que Jesús (la paz sea con él) era una divinidad y el hijo de Dios, y que, al morir crucificado, había expiado el pecado original de toda la humanidad. Pues los politeístas suelen inclinarse precisamente hacia estas ideas. Los compañeros más antiguos de Jesús (la paz sea con él) se opusieron firmemente a estas ideas recién introducidas. Pero por la puerta que San Pablo abrió entró en el cristianismo, a través de ella, una enorme y poderosa corriente de cristianos no judíos. Aquel reducido número de personas no pudo contener de ningún modo tal corriente. Aun así, hasta finales del siglo III cristiano no era en absoluto pequeño el número de quienes no consideraban a Jesús (la paz sea con él) una divinidad. Sin embargo, a comienzos del siglo IV, el Concilio de Nicea (año 352 d. C.) convirtió en cristiano al imperio de San Pablo. Durante el reinado del César Teodosio, esta doctrina se convirtió en la religión oficial del imperio. Después de eso, era natural que se rechazaran todos los libros contrarios a la religión del Estado y que solo se aceptaran los libros que seguían esta doctrina. En el año 367 d. C., una carta de Atanasio (Athanasius) anunció por primera vez una lista de libros aceptados y reconocidos. Luego, en el año 382 d. C., un concilio presidido por el papa Dámaso (Damasius) aprobó esta lista. Posteriormente, hacia finales del siglo V, el papa Gelasio (Gelasius), al otorgar a esta lista su reconocimiento definitivo, anunció también una lista de libros rechazados. Sin embargo, ningún erudito cristiano ha podido afirmar jamás que Jesús (la paz sea con él) enseñara alguna de las creencias sobre cuya base se decidió qué escrituras religiosas eran aceptables y cuáles no, creencias que San Pablo había predicado. Incluso entre los Evangelios incluidos en las escrituras aceptadas, no se encuentra en ninguna de las palabras del propio Jesús (la paz sea con él) apoyo alguno a estas creencias. El Evangelio de Bernabé fue rechazado precisamente por oponerse a estas creencias oficiales del cristianismo. Su autor describe así, al comienzo mismo del libro, el propósito de su composición: «Refutar la falsa concepción de quienes, víctimas de los engaños de los demonios, llaman a Jesús hijo de Dios, y corregir también a quienes consideran innecesaria la circuncisión y declaran lícitos los alimentos prohibidos. San Pablo también es una de las principales víctimas de este engaño satánico». Bernabé dice que, durante la vida de Jesús (la paz sea con él), al ver sus milagros, algunos de los soldados romanos politeístas comenzaron a llamarlo dios y otros hijo de Dios. Gradualmente, esto se extendió por toda la comunidad de los hijos de Israel como una enfermedad contagiosa. Jesús (la paz sea con él) se indignó y se angustió profundamente por ello. Protestó repetida y enérgicamente contra esta falsa idea acerca de sí mismo. En diversos lugares, en vez de ir él personalmente, enviaba a sus discípulos; y, mediante su oración, los discípulos también realizaban milagros semejantes a los del propio Jesús (la paz sea con él). El propósito era impedir que la gente considerara dios o hijo de Dios a quien realizaba milagros. A este respecto, Bernabé cita los extensos discursos pronunciados por Jesús (la paz sea con él) contra aquella falsa creencia y expone en varios pasajes hasta qué punto se sentía perturbado por la propagación de esta confusión y extravío. Bernabé refuta claramente la doctrina que San Pablo predicó acerca de la muerte de Jesús (la paz sea con él) en la cruz. Al relatar los hechos que vio con sus propios ojos, dice que, cuando Judas Iscariote, tras aceptar un soborno del sumo sacerdote judío, llegó acompañado de soldados para entregar a Jesús (la paz sea con él), cuatro ángeles lo elevaron por orden de Dios. Al mismo tiempo, la apariencia y la voz del propio Judas Iscariote fueron transformadas para que fueran exactamente iguales a las de Jesús (la paz sea con él). Así, en lugar de Jesús (la paz sea con él), fue Judas quien fue crucificado. De este modo, el Evangelio de Bernabé destruye desde sus cimientos la religión cristiana construida por San Pablo y respalda plenamente el relato del Corán. Sin embargo, estas afirmaciones ya habían aparecido en el Evangelio de Bernabé ciento quince años antes de la revelación del Corán, y por esa misma razón fue rechazado por los sacerdotes cristianos.

Once: Las profecías detalladas del Evangelio de Bernabé:De este análisis queda claro que el Evangelio de Bernabé es, en realidad, un evangelio mucho más fiel y confiable que los cuatro Evangelios conocidos. En él se representa correctamente la enseñanza, la vida y las palabras de Jesús (la paz sea con él). Los cristianos recibieron mediante este Evangelio una oportunidad excepcional para corregir sus creencias erróneas y conocer las verdaderas enseñanzas de Jesús (la paz sea con él), pero la perdieron únicamente por obstinación y terquedad. En verdad, esto constituye su mayor desgracia. En cualquier caso, las profecías de Jesús (la paz sea con él) sobre el Mensajero de Allah (que Dios le bendiga y le conceda paz), transmitidas por Bernabé, son numerosas. En algunos lugares se menciona explícitamente el nombre del Profeta (que Dios le bendiga y le conceda paz); en otros, Jesús dice solamente «Mensajero de Allah»; en otros emplea la palabra «Mesías»; en algunos lo llama «Admirable»; y en otros pronuncia claramente una frase equivalente a «No hay divinidad sino Allah; Muhammad es el Mensajero de Allah». No me es posible citar todas estas profecías, pues son tan numerosas y, en algunos casos, están tan estrechamente vinculadas a distintos contextos y a las narraciones precedentes y posteriores, adquiriendo una extensión tan grande, que reunirlas todas podría formar un libro bastante voluminoso. Aquí cito solamente algunas como ejemplo:

«El número de profetas enviados por Allah fue de ciento cuarenta y cuatro mil. Todos ellos hablaron de manera breve y ambigua. Pero después de mí vendrá la luz de todos los profetas y de los justos. Él aclarará aquello que había sido ambiguo en las palabras de los profetas, pues es el Mensajero de Allah». —(Capítulo 17)

«Los fariseos y los levitas dijeron: “Si no eres el Mesías, Elías ni ningún otro profeta, ¿por qué enseñas una nueva doctrina y por qué te presentas como superior al Mesías?”. Jesús [Hazrat Jesús (la paz sea con él)] respondió: “Por los milagros que Allah manifiesta por medio de mí, queda claro que yo solo digo lo que Allah quiere. De lo contrario, no me considero digno de ser tenido por superior a él (el Mesías), como vosotros decís. Ni siquiera soy digno de desatar la correa de la sandalia o el cordón del zapato de aquel Mensajero de Allah a quien vosotros llamáis Mesías. Él fue creado antes que yo, aunque vendrá después de mí. Traerá la palabra verdadera, de modo que la expansión de su religión no tenga límite”». —(Capítulo 42).

«Os digo con toda certeza: todo profeta que ha venido hasta ahora nació como una manifestación de la misericordia de Allah para un solo pueblo. Por eso, el mensaje de esos profetas no se extendió más allá del pueblo al que fueron enviados. Pero cuando venga el Mensajero de Allah (que Dios le bendiga y le conceda paz), Allah, por así decirlo, lo sellará con Su propia mano. Así, mediante su enseñanza, llevará la misericordia de Allah a todos los pueblos del mundo que se vean influenciados por ella y les mostrará el camino de la salvación. Vendrá poderoso y dominante sobre quienes dan la espalda a Dios, y erradicará la idolatría de tal manera que Satanás se agitará». [Después, en una larga conversación con sus discípulos, Jesús (la paz sea con él) dice claramente que aparecerá entre los descendientes de Ismael (la paz sea con él)]. —(Capítulo 43).

«Por eso os digo que ese Mensajero de Allah será una luz resplandeciente, de la cual se alegrará cada criatura de Allah. Pues la inteligencia y el consejo, la sabiduría y la fuerza, el temor y el amor, la firmeza y la moderación serán los adornos de su carácter y la fuente de su inspiración. Será generoso y estará fortalecido por la fuerza vivificante de la misericordia, la justicia, el temor de Dios, la cortesía y la tolerancia. Allah le concederá estas cualidades en una medida triple de la que ha otorgado a las demás criaturas que ha adornado con ellas. No se puede expresar con palabras cuán bendita será la época de su aparición. Sabed con certeza que lo he visto y le he rendido homenaje, tal como todo profeta lo ha visto y le ha rendido homenaje. En cuanto Allah contempló su espíritu, le concedió la profecía. Cuando lo vi, mi alma se llenó de tranquilidad. Entonces dije: “¡Oh, Muhammad! Que Allah te ayude y me haga digno de atar los cordones de tu calzado, pues, aunque alcanzara solamente ese honor, sería considerado un gran profeta y uno de los justos de Allah”». —(Capítulo 44)

«No os aflijáis ni tengáis miedo por mi partida, pues yo no os he creado. Más bien, Dios, el Creador de todos nosotros —quien también os creó—, cuidará de vosotros. ¿Y os preocupa mi destino? He venido al mundo en este tiempo para allanar el camino al Mensajero de Dios, guía hacia la salvación de los habitantes del mundo. … Indiriyas dijo: “¡Oh, maestro! Indícanos sus señales para que podamos reconocerlo”. Jesús respondió: “No vendrá durante vuestra vida; vendrá algún tiempo después de vosotros. Llegará cuando, debido a la corrupción del Evangelio, apenas queden unos treinta creyentes. En esa situación, Allah tendrá misericordia del mundo. Enviará a Su Mensajero, sobre cuya cabeza una nube blanca proyectará su sombra; por medio de ella se reconocerá que es el siervo elegido de Allah. A través de él, los habitantes del mundo conocerán correctamente a Allah. Combatirá con gran poder a quienes dan la espalda a Dios y eliminará la idolatría del mundo. Me alegro mucho por ello, pues por medio de él se conocerá verdaderamente a nuestro Dios, se proclamará Su gloria y los habitantes del mundo sabrán que cuanto he dicho es verdadero y correcto. Él se vengará de quienes me consideren superior a los seres humanos. … Traerá una verdad más clara que la verdad presentada por todos los demás profetas”». —(Capítulo 72).

«El pacto con Allah se había establecido en Jerusalén, en el templo de Salomón, y no en ningún otro lugar. Pero creed en mis palabras: llegará un día en que Dios derramará Su misericordia sobre otra ciudad. Entonces será posible adorarlo correctamente en todas partes, y Allah, por Su gracia, aceptará en todas partes la oración verdadera. ……En realidad, he aparecido como un profeta salvador ante los descendientes de Israel, pero después de mí vendrá el Mesías enviado por Dios para todos los habitantes del mundo. Para él creó Dios este mundo entero. Entonces se adorará a Allah en todo el mundo y Su misericordia se derramará sobre él». —(Capítulo 83).

«(Yasu dijo al sumo sacerdote:) Juro por el Dios eterno, por quien estoy dispuesto a sacrificar mi vida: yo no soy el Mesías por el que esperan todas las naciones del mundo. Allah prometió a nuestro padre Abraham acerca de ese Mesías, diciendo: “Por medio de tu descendencia serán bendecidas todas las naciones del mundo”. (Génesis 22:18). Pero cuando Allah me lleve de este mundo, Satanás se rebelará nuevamente de tal manera que los malvados me reconocerán como Dios y como hijo de Dios. Por eso mis palabras y enseñanzas serán tan profundamente distorsionadas que será difícil que queden siquiera treinta creyentes. En ese momento Allah tendrá misericordia del mundo y enviará a aquel Mensajero para quien creó todas las cosas del mundo. Vendrá del sur con gran poder y destruirá los ídolos junto con sus adoradores. Arrebatará a los demonios el poder con el que Satanás se ha impuesto sobre los seres humanos. A quienes crean en él les traerá la gracia de Allah para su salvación. Afortunados serán quienes sigan sus palabras».—(Capítulo 16).

«El sumo sacerdote preguntó: “¿Vendrá algún otro profeta después de aquel Mensajero de Allah?”. Yasu respondió: “No vendrá ningún profeta verdadero. Sin embargo, vendrán muchos falsos profetas. Estoy muy preocupado por ello, porque, debido al justo juicio de Allah, Satanás los lanzará al campo y se esconderán detrás de mi Evangelio».—(Capítulo 17).

«El sumo sacerdote preguntó: “¿Con qué nombre será conocido ese Mesías y por qué señales se reconocerá su aparición?”. Yasu respondió: “El nombre de ese Mesías será ‘el Alabado’. Cuando Allah creó su alma, Él mismo le dio este nombre y le otorgó allí una dignidad supramundana. Entonces Allah le dijo: ‘¡Oh, Muhammad! Espera, pues por ti crearé el Paraíso, el mundo y muchas otras cosas, y te las regalaré. Después, quien desee el bien para ti recibirá el bien, y sobre quien te maldiga caerá la maldición. Cuando te envíe al mundo, te enviaré como profeta salvador. Tu palabra será la verdad. El cielo y la tierra no permanecerán firmes, pero tu religión permanecerá firme’. Su santo nombre es Muhammad».—(Capítulo 97).

Barnabás escribió que una vez Hazrat Isa (la paz sea con él) dijo a sus discípulos que uno de ellos, Judas Iscariote, lo vendería a sus enemigos por treinta monedas. Después, Hazrat Isa (la paz sea con él) dijo:

«Estoy seguro de que después matarán en mi nombre a quien me venda. Porque Allah me elevará por encima de la tierra y cambiará de tal manera el rostro de ese traidor que todos creerán que soy yo. Aun así, después de su muerte ignominiosa, durante algún tiempo se me seguirá difamando; pero cuando llegue el santo Mensajero de Allah, Muhammad, desaparecerá esa mala fama mía. Allah hará esto porque he proclamado la veracidad de ese Mesías. Me concederá como recompensa que la gente llegue a saber que estoy vivo y que no tengo ninguna relación con aquella muerte ignominiosa».—(Capítulo 113).

[Hazrat Isa (la paz sea con él) dijo a sus discípulos:] «Os digo con certeza que, si la verdad no hubiera sido borrada del Libro de Moisés, Allah no habría dado otro libro a nuestro padre David. Y si el libro de David no hubiera sido distorsionado, Allah no me habría dado el Evangelio. Porque nuestro Dios no cambia. Por eso ha dicho lo mismo a todos. Así pues, cuando venga el Mensajero de Allah, purificará mi Libro, contaminado por personas que se han apartado de Dios».—(Capítulo 124).

Dos respuestas a las objeciones

En estas profecías claras y detalladas hay solo tres elementos que, a primera vista, suscitan ciertas dudas. En primer lugar, en estas citas y en muchos otros pasajes del Evangelio de Bernabé, Hazrat Isa (la paz sea con él) ha negado ser el Mesías. En segundo lugar, no solo en estas citas, sino también en muchos otros lugares del Evangelio de Bernabé, se ha escrito el verdadero nombre árabe del Mensajero de Allah, «Muhammad» (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Sin embargo, no es costumbre de los profetas mencionar el nombre real de un profeta futuro al profetizar sobre él. En tercer lugar, aquí se denomina al Mensajero de Allah «el Alabado».

La respuesta a la primera duda es que no solo en el Evangelio de Bernabé, sino también en el Evangelio de Lucas, se menciona que Hazrat Isa (la paz sea con él) prohibió a sus discípulos llamarlo Mesías. Es digno de atención la siguiente cita de Lucas (9:20-21):

«Él les dijo: “Pero vosotros, ¿quién decís que soy?”. Pedro respondió: “El Mesías de Allah”. Entonces les ordenó severamente que no dijeran esto a nadie».

La razón quizá fuera que los Hijos de Israel esperaban a un Mesías del que creían que derrotaría a los enemigos por el poder de la espada. Por eso Hazrat Isa (la paz sea con él) dijo: «Yo no soy ese Mesías; él vendrá después de mí».

La respuesta a la segunda duda es que, en la traducción italiana del Evangelio de Bernabé que actualmente se encuentra en el mundo, ciertamente aparece escrito el nombre de Hazrat (la paz y las bendiciones sean con él) como Muhammad. Sin embargo, nadie sabe de qué lenguas llegó este libro al italiano, pasando por una traducción tras otra. No hace falta decir que el Evangelio original de Bernabé debió estar en lengua siríaca, pues esa era la lengua de Hazrat Isa (la paz sea con él) y de sus compañeros. Si se encontrara ese libro original, se podría comprobar qué nombre de Hazrat (la paz y las bendiciones sean con él) aparecía escrito en él. Puesto que no se encuentra, solo puede suponerse que, en realidad, Hazrat Isa (la paz sea con él) quizá utilizó precisamente la palabra «Munhamanna». En el relato de Ibn Ishaq tomado del Evangelio de Juan, que citamos anteriormente, también aparece mencionada esta misma palabra. Después de que Hazrat Isa (la paz sea con él) utilizara la palabra Munhamanna, diversos traductores la tradujeron. Y, al considerar que el nombre del futuro profeta mencionado en la profecía correspondía exactamente a la palabra «Muhammad», algún traductor posterior quizá escribió ese mismo nombre. Sin embargo, el hecho de que este nombre aparezca claramente escrito no permite sospechar que todo el Evangelio de Bernabé sea una obra inventada por algún musulmán.

La respuesta a la tercera duda es que la palabra «Mesías» es un término israelita. La razón por la que en el Sagrado Corán se utiliza específicamente como nombre de Hazrat Isa (la paz sea con él) es simplemente que los judíos no lo reconocían como «Mesías». De lo contrario, tampoco es un término coránico, ni se utiliza en ninguna parte del Corán como sinónimo del término israelita. Por tanto, si Hazrat Isa (la paz sea con él) utilizó la palabra Mesías para referirse al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él), y en el Corán no se empleó de ese modo, ello no significa que el Evangelio de Bernabé atribuya a Hazrat (la paz y las bendiciones sean con él) un calificativo que el Corán rechaza. En realidad, la antigua costumbre de los Hijos de Israel era que, cuando algo o alguien era destinado a un propósito religioso o espiritual, se lo consagraba untando aceite sobre ese objeto o sobre la cabeza de esa persona. En hebreo, esta unción se llamaba «mashaj», y aquel sobre quien se realizaba era llamado «Mesías». De este modo se ungían los objetos necesarios del lugar de culto y se los consagraba para el lugar de culto. También se hacía esta «mashaj» cuando se nombraba a los sacerdotes para el servicio sacerdotal. Asimismo, cuando un rey o un profeta era designado por Allah para el cargo de rey o de profeta, se lo ungía. Según el relato de la Biblia, entre los Hijos de Israel aparecieron varios «Mesías». Hazrat Aarón (la paz sea con él) fue Mesías como sacerdote. Hazrat Moisés (la paz sea con él), como sacerdote y profeta; Saúl, como rey; Hazrat David (la paz sea con él), como rey y profeta; Melquisedec, como rey y sacerdote; y Hazrat Al-Yasa, como profeta, fueron Mesías. Más tarde, sin embargo, ya no era obligatorio ungir a alguien para nombrarlo. Bastaba con ser elegido por Allah para ser Mesías. Por ejemplo, en el capítulo 19 del Segundo Libro de los Reyes se menciona que Allah ordenó a Hazrat Elías (la paz sea con él) ungir a Hazael para que fuera rey de Aram, ungir a Jehú, hijo de Nimsi, para que fuera rey de Israel, y ungir a Al-Yasa para que fuera profeta en su lugar. No se ungió la cabeza de ninguno de ellos. La unción se había realizado simplemente al anunciar la decisión de Allah de nombrarlos. Así pues, según la concepción de los israelitas, «Mesías» es, en realidad, sinónimo de «designado por Allah». En este sentido Hazrat Isa (la paz sea con él) llamó Mesías al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él). (Para una explicación del significado israelita de la palabra Mesías, véase la Encyclopaedia of Biblical Literature, entrada «Messiah».)

Capítulo: 4— Líder mundial

Líder mundial

(La herencia universal de todo el mundo)

-[Este es un discurso radiofónico. Fue transmitido por All India Radio en 1941, varios años antes de la partición del país. Los oyentes de este discurso no eran únicamente musulmanes. También había hindúes, sikhs, cristianos y parsis.—(Los compiladores)]

Los musulmanes llamamos a Hazrat Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) líder del mundo. En palabras sencillas, esto significa señor del mundo. En hindi se traduciría como maestro del mundo. En inglés, Leader of the world. A primera vista, este parece un título enorme. Sin embargo, las obras del gran hombre a quien se le concedió este título son realmente tales que llamarlo líder del mundo no sería en absoluto una exageración. Más bien, sería exactamente la verdad.

Considérese que la primera condición para aceptar a una persona como líder del mundo es que haya trabajado no para el bienestar de una nación, raza o clase particular, sino para el bienestar de toda la humanidad. Puede usted rendir a un líder patriota o nacionalista todo el respeto que desee porque ha servido a su propia nación; pero, si usted no pertenece a su país o a su nación, de ningún modo puede ser su líder. ¿Qué relación puede tener con un habitante de la India una persona cuyo amor, buenos deseos y todas sus actividades de bienestar público se limitan únicamente desde China hasta España, para que este lo acepte como líder? Si considera superior a su propia nación frente a las demás, los habitantes de las otras naciones se verán obligados a odiarlo. Los habitantes de todas las naciones pueden aceptar a una persona como su propio líder únicamente cuando esta considera por igual a todos los seres humanos y a todas las naciones, desea por igual el bienestar de todos y, por afán de beneficiar, no da preferencia en modo alguno a una nación sobre otra.

La segunda condición para ser líder de toda la humanidad es que los ideales y principios fundamentales que él propone sirvan de guía a todos los seres humanos del mundo y contengan la solución a todos los problemas importantes de la vida humana. La palabra líder significa precisamente guía o director. Se necesita un líder para que muestre qué camino conduce al bienestar y al bien. Por tanto, solo puede ser líder del mundo quien sea capaz de mostrar a toda la humanidad el camino hacia el bienestar de todos.

La tercera condición indispensable para ser líder del mundo es que su orientación no esté confinada a los límites de un tiempo o una época determinados, sino que conserve la misma utilidad y validez en todas las circunstancias y en todas las épocas, que demuestre ser igualmente exacta y correcta y que sea igualmente digna de imitación. No se puede llamar líder del mundo a un líder cuyo liderazgo sea útil en una época e inútil en otra, vigente en un momento y obsoleto en otro. Solo puede ser líder del mundo aquel cuyo liderazgo seguirá siendo eficaz mientras exista el universo.

La cuarta condición, y la más importante, es que no se limite a presentar ideales, sino que demuestre su aplicación en la vida real y construya sobre esa base una sociedad viva y despierta. Quien cumple su deber únicamente mediante ideales puede ser, a lo sumo, un pensador; no puede ser un líder. Para ser líder es indispensable demostrar la realización práctica de los ideales.

Veamos ahora hasta qué punto se cumplen estas cuatro condiciones en la persona a la que llamamos líder del mundo:

Piense primero en la primera condición. Al leer la biografía de Hazrat Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), se comprende de inmediato que no es la biografía de un nacionalista ni de un patriota, sino la de un amante de la humanidad y un expositor de una doctrina universal. A sus ojos, todos los seres humanos eran iguales. No se preocupaba por los intereses particulares de una determinada estirpe, clase, nación, raza o país. No admitía ninguna distinción entre ricos y pobres, grandes y pequeños, blancos y negros, árabes y no árabes, orientales y occidentales, arios y no arios. Consideraba a todos ellos miembros de una misma humanidad. En toda su vida nadie oyó de sus labios una sola palabra o frase, ni vio que realizara una sola acción, que pudiera suscitar la sospecha de que, en vez de estar estrechamente vinculado a los intereses de toda la humanidad, lo estuviera a los de una clase humana particular. Por eso, ya durante su vida, junto con los árabes, abisinios, iraníes, romanos, egipcios e israelitas se convirtieron también en sus colaboradores y compañeros de trabajo. Y después de su fallecimiento, en todas las regiones del mundo, personas de cada raza y comunidad lo aceptaron como su propio líder, como si perteneciera a su misma nación. Gracias a ese humanismo puro, todavía hoy se puede oír incluso de labios de un habitante de la lejana India—[Cabe señalar que, cuando se transmitió el discurso, la India aún no estaba dividida.—(Los compiladores)]—elogiar a aquel hombre nacido en Arabia hace más de mil años.

Examinemos ahora conjuntamente la segunda y la tercera condición. Muhammad (la paz sea con él) no desperdició su tiempo tratando los problemas temporales y regionales de determinadas naciones y países. En su lugar, dedicó todas sus fuerzas a resolver el mayor problema de la humanidad en el mundo. Pues, una vez resuelto ese gran problema, todos los pequeños problemas de los seres humanos se solucionan por sí mismos. Ese gran problema es el siguiente:

«La dirección y administración del universo se rigen, en realidad, por un determinado principio; del mismo modo, la dirección y administración de la vida humana deberían regirse exactamente por ese mismo principio. Pues el ser humano es una parte del universo; si actúa contra el conjunto, el desastre y el caos se vuelven inevitables».

La manera más sencilla de comprender bien esta cuestión consiste en ampliar un poco la propia perspectiva e intentar salir de los límites del espacio y del tiempo. Hay que contemplar imaginariamente la Tierra en su totalidad y pensar que todos los seres humanos que han vivido en el mundo desde el comienzo de la creación hasta hoy, y que vivirán en el futuro por toda la eternidad, se encuentran ante nuestros ojos. Después hay que reflexionar sobre cuál es, y cuál puede ser, la causa fundamental de todas las calamidades y desastres que sobrevienen o pueden sobrevenir en la vida humana. Cuanto más se medite sobre esta cuestión y cuanto más análisis, reflexión e investigación se realicen, solo se obtendrá una respuesta.

La respuesta es:

«La rebelión y desobediencia del ser humano contra el Creador son la causa fundamental de todas las calamidades, desgracias, desastres y caos».

Porque, después de desobedecer al Creador, el ser humano tiene ante sí dos caminos. No puede dejar de escoger uno de ellos. O bien, considerándose autónomo e irresponsable, hace lo que le place y, por ello, se convierte en un opresor; o bien obedece a fuerzas distintas del Creador, y de este modo surgen en el mundo innumerables formas de desastre, caos y anarquía. ¿Por qué en ambos casos se producen consecuencias tan nefastas? La respuesta simple y clara es que, puesto que actuar así va contra la realidad, sus malas consecuencias aparecen inevitablemente. Este universo es, en realidad, el reino de Dios. Él es el dueño de la tierra, el sol, la luna, el aire, el agua y la luz: de todo. El ser humano es súbdito y siervo nato en este reino de Dios (Born Subject). Aunque forma parte del orden por el que se rige todo este reino, si actúa contra ese orden, las consecuencias destructivas de su conducta son inevitables. Si cree que no existe ninguna autoridad sobre él y que no es responsable ante nadie, esa creencia será contraria a la realidad. Por eso, cuando actúa arbitrariamente y sin responsabilidad, y decide por sí mismo según qué reglas conducirá su vida, el resultado se manifiesta inevitablemente de forma negativa. Del mismo modo, reconocer como poderoso y autoritario a alguien distinto del Creador, temerle o desear obtener algún beneficio de él, y postrarse ante su dominio y autoridad, también es contrario a la verdad. Pues, en realidad, nadie salvo el Creador posee ese rango. Por tanto, el resultado de todo ello también es venenoso. El ser humano debe inclinarse ante la verdadera autoridad establecida sobre toda la Tierra, sacrificar ante ella su ego y su individualidad, reservarle exclusivamente la obediencia y la servidumbre, y, en lugar de elaborar por sí mismo los principios y normas de su vida o aceptar los elaborados por otros, recibirlos del Dueño de esa autoridad.

Para la vida humana, Muhammad (la paz sea con él) presentó precisamente esta propuesta de reforma fundamental. En este mundo libre de las ataduras de Oriente y Occidente, allí donde habitan seres humanos, esta única propuesta reformadora puede corregir todas las actividades defectuosas y desordenadas de su vida. Esta propuesta también está libre de las ataduras del pasado y del futuro. Hace mil quinientos años era tan pura y eficaz como lo es hoy, y seguirá siéndolo dentro de diez mil años.

Queda ahora la última condición. Es un hecho histórico que Muhammad (la paz sea con él) no se limitó a presentar el esbozo de un ideal imaginario, sino que demostró su viabilidad estableciendo una sociedad viva sobre la base de ese modelo. En el breve período de veintitrés años, inspiró a millones de personas a someterse y obedecer a la autoridad de Dios. Las liberó de la servidumbre de sus propios deseos y de la obediencia a entidades distintas de Dios. Después las organizó y fundó, sobre la base de la obediencia y servidumbre exclusivas a Dios, un nuevo sistema moral, social, económico y estatal. De este modo, mostró a toda la humanidad, mediante un proceso práctico, cuánto mejor, más puro y más justo es el modo de vida conforme a los principios y al programa que él proporcionó.

Esta es la grandiosa contribución del Profeta Muhammad (la paz sea con él). Precisamente porque dejó esta contribución, lo consideramos un líder mundial o el señor de todo el mundo. Su contribución no estaba destinada a ninguna nación en particular, sino que era la herencia colectiva de toda la humanidad. En ella, el derecho de nadie es menor ni mayor que el de los demás. Cualquiera puede beneficiarse de esta herencia. No entiendo qué razón podría tener alguien para albergar hostilidad contra ella.

La verdadera contribución del Señor del universo

-[Este fue un discurso radiofónico transmitido por Radio Pakistán en 1948, después de la partición del país.]

Todo el mundo sabe que el Profeta universal, el venerable Muhammad (la paz sea con él), fue uno de los miembros del grupo elegido por Allah que, desde los tiempos más remotos, ha aparecido generación tras generación para enseñar a la humanidad la adoración de Allah, la obediencia a Él y el buen carácter. La enseñanza de la obediencia y servidumbre al Dios único, así como de llevar una vida moral intachable, que los profetas y sabios de todas las épocas han impartido siempre al mundo, fue también la enseñanza del venerable (la paz sea con él). No presentó ninguna teoría novedosa acerca de Dios, ni impartió una enseñanza novedosa sobre el carácter que se apartara de la enseñanza moral de los profetas anteriores. Puesto que no hizo eso, surge naturalmente la pregunta: ¿cuál fue entonces su verdadera contribución, por la que lo proclamamos el ser humano más grande de la historia? La respuesta es que, antes del Profeta Muhammad, la gente conocía ciertamente la existencia y la unicidad de Dios. Sin embargo, no sabía cuál era la relación entre esta doctrina filosófica y el carácter humano. En aquella época, tampoco conocía los principios fundamentales del buen carácter. La gente estaba familiarizada con los principios superiores del carácter, pero nadie sabía bien cómo debían aplicarse y hacerse realidad en los diversos ámbitos de la vida. La fe en Allah, los principios morales y la vida práctica del ser humano eran tres cosas completamente separadas. No existía entre ellas ningún vínculo científico, ninguna relación estrecha ni ninguna conexión eficaz. El venerable Muhammad (la paz sea con él) integró estas tres cosas en un único sistema. Mediante su combinación, construyó una civilización y una cultura completas. No limitó el esquema de esa civilización y cultura al mundo de la imaginación, sino que también lo estableció en el mundo real.

La fe es una fuerza que impulsa a la acción

El Profeta Muhammad dice: La fe en Allah no consiste simplemente en aceptar una doctrina filosófica; por su propia naturaleza originaria, esa fe exige naturalmente un tipo particular de carácter. Este carácter debe reflejarse en la conducta de la vida práctica del ser humano. La fe es como una semilla. En cuanto esa semilla germina en el corazón de una persona, por el impulso de su propia naturaleza comienza a hacer crecer el árbol de un modo de vida activo de determinada índole. Desde el tronco de ese árbol hasta cada una de sus ramas, ramitas, hojas y brotes circula la savia vital que emana de aquella semilla. Del mismo modo que es imposible que de plantar un hueso de mango en la tierra crezca un limonero, tampoco es posible sembrar en el corazón humano la semilla de la servidumbre a Allah y que de ella surja una vida materialista corrompida por la falta de carácter. El carácter que nace de la obediencia y servidumbre a Allah no puede ser igual al carácter que se forma a partir del politeísmo, el ateísmo o el ascetismo. La disposición, la naturaleza y el temperamento de estas concepciones sobre la vida humana son completamente diferentes. La naturaleza de cada una exige un tipo de carácter distinto del de las demás.

El carácter de la devoción a Dios para toda la vida

El carácter que nace de la obediencia a Dios no está reservado únicamente a una clase particular de santos y ascetas, de modo que solo pueda manifestarse en una khanqah o en una celda apartada de meditación y penitencia; por el contrario, es necesario que ese carácter se aplique ampliamente a toda la vida humana y a cada uno de sus ámbitos. Si un comerciante es devoto de Dios, no hay razón para que en sus negocios no se manifieste un carácter guiado por el temor de Dios. Si un juez es devoto de Dios, y si un agente de policía es devoto de Dios, no cabe esperar que el primero manifieste un carácter alejado de Dios en la sala del tribunal, ni que el segundo lo manifieste en la comisaría o el puesto policial. Del mismo modo, si una nación es temerosa de Dios y amante de Dios, es natural que en su vida urbana o municipal, en sus actividades estatales, en la política internacional, en la guerra y en la paz se manifieste un carácter de obediencia a Dios. De lo contrario, la fe de esa nación en Allah no tendría ningún sentido.

La enseñanza del profeta Muhammad (s. a.)

Ahora bien, qué tipo de carácter exige la devoción a Dios y cómo puede manifestarse esa moralidad en la vida práctica de las personas y en sus concepciones individuales y sociales es un tema tan amplio que no es posible expresarlo en una exposición breve. Sin embargo, citaré, a modo de ejemplo, algunas palabras del Profeta (s. a.). Estas palabras permitirán comprender qué hermosa armonía existe, en el sistema de vida que el Profeta (s. a.) nos legó, entre la fe, las obras y el carácter moral. El Profeta (s. a.) dijo:

(Árabe******************************************en la página 146 del PDF)

«La fe tiene muchas ramas. Su fundamento es no reconocer como divinidad a nadie fuera de Alá. Y su última rama es retirar del camino aquello que causa daño. Y la modestia también es una de las ramas de la fe».

(Árabe******)«La pureza del cuerpo y de la vestimenta es la mitad de la fe».

 

(Árabe******************************************en la página 146 del PDF)

«El creyente es aquel de quien la gente no tiene nada que temer respecto de sus vidas ni de sus bienes».

 

(Árabe******************************************en la página 146 del PDF)

«Quien carece de honestidad y fidelidad no tiene fe, y quien no cumple sus promesas no tiene religión».

 

(Árabe******************************************en la página 146 del PDF)

«Cuando te alegres por una buena obra y sientas remordimiento por una mala obra, entonces sabrás que eres creyente».

 

(Árabe*********)La paciencia y la generosidad son consideradas fe».

(Árabe******************************************en la página 147 del PDF)

«La fe más excelente consiste en que tu enemistad y tu amistad sean por Allah, que el nombre de Allah esté continuamente en tus labios y que desees para los demás lo mismo que deseas para ti. Y que rechaces para los demás lo mismo que rechazas para ti».

(Árabe******************************************en la página 147 del PDF)

«La fe más completa entre los creyentes pertenece a quien tiene el mejor carácter y trata mejor a su familia».

(Árabe******************************************en la página 147 del PDF)

«Quien crea en Allah y en el Último Día debe honrar a su huésped y no causar daño a su vecino. Y si tiene que decir algo, que diga algo bueno o que guarde silencio».

(Árabe******************************************en la página 147 del PDF)

«El creyente nunca es calumniador ni maldiciente, ni obsceno ni grosero».

(Árabe******************************************en la página 147 del PDF)

«Un creyente puede ser cualquier cosa, pero no puede ser malversador ni mentiroso».

(Árabe******************************************en la página 147 del PDF)

«¡Por Allah, no es creyente! ¡Por Allah, no es creyente! Aquel de cuyo daño su vecino no está a salvo».

(En árabe******************************************página 147)

«No es creyente quien se llena el estómago mientras su vecino pasa hambre».

(En árabe******************************************página 147)

«A quien, a pesar de tener la capacidad de satisfacer su ira, la contiene, Allah le llena el corazón de fe y tranquilidad».

(En árabe******************************************página 147)

«Quien reza para que lo vean comete politeísmo; quien ayuna para que lo vean comete politeísmo; y quien da caridad para que lo vean también comete politeísmo».

(En árabe******************************************página 148)

«Quien posee cuatro defectos es un hipócrita completo: traiciona los bienes confiados, miente al hablar, rompe su promesa cuando promete y excede los límites al discutir».

(en la página 148 del PDF)

«Dar falso testimonio es un pecado tan grave que llega a aproximarse al politeísmo».

(en la página 148 del PDF)

«El verdadero muyahid es quien lucha contra sus propios deseos para mantenerse obediente a Allah. Y el verdadero muháyir es quien abandona las cosas que Allah ha prohibido».

(en la página 148 del PDF)

«¿Sabéis quiénes ocuparán primero un lugar bajo la sombra de Allah el Día de la Resurrección? Los oyentes respondieron: “Allah y el Mensajero de Allah saben mejor”. Entonces el Honorable (la paz sea con él) dijo: “Aquellos que, cuando se les presenta la verdad, la aceptan; cuando se reclama un derecho, lo entregan de buen grado; y que juzgan a los demás del mismo modo en que juzgarían respecto de sí mismos”».

(en la página 148 del PDF)

«Si me garantizáis seis cosas, yo os garantizaré el Paraíso: cuando habléis, diréis la verdad; cuando hagáis una promesa, la cumpliréis; si se os confía algo, cumpliréis con esa confianza; os mantendréis alejados del adulterio; protegeréis vuestra mirada de lo ilícito; y os abstendréis de la injusticia».

(Árabe******************************************PDF, página 148)

«El embustero, el avaro y quien, después de dar caridad, alardea de ello no podrán entrar en el Paraíso».

(Árabe******************************************PDF, página 148)

«La carne formada a partir de alimento ilícito no entrará en el Paraíso. Para quien se ha nutrido de alimento ilícito, el fuego, es decir, el Infierno, es lo apropiado».

(Árabe******************************************PDF, página 149)

«Quien vende un artículo defectuoso y no informa al comprador de su defecto tiene sobre sí la ira de Allah, y los ángeles continúan maldiciéndolo».

(Árabe******************************************PDF, página 149)

«Aunque una persona viviera repetidas veces y fuera martirizada repetidas veces en el camino de Allah, no podrá entrar en el Paraíso si no salda su deuda».

(En la página 149 del PDF, en árabe)

«Sea hombre o mujer, aunque pase sesenta años de su vida obedeciendo a Alá, si, al acercarse la muerte, hace un testamento que perjudica el derecho de alguien, es inevitable que ambos entren en el Infierno».

(En la página 149 del PDF, en árabe)

«Quienes tratan mal a sus subordinados no entrarán en el Paraíso».

(Árabe******************************************en el PDF, página 149)

«¿Sabes qué obra es mejor que el ayuno, la oración y la caridad? Es resolver las disputas mutuas. Y deteriorar las relaciones mutuas es una acción tan grave que, por ella, todas las buenas obras de una persona quedan destruidas».

(Árabe******************************************en el PDF, página 149)

«En verdad, el indigente es aquel que, el Día de la Resurrección, traerá consigo abundantes oraciones, ayunos y limosnas, pero también habrá insultado a alguien, calumniado a otro, usurpado los bienes de alguien, derramado la sangre de otro o golpeado a alguien. Entonces Alá distribuye una por una sus buenas obras entre esos oprimidos. Y como aun así su deuda no queda saldada, sus pecados son cargados sobre él y es arrojado al Infierno».

(Árabe******************************************en la página 149)

«Nadie será privado de la salvación, si no tranquiliza su conciencia mediante una justificación razonable de las malas acciones».

(Árabe******************************************en la página 150)

«Maldito sea el comerciante que retiene las mercancías para hacer subir los precios».

(Árabe******************************************en la página 150)

«Quien retiene alimentos durante cuarenta días con la esperanza de que suban de precio no tendrá ninguna relación con Allah».

(Árabe******************************************en la página 150)

«Si alguien, después de retener alimentos durante cuarenta días, los dona, aun así no se le perdonará el pecado de haberlos retenido.

Se presentan algunas de las numerosas declaraciones del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). De ellas puede comprenderse cómo Su Eminencia (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estableció la relación entre la fe y el carácter, y entre el carácter y todos los ámbitos de la vida. Todo lector de historia sabe que estas declaraciones de Su Eminencia (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no eran meras palabras, sino que, en el mundo real, estableció sobre esa misma base todo el sistema cultural y político de un país entero. Esta es su gran contribución, por la cual es el mayor líder de la humanidad.

Capítulo 5: El sello de la profecía

El significado y la demostración racional del sello de la profecía

 

La interpretación correcta del sello de la profecía

Mientras la civilización y la cultura humanas no habían alcanzado un nivel que permitiera difundir ampliamente entre todos el mensaje de algún profeta, ni había surgido un grupo humano capaz de preservar el mensaje del profeta, sus enseñanzas y su modelo moral, y de difundirlos por todas las regiones del mundo, la sucesión de la profecía continuó. Se siguieron enviando profetas a los distintos países y pueblos. Pero cuando, por un lado, la civilización y la cultura humanas alcanzaron un desarrollo suficiente, gracias al cual el mensaje de un profeta pudo adquirir un alcance mundial, y, por otro, se organizó un grupo humano receptor de la guía verdadera que adquirió la capacidad de preservar sin alteración el Libro de Allah, la vida del profeta portador del Libro y su liderazgo integral y eficaz, entonces dejó de ser necesario enviar otro profeta para cumplir la misión de la profecía. (Quienes, al explicar el sello de la profecía, sostienen que ya no es necesario para el conocimiento humano, en realidad menosprecian la sucesión de la profecía y la atacan. El significado de esta interpretación sería que la guía del profeta solo es necesaria hasta cierto nivel de conocimiento, y que después el ser humano ya no depende del liderazgo del profeta. —El autor)

Las circunstancias especiales de la época anterior al Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)

Al principio, cada pueblo recibía profetas distintos. Sus enseñanzas se limitaban a su propio pueblo. La razón era que, en aquella época, los diversos pueblos del mundo estaban separados unos de otros. No tenían mucho contacto entre sí. Cada pueblo parecía estar encerrado dentro de las fronteras de su propia patria. En esas condiciones, era difícil que una enseñanza común se extendiera entre todos los pueblos. Además, las circunstancias de los distintos pueblos eran completamente diferentes. La ignorancia era muy extendida. Debido a ella, los defectos que habían surgido en las creencias y en el carácter adoptaban formas distintas en los diferentes lugares. Por eso era necesario que los profetas de Allah ofrecieran a cada pueblo una enseñanza y una guía particulares, que eliminaran gradualmente los pensamientos erróneos y difundieran los correctos, que abandonaran los métodos de la jahiliyyah y les enseñaran poco a poco a seguir leyes de un nivel más elevado, y que los formaran exactamente como se educa y se cuida a los niños hasta que crecen. Solo Allah sabe cuántos miles de años transcurrieron educando así a los pueblos. Sin embargo, con el progreso gradual llegó un día en que la humanidad, tras superar la etapa de la infancia, alcanzó la edad de la madurez. Al desarrollarse el comercio, la industria y la artesanía, también se establecieron relaciones mutuas entre los pueblos. Comenzaron los viajes marítimos y terrestres desde China y Japón hasta las remotas tierras de Europa y África. La mayoría de los pueblos adoptó el uso del alfabeto. El conocimiento y la ciencia se expandieron, y comenzó el intercambio de ideas y saberes entre los distintos pueblos. Nacieron grandes guerreros conquistadores. Fundaron vastos imperios y sometieron varios países y pueblos a un único sistema político. De este modo, la separación, la distancia y el aislamiento que existían entre las antiguas ramas de la humanidad fueron reduciéndose gradualmente. Entonces se crearon las condiciones para enviar al mundo entero una enseñanza única del islam y una única sharía. Hace dos mil quinientos años, la situación de la humanidad había progresado tanto que ella misma esperaba una religión única, adecuada para todos. Aunque el budismo no era una religión completa y solo contenía unas cuantas normas morales, aun así cruzó las fronteras de la India y se extendió, por un lado, hasta China, Mongolia y Japón, y, por otro, hasta Afganistán y Bujará. Los propagadores del budismo llegaron a países muy lejanos mientras difundían esta religión. Varios siglos después apareció el cristianismo. Aunque Jesús (la paz sea con él) trajo las enseñanzas del islam, después de su desaparición se creó una religión mutilada y deformada bajo el nombre de cristianismo. Los cristianos difundieron esta religión desde Irán hasta las regiones más remotas de Europa. Estos acontecimientos muestran claramente que el mundo de aquella época esperaba espontáneamente una religión universal. Se había preparado hasta tal punto que, aunque todavía no había encontrado una religión completa e incorrupta, comenzó a difundir entre la humanidad aquellas religiones inmaduras e incompletas.

La perfección de la religión y el sello de la profecía

En ese momento, un profeta, es decir, Hazrat Muhammad (saw), fue enviado a la tierra árabe para todo el mundo y para toda la humanidad; se le confió la responsabilidad de impartir las enseñanzas completas del islam y la ley plena, y de difundirlas por todo el mundo.

Por eso, sin duda, en la época actual no existe otro medio para conocer el camino verdadero y sencillo del islam aparte de las enseñanzas de Muhammad (saw) y del Noble Corán. Muhammad (saw) es el profeta de Alá para toda la humanidad. La sucesión o cadena de los profetas ha sido sellada con él. Todo el conjunto de instrucciones y leyes que el Altísimo Alá quería otorgar a la humanidad lo envió por medio de este último profeta suyo. Ahora, creer en este último profeta de Alá es indispensable para toda persona que busque la verdad y desee convertirse en un siervo obediente de Alá. Cumplir las enseñanzas que impartió y seguir el método que enseñó forman parte de sus deberes esenciales.

Pruebas del sello de la profecía

Para quien comprende el significado de la profecía, no es en absoluto difícil entender que un profeta no nace todos los días y que tampoco es indispensable que haya siempre un profeta entre cada pueblo. La vida de las enseñanzas y la guía del profeta es la propia vida del profeta. Mientras sus enseñanzas y su guía permanezcan vivas, su profecía continúa. La época de los profetas anteriores ha terminado, porque la gente distorsionó las enseñanzas que ellos impartieron. Ninguno de los libros que trajeron existe hoy en su estado original. Sus seguidores tampoco pueden afirmar hoy que poseen, en su forma original e inalterada, el libro que trajo su profeta. También han olvidado las biografías de sus propios profetas. En ninguna parte se encuentran hoy relatos exactos y fiables de la vida de ninguno de los profetas anteriores. Ni siquiera puede afirmarse con certeza en qué época nacieron, dónde nacieron o qué hicieron. Tampoco puede determinarse con certeza dónde vivieron ni qué hicieron. Asimismo, no se sabe con certeza dónde vivieron, qué enseñaron ni de qué palabras y actos intentaron apartar a la gente. Pero la época de la profecía de Muhammad (saw) continúa todavía, porque sus enseñanzas y su guía permanecen vivas. El Corán que él trajo existe en una forma inalterada, con sus palabras originales. No se ha cambiado ni una sola letra en él; ni siquiera se ha alterado un solo punto ni una sola vocalización. Los acontecimientos de su vida, sus palabras y sus actos, todo se ha conservado fielmente. Han transcurrido ya mil cuatrocientos años, pero en la historia todo ello aparece todavía con tanta claridad y viveza que parece que vemos con nuestros propios ojos a Hazrat Muhammad (saw). La vida de ninguna persona en el mundo se ha conservado tanto como la del Noble Mensajero (saw). En cada asunto de nuestra vida podemos aprender siempre de la vida del Noble Mensajero (saw). Esta es la mayor prueba de que, después del Noble Mensajero (saw), no hay necesidad de ningún otro profeta.

Solo puede haber tres razones para que venga un profeta después de otro profeta.

Una. La enseñanza del primer profeta ha desaparecido y se ha vuelto necesario presentarla nuevamente.

Dos. La enseñanza del primer profeta no es completa y ha surgido la necesidad de corregirla y ampliarla.

Tres. La enseñanza del primer profeta está limitada a un pueblo determinado y se necesita otro profeta particular para los demás pueblos. —[También podría señalarse otra razón como cuarta razón. Esta consiste en que, mientras un profeta está presente, puede enviarse otro profeta para ayudarlo. Pero no he mencionado esta razón, porque en el Noble Corán solo se ofrecen dos ejemplos de ello. A partir de esos dos ejemplos excepcionales no puede concluirse que exista ante Alá una norma general para enviar profetas auxiliares. —El autor]

Uno: La enseñanza y la guía de Hazrat Muhammad (la paz sea con él) siguen vivas. En cualquier momento se puede saber en qué consistía su religión, qué guía trajo, qué tipo de modo de vida instauró y qué métodos intentó eliminar y abolir. Los medios para conocer estos asuntos se han conservado por completo. Por tanto, no es necesario que venga ningún profeta para presentar nuevamente, de vez en cuando, sus enseñanzas y su guía.

Dos: Por medio del Noble Mensajero (la paz sea con él), se impartió al mundo la enseñanza completa del islam. Ya no es necesario añadirle ni quitarle nada, ni existe en ella ninguna carencia o deficiencia que requiera la llegada de un profeta para completarla. Por tanto, la segunda razón también ha quedado eliminada.

Tres: El Noble Mensajero (la paz sea con él) fue enviado como profeta no para una nación específica, sino para todos los habitantes del mundo. Su enseñanza es suficiente para toda la humanidad. Por consiguiente, la tercera razón también ha quedado eliminada.

Por eso el Noble Mensajero (la paz sea con él) ha sido llamado Jatam an-Nabiyyin, es decir, el último profeta. En otras palabras, la sucesión de la profecía llegó a su fin con él. Ahora el mundo ya no necesita ningún otro profeta; en su lugar, necesita personas que sigan por sí mismas el camino del Noble Mensajero (la paz sea con él) y guíen también a los demás por él, comprendan sus enseñanzas, actúen conforme a ellas y establezcan en todo el mundo el gobierno de la ley con la que él vino.

El medio de guía para toda la humanidad

(En la página 156 del PDF en árabe)

«Oh, Profeta, te hemos enviado como anunciador de buenas nuevas y advertidor para toda la humanidad, pero la mayoría de la gente no lo sabe». —Sura Saba, 28

Esto significa que no eres solamente para la gente de esta ciudad, este país o esta época, sino que has sido enviado para todos los pueblos y naciones del mundo hasta el Día de la Resurrección; sin embargo, tus contemporáneos y compatriotas no comprenden tu rango ni tu valor. No tienen conciencia de qué gran y gloriosa personalidad ha sido enviada a ellos. Que el Noble Profeta (la paz sea con él) no fue enviado únicamente para su propio país y su propia época, sino para toda la humanidad hasta el Día de la Resurrección, se ha expuesto en diversos lugares del Corán. Por ejemplo:

(Árabe*******************************************en la página 156 del PDF)

«Y este Corán me ha sido revelado para que, por medio de él, os advierta a vosotros y a quienes les llegue».

(Árabe*******************************************en la página 156 del PDF)

«Di, oh Profeta: ¡Oh, gente! Ciertamente, soy el Mensajero de Allah para todos vosotros».

(Árabe*******************************************en la página 156 del PDF)

«Y no te hemos enviado sino como misericordia para todos los mundos».

(Árabe*******************************************en la página 156 del PDF)

«Bendito sea Aquel que ha hecho descender el Corán sobre Su siervo, para que sea un amonestador para todos los mundos». —(Sura Al-Furqán: 1).

El Noble Mensajero (s.a.s.) también expresó esta misma idea de diversas maneras en distintos hadices. Por ejemplo:

(Árabe*******************************************en la página 156 del PDF)

«He sido enviado para todos, sin distinción entre blancos y negros».

(Árabe*******************************************en la página 156 del PDF)

«He sido enviado para toda la humanidad en general, mientras que cada profeta anterior a mí fue enviado únicamente a su propio pueblo». —(Narrado por Abdullah ibn Umar, según Musnad Ahmad).

(Árabe*******************************************en la página 156 del PDF)

«Al principio, cada profeta era enviado a un pueblo específico, mientras que yo he sido enviado a toda la humanidad». —(Según Bujari y Muslim, narrado por Jabir ibn Abdullah).

(Árabe*******************************************en la página 156 del PDF)

«La relación entre mi envío como profeta y la Hora es exactamente como esto»; al decirlo, el Mensajero de Dios (s. a. s.) levantó dos dedos de su mano. —(Bujari y Muslim).

Esto significa que, así como no hay un tercer dedo entre estos dos dedos, tampoco hay ningún intervalo de profecía entre mi venida y la Hora. La Hora llegará inmediatamente después de mí. Yo permaneceré establecido como profeta hasta la Hora.

Portador de buenas nuevas y amonestador para toda la humanidad

(Árabe*******************************************en la página 156 del PDF)

«Te hemos enviado con la verdad como portador de buenas nuevas y amonestador; no hubo pueblo alguno al que no se enviara un amonestador». —(Sura Fátir: 24).

El significado de la primera aleya es: ¡Oh, Profeta! Tu única tarea consiste en advertir a la gente. Si, aun después de ello, alguien no presta atención y continúa hundiéndose en las profundidades del extravío, tú no eres responsable de él. No se te encomendó hacer ver a los ciegos ni hacer oír a los sordos.

Lo dicho en la segunda aleya se menciona en diversos lugares del Noble Corán. Su idea central es que ningún pueblo ha surgido en el escenario del mundo para cuya guía Dios Altísimo no haya enviado a un profeta. En la aleya 7 de la sura Ar-Ra‘d se dice (Árabe******)En la aleya 10 de la sura Al-Hijr se dice (Árabe***********). En la aleya 36 de la sura An-Nahl se dice (Árabe*****). En la aleya 208 de la sura Ash-Shu‘ara se dice (Árabe*******)Pero, para evitar la confusión al respecto, es necesario comprender bien dos cosas. Primero, un profeta es suficiente para la gente de toda la región hasta donde pueda llegar su predicación. Por tanto, no es necesario enviar un profeta distinto a cada asentamiento y a cada tribu. Segundo, mientras se conserven en el mundo las enseñanzas y los signos de la guía de un profeta, así como las huellas de su liderazgo, no hace falta un nuevo profeta. Tampoco es necesario enviar un profeta por separado para cada individuo de un pueblo.

La misericordia de Dios para toda la humanidad

(árabe*******************************************en la página 156 del PDF)

“¡Oh, Muhammad! Te he enviado como misericordia para los habitantes de la tierra”.–(Sura Al-Anbiya: 107)

Otra traducción de esta aleya también podría ser: “Te he enviado como misericordia para los habitantes de la tierra”. En ambos casos, su verdadero significado es que la llegada del Mensajero Noble (s. a. s.) es, en realidad, la misericordia y la gracia de Allah para la humanidad. Pues él vino para despertar al mundo dormido. Le impartió el conocimiento que permite distinguir claramente entre la verdad y la falsedad. Y, sobre todo, le hizo saber sin ambigüedad cuál es el camino de la perdición y cuál es el camino de la paz y la seguridad. Los incrédulos de La Meca consideraban la profecía del Mensajero Noble (s. a. s.) una causa de peligro y sufrimiento para ellos. Decían: «Este hombre ha creado división entre nuestra gente; ha separado la carne de las uñas». Como respuesta, se dice: «¡Oh, grupo de necios! Aquel a quien consideráis una calamidad es, en realidad, la misericordia y la gracia de Allah para vosotros».

Un Mensajero para toda la humanidad

(árabe*******************************************en la página 156 del PDF)

“¡Oh, Muhammad!, di: «¡Oh, humanidad! He venido a todos vosotros como Mensajero de Allah, Quien posee el dominio y la autoridad sobre la tierra y el cielo»”.–(Sura Al-A‘raf: 158). “Cada comunidad tiene un Mensajero”.–(Sura Yunus: 47).

La palabra «umma» no se ha empleado aquí únicamente como sinónimo de nación; se ha utilizado en el sentido de que, después de la llegada de un Mensajero, todos aquellos a quienes llega su invitación son su umma. Además, para ello no es necesario que el Mensajero siga vivo ni que permanezca físicamente entre ellos; más bien, incluso después de la desaparición del Mensajero, mientras sus enseñanzas permanezcan vivas y siga abierto para cada persona el camino para saber qué enseñaba realmente, todos los habitantes del mundo serán considerados su umma. La norma mencionada en la discusión que sigue será aplicable a ellos. En este contexto, después de la llegada de Muhammad (s. a. s.), toda la humanidad es su umma, y seguirá siendo su umma mientras el Corán permanezca en una forma auténtica e inalterada. Por eso, la aleya no dice: «Cada nación tiene un Mensajero», sino que dice: «Cada umma tiene un Mensajero».

En lugar de enviar un profeta a cada población, Allah hizo profeta a Muhammad (s. a. s.) y lo envió para todo el mundo.

(Árabe******************************** en la página 159 del PDF)

«Si hubiera querido, habría enviado un amonestador a cada localidad». — (Sura Al-Furqán: 51)

Es decir, esta tarea no estaba fuera de Mi poder. Si hubiera querido, podría haber hecho surgir un profeta en cada lugar. Pero, en vez de hacerlo, envié a un solo profeta para todo el mundo. Así como un solo sol es suficiente para todo el mundo, del mismo modo este único sol de la guía es suficiente para todos los habitantes del mundo.

En el Noble Corán, al Mensajero honorable (la paz sea con él) se le han dado los títulos de «amonestador», «informador» y «el que advierte de las consecuencias perjudiciales de la negligencia y del extravío». Asimismo, se le ha dado el título de «el que advierte a todos los habitantes del mundo». También se le ha presentado como quien advierte a todos los habitantes del mundo. De esto se sabe que la invitación del Corán y la misión profética de Muhammad (la paz sea con él) no son para un territorio determinado, sino para todo el mundo; no solamente para su propia época, sino para todas las épocas venideras. Este contenido se ha expuesto en diversos lugares del Corán.

Por ejemplo:

(Árabe******************************** en la página 159 del PDF)

«¡Oh, humanidad! He venido a vosotros todos como Mensajero de Dios».

(Árabe******************************** en la página 159 del PDF)

«Me ha sido revelado este Corán para que, por medio de él, os advierta a vosotros y a quienes les llegue». —(Sura al-An‘am: 19)

«Te hemos enviado como portador de buenas nuevas y como amonestador para toda la humanidad». —(Sura as-Saba: 28)

En el hadiz, aclarando aún más este asunto, el Mensajero de Allah (s.a.s.) dijo repetidamente:(Árabe***********)«He sido enviado a todos, sin distinción entre blancos y negros». También dijo:(Árabe**************)

 «Antes, cada profeta era enviado específicamente a su propio pueblo, mientras que yo he sido enviado para toda la humanidad en general». —(Bujari y Muslim).

También dijo:(Árabe**********)«He sido enviado para toda la creación y, con mi llegada, se ha puesto fin a la sucesión de los profetas».

El último profeta de Allah

(árabe, en la página 159 del PDF)

«El momento de rendir cuentas de la humanidad se ha acercado, pero ellos se apartan y permanecen sumidos en la negligencia». —(Sura al-Anbiya: 1)

Esto significa que la Hora está cerca. Es decir, no está lejano el día en que el ser humano comparecerá ante su Señor y Sustentador para rendir cuentas de todas sus acciones. Que la humanidad ha entrado en el último capítulo de su historia es una señal de la misión profética de Muhammad (la paz sea con él). Ahora está más cerca del final que del comienzo de su existencia. El período inicial y el período intermedio ya han transcurrido. Ahora ha comenzado el período final. Esto mismo lo explicó el Noble Mensajero (la paz sea con él) en un hadiz. Levantó dos de sus dedos y dijo:(Árabe************)“He sido enviado cuando la posición en que están estos dos dedos de mi mano, uno junto al otro, es exactamente la posición en que estoy yo respecto de la Hora”. Es decir, después de mí solo queda esperar la Hora. No hay ningún otro profeta entre ambas. Si quieres alcanzar la guía recta, alcánzala mediante mi invitación; después de mí no vendrá ningún otro guía ni amonestador para mostrar el camino recto.

Una indicación importante sobre la finalización de la profecía

(Árabe******************************** en la página 159 del PDF)

“Recuerda cuando Allah hizo este pacto con los profetas: «Hoy os he concedido el Libro y la sabiduría. Si mañana llega a vosotros otro Mensajero confirmando la veracidad de la enseñanza que ya poseéis, deberéis creer en él y ayudarlo». Allah preguntó entonces: «¿Aceptáis este pacto y estáis dispuestos a asumir la grave responsabilidad de cumplirlo por Mi parte?». Ellos respondieron: «Sí, aceptamos el pacto»”.—(Sura Al Imran: 81)

Esto significa que todo profeta queda ligado por este pacto. Y la responsabilidad del pacto al que queda ligado el profeta recae necesariamente también sobre sus seguidores. El pacto al que ellos quedan ligados es el siguiente: cuando Allah envíe a un profeta para propagar y establecer precisamente la religión cuya propagación y establecimiento os han sido encomendados, debéis colaborar con él. No podréis albergar envidia ni hostilidad hacia él. No podréis consideraros propietarios exclusivos de la religión. No podréis oponeros a la verdad. Al contrario, allí donde sea enviada por Mi parte una persona para alzar el estandarte de la verdad, debéis reuniros bajo su estandarte.

Aquí debe entenderse, por supuesto, al menos esto: antes de Muhammad (la paz sea con él), todo profeta quedó ligado por este pacto. Por eso cada profeta informó a su comunidad de la llegada del profeta posterior y le ordenó colaborar con él. Sin embargo, en ningún lugar del Corán ni de los hadices se encuentra siquiera una indicación de que Muhammad (la paz sea con él) hubiera asumido un pacto de este tipo, ni de que hubiera informado a su comunidad de la llegada de un profeta posterior y le hubiera ordenado seguirlo.—[No hace falta explicar que la cuestión de la profecía es sumamente delicada. De aceptar o rechazar al profeta dependen la fe y la incredulidad de las personas, así como su salvación o perdición. Pero en el Noble Corán, lejos de anunciar la llegada de otro profeta después del Noble Mensajero (la paz sea con él), se ha declarado que el Noble Mensajero (la paz sea con él) es el último profeta. Y el Mensajero de Allah (la paz sea con él), en lugar de convocar a su comunidad y ordenarle creer en algún profeta que llegara después de él, dejó claro en numerosos hadices que después de él no vendría ningún profeta y que la sucesión de la profecía había terminado con él. La pregunta es: ¿acaso Allah y Su Mensajero tenían alguna hostilidad hacia nuestra religión y nuestra fe? ¿Es posible que llegara un profeta después del Mensajero de Allah, mientras que Allah y Su Mensajero hubieran dicho algo que nos hiciera incurrir en incredulidad por no aceptarlo y ser arrojados al castigo del Más Allá? ¿Podría ser posible algo así de algún modo?—(El autor)]

(Árabe******************************** en la página 161 del PDF)

“¡Oh hijos de Adán! Recordad que, si llega a vosotros un Mensajero salido de entre vosotros para recitaros Mis signos, quienes se abstengan de desobedecer y se reformen no tendrán nada que temer ni se afligirán”.—(Sura Al Araf: 35)

En todos los lugares del Noble Corán donde se menciona el destierro de Adán (la paz sea con él) y Eva (la paz sea con ella) del Paraíso, se ha dicho esto mismo (véanse, a este respecto, la sura Al-Báqara, versículos 38-39, y la sura Ta-Ha, versículos 123-124). Por lo tanto, también aquí se considerará que esta afirmación está relacionada con ese mismo contexto. Es decir, desde los albores de la vida humana se le había explicado esto con toda claridad y sin ambigüedad.

Argumentos de algunos versículos contra quienes niegan el sello de la profecía

(Árabe******************************** en la página 162 del PDF)

«Y recuerda, ¡oh Profeta!, el pacto que tomé de todos los profetas; de ti también, y de Noé, Abraham, Moisés y Jesús, hijo de María; de todos ellos tomé un pacto firme». —(Sura Al-Ahzab: 7)

En esta aleya, Allah Todopoderoso le recuerda al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que, al igual que de todos los profetas, también tomó de él un pacto firme. Debe cumplir este pacto con la máxima determinación. ¿A qué pacto se refiere? Si se reflexiona sobre el tema que se viene tratando, queda claro que se trata de un pacto en virtud del cual el profeta obedecerá cada uno de los mandatos de Allah y hará que los demás también los obedezcan. Transmitirá literalmente a la gente las palabras de Allah y no escatimará ningún esfuerzo para ponerlas en práctica. En diversos lugares del Noble Corán se menciona este pacto. Por ejemplo:

(Árabe******************************** en la página 162 del PDF)

«Allah os ha prescrito la misma religión cuya guía había dado a Noé, la que te fue revelada a ti, ¡oh Muhammad!, y cuya guía había dado a Abraham, Moisés y Jesús, con la orden de que establezcáis la religión y no os dividáis en ella». —(Sura Ash-Shura: 13)

(Árabe******************************** en la página 162 del PDF)

«¡Y (oh musulmanes)! Recordad el favor de Allah, que hizo descender sobre vosotros Su Libro con el propósito de que expusierais sus enseñanzas y no lo ocultarais». –(Sura Al Imran: 187)

(******************************** en árabe, página 162 del PDF)

«Y recordad cuando tomé de los Hijos de Israel este compromiso: no adoraréis a nadie excepto a Allah». –(Sura Al Baqarah: 83)

(******************************** en árabe, página 162 del PDF)

«¿Acaso no se tomó de ellos el compromiso del Libro? Aferrad con firmeza lo que os he revelado y recordad la guía que contiene. Quizá así podáis protegeros de desobedecer a Allah». –(Sura Al Araf: 169-171)

(******************************** en árabe, página 162 del PDF)

«Y, oh musulmanes, recordad el favor de Allah que os concedió, y recordad el compromiso que tomó de vosotros cuando dijisteis: “Hemos escuchado y obedecemos”». –(Sura Al Ma’idah: 7)

La razón por la que Allah Altísimo recuerda este compromiso en este contexto particular es que el Profeta (la paz sea con él), por temor a la censura de sus enemigos, vacilaba en romper, respecto a una relación de parentesco por adopción (no de sangre), la costumbre establecida en la época de la ignorancia. El asunto estaba relacionado con el matrimonio con una mujer. Por eso sentía vergüenza una y otra vez. Pensaba: por más que haga esto con buenas intenciones y únicamente con el propósito de reformar la sociedad, los enemigos seguirán diciendo que, en realidad, lo ha hecho para satisfacer sus propios deseos sensuales y que este hombre se ha puesto el disfraz de reformador únicamente para engañar al pueblo. Por eso Allah le dice al Mensajero de Allah (la paz sea con él): «Tú eres Mi profeta designado. Al igual que con todos los demás profetas, también tengo contigo un firme compromiso: cumplirás personalmente toda orden que Yo dé y ordenarás a los demás que la cumplan. Por tanto, no te preocupes por la censura ni las calumnias de nadie. No sientas vergüenza ante nadie. No temas a nadie. Haz sin vacilar aquello que quiero que hagas por medio de ti».

Un grupo ha entendido que este fue el pacto tomado de los profetas posteriores al Profeta Muhammad (s.a.s.) y de sus comunidades. Se les había exigido que creyeran en el profeta que vendría después y que lo apoyaran. Basándose en esta interpretación, dicho grupo sostiene que la puerta de la profecía sigue abierta incluso después del Profeta Muhammad (s.a.s.), y que también se tomó del Noble Profeta (s.a.s.) el pacto de que la comunidad del profeta que viniera después de él creería en él. Sin embargo, el contexto anterior y posterior de la aleya declara inequívocamente la falsedad de esta interpretación. En el contexto en que fue expuesta esta aleya no hay ningún margen para afirmar que después del Mensajero Noble (s.a.s.) vendrían profetas y que su comunidad tendría que creer en ellos. Si se adoptara este significado, la aleya quedaría aquí completamente fuera de lugar y sin relación. Además, las palabras de la aleya no tienen ningún significado claro del que pueda entenderse qué tipo de pacto se tomó aquí. Por tanto, para saber a qué clase de pacto se refiere, debemos examinar los demás pasajes del Noble Corán donde se mencionan los pactos tomados de los profetas. Si en todo el Noble Corán se mencionara un solo pacto, y este fuera sobre los profetas que vendrían posteriormente, entonces sería razonable pensar que aquí también se alude a ese mismo pacto al hablar del pacto. Pero todo aquel que estudia el Noble Corán con profundidad sabe que en este Libro se mencionan muchos pactos tomados de los profetas y de sus comunidades; por ello, será correcto interpretar aquí el pacto en un sentido relacionado con el contexto anterior y posterior. De ningún modo es correcto adoptar aquí el significado de un pacto cuya mención no tiene ninguna ocasión en este pasaje. La adopción de semejante significado erróneo deja claro que algunas personas, en vez de recibir la guía del Corán, intentan convertir al propio Corán en receptor de su guía.

(En árabe, en la página 164 del PDF)

«¿Y quién puede ser más injusto que quien inventa una mentira y la atribuye a Allah, o niega Sus verdaderas aleyas? Ciertamente, los criminales nunca tendrán éxito». (Sura Yunus: 17)

Algunos ignorantes han entendido «éxito» en el sentido de longevidad, prosperidad mundana o progreso terrenal. De este modo, quieren deducir de esta aleya que quien permanece vivo después de afirmar ser profeta, o progresa considerablemente en el mundo, o logra que su prédica se extienda, debe ser aceptado como un profeta verdadero, porque ha alcanzado el éxito. Si no hubiera sido un profeta verdadero, habría sido asesinado en cuanto hubiera afirmado falsamente ser profeta, o habría muerto de hambre, y su prédica no habría podido difundirse por el mundo. Pero semejante argumento ignorante basado en el Corán solo puede presentarlo quien desconoce el significado del término coránico «falāḥ», o quien no está informado sobre la ley de la prórroga que Allah ha establecido para los criminales conforme a las normas expuestas en el Corán y no comprende en qué sentido se emplea aquí este término.

En primer lugar, el criminal no puede alcanzar el éxito. Esta afirmación no se hizo, en el contexto de esta aleya, con el sentido de convertirla en un criterio para verificar la pretensión profética de alguien, de modo que la gente común examinara por sí misma a quienes afirmaran ser profetas según ese criterio y decidiera aceptar la pretensión de aquel a quien encontrara exitoso y rechazar la de aquel a quien viera fracasado. Más bien, aquí se expresa en el siguiente sentido: «Sé con certeza que los criminales no pueden alcanzar el éxito. Por eso no puedo cometer yo mismo este crimen afirmando falsamente ser profeta; por el contrario, puedo decirles con certeza que ustedes están cometiendo el crimen de desmentir al verdadero profeta, y por eso no podrán alcanzar el éxito».

Falāḥ, o éxito, tampoco se emplea en el Corán en el sentido limitado del éxito mundano. Más bien significa un éxito continuo como consecuencia del cual no queda ni rastro de ninguna clase de pérdida. No importa que, en la etapa inicial de la vida terrenal, no se manifieste en él ningún aspecto del éxito. Un promotor de un extravío manifiesto puede vivir cómodamente en el mundo, alcanzar la cima de la prosperidad y el progreso mundanos, y su prédica del extravío puede adquirir una enorme popularidad y extenderse por todas partes; pero, en la terminología coránica, eso no es el éxito que se denomina falāḥ, sino una pérdida y un fracaso manifiestos. También puede ocurrir que un convocador a la verdad se enfrente en el mundo a graves calamidades, que, aplastado bajo el peso de las desgracias, las aflicciones y los sufrimientos, quede inconsciente, y que ni una sola persona se una a su grupo. Sin embargo, en el lenguaje del Corán, eso no es pérdida ni fracaso; por el contrario, eso es el verdadero éxito.

Además, en diversos pasajes del Corán se afirma con toda claridad que Allah no se apresura a aprehender a los criminales, sino que les concede tiempo y oportunidad suficientes para reformarse. Y si utilizan ilegalmente ese tiempo y esa oportunidad y se corrompen aún más, Allah les concede una prórroga y, muchas veces, hace llover sobre ellos Sus favores. Como resultado, manifiestan por completo toda la maldad oculta en su interior y, mediante sus actos, se hacen merecedores de un castigo que realmente les corresponde por estar dotados de cualidades perversas. Por tanto, considerar que el alargamiento de la cuerda de un falso pretendiente demuestra que está establecido en la guía será señalado como un grave error. La ley de Allah de conceder prórroga, indulgencia y oportunidades se aplica por igual a los pretendientes falsos de la profecía, como a todos los criminales. No existe ningún argumento o prueba para considerar a estos últimos fuera del alcance de esa ley. Asimismo, cuando Allah concedió a Satanás una oportunidad hasta el Día de la Resurrección, en ninguna parte se dijo: «Se te permitirá realizar toda clase de engaños y fraudes, pero si tú mismo eriges a un falso profeta impostor, ese engaño no se permitirá de ningún modo». Tampoco se dijo: «Se te permitirá realizar toda clase de engaños y fraudes, pero si tú mismo eriges a un falso profeta impostor, ese engaño no se permitirá de ningún modo».

En respuesta a lo que he dicho, quizá alguien cite las aleyas 44 a 47 de la sura Al-Haqqah, donde se dice:

(Árabe**************** página 165 del PDF)

Es decir: «Si Muhammad hubiera inventado alguna palabra en Mi nombre, lo habría agarrado por la mano y le habría cortado la arteria del corazón». Pero lo que se afirma en estos versículos es que, si aquel que ha sido enviado por Dios como un profeta verdadero inventara una mentira y la presentara como revelación de Dios, sería apresado de inmediato. Presentar como argumento que, puesto que según esta afirmación el pretendiente a la profecía no está siendo apresado, su pretensión debe ser verdadera, no es más que una falacia de principio. La excepción al principio de Dios de conceder oportunidades y dejar pasar el tiempo que se demuestra en este versículo se aplica únicamente al profeta auténtico. De ello no se demuestra que quien reclama falsamente la profecía esté incluido también en esta excepción. Todos saben que las leyes promulgadas para los funcionarios del Estado no se aplican únicamente a ellos, sino que, conforme al código penal, a los delincuentes comunes y criminales se les dará el mismo trato. Además, lo que se dice en estos versículos de la sura Al-Haqqa tampoco se dijo para indicar a la gente un criterio con el que verificar a un profeta. Es decir, no se trata de que, si una mano saliera atravesando el velo de lo invisible y de repente le arrancara la arteria del corazón, hubiera que considerarlo falso y farsante, y, de lo contrario, aceptarlo como verdadero. Si no fuera posible verificar al profeta mediante su carácter, sus obras y lo que presentó, y determinar así si era un profeta verdadero o un impostor, quizá habría sido necesario aceptar un criterio tan absurdo.

La pretensión de profecía después del Último Profeta

Pregunta: En la página 236 de Tarjuman al-Qurán (enero-febrero), usted escribió: «Mi experiencia es que Dios Todopoderoso nunca concede prosperidad ni establece la mentira. Siempre he seguido este principio: nunca respondo a las palabras de aquellos a quienes encuentro indiferentes a la veracidad y la honradez, y desprovistos del temor de Dios. Dios puede vengarse de ellos… y, si Dios quiere, sus vergüenzas quedarán expuestas incluso en este mundo».

Debo señalar que he leído los libros de la Comunidad Ahmadí y también he estado relacionado con sus actividades. En ese contexto, planteo las siguientes preguntas.

Primero: Esto no es únicamente su experiencia; también Dios ha dicho en el Noble Corán: «Dios no ama a los mentirosos». Y: «La maldición de Dios pesa sobre los mentirosos». Asimismo, respecto de ese tipo de mentirosos, (Árabe**********)su castigo consiste en ser apresados de inmediato y arrojados al Infierno. (Árabe*************)Si Mirza Ghulam Ahmad era un mentiroso, entonces ¿por qué (a) Dios Todopoderoso aún no lo ha apresado? (b) ¿Por qué aumenta el número de miembros de la comunidad y crece la fuerza de la misión del señor Mirza, que los musulmanes conocen como desviada? Además, actualmente las raíces de esta comunidad se han fortalecido también fuera del país. (c) Han transcurrido ya sesenta años desde que el señor Mirza trajo su mensaje; ¿cuánto tiempo esperaremos la decisión de Dios? Actualmente ellos continúan progresando y prosperando. (d) ¿Por qué los grupos y las personas que se oponen a esta comunidad no abandonan su oposición y encomiendan el asunto a Dios?

Segundo: En la página 242 de Tarjuman al-Qurán, un simpatizante alemán de su comunidad planteó en Berlín la cuestión de colaborar con la Comunidad Ahmadí en la propagación del islam. Si usted también considera correcta su labor de propagación del islam, ¿por qué no coopera con ellos en Pakistán?

Respuesta: ¡Está usted tratando el asunto de un pretendiente a la profecía con demasiada ligereza! Este método no es en absoluto apropiado para tomar una decisión sobre un asunto tan importante. Todo lo que yo había escrito se refería a una acusación manifiestamente falsa. Algunas personas interesadas formularon esta acusación contra mí. Usted está aplicando esta afirmación al caso de un hombre que realmente ha pretendido ser profeta. Debe saber que, en el caso de un pretendiente a la profecía, necesariamente es verdadera una de estas dos situaciones: si su pretensión es verdadera, quien no lo acepta es un incrédulo; y si es un mentiroso, quien lo acepta es un incrédulo. ¿Quiere usted decidir sobre un asunto tan delicado basándose únicamente en que Allah Todopoderoso todavía no lo ha castigado, que su grupo está prosperando y que «¿cuánto tiempo más esperaremos la decisión de Allah?»? Según usted, ¿debemos entender entonces que, después de que cualquier persona pretenda ser profeta, si su grupo sigue creciendo y prosperando, y Allah no la castiga dentro del plazo de espera que usted propone, eso será suficiente para aceptar a esa persona como profeta? ¿Es este, en su opinión, el criterio para verificar la profecía?(Árabe**********)Lo que usted quiso demostrar a partir de ello es, en realidad, fundamentalmente erróneo. Lo que se declara en esta aleya es que Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), quien es verdaderamente el profeta de Allah, si comienza a inventar por su cuenta alguna palabra que no provenga de la revelación de Allah y la presenta en nombre de Allah, se le cortará la tráquea. No es correcto entender de ello que también se le cortará la tráquea a quien no sea realmente profeta y se presente como tal recurriendo a la mentira. Además, en esta aleya Allah Todopoderoso no ha presentado como criterio para distinguir entre el profeta verdadero y el falso la idea de que el pretendiente a la profecía cuya tráquea no sea cortada es un profeta verdadero, mientras que aquel cuya tráquea sea cortada es un profeta impostor. Seguramente, este método de forzar y distorsionar el significado de las aleyas del Corán no es una forma propia de usted; más bien, lo ha aprendido del grupo de Mirza Sahib. Esto demuestra que en el corazón de ese grupo no hay temor de Allah.

La afirmación de quien pretenda ser profeta después del profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no será verificada según el criterio que usted ha propuesto. Por el contrario, será rechazada con toda certeza. Porque el Corán y el hadiz han expresado al respecto una declaración inequívoca. Allí se afirma que después del Mensajero Noble (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no vendrá ningún otro profeta. Conozco también los argumentos que Mirza Sahib y sus seguidores suelen presentar para defender que la puerta de la profecía permanece abierta; pero quiero informarle de que esos argumentos solo pueden influir en una persona ignorante y de escasos conocimientos. Después de examinar sus argumentos, una persona dotada de conocimiento profundo solo puede quedar convencida de su necedad.

El hecho de que se haya publicado en Tarjuman al-Qurán la carta de Alemania no significa que consideremos literalmente verdaderas todas las afirmaciones de esa carta. Nuestro propósito era, mediante esa carta, inspirar a los musulmanes de nuestro país y ayudarles. Ellos acababan de aceptar el islam. ¿Cómo podían saber cuántas fitnas estaban surgiendo en el mundo islámico? Ahora son de los nuestros. De lo contrario, debido a su ignorancia, podrían convertirse en víctimas de cualquier fitna.

Pregunta: He recibido su respuesta. Lamentablemente, no ha disipado mis dudas. Yo había citado precisamente sus propias palabras: «Allah mismo castigará al mentiroso», y a la luz de ellas le pregunté por qué no está llegando el castigo de Allah sobre Mirza Ghulam Ahmad Qadiani, a quien todos los musulmanes consideran un mentiroso, y cómo puede Allah seguir contemplando durante tanto tiempo que Sus siervos sean extraviados.

He estudiado con actitud investigadora veinticinco libros escritos por Mirza Sahib. Después también leí varios libros de eruditos musulmanes escritos contra él; por supuesto, reconozco que no pude leer ninguno de sus libros sobre este tema. Sin embargo, mi impresión general acerca de los libros de los eruditos es la siguiente:

Han distorsionado los escritos de Mirza Sahib, han adoptado sus significados erróneos y se los han atribuido a Mirza Sahib.

No poseen un conocimiento completo del tema sobre el que han escrito. Más tarde me puse en contacto epistolar con ellos. Pero la mayoría adoptó el silencio. Lo que generalmente entendí de los libros de Mirza Sahib es lo siguiente: el propio Mirza Sahib y sus palabras están «sumergidos hasta el cuello en el amor por el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)». Basándome en esto, me acerqué a las pretensiones de Mirza Sahib. Y ahora es una verdad demostrada para mí que:

Primero: Las pretensiones de Mirza Sahib no contradicen el Corán ni el hadiz.

Segundo: La profecía del señor Mirza no menoscaba la dignidad del Mensajero Muhammad (la paz sea con él); por el contrario, si gracias a Musa (la paz sea con él) puede haber profetas en cada ciudad, entonces, en virtud de la dignidad de Muhammad (la paz sea con él), debe haber en cada aldea personas que digan: «Hemos tenido la dicha de hablar con Allah por practicar la Sharía muhammadiana». El propio señor Mirza dijo:

«Esta corriente que mana de Allah hacia la creación

no es más que una diminuta gota del océano de la perfección muhammadiana».

Ahora usted me ha vuelto a conceder permiso para verificar las afirmaciones del señor Mirza. ¿Tendría usted la amabilidad de ayudarme a seguir el camino correcto demostrando, a la luz del Noble Corán, que alguna de las afirmaciones del señor Mirza es falsa?

Respuesta:La carta anterior podría haber disipado sus dudas si realmente hubiera querido disiparlas. Todo lo que escribí en Tarjuman al-Qurán se refería a quienes me acusaban falsamente. En ese asunto se expresó confianza en Allah, pues ciertamente Él castigará a los mentirosos; pero usted lo está aceptando como un criterio para verificar la afirmación de alguien que pretende la profecía. Además, ha adoptado el criterio de tal manera que, si se observa que quien pretende la profecía no recibe castigo, entonces necesariamente debe ser considerado un profeta verdadero. Quien recibe castigo en este mundo es mentiroso y extraviado, mientras que quien no recibe castigo es veraz y está bien guiado. ¿Acaso es realmente este un criterio correcto para determinar si las personas son veraces o mentirosas, y bien guiadas o extraviadas?

Usted ha dicho algo extraño: que han transcurrido sesenta años desde que el señor Mirza afirmó ser profeta y que cuánto tiempo más se puede esperar. Ha presentado un criterio extraño para verificar la veracidad de la afirmación de la profecía. Según usted, ¿qué clase de castigo debería recibir un impostor? Explíquelo con algo de detalle. Si piensa que una mano procedente de lo invisible vendrá a cortarle la garganta, le diré que ni siquiera Musailima el Mentiroso, que afirmó falsamente ser profeta durante la vida del Mensajero de Allah (la paz sea con él), recibió ese castigo. Si piensa que quien pretende la profecía y muere a manos de los seres humanos es un mentiroso, ¿qué dice entonces acerca de aquellos profetas cuya veracidad profética fue declarada por el propio Allah, quien también informó que sus propios pueblos los habían matado? Seguramente ha leído en el Corán los dos versículos siguientes:

(Árabe*******************************************en la página 169 del PDF)

Creo que, a la luz de estos versículos, debería revisar nuevamente su propia manera de pensar. La afirmación de un profeta no puede verificarse mediante un criterio de este tipo. Lo que debe examinarse respecto de un profeta es cuál es su posición a la luz de las revelaciones divinas anteriores, qué ha traído y cómo es su modo de vida. Sería un grave error aceptar como profeta verdadero a alguien que no cumpla plenamente este criterio simplemente porque usted no lo ve recibir un castigo en este mundo con sus propios ojos.

Si la afirmación de quien reclama la profecía no es examinada a la luz del primero de los tres criterios que mencioné anteriormente y no queda plenamente demostrada como absolutamente genuina, queda probada la conclusión de que, después del profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), no puede venir ningún profeta nuevo; entonces ya no hay ninguna necesidad de examinar qué trajo el profeta que vino después del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) ni qué clase de persona era. Aunque, a mi juicio, el señor Mirza se encuentra, a la luz del segundo y del tercer criterio, tan alejado de la dignidad de la profecía que, aun si la puerta de la profecía estuviera abierta, ninguna persona sensata podría considerarlo profeta, después de la decisión clara e inequívoca del Corán y del hadiz considero que proseguir este debate es innecesario y, más bien, una extrema insolencia frente a Alá y Su Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él).

Si preguntan qué argumentos hay en el Corán y en el hadiz a favor de que la puerta de la profecía se ha cerrado por completo, no es posible responder a ello en una carta. Si Dios Altísimo nos concede tiempo y oportunidad, escribiré, si Dios quiere, un tratado detallado sobre este tema. De lo contrario, este asunto surgirá necesariamente en el comentario de la sura Al-Ahzab y entonces podrá tratarse. —[Este debate aparece unas páginas más adelante, en el artículo titulado «Un estudio de investigación sobre la doctrina del sello de la profecía». —(Compilador)]

Otro argumento de los qadianíes contra el sello de la profecía

Pregunta: En Tafhimul Corán, en la explicación de la sura Al Imrán, (Árabe*****)en la nota 69, usted escribió: «Aquí también hay que comprender que, antes del profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), se tomó este compromiso de cada profeta, y basándose en él cada profeta informó a su comunidad acerca del profeta que vendría después de él y le ordenó apoyarlo. Pero no se encuentra en ninguna parte del Corán ni del hadiz mención alguna de que se hubiera tomado un compromiso de este tipo del profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), o de que él hubiera ordenado a su propia comunidad creer en un profeta que viniera posteriormente, dándolo como garantía de ello».

Después de leer estas frases, me surgió la idea de que, aunque el profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) no dijo esto, en la sura Al-Ahzab del Noble Corán se menciona un compromiso de la siguiente manera:

(Árabe*******************************)

Aquí, mediante la palabra «minka» («de ti»), se dirige al noble profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Y el compromiso mencionado aquí es el que se menciona en la sura Al Imrán. De la mención del compromiso en los versículos citados de ambas suras, Al Imrán y Al-Ahzab, se entiende que el mismo compromiso que se tomó de los demás profetas también se tomó del profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él).

En realidad, esta pregunta surgió en mi mente después de leer un libro de los ahmadíes. Allí se explicaba uno de los versículos citados de esas dos suras mediante el otro. Además, se ofrecía una extensa discusión sobre la palabra «minka».

Respuesta:Si los señores qadიანíes han presentado sinceramente el argumento que extraen de este versículo de la sura Al-Ahzab, ello demuestra su ignorancia y falta de comprensión. Pero si lo han hecho deliberadamente con el propósito de engañar a la gente, entonces su extravío queda manifiesto. Han tomado una afirmación de un versículo de la sura Al Imran.Árabe****************)En él se menciona que los profetas y sus comunidades contrajeron el compromiso de obedecer a cualquier profeta que apareciera posteriormente. Luego tomaron una segunda afirmación del versículo antes mencionado de la sura Al-Ahzab. Allí se dice que, junto con los demás profetas, también se tomó un compromiso del Mensajero noble (s.a.s.). Después, uniendo ambas afirmaciones, ellos mismos fabricaron una tercera, según la cual también se había tomado del Profeta noble (s.a.s.) el compromiso de creer en cualquier profeta que apareciera posteriormente y de prestarle ayuda y apoyo. Sin embargo, en el versículo donde se menciona que se tomó un compromiso respecto del profeta que aparecería posteriormente, Allah el Altísimo no dice en ninguna parte que dicho compromiso se hubiera tomado del honorable Muhammad (s.a.s.). Y en el versículo donde se menciona que se tomó un compromiso del honorable Muhammad (s.a.s.), tampoco se dice en ninguna parte que dicho compromiso estuviera relacionado con la obediencia a algún profeta que apareciera posteriormente. La cuestión ahora es: ¿qué justificación hay para unir dos afirmaciones separadas y fabricar una tercera que no aparece en ninguna parte del Corán? Podrían haber existido tres argumentos o fundamentos para ello. Primero: si, después de revelarse este versículo, el Profeta noble (s.a.s.) hubiera reunido a los Compañeros y anunciado: «¡Oh, gente! Allah ha tomado de mí el compromiso de que creeré en el profeta que venga después de mí y le prestaré ayuda y apoyo. Por tanto, debido a vuestra obediencia a mí, vosotros también contraed este compromiso». Pero no encontramos en ninguna parte de toda la colección de libros de hadices ni un solo hadiz que contenga esta declaración. Por el contrario, encontramos innumerables hadices de los que se desprende claramente que la cadena de la profecía terminó con el Profeta noble (s.a.s.) y que después de él no vendrá ningún otro profeta. ¿Podría imaginarse alguna vez que se hubiera tomado del Profeta noble (s.a.s.) un compromiso tan importante y que él lo hubiera desatendido de ese modo, o que, por el contrario, hubiera pronunciado palabras a consecuencia de las cuales una gran parte de su comunidad quedara privada de creer en un profeta enviado por Allah?

Si en el Corán se hubiera mencionado un único compromiso tomado de todos los profetas y de sus comunidades, ese podría haber sido el segundo argumento o fundamento para aceptar esta interpretación. Y ese compromiso sería creer en el profeta que aparecería posteriormente. Si en todo el Corán no se hubiera mencionado ningún otro compromiso aparte de este, se podría haber presentado el argumento de que en el versículo citado de la sura Al-Ahzab también se habla de ese mismo compromiso. Pero aquí tampoco hay posibilidad de presentar tal argumento. En el Corán se mencionan no uno, sino numerosos compromisos. Por ejemplo, en la décima sección de la sura Al-Baqara se menciona el compromiso tomado de los Hijos de Israel de adorar a Allah, tratar bien a los padres y abstenerse de derramar sangre entre sí. En la decimonovena sección de la sura Al Imran se menciona el compromiso tomado de toda la Gente del Libro: no ocultar las enseñanzas del Libro de Allah que se les ha entregado, sino difundirlas públicamente. En la vigesimoprimera sección de la sura Al-Araf se menciona el compromiso tomado de los Hijos de Israel: no decir nada sobre Allah salvo la verdad, aferrarse firmemente al Libro que Allah ha dado y recordar sus enseñanzas. En la primera sección de la sura Al-Maida se recuerda a los seguidores de Muhammad (s.a.s.) un compromiso que habían contraído con Allah: «Habéis contraído con Allah el compromiso de escuchar y obedecer». Ahora bien, cuando en el versículo correspondiente de la sura Al-Ahzab no se especifica cuál era el compromiso mencionado, ¿por qué, para identificarlo, habría que escoger precisamente el compromiso mencionado en la novena sección de la sura Al Imran, en vez de cualquiera de los muchos compromisos citados? Para ello tendría que existir necesariamente algún fundamento. Y tal fundamento no se encuentra en ninguna parte. Si alguien responde que, puesto que en ambos casos se habla de tomar un compromiso de los profetas, un versículo ha sido explicado mediante el otro, yo diré que ninguno de los demás compromisos tomados de las comunidades de los profetas fue tomado directamente de ellas, sino por medio de los profetas. Además, toda persona que estudie profundamente el Corán sabe que de cada profeta se tomó el compromiso de aferrarse firmemente al Libro de Allah y obedecer sus disposiciones.

El tercer argumento o fundamento podría haber sido el contexto de la sura Al-Ahzab y lo que precede y sigue al pasaje. Si allí hubiera una indicación clara de que por «compromiso» se entendía el compromiso de creer en los profetas que aparecerían posteriormente, sería razonable aceptar esta interpretación. Pero aquí sucede precisamente lo contrario. El contexto precedente y posterior se opone por completo a esta interpretación. La sura Al-Ahzab comienza con estas palabras:

«¡Oh, Profeta! Teme a Allah, no obedezcas a los incrédulos ni a los hipócritas, actúa conforme a la revelación que tu Señor te envía y deposita tu confianza en Allah». Después se ordena eliminar el sistema de tomar hijos adoptivos que se había mantenido desde la época de la ignorancia, junto con toda clase de supersticiones y costumbres relacionadas con él. Luego se afirma que, entre las relaciones no consanguíneas, solo existe una que posee mayor dignidad que el vínculo de sangre: la relación entre el Profeta y los creyentes. Debido a esta relación, las esposas del Profeta tienen ante los creyentes una dignidad semejante a la de sus madres y, al igual que sus madres, les están prohibidas en matrimonio. En todos los demás asuntos, únicamente el vínculo de sangre es reconocido, conforme al Libro de Allah, como fundamento de la prohibición matrimonial y del derecho a heredar. Después de establecer esta disposición, Allah el Altísimo le recuerda el compromiso que siempre tomó de todos los profetas y, del mismo modo, del Profeta noble (s.a.s.). Cualquier persona de sentido común puede ver ahora en qué parte de este contexto habría lugar para recordar el compromiso de creer en un profeta que aparecería posteriormente. A lo sumo, aquí habría lugar para recordar el compromiso mediante el cual todos los profetas quedaron obligados a aferrarse firmemente al Libro de Allah, recordar sus disposiciones, ponerlas en práctica y proclamarlas públicamente. Avanzando un poco más, vemos que Allah el Altísimo ordena claramente al Profeta noble (s.a.s.) que él mismo se case con la esposa divorciada de Zayd, su hijo adoptivo, para eliminar aquella falsa concepción de la época de la ignorancia según la cual la gente consideraba al hijo adoptivo igual que al hijo biológico. Cuando los incrédulos y los hipócritas comenzaron a plantear objeciones sucesivas y a entregarse a la propaganda calumniosa contra ello, Allah el Altísimo respondió de manera consecutiva a todas esas objeciones.

1. En primer lugar, Muhammad (la paz sea con él) no es padre de ninguno de vuestros hombres; por lo tanto, la esposa divorciada de ese hombre no puede ser ilícita para él.

2. Y si decís: «Aunque ella le fuera lícita, ¿qué necesidad había de que se casara con ella?», la respuesta es que él es el Mensajero de Allah. Es responsabilidad suya adelantarse y abolir aquello que Allah desea abolir.

3. Además, era aún más necesario que él lo hiciera porque no era simplemente un mensajero, sino el último Mensajero. Si no abolía esas costumbres y prácticas de la época de la ignorancia, después de él no vendría ningún profeta que las aboliera.

Al leer esta última afirmación junto con la anterior, cualquiera dirá con certeza que, en este contexto, el pacto que se recordó al Noble Profeta (la paz sea con él) no era, en absoluto, el pacto de creer en algún profeta que viniera posteriormente.

Ahora considerad que estas tres podrían haber sido las bases para aceptar, a partir del versículo en cuestión, el significado que exponen los qadえyaníes. Cada una de estas tres bases no solo carece de relación con su argumento, sino que se opone a él. Además, si tienen algún cuarto argumento o fundamento, preguntádselo. Y exigidles también una respuesta a estos tres argumentos. De lo contrario, será justo pensar que han adoptado este significado del versículo, dominados por la necedad y la ignorancia o, alternativamente, tras haber expulsado por completo de sus corazones el temor de Allah, con el fin de desviar a la gente sencilla. En fin, no comprendo que, si el señor Mirza era un profeta, la época de sus «Compañeros» aún no haya terminado, mientras que toda su comunidad ya se encuentra actualmente entre los «seguidores de los Compañeros y los seguidores de estos». A pesar de ello, su situación es tal que personas pertenecientes a su comunidad siguen exponiendo públicamente desde el Libro de Allah argumentos tan erróneos y falsos, sin que se alce una sola voz contra esta necedad en toda la comunidad.

Tres argumentos del versículo sobre el sello de la profecía

(Árabe****************************en la página 174 del PDF)

«Muhammad no es padre de ninguno de vuestros hombres; más bien, es el Mensajero de Allah y el último de los profetas. Y Allah conoce todas las cosas». —(Sura Al-Ahzab: 40)

El contexto en el que se aborda la cuestión del ختم de la profecía en la sura Al-Ahzab es el siguiente. En Arabia, al hijo adoptivo se le concedía por completo la condición de hijo biológico. Heredaba como un hijo biológico. Así como la madre, el padre y los hermanos vivían juntos en un mismo hogar, el hijo adoptivo convivía del mismo modo con la esposa y los hijos de su padre adoptivo. Una vez convertido en hijo adoptivo, entre él y su padre adoptivo se establecían todas las relaciones que, por los vínculos de sangre, existían entre los parientes. Allah quería abolir esta costumbre. Por eso declaró primero que llamar hijo a alguien de palabra no lo convierte en su hijo verdadero (versículo 4). Sin embargo, debido a siglos de tradición y práctica, no era fácil arrancar de raíz el sentido de consideración y la idea de que ciertas relaciones se volvían ilícitas que se habían arraigado en las mentes. Por ello era necesario quebrantar efectivamente esta costumbre. En ese momento ocurrió el caso de Zayd y Zaynab, que Allah esté complacido con ambos. Zayd, el hijo adoptivo del Noble Mensajero de Allah, se divorció de su esposa Zaynab. El Noble Mensajero de Allah comprendió que aquella era la oportunidad decisiva para quebrantar esta grave costumbre de la época de la ignorancia. Mientras él mismo no se casara con la mujer divorciada de su hijo adoptivo, no desaparecería la noción propia de la ignorancia de considerar al hijo adoptivo como un hijo verdadero y biológico. Pero también sabía que el grupo de hipócritas de Medina, las comunidades judías de los alrededores de Medina y la sociedad de incrédulos de La Meca provocarían un gran alboroto contra su decisión. No dejarían pasar ninguna oportunidad de difamarlo por ello ni de hacer propaganda contra el islam. Por eso, aunque comprendía la necesidad de tomar medidas prácticas, vacilaba. Finalmente, por mandato de Allah Todopoderoso, se casó con Zaynab, que Allah esté complacido con ella. Entonces, conforme a los temores previstos, se levantó una tormenta de objeciones. Se desató una inundación de censuras y calumnias. Incluso en los corazones de los musulmanes piadosos surgieron diversas dudas y sospechas. En respuesta a todas estas objeciones, censuras, calumnias y dudas, fueron revelados estos versículos del quinto rukūʿ de la sura Al-Ahzab, del 37 al 40.

Al comienzo de estos versículos, Allah Todopoderoso declara que este matrimonio tuvo lugar por mandato suyo. La razón es que no hay nada censurable en que los creyentes se casen con las mujeres divorciadas de sus hijos adoptivos. Después declara que no corresponde a ningún profeta vacilar por temor a alguien al hacer cumplir el mandato de Allah. Luego concluye esta exposición presentando las siguientes palabras:

«Muhammad no es el padre de ninguno de vuestros hombres, pero es el Mensajero de Allah y el último de los profetas». De esta frase se entiende claramente que Allah Todopoderoso quiere presentar tres argumentos en respuesta a quienes objetaban. Con esta sola frase se han cortado de raíz todas las objeciones y calumnias que la parte adversaria difundía contra el matrimonio del Noble Mensajero de Allah.

Su primera objeción era: si en su propia ley la esposa del hijo es ilícita para el padre, ¿cómo pudo él casarse con la esposa de su propio hijo? Como respuesta se declaró que este matrimonio no era objetable, porque el hombre cuya esposa divorciada tomó por esposa no era hijo biológico de Muhammad —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, ni Muhammad era su padre biológico. Por eso se dijo: «Muhammad —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— no es el padre de ninguno de vuestros hombres». Es decir, el hombre cuya esposa divorciada tomó por esposa ni siquiera era hijo de Muhammad —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—. Entonces, ¿por qué habría de ser ilícito casarse con su esposa divorciada? Todos sabéis que Muhammad —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— no tiene ningún hijo varón.

Su segunda objeción era: si el hijo adoptivo no es un hijo verdadero, casarse con su esposa abandonada podría ser, como mucho, lícito; pero ¿qué necesidad había de que él tuviera que casarse con ella? Como respuesta se declaró: «Pero él es el Mensajero de Allah». Es decir, por ser Mensajero, pasó a formar parte de su responsabilidad poner fin a todas las ideas de parentesco consanguíneo en relación con aquello que vuestra costumbre había declarado ilícitamente prohibido sin razón, hacerlo lícito y eliminar toda duda y sospecha al respecto.

En tercer lugar, había otra razón para que esto fuera indispensable: Muhammad —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él— no es simplemente un profeta, sino el último de los profetas. Es decir, después de él no vendrá ningún profeta, y mucho menos un mensajero. Si durante su época no se lograra reformar alguna ley o costumbre social, no habría ninguna posibilidad de que un profeta posterior completara la tarea que él había iniciado. Por tanto, era absolutamente indispensable que él eliminara esta importante costumbre de la época de la ignorancia. Pues si esta costumbre no moría a manos suyas ahora, no habría posibilidad de que muriera hasta el Día de la Resurrección. Después de él no vendrá ningún profeta. No quedará nadie que complete la parte de la obra que él deje inconclusa.

Además, se hizo especial hincapié en lo siguiente: «Allah conoce todas las cosas». Es decir, Allah sabe por qué era necesario eliminar en aquel momento, por medio de Muhammad —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, esta costumbre de la época de la ignorancia; Allah sabe qué daño se habría producido de otro modo. Ahora no vendrá ningún otro profeta de parte suya. Por consiguiente, si por medio de su último profeta no elimina ahora esta costumbre, en el futuro no habrá ninguna personalidad que, al oponerse a ella, logre abolirla para siempre en la sociedad musulmana de todo el mundo. Aunque los reformadores posteriores se opusieran a ella, las obras de ninguno de ellos tendrían una influencia y una autoridad tan eternas y universales que las personas de todos los países y de todas las épocas la aceptaran sin reparos y siguieran su ejemplo. Además, ninguno de ellos poseería una personalidad sagrada de tal naturaleza que el hecho de que hubiera realizado esta obra —es decir, que esta fuera su sunna— pudiera eliminar de la mente de la gente todo el odio y el malestar que surgieran contra ella.

Es lamentable que, en la época actual, un grupo haya abierto la puerta a una gran fitna al interpretar erróneamente este versículo. Por eso, para exponer ampliamente la cuestión del ختم de la profecía y eliminar las confusiones difundidas por ese grupo, abordaré detalladamente este tema en una etapa posterior.

 

Estudio investigativo sobre la doctrina del sello de la profecía

En la época actual, un grupo ha provocado una gran sedición al promover una nueva profecía. Ellos (Árabe****************************)interpretan la expresión «Jatam an-nabiyyīn», mencionada en la aleya, como «el sello de los profetas». Pretenden decir que, después del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él), vendrán al mundo muchos profetas llevando su sello. O, dicho de otro modo, nadie será profeta hasta que lleve el sello del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él).

Sin embargo, si se juzga esta aleya dentro del contexto particular en el que fue transmitida, no hay posibilidad alguna de aceptar ese significado para la palabra en cuestión. Más bien, al aceptarlo, desaparece por completo la necesidad de emplear dicha palabra en ese contexto y se vuelve contrario al propósito fundamental del discurso. Mientras se respondía a las objeciones planteadas contra el matrimonio de Zaynab (que Dios esté complacido con ella) y a las diversas dudas y sospechas que surgieron de él, decir de repente en medio del discurso: «Muhammad es el sello de los profetas», es decir, que todos los profetas que vengan llegarán llevando el sello de Muhammad (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él), ¿no sería acaso una afirmación completamente irrelevante e inconexa? La aparición repentina de esta frase en medio del discurso anterior y posterior no solo sería irrelevante, sino que también debilitaría el argumento presentado como respuesta a los objetores. En esas circunstancias, los objetores habrían tenido una oportunidad extraordinaria. Fácilmente podrían haber dicho: «Habría sido mejor que no hubierais completado este acto durante vuestra vida; así no habría existido posibilidad alguna de peligro. Si era tan necesario abolir esta mala costumbre, cualquiera de los profetas que vinieran después de vos llevando vuestro sello podría haberla abolido».

El grupo mencionado ha adoptado otro significado distorsionado de la palabra. Es decir, interpreta «Jatam an-nabiyyīn» como «Afdal an-nabiyyīn». Esto significa que la puerta de la profecía sigue abierta, pero que la profecía alcanzó su plenitud en el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Sin embargo, al aceptar este significado tampoco se puede escapar del resurgimiento de la confusión antes señalada. No guarda ninguna relación con el discurso anterior y posterior. Por el contrario, expresa un significado completamente opuesto a la sucesión de acontecimientos descrita antes y después. Los incrédulos y los hipócritas podrían haber dicho: «Señor, aunque fueran de menor rango que vos, después de vos seguirían apareciendo otros profetas; por tanto, podríais haber dejado este asunto en sus manos. ¿Qué necesidad tan imperiosa había de que vos mismo asumierais la responsabilidad de erradicar esta mala costumbre?»

El significado lexicográfico de la expresión «Jatam an-nabiyyīn»

Considerando su relación con el discurso anterior y posterior, puede afirmarse de manera concluyente que aquí la expresión «Jatam an-nabiyyīn» significa el fin de la sucesión; es decir, que no vendrá ningún otro profeta después del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Pero este no solo es su significado por la relación con el contexto, sino también su único significado correcto desde el punto de vista lexicográfico. Según los diccionarios árabes y el uso proverbial, la palabra «jatam» significa sellar, cerrar, llegar hasta el final y liberarse de una responsabilidad después de completar una tarea.

Jatama al-ʿamal (Árabe***)significa: faraġa min al-ʿamal (Árabe*****)es decir, ha terminado el trabajo.

Jatama al-ināʾ (Árabe****)significa: ha cerrado la boca del recipiente y le ha puesto un sello, de modo que nada pueda salir de su interior ni pueda entrar en él desde fuera.

Khatamal kitab (Árabe******)significa: cerrar una carta y sellarla en su extremo, de modo que la carta quede protegida.

Khatama alal qalb (Árabe*******)significa: el sabor que se percibe al final, después de beber una bebida.

Khatimatu kulli shay’in aqibatuhu wa akhiratuhu (Árabe**********)es decir, el khatima de cada cosa significa su resultado y su final.

Khatam ash-shay’i balaga akhirahu (Árabe*********)es decir, poner fin a algo significa llegar hasta su final. Al decir khatam del Corán se adopta precisamente este significado, y sobre esta base se llama «khawatim» al último versículo de cada sura.

Khatamul qawmi akhiruhum (Árabe*******)es decir, la última persona de una nación es su khatamul qawm. (Véanse: Lisanul Arab, Qamus y Aqrabul Mawarid).—[Aquí he mencionado solamente tres diccionarios. Pero, ¿por qué únicamente estos tres diccionarios? Si se consulta cualquier diccionario fiable de la lengua árabe, se encontrarán allí precisamente los significados y explicaciones antes mencionados de la palabra «khatam». Sin embargo, quienes niegan el khatam de la profecía han eludido por completo su significado lexicográfico para abrir una brecha en la fortaleza protegida de la religión de Allah. Pretenden afirmar que, cuando se llama a una persona «khatamush shuara», «khatamul fuqaha» o «khatamul mufassirin», no se entiende con ello que, después de la persona que recibe tal título, no haya nacido ningún otro poeta, jurista o exegeta. Más bien, significa que en esa persona se ha completado la perfección de la ciencia o el arte mencionado. Sin embargo, el uso de este tipo de títulos con el propósito de exaltar sobremanera a alguien jamás convierte el significado lexicográfico de khatam en «completo» o «excelente», ni se considera incorrecto su uso en el sentido de «último».]

Solo una persona ignorante de las reglas gramaticales puede decir algo así. No es regla de ninguna lengua que, si una palabra se emplea ocasionalmente de manera indirecta con un significado distinto de su sentido original, este se convierta en su significado original y quede prohibido emplearla en su verdadero sentido lexicográfico. Cuando se diga ante un árabe: «Jā’a khatamul qawm» (Árabe*****)jamás pensará que ha llegado la persona más noble o perfecta de la tribu; más bien pensará que han llegado todos los miembros de la tribu, hasta el último de ellos.

También debe tenerse presente que son los seres humanos quienes han otorgado a algunas personas títulos como khatamush shuara, khatamul fuqaha, khatamul muhaddizin, etc. Y los seres humanos no tienen capacidad alguna para saber si, después de la persona a la que otorgan el título de khatamush shuara o khatamul fuqaha, nacerá o no otra persona poseedora de esa cualidad. Por eso, en el lenguaje humano no queda otro recurso que emplear palabras de este tipo como títulos, con el fin de exaltar sobremanera su cualidad y reconocer su perfección. Pero cuando Allah Altísimo señala que una cualidad particular ha llegado a su término en una persona, no veo razón alguna para emplear también esa expresión en un sentido indirecto, como en el uso humano. Si Allah llamara a alguien khatamush shuara, sin duda significaría que sería imposible que naciera otro poeta después de esa persona. Esto se debe a que Allah conoce lo oculto y el futuro, mientras que los seres humanos no conocen lo oculto ni el futuro. ¿Cómo podrían equipararse que Allah llame a alguien khatamun nabiyyin y que los seres humanos otorguen a alguien el título de khatamush shuara?—(El autor)

Por eso, todos los lexicógrafos y comentaristas del Corán han interpretado unánimemente la expresión khatamun nabiyyin como «ajirun nabiyyin», es decir, el último de los profetas. Según los diccionarios y modismos árabes, «khatam» no significa el sello postal cuya impresión se coloca sobre la carta para enviarla por correo, sino el sello que se coloca en la abertura del sobre con el propósito de que nada pueda salir de su interior y nada del exterior pueda entrar en él.

Las palabras del Mensajero de Allah (saw)

Las diversas explicaciones del Mensajero de Allah (saw) también respaldan el significado que se obtiene de la discusión anterior y posterior del Corán y desde el punto de vista lexicográfico. A modo de ejemplo, menciono aquí algunos hadices:

(Árabe***************************************en la página 179 del PDF)

«El Mensajero de Allah (saw) dijo: Los Mensajeros de Allah gobernaban a los Hijos de Israel. Cuando moría un profeta, otro profeta lo sucedía; pero después de mí no habrá ningún profeta, sino únicamente califas». —(Bujari, capítulo de las virtudes)

(Árabe***************************************en la página 179 del PDF)

«El Mensajero de Allah (saw) dijo: Mi ejemplo y el de los profetas que me precedieron es como el de un hombre que construyó un edificio y lo adornó y embelleció magníficamente. Sin embargo, en una de sus esquinas quedó vacío el lugar de un ladrillo. La gente daba vueltas alrededor del edificio, admirando su belleza, y decía: “¿Por qué no se ha colocado un ladrillo en este lugar?”. Por ello, yo soy ese ladrillo y yo soy ese profeta. (Es decir, después de mi llegada, el edificio de la profecía ha alcanzado su plenitud; ahora no queda en él ningún espacio vacío que requiera nuevamente la llegada de un profeta para ser completado)». —(Bujari, Kitab al-Manaqib, capítulo «El sello de los profetas»).

Cuatro hadices con este mismo contenido han sido mencionados en el capítulo «El sello de los profetas» del Kitab al-Fada’il. En el último hadiz se ha añadido el siguiente fragmento: (Árabe********)es decir: «Después vine yo y puse fin a la sucesión de los profetas».

Este hadiz, con las mismas palabras, ha sido narrado en el capítulo «Las virtudes del Profeta» del Kitab al-Manaqib y en el capítulo «Los ejemplos» del Kitab al-Adab de Tirmidhi.

En el Musnad de Abu Dawud al-Tayalisi, este hadiz se menciona en la cadena de transmisión del hadiz narrado por Yabir ibn Abd Allah. La parte final dice (Árabe******)es decir, por medio de mí se puso fin a la cadena de los profetas.

En el Musnad de Ahmad se han narrado hadices de este tipo, con ligeras variaciones de palabras, de Ubai ibn Ka’b, Abu Sa’id al-Judri y Abu Huraira (que Dios esté complacido con él).

(árabe***************************************en la página 180 del PDF)

«El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Se me ha concedido superioridad sobre los demás profetas en seis aspectos: (a) se me ha otorgado la capacidad de expresar palabras breves, pero de significado completo; (b) se me ha ayudado con fuerza y autoridad; (c) se me han hecho lícitos los bienes obtenidos como botín; (d) la tierra del mundo ha sido convertida para mí en una mezquita (es decir, según mi sharía, la oración no puede ofrecerse únicamente en lugares de culto determinados, sino en cualquier lugar del mundo), y el suelo ha sido convertido en un medio de purificación (es decir, no solo con agua, sino también mediante el tayammum con tierra puede alcanzarse la purificación; en otras palabras, puede realizarse la ablución y el baño ritual); (e) he sido enviado como Mensajero para todo el mundo; y (f) por medio de mí se ha puesto fin a la cadena de los profetas». —(Muslim, Tirmidhi e Ibn Majah).

(árabe***************************************en la página 180 del PDF)

«El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Se ha puesto fin a la cadena de la misión apostólica y de la profecía. Por tanto, después de mí no vendrán ningún Mensajero ni ningún profeta». —(Tirmidhi, Kitab al-Ru’ya, Bab Dhahab al-Nubuwwa; Musnad de Ahmad, narrado por Anas ibn Malik (que Dios esté complacido con él)).

 

(árabe***************************************en la página 181 del PDF)

«El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Yo soy Muhammad y soy Ahmad. Soy el que extingue; con mi ayuda se extinguirá la incredulidad. Soy el que reúne; después de mí, la gente será reunida en el campo del Juicio Final. (Es decir, después de mí solo queda la Resurrección.) Soy el último en llegar (y el último en llegar de todos es aquel) después del cual ya no vendrá ningún profeta». —(Bujari y Muslim, Kitab al-Fada’il, Bab Asma’ al-Nabi; Tirmidhi, Kitab al-Adab, Bab Asma’ al-Nabi; Muwatta, Kitab Asma’ al-Nabi; Mustadrak de Hakim, Kitab al-Ta’rikh, Bab Asma’ al-Nabi).

(Árabe*************************************** PDF, página 181)

«El Mensajero de Allah (s.a.) dijo: Allah ciertamente no envió a ningún profeta que no advirtiera a su comunidad acerca del Dayyal. (Sin embargo, no apareció durante sus épocas). Ahora yo soy el último profeta y vosotros sois la última comunidad. Sin duda, el Dayyal aparecerá ahora entre vosotros».—(Ibn Mayah, Kitab al-Fitan, capítulo sobre el Dayyal).

(Árabe*************************************** PDF, página 181)

«Abd al-Rahman ibn Yubayr dijo: Escuché a Abdullah ibn Amr ibn al-As decir: Un día, el Mensajero de Allah (s.a.) salió de su casa y vino a nosotros. Vino como si se estuviera despidiendo de nosotros. Dijo tres veces: “Yo soy Muhammad, el Profeta iletrado”. Luego dijo: “Después de mí no habrá ningún profeta”».—(Musnad Ahmad, narración de Abdullah ibn Amr ibn al-As (r.a.)).

(Árabe*************************************** PDF, página 181)

«El Mensajero de Allah (s.a.) dijo: Después de mí no habrá profecía. Sólo habrá palabras portadoras de buenas nuevas. Le preguntaron: “¡Oh Mensajero de Allah! ¿Qué son las palabras portadoras de buenas nuevas?”. Él respondió: “Los buenos sueños”. O dijo: “Los sueños auspiciosos”. Es decir, ya no existe ninguna posibilidad de que descienda la revelación de Allah. Como mucho, puede decirse que, si Allah el Altísimo da a alguien alguna indicación, se la dará únicamente mediante un buen sueño».—(Musnad Ahmad, narrado por Abu al-Tufayl; al-Nasa’i, Abu Dawud).

(Árabe*************************************** PDF, página 182)

«El Profeta (s.a.) dijo: Si hubiera habido algún profeta después de mí, Umar ibn al-Jattab habría alcanzado esa dicha».—(al-Tirmidhi, Kitab al-Manaqib).

(Árabe***************************************en la página 182 del PDF)

«El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo a Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él): “Tu relación conmigo es como la relación de Aarón con Moisés. Pero después de mí no habrá ningún profeta”».—(Bujari y Muslim, Kitab Fada’il al-Sahaba).

Bujari y Muslim narraron este hadiz al relatar la expedición de Tabuk. En el Musnad de Ahmad se han narrado dos hadices con este mismo contenido, transmitidos por Hazrat Sa’d ibn Abi Waqqas (que Allah esté complacido con él). El final de uno de ellos dice:(Árabe********)“Recuerda que después de mí no habrá ninguna profecía”. Abu Dawud al-Tayalisi, el imán Ahmad y Muhammad Ishaq citaron un hadiz detallado sobre este asunto, del cual se sabe que, antes de partir para la expedición de Tabuk, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decidió dejar a Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) para proteger y administrar Medina Tayyiba. A causa de esto, los hipócritas comenzaron a decir diversas cosas sobre él. Entonces fue al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Me dejas acaso entre los niños y las mujeres?». Entonces el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo consoló y le dijo: “Tu relación conmigo es como la relación de Aarón con Moisés”. Es decir, así como Hazrat Moisés (la paz sea con él), al marchar hacia el monte Tur, dejó atrás a Hazrat Aarón (la paz sea con él) para ocuparse de los israelitas, del mismo modo te dejo atrás para proteger Medina. Pero al mismo tiempo el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) temió que, debido a esta comparación con Hazrat Aarón (la paz sea con él), pudiera surgir después alguna fitna. Por eso, inmediatamente aclaró sus palabras: “Pero recuerda que después de mí ninguna persona será profeta”.

(Árabe***************************************en la página 182 del PDF)

«Hazrat Zawban narró que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “…..Y lo cierto es que surgirán treinta mentirosos entre mi comunidad. Cada uno de ellos afirmará ser profeta. Sin embargo, después de mí no habrá ningún profeta”».—(Abu Dawud, Kitab al-Fitan).

Abu Dawud narró otro hadiz con este mismo contenido, en el Kitab al-Malahim, transmitido por Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él). Tirmidhi narró estos dos hadices a partir de Hazrat Zawban y Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él). Las palabras del segundo hadiz son:

(Árabe***************************************en la página 183 del PDF)

«Es decir, incluso aparecerán unos treinta impostores. Cada uno de ellos afirmará ser el Mensajero de Allah».

(árabe***************************************en la página 183 del PDF)

«El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Entre los hijos de Israel que vivieron antes de vosotros hubo muchos hombres con quienes se habló (Allah les habló), aunque no eran profetas. Si hubiera alguien así entre mi comunidad, ese sería Umar». —(Bujari, Kitab al-Manaqib).

En el hadiz de Muslim que contiene este mismo significado, (Árabe****)en su lugar se ha utilizado la palabra (Árabe****)Mukállam y Muhaddaz son dos palabras sinónimas. Es decir, se trata de una persona con quien Allah Todopoderoso ha hablado, o con quien se habla desde detrás de un velo. Esto permite saber que, si alguien de esta comunidad hubiera tenido la fortuna de hablar con Allah, aparte de la profecía, esa persona habría sido únicamente Umar (que Allah esté complacido con él).

(árabe***************************************en la página 183 del PDF)

«El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: No habrá ningún profeta después de mí ni ninguna comunidad después de mi comunidad». —(Bayhaqi, Kitab al-Ru’ya; Tabarani).

(árabe***************************************en la página 183 del PDF)

«El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Yo soy el último profeta y mi mezquita (es decir, la Mezquita del Profeta de Medina) es la última mezquita». —[Quienes niegan el sello de la profecía argumentan a partir de este hadiz que, así como el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llamó a su mezquita la última mezquita, aunque esta no es la última mezquita, pues después de ella se han construido innumerables mezquitas en el mundo, del mismo modo dijo que él era el último profeta. Según ellos, esto significa que después de él también vendrán profetas. Naturalmente, sería el último profeta en cuanto a superioridad, y su mezquita sería la última mezquita. Pero, en realidad, este tipo de interpretación tergiversada demuestra que esas personas han sido privadas de la capacidad de comprender el significado de las palabras de Allah y de Su Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Si se tienen en cuenta todos los hadices sobre este asunto en el lugar de Sahih Muslim donde se narra este hadiz, quedará claro en qué sentido el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llamó última a su mezquita. Allí el imán Muslim cita las narraciones de Abu Huraira (que Allah esté complacido con él), Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) y la Madre de los Creyentes, Maimuna (que Allah esté complacido con ella), en las que se afirma que en el mundo solo existen tres mezquitas que poseen superioridad sobre las mezquitas ordinarias. Quien reza en ellas recibe mil veces más recompensa que quien reza en otras mezquitas. Por ello, solo está permitido viajar para rezar en estas tres mezquitas. Fuera de estas tres, no está permitido viajar hacia ninguna mezquita concreta para rezar allí, dejando de lado todas las demás mezquitas del mundo. De estas tres mezquitas especiales, la primera es la Mezquita Sagrada. La construyó Ibrahim (la paz sea con él). La segunda es la Mezquita de Al-Aqsa. La construyó Sulaymán (la paz sea con él). La tercera es la Mezquita del Profeta de Medina. La construyó el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El significado de las palabras del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es que, puesto que después de mí no vendrá ningún profeta, después de mi mezquita ya no se construirá en el mundo una cuarta mezquita en la que la recompensa de rezar sea mayor que en otras mezquitas y hacia la cual esté permitido viajar con el propósito de rezar». —(El autor)] (Muslim, Kitab al-Hach, capítulo sobre la virtud de rezar en las mezquitas de La Meca y Medina).

Numerosos compañeros narraron estos hadices del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y muchos expertos en hadices los citaron con cadenas de transmisión muy sólidas y fiables. Después de estudiarlos, queda claro que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), empleando distintas palabras y expresiones en diversas circunstancias, dejó perfectamente claro que él es el último profeta. Después de él no vendrá ningún profeta. La cadena de la profecía ha llegado a su fin con él, y quien después de él pretenda ser mensajero o profeta será un daÿÿal y un mentiroso. —[Quienes niegan el sello de la profecía citan, frente a todos estos hadices del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), la siguiente narración atribuida a Aisha. En ella se dice: (Árabe**************)Es decir: «Di: Ciertamente, él es el sello de los profetas, pero no digas que después de él no habrá ningún profeta». Sin embargo, en primer lugar, presentar cualquier declaración de Aisha (que Allah esté complacido con ella) frente a la orden explícita del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no es más que una extrema insolencia y falta de respeto. Además, no existe ninguna referencia a la supuesta declaración anterior de Aisha (que Allah esté complacido con ella). Ningún célebre compilador de hadices registró este hadiz en su obra. La declaración mencionada se cita de la obra de exégesis titulada Durr al-Mansur y del diccionario de hadices titulado Takmila-ye Mayma al-Bahar. Sin embargo, no se menciona ninguna cadena de transmisión. »

Presentar la declaración más débil, atribuida a una mujer de los Compañeros, para negar los innumerables hadices explícitos del Mensajero de Allah (s.a.s.), que los más destacados y eminentes expertos en hadices transmitieron con cadenas de transmisión exactas y fiables, no es sino una extrema insolencia. ] ¿Qué otra interpretación podría ser más sólida, fiable y autorizada que la expresión coránica «Jatam an-Nabiyyin»? La palabra del Mensajero de Allah (s.a.s.) constituye aquí la cadena de transmisión y la prueba definitiva. Además, cuando explica un versículo del Corán, se convierte en una prueba aún más contundente. Ahora bien, la pregunta es: ¿quién comprendió el Corán mejor que el Profeta Muhammad (s.a.s.) y quién, aparte de él, podría tener derecho a interpretarlo? ¿Quién existe que vaya a dar otro significado al sello de la profecía, y que nosotros estemos dispuestos siquiera a considerarlo, mucho menos a aceptarlo?

El consenso de los Compañeros

Después del Corán y la Sunna, el consenso o acuerdo de los nobles Compañeros ocupa el tercer grado de importancia. Todas las narraciones históricas fiables demuestran que, inmediatamente después del fallecimiento del Mensajero de Allah (s.a.s.), los nobles Compañeros combatieron, sobre la base del consenso, contra todos aquellos que afirmaban ser profetas y contra quienes aceptaban su profecía.

A este respecto, el caso de Musailima el Mentiroso es especialmente significativo. Él no negó la profecía del Mensajero de Allah (s.a.s.); más bien, afirmaba que había sido asociado con él en su misión profética. En la carta que le escribió antes del fallecimiento del Mensajero de Allah (s.a.s.) decía:

(árabe***************************************en la página 185 del PDF)

Es decir: «De Musailima, el Mensajero de Allah, para Muhammad, el Mensajero de Allah. Que la paz sea contigo. Debes saber que he sido asociado contigo en la misión profética». —(Tarari, tomo 2, pág. 399, edición impresa en Egipto). Además, también se pronunciaba en ella la frase: «Doy testimonio de que Muhammad es el Mensajero de Allah».

A pesar de haber aceptado de este modo, con palabras explícitas, el mensaje de Muhammad, se consideró a Musailima un incrédulo, fuera del islam, y se combatió contra él. También está demostrado por la historia que los Banu Hanifa creyeron en él de buena fe. Sin embargo, habían caído en el error de pensar que el Profeta Muhammad (s.a.s.) mismo lo había asociado con él en su misión profética. Además, cierto individuo que había recibido instrucción coránica en Medina la Iluminada les presentó unos versículos del Corán como versículos revelados a Musailima. (Al-Bidaya wa an-Nihaya, escrito por Ibn Kazir, tomo 5, pág. 51). A pesar de todo ello, los nobles Compañeros (que Allah esté complacido con ellos) no los reconocieron como musulmanes y combatieron contra ellos. No hay posibilidad de afirmar que los Compañeros combatieran contra ellos no por apostasía, sino por el delito de rebelión; pues, si alguna vez hubiera que combatir contra musulmanes rebeldes, según la ley islámica no se podría esclavizar a sus prisioneros de guerra. E incluso si un musulmán —o un protegido— declarase una rebelión, tampoco se podría esclavizar a sus miembros después de ser arrestados. Sin embargo, durante la guerra contra Musailima y sus seguidores, Abu Bakr as-Siddiq (que Allah esté complacido con él) declaró que sus mujeres y sus hijos menores serían esclavizados. Tras ser capturados, se comprobó que efectivamente habían sido esclavizados. Ali (que Allah esté complacido con él) se convirtió en propietario de una de aquellas prisioneras de guerra. El hijo nacido de esta prisionera, Muhammad al-Hanafiyya —Hanafiyya significa una mujer de la tribu de Hanifa—, llegó posteriormente a ser una figura ampliamente conocida del islam. —(Al-Bidaya wa an-Nihaya, tomo 6, págs. 316-325).

Esto deja claro que el delito por el cual los nobles Compañeros combatieron contra ellos no fue un delito de rebelión, sino el hecho de que un hombre afirmara ser profeta después de Muhammad (s.a.s.) y de que la gente creyera en él. Esta medida se adoptó inmediatamente después del fallecimiento del Mensajero de Allah (s.a.s.). Abu Bakr as-Siddiq (que Allah esté complacido con él) la dirigió, y todo el conjunto de los Compañeros lo apoyó unánimemente. ¿Qué ejemplo del consenso de los Compañeros podría ser más claro que este?

El consenso de los ulemas

Después del consenso de los Compañeros, el consenso de los ulemas de las generaciones posteriores a los Compañeros constituye, en la ley islámica, la cuarta prueba más sólida. Al examinar la cuestión desde esta perspectiva, se observa que, desde el primer siglo de la Hégira hasta nuestros días, los ulemas de todas las regiones del mundo musulmán, en cada época, siempre han coincidido en que:

Después de Muhammad —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, ninguna persona puede ser profeta; y quien, después de él, reivindique la profecía, o quien acepte esta falsa reivindicación, es un incrédulo. No tiene lugar dentro de la comunidad islámica.

Presento algunas pruebas al respecto:

Primero: En la época del imán Abu Hanifa (80-150 h.), un hombre reivindicó la profecía.

Dijo: «Dadme la oportunidad; presentaré la señal milagrosa de mi profecía». Al oír esto, el imán dijo: «También se convertirá en incrédulo quien le pida cualquier señal milagrosa. Pues el Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: (Árabe*******)«Después de mí no habrá ningún profeta». (Manāqib al-Imām al-Aʿẓam Abū Hanīfa, escrito por Ibn Ahmad al-Makki, tomo 1, pág. 161, publicado en Hyderabad en 1321 h.).

Segundo: El erudito Ibn Jarir al-Tabari (224-310 h.) escribió en su célebre exégesis coránica (Árabe***********)al explicar el versículo: (Árabe***************)«Es decir, Aquel que ha puesto fin a la profecía y le ha colocado un sello. Por tanto, hasta el Día de la Resurrección, su puerta no se abrirá para nadie». (Tafsir de Ibn Jarir, tomo 22, pág. 12).

Tercero: El imán al-Tahawi (239-321 h.), al describir en su obra «La doctrina de los salaf» la doctrina de los ulemas eminentes de las primeras generaciones, especialmente la de los imanes Abu Hanifa (r. a.), Abu Yusuf (r. a.) y Muhammad (r. a.), registró la siguiente doctrina sobre la profecía: «Muhammad (s. a. s.) es el amado siervo de Allah, Su profeta escogido y Su amado Mensajero. Él es el último de los profetas, el imán de los piadosos, el líder de los mensajeros y el amigo del Señor de los mundos. Toda reivindicación de la profecía después de él no es más que extravío y otra forma de egoísmo». (Sharh al-Tahawiyya fi al-Aqida al-Salafiyya, Dar al-Ma’arif, Egipto, págs. 15, 87, 96, 97, 100 y 102).

Cuarto: el erudito andalusí Ibn Hazm (384-456 h.) escribió: «Sin duda, la cadena de la revelación terminó después del Mensajero de Allah (s.a.s.). La prueba de ello es que la revelación llega únicamente a un profeta, y Allah Altísimo ha dicho: “Muhammad no es padre de ninguno de vuestros hombres, sino el Mensajero de Allah y el último de los profetas”». —(Al-Muhallā, tomo 1, pág. 26).

Quinto: el imán Gazali (450-505 h.) dijo: —[Aquí reproduzco literalmente las palabras del imán Gazali en su idioma original. La razón es que quienes niegan la finalización de la profecía han cuestionado enérgicamente la autenticidad de esta cita. —(El autor)]

(Árabe***********************************************************************************en la página 187 del PDF)

Es decir: «Si se abre esta puerta (la puerta de negarse a aceptar el consenso como prueba), las consecuencias serán terribles. Por ejemplo, si alguien afirma que es posible la llegada de otro profeta después de nuestro Profeta Muhammad (s.a.s.), para demostrar legítimamente que no se debe vacilar en declararlo incrédulo, sin duda habrá que recurrir al consenso. Esto se debe a que la razón no determina que tal cosa sea ilícita. En cuanto al Corán y al hadiz, para quien sostenga esta creencia no será difícil en absoluto dar un significado inventado a las dos expresiones: “No hay profeta después de mí” y “el último profeta”. Podría decir que “el último profeta” significa el fin de la llegada de los profetas más eminentes. Y si se afirma que la palabra “profetas” se ha usado en sentido general, tampoco le será difícil analizar ese sentido general. Respecto de la frase “No hay profeta después de mí”, podría decir: “No se ha dicho que no haya mensajero después de mí”. Existe una diferencia entre mensajero y profeta. El rango del profeta es superior al del mensajero. En suma, podrían pronunciarse muchas afirmaciones absurdas de este tipo. Además, no es posible cerrar el camino a la elaboración de diversos significados inventados mediante un mero análisis lingüístico. Más bien, consideramos que, al interpretar externamente —es decir, de manera inventada— una expresión, existe incluso la posibilidad de atribuirle significados aún más remotos que este. No podemos decir de quienes adoptan tales significados que están negando el Corán y el hadiz. Pero, para refutar sus afirmaciones, diremos que toda la comunidad musulmana ha entendido unánimemente, a partir de esta expresión (es decir, “no hay profeta después de mí”) y de la condición del Noble Profeta (s.a.s.), que el significado de las palabras del Noble Profeta (s.a.s.) era: a partir de su condición, la comunidad entendió que el significado de las palabras del Noble Profeta (s.a.s.) era: después de él no vendrá ningún profeta ni mensajero. Además, toda la comunidad musulmana ha decidido unánimemente que en este asunto no hay lugar para ninguna interpretación alegórica, significado inventado o interpretación remota. Por tanto, de tal persona no se puede decir otra cosa que es alguien que niega el consenso». —(Al-Iqtisād fī al-I‘tiqād, al-Matba‘at al-‘Abdiyya, Egipto, pág. 114).

Sexto: Muhyi al-Sunna al-Baghawi (fallecido en 510 h.) escribió en su comentario Ma‘ālim al-Tanzīl: «Por medio del Mensajero de Allah (s.a.s.), Allah Altísimo puso fin a la cadena de la profecía. Por ello, él es el último profeta… Ibn Abbas dijo: “Allah Altísimo ha decretado en esta aleya que no habrá ningún profeta después de Muhammad (s.a.s.)”». —(tomo 3, pág. 158).

Séptimo: el erudito Zamajshari (467-538 h.) escribió en su Tafsir al-Kashshaf: «Si decís: “¿Cómo puede el Mensajero de Allah (s.a.s.) ser el último profeta, cuando Jesús (a.s.) descenderá al final de los tiempos?”, responderé: el significado de que el Mensajero de Allah (s.a.s.) sea el último profeta es que después de él nadie será investido con el rango de profeta. Jesús (a.s.) fue hecho profeta antes que el Mensajero de Allah (s.a.s.). Después de descender posteriormente, seguirá la ley religiosa del Mensajero de Allah (s.a.s.) y rezará orientado hacia su qibla. Es decir, formará parte de la comunidad del Mensajero de Allah (s.a.s.)». —(tomo 2, pág. 215).

Octavo: el cadí Iyad (fallecido en 544 h.) escribió: «Quien afirme ser profeta, o considere posible alcanzar la profecía mediante su propio esfuerzo y elevarse al rango de profeta, al menos mediante la purificación —como creen algunos filósofos y sufíes de mentalidad desviada—, así como quien no afirma ser profeta pero afirma que la revelación desciende sobre él, todos ellos son incrédulos y desmienten la profecía del Mensajero de Allah (s.a.s.). Esto se debe a que él informó que era el último profeta y que después de él no vendría ningún profeta. También informó de parte de Allah que él había puesto fin a la profecía y que había sido enviado para toda la humanidad. Toda la comunidad musulmana está de acuerdo en que aquí debe aceptarse el significado aparente de las palabras y que no hay posibilidad alguna de adoptar otro significado. Por consiguiente, no existe ninguna duda, desde la perspectiva del Corán, el hadiz y el consenso, sobre la incredulidad de los grupos mencionados». —(Al-Shifā, tomo 2, págs. 270-271).

Noveno: el erudito Shahristani (fallecido en 548 h.) escribió en su célebre obra Al-Milal wa al-Nihal: «Así pues, quien diga que después de Muhammad (s.a.s.) vendrá algún profeta [excepto Jesús (a.s.)], no existe desacuerdo entre dos personas sobre su incredulidad». —(tomo 3, pág. 249).

Diez: el imán Razi (543-606 d. H.) dice en su obra Tafsir al-Kabir, al explicar la aleya «Jatam an-Nabiyyin»: El propósito de emplear la expresión «Jatam an-Nabiyyin» en esta descripción es que, si después de un profeta viene otro profeta, este último puede completar cualquier deficiencia que el profeta anterior haya dejado en materia de consejos e instrucciones; pero aquel después de quien no vendrá ningún otro profeta será muy afectuoso con su comunidad y le brindará una guía clara. Esto se debe a que su ejemplo es como el de un padre que sabe que, después de su muerte, su hijo no tendrá ningún otro tutor ni protector. (Tomo 6, p. 581).

Once: el ilustre Baydawi (f. 685 d. H.) escribió en su tafsir Anwar at-Tanzil: Es decir, él es el último profeta. Él ha puesto fin a la sucesión de los profetas, o por causa de él se ha estampado un sello sobre la sucesión de los profetas. El descenso de Jesús (la paz sea con él) después de él no afecta en nada a la conclusión de la profecía, porque descenderá como seguidor de la religión del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él). (Tomo 4, p. 164).

Doce: el ilustre Hafizuddin Nasafi (f. 810 d. H.) escribió en su tafsir Madārik at-Tanzil: El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) es Jatam an-Nabiyyin, es decir, el último de los profetas. Después de él no se hará profeta a ninguna otra persona. En cuanto a Jesús (la paz sea con él), fue investido con el rango de profeta antes del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él). Cuando descienda posteriormente, será seguidor de la sharía del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él), es decir, pertenecerá a la comunidad del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él). (p. 471).

Trece: el ilustre Alauddin Bagdadi (f. 725 d. H.) escribió en su tafsir Jazen:(Árabe******)Es decir, Allah ha puesto fin a la profecía con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él). Por tanto, después de él no hay profecía ni hay después de él ningún asociado suyo en su profecía.(Árabe**********)Es decir, Allah sabe que después de él no hay ningún profeta. (pp. 471-472).

Catorce: el ilustre Ibn Kazir (f. 74 d. H.) escribió en su célebre tafsir: Después, de la aleya en cuestión se hace evidente que no hay ningún profeta después del profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él). Y cuando no hay ningún profeta después de él, ni siquiera se plantea la cuestión de un mensajero, pues la misión de mensajero es un rango específico, mientras que el rango de profeta es general: todo mensajero es profeta, pero no todo profeta es mensajero. Quien, después del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él), reivindique este rango será un mentiroso, un impostor, un dayyal, un extraviado y alguien que extravía a otros. Por más que provoque alteraciones mediante fenómenos naturales y cree una ilusión ante los ojos de la gente mostrando prodigios de magia, su pretensión no puede ser aceptada. … El estado de toda persona que reivindique este rango hasta el Día de la Resurrección será el mismo. (Tomo 3, pp. 493-494).

Quince: el ilustre Jalaluddin Suyuti (f. 911 d. H.) escribió en su tafsir Yalalayn:(Árabe*************)Es decir, Allah sabe que no hay ningún profeta después del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él), y que, después del descenso de Jesús (la paz sea con él), este actuará conforme a la sharía del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él). (p. 768).

Dieciséis: el ilustre Ibn Nuyaym (f. 970 d. H.) escribió en el capítulo Kitab as-Siyar, sección Bab ar-Ridda, de su célebre obra de usul al-fiqh, Al-Ashbah wa an-Nazair: Si alguien no considera al profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él) el último profeta, no es musulmán, porque conocer estas cuestiones y aceptarlas forma parte de los asuntos indispensables de la religión. (p. 179).

Diecisiete: el jeque Ismail Haqqi (f. 1137 d. H.) escribió, al explicar la aleya mencionada en su obra Tafsir Ruh al-Bayan: Asim —el célebre imán de la ciencia del taywid— leyó la palabra «Jatam» poniendo una fatha sobre la letra ta. Su significado es un instrumento para poner fin, con cuya ayuda se estampa un sello.

Es decir, el Mensajero de Allah vino al final de todos los profetas, y por medio de él se puso el sello sobre la sucesión de los profetas. En persa se diría «Mohr-e Paygambarán». Es decir, por medio de él se selló y cerró la puerta de la profecía, y se puso fin a la sucesión de los profetas. Otros recitadores han leído «Jātim an-Nabiyyīn», con kasra bajo la «ta». Esto significa que él era quien sellaba; en otras palabras, quien ponía el sello sobre los profetas. De este modo, esta palabra también se vuelve sinónima de «Jātam». Por tanto, después del Mensajero de Allah, los eruditos de su comunidad recibirán por herencia únicamente su representación. Con su fallecimiento terminó también de inmediato la herencia de la profecía, y el descenso de Hadrat Isa después de él no afectará en nada a su profecía. Porque el significado de «Jātim an-Nabiyyīn» es que después de él nadie será hecho profeta, mientras que Hadrat Isa fue hecho profeta antes que él. Por consiguiente, Isa formará parte de los seguidores del Mensajero de Allah, rezará orientado hacia la qibla del Mensajero de Allah y pertenecerá a su comunidad. Entonces no descenderá ninguna revelación sobre Hadrat Isa ni promulgará nuevas normas. Más bien, será representante del Mensajero de Allah. …..La declaración unánime de Ahl as-Sunna wa-l-Yamā‘a es que no hay ningún profeta después de nuestro Profeta. Pues Allah ha dicho:(Árabe********************)Es decir, Muhammad es el Mensajero de Allah y el último profeta. Y el Mensajero de Allah dijo: (Árabe*****)«No hay ningún profeta después de mí». Por consiguiente, actualmente se declarará incrédulo a quien diga que hay un profeta después de Muhammad, porque negará la clara declaración del Corán y del hadiz. Pues, después de que las pruebas racionales claras han separado la verdad de la falsedad, toda pretensión contraria queda invalidada. Y la pretensión de quien reivindique la profecía después de Muhammad quedará anulada. —(tomo 22, pág. 188).

Diecinueve: Fatāwā-ye ‘Ālamgīrī: por orden del rey de Hindustán, Alamgir, los eminentes eruditos del subcontinente redactaron conjuntamente esta obra en el año mil de la Hégira. En ella se afirma: si alguien cree que Muhammad no es el último profeta, no es musulmán. Y si afirma ser el Mensajero de Allah o un profeta, será declarado incrédulo. —(tomo 2, pág. 263).

Veinte: el erudito Shawkani (fallecido en 1255 de la Hégira) escribió en su exégesis Fath al-Qadir: toda la comunidad musulmana ha leído la palabra «Jātim» con kasra bajo la «ta»; únicamente ‘Āsib la leyó con fatha. El primer significado es que el Mensajero de Allah puso fin a la sucesión de todos los profetas, es decir, vino al final de todos ellos. El segundo significado es que desempeñó la función de sello para todos los profetas, y significa que, por medio de él, la sucesión de los profetas fue cerrada con un sello. Como resultado, su grupo quedó completo y perfecto. —(tomo 4, pág. 275).

Veintiuno: el erudito Alusi (fallecido en 1280 de la Hégira) escribió en su exégesis Ruh al-Ma‘ani: la palabra «profeta» tiene un significado más general que «mensajero». Por tanto, que el Mensajero sea Jātim an-Nabiyyīn significa también que es Jātim al-Mursalīn. Que sea el último profeta y el último mensajero significa que, después de que él fue investido en este mundo con la cualidad de la profecía, esta cualidad desapareció para siempre de entre los seres humanos y los yinn. —(tomo 22, pág. 32). Se considerará incrédulo a quien, después del Mensajero de Allah, afirme haber recibido la revelación de la profecía. No hay lugar para discrepancia entre los musulmanes al respecto. —(tomo 22, pág. 38). El Corán ha declarado en términos inequívocos que el Mensajero de Allah es el último profeta. El Corán ha declarado en términos inequívocos que el Mensajero de Allah es el último profeta. La sunna del Mensajero de Allah lo ha explicado claramente y toda la comunidad musulmana ha actuado conforme a ello. Por consiguiente, quien sostenga una afirmación contraria será considerado incrédulo. —(tomo 22, pág. 39).

Aquí he mencionado las explicaciones y opiniones de los más eminentes eruditos, juristas, exegetas y especialistas en hadices del mundo musulmán, desde Hindustán hasta Marruecos y al-Ándalus, y desde Turquía hasta Yemen. Junto con sus nombres, también he indicado sus fechas de nacimiento y fallecimiento. A primera vista, cualquiera podrá deducir que entre ellos se encuentran los más grandes eruditos de la historia del islam, desde el primer hasta el decimotercer siglo de la Hégira. También podría haber mencionado aquí las opiniones de los eruditos del decimocuarto siglo de la Hégira, pero deliberadamente no cité sus opiniones. Pues alguien podría decir, en respuesta a sus opiniones y explicaciones, que expresaron este significado del sello de la profecía por obstinación contra el pretendiente a la profecía de esta época. Por eso he citado las opiniones de los eruditos de épocas anteriores. Huelga decir que no puede plantearse ninguna disputa entre ellos y nadie de la época actual. Estas opiniones han demostrado definitivamente que, desde el primer siglo de la Hégira hasta hoy, todo el mundo musulmán ha entendido unánimemente la expresión Jātam an-Nabiyyīn como «el último profeta». Los musulmanes de todas las épocas han sostenido esta misma creencia: después del Mensajero de Allah, la puerta de la profecía quedó cerrada para siempre. Tampoco ha habido ninguna discrepancia entre los musulmanes respecto a que toda persona que, después del profeta Muhammad, reivindique ser mensajero o profeta, y toda persona que acepte su reivindicación, se convertirán en incrédulos.

A la luz de esta discusión, toda persona sensata puede llegar a la conclusión de que, frente al significado de la expresión Jātam an-Nabiyyīn demostrado por los diccionarios árabes, indicado por el contexto coránico, explicado por el Mensajero de Allah, aceptado por consenso de los honorables Compañeros y reconocido sin ambigüedad por toda la comunidad musulmana desde los Compañeros hasta hoy, ¿queda algún margen o posibilidad para adoptar un segundo significado, es decir, para abrir la puerta de la profecía a un nuevo pretendiente? ¿Y cómo se puede reconocer como musulmanes a quienes no solo sostuvieron la mera idea de abrir la puerta de la profecía, sino que permitieron que una persona entrara por esa puerta y además creyeron en su profecía?

En este contexto deben considerarse además tres cuestiones.

Una cuestión importante

Lo primero es que el asunto de la profecía es sumamente delicado. Desde la perspectiva del Corán, este tema forma parte de las creencias fundamentales del islam. La fe o la incredulidad de una persona dependen de que lo acepte o lo rechace. Si alguien es profeta y la gente no lo reconoce, se vuelven incrédulos. Y si, a pesar de que alguien no es profeta, la gente lo acepta como tal, también se vuelven incrédulos. En una situación tan delicada, no cabe pensar que Allah pueda actuar de manera negligente. Si después del profeta Muhammad (s.a.) no hubiera de venir ningún otro profeta, Allah mismo lo habría expresado en el Corán con palabras claras e inequívocas; lo habría anunciado públicamente por medio del Mensajero de Allah (s.a.), y el Mensajero de Allah (s.a.) tampoco habría partido jamás de este mundo antes de informar plenamente a toda la comunidad de que después de él vendrían más profetas y de que nosotros tendríamos que creer en ellos. ¿Qué enemistad tendrían Allah y Su Mensajero (s.a.) con nuestra religión y nuestra fe para que, después del Mensajero de Allah (s.a.), la puerta de la profecía permaneciera abierta y entrara por ella algún profeta en quien no pudiéramos dejar de creer para seguir siendo musulmanes, y, sin embargo, no solo se nos mantuviera completamente desinformados al respecto, sino que, por el contrario, Allah y Su Mensajero hubieran dicho conjuntamente cosas que hicieron que durante mil trescientos años toda la comunidad creyera, y siga creyendo hoy, que después del profeta Muhammad (s.a.) no vendrá ningún otro profeta?

Supongamos, a efectos del argumento, que la puerta de la profecía está abierta y que incluso ha venido algún profeta. En ese caso, lo negaríamos sin vacilar. Lo único que podríamos temer sería ser interrogados ante Allah. Pero si el Día del Juicio Él nos pidiera cuentas sobre esto, presentaríamos directamente ante Su tribunal los registros mencionados. Con ello quedaría demostrado —Dios nos libre— que el Libro de Allah y la Sunna del Mensajero nos habían arrojado precisamente a esta incredulidad. Podemos afirmar sin temor que, después de examinar esos registros, Allah el Altísimo no nos castigará por no haber creído en ningún nuevo profeta. Pero si realmente la puerta de la profecía está definitivamente cerrada, no existe posibilidad de que venga otro profeta y, pese a ello, una persona cree en alguien que pretende ser profeta, entonces debería considerar si, para librarse del delito de esta incredulidad, podrá presentar ante el tribunal de Allah algún registro que le permita esperar su absolución. Antes de comparecer ante el tribunal, debería analizar aquí mismo las pruebas y documentos reunidos para responder por sus actos. Y, comparando sus propias pruebas y documentos con los que nosotros hemos presentado, debería juzgar si alguna persona sensata puede, basándose en la defensa en la que él confía para actuar así, exponerse al castigo de la incredulidad.

Ahora bien, ¿qué necesidad hay de un nuevo profeta?

El segundo punto importante es que una persona no puede desarrollar en sí misma la cualidad de la profecía mediante el progreso en la adoración y las buenas obras. La profecía no es una recompensa que se otorgue a alguien a cambio de un gran servicio. Más bien, es una dignidad que Allah el Altísimo concede a una persona determinada cuando existe una necesidad especial. Cuando llega el momento de esa necesidad, Allah establece a una persona en esa dignidad; y cuando no existe ni se presenta tal necesidad, Allah no sigue enviando profetas uno tras otro sin motivo. Si se intenta conocer, a partir del Sagrado Corán, en qué circunstancias surge la necesidad de enviar un profeta, se descubre que los profetas fueron enviados únicamente en cuatro tipos de situaciones:

Primera: surge la necesidad de enviar un profeta a un pueblo determinado porque hasta entonces no había llegado ningún profeta a él y tampoco le había llegado el mensaje de un profeta enviado a otro pueblo.

Segunda: surge la necesidad de enviar un profeta porque la gente ha olvidado las enseñanzas del profeta anterior o las ha distorsionado, y se ha vuelto imposible seguir el camino que aquel profeta había mostrado.

Tercera: la educación del pueblo no ha alcanzado su plenitud por medio del profeta anterior y se ha vuelto necesario un profeta adicional para completar la religión.

Cuarta: se ha vuelto necesario otro profeta para ayudar y apoyar a un profeta.

No hace falta decir que, después del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ninguna de las razones mencionadas anteriormente sigue existiendo.

El propio Corán dice que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue enviado como guía para todo el mundo. La historia cultural del mundo demuestra que, desde que recibió la profecía, se han dado en el mundo las condiciones necesarias para que su llamamiento pueda llegar a todas las naciones. Después de esto, ya no hay necesidad de enviar profetas separados a cada nación.

El Corán también lo afirma, y todas las narraciones de los hadices y de la Sira dan testimonio de que las enseñanzas del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se han conservado por completo, con exactitud y pureza. No han sufrido ninguna alteración ni modificación. Ni una sola palabra del Corán que él trajo ha sido aumentada o reducida hasta el día de hoy, ni podrá serlo hasta el Día de la Resurrección. Asimismo, las instrucciones que dio mediante sus palabras y sus actos nos han llegado de tal manera que parece que vivimos en su propia época. Por tanto, la segunda necesidad también ha quedado eliminada.

Además, el Noble Corán expresa con claridad que, por medio del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Allah llevó a la religión a su plena perfección. Por consiguiente, ya no hay necesidad de ningún profeta para completar la religión.

Ahora queda la cuarta necesidad. Mi argumento al respecto es que, si hubiera sido necesario un profeta por esta razón, habría sido enviado junto con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), en su época. Pero todos saben que ningún profeta semejante fue enviado durante la época del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por tanto, esta razón también queda invalidada.

Ahora queremos saber cuál sería la quinta razón para que llegara un nuevo profeta después del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Si alguien dice que toda la comunidad se ha extraviado y que, por ello, hace falta un nuevo profeta para reformarla, le preguntaremos: ¿ha venido alguna vez a este mundo un profeta únicamente con el propósito de reformar, para que hoy venga otro profeta solo para realizar esta tarea? La razón por la que se envía un profeta es que recibe revelación. Y la revelación es necesaria para transmitir un nuevo mensaje o para proteger el mensaje anterior de la alteración. Una vez que el Corán de Allah y la sunna del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) han quedado preservados, la religión ha alcanzado la perfección y todas las posibles necesidades de la revelación han llegado a su fin; entonces, para la reforma, solo queda la necesidad de un reformador, no la de un profeta.

Una nueva profecía no es portadora de misericordia para la comunidad actual

El tercer punto importante es que, en cuanto aparece un profeta entre una nación, surge entre sus miembros la cuestión de la fe y la incredulidad. Quienes acepten a ese profeta pertenecerán a una misma comunidad; y quienes lo rechacen pertenecerán necesariamente a otra comunidad distinta. La diferencia entre estas dos comunidades no se considerará una divergencia parcial o insignificante. Al contrario, alcanzará el nivel de una diferencia fundamental sobre la fe en un profeta, de modo que un grupo jamás podrá unirse al otro mientras no abandone sus propias creencias y convicciones. Además, en la práctica, las fuentes de guía y de la ley serán distintas para ambos. Un grupo formulará sus leyes a partir de la revelación y la sunna de su propio profeta, mientras que el segundo grupo rechazará directamente aceptar ambas como fuentes de su ley. Por tanto, nunca será posible que ambos creen juntos una sola sociedad.

Después de observar estas verdades luminosas, cualquier persona podrá comprender claramente que el «sello de la profecía» es una gran misericordia de Allah Todopoderoso para la comunidad musulmana. Gracias a ello, toda la comunidad musulmana ha podido formar parte de una fraternidad mundial y eterna. Esto ha protegido a los musulmanes de diferencias fundamentales que podrían haber sembrado entre ellos las semillas de una separación perpetua. Por consiguiente, quien reconoce al Profeta Muhammad (s. a. s.) como guía y líder, y no desea dirigirse a ninguna otra fuente de guía aparte de sus enseñanzas, pertenece a esta fraternidad y puede incorporarse a ella en cualquier momento. Si la puerta de la profecía no se hubiera cerrado, la comunidad musulmana jamás habría encontrado esta unidad, pues después de la llegada de cada profeta dicha unidad se habría hecho añicos.

La conciencia y la razón humanas también respaldan que, después de establecer una religión universal y perfecta y protegerla de toda alteración y modificación, la puerta de la profecía debía cerrarse. De este modo, siguiendo conjuntamente a este último Profeta, los musulmanes de todo el mundo podrán permanecer para siempre como miembros de una misma comunidad, sin que la llegada innecesaria de nuevos profetas provoque repetidamente divisiones dentro de ella. Ya sea un profeta «zillí» o «buruzí» —se llama profeta «zillí» al profeta que sigue al profeta anterior, y profeta «buruzí» al que no lo sigue—, pertenezca a una comunidad o posea una ley religiosa y un libro, cualquiera que sea la condición del profeta que llegue y sea enviado por Allah, el resultado inevitable de su llegada será que quienes lo acepten constituirán una comunidad, mientras que quienes no lo acepten serán considerados incrédulos. Cuando surge una verdadera necesidad de enviar un profeta —y solamente entonces— esta división resulta inevitable; pero cuando no existe ninguna necesidad de su llegada, de ningún modo cabe esperar, ante la sabiduría y la misericordia de Allah, que Él enfrente a Sus siervos en el conflicto entre la fe y la incredulidad y no les conceda la oportunidad de pertenecer conjuntamente a una sola comunidad. Por tanto, cuanto se demuestra mediante el Corán, la Sunna y el consenso, también la razón humana lo reconoce como correcto; y la exigencia de todo ello es que, en la época actual, la puerta de la profecía permanezca cerrada.

 

El significado del «Mesías prometido» a la luz de los hadices

Quienes llaman a una nueva profecía suelen decir a los musulmanes ignorantes que en los hadices se anuncia la llegada del «Mesías prometido» y que el «Mesías» era un profeta. Por consiguiente, su llegada no afecta de ningún modo al sello de la profecía. Al contrario, tanto el sello de la profecía como la llegada del Mesías prometido son verdaderos.

A este respecto, también dicen que el hazrat Isa ibn Maryam (a. s.) no es el «Mesías prometido». Él ya ha muerto. Aquel cuya llegada se anuncia en los hadices es un «semejante al Mesías», es decir, un Mesías semejante a hazrat Isa (a. s.). Y se trata de cierto individuo que ha aparecido recientemente. Aceptarlo no contradice la creencia en el sello de la profecía.

Para rasgar el velo de este engaño, citamos aquí, con sus fuentes, los hadices auténticos mencionados sobre este asunto, tomados de los libros fiables de hadices. Al examinar estos hadices, cada persona podrá comprender por sí misma qué dijo el Mensajero de Allah (s. a. s.) y cómo se lo está representando hoy. —Cabe señalar, a este respecto, que la cuestión de si viene o no el Mesías prometido no tiene ninguna relación con el Corán. Toda su base se encuentra en los hadices. Por tanto, si algún Mesías debe venir, debe ser precisamente el Mesías cuya mención se encuentra en los hadices exactos y fiables. Si no se aceptan los hadices relativos al Mesías, ni siquiera se plantea la cuestión de su llegada. La base de esta creencia estará, pues, en los hadices; pero señalar arbitrariamente diversos defectos en los hadices exactos y fiables que anuncian la llegada del Mesías no es más que una simple farsa. —(El autor).

Hadiz relativo al descenso de hazrat Isa (a. s.)

(Árabe******************************************página 196 del PDF)

«Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) relata que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: ¡Juro por el Ser sublime en cuya mano está mi alma que, ciertamente, el hijo de María descenderá entre vosotros como un gobernante justo! Después romperá las cruces, destruirá los cerdos —[romper las cruces y destruir los cerdos significa que el cristianismo desaparecerá como religión independiente. Toda la estructura del cristianismo se basa en la creencia de que Allah hizo crucificar a su único Hijo [es decir, a Hazrat Jesús (la paz sea con él)] y le dio una muerte maldita, y que con ello se expiaron los pecados de todos los seres humanos. La diferencia entre los cristianos y las comunidades de los demás profetas es que ellos aceptaron únicamente esta creencia y rechazaron toda la ley divina. Incluso declararon lícita la carne de cerdo, que había sido prohibida en las leyes de todos los profetas. Por ello, cuando Hazrat Jesús (la paz sea con él) venga personalmente y diga: “No soy el Hijo de Allah; no fui crucificado y no soy expiación por los pecados de nadie”, la base misma de la creencia cristiana será arrancada de raíz. Del mismo modo, cuando diga: “No hice lícita la carne de cerdo para mis seguidores ni los liberé de las normas y prohibiciones de la ley divina”, desaparecerá la segunda característica del cristianismo.] y pondrá fin a la guerra (en otra versión, en lugar de “guerra” aparece la palabra “yizya”, es decir, que pondrá fin a la yizya). —[En otras palabras, desaparecerá la discriminación religiosa y la humanidad entrará en la única religión del islam. Como consecuencia, ya no habrá necesidad de guerras ni se cobrará la yizya a nadie. —(El autor).] Entonces la riqueza aumentará tanto que no habrá nadie que la acepte y (la situación llegará a tal punto que la gente) considerará más valioso realizar una sola postración ante Allah que el mundo y todo cuanto hay en él.»

En otro hadiz, la narración de Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) es la siguiente:

(Árabe******************************página 197 del PDF)

Es decir: «La Hora no llegará hasta que descienda Hazrat Jesús, hijo de María (la paz sea con él)». …Todo lo que se ha dicho después concuerda plenamente con el hadiz citado anteriormente. —(Bujari, Kitab al-Mazalim, Bab Kasr al-Salib; Ibn Maya, Kitab al-Fitan, Bab Fitnat al-Dajjal).

(Árabe******************************página 197 del PDF)

«Se ha narrado de Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: ¿Cuál será vuestra situación cuando el hijo de María descienda entre vosotros y, en ese momento, vuestro imán sea designado de entre vosotros mismos?» —[Es decir, Hazrat Jesús (la paz sea con él) no dirigirá la oración. Rezará detrás del imán previamente designado de los musulmanes. —(El autor).]

(Árabe******************************página 197 del PDF)

«Se ha narrado de Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Jesús, hijo de María, descenderá. Destruirá los cerdos y borrará las cruces. Se realizarán varias oraciones para él en un mismo momento. Distribuirá tanta riqueza que al final no se encontrará a nadie que la acepte. Abolirá el jaray. Tras establecerse en un lugar llamado Rauha —[Rauha es el nombre de un lugar situado a 25 millas de Medina]— realizará desde allí el hayy o la umra, o ambos». —[Cabe señalar que quien en la época actual ha sido considerado el “semejante del Mesías” o semejante al Mesías jamás realizó el hayy ni la umra en toda su vida. —(El autor).]

[El narrador tiene dudas sobre cuál de las dos cosas dijo el Mensajero de Allah (s.a.w.).]

(Árabe*******************************************en la página 198 del PDF)

«Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) narró: [Después de describir la aparición del Dajjal, el Mensajero de Allah (s.a.w.) dijo:] Mientras tanto, los musulmanes se prepararán para combatirlo, formarán filas y terminará la iqama para la oración. En ese momento, Isa ibn Maryam (la paz sea con él) descenderá y dirigirá a los musulmanes en la oración. En cuanto el enemigo de Allah, el Dajjal, lo vea, comenzará a derretirse como la sal se derrite en el agua. Incluso si Isa (la paz sea con él) lo dejara en ese estado, se derretiría y moriría. Pero Allah Altísimo hará que sea muerto a manos de Isa (la paz sea con él). Él mostrará a los musulmanes la punta de su lanza teñida con la sangre del Dajjal».

(Árabe*******************************************en la página 198 del PDF)

«Se narró de Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) que el Mensajero de Allah (s.a.w.) dijo: No hay ningún profeta entre él [es decir, Isa (la paz sea con él)] y yo, y él descenderá. Lo reconoceréis en cuanto lo veáis. Será de estatura mediana y de tez rojiza y blanca. Vestirá dos prendas amarillas, aunque no estarán mojadas en absoluto. Combatirá a la gente por el islam. Romperá la cruz en pedazos. Destruirá a los cerdos. Abolirá el impuesto de la yizia. Durante su época, Allah acabará con todas las demás religiones del mundo excepto el islam. Él (el Mesías) matará al Dajjal y permanecerá en el mundo durante cuarenta años. Después morirá y los musulmanes ofrecerán la oración funeraria por él».

(Árabe*******************************************en la página 198 del PDF)

«Yabir ibn Abdullah (que Allah esté complacido con él) dijo: Oí al Mensajero de Allah (s.a.w.) decir: Después, Isa ibn Maryam descenderá. El emir de los musulmanes le dirá: “Venga, dirija usted la oración”. Pero él responderá: “No; vosotros sois los emires unos de otros”. —[Es decir, vuestro emir debe ser de entre vosotros mismos.] Dirá esto en consideración al honor que Allah Altísimo ha concedido a esta comunidad».

(Árabe*******************************************en la página 199 del PDF)

“Hazrat Yábir ibn Abd Allah (r.a.) narró, a propósito de Ibn Sayyad: Después, Umar ibn al-Jattab dijo: «Oh, Mensajero de Allah, permíteme matarlo». El Mensajero de Allah (s.a.s.) dijo: «Si este es esa persona —es decir, el Dayyal—, vosotros no seréis sus asesinos; será Jesús ibn Maryam (a.s.) quien lo mate. Y si no es esa persona, no tenéis derecho a matar a nadie de entre los protegidos»”.

(Árabe*******************************************página 199 del PDF)

“Hazrat Yábir ibn Abd Allah (r.a.) dijo: A propósito del Dayyal, el Mensajero de Allah (s.a.s.) dijo: «Ese Jesús ibn Maryam (a.s.) aparecerá de repente entre los musulmanes. La gente se pondrá de pie para la oración. Le dirán: “Oh, Ruhullah, adelántate”. Pero él dirá: “No; vosotros debéis seguir a vuestro imán. Él dirigirá la oración”. Después de la oración del alba, los musulmanes saldrán para enfrentarse al Dayyal». El Mensajero de Allah (s.a.s.) dijo: «Cuando ese mentiroso vea a Hazrat Jesús (a.s.), comenzará a derretirse, como la sal se disuelve en el agua. Entonces Jesús avanzará hacia el Dayyal y lo matará». En ese momento sucederá que los árboles y las piedras gritarán: «¡Oh, Ruhullah! Ese judío se esconde detrás de mí». No quedará vivo ninguno de los seguidores del Dayyal a quien Hazrat Jesús (a.s.) no mate”.

(Árabe*******************************************página 200 del PDF)

“Hazrat Nawwas ibn Samán al-Kalbí (r.a.) citó las palabras del Mensajero de Allah (s.a.s.) a propósito del Dayyal y dijo: Durante estas actividades del Dayyal, Allah enviará a al-Masih ibn Maryam (a.s.). Descenderá cerca del minarete blanco, en la zona oriental de Damasco, vestido con dos prendas amarillas y apoyando las manos sobre los hombros de dos ángeles. Cuando incline la cabeza, parecerá que de ella gotea agua; y cuando la levante, parecerá que gotas de agua brillan como perlas. Todo incrédulo a cuya piel llegue su aliento morirá; su alcance llegará hasta donde alcance su vista. Después, Ibn Maryam perseguirá al Dayyal y lo apresará en la entrada de Ludd —puede señalarse aquí que Ludd (Lydda) está situada a solo unas millas de Tel Aviv, la capital del actual Estado de Israel, en Palestina. Los judíos han construido allí un enorme aeropuerto— (el autor)”.

(Árabe*******************************************página 200 del PDF)

“Se narró de Hazrat Abd Allah ibn Amr ibn al-As (r.a.) que el Mensajero de Allah (s.a.s.) dijo: «El Dayyal aparecerá entre mi comunidad y permanecerá durante cuarenta —no sé si cuarenta días, cuarenta meses o cuarenta años—» [estas son palabras del compañero Hazrat Abd Allah ibn Amr (r.a.)]. Después será enviado Jesús ibn Maryam (a.s.). Su rostro será como el de Urwa ibn Masud (un compañero); perseguirá al Dayyal y lo matará. Después, durante siete años, la gente vivirá en tal estado que no habrá enemistad ni siquiera entre dos personas”.

(Árabe*******************************************página 200 del PDF)

«Huzayfa ibn Asid al-Gifari narró: En cierta ocasión, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) vino a honrarnos con su presencia en nuestra reunión. En ese momento estábamos enfrascados en una conversación. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó: “¿De qué estáis hablando?”. La gente respondió: “Estamos hablando sobre la Hora”. Él dijo: “No tendrá lugar en absoluto hasta que aparezcan diez señales”. Luego mencionó diez señales: el humo, el Dayyal, la Bestia de la Tierra, la salida del sol por el oeste, el descenso de Jesús, hijo de María, Gog y Magog, y tres grandes hundimientos de tierra —en Oriente, en Occidente y en la península arábiga—. Finalmente, un gran fuego surgirá del Yemen y conducirá a la gente hacia el lugar de la reunión para el Juicio».

(Árabe*******************************************PDF página 201)

«Se narró de Sawban, el siervo liberado del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Allah ha librado del fuego del Infierno a dos ejércitos de mi comunidad. Uno de ellos es el que atacará la India; el segundo es el que permanecerá junto a Jesús, hijo de María (la paz sea con él)”».

(Árabe*******************************************PDF página 201)

«Mujamme ibn Jariya al-Ansari dice: Oí decir al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): “Jesús, hijo de María, matará al Dayyal en la entrada de Ludd”».

(Árabe*******************************************en la página 201 del PDF)

«Abu Umama al-Bahili narró —en un largo hadiz sobre el Dayyal— que, justo cuando el imán de los musulmanes se adelante para dirigir la oración del alba, Jesús, hijo de María, descenderá sobre ellos. El imán retrocederá para hacer que Jesús se adelante. Pero Jesús pondrá su mano sobre su hombro y dirá: “No; dirige tú la oración, pues ellos se han puesto de pie por ti”. Así pues, él —el imán— dirigirá la oración. Después de terminarla, Jesús dirá: “Abrid la puerta”. Entonces se abrirá la puerta. Afuera, el Dayyal estará esperando con setenta mil soldados judíos armados. En cuanto su mirada se pose sobre Jesús, hijo de María, comenzará a derretirse como la sal se disuelve en el agua. Huirá. Jesús dirá: “Tengo para ti un golpe del que de ningún modo podrás escapar”. Después, lo perseguirá y lo capturará en la región de la puerta oriental de Ludd, y Allah Todopoderoso concederá la derrota a los judíos… y la tierra se llenará de musulmanes como un recipiente se llena de agua. Todos creerán en la kalima, y en el mundo no se adorará a nadie excepto a Allah».

(Árabe*******************************************en la página 202 del PDF)

«Uzmán ibn Abil As dijo: He oído decir al Mensajero de Allah (s. a. s.): … y Jesús, hijo de María (la paz sea con él), descenderá a la hora de la oración del alba. El emir de los musulmanes le dirá: “¡Oh, Espíritu de Allah! Dirige la oración”. Él responderá: “Los miembros de esta comunidad son sus propios emires”. Entonces el emir de los musulmanes se adelantará y dirigirá la oración. Después de terminar la oración, Jesús (la paz sea con él) avanzará con su ejército hacia el Dayyal. Lo matará con su propia arma, y sus seguidores, derrotados, huirán. Pero no encontrarán ningún lugar donde esconderse. Incluso los árboles llamarán diciendo: “¡Oh, creyente! Aquí se esconde un incrédulo”. Y las piedras también llamarán diciendo: “¡Oh, creyente! Aquí se esconde un incrédulo”».

(Árabe*******************************************en la página 203 del PDF)

«Samura ibn Yundub narró (en un largo hadiz): El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: Después, por la mañana, Jesús, hijo de María (la paz sea con él), se presentará entre los musulmanes, y Allah concederá la derrota al Dayyal y a su ejército. Incluso los muros y los troncos de los árboles llamarán diciendo: “¡Oh, creyente! Este incrédulo se ha escondido detrás de mí; ven y mátalo”».

(Árabe*******************************************en la página 203 del PDF)

«Se narró de Imrán ibn Husayn que el Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: Siempre habrá entre mi comunidad un grupo que se mantendrá firme en la verdad y prevalecerá sobre el grupo adversario. Finalmente llegará el decreto de Allah Todopoderoso y descenderá Jesús (la paz sea con él), hijo de María».—(Musnad de Ahmad).

(Árabe*******************************************en la página 203 del PDF)

«Aisha (que Allah esté complacido con ella), al hablar del Dayyal, dijo que el Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo: Después descenderá Jesús (la paz sea con él). Matará al Dayyal. Después, Jesús (la paz sea con él) permanecerá en el mundo durante cuarenta años como imán y gobernante justo».

(Árabe*******************************************en la página 203 del PDF)

«Sufayna, el esclavo liberado del Mensajero de Allah, narró acerca del Dayyal que el Mensajero de Allah dijo: “Después, Jesús descenderá y Allah Todopoderoso lo matará [al Dayyal] cerca de una estación fronteriza llamada ‘Afiq’—[En la actualidad, Afiq se llama ‘Fiq’. Afiq es la última ciudad del actual Estado de Siria, en la frontera entre Siria e Israel. Frente a ella, a unos cuantos kilómetros hacia el oeste, hay un lago llamado Tiberíades. Este es el lugar donde nace el río Jordán. Al suroeste de allí, en una depresión situada en medio de las montañas, hay un camino. Este camino desciende aproximadamente mil quinientos pies y llega al lugar por donde el río Jordán sale atravesando Tiberíades. Este camino se llama Aqabat Afiq (el paso montañoso inferior de Afiq).—El autor]”».

(Árabe*******************************************en la página 203 del PDF)

«Al relatar acerca del Dayyal, Hudhayfa ibn al-Yamán dijo que el Mensajero de Allah declaró: “Después, cuando los musulmanes se dispongan a realizar la oración, Jesús hijo de María descenderá ante sus ojos. Él dirigirá la oración de los musulmanes. Luego, tras pronunciar el saludo final, dirá a la gente: ‘Apartaos de entre este enemigo mío y de Allah’… Y Allah Todopoderoso concederá a los musulmanes poder sobre las huestes del Dayyal. Los musulmanes continuarán matándolos en gran número. Finalmente, incluso los árboles y las piedras llamarán: ‘¡Oh siervo de Allah, oh siervo del Misericordioso, oh musulmán! Mira, aquí hay un judío; mátalo’. Así Allah los destruirá y los musulmanes obtendrán la victoria. Derribarán las cruces, destruirán los cerdos y abolirán la yizia”».

(Este hadiz aparece resumido en Muslim, y el hafiz Ibn Hayar lo consideró auténtico en Fath al-Bari, tomo II, página 450).

Estos veintiún hadices han sido registrados, con cadenas de transmisión fidedignas y a través de catorce compañeros, en los libros autorizados de hadices. Además, muchos otros hadices sobre este asunto aparecen en otras colecciones de hadices. Sin embargo, como la discusión se alargaría, no los hemos citado aquí. Aquí solo hemos citado los hadices más sólidos y fiables, tanto por sus narraciones como por sus cadenas de transmisión.

¿Qué queda demostrado por estos hadices?

Cualquier persona podrá comprender por sí misma, al leer estos hadices, que aquí no se menciona en absoluto a ningún Mesías prometido, ni a un ‘semejante al Mesías’ ni a una ‘manifestación del Mesías’. Más aún, ninguna persona nacida en la época actual de un padre y del vientre de una madre puede afirmar que es el Mesías sobre quien profetizó el Profeta universal, Muhammad Mustafa. De las declaraciones inequívocas de estos hadices se sabe que quien descenderá es Jesús, que nació hace dos mil años en el vientre de María sin padre. Es completamente irrelevante discutir si, a este respecto, él ha fallecido o se encuentra en algún lugar con vida. Aun si, a efectos de discusión, se acepta que ha fallecido, puede decirse que Allah tiene poder para devolverle la vida. —[Quienes niegan el poder de Allah para devolver a los muertos a la vida deberían comprender el significado de la aleya 259 de la sura al-Baqara. En esta aleya Allah dice: Él mantuvo muerto durante cien años a uno de Sus siervos y luego lo devolvió a la vida.—El autor]— Además, Allah puede mantener con vida a uno de Sus siervos durante miles de años en algún lugar de este vasto universo creado por Él y luego hacerlo regresar a este mundo, cuando quiera y según Su voluntad. A la luz del poder infinito de Allah, esto no parece en absoluto extraño. Es evidente que quien acepta como verdadera la tradición profética no puede sino aceptar la existencia de quien habrá de venir en el futuro. Pues la creencia surgida acerca de la venida de quien ha de venir no puede hallar fundamento en ningún otro lugar aparte de los hadices. Sin embargo, solo aquí se observa este extraño fenómeno: se acepta de los hadices la creencia en la venida de quien ha de venir, pero cuando esos mismos hadices exponen claramente que dicho venidero no es ningún ‘semejante al Mesías’ (una persona semejante al Mesías), sino que será el propio Jesús hijo de María, entonces se niega.

La segunda afirmación que se desprende de estos hadices de manera clara e inequívoca es que Jesús hijo de María no descenderá por segunda vez como profeta. No recibirá revelación. No traerá ningún mensaje ni ninguna ley nueva de parte de Allah. Tampoco hará modificación alguna, aumentando o disminuyendo, en la ley de Muhammad. No será enviado al mundo para revivir la religión del islam. No vendrá a invitar a la gente a creer en él, ni formará una comunidad separada con quienes crean en él. —[Los eruditos musulmanes han expuesto este asunto con toda claridad. El sabio al-Taftazani (722-792 H.) escribió en su obra Sharh Aqa’id al-Nasafi: (Árabe****************************************************************************

Es una verdad demostrada que Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es el último Profeta. Si se dice que en los hadices se ha mencionado la venida de Isa (la paz sea con él) después de él, responderemos que sí, es verdad lo que se ha mencionado acerca de la venida de Isa (la paz sea con él). Sin embargo, él será seguidor de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), porque su sharía ha sido abrogada. Por tanto, no recibirá revelación ni establecerá nuevas disposiciones; más bien, actuará como representante de Muhammad, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Esto mismo ha dicho el erudito Alusi en su exégesis Ruh al-Ma‘ani:

(Árabe*******************************************)

«Cuando Isa (la paz sea con él) descienda, permanecerá en su rango profético y no será removido de su rango anterior, el de la profecía. Sin embargo, no seguirá su antigua sharía, pues esta ha sido abrogada tanto para él como para todas las demás personas. A partir de entonces seguirá esta sharía —la sharía de Muhammad— en todos los asuntos, tanto fundamentales como secundarios. Por consiguiente, así como no recibirá ninguna revelación, tampoco tendrá autoridad para establecer ninguna disposición. Más bien, actuará entre esta comunidad como representante del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y como uno de los gobernantes de la comunidad de Muhammad. (Tomo 22, p. 32). El imán Razi (que Allah tenga misericordia de él) expresó esto con mayor claridad en las siguientes palabras: (Árabe**********************)

«La era de los profetas terminó con Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Después de la venida de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), terminó la venida de los profetas. Por tanto, no es en absoluto irracional decir que, cuando Isa (la paz sea con él) descienda en la actualidad, será seguidor de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)». Será enviado al mundo con una responsabilidad específica: destruir por completo la tribulación del Dayyal. Por ello descenderá de tal manera que no quedará lugar para ninguna duda entre los musulmanes acerca de su descenso. Los musulmanes entre quienes descienda comprenderán sin ninguna duda que él es precisamente aquel Isa ibn Maryam (la paz sea con él) sobre quien el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había profetizado, y que ha descendido en el momento señalado, conforme a las palabras del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Al llegar, se incorporará al grupo de los musulmanes y rezará detrás del imán de los musulmanes de ese tiempo. [Aunque en los hadices 5 y 21 se afirma que, después del descenso de Isa (la paz sea con él), él mismo dirigirá la primera oración, la mayoría de los hadices, especialmente algunos de los más sólidos —los números 3, 7, 9, 15 y 16—, indican que se negará a dirigir la oración y hará que el imán y líder de los musulmanes de aquel momento se adelante. Los expertos en hadices y los exegetas han aceptado unánimemente esta opinión.] Hará que se adelante precisamente quien dirija a los musulmanes en aquella época, para que nadie pueda albergar la sospecha de que ha regresado para desempeñar nuevamente la función profética con el rango de profeta que tuvo anteriormente. Sin duda, en presencia de un profeta de Allah en un grupo, ninguna otra persona puede ser su imán o líder. Por tanto, su incorporación al grupo de los musulmanes como una persona común proclamará espontáneamente que no ha venido como profeta. En consecuencia, no se plantea en absoluto que su venida abra la puerta de la profecía.

Sin duda, su venida es comparable a la llegada de un antiguo jefe de Estado durante el mandato de un jefe de Estado en ejercicio. En tal situación, el antiguo jefe de Estado puede venir y asumir alguna responsabilidad estatal bajo la autoridad del jefe de Estado actual. Cualquier persona de sentido común puede entender fácilmente que la mera llegada de un antiguo jefe de Estado durante el mandato de otro jefe de Estado no quebranta la ley. Sin embargo, la ley se quebranta necesariamente en dos situaciones. Primera: si el antiguo jefe de Estado viene e intenta asumir nuevamente las funciones de jefe de Estado. Segunda: si alguien niega incluso las obras realizadas por él durante el tiempo en que fue jefe de Estado. Eso equivaldría a impugnar la validez de las acciones llevadas a cabo durante su mandato. Si no se da ninguna de estas dos situaciones, la mera llegada del antiguo jefe de Estado no puede producir ningún cambio en la situación jurídica. El caso de la segunda venida de Isa (la paz sea con él) es similar. Si por su mera llegada se entendiera que continuará desempeñando la función propia del sello de la profecía, o si alguien negara también su anterior rango profético, entonces se quebrantaría la ley de la profecía de Allah. La transmisión de los hadices ha cerrado por completo ambos caminos. Por un lado, los hadices proclaman claramente que no hay ningún profeta después del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y por otro, informan de que Isa (la paz sea con él) descenderá nuevamente. De ello se comprende con claridad que su segunda venida no tendrá como propósito desempeñar la función profética.

Del mismo modo, con su venida no volverá a plantearse entre los musulmanes la cuestión de la incredulidad y la fe. Incluso hoy, quien no crea en su profecía anterior se convertirá en incrédulo. El propio profeta Muhammad (P.B.) se convertiría en incrédulo si no creyera en aquella profecía suya. El profeta Muhammad (P.B.) también creía en aquella profecía suya. Toda la comunidad del profeta Muhammad (P.B.) cree en él desde el principio. Los musulmanes no creerán en ninguna nueva profecía; por el contrario, aquel día, al igual que hoy, creerán en la profecía anterior de Jesús, hijo de María (la paz sea con él). Esta situación no es contraria hoy al sello de la profecía, ni lo será aquel día. Lo último que se sabe por estos hadices y por muchos otros hadices es que aquel a quien se enviará para erradicar la fitna mundial del Dajjal será de origen judío. Se presentará como el «Mesías». Nadie que desconozca la historia de los judíos y sus ideas y creencias religiosas podrá comprender el significado de este asunto. Después de la muerte de Salomón (la paz sea con él), cuando los hijos de Israel sufrieron decadencia social y religiosa y una caída política, y luego su declive se prolongó hasta que finalmente los soberanos de Babilonia y Asiria los sometieron, los expulsaron del país y los dispersaron por distintas regiones del mundo, los profetas de los hijos de Israel comenzaron a anunciarles que un Mesías enviado por Dios vendría a liberarlos de aquella extrema humillación. Ante estas profecías, los judíos esperaban la llegada de un Mesías. Sería un rey. Conquistaría países mediante la guerra. Reuniría en Palestina a los hijos de Israel procedentes de diversos países y establecería un Estado poderoso para ellos. Pero, al desmentir sus esperanzas y aspiraciones, cuando Jesús, hijo de María (la paz sea con él), no aceptó que lo reconocieran como el «Mesías» enviado por Dios, intentaron matarlo. Desde entonces hasta hoy, el mundo judío cuenta los días mientras espera a aquel Mesías prometido (Promissed Messiah), cuya llegada les había sido anunciada. Durante cientos de años, la nación judía ha vivido alimentándose de la fantasía de la imagen que se ha trazado de él en sus obras literarias. Permanece sentada, llena de esperanza, esperando que este Mesías prometido sea un poderoso dirigente militar y político. Él volverá a poner bajo dominio judío toda la región desde el Nilo hasta el Éufrates —la región que los judíos consideran su territorio heredado— y reunirá a los judíos de todo el mundo. Al observar la situación actual de Oriente Medio y analizar los acontecimientos a la luz de las profecías del Mensajero de Dios (P.B.), se verá que, conforme a las palabras del Gran Profeta (P.B.), el escenario ya está completamente preparado para la llegada del principal Dajjal, que desempeñará el papel del Mesías prometido por los judíos. Se ha despojado a los musulmanes de una extensa zona de Palestina

(En la página 208 del PDF hay un mapa***************************************)

del Estado judío con el que sueñan los dirigentes de Israel

Se ha establecido allí un Estado judío llamado Israel. Judíos de distintos países del mundo llegan en grupos y establecen allí sus hogares. Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia lo han convertido en una gran potencia militar. Con la ayuda de los capitalistas judíos, científicos e industriales judíos lo impulsan rápidamente por el camino del progreso. Para los países musulmanes que lo rodean, este poder se ha convertido en una gran amenaza. Los gobernantes de este Estado no han ocultado en absoluto su deseo de apoderarse de la «tierra recibida» como herencia. En el mapa anterior se ofrece una representación del plano que desde hace mucho tiempo vienen presentando para el futuro Estado judío. En este plano se observa

(En la página 209 del PDF hay un mapa***************************************)

El lugar del descenso del verdadero Mesías, Jesús (la paz sea con él)

que desean extender su imperio por toda Siria, el Líbano y Jordania, por casi todo Irak, así como por Iskenderun, en Turquía; el Sinaí y la región del delta, en Egipto; y hasta las tierras altas del Hiyaz y del Nayd, en Arabia, incluida Medina la Iluminada. A la luz de esta situación, se entiende claramente que en el futuro intentarán apoderarse de esas regiones en medio del estruendo de alguna guerra mundial, y que en ese momento el supuesto principal Dajjal aparecerá como su Mesías prometido. El Mensajero de Dios (P.B.) no se limitó a anunciar su llegada, sino que también dijo que en aquel tiempo montañas de calamidades caerían sobre los musulmanes y que cada día les parecería un año. Por ello, él mismo pidió a Dios refugio contra la fitna del Mesías Dajjal y ordenó también a los musulmanes que pidieran refugio.

Para enfrentarse a este Mesías Dajjal, Dios no enviará a ningún «semejante del Mesías», sino al verdadero Mesías. Hace dos mil años, los judíos se negaron a aceptar a este verdadero Mesías y, según lo que ellos creían saber, lo crucificaron y lo eliminaron de la faz de la tierra. Este verdadero Mesías no descenderá en la India, África ni América, sino que descenderá en Damasco, porque en ese momento la guerra estará librándose allí. Por favor, observen también el segundo mapa anterior. En él se ve que Damasco se encuentra apenas a entre 50 y 60 millas de la frontera de Israel. Si recuerdan el contenido del hadiz que mencioné anteriormente, será fácil comprender que el Mesías Dajjal entrará en Siria con un ejército de setenta mil judíos y se presentará ante Damasco. Justo en ese momento, después del alba verdadera, Jesús (la paz sea con él) descenderá junto a un minarete blanco en la parte oriental de Damasco y, tras la oración del alba, saldrá con los musulmanes para enfrentarse al Dajjal. Ante su feroz ataque, el Dajjal se retirará por el paso montañoso de Afik (véase el hadiz n.º 21) y regresará hacia Israel. Pero él lo perseguirá. Finalmente, el Dajjal morirá a manos de Jesús en el aeropuerto de Lod (hadices n.os 10, 14 y 15). Después, los judíos serán capturados y matados en todas partes, y la existencia de la nación judía desaparecerá (hadices n.os 9, 15 y 21). Tras la manifestación de la verdad por parte de Jesús (la paz sea con él), también desaparecerá la religión cristiana (hadices n.os 1, 2, 4 y 6), y todas las comunidades se unirán en la comunidad musulmana (hadices n.os 6 y 15).

Esta verdad inequívoca se desprende de los hadices sin ningún tipo de ambigüedad ni dificultad. Después de esta larga exposición, no queda lugar para ninguna duda al respecto: la actividad que se lleva a cabo en nuestro país en nombre del «Mesías Prometido» no es más que un enorme fraude.

Ahora expondré el aspecto más ridículo de este fraude. La persona que se declaró idéntica al Mesías mencionado en esta profecía presentó la siguiente declaración tan pintoresca para demostrar que él mismo era Isa ibn Maryam:

«Él —es decir, Dios— puso mi nombre como Maryam en la tercera parte de Barahin-e-Ahmadiyya. Después, tal como se expuso en Barahin-e-Ahmadiyya, fui criado durante dos años con las cualidades de Maryam… Luego, el espíritu de Isa fue introducido en mí como en Maryam y, en sentido figurado, fui hecho embarazada. Finalmente, después de unos meses, que no serían más de diez, mediante la inspiración mencionada en la cuarta parte de Barahin-e-Ahmadiyya, fui transformado de Maryam en Isa. Así, me convertí en Isa ibn Maryam». —Kishti-e-Nuh, páginas 87, 88 y 89

Es decir, primero se convierte en Maryam. Después se embaraza a sí mismo. Luego nace de su propio vientre como Isa ibn Maryam. Pero aun así surgió otro problema, pues según los hadices, Isa ibn Maryam descenderá en Damasco. Damasco es, desde hace varios miles de años, una célebre ciudad de Siria, conocida por todos. Incluso hoy esta ciudad aparece con ese mismo nombre en los mapas del mundo. Por ello, este problema fue resuelto mediante otra declaración pintoresca:

«Cabe señalar que Dios me reveló de esta manera el significado de la palabra Damasco: en este lugar se ha dado el nombre de Damasco a una ciudad donde viven personas de naturaleza yazidí y seguidores de las costumbres y pensamientos del impuro Yazid… Por ello, guarda correspondencia y relación con Damasco». —Izala-e-Auham, notas 63 a 73

Todavía queda otra dificultad. Según los hadices, Ibn Maryam descenderá junto a un minarete blanco. Esta dificultad fue resuelta con suma facilidad. Es decir, el propio señor Mesías vino y construyó su propio minarete. Ahora díganme: ¿quién se atreverá a hacerle comprender que, según la descripción de los hadices, el minarete ya estaría allí antes del descenso de Ibn Maryam? Sin embargo, aquí se ve que el minarete se construyó después de la llegada del señor Mesías Prometido.

Aún queda el último y más complejo problema. Es decir, según la descripción de los hadices, Isa ibn Maryam (la paz sea con él) matará al Anticristo en la entrada de Lydda. Al intentar resolver este problema, primero se dijeron muchas cosas absurdas. En ocasiones se reconoció como Lydda una aldea de Bayt al-Maqdis. (Izala-e-Auham, publicada por la Anjuman Ahmadiyya Lahore, edición pequeña, página 220). En otras ocasiones se dijo que se llama Lydda a las personas que discuten inútilmente. … «Cuando las disputas inútiles del Anticristo lleguen a su punto culminante, aparecerá el Mesías Prometido y pondrá fin a todas sus disputas». (Izala-e-Auham, página 730). Pero cuando esto tampoco resolvió el problema, se declaró claramente que Lydda —Lud en árabe— significa la ciudad de Ludhiana, en el Punyab. Matar al Anticristo en la entrada de Ludhiana significa que, a pesar de la oposición de los malvados, fue allí donde se realizó por primera vez la bai‘at a manos del señor Mirza. —Al-Huda, página 99

Toda persona de sano juicio que examine imparcialmente estas declaraciones y narraciones se verá obligada a concluir que aquí se ha representado, a plena luz del día y abiertamente, el papel de un impostor embustero (False Impersonation).

 

Algunas otras interpretaciones engañosas de los qadianíes

 

Una contradicción manifiesta del Corán y del hadiz

Cuando Allah y Su Mensajero han resuelto un asunto mediante una disposición clara e inequívoca, apartar esa disposición manifiesta, extraer de versículos y hadices no relacionados con el asunto el significado que conviene a los propios intereses, repetir esa extracción y sostener una creencia completamente contraria a las disposiciones claras del Corán y del hadiz, actuando luego conforme a ella, es la desviación más extrema; más aún, es la peor rebelión contra Allah y Su Mensajero. La persona que adopta abiertamente un camino contrario a Allah y a Sus disposiciones comete una forma relativamente menor de rebelión. Pero distorsionar las declaraciones y disposiciones de Allah y Su Mensajero y utilizarlas en beneficio propio contra la decisión de ambos no es una rebelión insignificante. De ningún modo podemos pensar de quienes hacen esto que obedecen sinceramente las órdenes de Allah y Su Mensajero. Para resolver la cuestión de si Sayyiduna Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es el último profeta y de si vendrá algún otro profeta después de él, podríamos haber centrado nuestra atención en (Árabe**************) y (Árabe*****) y otros versículos semejantes, si Allah y Su Mensajero no hubieran dado en algún lugar del Corán y del hadiz una respuesta específica a esa cuestión. Pero, puesto que hemos recibido de Allah, en el versículo de «Jatam an-Nabiyyín», y del Mensajero, en innumerables hadices exactos y fiables, una respuesta inequívoca precisamente a esta cuestión, entonces (Árabe*********)y (Árabe*******)y otros versículos semejantes y aceptar de ellos algo contrario a las disposiciones claras del Corán y del hadiz solo puede ser obra de quien no alberga en su corazón el menor temor de Allah y no cree que, después de morir, tendrá que rendir cuentas ante Allah algún día. Puede darse como ejemplo lo siguiente: una disposición del código penal del país ha declarado, en un lenguaje inequívoco, que un acto es un delito. Sin embargo, una persona se empeña en demostrar que ese delito es una acción lícita. Para ello, dejando de lado esa disposición específica, se pone a buscar el indicio más mínimo o alguna afirmación ligeramente ambigua en disposiciones irrelevantes de la ley. Luego, ensamblando esas cosas a la fuerza, pretende demostrar que el acto que la disposición clara de la ley considera delito es lícito. Si las autoridades policiales y los tribunales de este mundo no están dispuestos a aceptar pruebas y testimonios, ¿cómo puede esperarse que sean aceptados en el tribunal de Allah?

Demostrarlo por la fuerza

Después de leer los versículos con los que los qadianíes quieren demostrar su tesis, uno no puede sino asombrarse ante su método de argumentación. Se observa que esos versículos no tienen en absoluto el significado que ellos quieren extraer y forzar. Veamos cuál es el verdadero significado de los versículos sobre los que han realizado sus ejercicios: (Árabe*********)Lo único que se afirma en el versículo 69 de la sura An-Nisa es que quienes obedecen a Allah y al Mensajero estarán junto a los profetas, los siddiq, los mártires y los justos. ¿Cómo se puede deducir de esto que quienes obedezcan a Allah y al Mensajero se convertirán en profetas, o bien en siddiq, mártires o justos? Consideren después una vez el versículo 19 de la sura Al-Hadid. Allí se dice:

(árabe*******************************************en la página 213 del PDF)

Es decir: «Quienes hayan creído en Allah y en Sus Mensajeros son los siddiq y los mártires ante su Señor». Esto deja claro que, como resultado de alcanzar la fe, una persona solo puede obtener la categoría de siddiq o de mártir. En cuanto a los profetas, basta para los creyentes con estar junto a ellos. De ningún modo es posible que una persona se convierta en profeta como recompensa por alguna obra. Por eso, en el versículo de An-Nisa se afirma que quienes obedecen a Allah y al Mensajero estarán junto a los profetas, los siddiq y los mártires. Y en el versículo de Al-Hadid se afirma: quienes crean en Allah y en el Mensajero se convertirán ellos mismos en siddiq y mártires.

Y en el versículo 35 de la sura Al-A’raf (Árabe**********)se afirma que está relacionado con una narración. Esta narración se extiende desde el versículo 11 hasta el versículo 36 de la sura Al-A’raf. Si se examina a la luz del contenido anterior y posterior de esta narración, queda claro que este llamamiento se dirigió a los hijos de Adán en la primera etapa de la creación de la humanidad. ¿Cómo se puede obtener de estos versículos la idea de que hablan de la llegada de profetas después del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)? Aquí se habla del momento en que el profeta Adán y su esposa fueron expulsados del Paraíso y llevados al mundo.

El significado correcto del versículo de la sura Al-A‘raf

El significado que los señores qadianíes extraen del versículo 35 de la sura Al-A‘raf, separándolo de su contexto anterior y posterior, es completamente opuesto al significado que se obtiene al considerarlo en su lugar correspondiente. En realidad, la secuencia de ideas en cuyo contexto fue revelado este versículo se expone de manera continua desde el segundo rukūʿ hasta aproximadamente la mitad del cuarto rukūʿ de la sura Al-A‘raf. Primero, en el segundo rukūʿ, se narra la historia de Adán y Eva. Después, en el tercero y el cuarto rukūʿ, se comenta el resultado de esta historia. Al leer el versículo 35 teniendo presente esta exposición contextual, queda claro que lo dicho al dirigirse mediante (Árabe******) esta fórmula se refiere a la etapa inicial de la creación, no al período del descenso del Corán. En otras palabras, su propósito es indicar que, desde el comienzo mismo de la creación, se advirtió a los hijos de Adán que su salvación dependería de obedecer la guía que Allah les enviaría.

Los versículos que contienen este tema aparecen en tres lugares del Corán. En cada uno de ellos se introducen al narrar la historia de Adán y Eva —la paz sea con ambos—. El primer versículo aparece en la sura Al-Baqara (versículo 38), el segundo en la sura Al-A‘raf (versículo 35) y el tercero en la sura Ta-Ha (versículo 123). Además de la profunda semejanza entre el contenido de estos tres versículos, también es notable la semejanza de sus contextos y circunstancias.

Los exegetas del Corán consideran que este versículo de la sura Al-A‘raf, al igual que los demás versículos, está relacionado con la historia de Adán y Eva —la paz sea con ambos—. El sabio Ibn Jarir, que Allah tenga misericordia de él, escribió en su obra exegética, citando las palabras de Abu Sayyar al-Sulami al explicar este versículo: «Allah Altísimo se dirigió aquí a Adán y a su familia simultáneamente y en el mismo momento». El imán Razi, que Allah esté complacido con él, escribió en su Tafsir al-Kabir, al explicar este versículo: «Si se hubiera dirigido al Noble Profeta —la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, siendo él el último profeta, entonces significaría que Allah está exponiendo aquí Su norma respecto de las comunidades». El sabio Alusi dijo en su Tafsir Ruh al-Ma‘ani: «Aquí se narra en forma de historia lo que ocurrió con cada pueblo. Interpretar aquí a la comunidad del profeta Muhammad —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— en el sentido de los hijos de Adán constituiría un grave error y sería contrario al significado evidente. Esto se debe a que la palabra “mensajero” no se empleó en singular, sino en plural, “mensajeros” (Árabe***)se ha dicho». El sentido de la parte final de la afirmación de Alusi es que, si aquí se hubiera interpelado a la comunidad de Muhammad, nunca se les podría haber dicho: «Entre vosotros vendrán mensajeros». Pues en esta comunidad no se plantea la posibilidad de que venga otro mensajero aparte de un solo mensajero, Muhammad —la paz y las bendiciones de Allah sean con él—.

El significado del versículo de la sura Al-Mu’minun

(Árabe***********************************página 214 del PDF)

Es decir: «¡Oh, mensajeros! Comed alimentos puros y lícitos, y obrad rectamente; ciertamente, Yo sé todo lo que hacéis». —(Sura Al-Mu’minun: 51)

Si no se separa este versículo de su contexto anterior y posterior, resulta absolutamente imposible aceptar el significado que los qadianíes le han dado. La exposición en cuyo contexto fue revelado este versículo continúa ininterrumpidamente desde el segundo rukūʿ. En estos versículos se habla de todos los profetas y sus pueblos, desde Noé —la paz sea con él— hasta Jesús —la paz sea con él—, y se afirma: «En cada país y en cada época, los profetas transmitieron a la gente una misma enseñanza; su método era también uno y el mismo, y Allah Altísimo les mostró la misma clase de favor. En cambio, los pueblos extraviados siempre abandonaron el camino de Allah y se entregaron a las malas acciones». En el contexto de esta exposición, este versículo de ninguna manera fue revelado con el siguiente significado: «¡Oh, mensajeros! Comed alimentos puros y lícitos y obrad rectamente, vosotros que vendréis después de Muhammad —la paz y las bendiciones de Allah sean con él—». Más bien, el significado del versículo es que Allah Altísimo dio esta misma instrucción a todos los profetas que vinieron desde Noé —la paz sea con él— hasta Muhammad —la paz y las bendiciones de Allah sean con él—: «Comed alimentos puros y lícitos y obrad rectamente».

Tampoco a partir de este versículo los exegetas han entendido jamás que, después del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), se abriera la puerta de la profecía. Si desean investigar más y alcanzar una mayor tranquilidad mental, pueden consultar en diversas obras de exégesis la discusión de este pasaje.

Presentación de las pruebas de la refutación del error de los qadianíes a partir de los hadices

(Árabe*******************************************en la página 215 del PDF)

Es decir, incluso a partir de este hadiz los qadianíes presentan como prueba que, si Ibrahim [el hijo del Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él)] hubiera permanecido vivo, necesariamente habría sido profeta; pero esta argumentación es errónea por cuatro razones.

Primera: la cadena de transmisión de la versión en la que esto se narra como una declaración del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) es débil, y ningún especialista en hadices ha considerado sólida dicha cadena.

Segunda: grandes especialistas en hadices, como al-Nawawi e Ibn Abd al-Barr, consideraron poco fiable el contenido de este hadiz. El imán al-Nawawi escribió en su obra «Tahdhib al-Asma wa al-Lughat»:

(Árabe*******************************************en la página 215 del PDF)

Es decir: «Lo que algunos antiguos sabios escribieron —que, si Ibrahim [el hijo de Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él)] hubiera vivido, habría sido profeta— no es cierto. Pues eso constituye la osadía de hablar sobre lo oculto y equivale a pronunciar una palabra sin haberla pensado ni considerado».

El erudito Ibn Abd al-Barr escribió en su obra «Tamheed»:

(árabe*******************************************en la página 215 del PDF)

Es decir: «No sé qué clase de argumento es este. En la familia de Noé nació un hijo que no era profeta. Sin embargo, si fuera indispensable que el hijo de un profeta fuera también profeta, entonces hoy todos en el mundo serían profetas, porque todos son descendientes de Noé».

Tercero: En la mayoría de las narraciones, este hadiz se presenta como una declaración de los Compañeros, en lugar de una declaración del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Además, ellos dejaron muy claro que, puesto que después del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no habría ningún otro profeta, Allah, el Altísimo, hizo que su hijo muriera. A modo de ejemplo, en la narración de Bujari se dice:

(árabe*******************************************en la página 216 del PDF)

«Ismail ibn Abi Jálid dijo: pregunté a Abdullah ibn Abi Aufa (un Compañero): “¿Vio usted a Ibrahim, el hijo del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)?”. Él respondió: “Murió durante su infancia. Si Allah, el Altísimo, hubiera decretado enviar algún profeta después de Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), habría mantenido vivo a su hijo. Pero después del Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no hay ningún otro profeta”».

Hazrat Anas (que Allah esté complacido con él) narró una tradición prácticamente concordante con esta. Dijo:

(árabe*******************************************en la página 216 del PDF)

«Si hubiera permanecido vivo, habría sido profeta. Pero no permaneció vivo, porque vuestro Profeta es el último de los profetas». —Tafsir Ruh al-Ma‘ani, vol. 22, p. 3

Cuarto: aunque en la narración en la que esta afirmación se atribuye al Noble Profeta (s.a.s.), y que ha sido considerada débil y poco fiable, no figurara la explicación de los nobles Compañeros ni se hubieran añadido allí las declaraciones de los expertos en hadices, de ningún modo sería aceptable. Esto se debe a que el principio unánimemente aceptado de la ciencia del hadiz establece que, si el contenido de una narración contradice numerosos hadices auténticos, no puede aceptarse bajo ninguna circunstancia. Veamos entonces: por un lado están los numerosos hadices auténticos, respaldados por cadenas de transmisión sólidas, en los que se declara claramente que, después del Profeta Muhammad (s.a.s.), la puerta de la profecía ha quedado cerrada; y, por otro, esta única narración, que sugiere la posibilidad de que la puerta de la profecía permanezca abierta. Al comparar ambas situaciones, ¿cómo podrían rechazarse las numerosas narraciones frente a esta única narración?

Palabras finales

Según el Noble Corán y el Noble Hadiz, la profecía es una cuestión fundamental de la religión. Es decir, sobre ella se fundamentan la fe y la incredulidad de la persona, y conforme a ella se decidirán su éxito o fracaso en la otra vida. Si una persona no cree en un profeta verdadero, se convierte en incrédula; y si cree en un falso profeta, también se convierte en incrédula. Allah y Su Mensajero (s.a.s.) han orientado de manera clara e inequívoca acerca de cualquier cuestión de tal importancia fundamental. Han dispuesto de antemano lo necesario para que la religión y la fe de las personas no corran peligro y para que Allah y Su Mensajero (s.a.s.) no sean considerados responsables de su extravío. Otro asunto digno de atención en este contexto es que, antes del Profeta Muhammad (s.a.s.), nunca, en la época de ningún profeta, se había declarado que la sucesión de la profecía hubiera llegado a su fin y que ya no vendría ningún otro profeta. Esto significa que entonces la puerta para la llegada de los profetas permanecía abierta, y nadie tenía derecho a negar la afirmación de quien proclamara ser profeta alegando que ya no vendría ningún otro profeta. Además, en aquella época los profetas continuaban anunciando la llegada de los profetas que vendrían después de ellos. Hacían que sus seguidores les prestaran juramento de obediencia a los profetas que aparecerían posteriormente. Estas prácticas reforzaban aún más la idea de que, si alguien se presentaba como profeta, no se podía rechazarlo de inmediato y sin reflexión. Más bien, se procuraba determinar, mediante un examen profundo de su mensaje, su personalidad, sus actos y su situación, si era realmente un profeta de Allah o un falso pretendiente de la profecía. Sin embargo, después de la llegada del Profeta Muhammad (s.a.s.), este asunto cambió por completo. La cuestión no terminó simplemente en que Muhammad (s.a.s.) no profetizara la llegada de ningún profeta después de él ni tomara de la comunidad el juramento de obedecerlo; por el contrario, el Corán declaró que Muhammad (s.a.s.) es el último profeta, y él afirmó con claridad inequívoca, no en uno o dos, sino en numerosos hadices auténticos y fiables, que quien se alzara después de él reclamando la profecía sería el Anticristo. La pregunta es: desde la perspectiva de Allah y de Su Profeta, ¿acaso la cuestión del islam y la incredulidad de las personas no es hoy delicada e importante? ¿Acaso únicamente los creyentes posteriores al Mensajero de Allah (s.a.s.) tenían derecho a salvarse de la sedición de la incredulidad? ¿Por eso Allah y Sus Mensajeros dispusieron informar únicamente a aquellos, con voz inequívoca, de que la puerta de la profecía permanecía abierta y de que continuaría la sucesión de los profetas? Pero ¿acaso ahora, con pleno conocimiento, nos han arrojado a nosotros a este peligro? Es decir, por un lado existe la posibilidad de que venga un profeta, y por creer o no creer en él podemos convertirnos en creyentes o incrédulos. Y, por otro lado, Allah y Sus Mensajeros no se limitaron a mantenernos ignorantes de la noticia de la llegada de un profeta, sino que fueron aún más lejos y continúan diciendo constantemente cosas que nos hacen pensar que la puerta de la profecía se ha cerrado y que, por ello, no podemos aceptar a quien la reclama. ¿Acaso vuestra razón y vuestra conciencia realmente os dicen que Allah y Su Mensajero Muhammad (s.a.s.) podrían engañarnos de esa manera?

Los cadianíes pueden interpretar como quieran la expresión «Jatam an-Nabiyyin». Pero, como mínimo, no podrán negar que también puede significar el fin de la sucesión de la profecía, y que, entre los ulemas y el pueblo de la comunidad, nueve millones novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve personas interpretan esta expresión precisamente con ese significado. La cuestión es: tratándose de un asunto tan delicado como la profecía —de la cual dependen la fe y la incredulidad de los musulmanes—, ¿acaso Allah debía haber utilizado un lenguaje del que toda la comunidad de Muhammad, salvo unos pocos cadianíes, entendiera que ya no vendría ningún profeta? Además, las palabras del profeta Muhammad (s.a.s.) no dejan en absoluto lugar a ninguna interpretación diferente sobre este asunto. En estas palabras se ha expresado inequívocamente que después de él no vendrá ningún profeta. La cuestión es: ¿acaso el profeta de Allah tenía alguna enemistad contra nosotros por la cual vendría un profeta después de él, mientras que, por el contrario, nos dejó la orden de no creer en él y marcharnos al infierno como incrédulos?

En estas circunstancias, por muy atractivo que sea el aspecto de una persona, aunque sus predicciones llegaran a demostrarse cien por ciento verdaderas y pese a sus miles de méritos, no consideraríamos digna de consideración su pretensión de profecía. Porque solo sería digna de consideración si existiera la posibilidad de que viniera un profeta. En cuanto oyéramos hablar de cualquier pretendiente a la profecía, lo declararíamos mentiroso con absoluta certeza y no concederíamos ninguna importancia a sus argumentos y pruebas en favor de su profecía. Si esto fuera incredulidad, no tendríamos ninguna responsabilidad por ello. Pues conservamos el Corán y los hadices del Mensajero para presentar nuestra defensa ante Allah el Día del Juicio.

 

Capítulo: 6 – La vida personal y la vida profética de Muhammad (s.a.s.)

El seguimiento y la obediencia al Gran Profeta

Para quienes abrazan el islam y pasan a formar parte de la umma musulmana, el Mensajero deja de ser únicamente un transmisor del mensaje; pasa a ser, al mismo tiempo, su maestro, instructor y guía, así como el ejemplo práctico del modo de vida islámico. Por encima de todo, adquiere para ellos la dignidad de un líder al que se debe obediencia absoluta en todas las épocas.

Maestro, instructor y ser humano ejemplar

La responsabilidad del Profeta (s. a. s.) como maestro consiste en explicar, analizar y hacer comprender claramente a todos cuanto Allah ha enseñado y recomendado, así como las leyes, normas y prohibiciones que ha revelado. Esto es precisamente lo que se expresa en este versículo del Corán:(Árabe*********)«Les enseñará el Libro y la sabiduría —es decir, la ciencia para poner en práctica las enseñanzas del Libro—, y formará a los musulmanes conforme a las leyes, moldeando sus vidas según ese modelo».Árabe******)Y, como ser humano ejemplar, la función del Mensajero (s. a. s.) consiste en presentarse como la encarnación de las enseñanzas del Corán: su vida será exactamente el reflejo de la vida que debe llevar un musulmán conforme al Libro de Allah. Al observar cada una de sus palabras y acciones, se podrá saber cómo se debe hablar, cómo se deben emplear las propias fuerzas y qué clase de conducta se espera del ser humano en la vida terrenal según el Libro de Allah. Todo lo contrario es contrario a la voluntad de dicho Libro. El sentido de estos dos versículos del Corán es precisamente ese:(Árabe************)«En la vida del Mensajero de Allah tenéis un modelo excelente».(Árabe**************************)«Él no habla por propia iniciativa; cuanto dice le llega mediante la revelación». Al mismo tiempo, el Mensajero es también el emir o líder de los musulmanes. Pero no es un líder cuyas palabras y acciones puedan ser objeto de desacuerdo o discusión. Por el contrario, es un líder respecto del cual el Corán dice:(Árabe******************)«Si disputáis sobre algún asunto, presentadlo ante Allah y el Mensajero».Árabe*****************)«Quien obedece al Mensajero obedece a Allah». No es un líder solamente durante su vida; es el líder de toda la comunidad musulmana hasta el Día de la Resurrección. Sus instrucciones son de obligado cumplimiento para los musulmanes en todas las épocas y circunstancias.

No es únicamente un predicador y transmisor del mensaje

El versículo del CoránÁrabe******)«Su tarea es transmitir la llamada de Allah». A partir de este y otros versículos semejantes, algunos intentan demostrar que la función del Mensajero se limita exclusivamente a la predicación. Estas personas olvidan que el Mensajero es únicamente un predicador mientras la gente no haya abrazado el islam, y que lo es solo para quienes todavía no han aceptado sus enseñanzas. Pero para quienes abrazan el islam y pasan a formar parte de la umma musulmana, el Mensajero no es solo un predicador; es, al mismo tiempo, su líder, gobernante, legislador, juez, maestro e instructor, y, por encima de todo, un ser humano ejemplar cuya imitación y seguimiento son obligatorios.

La distinción que algunos han querido establecer entre Muhammad, hijo de Abdullah, y Muhammad, el Mensajero de Allah que predicó el islam, no queda demostrada en absoluto por el Sagrado Corán. El Corán le atribuye al Noble Profeta una sola identidad: la de profeta y mensajero. Cada palabra que pronunciaba la pronunciaba como Mensajero de Allah, y cada acción que realizaba la realizaba como Mensajero de Allah. Precisamente por ocupar la dignidad de Mensajero, era a la vez predicador y maestro, instructor y purificador de caracteres, juez y gobernante, líder y director. Incluso todas las actividades de su vida personal, familiar y social eran dirigidas y realizadas en su condición de Mensajero. En todos estos ámbitos de la vida poseía una conducta perfecta, íntegra y pura, como ser humano completo, musulmán obediente y creyente sincero. Seguir e imitar esa vida íntegra, pura y santa es indispensable para obtener la complacencia de Allah y el éxito en la otra vida. El propio Allah Altísimo lo declaró en el versículo 21 de la sura Al-Ahzab del Sagrado Corán:

(en árabe, en la página 222 del PDF)

En ninguna expresión del Corán se encuentra siquiera el menor indicio de que se haya establecido una diferencia entre los distintos aspectos de la vida del Noble (s. a. s.) como profeta, como ser humano y como gobernante. ¿Cómo podría ser posible semejante diferencia? Puesto que era el Mensajero de Allah, era indispensable que toda su vida estuviera sometida a la sharía de Allah, siguiera sus principios y representara las normas islámicas. No podía realizar ningún acto ni adoptar ninguna conducta que desagradaran a Allah.

Él no se dejaba guiar por sus deseos ni por sus caprichos.

Que el Honorable Mensajero de Allah (la paz sea con él) estaba libre de toda inclinación malvada y no se dejaba guiar por sus propios caprichos se afirma claramente en los primeros versículos de la sura An-Naym. Allí se dice: (Árabe**********)«Vuestro compañero [es decir, Muhammad (la paz sea con él)] no se ha desviado del camino correcto ni se ha extraviado». (Árabe********)«No habla por capricho propio».(Árabe**********)«Cada una de sus palabras no es sino una revelación que le ha sido descendida».(Árabe********)«Se la ha enseñado un maestro de enorme poder». Algunos creen que estos versículos solo proclaman que el Corán es una revelación. Algunos incrédulos negaban precisamente eso. Pero en estos versículos no encuentro ni la más mínima alusión al Corán. (Árabe*****) En este versículo (Árabe)el pronombre «este» señala las palabras del Mensajero (la paz sea con él). Es decir, (Árabe*********)«Él no dice nada por su propio capricho». Se refiere a la palabra «habla» que aparece en esta frase. En estos versículos no hay fundamento alguno para afirmar que, al hablar de las palabras del Mensajero (la paz sea con él), se alude exclusivamente al Corán. Lo que estos versículos declaran es que cualquier palabra que salga de la boca del Mensajero (la paz sea con él) es revelación y está libre del impulso de los deseos y de los caprichos personales. El propósito de este testimonio del Corán es que aquellos a quienes fue enviado el Mensajero (la paz sea con él) sepan, con plena tranquilidad y certeza, que él no se había desviado en lo más mínimo y que, si hubiera hablado según sus propios caprichos —sin hablar de parte de Allah—, nadie habría depositado confianza en él como Mensajero. Eso mismo negaban los incrédulos: que fuera Mensajero. Pensaban que —¡Allah nos libre!— el profeta Muhammad (la paz sea con él) se había vuelto loco, que algún ser humano acudía secretamente a enseñarle, o que él mismo inventaba sus palabras. Allah, exaltado sea, hizo descender estos versículos de la sura An-Naym para refutar esa falsa idea y declaró con palabras inequívocas que vuestro compañero no se ha desviado ni se ha extraviado. Tampoco inventa palabras. Toda palabra que sale de su boca es verdadera y procede de Mi parte. Ningún ser humano, genio o demonio le dicta ni le enseña; quien le enseña es un maestro de inmenso poder. El propio Honorable Mensajero de Allah (la paz sea con él), señalando su lengua, dijo precisamente: (Árabe*****)«Juro por Allah, en cuya mano están mi vida y mi muerte, que de esta lengua no sale nada salvo la verdad».

Es obligatorio seguirlo en toda circunstancia

Es muy lamentable que algunas personas no quieran aceptar que es obligatorio obedecer al Mensajero (la paz sea con él) en toda circunstancia. Dicen que, respecto de las conversaciones que el Honorable Mensajero de Allah (la paz sea con él) mantenía en su casa con sus esposas o fuera de ella con otras personas, no se afirmaba que también fueran revelación, y que los incrédulos tampoco se preocupaban por ello. Yo sostengo que todo lo que el Honorable Mensajero de Allah (la paz sea con él) hacía, en cualquier situación, lo hacía en calidad de Mensajero. Todo lo suyo estaba libre de extravío y de la pasión de los deseos. Todas sus palabras y acciones emanaban de la conciencia y la naturaleza perfectas, infalibles y apegadas a la verdad con las que Allah, exaltado sea, lo había creado, y permanecían dentro de los límites del temor de Allah y la pureza que Él había establecido para él. En su noble personalidad había un modelo y un ejemplo excelente, digno de imitación y seguimiento para toda la humanidad. En realidad, solo a la luz de ese modelo podemos saber qué es lícito e ilícito en el islam, qué es halal y qué es haram; qué cosas agradan a Allah y cuáles le desagradan; en qué asuntos tenemos libertad para expresar nuestras propias opiniones y reflexionar e investigar, y en cuáles no. Ese mismo modelo nos enseña cómo obedecer al líder y al gobernante, cómo resolver todos los problemas mediante la consulta, y cuál es el significado de la democracia en nuestra religión, el islam.

El profeta Muhammad (la paz sea con él) era un emir designado por Allah, exaltado sea

Hazrat Rasulullah (s.a.s.) no fue un amir elegido o designado por la gente, ni llegó a serlo por iniciativa propia. Fue un amir y líder nombrado por el propio Allah. El papel que desempeñó como líder no era distinto de su papel como Mensajero; más bien, era precisamente como Mensajero de Allah que era el líder de la gente. Para decirlo con mayor exactitud, no era líder ni amir, sino un siervo obediente de Allah. Es cierto que se le ordenó consultar con sus seguidores, pero esto fue para que se presentara ante su umma como símbolo de la consulta. Mediante sus propias acciones, enseñaba los verdaderos principios de la democracia (Democracy). De esto no sería correcto concluir que su posición era igual a la de los demás líderes. Para los demás líderes se había establecido por ley que debían actuar necesariamente mediante la consulta. (Árabe******)«Todos sus asuntos deben conducirse mediante la consulta mutua». Y si al consultar surgía una discrepancia, había que recibir directamente la guía de Allah y del Mensajero (s.a.s.), es decir, del Corán y la Sunna: (Árabe*************************)(Cuando surja entre vosotros una discrepancia sobre cualquier asunto, aceptad la decisión sobre ese asunto de Allah y del Mensajero). Sin embargo, inmediatamente después de ordenar a Rasulullah (s.a.s.) que consultara, también se le dijo: (Árabe*******)«Y cuando hayas tomado una decisión firme sobre un asunto, deposita tu confianza en Allah». Esto deja claro que él no dependía de la consulta. Aun así, se le ordenó consultar únicamente para que, por medio de las manos puras del Mensajero (s.a.s.), se establecieran los cimientos de un sistema de gobierno verdaderamente democrático.

La obediencia al Mensajero como líder o amir

También con respecto a esto, algunos sostienen ideas equivocadas. Dicen que la obediencia a Hazrat (s.a.s.) como líder se limitaba a su vida terrenal. Pero esto no es cierto. Presentan como prueba las palabras del versículo 20 de la sura Al-Anfal (Árabe********)y les atribuyen el significado de que la orden de obedecer las palabras del Mensajero (s.a.s.) fue dada únicamente a quienes en aquel momento podían escucharle. Sin embargo, ese no es el verdadero significado de este versículo. En el primer versículo de la misma sura Al-Anfal se dice: (Árabe*************)«Si sois creyentes, obedeced a Allah y al Mensajero». Además, en el versículo 5 se reprende a quienes interiormente vacilaban en responder al llamamiento del Mensajero (s.a.s.) al yihad. Luego, en el versículo 13, se dice: (Árabe***************)«Quien dispute con Allah y Su Mensajero debe saber que Allah es severo en el castigo».

Después de decir estas cosas, en el versículo 20 se declara:

(Árabe*******************************************en la página 225 del PDF)

«¡Oh, creyentes! Obedeced la orden de Allah y obedeced la orden del Mensajero. No desobedeced la orden cuando la estéis escuchando». En este versículo y en los anteriores se repite que hay que obedecer la orden de Allah junto con la del Mensajero. El propósito es explicar que obedecer la orden del Mensajero forma parte precisamente de obedecer la orden de Allah. También hay que observar otro asunto. En todos los lugares se utiliza la palabra “Mensajero”; en ninguna parte se emplea la palabra “amir”. Ni siquiera existe en ello la más remota insinuación que permita entender que “Mensajero” significa una posición como la de líder o amir, una dignidad distinta de la posición del Mensajero (s.a.s.). Al mismo tiempo, es digno de señalar que se prohíbe ignorar la orden del Mensajero (s.a.s.), y el sentido explícito de las palabras «cuando la estéis escuchando» es este: aunque escuchéis las órdenes que he repetido tantas veces, no os neguéis a obedecer a Mi Mensajero (s.a.s.). Aquí, la palabra “vosotros” significa: no os neguéis a obedecer al Mensajero (s.a.s.). Aquí, el significado de “vosotros” no se limita a los musulmanes vivos durante la vida del Mensajero (s.a.s.), sino que incluye a todos los creyentes que, hasta el Día del Juicio, escuchen el mensaje del Corán. Para todos ellos es obligatorio obedecer y poner en práctica cada orden del Mensajero (s.a.s.), sea cual sea la forma en que les llegue.

Un argumento extraño

Algunos argumentan que la responsabilidad del liderazgo del Noble Profeta (s.a.s.) era igualmente temporal, como ocurre con los demás líderes. Pues en esta época es imposible luchar con lanzas, picas y espadas como en las batallas de Badr y Uhud. ¡Qué extraño argumento! El uso de las armas que Rasulullah (s.a.s.) empleaba en aquella época puede haber estado limitado a las circunstancias especiales de ese tiempo. Pero eso no significa que las normas y restricciones éticas que observaba en la guerra y que ordenó observar a los demás fueran propias de una época particular. Al contrario, mediante ellas estableció para los musulmanes un código militar permanente.

En realidad, desde la perspectiva de la sharía, no es de gran importancia qué armas utilizaba Su Eminencia (s.a.) en la guerra: espada, fusil o cañón. Lo verdaderamente importante es con qué propósito utilizaba esas armas y qué tipo de derramamiento de sangre causaba con ellas. El modelo que presentó mediante las distintas batallas constituye un modelo eterno y completo para la yihad islámica. Por ello, ideal y doctrinalmente, el Profeta universal, Su Eminencia Muhammad (s.a.), es hasta el Día del Juicio Final el comandante supremo de todos los ejércitos musulmanes de todas las épocas.

La posición singular del liderazgo del Profeta

Un caballero, señalando la diferencia entre el emirato y la risala, afirma que los musulmanes tienen derecho a debatir y discrepar con su líder, pero que no se puede discrepar con el Mensajero (s.a.). Le pregunto a ese caballero: ¿cómo puede equipararse el liderazgo del Mensajero (s.a.) al liderazgo de los demás dirigentes? Ante aquel líder no se podía siquiera hablar en voz alta; en la sura Al-Hujurat se declara que bastaba hablar en voz alta para que se malograran todas las buenas obras de toda una vida, y en la sura An-Nisa se advierte que quien discutiera con él sería arrojado al Infierno. ¿Podía un musulmán tener derecho a discrepar de sus decisiones? Desde luego que no. Entonces, ¿cómo puede equipararse el liderazgo de aquel líder al de los demás dirigentes? A los musulmanes sí se les ha concedido el derecho a discrepar con los demás dirigentes.

Las tres etapas de la obediencia

Algunas personas sostienen la idea errónea de que las órdenes de obedecer al Mensajero (s.a.) que aparecen en el Corán son sinónimo de obedecer al emir o dirigente. A continuación se cita una opinión de este tipo:

“En todos los lugares del Corán donde se menciona conjuntamente la orden de obedecer a Allah y al Mensajero (s.a.), su significado es, en términos generales, obedecer al liderazgo de los musulmanes que adopta el Corán como fundamento de la ley y del sistema de gobierno, y que está dirigido por el propio Mensajero de Allah (s.a.) o por su califa. Por ejemplo, en el Corán se dice respecto a los bienes obtenidos en la guerra: (Árabe************)“La gente te pregunta acerca del botín de guerra. Di: ‘El botín de guerra pertenece a Allah y al Mensajero’”. Es bien sabido que esta disposición relativa al botín no estaba limitada a las guerras del Mensajero de Allah (s.a.), sino que debía observarse igualmente en los tiempos posteriores. Esa orden (s.a.), es decir, su ejecución, quedó en manos del liderazgo musulmán contemporáneo. Por consiguiente, la dignidad que tenía el Mensajero de Allah (s.a.) como dirigente es exactamente la misma que tienen sus califas.

Esta opinión no es más que una tergiversación manifiesta de la verdad. En el Sagrado Corán se mencionan claramente tres niveles de liderazgo: la obediencia a Allah, la obediencia al Mensajero (s.a.) y la obediencia a los «ulul amr». Obedecer a Allah significa obedecer los mandamientos del Corán. Obedecer al Mensajero (s.a.) significa seguir e imitar las palabras y los actos de Su Eminencia. Y obedecer a los «ulul amr» significa obedecer al liderazgo que gobierna y orienta a los musulmanes conforme a la obediencia a Allah y al Mensajero y a las normas del islam. Respecto a las dos primeras etapas, la postura del Corán es clara e inequívoca. El Corán ha declarado repetidamente que no hay lugar para la menor discusión sobre las órdenes de Allah y del Mensajero (s.a.). La tarea de los musulmanes consiste únicamente en escucharlas y actuar conforme a ellas. En cualquier asunto sobre el que Allah y el Mensajero hayan emitido una decisión, ningún otro musulmán tiene autoridad alguna para tomar después una nueva decisión. Dicho de otro modo, intentar plantear objeciones, oposición o debate en estas dos etapas significa quedar excluido del islam. En cuanto a la tercera, el Corán establece que la obediencia al emir o dirigente está subordinada a Allah y al Mensajero. Cuando surjan disputas, oposición o desacuerdos, deberán resolverse conforme a las normas de Allah y del Mensajero (s.a.). Con instrucciones tan claras y explícitas, no hay base para afirmar que Allah y el Mensajero (s.a.) significan el liderazgo de los musulmanes. De ningún modo es posible situar en el mismo nivel el liderazgo del Mensajero de Allah (s.a.) y el de los dirigentes musulmanes comunes. En este asunto, (Árabe**************)“el argumento que se ha intentado presentar a partir del versículo no es correcto. Que los bienes del botín pertenezcan a Allah y al Mensajero significa que deben gastarse en beneficio de la sociedad, la organización y el Estado islámicos establecidos por Allah y el Mensajero (s.a.). ¿Cómo se dedujo de este versículo que Allah y el Mensajero significan el liderazgo musulmán?”

El intento erróneo de establecer una diferencia entre las actividades religiosas y sociales

En el Corán no se encuentra ni el más sutil indicio que permita considerar únicamente las actividades religiosas del Mensajero de Allah (s.a.s.) como un modelo eterno y universal, y considerar sus directrices y decisiones sobre asuntos sociales y civilizatorios aplicables solo a una época determinada. Si en el Corán existe algún versículo a cuya luz pueda establecerse una diferencia entre estos dos tipos de actividades, sería bueno que alguien lo señalara. Hasta donde sé, esta es la disposición clara del Corán:

Árabe… en la página 227 del PDF

«Después de que Allah y Su Mensajero han tomado una decisión sobre un asunto, ningún hombre ni mujer creyente tiene ya la facultad de tomar una decisión distinta respecto a sus propios asuntos. Y quien desobedezca a Allah y al Mensajero se habrá extraviado en un error manifiesto». (Sura Al-Ahzab: 36)

En este versículo no se delimita ninguna época ni período. No hay lugar para decir que la mención de hombres y mujeres creyentes se refiere únicamente a los creyentes durante la vida del Mensajero de Allah. Tampoco se ha restringido el tema de las órdenes o decisiones de Allah y del Mensajero a cuestiones exclusivamente religiosas; por el contrario, incluye todo tipo de asuntos: religiosos y sociales, civilizatorios, económicos y políticos. Allah y el Mensajero significan Allah y el Mensajero, no la autoridad ni el liderazgo en ningún sentido. Un emir o un ulul-amr, naturalmente, será un creyente. Y aquí se afirma que, después de que Allah y el Mensajero hayan decidido sobre un asunto, ningún hombre ni mujer creyente conserva derecho alguno a tomar una decisión por sí mismo. Esto es así tanto si la decisión la toma una sola persona como si la toma toda la comunidad. Luego se declara que quien se oponga a ello se extraviará. Esto significa que el sistema que Allah y Su Mensajero han establecido para la comunidad o sociedad islámica, sobre la base de Sus órdenes y disposiciones, no puede mantenerse sino observando al pie de la letra esas leyes y disposiciones.

Si la gente, ignorando lo que Allah ha dicho y lo que Su Mensajero ha hecho, adopta un camino basado en su propia voluntad y elección, ese sistema no perdurará.

La concepción islámica sobre la obediencia al Profeta y la libertad de expresar opiniones

 

Un caballero ha escrito:

«En el relato de Zayd ibn Hariza (r.a.) y Zaynab (r.a.) narrado en la sura Al-Ahzab surge una cuestión. El honorable Mensajero de Allah (s.a.s.) le dijo a Zayd:(Árabe**********)(Mantén a tu esposa en el vínculo matrimonial y teme a Allah), pero el honorable Zayd actuó en contra de esta orden del Gran Profeta y se divorció de Zaynab. No cabe duda de que este acto fue contrario a la orden del Mensajero de Allah (s.a.s.). Sin embargo, en la forma en que el Corán relata el hecho no se encuentra, ni explícita ni implícitamente, nada que permita entender que Allah desaprobara en lo más mínimo esta desobediencia de Zayd. Por el contrario, al comienzo del relato Zayd es descrito como un siervo favorecido por Allah,(Árabe*********)(aquel sobre quien Allah ha derramado Su favor). De ello surge la impresión de que quizá no haya nada malo en actuar contra la orden del Profeta y que, aun cuando las palabras del Profeta estén demostradas, obedecerlas no sea tan indispensable como obedecer la orden de Allah».

La pregunta no encierra ninguna complejidad y la duda del interlocutor podría disiparse con pocas palabras. Pero, en realidad, del mismo lugar de donde surge la duda también se originan diversas ideas erróneas. Y las raíces de esas ideas erróneas se han arraigado muy profundamente. Por tanto, al disipar esta duda, arrojemos también algo de luz sobre sus raíces y sus ramificaciones.

El derecho de impartir órdenes pertenece exclusivamente a Allah

El Corán ha proclamado, con un lenguaje mucho más claro e inequívoco que los demás Libros celestiales, que no hay nadie más que Allah que sea el Legislador supremo y soberano, el que ordena y el que gobierna. (Árabe*********)(Nadie, salvo Allah, tiene derecho a promulgar leyes ni a gobernar). Allah, el Altísimo, puede ordenar como le place: (Árabe********)Ciertamente, Allah, el Altísimo, ordena lo que quiere). Solo Él es el Soberano cuyas órdenes no admiten ninguna objeción: (Árabe********)(No se le puede pedir cuentas por nada de lo que hace). Es obligatorio obedecer únicamente a Allah, y lo es porque, por naturaleza, el ser humano es Su siervo o esclavo. Ha sido creado precisamente para servir a Allah. (Árabe*************)(He creado a los genios y a los seres humanos únicamente para que Me adoren o Me sirvan). El ser humano no ha sido creado por nadie salvo Allah, ni es esclavo ni protegido de nadie más. Por eso, la obediencia de un ser humano a otro no es obligatoria. (Árabe*******************)(Preguntan: «¿Acaso tenemos alguna parte en la autoridad del gobierno?». Diles: «La autoridad del gobierno pertenece exclusivamente a Allah»). Por tanto, así como ningún ser humano posee sobre otro una autoridad soberana y absoluta (Absolute Authority), tampoco existe para nadie la obligación de obedecer la orden de otro que no sea Dios, simplemente porque la orden provenga de esa persona en particular.

La autoridad del gobierno de unos seres humanos sobre otros

El Corán quiere quitar de los hombros del ser humano el yugo de obedecer a cualquier ser distinto de Allah. Quiere convertirlo en un siervo obediente de Allah, el verdadero Señor y Soberano. Después, quiere concederle plena libertad de pensamiento y de conciencia. En realidad, este era el propósito fundamental de la revelación del Corán. Por eso vemos que el Corán fue el que emprendió la mayor lucha contra la servidumbre y la esclavitud del ser humano. A su juicio, ningún ser humano tiene derecho a declarar lícito o ilícito algo según su propio deseo y a exigir que sus órdenes y prohibiciones sean acatadas como las órdenes y prohibiciones de Allah. El Corán no reconoce a ningún ser humano una autoridad absoluta semejante. Al contrario, ha declarado que obedecer tales órdenes y prohibiciones es shirk. A quienes convierten a los eruditos, a los pir-murshid, a los sacerdotes y clérigos, y a los gobernantes (Árabe*********) o los sientan en el lugar de dioses alternativos a Allah y en el trono de Dios, y aceptan sus palabras sin oposición, el Corán los declara mushriks. Cuando algunas personas profesan una obediencia tan absoluta a otras, inevitablemente empiezan a considerarlas sus señores y a considerarse sus esclavos. Un ser humano solo puede estar dispuesto a renunciar voluntariamente por completo a la libertad de su conciencia, su mente y su cuerpo ante otro ser humano cuando lo considera libre de todo error y completamente inocente e intachable, o cuando cree que, en virtud de sus propios derechos, tiene capacidad para ordenar y prohibir cualquier cosa y que posee un derecho innato a ejercer el gobierno y la autoridad. O cuando cree que todo el poder de causar daño o beneficio está exclusivamente en sus manos, y que solo él tiene el poder de conceder o suspender el sustento. Creer que cualquier criatura o cosa distinta de Allah posee cualidades de este tipo es el origen del shirk y de la servidumbre. Por el contrario, la esencia de la doctrina del tawhid es creer que ninguna criatura ni cosa, salvo Allah, posee estas cualidades, y rechazar la autoridad o el derecho a gobernar de todos los demás. La liberación y emancipación completa del ser humano de la servidumbre de las criaturas es el resultado inevitable de esta doctrina.

¿En calidad de qué debe obedecerse al Profeta?

Después de comprender la discusión anterior, hay que reflexionar sobre cómo debe obedecerse al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), cuya obediencia el islam ha hecho indispensable y de la cual depende el din. Esta obediencia no se debe en absoluto a que el Profeta sea una persona eminente, como hijo de Imrán, hijo de Maryam o hijo de Abdullah, ni a que, por ser una persona eminente, tenga derecho a ordenar y prohibir, y a determinar lo lícito y lo ilícito. De ser así —Allah nos libre—, el Profeta mismo se convertiría en uno de los arbab, es decir, en uno de los muchos dioses alternativos a Allah. Y de ese modo fracasaría precisamente en sus propias manos el propósito para el que fue enviado como profeta. El Corán ha expresado este asunto con suma claridad. Dice que, como persona, el Profeta es un ser humano igual que los demás.(Árabe********************)«¡Oh, Profeta! Di: “Mi Señor está por encima de toda imperfección y defecto. En realidad, no soy más que un ser humano al que se le ha concedido la dignidad de Mensajero”».(Árabe******************)«Sus profetas les dijeron: “No somos sino seres humanos como vosotros”». Sin embargo, debido a su condición de profeta, se produce una enorme diferencia entre él y los demás seres humanos. Cuando se le concedió la profecía, también se le confirió autoridad de gobierno. Allah dice:(Árabe******************)«Son aquellos a quienes concedí el Libro, la autoridad de gobierno y la profecía». Aquí, por «juicio» o autoridad de gobierno, se entienden tanto la facultad de tomar decisiones como la autoridad estatal. Por tanto, queda claro que el poder y la autoridad estatal que están en manos del Profeta no son personales, sino un poder y una autoridad que Allah le ha confiado. Por eso, obedecerle es obediencia. Allah dice:(Árabe******************)«Quien obedece al Mensajero ha obedecido a Allah». El propósito mismo de enviar al Profeta es que promulgue, de parte de Allah, Sus mandatos, y que los musulmanes los cumplan. Allah dice:(Árabe******************)«No envié a ningún profeta sino para que se le obedeciera con el permiso de Allah». En consecuencia, la orden del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es la orden de Allah mismo. Nadie tiene el menor derecho a cuestionar este asunto. Allah dice:

(Árabe************************************, página 231 del PDF)

«A quien dispute con el Profeta después de que la guía se le haya hecho evidente y siga un camino distinto del de los creyentes, lo haré seguir el camino que él mismo ha elegido y lo arrojaré al Infierno. ¡Qué pésimo destino!»

Obediencia absoluta

No hace falta siquiera hablar de desobedecer efectivamente al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): incluso albergar en el corazón la intención de desobedecerlo hace que, con toda certeza, se pierda la fe. Allah, exaltado sea, dijo:

(Árabe******************************, página 231 del PDF)

«¡Por Allah! Nunca podrán ser creyentes hasta que te acepten como juez en sus disputas mutuas y no sientan el menor reparo en aceptar tu decisión; antes bien, se sometan completamente ante ella».

La desobediencia al Mensajero conduce al ser humano a la pérdida y al fracaso eternos. Allah, exaltado sea, dice:

(Árabe******************página 232 del PDF)

«Sobre quienes hayan incurrido en la incredulidad y desobedecido al Mensajero, el Día de la Resurrección caerá una calamidad tal que desearán que toda la tierra sea colocada sobre ellos».

El Profeta no convierte a las personas en sus esclavos

La religión y la fe dependen de obedecer al Profeta y someterse plenamente a él. También se ha explicado con mayor claridad que la guía depende de obedecer al Profeta en todos sus aspectos. (Árabe******************)Ya se ha dicho anteriormente que esta obediencia no le corresponde al Profeta en cuanto ser humano o individuo. Los profetas no son enviados para convertir a las personas en sus siervos y esclavos, sino para hacerlas obedientes a Allah. Sobre esto, Allah dice:

(Árabe******************página 232 del PDF)

«No es propio de un ser humano que Allah le conceda el Libro, la autoridad y la profecía, y que luego diga a la gente: “Sed mis siervos en vez de siervos de Allah”. No; más bien dirá: “Sed siervos de Allah”».

El Profeta no vino para obligar a las personas a obedecer sus deseos y antojos personales, imponer sobre ellas la influencia de su grandeza y dignidad, privarlas del derecho a sostener sus propias opiniones frente a la suya, ni hacer que dejen inactivos sus corazones y sus mentes ante él. Eso no sería sino la adoración de otro distinto de Allah, precisamente aquello cuya erradicación motivó la venida del Profeta.

El Profeta vino precisamente para romper todas las cadenas de esclavitud del ser humano respecto de otros seres humanos. Allah dice: (Árabe******************)«Y les quita las cargas y los grilletes que pesaban sobre ellos». El Profeta vino para arrebatar el poder y la autoridad que las personas habían usurpado para determinar los derechos y deberes de unos seres humanos frente a otros y establecer arbitrariamente los límites de lo lícito y lo ilícito. Allah dice: (Árabe******************)«No tenéis derecho a declarar lícito o ilícito, con vuestras propias bocas, aquello que queráis». La misión profética apareció para liberar a las personas de la humillación que se había apoderado de ellas, haciéndolas someterse ciegamente a las órdenes y decisiones de otros seres humanos. El Corán recuerda esto a la humanidad: (Árabe******************)«Que nadie de entre nosotros tome a otro ser humano como señor en vez de Allah». Entonces, ¿cómo podría ser lícito que un profeta rompiera las cadenas de la esclavitud respecto de otros que pesaban sobre los hombros de las personas y luego las atara de nuevo con las cadenas de la esclavitud respecto de sí mismo? ¿Cómo podría ser correcto que arrebatara a todos los demás el derecho a determinar lo lícito y lo ilícito, para apoderarse de él inmediatamente, y que apartara a todos los demás del trono del poder y la autoridad para sentarse él mismo en él? El Profeta que reprende a los judíos y cristianos por haber tomado a sus líderes religiosos, maestros y sacerdotes como señores en vez de Allah, (Árabe******************)¿cómo podría decir: “Ahora, abandonando a Allah, tomadme a mí como señor o dios y someteos a mis deseos y pasiones”?

La obediencia al Profeta en cuanto Profeta

En efecto, por eso Allah Ta‘ala hizo que Su propio Profeta expresara repetidamente esta verdad: la obediencia que se ordenó al creyente, de la cual depende que tenga o no fe, y de la que el creyente no tiene derecho a apartarse ni siquiera la medida de un cabello, sin hablar de abandonarla, no es en realidad la obediencia al Profeta como ser humano, sino su obediencia precisamente en cuanto Profeta. Es decir, deben obedecerse las órdenes, el conocimiento, la guía, las leyes y las normas que el Profeta transmite a la gente de parte de Allah. De esta explicación se comprende que el vínculo de obediencia con el que el islam liga a las personas no es en realidad la obediencia a un ser humano, sino la obediencia a Allah mismo. Allah dice:

(Árabe****************** en la página 233 del PDF)

«(¡Oh, Profeta!) Te hemos revelado este Libro verdadero para que juzgues entre la gente conforme a la justicia que Allah te ha mostrado».—(Sura an-Nisá: 105).

(Árabe****************** en la página 233 del PDF)

«Y quienes no juzgan y deciden conforme a la ley revelada por Allah, esos son, en realidad, los injustos».—(Sura al-Má’ida: 45).

Así como todas las demás personas están obligadas a cumplir esta ley de Allah, también el propio Profeta, en cuanto ser humano, está obligado a cumplirla.(Árabe******************)«Solo sigo lo que me es revelado mediante la revelación».—(Sura al-An‘am: 50)

La obediencia al Profeta está sujeta a la orden de Allah

Además de los versículos mencionados anteriormente, muchos otros versículos demuestran claramente que la obediencia corresponde únicamente a Allah y a nadie más. Si existe algún margen para servir a algo aparte de Allah, o para que unos seres humanos ejerzan señorío y dominio sobre otros, no es en cuanto seres humanos. Es cierto que hay que obedecer al Profeta, pero ello se debe a que Allah le ha concedido la autoridad para promulgar mandatos. Hay que obedecer a los gobernantes y administradores porque están encargados de aplicar y llevar a la práctica los mandatos de Allah y del Mensajero (la paz sea con él). Hay que obedecer a los eruditos porque explican los mandatos y prohibiciones de Allah y del Mensajero (la paz sea con él), así como los límites de lo lícito y lo ilícito establecidos por Él. Si alguno de ellos presenta un mandato de Allah, es deber de todo musulmán inclinarse ante él. No tiene derecho alguno a cuestionar su lógica o legitimidad. Ante Allah, ningún creyente posee libertad de pensamiento ni libertad de opinión. Pero si una persona presenta no un mandato de Allah, sino una opinión o idea propia, el musulmán no está obligado a aceptarla. En ese caso, tiene derecho a pensar libremente y a sostener su propia opinión. Tiene derecho a discrepar voluntariamente de esa persona. Y esto no se limita a los eruditos y gobernantes: tampoco hay impedimento alguno para discrepar de la opinión personal de cualquier individuo.

El propósito de la vida del Gran Profeta (la paz sea con él) era de dos objetivos

Uno de los objetivos de la vida del Gran Profeta (la paz sea con él) era colocar alrededor del cuello de los seres humanos la cadena de la servidumbre y obediencia a Allah. El otro era liberar a los seres humanos de las cadenas de la obediencia y servidumbre a otros seres humanos. Ambas tareas formaban parte de su responsabilidad como Profeta y ambas tenían igual importancia. Para cumplir la primera tarea, era indispensable obligar a todos los musulmanes a obedecerle en cuanto Profeta, pues la obediencia a Allah dependía precisamente de la obediencia a él. Por otra parte, para cumplir la segunda tarea era igualmente necesario que, ante todo, mediante sus actos y su conducta estableciera firmemente en la mente de los musulmanes esta verdad: que no tenían la obligación de obedecer como ser humano a ningún hombre, ni siquiera a Muhammad, hijo de Abdullah, y que sus mentes eran completamente libres de la servidumbre a los seres humanos. Esta era una tarea sumamente difícil. En una misma persona se reunían las dos cualidades de la profecía y la humanidad. No era posible separarlas trazando una frontera claramente definida. Sin embargo, el Mensajero de Allah (la paz sea con él) llevó a cabo esta tarea con extraordinaria habilidad, gracias a la sabiduría que Allah le había concedido. Por un lado, como Profeta obtuvo una obediencia que ningún héroe de la historia mundial había obtenido jamás. Por otro, como ser humano concedió a sus seguidores entregados una libertad individual que ni siquiera el líder más democrático del mundo había podido conceder nunca a sus seguidores.

No hace falta explicar cuánta influencia y autoridad tenía sobre sus seguidores en cuanto Profeta, ni cuánto respeto y popularidad gozaba entre los musulmanes. Sin embargo, pese a ser tan influyente y poderoso, distinguía en su conducta cotidiana, con una perfección incomparable, su dignidad humana de su dignidad profética; no existe ejemplo semejante. Además de recibir, como Profeta, una obediencia absoluta e incondicional, como ser humano concedía a las personas plena libertad de opinión e incluso animaba a todos a discrepar de sus opiniones personales. Quien reflexione profundamente sobre este asunto comprenderá sin duda que semejante autocontrol absoluto, tan extraordinaria capacidad de discernimiento y un grado tan elevado de sabiduría y previsión solo eran posibles en un Profeta. Por un lado, se percibe que, aunque la dignidad personal del Profeta era distinta, quedaba absorbida en la dignidad de la profecía. Por otro, también queda claro que, mediante su conducta personal, seguía cumpliendo la misión profética. Personalmente les enseñaba cómo emplear la libertad de pensamiento en el trato con los demás. Les hacía saber que una persona puede ejercer su libertad de opinión y de pensamiento frente a cualquier otra persona. Incluso frente al mejor de los seres humanos, a quien está obligada a considerar la persona más honorable por ser un hombre enviado por Allah, posee esa libertad y puede ejercerla. Si alguien distinto de un Profeta hubiera poseído tal autoridad y tal influencia absolutas sobre las personas, sin duda las habría convertido en sus esclavas y habría impuesto sobre ellas su dominio exclusivo, como han hecho en todas las épocas y en todos los países los clérigos, sacerdotes, pires y reyes. El Honorable Mensajero de Allah (la paz sea con él) dijo:

(Árabe************************************en la página 235 del PDF)

«Yo también soy un ser humano. Cuando os dé una orden relativa a vuestros asuntos religiosos, obedecedla. Pero cuando diga algo basándome en mi propia opinión, sabed que no soy más que un ser humano».

Algunos ejemplos de cómo fomentaba la libertad de opinión

En cierta ocasión, el Honorable (la paz sea con él) dio algunos consejos sobre el cultivo de las palmeras datileras a los propietarios de los huertos frutales de Medina. Los propietarios actuaron conforme a esos consejos, pero no obtuvieron mucho beneficio. Cuando informaron de ello al Mensajero de Allah (la paz sea con él), dijo:

(Árabe************************************en la página 235 del PDF)

«Solo había dicho algo basándome en una suposición. No aceptéis como vinculante lo que digo basándome únicamente en conjeturas y opinión personal. Sí, cuando digo algo de parte de Allah, aceptadlo, pues jamás he atribuido una mentira a Allah».

En la batalla de Badr, el lugar donde el Profeta (s. a. s.) levantó primero su campamento no era muy adecuado. El compañero Hazrat Hubab ibn al-Mundhir (r. a.) le preguntó: «¿Se ha elegido este lugar por indicación de la revelación o únicamente como estrategia militar?». Hazrat (s. a. s.) respondió que no era por indicación de la revelación. Entonces Hubab dijo: «En tal caso, en mi opinión, deberíamos avanzar más y levantar el campamento en tal lugar». Hazrat (s. a. s.) aceptó su propuesta y actuó conforme a ella.

Respecto a los prisioneros de guerra de Badr, Hazrat (s. a. s.) consultó con los compañeros y también expresó su opinión como un miembro ordinario del grupo. En este asunto, Hazrat Umar (r. a.) discrepó del Mensajero de Allah (s. a. s.) y de Hazrat Abu Bakr (r. a.). Es un episodio célebre de la historia. En aquella misma reunión, Hazrat (s. a. s.) sacó a colación también el caso de su yerno Abu al-As y dijo a los compañeros: «Si dais permiso, podría devolverse a Abu al-As el collar que se había recibido de él como rescate». Cuando todos los compañeros lo aprobaron de buen grado, él le devolvió el collar.

Durante la batalla de la Trinchera, Hazrat quiso concertar un tratado con la tribu de Banu Ghatafan. Los dirigentes de los ansar dijeron: «Si esto es una orden de la revelación, no hay nada que decir. Pero si es una opinión personal de Hazrat (s. a. s.), discrepamos de ella». Hazrat (s. a. s.) aceptó su opinión y rompió con sus propias manos el borrador del tratado.

El tratado de Hudaybiyyah no agradó a los compañeros, pues a primera vista parecía un tratado de sumisión. Hazrat Umar (r. a.) expresó abiertamente su desacuerdo. Pero cuando Hazrat (s. a. s.) dijo: «Lo estoy haciendo en calidad de profeta», todos, aunque se sintieron algo afligidos por su sentido islámico de reverencia, no se atrevieron a pronunciar ni una palabra. Hazrat Umar (r. a.) continuó arrepintiéndose de diversas maneras hasta el momento de su muerte por haber discrepado de Hazrat en un asunto que este iba a realizar en calidad de Mensajero.

Después de la batalla de Hunayn, los ansar se sintieron afligidos por la cortesía que él mostró, al repartir el botín de guerra, hacia los no musulmanes de disposición relativamente generosa. Hazrat hizo que los convocaran. Para defender su postura, no dijo: «Soy el profeta; haré lo que quiera», sino que actuó como el jefe de un gobierno democrático que establece su opinión mediante un discurso razonado ante los miembros de la oposición. No les hizo una petición del tipo: «Si tenéis fe en el Mensajero, aceptadlo», sino que apeló a su intelecto y a sus sentimientos, y solo se despidió de ellos después de haberlos convencido.

Esto era lo referente al trato con las personas de elevada posición social. El Gran Profeta (s. a. s.) había despertado una actitud de independencia incluso entre los esclavos y las esclavas. Una esclava llamada Barira llegó a sentir aversión por su marido y abandonó su compañía. Sin embargo, su marido estaba profundamente enamorado de ella. Al ver cuánto lloraba su marido, Hazrat (s. a. s.) le dijo a Barira: «No estaría mal que volvieras con tu marido». Ella respondió: «¡Oh, Mensajero de Allah (s. a. s.)! ¿Me lo está ordenando?». Hazrat (s. a. s.) dijo: «No te lo ordeno; te lo estoy recomendando». Ella respondió: «Si es una recomendación, no deseo volver con él».

Existen muchos otros ejemplos de este tipo. De ellos se comprende que, cuando por sus gestos o por sus declaraciones explícitas se entendía que el Profeta (s.a.s.) hablaba conforme a su propio criterio, la gente expresaba libremente sus opiniones y él también la alentaba a hacerlo. En tales casos, discrepar no solo era lícito, sino que además era de su agrado, y muchas veces retiraba su propia opinión.

La importancia del caso de Zayd

Examinemos ahora el caso de Zayd. Su relación con el Noble Profeta (s.a.s.) tenía varios aspectos. Uno de ellos era que el Profeta (s.a.s.) era su líder y Zayd, su seguidor. Otra relación era la de cuñados: el Profeta era el hermano político y Zayd, el cuñado. —Zaynab era prima paterna del Noble Profeta (s.a.s.) y se había casado con Zayd—. La tercera relación consistía en que el Profeta (s.a.s.) era su padre adoptivo y tutor, mientras que Zayd era su hijo adoptivo. Zayd no logró llevarse bien con su esposa. Por ello decidió divorciarse de ella. En esas circunstancias, el Profeta le dio el consejo que normalmente daría un cuñado a su cuñado y un padre adoptivo a su hijo adoptivo. Es decir, le dijo: «Teme a Allah y no divorcies a tu esposa». Sin embargo, el odio que había surgido entre los cónyuges debido a la diferencia entre sus temperamentos y naturalezas lo sentía el propio Zayd mucho más intensamente. No se trataba de una cuestión de religión ni de fe, sino de un sentimiento psicológico. Por eso, sin aceptar el consejo que le había dado el Profeta, se divorció de ella. La oposición que manifestó en este caso no era oposición a un Mensajero. Tampoco el consejo que el Profeta le había dado se lo había dado en calidad de Mensajero de Allah. Por eso, ni él se disgustó ni Allah, el Altísimo, se disgustó. Pero si en lugar del Profeta (s.a.s.) hubiera estado alguien que hubiese criado a una persona desde su infancia, le hubiese mostrado favor y benevolencia, le hubiese dado en matrimonio a su propia hermana a pesar del estigma de la esclavitud y, después, esa persona hubiese repudiado a su hermana pese a su prohibición, entonces sin duda se habría disgustado. Sin embargo, el Profeta (s.a.s.) no era solamente su tutor y su cuñado, sino también el Mensajero de Allah. Liberar a las personas de la servidumbre de otras personas y devolverles los derechos humanos que habían perdido era su deber en calidad de Mensajero. Por eso no ordenó, sino que aconsejó. Y no manifestó el menor disgusto porque ese consejo no fuera obedecido. Esto demuestra que, en su personalidad, las dignidades propias del Profeta estaban diferenciadas y, al mismo tiempo, íntimamente entrelazadas. Al ejercer ambas, mantuvo un equilibrio tan asombroso que solo un profeta podía mantenerlo. Incluso cuando actuaba como ser humano, lo hacía de tal manera que las responsabilidades y deberes de la profecía se cumplían también espontáneamente.

La enseñanza del Profeta sobre la libertad de pensamiento

Fue bajo la influencia de la semilla de la libertad de pensamiento que el Noble Profeta había sembrado, y de la enseñanza que había impartido mediante sus actos y conducta sobre expresar opiniones libremente ante la gente al mismo tiempo que se obedecían las directrices de Allah, que los nobles Compañeros eran más obedientes a las directrices de Allah que cualquier otro pueblo, y más independientes y democráticos que todos los demás. Ni siquiera ante grandes personalidades renunciaban a la libertad de expresar sus propias opiniones; eran independientes y democráticos. Ni siquiera ante grandes personalidades renunciaban a la libertad de expresar sus propias opiniones. La idea de que una opinión debía quedar por encima de toda crítica simplemente por pertenecer a una gran personalidad no tenía lugar en sus mentes. Entre ellos había personas que eran las más eminentes, cuya superioridad reconocían ellos mismos y reconoce también el mundo actual; aun así, nunca aceptaron sus opiniones únicamente basándose en su eminencia, sino que unas veces las aceptaron y otras las rechazaron libremente. Después del Mensajero de Allah (s.a.s.), los mayores defensores de la libertad de opinión fueron los Califas Bien Guiados. Siguiendo el ejemplo de su gran líder, no solo toleraron la libertad de las personas, sino que la alentaron. Nunca dijeron siquiera a la persona más insignificante: «Nosotros somos los mejores seres humanos; por tanto, acepta nuestras palabras sin vacilación».

La libertad de pensamiento después del Califato de los Bien Guiados

Después de los Califas Bien Guiados, los gobernantes omeyas y abasíes intentaron arrebatar de diversas maneras la libertad de pensamiento y de opinión: unas veces mediante amenazas, otras mediante una severa opresión y persecución, y otras mediante tentaciones. A pesar de ello, durante mucho tiempo permaneció intacto el impulso hacia el pensamiento independiente entre los tabi‘íes, sucesores de los Compañeros, entre los sucesores de los tabi‘íes e incluso entre los musulmanes de generaciones posteriores. En la historia del islam pueden encontrarse testimonios sumamente brillantes de ello hasta los primeros dos o tres siglos. Por supuesto, ante los gobernantes y los emires, el sentido de la libertad era una cuestión relativamente insignificante. La mayor manifestación de la libertad del espíritu y de la conciencia consiste en que una persona se abstenga de imitar ciegamente incluso a la personalidad que considera supremamente venerable y pura, aquella por la que alberga en lo más íntimo de su corazón una profunda reverencia y estima; que piense libremente frente a ella y formule su propia opinión con libertad. Encontramos este sentido de la libertad entre los sabios y eruditos de aquella época.

La libertad de pensamiento de los juristas y los imanes

¿Quién podría tener una personalidad más pura y venerable que los Compañeros? ¿Y quién podría respetarlos más que los tabi‘un? Sin embargo, criticaban libremente las opiniones de los Compañeros, examinaban y valoraban sus desacuerdos mutuos, rechazaban la opinión de uno y aceptaban la de otro. Con respecto a los desacuerdos entre los Compañeros, el imán Malik (que Allah tenga misericordia de él) dijo sin vacilación:(Árabe**************)«Entre las opiniones de los Compañeros hay tanto errores como aciertos. Reflexionad vosotros mismos y decidid vuestra opinión». Del mismo modo, el imán Abu Hanifa (que Allah tenga misericordia de él) dijo:(Árabe*********************)«De dos opiniones diferentes, una necesariamente debe considerarse errónea».

Ninguno de estos imanes dijo jamás: «Nosotros no cometemos ningún error. Dejad de pensar por vosotros mismos y limitaos a imitarnos». Cada vez que el honorable Abu Bakr al-Siddiq (que Allah esté complacido con él) expresaba su opinión sobre algún asunto, decía inmediatamente:

(Árabe************************************en la página 239 del PDF)

«Esta es mi opinión. Si es correcta, procede de Allah; y si es errónea, procede de mí, y pido perdón a Allah».

El honorable Umar (que Allah esté complacido con él) decía:(Árabe***************************)«No permitáis que una opinión errónea se convierta en el modelo de los musulmanes de todo el mundo».

El honorable Ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) dijo:

(Árabe************************************en la página 239 del PDF)

«¡Cuidado! Que ninguno de vosotros siga ciegamente a alguien en asuntos del islam, de modo que, si la persona seguida es creyente, él también se vuelva creyente, y si la persona seguida es incrédula, él también se vuelva incrédulo. En realidad, no se debe imitar a nadie en las malas acciones ni en los errores».

El imán Malik (que Allah esté complacido con él) dijo:

(Árabe************************************página 239 del PDF)

«No soy más que un ser humano. Mi opinión puede ser errónea o acertada. Examinad e investigad mi opinión. Aceptad todo lo que encontréis conforme al Corán y la Sunna, y rechazad todo lo que encontréis contrario al Corán y la Sunna».

Es un hecho célebre en la historia que el califa abasí Mansur quiso establecer el libro al-Muwatta del imán Malik como la constitución vigente para todo el mundo musulmán, y deseaba abolir todas las escuelas jurídicas existentes y establecer únicamente la escuela malikí. Pero el propio imán Malik no le permitió hacerlo, pues no quería privar a los demás de la libertad de pensamiento, investigación, opinión e iŷtihad.

El imán Abu Yusuf (que Allah esté complacido con él) dijo: (Árabe********************página 240 del PDF)

«No es lícito que otros sigan la opinión que hemos expresado sin conocer su fuente».

El imán al-Shafi‘i (que Allah esté complacido con él) dijo:

(Árabe************************************página 240 del PDF)

«Quien adquiere conocimiento sin pruebas es como el que recoge leña en la oscuridad de la noche. Cargará sobre su cabeza un haz de leña, sin saber que dentro de él hay una serpiente que lo morderá».

La era del declive de la libertad otorgada por el islam en el ámbito del pensamiento

La fuerza vital de la libertad irrestricta para la reflexión, la investigación, la expresión de opiniones y la búsqueda de la verdad que el Noble Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había despertado entre sus seguidores continuó entre los musulmanes durante casi tres siglos. Después, el despotismo de los emires y gobernantes, de los gobernantes y eruditos, y de los pires comenzó a destruir esa fuerza vital. A las personas reflexivas se les arrebató el derecho al pensamiento independiente, así como el derecho a ver y a hablar. Desde las cortes hasta las madrasas y las zawiyas, se empezó a enseñar a los musulmanes la esclavitud. Se les ató estrechamente a una esclavitud total de la mente, el alma y el cuerpo. Los gobernantes, haciéndoles realizar rukū‘ y suyūd ante ellos, crearon una mentalidad de esclavitud. Los directores de las madrasas, al mismo tiempo que enseñaban la adoración de Allah, introdujeron también en sus mentes el veneno de la veneración de los mayores. Y los pires y murshides deformaron el método de la bay‘a, que se había transmitido desde la época del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y encadenaron a los musulmanes con una especie de esclavitud «sagrada». Esa cadena era tan terrible que parece que el ser humano nunca había ideado para otro ser humano una cadena más dura y pesada.

Como consecuencia, comenzaron a inclinarse ante otros aparte de Allah, a cruzar las manos ante ellos como en la oración, y a considerar una falta de respeto mirar a las personas levantando la vista; comenzaron a besar las manos y los pies de los seres humanos, y unos seres humanos se convirtieron en dioses y proveedores de otros. Las personas obtuvieron por sí mismas la autoridad para ordenar y prohibir, y dejaron de preocuparse por las pruebas y evidencias del Corán y la Sunna. Se empezó a considerar a los seres humanos exentos de defectos y errores, y las órdenes y opiniones humanas, aunque no se las considerara como órdenes de Allah en términos de credo, fueron tenidas en la práctica como obligatorias, igual que la orden de Allah. Cuando se llegó a tal situación, debe entenderse que se había vuelto la espalda a aquella llamada eterna que había transmitido el Profeta de Allah. Esta dice:

(Árabe************************************en la página 241 del PDF)

«(Venid,) no adoraremos ni obedeceremos como esclavos a nadie salvo a Allah, ni asociaremos nada con Él. Y que ninguno de nosotros tome a otro como señor en lugar de Allah». Después de eso, ya no será posible ningún progreso intelectual, moral o espiritual. El declive será su consecuencia inevitable.

 

La misión profética y las disposiciones islámicas relacionadas con ella

Existe consenso absoluto respecto a la obediencia al Mensajero en que ningún mensajero merece obediencia por ser una persona en sí misma. La obediencia y el seguimiento de Moisés (la paz sea con él) no se deben a que sea Moisés, hijo de Imrán; Jesús (la paz sea con él) tampoco puede recibir obediencia por ser Jesús, hijo de María. Del mismo modo, la obediencia al Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no es obligatoria por ser Muhammad, hijo de Abdullah. Todo lo que se hace en materia de obediencia y seguimiento se debe únicamente a que estas grandes personalidades son mensajeros de Allah. Allah les concedió un conocimiento verdadero y una guía que no concedió a la gente común. Para que vivieran en el mundo, les enseñó, conforme a Su voluntad, aquellos métodos correctos de vida que la gente común no puede alcanzar basándose solo en su razón y entendimiento ni con la ayuda de personas distintas de los profetas. Ahora bien, aquello sobre lo que existe divergencia es en qué asuntos deben obedecerse y seguirse al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y cuáles son los límites de esa obediencia.

La perspectiva de un grupo

Un grupo sostiene que solo debe obedecerse y seguirse el Libro que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) trajo de parte de Dios. Después de transmitir este Libro a la gente, termina la responsabilidad del Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) como enviado. A partir de entonces, es un ser humano como los demás. Si una persona cualquiera es emir y dirigente nacional, se le debe obedecer por la mera necesidad de mantener la ley y el orden, pero eso no constituye un deber religioso. Si una persona cualquiera es erudita, sabia y legisladora, se la seguirá por sus méritos. Sin embargo, esto será completamente voluntario y no un deber obligatorio; por tanto, lo mismo debe hacerse en el caso del Mensajero. Salvo la transmisión del Libro, su autoridad en todos los demás asuntos es meramente personal. Si, como individuo, es emir o dirigente, se le obedecerá mientras ocupe ese cargo, no de manera permanente. Si es juez, sus sentencias y decisiones solo tendrán validez dentro de su jurisdicción específica. Fuera de esa jurisdicción, sus sentencias y decisiones, en calidad de juez erudito, podrán aceptarse a lo sumo como un precedente, pero no se reconocerá su autoridad como legislador y dador de normas. Si es un pensador sabio, podrán aceptarse las enseñanzas de conocimiento y moralidad que exponga por su calidad, del mismo modo que se aceptan las palabras de otros sabios, virtuosos y eruditos. No se considerará que una palabra forma parte de la religión únicamente porque haya salido de los labios de un Mensajero. Del mismo modo, si es un hombre de carácter noble y su vida, en sus modales, conducta, trato y transacciones, se considera una vida sumamente ejemplar, lo adoptaremos voluntariamente como modelo, así como somos libres de aceptar como modelo la vida intachable de cualquier persona común. Sin embargo, ninguno de sus actos o palabras tendrá para nosotros la categoría de ley obligatoria en los ámbitos moral, social y económico.

La perspectiva de un segundo grupo

Otro grupo ha introducido una ligera modificación en esta opinión. Su postura es que la función del Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) no se limitaba a transmitir el Libro, sino que también incluía mostrar en la práctica las disposiciones contenidas en él, para que la nación musulmana pudiera seguirlas al pie de la letra. También es un deber religioso seguir los métodos prácticos detallados de aplicación de las normas del Libro que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) enseñó en asuntos como los actos de adoración, y esto se considerará seguir el propio Libro. Pero, aparte de las normas contenidas en el Libro, ninguno de los actos que el Mensajero realizó en las diversas facetas de su vida personal —como juez, reformador social, pensador, ciudadano y miembro de un grupo— puede constituir un elemento de una ley eterna y universal cuya observancia y obediencia puedan considerarse un deber religioso.

La opinión del tercer grupo

Según el tercer grupo, la responsabilidad y la autoridad del Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) como enviado abarcan una gran parte de su vida. En asuntos como la moralidad, la conducta social, las transacciones económicas, las decisiones administrativas y judiciales, y muchos otros semejantes, las palabras y los actos del Mensajero forman parte de las propias normas de Dios. Según ellos, en estas cuestiones, las palabras y los actos del Mensajero son para toda la comunidad un modelo excelente y de cumplimiento obligatorio. Sin embargo, son partidarios de distinguir entre su vida personal y su vida profética. Consideran que existen ciertos aspectos de la vida del Mensajero que quedan fuera de su vida profética, pero no han podido diferenciar claramente la vida ejemplar digna de imitación, ni han podido decir a partir de qué límite el Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) adquiere simplemente la condición de un ser humano.

La opinión del cuarto grupo

La opinión del cuarto grupo es que, aunque la vida personal del Mensajero (la paz sea con él) y su vida como profeta se consideran distintas en cuanto a rango, en realidad son una sola y no es posible establecer entre ellas una diferencia efectiva. El rango de la Risalat no es como los demás cargos del mundo, de modo que el responsable solo sea responsable mientras permanece sentado en su puesto y, en cuanto lo abandona, pase inmediatamente a formar parte del común de la gente. Desde el momento en que el Mensajero recibe la responsabilidad de la Risalat hasta su muerte, permanece investido de ella. Durante todo ese tiempo no puede involucrarse ni por un instante en ninguna acción contraria a los principios del reino como representante del cual ha sido enviado. Sea líder o jefe de Estado, o un miembro común de la sociedad; sea esposo, padre, hermano, pariente o amigo, la responsabilidad de la Risalat ejerce plena autoridad sobre todas las actividades de su vida. La responsabilidad y la dignidad de la Risalat no se separan de su persona ni por un instante. Así como es el Mensajero de Allah (la paz sea con él) cuando dirige la oración, también lo es cuando se encuentra en la intimidad de su esposa. Todo lo que hace en los distintos ámbitos de la vida lo hace por orden de Allah. Está siempre bajo la estricta supervisión de Allah. Por ello, está obligado a realizar cada acto dentro de los límites establecidos por Allah. De este modo, mediante sus palabras, sus actos y toda su conducta, muestra a la humanidad que todo el sistema de la vida individual y colectiva debe establecerse sobre estos principios, y que la libertad de acción de las personas debe permanecer limitada dentro de estos confines. Cumple esta gran responsabilidad con la misma perfección tanto en el ámbito del gobierno como en su vida personal y familiar. Si comete el más mínimo desliz en algún asunto, se le advierte inmediatamente. Cualquier error suyo está destinado a convertirse en la causa del error de toda la umma musulmana. El propósito mismo de haberlo enviado como Mensajero es que, viviendo en sociedad, presente ante el pueblo una imagen real de la vida de un verdadero musulmán. No solo guiará a las personas mediante sus actividades personales y las convertirá individualmente en musulmanes excelentes, sino que también, haciendo realidad las normas sociales, políticas, económicas y morales del islam, establecerá una verdadera sociedad islámica. Por eso es sumamente necesario que esté libre de errores y equivocaciones, para que pueda ser imitado con plena certeza y sus palabras y actos puedan aceptarse como el verdadero criterio de la enseñanza y el ideal islámicos. Es innegable, desde luego, que existen distintos grados de obligatoriedad en la imitación y el seguimiento de las palabras y los actos del Profeta. Algunos pertenecen al nivel de lo absolutamente necesario, es decir, lo fard o lo wajib; otros, al nivel de lo relativamente preferible o mustahab; y otros tienen únicamente el propósito de alcanzar la perfección. Pero, en conjunto, toda la vida del Profeta es un modelo. Fue enviado con el propósito de que los seres humanos lo siguieran y se formaran a semejanza de él. Cuanto más avance una persona en la imitación de este modelo, más podrá convertirse en un ser humano perfecto y en un musulmán perfecto; pero quien permanezca por debajo incluso del nivel mínimo indispensable de su imitación será, en proporción a su atraso, pecador, desobediente, extraviado y maldito.

En mi opinión, este último grupo es el que está asentado en la verdad. Cuanto más reflexiono e investigo a la luz del Sagrado Corán y de la razón, más firme se vuelve mi convicción acerca de la verdad de esta última opinión.

La formación especial de los profetas desde la infancia

Al leer el relato que aparece en el Sagrado Corán acerca de los profetas, se comprende el significado de la profecía. A la luz de ese relato, no me parece que Allah Todopoderoso tome de repente a un transeúnte y le confíe la responsabilidad de transmitir Su Libro a la gente, ni que designe a alguien como funcionario para la profecía durante cierto tiempo, de modo que, tras realizar una tarea determinada en un plazo determinado, quede relevado y pueda hacer después lo que quiera. Por el contrario, veo que, siempre que Allah ha querido enviar un profeta a un pueblo, ha creado especialmente a una persona capaz de cumplir la responsabilidad de la profecía. Le concede de antemano las mejores cualidades humanas y las más excelsas fuerzas y capacidades mentales y espirituales necesarias para preservar este importantísimo rango. Desde el momento de su nacimiento lo cría bajo Su especial cuidado.

Antes de conferirle la profecía, lo mantuvo alejado de toda clase de defectos y desviaciones de carácter, extravío y malas acciones, y lo protegió de toda clase de peligros y causas de destrucción. Lo crió en un entorno tal que sus capacidades para la profecía, avanzando más allá de los límites de la aptitud, se transformaban progresivamente en una eficacia cada vez mayor. Después, cuando alcanzó la plena madurez, le otorgó de Su parte conocimiento, capacidad para tomar decisiones y guía hacia el camino recto. Así lo sentó en el sublime trono de la profecía y le hizo cumplir esta tarea de manera excelente. Desde que ascendió a ese trono hasta el momento de exhalar su último aliento, su vida estuvo consagrada al cumplimiento de esta grave responsabilidad. Presentar ante su propio pueblo, exactamente como fueron reveladas por Allah, las aleyas descendidas de Su parte; enseñar después el conocimiento detallado y profundo del Libro de Allah; y purificar integralmente las almas de las personas: esas eran sus tareas. No tenían ninguna otra. Día y noche, en sus desplazamientos y en sus momentos de reposo, su única preocupación era cómo devolver al camino recto a quienes se habían extraviado del Libro y cómo hacer que quienes ya habían llegado al camino recto fueran capaces de ascender a las cumbres superiores de la elevación. Eran funcionarios a tiempo completo. Nunca tenían descanso ni vacaciones. Su trabajo tampoco tenía un horario determinado. Para impedirles cometer cualquier acto pecaminoso, se mantenía sobre ellos una estricta vigilancia por parte de Allah. Se los protegía rigurosamente de los deseos y pasiones del ego y de las insinuaciones de Satanás. No se dejaba por completo a su conciencia, intelecto y criterio humanos la manera de llevar a cabo sus actividades cotidianas; por el contrario, allí donde, al actuar según su propia inclinación o su propio juicio, se desviaban siquiera en el grosor de un cabello del camino recto, se les señalaba el error y se los conducía por la vía correcta, porque el propósito de su nacimiento y de su designación para el cargo de profeta era precisamente que guiaran por el camino recto a los siervos de Allah. Si se apartaran de este camino siquiera un cabello, la gente común se apartaría cientos de millas.

El Corán da testimonio de cada letra de esta afirmación mía. Que los profetas eran elegidos para la profecía incluso antes de nacer y que eran creados especialmente para ese propósito se sabe por la situación de varios profetas. Por ejemplo, antes del nacimiento de Isaac, se le anunció a Abraham (la paz sea con él) la buena noticia de su nacimiento y de que recibiría la profecía.

(Árabe************************************en la página 245 del PDF)

«Le anunciamos a Abraham la buena nueva de Isaac, un profeta virtuoso, y bendijimos a ambos, a él y a Isaac».—(Sura As-Saffat: 112-113)

Durante la infancia de José, su padre Jacob supo que Dios lo había elegido como profeta y que también le concedería Sus bendiciones en plenitud, tal como se las había concedido a Abraham e Isaac. Cuando Zacarías suplicó por un hijo, Dios le dio esta buena noticia:

(Árabe************************************en la página 246 del PDF)

«Dios te anuncia la buena nueva de un hijo llamado Juan. Vendrá como confirmador de un decreto procedente de Dios. Será un líder y un hombre eminente, y estará entre los profetas y los virtuosos».

Se envió especialmente un ángel a María para anunciarle, con respecto a Jesús, que le sería concedido un hijo puro y casto. Cuando llegó el momento de dar a luz, Dios dispuso especialmente todo lo necesario para el parto.—(Véase la sura María: ruku 2). También es digno de atención el caso de aquel pastor israelita. Dios lo llamó y habló con él en el sagrado valle de Tuwa. Él no era como los demás pastores: en Egipto fue creado especialmente para destruir el mal gobierno del faraón y liberar a los Hijos de Israel de la esclavitud. Para protegerlo de la muerte, se dispuso que fuera colocado en una caja y arrojado al río. La caja flotante llegó precisamente a la casa del faraón, quien sería derrotado y destruido por su mano. Fue creado atractivo para que pudiera ganarse el corazón de la familia del faraón.(Árabe********)Se aseguró que ninguna leche de mujer entrara en su boca y que su crianza se llevara a cabo bajo la especial supervisión de Dios.(Árabe**********)De estos ejemplos se puede saber que los profetas eran creados especialmente para la profecía.

Cualidades extraordinarias y capacidades especiales

Cabe señalar que quienes nacen de esta manera no son como las personas comunes. Aparecen dotados de cualidades extraordinarias. Son personas sumamente puras y de carácter virtuoso. La naturaleza y estructura de su mente son tales que todo lo que dicen lo expresan de manera muy directa y sencilla. En su naturaleza no existe ninguna inclinación a dar pasos equivocados ni a adoptar perspectivas retorcidas. Han sido formados desde su nacimiento de tal modo que, sin proponérselo y guiados únicamente por una intensa percepción y por la intuición, pueden llegar a conclusiones correctas, algo que otras personas no logran ni siquiera después de una larga reflexión e investigación. No tienen que adquirir el conocimiento. Su conocimiento es innato y otorgado por Dios. El conocimiento de qué es la verdad, qué es falso, qué es erróneo y qué es correcto está arraigado en ellos. Por naturaleza piensan correctamente y hablan correctamente. Como ejemplo puede mencionarse al profeta Jacob. Apenas escuchó el relato del sueño de José, comenzó a sospechar. Los hermanos del muchacho no lo dejarían con vida. Querían llevarse a José con ellos para jugar. Jacob no solo descubrió sus malas intenciones, sino que también pudo comprender con exactitud la falsa excusa que más tarde intentarían presentar. Dijo: (Árabe*************)(Temo que, al no vigilarlo, en un momento dado un tigre lo devore). Después, cuando los hermanos de José trajeron y mostraron la camisa manchada de sangre, Jacob, apenas la vio, dijo: (Árabe**************)«Vuestra pasión os ha hecho fácil un asunto difícil». Cuando los hermanos de José regresaron de Egipto y dijeron que vuestro hijo había robado, y para que él les creyera añadieron: «Pregunte a la gente de la aldea de la que venimos», él volvió a darles la misma respuesta: «Vuestra pasión os ha hecho fácil un asunto difícil». Luego envió de nuevo a sus hijos a Egipto diciéndoles: (Árabe********************)(Id y buscad a José y a su hermano). Era como si, a pesar del largo tiempo transcurrido, él creyera que José seguía vivo y se encontraba en Egipto. Después, cuando los hijos de Jacob partieron de Egipto llevando la camisa de José, Jacob comenzó a percibir desde lejos el olor de José. Estos acontecimientos permiten comprender cuán poderosa y extraordinaria era la fuerza psicológica y espiritual de los profetas. Esto no era una característica exclusiva de Jacob: todos los profetas se encontraban en la misma condición. Sobre Juan, Dios dice:

(Árabe************************************en la página 247 del PDF)

«Le concedí, ya en su infancia, la capacidad de tomar decisiones correctas, ternura de corazón y pureza».—(Maryam: 12-13).

Cuando el profeta Isa (la paz sea con él) estaba en el regazo de su madre, se le hizo proclamar:

(Árabe************************************en la página 247 del PDF)

«Me ha creado bendecido dondequiera que me encuentre y me ha ordenado cumplir la oración y pagar el zakat durante toda mi vida. Me ha creado respetuoso de los derechos de mi madre. No me ha hecho tiránico ni malvado».

Acerca del Gran Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Allah ha dicho (Árabe**************)«En verdad, posees un carácter moral sublime».—(sura al-Qalam: 4)

Estas son las cualidades y características innatas y naturales de los profetas, con las que nacen. Después, Allah perfecciona aún más estas cualidades innatas y características de ellos, y los conduce hacia un papel activo. Finalmente, les concede aquello grandioso que, en el lenguaje del Corán, se denomina con nombres como ilm y hukm (conocimiento y capacidad de tomar decisiones), hidayat (guía) y bayyina (signos claros), entre otros. El profeta Nuh (la paz sea con él) dijo a su pueblo:

(Árabe************************************en la página 248 del PDF)

«He adquirido de Allah un conocimiento que vosotros no habéis adquirido».

A Hazrat Ibrahim (la paz sea con él) se le hizo observar el ordenado gobierno de Allah sobre los cielos y la tierra (sura Al-An‘am). Cuando regresó de aquella observación con un conocimiento certero, dijo a su padre:

(Árabe************************************en la página 248 del PDF)

«¡Oh, padre mío! He adquirido un conocimiento que tú no has adquirido. Sígueme, pues; yo te mostraré el camino recto».–(Sura Maryam: 43)

Respecto a Hazrat Ya‘qub, Allah ha dicho:

(Árabe************************************en la página 248 del PDF)

«Ciertamente, él poseía el conocimiento que Yo le había concedido. Sin embargo, la mayoría de la gente no conoce ese misterio».–(Sura Yusuf: 68)

Respecto a Hazrat Yusuf se ha dicho:

(Árabe************************************en la página 248 del PDF)

«Cuando alcanzó la madurez, le concedí sabiduría y capacidad para juzgar».–(Sura Yusuf: 22).

En la aleya 14 de la Sura Al-Qasas también se dice esto respecto a Hadrat Musa (la paz sea con él). A Hadrat Lut también le fueron concedidas la misma sabiduría y capacidad para juzgar.–(Sura Al-Anbiya: 74)

Al propio Hadrat Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también le fue concedida esta extraordinaria sabiduría:

(Árabe************************************en la página 248 del PDF)

«Allah te ha revelado el Libro y la sabiduría, y te ha concedido el conocimiento que antes no poseías».–(Sura An-Nisa: 113)

(Árabe************************************en la página 248 del PDF)

«Di: Estoy en un camino claro y luminoso procedente de mi Señor».–(Sura Al-Anam: 57)

(Árabe************************************en la página 249 del PDF)

«Di: Este es mi camino. Invito hacia Allah. Yo y quienes me siguen poseemos conocimiento intuitivo y discernimiento».—(Sura Yusuf: 108)

Debido a este conocimiento y capacidad de juzgar y decidir, se produce entre los profetas y la gente común una diferencia tan grande como la que existe entre una persona que ve y una persona ciega.

(Árabe************************************en la página 248 del PDF)

«Yo no sigo sino la revelación que me llega. (¡Oh, Muhammad!) Di: ¿Pueden ser iguales el ciego y el que tiene vista?»—(Sura Al-An’am: 50)

Lo que se menciona en estos versículos no es solamente el Libro, sino también una luz siempre resplandeciente en los corazones de los profetas. Por eso se la menciona por separado del Libro. Esta realidad se describe como una cualidad y característica de los profetas. Con ayuda de ese rayo de luz, investigan los hechos y buscan asimismo soluciones a los problemas que se les presentan continuamente. Los sabios eruditos la han denominado «revelación oculta». Es decir, se trata de una guía interior y una percepción asimilada que está presente ante ellos en todo momento, y con cuya ayuda abordan cualquier asunto. En cuestiones cuyo significado profundo otras personas no pueden comprender, aun después de una larga reflexión, ni pueden distinguir lo correcto de lo erróneo, la visión del profeta, gracias a la luz concedida por Allah y al conocimiento intuitivo, es capaz de descubrir en un instante los secretos más recónditos.

La especial supervisión y protección de Allah sobre los profetas

Del Corán también podemos saber que Allah no solo concedió a los profetas conocimiento profundo, capacidad de juzgar y decidir, y extraordinarios conocimiento y sabiduría, sino que además los mantiene bajo Su especial vigilancia, los protege de los errores y los preserva de extraviarse, ya sea por la influencia de otras personas, por la instigación de Satanás o por las insinuaciones de su propio ego. Incluso si, al intentar tomar una decisión aplicando su propio juicio y razón, cometen un error, Allah los corrige de inmediato. Consideremos el caso del profeta Yusuf. Cuando la esposa de un funcionario gubernamental de alto rango de aquel tiempo en Egipto estuvo a punto de hacer caer a Yusuf en su trampa, Allah lo protegió de la mala acción mostrándole una «prueba» clara.

(Árabe************************************en la página 249 del PDF)

«Ella concibió malas intenciones respecto a José. Él también habría tenido intención respecto a ella si no hubiera visto la prueba de su Señor. Así fue para que Yo lo apartara del mal y la indecencia. Ciertamente, él era uno de los siervos que Yo había escogido para Mí».–(Sura Yusuf: 24).

Cuando se les ordenó al profeta Moisés y a Aarón que se dirigieran ante el Faraón, sintieron temor de que este pudiera oprimirlos. Entonces Allah dijo: «No temáis. Estoy con vosotros; veo y escucho todo» (Sura Ta-Ha: 45-46). Ellos sintieron temor debido a la debilidad humana. Allah, exaltado sea, eliminó mediante la revelación esta grave debilidad.

El profeta Noé rompió a gritar al ver que su hijo se ahogaba: (Árabe*****************)«¡Oh, Señor! Este es mi hijo». Esto fue una debilidad humana. Allah, exaltado sea, le aclaró de inmediato que, aunque podía ser su hijo biológico, no pertenecía a su familia, pues era un malhechor. Debido a la emoción del amor paterno, la debilidad humana ocultó durante unos instantes de la percepción interior del profeta esta verdad: ante la verdad, el padre, el hijo y los hermanos no significan nada. Mediante la revelación, Allah retiró el velo que cubría sus ojos. El profeta Noé se sintió tranquilizado.

También ocurrieron varias veces hechos de este tipo en el caso del Profeta Muhammad (la paz sea con él). A veces, movido por su compasión y misericordia naturales; a veces, por su irresistible deseo de guiar a los incrédulos al islam; a veces, por su anhelo de ganarse el corazón de los incrédulos; a veces, por su intento de corresponder a pequeños favores de la gente; a veces, por su deseo de despertar el incentivo de la fe en los corazones de los hipócritas; y a veces, debido a la debilidad humana, cometió errores y equivocaciones en su ijtihad. Pero cada vez que ocurrió algo semejante, Allah lo corrigió mediante una revelación pública y clara. Por ejemplo:

(Árabe************************************en la página 250 del PDF)

«Frunció el ceño y volvió la espalda, porque el ciego acudió a él».

 

(Árabe************************************en la página 250 del PDF)

«No es apropiado que ningún profeta tenga prisioneros de guerra».

 

(Árabe************************************en la página 250 del PDF)

«(¡Oh, Profeta!) Que Allah te perdone; ¿por qué les concediste permiso para abstenerse de ir a la guerra?»—(sura At-Tawba: 43).

(Árabe************************************en la página 250 del PDF)

«Es lo mismo que pidas perdón por ellos o que no lo pidas. Aunque pidas perdón por ellos setenta veces, Allah nunca los perdonará»—(sura At-Tawba: 80).

(Árabe************************************en la página 251 del PDF)

«En el futuro, cuando muera alguno de los hipócritas, no realices jamás su oración fúnebre».

(Árabe************************************en la página 251 del PDF)

«¡Oh, Profeta! ¿Por qué declaras ilícito lo que Allah ha hecho lícito para ti?

Estos versículos dan testimonio de la especial supervisión y protección de Allah sobre los profetas.

Algunas personas intentan demostrar mediante estos versículos que los profetas cometían errores. Que no estaban libres de equivocaciones y faltas. En particular, el grupo de Ahl al-Qur’an contrario a los hadices se complace enormemente en señalar los errores del Profeta basándose en estos versículos. Sin embargo, son precisamente estos versículos los que demuestran claramente que Allah asumió personalmente la responsabilidad de proteger a Su Profeta de los errores y las faltas, y de mantener su vida establecida sobre el criterio de la verdad. Este asunto no solo se menciona en los versículos citados, sino que también se expone como principio en varios otros lugares del Corán. Por ejemplo:

(Árabe************************************en la página 251 del PDF)

«Si no fuera por la gracia y la misericordia de Allah sobre ti, un grupo de ellos ya habría decidido desviarte del camino verdadero. Pero, en realidad, no pueden extraviarse sino a sí mismos. No pueden causarte ningún daño. Pues Allah te ha revelado el Libro y su profundo conocimiento, y te ha otorgado el conocimiento que antes no poseías». —(Sura an-Nisā’: 113)

(Árabe************************************en la página 251 del PDF)

«Casi lograron desviarte de aquello que te hemos revelado, para que inventaras algo distinto en Nuestro nombre; entonces te habrían tomado como amigo. Si no te hubiéramos mantenido firme, ciertamente te habrías inclinado un poco hacia ellos». —(Sura Banī Isrā’īl: 73-74)

(Árabe************************************en la página 252 del PDF)

«Cada vez que envié antes de ti a un profeta o a un mensajero, cuando este albergó algún deseo, Satanás susurró insinuaciones en sus esperanzas y deseos. Pero la norma de Allah es que Él elimina cualquier insinuación que Satanás ponga en el corazón del profeta. Después fortalece Sus signos». –(Sura al-Hach: 52)

De estas enseñanzas fundamentales y de los ejemplos de los acontecimientos anteriores queda claro que Allah mismo ha asumido la responsabilidad de mantener la vida de Su profeta conforme al criterio deseado, y que ha dispuesto medidas rigurosas para corregir de inmediato cualquier mínimo tropiezo del profeta, ya se trate de un asunto personal o de algo relacionado con la vida pública. Y si se acepta este principio, de ello se deduce automáticamente que todas las palabras del profeta respecto de las cuales Allah el Altísimo no formuló ninguna objeción han superado el criterio deseado por Allah. Debe considerarse que todas ellas fueron aprobadas por Allah.

Examen comparativo

De la exposición realizada hasta aquí se ha hecho evidente el significado de la profecía. Según la primera de las cuatro opiniones mencionadas, el significado de la profecía sería que, cuando un hombre, después de vivir toda su vida como cualquier otro ser humano en todos los aspectos, alcanza cierta edad, de repente es elegido para recibir la revelación de Allah. Salvo el Libro que le es revelado, ninguna de sus opiniones, ideas, decisiones, instrucciones, etc., se distingue en modo alguno de las de la gente común ni posee un carácter especial. Según la segunda opinión, el significado de la profecía es que entre el profeta y la gente común solo existe la diferencia de que, junto con la revelación del Libro, también se le dan a conocer los detalles prácticos de sus disposiciones. Tras adquirir esta cualidad, es un dirigente como los dirigentes comunes y un juez como los jueces comunes. La tercera opinión expresa acerca de la profecía la idea de que esta no es más que un estado o transformación temporal que sobreviene provisionalmente a la naturaleza humana del profeta, y que, incluso después de producirse tal estado o transformación, la naturaleza humana del profeta y su naturaleza profética permanecen completamente separadas. Según esta concepción, resulta indispensable dividir la vida del profeta en dos partes, y solo se considera digna de imitación y seguimiento la parte de su vida relacionada con la profecía. No hace falta decir que estas tres opiniones carecen de fundamento y son erróneas.

El profeta, dotado de las cualidades humanas más perfectas y excelsas

Lo que podemos saber de la descripción de la profecía expuesta por el Noble Corán es que el profeta no nace y crece como un hombre común para ser elegido de repente como profeta en determinado momento; por el contrario, nace precisamente para la profecía. Aunque es un ser humano y no está por encima de las limitaciones naturales que Allah ha establecido para el ser humano, dentro de esos límites es el ser humano más perfecto y excelente. En él, las cualidades humanas se encuentran en su grado más elevado y de manera plena. Sus fuerzas físicas, mentales, intelectuales y espirituales existen en el máximo equilibrio. Su capacidad de percepción es tan sutil que adquiere el conocimiento divino acerca de lo justo y lo injusto, sin reflexión alguna, únicamente mediante su aguda sabiduría y su profunda intuición. A este conocimiento divino obtenido mediante la sabiduría se hace referencia en esta aleya:(Árabe*******)(Después infundió en él las tendencias hacia el bien y el mal). La naturaleza del profeta es tan sana y recta que, sin recibir ninguna enseñanza externa, solo por medio de sus sentimientos e inspiraciones naturales, abandona el camino del pecado y adopta el camino de la piedad y la justicia. Su conciencia y su mente son tan puras e inmaculadas que puede comprender correctamente, en todos los asuntos necesarios, el proceder elegido por Allah. En esta aleya del Corán:(Árabe**********)[Siguiendo voluntariamente, por su naturaleza sana, el camino querido por Allah. Esto es la humanidad perfecta, y gracias a esta cualidad él es, en el sentido verdadero y real, el califa o representante de Allah. En realidad, después de que el profeta alcanza esta madurez y perfección distintivas, se le confiere la dignidad de guía de toda la humanidad. Y al recibir de Allah una luz adicional de conocimiento, se convierte en «Siracham Munir», o lámpara luminosa, designado como medio de educación, instrucción y orientación para la reforma y el bienestar de la humanidad. A esto se le llama, en el lenguaje habitual, profecía y misión apostólica. Por tanto, no es correcto decir que la profecía es algo temporal impuesto, en un momento determinado, sobre el talento humano del profeta. La realidad es, más bien, que ese es el talento de la humanidad plena que se eleva a la profecía. La dignidad de la profecía no es como la de una persona que es nombrada virrey (Viceroy). Si se encontrara a otra persona para ocupar su lugar, también se nombraría virrey a esa otra persona de manera semejante. En realidad, la profecía es algo innato. La personalidad del profeta es precisamente su naturaleza profética. La única diferencia es que, antes de la revelación, su naturaleza profética permanece inactiva y latente; después de la revelación, se vuelve activa. Es como un fruto dulce cualquiera: nace como fruto dulce, pero su dulzura se manifiesta al alcanzar cierto momento.]

Aleyas pertinentes

Ahora puede comprenderse bien el significado de las diversas afirmaciones que Allah el Altísimo hizo en distintos lugares acerca de la profecía y de la naturaleza profética. Con el propósito de facilitar su comprensión, mencionaré estas aleyas siguiendo una secuencia determinada:

(Árabe********************************************página 254 del PDF)

«La norma de Allah es que no os hará conocer directamente lo oculto. Más bien, para esta tarea escogerá de entre Sus mensajeros a quien quiera. Así pues, creed en Allah y en Sus mensajeros».–(Sura Aal Imran: 179)

(Árabe********************************************página 254 del PDF)

«No he enviado a ningún Mensajero sino para que se le obedezca con el permiso de Allah».–[Es decir, el Mensajero no tiene derecho a recibir obediencia por sí mismo; más bien, hay que obedecerlo con el permiso o por orden de Allah.–(El autor)]–(Sura An-Nisa: 64)

(Árabe********************************************página 254 del PDF)

«Quien obedece al Mensajero, en realidad obedece a Allah».

(Árabe********************************************página 254 del PDF)

«Por la estrella cuando se oculta. Vuestro compañero no se ha extraviado ni se ha desviado. No habla por capricho. Lo que dice no es sino revelación descendida sobre él».–(Sura An-Najm: 1-4)

(árabe********************************************en la página 254 del PDF)

«Yo sigo únicamente la revelación que me llega».–(Sura Al-An’am: 50)

(árabe********************************************en la página 254 del PDF)

«En el Mensajero de Allah tenéis un excelente modelo».–(Sura Al-Ahzab: 21)

(árabe********************************************en la página 254 del PDF)

«(¡Oh, Muhammad!) Di: “Si amáis a Allah, seguidme; Allah os amará”».–(Sura Al Imran: 31)

(árabe********************************************en la página 254 del PDF)

«El deber de los creyentes es que, cuando sean llamados a Allah y a Su Mensajero para que él pueda juzgar entre ellos, digan únicamente: “Oímos y obedecemos”. Tales personas son las que triunfan. Y sólo obedeciendo al Mensajero encontraréis la guía recta».–(Sura An-Nur: 51-54)

(Árabe********************************************en la página 254 del PDF)

«¡Por tu Señor, oh Profeta!, no, no son creyentes en absoluto hasta que te acepten como árbitro en sus disputas. Después, se sometan por completo a tu juicio y decisión, sin sentir ninguna reserva, inclinando humildemente la cabeza».–(Sura An-Nisá: 65)

(Árabe********************************************en la página 254 del PDF)

«Cuando Allah y Su Mensajero han tomado una decisión sobre un asunto, ningún hombre ni mujer creyente tiene derecho a decidir por sí mismo sobre sus propios asuntos. Y quien desobedezca a Allah y a Su Mensajero habrá caído manifiestamente en el extravío».–(Sura Al-Ahzab: 36)

Con solo examinar estos pocos versículos, quedará esclarecido todo el sentido del asunto.

La diferencia entre el Profeta y la gente común

En el primer versículo se describe la diferencia entre el Profeta y la gente común, y también se explica por qué es necesario creer en él. La costumbre de Allah es no conceder personalmente a cada ser humano el conocimiento de lo oculto o invisible —es decir, el conocimiento de ciertas realidades verdaderas que se encuentran fuera del alcance de los sentidos humanos, pero cuyo conocimiento es indispensable para establecer en el mundo terrenal un sistema de vida correcto e infalible para las personas. En el lenguaje del Corán, eso es lo que se denomina lo oculto o invisible. Por ejemplo: ¿cuál es la verdadera identidad del ser humano? ¿Es libre o está sometido? Si está sometido, ¿a quién? ¿Qué tipo de relación tiene con ese Señor? ¿Tendrá que rendir cuentas ante Él? Si es así, ¿dónde? ¿Cómo? ¿Con qué criterio? ¿Sobre qué asuntos? Si rinde cuentas y tiene éxito, ¿cuál será su recompensa?, y si fracasa, ¿cuál será su destino? Antes de obtener las respuestas a estas preguntas —no sobre la base de conjeturas y suposiciones, sino sobre la base de un conocimiento seguro— no puede formularse ningún código para la vida humana. Este es el «conocimiento de lo oculto» que Allah menciona en el versículo. –(El autor)]—, sino que lo concede a una persona escogida. Por ello, es deber ineludible de la gente común creer en esa persona escogida.

La obediencia al Profeta es incondicional e ilimitada

El sentido del segundo versículo es que tener fe en el Mensajero no significa únicamente reconocerlo como Mensajero, sino que también es indispensable obedecerlo, es decir, acatar sus instrucciones. No solo en este versículo, sino en todos los lugares del Corán donde se ordena esta obediencia, la orden es incondicional. En ningún lugar se ha dicho que haya que obedecer al Mensajero en determinado asunto y que, fuera de esos asuntos, no sea necesario obedecerlo. Por tanto, es seguro que, según el Corán, el Mensajero es un gobernante designado por Allah, cuya autoridad es absoluta y cuyas órdenes deben cumplirse plenamente en todas las circunstancias y en todos los asuntos; obedecerlas es deber de todo creyente. Sin embargo, si el propio Mensajero limita su autoridad de gobierno a ciertos límites específicos, subordinados a la ley divina, eso queda a su discreción. Puede hacerlo si lo desea y conceder a la gente libertad de pensamiento y acción fuera de los límites establecidos; a los propios creyentes no se les ha concedido poder ni derecho alguno para determinar los límites de la autoridad del Mensajero. Ellos están completa y absolutamente sometidos a su autoridad y obedecen sus órdenes. Si el Mensajero les hubiera ordenado adoptar un método determinado incluso en la agricultura, el comercio, la herrería y actividades semejantes, habrían tenido que acatar esa orden sin vacilación ni reparo.

La obediencia al Profeta no es como la obediencia a una persona común

Cuando se ordenó una obediencia tan incondicional e ilimitada, era necesario dejar claro que no se trataba de la obediencia a una persona común. Pues los ignorantes incrédulos lo consideraban simplemente un hombre común. Decían a la gente:Árabe************)«¿Acaso no es él un hombre común como vosotros?»

(Árabe********************************************en la página 256 del PDF)

«No es más que un ser humano como vosotros. Además, quiere alcanzar superioridad sobre vosotros».

(Árabe********************************************en la página 256 del PDF)

«Si obedecéis a un ser humano como vosotros, ciertamente saldréis perdiendo».

En realidad, la obediencia al Profeta es, en esencia, obediencia a Allah. Pues todo lo que dice el Profeta, lo dice de parte de Allah, y todo lo que hace lo hace conforme a las instrucciones de Allah. No dice nada siguiendo sus propios deseos; únicamente sigue la revelación de Allah. Por tanto, debemos estar seguros de que, al obedecerle, no existe ningún temor de extraviarse o apartarse del camino.

Revelación no recitada para guiar al Profeta—[Una revelación que no está escrita en el Libro ni es recitable. —(Editor)]

Esto mismo se ha expuesto en las aleyas tercera, cuarta y quinta. Algunos dicen que aquello que se denomina revelación en las aleyas cuarta y quinta es el Libro de Allah, y que ninguna otra revelación aparte del Libro descendía sobre los profetas; pero esta idea es completamente errónea. El Sagrado Corán demuestra que sobre los profetas no descendía únicamente el Libro, sino que Allah les enviaba continuamente revelaciones para guiarlos. A la luz de estas revelaciones, ellos seguían el camino correcto sin equivocarse, emitían juicios acertados en los problemas cotidianos y ponían en práctica las disposiciones. Como ejemplo, puede decirse que el profeta Noé (la paz sea con él) construyó el arca, bajo la supervisión de Allah y conforme a Su revelación, para protegerse del diluvio.

(Árabe************************************página 257 del PDF)

«(¡Oh, Noé!) Construye el arca bajo Mi supervisión y conforme a Mi revelación».

Al profeta Abraham (la paz sea con él) se le mostró el funcionamiento de los cielos y de la Tierra, y se le mostró el proceso de devolver la vida a los muertos. Al profeta José se le enseñó la interpretación de los sueños. (Árabe************)«Esto es parte del conocimiento que Allah me ha concedido». Al profeta Moisés (la paz sea con él) se le habló en el monte Tūr. Se le preguntó: «¿Qué es eso que tienes en la mano?». Él respondió: «Es mi bastón. Con él pastoreo mis cabras». Se le ordenó: «Arrójalo». Cuando el bastón tomó la forma de una serpiente, el profeta Moisés se asustó y estuvo a punto de huir. Entonces recibió la revelación: (Árabe*********)«¡Oh, Moisés! No temas; avanza. Estás a salvo». Después se emitió otra orden: (Árabe*********)«Ve ante el Faraón. Se ha rebelado». Él pidió que el profeta Aarón lo ayudara, y su petición fue aceptada. Los dos hermanos tenían miedo cuando se dirigían al Faraón. Allah les dio seguridad diciendo: (Árabe*********)«No temáis. Estoy con vosotros; lo veo y lo oigo todo». Luego, al ver las serpientes hechas por los magos en la corte del Faraón, el profeta Moisés sintió miedo. Entonces recibió la revelación: (Árabe*********)«No temas; tú serás quien triunfe». Después de que fracasaran todos los esfuerzos por guiar al Faraón al camino recto, se ordenó a Moisés: (Árabe*********)«Sal de noche con Mis siervos. Seréis perseguidos». Cuando llegaron a la orilla del río, llegó el mandato divino: (Árabe*********)«Golpea el río con tu bastón».

Ahora surge la pregunta: ¿acaso alguna de todas esas revelaciones fue descendida en forma de Libro para la guía de toda la humanidad? A partir de estos ejemplos, a nadie le queda duda de que Allah vigila constantemente a los profetas y que, cuando existe la posibilidad de que se equivoquen debido a pensamientos y opiniones propios de la condición humana, Él los guía por medio de la revelación hacia el camino correcto. La revelación que se envía por medio de los profetas para guiar a toda la humanidad y que, por orden de Allah, queda registrada en forma de libro como una guía y una constitución aplicable es de naturaleza distinta de la revelación que aquí se está tratando.

Algunos ejemplos de la revelación no recitada descendida sobre el Profeta

Este tipo de «revelación no recitada» y la revelación secreta descendían sobre el Santo Profeta (la paz y las bendiciones sean con él). En diversos lugares del Corán se ha aludido a este asunto. El Profeta hizo primero de Bayt al-Maqdis su qibla. En el Libro de Allah no se encuentra ninguna orden al respecto. Pero cuando se ordenó abrogar esa qibla y convertir Bayt al-Haram (la Kaaba) en la qibla, se dijo:

(Árabe***********************************página 258 del PDF)

«La qibla que antes te había asignado, solo la había establecido para que quedara claro quién obedecía al Mensajero y quién desobedecía». —(Sura al-Baqarah: 143)

De este versículo se supo claramente que Bayt al-Maqdis fue establecido inicialmente como qibla sobre la base de la revelación.

Durante la batalla de Uhud, el venerable Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo a los musulmanes que Allah enviaría ángeles para ayudarlos. Más tarde, Allah menciona en el Corán aquella declaración del Profeta de esta manera: (Árabe******************)«Allah había convertido esa promesa en una buena noticia para vosotros». —(Sura Al Imrán: 126)

Por tanto, es indudable que esta promesa había sido dada por parte de Allah.

Después de la batalla de Uhud, el Mensajero de Allah (s. a. s.) ordenó a los musulmanes que salieran para la segunda batalla de Badr. Sin embargo, esta orden no se menciona en ninguna parte del Corán. Pero más tarde Allah confirmó la veracidad de esta orden del Profeta, diciendo que provenía de Él.

(Árabe***********************************página 258 del PDF)

«Aquellos que, aun después de haber sido heridos en la batalla, respondieron nuevamente a la llamada de Allah y del Mensajero».

La mención de la salida del Profeta de Medina para la batalla de Badr se hace así: (Árabe************)«Así como Allah te hizo salir de tu casa».—(Sura Al-Anfal: 5)

En el Corán no se menciona ninguna orden de salir de la casa, pero después Allah confirmó que había salido por mandato suyo, y no por voluntad propia.

Después, durante la batalla, Allah mostró a Su Profeta un sueño:

(Árabe***********************************en la página 258 del PDF)

«Cuando Allah te los mostró en sueños como pocos en número».—(Sura Al-Anfal: 43)

Cuando se distribuyeron los bienes obtenidos en la guerra, los hipócritas comenzaron a mostrar su desaprobación. Entonces Allah informó que aquella distribución se había realizado por mandato del propio Allah.

(Árabe***********************************en la página 259 del PDF)

«Si hubieran estado satisfechos con lo que Allah y Su Mensajero les habían dado, (habría sido mejor para ellos)».—(Sura At-Tawba: 59)

En el momento del Tratado de Hudaybiyya, todos los sahabah se oponían al tratado. Sus condiciones parecían inaceptables para todos. Sin embargo, el Mensajero de Allah (s. a. s.) lo aceptó. Después, Allah lo confirmó y declaró que aquel tratado provenía de Allah.

(Árabe***********************************en la página 259 del PDF)

«Te hemos concedido una victoria manifiesta». —(Sura Al-Fath: 1)

Síntesis del significado de los versículos mencionados

A la luz de los versículos coránicos pueden encontrarse muchos otros ejemplos de este tipo. Pero no es mi propósito mencionar aquí todos los versículos. Mi único propósito es demostrar que la relación de Allah con el Profeta no era meramente temporal y de corta duración, de modo que solo se estableciera cuando él quisiera transmitir algún mensaje a la gente y se interrumpiera inmediatamente después. La realidad es, más bien, que Él mantiene siempre una atención especial sobre aquel a quien elige como profeta y continúa guiándolo y dirigiéndolo constantemente mediante la revelación. De este modo, garantiza que el profeta cumpla correctamente su responsabilidad en cada momento de su vida y que por medio de él no se produzca ningún acto ni palabra que desagrade a Allah. Esta verdad se expone en los primeros versículos de la sura An-Najm. Ya he dicho al comienzo de esta discusión, y el Sagrado Corán también lo ha declarado claramente, que los profetas son mantenidos bajo la supervisión constante de Allah; son protegidos de los errores y las faltas, y si, debido a una debilidad humana, sufren algún tropiezo, Él lo corrige, señala el error y los conduce por el camino recto. El propósito de las menciones que aparecen en el Sagrado Corán de los errores y deslices del Honorable Mensajero (s. a. s.) y de los demás profetas, así como de las advertencias de Allah al respecto, nunca es que la gente pierda la confianza en los profetas. Tampoco es su propósito que la gente piense —¡Allah nos libre!—: «Si los profetas cometen errores como nosotros, ¿cómo es posible seguirlos y obedecerlos con certeza?». En realidad, su propósito es dejar claro que Allah no concedió a los profetas libertad ilimitada para actuar según sus propios deseos ni para seguir sus opiniones y su propio juicio. Puesto que fueron enviados precisamente para guiar a la gente común por el camino recto, se les ordenó estrictamente obedecer continuamente las órdenes de Allah y no seguir, ni siquiera en el asunto más insignificante, un camino que desagradara a Allah. Por eso, en el Corán se reprendió al Profeta (s. a. s.) incluso por cuestiones insignificantes que carecen de importancia alguna en la vida de la gente común: por ejemplo, que una persona comiera miel o no, que no prestara atención a un ciego y se molestara porque este interrumpiera su discurso de profunda sabiduría, o que pidiera perdón por alguien. Estas cosas no son en absoluto asuntos importantes; sin embargo, Allah no permitió que el Profeta actuara según su propio deseo o el de otra persona ni siquiera en cuestiones tan pequeñas. Del mismo modo, eximir a alguien de ir a la guerra y liberar mediante rescate a algunos prisioneros de guerra puede ser un asunto ordinario para un dirigente, pero en el caso del Profeta es un acontecimiento sumamente importante. Por ello, se le advirtió mediante una revelación manifiesta. ¿Por qué? Porque el Profeta de Allah no es como los dirigentes comunes, que pueden hacer lo que quieran conforme a su propio juicio. Debido a la grandeza de la responsabilidad profética que se le encomendó, si al tomar una decisión basándose en su propio juicio no logra comprender correctamente la indicación de la revelación oculta de Allah, y avanza siquiera un ápice contra la voluntad de Allah, Él considera necesario corregirlo mediante una revelación manifiesta.

La veracidad del Profeta, plenamente digna de confianza

Allah, exaltado sea, describió estas cualidades y características de Su Profeta para que depositáramos plena confianza en su veracidad y pudiéramos creer firmemente que las palabras y los actos del Profeta están por encima del extravío, la desviación, el seguimiento de las pasiones y los errores y deficiencias del pensamiento y las ideas humanas. En cada paso de su vida, permanece firme sobre el Sirat al-Mustaqim descrito por Allah. Su carácter purificado es un modelo de la moral islámica en el que no hay el menor rastro de defecto o deficiencia. Allah, exaltado sea, estableció especialmente este modelo completo y perfecto para que cualquiera de Sus siervos que quisiera convertirse en uno de Sus siervos amados pudiera seguir e imitar al Profeta sin temor ni reserva. Este propósito se expone en los dos versículos sexto y séptimo mencionados anteriormente. En el sexto versículo se dice que para vosotros hay un modelo en el Mensajero de Allah (s. a. s.). En el séptimo versículo, seguir al Mensajero de Allah (s. a. s.) se presenta como el único medio para convertirse en objeto del amor de Allah.

Toda la vida del Profeta es «el “modelo excelente’

También aquí vemos que, al llamar a la vida del Profeta el mejor modelo, no se menciona ninguna condición ni limitación. En otras palabras, toda la vida del Profeta constituye, en todos sus aspectos, el mejor modelo que todas las personas deben seguir necesariamente en todos los ámbitos y circunstancias de la vida. En este sentido, no hay lugar para imponer condición o límite alguno. La persona del Profeta ha sido declarada en su totalidad el mejor modelo, y la obediencia integral a él es indispensable. Esto significa que cuanto más se siga e imite al Profeta y cuanto mayor sea la semejanza cualitativa que se logre crear con él en la propia vida, mayores serán las posibilidades de acercarse a Alá y de convertirse en alguien amado por Él.

El alcance de las excepciones

Sin embargo, declarar la vida del Honorable en su conjunto como un modelo o ejemplo digno de imitación y ordenar su obediencia integral no significa que, en todos los ámbitos de la vida, todas las personas deban hacer exactamente todo lo que él hizo y del modo en que lo hizo, ni que deban seguir su vida sagrada de tal manera que resulte imposible distinguir lo original de la imitación. Esa no es la intención del Corán, ni podría serlo. En realidad, se trata de una instrucción breve y fundamental. Cómo debe llevarse a la práctica esta instrucción podemos saberlo por las enseñanzas del propio Honorable Mensajero de Alá (s.a.) y por el modo de vida de los Compañeros. Aquí no es posible analizarlo detalladamente. En resumen, quiero decir que, en el caso de los actos que son fard, obligatorios y tienen la dignidad de pilares fundamentales del islam, hay que obedecerlo e imitarlo exacta e íntegramente; no se puede desviar de ello ni siquiera en lo más mínimo. Por ejemplo, las normas relativas a la oración, el ayuno, el hayy, el zakat y la purificación, así como todo lo que él ordenó en estos asuntos y las normas generales de la vida islámica, como las actividades sociales, económicas y políticas y sus disposiciones detalladas. En algunos de estos asuntos, el Mensajero de Alá (s.a.) se limitó a ordenar que se mantuvieran la moralidad y la decencia y que se adoptaran métodos razonables. Y hay otros respecto de los cuales, a su luz, podemos determinar qué formas de actuar son compatibles con el islam y cuáles no. En este ámbito, quien quiera imitar sinceramente al Mensajero de Alá (s.a.) y estudie por ese motivo sus hadices y sus normas de conducta puede saber fácilmente en qué asuntos debe imitar al Mensajero (s.a.) al pie de la letra y en cuáles debe extraer de sus hadices y de su conducta únicamente los principios generales de moralidad, razonabilidad, beneficio y bienestar. Pero las personas de carácter polémico presentan toda clase de excusas en este asunto. Dicen: «El Mensajero de Alá (s.a.) hablaba árabe; ¿acaso nosotros también tenemos que hablar árabe? Él se casó con mujeres árabes; ¿acaso nosotros también tenemos que casarnos con mujeres árabes? Vestía un tipo particular de ropa; ¿también debemos vestir de esa manera? Comía determinados alimentos; ¿también debemos comer esos alimentos? Se relacionaba, se sentaba y se comportaba con la gente de una manera particular; ¿también tenemos que hacer todo eso exactamente del mismo modo?». Lo lamentable es que no se detienen a pensar que lo esencial no es el idioma, sino la norma moral de hablar que él observaba siempre. No es lo importante si hay que casarse con una mujer árabe o no árabe; lo importante es cómo será nuestro trato con la mujer con la que nos casemos, cómo estableceremos sus derechos y cómo ejerceremos sobre ella nuestra autoridad legal legítima. En este asunto, el modelo de trato que el Profeta (s.a.) dejó en su relación con sus esposas no puede ser superado como modelo para la vida familiar de un musulmán. ¿Quién ha dicho que vestir exactamente como vestía el Honorable (s.a.) sea una disposición de la sharía? ¿Y quién ordenó que todo musulmán deba comer exactamente los mismos alimentos que él comía? En estos asuntos, lo digno de imitación es la taqwa, la pureza, la limpieza y la decencia que él observaba al comer y vestirse. De esto podemos comprender cómo llevar a la práctica el equilibrio entre el ascetismo y el materialismo, cuya enseñanza resumida sobre la conducta nos ha dado el Corán, de modo que, por un lado, no haya extravagancia ni despilfarro y, por otro, tampoco se eviten inútilmente las cosas lícitas. Lo mismo se aplica a todos los demás aspectos de la vida personal y colectiva del Honorable (s.a.). Toda aquella grandiosa y sagrada vida constituye un excelente modelo para la vida de un musulmán verdaderamente temeroso de Alá. La Honorable Aisha (que Alá esté complacido con ella) dijo con toda razón que, (Árabe**********)es decir: si queréis saber cómo debe vivir en el mundo una persona creyente conforme a las enseñanzas y al espíritu del Sagrado Corán, practicad el modo de vida del Honorable Muhammad (s.a.). Veréis que el islam, presentado brevemente en el Corán, aparece desarrollado en la vida del Mensajero de Alá (s.a.).

El Mensajero fue Mensajero en todo momento

Es motivo de satisfacción que el tercer grupo no comparte las opiniones de los dos primeros. Sin embargo, algunos hadices les han hecho albergar la duda de que «quizá el Mensajero de Alá (s.a.) no fuera Mensajero en todas las circunstancias y en todo momento, y que no todas sus palabras y acciones fueran pronunciadas y realizadas en calidad de Mensajero». Las narraciones que han originado este malentendido apuntan en realidad a otro asunto. En verdad, el Profeta (s.a.) fue el Mensajero de Alá en cada instante y en toda circunstancia, y su misión consistía en mantener siempre la atención dirigida al propósito para el que había sido enviado como Profeta. No fue hecho Profeta para privar por completo a las personas de la libertad de pensamiento y opinión ni para paralizar e inutilizar su conciencia y su intelecto. No vino a enseñar a la gente del mundo la agricultura, la industria y los oficios, ni fue enviado para dirigir los negocios, el comercio y los asuntos personales de la gente.

La atención del Profeta al verdadero propósito de la risalat

El propósito de la vida del Santo Profeta era uno solo: arraigar firmemente el islam en el corazón de las personas como credo y convicción, y hacerlo efectivo, mediante las obras, en el carácter individual de las personas y en el sistema social. Aparte de este objetivo fundamental, nunca prestó atención a ninguna otra cosa. Y, aunque en alguna ocasión excepcional dijera algo, enseguida añadía: «Vosotros sois libres en vuestras opiniones y acciones». Él dijo:(Árabe****************)«Vosotros conocéis mejor vuestros asuntos mundanales». Sin embargo, los Compañeros estaban siempre dispuestos a obedecer de todo corazón cada palabra del Profeta, considerándola palabra del Mensajero, y creían necesario obedecerlo y seguirlo en todos los asuntos. Por eso, cada vez que el Profeta decía algo sobre un asunto mundanal, los Compañeros pensaban que quizá se trataba también de una instrucción dada en su calidad de Mensajero. Pero nunca ocurrió que les diera una orden sobre algo no relacionado con el propósito de su venida y los obligara a cumplirla. No permanecer indiferente ni por un instante, durante veintitrés años, respecto de su propio propósito y objetivo; estar en todo momento consciente de la sutil diferencia entre lo que formaba parte de su propósito y lo que no; y, pese a tener plena autoridad y dominio sobre sus seguidores, no darles órdenes sobre asuntos irrelevantes: todo ello demuestra que la dignidad de profeta y mensajero nunca se separaba de su persona. Sin embargo, no es correcto pensar que todo cuanto el Profeta dijo acerca de asuntos mundanales carecía de origen en la revelación. Naturalmente, tales conversaciones no eran instrucciones suyas: tampoco las expresó con el modo de quien da una orden, ni nadie las tomó como órdenes. Aun así, todo cuanto salió de su santa boca era enteramente exacto y verdadero. Por ejemplo, los hadices del Profeta relacionados con la medicina están llenos de afirmaciones sumamente sabias. Al leer esos hadices, resulta asombroso pensar cómo un hombre iletrado de Arabia, que nunca fue médico ni realizó investigación alguna sobre medicina, pudo conocer datos de esta ciencia que hoy, después de siglos de pruebas, experimentos y experiencia, están demostrando ser verdaderos. En las palabras llenas de conocimiento del Profeta se encuentran cientos de ejemplos semejantes. Aunque estas cosas no forman parte de la responsabilidad de la misión profética, Allah concede a Sus mensajeros, por naturaleza, capacidades extraordinarias que no solo sirven para cumplir la responsabilidad de la misión profética, sino que dejan huellas de excelencia en todos los ámbitos. Es evidente que la fabricación de armaduras no puede tener relación alguna con la misión profética. No obstante, el Profeta David (la paz sea con él) mostró una extraordinaria habilidad también en esta labor. Allah mismo dijo: «Yo le enseñé este oficio». (Árabe**********************)«Le enseñé la fabricación de armaduras para que os protegierais con ellas de las agresiones mutuas». (Sura al-Anbiya, 80). ¿Qué relación podría tener aprender el lenguaje de las aves con el cumplimiento de la misión profética? Sin embargo, el Profeta Salomón (la paz sea con él) alcanzó maestría también en ello. Él mismo dijo:(Árabe**********)«Se me ha enseñado el lenguaje de las aves». (Sura an-Naml, 16). ¿Qué relación podrían tener la carpintería y la construcción de barcos con el cumplimiento de la misión profética? Sin embargo, Allah no le dijo al Profeta Noé (la paz sea con él): «Construye un barco resistente y ya está», sino que dijo:(Árabe***********)«Construye el barco bajo Nuestra supervisión y conforme a Nuestra revelación». (Sura Hud, 37).

Las dos dimensiones de la vida del Profeta

De este análisis se desprende que no es correcto afirmar que a los profetas solo les llegaba revelación directamente relacionada con el cumplimiento de la misión profética. En realidad, toda su vida estaba sometida a las órdenes de Allah. La única diferencia es que una parte de su vida es de tal naturaleza que imitarla exactamente constituye una condición indispensable para ser musulmán; y otra parte es de tal naturaleza que no es obligatorio ni indispensable para todos los musulmanes imitarla al cien por cien. Sin embargo, quien desee convertirse en un siervo amado y cercano a Allah no tiene otra opción que imitar completamente la sunna del Profeta. Incluso si hubiera en esto una deficiencia del grosor de un cabello, en esa misma proporción disminuirían su cercanía a Allah y su condición de siervo amado. Pues no existe absolutamente ningún otro camino para alcanzar el amor de Allah que imitar al Profeta. (Árabe***********)«Seguid mis pasos y Allah os amará».

La diferencia entre el liderazgo del Profeta y los demás liderazgos

La diferencia entre el liderazgo del Profeta y el liderazgo de los demás líderes, así como la diferencia entre los juicios y decisiones del Profeta y los juicios y decisiones de los demás jueces, ha quedado claramente expuesta en la discusión anterior. No obstante, al final cité tres versículos que han aclarado aún más el asunto. Estos versículos demuestran que someterse a las instrucciones de Allah y Su Mensajero (s. a. s.) y aceptar sus decisiones es una condición indispensable para ser creyente. Quien se niegue a hacerlo no seguirá siendo creyente. ¿Acaso posee algún otro líder o juez una dignidad semejante? Si no la posee, ¡qué grave error es afirmar que «en todos los lugares del Corán donde aparecen juntos los términos “Allah” y “Mensajero”, su significado es liderazgo»! Esta afirmación de Maulana Aslam Joyrajpuri es precisamente lo que considero objetable. Considero que esta declaración es totalmente contraria al Corán. Yo también reconozco la obligación de obedecer a los ulil amr. Después del Mensajero de Allah (s. a. s.), obedecer a los ulil amr es un deber indispensable. Las funciones que el Mensajero de Allah (s. a. s.) desempeñaba durante su vida en el Estado islámico serán desempeñadas por los ulil amr, y en todos los asuntos de la sociedad y del Estado, la decisión de los ulil amr será vinculante y definitiva. Incluso si alguien, basándose en su propio conocimiento, llega a comprender que la decisión de los ulil amr contradice a Allah y a Su Mensajero, aun manteniéndose firme en su propia opinión, deberá acatar dicha decisión hasta cierto límite. Pero esto no significa que aquello a lo que el Corán se refiere con “Allah y el Mensajero” sea liderazgo, ni que las órdenes emitidas por el liderazgo sean exactamente las órdenes de Allah y del Mensajero. Si así fuera, cuando los líderes y gobernantes se extraviaran y quienes detentan el poder y las responsabilidades comenzaran a realizar actividades contrarias al Corán y a la sunnah, los musulmanes quedarían sin recursos e indefensos. Aunque supieran que avanzan hacia una destrucción inevitable, no tendrían otra opción que seguir sus pasos y obedecerlos. En tal situación, si alguien se alzara y reclamara seguir el camino de Allah y del Mensajero, según la fatua de Maulana Aslam Joyrajpuri, los gobernantes extraviados y opresores podrían declarar a ese desdichado enemigo de Allah y matarlo, sin que ello constituyera falta alguna. Podrían decir: «¡Oye, hombre! Allah y el Mensajero somos nosotros mismos. ¿Por qué camino de qué Allah y qué Mensajero pretendes conducirnos?»

 

Examen de la vida personal del Mensajero (s. a. s.) y de su vida como Profeta

Las traducciones al árabe de dos artículos míos, titulados «La perspectiva del islam sobre la libertad» y «La obediencia y la imitación del Mensajero», fueron publicadas en la revista damascena Al-Muslimun. Entonces, algunos intelectuales de Siria me señalaron que parecía haber cierta contradicción entre ambos artículos. Era necesario eliminar esa contradicción. Un caballero de Damasco planteó la siguiente pregunta sobre mi primer artículo:

«¿Es acaso Muhammad (s. a. s.), como ser humano, igual que cualquier persona común? Como ser humano, ¿existía también en su corazón el deseo de ejercer su dominio personal sobre los demás y de someterlos a su propio poder y autoridad? Si así fuera, ¿qué sentido tendría su condición de impecable como Profeta y la protección que recibió como ser humano? ¿Se han vuelto una sola su vida humana anterior a la profecía y su vida como Profeta, o siguen siendo dos vidas distintas? ¿Es posible separar estos dos aspectos de su vida, de modo que se tenga libertad para obedecer a Muhammad el Profeta y oponerse a Muhammad el ser humano? Lo que dijo como Profeta es obligatorio cumplirlo, y tenemos derecho a oponernos a lo que dijo como ser humano. Pero ¿a la luz de qué principio podemos trazar una línea divisoria entre estas dos clases de palabras? ¿No existe ninguna restricción para oponerse a la opinión personal del Profeta? ¿Acaso Muhammad (s. a. s.) daba a los musulmanes la idea de que no era necesario obedecerlo como ser humano? ¿Los alentaba a discrepar de sus opiniones personales? ¿Es cierto que, basándose precisamente en estos argumentos y pruebas, Hazrat Umar (r. a.) se opuso a Hazrat en cuanto ser humano?»

El siguiente artículo mío fue escrito precisamente como respuesta a estas preguntas:

Se me ha dicho que los dos artículos míos publicados en los números sexto, séptimo y octavo del sexto volumen de Al-Muslimun, bajo los títulos «La perspectiva del islam sobre la libertad» y «La obediencia y la imitación del Mensajero», contienen afirmaciones contradictorias entre sí que es necesario resolver. Es decir, en el primer artículo se afirma que la vida personal del Profeta y su vida como Profeta son distintas. El islam invita a obedecer la vida profética, no la vida personal. Sin embargo, en el segundo artículo se niega que estas dos vidas del Profeta sean distintas y se afirma enfáticamente que el Profeta tiene una sola vida: la vida profética. Se ha pedido saber cómo resolver esta contradicción. Además, un caballero de Damasco planteó algunas preguntas sobre mi primer artículo, «La perspectiva del islam sobre la libertad». Las preguntas se publicaron en el séptimo número de Al-Muslimun. Las citamos al principio. Ambas preguntas son bastante similares. Por eso respondo a las dos en el mismo breve artículo.

En realidad, el problema tiene dos aspectos. Uno es el aspecto teórico. En él, lo que debe examinarse y juzgarse es cuál es la verdad pura y esencial. El segundo es el aspecto práctico. En él, la cuestión que debe juzgarse es si, para recibir guía de la personalidad del Profeta, debemos aceptar toda su vida como vida profética para nosotros y si él es únicamente Profeta; o si debemos dividirlo en dos, obedecer su vida profética y descartar el resto.

Primero: el aspecto teórico de la cuestión

Comencemos por examinar primero el aspecto teórico. El Sagrado Corán ha dejado claro, en términos inequívocos, que existe una diferencia entre la vida personal de los profetas y su vida profética. Ellos no vienen para convertir a la gente en sus propios esclavos; vienen para convertirla en siervos o esclavos de Allah.

(Árabe***************************en la página 266 del PDF)

«No es propio de ningún ser humano que Allah le conceda el Libro, la autoridad y la profecía y que luego diga a la gente: “Sed mis siervos en vez de ser siervos de Allah”».—(Sura Al Imran: 79)

Se les encomendaban simultáneamente dos responsabilidades. Primero: liberar a la gente de la servidumbre a todos los seres humanos y objetos distintos de Allah, incluso de la servidumbre a ellos mismos. Segundo: someterla a la servidumbre exclusiva de Allah.

(Árabe***************************en la página 266 del PDF)

«Di: “¡Oh, gente del Libro! Venid a una palabra común entre nosotros y vosotros: que no adoraremos sino a Allah, que no asociaremos a nadie con Él y que ninguno de nosotros tomará a otro como señor en lugar de Allah”».—(Al Imran: 64)

La orden de obedecer incondicionalmente al Mensajero en todos los asuntos relacionados con el islam no se debe a un derecho personal suyo, sino únicamente a que Allah comunica, solo por medio del Mensajero, qué es lo que Le complace y cuáles son Sus mandamientos. Por eso, la obediencia al Mensajero ha sido declarada como obediencia al propio Allah. En el Corán se dice:

(Árabe***************************en la página 267 del PDF)

«He enviado a cada Mensajero únicamente para que, con el permiso de Allah, se le obedezca».—(Sura An-Nisa: 64)

(Árabe***************************en la página 267 del PDF)

«Quien obedece al Mensajero, obedece a Allah mismo».—(Sura An-Nisa: 80)

Junto con esto, también está demostrado por el Corán y numerosos hadices que el Honorable Mensajero de Allah (s.a.s.) nunca exigió una obediencia absoluta a aquellas palabras o actos que hubiera expresado o realizado según su propio criterio, y no por mandato de Allah, como sí exigió tal obediencia cuando dijo o hizo algo por mandato de Allah. En mi artículo titulado «La perspectiva del islam sobre la libertad» he presentado numerosos ejemplos de ello. En particular, el divorcio de Zaynab (r.a.) por parte de Zayd, pese a la prohibición del Profeta, y el hecho de que ni Allah ni Su Mensajero manifestaran desagrado por ello, constituye un ejemplo contundente. Aparte de la explicación que ofrecí sobre esto en aquel artículo, no puede darse ninguna otra explicación. Y, acerca de la polinización de las palmeras datileras, el Mensajero de Allah (s.a.s.) dijo en términos inequívocos:

(Árabe***************************en la página 267 del PDF)

«Yo también soy un ser humano. Cuando os dé una instrucción acerca del islam, obedecedla. Pero cuando diga algo según mi propio criterio, recordad que no soy más que un ser humano. —Una vez expresé una opinión basada en una conjetura. No aceptéis lo que diga basándoos en una conjetura semejante. Sin embargo, cuando diga algo de parte de Allah, aceptadlo. Porque nunca he dicho nada falso acerca de Allah. —Vosotros conocéis mejor los asuntos relacionados con vuestra vida mundana».—(Muslim)

Esta es la diferencia en principio. Veamos ahora su aspecto práctico.

Dos: el aspecto real y práctico

En realidad, el asunto era sumamente delicado y complejo. Allah envió a un ser humano como Su único representante, confiándole una doble responsabilidad: por un lado, liberaría a toda la humanidad de la servidumbre a todas las criaturas, incluida su propia personalidad, y les enseñaría personalmente a ejercer esa libertad. Por otro lado, ese mismo hombre los exhortaría a obedecer absolutamente a Allah, y la fuente de esa obediencia a Allah sería precisamente su propia persona en cuanto Mensajero. Estas dos tareas contradictorias debían ser realizadas por la misma persona al mismo tiempo, y los límites entre ambas estaban tan estrechamente entrelazados que nadie, salvo Allah y Su Mensajero, podía trazar una línea divisoria entre ellas. Además, su complejidad y delicadeza se intensifican cuando se consideran tres aspectos. En primer lugar, cuando el Noble Mensajero de Allah (la paz sea con él) exhortaba a la gente a obedecerle en conformidad con las órdenes de Allah, no quedaba ninguna duda de que estaba cumpliendo la responsabilidad de la misión profética. Pero cuando liberaba a sus Compañeros más devotos de la esclavitud psicológica a su propia personalidad y les enseñaba a ejercer la libertad de pensamiento y de opinión; cuando los animaba, en su propia presencia, a ejercer la libertad de pensamiento frente a sus opiniones personales, y les mostraba que en este ámbito eran libres, mientras que en aquel otro estaban obligados a obedecer plenamente, también entonces estaba cumpliendo, en realidad, una parte de la responsabilidad de la misión profética. Este es precisamente el ámbito en el que nos resulta difícil comprender la diferencia entre su vida personal y su vida profética, y actuar conforme a esa diferencia. Aquí ambas vidas están tan íntimamente entrelazadas que, en la práctica, entre ellas solo permanece una diferencia teórica. Incluso al realizar algo en calidad de persona particular, se le veía cumplir efectivamente la responsabilidad de la profecía.

En segundo lugar, aquellos asuntos que aparentemente son completamente personales —como comer y beber, la vestimenta, el matrimonio, la convivencia con sus esposas e hijos, las tareas domésticas, el baño y la limpieza, así como la micción y la defecación, entre otros— tampoco eran asuntos enteramente personales en la vida del Mensajero de Allah (la paz sea con él); también incluían enseñanzas relativas a los límites, disposiciones y normas de la sharía. Por ello, resulta difícil para la gente determinar dónde termina, en estos asuntos, la actuación del Mensajero Muhammad y dónde comienza la actuación del Muhammad particular.

En tercer lugar, del Sagrado Corán sabemos que la vida del Profeta constituye, en su conjunto, un modelo, cuya totalidad es para nosotros un faro de verdad y justicia. Ninguna de sus palabras ni de sus actos está mínimamente contaminada por la instigación de los deseos, el extravío o la confusión. A este respecto, conviene observar algunas declaraciones del Corán:

(Árabe***************************en la página 268 del PDF)

“En la vida del Mensajero de Allah hay para vosotros el modelo más excelente”.

(En árabe***************************en la página 268 del PDF)

‘¡Oh, Profeta! Te hemos enviado como testigo (para la humanidad), portador de buenas nuevas, amonestador, convocador hacia Él con permiso de Allah y lámpara luminosa”.

(En árabe***************************en la página 268 del PDF)

«Vuestro compañero no se ha extraviado ni se ha desviado. No habla llevado por el deseo; lo que dice no es sino una revelación que le ha sido enviada». —(Sura An-Najm: 2-4)

Por estas razones, según la sharía no tenemos derecho a establecer una distinción entre la vida profética y la vida personal del Profeta, y en la práctica tampoco es posible hacer tal distinción. No podemos determinar por nosotros mismos los límites entre estas dos dimensiones de la vida profética. No somos capaces de afirmar específicamente que tal asunto pertenece a la vida profética del Profeta, mientras que tal o cual otro pertenece a su vida personal. Por ello, no tenemos autoridad para decidir que aceptar una de ellas es obligatorio y aceptar la otra es opcional. Solo puede aceptarse como medio para establecer esta distinción una declaración clara del propio Mensajero de Allah o un principio formulado a la luz de varias de sus enseñanzas.

Algunos ejemplos dignos de atención

Durante la época del Mensajero de Allah se encuentran ejemplos de que los compañeros, antes de expresar su opinión personal sobre alguna de sus palabras o acciones, preguntaban si dicha palabra o acción se basaba en una orden de Allah o en su opinión personal. Cuando sabían que se trataba únicamente de su opinión personal, solo entonces presentaban su propio parecer. En la batalla de Badr, Jabbab ibn al-Mundhir preguntó, antes de expresar su opinión, si la elección del lugar se había hecho por revelación o simplemente como estrategia militar. Pues, si se hubiera hecho por revelación, no nos estaría permitido adelantarla ni retrasarla ni siquiera un poco. En la batalla del Foso, Sa’d ibn Mu’adh preguntó, antes de expresar su opinión sobre la decisión de concertar la paz con la tribu de Gatafán: «¡Oh Mensajero de Allah! ¿Esta decisión se ha tomado por revelación —sobre la cual no tenemos derecho a opinar—, o deseas hacer esto únicamente por voluntad propia?»

En algunas ocasiones, el propio Mensajero de Allah informaba que, al hablar sobre determinado asunto, no lo hacía por orden de Allah ni lo establecía como norma del islam, sino que simplemente expresaba su opinión personal. Como ejemplo de ello ya se ha mencionado su explicación acerca de la polinización de las palmeras datileras.

A veces se podía entender, por la naturaleza misma de una instrucción, que la había dado únicamente a título personal. Por ejemplo, le dijo a Zayd:(Árabe**********)«No divorcies a tu esposa. Teme a Allah». Quedaba claro que esta instrucción no era una orden jurídica del Profeta dirigida a un creyente, sino el consejo del cabeza de familia a un miembro más joven de esta. Por eso Zayd se divorció de Zaynab a pesar de la instrucción del Profeta. Como Allah y Su Mensajero no manifestaron ningún descontento por ello, se entiende que Zayd comprendió correctamente a qué nivel pertenecía la instrucción del Profeta.

Cómo determinar la condición profética en épocas posteriores

Hay muchos ejemplos de este tipo que pueden observarse durante la vida del Santo Profeta. Además, todavía es posible determinar esta distinción en muchos otros asuntos a la luz de los principios de la sharía. Tomemos, por ejemplo, la vestimenta y la alimentación del Profeta. Un aspecto era que el tipo particular de medidas y corte de las prendas que vestía estaba difundido en Arabia en aquella época, y él escogía esas prendas según su propio gusto. Del mismo modo, los alimentos que comía solían cocinarse en las casas de los árabes durante su época, y eran alimentos acordes con su gusto. Otro aspecto era que, mediante sus palabras y acciones en materia de alimentación y vestimenta, enseñaba las normas y disposiciones islámicas relativas a ambas. Que lo primero pertenecía a la vida personal del Profeta y lo segundo a su vida profética lo sabemos precisamente por los principios enseñados por el propio Profeta. Pues, aunque había sido designado por Allah para enseñar las disposiciones de la sharía, esta no incluyó dentro de su ámbito la cuestión de qué tipo de corte debía tener la ropa de las personas ni cómo debían cocinar sus alimentos. Sin embargo, la sharía sí incluyó dentro de su ámbito establecer los límites de lo lícito y lo ilícito, y de lo permitido y lo prohibido, en materia de vestimenta y alimentación, así como enseñar a las personas la cortesía y los buenos modales acordes con el carácter, la civilización y la cultura de los creyentes.

Podemos conocer esta diferencia mediante una declaración explícita del Profeta o a partir de los principios de la sharía que él enseñó; en ambos casos, la enseñanza del Profeta es la fuente de este conocimiento. Por lo tanto, también para determinar las acciones comprendidas en la vida personal del Profeta debemos recurrir a la vida profética. No tenemos ninguna posibilidad de establecer un contacto directo con la vida personal ignorando la vida profética. En mi artículo titulado «La obediencia y la imitación del Mensajero» advertí precisamente sobre este asunto a quienes rechazan los hadices. Su error fundamental consiste en que, por iniciativa propia, distinguen entre Muhammad ibn Abdullah como Mensajero y Muhammad ibn Abdullah como ser humano, y trazan una línea divisoria entre las acciones correspondientes a ambos ámbitos. Después, se liberan por sí mismos de la parte de la vida profética que han elegido. Sin embargo, cualquier diferencia que exista realmente entre la vida personal del Profeta Muhammad (s. a. s.) y su vida profética queda limitada exclusivamente a Allah y al Mensajero de Allah. Se nos ha informado de este asunto únicamente para que no caigamos en la confusión doctrinal de considerar que Muhammad, hijo de Abdullah, es por sí mismo merecedor de una obediencia absoluta. Pero, para la comunidad, en la práctica él posee una sola dignidad: la dignidad de ser Mensajero. Incluso si tenemos alguna libertad respecto a la obediencia a Muhammad como ser humano, esta nos fue concedida por el propio Mensajero Muhammad. El Mensajero Muhammad mismo estableció los límites de esa libertad y también nos enseñó cómo ejercerla.

Después de esta explicación y análisis, si se leen mis dos artículos, no puede quedar lugar para ningún malentendido.

 

El cargo y las responsabilidades de la profecía según el Corán

–[Este artículo fue escrito para aclarar las diversas preguntas, dudas y objeciones de quienes niegan los hadices. —Compilador]

Las funciones del Mensajero son de cuatro tipos

En cuatro lugares del Sagrado Corán se ha incluido la siguiente descripción de las responsabilidades del Profeta (s. a. s.):

 

(Árabe***************************en la página 271 del PDF)

«Y recuerda cuando Abraham e Ismael estaban levantando los cimientos de esta Casa (la Kaaba)……………….(entonces suplicaron:) ¡Señor nuestro! Envía a esta gente un Mensajero de entre ellos mismos, que les recite Tus versículos, les enseñe el Libro y la Sabiduría y los purifique». (Sura Al-Baqarah: 127-129)

(Árabe***************************en la página 271 del PDF)

«Así como os hemos enviado un Mensajero de entre vosotros mismos, que os recita Nuestros versículos, os purifica, os enseña el Libro y la sabiduría, y os enseña muchas otras cosas que no conocíais». —(Sura Al-Báqara: 151)

(Árabe***************************en la página 271 del PDF)

«Ciertamente, Allah ha concedido un gran favor a los creyentes al enviarles un Mensajero de entre ellos mismos, que les recita Sus versículos, los purifica y les enseña el Libro y la sabiduría». —(Sura Alí Imrán: 164)

(Árabe***************************en la página 271 del PDF)

«Él es Allah, quien ha enviado entre los iletrados un Mensajero de entre ellos mismos, que les recita los versículos de Allah, los purifica y les enseña el Libro y la sabiduría». —(Sura Al-Yumu‘a: 2)

Lo que se repite en estos versículos es que Allah no envió a Su Mensajero únicamente para recitarles los versículos del Corán, sino que había otros tres objetivos para su envío.

En primer lugar, enseñaría a la gente el Libro.

En segundo lugar, enseñará el método y la manera de actuar conforme a las exigencias de dicho Libro.

En tercer lugar, purificará al individuo y a la estructura social. Es decir, mediante su propia formación, eliminará sus defectos individuales y colectivos, para que surjan en ellos excelentes virtudes y se desarrolle un sistema social perfecto.

Es evidente que, después de recitar los versículos del Corán, enseñar el Libro y la sabiduría constituía una tarea adicional. De lo contrario, mencionarlo por separado no habría tenido sentido. Del mismo modo, los métodos de acción que él adoptaba con el propósito de formar al individuo y a la sociedad también eran tareas adicionales a la recitación del Corán. De lo contrario, no tendría sentido mencionar por separado la labor de formación. Ahora bien, la cuestión es: aparte de recitar y hacer escuchar el Corán, ¿aceptó por iniciativa personal esas dos responsabilidades que había recibido como educador y formador, o fue Allah, exaltado sea, quien lo designó para esas dos responsabilidades? Después de esta declaración clara e inequívoca del Sagrado Corán, ¿cómo puede alguien que tiene fe en este Libro atreverse a afirmar que esas dos responsabilidades no formaban parte de su misión profética y que las tareas que realizaba en virtud de ellas las cumplía no como Mensajero, sino a título personal? Si no es posible semejante atrevimiento, entonces, después de la labor adicional que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) realizó, además de recitar y hacer escuchar únicamente las palabras del Corán, al enseñar el Libro y la sabiduría, y después de la labor de formar al individuo y a la sociedad que llevó a cabo mediante sus palabras y sus actos, ¿no equivale a negar la propia misión profética no reconocer esa labor como un testimonio válido y autorizado recibido de Allah?

El papel del Mensajero como intérprete del Libro de Allah

En la sura An-Nahl, Allah dijo:

(Árabe***************************página 272 del PDF)

«(¡Oh, Profeta!) Te hemos revelado este Libro con el propósito de que expliques e interpretes a la gente esta enseñanza que les ha sido revelada». —(Versículo 44)

Este versículo deja claro que explicar e interpretar las instrucciones y los consejos que Allah ha dado en el Corán también formaba parte de la responsabilidad del Profeta. Incluso una persona común con sentido común puede entender, al menos, que la explicación e interpretación de un libro no se completa simplemente leyéndolo en voz alta; el intérprete debe decir algo más que las palabras principales del libro, para que el oyente comprenda bien su contenido. Si alguna afirmación del libro está relacionada con un asunto práctico, el intérprete, mediante una demostración práctica, muestra que el autor aprueba actuar de ese modo. De lo contrario, si alguien pregunta por el significado y la explicación del contenido del Libro y se le responden únicamente las mismas palabras del Libro, ni siquiera un niño aceptaría eso como explicación e interpretación. Ahora cabe preguntar: según el contenido de este versículo, ¿el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) era intérprete del Corán en calidad de individuo, o fue designado como intérprete? Aquí Allah, exaltado sea, dice que el propósito de revelar el Corán al Mensajero era que el Mensajero explicara su significado mediante sus palabras y sus actos. Entonces, ¿cómo es posible separar y desvincular de la responsabilidad general de su misión profética la responsabilidad de explicar el Corán que le había sido confiada? ¿Y cómo puede alguien aceptar el Corán que él trajo y, al mismo tiempo, negar la explicación e interpretación que él proporcionó? ¿No equivaldría eso a negar la propia misión profética?

En verdad, este versículo constituye una prueba irrefutable contra quienes, en aquella época, negaban la profecía de Muhammad (la paz sea con él) alegando que el Libro de Allah no podía llegar por medio de un ser humano; del mismo modo, constituye hoy una prueba irrefutable contra quienes niegan los hadices y se inclinan por aceptar únicamente el Corán, sin la explicación e interpretación del Profeta. Por lo general, presentan cuatro argumentos al respecto. A veces dicen que el Profeta no ofreció ninguna explicación ni interpretación, sino que simplemente transmitió el Libro de Allah. Otras veces dicen que solo debe seguirse el Libro de Allah y que la explicación e interpretación del Profeta es innecesaria. También dicen que hoy solo el Libro de Allah existe en un estado fiable, mientras que la explicación e interpretación del Profeta no existe en absoluto o, si existe, no se encuentra en un estado fiable. Estas cuatro opiniones entran en conflicto con el mencionado versículo del Corán. En particular, la primera opinión implica que el Profeta hizo fracasar precisamente el propósito por el cual el Libro de Allah fue enviado por medio del Profeta, en vez de ser enviado mediante los ángeles o entregado directamente a los seres humanos. Y la cuarta opinión no es más que una declaración de la negación tanto del Corán como de la profecía de Muhammad (la paz sea con él). Quienes hacen tal declaración no tienen más alternativa que seguir el camino de quienes reivindican una nueva profecía y una nueva revelación. Pues en este versículo Allah considera indispensable la explicación e interpretación del Profeta para alcanzar el objetivo de la profecía, y declara asimismo que la necesidad y la validez de la profecía del Profeta solo pueden demostrarse mediante la explicación del Libro de Allah. Si se acepta como correcta la afirmación de los negadores de los hadices de que ya no queda en el mundo ninguna explicación ni interpretación proporcionada por el Profeta, resulta inevitable llegar a dos conclusiones. Primero, habría que considerar extinguida la existencia de la profecía de Muhammad como modelo digno de ser imitado —¡Dios nos libre!— y admitir que nuestra relación con el Profeta Muhammad (la paz sea con él) es semejante a nuestra relación con los profetas anteriores, como Hud, Salih y Shuayb. Debemos tener fe en los profetas anteriores y reconocer como verdadera su invitación, pero, puesto que no poseemos ningún modelo digno de ser imitado de ellos, no podemos ni estamos obligados a imitarlos. Al llegar a esta conclusión, sentir la necesidad de un nuevo profeta se convierte en algo natural y evidente por sí mismo. Después de esto, solo un necio podría insistir en el sello de la profecía.

Segundo, si, incluso según el propio criterio de Allah, el Corán por sí solo no es suficiente para la guía sin la explicación del Profeta, entonces, por mucho que los llamados seguidores del Corán proclamen a voz en cuello que es suficiente, tal afirmación no puede ser aceptada. Si la afirmación del demandante es de una clase y el testimonio del testigo de otra, ninguna de las dos puede quedar establecida. Por tanto, al llegar a esta conclusión hay que decir que el propio Corán está demostrando la necesidad de un nuevo Libro. ¡Que la maldición de Allah caiga sobre quienes difunden opiniones tan destructoras de la fe! En realidad, mediante el rechazo de los hadices, intentan destruir el propio islam.

El Mensajero como líder y modelo digno de ser imitado

En la sura Al Imrán, Allah, el Altísimo, dice:

(Árabe***************************en la página 274 del PDF)

«Di: “¡Oh, Profeta!, si amáis a Allah, seguidme; entonces Allah os amará. …..Di también: “Obedeced a Allah y al Mensajero”. Y si vuelven la espalda, sabed que Allah no ama a los incrédulos”». —(Sura Al Imrán: 31-32)

En la sura Al-Ahzab, dice:

(Árabe***************************en la página 274 del PDF)

«En el Mensajero de Allah tenéis un modelo excelente. Este modelo es para todo aquel que espera en Allah y en el Último Día». —(Aleya: 21)

En estas dos aleyas, Allah Altísimo mismo eleva a Su Mensajero (s.a.w.) al puesto de liderazgo. Ordena obedecerle y declara que su vida debe ser imitada. Deja claro que, si no obedecéis al Mensajero, no esperéis ningún bien de Mí. Sin esta obediencia no podéis obtener Mi amor. Abstenerse de obedecer es incredulidad. Ahora cabe preguntar: ¿se proclamó el profeta Muhammad (s.a.w.) líder de la humanidad por sí mismo, lo eligieron los musulmanes o lo nombró Allah? En el lenguaje del Corán, se declara claramente que Allah lo designó y escogió como líder. En tal situación, ¿cómo es posible negarse a obedecerlo e imitarlo? Si alguien responde que obedecer al Mensajero significa obedecer al Corán, no puede calificarse de otra cosa que de disparate; pues, si ese fuera el significado, entonces, Árabe*********)en lugar de Árabe***********)(«seguir el Corán») se habría dicho. Y en ese caso, no tendría ningún sentido llamar a la vida del Mensajero «el mejor modelo».

La función del Mensajero como legislador

Al mencionar al Mensajero de Allah (s.a.w.) en la sura Al-A‘raf, Allah Altísimo dijo:

(Árabe***************************en la página 275 del PDF)

«Él ordena a la gente hacer el bien, les prohíbe hacer el mal, les declara lícitas las cosas puras, les declara ilícitas las cosas impuras y los libera de las cargas y restricciones que pesaban sobre ellos anteriormente». —(Sura Al-A‘raf: 157)

De esta aleya se sabe claramente que Allah Altísimo otorgó al Honorable Mensajero de Allah (s.a.w.) facultades legislativas (Legislative Powers). La lista de preceptos y prohibiciones de Allah no termina con aquello que el Corán describe como lícito e ilícito, ni con las acciones buenas y malas; también forman parte de la ley de Allah todas las cosas que el Profeta ordenó o prohibió. Pues el Profeta formuló estos preceptos y prohibiciones ejerciendo la autoridad que Allah le había concedido. En la sura Al-Hashr también encontramos una declaración igualmente clara:

(Árabe***************************en la página 275 del PDF)

«Aceptad lo que el Mensajero os dé y absteneos de aquello que os prohíba, y temed a Allah. Allah es severo en el castigo». –(Aleya: 7)

Ninguna de estas dos aleyas puede interpretarse diciendo que en ellas se habla únicamente de los mandatos y prohibiciones contenidos en el Corán. Lo apropiado sería calificar tal interpretación, no de explicación, sino de un intento de corregir y, por tanto, alterar las aleyas de Allah. Pues aquí Allah menciona claramente como función del Mensajero ordenar las buenas obras, impedir las malas y determinar lo halal y lo haram, y no como función del Corán. ¿Acaso alguien quiere decir que Allah se equivocó y que, en lugar del Corán, mencionó por error el nombre del Mensajero? —(¡Allah nos libre!)

La función del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como juez

Allah Todopoderoso ha mencionado en varios lugares del Corán que nombró al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como juez. Observemos, como ejemplo, algunas aleyas:

(Árabe***************************en la página 275 del PDF)

“(¡Oh, Profeta!) Te hemos revelado el Libro verdadero, para que puedas juzgar y decidir entre la gente a la luz de la evidencia mostrada por Allah”.–(Sura An-Nisá: 105)

(Árabe***************************en la página 276 del PDF)

“(¡Oh, Profeta!) Di: «He creído en el Libro que Allah ha revelado y se me ha ordenado hacer justicia entre vosotros»”.–(Sura Ash-Shura: 15)

(Árabe***************************en la página 276 del PDF)

«Cuando se convoca a los creyentes ante Allah y Su Mensajero para que él juzgue entre ellos, dicen: “Hemos oído y obedecido”». —(Sura An-Nur: 51)

(Árabe***************************en la página 276 del PDF)

«Y cuando se les dice: “Venid a lo que Allah ha revelado y al Mensajero”, verás que los hipócritas se apartan de ti». —(Sura An-Nisa: 61)

(Árabe***************************en la página 276 del PDF)

«Pero no, ¡por tu Señor!, no creerán hasta que te tomen como juez en sus disputas; luego no encuentren en su interior ninguna objeción respecto a tu decisión y la acepten plenamente». —(Sura An-Nisa: 65)

Estos versículos dejan claro que el Mensajero de Allah (la paz sea con él) no era un juez autoproclamado ni elegido por los musulmanes. Era un juez designado por Allah. Del tercer versículo se sabe que su responsabilidad como juez no estaba separada ni desvinculada de su responsabilidad como Mensajero. Era también juez en calidad de Mensajero. Por ello, la fe de un creyente en la misión profética no puede ser correcta mientras no acepte también la obediencia al Mensajero como juez. En el cuarto versículo (Árabe**********)se mencionan por separado tanto el Corán como el Mensajero; de ello queda claro que existen dos fuentes eternas de juicio para tomar decisiones: una es el Corán en cuanto a la ley, y la otra es el Mensajero en calidad de juez. Desobedecer a cualquiera de los dos es obra de un hipócrita, no de un creyente. En el último versículo se afirma de manera concluyente e inequívoca que quien no acepta al Mensajero como juez no es creyente. Incluso si alguien siente la menor vacilación o reparo en aceptar la decisión del Mensajero, su fe queda anulada. Después de estas declaraciones explícitas del Corán, nadie tiene motivo para afirmar que el profeta Muhammad (la paz sea con él) era ciertamente juez, pero no en calidad de Mensajero, sino que era un juez o magistrado como los jueces y magistrados ordinarios. Por tanto, así como las sentencias de los jueces y magistrados ordinarios no son fuente de la ley, tampoco los fallos judiciales del Profeta son fuente de la ley. Pues ninguno de los magistrados ordinarios del mundo posee una dignidad tal que, si alguien no acata su fallo, lo critica o vacila en aceptarlo, exista el temor de que pierda la fe.

La función del Mensajero como gobernante y estadista

El Corán ha declarado repetidamente con claridad que el Profeta (la paz sea con él) era un gobernante y estadista designado por Allah, y que esta dignidad también le fue concedida precisamente en su calidad de Mensajero.

(Árabe***************************en la página 277 del PDF)

«No he enviado a ningún Mensajero sino para que se le obedezca con la autorización de Allah (sanción)».—(Sura An-Nisá: 64)

(Árabe***************************en la página 277 del PDF)

«Quien obedece al Mensajero, obedece a Allah mismo».—(Sura An-Nisá: 80)

(Árabe***************************en la página 277 del PDF)

«(¡Oh, Profeta!) Ciertamente, quienes te prestan juramento de fidelidad se lo prestan en realidad a Allah».—(Sura Al-Fath: 10)

(Árabe***************************en la página 277 del PDF)

«¡Oh vosotros que habéis creído! Obedeced a Allah y obedeced al Mensajero, y no malogréis vuestras buenas obras». —(Sura Muhammad: 33)

(En la página 277 del PDF árabe)

«Ningún hombre ni mujer creyente tiene derecho a decidir por su cuenta cuando Allah y Su Mensajero han resuelto un asunto. Y quien desobedece a Allah y a Su Mensajero se extravía en un claro extravío».

(En la página 277 del PDF árabe)

«¡Oh vosotros que habéis creído! ¡Obedeced a Allah y obedeced al Mensajero! Y obedeced a los ulul amr entre vosotros. Luego, si discrepáis sobre algún asunto, ved qué han dicho Allah y el Mensajero al respecto, si creéis en Allah y en el Último Día». —(Sura an-Nisa: 59)

De estas aleyas se sabe claramente que el Mensajero no es el gobernante autoproclamado del Estado que estableció, ni tampoco el jefe de Estado elegido por el pueblo; más bien, es un jefe de Estado designado por Allah. La administración de su Estado no es algo separado ni distinto de la dignidad y responsabilidad de su misión profética. Al contrario, ser Mensajero significa precisamente ser un gobernante cuya obediencia y seguimiento deben observarse en todos los aspectos. Obedecerlo es obedecer al propio Allah. Y prestar juramento de obediencia a él (bay‘at) es prestar juramento de obediencia al propio Allah. Desobedecerlo significa desobedecer al propio Allah, y la consecuencia de ello es que ninguna buena obra del ser humano será aceptada por Allah. Y respecto de aquello sobre lo que el Mensajero haya dictado una resolución, los creyentes —entre los que se incluyen toda la umma, sus gobernantes y el «liderazgo central»— no tienen derecho a tomar por cuenta propia ninguna decisión.

Por último, en la aleya se expone esta afirmación de forma aún más clara y categórica. En esta aleya se ordena sucesivamente obedecer a tres autoridades:

Primero, obedecer a Allah.

Después, la obediencia al Mensajero.

En tercer lugar, la obediencia a los ulul-amr (a quienes los que rechazan los hadices suelen referirse como el «liderazgo central»).

De esto se desprende, en primer lugar, que el Mensajero no está incluido entre los ulul-amr, sino que su rango es distinto y superior al de ellos. Después de Allah, su rango ocupa el segundo nivel. En segundo lugar, es posible discrepar de los ulul-amr, es decir, de quienes tienen responsabilidad y autoridad. Pero no se puede discrepar del Mensajero. En tercer lugar, para resolver las discrepancias hay que recurrir a dos fuentes aceptables. Una es Allah y la segunda, inmediatamente después, es el Mensajero de Allah. Si la única fuente para resolverlas fuera Allah, no tendría sentido mencionar al Profeta. Recurrir a Allah significa presentarse ante el propio Mensajero durante su vida. Y después del fallecimiento del Mensajero, recurrir a su sunna o a sus hadices.

Incluso, examinándolo detenidamente, se comprenderá que aun durante la vida del propio Mensajero, en la mayoría de los casos los problemas se resolvían basándose en los hadices o la sunna del Mensajero. Hacia el final de la época del Mensajero de Allah (s.a.), el dominio islámico se había extendido por toda la península arábiga. En un país tan enorme y vasto, con una superficie de diez a doce lakh de millas cuadradas, de ningún modo era posible obtener directamente del Mensajero de Allah (s.a.) una decisión sobre cada asunto. Por ello, necesariamente, en el gobierno islámico de aquella época, la otra fuente del derecho —después del Corán— a la que los gobernadores, jueces y demás administradores debían recurrir para resolver los asuntos de sus jurisdicciones no era otra que la sunna o los hadices del Mensajero.

El procedimiento de la administración de justicia durante la época del Profeta (s.a.)

Durante la vida del Profeta (s.a.), él mismo resolvía los problemas que se le presentaban directamente, explicando cuál era la voluntad de Allah y del Mensajero. Sin embargo, los problemas a los que se enfrentaban todos los habitantes del Estado islámico no se presentaban ante él, ni se obtenía directamente de él su solución. En su lugar, en las distintas regiones del país se designaban, en su nombre, personas que enseñaban la religión a la gente, y el pueblo les consultaba sobre sus asuntos cotidianos para saber cuáles eran las instrucciones del Libro de Allah y qué enseñanzas había impartido el Mensajero de Allah. Además, en cada localidad se designaban emires, funcionarios del gobierno y cadíes, quienes resolvían por sí mismos los asuntos relacionados con sus respectivas funciones. Para estas personas, (Árabe************)el método que el Profeta prefería para cumplir el propósito se expone en el famoso hadiz de Mu‘adh ibn Yabal (r.a.):

(árabe***************************en la página 279 del PDF)

«Cuando el Mensajero de Allah (s.a.) nombró juez a Mu‘adh ibn Yabal y lo envió al Yemen, le preguntó: “¿Cómo emitirás tus decisiones?”. Él respondió: “Siguiendo la guía que se encuentra en el Libro de Allah”. Entonces el Profeta preguntó: “¿Y si no se encuentra allí?”. Mu‘adh (r.a.) respondió: “Entonces, según la sunna del Mensajero”. El Profeta volvió a preguntar: “¿Y si tampoco se encuentra en la sunna del Mensajero?”. Él respondió: “Me esforzaré por practicar el iytihad, aplicando mi propio juicio y discernimiento para alcanzar la decisión correcta”. Entonces el Profeta (s.a.) dijo: “Alabado sea Allah, que ha concedido al representante del Mensajero la capacidad de adoptar el método elegido por el Mensajero”». (Tirmidhi, Abu Dawud)

La dignidad del Mensajero en los principios constitucionales del sistema de vida islámico

(Árabe***************************en la página 279 del PDF)

«¡Oh, creyentes! Obedeced a Allah, obedeced al Mensajero y a aquellos que tienen autoridad para mandaros. Luego, si discrepáis en algún asunto, remitidlo a Allah y al Mensajero, si verdaderamente creéis en Allah y en el Último Día. Esto es lo más correcto y lo mejor en cuanto a sus consecuencias». —(Sura an-Nisā’: 59)

Este versículo constituye la base de todo el sistema religioso, social y político del islam, así como la primera disposición del sistema de gobierno del Estado islámico. En él se han establecido de manera permanente los siguientes principios fundamentales:

Primero: En la ley islámica, la obediencia primordial está reservada a Allah, el Altísimo. Un musulmán es, ante todo, siervo de Allah; todo lo demás viene después. Tanto la vida personal de cada musulmán como su organización social tienen como único centro y objetivo cumplir los mandatos de Allah y obedecerle. Cualquier otra obediencia solo puede prestarse si no entra en conflicto con la obediencia a Dios, sino que está subordinada a ella. De lo contrario, frente a la obediencia esencial y fundamental, se rechazará a todo aquel que reclame cualquier otra obediencia. Esto mismo lo expresó el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de la siguiente manera:(Árabe*************)«No está permitido obedecer a la criatura desobedeciendo al Creador».

Segundo: El segundo principio fundamental de la ley islámica es la obediencia al Mensajero. No es una obediencia independiente, sino la única forma real y efectiva de obedecer a Allah. El Mensajero debe ser seguido porque él es el único medio fiel y digno de confianza por el que las órdenes de Allah llegan hasta nosotros. Por tanto, obedecer al Mensajero es el único medio y camino para obedecer a Allah. Así como la obediencia a Allah no es aceptable por un medio distinto del aprobado por el Mensajero, negar la obediencia al Mensajero equivale a rebelarse contra Dios. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) expresó esta afirmación con mayor claridad:

(Árabe***************************en la página 280 del PDF)

«Quien me obedece, obedece a Allah; y quien me desobedece, desobedece a Allah. Esto también se afirma claramente en el Corán, como se expondrá más adelante».

Tercero: después de los dos tipos de obediencia mencionados, la tercera obediencia que es indispensable para los musulmanes es la obediencia a los ulul amr, que deben proceder de entre los propios musulmanes. En esencia, esta obediencia depende de las dos obediencias mencionadas; no es algo independiente de ellas. En el Corán se les denomina «ulul amr». Entre ellos se encuentran quienes dirigen todos los asuntos de la vida colectiva de los musulmanes. Pueden ser eruditos que ejerzan liderazgo en los ámbitos intelectual y del pensamiento; dirigentes políticos, administradores, jueces, o también jefes y notables de barrios y asentamientos que ejerzan liderazgo en asuntos culturales y sociales. En resumen, quien, en virtud de su función, tenga autoridad para dar órdenes a los musulmanes tendrá asimismo, en virtud de esa función, derecho a recibir su obediencia. No es correcto provocar desorden en la vida social de los musulmanes entrando en discrepancia con él. Sin embargo, la condición es que sea musulmán y obediente a Allah y al Mensajero; estas dos condiciones son indispensables para que se le obedezca. Esta condición aparece mencionada tanto en la aleya citada como explicada detalladamente en los hadices. Los siguientes hadices son dignos de consideración:

(Árabe***************************en la página 281 del PDF)

«Es obligatorio para los musulmanes obedecer las órdenes de los ulul amr, les resulten agradables o no, siempre que no se ordene cometer un pecado. Pero si se ordena cometer un pecado, no se debe obedecer en absoluto».

(Árabe***************************en la página 281 del PDF)

«No se debe obedecer a nadie en aquello que implique desobediencia a Allah y al Mensajero; solo se debe obedecer en lo bueno».—(Al-Bujari y Muslim)

(Árabe***************************en la página 281 del PDF)

«El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: gobernarán sobre vosotros algunas personas cuyos actos serán en parte buenos y en parte malos. Quien manifieste desaprobación por sus malas acciones quedará libre de culpa. Y quien las deteste también estará a salvo. Pero quien se complazca en ellas y comience a seguirlas no tendrá salvación. Los Compañeros preguntaron: “¿Acaso no debemos combatir contra gobernantes de ese tipo?”. El Profeta respondió: “No combatáis mientras mantengan la oración”».—(Muslim)

Es decir, si abandonan la oración, debe entenderse que han abandonado la obediencia a Allah y al Mensajero. En tal caso, será lícito luchar contra ellos.

(Árabe***************************en la página 281 del PDF)

“El Profeta (s. a. s.) dijo: Los peores de vuestros dirigentes serán aquellos hacia quienes sentiréis ira y que sentirán ira hacia vosotros. Vosotros los maldeciréis y ellos os maldecirán. Los compañeros preguntaron: ¡Oh, Mensajero de Dios! Cuando se presente tal situación, ¿no lucharemos contra ellos? Él respondió: No lo hagáis mientras mantengan establecida entre vosotros la oración”. —(Muslim)

Este hadiz ha hecho aún más estricta la condición mencionada anteriormente. A partir del hadiz precedente podía entenderse que no estaba permitido rebelarse contra los gobernantes siempre que observaran la oración únicamente en su vida personal; pero este hadiz deja claro que rezar significa, en realidad, establecer el sistema de la oración en la vida colectiva de los musulmanes. Es decir, no basta con que ellos mismos recen, sino que además es indispensable que su gobierno establezca el sistema de la oración. De ese modo se entenderá que su gobierno es, al menos en principio, un gobierno islámico. De lo contrario, habrá que entender que dicho gobierno se ha desviado del islam, y será lícito que los musulmanes emprendan la lucha para destituirlo. A este respecto, otra narración dice que uno de los pactos que el Mensajero de Dios (s. a. s.) nos exigió fue:

(Árabe***************************en la página 282 del PDF)

Es decir: “Si no luchamos contra nuestros dirigentes y gobernantes, pero vemos una incredulidad manifiesta en sus actos, tendremos argumentos y pruebas que presentar ante Dios para justificar nuestra lucha contra ellos”. (Bujari, Muslim)

Cuarto: En la aleya mencionada se ha establecido como un principio eterno e incontrovertible que, en el sistema estatal islámico, las órdenes de Dios y la tradición normativa del Mensajero (el Corán y la Sunna) son la fuente fundamental de la ley (Autoridad final). Cualquier disputa que surja entre los musulmanes o entre los gobernantes y los gobernados debe resolverse a la luz del Corán y la Sunna, y todos deben aceptar esa resolución con la cabeza inclinada y sin objeción. Reconocer así el Libro de Dios y la Sunna del Mensajero como la fuente última y definitiva de decisión, como apoyo y autoridad en todos los problemas de la vida, es precisamente la característica esencial del sistema islámico que lo distingue de los sistemas no islámicos y rebeldes contra Dios. Todo sistema en el que esta característica esté ausente es, sin duda, un sistema no islámico. En este sentido, algunos preguntan: ¿Cómo pueden aceptarse el Libro de Dios y la Sunna del Mensajero de Dios como la única fuente y autoridad para resolver todos los problemas de la vida? En el Corán y el hadiz no están registrados en absoluto reglamentos relativos a los municipios, los ferrocarriles, las oficinas de correos y asuntos semejantes. En realidad, este tipo de preguntas surge por no comprender los principios fundamentales del islam. La diferencia entre el musulmán y el incrédulo es que el incrédulo desea una libertad absoluta y sin freno. En cambio, el musulmán, después de reconocerse esencialmente como siervo de Dios o esclavo obediente, solo disfruta de libertad en aquellos ámbitos en los que Dios le ha concedido libertad. El incrédulo toma decisiones en todos sus asuntos conforme a leyes y normas elaboradas por él mismo, y no siente en absoluto la necesidad de ninguna autoridad o fuente otorgada por Dios. Por el contrario, el musulmán intenta saber, ante todo y en cada uno de sus actos, cuál es la norma de Dios y de Su Mensajero. Si encuentra allí una instrucción sobre el asunto correspondiente, la acepta y actúa conforme a ella. Si no encuentra ninguna instrucción, solo entonces toma una decisión de manera independiente. El hecho de que Dios y el Mensajero no hayan dado ninguna instrucción sobre un asunto determinado demuestra que en ese ámbito se le ha concedido libertad para emitir opiniones y tomar decisiones; por eso aplica libremente su propio criterio.

 

La revelación de una revelación adicional al Profeta (s. a. s.), aparte del Corán

(Árabe***************************en la página 284 del PDF)

«¡Oh, Profeta! No muevas la lengua para apresurarte a memorizar esta revelación. Nosotros tenemos la responsabilidad de hacer que la recuerdes y de hacértela recitar. Cuando la recitemos, escucha atentamente. Luego también nos corresponde explicarte su significado».

Este es un versículo sumamente importante. De él se deducen varios principios fundamentales que, si se comprenden bien, pueden protegernos de muchas confusiones del pasado y del presente. En primer lugar, demuestra claramente que al Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, no solo le era revelada la revelación contenida en el Corán, sino que también, mediante la revelación, se le otorgaban conocimientos ajenos al Corán. Pues, si el significado de las disposiciones coránicas, de sus sutiles indicaciones y alusiones, y de sus términos especiales que se le explicaba al Profeta ya estuviera contenido en el Corán, no habría sido necesario decir que a Mí me corresponde explicarle su significado y aclararlo. En tal caso, esas explicaciones y aclaraciones se encontrarían en el propio Corán. Por tanto, hay que reconocer que la explicación del Corán realizada por Allah necesariamente es extrakoránica. Así, encontramos en el propio Corán otra prueba de la revelación oculta.

En segundo lugar, la explicación del significado del Corán y de sus disposiciones que Allah dio a conocer al Profeta tenía como propósito que él explicara el Corán a la gente mediante sus palabras y sus actos, y les enseñara a actuar conforme a sus disposiciones. Si ese no hubiera sido el propósito y se le hubiera comunicado este conocimiento para que lo mantuviera limitado a sí mismo, habría sido un acto carente de sentido, pues no le habría ayudado a cumplir con la responsabilidad de la profecía. Por ello, afirmar que este conocimiento relativo a la explicación y aclaración no puede considerarse una fuente para la legislación de la sharía no es más que una necedad. Allah Todopoderoso dijo expresamente en el versículo 44 de la sura An-Nahl:

(árabe***************************en la página 284 del PDF)

«Te hemos revelado este Libro con el propósito de que expliques a la gente su significado»—[Para una explicación detallada del versículo, véase Tafhim al-Qur’an, volumen séptimo, nota 40 de An-Nahl]. Además, en cuatro lugares del Corán Allah Todopoderoso ha afirmado claramente que la función del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, no consiste únicamente en recitarles el Libro de Allah, sino también en enseñarles este Libro—(sura Al-Baqara, versículos 129 y 151; sura Al Imrán, versículo 164; sura Al-Yumu‘a, versículo 2)—[He explicado detalladamente estos versículos, de las páginas 74 a 77, en la obra titulada «La posición jurídica de la Sunna»—el autor].

Después de aceptar el Corán, nadie puede dejar de reconocer que la explicación del Corán que el Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, ofreció mediante sus palabras y sus actos es la explicación más pura, más fidedigna y verdaderamente oficial del Corán. Porque no es una explicación personal suya, sino la explicación que le enseñó Allah Todopoderoso, el Autor del Corán. Dar una explicación inventada de cualquier versículo o palabra del Corán, omitiendo o soslayando esta explicación, es un acto de enorme atrevimiento que ninguna persona creyente puede cometer.

En tercer lugar, todo aquel que estudia el Corán sabe que contiene muchas cosas cuyo verdadero significado y cuya manera de llevar a la práctica las disposiciones que contienen no puede comprender una persona conocedora del árabe limitándose a leer sus palabras. Tomemos, por ejemplo, la palabra «salat» (Árabe****)palabra que, después de la fe, es la práctica que el Sagrado Corán ordena realizar con mayor énfasis. Sin embargo, nadie puede descubrir su significado exacto únicamente con la ayuda de un diccionario árabe. Al observar que esta palabra se menciona repetidamente en el Corán, como mucho puede comprenderse que en la lengua árabe se emplea con un significado práctico especial y que probablemente se denomina «salat» a un tipo particular de práctica que los creyentes deben realizar. Pero nadie puede determinar, leyendo solamente el Corán, en qué consiste esa práctica concreta ni cómo debe realizarse. La cuestión es: si Allah, al enviar el Corán, no hubiera enviado también de Su parte un maestro para comunicarle el significado exacto de este término y explicarle cabalmente el método de llevar a la práctica las disposiciones relativas a la «salat», ¿habrían podido siquiera dos musulmanes del mundo ponerse de acuerdo en adoptar un único método para cumplir las disposiciones relativas a la «salat» basándose solo en la lectura del Corán? Sin embargo, desde hace mil quinientos años los musulmanes vienen realizando la oración de la misma manera, transmitida de generación en generación. En todas las regiones del mundo, millones y millones de musulmanes vienen cumpliendo del mismo modo la disposición relativa a la oración. La única razón es que Allah Todopoderoso no se limitó a revelar al Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, las palabras del Corán, sino que también le hizo comprender plenamente sus significados. Y el Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, continuó enseñando esos significados, explicándoselos a quienes habían aceptado el Corán como el Libro de Allah y a él como el Mensajero de Allah.

En cuarto lugar, no tenemos otro medio para conocer la explicación de las palabras del Corán que Alá enseñó a Su Mensajero y que el Mensajero enseñó a la comunidad mediante sus palabras y actos, aparte de la Sunna y los hadices del Mensajero. Hadiz significa las narraciones relativas a las palabras y los actos del Profeta, transmitidas de las generaciones anteriores a las posteriores por narradores fidedignos y con mención de sus nombres. Por Sunna se entiende el método y la práctica que, como resultado de la enseñanza impartida mediante las palabras y los actos del Profeta, se estableció efectivamente en la vida individual y colectiva de la sociedad musulmana. Las generaciones posteriores recibieron el relato detallado de ese método y esa práctica de las generaciones anteriores mediante cadenas fiables de transmisión, y también vieron cómo se aplicaba en las sociedades de las generaciones precedentes. Negar este medio de conocimiento significaría que Alá (Árabe*****)había asumido la responsabilidad de explicar al Mensajero el sentido del Corán, pero había fracasado en el cumplimiento de esa responsabilidad —¡Dios nos libre!—. Pues Alá no asumió esta responsabilidad únicamente para explicar personalmente al Mensajero el sentido del Corán, sino que la asumió precisamente para explicárselo a toda la comunidad por medio del Mensajero. Por tanto, negar que el hadiz y la Sunna sean fuentes de la ley hace inevitable, por sí mismo, aceptar que Alá fracasó en el cumplimiento de esa responsabilidad —¡Dios nos libre!—. En respuesta, algunos dicen que también se fabricaron muchos hadices falsos. Yo diría que precisamente la fabricación de hadices falsos demuestra, más que nada, que en los primeros tiempos del islam toda la comunidad otorgaba categoría jurídica a las palabras y los actos del Mensajero de Alá (s. a. s.). De no ser así, ¿por qué quienes querían difundir la confusión habrían sentido la necesidad de fabricar hadices falsos? Quienes fabrican billetes falsos falsifican precisamente la moneda que circula en el mercado. ¿Qué necio falsificaría una moneda que no tiene curso? Además, quienes esgrimen el pretexto de los hadices falsos quizá no sepan que, para impedir que se difundiera un hadiz apócrifo atribuido a aquel gran hombre cuyas palabras y actos tienen valor jurídico, la nación musulmana adoptó desde el principio una vigilancia rigurosa. Y, con el tiempo, estableció medidas cada vez más estrictas para distinguir lo falso de lo auténtico. La ciencia de distinguir los hadices auténticos de los inauténticos es una disciplina extraordinaria que ninguna otra nación del mundo, aparte de los musulmanes, ha logrado desarrollar hasta hoy. Quienes, sin adquirir esta ciencia y dejándose engañar únicamente por los orientalistas, consideran inaceptables el hadiz y la Sunna son profundamente desdichados. Con su insolente ignorancia, no saben cuánto daño están causando al islam.

Determinación de la qibla

Está demostrado por el Corán que, además del Corán, llegaban al Profeta instrucciones mediante la revelación, y que se le ordenó obedecer ambos tipos de revelación.

(Árabe********************************en la página 286 del PDF)

«La qibla que hasta ahora observabas la establecí únicamente para comprobar quién obedecía al Mensajero y quién no». —Sura al-Baqara, 143—

Este es el versículo más claro, que elimina toda posibilidad de interpretación errónea. Este versículo demuestra que es falsa la idea de que al Profeta no le llegaba ninguna revelación aparte del Corán. Pues en el Corán no hay ninguna instrucción sobre la qibla que los musulmanes observaban antes de que la Kaaba fuera declarada qibla. Sin embargo, es innegable que el Profeta Muhammad (s. a. s.) determinó la qibla desde los comienzos del islam y que, durante casi catorce años, él y los compañeros rezaron vueltos hacia ella. Después de catorce años, Alá, en este versículo de la sura al-Baqara, respaldó la decisión del Profeta y declaró: «Yo había establecido aquella qibla». Había establecido aquella qibla por medio del Mensajero para comprobar quién seguía las palabras del Mensajero y quién no. De esto se demuestra claramente, por una parte, que además del Corán también descendía revelación sobre el Mensajero de Alá (s. a. s.). Por otra parte, también se supo que los musulmanes están obligados a obedecer las instrucciones del Mensajero de Alá (s. a. s.) aunque no se mencionen en el Corán. Incluso Alá pone a prueba de esta manera si los musulmanes creen o no en el Mensajero: comprobando si obedecen la instrucción transmitida por medio de él. Ahora bien, si se acepta que sobre el Profeta Muhammad (s. a. s.) no descendía ninguna revelación aparte del Corán, ¿cómo recibió entonces aquella instrucción relativa a la qibla? ¿No se comprende de ello que también recibía instrucciones que no figuran en el Corán?»

La profecía de la conquista de La Meca

El Mensajero de Alá (s. a. s.) soñó en Medina que había entrado en La Meca y estaba realizando el tawaf alrededor de la Kaaba. Informó de ello a los compañeros y partió para realizar la umra acompañado de mil cuatrocientos compañeros. Los incrédulos de La Meca le bloquearon el paso en un lugar llamado Hudaybiyyah. Finalmente se concluyó el Tratado de Hudaybiyyah. Algunas dudas y vacilaciones surgieron en el corazón de ciertos compañeros. Hazrat Umar (r. a.), en nombre de ellos, preguntó: «¡Mensajero de Alá! ¿Acaso no nos informaste de que entraríamos en La Meca y realizaríamos la umra?»

El Profeta dijo: «¿Acaso dije que sucedería en este mismo viaje?»

A este respecto, Allah dice en el Corán:

(Árabe********************************en la página 287 del PDF)

«Ciertamente, Allah hizo que Su Mensajero viera en sueños la visión verdadera. Si Allah quiere, entraréis sin temor en la Mezquita Sagrada, con la cabeza afeitada y el cabello recortado, en paz. Allah sabía lo que vosotros no sabíais. Por ello, antes de eso, os concedió esta victoria cercana (la tregua de Hudaibiya)». —(Sura Al-Fath: 27)

De esto se entiende que, mediante un sueño, se le había dado a conocer al Profeta la manera de entrar en La Meca. Él se dirigiría hacia La Meca con sus compañeros. Los incrédulos le impedirían el paso y, finalmente, se alcanzaría una tregua; gracias a esa tregua, al año siguiente también se podría realizar la umra y se abriría el camino para las victorias futuras. ¿Acaso esto tampoco demuestra que recibía orientación por medios distintos del Corán?

Señal oculta

Cuando el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) confió en secreto un asunto a una de sus esposas, ella se lo comunicó a otras personas. El Profeta interrogó a su esposa al respecto: «¿Cómo supo usted que yo había comunicado ese asunto a otros?». El Profeta respondió: «Me lo informó Aquel que es Omnisciente y Conocedor de todo». Así dice Allah, el Altísimo:(Árabe********************************en la página 288 del PDF)

«Y cuando el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) confió en secreto un asunto a una de sus esposas, y ella lo comunicó a otras personas, y luego Allah informó al Profeta de lo sucedido, este le dio a conocer a aquella esposa una parte de su falta y pasó por alto otra. Cuando le informó de su falta, ella dijo: “¿Quién le informó de esto?”. Él respondió: “Me informó Allah, el Omnisciente, el Conocedor de todo”». —(Sura At-Tahrim: 3)

La revelación mediante la cual Allah informó al Profeta sobre el asunto de haber divulgado el secreto de su esposa no se encuentra en ninguna parte del Corán. Si no se encuentra allí, entonces queda demostrado que Allah enviaba al Mensajero de Allah (s.a.s.) muchos mensajes además del Corán.

El matrimonio de Zaynab

Zayd ibn Haritha (r.a.), el hijo adoptivo del Profeta (s.a.s.), se divorció de su esposa y, después, el Profeta se casó con la mujer de la que él se había divorciado. Entonces los hipócritas y los opositores emprendieron contra él una campaña de propaganda virulenta y formularon diversas acusaciones. Allah respondió a estas acusaciones en toda una sección de la sura Al-Ahzab. Dejó claro que mi Profeta no contrajo este matrimonio por iniciativa propia, sino por mandato mío.

(Árabe********************************en la página 288 del PDF)

«Y cuando Zayd hubo terminado su relación con ella, te la dimos en matrimonio, para que los creyentes no tuvieran reparo en casarse con las mujeres divorciadas de sus hijos adoptivos». —(Aleya 37)

Ya he expuesto el acontecimiento al que se hace referencia en esta aleya. Ahora la pregunta es: antes de este acontecimiento, ¿se encuentra en alguna parte del Corán la orden que Allah Todopoderoso dio al Profeta (s.a.s.) de casarse con la mujer divorciada de Zayd?

La autorización para cortar árboles

El Mensajero de Allah (s.a.s.), exasperado por las continuas violaciones de los pactos por parte de Banu Nadir, sitió sus poblados adyacentes a Medina. Durante el asedio, el ejército islámico cortó muchos árboles de los huertos y jardines de los alrededores para despejar el camino al paso de los soldados. Entonces los opositores armaron un gran alboroto, diciendo que los musulmanes habían cortado árboles frutales, destruido los jardines y causado desorden en el mundo. En respuesta, Allah dice:

(Árabe********************************en la página 289 del PDF)

«Todos los árboles de dátiles que talasteis y los que no talasteis, fue con permiso de Allah».

¿Puede alguien decir en qué versículo del Corán fue revelado este permiso para talar los árboles?

Una promesa hecha antes de la batalla de Badr

Después de concluida la batalla de Badr, cuando surgió la cuestión del reparto del botín, fue revelada la sura Al-Anfal y se hizo una revisión de toda la batalla. La revisión comenzó desde el momento en que el Mensajero de Allah (s.a.s.) salió de su casa para la batalla. A este respecto, Allah se dirige a los musulmanes y dice:

(Árabe********************************en la página 289 del PDF)

«Cuando Allah os prometía que uno de los dos grupos —es decir, el grupo de comerciantes y el ejército de los coraix— caería en vuestras manos, y vosotros deseabais que el grupo débil —el grupo de comerciantes— quedara en vuestro poder. Pero Allah quería establecer la verdad como verdadera mediante Su palabra y quebrar la columna vertebral de los incrédulos». —(Sura Al-Anfal: 7)

Ahora bien, ¿puede identificarse en todo el Corán algún versículo en el que Allah haya prometido a los musulmanes que marchaban hacia Badr que les daría la victoria sobre uno de los dos grupos?

Respuesta a la súplica de ayuda de los musulmanes

En relación con el análisis de la batalla de Badr, en una aleya posterior se dice:

(Árabe********************************en la página 289 del PDF)

«Cuando suplicabais ayuda con angustia, Allah respondió: “Os enviaré mil ángeles, uno tras otro, para ayudaros”».—(Sura Al-Anfal: 9)

¿Pueden decirme en qué aleya del Corán fue revelada esta respuesta a la súplica de los musulmanes?

Ustedes (los que rechazan los hadices) solo pidieron un ejemplo. Yo presenté siete ejemplos del Sagrado Corán. Estos demuestran de manera concluyente que el Profeta recibía revelación aparte del Corán. Antes de entablar cualquier otra discusión, quiero ver si están dispuestos a inclinar la cabeza ante la verdad.

El azán y la oración del viernes

(Árabe********************************en la página 290 del PDF)

«¡Oh, vosotros que habéis creído! Cuando se convoque a la oración el viernes, acudid al recuerdo de Dios y dejad el comercio».—(Sura Al-Yumu‘a: 9)

En esta aleya hay tres aspectos especialmente dignos de atención. Primero, se menciona convocar a la gente a la oración. Segundo, se habla de convocar a una oración especial, que solo se realiza el viernes. Tercero, en esta aleya no se dice: «Convocad a la oración y realizad el viernes una oración de cierto tipo». Por el estilo de exposición y por la secuencia de lo que precede y sigue, se entiende claramente que la gente mostraba negligencia al acudir a la oración y se mantenía absorta en el comercio. Por ello, Dios hizo descender esta aleya para hacerles comprender la importancia de aquella convocatoria y de aquella oración especial, a fin de que la consideraran una obligación y se apresuraran a cumplirla. Al reflexionar sobre estos tres aspectos, la verdad fundamental que queda demostrada de manera irrefutable es que Dios revelaba al Mensajero de Dios (s.a.) ciertas instrucciones que no habían sido reveladas en el Corán, y que dichas instrucciones eran igualmente obligatorias, como las instrucciones reveladas en el Corán.

Esta convocatoria a la oración es el adhan, que resuena cinco veces al día desde las mezquitas de todo el mundo. Sin embargo, en ninguna parte del Corán aparecen las palabras del adhan, ni existe en él ninguna instrucción de realizarlo cinco veces al día. Fue establecido por orden del Profeta. El Corán lo respalda en dos lugares: en esta aleya de la sura Al-Yumu‘a y en la aleya 38 de la sura Al-Ma’ida. Tampoco se encuentra en ninguna parte del Corán una instrucción sobre esta oración especial del viernes, que realizan todos los musulmanes del mundo, ni se indica su horario o su forma. El propio Noble Profeta (s.a.) determinó su horario y su forma. La aleya coránica en cuestión fue revelada únicamente para explicar su obligatoriedad y su importancia. A pesar de esta prueba clara e irrefutable, quien afirma que solo las instrucciones mencionadas en el Corán son instrucciones de la sharía no solo niega en realidad la Sunna y los hadices, sino que también niega el Corán.

Las normas y el procedimiento de la oración

(Árabe********************************página 291 del PDF)

«¿Has visto a quien prohíbe a un siervo orar?».—(Sura Al-‘Alaq: 9-10)

Aquí, «siervo» se refiere al propio Mensajero de Dios (s.a.). En varios lugares del Corán, el profeta Muhammad (s.a.) es mencionado de este modo como siervo, por ejemplo:

(Árabe********************************página 291 del PDF)

“Glorificado sea Aquel que llevó a Su siervo durante una noche a la Mezquita de Al-Aqsa”.—(Sura Bani Israil: 1)

(Árabe********************************en la página 291 del PDF)

“Alabado sea Allah, Quien reveló el Libro a Su siervo”.—(Sura Al-Kahf: 1)

(Árabe********************************en la página 291 del PDF)

“Y cuando el siervo de Allah se levantó para invocarlo, estuvieron a punto de abalanzarse sobre él”.—(Sura Al-Yinn: 19)

De estos versículos se entiende que la manera en que Allah menciona en Su Libro a Su Mensajero como «siervo» es una forma especial y afectuosa de describirlo. Estos versículos también nos enseñan que, después de concederle la profecía al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Allah le enseñó la manera y el método de realizar la oración. En ninguna parte del Corán se menciona ese método. Por consiguiente, aquí queda demostrado una vez más que el Mensajero de Allah no recibía únicamente la revelación del Corán, sino que también se le enseñaban mediante la revelación muchas otras cosas que no aparecen en el Corán.

 

Capítulo 7: La humanidad del Mensajero

La profecía y la humanidad

 

La perspectiva de la ignorancia: un profeta no puede ser humano

En todas las épocas, los ignorantes albergaban la falsa idea de que un ser humano no podía ser profeta. Por eso, cada vez que aparecía un profeta, al verlo vivir con un cuerpo de carne y hueso, comer y beber, y tener esposa, hijos y familia, concluían: «Este no es un profeta, sino un ser humano». Sin embargo, algún tiempo después de su muerte, surgían entre sus admiradores y seguidores personas que comenzaban a proclamar que no había sido un ser humano, precisamente porque había sido un profeta. Así, algunos aceptaron al profeta como Dios, otros como hijo de Dios y otros como una encarnación de Dios. En resumen, la razón de la gente no podía comprender cómo una misma persona podía ser a la vez profeta y ser humano.

La perspectiva de los politeístas de La Meca

En primer lugar, los habitantes de La Meca consideraban extraño que un ser humano pudiera ser profeta. Pensaban que, si alguien debía venir portando el mensaje de Allah, tendría que ser un ángel; no podía venir un ser humano de carne y hueso, que necesitara alimento para vivir. Aun si se hubiera enviado a un ser humano como mensajero, debía ser una figura semejante a un rey, un monarca o una gran personalidad del mundo, alguien a quien la gente anhelara contemplar siquiera una vez y cuyo encuentro fuera sumamente difícil y excepcional. No podía ser que se nombrara profeta de Dios a un hombre común como aquel que caminaba por el mercado haciendo ruido con sus zapatos. Pensaban: ¿quién respetaría a alguien a quien cualquier transeúnte encuentra libremente cada día y en quien nadie puede percibir nada extraordinario en ningún aspecto? En otras palabras, según ellos, si el profeta tenía alguna utilidad, no era para guiar a la gente común, sino para mostrar milagros e impresionar a las personas mediante trucos y prodigios. O, al menos, debería haber un ángel con él que llevara constantemente un látigo en la mano y dijera a la gente: «Obedezcan las palabras de este hombre; de lo contrario, haré descender ahora mismo el castigo de Allah». Según ellos, era realmente asombroso que el Creador del universo enviara completamente solo a un ser humano, otorgándole una dignidad tan elevada como la profecía; y Allah debería haberle asegurado, por lo menos, unos buenos ingresos de mensajero. ¡Qué absurdo que la situación económica del Mensajero de Allah fuera peor que la de un jefe ordinario como cualquiera de nosotros! Un hombre que no tiene dinero en sus manos, que no posee ni siquiera un huerto de frutas, ¡se atreve a afirmar que es el profeta de Allah, Señor de todos los mundos!

Las ideas ignorantes sobre la profecía y el enviado por Dios

Entre los ignorantes siempre estuvo profundamente arraigada la falsa idea de que quien fuera enviado por Dios debía ser necesariamente un ser superior al humano. Debía realizar milagros. Con un solo gesto convertiría una montaña en oro. Daría una orden y, de inmediato, la montaña se convertiría en oro. Conocería todos los estados del pasado y del futuro de la humanidad. Diría dónde se encontraba un objeto perdido, si un enfermo moriría o viviría, y si en el vientre de una embarazada había un hijo varón o una hija. Además, tendría que estar por encima de las debilidades y limitaciones humanas. ¿Cómo podría ser un enviado de Dios un hombre que siente hambre y sed, necesita dormir, tiene esposa, hijos y familia, debe satisfacer sus necesidades comprando y vendiendo, necesita pedir préstamos y se ve obligado a pasar sus días afligido por la pobreza y la indigencia? Cuando oían la afirmación de Su Eminencia el Noble Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), quienes sostenían estas ideas querían preguntarle sobre los secretos y datos del mundo invisible y le exigían milagros. Al verlo como una persona común, decían: «¿Qué clase de profeta es este, que come y bebe, lleva una vida doméstica con su esposa e hijos y anda de un lado para otro por los mercados?»

¿Por qué era indispensable que el profeta fuera humano?

Al explicar el significado de enviar Su palabra (el mensaje inspirado) al profeta, Allah, exaltado sea, dice:

(Árabe********************************página 296 del PDF)

«¡Oh, Profeta! Hemos hecho descender sobre ti este Mensaje para que expliques a la gente la revelación que les ha sido enviada y se la hagas comprender». —(Sura an-Nahl: 44)

Para que se cumpliera el propósito del envío de la revelación, era indispensable que un ser humano fuera profeta. La palabra de Allah podía haber sido enviada también por medio de un ángel. Incluso podía haber sido enviada directamente a cada persona en forma de un libro impreso. Pero el propósito con el que Allah, el Sapientísimo, Infinitamente Misericordioso y Glorioso Sustentador, envió Su palabra, no podía cumplirse simplemente haciéndola llegar de mano en mano. Por eso era necesario un ser humano capacitado, que trajera consigo aquella palabra, se la recitara poco a poco a la gente y explicara a quien no la comprendiera bien. Él disiparía las dudas de quien las tuviera en el corazón y respondería a quien albergara alguna objeción o queja. Frente a quienes no aceptaran su palabra, se opusieran y pusieran obstáculos, mostraría una conducta digna de quien porta la palabra de Allah. A quienes la aceptaran les daría instrucciones sobre cada aspecto y ámbito de la vida. Presentaría su propia vida ante ellos como modelo y, formándolos individual y colectivamente, establecería ante todo el mundo una sociedad ejemplar cuyo sistema integral de normas se consideraría la interpretación práctica de esa palabra de Allah.

Para guiar a la humanidad, un ser humano puede ser profeta

La tarea del portador del mensaje (el profeta) no consiste solamente en venir y transmitir su mensaje. También debe aplicar correctamente ante la gente, en todas sus circunstancias, los principios del mensaje a cuya luz reformará y rectificará la vida humana, y demostrarlo con hechos. Esos principios también deben manifestarse concretamente en su propia vida. Debe encontrar la solución a las numerosas y complejas preguntas que surgen en la mente de las incontables personas diversas que intentan escuchar y comprender su mensaje. Debe organizar y formar a quienes escuchan y aceptan su invitación, para que pueda construirse una sociedad conforme a las enseñanzas de ese mensaje. Debe luchar contra quienes rechazan su invitación, se oponen a ella y levantan resistencia contra él, para que los partidarios de la deformación y del extravío sean derrotados y se complete la obra de reforma y rectificación para la que Allah envió al profeta. Puesto que todas estas tareas deben realizarse en la sociedad humana, ¿qué criatura, aparte de un ser humano, podía ser enviada para ello? Si se hubiera enviado un ángel, a lo sumo habría transmitido la palabra de Allah y luego se habría marchado. Vivir entre los seres humanos como uno de ellos, actuar como ellos y demostrar en su vida la obra de reforma y rectificación conforme a la voluntad de Allah está más allá de la capacidad de un ángel. Para esta tarea, un ser humano podía considerarse el más adecuado.

 

La humanidad de los profetas

—[Aquí solo se han mencionado algunos profetas: aquellos de quienes el Corán afirma explícitamente que eran seres humanos, o sobre quienes el autor ha tratado detalladamente. —(Los compiladores)]

Adán (la paz sea con él) era un ser humano

(Árabe********************************en la página 298 del PDF)

«Primero inicié vuestra creación, luego os di forma. Después ordené a los ángeles: “Postraos ante Adán”». –(Sura Al-A‘raf: 11)

El significado claro de lo dicho anteriormente es el siguiente:

«Primero concebí el plan de vuestra creación y preparé los elementos de la creación. Luego di forma humana a esos elementos. Después, cuando Adán (la paz sea con él) llegó a existir como un ser humano viviente, ordené a los ángeles que se postraran ante él».

La postración que se ordenó ante Adán (la paz sea con él) no fue por ser Adán, sino en su calidad de representante de la humanidad; en otros lugares del Corán se ofrece precisamente esta interpretación de este versículo. Por ejemplo, en el quinto rukū de la sura Ṣād se dice:

(Árabe********************************en la página 298 del PDF)

«Recuerda cuando tu Señor dijo a los ángeles: “He decidido crear a un ser humano de arcilla. Cuando lo haya formado completamente y sople en él un espíritu de los Míos, caeréis postrados ante él”». –(Sura Ṣād: 71-72)–[De esta descripción se demuestra que el primer profeta también fue un ser humano; esta es la creencia unánime del islam. –(El autor)]

El honorable Noé (la paz sea con él) era un ser humano

(Árabe********************************en la página 298 del PDF)

«(El profeta Noé) dijo: No os digo que poseo los tesoros de Allah, ni digo tampoco que conozco lo oculto. Tampoco pretendo ser un ángel. No puedo decir que aquellos a quienes vosotros consideráis despreciables Allah jamás les haya concedido algún bien. Allah conoce mejor su situación. Si dijera algo semejante, estaría entre los injustos».—(Sura Hud: 31)

Esto fue dicho en respuesta a lo que los opositores afirmaban: «Tú no eres más que un ser humano como nosotros». El profeta Noé dice: «En efecto, soy un ser humano. ¿Acaso he pretendido alguna vez ser algo distinto de un ser humano para que planteéis estas objeciones? Mi única afirmación es que Allah me ha mostrado el camino recto y correcto del conocimiento y de la conducta. Comprobad la veracidad de esto como queráis. Pero ¿qué clase de comprobación es esa por la que unas veces me preguntáis sobre noticias de lo oculto y otras me pedís cosas tan absurdas, como si todas las llaves de los tesoros de Allah estuvieran en mis manos? Y otras veces cuestionáis mi alimentación y mi modo de vida humanos, como si hubiera pretendido ser un ángel. A quien afirme mostrar el camino correcto en materia de creencia, moral y organización social podéis preguntarle lo que queráis sobre esos asuntos. Pero lo sorprendente es que preguntéis si la hembra de búfalo preñada de fulano dará a luz un macho o una hembra. Parece como si la gestación de una búfala tuviera alguna relación con la determinación de principios morales y civilizatorios infalibles para la vida humana.»

(Árabe********************************en la página 299 del PDF)

«Los jefes de su pueblo (del profeta Noé) que se negaron a seguirlo dijeron: “Este hombre no es más que un ser humano como vosotros. Su propósito es obtener dominio y superioridad sobre vosotros. Si Allah hubiera querido enviar a alguien, habría enviado ángeles. Nunca oímos decir, en tiempos de nuestros antepasados, que un ser humano pudiera venir como profeta. No, nada de eso; en realidad, el hombre se ha vuelto loco. Esperad unos días más (quizá recupere la razón)”».—(Sura Al-Mu’minun: 24-25)

Un ser humano no puede ser profeta: esta es una idea común entre todos los extraviados. Por eso el Corán ha mencionado repetidamente esta idea ignorante y la ha refutado. Ha afirmado enfáticamente que todos los profetas fueron seres humanos y que, para los seres humanos, el profeta debe ser también un ser humano.

(Árabe********************************en la página 299 del PDF)

«En respuesta, los jefes destacados de su pueblo (del profeta Noé) que se negaban a seguirlo dijeron: “Desde nuestro punto de vista, tú no eres más que un ser humano como nosotros. Y vemos que los únicos que te han seguido, sin comprender ni reflexionar, son los de condición más baja entre nosotros”».—(Sura Hud: 27)

Esta es la antigua excusa y objeción ignorante que los habitantes de La Meca planteaban acerca de Muhammad (s.a.s.): «Es una persona común como nosotros. Come, bebe, se desplaza, duerme, despierta y tiene familia. ¿Cómo vamos a aceptar que ha venido como profeta de parte de Allah?»

(Árabe********************************página 300 del PDF)

«¿Os sorprende que os haya llegado el mensaje de vuestro Señor por medio de un hombre perteneciente a vuestro propio pueblo, para advertiros, para que os apartéis del camino errado y podáis recibir misericordia?» —(Sura Al-A‘raf: 63)

Hud (a.s.) era un ser humano

(Árabe********************************página 300 del PDF)

«Los dirigentes de su pueblo que habían rechazado la fe, negado la verdad de la Otra Vida y a quienes Yo había concedido bienestar y prosperidad en la vida mundana dijeron: “Este no es más que un ser humano como vosotros. Come de lo que vosotros coméis y bebe de lo que vosotros bebéis. Si obedecéis a un ser humano como vosotros, entonces ciertamente seréis de los perdedores”». —(Sura Al-Mu’minun: 33-34)

Algunas personas han entendido erróneamente que ellos se decían estas cosas unos a otros. No, no era así. Sus dirigentes dirigían estas palabras a la gente común. Los dirigentes temían que el pueblo pudiera dejarse influir por la personalidad pura del profeta y por sus cautivadoras palabras; y, si se dejaban influir, ¿sobre quién ejerceríamos nuestro liderazgo? Por eso comenzaron a confundir a la gente mediante discursos repetidos. Decían que todas esas afirmaciones sobre la profecía no eran más que una falsedad, y que él hablaba así únicamente por ambición de poder y fascinación por el cargo. «¡Hermanos! Él es un ser humano de carne y hueso, igual que vosotros. No hay ninguna diferencia entre él y vosotros. Si no la hay, ¿por qué habría de ser él el líder y por qué habríais vosotros de obedecerle?» En esas palabras parecía estar tácitamente aceptado que ellos tenían líderes y jefes, y que estos cargos debían pertenecerles a ellos. Según su concepción, no había lugar para cuestionar que ellos eran seres humanos de carne y hueso y que comían y bebían. Después de todo, eso ya estaba establecido por sí mismo y constituía una verdad evidente. La cuestión era ese nuevo liderazgo que ahora parecía estar consolidándose. También más tarde, quienes se opusieron a alguna persona recién llegada lo hicieron únicamente acusándola de «fascinación por el poder». Cada vez que percibían la existencia de ese elemento en el recién llegado, o sospechaban que existía, sus palabras reproducían exactamente las de aquellos jefes. A sus ojos, nada salvo la ambición de poder y de posición era objetable. Sin embargo, cuando se trataba de ellos mismos, no se podía acusarlos de «ambición de poder». Era como si aquello fuera su alimento natural. Aunque sufrieran indigestión por consumirlo en exceso, tampoco se permitía objetar nada al respecto.

(Árabe***********************************página 301 del PDF)

«Él —es decir, Hazrat Hud— dijo: “¡Oh, pueblo mío! No padezco ninguna insensatez. Soy el Mensajero del Señor de los mundos. Os transmito los mensajes de mi Señor y soy para vosotros un consejero digno de confianza. Os ha llegado el recordatorio de Dios por medio de un hombre de entre vosotros mismos, para advertiros. ¿Acaso os asombráis por ello?”» (Sura Al-A‘raf: 67-69)

(Árabe***********************************en la página 301 del PDF)

«Dijeron: “Si nuestro Señor hubiera querido, habría enviado ángeles. Por eso, no creemos en aquello para lo cual habéis sido enviados”». (Sura Ha-Mim as-Sajdah: 14)

Hazrat Salih y Hazrat Shu‘ayb eran seres humanos

(Árabe***********************************en la página 301 del PDF)

«Ellos —los hombres del pueblo de Zamud— respondieron: “Has sido hechizado. ¿Qué eres sino un ser humano como nosotros? Si dices la verdad, trae una señal”». (Sura Ash-Shu‘ara: 153-154)

(Árabe***********************************en la página 301 del PDF)

«Dijeron: “Has sido hechizado. No eres más que un ser humano como nosotros. Te consideramos un mentiroso”». (Sura Ash-Shu‘ara: 185-186)

Hazrat Musa y Harún eran seres humanos

El Faraón dijo a sus consejeros acerca de Hazrat Musa y Harún:

(Árabe***********************************en la página 302 del PDF)

«¿Acaso vamos a creer en dos seres humanos como nosotros? Y además, en dos hombres cuyo pueblo es nuestro esclavo?»

Todos los profetas fueron seres humanos

(Árabe***********************************en la página 302 del PDF)

«Sus mensajeros les dijeron: “En verdad, no somos más que seres humanos como vosotros. Sin embargo, Allah concede Su gracia a quien quiere de entre Sus siervos”».—(Sura Ibrahim: 11)

Es decir, no cabe duda de que somos seres humanos. Sin embargo, Allah nos ha elegido, por Su gracia, de entre vosotros, para otorgarnos el conocimiento de la verdad y una visión plenamente perspicaz. No tenemos ningún poder sobre ello. Es un asunto que corresponde a la potestad de Allah: Él da a Sus siervos lo que quiere. No podemos decir que transmitiremos a vosotros todo cuanto nos ha llegado. Tampoco podemos cerrar los ojos ante las verdades que llegamos a conocer.

(Árabe***********************************en la página 302 del PDF)

«Les respondieron a los mensajeros: “No sois más que seres humanos como nosotros. Queréis apartarnos de los ídolos que hemos adorado desde los tiempos de nuestros antepasados. Traed, pues, una prueba clara”».—(Sura Ibrahim: 10)

Su argumento era: sois seres humanos exactamente como nosotros. Coméis y bebéis, dormís, tenéis esposas e hijos, sentís el hambre, la sed, la enfermedad, el dolor, el frío y el calor igual que nosotros, y también poseéis las mismas debilidades humanas que nosotros. No vemos en vosotros nada extraordinario. En estas circunstancias, ¿cómo podemos aceptar que sois hombres enviados, que Allah os habla y que los ángeles vienen a vosotros?

 

El profeta Muhammad (s. a.) también era un ser humano

Los incrédulos de La Meca decían que Muhammad (s. a.) no era un Mensajero, pues era un ser humano.

(Árabe***********************************en la página 303 del PDF)

«Dicen: “¿Qué clase de Mensajero es este, que come alimentos y va por los mercados?”»

(Árabe***********************************en la página 303 del PDF)

“Estos malhechores se susurran unos a otros: ¿Qué es este hombre (Muhammad, la paz y las bendiciones de Allah sean con él) sino un ser humano como vosotros? A pesar de ello, ¿os dejaréis hechizar deliberadamente?” —(Sura Al-Anbiya: 3)

Antiguas concepciones de la jahiliya

Al refutar estas concepciones ignorantes de los incrédulos de La Meca, el Sagrado Corán dice que no se trata de una ignorancia nueva que haya aparecido entre ellos por primera vez. Por el contrario, desde tiempos muy antiguos, todos los ignorantes estaban aferrados a la falsa idea de que un ser humano nunca puede ser Mensajero y que un Mensajero nunca puede ser humano. Cuando los líderes y jefes del pueblo de Noé rechazaron la misión profética de Noé, dijeron precisamente:

(Árabe***********************************en la página 303 del PDF)

“Este hombre no es más que un ser humano como vosotros. Quiere imponerse sobre vosotros. Si Allah hubiera querido, habría enviado ángeles. Nunca hemos oído decir a nuestros antepasados que un ser humano pueda ser enviado como Mensajero”.

El pueblo de ‘Ad también dijo lo mismo acerca de Hud:

(Árabe***********************************en la página 303 del PDF)

“Este hombre no es más que un ser humano como vosotros. Come de lo que vosotros coméis y bebe de lo que vosotros bebéis. Ahora bien, si obedecéis a un ser humano como vosotros, ciertamente seréis grandes perdedores”. —(Sura Al-Mu’minun: 33-34)

El pueblo de Zamud dijo lo mismo respecto a Hazrat Salih (la paz sea con él):

(Árabe***********************************PDF, página 303)

«¿Acaso aceptaremos obedecer a un simple ser humano de entre nosotros?» (Sura Al-Qamar: 24)

Casi todos los profetas se enfrentaron a situaciones de este tipo. Los incrédulos decían: (Árabe********)«No sois más que seres humanos como nosotros». Y los profetas les respondían:

(Árabe***********************************PDF, página 304)

«En realidad, no somos más que seres humanos como vosotros; pero Allah favorece con Su gracia a quien quiere de entre Sus siervos». (Sura Ibrahim: 11)

Obstáculos en el camino hacia la guía

Después, el Noble Corán dice que precisamente esta concepción ignorante ha impedido en todas las épocas que la gente acepte la guía. Y por esta razón, la humillación y la desgracia han caído sobre los pueblos.

(Árabe***********************************en la página 304 del PDF)

«¿Acaso no os ha llegado la noticia de quienes anteriormente rechazaron la fe y probaron las consecuencias de sus propias acciones, y para quienes hay reservado un castigo aún más doloroso? Esto les ocurrió porque sus mensajeros acudieron a ellos con pruebas irrefutables. Pero ellos decían: “¿Acaso un ser humano nos va a guiar?”. Por eso rechazaron la fe y se apartaron».—(Sura At-Tagabun: 5-6)

(Árabe***********************************en la página 304 del PDF)

«Cuando la guía llegó a la gente, el único obstáculo que les impidió creer en ella fue que dijeron: “¿Acaso Allah ha enviado a un ser humano como mensajero?”»—(Sura Bani Isra’il: 94)

Ya se ha dicho anteriormente que, en todas las épocas, la gente albergaba la errónea idea de que un ser humano jamás podía ser profeta. Por eso, cada vez que llegaba un mensajero, al verlo comer y beber, vivir con su familia y ser un ser humano de carne y hueso, llegaban a la conclusión de que no era profeta, pues era un ser humano. Asimismo, algún tiempo después de la muerte del profeta, surgía entre sus admiradores y seguidores un grupo de personas que comenzaba a decir que él no había sido humano, precisamente porque había sido profeta. Después, unos empezaban a llamarlo hijo de Dios y otros, encarnación de Dios. En suma, cómo podían reunirse la profecía y la humanidad en un mismo ser fue siempre, para los ignorantes, un misterio insondable.

Siempre se ha enviado a seres humanos como mensajeros

El Sagrado Corán ha declarado, con un lenguaje claro e inequívoco, que Allah siempre ha enviado a seres humanos como mensajeros. En realidad, para guiar a los seres humanos, solo un ser humano puede ser mensajero, no un ángel ni ninguna entidad superior al ser humano.

(Árabe***********************************en la página 305 del PDF)

«¡Oh, Profeta! Antes que a ti, envié como mensajeros únicamente a hombres, a quienes enviaba la revelación. Si no sabéis esto, preguntad a los eruditos. No les dimos cuerpos que no comieran alimentos, ni fueron inmortales». —(Sura Al-Anbiya: 7-8)

(Árabe***********************************en la página 305 del PDF)

«¡Oh, Profeta! Diles que, si los ángeles caminaran tranquilamente por la Tierra, habría enviado a ellos a un ángel como mensajero».

(Árabe***********************************en la página 305 del PDF)

«¡Oh, Muhammad! Todos los profetas que enviamos antes de ti fueron hombres. Eran habitantes de las ciudades y les enviábamos la revelación. ¿Acaso no recorrieron la Tierra para ver cuál fue el destino de las naciones que los precedieron? En verdad, la morada de la otra vida es mucho mejor para quienes llevaron una vida de taqwa conforme a las enseñanzas de los profetas. ¿Es que todavía no vais a reflexionar?». —(Sura Yusuf: 109)

Aquí se ha expresado un asunto de gran importancia en apenas dos o tres frases. Si se explica detalladamente, se puede resumir así:

No prestan atención a tus palabras porque ¿cómo podrían creer que aquel que apenas el otro día nació en su propia ciudad, y que creció ante sus ojos de niño a joven y de joven a anciano, fue designado repentinamente un día por Allah como Su mensajero? Pero no se trata de algo novedoso que ellos sean los primeros en enfrentarse a ello en el mundo. Antes de esto, Allah envió a muchos de Sus profetas, y todos eran hombres. Un profeta nunca llegó de tal manera que, de repente, apareciera en una ciudad un hombre desconocido y dijera que había sido enviado como profeta. Por el contrario, todos aquellos que fueron enviados para reformar y corregir a la gente eran habitantes de las respectivas localidades. Jesús, Moisés, Abraham y Noé no eran personas desconocidas ni extrañas. A pesar de ello, id vosotros mismos a ver cuál fue el destino de las naciones y comunidades que no prestaron atención al llamamiento de los profetas a la purificación y continuaron siguiendo sus pensamientos infundados, sus fantasías ilusorias y sus deseos desenfrenados. Durante vuestros viajes comerciales pasasteis por las zonas devastadas de los pueblos de Ad, Zamud, Madián y Lot. ¿Acaso no obtuvisteis allí ninguna lección? El destino que afrontaron en este mundo permite comprender que en la otra vida sufrirán un destino aún más terrible. En cambio, quienes se reformaron en este mundo no solo fueron felices aquí, sino que también tendrán un destino mucho mejor en la otra vida.

La diferencia entre el ciego y el que ve

(Árabe***********************************en la página 306 del PDF)

«¡Oh, Muhammad! Diles: “No os digo que poseo los tesoros de Allah. Tampoco afirmo ser un ángel. Solo sigo la revelación que me llega”. Pregúntales: “¿Acaso pueden ser iguales el ciego y quien ve? ¿Es que no reflexionáis?”» (Sura Al-An‘am: 50)

Es decir, las verdades y los datos que os he expuesto los he visto con mis propios ojos y he tenido experiencia directa de ellos. Mediante la revelación se me han comunicado con exactitud todos esos datos, y mi testimonio sobre ellos es el de un testigo ocular. En cambio, vosotros ignoráis estos datos, pues vuestras ideas sobre ellos se basan únicamente en la imaginación o en la imitación ciega. Por eso, la diferencia entre vosotros y nosotros es como la diferencia entre el ciego y quien ve. No soy superior a vosotros porque posea los tesoros de Allah, porque conozca lo oculto o porque esté por encima de las debilidades humanas.

(Árabe***********************************en la página 306 del PDF)

«¡Oh, Profeta! Antes de ti envié a muchos mensajeros y a todos les concedí esposas e hijos». (Sura Ar-Ra‘d: 38)

Esta es la respuesta a algunas críticas dirigidas contra el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Decían: «¡Qué clase de profeta es este, que tiene esposa e hijos? ¿Qué relación puede tener un profeta con los deseos pasionales?»

El profeta debería haber sido un ángel (?)

(Árabe***********************************en la página 307 del PDF)

«Cuando los mensajeros de Allah acudieron a ellos por delante y por detrás, diciéndoles: “No adoréis a nadie sino a Allah”, respondieron: “Si nuestro Señor hubiera querido, habría enviado ángeles. Por tanto, no creemos en aquello para lo que habéis sido enviados”».—(Sura Fussilat: 14)

Es decir, si nuestra religión actual no agradara a Allah y Él quisiera enviar a alguien para apartarnos de ella, habría enviado ángeles. Puesto que no sois ángeles, sino seres humanos como nosotros, no creemos que Allah os haya enviado con el propósito de que abandonemos nuestra religión y adoptemos la religión que presentáis. «No creemos en aquello para lo que has sido enviado»: esta declaración de los incrédulos era sarcástica. No significa que reconocieran que ellos eran enviados por Allah y simplemente desobedecieran sus palabras. También se burlaron de esta manera del faraón y del profeta Moisés. Él dijo a sus cortesanos:

(Árabe***********************************en la página 307 del PDF)

«El mensajero que os ha sido enviado parece estar completamente loco».—(Sura Los Poetas: 27)

Si fuera un profeta, sería rico

(Árabe***********************************en la página 307 del PDF)

«Dicen: “¿Por qué no fue revelado este Corán a un hombre rico de una de las dos ciudades?”».—(Sura El Ornamento: 31)

Aquí, las dos ciudades son La Meca y Taif. La postura de los incrédulos era: si Allah realmente necesitaba enviar un mensajero y quería revelarle un Libro, habría elegido para ello a algún personaje célebre de una de estas dos ciudades centrales nuestras. Y, para designarlo como mensajero, ¡resulta que encontró a alguien que había sido huérfano desde su nacimiento, que no poseía ni un solo céntimo de herencia paterna, que había pasado su juventud pastoreando cabras, que en ese momento vivía comerciando con el dinero de su esposa, que no era jefe de ninguna tribu ni patriarca de ningún linaje! ¿Acaso en La Meca no había jefes célebres como al-Walid ibn al-Mughira y Utba ibn Rabia? ¿Acaso en Taif no había hombres destacados como Urwa ibn Masud, Habib ibn Amr, Kinana ibn Abd Amr e Ibn Abd Yalil? Ese era el razonamiento de los incrédulos. Al principio ni siquiera estaban dispuestos a aceptar que un ser humano pudiera ser mensajero. Pero el Corán refutó por completo esta idea mediante argumentos y pruebas repetidos, y les dijo que antes siempre habían venido seres humanos como mensajeros; que, para guiar a los seres humanos, solo un ser humano podía ser mensajero, y que nadie más podía realizar esa tarea. Además, ningún mensajero que haya venido al mundo descendió repentinamente del cielo; por el contrario, nació en un lugar habitado por seres humanos, caminó por los mercados, fue padre de hijos y tampoco se abstuvo de comer y beber.

Al escuchar estos argumentos del Corán, comenzaron una nueva maniobra y dijeron: «No hay inconveniente en que sea un ser humano. Pero debe ser necesariamente un hombre famoso, rico e influyente. Debe ser el jefe de un gran grupo y ejercer una enorme influencia y autoridad sobre el pueblo. ¿Cómo podría Muhammad ibn Abd Allah estar a la altura de esta dignidad?»

Pregunta sobre el sustento del Profeta (la paz sea con él)

(Árabe***********************************en la página 308 del PDF)

«Dicen: “¿Qué clase de mensajero es este, que come y bebe y camina por los mercados? ¿Por qué no se le envió un ángel que lo acompañara y amonestara a quienes desobedecieran?”» (Sura Al-Furqán: 7)

Es decir, en primer lugar, ya resulta sorprendente que un ser humano sea mensajero. Si alguien hubiera de venir con el mensaje de Dios, debería haber venido un ángel, no un ser humano de carne y hueso, que necesita alimento para vivir. Aun suponiendo que se hubiera hecho mensajero a un ser humano, este debería haber sido, como mínimo, un rey o algún otro personaje extraordinario del mundo, ante cuya presencia todos hubieran estado ansiosos por contemplarlo aunque fuera una sola vez, y cuya audiencia solo se obtuviera después de grandes esfuerzos y sacrificios. Sin embargo, se hizo mensajero del Creador del universo a un hombre común, que recorría el mercado haciendo resonar sus pasos con las sandalias. Un transeúnte cualquiera podía verlo a diario y no se percibía en él nada extraordinario. ¿Quién lo miraría con respeto? En otras palabras, según ellos, si el Profeta tenía alguna utilidad, no era para guiar a la gente, sino para realizar actos milagrosos o dominar a las personas exhibiendo sus trucos y poderes.

(Árabe***********************************en la página 308 del PDF)

«¡Oh, Muhammad! Los mensajeros que envié antes de ti también comían y caminaban por los mercados. En realidad, os hemos hecho unos a otros un medio de prueba. ¿Tendréis paciencia? Tu Señor lo ve todo.» (Sura Al-Furqán: 20)

«¿Qué clase de mensajero es este, que come y bebe y camina por los mercados?» La respuesta a esta pregunta de los incrédulos de La Meca se ofrece en la aleya anterior. Aquí conviene recordar que los incrédulos de La Meca conocían a Noé, Abraham, Ismael, Moisés y muchos otros profetas. Incluso reconocían su condición de mensajeros. ¿Hubo algún profeta anterior que no comiera ni caminara por los mercados? Por eso se dice: ¿por qué formuláis esta pregunta tan novedosa acerca de Muhammad (la paz sea con él)? Tomemos el caso del propio Jesús (la paz sea con él), a quien los cristianos han convertido en hijo de Dios y cuya imagen los incrédulos de La Meca habían colocado en la Kaaba. Incluso ese Jesús, según el relato de la Biblia, comía y recorría los mercados.

(árabe***********************************en la página 308 del PDF)

«¡Oh, Muhammad! Antes de ti también envié únicamente a hombres como mensajeros y les enviaba la revelación. Si no lo sabéis, preguntad a la Gente del Libro. ¿Acaso no les di cuerpos que necesitaban alimentarse? Y tampoco eran inmortales». —(Sura al-Anbiya: 7-8)

«Este hombre no es más que un ser humano como vosotros». La respuesta a esta afirmación de los incrédulos se da en el versículo anterior. Ellos presentaban el hecho de que el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) era humano como prueba de que no era un profeta. Como respuesta, se dice que todos los grandes hombres de épocas anteriores, a quienes reconocíais como enviados de Allah, eran seres humanos, y recibían la revelación de Allah precisamente mientras eran humanos.

 

Capítulo: 8 – La religión de la verdad

La concepción yahilí y la concepción islámica de la religión

Antes de que el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recibiera la profecía, la concepción general de la religión que prevalecía en el mundo era que esta constituía una de las muchas facetas o divisiones de la vida. En otras palabras, la religión era un apéndice de la vida mundana del ser humano, que podía utilizarse como un certificado para obtener la salvación en la vida del Más Allá. La religión solo estaba relacionada con la relación entre el ser humano y Dios. Quien deseara alcanzar la salvación con un rango elevado en la vida del Más Allá debía romper sus vínculos con todos los demás ámbitos de la vida y dedicarse únicamente a este. Pero quien no aspirara a un rango tan elevado, sino que considerara suficiente obtener la salvación de cualquier manera, y al mismo tiempo deseara que Dios lo favoreciera un poco en la vida mundana y continuara concediéndole éxito y progreso en los asuntos de este mundo, consideraba suficiente insertar la religión como un apéndice de la vida mundana. Según la concepción yahilí, todos los asuntos del mundo continuarían desarrollándose conforme a las normas y leyes vigentes, y junto con ello se realizarían ciertos actos religiosos, ritos y costumbres para mantener también satisfecho a Dios. La relación del ser humano consigo mismo, con los demás seres humanos y con su entorno era completamente distinta de su relación con Dios. No existía ninguna conexión entre ambas.

Esta era la concepción de la religión propia de la Yahiliyyah. Sobre esta base no era posible establecer ninguna civilización ni cultura humanas. Por civilización y cultura se entiende la totalidad de la vida humana. Por tanto, es claramente imposible fundar la vida entera sobre algo que constituye solo un apéndice de la vida. Por eso, en todas partes del mundo y a lo largo de los tiempos, la religión, por un lado, y la civilización y la cultura, por otro, permanecieron separadas y desvinculadas entre sí. Aunque estas dos cosas no podían dejar de influirse mutuamente en mayor o menor medida, dicha influencia era contradictoria y divergente, como ocurre con el resultado de la combinación de muchos elementos. Por ello, en ningún lugar se observó que esa influencia produjera frutos. Cuando la religión influyó en la civilización y la cultura, generó ascetismo, aversión a los vínculos materiales, desinterés por los placeres y goces mundanos, falta de relación con el mundo dependiente de los recursos materiales, individualismo en las relaciones humanas, hostilidad y tendencias a la estrechez de miras.

Esta influencia no fue progresista en ningún sentido; más bien fue una enorme piedra de tropiezo en el camino del progreso y la prosperidad mundanos. Por otro lado, cuando la civilización y la cultura cuya base eran el materialismo y el culto a los deseos ejercieron influencia sobre la religión, la corrompieron. Esa civilización y cultura introdujeron en la religión toda la suciedad y la impureza del culto a los deseos. Como resultado, a las acciones sumamente sucias y repugnantes que se desea realizar se les coloca una envoltura religiosa, para que ni la propia conciencia pueda reprocharlas ni nadie más pueda decir nada en su contra. Como consecuencia de ello, en ciertos ritos religiosos encontramos, en el culto al placer, la satisfacción de la lujuria y la desvergüenza, prácticas y métodos que incluso los correligionarios ajenos al ámbito religioso califican con ese mismo nombre.

Incluso dejando de lado la relación mutua entre la religión y la civilización, se hace evidente esta verdad: en todas partes del mundo, el palacio de la civilización y la cultura se ha levantado sobre los cimientos de la irreligiosidad y la falta de carácter. Y, basándose en los deseos de sus propios instintos y en sus experiencias defectuosas, las personas mundanas han realizado como han querido todas sus actividades mundanas, y también han practicado ciertos ritos religiosos. Aunque en sus respectivas épocas estas actividades se consideraban impecables, posteriormente se demostró que eran defectuosas. Puesto que la religión no era para ellos más que un simple apéndice de la vida, aun cuando permaneciera a su lado, siguió siendo únicamente un apéndice. Este apéndice podía asociarse con toda clase de desigualdades sociales y de confusiones culturales. Como apéndice, esta religión ha coexistido con el fraude y el bandolerismo, las actividades destructivas y subversivas, la usura, la avaricia, el adulterio y la prostitución.

La concepción amplia e integral del din

El propósito por el que fue enviado el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no era otro que refutar las concepciones jahilíes, es decir, no islámicas, acerca de la religión, y presentar una concepción intelectual y reflexiva. Y no se limitaría a presentarla, sino que, sobre esa base, establecería un sistema completo de civilización y cultura, y demostraría que podía administrarlo con éxito. Declaró que, si la religión fuera un simple apéndice de la vida humana, carecería por completo de sentido. También sería un error llamar religión a algo así. En realidad, el «din» es aquello que no constituye una parte de la vida, sino la vida entera: su fuerza vital y propulsora, su facultad de comprensión y sentimiento, su pensamiento y perspectiva, y el criterio para distinguir lo bueno de lo malo. En cada ámbito de la vida y a cada paso, muestra la diferencia entre el camino recto y el desviado, protege de extraviarse, proporciona la fuerza para permanecer firme y avanzar por el camino verdadero y correcto, y ayuda al ser humano a atravesar con éxito y dicha cada etapa de este interminable viaje de la vida, desde este mundo hasta el Más Allá.

El nombre de esta religión es Islam. No ha venido para ser un apéndice de la vida. Más bien, la verdad es que, si se la acepta como un simple apéndice de la vida conforme a aquella antigua concepción jahilí, queda frustrado precisamente el propósito de su llegada y aparición. Ha venido para informar al ser humano de esta verdad acerca de la relación entre Dios y el ser humano, y de la relación del ser humano con todo el universo creado: estas categorías de relaciones no están separadas ni aisladas unas de otras, sino que son únicamente varias partes inseparables e integradas de un conjunto. La salvación y el éxito plenos del ser humano dependen de establecer entre ellas una conexión y una armonía correctas. Si la relación entre el ser humano y su Creador no es correcta, tampoco puede ser correcta la relación del ser humano con el universo creado. Por tanto, estas dos relaciones se purifican y perfeccionan mutuamente, y juntas construyen una vida lograda. La verdadera tarea de la religión es preparar al ser humano, tanto mental como activamente, para esa vida lograda. La religión que no cumple esta tarea no es religión. Y la religión que cumple esta tarea es el Islam. Por eso Allah ha dicho:(Árabe***************)«Ciertamente, la única religión aceptada por Allah es el Islam».

Una determinada corriente de pensamiento y perspectiva

El Islam es una determinada actitud mental (actitud de la mente) y una determinada perspectiva sobre la vida entera (perspectiva de la vida). Además, es un determinado método de acción, que se determina a partir de esa actitud mental y de dicha perspectiva. La estructura que se forma mediante esta actitud y este método de acción es el Islam; es la civilización islámica y la cultura islámica. Aquí, la religión y la civilización cultural no son cosas separadas, sino que juntas forman un único conjunto. Esa misma actitud y filosofía de vida resuelven todos los problemas de la vida. Esta filosofía de vida determina los derechos que corresponden a Dios sobre el ser humano, los derechos de la propia persona, los de los padres, la esposa y los hijos, los parientes, los vecinos, las relaciones comerciales, las personas vinculadas, los correligionarios y quienes profesan otra religión, los enemigos y los amigos; en una palabra, determina los derechos de toda la humanidad y de cada objeto y fuerza del universo, y establece entre ellos un equilibrio y una justicia plenos. El hecho de que una persona sea musulmana constituye una garantía suficiente de que cumplirá todos estos derechos con plena justicia y no destruirá injustamente un derecho en favor de otro. Después, esta actitud mental y filosofía de vida establece para la vida humana una noble meta moral y un destino espiritual puro y sagrado. Y procura dirigir todos los esfuerzos y empeños de la vida, cualquiera que sea su ámbito, por un camino que, desde todos los lados, gire hacia ese mismo centro.

El criterio decisivo para determinar los valores

El centro mencionado es un elemento decisivo. El valor de todo se determina conforme a él. Todo se examina según este criterio. Todo aquello que ayuda a alcanzar este objetivo central se acepta, y todo aquello que lo obstaculiza se descarta y rechaza. Este criterio se aplica por igual desde los asuntos más pequeños e insignificantes de la vida individual hasta los grandes asuntos de la vida social y colectiva. Este mismo criterio determina qué límites debe observar una persona al consumir alimentos y bebidas, al vestir, en las relaciones entre hombres y mujeres, en las transacciones, en el habla; en una palabra, en cada aspecto de la vida, y qué normas y prohibiciones debe respetar, para que pueda mantenerse y avanzar por el camino que conduce a su destino y no se desvíe para comenzar a transitar por un camino tortuoso. Según este mismo criterio se establece también conforme a qué principios deben estructurarse los vínculos entre los individuos en la vida colectiva, de modo que las actividades sociales, económicas y políticas no se encaminen por aquellas vías de la vida social que conducen a apartarse del objetivo. Asimismo, utilizará de tal manera los objetos del cielo y de la tierra que lleguen a estar bajo el dominio humano y sean sometidos por él, que puedan contribuir al logro de su propósito. También se determina qué cosas y qué métodos ayudan a avanzar hacia el objetivo y cuáles deben evitarse, y qué principios debe seguir el grupo islámico en el establecimiento de la amistad y la adopción de la enemistad con grupos no islámicos; en la guerra y la paz; en el avance y el retroceso respecto del objetivo; en la victoria y en la condición de vencido; en la adquisición de conocimientos y tecnología, y en el intercambio de civilización y cultura, para que en estos diversos aspectos de las relaciones exteriores no se desvíe del objetivo establecido, sino que, en la medida de lo posible, acepte la ayuda y cooperación incluso de los ignorantes y descarriados de la humanidad —voluntaria o involuntariamente, consciente o inconscientemente— para alcanzar ese propósito. Pues, por naturaleza, su objetivo es también el de quienes siguen el islam.

Desde la mezquita hasta el ámbito más amplio de la acción

En suma, esta misma perspectiva convierte todas las actividades, esfuerzos y empeños de la vida, así como todas las ramas y áreas del pensamiento y la acción, en una única realidad: desde la mezquita hasta el mercado y el ámbito laboral; desde los métodos de adoración hasta los métodos de operar la radio y pilotar aviones; desde los detalles de las normas relativas a la ablución, el baño ritual, la pureza y la defecación y micción, hasta los asuntos importantes de la política social, la economía, la política y las relaciones internacionales; desde la educación primaria hasta la observación final de los signos del reino de la naturaleza y la vasta investigación teórica de las leyes naturales. Entre sus partes se percibe una continuidad y una conexión intencionales. Después, estas partes quedan vinculadas entre sí, como las piezas de una máquina, de tal manera que, una vez puesta en marcha, la máquina produce un resultado uniforme.

Una doctrina revolucionaria

En el ámbito religioso, esta era una doctrina revolucionaria. Pero esta doctrina no pudo hallar lugar en las mentes y los corazones dominados por las ideas de la yahiliya. El mundo actual está mucho más avanzado en conocimiento y ciencia que en el siglo VI de la era cristiana. Sin embargo, todavía existe tal grado de atraso y superstición ciega que, así como los ignorantes de la antigua yahiliya no pudieron aceptar esta doctrina revolucionaria, tampoco los jóvenes altamente educados de las célebres universidades europeas han podido comprenderla. La influencia de la concepción errónea de la religión que se ha transmitido de generación en generación durante miles de años sigue profundamente arraigada en sus mentes y corazones. A pesar de su elevada formación en la crítica basada en la razón y en la investigación científica, no ha despuntado en ellos el buen juicio. No hay nada sorprendente en que quienes viven en las celdas de las khanqah y las mezquitas, en su oscuridad, entiendan por religiosidad sentarse en soledad y repetir «Alá, Alá», y consideren que la devoción al din se limita al ámbito de la ibadat. Al fin y al cabo, están sumidos en la superstición. Tampoco hay nada sorprendente en que las masas ignorantes consideren que la religión se limita a las taziyas de Muharram acompañadas de tambores y bombos, a la música y a conocer las cuestiones de la ley religiosa. Pues son ignorantes. Pero ¿qué les ha sucedido a estos venerables nuestros, guardianes de la luz del conocimiento, que la oscuridad de la decrepitud no se disipa de sus corazones? También ellos consideran el islam una religión en el mismo sentido en que lo considera un no musulmán dominado por la concepción yahilí.

¿Qué es el din de la verdad?

—[Discurso pronunciado en la Jamia Millia de Delhi el 1 de marzo de 1943.]

El Corán convoca a la humanidad hacia la ideología que presenta con la siguiente exigencia, expresada en sus propias palabras:

(Árabe***********************************en la página 317 del PDF)

«La única religión ante Allah es el Islam». — (Sura Al Imrán: 19)

Habitualmente se ofrece una explicación tan sencilla de esta frase del Corán que se dice que, ante Allah, la única religión verdadera es el Islam. Y la idea general que la gente tiene del «Islam» es que se trata del nombre de una religión. Esta religión surgió en Arabia hace mil trescientos años y fue fundada por el profeta Muhammad (la paz sea con él). He utilizado deliberadamente las palabras «fue fundada». Esto se debe a que no solo los no musulmanes, sino también un número considerable de musulmanes instruidos, consideran y escriben que el profeta Muhammad (la paz sea con él) fue el iniciador del Islam. La impresión que transmiten es que el Islam comenzó con él y que él fue su fundador (Founder). Por eso, cuando un no musulmán llega a esta frase mientras estudia el Corán, piensa que, así como todas las religiones proclaman que ellas mismas son verdaderas y que las demás son falsas e inválidas, el Corán también está declarando verdadera la religión que presenta. Al pensar esto, pasa por alto esta aleya y sigue adelante. Del mismo modo, cuando un musulmán lee esta aleya, tampoco siente la necesidad de reflexionar e investigar. Esto se debe a que él mismo acepta como verdadera la religión que, según esta frase, está fundada sobre la verdad. O, si se produce en su mente alguna inquietud que lo impulse a reflexionar, generalmente se debe a que considera necesario demostrar la verdad del Islam comparándolo con el hinduismo, el budismo, el cristianismo y otras religiones semejantes. Pero, en realidad, esta frase del Corán es de tal naturaleza que una persona reflexiva y sedienta de conocimiento debería meditar profundamente sobre ella. Es necesario reflexionar sobre ella mucho más de lo que se ha hecho hasta ahora.

Para comprender plenamente esta afirmación del Corán, primero debemos captar el significado de las dos palabras «ad-din» y «al-Islam».

El significado de ad-din

En la lengua árabe, la palabra «din» se utiliza con varios significados. Uno de ellos es victoria, poder, sometimiento y dominio. Otro es obediencia y servidumbre. El tercero es retribución y recompensa. El cuarto es norma, método y sistema de vida. Aquí la palabra se utiliza en este cuarto sentido. Es decir, din significa el sistema y las normas de vida, o el método de pensamiento y acción, que deben seguirse.

Pero debemos recordar que el Corán no dice simplemente «din», sino «ad-din». En inglés, en lugar de decir «This is a way of life», si se dice «This is the way of life», se produce una diferencia de significado; aquí sucede lo mismo. Es decir, la afirmación del Corán no es que el Islam sea un sistema de vida ante Allah. Su afirmación es, más bien, que únicamente el Islam es el verdadero y correcto método de vida, o método de pensamiento y acción.

Además, debemos recordar que el Corán no utiliza esta palabra en un sentido estrecho o limitado, sino en el sentido más amplio posible. «Método de vida» o «sistema de vida» no significa el método de un aspecto o ámbito particular de la vida, sino el método de la sociedad entera en su conjunto. No se trata del método de vida de un país, una nación o una época determinados, sino del método de vida individual y colectivo de todas las personas de todas las épocas. Por tanto, el sentido de la afirmación del Corán no es que el Islam sea el nombre de una combinación correcta de culto a Dios, creencias relativas al mundo trascendente y la concepción de la vida después de la muerte. Tampoco significa que el Islam sea el nombre de un sistema puro de pensamientos y prácticas religiosas de los individuos —en el sentido restringido en que la palabra «religión» se entiende en la terminología occidental—. Asimismo, el sentido de la afirmación del Corán tampoco es que se haya denominado Islam a un sistema de vida puro e infalible destinado a los habitantes de Arabia, o a todas las personas hasta determinado siglo, o a quienes vivieron en el mundo antes de la Revolución Industrial. Por el contrario, su afirmación explícita es que, para toda la humanidad de todas las épocas, existe ante Allah un único camino y método correcto y puro para vivir la vida terrenal, y que ese camino se llama «al-Islam». — [Es sumamente sorprendente que en algún lugar situado entre Asia y Europa se haya ofrecido una interpretación original del Corán, según la cual el significado de din se limita a la relación personal entre el siervo y Dios y no guarda ninguna relación con la civilización ni con el sistema político. Si esta interpretación se hubiera tomado del propio Corán, ciertamente sería algo muy curioso. Pero, basándome en lo que he comprendido tras dedicar dieciocho largos años a la investigación profunda de las realidades del Corán, puedo decir sin temor que, por muchas interpretaciones inventadas que ofrezcan los comentaristas modernos, el Corán no emplea la palabra «ad-din» en un sentido limitado, sino precisamente en el sentido de «el código de pensamiento y acción de toda la vida» para todas las personas de todas las épocas. (Una delegación de periodistas turcos visitó la India en 1943 y formuló el comentario mencionado. El autor alude a ello.)]

El significado de Al-Islam

Expliquemos aquí el significado de la palabra «Islam». En árabe significa deponer las armas, inclinarse, reconocer la obediencia y someterse. Pero el Corán no dijo simplemente Islam, sino «Al-Islam». Este es un término técnico especial suyo. El significado con el que emplea este término es inclinarse ante Allah, obedecerle, renunciar a la propia libertad ante Él y someterse a Él. Naturalmente, esta sumisión no significa someterse a la ley de la naturaleza. Algunos, sin embargo, han intentado dar precisamente esta interpretación errónea. Tampoco significa que el ser humano, aplicando su imaginación, o mediante experimentos y observaciones, llegue por sí mismo a una conclusión sobre lo que Allah quiere y aquello que le complace, y luego le obedezca. Algunas otras personas han entendido exactamente esto. En realidad, significa que debe aceptar el camino y el método de pensamiento y acción que Allah ha dado a conocer por medio de Sus mensajeros, y que debe renunciar a la libertad —es decir, a la arbitrariedad— de su pensamiento y sus actos para obedecer y seguir ese camino y ese método. Esto es lo que el Sagrado Corán entiende por «Al-Islam». No es una religión de una época nueva, ni fue Muhammad, hace mil cuatrocientos años, quien la estableció e inició en Arabia. Al contrario, el mismo día en que apareció por primera vez el ser humano sobre la Tierra, Allah le hizo saber que únicamente este Islam era para él el sistema de vida correcto y puro. Después, todos los profetas que llegaron de parte de Allah para guiar a los seres humanos en las distintas regiones del mundo invitaron continuamente a la humanidad hacia este «Al-Islam». No hubo en ninguna parte la más mínima desviación de ello. Finalmente, el profeta Muhammad también convocó a la humanidad hacia ese mismo «Al-Islam». Por supuesto, hay que señalar aparte que el Profeta también convocó a la humanidad hacia ese mismo «Al-Islam». Por supuesto, hay que señalar aparte que los seguidores de Moisés, mezclándolo posteriormente con muchas otras cosas, formaron el judaísmo; los seguidores de Jesús, el cristianismo; y los pueblos de los profetas de la India, Irán, China y otros países también elaboraron diversas doctrinas mezcladas y confusas. En realidad, la religión a cuya predicación vinieron Moisés, Jesús y todos los profetas conocidos y desconocidos era el Islam puro y genuino, y nada más.

La afirmación del Corán

Después de esta explicación y análisis, la afirmación del Corán se vuelve completamente clara ante nosotros. Es la siguiente: «La única manera y método puro, elegido por Allah, para que la humanidad viva consiste en inclinarse ante Allah y seguir el camino y el método de pensamiento y acción que Él ha mostrado por medio de Sus profetas». Esta es la afirmación del Corán.

Ahora debemos reflexionar profundamente sobre si debemos aceptar esta afirmación. Por supuesto, examinaremos los argumentos y pruebas que el propio Corán ha presentado en apoyo de ella. Pero, antes de eso, ¿por qué no investigamos por nuestra cuenta si tenemos alguna otra alternativa aparte de aceptar esta afirmación?

La necesidad de un sistema de vida

Es evidente que, para vivir, el ser humano necesita adoptar un sistema de vida en todas las circunstancias. El ser humano no es un río, cuyo curso se forme por sí solo entre las elevaciones y depresiones del terreno. No es una planta, cuyo camino determine la ley natural. Tampoco es un simple animal, para el cual sus instintos y su naturaleza sean suficientes para guiarlo. Aunque en una gran parte de su vida el ser humano está sometido a las leyes naturales, hay muchos aspectos de su vida en los que no encuentra un camino establecido que pueda seguir involuntariamente, como los demás seres vivos y animales. Por el contrario, debe escoger un camino mediante la reflexión y el discernimiento. Es cierto que muchos problemas del universo se presentan naturalmente ante su conciencia reflexiva, pero no encuentra en un lenguaje inequívoco la solución de ninguno de ellos. Por eso necesita un camino de pensamiento para resolver estos problemas. La naturaleza le transmite a la mente, por medio de sus cinco sentidos, ciertos hechos y conocimientos dispersos, pero no los organiza y ordena sistemáticamente. Para ordenarlos y estructurarlos necesita un camino de conocimiento. Para su conducta personal necesita ciertas normas y métodos, mediante los cuales pueda satisfacer aquellas necesidades que la naturaleza ciertamente le impulsa a satisfacer, pero para cuya satisfacción no establece ningún método decoroso. Necesita una regulación para su vida conyugal, sus relaciones familiares, sus transacciones económicas y sus negocios, así como para muchos otros aspectos y ámbitos. Necesita una regulación gracias a la cual pueda vivir no simplemente como individuo, sino como grupo, nación y comunidad, y alcanzar ese objetivo que por naturaleza desea, aunque la naturaleza no se lo haya presentado claramente ni haya establecido ningún método para alcanzarlo.

La vida humana es indivisible

En estos diversos aspectos y divisiones de la vida, es indispensable que el ser humano adopte algún camino y método. Pero no son divisiones permanentes e independientes entre sí. Por ello, no es posible adoptar en estas distintas divisiones caminos diferentes, con objetivos distintos, provisiones distintas, formas y métodos de avanzar distintos, exigencias y necesidades distintas, y destinos también distintos. Si alguien hiciera siquiera un pequeño esfuerzo, empleando su razón y su juicio, para comprender al ser humano y sus problemas vitales, entendería con certeza que la vida, en su conjunto, es una totalidad íntegra, cuyos elementos están íntima e inseparablemente vinculados entre sí, y cuyas divisiones están estrechamente relacionadas unas con otras. Cada una de sus partes influye en las demás y, a su vez, recibe su influencia. En todas ellas se difunde la misma fuerza vital, y aquello que se forma mediante su integración se denomina vida humana. Por tanto, lo que el ser humano necesita en realidad no son numerosos objetivos vitales, sino un único objetivo principal, bajo el cual todos los objetivos menores y mayores permanezcan en armonía; y, una vez alcanzado el objetivo principal, se alcancen también todos los demás. No necesita muchos caminos, sino una sola gran vía por la que pueda avanzar hacia el objetivo de su vida, con plena armonía y llevando consigo todos sus aspectos y divisiones. No hacen falta sistemas separados para la filosofía, las ciencias, la literatura, las artes, la educación, la religión, la moral, la vida social, la economía, la política, los tribunales y el derecho, etc., sino un sistema integral en el que todos estos elementos puedan coexistir en completa armonía y que contenga, para todos ellos, principios adecuados de una misma naturaleza y espíritu. Siguiéndolos, el individuo, la colectividad y, en conjunto, toda la humanidad podrán alcanzar el objetivo supremo. Aquella era la época oscura de la Yahiliyya, cuando se creía posible dividir permanentemente la vida en compartimentos separados. Si hoy alguien sostiene una idea semejante y quiere pronunciar palabras vanas, habrá que decir que, o bien sigue aferrado sinceramente a las antiguas concepciones y por ello es digno de compasión, o bien conoce muy bien la realidad y, sabiéndolo y deliberadamente, habla así únicamente porque necesita asegurar a quienes discrepan de los principios del sistema que desea implantar en alguna sociedad —es decir, un sistema nacionalista: construir para los habitantes del país un sistema de vida con el único propósito de alcanzar intereses mundanos, rompiendo sus vínculos con Dios, el Libro y la Risala— que, bajo dicho sistema, gozarán de plena seguridad en determinados ámbitos de su vida. Desde el punto de vista de la racionalidad, la naturalidad y la realidad, esto es imposible. Quienes sostienen tal cosa probablemente sepan también que es imposible —para un análisis detallado sobre este tema, véase Muslim aur Maujuda Siyasi Kashmakash, escrito por el autor, tomos I y II, especialmente el capítulo «Derechos fundamentales» del segundo tomo; véase también la nota de los compiladores—. Toda religión victoriosa debe necesariamente configurar todos los aspectos y divisiones de la vida conforme a su propia fuerza vital, temperamento y naturaleza, del mismo modo que todo objeto que cae en una mina de sal está obligado a convertirse en sal.

La división temporal de la vida

Si dividir la vida humana en partes separadas carece de sentido y es irracional, dividirla basándose en fronteras geográficas y en la raza o el linaje es todavía más irracional y absurdo. Sin duda, se encuentran seres humanos en numerosos lugares de la Tierra, y los ríos y mares, las montañas y cordilleras, los bosques y selvas, o las fronteras artificiales, los mantienen separados. También existen personas pertenecientes a distintos linajes y pueblos, entre los cuales, por razones históricas, psicológicas y de otra índole, el desarrollo y el progreso de la humanidad han adoptado formas diversas.

Pero quien, alegando estas diferencias, afirma que es necesario elaborar un «din» o sistema de vida distinto para cada linaje, cada pueblo y cada región geográfica, no hace más que proferir un disparate. Su visión estrecha ha quedado atrapada en las diferencias de apariencia y forma externa. No ha podido percibir la existencia de la esencia única e idéntica de la humanidad que reside bajo esas variaciones externas. Sin embargo, si estas diferencias fueran realmente tan importantes como para exigir sistemas de vida separados, diré lo siguiente: escriban, exagerándolas cuanto quieran, las diferencias observables entre un país y otro y entre un linaje y otro. Después, analicen de manera científica e imparcial las diferencias que pueden observarse entre las mujeres y los hombres de cualquier país, entre una persona y otra, y entre dos hijos de los mismos padres. Estoy seguro de que, en el análisis científico, la segunda diferencia resultará ser mucho más pronunciada que la primera. Entonces, ¿por qué no recomiendan un sistema de vida distinto para cada ser humano? En realidad, incluso dentro de las diferencias entre individuo e individuo, entre mujeres y hombres y entre una familia y otra, se observa necesariamente un elemento permanente de unidad; y sobre esa base es posible concebir la existencia de un pueblo, un país y un linaje. Por eso puede considerarse posible que exista un único sistema de vida para el gran número de personas que forman un pueblo o un país. Y si eso es posible, ¿por qué no habría de ser posible encontrar un elemento de unidad fundamental incluso en medio de la enorme diversidad nacional, territorial y genealógica? ¿Y por qué no habría de ser posible, sobre esa base, considerar a toda la humanidad como una unidad indivisible y establecer un único din o sistema de vida para el mundo entero? ¿Acaso no es cierto que, pese a todas las diferencias geográficas, étnicas y genealógicas, todos los seres humanos son iguales en lo fundamental por naturaleza; que la vida terrenal de todos transcurre bajo las mismas leyes naturales; que todos están formados según las mismas leyes corporales; que las características que han otorgado al ser humano la condición de una especie diferenciada de las demás criaturas existen por igual en todos; que todos participan por igual, desde el nacimiento, de las necesidades y exigencias naturales; y que la esencia humana de cada persona está formada por la combinación de fuerzas físicas y psicológicas del mismo tipo? Y, sobre todo, ¿no es también cierto que todas las causas físicas, psicológicas, históricas, sociales y económicas activas e influyentes en la vida humana son iguales para todos? Si en estos asuntos todos los seres humanos son, en la práctica, iguales, entonces los principios e ideales fundamentales que son puros y correctos para el bienestar de todos también deberían ser universales y generales. Estos principios e ideales fundamentales no pueden ser de una clase para cada país, cada pueblo y cada linaje. Los distintos pueblos y linajes pueden, y deben, expresar sus cualidades y características particulares dentro del marco de estos principios e ideales, y resolver parcialmente los diversos problemas de su vida mediante métodos diferentes. Pero el «din» o sistema de vida correcto que necesita el ser humano en cuanto ser humano debe ser siempre uno e idéntico. Que algo sea correcto para un pueblo y erróneo para otro, y que algo erróneo para un pueblo sea correcto para otro, no es aceptable para la razón.

La división temporal de la vida

Ya se ha examinado anteriormente varios argumentos fútiles en defensa de dividir la vida basándose en diferencias externas. Otro argumento de ese tipo, que últimamente se presenta con gran seguridad y erudición, aunque en realidad es el más fútil y erróneo de todos, es la división temporal de la vida. A este respecto se afirma que un sistema de vida es correcto en una época, pero queda demostrado que es erróneo en otra, porque los problemas de la vida cambian en cada época. Sin embargo, que un sistema de vida sea correcto o incorrecto depende de los problemas de la vida. Lo curioso es que esta afirmación se hace acerca de la vida humana, mientras que, al mismo tiempo, se habla también de la evolución gradual de esa misma vida. Y cuando se habla de la evolución de la vida, se investigan asimismo las leyes históricas que ejercen influencia sobre ella, se extraen de sus experiencias pasadas enseñanzas para el presente y orientaciones para el futuro. Incluso se demuestra mediante argumentos que existe algo llamado «la naturaleza humana». Mi pregunta es: quienes creen en la división temporal de la vida, ¿poseen algún instrumento de medición que les permita señalar límites precisos entre las épocas o los períodos dentro de esta evolución histórica continua de la humanidad? Y aun si se señalara algún límite, ¿sería posible indicar con el dedo una de sus líneas divisorias y afirmar que los problemas de la vida que existían al otro lado de esa línea cambiaron por completo al llegar a este lado, y que la situación que existía allí ya no subsiste aquí? Si realmente la vida humana estuviera dividida en fragmentos temporales aislados de esa manera, habría que aceptar que el fragmento pasado es totalmente inútil para el fragmento que le sigue. Una vez transcurrido ese fragmento, todo lo que el ser humano hizo en aquella época habría quedado en vano. La experiencia que la humanidad adquirió en una época no tendría ninguna enseñanza para la época posterior, porque ya no existirían ni aquella situación ni aquellos problemas. Por tanto, tampoco tendría valor la experiencia de los esfuerzos y afanes realizados por el ser humano en el contexto de aquella situación y para resolver aquellos problemas. En tal caso, tampoco habría lugar para hablar de evolución. Tampoco tendría sentido buscar las leyes históricas que influyen sobre la vida. No podría tenerlo. Cuando se habla de evolución, se admite necesariamente que existe algo que cambia y que, aun conservando su existencia a través de todos los cambios, continúa avanzando. Cuando se discuten las leyes de la vida, se acepta naturalmente que, en medio de tantos altibajos, transformaciones, destrucciones, reconstrucciones y ciclos de evolución, existe también una verdad eterna de la vida, dotada de su propia naturaleza y de leyes particulares. Cuando se extrae una enseñanza de los ejemplos de la historia, esto significa que el viajero que recorre esta larga carretera de la historia, avanzando continuamente y atravesando una etapa tras otra, posee una identidad propia y un carácter distinto. Esa identidad actúa de determinada manera en circunstancias determinadas; lo que acepta en un momento lo rechaza en otro y exige cosas nuevas. Cuando se empieza a hablar de esta verdad eterna, de este ser eternamente cambiante y de las diversas etapas que se encuentran en la carretera de la historia, con sus situaciones y problemas, se hace con tal ensimismamiento que se acaba olvidando al propio viajero: cambian las etapas de la carretera y sus situaciones y problemas, pero ¿acaso por eso cambian el viajero y su singularidad? Yo veo que, desde el comienzo de la creación hasta hoy, no se ha producido ningún cambio en su estructura fundamental. El ser humano que estaba formado hace miles de años a partir de ciertos elementos fundamentales sigue estando formado hoy por esos mismos elementos. Su temperamento, las exigencias y necesidades de su naturaleza, sus cualidades y características, sus emociones y sentimientos, sus inclinaciones y tendencias, sus capacidades y aptitudes, sus debilidades y fortalezas, sus acciones y reacciones, su capacidad de ejercer influencia y de recibirla, las fuerzas que lo dominan y su entorno natural y cósmico: todo sigue siendo hoy tal como era antes. En ninguno de estos aspectos ha ocurrido la más mínima diferencia desde los albores de la creación hasta el día de hoy. En realidad, nadie puede atreverse a afirmar que, durante las vicisitudes y transformaciones de la historia, los cambios en las circunstancias y en los problemas que de ellas surgen hayan transformado la humanidad misma del ser humano, o los asuntos fundamentales relacionados con ella. Y si nadie puede afirmarlo, ¿cómo puede aceptarse que lo que ayer era para el ser humano semejante al néctar hoy se haya vuelto semejante al veneno, que lo que ayer era verdad hoy se haya convertido en mentira y que lo que ayer era valioso hoy haya perdido todo valor?

¿Qué tipo de sistema de vida necesita el ser humano?

La realidad es que, durante las vicisitudes y transformaciones de la historia, al tratar de comprender la esencia humana y los asuntos fundamentales relacionados con ella, el ser humano, tanto individual como colectivamente, ha sido víctima de la confusión y el engaño. Ha comprendido algunas verdades de manera exagerada y se ha equivocado al entender otras; como resultado, en distintas épocas ha adoptado sistemas de vida erróneos. Más tarde, tras someter esos sistemas de vida a pruebas y experimentos, la humanidad en su conjunto (Humanity at large), al comprender su futilidad, los ha abandonado en favor de otros sistemas de vida semejantes. A partir de estas pruebas y experimentos se ha llegado a la conclusión de que, en cada época, debe elaborarse para la humanidad un sistema de vida diferente, limitado a la situación y los problemas de esa época y dedicado únicamente a resolverlos. Sin embargo, ante una situación así, la única conclusión correcta debería ser que someter repetidamente a prueba esos sistemas de vida basados en las épocas y los períodos, o, dicho de otro modo, esos sistemas improvisados y efímeros, y probar otro en sustitución de cada uno después de su fracaso, no produce ningún resultado aparte de desperdiciar el valioso tiempo de la humanidad. Esto obstaculiza su progreso y le impone enormes impedimentos en el camino de su avance, desarrollo y llegada a la meta suprema que anhela. En realidad, la humanidad depende por completo de un sistema de vida que sea elaborado, sobre la base de principios universales, eternos y perennes, por alguien plenamente informado acerca de ella y de todos los conceptos y datos relacionados con ella. Al adoptar ese sistema de vida, podrá avanzar con seguridad a través de todas las circunstancias cambiantes del presente y del futuro, resolver todos los problemas que surjan y dirigirse hacia la meta deseada con pasos rápidos, sin tener que subir y bajar por la carretera de la vida.

¿Es capaz el ser humano de elaborar por sí mismo un sistema de vida semejante?

Esto es el «ad-Din», el sistema o código de vida del que el ser humano depende. Ahora debemos considerar si, si el ser humano intentara elaborar por sí mismo, sin la ayuda de Allah, un sistema de vida de esta índole, podría tener éxito en su empeño. No quiero plantear la cuestión de si hasta ahora el ser humano ha logrado crear por sí mismo un sistema semejante. La respuesta a esa pregunta es categóricamente «no». Incluso quienes en nuestra época presentan sus propios sistemas de vida con pretensiones grandilocuentes y se enfrentan y luchan entre sí por ellos, tampoco pueden afirmar que el sistema de vida presentado por alguno de ellos sea capaz de satisfacer aquellas necesidades para las cuales el ser humano, por su propia condición, depende de un «ad-Din». Pues el sistema de vida de unos se basa en la genealogía o la nación; el de otros, en la geografía; el de otros, en la clase social; y el de otros fue elaborado conforme a las exigencias de una época recién pasada. No es posible decir nada sobre si resultará adecuado para las condiciones y los problemas del futuro, pues todavía no se han examinado las exigencias históricas de la época que está transcurriendo. Por eso, mi pregunta no es si el ser humano ha podido crear un sistema de vida de esta índole, sino si puede crearlo.

En realidad, esta es una cuestión sumamente importante. Por ello, no sería apropiado tratarla brevemente. Es una de las cuestiones decisivas de la vida humana. Por tanto, es necesario comprender bien qué es aquello cuya creación se plantea aquí y hasta qué punto tiene capacidad la persona de la que se dice que puede crearlo.

«ad-Din»? Qué significa

El «ad-Din» cuya necesidad para el ser humano acabo de demostrar no es un código detallado que contenga normas para todas las situaciones, grandes y pequeñas, y todos los pormenores de cada época, de modo que, mientras estuviera vigente, el ser humano actuara conforme a él en todo. Más bien, consiste en principios universales, originarios y eternos que pueden guiar al ser humano en toda circunstancia, orientar correctamente sus pensamientos y su visión, sus esfuerzos y su avance, y protegerlo del desperdicio de tiempo, energía y trabajo en experimentos equivocados.

Con este propósito, lo primero que debe hacer el ser humano es adquirir un conocimiento claro y exacto —no meras conjeturas— sobre cuál es el misterio de su propio ser y del universo, y cuál es su posición y dignidad en este universo.

Después, también debe saber si esta vida terrenal constituye toda su vida o si es solamente una parte inicial de la vida completa. Debe saber si su viaje se extiende únicamente desde el nacimiento hasta la muerte o si este no es más que una etapa del viaje.

Después, necesariamente debe establecerse para él un objetivo vital que no dependa de la voluntad humana, sino que sea verdaderamente el objetivo de la vida humana: aquel para cuya consecución fue creado el ser humano, y con el cual puedan armonizarse, sin ningún conflicto ni enfrentamiento, todos los objetivos y propósitos del individuo, del colectivo y de toda la humanidad en su conjunto.

Luego necesita ciertos principios de moralidad firmes y universales, compatibles con sus cualidades y características innatas, y capaces de ser eficaces y aplicables tanto en el plano teórico como en el práctico, en todas las situaciones posibles. Necesita estos principios precisamente para poder formar su carácter, recibir orientación para resolver los problemas que surjan en cada etapa de su recorrido por la vida y evitar que, al adaptarse a las circunstancias y problemas cambiantes, su ideal moral sea continuamente demolido y reconstruido, hasta ser considerado una persona sin principios y oportunista.

Después, necesita ciertos principios fundamentales, autosuficientes y de amplio alcance, relativos al sistema social. Estos principios deben formarse sobre la base de una comprensión cabal del significado y el propósito de la vida en sociedad, así como de las necesidades y demandas naturales del ser humano. No deben contener ni una deficiencia extrema ni una exageración excesiva o falta de equilibrio. Deben garantizar el bienestar integral de la humanidad y contribuir a la estructuración, reconstrucción, mejora y desarrollo de todos los aspectos de la vida humana en todas las épocas.

Además, necesita ciertas normas y reglamentos completos y precisos que conduzcan el carácter individual, la conducta colectiva y los esfuerzos y actividades individuales y colectivos por el camino correcto, y los protejan de la desviación. Estas normas actuarán como guía en la gran vía de su vida y, en cada curva, en cada cruce y en cada etapa peligrosa, le advertirán y le mostrarán el camino correcto.

Asimismo, necesita algunas normas prácticas que deberán observarse universalmente para siempre. Estas normas prácticas son necesarias para mantener intacto el vínculo del ser humano con la profunda realidad del ser humano y del universo expuesta en el «Ad-Din» en cuestión, es decir, en el sistema de vida completo, así como con el objetivo y el desenlace de la vida, y con los principios morales y sociales y las normas de conducta que allí se han establecido.

La combinación de estos principios fundamentales y normas constituye ese sistema de vida completo. La elaboración de ese sistema de vida es el tema de nuestra discusión. Ahora debemos considerar si el ser humano posee los medios y recursos necesarios para elaborar un sistema de vida completo de esa naturaleza.

Examen de los medios y recursos humanos

El ser humano dispone de no más de cuatro medios y recursos para elaborar su propio «Din» o sistema de vida. El primero es la voluntad; el segundo, la facultad intelectual; el tercero, la experimentación y la observación; y el cuarto, el registro histórico probatorio de las experiencias del pasado. No parece posible encontrar un quinto recurso aparte de estos cuatro. Examinen cuanto puedan cada uno de estos cuatro recursos y vean si pueden ayudar al ser humano a elaborar el «Ad-Din» objeto de esta discusión. He dedicado una parte importante de mi vida a reflexionar e investigar este asunto. Finalmente, he llegado a la conclusión de que estos recursos no pueden ayudar en absoluto a elaborar ese sistema de vida completo. Sin embargo, si un guía del «Ad-Din» procedente del mundo superior, distinto del ser humano, lo presenta, estos recursos pueden ayudar a comprenderlo, reconocerlo, verificar su verdad o falsedad y también formular, conforme a él, las normas detalladas de los diversos aspectos de la vida.

Primero: la fuerza de voluntad

Consideremos primero la fuerza de voluntad. ¿Puede ser la guía del ser humano? Aunque la voluntad es la verdadera fuerza motivadora e impulsora de la acción del ser humano, las debilidades presentes en su naturaleza le impiden tener jamás la capacidad de guiarlo por el camino correcto de la vida. Lejos de mostrarle el camino, en la mayoría de los casos desvía su conciencia, su intelecto y su conocimiento. Por mucho que se la cultive y refine mediante diversos tipos de formación, cuando se le confíe la responsabilidad de tomar la decisión final, sin duda tomará una decisión equivocada en el noventa y nueve por ciento de los casos. Esto se debe a que las necesidades que surgen en ella la obligan a elegir, en lugar de la decisión correcta, aquella que permita obtener el objeto deseado con rapidez y facilidad. Esta es, fundamentalmente, la debilidad inherente a la voluntad humana. Por tanto, ya se trate de una voluntad individual, de clase o de la voluntad general descrita por Rousseau (General will), en suma, ninguna forma de voluntad humana es, por su naturaleza, apta para contribuir a la elaboración de un sistema de vida completo. En especial, carece por completo de capacidad, y no puede tenerla, para prestar ayuda alguna en asuntos superiores, como determinar la esencia de la vida humana, su desenlace y su propósito.

Dos: el intelecto

Pasemos ahora al tema del intelecto. No cabe duda de que es una facultad humana dotada de las más elevadas aptitudes y capacidades, de que su importancia e influencia en la vida humana son extraordinarias y de que constituye una enorme fuerza inspiradora para el ser humano. Pero, cuando se considera a quién podría confiarse la responsabilidad de elaborar un «ad-din» para la humanidad, surge la pregunta: ¿a qué intelecto debe encomendarse esta responsabilidad? ¿Al de Zayd o al de Bakr? ¿Al de todos los seres humanos? ¿O al de algún grupo particular de personas? ¿A los seres humanos de la época actual, a los del pasado o a los del futuro? Dejemos de lado, por ahora, esta cuestión. Pero hay otra que no puede eludirse en absoluto: después de considerar los límites y el alcance del intelecto humano, ¿puede alguien afirmar que es posible confiarle la elaboración de un sistema de vida completo y autosuficiente, y que es apropiado encomendarle tal tarea? Es bien sabido que todas sus conclusiones dependen de los datos recogidos por los cinco sentidos, es decir, por la facultad sensorial. Si los datos que recoge son erróneos, también serán erróneas las conclusiones del intelecto. Si sus datos son incompletos, también serán incompletas sus conclusiones. Y respecto de aquello sobre lo que los sentidos no aporten dato alguno, si el intelecto es consciente de sus propias capacidades, no formulará ninguna conclusión; pero si es arrogante, seguirá lanzando flechas inútiles en la oscuridad. ¿Puede un intelecto cuya capacidad es tan limitada y estrecha asumir la responsabilidad de elaborar para la humanidad un sistema de vida completo (ad-din)? Además, la elaboración de un «ad-din» depende de la resolución de ciertos problemas superiores y complejos: ¿habría que resolverlos basándose en imaginaciones, conjeturas, suposiciones y nociones fantásticas? Los cinco sentidos proporcionan datos sumamente incompletos sobre aquellos conceptos en los que necesariamente han de basarse los valores morales eternos indispensables para elaborar un «ad-din». ¿Cómo puede esperarse que, basándose en datos incompletos, el intelecto determine valores morales completos y puros? Del mismo modo, respecto de cualquiera de los demás elementos del «ad-din» que he mencionado, no se obtienen de los cinco sentidos datos exactos y completos sobre cuya base el intelecto pueda elaborar un sistema de vida autosuficiente y universal. Además, el elemento llamado deseo o inclinación permanece constantemente detrás del intelecto. No le permite adoptar conclusiones puramente racionales. Aunque el intelecto quiera avanzar por el camino recto, el deseo o la inclinación no deja de impulsarlo, al menos en cierta medida, hacia un camino desviado. Por tanto, aun suponiendo que el intelecto humano no se equivocara al ordenar y coordinar los datos recogidos por los cinco sentidos ni al extraer pruebas de ellos, debido a su propia debilidad carece de la capacidad necesaria para que se le confíe una responsabilidad tan enorme. Si se le impone semejante carga, se comete una injusticia tanto contra él como contra quien se la impone.

Tres: la ciencia

Examinemos ahora el tercer instrumento. Se trata del conocimiento adquirido mediante la experiencia, la experimentación y la observación. En la misma medida en que un estudiante de ciencias aprecia y comprende el valor y la importancia de este conocimiento, los comprendo yo también. No lo menosprecio ni un ápice. Pero ignorar las limitaciones de este conocimiento y atribuirle una amplitud que no posee es una tarea absolutamente anticientífica. Quien conozca la verdadera naturaleza del conocimiento humano no podrá negar que los profundos misterios de los problemas metafísicos están fuera de su alcance. No dispone de los medios ni de los instrumentos necesarios para desvelarlos. Tampoco puede observarlos directamente; y, basándose en las cosas que pueden someterse a examen y observación, no es capaz de establecer acerca de ellos, con argumentos y pruebas, una opinión que pueda denominarse «ciencia». Por consiguiente, no hace falta decir que la ciencia no alcanza a resolver los problemas fundamentales que es indispensable conocer desde el comienzo mismo para elaborar el «ad-din» aquí tratado. Queda entonces la pregunta de si puede dejarse en manos de la ciencia la determinación de los valores morales, la formulación de los principios socioculturales y la identificación de los límites que impidan el extravío. Al buscar la respuesta, surge en primer lugar la cuestión de a qué ciencia —la de qué persona, grupo o época— podría confiarse esa responsabilidad. Pero, sin entrar en ello, debemos reflexionar sobre qué condiciones indispensables habría que cumplir para completar científicamente la elaboración de un sistema de vida completo (ad-din). La primera condición es que el ser humano conozca las leyes naturales bajo cuyo dominio transcurre su vida terrenal. La segunda es que llegue a dominar plenamente todos los hechos y conocimientos relativos a su propia vida. La tercera es que se reúnan ambos tipos de conocimiento —es decir, todos los hechos y conocimientos conocidos acerca de la vida humana y del mundo natural— y que, después, una mente plenamente madura y sabia los organice con pericia, extraiga de ellos argumentos y pruebas correctos y determine así los valores morales, los principios socioculturales y los límites que previenen el extravío. Hasta hoy no se ha cumplido ninguna de estas condiciones, y tampoco cabe esperar que se cumplan dentro de cinco mil años. Tal vez se cumplan un día antes de la extinción de la humanidad. Pero entonces ya no servirán para nada.

Cuatro: la historia

Finalmente, consideremos ese medio o instrumento del conocimiento al que llamamos el registro de las pruebas o el libro de cuentas de la humanidad. No puedo negar su importancia ni sus beneficios. Solo quiero decir que tampoco es suficiente para llevar a cabo la enorme tarea de elaborar un «ad-din». Creo que, si lo examinan con cierta profundidad, los lectores estarán de acuerdo conmigo. Aquí no planteo la cuestión de si este registro histórico de pruebas ha llegado de manera correcta y completa desde el pasado hasta los seres humanos del presente. Tampoco pregunto a qué mente, en nombre de toda la humanidad, podría confiarse la tarea de elaborar un «ad-din» con ayuda de este registro o documento histórico: ¿a la de Hegel, a la de Marx, a la de Ernst Haeckel o a la de cualquier otro? Mi única pregunta es esta: ¿hasta qué fecha exacta del pasado, del presente o del futuro podría el registro de las pruebas proporcionar material suficiente para elaborar un «ad-din»? Afortunados serán quienes nazcan después de esa fecha. ¿Y qué será de quienes abandonen este mundo antes de ella? Allah, Exaltado sea, es su protector.

resultado desalentador

Creo que, en el breve análisis que acabo de presentar, no he cometido ningún error ni en el análisis científico ni en la exposición de los argumentos. Si es correcta la evaluación que he hecho de los medios y recursos humanos, puedo afirmar con firme convicción, sin preocuparme por los obstáculos y las dificultades, que el ser humano quizá pueda construir para sí un sistema de vida inmaduro, defectuoso, efímero y de carácter regional. Pero le es absolutamente imposible crear un sistema de vida completo y perdurable (Ad-Din). Esto era imposible en el pasado y lo sigue siendo hoy. Y tampoco hay la menor esperanza de que sea posible en el futuro venidero.

En esta situación, si, según la opinión de los ateos, no existiera ningún «Dios» para guiar a la humanidad, entonces el ser humano debería suicidarse. Para el viajero que no tiene guía ni otro medio alternativo para encontrar el camino, no puede haber nada salvo una desesperación absoluta. A una persona compasiva no le quedaría nada que ofrecerle, excepto aconsejarle que golpeara con fuerza la cabeza contra una piedra en medio del camino y pusiera fin a todos sus problemas. Y si existiera un «Dios», pero no fuera un Dios guía —como el Dios de una clase de filósofos y científicos que se esfuerzan por demostrar la existencia de un Dios de ese tipo particular—, entonces la situación sería aún más lamentable. El Dios que dio todo lo necesario para la subsistencia y el desarrollo de cada ser y cada cosa del universo, pero no le dio al ser humano lo más necesario de todo, es decir, las normas y el método para vivir, hace que habitar en el mundo creado por Él sea un peligro terrible. A decir verdad, no se puede imaginar un peligro mayor que este. Pues, sin ese sistema de vida, la vida entera de la humanidad se vuelve inútil. En tal situación, habría que lamentarse por los pobres, los huérfanos, los enfermos, los afligidos, los heridos y los oprimidos. El ser humano realiza una y otra vez experimentos fallidos con filosofías de vida equivocadas. Mientras avanza, tropieza y cae; después se levanta y vuelve a caminar, para tropezar otra vez. Y cada vez que tropieza, país tras país y nación tras nación se convierten en ruinas. Está tan desorientado que ni siquiera sabe cuál es el propósito de su vida. Tampoco sabe para qué debe trabajar y esforzarse, ni conforme a qué normas y métodos debe hacerlo. Parece que el Dios que lo creó y le permitió vivir en el mundo contempla en silencio todas estas desgracias. Como si solo se preocupara por crear y no le importara en absoluto informar al ser humano de las normas para vivir y actuar en el mundo.

la única luz de esperanza

El Corán nos presenta una imagen completamente opuesta a esta: la imagen de una situación diferente. El Corán dice que Allah no es solo el Creador, sino también el Guía. Él ha dado a cada cosa existente en el universo toda la guía necesaria conforme a su naturaleza y disposición.

(árabe************************************en la página 330 del PDF)

«Quien dio a cada cosa su estructura física y luego la guio». —(Sura Ta-Ha: 50)

Para comprobarlo, basta con observar cualquier hormiga, mosca o araña. El mismo Dios que mostró el camino de la vida a estas criaturas insignificantes también se lo mostró al ser humano. Por tanto, la única conducta correcta y pura para el ser humano consiste en abandonar toda arrogancia, inclinarse ante Él y seguir la guía del sistema de vida universal y completo, o «Ad-Din», que Él envió por medio de los profetas.

Ahora vemos que ante nosotros se abren dos caminos. Tras examinar las capacidades y los medios de los seres humanos, se ha encontrado un camino. Y mediante la proclamación del Corán ha surgido otro camino. No tenemos más opción que adoptar uno de estos dos caminos. O bien debemos aceptar la proclamación del Corán, o bien arrojarnos a la terrible oscuridad de la desesperanza, donde no existe ni un solo rayo de esperanza. En realidad, no nos encontramos ante una situación en la que haya dos recursos para elaborar un sistema de vida y baste con escoger uno de ellos. La situación a la que nos enfrentamos es, más bien, que solo existe un medio para alcanzar un sistema de vida. Debemos decidir si adoptaremos ese único medio o si, en lugar de beneficiarnos de su ayuda, consideraremos preferible vagar desorientados en la oscuridad.

El argumento del Corán

De los argumentos que he expuesto hasta ahora solo podemos concluir que, por el bien de la humanidad, no hay más alternativa que aceptar la afirmación del Corán. En otras palabras, no hay manera de ser incrédulo; necesariamente debes hacerte musulmán. Sin embargo, el Corán presenta, en apoyo de su afirmación, argumentos y pruebas de una calidad muy superior. No exige que la gente se haga musulmana por encontrarse en una situación apremiante. Al contrario, la exhorta a hacerse musulmana con alegría y por propia voluntad. A este respecto cuenta con numerosos argumentos y pruebas. Cuatro de ellos son los más contundentes. Esos cuatro son los que presenta repetidamente.

Primero: el islam es el único sistema de vida correcto para el ser humano, porque es el único que concuerda con la verdad absoluta. Todas las demás ideas y creencias son contrarias a la verdad e irreales.

(Árabe************************************página 331 del PDF)

«¿Acaso buscan una religión distinta de la religión de Alá? Cuando todo cuanto hay en los cielos y en la tierra se somete ante Él, voluntaria o involuntariamente, y todos serán devueltos a Él».

Segundo: este es el único sistema de vida puro y preciso para el ser humano, porque es la única verdad. Desde el punto de vista de la justicia y la moral, ningún otro sistema puede ser puro. Alá dice:

(Árabe************************************página 331 del PDF)

«En realidad, vuestro Señor es Allah, quien creó los cielos y la tierra en seis días (o seis eras). Luego se estableció en el Trono. Él cubre el día con el manto de la noche, mientras que el día corre velozmente detrás de la noche. El sol, la luna y las estrellas están todos sometidos a Su mandato. Sabedlo: a Él pertenece la creación y a Él pertenece exclusivamente el mandato. Bendito es Allah, Señor de los mundos». —(Sura Al-A‘raf: 54)

Tercero: puesto que Allah es el único que posee un conocimiento exacto de todos los hechos y realidades, solo Él puede proporcionar una guía correcta. Por ello, esta ley que Él ha establecido es la verdadera y exacta para el ser humano.

(Árabe************************************en la página 332 del PDF)

«Nada está oculto para Allah, ni en la tierra ni en el cielo». —(Sura Alí ‘Imrán: 5)

(Árabe************************************en la página 332 del PDF)

«Él conoce todo lo que está oculto y lo manifiesto para los seres humanos. De la información que Él conoce, ellos no pueden conocer nada salvo aquello que Él mismo desea darles a conocer». —(Sura Al-Báqara: 255)

(Árabe************************************en la página 332 del PDF)

«¡Oh, Profeta! Declara que la única guía verdadera y correcta es la guía de Allah». —(Sura Al-An‘am: 71)

Cuarto: Este es el único camino verdadero para la humanidad. Porque, de otro modo, la justicia no es posible. Cualquier otro camino que siga el ser humano terminará arrastrándolo hacia la opresión y la injusticia.

(Árabe************************************en la página 332 del PDF)

«Quien transgreda los límites establecidos por Allah, ciertamente se habrá perjudicado a sí mismo».—(Sura At-Talaq: 1)

(Árabe************************************en la página 332 del PDF)

«Quienes no juzgan conforme a lo que Allah ha revelado, esos son los injustos».—(Sura Al-Ma’idah: 45)

A la luz de estas pruebas y argumentos del Corán, es deber ineludible de toda persona sensata someterse ante Allah y aceptar de Él las normas que han de regir su vida.

Criterios para verificar la ley divina

Antes de avanzar, considero necesario responder a una pregunta. Al llegar a esta etapa de la exposición, esta pregunta surge en la mente de todos. Cuando reflexionaba sobre el tema, también surgió en mi propia mente. La pregunta es: ¿cómo podemos determinar cuál es la ley establecida por Allah y cuál es la ley creada por el ser humano? No se puede aceptar sin más cualquier norma que alguien presente afirmando que es la ley de Allah. Para responder a esta pregunta sería necesario un análisis muy detallado. Sin embargo, intentaré responder brevemente. En realidad, existen cuatro criterios principales para distinguir entre el pensamiento humano y el pensamiento divino. Los expondré uno por uno.

Una característica importante del pensamiento humano es que en él están inevitablemente presentes los efectos del error y las limitaciones del conocimiento. En cambio, eso es imposible en el pensamiento divino. Allí se percibe claramente la huella de un conocimiento infinito e infalible. En la ley de Allah nunca puede haber nada contrario a una verdad científica demostrada de una época determinada; tampoco puede contener nada que demuestre que algún aspecto de la verdad haya quedado fuera del conocimiento del Legislador. Sin embargo, al aplicar este criterio, no debe olvidarse que el conocimiento, las concepciones e hipótesis científicas y las teorías científicas no son una misma cosa. En determinados momentos, ciertas teorías y concepciones científicas ejercen influencia sobre la mente humana, y la gente, por error, las considera «conocimiento». No obstante, la posibilidad de que sean erróneas es exactamente igual a la posibilidad de que sean correctas. En la historia del conocimiento y de la ciencia, son muy escasas las concepciones y teorías que finalmente han demostrado ser verdadero «conocimiento».

Otra gran debilidad del pensamiento humano es la estrechez de su perspectiva. Por el contrario, en el pensamiento divino se observa la máxima amplitud y vastedad de perspectiva. Al examinar cualquier afirmación surgida del pensamiento divino, parecerá que su autor ve con sus propios ojos todo, desde el principio hasta el fin. Parecerá que contempla de una sola mirada y simultáneamente el universo entero y todas sus verdades más recónditas. Frente a él, incluso las opiniones y corrientes de pensamiento de los filósofos y pensadores más eminentes parecerán sumamente infantiles.

Otra característica importante del pensamiento humano es que en él se observa que las emociones, el entusiasmo y los deseos de las inclinaciones instintivas están, de un modo u otro, implicados en juegos ocultos y connivencias con la razón, la inteligencia y el conocimiento profundo. En cambio, el sistema divino resplandece con una inteligencia pura y un conocimiento absolutamente incontaminado. Esta característica es tan brillante y manifiesta que en ninguna de sus normas y disposiciones se percibe el menor rastro de sentimentalismo o inclinación tendenciosa.

Otra debilidad del pensamiento humano es que en los sistemas de vida que crea están inevitablemente presentes el partidismo, la desigualdad irracional entre las personas y los elementos que otorgan a unos prioridad sobre otros sobre bases irracionales. Pues toda persona tiene ciertas intenciones y preferencias personales, está vinculada a un grupo determinado y, a la vez, no está vinculada a otros grupos determinados. Pero el pensamiento divino está completamente libre de elementos de esta naturaleza.

Todo sistema que se presente como un sistema de vida divino puede ser examinado conforme a este criterio. Si se demuestra que está libre de las debilidades y errores del pensamiento y del intelecto humanos, y que posee la amplitud y autosuficiencia indispensables en un sistema de vida completo, entonces se puede creer en él sin reservas ni vacilaciones. No hay ninguna razón para albergar objeciones o reparos al respecto.

La exigencia de la fe

Ahora abordaré la última de las cuestiones fundamentales. La cuestión es la siguiente: cuando el ser humano acepta esta afirmación del Corán y, convencido de que un sistema de vida es un sistema de vida divino, cree en él, ¿qué debe hacer?

Digo desde el principio que el significado del islam es inclinar la cabeza, y que la arbitrariedad y la libertad ilimitada de pensamiento y acción no pueden coexistir con la obediencia y la sumisión. Cuando se cree en un sistema de vida, hay que entregarle toda la propia existencia. No se puede dejar nada de cuanto está bajo nuestro dominio fuera de su obediencia. Hay que aceptar su autoridad y dominio absolutos sobre todo: la mente y el cerebro, los ojos y los oídos, las manos y los pies, el estómago y el cuerpo, la lengua y la pluma, el tiempo y el trabajo, los esfuerzos, gestiones y actividades, el odio y el amor, la enemistad y la amistad. Ninguna parte ni ningún ámbito del propio ser puede quedar fuera de su jurisdicción. En la medida exacta y en la misma proporción en que cualquier cosa bajo nuestro dominio, o cualquiera de sus aspectos o ámbitos, se mantenga fuera de la obediencia y del alcance de ese sistema de vida, en esa misma medida quedará refutada la exigencia de la fe. Quien desee ser veraz y sincero en su fe o creencia tiene el deber ineludible de esforzarse al máximo por mantener su vida pura de toda falsedad.

Quiero repetir aquí otra cuestión. Hay que tener siempre presente que la vida humana es una entidad única e indivisible. Por eso, para la totalidad de la vida humana se necesita un solo sistema de vida. Seguir simultáneamente varios códigos de vida no es sino una manifestación de la vacilación de la fe, de la indecisión y de la inmadurez en las decisiones. Cuando una persona acepta una religión o un sistema de vida como su propia religión o código de vida, debe aceptarlo necesariamente como la religión efectiva de todas las partes y ámbitos de su vida: de su vida personal, de su educación y de sus instituciones educativas, de su actividad profesional, de la política y de la vida social, de sus negocios y de la obtención de sus medios de subsistencia, de sus relaciones mutuas, conducta y actividad nacional, y también de la literatura y la cultura. No hay ninguna razón para admitir excepciones en esto. No es posible que cada perla siga siendo una perla mientras está separada y que, en cuanto se ensarte para formar un collar, todas esas perlas separadas se conviertan de repente en granos de frijol y lenteja. Del mismo modo, no es posible que una persona sea individualmente una seguidora perfecta de una determinada religión o sistema de vida, pero que, cuando muchas personas se agrupen, algunas partes de su vida colectiva queden excluidas de la obediencia a esa religión o sistema de vida. Además, para quien acepta una religión como el único sistema de vida completo y cree en ella, la mayor exigencia de su fe es que permita a toda la humanidad tener la oportunidad de beneficiarse de las bendiciones de esa gran religión y que se esfuerce para que ese sistema de vida completo se convierta en el sistema de vida dominante y efectivo en todo el mundo. Así como vivir victoriosamente es parte de la naturaleza de la verdad, del mismo modo, ser partidario de la verdad exige naturalmente hacer todo lo posible para hacerla triunfar sobre la falsedad. Ninguna persona que siga la verdad puede sentirse tranquila sin cumplir esta responsabilidad. Quien ve que, en todo el mundo, las fuerzas de la falsedad se han asentado con arrogancia y enorme poder, pero aun viéndolo no se siente en lo más mínimo indignado ni perturbado, si conserva algún afecto o inclinación hacia la verdad, estos se encuentran en estado latente y adormecido. Debe cuidarse de que este sueño no se convierta en un sueño destructivo y de que este silencio no se transforme en el silencio de la muerte.

 

El conflicto entre el islam y la Yahiliyyah

—En sentido comparativo, todas las doctrinas e ideales de vida que son o han sido contrarios a la verdadera religión del islam reciben el nombre de «Yahiliyyah». La base del islam es el «conocimiento verdadero», es decir, la revelación divina; mientras que las ideologías yahilíes se basan en conjeturas, suposiciones y concepciones metafísicas imaginarias, o en pensamientos espirituales derivados de la mera ignorancia y la falta de reflexión (el autor).

Cualquiera que sea el código de vida que se elabore para la existencia de los seres humanos en el mundo, es inevitable que proceda de alguna filosofía metafísica. Para formular un plan adecuado para la vida, es indispensable adquirir primero una concepción clara y precisa del ser humano y del universo, que es su morada. De otro modo, no es posible elaborar dicho plan. Para responder a las preguntas de cómo deben ser la conducta y el comportamiento del ser humano, y cómo debe actuar en el mundo, primero hay que saber qué es el ser humano, cuál es la posición y el rango de este universo, y cuál es la naturaleza de su sistema, con el que la vida humana debe armonizar. De acuerdo con la solución que se encuentre a estas últimas preguntas, se formará una ideología moral; y según la naturaleza de esa ideología moral se configurarán los distintos aspectos y ámbitos de la vida humana. Después, conforme a ese esquema determinado, se formularán las normas detalladas del carácter individual y de las relaciones, transacciones y conductas colectivas. Finalmente, todo el edificio de la sociedad y la civilización se construirá sobre esa base.

En realidad, todas las religiones e ideologías creadas hasta hoy para la humanidad han tenido que establecer, en su fundamento, una filosofía básica y una perspectiva moral fundamental propias. Por ello, desde los principios generales hasta las normas más minuciosas, son esta filosofía básica y esta perspectiva ética las que distinguen una ideología de otra. Esto se debe a que ellas determinan el temperamento, la naturaleza y el carácter de cada sistema de vida. Si se considera el sistema de vida como un cuerpo, ellas son su alma.

Cuatro doctrinas sobre la vida

Si se examina un sistema de vida dejando de lado sus detalles y ramificaciones, y considerando únicamente su estructura fundamental, se verá que pueden adoptarse en total cuatro doctrinas metafísicas acerca del ser humano y del mundo natural. Todas las filosofías de vida existentes en el mundo han adoptado una de estas cuatro. A la primera de estas cuatro doctrinas podemos llamarla Yahiliyyah pura.

Yahiliyyah pura

La idea fundamental de esta doctrina es que la administración de todo el universo constituye la manifestación real de un accidente repentino. Detrás de ella no hay sabiduría alguna, ni ningún principio profundo, ni propósito alguno. Se creó por sí misma, funciona espontáneamente y, un día, desaparecerá por sí misma sin producir ningún resultado ni consecuencia. No tiene ningún dios. Y, aunque lo tuviera, no tendría relación alguna con la vida humana. El ser humano es una especie de ser vivo y, al igual que los demás seres vivos, quizá también surgió por casualidad. No necesitamos preocuparnos por quién lo creó, para qué lo creó, ni por cuestiones semejantes. Solo sabemos que el ser humano existe en este mundo. Tiene ciertas esperanzas y aspiraciones, cuya satisfacción es fuertemente impulsada desde dentro por su propia naturaleza. También posee ciertas fuerzas y herramientas que pueden utilizarse para satisfacer esas esperanzas y aspiraciones. Puede ver diversos recursos esparcidos a su alrededor. Aplicando sobre ellos sus propias fuerzas y herramientas, puede satisfacer sus esperanzas y aspiraciones. Por tanto, fuera de satisfacer las exigencias de sus inclinaciones naturales, no tiene ningún otro propósito en la vida. Aparte de reunir los mejores medios y recursos para satisfacer esas necesidades, sus facultades y capacidades humanas tampoco tienen ninguna otra función. Por encima del ser humano no existe ninguna fuente ni origen de conocimiento y de guía para seguir el camino de la verdad y la rectitud, de donde pueda obtener el código de vida que ha de seguir. Por consiguiente, debería elaborar por sí mismo un código de vida a partir de su entorno, sus circunstancias y sus signos, así como de las pruebas y experiencias históricas propias que se manifiestan en ellos. Puesto que no existe nada semejante, es naturalmente una entidad irresponsable. Si ha de rendir cuentas, solo tendrá que hacerlo ante sí mismo o ante una autoridad que nazca entre los seres humanos y llegue a ejercer autoridad sobre ellos.

Cualesquiera que sean los resultados de las acciones, quedan limitados a la vida de este mundo. Fuera de la vida mundana no existe ninguna otra vida. Por tanto, será en función de los resultados manifiestos en este mundo como se determinará si algo es erróneo o correcto, perjudicial o beneficioso, aceptable o rechazable.

Cuando el ser humano está sumergido en una yahiliya absoluta, es decir, cuando no puede alcanzar ninguna verdad que esté por encima de los objetos perceptibles por los sentidos, o no desea alcanzarla debido a su esclavitud de las pasiones, esta doctrina domina su mente y su pensamiento. Los adoradores del mundo han adoptado esta doctrina en todas las épocas. Salvo contadas excepciones, los reyes, monarcas, emires y dignatarios, gobernantes, cortesanos, ricos y quienes consagraron su vida a la riqueza, por lo general, dieron prioridad precisamente a esta doctrina. Asimismo, en la base de la cultura de todos los pueblos cuya civilización y cultura son elogiadas en la historia, esta doctrina desempeñó un papel efectivo. También está activa en la raíz de la civilización occidental moderna. Aunque no todos los occidentales niegan a Dios y el Más Allá, ni todos ellos apoyan intelectualmente la moral materialista. Sin embargo, la fuerza vital que actúa en el cuerpo entero de su civilización y cultura es precisamente la fuerza vital de esa incredulidad en Dios y en el Más Allá, y de la moral materialista. Esta se ha arraigado de tal manera en sus vidas que incluso quienes, desde el punto de vista racional, reconocen la existencia de Dios y del Más Allá y mantienen una perspectiva no materialista en materia de moralidad, inconscientemente no son en la vida práctica más que ateos y materialistas; porque la doctrina que siguen en el ámbito del pensamiento no guarda relación alguna con su vida práctica. La situación de sus prósperos predecesores, olvidados de Dios, era similar. Los prósperos habitantes de Bagdad, Damasco, Delhi y Granada no negaban a Dios ni el Más Allá por ser musulmanes, pero todo el programa de sus vidas estaba elaborado como si no existiera nada llamado Dios o Más Allá, ni se planteara la cuestión de rendir cuentas ante alguien o de recibir orientación de alguien. Solo existían sus deseos, pasiones, esperanzas y aspiraciones. Para satisfacerlas, eran completamente libres de adoptar todo tipo de medios, recursos y métodos. Su convicción era que, puesto que no existe otra vida después de esta, debían aprovechar mediante el disfrute y el lujo todo el tiempo que se les concediera para vivir.

Se ha dicho anteriormente que la naturaleza misma de esta doctrina es tal que, sobre su base, se desarrolla un sistema moral puramente materialista. Poco importa que dicho sistema moral esté consignado en libros o que solo haya sido formulado en las mentes. A continuación, de esta mentalidad materialista se desarrollan el conocimiento y la ciencia, las corrientes de pensamiento, la literatura y la cultura. Gradualmente, todo el sistema educativo y de formación llega a estar impulsado por el ateísmo y el materialismo. Después, el carácter individual se forma conforme al mismo molde ideológico. Los principios de las relaciones y transacciones entre las personas se establecen siguiendo el mismo método y molde. La redacción y el perfeccionamiento de las leyes también se llevan a cabo del mismo modo. Entonces, el liderazgo de una sociedad de este tipo lo obtienen aquellos que son los mayores estafadores, malversadores, mentirosos, embaucadores, crueles y viles. El liderazgo y la autoridad sobre toda la sociedad, así como la responsabilidad de gobernar el Estado, pasan a sus manos. Después, como camellos sin rienda, lanzan desenfrenadamente sobre la humanidad una cruel campaña de explotación y opresión. No temen tener que rendir cuentas ni ser apresados por nadie. Todas sus técnicas prácticas se elaboran sobre la base de los principios políticos de Maquiavelo. En sus códigos legales, la fuerza es otro nombre de la verdad, y la debilidad, otro nombre de la falsedad. Nada, salvo los obstáculos materiales, puede impedirles cometer injusticia y opresión. Dentro del Estado, esta injusticia y opresión adquieren tal forma que los poderosos pasan a oprimir a las clases débiles de su propia nación. Y en el ámbito internacional, el nacionalismo, el imperialismo y el expansionismo—[Al analizar otro aspecto de la doctrina de la yahiliya, el autor dijo: Cuando el profeta Shuayb (la paz sea con él) invitó a los miembros de su pueblo a someterse al Dios único y les pidió que se abstuvieran de la corrupción en las transacciones comerciales, ellos respondieron:

(Árabe************************************en la página 338 del PDF)

«¡Oh, Shuayb! ¿Acaso tu oración te enseña que debemos abandonar los ídolos a los que nuestros antepasados rendían culto? ¿Y que no podemos disponer de nuestras riquezas como queramos?»—(Sura Hud: 87)

Esta es la explicación completa de la ideología de la Yahiliya frente al islam. El islam sostiene que todas las doctrinas y caminos distintos de la servidumbre a Allah son erróneos e indignos de ser seguidos, pues en los Libros celestiales no existe ninguna prueba que respalde otra doctrina o camino. Además, la servidumbre a Allah no puede limitarse únicamente al ámbito religioso; debe abarcar todos los aspectos y sectores de la vida: la sociedad y la civilización, la economía y la política. Esto se debe a que, en realidad, todo el poder y la riqueza que posee el ser humano pertenecen a Allah, y el hombre no tiene derecho a utilizar nada según su propia voluntad, contrariando la voluntad de Allah. En cambio, la doctrina de la Yahiliya sostiene que se deben seguir las costumbres y tradiciones heredadas de los antepasados. El hecho de que sean costumbres de los padres y abuelos se considera prueba y justificación suficiente para seguirlas; no hace falta ninguna otra prueba. La religión solo tiene relación con la adoración y el culto. Debemos gozar de plena libertad en las actividades mundanas de nuestra vida, para poder realizarlas según nuestros deseos. De aquí también puede deducirse que la idea de dividir la vida en religiosa y mundana no es algo nuevo. Al contrario, hace tres o cuatro mil años, el pueblo del profeta Shuayb (la paz sea con él) insistía en esta división, del mismo modo que hoy lo hacen las naciones occidentales y sus ciegos seguidores. En realidad, esto no es un nuevo «rayo de luz» que el ser humano haya alcanzado como resultado del desarrollo progresivo de su pensamiento y sus ideas. Es, más bien, aquella antigua forma de pensar supersticiosa que ya existía exactamente así en la Yahiliya hace miles de años. El conflicto de esta con el islam tampoco es nuevo, sino muy antiguo. (Los compiladores)] y se manifiesta en forma de destrucción de las naciones.

Dos: la Yahiliya mezclada con shirk

La segunda doctrina sobrenatural se basa en el principio del shirk. La organización del universo no es resultado de un acontecimiento accidental, ni tampoco es cierto que no haya ningún dios detrás de ella. Sin embargo, su dios o señor (amo) no es uno, sino muchos. No existe ningún argumento ni prueba científica a favor de esta idea; se basa únicamente en conjeturas y suposiciones. Por ello, los politeístas nunca han logrado ponerse de acuerdo, ni lo harán en el futuro, para aceptar como dioses todas aquellas cosas que pueden imaginarse, percibirse y comprenderse mediante la razón. Las personas desorientadas en la profunda oscuridad de la ignorancia han convertido en dios cualquier cosa sobre la que han posado sus manos. Así, el número de divinidades ha aumentado y disminuido. Los ángeles, los genios, los espíritus, los planetas y las estrellas, y los seres humanos vivos y muertos han sido aceptados como deidades. Incluso cosas abstractas como el amor, la belleza, el deseo sexual, la fuerza creadora, las enfermedades, la guerra, Lakshmi y la fuerza han sido convertidas en objetos de adoración. Hasta seres monstruosos como hombres-león, hombres-pez, hombres-pájaro, seres de cuatro cabezas y hombres con mil brazos y cabeza de elefante han sido incluidos entre las divinidades de los extravagantes politeístas.

Después, alrededor de este camino se creó un extraordinario mundo mágico de imaginación y mitología. La fértil imaginación y la variada habilidad artística de cada pueblo ignorante han producido muestras tan curiosas que uno no puede sino maravillarse al contemplarlas. En los pueblos que poseen una idea clara del Dios supremo, es decir, Allah, la administración de la divinidad se concibe más o menos así: Allah es el rey, y los demás dioses son sus visires, ministros, cortesanos, allegados y funcionarios encargados de diversas responsabilidades. Pero, como el ser humano no puede llegar directamente ante el rey, todos los asuntos se relacionan únicamente con los dioses de rango inferior. En cambio, entre los pueblos cuya idea de Allah es muy confusa o que, por así decirlo, no tienen ninguna idea de Él, toda la autoridad divina se encuentra distribuida entre diversos dioses.

Después de la Yahiliya pura, esta es la «segunda clase de Yahiliya», en la que la humanidad ha estado sumergida desde tiempos inmemoriales hasta hoy. En todo momento, los seres humanos han descendido hasta tal punto de degradación mental. Quienes, por influencia de las enseñanzas de los profetas de Allah, creyeron en un Allah único y todopoderoso, ciertamente borraron de sus corazones la existencia de otros dioses; sin embargo, los profetas, mártires, pirs, santos, gaws, qutbs, abdals y las personas honradas con el título de Zillullah encontraron de una u otra forma un lugar en sus creencias y convicciones. Los ignorantes aceptaron como dioses, al igual que los politeístas, a aquellos cuya vida entera se había consagrado a acabar con la divinización del ser humano sobre el ser humano y a establecer únicamente la autoridad y el señorío de Allah. Por un lado, en lugar de la idolatría de los politeístas, se inventó una nueva sharía compuesta de fātiḥas, visitas devocionales, ofrendas y votos, urs, veneración de santuarios, ondear banderas sobre las tumbas, tazias y otras prácticas religiosas semejantes. Por otro lado, sin ninguna prueba teórica, se creó una mitología completa sobre el nacimiento y la muerte de estos venerables, su aparición y desaparición, sus kashf y karamat, sus poderes extraordinarios y el estado de su cercanía a Allah; una mitología plenamente concordante, en todos los aspectos, con la mitología de los politeístas. En tercer lugar, bajo el fascinante envoltorio de nombres como «wasila», «ayuda espiritual» y «faiz», se vinculó con esos venerables toda relación entre Allah y Sus siervos. En la práctica, la situación llegó a ser exactamente como la de los politeístas, según quienes el Señor del universo se encuentra muy lejos del alcance de los seres humanos y todos los asuntos relacionados con su vida están confiados a funcionarios subordinados a Él. La única diferencia es que los politeístas llaman abiertamente a esos funcionarios subordinados objetos de adoración, dioses, encarnaciones o hijos de Allah, mientras que estos los ocultan bajo términos como gaws, qutb, abdals, awliya y hombres de Allah.

En todas las épocas de la historia, esta segunda clase de Yahiliya ha cooperado con la primera, es decir, con la Yahiliya pura. En la Antigüedad, ambas clases de Yahiliya coexistieron en las civilizaciones y culturas de Babilonia, Egipto, la India, Irán, Grecia, Roma y otros lugares. En la actualidad, la situación de Japón es similar. Esta cooperación tiene diversas causas. Mencionaré aquí algunas de ellas.

En primer lugar, en la Yahiliya mezclada con shirk, la relación del ser humano con sus divinidades se limita a considerarlas autoridades y dueñas del beneficio y el perjuicio, y a intentar obtener su gracia y ayuda mediante diversos actos de adoración para alcanzar objetivos mundanos. —[El profeta Ṣāliḥ (la paz sea con él) dijo a su pueblo:

(Árabe************************************en la página 340 del PDF)

«Por tanto, pedid perdón a Allah y volved a la obediencia a Él. Ciertamente, mi Señor está cerca y responde a las súplicas». (Sura Hud: 61)

Aquí se refuta una gran concepción errónea de los idólatras. Esta idea equivocada era común a todos los idólatras y, en todas las épocas, fue una de las principales causas de que la gente cayera en el shirk. Creían que Allah era como sus reyes y emperadores: alguien que permanecía entregado a los placeres en un palacio real, muy lejos de sus súbditos. La gente común no podía llegar hasta allí. Por eso, para presentarle una petición, había que recurrir a alguien de entre quienes gozaban de su cercanía. Y aunque, por buena fortuna, la petición de alguien llegara hasta Él, debido a la soberbia propia de la divinidad, no le agradaba responderla personalmente. La tarea de responderla se encomendaba a alguno de los devotos que gozaban de su cercanía. Dominados por esta concepción errónea y bajo la instigación de personas astutas, creían que la sagrada corte del Señor del universo estaba muy lejos del alcance de la gente común. Una persona ordinaria ni siquiera podía esperar llegar hasta allí. Era absolutamente imposible que una súplica llegara a Su corte y recibiera respuesta, salvo mediante la mediación de espíritus santos y la ayuda de expertos funcionarios religiosos para hacer llegar las ofrendas, los votos y las súplicas. Debido precisamente a esta concepción equivocada, entre el ser humano y su dios se congregaron innumerables dioses grandes y pequeños, y surgió el sistema sacerdotal, sin cuya mediación los seguidores de las religiones de la ignorancia no podían realizar ni un solo rito religioso desde el nacimiento hasta la muerte. —(El autor)

Ahora bien, no hay ninguna posibilidad de que de ellos se obtenga una directriz moral o un sistema legal para la vida. Pues, si allí hubiera algún dios, entonces surgiría la cuestión de impartir directrices y establecer un sistema legal. Y precisamente porque no lo hay, los idólatras se ven necesariamente obligados a elaborar por sí mismos una doctrina moral y, basándose en ella, a formular por sí mismos una sharía. De este modo, queda vigente la ignorancia pura. Por eso, en las sociedades y civilizaciones que se construyen sobre la base de la ignorancia pura y de la ignorancia mezclada con el shirk, no existe otra diferencia que esta: en un lugar, junto con la ignorancia, comienza la continuidad de los templos, los sacerdotes y la adoración, mientras que en el otro no. En ambos casos, el carácter moral y la conducta son del mismo tipo; esa es la razón de la semejanza entre el temperamento y la naturaleza moral de la antigua Grecia y del Imperio pagano de Roma, por un lado, y los de la Europa moderna, por otro.

Segundo: la doctrina mezclada con el shirk no establece una base independiente y permanente para las ciencias y el conocimiento, la literatura, la filosofía, la política, la economía, etc. También en este ámbito, el idólatra adopta la postura de la ignorancia pura, y todo el desarrollo mental e intelectual de la sociedad idólatra tiene lugar conforme al ideal de la ignorancia pura. La única diferencia es que la imaginación de los idólatras es desmesurada y, por ello, la tendencia imaginativa de su pensamiento es muy marcada. Los ateos, en cambio, son en cierta medida realistas. Por eso no sienten interés ni inclinación por una filosofía puramente imaginaria. Sin embargo, cuando, prescindiendo de Dios, intentan desvelar el misterio de la creación del universo y de la naturaleza, la red de argumentos que tejen resulta tan irracional como las doctrinas mitológicas de los idólatras. En realidad, desde el punto de vista del pensamiento, no existe ninguna diferencia fundamental entre el shirk y la ignorancia pura. Una prueba elocuente de ello es que la Europa actual está vinculada a la antigua Grecia y Roma por sus doctrinas de tal manera que parece ser hija de ellas.

Tercero: la sociedad idólatra está completamente dispuesta a adoptar los usos y sistemas civilizatorios de aquellas sociedades que siguen la ignorancia pura, aunque en la estructura y organización de la sociedad existan diferencias metodológicas entre el shirk y la ignorancia pura. En el reino del shirk, los reyes son colocados en el trono de Dios. Surge una clase de dirigentes espirituales y religiosos investida de una nobleza y unos privilegios especiales. Y, mediante la alianza entre la familia real y la comunidad religiosa, se forma un círculo de poder. Se establece una doctrina permanente de la superioridad y supremacía de un linaje o tribu sobre otro y de una clase sobre otra. Así, se encierra a las masas ignorantes en las redes de la religión y se ejerce sobre ellas un dominio opresivo. Por otro lado, en la sociedad de la ignorancia pura, estos defectos adoptan la forma del culto al linaje, el culto a la raza, el imperialismo nacional, la dictadura, el capitalismo y la lucha de clases. Pero, en cuanto a la fuerza vital y la motivación fundamental, ambos pertenecen al mismo nivel: establecen el dominio del ser humano sobre el ser humano, fragmentan la sociedad por medio de los seres humanos y convierten a los miembros de una clase en sedientos de la sangre de los miembros de otra.

Tercero: la ignorancia ascética

La tercera doctrina sobrenatural, fundada en el ascetismo, puede resumirse así: este mundo y la existencia corporal son, para el ser humano, una pena en forma de prisión. El alma humana permanece dentro de la jaula del cuerpo como un prisionero condenado. Los deseos, anhelos y atractivos del placer que la persona experimenta debido a su relación con el cuerpo, así como las necesidades biológicas que enfrenta, son en realidad los grilletes y cadenas de esta prisión. Cuanto más se relacione el ser humano con este mundo y sus diversos objetos, más se corromperá y, en consecuencia, más merecerá ser castigado. El único camino hacia su liberación consiste en librarse de las dificultades y turbulencias de esta vida terrenal, extirpar los deseos, mantenerse alejado del placer y la satisfacción, negarse a satisfacer las necesidades corporales y los impulsos de la pasión, borrar de la mente el afecto y el amor nacidos de las relaciones con los bienes materiales y de los vínculos de carne y sangre, y atormentar y oprimir con una rigurosa austeridad a su propio enemigo —es decir, el cuerpo y las pasiones— hasta tal punto que este deje de ejercer dominio alguno sobre el alma. De este modo, el alma quedará libre de cargas, purificada y limpia, y podrá ascender a las alturas de la salvación.

Esta doctrina es esencialmente una doctrina antisocial. Sin embargo, ejerce su influencia sobre el sistema social de diversas maneras. Sobre su base se desarrolla un sistema filosófico particular; la filosofía vedanta, la filosofía de Manu, el neoplatonismo, el yoga, el sufismo, el ascetismo cristiano, el budismo y otros son diferentes formas de esta filosofía. De esta filosofía surge un sistema moral que es muy poco positivo y, en su mayor parte, completamente negativo. Ambos penetran conjuntamente en la literatura, las creencias doctrinales, la moral y la vida práctica; y allí donde llega su influencia, actúan como el opio y la cocaína. Esta tercera forma de ignorancia suele colaborar con las dos primeras de tres maneras:

Uno: Esta jahiliyyah ascética aparta a las personas virtuosas y temerosas de Dios del campo de acción de este mundo y las hace sentarse en celdas solitarias, dejando el campo libre para los peores malhechores. Los malvados, tras hacerse con la autoridad absoluta sobre la tierra, esparcen el caos sin impedimento, mientras los virtuosos continúan entregados a la austeridad, preocupados por su propia salvación.

Dos:La influencia que esta jahiliyyah ejerce sobre la gente común genera en ella una forma equivocada de paciencia y tolerancia, así como una visión desesperanzada, convirtiéndola en presa fácil de los opresores. Por eso, los reyes y monarcas, los emires y gobernantes, y las clases investidas de autoridad religiosa mostraban especial interés en promover y difundir esta filosofía y moral ascéticas. Bajo su patrocinio, su difusión avanzaba sin obstáculos. En la historia son raros los ejemplos de conflictos entre la filosofía y el ideal moral ascéticos, por un lado, y el imperialismo, el capitalismo y el papado, por otro.

Tres: Cuando esta filosofía y este ideal moral ascéticos son derrotados por la naturaleza y disposición humanas, comienzan a idearse diversos recursos y artimañas. En algunos lugares se inventa la creencia en la expiación, para poder pecar a voluntad sin perder el Paraíso. En otros, con el propósito de ofrecer una oportunidad para satisfacer el deseo sexual, se recurre al pretexto del amor centrado en el cuerpo, de modo que se apague el fuego del corazón y, al mismo tiempo, se conserve la pureza. En otros sitios, tras el velo del abandono del mundo y del ascetismo, se extiende una red de espiritualidad en connivencia con reyes, monarcas, ricos y comerciantes. La comunidad de los papas de Roma y los ocupantes de los tronos del mundo oriental han presentado los ejemplos más abyectos de ello. Así trata la jahiliyyah a los de su misma estirpe. Pero cuando esta jahiliyyah se infiltra entre los seguidores de los profetas, aparece una escena diferente. En lugar de reconocer este mundo como campo de acción, campo de prueba y campo de cultivo para la otra vida, asesta su primer golpe a la religión de Allah al presentarlo como una casa de tormento y un «mundo ilusorio». Como consecuencia de este cambio de perspectiva, el ser humano olvida la verdad de que ha sido puesto en este mundo como califa de Allah. Comienza a pensar que no ha venido aquí para trabajar ni para cumplir las diversas responsabilidades del mundo, sino que ha sido arrojado en medio de la inmundicia y la basura. Por eso, debe mantenerse alejado de la basura y la impureza. Su verdadero deber, aquí, sería permanecer como un no cooperador y evitar las responsabilidades. Como resultado de esta concepción, contempla con temor el mundo y las actividades y responsabilidades que hay en él. Ni siquiera se atreve a asumir responsabilidades sociales, mucho menos la responsabilidad del califato. Así, todo el sistema de la sharía islámica pierde sentido para él. No comprende que la adoración y las órdenes y prohibiciones de Dios tienen como finalidad formar al ser humano para reformar y corregir la vida terrenal y cumplir la responsabilidad del califato. Más bien, empieza a creer que la adoración y ciertos ritos religiosos específicos son la expiación por su vida pecaminosa. Por eso, hay que practicarlos con plena atención y de manera apropiada, para alcanzar la salvación en la otra vida.

Esta mentalidad ha arrojado a una parte de la comunidad de los profetas al laberinto de las explicaciones filosóficas de la realidad —como el panteísmo— y de prácticas tales como la muraqaba (permanecer absorto en la meditación en soledad), la mukashafa (intentar conocer misterios desconocidos), el retiro de cuarenta días, la recitación de fórmulas devocionales, los ahzab y las amaliyat (exorcismos, amuletos y talismanes, etc.), y los viajes por las estaciones del mundo espiritual (sair al-maqamat). Además, al mantenerla más ocupada en actos voluntarios y recomendables que en las obligaciones, la ha vuelto indiferente a la responsabilidad del califato. Sin embargo, los profetas habían venido precisamente para establecer este califato. En otro grupo de ellos surgieron la importación de una pobreza artificial, el exceso dentro de la religión, el escrutinio minucioso y la investigación teórica innecesaria, así como la enfermedad de preocuparse excesivamente por las medidas precisas y los detalles de cosas insignificantes. La religión de Allah se convirtió, a sus ojos, en un recipiente de vidrio tan frágil que se ocupan constantemente de si algo queda ligeramente desnivelado en algún punto o de si el frágil recipiente de vidrio colocado sobre sus cabezas llega a romperse en mil pedazos. Después de tal minuciosidad en la religión nacen inevitablemente la estrechez de miras, la falta de iniciativa y el estancamiento. ¿De dónde obtendrán personas así la capacidad de contemplar con visión amplia los grandes problemas de la vida y comprender los principios universales del islam? ¿Y cómo adquirirán el conocimiento de los principios universales de la religión y de sus detalles, y se prepararán para asumir el liderazgo y guiar al mundo en sus nuevas etapas, a medida que avanzan los tiempos?

 

Cuatro: el islam

Los profetas de Allah presentaron una doctrina sobrenatural. Su esencia es la siguiente:

Este universo entero que nos rodea —del cual nosotros mismos somos una parte— es, en esencia, el imperio de un soberano. Él es su Creador, su Dueño y su único gobernante. Aquí no rige la autoridad ni el mandato de nadie aparte de Él, y todos están sometidos a Él; todo el poder y la autoridad están completamente concentrados en las manos de ese único Dueño y Soberano Supremo. El ser humano es súbdito nato de este imperio. Es decir, ser o no ser súbdito no depende de su voluntad. Por el contrario, ha nacido ya como súbdito, y no tiene posibilidad alguna de convertirse en otra cosa que no sea súbdito.

En este sistema estatal no hay lugar para que el ser humano sea arbitrario e irresponsable. Por naturaleza tampoco puede serlo. En primer lugar, es súbdito nato y, además, forma parte de este imperio. Por eso, así como todas las demás partes del imperio obedecen las órdenes del soberano, él tampoco tiene otra opción que obedecer a ese soberano. No tiene derecho a determinar por sí mismo su modo de vida ni sus responsabilidades. Su única tarea es seguir las instrucciones que le da el Señor del imperio. Esas instrucciones llegan por medio de la revelación. Y todos aquellos a quienes llega la revelación son profetas.

Pero el Señor Soberano ha adoptado un método sutil para poner a prueba al ser humano. Él mismo se ha ocultado, y también ha mantenido oculta toda la administración interna de Su reino. Este sistema estatal funciona exteriormente de tal manera que no se ve ningún gobernante ni se distingue a ningún funcionario. El ser humano solo ve una fábrica en funcionamiento y se ve a sí mismo dentro de ella. No puede percibir mediante sus sentidos externos que es súbdito de alguien ni ante quién tendrá que rendir cuentas. No ve con sus propios ojos ninguna señal evidente que le haga comprender, sin lugar a dudas, la autoridad absoluta del Creador del universo sobre él, ni el hecho de que tendrá que responder ante Él y ser gobernado por Él, de modo que no le quede más alternativa que aceptarlo. También han venido profetas, pero no de tal manera que el ser humano pudiera ver con sus propios ojos cómo les llegaba la revelación, ni descendió con ellos una señal tal que, al verla, se viera obligado a reconocer su profecía. Además, el ser humano disfruta de plena libertad hasta cierto límite. Se le concede el poder con el que desea desobedecer y rebelarse, se le proporcionan también los medios y recursos necesarios, y se le otorga un plazo muy prolongado. Incluso hasta alcanzar el límite extremo de la desobediencia y la rebeldía, no encuentra ningún obstáculo. Si desea obedecer y someterse a alguien distinto del Soberano del reino, tampoco se le impide por la fuerza; se le concede plena libertad para someterse y obedecer a quien quiera. En ambos estados, tanto si desobedece como si se somete a otro, continúa recibiendo su sustento; se le proporcionan abundantemente, conforme a su rango, las cosas necesarias para vivir, los medios y recursos necesarios para sus actividades y todos los bienes de disfrute. Se le siguen concediendo generosamente hasta su último aliento. Nunca ha ocurrido que se haya dejado de proporcionar los medios de la vida terrenal a un rebelde contra Dios o a quien obedece a otro, simplemente por el delito de rebelarse contra Dios o de obedecer a otro. Pues el Creador ha concedido al ser humano conocimiento e inteligencia, la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, la facultad de discernir qué es razonable y qué no lo es, voluntad libre y capacidad de actuar. Le ha otorgado el derecho y la capacidad de ejercer una forma de dominio y autoridad gobernante sobre innumerables criaturas Suyas. Con todo ello quiere ponerlo a prueba. Para llevar a cabo esta prueba, ha cubierto con el velo de lo invisible la realidad de todo Su reino y Su propia existencia, a fin de poner a prueba su inteligencia. Se le ha concedido libertad para elegir el camino del bien o el del mal, para comprobar si, después de conocer la verdad y la justicia, las sigue voluntaria y fervorosamente, sin coacción alguna, o si adopta la servidumbre de sus pasiones y se aparta de ellas. Si no se le proporcionaran los medios necesarios para vivir ni la oportunidad de actuar libremente, no podría ponerse a prueba su capacidad ni su incapacidad.

Esta vida terrenal no es más que un plazo para la prueba. Por eso aquí no se le tomarán cuentas de sus actos ni se le dará la recompensa o el castigo de sus obras. Todo cuanto se le proporciona para disfrutar en la vida terrenal no es la recompensa de una buena acción, sino también un instrumento de prueba. Asimismo, las penas, sufrimientos, desgracias y calamidades a las que se enfrenta no son el castigo de una mala acción, sino resultados que se manifiestan espontáneamente conforme a las leyes naturales bajo las cuales se rige el universo. —[Esto, desde luego, no significa que en la vida terrenal no opere en absoluto la ley de la retribución por los actos. Lo que quiero decir es que los resultados de las acciones en este mundo no son seguros ni definidos, y tampoco son claros. En cualquier asunto mundano, el elemento de prueba es mayor que el de recompensa y retribución. Por ello, los resultados que aquí se manifiestan no pueden considerarse un criterio para juzgar si alguien es de buen o de mal carácter. —(El autor)] El examen, la verificación y la decisión definitivos sobre las obras se completarán después del fin de esta vida terrenal. Ese es el momento determinado para ello, y ese momento se llama la Otra Vida. Por consiguiente, a partir de los resultados que se obtienen en este mundo no es posible determinar si un sistema de vida o una acción es correcta o incorrecta, buena o mala, aceptable o rechazable. El verdadero criterio son los resultados manifiestos de la Otra Vida. Y solo es posible saber, mediante la revelación que Allah hizo descender sobre los profetas, qué sistema de vida y qué acciones producirán un buen resultado y cuáles producirán uno malo. Las normas minuciosas y detalladas son una cuestión posterior. La cuestión fundamental y decisiva de la que dependen el éxito y el fracaso en la Otra Vida es si el ser humano puede comprender, mediante el uso correcto de su capacidad de razonamiento y de su facultad de pensar, que Allah es el verdadero Legislador y Gobernante, y que la ley revelada por Él es una ley establecida por Allah mismo. Y, después de comprenderlo, si se somete voluntaria y fervorosamente al gobierno y a la ley de Allah, a pesar de poseer la capacidad de elegir libremente.

Desde el principio, los profetas han presentado esta ideología. Sobre la base de esta ideología es posible obtener una explicación completa de todos los acontecimientos del mundo. También es posible comprender plenamente el significado de todos los signos de la naturaleza universal. Ninguna nueva observación o experiencia puede refutar esta ideología. De ella nace un proceso filosófico permanente y distinto, completamente diferente de todas las filosofías de vida jahilíes. Esta filosofía organiza de un modo nuevo todos los conocimientos y ciencias relacionados con la naturaleza del universo y la esencia humana. Este método de organización es completamente opuesto al método de organización jahilí. Para cultivar y desarrollar la literatura y las artes, la ideología de los profetas traza un camino totalmente opuesto y diferente del seguido por la literatura y las artes jahilíes. En todas las actividades de la vida establece una perspectiva, un propósito y un objetivo particulares. Ese objetivo y esa perspectiva no tienen ninguna semejanza, por su naturaleza ni por sus elementos, con los objetivos y perspectivas jahilíes. De esta ideología nace también un sistema moral distinto. No se encuentra ninguna correspondencia entre él y la moralidad jahilí. Después, la civilización que se levanta sobre estos fundamentos teóricos y morales es completamente diferente de las civilizaciones surgidas de una jahiliyyah pura. Para preservar esa civilización se necesita un sistema educativo de naturaleza completamente distinta, cuyos principios se oponen de principio a fin al sistema educativo jahilí. En suma, por todas las venas y capas de esta civilización están presentes, como fuerza motriz y energía vital, la autoridad única y absoluta y la soberanía del Allah Todopoderoso, la fe en la Otra Vida y la conciencia de responsabilidad y obediencia del ser humano ante Él. En cambio, todas las actividades y normas de una civilización jahilí pura están impulsadas y dirigidas por la libertad desenfrenada, la arbitrariedad y la irresponsabilidad humanas. Por eso, el tipo y el nivel de humanidad que produce la civilización establecida por los profetas no tienen absolutamente ningún equivalente, en su forma, estructura y esplendor, en la humanidad producida por la civilización jahilí.

Después, el sistema social y civilizatorio detallado que se construye sobre esta base tiene una estructura distinta de todas las demás estructuras del mundo. La pureza y la limpieza, la alimentación y la vestimenta, el modo de vida, las costumbres, el carácter individual, la obtención del sustento, el gasto de la riqueza, la vida conyugal y familiar, las normas y prácticas sociales, las formas de reunirse, las diversas modalidades de las relaciones mutuas entre las personas, las transacciones recíprocas, la distribución de la riqueza, la administración del Estado, la formación del gobierno, la dignidad del dirigente, el método de constitución de la asamblea legislativa, la organización administrativa civil, desde los principios fundamentales de la elaboración de las leyes hasta la formulación de sus disposiciones minuciosas, los tribunales, la policía, los métodos de auditoría, el sistema tributario, el sistema financiero, las obras públicas, la industria y el comercio, el suministro de información y noticias, el sistema educativo y la determinación de las políticas de todos los demás departamentos, la formación y organización de las fuerzas armadas, la guerra y la paz, las relaciones internacionales y la política exterior: en una palabra, desde los asuntos más pequeños de la vida hasta los asuntos grandes e importantes, las normas y métodos de este sistema civilizatorio resplandecen con una gloria eterna. En cada una de sus partes existe una línea clara de diferenciación que lo separa de las demás civilizaciones. En cada asunto, de principio a fin, operan una perspectiva particular, un propósito particular y una conducta moral particular, relacionados con la soberanía de Dios, el sentimiento de subordinación y responsabilidad del ser humano y la meta del Más Allá.

El propósito de la llegada de los profetas

Los profetas llegaron sucesivamente precisamente con el propósito de establecer en el mundo la civilización y el sistema civilizatorio descritos anteriormente. Exceptuando la civilización ascética, todas las demás civilizaciones —sean jahilíes o islámicas— adoptan naturalmente una visión integral de la vida mundana y un método universal para administrar los asuntos del mundo, y desean que el poder de gobierno llegue a sus manos para poder formular las normas de vida según su propio método. Presentar una ideología o un sistema de vida, o creer en él, sin el poder de gobierno, es algo completamente carente de sentido. El caso del asceta es diferente, porque no desea administrar las actividades mundanas. Más bien, mediante un tipo particular de suluk o proceso de disciplina espiritual, se mantiene apartado del campo de acción mundano, absorto en la contemplación de alcanzar su liberación imaginaria. Por eso no necesita ni desea el poder de gobierno. Pero quienes entran en la arena con un método particular para administrar los asuntos del mundo y creen que la salvación y la liberación de la humanidad dependen de seguir ese método particular no tienen otra opción que intentar hacerse con las llaves del poder de gobierno. Pues el proyecto del sistema de vida que presentan no puede hacerse efectivo en el campo real de acción del mundo hasta que adquieran la capacidad de llevarlo a la práctica. Incluso, si no adquieren ese poder, su proyecto no puede perdurar mucho tiempo ni sobre el papel ni en las mentes. Todas las actividades del mundo se desarrollan conforme al plan de la civilización que tiene en sus manos la autoridad del poder de gobierno. En el ámbito del conocimiento y la ciencia, del pensamiento, de la literatura y la cultura, prevalecen sus directrices; ella construye la estructura moral, tiene en sus manos la administración de la educación y la formación pública, establece el sistema civilizatorio conforme a las leyes que ha creado y aplica su política en todos los ámbitos de la vida. La civilización que no ocupa el poder de gobierno no tiene lugar alguno en la vida. Más aún, cuando una civilización dominante mantiene su hegemonía durante mucho tiempo, la civilización ajena al poder de gobierno no ejerce ninguna influencia en el campo de acción mundano. Incluso en el ánimo de quienes simpatizan con esa civilización surge la duda de si puede ser efectiva en la vida terrenal. Al final, quienes se autoproclaman portadores de su estandarte y herederos de su liderazgo se muestran dispuestos a trabajar mediante acuerdos y reparto con la civilización opuesta. Sin embargo, el reparto y el compromiso entre dos civilizaciones surgidas de fuentes completamente opuestas en cuanto al poder de gobierno son absolutamente imposibles e irreales. La civilización humana no puede tolerar una asociación de este tipo. Considerar posible en la práctica tal reparto es señal de falta de conocimiento; prepararse para ello debe atribuirse a una falta de fe y de valentía.

El objetivo supremo y final de la llegada de los profetas al mundo era establecer en él el gobierno divino, es decir, el sistema de gobierno de Dios, y hacer realidad todo el sistema de vida otorgado por Dios. —[A menudo se oye decir a algunos piadosos ancianos de nuestra época que los musulmanes no deben proponerse hacerse con el poder de gobierno; que eso es una promesa de Dios. En realidad, quienes hablan así conciben el poder de gobierno simplemente como una recompensa. No piensan que sea una gran responsabilidad. No saben que, conforme a la ley de Dios, es indispensable establecer el gobierno necesario para instaurar el islam como sistema efectivo, y que ese debe ser el objetivo de los musulmanes. También es obligatorio hacer yihad para establecer tal gobierno. —(El autor)] Los profetas estaban dispuestos a conceder a los portadores de la civilización jahilí el derecho a permanecer firmes en sus propias creencias si así lo deseaban, y a seguir las costumbres jahilíes en la medida en que las consecuencias de sus actividades quedaran limitadas a ellos mismos. Pero no estaban dispuestos a concederles el derecho a conservar en sus manos las llaves del poder de gobierno y a dirigir por la fuerza todas las actividades de la vida humana conforme a leyes kufríes y jahilíes; naturalmente, tampoco era posible concederles tal derecho. Por eso, todos los profetas hicieron cuanto pudieron para cambiar el panorama político. El esfuerzo de algunos se limitó únicamente a crear un entorno y un campo favorables, como en el caso del profeta Abraham. Otros iniciaron un movimiento revolucionario, pero abandonaron este mundo antes de establecer el sistema de gobierno islámico, como el profeta Jesús. Y otros profetas lograron llevar este movimiento a su meta de éxito, como José, Moisés y el digno Muhammad Mustafa.

 

El din desde la perspectiva del Corán

(árabe************************************en la página 349 del PDF)

«Él ha establecido para vosotros el mismo sistema del din cuyo cumplimiento ordenó a Noé, y que ahora te he enviado por revelación, oh Profeta, y cuyo cumplimiento había ordenado anteriormente a Abraham, Moisés y Jesús, con esta insistencia: estableced el din y no os dividáis en él». —(Sura Al-Shura: 13)

En esta aleya se afirma claramente que el profeta Muhammad (s.a.s.) no es el fundador de una religión nueva. Ninguno de los profetas anteriores fue fundador o iniciador de una religión distinta. Desde el principio hasta el final, todos los profetas presentaron el mismo dīn de parte de Allah, y el profeta Muhammad (s.a.s.) también presentó ese mismo dīn. En este contexto, primero se menciona el nombre del honorable Nuh, pues, después del Diluvio, fue el primer profeta de la humanidad actual. Luego se menciona el nombre del último profeta, Muhammad (s.a.s.). Después se menciona el nombre del honorable Ibrahim, a quien los árabes reconocían como su líder religioso. Por último, se mencionan los nombres de los honorables Musa e Isa. Los cristianos y los judíos los consideran fundadores de sus respectivas religiones. Sin embargo, esto no significa que solo a estos cinco profetas se les hubiera ordenado establecer este dīn. La verdadera cuestión es que todos los profetas que llegaron al mundo trajeron consigo el dīn. Aquí solo se han mencionado, a modo de ejemplo, los nombres de cinco profetas célebres, pues las sharía celestes más conocidas del mundo se recibieron por medio de ellos.

De esta aleya se obtiene una enseñanza sumamente importante sobre el «dīn», es decir, la verdadera religión, el islam, y su propósito. Por ello, es necesario reflexionar profundamente sobre esta aleya y comprenderla debidamente.

Análisis lexicográfico

En la lengua árabe, la palabra «dīn» se emplea con diversos significados. Por ejemplo:

Uno: poder, fuerza y supremacía; gobierno y autoridad; obligar a otro a reconocer la obediencia y la sumisión; ejercer soberanía sobre otro, convirtiéndolo en propio súbdito y obediente. Por ejemplo:(Árabe**********)es decir, obligó a la gente a obedecer.(Árabe**************)es decir, los vencí y ellos se sometieron.(Árabe***********)es decir, sometí a aquel pueblo y lo convertí en esclavo.(Árabe*********)es decir, cierta persona se hizo poderosa y honorable.(Árabe**************)es decir, lo obligué a hacer algo que no estaba dispuesto a hacer.(Árabe**************)es decir, cierta persona fue obligada a realizar un acto desagradable.(Árabe**************)es decir, ejercí gobierno y autoridad sobre él.(Árabe**************)es decir, otorgué a cierta persona el liderazgo y la autoridad sobre el pueblo. Con este significado, Hutayya se dirige a su madre y dice:

(en la página 350 del PDF)

«Se te había nombrado tutora de tus propios hijos; por eso los dejaste más finos que la harina».

En un hadiz se dice:

(árabe**************, en la página 350 del PDF)

«Quien ha subyugado su propia pasión y se ha dedicado a las buenas obras para la otra vida, ese es el verdaderamente sensato».

Por eso, la persona que, tras vencer y ejercer autoridad sobre un país, una nación y una tribu, es(Árabe**************)llamada dayyān. Asha al-Harmazí se dirigió al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)(Árabe**************)diciendo: «¡Oh líder del pueblo y soberano de los árabes!». En este sentido,(Árabe**************)significa esclavo, y(Árabe**************)significa esclava. Y(Árabe**************)significa hijo de una esclava. El poeta al-Akhtal dice:(Árabe**************)«Ella me crió como hijo de una esclava». En el Sagrado Corán se dice:

(árabe*****************************************, en la página 350 del PDF)

Es decir: «Si realmente no sois esclavos, seguidores ni súbditos de nadie, ¿por qué no podéis salvar a quien está al borde de la muerte? ¿Por qué no devolvéis la vida que ha salido?»

Dos: obediencia, servidumbre, servicio, reconocer la subordinación a alguien, estar bajo la autoridad de alguien y someterse ante su poder y dominio. Los árabes suelen decir:(Árabe*************)es decir: «He servido a fulano y a mengano». En un hadiz se dice que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:(Árabe*************)«Quiero hacer que los ángeles sigan una palabra tal que, si la aceptan, toda la nación árabe les obedezca y se incline ante ellos». Precisamente en este sentido se denomina a la nación(Árabe*************). En el hadiz relativo a los jariyíes, la palabra «dīn» también se emplea con este significado. Allí se dice:(Árabe*************)«Saldrán del dīn (la obediencia) del mismo modo que una flecha sale disparada del arco». —[El significado de este hadiz no es que los jariyíes apostatarán. Pues cuando se preguntó a Ali: «¿Acaso son incrédulos?», él respondió:(Árabe*************)«Ellos huyeron precisamente del kufr». Se volvió a preguntar:(Árabe*************)«¿Acaso son hipócritas?». Él respondió: «Los hipócritas recuerdan muy poco a Allah. En cambio, estos recuerdan a Allah día y noche. Por tanto, sin duda puede afirmarse que en este hadiz “dīn” significa obediencia al emir». Ibn Athir escribió en su obra al-Nihaya:

(Árabe*************)

«El significado de las palabras de Ali es que ellos se apartarán de la obediencia al líder cuya obediencia es obligatoria». —(tomo 2, págs. 41-42)]

Tercero: la sharía, la ley, las normas y costumbres, los usos y hábitos. En el habla cotidiana se suele decir: (Árabe*************)es decir, esta es la costumbre tradicional. (Árabe*************)Es decir, se puede llamar din a cualquier costumbre, buena o mala, que alguien siga. En un hadiz se dice: (Árabe*************)«El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) seguía, antes de su misión profética, las costumbres observadas por su pueblo. Es decir, también seguía las costumbres y tradiciones relacionadas con el matrimonio, el divorcio, la herencia y otros asuntos sociales y usos de su país que observaba su pueblo.»

Cuarto: las consecuencias de los actos, la retribución, la recompensa o la venganza, el juicio y el interrogatorio. El célebre proverbio árabe (Árabe*************)«A cada acción corresponde su fruto» es un ejemplo perfecto. En el Corán se cita la afirmación de los incrédulos: (Árabe*************)¿Acaso tendremos que rendir cuentas después de la muerte? ¿Acaso tendremos que sufrir las consecuencias de nuestros actos? En un hadiz narrado por Abdullah ibn Umar se dice: (Árabe*************)«No insultéis a los gobernantes. Si resulta absolutamente necesario hablar mal de ellos, decid: “Oh Allah, trátalos como ellos nos tratan a nosotros”». En este sentido, (Árabe*************)la palabra «dayyán» se emplea para designar al cadí o juez. Un sabio comentó acerca de Ali: (Árabe*************)«Después del Profeta, fue el mejor juez de la comunidad musulmana».

Un término de significado amplio

Los árabes empleaban la palabra «din» de diversas maneras: a veces para uno de los significados mencionados y a veces para otro. Sin embargo, su concepción de estos cuatro asuntos no era del todo clara ni especialmente elevada. Por ello, la palabra conservaba cierta ambigüedad y no llegó a convertirse propiamente en un término técnico de una corriente de pensamiento. Cuando se reveló el Corán, encontró en esta palabra un vehículo apropiado para expresar su mensaje, la empleó con un sentido claro y preciso y la adoptó como término específico. Por eso, en el lenguaje coránico, la palabra «din» expresa un sistema de vida completo. Según el significado del Corán, se llama «din» al modo particular de conducta y al sistema específico de acción que adopta una persona al reconocer la soberanía y el señorío de alguien y someterse a su obediencia. Consagrar el «din» a Allah y servirle significa que el ser humano no mezclará el servicio a nadie con el servicio a Allah, sino que adorará únicamente a Él, seguirá únicamente Su ley y obedecerá únicamente Sus órdenes y mandatos; esperará alcanzar honor, progreso y recompensa mediante la obediencia a Sus decretos, y se mantendrá precavido, sabiendo que, si desobedece a Allah, sufrirá humillación, ignominia y castigo. Probablemente, en ninguna lengua del mundo exista un término de significado tan amplio. La palabra moderna «Estado» se le aproxima en cierta medida, pero todavía necesita adquirir mayor amplitud y extensión para expresar plenamente el significado de «din».

Una idea equivocada

El din cuya instauración se ordenó era el mismo para todos los profetas, mientras que sus respectivas sharía eran diferentes (Árabe*************)«Para cada comunidad de entre vosotros he establecido una sharía y un camino». Según esta opinión, las normas coránicas no forman parte del din; su contenido consistiría únicamente en creer en la unicidad de Allah, la misión profética, la vida futura, los Libros y la profecía, y adorar a Allah. A lo sumo, podrían incluirse en el din aquellos principios morales fundamentales que eran iguales para todos los profetas. Esta opinión solo ha podido consolidarse como resultado de una visión superficial y vaga de la unidad del din y de la diversidad de las sharía. Es una opinión peligrosa. Si no se corrige, más adelante podrían realizarse intentos de crear una división engañosa entre el din y la sharía. Precisamente al caer en una división semejante, san Pablo presentó la idea de un din sin sharía y desvió a los seguidores de Jesús (la paz sea con él). Cuando se considere la sharía algo separado del din, los musulmanes también, como los cristianos, considerarán irrelevantes sus disposiciones y, al juzgar que su establecimiento y aplicación están fuera de sus objetivos, las eludirán. Se conformarán únicamente con la profesión de fe y las enseñanzas morales fundamentales. ¿Significa esto que, al determinar el significado del din mediante tales conjeturas, solo se incluyen la fe y las enseñanzas morales fundamentales, o también las leyes y disposiciones de la sharía? Al estudiar el Noble Corán, vemos que, además de la fe y las enseñanzas morales, también se incluyen en el din las siguientes cosas:

(Árabe **************************************** en la página 353 del PDF)

No se les ordenó nada excepto adorar a Allah, consagrándole sinceramente la religión, establecer la oración y dar el zakat. Esa es la religión de la comunidad recta». —(Sura Al-Báyyina: 5)

De esto se entiende que la oración y el zakat forman parte de la religión. Sin embargo, en las distintas leyes religiosas existen disposiciones diferentes respecto de ambas prácticas. No puede decirse que, en todas las leyes religiosas anteriores, la forma de la oración, sus pilares, sus ciclos, la orientación de la qibla, sus horarios y las demás disposiciones fueran iguales. Lo mismo puede decirse del zakat. Nadie puede afirmar que en todas las leyes religiosas estuvieran vigentes las mismas disposiciones respecto del nisab que hace obligatorio el zakat, su porcentaje, así como su recaudación y distribución. A pesar de esta diversidad de las leyes religiosas, Allah, exaltado sea, declaró que estas dos cosas forman parte integrante de la religión.

(Árabe **************************************** en la página 353 del PDF)

«Se os han prohibido los animales muertos, la sangre, la carne de cerdo, los animales sacrificados invocando un nombre distinto del de Allah y aquellos que hayan muerto por asfixia, por un golpe, por una caída, por una cornada o por el ataque de una fiera. Pero es lícito lo que sacrifiquéis cuando aún esté vivo. Asimismo, está prohibido el animal sacrificado en un altar. También se os ha prohibido buscar el destino mediante el juego de dados. Todo esto es desobediencia. Hoy los incrédulos han perdido toda esperanza respecto de vuestra religión. No les temáis, sino temedme a Mí. Hoy he perfeccionado vuestra religión para vosotros, he completado Mi favor sobre vosotros y he elegido el islam como religión para vosotros». —(Sura Al-Máida: 3)

De esto se entiende que estas disposiciones de la ley religiosa también forman parte de la religión.

(Árabe **************************************** en la página 353 del PDF)

«Combatid contra quienes no creen en Allah ni en el Último Día, no consideran prohibido lo que Allah y Su Mensajero han prohibido y no adoptan como religión la religión verdadera». —(Sura At-Tawba: 29)

De esto se comprendió que, además de creer en Allah y en el Más Allá, también está dentro del ámbito del din obedecer y cumplir las disposiciones sobre lo lícito y lo ilícito que Allah y Su Mensajero han establecido.

(Árabe****************************************en la página 354 del PDF)

«Azota a la mujer adúltera y al hombre adúltero, a cada uno de ellos, con cien azotes. Y no tengáis compasión de ellos en lo concerniente al din de Allah, si creéis en Allah y en el Más Allá».–(Sura An-Nur: 2)

De esto se supo que las disposiciones penales también están dentro del ámbito del din.

Se han presentado cuatro ejemplos en los que las disposiciones de la sharía son denominadas explícitamente din. Además, mediante un estudio profundo y reflexivo se comprenderá que también forma parte del din abstenerse de aquellos pecados sobre los que Allah ha advertido que conducen al Infierno, como el adulterio, la usura, matar a un musulmán, consumir los bienes del huérfano y apropiarse de los bienes ajenos por medios injustos, entre otros; así como de aquellos delitos cuya consecuencia Allah ha declarado que será inevitablemente Su castigo, como la sodomía y la corrupción en las transacciones, entre otros. Pues ¿qué otra utilidad podría tener el din sino salvar del Infierno y del castigo divino? Del mismo modo, también deben considerarse parte del din aquellas disposiciones de la sharía cuya desobediencia es causa de ser arrojado eternamente al Infierno. Como ejemplo puede mencionarse la disposición relativa a la herencia. Después de exponer esta disposición, Allah dice a modo de conclusión:

(Árabe****************************************en la página 354 del PDF)

«A quien desobedezca a Allah y a Su Mensajero y traspase los límites establecidos por Allah, Él lo arrojará al Infierno, donde permanecerá eternamente. Y tendrá un castigo humillante».–(Sura An-Nisa: 14)

Del mismo modo, no puede decirse que la prohibición de aquellas cosas que han sido declaradas ilícitas, como el juego de azar y el falso testimonio, entre otras, sea un mandato innecesario que Él haya promulgado sin desear su aplicación. De igual manera, no se puede excluir del din aquellas obras que Allah ha declarado obligatorias, como el ayuno y el hach, entre otras, con el pretexto de que los treinta ayunos de Ramadán no existían en las sharía anteriores y que la peregrinación a la Kaaba, entre los descendientes de Ibrahim, pertenecía únicamente a la sharía de Ismail.

La ley del país y el din

la sura Yusuf(Árabe************)(Según la ley del rey, Yusuf no podía detener a su hermano), en esta aleya, al emplear la palabra «din» con el significado de ley del país (Law of the land), Allah Taala ha dejado clara la amplitud del significado del din. Con ello queda refutada la idea de quienes limitan la prédica de los profetas únicamente al sentido religioso común de adorar al Dios único y practicar ciertos ritos y ceremonias religiosas, y creen que el din no tiene ninguna relación con la civilización humana, la política, la economía, la ley, los tribunales ni otros asuntos mundanos. Y si tuviera alguna relación con ellos, las instrucciones del din sobre tales asuntos no serían más que recomendaciones meramente opcionales: si se puede actuar conforme a ellas, bien; de lo contrario, no habría nada de malo en seguir las leyes y normas creadas por los seres humanos. Esta es, sin duda, una idea engañosa. Durante mucho tiempo esta idea se ha difundido entre los musulmanes y es en gran medida responsable de que se hayan mantenido indiferentes al esfuerzo por establecer el sistema de vida islámico. Debido a ella, los musulmanes no solo han aceptado el sistema de vida kufrí y jahilí, sino que, considerándolo una sunna del Profeta, también han llegado a estar dispuestos a convertirse en partícipes y administradores de dicho sistema de vida. Al denominar «din» a la ley penal, esta aleya ha demostrado que su idea es errónea. Aquí Allah Taala ha dicho claramente que, así como la oración, el ayuno y el hach son din, también lo es la ley que rige la sociedad y el Estado. Por tanto, en las aleyas que ordenan obedecer al din —«el islam es el único din elegido por Allah» y «a quien adopte como din algo distinto del islam, jamás le será aceptado»—, el significado no es simplemente realizar la oración y ayunar, sino también el sistema social del islam. Si se deja de lado este sistema y se sigue cualquier otro, este no puede ser aceptable ante Allah.(Árabe************)(el islam es el único din elegido por Allah) y(Árabe************)(a quien adopte como din algo distinto del islam, jamás le será aceptado), y en otras aleyas semejantes se ordena obedecer al din; esto no significa simplemente realizar la oración y ayunar, sino también el sistema social del islam. Si se deja de lado este sistema y se sigue cualquier otro, este no puede ser aceptable ante Allah.

El asunto real es que, en la sura Al-Maida (Árabe***************)(He establecido para cada comunidad una sharía y un camino), se ha adoptado un significado contrario al sentido de esta aleya y se ha entendido que, puesto que la sharía era diferente para cada comunidad, la orden se refería únicamente a establecer aquel din que era común a todos los profetas. Y se ha entendido que la orden se refería únicamente a establecer aquel din que era común a todos los profetas. Por ello, se ha considerado que establecer la sharía no forma parte de la orden de establecer el din. Sin embargo, en realidad, el significado de esta aleya es exactamente el contrario. Si se leen atentamente las aleyas 41 a 50, tanto las anteriores como las posteriores al lugar de la sura Al-Maida donde aparece esta aleya, se sabrá que su significado correcto es el siguiente: cualquier sharía que Allah hubiera dado a la comunidad de un profeta constituía el din de esa comunidad. Durante la época de ese profeta, se ordenó establecer precisamente ese din y esa sharía. Ahora que estamos en la época profética de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), la sharía dada a la comunidad de Muhammad es el din de esta época, y establecerla significa establecer el din. En cuanto a las diferencias existentes entre estas shariás, no significan que las shariás de Dios fueran contradictorias entre sí. Significan, más bien, que había algunas diferencias en los detalles según las circunstancias. Tomemos como ejemplo la oración y el ayuno. La oración era obligatoria en todas las shariás, pero no todas tenían la misma quibla. También diferían los horarios de la oración, el número de ciclos y sus elementos y normas. El ayuno era igualmente obligatorio en todas las shariás, pero el ayuno de treinta días del mes de Ramadán no existía en todas ellas. Por eso no es correcto decir que rezar en general y ayunar en los momentos determinados queda fuera de establecer el din. La conclusión correcta que se extrae de esto es que, para la comunidad de cada profeta, establecer el din en su época consistía en rezar y ayunar conforme al método de oración y ayuno establecido por la sharía de aquel tiempo. En la época actual, establecer el din significa cumplir estos actos de adoración conforme a las normas y el método establecidos por la sharía de Muhammad. A partir de estos dos ejemplos pueden deducirse todas las demás instrucciones de la sharía.

El din reclama para sí la autoridad de gobierno

Si se estudia atentamente el Sagrado Corán, se comprenderá claramente que esta Magna Escritura no presenta a sus seguidores un programa de vida religiosa como ciudadanos derrotados y obedientes, considerándolos súbditos de un sistema kufrí y de los incrédulos. Por el contrario, declara abiertamente que desea establecer su propio sistema de gobierno. Los exhorta a consagrarse —incluso a sacrificar sus vidas— con el objetivo de hacer triunfar al verdadero din en los ámbitos del pensamiento, la moral, la civilización, las leyes y la política. Esta Magna Escritura les ofrece, para la reforma de la vida humana, un programa cuya gran parte solo puede llevarse a la práctica cuando el poder de gobierno esté en manos de personas creyentes. Esta Magna Escritura describe así el propósito de su revelación:

(Árabe*****************************************en la página 356 del PDF)

«(¡Oh, Profeta!) Te hemos revelado esta Magna Escritura con la verdad, para que juzgues entre la gente conforme a la luz que Allah te ha mostrado». —(sura An-Nisa: 105)

En este Libro se han establecido las normas para recaudar y distribuir el zakat. Detrás de esas normas se encuentra claramente la idea de un gobierno que se encargará de recaudar el zakat y distribuirlo entre las personas que tienen derecho a recibirlo (sura At-Tawba: 60-130). En este Libro se ha ordenado poner fin a la usura y se ha declarado la guerra contra quienes continúan consumiéndola (Al-Báqara: 257); esto solo puede hacerse efectivo si el sistema político y económico del país queda por completo en manos de personas creyentes. En este Libro se han prescrito la pena capital para el asesino (Al-Báqara: 178), la amputación de la mano del ladrón (Al-Máida: 38) y los castigos por adulterio y por acusar falsamente de adulterio; no se han prescrito suponiendo que los tribunales y la policía que hagan cumplir estas disposiciones estarán bajo la autoridad de los infieles. En él se ha ordenado combatir contra los infieles (Al-Báqara: 190-216).

No se trata de que los seguidores de este din se alisten como soldados bajo un gobierno infiel para hacer cumplir esta orden. En él también se ha ordenado cobrar la yizia a los judíos y los cristianos. Sin embargo, no puede ser que los musulmanes, convertidos en súbditos de los infieles, les cobren la yizia y asuman la responsabilidad de protegerlos. Esto no se aplica únicamente a las suras reveladas después de la Hégira; incluso al leer las suras anteriores a la Hégira, cualquier persona con visión puede ver claramente que, desde el principio del Corán, existía el propósito de hacer victoriosos y dominantes a los creyentes. Nunca existió el propósito de que el islam y los musulmanes permanecieran sometidos y protegidos bajo un gobierno infiel.

El testimonio de las obras prácticas del Profeta (la paz sea con él)

Por encima de todo, la interpretación errónea mencionada entra en conflicto con las actividades prácticas de los veintitrés años de misión profética de Muhammad (la paz sea con él). ¿Quién no sabe que, con la ayuda tanto de la predicación como de la espada, sometió a todo el mundo árabe y estableció allí un sistema estatal completo, con una sharía detallada? Aquel Estado ejercía su influencia sobre todos los aspectos y ámbitos de la vida: desde la doctrina y la fe hasta el carácter individual y colectivo, la civilización y la cultura, la economía y el sistema social, la política, la ley y los tribunales, así como la guerra y la paz. Si no se admite que todas sus actividades fueron la explicación práctica de la orden dada en el versículo citado a Muhammad (la paz sea con él), al igual que a todos los profetas, de establecer el din, entonces solo pueden extraerse dos conclusiones. O bien habría que acusar al Mensajero de Allah (la paz sea con él) —Dios nos libre— de que se le había ordenado únicamente predicar los principios fundamentales más importantes de la doctrina y la moral, pero que él había transgredido ese límite, estableciendo por iniciativa propia un gobierno y elaborando un código detallado, diferente y adicional al conjunto de las leyes de todos los profetas. O bien habría que acusar al propio Allah de que, después de proclamar lo mencionado en la sura Ash-Shura, Él mismo actuó en sentido contrario y, por medio de Su Profeta, hizo realizar una tarea mucho mayor y diferente de la de establecer el din anunciado en esa sura. Y no solo eso: una vez completada esta obra, pronunció también una segunda declaración contraria a Su primera declaración:(Árabe***********)(Hoy he perfeccionado para vosotros vuestro din) —Dios nos libre.

El din es un término de significado universal y amplio

El Sagrado Corán emplea la palabra din como un término de significado amplio. Significa un sistema de vida bajo el cual el ser humano reconoce la soberanía de alguien y le obedece, vive conforme a los límites, las costumbres y las leyes que este ha establecido, espera obtener honor, progreso y recompensa mediante su obediencia, y debe albergar en su corazón el temor de sufrir humillación, deshonra y castigo como consecuencia de su desobediencia. Probablemente no exista en ninguna lengua del mundo otra palabra de significado tan amplio. En los siguientes versículos, din se emplea precisamente como este término:

(árabe*****************************************en la página 358 del PDF)

«Combatid contra quienes, entre la Gente del Libro —judíos y cristianos—, no creen en Allah (es decir, no reconocen que Él es el único dueño de la soberanía), ni en el Último Día (es decir, el Día del juicio y la retribución), no consideran ilícito lo que Allah y Su Mensajero han declarado ilícito y no adoptan el verdadero din como su din, hasta que paguen la yizia con sus propias manos y se sometan». (Sura At-Tawba: 29)

En esta aleya, dīn al-ḥaqq (la religión verdadera) es un término técnico. Él mismo explicó lo que quiere decir con él en las tres primeras afirmaciones de la aleya. Se ha explicado que la totalidad de estas tres constituye el dīn al-ḥaqq:

(Árabe*************************************PDF 358 )

«El Faraón dijo: “Dejadme, voy a matar a Moisés; luego que invoque a su Señor. Temo que cambie vuestra religión o que siembre la corrupción en el país”».—(Sura Al-Mu’min: 26)

Si se examinan y ponderan todos los relatos sobre el Faraón y Moisés que aparecen en el Corán, queda demostrado sin duda que aquí dīn no se emplea simplemente en el sentido de una religión. Más bien, se emplea en el sentido del sistema estatal y civilizatorio. Lo que el Faraón quería decir era que, si el propósito de Moisés (la paz sea con él) tenía éxito, el sistema estatal cambiaría. El sistema de vida vigente, basado en la soberanía del Faraón y en las leyes, normas y costumbres establecidas, sería desarraigado; y en su lugar se construiría un nuevo sistema sobre nuevos fundamentos, o no se construiría ningún sistema y surgiría una situación de anarquía por todo el país.

(Árabe*************************************PDF 358 )

«La única religión elegida por Dios es el islam».—(Sura Al ‘Imrán: 19)

(Árabe*************************************PDF 358 )

«A quien busque una religión distinta del islam, no le será aceptada en absoluto».—(Sura Al ‘Imrán: 85)

(Árabe*************************************PDF 358)

«Él es Allah, el Único, quien envió a Su Mensajero con la guía correcta y la religión verdadera, para hacerla prevalecer sobre todas las demás religiones, aunque resulte detestable a los asociadores».–(Sura At-Tawbah: 36)

(Árabe*************************************PDF 359)

«Combatidlos hasta que todos los sistemas de incredulidad hayan desaparecido del mundo y la religión quede consagrada exclusivamente a Allah».–(Sura Al-Anfal: 39)

(Árabe*************************************PDF 359)

«Cuando haya llegado la ayuda de Allah y se haya anunciado la victoria, y veas que la gente entra en la religión de Allah en multitudes, entonces glorifica y alaba a tu Señor, proclama Su santidad y pídele perdón. Él es sumamente indulgente».–(Sura An-Nasr)

En estos versículos, por religión se entienden todos los aspectos y ámbitos de la vida, como las creencias doctrinales, el pensamiento, la moralidad y las acciones prácticas.

En los dos primeros versículos se afirma que el único sistema de vida puro elegido por Allah es el que se establece sobre la base de la obediencia y la servidumbre a Allah (el islam). En cambio, cualquier sistema de vida establecido sobre la base de la obediencia a otra falsa entidad soberana jamás es aceptable para el Señor del universo, ni puede serlo por naturaleza. Pues el ser humano, cuya creación pertenece a Él, cuyo siervo es, por Él es sustentado y en cuyo reino vive como súbdito, jamás puede aceptar que, excluyéndolo a Él, tenga derecho a vivir obedeciendo y sirviendo a otra fuerza y a conducirse según las órdenes de cualquier otro.

En la tercera aleya se ha dicho que Allah envió a Su Mensajero con este sistema de vida puro, perfecto y verdadero, es decir, el islam, y que el propósito de enviarlo era que hiciera prevalecer este sistema de vida sobre todos los demás sistemas de vida.

En la cuarta aleya se ordena a los seguidores del sistema de vida islámico que continúen luchando contra los habitantes del mundo hasta que sean eliminados de la tierra todos los sistemas de vida establecidos sobre la rebelión contra Dios y la servidumbre y obediencia queden consagradas exclusivamente a Allah.

En la quinta aleya se dirige la palabra al Mensajero de Allah en un momento en que, tras veintitrés años de esfuerzos incansables e ininterrumpidos, la revolución en Arabia había llegado a su culminación. El islam se había establecido efectivamente como un sistema doctrinal, intelectual, moral, educativo, social, civilizatorio, económico y político, y la gente acudía en grupos desde las distintas regiones de Arabia para entrar bajo su autoridad. Así quedó cumplida la obra realizada por el profeta Muhammad (la paz sea con él). Se le dice que no debe enorgullecerse de este gran éxito considerándolo como un éxito propio.

El Ser que está por encima de todo defecto, deficiencia e incapacidad, y de toda perfección, es el Señor del profeta Muhammad (la paz sea con él). Por ello, al completarse esta gran obra, se le ordena glorificar y alabar a su Señor, y se le pide que solicite ante Él el perdón por las faltas y deficiencias que hayan ocurrido durante los largos veintitrés años de lucha y esfuerzo.

 

Capítulo 9: Los milagros

Debate sobre los milagros

Cada vez que los profetas se presentaron como portadores del mensaje enviados por el Señor del universo, la gente les exigió: «Si realmente sois representantes del Señor del universo, debéis realizar algún acontecimiento extraordinario y milagroso que trascienda el curso habitual de las leyes naturales, de modo que resulte evidente que el Señor del universo ha producido este acontecimiento como una señal, interviniendo directamente para demostrar vuestra veracidad». En respuesta a esta exigencia, los profetas mostraron varias señales. En la terminología coránica se las denomina ayat o señales, y en la terminología de los expertos en doctrina se las denomina milagros.

La confusión de quienes niegan los milagros

Algunas personas intentan demostrar que este tipo de signos o milagros son acontecimientos comunes y naturales que ocurren conforme a las leyes de la naturaleza. En realidad, adoptan una postura irracional e incomprensible, intermedia entre aceptar y rechazar el Corán. Pues cuando el Corán menciona inequívocamente un acontecimiento sobrenatural, intentar presentarlo como un hecho ordinario completamente contrario al curso de la narración precedente y posterior no es más que una forma extremadamente extravagante de sofistería. Esta clase de sofistería solo es necesaria para quienes no quieren creer en un libro que relata acontecimientos extraordinarios, pero que, por ser creyentes por nacimiento en la religión heredada de sus antepasados, tampoco pueden rechazarlo, aunque en él se encuentren realmente relatos de acontecimientos milagrosos.

La cuestión fundamental

La verdadera pregunta decisiva respecto a los milagros es esta: ¿acaso Allah, después de poner el mundo natural en funcionamiento conforme a unas leyes determinadas, se ha vuelto inactivo y ha perdido la capacidad de intervenir en algún punto de este proceso establecido? ¿O ha conservado en Sus propias manos la responsabilidad de gobernar Su reino, de modo que Su mandato se cumple en él a cada instante y Él tiene también el poder de introducir, cuando y como quiera, cambios parciales o totales en las formas de las cosas y en el curso habitual de los acontecimientos?

Dos perspectivas

Para quienes apoyan la primera afirmación en respuesta a esta pregunta, aceptar los milagros es imposible, pues estos no encajan con su concepción de Dios y del universo. Sin embargo, en lugar de dedicarse a la exégesis y explicación del Corán, tales personas deberían negarlo abiertamente. Esto se debe a que el Corán ha refutado enfáticamente la primera concepción acerca de Dios y ha respaldado con igual énfasis la segunda. En cambio, para quien, convencido por los argumentos y pruebas del Corán, adopta la primera de estas concepciones, comprender y creer en los milagros no resulta en absoluto difícil. Supongamos, por ejemplo, que una persona sostiene la creencia de que una serpiente solo puede nacer de la manera en que normalmente nace. Crear una serpiente de cualquier otra forma estaría incluso fuera del poder de Allah. Si alguien le informara de que el bastón de cierta persona se convirtió en una serpiente y que después esa serpiente volvió a adoptar la forma de un bastón, es evidente que rechazaría esa noticia con toda certeza. En cambio, otra persona sostiene la creencia de que Allah crea seres vivos a partir de materia inerte. Él puede dar vida a cualquier materia inanimada de la manera que quiera. Para esta persona, que ciertas materias inertes contenidas en un huevo se conviertan en una serpiente no resulta más sorprendente que la transformación de un bastón en serpiente. La única diferencia es que un acontecimiento ocurre siempre, mientras que el otro solo ocurrió tres veces. Pero esta diferencia no basta para hacer que uno sea sorprendente y el otro no.

Prueba de la veracidad de los milagros

(Árabe*************************************PDF 364 )

«Di: Mi Señor sabe mejor cuántos eran ellos (los Compañeros de la Caverna). Muy pocos conocen su número exacto. Por tanto, no discutas con nadie sobre su número salvo de manera superficial. Y no preguntes a nadie nada acerca de ellos».–(Sura al-Kahf: 22)

El sentido de este versículo de la sura Al-Kahf es que lo importante no es su número, sino la enseñanza o admonición que se obtiene de este acontecimiento. La enseñanza de este acontecimiento es que un verdadero creyente nunca debe estar dispuesto a ignorar la verdad ni a inclinar la cabeza ante la falsedad, bajo ninguna circunstancia. Otra enseñanza importante es que el creyente no debe depositar su confianza en los medios y recursos mundanos, sino en Allah. Y, para actuar en favor de la verdad, debe avanzar por el camino de la verdad confiando en Allah, aunque aparentemente no se vislumbren señales de un entorno favorable.

Las leyes naturales y el poder supremo de Allah

Otra enseñanza de este acontecimiento es que Allah no está sujeto a ninguna obligación del tipo que la gente atribuye al curso habitual de los acontecimientos naturales, al que llama «ley natural», pensando que nada en el mundo puede ocurrir en contra de ella. Cuando y donde quiere, puede producir cualquier acontecimiento extraordinario contrario a este curso habitual. Para Él no supone ninguna dificultad extraordinaria hacer que un hombre, después de dormir durante doscientos años, se levante de repente como si solo hubiera dormido unas horas, sin que el largo tiempo transcurrido produzca ningún efecto en su edad, su rostro, su figura, sus ropas ni su salud. De esto se aprende que resucitar simultáneamente a todos los descendientes pasados y futuros de la humanidad, conforme a los Libros celestiales y a las profecías de los profetas, no está fuera del poder de Allah. También se comprende que, en todas las épocas, los ignorantes e insensatos han obtenido de los signos de Allah medios para extraviarse aún más, en vez de extraer de ellos una enseñanza, tal como hicieron con los Compañeros de la Caverna. —[Allah había producido el milagro de los Compañeros de la Caverna con el propósito de que la gente adquiriera a través de él fe en el Más Allá. Sin embargo, de este signo entendieron exactamente lo contrario: que Allah les había conseguido algunos dioses más para que los adoraran. —(El autor)]

La existencia de innumerables cosas maravillosas en la naturaleza del universo

En este mundo creado por Allah existen innumerables cosas maravillosas. Hacia dondequiera que se dirija la mirada, la inmensa grandeza de Su poder se manifiesta en forma de acontecimientos extraordinarios. Algunos acontecimientos y estados suelen manifestarse de una forma determinada. Pero eso no puede demostrar que, quebrantando esta ley habitual, no puedan manifestarse de otra manera extraordinaria. Para refutar esta idea existe, en todo el universo y en cada nivel de la creación, una larga lista de estados y acontecimientos excepcionales. En particular, quien tenga una concepción clara de la omnipotencia de Allah nunca puede albergar la errónea idea de que conceder a un ser humano una vida de mil años, o algo más o menos, sea imposible para el Dueño de la vida y de la muerte. Es cierto que el ser humano no puede vivir ni siquiera un instante por su propia voluntad. Pero, si Allah quiere, puede mantenerlo con vida durante todo el tiempo que desee.

Examen de los milagros de los profetas anteriores

 

El milagro de la camella de Hazrat Salih (la paz sea con él)

(Árabe*************************************PDF 366)

«A la nación de Zamud envié a su hermano Salih. Él les dijo: “¡Oh, hermanos de mi propio pueblo! Adorad a Allah. No tenéis otra divinidad aparte de Allah. Os ha llegado una prueba clara de vuestro Señor. Dejadla pastar libremente en la tierra de Allah y no le hagáis daño con malas intenciones; de lo contrario, caeréis bajo un castigo doloroso”». —(Sura Al-A‘raf: 73)

Por la expresión externa se entiende claramente que, en la primera parte de la aleya, la expresión “prueba clara” y, en la segunda, la palabra “signo” se refieren a esta camella. En la octava sección de la sura Ash-Shu‘ara se afirma detalladamente que la nación de Zamud pidió al propio Salih un signo que demostrara de manera irrefutable que él era un profeta de Allah. En respuesta a esa petición, Salih presentó la camella. Por tanto, es indudablemente cierto que la camella apareció como un milagro. Era un milagro del mismo tipo que los que muchos otros profetas mostraban a los incrédulos como prueba de su profecía. Salih advirtió a los incrédulos que sus vidas dependían de que la camella permaneciera con vida. Esta advertencia demuestra que la camella había nacido en forma de milagro. También dijo que la camella pastaría libremente en sus campos: un día bebería agua sola y al día siguiente beberían los animales de todos los demás. Si le causaban algún daño, el castigo de Dios caería repentinamente sobre ellos. No hace falta decir que solo puede presentarse con tal dignidad aquello cuyo carácter sobrenatural la gente ha visto con sus propios ojos. La camella vagaba pastando donde quería; un día bebía sola y al siguiente bebían los animales de todos. Esta situación continuó durante mucho tiempo, y ellos la toleraron a pesar de su disgusto. Finalmente, después de muchas consultas y conspiraciones, la mataron. Sin embargo, Salih no tenía ninguna fuerza que pudiera infundirles temor. Otra prueba del carácter milagroso de aquella camella es que ellos le tenían miedo y sabían que detrás de ella debía haber alguna fuerza gracias a la cual se movía entre ellos con semejante audacia. El Corán y el hadiz no ofrecen una descripción clara de qué clase de camella era ni de cómo apareció. Por eso no es necesario aceptar las narraciones que los comentaristas han citado acerca de su nacimiento. Pero el Corán demuestra que la camella apareció, de una u otra manera, como un milagro.

El milagro de la resurrección de los muertos

(Árabe*************************************PDF 367)

«O recuerda, a modo de ejemplo, a aquel que pasó junto a una ciudad en ruinas y dijo: “¿Cómo devolverá Allah la vida a esta ciudad muerta?”. Entonces Allah le hizo morir, y permaneció muerto durante cien años. Después Allah le devolvió la vida y le preguntó: “¿Cuánto tiempo permaneciste muerto?”. Él respondió: “Un día o unas horas”. Allah dijo: “No; has permanecido así durante cien años. Mira ahora tu comida y tu bebida: no se han alterado en absoluto. Y mira también a tu asno —hasta sus huesos se están descomponiendo—. Hemos hecho esto para convertirte en un signo para la gente. Observa luego cómo levantamos estos huesos y les añadimos carne y sangre”. Cuando la verdad se hizo evidente para él, dijo: “Sé que Allah tiene poder sobre todas las cosas”». —(Sura Al-Baqara: 259)

No es necesario discutir quién era ese hombre ni cuál era aquella ciudad. En realidad, la razón de mencionar este episodio es simplemente señalar que Allah concede de este modo la luz de la guía a quien lo toma como su Protector. No tenemos ningún medio para determinar la identidad de aquel hombre ni el lugar, y tampoco obtendríamos ningún beneficio de ello. Sin embargo, por la descripción posterior se entiende que el hombre del que aquí se habla era ciertamente un profeta.

La pregunta mencionada anteriormente no significa que aquel venerable hombre no creyera en la vida del Más Allá o que tuviera alguna duda al respecto. Más bien, lo que deseaba era experimentar directamente una verdad profunda. A los profetas se les concedía esta oportunidad. Que aquel a quien la gente del mundo consideraba muerto desde hacía cien años volviera a la vida bastaba para convertirlo, entre sus contemporáneos, en un ejemplo vivo y contundente.

La fuente que curó la enfermedad de Ayyub

(ÁRABE*************************************PDF 368)

«Recuerda a Mi siervo Ayyub. Cuando invocó a su Señor, dijo: “Satanás me ha afligido con sufrimiento y tormento”. (Le ordené:) “Golpea el suelo con tu pie. Esta es agua fría para bañarte y beber”».—(Sura Sad: 41-42)

Al golpear el suelo con el pie por orden de Allah, brotó un manantial. Beber de aquella fuente y bañarse con su agua fue el tratamiento para la enfermedad del profeta Ayyub. Parece probable que el profeta Ayyub padeciera alguna grave enfermedad cutánea. También se afirma en la Biblia que todo su cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, estaba cubierto de llagas.

El milagro del profeta Ibrahim (la paz sea con él)

 

El episodio de devolver la vida a cuatro aves

(ÁRABE*************************************PDF 368)

«Recuerda también cuando Ibrahim dijo: “¡Señor! Muéstrame cómo devuelves la vida a los muertos”. Allah dijo: “¿Acaso no crees?”. Ibrahim respondió: “Sí creo, pero necesito tranquilidad en mi corazón”. Allah dijo: “Entonces toma cuatro aves y acostúmbralas a ti. Después coloca una parte de cada una de ellas sobre cada una de las montañas. Luego llámalas; acudirán rápidamente a ti. Y sabe que Allah es Todopoderoso y Sabio en Sus designios”».—(Sura al-Baqara: 260)

Ibrahim tuvo un hijo en su vejez

(Árabe*************************************PDF 368 )

«Después, le anuncié la buena nueva de Isaac y, después de Isaac, la de Jacob. Ella dijo: “¡Ay de mí! ¿Voy a tener un hijo, siendo ya una anciana decrépita? Y este, mi esposo, también es anciano. ¡Esto sí que es algo asombroso!”. Los ángeles dijeron: “¿Te sorprendes del decreto de Allah? ¡Oh, familia de Abraham! La misericordia de Allah y Sus bendiciones están sobre vosotros. En verdad, Allah es sumamente digno de alabanza y posee una grandeza inmensa”».–(Sura Hud: 71-73)

La salvación del Profeta Abraham (la paz sea con él) del fuego

(Árabe*************************************PDF 369 )

«Se dijeron unos a otros: “Construid para él un horno y arrojadlo a las llamas ardientes”. Tramaron una conspiración contra él, pero hice que ellos mismos quedaran humillados».–(Sura As-Saffat: 97-98)

Los milagros del Profeta Moisés (la paz sea con él)

(Árabe*************************************PDF 369 )

«Después, envié a Moisés y a su hermano Aarón ante el Faraón y sus partidarios, con Mis signos y una prueba irrefutable».–(Sura Al-Mu’minun: 45-46)

El significado de mencionar la «prueba irrefutable» después de las «señales» puede ser que el hecho de que ambos tuvieran consigo esas señales constituía una prueba irrefutable de su profecía. También puede ser que las señales fueran los demás milagros que él mostró en Egipto aparte del bastón, mientras que la prueba irrefutable se refiriera a su bastón. Pues los milagros manifestados por medio del bastón no dejaban lugar a ninguna duda de que ambos eran mensajeros.

(Árabe*************************************PDF 369)

«Cuando arrojaron sus instrumentos de magia, hechizaron los ojos de los espectadores e infundieron terror en sus corazones. Así mostraron una magia extraordinariamente poderosa. Entonces inspiré a Moisés: “Arroja tu bastón”. Y apenas lo arrojó, este comenzó a devorar la falsa ilusión mágica que habían creado». (Sura Al-A‘raf: 116-117)

El bastón del venerable Moisés

No es correcto imaginar que el bastón del venerable Moisés se tragó aquellos bastones y cuerdas de los magos que parecían enormes serpientes. Lo que dice el Corán es simplemente que el bastón de Moisés, al convertirse en una serpiente, devoró la ilusión engañosa de los magos. El sentido del versículo parece indicar claramente que, allí por donde pasó la serpiente de Moisés, desapareció el efecto de la magia. Debido a la magia, parecía que los bastones y las cuerdas de los magos se alzaban como serpientes. Pero, en cuanto la serpiente de Moisés dio una vuelta, todos los bastones recuperaron su forma de bastones y todas las cuerdas, su forma de cuerdas.

Diversos castigos aleccionadores contra el pueblo del Faraón

(Árabe*************************************PDF 370)

«Afligí al pueblo del Faraón durante varios años con hambre y pérdida de cosechas, para que recapacitaran. Pero su situación llegó a ser tal que, cuando les sucedía algo bueno, decían: “Esto nos lo merecemos”; y cuando les ocurría algo malo, consideraban a Moisés y a sus seguidores como un mal augurio para ellos. En realidad, su mala fortuna estaba junto a Allah, pero la mayoría de ellos no lo sabía. Dijeron a Moisés: “No creeremos en ti, traigas la señal que traigas para hechizarnos”. Finalmente, envié contra ellos la tormenta, esparcí las langostas, envié las plagas de insectos y las ranas, e hice llover sangre. Les mostramos estas señales por separado, pero ellos persistieron en su camino de arrogancia. En verdad, eran un pueblo sumamente criminal». (Sura Al-A‘raf: 130-133)

Calificaron también de magia aquello que los cortesanos del faraón sabían con certeza que de ningún modo podía ser resultado de la magia, mostrando así obstinación y juegos de palabras. Probablemente ningún necio creería que provocar hambre en todo el país y pérdidas continuas de las cosechas pudiera ser obra de un mago. Por eso se dice en el Corán:

(Árabe*************************************PDF 370 )

«Cuando vieron Mis signos, dijeron: “Esto es, sin duda, magia manifiesta”. Aunque interiormente sus corazones estaban convencidos, los rechazaron únicamente por arrogancia y orgullo». —(Sura an-Naml: 13-14)

La tormenta mencionada en la aleya anterior probablemente fue una lluvia torrencial acompañada de granizo. También podría haber sido otro tipo de tormenta. Sin embargo, en la Biblia se menciona una tormenta causada por una nevada. Por eso he utilizado este significado.

La palabra «kummal», utilizada en esa aleya, tiene varios significados: piojos, langostas pequeñas, mosquitos, termitas, etc. Probablemente se empleó una palabra de significado tan amplio porque los mosquitos y los piojos atacaron a las personas, mientras que las termitas atacaron los almacenes de alimentos. —(Véase el Éxodo de la Biblia, capítulos 7 al 12)

Nueve signos

(Árabe*************************************PDF 371 )

«Habíamos dado a Moisés nueve signos manifiestos. Pregunta ahora tú mismo a los hijos de Israel qué le dijo el faraón cuando Moisés se presentó ante ellos: “¡Oh, Moisés! Creo que has sido embrujado”. Moisés le respondió: “Nadie ha hecho descender estos signos evidentes sino el Señor de los cielos y de la tierra. ¡Oh, faraón! Creo que ciertamente estás perdido”». —(Sura Bani Israel: 101-102)

En la sura Al-A‘raf se mencionan estas nueve señales. Son: 1. El bastón, que se transformaba en una serpiente; 2. la mano luminosa, que, al sacarla de la axila, resplandecía como el sol; 3. derrotar públicamente la magia de los magos; 4. una hambruna que azotó todo el país conforme a una declaración; 5. tormentas continuas; 6. langostas; 7. termitas; 8. ranas; y 9. calamidades como la aparición de sangre.

La esencia de la respuesta de Moisés a las palabras del Faraón era que una hambruna extendida por todo el país, una plaga de ranas que cubriera millones de millas cuadradas, el ataque de termitas a todos los almacenes de alimentos y otras crisis de ese tipo no podían ser causados por la magia de un mago ni por ninguna fuerza humana. Aquí conviene recordar que, antes de cada calamidad, Moisés advertía al Faraón diciéndole: «Si no abandonas tu obstinación, esta calamidad será impuesta sobre tu reino». Exactamente la calamidad anunciada llegaba a su debido tiempo. En tales circunstancias, afirmar que esas calamidades habían sido causadas por alguien distinto de Allah, Dueño de los cielos y de la tierra, solo es posible para un loco o una persona obstinada.

Partir el mar en dos con el bastón

(árabe*************************************PDF 371)

«Dijimos por revelación a Moisés: “Ahora parte durante la noche con Mis siervos y ábreles un camino seco por el mar. No temas que alguien os persiga por detrás. Y no os alarméis mientras avanzáis por el mar”».—(sura Ta-Ha: 77)

El relato de este acontecimiento es el siguiente: finalmente, Allah determinó una noche en la que todos los musulmanes israelitas y no israelitas —para quienes se empleó la expresión de significado amplio «Mis siervos»— debían emigrar y partir de todas las regiones. Todos se reunieron en un lugar previamente determinado y partieron formando una caravana. En aquella época no existía el canal de Suez. Toda la zona comprendida entre el mar Rojo y el mar Mediterráneo era un territorio abierto. Sin embargo, había bases militares en todos los caminos de aquella región. Por ello, no era seguro atravesarla. Así pues, Moisés tomó el camino que conducía hacia el mar Rojo. Probablemente deseaba salir siguiendo la costa del mar en dirección a la península del Sinaí. Cuando la caravana aún se encontraba junto a la orilla del mar, el enorme ejército del Faraón llegó por detrás. En la sura Ash-Shu‘ara se relata que la caravana de los emigrantes quedó atrapada entre el mar y el ejército del Faraón. Precisamente en ese momento, Allah ordenó a Moisés:(Árabe**********)«Golpea el mar con tu vara».(Árabe************)«Inmediatamente, el mar se partió en dos y sus dos partes se alzaron a ambos lados como enormes montañas». No solo se abrió en medio un camino para que la caravana pudiera cruzar, sino que esa zona intermedia se convirtió en una vía seca. Esta es la descripción de un milagro manifiesto. Las palabras de quienes dicen que el agua del mar se retiró a causa de una tormenta o de la marea quedan refutadas por este relato. Pues, si el agua se hubiera retirado por esa causa, no se habría alzado a ambos lados como montañas ni la zona central se habría convertido en una vía seca.

(Árabe*************************************PDF 372)

«Ordené por revelación a Moisés: “Golpea el mar con tu vara”. Inmediatamente, el mar se partió en dos y sus dos partes se alzaron a ambos lados como enormes montañas».—(sura Ash-Shu‘ara: 63)

En idioma árabe (Árabe*******)significa montaña. En el diccionario titulado Lisán al-Arab se dice (Árabe***********)significa una montaña enorme. Además, (Árabe********)es decir, aplicar el adjetivo «enorme», significa que el agua se había alzado a ambos lados formando montañas sumamente altas. El camino dispuesto a través del mar fue establecido, por un lado, para permitir el paso de la caravana de los Hijos de Israel y, por otro, con el propósito de ahogar al ejército del Faraón. De esto se entiende claramente que el agua permaneció durante tanto tiempo formando montañas tan altas y enormes que la caravana de millones de emigrantes israelitas pudo pasar por encima de ella y, después de ellos, el ejército del Faraón llegó hasta la parte central. No hace falta decir que los vientos tempestuosos que soplan conforme a las leyes naturales ordinarias, por violentos que sean, no pueden hacer que el agua del mar se mantenga durante tanto tiempo formando montañas tan enormes. También debe observarse que en la sura Ta-Ha se dice (Árabe************)«Haz para ellos un camino seco en medio del mar». Es decir, al golpear el mar con el bastón, no solo el agua se apartó y se alzó a ambos lados como montañas, sino que además el camino que se formó en medio quedó seco. No quedó ni una mínima cantidad de agua lodosa que pudiera obstaculizar el tránsito. Esta es la descripción de un milagro manifiesto. Resulta evidente que es errónea la idea de quienes intentan explicar este acontecimiento suponiendo que ocurrió conforme a las leyes naturales ordinarias.

«maná» y «salwá’

(árabe*************************************PDF 373 )

«Hice descender sobre vosotros el maná y las codornices».—(sura Ta-Ha: 80)

El relato de la Biblia dice que, después de salir de Egipto, cuando los Hijos de Israel atravesaban el desierto de Sin, entre Elim y el Sinaí, y, al haberse agotado sus provisiones de alimentos, estaban a punto de pasar hambre, comenzó a descender el maná y las codornices, y este proceso continuó durante cuarenta largos años, hasta que llegaron a las poblaciones de Palestina. (Éxodo, capítulo 16; Números, capítulo 11, versículos 7-9; Libro de Josué, capítulo 5, versículo 12). En el Éxodo, al describir el maná y las codornices, se dice: «Al caer la tarde, vinieron codornices que cubrieron el campamento, y por la mañana había rocío alrededor del campamento. Cuando el rocío se hubo evaporado, he aquí que sobre la superficie del desierto quedó una cosa menuda, semejante a escamas, fina como la escarcha sobre la tierra. Al verla, los hijos de Israel se dijeron unos a otros: “¿Qué es esto?”, porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: “Este es el pan que el Señor os ha dado para comer”».—(capítulo 16, versículos 13-15)

Y la casa de Israel llamó maná a aquel alimento; era como semilla de cilantro, de color blanco, y su sabor era como una torta mezclada con miel.—(versículo 31)

En Números también se dice lo siguiente al explicar este asunto:

El pueblo iba de un lado a otro y lo recogía; lo molía en molinos o lo machacaba en morteros, luego lo cocía en ollas y preparaba con ello tortas; su sabor era como el de una torta cocida con aceite. Cuando por la noche caía el rocío sobre el campamento, el maná caía sobre él.—(capítulo 11, versículos 8-9)

Esto también fue un milagro. Pues cuando, después de cuarenta años, los israelitas comenzaron a recibir alimento normal, este proceso cesó. Hoy en día, allí ni siquiera se encuentra en abundancia el ave llamada codorniz, y tampoco se encuentra maná en ningún lugar. Personas dedicadas a la investigación registraron minuciosamente aquella zona en la que los israelitas llevaron una vida nómada en el desierto durante cuarenta años, pero no encontraron maná en ninguna parte. Naturalmente, los comerciantes venden dulces de maná para engañar a la gente.

El milagro de Hazrat Sulaymán (la paz sea con él)

(Árabe*************************************PDF 374)

“Y dijo: ¡Oh gente! Se me ha enseñado el lenguaje de las aves”. —(Sura An-Naml: 16)

La Biblia guarda silencio sobre el hecho de que Hazrat Sulaymán poseyera conocimiento del lenguaje de los animales y las aves. Sin embargo, las leyendas israelitas contienen una descripción clara al respecto. —(Enciclopedia judía, tomo 11, página 439)

Los yinnes le estaban sometidos

(Árabe*************************************PDF 374)

“Para Sulaymán se reunió un ejército perfectamente organizado de yinnes, seres humanos y aves”. —(Sura An-Naml: 17)

El trono de la reina de Saba fue traído en un instante.

(Árabe*************************************PDF 374 )

«Sulaimán dijo: “¡Oh, miembros de la corte! ¿Quién puede traerme el trono de la reina antes de que ella venga a mí sometiéndose a la obediencia?”. Un genio dijo: “Yo te lo traeré antes de que te levantes del lugar donde estás sentado; tengo poder para hacerlo y soy digno de confianza”. Uno que poseía conocimiento de la Escritura dijo: “Yo te lo traeré en un abrir y cerrar de ojos”. Entonces, cuando Sulaimán vio el trono ante sí, exclamó: “Esto es una gracia de mi Señor”».

Los milagros de otros profetas

 

El aspecto milagroso del relato de Yunus (la paz sea con él)

(Árabe*************************************PDF 374 )

«Ciertamente, Yunus también fue uno de los mensajeros. Recuerda cuando huyó hacia un barco cargado de pasajeros. Participó en el sorteo y resultó perdedor. Finalmente, el pez se lo tragó. Él se arrepintió. Si no hubiera sido de quienes glorifican a Allah, habría permanecido en el vientre de aquel pez hasta el Día de la Resurrección. Finalmente, lo arrojamos a una tierra desierta, en un estado sumamente enfermo, e hicimos crecer sobre él una planta de calabaza».—(Sura As-Saffat: 139-146)

El nacimiento de un hijo de Hazrat Zacarías del vientre de su esposa anciana

(Árabe*************************************PDF 374 )

«Concédeme, por favor, un heredero, para que sea mi heredero y también herede de la descendencia de Jacob. ¡Oh, Señor mío!, hazlo un hombre elegido. ¡Oh, Zacarías!, te damos la buena noticia de un hijo cuyo nombre será Yahya. Antes de él no hemos creado a ningún ser humano con ese nombre. Él dijo: «¡Oh, Señor mío!, mi esposa es estéril y yo he llegado a una edad muy avanzada. ¿Cómo podré tener un hijo?». La respuesta fue: «Así será. Tu Señor ha dicho: “Eso es muy fácil para Mí. Antes te creé, cuando no existías”». Zacarías dijo: «¡Oh, Señor mío!, concédeme una señal». Allah dijo: «Tu señal será que durante tres días consecutivos no podrás hablar con la gente»». (Sura Maryam: 5-10)

El milagro de Hazrat Isa (la paz sea con él)

 

El nacimiento de Hazrat Isa sin padre

(Árabe*************************************PDF 374 )

«Hicimos de Maryam y de su hijo una señal, y los establecimos en un lugar elevado donde había tranquilidad y manantiales que fluían». (Sura Al-Muminun: 50)

Aquí no se ha dicho que Maryam fuera una señal y que el hijo de Maryam fuera otra señal. Tampoco se ha dicho que convirtiéramos a Maryam y a su hijo en dos señales. Más bien, se ha dicho que hicimos de ambos conjuntamente una sola señal. El significado de esto es que el nacimiento de Isa (la paz sea con él) sin padre y el embarazo de Maryam sin contacto con un hombre son la razón por la que madre e hijo se convirtieron juntos en una sola señal.

 

(Árabe*************************************PDF 374 )

“(¡Y oh, Muhammad!) Relata en este Libro el caso de María, cuando se apartó de su gente y se retiró a un lugar situado al este. Se ocultó de ellos detrás de un velo. Entonces le enviamos Nuestro espíritu (el ángel), y este se le apareció bajo la forma de un hombre perfectamente constituido. Enviamos a María (al ángel). Este se le apareció bajo la forma de un hombre perfectamente constituido. María exclamó de pronto: «Si eres un hombre temeroso de Dios, me refugio de ti en el Misericordioso». Él respondió: «Solo soy un enviado de tu Señor; he venido para concederte un hijo puro». María dijo: «¿Cómo podré tener un hijo, si ningún hombre me ha tocado y tampoco soy una mujer de conducta deshonesta?». El ángel respondió: «Así será. Tu Señor ha dicho: “Eso es muy fácil para Mí. Lo haré para convertir a este niño en un signo para la humanidad y en una misericordia procedente de Mí. Es un asunto decretado por Allah, y habrá de cumplirse”». María concibió al niño y se retiró a un lugar lejano. Después, los dolores del parto la obligaron a dirigirse al pie de una palmera. Ella dijo: «¡Ojalá hubiera muerto antes de esto y hubiera sido completamente olvidada!»”.—(Sura de María: 16-23)

Aquí, con la expresión «un lugar lejano» se hace referencia a Belén. Era natural que María saliera de su lugar de retiro espiritual y se dirigiera allí. María no solo pertenecía a la familia de Aarón, la más piadosa de las tribus de los Hijos de Israel, sino que además se encontraba en Bayt al-Maqdis, consagrada al culto de Allah. Una mujer así quedó de pronto embarazada. Si en aquellas circunstancias hubiera permanecido en el lugar de retiro y se hubiera sabido que estaba embarazada, no solo su familia, sino también los demás miembros de su pueblo, le habrían hecho la vida insoportable. La pobre mujer, enfrentada a tan grave calamidad, abandonó silenciosamente la habitación de retiro y se marchó, para poder librarse al menos hasta el momento en que se cumpliera la voluntad de Allah de las censuras, reproches y la deshonra general de su pueblo. Este hecho de marcharse constituye una prueba contundente de que Jesús nació sin padre. Si María hubiera estado casada y hubiera concebido de su esposo, no habría tenido motivo alguno para abandonar la casa de sus padres y la de sus suegros y dirigirse a un lugar lejano para dar a luz.

«¡Ojalá hubiera muerto y hubiera sido completamente olvidada!». Estas palabras de María muestran cuán angustiada y preocupada se encontraba entonces. Al comprender la delicada situación, nadie tendrá dificultad en entender que esas palabras no salieron de sus labios únicamente a causa de los dolores del parto; lo que la mantenía agitada era el pensamiento de cómo lograría superar dignamente la terrible prueba de fuego a la que Allah la había sometido. Hasta entonces quizá había ocultado de algún modo el hecho de que llevaba un niño en su vientre. Pero ahora, ¿adónde llevaría a ese niño? Que María pronunció estas palabras queda demostrado por lo que se relata a continuación, cuando el ángel le dijo: «No te angusties». Cuando llega el momento del parto de una mujer casada, por mucho que se retuerza de dolor, nunca se siente preocupada ni angustiada.

Hablar de un niño recién nacido en la cuna

(Árabe********************************************en la página 377 del PDF)

“Cuando ella llegó con el niño en brazos ante su gente, estos le preguntaron: «¡Oh, María! ¿De dónde has traído esto? ¡Oh, hermana de Aarón! Tu padre no era un hombre malvado, ni tu madre era una mujer de conducta deshonesta»”.—(Sura de María: 27-28)

¿Qué explicación tienen quienes niegan el nacimiento milagroso de Jesús para el hecho de que, cuando María llegó con el niño en brazos, la gente de su pueblo se enfureció y comenzó a censurarla y reprenderla de diversas maneras?

(Árabe********************************************en la página 377 del PDF)

«Cuando María les señaló a su hijo, ellos dijeron: “¿Cómo vamos a hablar con un niño que está en la cuna?”».—(Sura María: 29)

Los intérpretes tergiversadores del Corán han explicado el significado de esta aleya de la siguiente manera: «¿Cómo vamos a hablar con el niño de ayer?». Es decir, según ellos, estas palabras fueron pronunciadas cuando el Profeta Jesús ya era adulto. Los ancianos y los viejos de los Hijos de Israel dijeron: «¿Acaso volveremos a hablar con el niño que vimos aquel día tendido en la cuna?». Sin embargo, basta observar las circunstancias y el desarrollo de la narración, tanto anterior como posterior, para comprender que esta no es más que una interpretación absurda, destinada simplemente a eludir el milagro. Estos intérpretes, si no por otra razón, al menos podrían haber reflexionado un poco sobre el hecho de que el asunto por el cual la gente había venido a protestar no ocurrió durante su juventud, sino precisamente en el momento de su nacimiento. Además, en la aleya 46 de la Sura Al Imrán y en la aleya 110 de la Sura Al Maida se afirma de manera inequívoca y categórica que Jesús no pronunció estas palabras durante su juventud, sino cuando acababa de nacer y se hallaba en la cuna. En la primera aleya, el ángel dice a María, al anunciarle el nacimiento de un hijo, que este hablará con la gente tanto en la cuna como en la edad adulta. En la segunda aleya, Allah mismo dice al Profeta Jesús: “Hablarás con la gente estando en la cuna y también durante tu edad adulta”.

(ÁRABE********************************************en la página 378 del PDF)

«El niño habló: “Soy el siervo de Allah. Él me ha dado la Escritura, me ha hecho profeta y me ha bendecido dondequiera que esté; me ha ordenado cumplir la oración y pagar el zakat durante toda mi vida. Me ha hecho bondadoso con mi madre, y no me ha hecho arrogante ni desgraciado”».—(Sura María: 30-32)

Aquí no se dice que fuera bondadoso con sus padres, sino únicamente con su madre. Esto demuestra también que el Profeta Jesús no tuvo padre. El hecho de que en todo el Corán se le mencione como Jesús, hijo de María, constituye otra prueba concluyente de ello.

(ÁRABE********************************************en la página 378 del PDF)

«La paz sea conmigo el día en que nací, el día en que muera y el día en que sea resucitado».—(Sura María: 33)

Este es el «signo» que fue presentado a los Hijos de Israel mediante la persona del Profeta Jesús (la paz sea con él). Antes de castigar ejemplarmente a los Hijos de Israel por sus continuas malas acciones, Allah quería darles una última oportunidad para que se corrigieran. Por ello adoptó la siguiente estrategia: dejó embarazada de repente, siendo aún virgen, a la piadosa joven de la familia de Aarón que se encontraba retirada en devoción en Bayt al-Maqdis y había sido criada bajo el cuidado del Profeta Zacarías. Luego, cuando ella se presentara con el niño en brazos, se produciría una conmoción en toda la nación y la atención de todos se dirigiría inmediatamente hacia ella. Como consecuencia de esta estrategia, se reunió una multitud alrededor del Profeta María, y entonces hizo que aquel niño recién nacido hablara, para que, cuando creciera y recibiera la profecía, miles de personas de la nación estuvieran presentes para dar testimonio de que habían visto en aquel niño un milagro extraordinario de Allah. A pesar de ello, cuando la nación negara su profecía y, en lugar de seguirlo, intentara acusarlo de criminal y crucificarlo, recibiría un castigo ejemplar como ningún otro pueblo del mundo había recibido.

Otros milagros mencionados en el Corán

(Árabe********************************************en la página 379 del PDF)

«Y cuando llegó a los hijos de Israel como Mensajero, dijo: “He venido a vosotros con una señal de vuestro Señor. Formo para vosotros, con barro, la figura de un pájaro; luego soplo en ella y, con el permiso de Allah, se convierte en un pájaro. Con el permiso de Allah, sano al ciego de nacimiento y al leproso, y doy vida a los muertos. También puedo informaros de lo que coméis y de lo que almacenáis. En todo esto hay una señal suficiente para vosotros, si queréis creer”».—(Sura Al Imrán: 49)

El Profeta Muhammad (la paz sea con él) y sus milagros

0

El Corán mismo ha sido presentado como prueba de la profecía

(Árabe********************************************en la página 379 del PDF)

«¡Oh, Profeta! Cuando no les presentes ninguna señal (milagro), dicen: “¿Por qué no has escogido una señal para ti mismo?”. Diles: “Yo solo sigo la revelación que mi Señor me envía”. Esto es una luz de sabiduría, guía y misericordia procedente de vuestro Señor para quienes la aceptan».—(Sura Al-Araf: 203)

La pregunta de los incrédulos era claramente sarcástica. Es decir, el sentido de sus palabras era: «Así como te has convertido en profeta, padre, también podrías haber escogido y traído alguna vez un milagro para ti». Sin embargo, es digno de observar cómo se ha dado una respuesta tan elocuente a este sarcasmo.

El sentido de esta respuesta es: no tengo la capacidad de inventar o fabricar algo simplemente porque vosotros lo exijáis o porque yo mismo lo considere necesario. Soy solamente un Mensajero. Mi responsabilidad consiste únicamente en actuar conforme a las instrucciones de Aquel que me envió. Quien me envió me dio el Corán en lugar de milagros. Este está lleno de una luz que permite ver el futuro. Su característica más importante es que quienes lo aceptan encuentran el camino recto y correcto de la vida, y en su hermoso carácter se manifiestan las señales de la misericordia de Allah.

El Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no podía realizar milagros por iniciativa propia

(Árabe********************************************en la página 380 del PDF)

«Sin embargo, oh Profeta, si no puedes soportar que ellos te ignoren, entonces, si tienes poder, busca un túnel bajo tierra o coloca una escalera hasta el cielo e intenta traerles una señal». —(Sura al-An‘am: 35)

Cuando el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) vio que habían pasado muchos días tratando de hacer comprender a su pueblo, pero que ellos no habían vuelto al camino, a veces surgía en su mente este deseo: «¡Ah! Si apareciera de parte de Allah una señal mediante la cual desapareciera su incredulidad y aceptaran la verdad de mi profecía». En esta aleya se da respuesta precisamente a ese deseo del Profeta. Su sentido es: no seas impaciente. Sigue con paciencia el método y el proceso mediante los cuales estoy llevando adelante esta tarea. Si hubiera sido necesario actuar mediante milagros, ¿acaso no habría podido hacerlo Yo mismo? Pero sé que este no es el camino correcto para alcanzar el éxito en la revolución mental y moral y en el establecimiento del sistema civilizatorio puro para el que has sido designado. Sin embargo, si no puedes soportar el actual estancamiento de la gente y su obstinada negación e incredulidad, y si crees que para eliminar ese estancamiento es necesario mostrar una señal tangible y perceptible por los sentidos, entonces toma tú mismo la iniciativa y, si tienes poder, entra en la tierra o asciende al cielo e intenta traer algún milagro que consideres suficiente para convertir la incredulidad en fe. Pero no esperes que Yo satisfaga ese deseo tuyo, pues en Mi plan no hay lugar para semejante intento o esfuerzo.

El mayor milagro del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es el Corán

(Árabe********************************************en la página 380 del PDF)

«Dicen: “¿Por qué Muhammad no trae una señal (milagro) de parte de su Señor? ¿Acaso no les han llegado con toda claridad las enseñanzas de las Escrituras anteriores?”» (Sura Taha: 133)

Es decir, ¿acaso no es un gran milagro que uno de ellos, un hombre iletrado, haya presentado un Libro en el que se encuentra reunida la esencia del contenido y las enseñanzas de todas las Escrituras celestiales, desde las primeras hasta las actuales? En este Libro no solo se ha reunido todo cuanto contenían aquellas Escrituras para guiar a la gente por el camino recto, sino que además se ha expuesto en un lenguaje tan sencillo y claro que incluso un beduino del desierto puede comprenderlo y beneficiarse de él.

(Árabe********************************************en la página 381 del PDF)

«(¡Oh, Profeta!) Antes de esto no leías ningún libro ni escribías con tu propia mano; de haber sido así, los partidarios de la falsedad habrían tenido motivos para dudar. En realidad, estas señales luminosas están en los corazones de quienes han recibido conocimiento. Nadie niega Mis señales salvo los injustos. Dicen: “¿Por qué no se han hecho descender señales (milagros) sobre este hombre de parte de su Señor?”. Di: “Las señales están únicamente junto a Allah. Yo solo soy un amonestador claro”. ¿Acaso no les basta como señal que te hayamos revelado el Libro, que se les recita continuamente? En verdad, en él hay misericordia y exhortación para quienes creen». (Sura Al-Ankabut: 48-51)

El punto central del argumento presentado en estos versículos es que el Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) era iletrado. Sus vecinos, familiares y miembros de su tribu lo habían visto desde su nacimiento hasta su juventud, y sabían perfectamente que jamás había leído un libro ni tomado una pluma en su vida. Al mencionar esta realidad, Allah dice que, si hubieran visto a este hombre iletrado expresando, sin haber recibido revelación y sin estudiar ningún libro ni dedicarse a la investigación, un conocimiento amplio y profundo sobre las enseñanzas de las anteriores Escrituras celestiales, las biografías de los profetas anteriores, las creencias y doctrinas de las religiones precedentes, la historia de los pueblos antiguos, y aspectos fundamentales de sus sistemas sociales, su economía y sus principios morales, los incrédulos quizá habrían tenido algún margen para la duda. Podrían haber pensado que este caudal de conocimiento lo había adquirido mediante su propio esfuerzo y dedicación, en lugar de mediante la revelación. Pero su condición de iletrado no dejó el menor espacio para la duda. Después de esto, aparte de la obstinación absoluta, no existe ninguna razón racional para negar su profecía.

El hecho mismo de que un Libro como el Corán fuera revelado al Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), pese a ser iletrado, constituye un milagro tan grande que basta para creer que era un Mensajero. Después de eso, no hace falta ningún otro milagro para quienes lo presenciaron. Pero el Corán es un milagro eterno y perdurable, que permanece siempre ante la humanidad, se les recita constantemente y ellos pueden contemplarlo en todo momento.

La razón por la que al Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se le concedió un milagro intelectual en lugar de milagros materiales

(Árabe********************************************en la página 382 del PDF)

«¿De qué serviría que se revelara un Corán mediante el cual las montañas comenzaran a moverse, la tierra se hendiera o los muertos salieran de sus tumbas y empezaran a hablar?»—(sura ar-Ra‘d: 31)

Para comprender esta aleya, hay que recordar que aquí no se está hablando con los incrédulos, sino con los musulmanes. Los musulmanes se sentían angustiados al escuchar una y otra vez las demandas de milagros por parte de los incrédulos y pensaban en su interior: «¡Qué bueno sería que se les mostrara algún milagro capaz de hacerles creer!». Cuando percibían que, debido a que no se producía ningún signo de ese tipo, los incrédulos estaban teniendo la oportunidad de sembrar confusión entre la gente común acerca de la profecía del Profeta, su agitación y preocupación aumentaban aún más. En este contexto se les dice a los musulmanes: si junto con alguna sura del Corán se les mostrara de repente un signo de esa naturaleza, ¿creéis realmente que ellos creerían? ¿Sois tan optimistas respecto de ellos que pensáis que están completamente preparados para aceptar la verdadera religión y que solo falta una manifestación? Quienes no percibieron la luz de la verdad en las enseñanzas del Corán, en los signos de la naturaleza del universo, en la vida intachable del Profeta ni en la transformación revolucionaria de la vida de los compañeros, ¿pensáis que encontrarían algún rayo de luz en el movimiento de las montañas, en la hendidura de la tierra y en la salida de los muertos de sus tumbas?—[El sentido de esta exposición no es que ningún milagro se manifestara por parte del Profeta Muhammad (la paz sea con él). De vez en cuando se manifestaron muchos milagros. Sin embargo, estos no fueron utilizados como prueba de la profecía para hacer que los opositores creyeran.—(Los compiladores)]

(Árabe********************************************en la página 382 del PDF)

«Si quisiera, podría hacer descender del cielo un signo ante el cual inclinarían sus cabezas».—(sura ash-Shu‘ara: 4)

Es decir, no le resulta en absoluto difícil a Allah hacer descender un signo que obligue a todos los incrédulos a creer y a aceptar la obediencia a Allah. La razón por la que no lo hace no es que tal acción esté fuera de Su poder. En realidad, Él no desea una fe obligada de ese tipo por parte de la gente. Quiere que las personas, empleando su propio conocimiento y razón, comprendan la verdad con ayuda de los signos esparcidos en el Libro de Allah, por toda la naturaleza del universo y dentro de ellos mismos. Después, cuando sus corazones den testimonio de que lo que dijeron los profetas es verdaderamente la verdad, y de que todas las creencias, convicciones, costumbres y prácticas establecidas en oposición a ella son falsas y vanas, entonces abandonarán conscientemente la falsedad y seguirán la verdad; eso es lo que Allah, exaltado sea, exige de los seres humanos. Por eso les ha concedido libertad de voluntad y elección. Por eso les ha dado la libertad de escoger, si así lo desean, cualquiera de los dos caminos: el correcto o el errado. Por eso ha puesto en ellos ambas tendencias, la del bien y la del mal. Ha abierto ante ellos los dos caminos, el del pecado y el de la virtud. Les ha dado a Satanás libertad para engañarlos. Para guiarlos por el camino recto, ha establecido la continuidad de la profecía, la revelación y la invitación hacia el bien. Ha colocado a los seres humanos en el campo de prueba, dotándolos de todas las capacidades y facultades apropiadas para escoger una opinión y un camino, a fin de comprobar si adoptan la senda de la incredulidad y la desobediencia o la de la fe y la obediencia. Si Allah hubiera adoptado un sistema que obligara a las personas a creer y obedecer, el propósito de esta prueba habría fracasado. Si Su voluntad hubiera sido obligar a las personas a creer, ¿qué necesidad habría de obligarlas mediante milagros? Allah podría haber creado a los seres humanos con una naturaleza y una constitución tales que no tuvieran ninguna capacidad para la incredulidad, la desobediencia y el pecado. Al igual que los ángeles, los seres humanos también nacerían obedientes y sumisos. En diversas aleyas del Corán, Allah, exaltado sea, ha expuesto precisamente esta verdad. Por ejemplo:

(Árabe********************************************en la página 383 del PDF)

«Si vuestro Señor hubiera querido, todos los habitantes de la Tierra habrían sido creyentes. ¿Acaso quieres ahora obligar a las personas a creer?»—(sura Yunus: 99)

(Árabe********************************************en la página 383 del PDF)

“Si tu Señor hubiera querido, habría hecho de toda la humanidad una sola comunidad. Sin embargo, continuarán siguiendo caminos diferentes. Solo se salvarán de la extravío aquellos sobre quienes recae la misericordia de tu Señor. Y para eso los creó”.

(Árabe********************************************en la página 383 del PDF)

“¿Acaso nunca han observado la tierra y cómo hemos hecho brotar en ella, en abundancia, toda clase de plantas excelentes?” —(Sura Ash-Shu‘ara: 7-8)

Es decir, si alguien necesita una señal para encontrar la verdad, no tiene que ir muy lejos. Basta con observar con los ojos bien abiertos la belleza y diversidad de este mundo para comprender si es verdadera la doctrina sobre la administración del universo que presentaron los profetas —la unicidad de Dios— o si son verdaderas las doctrinas que difunden los politeístas y los ateos. Al contemplar la abundancia y variedad extraordinarias de las plantas que brotan de la tierra, y la evidente armonía y correspondencia que existen entre sus propiedades y las innumerables necesidades de innumerables criaturas, solo un necio podría concluir que todo esto sucede por sí solo, sin la aguda destreza de un hábil artífice, la sabiduría de un gran conocedor, el invencible poder de un ser todopoderoso y el plan meditado de creación de un Creador experto. O que, en lugar de estar bajo la administración de un solo Dios que diseñó y ejecutó todos estos planes, fue bajo la administración de numerosos dioses como pudieron establecerse una coordinación tan perfecta entre la tierra, la luna, el sol, el viento y el agua, y como pudo lograrse tal armonía entre las plantas formadas con estos elementos y las necesidades y exigencias de innumerables especies diversas de animales. Si una persona sensata no se entrega a la obstinación ni a ideas preconcebidas, al contemplar esta escena exclamará espontáneamente que estas cosas son, sin duda, pruebas concluyentes de la existencia de Dios y de la existencia de un Dios único. A pesar de todas estas pruebas, ¿puede haber necesidad de algún otro milagro que, si no lo ve, impida al ser humano creer en la verdad del tawhid?”

Este es un milagro sensorial de gran magnitud

[La parte «A» de la obra se relaciona, conforme a nuestra estructura, con el tratamiento doctrinal y teórico de la filosofía de los milagros. En ella no se han incluido los milagros del Noble Profeta (s. a. s.) desde el punto de vista de los acontecimientos; más bien, estos se mencionan en sus respectivos lugares dentro de la exposición de los acontecimientos de la obra. Aquí solo se ha incluido como ejemplo el grandioso milagro de la partición de la luna.]

(Árabe********************************************en la página 385 del PDF)

“La Hora se ha acercado y la luna se ha partido. Su actitud es tal que, cada vez que ven una señal, se apartan de ella y dicen: «Esto es magia antigua». Han negado la verdad y han seguido sus propios deseos; pero todo asunto debe llegar finalmente a un desenlace”. —(Sura Al-Qamar: 1-3)

Relatos sobre la división de la luna

El acontecimiento de la división de la luna está demostrado por el relato categórico del Corán. No depende de los relatos de los hadices. Sin embargo, los relatos de los hadices permiten conocer los detalles del acontecimiento y determinar cuándo y cómo ocurrió. Bujari, Muslim, Tirmidhi, Ahmad, Abu Awana, Abu Dawud al-Tayalisi, Abd al-Razzaq, Ibn Yarir, Bayhaqi, Tabarani, Ibn Marduyah y Abu Nuaym al-Isfahani han narrado el acontecimiento, citando diversas cadenas de transmisión, a partir de Hazrat Ali, Hazrat Abd Allah ibn Masud, Hazrat Abd Allah ibn Abbas, Hazrat Abd Allah ibn Umar, Hazrat Hudhayfa, Hazrat Anas ibn Malik y Hazrat Zubayr ibn Mutim. Tres de estos notables no pudieron ser testigos presenciales del acontecimiento. En efecto, este ocurrió antes del nacimiento de uno de ellos, Hazrat Abd Allah ibn Abbas. El segundo, Hazrat Anas ibn Malik, era todavía un niño en aquel momento. Pero, puesto que ambos eran compañeros del Profeta, puede darse por seguro que narraron el acontecimiento después de haberlo oído de los compañeros adultos que fueron testigos directos.

Resumen de los relatos

Al reunir todos estos relatos, el sentido que se puede comprender es el siguiente: el acontecimiento tuvo lugar aproximadamente cinco años antes de la Hégira. Era la noche del decimocuarto día del mes lunar. La luna acababa de salir. De repente, la luna se partió en dos. Una de sus partes apareció a un lado de la montaña que estaba enfrente, y la otra, en el lado opuesto. Después de permanecer así durante un instante, ambas partes volvieron a unirse. El Profeta Muhammad (que la paz sea con él) se encontraba entonces en Mina. Dijo a los presentes: «Mirad lo que ha ocurrido y sed testigos». Los incrédulos dijeron: «Muhammad nos ha hechizado; por eso nuestra vista ha sido engañada. No puede hacer magia. Que venga gente de fuera. Les preguntaremos si también han visto el acontecimiento». Cuando llegaron algunas personas de fuera, también informaron que habían visto aquella escena.

Algunos relatos de Hazrat Anas dan lugar a la idea errónea de que el acontecimiento de la división de la luna ocurrió dos veces. Pero, en primer lugar, ningún otro compañero del Profeta lo afirmó; en segundo lugar, en algunos relatos del propio Hazrat Anas aparece la palabra «marratayn» (dos veces), mientras que en otros aparecen las palabras «firqatayn» y «shirqatayn». Estas significan «en dos partes». En tercer lugar, el Sagrado Corán solo menciona una vez la división de la luna. Por tanto, lo correcto es afirmar que el acontecimiento ocurrió una sola vez. En cambio, las leyendas según las cuales la luna se partió en dos en cuanto el Mensajero de Allah (que la paz sea con él) le hizo una señal con el dedo, y una de sus partes entró en su túnica y salió por la manga, carecen por completo de fundamento.

La verdadera naturaleza del acontecimiento

Aquí surge la pregunta de qué naturaleza tuvo realmente este acontecimiento. ¿Fue un milagro destinado a demostrar la veracidad de la profecía de Muhammad (que la paz sea con él) en respuesta a la exigencia de los incrédulos? ¿O fue simplemente un accidente ocurrido en la superficie de la luna por voluntad de Allah? ¿Y acaso el Profeta Muhammad (que la paz sea con él) llamó la atención de la gente sobre ello considerándolo una señal de la posibilidad y proximidad de la Hora? Un grupo de eruditos musulmanes lo considera uno de los milagros particulares del Profeta. Según ellos, este milagro fue mostrado en respuesta a la exigencia de los incrédulos. Pero la base de esta opinión son algunos hadices transmitidos por Hazrat Anas. Ningún otro compañero del Profeta expuso esta interpretación. En Fath al-Bari, Ibn Hayar dice: «Entre todas las cadenas por las que se ha transmitido el acontecimiento de la división de la luna, no he encontrado en ningún hadiz, salvo en el de Hazrat Anas, que la división de la luna ocurriera precisamente en respuesta a la exigencia de los politeístas». (Véase el capítulo relativo a la división de la luna). Abu Nuaym al-Isfahani, sin embargo, citó exactamente esta afirmación en un hadiz transmitido por Hazrat Abd Allah ibn Abbas en su obra Dala’il al-Nubuwwa. Pero su cadena de transmisión es muy débil. En ninguno de los relatos de Ibn Abbas transmitidos en los libros de hadices mediante cadenas fiables aparece esta afirmación. Además, tanto Hazrat Abd Allah ibn Abbas como Hazrat Anas estaban ausentes cuando ocurrió este acontecimiento. Ninguno de los compañeros que estaban presentes en aquel momento —a saber, Hazrat Abd Allah ibn Masud, Hazrat Hudhayfa, Hazrat Zubayr ibn Mutim, Hazrat Ali y Hazrat Abd Allah ibn Umar— afirmó que los politeístas de La Meca hubieran exigido que se mostrara alguna señal como prueba de la veracidad de la profecía de Muhammad, y que por eso se les hubiera mostrado el milagro de la división de la luna. Lo más importante es que el propio Sagrado Corán no califica este acontecimiento de señal de la misión de Muhammad, sino de señal de la proximidad de la Hora. No obstante, puesto que este acontecimiento confirmó la veracidad de la predicción que el Profeta (que la paz sea con él) había hecho sobre la proximidad de la Hora, no cabe duda de que también constituye una señal resplandeciente de la veracidad de la profecía de Muhammad (que la paz sea con él).

Algunas objeciones y sus respuestas

Se han formulado dos objeciones respecto a este milagro. La primera es que, según ellos, es absolutamente imposible que un satélite tan grande como la Luna se parta en dos, que sus partes se separen entre sí y que, después de alejarse cientos de millas una de la otra, vuelvan a unirse. La segunda es que, si tal acontecimiento hubiera ocurrido, se habría hecho famoso en todo el mundo, se habría mencionado en los libros de historia y se habría registrado en los libros de astronomía. Sin embargo, ambas objeciones carecen fundamentalmente de fundamento. El debate sobre su posibilidad podía tener lugar en la antigüedad, pero, basándose en los conocimientos que el ser humano ha adquirido en esta época sobre la estructura y la naturaleza de los planetas y satélites, no resulta extraño que un planeta se fracture a causa de la erupción de un volcán existente en su interior y que, debido a una tremenda explosión, sus fragmentos salgan despedidos en distintas direcciones y recorran enormes distancias. Tampoco es imposible que luego los fragmentos vuelvan a unirse entre sí por efecto de la fuerza magnética del centro. Consideremos ahora la segunda objeción. También carece de importancia, porque el acontecimiento ocurrió de forma repentina y durante un solo instante. No había ninguna razón para que, precisamente en ese momento, toda la gente del mundo estuviera mirando hacia la Luna. No hubo ninguna explosión relacionada con el acontecimiento que atrajera hacia allí la atención de la gente. Tampoco se había anunciado de antemano nada que hiciera que las personas miraran al cielo aguardándolo. Además, no era posible observarlo en todo el mundo. En aquel momento, la Luna solo había salido en Arabia y en los países situados al este de ella. Por otra parte, el interés y las técnicas de la escritura histórica aún no habían alcanzado tal desarrollo que quienes presenciaron el acontecimiento en los países orientales lo registraran y que, si tales testimonios y pruebas llegaban a manos de algún historiador, este los consignara en un libro de historia. No obstante, en la historia de Malabar se encuentra una mención de que aquella noche un rey de la región contempló la escena. En respuesta a la pregunta de por qué no se encuentra ninguna mención de ello en los libros de astronomía ni en los almanaques, puede decirse que solo habría sido necesario registrarlo si se hubiera producido alguna variación en el movimiento de la Luna, en su órbita o en sus horas de salida y puesta. Como eso no ocurrió, no atrajo la atención de los astrónomos de la antigüedad. En aquella época, los observatorios astronómicos tampoco estaban tan desarrollados como para seguir cada acontecimiento que tuviera lugar en el espacio y conservarlo en registros gráficos.

 

Capítulo 10: La cuestión de la intercesión

Diversos aspectos de la cuestión de la intercesión

[El tema de la intercesión está profundamente relacionado con la esencia de la profecía por dos razones. La primera es que quienes rechazaban el llamamiento del Noble Profeta (la paz sea con él) y de los demás nobles profetas consideraban la creencia en la intercesión un escudo de salvación. Decían que eran descendientes de profetas y de hombres piadosos, y, por otra parte, complacían a los ídolos mediante su adoración y sus rituales. Esos ídolos intercederían por ellos ante Dios y, por ello, eran muy queridos por Dios. En consecuencia, no tenía sentido temer el castigo de Dios por los pecados. El Corán refutó esta concepción de la intercesión.

La segunda razón es que, el Día de la Resurrección, los nobles profetas —y también algunos siervos piadosos— intercederán por ciertos seguidores suyos que, aunque procuraban vivir en general conforme a la voluntad de Dios, habían cometido algunos errores y faltas, o incluso pecados, y se arrepentían repetidamente y trataban de reformarse.

Por estas dos razones, consideramos que un capítulo dedicado al tema de la intercesión debía incluirse entre las cuestiones fundamentales de esta obra. Es afortunado que de la pluma del Maulana hayan surgido valiosas palabras sobre este asunto. —Los compiladores.]

El tema de la intercesión ha sido explicado claramente en varios lugares del Corán. No es difícil para nadie saber quién puede interceder y quién no, en qué circunstancias está permitido hacerlo y en cuáles no, por quién puede hacerse y por quién no, para quién resulta beneficiosa y para quién no. Las ideas y creencias erróneas sobre la intercesión son una de las principales causas del extravío de las personas. Por eso, el Corán ha expuesto este asunto con tanta claridad que no ha dejado lugar a ningún tipo de duda o incertidumbre. Por ejemplo, en la aleya 255 de la sura Al-Báqara —la aleya del Trono— se dice:

(Árabe********************************************en la página 391 del PDF)

«Todo cuanto hay en los cielos y en la tierra le pertenece exclusivamente a Él. ¿Quién puede interceder ante Alá sin Su permiso?»

(Árabe********************************************en la página 391 del PDF)

«Él conoce todo lo que es visible para los seres humanos. Y nada de lo que conoce Alá puede quedar dentro del alcance de su conocimiento. Sin embargo, si Él mismo desea informar a alguien de algo, eso ya es otra cuestión».

Nadie puede ejercer influencia sobre Alá

Los politeístas creían que los sabios musulmanes, los ángeles y otros seres tenían una gran influencia ante Alá. Si se empeñaban en algún asunto, no cejaban hasta lograr que se hiciera, y podían obtener de Alá cuanto quisieran. La primera parte de la aleya mencionada refuta esta creencia suya. Se les dice que, lejos de poder ejercer influencia, ni siquiera los profetas más eminentes y los ángeles más cercanos se atreven a pronunciar una sola palabra ante el Rey del universo sin permiso.

La discusión teórica expuesta en la segunda parte asesta otro golpe a los fundamentos del politeísmo. En la primera parte se había presentado la idea de la autoridad, el dominio y la soberanía absolutos e ilimitados de Alá, y se había dicho que nadie posee la capacidad de oponerse a Su poder ni de ejercer influencia. Ahora se afirma, desde otro punto de vista, que ¿cómo podría alguien interferir en Sus asuntos? Pues no tienen ningún conocimiento de la administración del universo ni de sus misterios ocultos. El conocimiento de todos —seres humanos, yinn, ángeles y cualquier otra criatura— es incompleto y limitado. La mirada de nadie abarca todas las realidades del universo. Además, si se permitiera a alguien intervenir independientemente o mantener una intercesión irrevocable en algún asunto menor, todo el orden del mundo quedaría destruido. Dejando de lado el orden y la administración del universo, el siervo ni siquiera tiene capacidad para comprender qué es bueno o malo para sí mismo. Solo el Creador y Administrador del universo conoce por completo lo que es bueno y malo para él. Por tanto, no le queda más alternativa que depender de las leyes y mandatos que Él ha establecido.

No hay intercesión para quienes merecen el castigo

En la sura Al-Anam se dice:

(Árabe********************************************en la página 392 del PDF)

«Y ahora no veo con vosotros a aquellos intercesores acerca de los cuales creíais que también tenían alguna participación en el logro de vuestros objetivos. Todos los vínculos entre vosotros se han roto, y aquellos que suponíais que os ayudarían se han apartado de vosotros».

En otro lugar de esta sura se dice:

(Árabe********************************************en la página 392 del PDF)

«(¡Oh, Muhammad!) Amonesta mediante este conocimiento basado en la revelación a quienes temen presentarse ante Allah, cuando allí no habrá ningún protector ni intercesor aparte de Él. Quizá así adopten el camino del temor reverente de Dios» (sura Al-An’am: 51).

El significado es que quienes están tan absortos en la vida mundana de placeres que ni siquiera piensan en la muerte ni recuerdan que un día tendrán que comparecer ante Dios, y piensan: «En este mundo podemos hacer lo que queramos; en la otra vida no sufriremos ningún daño, porque fulano intercederá por nosotros, mengano nos ayudará o zutano ya ha expiado nuestros pecados», tampoco obtendrán ningún beneficio de esta exhortación.

En la sura Al-A’raf se dice:

(Árabe********************************************en la página 393 del PDF)

“(En el Más Allá dirán:) ¿Acaso encontraremos algún intercesor que interceda por nosotros? De lo contrario, que se nos devuelva otra vez; haremos otras obras en lugar de las que solíamos hacer antes”.—(Sura Al-A‘raf: 53)

En la Sura Yunus, Allah, exaltado sea, dice:

(Árabe********************************************en la página 393 del PDF)

“Nadie tiene derecho a interceder sin Su permiso. Este es Allah, vuestro Señor. Adorad, pues, únicamente a Él. ¿Es que todavía no vais a tener temor?”.—(Aleya: 3)

En la misma sura también se dice:

(Árabe********************************************en la página 393 del PDF)

“Adoran, aparte de Allah, a seres que no pueden causarles ni beneficio ni perjuicio alguno, y dicen: ‘Estos intercederán por nosotros ante Allah’. ¡Oh, Muhammad! Diles: ‘¿Acaso pretendéis informar a Allah de algo cuya existencia Él no conoce en ningún lugar de los cielos ni de la Tierra? Glorificado y muy por encima está Él de lo que Le asocian’”.—(Sura Yunus: 18)

Que Allah desconozca algo significa que tal cosa no existe en absoluto, pues Allah conoce todo cuanto existe. Precisamente así se ha negado aquí, mediante una expresión muy sutil, la existencia de los intercesores. Se afirma que Allah, exaltado sea, no sabe de nadie en los cielos o en la Tierra que interceda por vosotros. Entonces, ¿de qué intercesores pretendéis informarle?

(Árabe********************************************página 394 del PDF)

«Los injustos no tendrán ningún amigo íntimo ni ningún intercesor cuya palabra sea escuchada». —(Sura Al-Mu’min: 18)

Esto se ha dicho para refutar la falsa creencia de los incrédulos acerca de la intercesión o recomendación. En realidad, allí no habrá ningún intercesor para los culpables. Pues, si se llegara a conceder permiso para interceder, solo lo recibirían los siervos amados y virtuosos de Allah. Y esos siervos virtuosos de Allah no pueden ser amigos de los perversos y malvados, ni siquiera pensarían en interceder para salvarlos. Sin embargo, puesto que los incrédulos, los politeístas y los extraviados creen generalmente que los santos y piadosos a quienes veneran y siguen no permitirán de ningún modo que entren en el Infierno, que se interpondrán en su camino y conseguirán que sean perdonados, se dice que allí no habrá ningún intercesor cuya intercesión Allah tenga que aceptar.

Es necesario contar con permiso para interceder

En la sura Maryam se dice:

(Árabe********************************************página 394 del PDF)

«Ese día nadie podrá interceder, salvo aquel que haya recibido permiso del Misericordioso». —(Sura Maryam: 87)

Esto significa que solo se podrá interceder por quien reciba permiso. El segundo significado es que únicamente quien obtenga permiso podrá interceder; nadie más. La forma de expresión de la aleya permite aplicarla por igual en ambos sentidos.

Sólo se podrá interceder por aquel a quien el Misericordioso conceda permiso. El significado de estas palabras es que sólo existe la posibilidad de que obtenga intercesión quien, durante su vida terrenal, haya creído, haya mantenido cierta relación con Allah y se haya hecho merecedor del perdón. [Es decir, la intercesión está comprendida dentro del sistema de recompensa y las disposiciones de Allah. El requisito previo para obtener la intercesión es que el siervo demuestre ante Allah que es digno de recibir el perdón. Por ejemplo, en los principios fundamentales relativos al arrepentimiento se ha establecido una norma sobre el perdón: quienes permanecen sumergidos hasta el cuello en el pecado durante toda su vida, sin sentir ningún arrepentimiento ni preocupación por ello, no verán aceptado su arrepentimiento. No hace falta decir que quienes se arrepienten inmediatamente después de cometer pecados, se arrepienten, abandonan el pecado y se esfuerzan por purificarse, sí tienen esperanza. Del mismo modo, al describir a quienes son dignos de perdón, se dice que son aquellos que se abstienen de los pecados graves y de las malas acciones manifiestas, y que sólo incurren en pequeñas faltas por error o ignorancia. Cualquier persona común puede deducir de esto si podrá ser merecedora del perdón y de la intercesión. Además, en diversos hadices, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mencionó ciertas malas acciones y declaró por sí mismo que no intercedería por quienes las cometieran. (Los compiladores)] Y que sólo pueda interceder quien obtenga permiso significa que aquellos a quienes la gente considera intercesores o mediadores no tendrán derecho a interceder. Al contrario, sólo podrá tomar la palabra para interceder aquel a quien Allah conceda permiso.

En la sura Taha se dice:

(Árabe********************************************en la página 395)

«La intercesión de nadie tendrá efecto, salvo la de aquel a quien el Misericordioso conceda permiso para interceder y cuya palabra Él acepte escuchar. Él conoce todos los estados anteriores y posteriores de las personas; los demás no los conocen por completo». (Sura Taha: 109-110)

El primer versículo puede tener dos significados: primero, el expresado en la traducción; segundo: «La intercesión no tendrá efecto en favor de nadie salvo de aquel para quien Allah, el Misericordioso, conceda permiso de interceder y cuya situación Él acepte escuchar». El Día de la Resurrección, nadie se atreverá siquiera a emitir un sonido, mucho menos a hablar según sus propios deseos. Sólo podrá interceder aquel que reciba permiso de Allah para hacerlo. Estos dos puntos se explican detalladamente en diversos lugares del Corán. Por una parte, se dice:

(Árabe********************************************en la página 395)

«¿Quién puede interceder ante Él sin Su permiso?» (Sura Al-Baqarah: 255), y

(Árabe********************************************en la página 395)

«No pueden interceder por nadie; solo pueden interceder por aquellos a favor de quienes Allah acepta escuchar la intercesión, y sienten temor reverente de Él». —(Sura Al-Anbiya: 28)

(Árabe********************************************en la página 395 del PDF)

«¡Cuántos ángeles hay en los cielos cuya intercesión no sirve de nada! Pero si interceden con el permiso de Allah y por quien Él desea y aprueba que se escuche la intercesión, entonces el asunto es distinto». —(Sura An-Najm: 26)

Restricciones impuestas a la intercesión

La razón de estas restricciones impuestas a la intercesión se menciona en la Sura Ta-Ha. Nadie —sea un ángel, un profeta, un wali o quienquiera que sea— sabe, ni puede saber, cómo es el registro de las obras de cada persona, qué hacía durante su vida terrenal y con qué tipo de conducta, carácter, disposición y responsabilidades se ha presentado ante el tribunal de Allah. En cambio, Allah posee un conocimiento total de las acciones pasadas de todos: conoce cuál es ahora su estado, hasta qué punto ha sido virtuoso si era virtuoso, qué grado de pecador tiene si era pecador, si merece el perdón, si merece el castigo extremo, si su castigo puede ser reducido o si puede mostrársele alguna misericordia. Todo ello solo Allah lo conoce correctamente. —[Dicho de otro modo, la intercesión es, en esencia, una forma de testimonio. Mediante ella se atestigua, en términos generales, qué clase de persona era aquel cuyo registro de obras se presenta, y si merece el castigo o el perdón. —(Los recopiladores)] En tales circunstancias, ¿cómo podría concederse a los ángeles, los profetas y las personas virtuosas una libertad ilimitada para interceder, de modo que cada uno pudiera interceder por quien quisiera y de la manera que quisiera? Si un funcionario común comenzara a escuchar en su pequeño departamento las recomendaciones de todos sus parientes y amigos, en dos o cuatro días arruinaría por completo todo el departamento. Si eso es así, ¿cómo puede esperarse del Señor Supremo de los cielos y la tierra que haya libertad ilimitada para interceder ante Él y que cada venerable pueda acudir ante Allah para lograr que perdone a quien le plazca? Además, ningún venerable sabe cómo es el registro de las obras de aquellos por quienes intercede. En el mundo, la norma de cualquier funcionario que posea siquiera un mínimo sentido de la responsabilidad es que, si uno de sus amigos intercede por un empleado subordinado suyo que ha cometido una falta, le dice: «Usted no sabe hasta qué punto este hombre es negligente en su trabajo, irresponsable y sobornable, ni cuánto acosa al público. Yo conozco bien sus actos. Por eso, le ruego que no interceda ante mí por esta persona». —[El Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) advirtió repetidamente a los musulmanes de su época: «A quienes cambien mi método y mi conducta después de mí se les apartará del Estanque de Kawzar y no se les permitirá acercarse a él. Yo diré: “Son mis seguidores”. Entonces se me dirá: “Usted no sabe qué hicieron después de su partida”. Después también los expulsaré y diré: “¡Aléjense!”». Este relato aparece en numerosos hadices. —(El autor) Véanse: Bujari, Kitab ar-Riqaq y Kitab al-Fitan; Muslim, Kitab at-Tahara y Kitab al-Fada’il; Musnad Ahmad, relatos de Ibn Masud y Abu Huraira; Ibn Mayah, Kitab al-Manasik, entre otros.]

A partir de este pequeño ejemplo puede apreciarse cuán puro, razonable y justo es el principio sobre la intercesión expuesto en esta aleya. La puerta de la intercesión ante Allah no estará cerrada. Aquellos siervos virtuosos que estaban acostumbrados a tratar compasivamente a la gente en el mundo tendrán que pedir permiso antes de interceder, y solo podrán interceder por la persona por la que Allah les conceda permiso para hacerlo. Además, habrá una condición para la intercesión: que sea correcta y justa.(Árabe********)(Y lo que diga, lo dirá con verdad.) Las palabras de Allah hacen explícitamente patente esta misma idea. Allí no será posible presentar una intercesión absurda como la de que una persona haya usurpado en el mundo los derechos de miles de personas y un venerable se ponga de pie para interceder por ella diciendo: «¡Señor! Concédale el premio y hónralo». —[Más bien, los profetas intercederán para que sean castigados los pecadores y los extraviados de sus respectivas comunidades. Así se ha mencionado en el Corán la siguiente declaración del Profeta acerca de su pueblo.]

(Árabe********************************************en la página 397 del PDF)

«¡Señor mío! Mi pueblo había abandonado este Corán».]

En la sura An-Naba se dice:

(Árabe********************************************en la página 397 del PDF)

«El día en que el Espíritu y los ángeles se pongan de pie en filas, nadie podrá hablar, salvo aquel a quien Allah conceda permiso, y dirá lo correcto». —(Sura An-Naba: 38)

Aquí, hablar significa interceder. Se dice que esto se hará bajo dos condiciones. Primero, solamente podrá interceder por un pecador determinado la persona a la que Allah haya concedido permiso para interceder por él. Segundo, el intercesor deberá decir algo correcto y justo; no deberá hacer una intercesión improcedente. Además, aquel por quien interceda deberá haber sido, al menos, un reconocedor de la verdad establecida en este mundo. Es decir, deberá haber sido pecador, pero no incrédulo.

Los intercesores imaginados por los politeístas

En la sura Al-Anbiya se dice:

(Árabe********************************************en la página 397 del PDF)

«Él sabe lo que tienen delante y también sabe lo que está fuera de su conocimiento. Ellos no intercederán por nadie, salvo por aquellos a favor de quienes Allah esté complacido de que se escuche la intercesión, y permanecerán temerosos y aterrados ante Allah».

Los politeístas consideraban a los ángeles como divinidades por dos razones. En primer lugar, creían que eran hijos y descendientes de Allah. En segundo lugar, querían convertirlos, mediante su adoración, en intercesores ante Allah. (Árabe*******************)(Decían: «Estos son nuestros intercesores ante Allah: sura Yunus, 18») y (Árabe*****************)(Nos ayudarán a acercarnos a Él. —sura Az-Zumar, 3). En estas dos aleyas se refutan ambas razones.

Cabe señalar que, al refutar la concepción y creencia politeísta sobre la intercesión, el Corán suele afirmar enfáticamente: «Aquellos a quienes consideráis intercesores no conocen nada de lo oculto, mientras que Allah conoce todos sus asuntos, tanto los conocidos como los desconocidos». Con ello, Allah quiere hacer comprender a la gente lo siguiente: si ellos no conocen el pasado ni el futuro de cada persona, ni sus asuntos ocultos y manifiestos, ¿cómo pueden obtener el poder incondicional y absoluto de interceder? Por eso, el poder de interceder de cada ángel, profeta u otra persona venerable está sujeto a condiciones. La condición es que Allah Todopoderoso le conceda permiso para interceder por alguien. Nadie tendrá derecho a interceder por cualquier persona según su propia voluntad. Y puesto que escuchar o no escuchar la intercesión, y aceptarla o no, depende completamente de la voluntad de Allah, ¿qué derecho pueden tener estos intercesores impotentes a recibir la adoración y el culto de alguien, o a escuchar sus súplicas y ruegos?

En la sura Saba se dice:

(Árabe********************************************página 398 del PDF)

«La intercesión no será beneficiosa para nadie, salvo para aquel para quien Allah haya permitido interceder». —sura As-Saba, 23

Es decir, dejando de lado que alguien sea propietario por sí mismo, socio en la propiedad, o colaborador o asociado de Dios, no existe en todo el universo ninguna entidad que pueda siquiera interceder por alguien ante Allah según su propia voluntad. Os entregáis inútilmente a la falsa idea de que existen algunos siervos predilectos o influyentes de Allah que, si presentan una petición y se obstinan en ella, no pueden ser rechazados por Allah. Pero, en realidad, nadie se atreve allí a pronunciar siquiera una palabra sin permiso. Solo quien reciba permiso podrá presentar alguna súplica, y solo se podrá interceder por aquel para quien se haya concedido permiso para interceder.

Al final de la misma aleya se dice:

(Árabe********************************************página 398 del PDF)

«Finalmente, cuando la angustia se haya disipado de los corazones de la gente, preguntarán a los intercesores: “¿Qué respondió vuestro Señor?”. Ellos dirán: “Respondió con la verdad”. En verdad, Él es el Poderoso, el Grandioso». —(Sura Saba, 23)

Aquí se presenta una escena de lo que ocurrirá el Día de la Resurrección, cuando algún intercesor solicite permiso para interceder por alguien. Vemos una situación en la que, después de presentar la solicitud de permiso, tanto el intercesor como aquel por quien se intercede esperan ansiosa e impacientemente la respuesta, llenos de extrema angustia y temor. Finalmente, cuando llega el permiso y, al observar la expresión del intercesor, aquel por quien se intercede comprende que la situación ofrece alguna esperanza, es como si la vida regresara a su cuerpo. Se acerca y pregunta al intercesor qué respuesta recibió. El intercesor responde: “Todo está bien. Se ha concedido el permiso”. —[En la última sección de la sura Al-Maida se muestra una escena de cómo los profetas intercederán con humildad el Día de la Resurrección. Allí se describe cómo Jesús intercederá por sus seguidores. Primero dará testimonio en respuesta a la pregunta de Allah. Luego dirá:

(Árabe********************************************en la página 399 del PDF)

«Si deseas castigarlos, ellos son Tus siervos; (no tienen más opción que someterse al castigo). Pero si los perdonas, Tú eres, ciertamente, el Poderoso, el Sabio». —(Aleya 118). En la primera parte de esta frase significativa hay un tono de súplica de intercesión; no hay exigencia ni insistencia. —(Los compiladores)

Con esta descripción, Allah quiere haceros comprender, ¡oh, grupo de necios!, lo siguiente: ¿cómo podéis pensar, acerca de una corte cuyo estado es así, que alguien irá allí y, valiéndose de su propio poder, os hará perdonar, o que insistirá ante Allah y tendrá la osadía de decir: “Estos son mis devotos; necesariamente debes perdonarlos”?

En la sura Ad-Duján se dice:

(Árabe********************************************en la página 399 del PDF)

«Ese día ningún pariente servirá de nada a otro pariente, ni llegará ayuda de parte alguna. Excepto aquel de quien Allah tenga misericordia. Él es el Poderoso, el Misericordioso». —(Sura Ad-Duján, 41-42)

Aquí se describe la escena del tribunal que se establecerá el Día del Juicio. La ayuda o el apoyo de nadie podrá garantizar la liberación de un criminal ni reducir su castigo. La verdadera soberanía permanecerá en manos del Señor, en cuyas manos están las llaves de todo poder; nadie podrá impedir que Sus decisiones se cumplan, ni tendrá capacidad para influir en ellas. Reducir o cancelar el castigo de alguien por misericordia depende enteramente de la voluntad de Alá. En realidad, Él no administra justicia con crueldad, sino con benevolencia. Sin embargo, cualquier decisión que tome en un juicio se ejecutará exactamente. Después de explicar esta escena del tribunal divino, en las aleyas siguientes se expone cuál será el destino de quienes sean declarados culpables en ese tribunal y cómo serán recompensados aquellos respecto de quienes se demuestre que, en este mundo, temieron a Alá y se abstuvieron de la desobediencia.

El ejemplo de la súplica de Hazrat Nuh por su hijo

La historia de Hazrat Ibrahim relatada en la sura Hud (véanse las aleyas 69 a 76) fue relatada específicamente con los qurayshíes como destinatarios. Por ser descendientes de Hazrat Ibrahim, se habían convertido, en toda Arabia, en descendientes de santos, sacerdotes custodios de los ídolos de la Kaaba Sagrada y dueños del liderazgo religioso, moral, político y civilizatorio. Por eso decían, con gran orgullo y arrogancia, que, puesto que eran descendientes de aquel amado siervo de Alá y que él se encontraba ante Alá para interceder por ellos, ¿cómo podría descender sobre ellos la ira de Alá? Para hacer añicos esta falsa arrogancia, primero se presenta una escena: un gran profeta como Hazrat Nuh ve ante sus propios ojos cómo se ahoga su hijo, su propio pedazo de corazón, y, desesperado, suplica a Alá que lo salve; pero esta intercesión no benefició en absoluto al hijo y, además, el padre recibió una severa reprimenda. Después se presenta la escena del propio Hazrat Ibrahim. Por un lado, se menciona la infinita benevolencia de Alá hacia él y su nombre aparece en un lenguaje sumamente afectuoso. Por otro lado, cuando el propio Ibrahim, ese amigo de Alá (Jalil), interviene en la justicia, Alá rechaza su intercesión respecto al pueblo malhechor de Lot, a pesar de sus intensas súplicas.

Después, en otra aleya posterior de esta misma sura Hud, Alá dice:

(Árabe********************************************en la página 400 del PDF)

«Cuando llegue ese día (el Día del Juicio), nadie tendrá capacidad siquiera para emitir un leve sonido sin el permiso de Alá». —(Sura Hud: 105)

Es decir, este grupo de necios pasa su vida aferrado a vanas y falsas esperanzas: que tal Hazrat intercederá por nosotros y nos salvará; que tal santo se obstinará y no descansará hasta conseguir el perdón de cada uno de sus devotos; que tal señor es uno de los predilectos de Alá. Se sentará firmemente en el camino del Paraíso y no se moverá hasta obtener para sus devotos el salvoconducto del perdón. Pero allí ni siquiera se planteará la posibilidad de obstinarse o adoptar una actitud desafiante. Por grande que sea la dignidad de una persona o de un ángel, nadie tendrá allí el valor de pronunciar una sola palabra. Solo se podrá hablar si el propio Alá, juez supremo de ese tribunal, concede a alguien permiso para decir algo. —[Quienes en diversos mausoleos y santuarios hacen ofrendas votivas pensando que las personas enterradas allí tienen gran influencia y autoridad ante Alá, en la esperanza de obtener su intercesión, están corrompiendo sus propios registros de obras. El Día del Juicio se enfrentarán a una situación de extrema desesperanza.]

La concepción politeísta de la intercesión ante Alá en la vida terrenal

En la sura an-Nahl se dice:

(Árabe********************************************PDF, página 401)

«A pesar de todo esto, ¿creen en la falsedad y niegan la gracia de Allah?» (Sura an-Nahl: 72)

Los politeístas de La Meca no negaban que todos esos bienes de disfrute del mundo fueran dones de Allah. Tampoco negaban que detrás de esos dones estuviera la gracia de Allah. Pero el error que cometían era que, además de expresar su gratitud a Allah por esos bienes, también expresaban su gratitud a muchas entidades que ellos consideraban partícipes en la obtención de dichos bienes, aunque no tenían ninguna prueba ni argumento al respecto. En el lenguaje del Corán, esta conducta ha sido denominada «negar la gracia de Allah». Uno da el don, pero se agradece a otro: desde la perspectiva coránica, esto no es sino ingratitud. El Corán también establece como principio que, si alguien, sin ninguna prueba acerca del Dador, cree que Él no concede sus dones movido por Su bondad, sino por la mediación de alguien, en consideración a alguien, por la intercesión de alguien o como resultado de la intervención de alguien, eso equivale esencialmente a negar Su don.

Estas dos enseñanzas fundamentales del Corán son enteramente razonables y conformes al sentido común. Cualquier persona puede comprender su lógica con solo reflexionar un poco. Suponga que, movido por la compasión hacia una persona afligida, usted la ayuda, y que ella inmediatamente se pone a expresar delante de usted su gratitud hacia otra persona que no tuvo ninguna participación en esa ayuda. Es posible que, por su generosidad, usted pase por alto su conducta injusta y continúe ayudándola en el futuro, pero en su fuero interno seguramente comprenderá que es una persona sumamente maleducada e ingrata. Suponga que después le pregunta la razón de semejante conducta y descubre que, según su creencia, usted no la ayudó por su propia bondad y generosidad, sino en consideración a esa segunda persona. Sin embargo, en realidad eso no es cierto. En tal caso, sin duda se sentirá ofendido. Para usted, el significado evidente de esa creencia será que esa persona alberga una actitud sumamente negativa hacia usted. Su idea de usted es que no es una persona bondadosa ni compasiva, sino que su ocupación consiste en complacer a sus amigos. Si alguien llega por medio de unos cuantos amigos determinados, usted lo ayuda únicamente para preservar el afecto de esos amigos. De lo contrario, usted no sería alguien capaz de beneficiar a nadie.

En otra aleya de la sura an-Nahl se dice:

(Árabe********************************************PDF, página 401)

«Reconocen el don de Allah y, aun así, lo niegan. La mayoría de ellos no está dispuesta a aceptar la verdad». (Sura an-Nahl: 83)

Aquí, al hablar de negación, se hace referencia precisamente a la conducta que hemos mencionado antes. Los incrédulos de La Meca no negaban que todo cuanto existe en la tierra fuera un don de Alá, pero creían que Alá les había concedido todas esas cosas por consideración a sus divinidades. Por eso, expresaban su gratitud por esos dones tanto a Alá como a aquellos seres intermediarios. Incluso les mostraban una gratitud algo mayor que la que mostraban a Alá. Alá ha denominado esta conducta ingratitud, falta de agradecimiento y negación de los dones de Alá, entre otras cosas.

En la sura Al-Hajj, Alá, el Altísimo, dice:

(Árabe********************************************en la página 402 del PDF)

«La realidad es que Alá elige mensajeros tanto entre los ángeles como entre los seres humanos para transmitir Sus mandamientos. Él lo ve y lo oye todo. Conoce todo lo oculto y lo manifiesto de los seres humanos. Y todos los asuntos retornan a Él». —(Sura Al-Hajj: 75-76)

El significado de esto es que, entre los seres del universo que los politeístas han tomado como divinidades, las criaturas más excelsas son los profetas o los ángeles. Es decir, no son más que mensajeros elegidos por Alá para transmitir Sus mandamientos a los seres humanos. Su rango no es superior a eso. Por el mero hecho de poseer ese rango, no pueden convertirse en dioses ni en asociados de Dios.

La frase «Él conoce todo lo oculto y lo manifiesto de los seres humanos» suele mencionarse en el Noble Corán para refutar la creencia politeísta sobre la intercesión. El sentido de mencionarla aquí es el siguiente: aunque no consideréis personalmente a los ángeles, los profetas y los hombres virtuosos como quienes satisfacen todas las necesidades de los seres humanos y los rescatan de las dificultades, si aun así los adoráis considerándolos únicamente intercesores ante Alá, también estáis equivocados. Pues solo Alá posee el poder de verlo y oírlo todo. Solo Él conoce todo lo oculto y lo manifiesto de cada uno. Solo Él conoce el bien y el mal, tanto ocultos como manifiestos, de este mundo. Nadie, incluidos los ángeles y los profetas, sabe cuándo es apropiado realizar una acción y cuándo no lo es. Por eso, Alá no ha concedido ni siquiera a Sus criaturas más amadas y cercanas el derecho a interceder a voluntad sin Su permiso, ni ha considerado aceptable una intercesión de esa clase.

Alá dice en la sura Az-Zumar:

(Árabe********************************************en la página 402 del PDF)

“¿Acaso han tomado, aparte de Allah, a otros como intercesores? Diles: «¿Acaso podrán interceder, aunque no tengan ningún poder ni comprendan nada?». Declara: «Toda intercesión está exclusivamente bajo la potestad de Allah. Él es el Dueño de la soberanía y el dominio de los cielos y de la tierra. Y a Él habréis de regresar»”.—(Sura Az-Zumar: 43-44)

Es decir, ellos mismos han llegado a imaginar que en la presencia de Allah habrá ciertas entidades influyentes cuya intercesión de ningún modo será rechazada. Sin embargo, nadie tiene poder para presentarse por sí mismo como intercesor ante Allah. Mucho menos puede decirse que su intercesión haya sido aceptada; además, no existe ninguna prueba de que sean intercesores. Allah Altísimo tampoco ha dicho jamás que esas entidades gocen de tal rango ante Él. Y esas mismas entidades nunca han afirmado que cumplirán los deseos de sus adoradores. Más aún, su necedad consiste en que, dejando de lado al verdadero Dueño de todo poder, han considerado que estos intercesores inventados poseen autoridad absoluta y les han consagrado toda su devoción y reverencia.

En la Sura An-Najm se ha dicho:

(Árabe********************************************en la página 403 del PDF)

“¡Cuántos ángeles hay en los cielos! Su intercesión no sirve de nada mientras Allah Altísimo no haya concedido permiso para interceder por alguien cuya petición Él quiera escuchar y apruebe”.—(Sura An-Najm: 26)

Es decir, si la intercesión de todos los ángeles reunidos por alguien no sirve de nada, ni hablar de que pueda servir la intercesión de esos dioses inventados por vosotros. Allah es el Dueño de toda autoridad. Los ángeles tampoco se atreven a interceder hasta que Allah les conceda permiso y esté dispuesto a escuchar su intercesión en favor de alguna persona.

Nadie puede impedir el decreto de Allah.

En la Sura Ar-Ra‘d se ha dicho:

(Árabe********************************************en la página 403 del PDF)

«Y cuando Allah decide traer la calamidad sobre un pueblo, nadie tiene poder para impedirla, y ese pueblo no tiene ningún protector ni auxiliador frente a Allah».—(Sura ar-Ra‘d: 11)

Es decir, se está diciendo: no permanezcáis jamás bajo la falsa idea de que, hagáis lo que hagáis, algún pír, faqir, venerable del pasado o del futuro, o algún yinn o ángel, tras aceptar el soborno de vuestros regalos, llegará a poseer el poder de salvaros de las consecuencias de vuestras malas acciones».

En qué casos se cierra la puerta de la intercesión

(Árabe********************************************en la página 404 del PDF)

«¡Oh, Profeta! Pide perdón por estas personas (los hipócritas) o no lo pidas; aunque pidieras perdón por ellos setenta veces, Allah jamás los perdonará. Esto se debe a que han incurrido en incredulidad hacia Allah y Su Mensajero. Allah no muestra el camino de la salvación a los desobedientes».—(Sura at-Tawba: 80)

(Árabe********************************************en la página 404 del PDF)

«¡Oh, Profeta! Pidas perdón por ellos (los hipócritas) o no lo pidas, para ellos todo es igual. Allah jamás los perdonará. Allah nunca guía por el camino recto a los transgresores».—(Sura al-Munafiqun: 6)

Estas palabras fueron reveladas primero en la sura Al-Munafiqun. Tres años después, la misma idea fue expresada con mayor énfasis en la sura At-Tawbah.

«En ella, Allah se dirige al Mensajero de Allah (s.a.w.) y dice acerca de los hipócritas: “Pidas perdón por ellos o no lo hagas; incluso si pides perdón por ellos setenta veces, Allah no los perdonará. Esto se debe a que han renegado de Allah y de Sus Mensajeros. Allah no guía al camino recto a la gente desobediente”».—(Sura At-Tawbah: 80)

Más adelante, en la misma sura, Allah dice nuevamente: «Cuando muera alguno de ellos, no ores jamás la oración fúnebre por él ni te detengas junto a su tumba. Han renegado de Allah y de Su Mensajero, y han muerto siendo desobedientes».—(Sura At-Tawbah: 84)—[De estos versículos del Corán y de otros versículos se obtiene una información importante: en palabras del Santo Profeta (s.a.w.) se ha dejado claro que, el Día de la Resurrección, ninguna intercesión será efectiva para cierto tipo de personas ni para quienes estén involucrados en determinados actos. Numerosos hadices constituyen una prueba concluyente de este asunto. A la luz de esta verdad, carecen de todo valor esas ideas populares sobre la intercesión, bajo cuya influencia la gente se vuelve negligente, abandona la adoración, se despreocupa de las instrucciones de la religión y se entrega al pecado según sus propios deseos.—(Los recopiladores)]

En este versículo se exponen dos asuntos. Primero, si se suplica a Allah el perdón de los pecados, ello solo puede ser beneficioso en el caso de las personas guiadas. Si alguien se aparta del camino de la guía y adopta el camino de la desobediencia y la transgresión, no será perdonado aunque pida perdón por él una persona común y, mucho menos, aunque lo haga el propio Mensajero de Allah. Segundo, Allah no facilita el camino de la verdad y la rectitud a quienes no desean seguirlo. Si un siervo se aparta por sí mismo del camino recto y, aun después de que se le muestre ese camino y se le invite a él, rechaza la invitación con arrogancia y la cabeza en alto, ¿por qué habría Allah de ir detrás de él llevándole la guía y suplicarle que venga al camino recto?

El Profeta Muhammad (s.a.w.) como intercesor el Día de la Resurrección

Según el Corán y los hadices, la disposición islámica legítima sobre la intercesión es que, el Día de la Resurrección, en el tribunal de Allah solo podrá interceder la persona a quien Allah mismo conceda la capacidad y el derecho de interceder; y solo se podrá interceder por aquel en cuyo favor Allah conceda permiso para hacerlo. A este respecto, deben observarse los siguientes versículos:

(Árabe********************************************en la página 405 del PDF)

De acuerdo con esta disposición, el Profeta Muhammad (s.a.w.) ciertamente intercederá en la Otra Vida. Sin embargo, lo hará con el permiso de Allah y por aquellos creyentes temerosos de Allah que, pese a esforzarse cuanto pueden por realizar buenas obras, se han visto involucrados en algunos pecados. Las personas que voluntaria y conscientemente se entregan a las malas acciones y a apropiarse de los bienes ajenos, así como quienes nunca temen a Allah, no son dignas de la intercesión del Profeta. En un hadiz se ha narrado un largo discurso del Santo Profeta. En dicho hadiz explicó cuán enorme y terrible es el delito de apropiarse de los bienes confiados a otra persona. Dijo que, el Día de la Resurrección, quienes se hayan apropiado de los bienes ajenos comparecerán cargando sobre sus hombros el peso de esos bienes y me llamarán diciendo,(Árabe*********)«¡Oh Mensajero de Allah (s.a.w.)! ¡Sálvame!». Pero yo le responderé:(Árabe*********)«No puedo hacer nada por ti. ¿Acaso no te transmití las disposiciones de Allah?».—(Mishkat, capítulo sobre la distribución del botín: Al-Ghulul fiha)

 

Capítulo: 11 – Profecías

Algunas profecías importantes del Santo Profeta

Los honorables profetas hicieron profecías que llegaron a cumplirse. Sin embargo, en muchas ocasiones sus profecías tardaron bastante en cumplirse y, al observar las circunstancias externas en las que fueron pronunciadas, resultaba difícil imaginar que llegarían a hacerse realidad.

Una profecía verdadera forma parte de los signos de la profecía y, en cierto sentido, se percibe en ella un matiz de lo milagroso. Algunas de las cosas que dicen los adivinos y los quiromantes se reflejan, en ciertos momentos y de alguna forma, parcialmente. Pero las profecías de los profetas se basan en el conocimiento que Dios les concede; por ello se cumplen plenamente.

Entre las profecías del Santo Profeta (s. a. w.) se encuentran las que han sido mencionadas en el Corán. El segundo tipo de profecías se conserva en los hadices. De todas ellas, aquí se han añadido las que pudimos recopilar de los artículos y escritos del autor. —(Los compiladores)

 

Las profecías del Corán

0

Un futuro brillante

(Árabe********************************************en la página 409 del PDF)

Allah Todopoderoso dio esta buena nueva al Profeta (s.a.s.) en un momento en que solo un puñado de personas estaba con él. Toda la nación se oponía a él. Aparentemente, no se vislumbraba ni el más remoto indicio de éxito. La lámpara del islam apenas parpadeaba en La Meca. En todas direcciones soplaban tormentas para apagarla. En aquel momento, Allah Todopoderoso dijo a Su Profeta: «No te desanimes por los obstáculos y dificultades que se presentan en esta etapa inicial. El período que venga después demostrará ser mejor que el actual. Tu honor, prestigio y dignidad continuarán aumentando, y tu influencia y autoridad seguirán extendiéndose. Esta promesa no se limita únicamente a este mundo. También se te promete que el rango que tendrás en la otra vida será muchas veces superior al que tendrás en este mundo».

Al-Tabarani lo transmitió en su Al-Awsat y al-Bayhaqi en sus Dala’il, según una narración de Ibn Abbas. El Profeta (s.a.s.) dijo: «Todos los éxitos que mi comunidad alcanzará después de mí me son presentados, y me siento complacido por ello». Después, Allah Todopoderoso declara: «La otra vida será mejor para ti que este mundo».

La profecía de que la religión triunfaría

(Árabe********************************************en la página 409 del PDF)

«Pronto tu Señor te concederá tanto que quedarás satisfecho».

Es decir, aunque la concesión se retrasaría un poco, no estaba lejano el momento en que tu Señor derramaría sobre ti Sus favores y tú quedarías satisfecho con ellos. Esta promesa se cumplió durante la vida del Profeta de tal manera que todo el territorio, desde el extremo sur de Arabia hasta las fronteras de Sham del Imperio romano al norte y la frontera iraquí del Imperio persa, y desde el golfo Pérsico al este hasta el mar Rojo al oeste, reconoció su autoridad. Por primera vez en la historia árabe, este territorio quedó sometido al orden y la seguridad. Toda fuerza que entró en conflicto con él fue completamente destruida. En todo aquel país donde los politeístas y la Gente del Libro habían hecho todos los esfuerzos posibles para enaltecer sus falsas doctrinas, resonó por doquier la kalima: «La ilaha illallah, Muhammadur Rasulullah». No solo se inclinaron las cabezas de las personas, sino que también sus corazones y mentes quedaron sometidos. Sus credos y creencias, así como sus actos y conductas, experimentaron una gran revolución. Una nación sumida en la oscuridad de la yahiliya cambió de tal manera en apenas veintitrés años que existen pocos ejemplos semejantes en la historia. Después, el movimiento establecido por el Noble Profeta (s.a.s.) alcanzó tal expansión que se extendió por la mayor parte de Asia, África y Europa. Posteriormente, su influencia se propagó por todos los rincones del mundo. Todo esto Allah Todopoderoso se lo concedió a Su Profeta ya en este mundo. Y lo que le concederá en la otra vida está más allá de toda imaginación.

Esta es una manifestación del poder y la sabiduría de Allah Todopoderoso: hizo surgir en medio de una nación ignorante y bárbara a un gran Profeta cuyas enseñanzas y guía son tan revolucionarias y portadoras de un ideal universal que toda la humanidad puede reunirse como una sola ummah o comunidad. Después, puede seguir recibiendo orientación continuamente de ese ideal. Por mucho que lo intente una persona falsa o hipócrita, nunca puede alcanzar tal rango. Y no digamos ya un país atrasado como Arabia: ni siquiera el individuo más talentoso de la nación más grande del mundo habría tenido la capacidad de transformar por completo de este modo la naturaleza y configuración de una nación, y luego presentar ante ella un ideal integral sobre cuya base toda la humanidad pudiera convertirse en una sola ummah y, para siempre, dirigir un sistema universal de vida —un din— y una civilización. Esto es un milagro que se produjo por el poder de Allah, y solo Allah Todopoderoso, basándose en Su sutil y previsora sabiduría, elige a la persona, el país o la nación que desea para esta tarea. Si a alguien le duele esto, que así sea; no cambia nada.

La garantía de una época excelente

El tema de la sura Ad-Duha es consolar al Profeta y aliviar las dificultades que sufría debido a la interrupción de la revelación. En primer lugar, jurando por el día luminoso y la noche tranquila, se le aseguró al Profeta que su Señor no lo había abandonado en absoluto ni estaba disgustado con él. Después se le anunció la buena nueva de que las dificultades que había enfrentado durante la primera etapa de la predicación islámica eran solamente temporales. Cada período venidero sería mejor que el anterior, y muy pronto Alá derramaría sobre él tal abundancia de favores y bendiciones que quedaría complacido. Esta es una profecía tan clara que posteriormente se cumplió al pie de la letra. Sin embargo, cuando fue pronunciada, no había ningún indicio de que aquel indefenso hombre de La Meca, empeñado en luchar contra la ignorancia de su pueblo, alcanzaría un éxito tan extraordinario.

Después, Alá el Altísimo le dice a Su amado Profeta Muhammad (s. a. s.): «¿Por qué surgió en tu corazón el temor de que te hubiera abandonado y de que estuviera disgustado contigo? Desde el momento de tu nacimiento no he dejado de favorecerte. Naciste huérfano, y dispuse de la mejor manera tu crianza y cuidado. No conocías el camino recto; Yo te guié. Eras pobre y te hice rico». Todo esto demuestra que, desde el principio, Mi mirada estaba puesta en ti y que permaneciste constantemente dentro de Mi favor y Mis bendiciones.

El significado de retirar la carga

(Árabe********************************************en la página 411 del PDF)

«¡Oh, Profeta!, ¿acaso no te hemos abierto el pecho? Y te hemos retirado la pesada carga que te quebraba la espalda». —(Sura Alam Nashrah: 1-3)

Algunos comentaristas han expresado la opinión de que, durante la época de la ignorancia, el Noble Profeta (s. a. s.) había cometido ciertos errores y faltas que lo tenían profundamente preocupado. Alá el Altísimo reveló esta aleya para consolarlo, diciéndole que le había perdonado aquellas faltas. Pero, en nuestra opinión, interpretar esto de esa manera es completamente erróneo. En primer lugar, el significado inevitable de la palabra no es pecado, error o falta; también significa una pesada carga. Por tanto, no hay razón para atribuirle innecesariamente un significado desagradable. En segundo lugar, la vida del Santo Profeta antes de su misión profética era tan pura e inmaculada que constituía un desafío para sus adversarios. En realidad, se hizo que el Profeta dirigiera estas palabras a los incrédulos:

(Árabe********************************************en la página 411 del PDF)

«Antes de presentar este Corán, he vivido una vida entre vosotros». —(Sura Yunus: 16)

El Santo Profeta (la paz sea con él) no era alguien que hubiera cometido en secreto algún pecado —¡Dios no lo permita!—. Si hubiera ocurrido algo así, no habría permanecido desconocido para Dios; y si hubiera cargado con alguna deshonra oculta, Él podría haberlo declarado abiertamente ante la nación, tal como lo declaró en el versículo mencionado anteriormente de la sura Yunus. Por tanto, el significado correcto de la palabra en este versículo es carga; es decir, la carga del dolor, el sufrimiento y las preocupaciones. Al contemplar la ignorancia y la necedad de su propio pueblo, la carga de la tristeza y la angustia aumentaba sobre su naturaleza sensible. La corrupción moral y la desnudez imperaban por todas partes. La opresión en la sociedad y los conflictos y discordias en las actividades cotidianas se habían convertido en algo común. Los débiles eran aplastados por los abusos de los poderosos. Se enterraba vivas a las niñas pequeñas. Una tribu atacaba repentinamente a otra. A veces, estas disputas tribales continuaban durante cientos de años. La vida, los bienes, el honor y la dignidad de nadie estaban seguros mientras no contara con un grupo poderoso que lo respaldara. Al ver estas condiciones, el Santo Profeta (la paz sea con él) sufría una profunda aflicción. Sin embargo, no encontraba ningún camino para eliminar aquella decadencia. La enorme carga de esa angustia le quebraba la espalda. Dios Altísimo le mostró el camino de la guía y apartó de él esa carga. Después de asumir el rango de la profecía, comprendió que la fe en el monoteísmo, la misión profética y el Más Allá era la solución a todos los problemas de la vida humana. Por medio de ella podía abrirse el camino para reformar y corregir todos los aspectos y ámbitos de la vida. Esta guía de Dios Altísimo aligeró toda la carga del Santo Profeta (la paz sea con él), y él quedó completamente tranquilo, convencido de que solo por este camino podía detenerse la decadencia y la corrupción, no solo de Arabia, sino del mundo entero.

Elevación de la mención

(Árabe************en la página 412 del PDF)

«Y hemos elevado para ti la voz de tu mención».

Estas palabras fueron pronunciadas en un momento en que nadie podía siquiera imaginar cómo la voz de una persona que solo contaba con un puñado de seguidores, limitados además a la ciudad de La Meca, podría elevarse por todo el mundo y cómo su extraordinaria fama podría extenderse. Sin embargo, Dios Altísimo dio esta buena nueva a Su Profeta precisamente en aquellas circunstancias y la hizo realidad de una manera asombrosa. Él mismo comenzó, por medio de los enemigos del Profeta, la tarea de llevar su recuerdo o su voz de casa en casa. Entre los métodos que empleaban los incrédulos de La Meca para perjudicar al Profeta estaba el siguiente: durante la peregrinación, cuando la gente de toda Arabia llegaba en grupos a La Meca, cada delegación de los incrédulos se presentaba en los campamentos de los peregrinos y les advertía: «Un hombre peligroso llamado Muhammad está haciendo toda clase de magia a la gente. Está provocando divisiones entre padres e hijos y entre esposos y esposas. Por tanto, manteneos alejados de él». También difundían esta propaganda entre quienes acudían a La Meca en otros días, fuera de la peregrinación, ya fuera solo para visitar el lugar o por algún asunto comercial. Así, aunque difamaban al Santo Profeta (la paz sea con él), el resultado era que su nombre llegaba a las aldeas y regiones de Arabia. De este modo, los enemigos hicieron que el nombre del Profeta, desde aquel rincón apartado de La Meca, llegara a ser conocido por todas las tribus del país. Entonces, naturalmente, la gente comenzó a preguntarse quién era aquel hombre, qué decía, cómo era, quiénes estaban siendo influenciados por su magia y qué clase de efecto producía esa magia sobre ellos. Cuanto más aumentaba la propaganda de los incrédulos de La Meca, más crecían también estas preguntas en la mente de la gente. A raíz de estas preguntas y de esta curiosidad, la gente llegó a conocer el carácter y la conducta del Profeta. Al escuchar el Corán, comprendieron qué clase de enseñanza impartía el Profeta a la gente. Observaron qué cambios se habían producido en la forma de vida de quienes estaban influidos por aquello que llamaban magia, en comparación con los árabes comunes. Como resultado, la mala fama del Profeta comenzó a transformarse en buena reputación y renombre. Cuando se acercó el momento de la emigración, la situación había llegado al punto de que algunas personas de las tribus árabes, tanto cercanas como lejanas, se habían vuelto simpatizantes del Profeta y de su llamamiento. Esta fue la primera etapa de la elevación de la mención del Santo Mensajero. Después de la emigración comenzó la segunda etapa. Por un lado, los hipócritas, los judíos y los politeístas de toda Arabia se empeñaban en difamar al Profeta (la paz sea con él); por otro, el Estado islámico de Medina ofrecía un ejemplo de devoción y temor de Dios, pureza moral, un hermoso orden social, justicia, igualdad, generosidad de los ricos, cuidado de los pobres, cumplimiento de los pactos y honestidad en las transacciones y los negocios, un ejemplo que conquistaba los corazones de la gente. Los enemigos intentaron borrar la creciente influencia del Profeta mediante guerras armadas. Pero la comunidad de creyentes que se había formado bajo su liderazgo hizo que ellos se sometieran. En el plazo de diez años, la mención y la gloria del Santo Mensajero se elevaron y se ennoblecieron tanto que, en todo el país donde sus adversarios habían empleado todas sus fuerzas para difamarlo, resonó por doquier la proclamación: «Doy testimonio de que Muhammad es el Mensajero de Dios».

Después comenzó la tercera etapa, a partir de la época del Califato Rectamente Guiado, cuando el santo nombre del Santo Profeta (s.a.s.) comenzó a elevarse por todo el mundo. Su continuidad ha seguido extendiéndose hasta hoy y, si Dios quiere, continuará extendiéndose hasta el Día de la Resurrección. Hoy no existe ningún lugar en el mundo donde no haya algún asentamiento de musulmanes, donde no se proclame en voz alta, cinco veces al día mediante el adhan, la misión profética de Muhammad (s.a.s.), donde no se reciten bendiciones por el Profeta durante la oración y donde no se mencione su nombre, deseándole el bien, en el sermón del viernes. No hay ningún día entre los doce meses del año, ni ningún momento entre las veinticuatro horas del día, en que en algún lugar del mundo no se haga la bendita mención del Santo Profeta (s.a.s.). Esta es una prueba clarísima de la veracidad de este Corán: cuando, en la primera etapa de la profecía, Allah Todopoderoso dijo(Árabe********)Entonces nadie podía imaginar que Su(Árabe********)(la elevación de Su nombre y de Su mención) continuaría alcanzando tal honor y tal amplitud. En el hadiz narrado por Saíd al-Judri (r.a.) se relata que el Profeta (s.a.s.) dijo: «Gabriel me preguntó: “Mi Señor y tu Señor preguntan: ¿cómo eleva Él tu nombre y tu mención?”. El Profeta (s.a.s.) respondió: “Allah Todopoderoso lo sabe mejor”. Gabriel dijo: “Allah declara: cuando se Me menciona, también se te mencionará a ti (el Profeta)”» (Ibn Yarir, Ibn Abi Hatim, Musnad de Abu Ya‘la, Ibn al-Mundhir, Ibn Hibban, Ibn Marduya, Abu Nu‘aym). Toda la historia posterior atestigua que esta afirmación se hizo realidad al pie de la letra.

Sharh al-Sadr

(texto árabe; página 413 del PDF)

«¿Acaso no te abrimos el pecho, oh Profeta?» (sura Alam Nashrah: 1)

El comienzo de esta afirmación con una pregunta y lo que se expresa a continuación muestran que, debido a los obstáculos y dificultades a los que se enfrentó el Mensajero de Allah (s.a.s.) al iniciar la predicación islámica, en aquel momento se encontraba sumamente turbado. Para consolarlo en esta situación, Allah Todopoderoso dijo: «¡Oh Profeta! ¿Acaso no te he concedido estos y aquellos favores? Entonces, ¿por qué te angustias por estos obstáculos y dificultades?». Al observar los distintos lugares del Noble Corán en que se emplea la expresión «abrir el pecho», se comprende que tiene dos significados.

Uno:(texto árabe; página 414 del PDF)

«Por tanto, a quien Allah Todopoderoso desea guiar, le abre el pecho al islam». (sura Al-Anam: 125)

Dos:(texto árabe; página 414 del PDF)

«Aquel cuyo pecho Allah ha abierto al islam, camina sobre una luz procedente de su Señor». —(Sura Az-Zumar: 22)

En estos dos lugares, el sentido de la apertura del pecho es quedar libre de toda inquietud y duda mental, y alcanzar la certeza de que el camino del islam es la verdad indiscutible, y que las creencias, los principios morales, la civilización, las órdenes y prohibiciones, y la guía que el islam presenta son absolutamente infalibles. En las aleyas 12-13 de la Sura Ash-Shu‘ara se menciona que, después de encomendar al profeta Moisés la gran responsabilidad de la profecía, cuando se le ordenó luchar y enfrentarse al faraón y al poder de su Estado, Moisés suplicó:

(Árabe****************************************en la página 414 del PDF)

«¡Señor mío! Temo que me tachen de mentiroso y mi pecho se oprime». —(Sura Ash-Shu‘ara: 12-13)

En las aleyas 25-26 de la Sura Ta-Ha se dice que, en aquel momento, el profeta Moisés oró a Allah diciendo:

(Árabe****************************************en la página 414 del PDF)

«¡Señor mío! Ábreme el pecho y facilítame mi asunto».

Aquí, la estrechez del pecho significa que no surgía el valor necesario para soportar la enorme carga de una responsabilidad como la profecía y para enfrentarse, estando solo, a las formidables fuerzas de la incredulidad. La apertura del pecho significa que aumentara la fortaleza moral de la persona: no retroceder ante la dirección de una gran campaña ni ante la resolución de una tarea sumamente difícil, y adquirir el valor necesario para cumplir una responsabilidad tan enorme como la profecía.

Al reflexionar, se puede comprender que en este versículo, al abrir el pecho del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), están implícitos ambos significados. Desde la perspectiva del primer significado, esto quiere decir que, antes de la profecía, el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) consideraba erróneas las religiones de los politeístas, los cristianos, los judíos y los adoradores del fuego de Arabia, y tampoco estaba satisfecho con el monoteísmo unilateral que se observaba entre algunos partidarios del tawhid en Arabia. Esto se debía a que se trataba de una creencia imprecisa, en la que no había una explicación detallada del camino verdadero y correcto. Sin embargo, como no sabía cuál era el camino correcto, sufría una inquietud y una duda interiores. Entonces, la profecía —el camino recto— se abrió ante él, y como resultado retornaron a su corazón la serenidad y la tranquilidad.

El significado del segundo aspecto es que, junto con el don de la profecía, Allah, exaltado sea, concedió al Profeta el valor, el entusiasmo, la firme determinación y la amplitud de espíritu necesarios para cumplir esta enorme responsabilidad. Llegó a poseer un conocimiento tan amplio que ningún otro ser humano, aparte de él, habría podido albergarlo en su corazón. Adquirió una visión tan profunda que era capaz de eliminar la extensa anarquía y el desorden y establecer la paz. Como consecuencia, alcanzó tal capacidad que se alzó, sin la ayuda de ningún medio ni recurso y sin contar aparentemente con ninguna fuerza auxiliar, en una sociedad sumamente desenfrenada, sumida en la oscuridad de la ignorancia, y no vaciló en enfrentarse, como abanderado del islam, a las tormentas de oposición y enemistad. Soportó con paciencia todos los sufrimientos, penalidades, peligros y calamidades que encontró en este camino. Ninguna fuerza pudo desviarlo de su camino hacia el objetivo. Cuando Allah, exaltado sea, le había concedido este inapreciable tesoro de la amplitud de espíritu, ¿por qué habría de perder el ánimo al ver estos obstáculos y dificultades al comienzo de su misión?

Algunos exegetas han entendido el término sharh al-sadr en el sentido de hendidura y han presentado este versículo como prueba del milagroso suceso de la apertura del pecho, que ha sido relatado a la luz de los hadices. Sin embargo, la realidad es que la prueba de este suceso milagroso depende exclusivamente de las narraciones de los hadices. No sería correcto intentar demostrarlo a partir del Corán. Desde el punto de vista de la lengua árabe, sharh al-sadr no puede entenderse de ningún modo en el sentido de shaq al-sadr, es decir, la hendidura del pecho. El erudito Alusi dice en su Ruh al-Ma‘ani:

(Árabe****************************************en la página 415 del PDF)

«Según los expertos, interpretar en este versículo “sharh” en el sentido de “shaq” es una opinión débil».

Las buenas nuevas de al-Kawthar

En la etapa inicial de la profecía, cuando el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se enfrentó a dificultades extremas, toda la nación se levantó con hostilidad contra él, montañas de obstáculos se alzaron en su camino, las tormentas de la oposición rugían por todas partes y no se veía ninguna señal del éxito del Profeta ni de sus compañeros, Allah, exaltado sea, hizo descender diversos versículos para consolarlo y suscitar en él valor, ánimo y entusiasmo. En la sura al-Duha se declara:

(Árabe****************************************en la página 416 del PDF)

«Ciertamente, cada período posterior será mejor que el anterior, y tu Señor te dará aquello con lo que quedarás satisfecho».

En la sura Alam Nashrah, Allah dice:(Árabe**********)«Más bien, he elevado el recuerdo de tu nombre». Es decir, los enemigos difunden tu difamación por todo el país, pero Yo he dispuesto ensalzar tu nombre y hacerte famoso.

Luego se dice:

(Árabe****************************************en la página 416 del PDF)

«En verdad, junto con la dificultad hay alivio; ciertamente, junto con la dificultad hay alivio».

Es decir, no te impacientes porque la situación sea muy difícil en este momento. Muy pronto terminará el tiempo de las calamidades y las tribulaciones, y llegará el éxito».

Fue precisamente en estas circunstancias cuando Allah reveló la sura Al-Kawthar para consolar al Santo Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz). Al mismo tiempo, predijo la destrucción de sus adversarios. Los incrédulos de Quraysh decían que Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) había quedado separado de toda la nación. Su situación era ahora como la de un hombre sin apoyo ni amigos. Según una narración de Ikrimah, cuando el Santo Profeta fue hecho profeta y comenzó a invitar a los qurayshíes al islam, estos empezaron a decir:(Árabe*******)(Ibn Jarir). Es decir, Muhammad estaba separado de su pueblo como un árbol que ha sido cortado y separado de sus raíces. Probablemente, después de algún tiempo se secaría y se convertiría en polvo en la tierra. Muhammad ibn Ishaq dice que, cuando se mencionaba al Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) ante el jefe de La Meca, As ibn Wa’il al-Sahmi, este decía: «¡Bah, dejad de hablar de él! No es más que un hombre sin raíces (abtar). No tiene hijos varones; cuando muera, no habrá nadie que pronuncie su nombre».

Shamir ibn Atiya dice que Uqbah ibn Abi Mu’ayt también hacía afirmaciones de este tipo acerca del Profeta (Ibn Jarir).

Ibn Abbas dice: En cierta ocasión, cuando Ka‘b ibn Ashraf, el jefe judío de Medina, llegó a La Meca, los jefes de Quraysh le dijeron:

(Árabe****************************************en la página 416 del PDF)

«Mira por una vez a este muchacho: está completamente separado de la sociedad y, sin embargo, afirma que es mejor que nosotros, aunque nosotros realizamos el hayy, servimos la Casa de la Kaaba y también damos de beber a los peregrinos». —(Al-Bazzar) La narración de Ikrima sobre este suceso dice: Los qurayshíes utilizaban respecto al Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) las (Árabe********)palabras. Su significado era: débil, sin recursos ni amigos, y alguien que se había separado de la sociedad (Ibn Yarir). Según las narraciones de Ibn Sa‘d e Ibn Asakir, el noble Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo: El hijo mayor del Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) era Qasim (que Allah esté complacido con él). Después venía Zaynab (que Allah esté complacido con ella), y después Abdullah (que Allah esté complacido con él). Luego, sucesivamente, sus tres hijas: Umm Kulsum (que Allah esté complacido con ella), Fátima (que Allah esté complacido con ella) y Ruqayya (que Allah esté complacido con ella). Primero falleció Qasim (que Allah esté complacido con él), y después falleció Abdullah (que Allah esté complacido con él). Al oír esto, As ibn Wa’il dijo: «Su linaje se ha extinguido. Ahora es abtar; es decir, su raíz ha sido cortada». En algunas narraciones también aparece esta declaración adicional de As:

(Árabe****************************************en la página 417 del PDF)

Es decir: Muhammad es abtar (sin descendencia). No tiene ningún hijo varón que lo suceda. Después de su muerte, su nombre desaparecerá del mundo. Entonces os libraréis de él. Abd ibn Humayd narra de Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) que, tras la muerte de Abdullah, hijo del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Abu Yahl también hizo un comentario semejante. Ibn Abi Hatim narra de Shamir ibn Atiyya que, durante el duelo del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) por su hijo, Uqba ibn Abi Mu‘ayt también mostró una mentalidad tan vil. Ata dice: Después de la muerte del segundo hijo del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Abu Lahab, su vecino más cercano y tío, corrió hacia los politeístas y les anunció esta «buena noticia»:(Árabe********)«Esta noche Muhammad se ha quedado completamente sin hijos varones».

Tal era la desgarradora situación cuando fue revelada la sura Al-Kawzar. Los incrédulos de Quraysh estaban enfurecidos con el Profeta porque adoraba y servía únicamente a Allah y refutaba abiertamente su politeísmo. Por ello lo privaron del honor que había tenido entre toda la nación antes de convertirse en profeta. Como si lo hubieran separado de su propia tribu y arrojado fuera de ella. Sus pocos compañeros también carecían de apoyo, recursos y amigos. Ellos también eran perseguidos. En semejante situación, una montaña tras otra de dolor por la muerte de sus hijos cayó sobre el Noble Profeta. En aquel momento de desgracia, lejos de mostrar compasión sus amigos, parientes, miembros de su tribu y de su clan, y sus vecinos, estallaron más bien de júbilo. Comenzaron a hacer comentarios sumamente desgarradores. Y eso a pesar de que él siempre había tratado con bondad a todos, propios y extraños. Por ello, Allah Altísimo anunció en esta brevísima sura una buena noticia que jamás se había concedido a ningún ser humano del mundo. Al mismo tiempo se proclamó este veredicto: serían sus adversarios quienes quedarían sin descendencia.

La palabra «abtar» deriva de «batar», que significa cortar. Sin embargo, en la terminología se utiliza con un sentido amplio. En la oración, el rak‘at que no va acompañado de ningún otro rak‘at se denomina «rutayra» en el hadiz. En otro hadiz se dice: (Árabe**********************)Toda obra importante que se inicia sin alabar a Allah será «abtar». Es decir, su raíz quedará cortada; la obra no será firme y su resultado no será bueno. También se llama «abtar» a quien fracasa. Se denomina «abtar» a la persona privada de medios y recursos. También es «abtar» quien no tiene ninguna posibilidad de bienestar y cuyas esperanzas de éxito han sido completamente destruidas. Asimismo, es «abtar» quien se ha separado de sus seres queridos y ha quedado completamente solo. La palabra «abtar» se emplea para quien no tiene hijos o cuyos hijos murieron después de nacer, pues después de él ya no queda nadie que pronuncie su nombre y su recuerdo se borra. Los incrédulos de Quraysh llamaban «abtar» al Noble Profeta precisamente en casi todos estos sentidos. Esto no era una respuesta verbal a sus palabras; en realidad, era una importantísima predicción del Corán, que se cumplió literalmente. En la época en que se hizo esta predicción, la gente consideraba al propio Profeta «abtar», y no podía imaginar cómo los grandes jefes de Quraysh llegarían a ser «abtar». Pues no eran famosos solamente en La Meca, sino en toda Arabia, y eran triunfadores. Poseían las bendiciones de la riqueza, los hijos y otras gracias. Tenían representantes por todo el país, amigos y partidarios que los ayudaban. Poseían el monopolio del comercio. Como la administración de la peregrinación estaba en sus manos, mantenían amplias relaciones con todas las tribus árabes. Pero, antes de que pasaran muchos años, la situación cambió. Hubo un tiempo en que, durante la batalla de la Zanja, los qurayshíes atacaron Medina junto con numerosas tribus árabes y judías, y el Santo Profeta tuvo que resistirles construyendo una zanja junto a la ciudad. Entonces Quraysh no tenía ningún partidario ni aliado que lo ayudara, y tuvo que deponer las armas en una situación de impotencia. Después, en el plazo de un año, toda Arabia quedó bajo el control del Profeta. Grupos de personas acudían, desde las regiones lejanas y remotas del país, para prestarle juramento de fidelidad. Sus enemigos quedaron completamente sin amigos. Luego sus nombres y vestigios se borraron de tal manera que, aunque sus descendientes siguieran vivos en el mundo, ninguno de ellos sabía que descendía de enemigos del islam como Abu Yahl, Abu Lahab, ‘As ibn Wa’il u ‘Uqba ibn Abi Mu‘ayt. Y, aun si lo sabían, no estaban dispuestos a reconocer que aquellos hombres habían sido sus antepasados. En cambio, hoy se envían bendiciones y salutaciones desde todo el mundo a los descendientes del Mensajero de Allah. Millones y millones de musulmanes se enorgullecen y sienten honor por su vínculo con la descendencia del Profeta y la de sus compañeros. Algunos son sayyid, otros alawíes, abasíes, hachemíes, siddiqíes, faruqíes, ‘uzmaníes, zubayríes o ansaríes. Pero no se oye ningún nombre como Abu Yahl o Lahabí. La historia ha demostrado que el Santo Profeta no era «abtar»; por el contrario, sus enemigos eran «abtar», y todavía lo son.(Árabe********)Aquí(Árabe******)se ha utilizado la palabra cuya raíz procede de(Árabe******)… Su significado es la envidia y la hostilidad que llevan a maltratar a otros. En otro lugar del Corán se dice: (Árabe********)y (¡oh musulmanes!) que la enemistad hacia un pueblo no os lleve a excederos hasta cometer una injusticia. Por tanto, (Árabe*******)es toda persona que, cegada por su enemistad hacia el Mensajero de Allah, difama su reputación, habla injuriosamente contra él, lo humilla y apaga su rencor profiriendo contra él toda clase de insultos.]

La dimensión escatológica de la buena noticia de al-Kawzar

Lo que el Profeta dijo acerca del Estanque de al-Kawzar es lo siguiente:

Primero: En el terrible día de la Resurrección, cuando todos se retuerzan de sed, el Estanque de al-Kawzar será concedido al Noble Profeta. La comunidad del Profeta se reunirá con él junto al Estanque, beberá de él y saciará su sed. El Santo Profeta llegará allí antes que todos y ocupará el lugar central. El Profeta dijo: (Árabe*************)«Es un estanque al que mi comunidad llegará el Día de la Resurrección» (Muslim, Abu Dawud). (Árabe*********)«Llegaré al Estanque antes que todos vosotros». (Bujari, Muslim, Ibn Mayah, Musnad Ahmad)

(Texto árabe*************************en la página 419 del PDF)

«Llegaré allí antes que vosotros y daré testimonio en vuestro favor. ¡Por Dios! Ahora mismo estoy viendo mi Estanque». (Bujari)

En cierta ocasión, el Profeta se dirigió a los ansar y dijo:

(árabe************************* en la página 419 del PDF)

«Después de mí os enfrentaréis al egoísmo y al nepotismo. Entonces tendréis paciencia. Después os reuniréis conmigo en el Hawd de Al-Kawthar».—(Al-Bujari, Muslim, At-Tirmidhi)

(Árabe**********)«El Día de la Resurrección ocuparé el lugar central del Hawd» (Muslim). Le preguntaron a Abu Barza al-Aslami (r.a.): «¿Has oído algo del Profeta (s.a.s.) acerca del Hawd?». Respondió: «Una vez, dos veces, tres veces; no cuatro, sino muchas veces. Quien lo considere falso, Allah lo privará de su agua».—(Abu Dawud)

Ubaydullah ibn Ziyad consideraba falsas las narraciones relacionadas con el Hawd. Incluso declaró falsas todas las narraciones de Abu Barza al-Aslami (r.a.), Bara ibn Azib (r.a.) y Aiz ibn Amr (r.a.). Finalmente, Abu Sabra sacó a la luz un informe que había escrito en una hoja en blanco ante Amr ibn al-As. En él estaban escritas estas palabras del santo Profeta (s.a.s.): (Árabe********)«Sabed que el lugar de vuestro encuentro conmigo es el Hawd de Al-Kawthar».—(Musnad Ahmad)

Dos: En las distintas narraciones se encuentran diferentes descripciones de la extensión de este Hawd. Sin embargo, la mayoría de las narraciones indican que su longitud se extiende desde Ayla (el actual puerto israelí de Eilat) hasta Saná, en Yemen; o desde Ayala hasta Adén; o desde Ammán hasta Adén. Su anchura se extiende desde Ayla hasta Hujfa (el lugar situado entre Yeda y Rabeg). (Al-Bujari, Abu Dawud, Musnad Ahmad, Muslim, At-Tirmidhi, Ibn Mayah)

De ello puede deducirse que quizá el actual mar Rojo sea transformado en el Hawd de Al-Kawthar. Allah Todopoderoso es quien mejor sabe.

Tres: Sobre este Hawd, el Profeta dijo que se traerá agua del río llamado Al-Kawthar, en el Paraíso, y se verterá en este Hawd. (Árabe**********)En otro lugar (Árabe*************)es decir, desde el Paraíso se conectarán con él dos canales para abastecerlo de agua (Muslim)

En otra narración se dice (árabe********************): «Se abrirá un canal desde el río Al-Kawthar del Paraíso hacia este Hawd».—(Musnad Ahmad)

Cuarto: al describirlo, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Su agua será más blanca que la leche o la plata, más fría que la nieve y más dulce que la miel. El suelo de su fondo será más fragante que el almizcle. Sobre él habrá innumerables jarras, semejantes a las estrellas del cielo. Quien beba de esta agua una sola vez nunca volverá a sentir sed. Y quien sea privado de ella jamás quedará satisfecho». Esto se ha transmitido en numerosos hadices, con ligeras diferencias de formulación (al-Bujari, Muslim, Musnad de Ahmad, al-Tirmidhi, Ibn Majah, Abu Dawud).

Quinto: acerca de esto, el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) advirtió repetidamente a la gente diciendo: «Después de mí, quienes cambien entre vosotros mis prácticas y costumbres serán alejados de este estanque y no se les permitirá acercarse a él. Yo diré: “Estos son mis compañeros”. Entonces se dirá: “No sabes qué hicieron después de ti”. Luego también los rechazaré y diré: “¡Alejaos!”». Esto se ha transmitido en numerosas narraciones (al-Bujari, Muslim, Musnad de Ahmad, Ibn Majah).

El hadiz que Ibn Majah transmitió sobre este asunto contiene palabras sumamente conmovedoras.

(árabe*******************************página 420 del PDF)

«Sabed que llegaré al Estanque antes que vosotros. Me enorgulleceré de que mi comunidad sea más numerosa que las demás comunidades. Tened cuidado: a algunos los traeré ante mí, mientras que a otros se les apartará de mí. Entonces diré: “¡Señor! Estos son mis compañeros”. Él dirá: “No sabes qué hicieron después de ti”». Ibn Majah dice que el Profeta pronunció estas palabras durante el sermón de Arafat.

Sexto: de igual modo, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) advierte a los musulmanes que llegarán desde su época hasta el Día del Juicio, diciendo: «Todos aquellos que se aparten de mi camino y cambien mis prácticas y costumbres serán expulsados del Estanque. Yo diré: “¡Señor mío! Ellos son de los míos; son mi comunidad”. Se responderá: “No sabes qué cambios introdujeron y por qué camino errado anduvieron después de ti”. El Profeta dijo: “Entonces los rechazaré y no les permitiré acercarse al Estanque”».

Sobre este asunto se encuentran numerosos hadices. Véanse al-Bujari, Muslim, Ibn Majah y el Musnad de Ahmad.

La descripción de este Estanque ha sido transmitida por cincuenta compañeros. Los eruditos islámicos de épocas anteriores consideraron que este Estanque era el Estanque de Kawthar. En el último capítulo de su Kitab al-Riqaq, el imán al-Bujari puso como título:(árabe*******************************página 421 del PDF)

En una narración de Hazrat Anas (ra) se explica que, acerca de Kawzar, el Noble Profeta (saw) dijo: (Árabe*************)Este es el estanque donde se reunirá mi comunidad.

También existen numerosas tradiciones que describen el río llamado Kawzar, que será concedido al Mensajero de Allah (saw) en el Paraíso. Asimismo, se han registrado numerosas narraciones de Hazrat Anas (ra), quien relata que, durante la noche de la Ascensión, el Profeta fue llevado a recorrer el Paraíso. En esa ocasión vio un río cuyas riberas estaban adornadas con cúpulas incrustadas de diamantes. El suelo de su lecho tenía una fragancia semejante a la del almizcle. El Profeta (saw) preguntó a Yibril o al ángel que lo acompañaba qué era aquello. Se le respondió: «Este es el río Kawzar, que Allah Todopoderoso te ha concedido». (Musnad Ahmad, Bujari, Muslim, Abu Dawud, Tirmidhi y otros).

Hazrat Anas (ra) relata que un hombre preguntó al Profeta qué era Kawzar. El Profeta respondió: «Es un río que Allah me ha concedido en el Paraíso. Su suelo es fragante como el almizcle, su agua es más blanca que la leche y más dulce que la miel» (Musnad Ahmad, Tirmidhi). Ibn Yarir cita otra narración de Musnad Ahmad y dice que el Profeta (saw), al describir las cualidades del río Kawzar, afirmó que en su lecho, en lugar de piedras, había joyas y gemas engastadas. Ibn Umar (ra) relata que el Noble Profeta (saw) dijo: «Kawzar es un río o corriente del Paraíso. Sus riberas son de oro. Fluye sobre joyas y gemas». Es decir, en lugar de piedras, allí se encuentran diamantes y toda clase de joyas. Su suelo es más fragante que el almizcle. Su agua es más blanca que la leche, más fría que el hielo y más dulce que la miel». (Musnad Ahmad, Tirmidhi, Ibn Mayah, Ibn Abi Hatim, Darimi, Abu Dawud, Ibn al-Mundhir, Ibn Marduyah e Ibn Abi Shaybah). Usama ibn Zayd (ra) relata que una vez el Profeta (saw) fue a la casa de Hazrat Hamza (ra). Él no se encontraba allí, y su esposa atendió al Noble Profeta. Ella dijo: «Mi esposo me ha dicho que en el Paraíso se te ha concedido un río llamado Kawzar». El Profeta respondió: «Sí, es verdad; su suelo está hecho de rubíes y diversas joyas». Además de estas narraciones, en los hadices se han citado numerosas declaraciones de los Compañeros y de los tabi‘ines en las que Kawzar se entiende como este río o corriente del Paraíso y se le atribuyen las mismas cualidades descritas anteriormente. Por ejemplo, las declaraciones de Hazrat Abdullah ibn Umar (ra), Hazrat Abdullah ibn Abbas (ra), Hazrat Anas ibn Malik (ra), Hazrat Aisha (ra), Muyahid y Abu al-Aliya aparecen mencionadas en las obras de Musnad Ahmad, Bujari, Tirmidhi, Nasai, Ibn Marduyah, Ibn Yarir, Ibn Abi Shaybah y otros expertos en hadices.

El terrible destino de Abu Lahab

(texto árabe, página 422 del PDF)

«Las manos de Abu Lahab han perecido y él ha quedado frustrado».

Algunos exegetas han interpretado la primera expresión como «¡Que perezcan las manos de Abu Lahab!» y la segunda como «¡Que sea destruido!» o «Ha sido destruido». Pero, en realidad, esto no es una súplica de maldición ni una condena pronunciada contra él. Más bien, era una profecía para la que se empleó el pasado al referirse a algo que ocurriría en el futuro. Su cumplimiento era tan seguro que se lo consideró como ya realizado. Y, en efecto, sucedió lo que había sido profetizado en esta sura unos años antes. La expresión «que perezcan sus manos» no significa que se fracturara una parte de su cuerpo. Significa, más bien, que fracasaría en aquellas acciones por las que se había esforzado con todas sus fuerzas. Abu Lahab empleó todo su poder para frustrar la invitación islámica del Mensajero de Allah (saw). Sin embargo, apenas habían transcurrido siete u ocho años desde la revelación de esta sura cuando la mayoría de los dirigentes de Quraysh, que habían ayudado a Abu Lahab en su enemistad contra el Profeta, fueron muertos en la batalla de Badr. Cuando la noticia de su derrota llegó a La Meca, Abu Lahab quedó tan afligido que no pudo vivir más de siete días. Su muerte también fue una gran lección. Contrajo la enfermedad llamada «Malignant Pastule», por temor a la cual los miembros de su familia lo abandonaron y se alejaron, aterrorizados ante aquella gravísima enfermedad contagiosa. Durante tres días después de su muerte, nadie se acercó a él. Su cadáver se pudrió y comenzó a despedir un olor fétido. La gente empezó a reprender por ello a sus hijos, y entonces estos hicieron que varios abisinios levantaran el cadáver y lo enterraran. Según una narración, cavaron un hoyo y, con ayuda de maderos, arrojaron el cadáver en él, cubriéndolo después con tierra y piedras. Su derrota completa y absoluta se manifestó también de otra manera: los hijos de aquel hombre aceptaron precisamente la religión cuyo camino él había intentado bloquear empleando todas sus fuerzas. Primero, su hija Durrah emigró de La Meca, llegó a Medina y aceptó el islam. Después, durante la conquista de La Meca, sus dos hijos, Utbah y Muattab, se presentaron ante el Profeta (saw) con la mediación de Hazrat Abbas (ra); tras abrazar la fe, prestaron juramento de fidelidad ante el Profeta (saw).

El castigo de los habitantes de La Meca por expulsar al Profeta

(Árabe***************************************** página 422 del PDF)

«Se habían empeñado en expulsarte de esta tierra y desterrarte de aquí. Pero si lo hacen, ellos mismos no podrán permanecer aquí mucho tiempo después de ti».—(Bani Isra’il: 76)

Aunque en aquel momento esta clara profecía parecía una amenaza, en el plazo de diez u once años se cumplió literalmente. Un año después de la revelación de esta sura, obligaron al Profeta (s.a.s.) a salir de La Meca. Luego, antes de que transcurrieran ocho años, entró en La Meca con aire de conquistador. Y en apenas dos años desapareció la existencia de los politeístas de todo el territorio árabe. Todos los que entonces permanecían en Arabia lo hacían como musulmanes. Allí no había lugar alguno para los politeístas.

La derrota del grupo de Quraysh

(Árabe***************************************** página 423 del PDF)

«Muy pronto este grupo será derrotado y se les verá huir dando la espalda».—(Sura Al-Qamar: 45)

Cinco años antes de la Hégira se hizo esta clara profecía: el grupo de Quraysh, que, orgulloso de su poder, se consideraba dueño de todo, pronto sería derrotado por los musulmanes. En aquel momento nadie podía imaginar cómo se produciría esta revolución en un futuro cercano. La situación de los musulmanes era tan deplorable que un grupo de ellos abandonó el país y emigró a Abisinia, mientras que los creyentes restantes quedaron confinados en el barranco de Abu Talib. Como los qurayshíes habían roto todas sus relaciones con ellos y los mantenían bloqueados en una cueva de la montaña, estaban muriendo de hambre. En aquellas circunstancias, ¿quién podía imaginar que en siete años cambiaría por completo la situación? En el relato de Ikrima, discípulo de Hazrat Abd Allah ibn Abbas (r.a.), se narra que Hazrat Umar (r.a.) dijo: «Cuando fue revelado este versículo de la sura Al-Qamar, me preguntaba asombrado qué grupo sería ese que iba a ser derrotado. Pero cuando, en la batalla de Badr, los incrédulos fueron derrotados y huían, vi que el Mensajero de Allah (s.a.s.) avanzaba llevando puesta su vestimenta de guerra, y de su bendita boca salían estas palabras:»

(Árabe***************************************** página 423 del PDF)

“Entonces comprendí que esta era la derrota cuya noticia había sido anunciada”.—(Ibn Jarir e Ibn Abi Hatim)

La conquista de La Meca tendrá lugar

(Árabe*****************************************en la página 423 del PDF)

“Nuestros ejércitos ciertamente serán victoriosos”.—(Sura As-Saffat: 173)

Es decir, los incrédulos de Quraysh pronto verán con sus propios ojos su derrota y vuestra victoria. Y ocurrió tal como había sido anunciado. Apenas catorce o quince años después de la revelación de estos versículos, los incrédulos de La Meca vieron con sus propios ojos al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entrar en La Meca como vencedor. Luego, unos años más tarde, también vieron que el islam no solo dominó La Meca, sino que extendió su dominio sobre los imperios romano y persa.

(Árabe*****************************************en la página 424 del PDF)

Con este lugar se alude a La Meca. Es decir, precisamente en el lugar donde estas personas (los incrédulos de Quraysh) pronuncian hoy grandes palabras, allí sufrirán un día la derrota. Allí llegará para ellos el momento en que se presentarán con la cabeza inclinada ante el Profeta, a quien hoy desprecian y se niegan a reconocer como profeta.

El mensaje del Corán ciertamente se difundirá por todas partes

(Árabe, página 424 del PDF)

«Pronto les mostraremos Nuestros signos en los horizontes y en ellos mismos, hasta que les quede claro que este Corán es, en verdad, la gran Verdad». —(Sura Fussilat: 53)

Es decir, inmediatamente verán con sus propios ojos que el mensaje de este Corán se ha extendido por todas partes y que ellos mismos se inclinan ante él. Entonces comprenderán que todo lo que hoy se les dice y que se niegan a aceptar es absolutamente verdadero.

Algunas personas plantean la pregunta de si el triunfo de una prédica y la conquista de vastos territorios constituyen una prueba de su veracidad. Una prédica falsa también se extiende por todas partes y sus seguidores conquistan un país tras otro.

En realidad, esta pregunta se ha planteado atendiendo a los aspectos externos del asunto, sin reflexionar profundamente sobre su dimensión global. Las extraordinarias conquistas del islam durante la época del Noble Profeta —la paz y las bendiciones de Dios sean con él— y de los califas rectamente guiados no fueron simplemente un signo de Dios en el sentido de que los musulmanes conquistaran un país tras otro, sino en el sentido de que aquellas conquistas no se parecían a las demás. En otras conquistas, después de vencer, una persona, una familia o una nación se apodera de la vida y los bienes de los vencidos, y la tierra de Dios se llena de opresión y tiranía. En cambio, la conquista del islam trajo consigo una gran revolución religiosa, moral, espiritual, política, económica y civilizatoria. Allí donde llegó la influencia de esta revolución, se desarrollaron las mejores cualidades humanas y fueron reprimidas las cualidades viciosas. El mundo había querido ver esas cualidades en los derviches que renunciaban al mundo y en quienes invocaban silenciosamente a Dios, y jamás había podido imaginar que también pudieran encontrarse entre quienes dirigían los asuntos del mundo. Gracias a esta revolución, esas cualidades de carácter pudieron contemplarse en la política de los gobernantes, en la justicia de los tribunales, en las guerras y victorias de los comandantes militares, entre los recaudadores de impuestos y entre los grandes comerciantes. Esta revolución elevó tanto a la gente común de la sociedad que estableció en cuanto a carácter, competencia y pureza, que incluso las personalidades eminentes de otras sociedades parecían inferiores. El islam liberó al ser humano de las cadenas de la fe ciega y la superstición, y lo condujo al camino abierto de la investigación intelectual, el pensamiento racional y la acción razonada. El islam dispuso un tratamiento adecuado para las enfermedades sociales cuya curación ni siquiera contemplaban los demás sistemas sociales, o en cuyo tratamiento, aunque lo intentaran, no habían logrado triunfar. Por ejemplo: la división entre las personas por motivos de casta, linaje, patria, lengua y otros factores; la división de clases dentro de una misma sociedad y las diferencias de rango entre ellas; la intocabilidad; la falta de igualdad en los derechos legales y en las relaciones sociales prácticas; la vida humillante de las mujeres y su privación de los derechos fundamentales; la abundancia de delitos; la difusión generalizada del alcohol y otras drogas; la imposibilidad de criticar al gobierno; la privación de los derechos fundamentales del pueblo; la violación de los tratados en el ámbito internacional; la conducta bestial en la guerra, y otras enfermedades semejantes. Ante los propios ojos de Arabia, esta revolución sustituyó la anarquía por el temor de Dios y la pureza; la injusticia por la justicia; la impureza y la barbarie por la pureza y la civilización; la ignorancia por el conocimiento; y las disputas y conflictos hereditarios por la fraternidad, el afecto y el amor. Además, a un pueblo cuyos miembros no podían imaginar nada más allá del liderazgo de su propia tribu se le confió el liderazgo del mundo. Esos fueron los signos que vieron con sus propios ojos los descendientes de aquellos a quienes el Profeta —la paz y las bendiciones de Dios sean con él— recitó por primera vez este versículo. Desde entonces hasta hoy, Dios continúa mostrando estos signos. Incluso en su época de decadencia, los musulmanes han demostrado una nobleza de carácter a cuyo nivel ni siquiera han podido acercarse quienes se jactan de ser los portadores de la civilización y la cortesía. El trato opresivo que las naciones europeas infligieron a los pueblos conquistados de África, América, Asia e incluso de la propia Europa no tiene parangón en ningún período de la historia musulmana. Fue únicamente la bendición del Sagrado Corán la que creó entre los musulmanes tal sentido de humanidad que, aun después de convertirse en conquistadores, no se mostraron tan opresores y todavía hoy no se muestran así. Quien tenga ojos, que observe qué trato dieron los musulmanes a los cristianos durante los varios cientos de años que gobernaron España, y qué hicieron luego los cristianos con los musulmanes cuando llegaron al poder allí. Después de gobernar la India durante más de ochocientos años, ¿qué trato dieron los musulmanes a los hindúes? Y ahora que los hindúes han llegado al poder allí, ¿qué trato dan a los musulmanes? ¿Cuál fue el trato de los musulmanes hacia los judíos durante los últimos mil trescientos años? ¿Y qué trato les están dando ahora a los musulmanes en Palestina?

La elevada dignidad del Santo Profeta

(Árabe, página 426 del PDF)

«(¡Oh, Profeta!) Sabe con certeza que Aquel que te ha impuesto este Corán te conducirá a un destino sumamente excelente». —(Sura al-Qasas: 85)

Las palabras originales son (árabe*********): «te hará regresar a un maʿād». Maʿād (árabe******) significa literalmente un lugar al que las personas deben regresar finalmente. Puesto que este término se emplea en indefinido (indeterminado), su sentido natural es que se trata de un lugar de gran dignidad. Algunos comentaristas lo han interpretado como el Paraíso. Sin embargo, no hay ninguna razón válida para limitarlo específicamente al Paraíso. Allah Ta‘ala lo empleó en un sentido general; así debe entenderse, para que la promesa relativa a este lugar pueda aplicarse tanto a este mundo como a la otra vida. El contexto anterior del tema tratado también exige que se entienda no solo como una promesa de conceder finalmente al Profeta Mustafá (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) una gran dignidad en la otra vida, sino también en este mundo. En el discurso continuo, desde la aleya 57 hasta aquí, acerca de las palabras de los incrédulos de La Meca, ellos habían dicho: «¡Oh, Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)! Quieres hundirnos contigo. Si te apoyamos y aceptamos tu religión, nuestra supervivencia en la península arábiga se volverá difícil». En respuesta, Allah Ta‘ala dice a Su Profeta: «¡Oh, Profeta! El Dios que te ha confiado la responsabilidad de portar el estandarte de este Corán no te destruirá. Más bien, te conferirá una dignidad que estas personas ni siquiera pueden imaginar».

En realidad, pocos años después, Allah Ta‘ala concedió al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ante los ojos de aquellas personas y en este mismo mundo, el dominio absoluto sobre toda la península arábiga, demostrando así que ninguna fuerza capaz de resistírsele podía sobrevivir y que allí no quedaba lugar para ninguna religión aparte de la religión que él había establecido. En toda la península arábiga se estableció el dominio absoluto de un hombre que no tenía rival; y la gente no solo aceptó su supremacía política, sino que él puso fin a todas las religiones y convirtió a toda la nación en seguidora de su religión. Nunca antes había existido semejante precedente en la historia de Arabia.

El Maqām Maḥmūd del Profeta Muhammad

(árabe***************************************** en la página 426 del PDF)

«Muy pronto tu Señor te elevará al Maqām Maḥmūd».

Es decir, te conferirá en este mundo y en la otra vida una dignidad en la que serás alabado por toda la creación. Desde todas partes se te ofrecerán alabanzas y respeto, y tu ser se convertirá en un ser digno de alabanza. Hoy tus adversarios te reciben con insultos y reproches, y han desencadenado una tormenta de falsas acusaciones para difamarte por todo el país. Pero no está lejano el momento en que en este mundo se oiga el murmullo de tus alabanzas y en la otra vida seas alabado por toda la creación. El honor que el Profeta Mustafá (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recibirá como intercesor el Día de la Resurrección es una parte de su maḥmūdiyya (de ser alabado).

La buena noticia de la victoria para el derrotado Imperio romano

La profecía formulada en las primeras aleyas de la sura ar-Rum es una de las pruebas más claras de que el Corán es la palabra de Allah y de que Muhammad Mustafá (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es el verdadero Profeta de Allah. Para comprender esto, es especialmente necesario prestar atención a los acontecimientos históricos de aquella época relacionados con las aleyas de esta sura.

El acontecimiento ocurrido ocho años antes de la misión profética de Mustafa (la paz y las bendiciones sean con él) fue que estalló una rebelión contra el emperador romano Mauricio (Marice), y un hombre llamado Focas (Phicas) ascendió al trono. Este hombre mató a cinco hijos del emperador ante sus propios ojos. Después asesinó al padre y exhibió públicamente en Constantinopla las cabezas cortadas del padre y de sus hijos. Pocos días después también fueron asesinadas su esposa y sus tres hijas. Tras este suceso, el emperador persa Cosroes Parviz encontró un pretexto moral para invadir el Imperio romano. Mauricio era su benefactor, y con su ayuda y apoyo Parviz había obtenido el trono de Persia. Parviz lo consideraba como un padre. Por ello declaró que vengaría el trato diabólico que el usurpador Focas había infligido a Mauricio, a quien consideraba su padre, y a su familia. En el año 603 d. C. declaró la guerra al Imperio romano y llegó, por un lado, hasta Edesa, en Asia Menor (la actual Urfa), y, por otro, hasta Alepo y Antioquía, en Siria. Cuando los gobernantes romanos vieron que Focas no podía defender el país, pidieron ayuda al gobernador de África. Este envió a su hijo Heraclio (Heraclius) a Constantinopla con un poderoso ejército. En cuanto llegó, destronó a Focas. En su lugar, Heraclio fue nombrado césar, es decir, gobernante de Roma. Tras asumir el poder, trató a Focas exactamente como Focas había tratado a Mauricio. Esto ocurrió en el año 610 d. C., y precisamente ese mismo año el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él) recibió la dignidad de la profecía.

El pretexto moral con el que Cosroes Parviz había declarado la guerra terminó con el destronamiento y la muerte de Focas. Si el objetivo de su guerra hubiera sido vengar las atrocidades y la opresión de Focas, después de la muerte de este debería haber hecho las paces con el nuevo césar, Heraclio. Pero continuó la guerra. Las comunidades cristianas —como los nestorianos y los jacobitas— a las que la Iglesia oficial calificaba de herejes y que había perseguido durante años, comenzaron a simpatizar con los invasores magos, y los judíos también se aliaron con ellos. Incluso el número de judíos que se incorporaron al ejército de Cosroes Parviz llegó a veintiséis mil.

Heraclio no pudo detener aquella avalancha. Apenas había ascendido al trono cuando recibió la noticia de que Antioquía había caído en manos de los persas. Luego, en el año 613 d. C., los persas conquistaron Damasco. Al año siguiente conquistaron Jerusalén y comenzaron a devastar a los cristianos. Noventa mil cristianos fueron asesinados en esa ciudad. Destruyeron su iglesia más sagrada, la Iglesia del Santo Sepulcro (Holy Sepulchre). Los magos persas se apoderaron de la verdadera cruz, o madero de la crucifixión, sobre el cual los cristianos creían que Jesucristo había entregado su vida, y la enviaron a Ctesifonte. El patriarca gobernante Zacarías fue secuestrado y todas las grandes iglesias de la ciudad fueron destruidas. Una carta que Cosroes Parviz envió desde Jerusalén a Heraclio da testimonio de hasta qué punto aquella victoria lo había embriagado de orgullo. En ella decía:

«De parte de Cosroes, el más grande de todos los dioses y señor de todo el mundo, a ese vil e insensato siervo, Heraclio: dices que confías en tu dios. Entonces, ¿por qué tu dios no protegió Jerusalén de mis manos?

En menos de un año después de esta victoria, el ejército persa extendió su dominio sobre toda la región de Jordania, Palestina y el valle del Sinaí, y llegó hasta la frontera de Egipto. Era un momento en que en La Meca se libraba otra lucha aún más importante. Allí, los abanderados del monoteísmo, bajo el liderazgo del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él), combatían contra los politeístas, sometidos a los jefes de Quraysh. La situación llegó a tal extremo que, en el año 615 d. C., un numeroso grupo de musulmanes se vio obligado a abandonar sus hogares y buscar refugio en un reino cristiano de Abisinia. Abisinia era un Estado aliado de Roma. En aquel tiempo, todos hablaban de las victorias persas sobre Roma. En La Meca, los politeístas bailaban de alegría y decían a los musulmanes: «Mirad, los adoradores del fuego de Persia están venciendo, mientras los creyentes en la revelación y la misión profética sufren una derrota tras otra. Del mismo modo, nosotros, los idólatras árabes, exterminaremos vuestra religión».

En tales circunstancias fue revelada esta sura del Noble Corán. En ella se anuncia la profecía de que los romanos habían sido derrotados en la tierra más cercana, pero que, después de su derrota, vencerían en el transcurso de unos pocos años. Ese sería el día en que los musulmanes se alegrarían por la victoria concedida por Allah.

Estas palabras contenían dos profecías: primera, que los romanos obtendrían la victoria; segunda, que los musulmanes también alcanzarían la victoria en ese mismo momento. Aparentemente, ni siquiera en un futuro lejano se veía señal alguna de que alguna de estas dos profecías pudiera cumplirse en pocos años. Por un lado, estaban los escasos musulmanes, oprimidos y perseguidos en La Meca, y durante ocho años después de esta profecía no se vislumbraba ninguna posibilidad de que obtuvieran la victoria. Por otro lado, la derrota de los romanos iba en aumento día tras día. Hasta el año 619 d. C., todo Egipto cayó en manos de los persas, y los ejércitos magos izaron sus banderas hasta la frontera de Tarabulus (Trípoli). Los ejércitos persas atacaron a los romanos hasta Asia Menor, y sus fuerzas restantes llegaron a las costas del Bósforo. En el año 617 d. C. ocuparon Calcedonia (Chalecdon), la actual Kadıköy, frente a Constantinopla. El césar de Roma envió un embajador a Cosroes de Persia para comunicarle humildemente que estaba dispuesto a hacer la paz a cualquier precio. Pero Cosroes respondió: «No permitiré que el césar viva en paz de ningún modo hasta que comparezca encadenado ante mí, abandone al dios crucificado y acepte adorar al dios del fuego». Finalmente, Cosroes llegó a sentirse tan derrotado que decidió abandonar Constantinopla y trasladarse a Cartago (la actual Túnez). En palabras del historiador Gibbon, durante siete u ocho años después de esta profecía del Noble Corán prevaleció una situación tal que nadie podía imaginar que los romanos vencerían a Persia. Mucho menos podía esperarse una victoria: hasta entonces nadie había podido esperar siquiera que aquel Estado sobreviviera. —[Gibbon, The Decline and Fall of the Roman Empire, vol. 2, p. 788. Modern Library, Nueva York.]

Cuando fueron revelados estos versículos del Corán, los incrédulos de La Meca comenzaron a burlarse y mofarse de ellos. Ubayy ibn Jalaf hizo una apuesta con Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) y dijo: «Si los romanos vencen en tres años, te daré diez camellos; de lo contrario, tú tendrás que darme diez camellos». Cuando esta apuesta llegó a oídos del Profeta (la paz y las bendiciones sean con él), dijo: «En el Corán se han empleado ciertas palabras cuyo plazo, en árabe, puede extenderse hasta diez. Por ello, establece como condición un plazo de diez años y aumenta el número de camellos a cien».

Después, el honorable Abu Bakr volvió a encontrarse con Ubayy, y se estableció nuevamente la condición de que quien resultara estar equivocado dentro de diez años debía entregar cien camellos a la otra parte.

En el año 622 d. C., el Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) emigró a Medina. Mientras tanto, el César Heraclio partió secretamente de Constantinopla hacia Trebisonda por la ruta del mar Negro y se preparó para atacar a los iraníes por la retaguardia. Para preparar este contraataque, el César pidió ayuda financiera a la Iglesia, y Sergio (Serjius), el máximo dignatario religioso de la Iglesia cristiana, prestó con interés las riquezas acumuladas en la Iglesia como ofrendas votivas, con el propósito de salvar el cristianismo del zoroastrismo. Heraclio inició su ataque desde Armenia en el año 623 d. C. y al año siguiente, en 624 d. C., entró en Azerbaiyán, destruyó Urmia, lugar de nacimiento de Zoroastro, y redujo a polvo los templos iraníes de adoración del fuego. La manifestación del poder de Allah quiso que, ese mismo año, los musulmanes obtuvieran por primera vez una victoria decisiva sobre los incrédulos en el campo de Badr. Así, las dos profecías mencionadas en la sura Ar-Rum se cumplieron simultáneamente antes de que transcurrieran diez años.

Después, las tropas romanas continuaron derrotando a los iraníes. En la batalla decisiva de Nínive (627 d. C.), quebraron la columna vertebral del Imperio iraní. Luego fue destruida Dastagird, la residencia de los reyes iraníes (Dastarat al-Mulk), y los romanos avanzaron hasta llegar frente a Ctesifonte (Ctesiphin), que en aquella época era la capital de Irán. En el año 628 d. C. comenzó una rebelión familiar contra Cosroes Parviz, quien fue hecho prisionero. Delante de sus propios ojos fueron asesinados dieciocho de sus hijos. Poco después murió en prisión. Ese mismo año se firmó el tratado de Hudaybiyya, al que el Corán denomina «la gran victoria». También ese año, el hijo de Cosroes Parviz, Kavad II, liberó del dominio iraní todos los territorios romanos ocupados y, tras devolver la Cruz, estableció un tratado de paz con los romanos. En el año 629 d. C., el propio César fue a Bayt al-Maqdis con el propósito de devolver la «Cruz Sagrada» a su lugar. Ese mismo año, el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entró por primera vez en La Meca después de la Hégira para realizar la peregrinación menor compensatoria.

Después de esto, no quedó en la mente de nadie ni la más mínima duda de que la profecía del Corán era verdadera al pie de la letra. Numerosos politeístas de Arabia creyeron en ella. Tras vencer en la apuesta a los herederos de Ubayy ibn Khalaf, estos tuvieron que entregar cien camellos a Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) para cumplir la condición acordada. Abu Bakr llevó aquellos camellos ante el Profeta, quien le ordenó distribuirlos como limosna. La apuesta se había concertado en una época en la que el juego de azar aún no había sido declarado ilícito por la sharía. Posteriormente llegó la orden de declararlo ilícito. Por ello, aunque se permitió tomar los bienes de los incrédulos combatientes, se ordenó no utilizarlos personalmente, sino entregarlos como limosna.

(Árabe*****************************************en la página 430 del PDF)

«Y ese día los musulmanes se regocijarán por la victoria concedida por Allah». —(Sura Ar-Rum: 4)

Los sabios Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él), Abu Sa‘id al-Judri (que Allah esté complacido con él), Sufyan al-Thawri, al-Suddi y otros han dicho que la victoria de los romanos sobre los iraníes y la victoria de los musulmanes sobre los politeístas en Badr tuvieron lugar en el mismo año. Por ello, los musulmanes sintieron una doble alegría. Esto también está demostrado por las historias de Irán y Roma. La batalla de Badr tuvo lugar en el año 624 d. C.; ese mismo año, el César de Roma destruyó el lugar de nacimiento de Zoroastro y redujo a polvo el mayor templo de adoración del fuego de Irán.

Conservación del cadáver del faraón

[Esta es una gran profecía coránica que constituye una prueba clara de la misión profética de Muhammad (que la paz sea con él) y de la veracidad del Corán. Cuando se escuchó esta profecía coránica, aún no se conocía el estado de las tumbas ni de los cadáveres de los faraones de Egipto. El acceso a las cámaras de las momias y la apertura de las tumbas y los ataúdes de los faraones son hechos recientes. Antes de 1907 nadie sabía si el cadáver del faraón contemporáneo de Moisés (que la paz sea con él) se había conservado después de morir ahogado. Los datos descubiertos recientemente sobre un acontecimiento de hace más de tres mil años han presentado a los incrédulos del Corán una prueba de que el Corán fue revelado por Dios.]

(árabe*****************************************en la página 430 del PDF)

«Ahora solo preservaremos tu cadáver para que permanezca como una señal instructiva para las generaciones posteriores». —(Sura Yunus: 92).

En la ribera occidental del valle del Sinaí todavía existe el lugar donde se encontró el cadáver del faraón flotando. Actualmente este lugar se llama Jabal al-Faraón. Cerca de allí hay un manantial de aguas termales. Los habitantes locales lo llaman el baño del faraón. Se encuentra varios kilómetros al norte y cuesta arriba de Abu Zaynama. Los habitantes locales han señalado este lugar porque allí cayó el cadáver del faraón.

Si el faraón que murió ahogado es la misma persona que, según los exámenes y las investigaciones recientes, ha sido identificada como contemporánea de Moisés (que la paz sea con él), entonces su cadáver puede verse actualmente en el museo de El Cairo. En 1907, cuando sir Grafton Elliot Smith retiró la cubierta de su momia, se observó sal solidificada sobre el cadáver, lo cual constituye una prueba clara de que había estado sumergido en el agua salada del mar.

(árabe************************) Es decir: «Seguiremos mostrando señales instructivas, aunque la mayoría de las personas, aun viendo grandes señales instructivas, no extraen ninguna lección de ellas».

La ofensiva mundial de Gog y Magog

Por Gog se entiende a aquellas tribus de Rum y del norte de China conocidas por nombres como tártaros, mongoles, hunos y escitas. Desde tiempos antiguos atacaban los países civilizados. Además, se sabe que, para protegerse de sus ataques, se construyeron las murallas de Derbent y Darial en la región meridional del Cáucaso. Esto se debía a que el ímpetu de sus ataques podía extenderse en cualquier momento hacia ambos lados de Asia y Europa. En la Biblia (Génesis, capítulo 10) se les considera descendientes de Jafet, hijo de Noé. Los historiadores musulmanes también han afirmado lo mismo. En el libro de Ezequiel (capítulos 38 y 39) se les describe como habitantes de las regiones de Rosh, Tubal (la actual Tobolsk) y Mesec (la actual Moscú). El historiador israelita Josefo los consideró pertenecientes al pueblo escita, cuya morada se encontraba al norte y al este del mar Negro. Según la descripción de Jerónimo, Magog se estableció al norte del Cáucaso, cerca del mar de Jazar.

Liberarlos significa que comenzarán a atacar a los habitantes de la Tierra como si se hubiera soltado de repente a una fiera de una jaula cerrada. La clara indicación de las palabras «se ha acercado el momento en que se cumpla la verdadera promesa» es que este ataque y devastación mundial de Yaŷuy y Maŷuy tendrá lugar al final de los tiempos, y que poco después ocurrirá la Hora. La siguiente profecía del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), transmitida por el imán Muslim bajo la autoridad de Hudhayfa ibn Asid al-Gifari, refuerza aún más este significado. Dice así: «La Hora no tendrá lugar hasta que veáis antes de ella diez señales: el humo, el Anticristo, la Bestia de la Tierra, la salida del sol por el oeste, el descenso de Jesús hijo de María, el ataque y la devastación de Yaŷuy y Maŷuy, tres grandes hundimientos de tierra (uno en Oriente, otro en Occidente y el tercero en Arabia), y finalmente un fuego terrible que surgirá del Yemen y llevará a la gente hacia el lugar de la reunión (es decir, tendrá lugar la Hora)». En otro hadiz, al referirse al ataque de Yaŷuy y Maŷuy, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo que, así como el parto de una mujer plenamente embarazada está a punto de producirse, sin que ella sepa en qué momento del día o de la noche dará a luz, del mismo modo, en aquel tiempo, la Hora estará tan inminentemente próxima.

(Árabe*****************************************en la página 432 del PDF)

Pero no puede afirmarse claramente, a partir del Corán y del hadiz, si Yaŷuy y Maŷuy se unirán ambos para comenzar sus ataques y devastaciones en el mundo. También es posible que, al aproximarse la Hora, continúen atacándose mutuamente y que su guerra adopte la forma de una catástrofe mundial.

La humillación y el reproche de los judíos

(Árabe******************) Mi convicción es que esto continuará hasta los momentos inmediatamente anteriores a la Hora. El establecimiento del Estado actual de Israel en Palestina no contradice en nada esta afirmación. En primer lugar, esta aleya se aplica colectivamente a la nación judía. El sentido de la aleya no se aplica a cada individuo ni a pequeños grupos de personas. En segundo lugar, se trata de una descripción de la condición en la que vivirán como nación en su conjunto desde el anuncio del decreto de Allah hasta la Hora. Esto no significa que durante este largo período no llegarán a ejercer el poder de gobierno en algún lugar del mundo, aunque sea por un breve tiempo. En realidad, para comprender el sentido de esta aleya hay que conocer la historia de la nación judía que se ha desarrollado desde Jesús (la paz sea con él) hasta nuestros días. Si se observa atentamente esa historia y su situación actual colectiva en el mundo, queda demostrada la veracidad de las siguientes palabras del Noble Corán:

(Árabe*****************************************en la página 432 del PDF)

«Y cuando tu Señor proclamó que, hasta el Día de la Resurrección, enviaría contra ellos a alguien que les infligiría un severo castigo». —Sura Al-Araf: 167.

(Árabe*****************************************en la página 432 del PDF)

«Se ha impuesto sobre ellos la humillación y, dondequiera que se los encuentre, cargarán con el peso de esta humillación. Sin embargo, si en algún lugar reciben una garantía de protección por parte de Allah y de los seres humanos, será distinto». —(Sura Al Imran: 112).

Toda su historia demuestra que, de vez en cuando, en algún lugar del mundo ha surgido una fuerza que ha asesinado cruelmente y expulsado a los judíos. Y si en algún lugar han vivido a salvo, no ha sido gracias a su propio poder, sino que se han establecido y han podido existir con la ayuda y cooperación de algún grupo humano, sobre la base de las oportunidades y facilidades concedidas por Allah. El día en que esta cooperación cese, el mundo verá qué será de Israel. Creo que Allah Todopoderoso no quiere exterminar a este pueblo, sino conservarlo como una señal aleccionadora. Si la persecución y la opresión hubieran continuado sin interrupción contra este pueblo, habría desaparecido de la faz de la tierra hace mucho tiempo. Allah Todopoderoso, mediante Su propia sabiduría, ha dispuesto que este pueblo se mantenga: en un lugar es golpeado y expulsado, y en otro encuentra refugio. Así, durante los últimos dos mil quinientos años, ha permanecido en el mundo en un estado ni vivo ni muerto.

 

Las profecías de los hadices

٠

La era de la seguridad completa

Jabbab (r.a.) cuenta que un día el Noble Profeta (s.a.w.) estaba sentado a la sombra de la Kaaba. Me presenté ante él y le dije: «¡Oh Mensajero de Allah! La opresión y la injusticia no tienen fin. ¿No está usted suplicando ante Allah?»

Al oír esto, su rostro se enrojeció y dijo: «A quienes creyeron antes que vosotros les infligieron una opresión mucho mayor. Les desgarraban la carne con peines de hierro y les serraban la cabeza colocando una sierra sobre ella; aun así, no se apartaron de la verdadera religión. Sabed con certeza que Allah llevará esta tarea hasta su cumplimiento. Finalmente llegará un tiempo en que una persona viajará sin temor desde Saná hasta Hadramaut y no tendrá miedo de nadie salvo de Allah; pero vosotros os estáis apresurando demasiado». —(Bujari)

La condición para conquistar a los árabes y a los no árabes

Abu Talib llamó al Profeta Muhammad (s.a.s.) y le dijo: «¡Sobrino! Mira, los miembros de tu pueblo han venido a verme. Desean que estés de acuerdo con ellos en una propuesta justa. De ese modo terminará la disputa entre tú y ellos». Entonces Abu Talib presentó al Profeta la propuesta de los jefes de Quraysh. En respuesta, el Profeta (s.a.s.) dijo: «¡Tío! Les estoy presentando un mensaje que, si lo aceptan, hará que toda Arabia quede bajo su dominio y que los demás países paguen tributo».

Diversos transmisores han relatado estas palabras del Profeta de distintas maneras. Una de las versiones es la siguiente:

(Árabe*****************************en la página 434 del PDF)

En otra versión:

(Árabe*****************************en la página 434 del PDF)

Otra versión

En otra versión se observa que el Profeta (s.a.s.), en lugar de dirigirse a Abu Talib, se dirige a los qurayshíes y dice:

(Árabe*****************************en la página 434 del PDF)

En otro lugar:

(Árabe*****************************en la página 434 del PDF)

A pesar de estas diferencias de expresión, el sentido de todas las narraciones es el mismo. Es decir, el Santo Profeta (s.a.) les dijo: «Os presento un mensaje que, si aceptáis, os convertirá en dueños de Arabia y de Ajam. Ahora decidme: ¿es mejor aquello que llamáis una palabra justa, o lo mío es mejor? ¿Vuestro bien reside en aceptar esta palabra, o en que os deje permanecer en la situación en la que os encontráis mientras yo continúo adorando a mi propio Señor?»

El poder político de gobierno de los quraysh

El Profeta (s.a.) predijo que, mientras los quraysh mantuvieran elevado su carácter, continuaran llevando colectivamente el estandarte de la religión y hubiera entre ellos aunque solo fueran dos personas que lucharan por la verdad, el poder de gobierno permanecería en sus manos.

Esta predicción del Profeta (s.a.) fue tan verídica que, durante varios siglos después de él, la historia continuó aportando pruebas de su veracidad. La superioridad de la tribu de los quraysh fue tan perdurable que, durante la época del Califato Bien Guiado, esta tribu proporcionó cuatro califas; y es sabido que, en aquel entonces, no había en toda Arabia personalidades que pudieran sustituirlos. Más tarde, esta misma tribu estableció el famoso gobierno omeya. Esta tribu también fundó el gobierno abasí. El establecimiento de un vasto sistema de gobierno en España y el gobierno fatimí en Egipto fueron asimismo aportes de esta tribu.

El yihad continuará

El yihad continuará entre mi comunidad hasta el Día de la Resurrección. Ni la justicia de un juez justo ni la opresión de un tirano podrán detenerlo. Esta fuerza vital ha seguido infundiendo inspiración constantemente al movimiento de renacimiento islámico. Esta misma fuerza vital ha impedido que los justos (salihín) se sometan ante el terrible panorama de las circunstancias.

La decadencia de los musulmanes será como la de los judíos y los cristianos

Entre las predicciones del Santo Profeta (la paz sea con él) que han sido transmitidas en los hadices se encuentra la siguiente: finalmente, los musulmanes seguirán las huellas de los judíos y los cristianos. Seguirán cada paso que ellos hayan dado. Incluso si alguno de ellos comete adulterio con su propia madre, también surgirán entre los musulmanes personas que cometerán ese delito. —[El autor transmite en otra fuente el dicho del Santo Profeta (la paz sea con él) de la siguiente manera: el Profeta (la paz sea con él) dijo: «También vosotros adoptaréis las costumbres y conductas de las comunidades anteriores. Incluso si ellos entran en el agujero de un lagarto, vosotros haréis lo mismo». Los Compañeros preguntaron: «¡Oh, Mensajero de Allah! ¿Se refiere usted a los judíos y los nazarenos?». El Profeta respondió: «Sí». El Profeta no solo conocía esta advertencia, sino que, gracias a la sutil percepción que Allah le había concedido, sabía por qué caminos había llegado la decadencia a la comunidad del Profeta y cómo se había manifestado.]

Esbozo de la historia futura de la comunidad

Aunque estas predicciones se encuentran abundantemente en colecciones de hadices como Muslim, Tirmidhi, Ibn Majah y Mustadrak, no sería inútil citar aquí las narraciones que el imán Shatibi registró en al-Muwafaqat y Mawlana Ismail Shahid (que Allah tenga misericordia de él) en Mansab-e Imamat:

(Árabe*****************************en la página 436 del PDF)

«El comienzo de vuestra religión proviene de la profecía y la misericordia. Allah la mantendrá intacta mientras quiera. Después pondrá fin a ella y habrá un califato conforme al método de la profecía —[el Profeta (la paz sea con él) predijo: “Después de mí, el califato durará treinta años y después se establecerá la monarquía”. El período del califato terminó en Rabi al-Awwal del año 41 de la Hégira, cuando el honorable Hasan (que Allah esté complacido con él) renunció al califato en favor de Muawiya (que Allah esté complacido con él). —(El autor)]— mientras Él quiera. Después continuará una monarquía de la peor clase mientras Allah quiera. Por voluntad de Allah, esta también llegará a su fin. Después se establecerá el gobierno de gobernantes tiránicos. Continuará mientras Allah quiera; después Allah, el Altísimo, le pondrá fin».»

(Árabe*****************************en la página 436 del PDF)

«Después habrá un califato conforme al método de la profecía, que gobernará entre la gente de acuerdo con la sunna del Profeta, y el islam quedará establecido en la tierra. Bajo este sistema de gobierno se alegrarán tanto los habitantes del cielo como los habitantes de la tierra. El cielo derramará generosamente sus bendiciones y la tierra sacará al exterior todo lo que alberga en su seno».»

No puedo decir qué grado de autenticidad tienen estas narraciones desde el punto de vista de la cadena de transmisión. Pero, si se consideran desde el punto de vista del significado, son coherentes con las demás narraciones de este tipo. En ellas se señala la existencia de cinco etapas de la historia. Tres ya han pasado y la cuarta está en curso. Finalmente, respecto a la quinta etapa, cuya llegada fue anunciada, todos los indicios muestran que la historia humana se dirige rápidamente hacia ella. Se han puesto a prueba toda clase de «ismos» creados por el ser humano. Han fracasado de manera desalentadora. A la humanidad no le queda otra salida que volver desesperadamente al islam.

La decadencia moral de los emires, los gobernantes y los soberanos

(Árabe*****************************página 436 del PDF)

«Después de mí, algunas personas asumirán el poder del gobierno. Quien los ayude en sus mentiras y quien los auxilie en sus injusticias no es de los míos, ni yo soy de los suyos». —(al-Nasa’i).

(Árabe*****************************página 437 del PDF)

«Muy pronto gobernarán sobre vosotros personas en cuyas manos estarán las llaves de vuestro sustento. Cuando os hablen, mentirán, y cuando actúen, harán el mal. No estarán satisfechos con vosotros a menos que elogiéis sus malas acciones y declaréis que sus mentiras son verdad. Mientras lo toleren, exponed la verdad ante ellos. Si transgreden los límites y alguien es asesinado, será un mártir». —(Kanz al-‘Ummal)

La continuidad del renacimiento de la religión

(Árabe*************) Explicación de este hadiz: «quienes reavivarán para ellos su religión».

Este es un asunto cuya buena nueva anunció el veraz Mensajero, el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y que fue narrado en Sunan Abi Dawud por conducto de Abu Huraira (que Allah esté complacido con él).

(Árabe*****************************página 437 del PDF)”

«Al comienzo de cada siglo, Allah hará surgir personas que reavivarán para ellos su religión».

Sin embargo, algunas personas han formado, a partir de este hadiz, una concepción completamente errónea del “tajdid” y del “mujaddid”. Han interpretado (ÁRABE********) como el comienzo o el final de un siglo. Y han entendido que (ÁRABE****************) significa que necesariamente se tratará de una sola persona. Basándose en ello, también han emprendido la labor del tajdid de la religión. Pero el significado literal de (ÁRABE*********) es “cabeza”, y el claro sentido del surgimiento de una persona al comienzo de un siglo es que ejercerá una influencia especial sobre los conocimientos, las ciencias, las ideas y la dirección de las actividades de su época. La palabra (ÁRABE********) se utiliza en árabe tanto en singular como en plural. Por lo tanto, de (ÁRABE*******) pueden derivarse tanto el significado de una sola persona como el de varias personas. También puede significar una institución o un grupo entero. El claro sentido de la buena nueva anunciada por el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es que, si Allah quiere, en ningún siglo de la historia islámica faltarán personas que se alcen contra las tormentas de la ignorancia y continúen luchando por restablecer el islam en su verdadera forma. No es necesario que en un siglo haya un solo mujaddid. Dentro de un mismo siglo, distintas personas y grupos pueden prestar este servicio. Tampoco es necesario que haya un único mujaddid para todo el mundo. Al mismo tiempo, muchas personas pueden trabajar por el tajdid de la religión en numerosos países. Tampoco es necesario que a todo aquel que preste algún servicio en este ámbito se le confiera la dignidad de mujaddid. La dignidad y el título de mujaddid solo pueden concederse a aquellas personas que hayan sido capaces de realizar una contribución grande y extraordinaria al tajdid de la religión, es decir, al renacimiento y restablecimiento de la religión.

Manifestación de las divisiones entre los musulmanes

En un hadiz se dice: «Muy pronto mi comunidad se dividirá en setenta y dos sectas. Solo una de ellas alcanzará la salvación en la otra vida. Serán aquellos que sigan a mis compañeros».

En los hadices se anuncia que surgirán diversas sediciones entre los musulmanes. El objetivo de estas advertencias es alertarles para que se mantengan alejados de tales sediciones.

Profecía sobre la aparición del Mahdi

Los verificadores de hadices han aplicado criterios tan estrictos a las narraciones sobre la aparición del Mahdi que un grupo de ellos ni siquiera admite que el Imam Mahdi vaya a aparecer. Al examinar y evaluar la ciencia de al-asma wa al-rijal (la cadena de transmisores de los hadices), se descubre que la mayoría de los narradores de estos hadices pertenecían a la comunidad chií. El estudio de la historia también revela que cada grupo utilizó estas narraciones para sus intereses políticos y religiosos e intentó atribuir a alguno de sus propios personajes las señales descritas acerca del Mahdi.

Elementos verdaderos y apócrifos entre las narraciones

Por las razones expuestas, he llegado a la conclusión de que las narraciones relativas a la aparición del Mahdi son verdaderas. Sin embargo, la mayoría de los detalles mencionados en ellas probablemente sean inventados. Personas interesadas añadieron esos elementos a las verdaderas declaraciones del Profeta. En distintas épocas, quienes afirmaron ser el prometido—[Prestemos atención a la palabra «Mahdi» utilizada en el hadiz. El Profeta utilizó la palabra Mahdi, cuyo significado es «guiado». No utilizó la palabra «Hadi». Puede ser Mahdi cualquier jefe, líder o emir que permanezca firme en el camino recto. «Al-Mahdi» a lo sumo se habría utilizado con un rasgo distintivo mayor, con el propósito de expresar una dignidad particularmente característica en alguna persona que aparecerá en el futuro. Esa dignidad especial se describe así en el hadiz: después de que sea destruido el califato establecido conforme al método del Profeta, el mundo quedará afligido por la opresión y la injusticia; entonces la persona que aparezca establecerá nuevamente el califato conforme al método del Profeta y el mundo se llenará de justicia. Este es el verdadero asunto por el cual se añadió (árabe*******) delante de la palabra «Mahdi», con el fin de señalar y distinguir a esa persona. Pero sería un error pensar que, mediante el nombre Mahdi, se ha creado en la religión un cargo especial cuya aceptación mediante la fe sea semejante a creer en los profetas, y cuya obediencia se convierta en una condición para la salvación, el islam y la fe. No hay ninguna prueba en los hadices que respalde la idea de que el Mahdi será un ser infalible. En realidad, la idea de que alguien distinto de un profeta sea infalible pertenece a la comunidad chií. No existe ninguna evidencia de ello en el Corán ni en la Sunna.] En sus escritos de quienes hicieron falsas afirmaciones de ser el Mahdi se observa que estas narraciones sirvieron de elementos para las perturbaciones que provocaron.

El modo de expresión de las profecías del Profeta

Por mucho que haya reflexionado sobre las profecías del Santo Profeta, he observado que el estilo de descripción del Profeta no era como el tipo de descripción que aparece en los hadices sobre la aparición del Mahdi. Sin duda, él describía las señales principales, pero no era su método describir los detalles minuciosos.

Las contradicciones entre las narraciones relacionadas

Cuando se reúnen estas narraciones y se comparan unas con otras, se observa que la mayoría contiene contradicciones. Además, quienes tienen ante sí la historia completa de los conflictos entre los Banu Fatima, los Banu Abbas y los Banu Umayya, al comprobar claramente que existen diversas narraciones en favor de cada uno de los grupos involucrados en esos conflictos, y que la mayoría de los narradores están vinculados de algún modo con uno u otro de esos grupos, encuentran difícil aceptar todos los detalles narrados en los hadices. Por ejemplo, en algunas de ellas se mencionan banderas negras (árabe**********). El estudio de la historia muestra que las banderas negras eran el símbolo de los Banu Abbas. Asimismo, la historia permite saber que, presentando hadices de este tipo, se continuó intentando demostrar que el califa abasí Mahdi era el Mahdi prometido.

La dignidad del mujaddid perfecto

Al contemplar la historia, se sabe que hasta hoy no ha nacido ningún mujaddid perfecto. Hazrat Umar ibn Abd al-Aziz estuvo a punto de alcanzar esta dignidad, pero no pudo lograrlo. Todos los mujaddids que nacieron después de él trabajaron cada uno en un campo particular o en varios campos. El lugar del mujaddid perfecto continúa vacío, pero la conciencia lo desea, la naturaleza lo exige y el curso mismo del mundo presenta esa demanda: que nazca un líder semejante. Ya nazca en esta época o después de muchas vueltas y transformaciones del tiempo, su nombre será «al-Imam al-Mahdi», sobre cuya venida se hizo una clara profecía por boca del Santo Profeta —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—.

Hoy en día, la gente, por ignorancia, arruga la nariz al oír este nombre. Su objeción es que, mientras esperan la llegada de alguien, los ignorantes han perdido la disposición para actuar. Por eso sostienen que decir que los ignorantes se vuelven inactivos debido a una concepción errónea de los hechos no es, en realidad, ningún hecho. Además, dicen que entre todas las comunidades religiosas se encuentra la idea de la llegada de un gran hombre oculto; por tanto, no es más que una superstición. Pero yo pienso que, si los profetas anteriores, como el Sello de los Profetas, anunciaron también a sus pueblos la buena nueva de que, antes de que termine la vida terrenal de la humanidad, el islam llegará una vez a ser la religión de todo el mundo, y si esto no es una superstición, entonces, después de que fracasen todos los «ismos» creados por el hombre, la humanidad al borde de la destrucción se verá obligada a recurrir a la doctrina creada por Allah, y obtendrá esta gracia por medio de un gran líder que, actuando según el método de los profetas, realizará plenamente el islam en su verdadera forma; entonces, ¿por qué habría de ser supersticioso decir esto? Es muy posible que la afirmación se difundiera entre los demás pueblos del mundo procedente de los labios de los profetas, y que los ignorantes deformaran su verdadero significado, dándole la forma de una superstición.

La concepción corriente acerca del Mahdi

Hay algunos modernistas que ni siquiera reconocen la venida del Imam Mahdi. Entre los musulmanes, quienes sí reconocen su venida tampoco son menos equivocados que el primer grupo en cuanto a sus concepciones erróneas. Piensan que el Imam Mahdi será, por su vestimenta y apariencia, como los maulanas y sufíes de estilo antiguo. Un día aparecerá de repente, con un rosario en la mano, desde la celda de una madrasa o de una khanqah. Inmediatamente proclamará: «Yo soy el Mahdi». Los ulemas, pirs y derviches se presentarán con sus libros y escritos, lo examinarán conforme a las señales y la descripción física mencionadas en los libros y lo reconocerán. Después tendrá lugar la bai‘a y se proclamará la yihad. Los derviches entregados a la chilla y todos los venerables de la antigua escuela se reunirán bajo su estandarte. La espada se utilizará solamente para cumplir el requisito, pero en realidad todas las tareas se realizarán mediante bendiciones y fuerza espiritual. Las guerras se ganarán por medio de soplidos, encantamientos, letanías y cosas semejantes. Todo incrédulo sobre quien recaiga la mirada del Imam Mahdi morirá inmediatamente, retorciéndose en agonía. Por medio de una simple maldición, los tanques y los aviones bombarderos quedarán inutilizados.

La concepción del autor acerca del Mahdi

La concepción de la gente común acerca de la venida del Imam Mahdi es tal como se ha descrito. Pero lo que yo he comprendido es completamente opuesto. Creo que el que venga será el líder de su época. Poseerá una visión investigadora y profunda de todos los conocimientos y ciencias de su tiempo. Comprenderá todos los problemas complejos de la vida. Desde el punto de vista de la formación intelectual e ideológica del Estado, de la sabiduría política y de la estrategia militar, extenderá su influencia sobre todo el mundo. Ascenderá hasta la cumbre de todas las innovaciones de su época. Temo que los maulanas y los sufíes comiencen a armar un escándalo contra sus innovaciones. Tampoco creo que, por su constitución física, sea completamente distinto de la gente común, de modo que pueda ser reconocido con solo verlo. Además, tampoco creo que se proclame a sí mismo como el Mahdi. Es posible que ni siquiera él mismo sepa que es el Mahdi prometido. Incluso puede ocurrir que, después de su muerte, los habitantes del mundo descubran que él fue quien estableció el califato conforme al método de la profecía, aquel cuya llegada había sido anunciada.

Ser el Mahdi no es algo que se reivindique

Ya indiqué anteriormente que nadie, salvo un profeta, posee una dignidad tal que pueda iniciar una obra proclamando una pretensión. Nadie, salvo un profeta, puede saber tampoco para qué obra ha sido designado. Ser el Mahdi no es algo que se reivindique, sino algo que se demuestra mediante los hechos. En mi opinión, quienes hacen tales afirmaciones y quienes creen en ellos demuestran, unos y otros, escasez de conocimiento y bajeza de espíritu.

La naturaleza de la labor del Mahdi

Mi idea sobre la naturaleza de la labor del Mahdi difiere de la opinión de estos caballeros. No veo que para esta tarea tengan lugar alguno el kashf, las karamat, el ilham, la chilla, la muraqaba, la mushahada y otras prácticas semejantes. Considero que, del mismo modo que un líder revolucionario debe avanzar en el mundo atravesando grandes luchas y enfrentamientos, el Mahdi también tendrá que hacerlo. Creará, sobre la base del islam puro, un nuevo campo o camino de pensamiento (Escuela de Pensamiento). Transformará la mentalidad. Organizará un gran movimiento que será a la vez civilizatorio y político. La yahiliyyah intentará eliminarlo con todas sus fuerzas, pero finalmente él derrocará el sistema de gobierno yahilí y establecerá un poderoso Estado islámico. En él, por un lado, alcanzará su máximo desarrollo la fuerza vital del islam y, por otro, el progreso científico. Como se ha declarado en el hadiz, bajo su gobierno estarán satisfechos tanto los habitantes del cielo como los de la tierra. El cielo derramará abundantemente sus bendiciones y la tierra expulsará de sus entrañas todos sus tesoros.

 

La profecía del Profeta sobre la venida de Hazrat Mesías (la paz sea con él)

0

Los hadices relacionados con este asunto

 

(Árabe****************************************en la página 441 del PDF)

«Se ha transmitido de Hazrat Abu Huraira (que Dios esté complacido con él) que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: “Juro por Aquel en cuya mano está mi vida: el hijo de María descenderá entre vosotros como un gobernante justo. Después romperá la cruz, destruirá los cerdos —[romper la cruz y destruir los cerdos significa que el cristianismo llegará a su fin como religión independiente. Toda la estructura de la religión cristiana se basa en la creencia de que Dios crucificó a Su único Hijo (Hazrat Jesús) y le dio una muerte maldita, con lo cual se expiaron los pecados de la humanidad. La característica de los cristianos entre las comunidades de los profetas es que se contentaron únicamente con la doctrina y la creencia, y rechazaron toda la sharía. Incluso declararon lícita la carne de cerdo, que había sido ilícita en la sharía de todos los profetas. Cuando Hazrat Jesús descienda nuevamente y declare personalmente: ‘No soy el hijo de Dios ni he expiado los pecados de nadie’, no quedará ningún fundamento para la creencia cristiana. Y cuando diga que no declaró lícito el cerdo para sus seguidores ni los liberó de las restricciones de la sharía, también desaparecerá la segunda característica de la religión cristiana.]— y declarará el fin de la guerra”. En otra narración aparece la palabra “yizya” en lugar de “guerra”; es decir, abolirá la yizya. —[Según otra explicación, esto significa que en aquella época terminarán las discrepancias entre todas las comunidades y grupos, y todos pasarán a formar parte de una misma comunidad. Como consecuencia, no habrá guerra ni será necesario imponer la yizya a nadie. Esto también se menciona en los hadices 5 y 15 siguientes.] Después habrá tal abundancia de riquezas que no habrá nadie que las acepte. Entonces, una sola postración ante Dios será mejor que todo el mundo».” —(Bujari, Muslim, Tirmidhi, Musnad Ahmad)

En otra narración se encuentran estas palabras de Hazrat Abu Huraira (que Dios esté complacido con él):

(árabe****************************************página 442 del PDF)

«El Día del Juicio no tendrá lugar hasta que descienda el honorable Jesús (la paz sea con él). Después, se encuentran las palabras mencionadas arriba». —(Bujari, Ibn Mayah)

(árabe****************************************página 442 del PDF)

«El honorable Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) relata que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “¿Cómo estaréis cuando descienda entre vosotros el hijo de María y vuestro líder sea entonces uno de entre vosotros?”» —(Bujari, Musnad de Ahmad)—[Es decir, el honorable Jesús (la paz sea con él) no dirigirá la oración. Más bien, rezará detrás del imán de los musulmanes que ya hubiera estado dirigiéndolos anteriormente.]

(árabe****************************************página 442 del PDF)

«El honorable Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) relata que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Jesús, hijo de María, descenderá. Después matará a los cerdos y eliminará la cruz. Se reunirán las oraciones para él y distribuirá tanta riqueza que no habrá nadie que la acepte. Abolirá el impuesto territorial y permanecerá en un lugar llamado Rawha —‘Rawha’ es un lugar situado a 35 millas de Medina—, donde realizará el hayy o la umra, o ambos”». —[Cabe señalar que la persona a la que en esta época se ha comparado con el honorable Jesús (la paz sea con él) nunca realizó en su vida ni el hayy ni la umra.] [El narrador no recuerda qué palabras había pronunciado el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).] —(Musnad de Ahmad, Muslim)

(árabe****************************************página 442 del PDF)

«El honorable Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) relata que, después de mencionar la aparición del Anticristo, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Los musulmanes seguirán preparándose para combatir al Anticristo y, después de formar filas para la oración, se pronunciará el takbir; en ese momento descenderá Jesús, hijo de María, y dirigirá a los musulmanes en la oración. El enemigo de Allah —es decir, el Anticristo— comenzará a derretirse en cuanto lo vea, como se disuelve la sal en el agua. Si el honorable Jesús (la paz sea con él) lo dejara en ese estado, moriría completamente derretido; pero Allah, el Altísimo, hará que el Anticristo sea muerto por su mano, y él mostrará a los musulmanes su sangre en su arma”». —(Mishkat, con referencia a Muslim)

(Árabe****************************************en la página 443 del PDF)

“Se ha transmitido de Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) que el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: No hay ningún profeta entre él —es decir, Hazrat Isa— y yo. Él descenderá. Por tanto, cuando lo veáis, reconocedlo. Será un hombre de estatura mediana. Su tez será una mezcla de rojo y blanco. Llevará puestas dos prendas amarillas. El cabello de su cabeza parecerá gotear agua, aunque su cuerpo no estará mojado. Luchará contra la gente por el islam. Romperá las cruces. Matará a los cerdos. Abolirá la yizia. Allah eliminará todas las comunidades que sigan doctrinas distintas del islam. Matará al Dayyal. Permanecerá cuarenta años en el mundo. Después fallecerá y los musulmanes realizarán la oración fúnebre por él”. —(Abu Dawud, Musnad de Ahmad)

(Árabe****************************************en la página 443 del PDF)

“Se ha transmitido de Hazrat Yabir ibn Abd Allah (que Allah esté complacido con él) que el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: Después descenderá Isa ibn Maryam. El emir de los musulmanes le dirá: ‘Ven y dirige la oración’. Él responderá: ‘No. Vosotros sois los emires unos de otros’ —es decir, vuestro emir debe ser uno de vosotros—. Dará esa respuesta en consideración al honor que Allah ha concedido a esta comunidad”. —(Muslim, Musnad de Ahmad)

(Árabe****************************************en la página 444 del PDF)

“Hazrat Yabir ibn Abd Allah (que Allah esté complacido con él), al referirse a la sedición de Ibn Sayyad, dice que Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) entonces dijo: ‘¡Oh, Mensajero de Allah! Permíteme matarlo’. El Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) respondió: ‘Si este es realmente ese hombre —es decir, el Dayyal—, tú no serás su asesino. Más bien, Isa ibn Maryam lo matará. Y si no es ese hombre, entonces es una persona protegida —es decir, no tienes derecho a matar a ninguno de los protegidos—’”. —(Mishkat, con referencia a Sharh al-Sunna de Baghawi)

(Árabe****************************************en la página 444 del PDF)

“Al narrar la historia del Dayyal, Hazrat Yabir ibn Abd Allah dijo que el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: En ese momento, Hazrat Isa (la paz sea con él) aparecerá de repente entre los musulmanes. La gente se pondrá de pie para la oración y le dirá: ‘¡Oh, Ruh Allah! Adelántate’. Pero él dirá: ‘No. Más bien, vuestro imán debe adelantarse y él debe dirigir la oración’. Después de terminar la oración de la mañana, la gente saldrá para enfrentarse al Dayyal. El Profeta dijo: Cuando aquel mentiroso vea a Hazrat Isa (la paz sea con él), comenzará a derretirse como la sal se disuelve en el agua. Hazrat Isa avanzará hacia él y lo matará. Entonces sucederá que los árboles, las plantas, las colinas y las montañas gritarán: ‘¡Oh, Ruh Allah! Este judío se esconde detrás de mí’. No habrá nadie entre los seguidores del Dayyal a quien Hazrat Isa (la paz sea con él) no mate”. —(Musnad de Ahmad)

(Árabe****************************************en la página 444 del PDF)

“Hazrat Nawwas ibn Sam‘an Kilabi, al relatar la historia del Dayyal, dijo: Cuando el Dayyal esté haciendo todas estas cosas, Allah enviará al Mesías, hijo de Maryam. Descenderá junto al minarete blanco, en la zona oriental de Damasco, vestido con dos prendas amarillas y apoyando las manos sobre los brazos de dos ángeles. Cuando sacuda la cabeza, parecerá que el agua cae gota a gota. Cuando la levante, se verán las gotas de agua brillar como perlas. Su aliento llegará hasta donde alcance su vista, y todo incrédulo sobre quien caiga morirá. Entonces el hijo de Maryam perseguirá al Dayyal, lo alcanzará en la puerta de Lud —[se informa que Lud está situada a pocos kilómetros de Tel Aviv, capital del Estado de Israel en Palestina. Los judíos han construido allí una enorme base aérea]— y lo matará”. (Muslim, Abu Dawud, Tirmidhi e Ibn Mayah)

(Árabe****************************************en la página 445 del PDF)

“Abdullah ibn Amr ibn al-As (que Allah esté complacido con él) dijo: El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le dé paz) dijo: El Dayyal aparecerá entre mi comunidad y permanecerá durante cuarenta —no sé si cuarenta días, cuarenta meses o cuarenta años— [estas son palabras del propio Abdullah ibn Amr ibn al-As]. Después Allah enviará a Isa ibn Maryam. Se parecerá a Urwah ibn Mas‘ud (uno de los compañeros). Perseguirá al Dayyal y lo matará. Después transcurrirán siete años de tal manera que no habrá enemistad entre dos personas”. (Muslim)

(Árabe****************************************en la página 445 del PDF)

“Hudhayfa ibn Asid al-Gifari (que Allah esté complacido con él) dijo: En cierta ocasión, el Santo Profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) vino a nosotros mientras conversábamos entre nosotros. Preguntó: «¿De qué habláis?». Respondimos: «Estamos hablando sobre la Hora». El Profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) dijo: «La Hora no tendrá lugar de ninguna manera hasta que aparezcan diez señales». Luego dijo: «Estas son las diez señales: (1) el humo, (2) el Dayyal, (3) la Bestia de la Tierra, (4) la salida del sol por el occidente, (5) el descenso de Isa ibn Maryam, (6) Gog y Magog, (7) tres grandes hundimientos de tierra: uno en oriente, (8) uno en occidente, (9) uno en Arabia; y finalmente (10) un fuego enorme que surgirá de Yemen y expulsará a la gente, conduciéndola hacia el campo de la reunión». (Muslim y Abu Dawud)

(Árabe****************************************en la página 446 del PDF)

“Sawban, el siervo liberado del Santo Profeta (que Allah le bendiga y le dé paz), dijo: El Profeta dijo: Entre mi comunidad habrá dos ejércitos a los que Allah habrá protegido del fuego del Infierno. Uno atacará la India y el otro estará junto a Isa ibn Maryam”.

(En árabe****************************************página 446 del PDF)

«Muyammá ibn Yariya al-Ansarí dice: Oí al Noble Profeta (s.a.s.) decir: “El hijo de Maryam matará al Dajjal en la puerta de Lud”».—(Musnad Ahmad, Tirmidhi)

(En árabe****************************************página 446 del PDF)

«Abu Umama al-Bahili, al mencionar al Dajjal en un largo hadiz, dice: Justo cuando el imán de los musulmanes avance para dirigir la oración de la mañana, Isa ibn Maryam descenderá allí. El imán retrocederá para que Isa pueda avanzar, pero Isa (a.s.) pondrá sus manos entre sus dos brazos y dirá: “No, dirija usted la oración, pues esta oración se ha establecido para usted”. Por tanto, él (el imán anterior) dirigirá la oración. Luego Isa (a.s.) dirá: “Abran la puerta”. La puerta será abierta y se verá al Dajjal de pie junto con setenta mil judíos armados. En cuanto la mirada del venerable Isa se pose sobre él, comenzará a derretirse como la sal se disuelve en el agua. Entonces intentará huir. Isa (a.s.) dirá: “Recibirás de mi mano tal golpe que no podrás escapar”. Luego lo atrapará en la puerta oriental de Lud. Después, Allah Todopoderoso hará que los judíos sean derrotados… y el mundo se llenará de musulmanes tal como un recipiente se llena de agua. Entonces la profesión de fe de todo el mundo será una sola, y nadie será objeto de servidumbre y obediencia excepto Allah».—(Ibn Maya)

(En árabe****************************************página 447 del PDF)

«Uzmán ibn Abil As dice: Oí al Mensajero de Allah (s.a.s.) decir: “….. e Isa ibn Maryam (a.s.) descenderá al amanecer. El emir de los musulmanes le dirá: ¡Oh, Espíritu de Allah! Dirija usted la oración. Él responderá: ‘Los miembros de esta comunidad son, unos para otros, sus propios emires’. Entonces el emir de los musulmanes avanzará y dirigirá la oración. Al terminar la oración, Isa (a.s.) tomará sus armas y se lanzará contra el Dajjal. Lo matará, y su compañero huirá derrotado. Sin embargo, no encontrará refugio en ningún lugar. Los árboles y las plantas gritarán: ‘¡Oh, creyente! ¡El incrédulo está aquí!’”».—(Musnad Ahmad, Tabarani, Hakim)

(En árabe****************************************página 447 del PDF)

«Samura ibn Yuddur (r.a.) dice: El Profeta (s.a.s.) dijo: “Después, por la mañana, Isa ibn Maryam llegará entre los musulmanes. Allah derrotará al Dajjal y a sus tropas. Hasta las paredes y las raíces de los árboles gritarán: ‘¡Oh, creyente! Un incrédulo se esconde detrás de mí; ven y mátalo!’”».—(Musnad Ahmad, Hakim)

(Árabe****************************************en la página 448 del PDF)

«Imrán ibn Husayr (que Allah esté complacido con él) dijo: el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Siempre habrá entre mi comunidad un grupo que permanecerá firme en la verdad y será insoportable para sus adversarios. Después llegará la decisión del Altísimo Allah y descenderá Isa ibn Maryam”».–(Musnad Ahmad)

(Árabe****************************************en la página 448 del PDF)

«Aisha (que Allah esté complacido con ella), al referirse al relato del Dayyal, dijo: “Isa (la paz sea con él) descenderá y lo matará. Después permanecerá en el mundo durante cuarenta años como un imán justo y un gobernante recto”».–(Musnad Ahmad)

(Árabe****************************************en la página 448 del PDF)

«Shafinah, el esclavo liberado por el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), narró a propósito del relato del Dayyal: “Entonces Isa (la paz sea con él) descenderá y Allah, el Altísimo, destruirá al Dayyal cerca de la fortaleza de Afik [Afik, cuyo nombre actual es ‘Qayek’, es la última ciudad de Siria, situada en la frontera entre Siria e Israel. A unos pocos kilómetros al oeste, frente a ella, hay un lago llamado Tiberíades, del que nace el río Jordán. Hacia el suroeste, un camino inclinado entre las montañas desciende hasta una profundidad de mil quinientos a dos mil pies y llega a un lugar desde el cual el río Jordán sale del centro de Tiberíades. Este paso montañoso se llama Aqabat Afik o fortaleza de Afik.]”».–(Musnad Ahmad)

(Árabe****************************************en la página 448 del PDF)

«Hudhayfa (que Allah esté complacido con él), al referirse al Dayyal, dijo: “Después, cuando los musulmanes se pongan de pie para la oración, Isa ibn Maryam descenderá ante sus propios ojos. Él dirigirá la oración de los musulmanes. Después de terminar la oración con el saludo, dirá a la gente: ‘Apartaos de entre ese enemigo de Dios y yo’. Allah dará la victoria sobre el Dayyal y sus compañeros, y después sobre los musulmanes. Los musulmanes continuarán exterminándolos. Incluso los árboles y las piedras gritarán: ‘¡Oh, siervo de Allah! ¡Oh, siervo del Misericordioso! ¡Oh, musulmán! ¡Aquí hay un judío: matadlo!’. Así Allah los eliminará por completo. Los musulmanes vencerán, la cruz será destruida, el cerdo será exterminado y la yizia será abolida”».

[En al-Mustadrak de al-Hakim, y también en Muslim, aparece una versión resumida. El hafiz Ibn Hayar menciona este hadiz como sahih en Fath al-Bari (tomo 6, pág. 450).]

En total, estos veintiún hadices han sido consignados, a partir de catorce compañeros, en las colecciones de hadices más fiables. Aunque este tema aparece también en muchos otros hadices, no se han citado por temor a aumentar la extensión de la obra. Aquí solo se han citado los que son sumamente fiables en cuanto a su cadena de transmisión.

Es errónea la idea de ser una representación del Mesías (la paz sea con él)

Quienes estudien estos hadices podrán comprobar por sí mismos que en ellos no se menciona en absoluto ningún «Mesías prometido⁹», ni una «representación del Mesías», ni la «manifestación del Mesías», ni nada semejante. Tampoco hay lugar para pensar que, en esta época, una persona nacida de padre y madre pueda afirmar: «Yo soy ese Mesías cuya venida fue profetizada por el último Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)». Estos hadices anuncian de forma clara e inequívoca la venida de ese Isa (la paz sea con él) que, hace dos mil años, nació en el vientre de la venerable Maryam sin padre.

 

El Dajjal y su aparición

0

No se ha especificado el momento de la aparición del Dajjal

Al examinar en conjunto el contenido de todos los hadices transmitidos del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) acerca del Dajjal, queda claro que el conocimiento que Allah le concedió al Santo Profeta sobre este asunto se limitaba a que aparecería un gran opresor llamado Dajjal. Su descripción sería que poseería estas características. Sin embargo, no se le dijo al Profeta cuándo aparecería, dónde lo haría, ni si había nacido durante su vida o nacería en algún momento posterior.

Las diversas conjeturas del Profeta (s.a.s.)

De las discrepancias en el contenido de las declaraciones transmitidas en los hadices del Profeta (s.a.s.) sobre este asunto, así como de su manera de expresarse, resulta claramente que no las pronunció basándose en la revelación, sino a partir de conjeturas. En ocasiones sostuvo que el Dajjāl aparecería en Jorasán; en otras, dijo que sería en Isfahán. También dijo a veces que aparecería en algún lugar entre Siria e Irak. Respecto al muchacho judío que probablemente nació en Medina durante el segundo o tercer año de la Hégira, albergó la sospecha de que quizá él fuera el Dajjāl. En una última narración se cuenta que, en el noveno año de la Hégira, un sacerdote cristiano de Palestina llamado Tamim al-Dari llegó, aceptó el islam y relató al Profeta una historia. Dijo que una vez, durante un viaje por mar —probablemente por el mar de Roma o el mar Arábigo—, llegó a una isla deshabitada. Allí se encontró con un hombre extraño, quien afirmó ser el propio Dajjāl. El Profeta (s.a.s.) no vio razón para considerar falsa esta narración, pero expresó sus dudas y dijo: «Según sus palabras, hay que decir que el Dajjāl se encuentra en el mar de Roma o en el mar Arábigo; pero yo creo que aparecerá desde el este».

dos partes de las declaraciones del Santo Profeta

Si alguien contempla en conjunto estas diversas narraciones y está familiarizado con la ciencia del hadiz y con los principios fundamentales de la religión, no le resultará difícil comprender que las palabras del Santo Profeta (s.a.s.) sobre este asunto se dividen en dos partes.

La primera parte es que la aparición del Dajjāl ocurrirá ciertamente, que tendrá esas características y que provocará la fitna. Esta es una noticia absolutamente cierta que el Mensajero (s.a.s.) transmitió de parte de Allah. No existe discrepancia alguna entre las narraciones sobre este punto.

El carácter particular de la segunda parte

La segunda parte se refiere a dónde y cuándo aparecerá el Dajjāl y quién será esa persona. Las narraciones sobre esto no solo difieren entre sí, sino que además contienen dudas y emplean expresiones basadas en conjeturas. Por ejemplo, respecto a Ibn Sayyad, el Profeta (s.a.s.) le dijo a Umar: «Si este es el Dajjāl, tú no serás quien lo mate; y si no lo es, no tienes derecho a matar a un protegido no musulmán que ha recibido una garantía». O, como se relata en un hadiz, el Noble Profeta (s.a.s.) dijo: «Si aparece durante mi vida, yo me enfrentaré a él; y si aparece después de mí, mi Señor es el protector y auxiliador de todo creyente».

La importancia religiosa y fundamental de esta segunda parte no es, ni puede ser, igual a la de la primera. Se equivoca quien incluye los detalles de esta parte entre las creencias islámicas; más aún, tampoco es correcto afirmar la veracidad de cada uno de sus elementos. El Profeta había sospechado de Ibn Sayyad y pensaba que quizá él fuera el Dajjāl. Umar incluso juró que él era el Dajjāl; sin embargo, Ibn Sayyad se hizo musulmán, vivió en las Dos Ciudades Sagradas, murió siendo creyente en el islam y los musulmanes realizaron la oración fúnebre por él. Díganme ahora: ¿queda todavía algún fundamento para seguir sospechando de Ibn Sayyad? En aquel tiempo, el relato de Tamim al-Dari se consideró casi verdadero. Tamim al-Dari había visto, mil trescientos cincuenta años atrás, a aquel ser encadenado. ¿Acaso no basta que no haya aparecido durante todo este largo período para demostrar que no era cierta la información que le había dado a Tamim al-Dari acerca de que él era el Dajjāl? Ya en tiempos del Santo Profeta existía la sospecha de que el Dajjāl aparecería durante su vida o poco después de ella. Pero ¿no es cierto que han transcurrido mil trescientos cincuenta años y que el Dajjāl aún no ha aparecido? Considerar todo esto parte de las creencias islámicas, transmitirlo y narrarlo no puede calificarse ni de representación correcta del islam ni de conocimiento adecuado del hadiz. Ya he dicho que, en asuntos de este tipo, si algo no se realiza en la práctica conforme a la conjetura, la estimación o el temor del Profeta, ello no perjudica en absoluto la dignidad de la profecía. Tampoco afecta a la creencia en la impecabilidad del Profeta. La sharía tampoco nos obligó a creer en estas cuestiones. El Profeta explicó este principio fundamental en el hadiz sobre la polinización de las palmeras datileras.

Orientación a partir de las propias explicaciones del Profeta

En sus propias explicaciones se ha manifestado muchas veces cuáles de las palabras del Profeta se basaban en sus conjeturas, cuáles eran sus opiniones personales y cuáles se basaban en un conocimiento otorgado por Dios. Además, a menudo esto puede saberse por las circunstancias circundantes. Tomemos, por ejemplo, el hadiz relativo al Dajjal. Por las propias explicaciones del Profeta se sabe que no recibió de Allah ningún conocimiento acerca del lugar y el momento de la aparición del Dajjal ni acerca de su identidad. Su duda respecto de Ibn Sayyad era tan manifiesta que, en presencia del Profeta, Hazrat Umar (r.a.) llegó a jurar que él era el Dajjal. El Profeta no lo contradijo; sin embargo, cuando Hazrat Umar le pidió permiso para matarlo, el Profeta (s.a.) dijo:

(Árabe****************************************en la página 451 del PDF)

«Si él es realmente el Dajjal, no podrás dominarlo; y si no lo es, no hay ningún bien para ti en matarlo».—(Muslim, asunto del Dajjal

)

En otro hadiz, al mencionar al Dajjal, el Profeta (s.a.) dijo:

(Árabe****************************************en la página 451 del PDF)

«Si aparece durante mi vida, yo me enfrentaré a él. Y si aparece después de mi muerte, cada uno se enfrentará a él por su propia cuenta. Allah es el protector de todos los musulmanes después de mí».—(Muslim, asunto del Dajjal)

Cuando Tamim al-Dari relató al Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la historia de su encuentro con el Dajjal durante su viaje marítimo, él no la aceptó ni la consideró una mentira. Más bien, dijo: (Árabe*********************************************************)

«Me ha gustado el relato de Tamim. Coincide con lo que os digo acerca del Dajjal». Luego el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) añadió: (Árabe**********************************************************)

«No, más bien está en el mar de Sham o en el mar del Yemen. No, más bien hacia el este». Estas narraciones dejan clara por sí mismas su significación.

La profecía sobre el asesinato de Ammar ibn Yasir

La siguiente declaración del Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) acerca de Hadrat Ammar (que Allah esté complacido con él) era ampliamente conocida entre los Compañeros, y muchos de ellos la habían oído de boca del propio Profeta: «Un grupo rebelde te matará». —Esta narración ha sido registrada, entre otras colecciones de hadices, en el Musnad de Ahmad, al-Bujari, Muslim, al-Tirmidhi, al-Nasa’i, al-Tabarani, al-Bayhaqi y el Musnad de Abu Dawud, transmitida por Hadrat Abu Sa’id al-Judri, Abu Qatada al-Ansari, Umm Salama, Abd Allah ibn Mas’ud, Abd Allah ibn Amr ibn al-As, Abu Huraira, Uthman ibn Affan, Hudhayfa, Abu Ayyub, Abu Rafi, Juzayma ibn Zabit, Amr ibn al-As, Abu al-Yusr, Ammar ibn Yasir (que Allah esté complacido con todos ellos) y muchos otros Compañeros. Ibn Sa’d también la transmitió por varias cadenas en su obra al-Tabaqat.»

Ibn Abd al-Barr escribió en al-Isti’ab que se ha transmitido sucesivamente desde el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que un grupo rebelde mataría a Ammar ibn Yasir (que Allah esté complacido con él), y que este es uno de los hadices más auténticos.

Las diez señales de la proximidad de la Hora

Se ha transmitido de Muslim ibn Hudhayfa ibn Asid al-Gifari que el Noble Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «La Hora no llegará hasta que veáis diez señales: el humo, el Dajjal, la Bestia de la Tierra, la salida del sol por el oeste, el descenso de Jesús, hijo de María, la aparición de Gog y Magog, y tres grandes hundimientos de tierra (Land Slide): el primero en el este, el segundo en el oeste y el tercero en Arabia. Finalmente, surgirá un fuego terrible que expulsará a la gente hacia el lugar de la Resurrección. (Es decir, después de eso tendrá lugar la Hora)». En otro hadiz, al mencionar la aparición y el avance de Gog y Magog, el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo que en ese momento la Hora estaría tan próxima como el parto de una mujer encinta que no puede saber en qué instante dará a luz, si de noche o de día.

(árabe****************************************en la página 452 del PDF)

 

Capítulo 12 – La deshonestidad teórica de los orientalistas acerca del Corán y del Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)

[En las obras que estos orientalistas occidentales han producido sobre el islam, el Corán y la vida del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), han incluido innumerables afirmaciones absurdas e irracionales, que también han difundido bajo el atractivo nombre de investigación. Incluso en los escritos de autores moderados como William Muir se encuentran, dentro de esta investigación de mera apariencia, afirmaciones tan ridículas acerca del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y del islam que, a juicio de un lector imparcial, todo el conocimiento y la investigación de los orientalistas pierden su importancia. El primer objetivo de toda esta investigación de amplio alcance era levantar una barrera de nacionalismo estrecho y crear un velo para proteger a los cristianos de la influencia del islam, bajo la mentalidad originada por las guerras de las Cruzadas. Su segundo objetivo era inculcar ideas erróneas sobre el islam en quienes lo desconocían y arrojarlos a la duda y la incertidumbre. A pesar de todo esto, durante un siglo los orientalistas han desempeñado para nuestra clase moderna el papel de maestros acerca del islam y de la vida del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Y las personas inexpertas en el islam, al leer repetidamente sus escritos, han caído en dudas de todo tipo y han planteado por sí mismas objeciones contra su propia religión, creando así para todo amante de la verdad una ocasión para asombrarse y extraer una lección de ello.]

En el amplio trabajo de reorganización que el respetado autor de esta obra ha realizado, como intérprete del islam, en el ámbito del conocimiento islámico, en algunos puntos no tuvo más remedio que objetar los escritos de los orientalistas. Sin romper el cerco de errores de estos investigadores que distorsionan la verdad, no es posible conducir a la sociedad musulmana moderna y educada hasta las fuentes auténticas del islam.

Por ello, en los lugares donde el erudito autor, al escribir la biografía del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), señaló los errores y desaciertos de los orientalistas, hemos incorporado en este capítulo las partes necesarias, hasta donde nos ha sido posible advertirlas.

Antes de estudiar los temas incluidos en este capítulo, los lectores deben tener presente que el autor no ha realizado un análisis minucioso de todos los errores cometidos por los orientalistas acerca del islam y del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ni de todas las clases de falsedades que han generado. Esto se debe a que no se ha escrito ninguna obra completa ni ningún artículo dedicado exclusivamente a todas las obras de los orientalistas. Solo se han tratado los asuntos cuando y donde resultaba necesario y era posible. Las respuestas a muchas otras objeciones de los orientalistas acerca de la biografía del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) están incluidas en diversos capítulos, aunque no se hayan citado las palabras de quienes formularon esas objeciones.

Es necesario dejar claro aquí que, respecto al contenido de este capítulo, nos causó gran preocupación decidir en qué parte de la obra debía incluirse. Después de reflexionar, también lo incluimos entre los temas fundamentales. Pues, dado que los demás artículos de este volumen son tan importantes que su estudio resulta indispensable para comprender la vida del Profeta, el estudio de este artículo sobre los escritos de los orientalistas eliminará los obstáculos que se interponen en el camino de la comprensión de la Sira.

El primer apartado de este capítulo es muy breve, pero de significado amplio. Se ha separado este apartado, compuesto únicamente por unas pocas frases, para que la perspectiva del erudito autor quede claramente a la vista.–(Los compiladores)]

El método irracional de los orientalistas

Estas personas de naturaleza deshonesta deciden por sí mismas, antes de emprender cualquier investigación o indagación, que no se puede aceptar el Corán como un libro revelado por Alá. Luego buscan y reúnen pruebas y argumentos de aquí y de allá, y dicen que todo lo que el profeta Muhammad (la paz sea con él) pronunció en nombre del Corán no es más que material escrito e información robados de tal o cual lugar. En este método de investigación, recurren al engaño con tal desvergüenza y alborotan al mundo entero hasta tal punto que, al verlo, surge espontáneamente el desprecio, y uno se ve obligado a decir: si esto es lo que se llama conocimiento e investigación, entonces maldito sea ese conocimiento y maldita sea esa investigación.

La historia del monje Bahira

 

(Árabe***************************************página 456 del PDF)

«Quienes se negaron a escuchar las palabras del Profeta (la paz sea con él) dicen: “Esto, el Furqan, es algo inventado; este hombre lo ha fabricado por sí mismo y otras personas lo han ayudado en ello”. Lo que dicen es una enorme injusticia y una mentira. Dicen: “Son escritos de los antiguos que este hombre hace que le copien y que le leen por la mañana y por la tarde”. ¡Oh, Muhammad!, diles: “Lo ha hecho descender Aquel que conoce los secretos de los cielos y de la tierra. En verdad, Él es sumamente indulgente y misericordioso”». —(Sura Al-Furqan: 4-6)

Esta es la misma acusación que los orientalistas de nuestra época suelen formular contra el Corán.

¿Por qué no presentó esa acusación el pueblo del Profeta (la paz sea con él)?

Lo sorprendente es que ninguno de los enemigos contemporáneos del Profeta (la paz sea con él) dijo: «Cuando, de niño, te encontraste con el monje Bahira, aprendiste de él todas estas cosas». Tampoco dijeron: «Cuando, en tu juventud, viajabas al extranjero con fines comerciales, adquiriste entonces estos conocimientos de sacerdotes y monjes cristianos y de rabinos judíos». No dijeron tales cosas porque conocían de principio a fin las circunstancias de aquellos viajes. Él no hizo esos viajes solo, sino acompañado por su propia caravana. Sabían que, si lo acusaban de haber aprendido algo de alguien y de haberlo traído consigo, cientos de personas de su propia ciudad los llamarían mentirosos. Además, cualquier persona común de La Meca les habría dicho: «Si este hombre adquirió todos estos conocimientos de Bahira cuando tenía apenas doce o trece años, entonces no habría permanecido fuera en ningún otro lugar, sino que habría vivido entre nosotros. ¿Qué razón podría haber para que ocultara esos conocimientos hasta cumplir cuarenta años y para que, durante todo ese tiempo, no saliera de su boca ni una sola palabra que indicara que poseía conocimientos de ese tipo?»

Esta era la razón principal por la que los incrédulos de La Meca no se atrevieron a decir una mentira tan enorme y espantosa. Quizá dejaron esta tarea en manos de gente aún más desvergonzada de épocas posteriores.

¿Cuál era la acusación de los incrédulos de La Meca?

Lo que decían no se refería al período anterior a la profecía, sino al período en que se hacía el llamamiento a la profecía. Decían: «Este hombre es iletrado. No puede adquirir conocimiento estudiando por sí mismo, pues antes no había aprendido nada. Hasta cumplir los cuarenta años, no conocía ninguna de las cosas que hoy salen de sus labios. Entonces, ¿de dónde obtiene ahora todos estos conocimientos? La fuente de su conocimiento debe ser, sin duda, los libros de los pueblos anteriores. Durante la noche, alguien traduce y copia secretamente fragmentos de esos libros. Él hace que alguien se los lea, los memoriza y durante el día nos los recita».

Algunas fuentes narrativas permiten saber que, a este respecto, también mencionaban los nombres de ciertas personas que pertenecían a la Gente del Libro, sabían leer y escribir y vivían en La Meca. Sus nombres eran Addás (esclavo liberado de Huwaitib ibn Abd al-Uzza), Yasar (esclavo liberado de Alá ibn al-Hadrami) y Yabr (esclavo liberado de Amir ibn Rabi‘a).

A primera vista, parece una acusación bastante importante. ¿Qué acusación podría ser más importante que señalar el origen del conocimiento para rechazar la pretensión de la revelación? Sin embargo, uno se sorprende al instante al comprobar que, en respuesta a esta acusación, no se presentó ninguna prueba ni evidencia. Más bien, el asunto se da por concluido diciendo simplemente que se está cometiendo una injusticia manifiesta contra la verdad y creando una tormenta de falsedades. Estas son, pues, las palabras de Dios, quien conoce los misterios de los cielos y de la tierra.

¿No es sorprendente que, en un ambiente de oposición extrema, se formulara una acusación tan importante y se la rechazara con desprecio? ¿Acaso su acusación era realmente tan insignificante que bastaba responderle llamándola simplemente mentira e injusticia? Entonces, ¿cuál era la razón de que, después de esta breve respuesta, el público no exigiera una respuesta detallada y clara, ni surgiera ninguna duda en la mente de los nuevos musulmanes, y que nadie entre los opositores se atreviera a decir: «¡Miren! Como no tuvieron intención de responder a nuestra enorme acusación, se limitaron a eludirla diciendo “mentira e injusticia”»?

Encontramos la respuesta precisamente en el ambiente en el que los adversarios del islam formularon esta acusación.

[Para ofrecer esta respuesta, el autor ha consignado el análisis que aparece a continuación.—(Los compiladores)]

Primera revisión

A ellos, esos malvados que golpeaban uno por uno a los musulmanes y les hacían la vida insoportable, y de quienes se decía que traducían antiguos libros y hacían que el profeta Muhammad los memorizara, no les habría resultado nada difícil atacar por sorpresa sus casas y la del Profeta, sacar aquellos materiales y mostrárselos al público. Mientras se realizaba secretamente ese trabajo, podrían haberlos atacado, convocado a la gente y dicho: «¡Mirad, mirad! Aquí se están haciendo los preparativos para la profecía». Quienes podían mantener a Bilal (que Dios esté complacido con él) tendido sobre la arena ardiente no tenían ninguna ley que les impidiera actuar; de ese modo podrían haber eliminado para siempre la «sospecha» de la profecía de Muhammad. Sin embargo, se limitaron a protestas y objeciones verbales, y ni siquiera por un solo día adoptaron la medida decisiva mencionada anteriormente.

Segunda revisión

Las personas cuyos nombres mencionaban al hablar de quienes supuestamente traducían y le recitaban esas traducciones no eran forasteros, sino habitantes de la propia ciudad de La Meca. Sus capacidades tampoco eran desconocidas para nadie. Cualquier persona con un mínimo de sensatez podía observar qué clase de obra elevada había presentado el profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), qué alto nivel tenía su lenguaje, cuán noble era su literatura, cuán poderosos eran sus mensajes y qué altura alcanzaban sus ideas y sus exposiciones. Y ¿qué clase de personas eran aquellas de quienes se afirmaba que Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) había aprendido todo eso? Por esta razón, nadie concedió importancia alguna a sus acusaciones. Todos pensaban que, al formularlas, simplemente estaban desahogando su resentimiento. Y quienes no sabían nada acerca de esas personas podían, al menos, pensar: si realmente tenían tanta capacidad, ¿por qué no encendieron sus propias lámparas? ¿Qué necesidad tenían de proporcionar aceite a la lámpara de otro? ¿Y por qué hacerlo además tan secretamente que no les correspondería parte alguna de la fama de aquella obra?

Tercera revisión

Los esclavos liberados cuyos nombres se mencionaban en este asunto tampoco eran forasteros. En la vida tribal de Arabia, nadie podía sobrevivir sin el apoyo de alguna tribu poderosa. Incluso después de ser liberado, el esclavo seguía bajo la protección de su antiguo amo. El apoyo de su amo era el medio del que dependía para vivir en la sociedad. Ahora bien, si el profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) hubiera mantenido, gracias a esos esclavos liberados, un negocio de falsa profecía (¡Dios no lo permita!), entonces esas personas no podrían haber participado en aquella conspiración junto al Profeta con sinceridad ni con buenas intenciones. En última instancia, ¿podrían haberse convertido en colaboradores sinceros y respetuosos de aquel hombre que aprendía algo de ellos por la noche y durante el día proclamaba ante todos que había recibido la revelación de Dios? Podrían haberlo ayudado por alguna tentación o interés personal; pero ¿puede una persona sensata imaginar que esos hombres, provocando el descontento de sus protectores, se hicieron partícipes de la conspiración del profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él)? Ese hombre era maldecido y despreciado por toda la nación y era objeto de la hostilidad de todos. ¿Con qué tentación se habrían unido a él? ¿Con la esperanza de obtener qué beneficio de aquel hombre perseguido habrían aceptado el perjuicio de separarse de sus protectores? Además, hay que considerar que esos protectores tenían la oportunidad de obtener de ellos, mediante golpes, una confesión de la conspiración. ¿Por qué no aprovecharon esa oportunidad? ¿Y por qué toda la nación no hizo que aquellos esclavos confesaran que ese hombre había aprendido de ellos y, gracias a ello, había hecho florecer su negocio de la profecía?

Cuarta revisión

Lo más sorprendente de todo es que todos ellos creyeron en el profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y le profesaron una devoción y un respeto incomparables, como los que le profesaban los nobles compañeros (que Dios esté complacido con ellos). ¿Es posible que quienes habían participado en su conspiración no solo creyeran en una profecía falsa y fruto de una conspiración (¡Dios no lo permita!), sino que además creyeran en ella con profunda devoción y respeto? Y supongamos que eso hubiera sido posible: sin duda habrían gozado de una posición especial entre los creyentes. ¿Cómo habría sido posible que el negocio de la profecía funcionara gracias a Addas, Yasar y Yabr, mientras que la mano derecha del Profeta fuera Abu Bakr (que Dios esté complacido con él), Umar (que Dios esté complacido con él) y Abu Ubayda (que Dios esté complacido con él)?

Más sorprendente aún es que, si con la ayuda de algunas personas se fabricaban en secreto por la noche los materiales necesarios para esta empresa, ¿cómo podía permanecer oculto este hecho para Zayd ibn Haritha (que Dios esté complacido con él), Ali ibn Abi Talib (que Dios esté complacido con él), Abu Bakr al-Siddiq (que Dios esté complacido con él) y los demás compañeros, que permanecían día y noche junto al profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) como su sombra?

Quienesquiera que oyeran esta acusación no le daban ninguna importancia. Por eso no fue mencionada en el Corán como una acusación importante que requiriera respuesta. Más bien, se mencionó para mostrar hasta qué punto ellos se oponían ciegamente a la verdad y cuán decididos estaban a mentir y cometer injusticias.

Análisis de tres relatos del Corán

Los orientalistas, tras estudiar tres relatos del Corán, han alegado que el profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) recopiló esos datos de algún otro lugar y los presentó como propios.

Antes de exponer las acusaciones y objeciones de estos orientalistas, es necesario conocer esos relatos. De lo contrario, será difícil comprender la discusión que sigue. —(Los compiladores)

Primero: el viaje de Hazrat Musa (la paz sea con él) a la confluencia de los ríos

 

(Árabe***************************************en la página 460 del PDF)

«(Nárrales este relato) cuando Musa (la paz sea con él) dijo a su siervo: “No dejaré de viajar hasta llegar a la confluencia de los dos ríos, aunque tenga que seguir caminando durante mucho tiempo”». —(Sura al-Kahf: 60)

El propósito de relatar esta historia en este punto es informar tanto a los incrédulos como a los musulmanes acerca de una verdad profunda. Y es esta: de lo que aparentemente sucede en el mundo se suele extraer una conclusión completamente errónea. Pues el profundo misterio con el que Allah obra permanece oculto a los ojos del espectador. El progreso de los opresores y el sufrimiento de los inocentes, la lluvia de riquezas sobre los pecadores y las calamidades que afrontan los virtuosos, el bienestar y los placeres de los transgresores y la desdicha de los piadosos: tal es el espectáculo que se manifiesta diariamente ante los ojos de la gente. Como las personas desconocen el misterio de todo ello, normalmente surgen en sus corazones dudas e incluso ideas equivocadas. El opresor incrédulo llega a la conclusión de que el mundo es un escenario de anarquía, que no tiene dueño ni soberano; y que, si lo tiene, es impotente. Aquí cada cual hace lo que quiere y nadie le pide cuentas. El creyente se debilita. En tal situación, Allah mostró al profeta Moisés (la paz sea con él) algunos destellos de luz, descorriendo ante él el velo de los misterios de Sus actos, para que comprendiera cómo y con qué propósito ocurre todo cuanto sucede día y noche en el mundo, y cómo el aspecto externo de los acontecimientos difiere de su dimensión interna.

Relato detallado de la historia

El Corán no ofrece ninguna explicación sobre cuándo y dónde ocurrió este episodio del profeta Moisés (la paz sea con él). No obstante, existe una narración de Awfi en un hadiz. Citando una declaración de Ibn Abbas, afirma que este episodio tuvo lugar cuando el profeta Moisés (la paz sea con él), después de la destrucción del Faraón, había reasentado a su pueblo en Egipto; pero la sólida narración de Ibn Abbas citada en Bujari y en otras obras no respalda el relato anterior

(Hay un mapa en la página 401 del PDF**********************************************************)

Mapa relativo al relato del profeta Moisés y Jidr (la paz sea con él)

No lo respalda. Tampoco se encuentra en ninguna otra fuente prueba de que, después de la destrucción del Faraón, el profeta Moisés (la paz sea con él) permaneciera algún tiempo en Egipto. Por el contrario, el Corán afirma claramente que, después de salir de Egipto, pasó toda su vida en los valles del Sinaí y de Tayma. Por ello, este relato no es aceptable. Sin embargo, cuando prestamos atención a los detalles de esta historia, se hacen evidentes dos asuntos. El primero es que estas experiencias le fueron mostradas al profeta Moisés (la paz sea con él) en la etapa inicial de su profecía, pues al comienzo de la misión profética los profetas necesitan este tipo de enseñanza y formación.

El segundo es que el profeta Moisés (la paz sea con él) necesitó este tipo de experiencias cuando los Hijos de Israel se enfrentaban en Egipto a una situación exactamente igual a la que los musulmanes habían afrontado en La Meca. Nuestra opinión es que, por estas dos razones —Allah conoce la realidad mejor—, este episodio tuvo lugar cuando los Hijos de Israel sufrían en Egipto la opresión y la tiranía del Faraón, y el Faraón y sus cortesanos, al igual que los jefes de Quraysh, pensaban que, puesto que ningún castigo les había llegado, no había nadie por encima de ellos que pudiera pedirles cuentas. Del mismo modo que los musulmanes oprimidos de La Meca, los musulmanes oprimidos de Egipto preguntaban angustiados: «¡Oh Dios! ¿Hasta cuándo disfrutarán estos opresores de felicidad y riquezas, mientras nosotros sufrimos calamidades y desgracias?». Incluso Moisés (la paz sea con él) exclamó:

(Árabe***************************************página 462 del PDF)

«¡Oh Señor! Has dotado al Faraón y a sus dignatarios de poder, influencia y riquezas en la vida mundana. ¡Oh Dios! ¿Acaso les has concedido esto para que extravíen a la gente del mundo?»

Si mi suposición es correcta, puede pensarse que quizá el viaje de Moisés (la paz sea con él) se dirigió hacia Sudán, y que la confluencia de los dos ríos se refiere al lugar donde, cerca de la actual ciudad de Jartum, las dos ramas del Nilo desembocan en el mar Mediterráneo.

El relato del Talmud

La Biblia guarda absoluto silencio sobre este acontecimiento. Sin embargo, este relato aparece en el Talmud, aunque el acontecimiento se atribuye al rabino Yohanan ben Labai en lugar de a Moisés (la paz sea con él). El relato dice así: cuando ocurrió este acontecimiento, dicho rabino se encontraba con el profeta Elías (la paz sea con él), quien, después de ser llevado vivo de este mundo, fue incorporado a los ángeles, con quienes estaba, después de ser llevado vivo de este mundo, y fue incorporado a los ángeles, con quienes estaba, después de ser llevado vivo de este mundo, y fue incorporado a los ángeles. Luego fue encargado de administrar los asuntos del mundo.

(The Talmud Selections, de H. Polano, pp. 313-316).

Es posible que, al igual que los acontecimientos anteriores al éxodo de Egipto, este acontecimiento tampoco se conservara correctamente en los libros de los Hijos de Israel, y que varios siglos después ellos unieran partes del relato, trasladándolas de un lugar a otro. Influenciados por este relato del Talmud, algunos musulmanes llegaron a decir que el Moisés mencionado aquí no era el profeta Moisés (la paz sea con él), sino otro Moisés. Pero no se puede considerar que cada relato del Talmud sea historia exacta, ni existe razón válida alguna para suponer que el Corán menciona de ese modo a un Moisés desconocido. Además, cuando en los hadices fidedignos, según el relato de Ubayy ibn Ka‘b, se ve que el propio Noble Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), al explicar esta historia, se refería con «Moisés» al profeta Moisés de los Hijos de Israel (la paz sea con él), ningún musulmán puede aceptar el relato del Talmud.

Los orientalistas, conforme a su inclinación habitual, también han intentado investigar el origen de este relato coránico y han identificado tres historias, afirmando que el profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) copió de ellas para elaborar este relato y luego afirmó que le había sido revelado mediante la revelación divina. De las tres, una es la epopeya de Gilgamesh, la segunda es el Alejandro-nama siríaco y la tercera es el relato judío mencionado anteriormente.

Cuatro preguntas para interrogar a los orientalistas

Bastaría con exigirles respuesta a las siguientes cuatro preguntas para que quedara al descubierto la falsedad de su propaganda hostil:

Primero: ¿Qué pruebas tienen ustedes para afirmar, simplemente porque han encontrado en dos o cuatro libros antiguos algunas cosas que coinciden con el Corán, que el relato coránico fue tomado de ellos?

Segundo: Si se elaborara una lista de todos los libros escritos en distintas lenguas que ustedes han señalado como fuentes de los relatos y narraciones del Corán, esa lista se convertiría en el catálogo de una biblioteca. ¿Existía entonces en La Meca una biblioteca semejante? Y si ustedes sostienen esto basándose únicamente en que el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) realizó dos o tres viajes fuera de Arabia, cabe preguntar: durante aquellos viajes de negocios, ¿cuántas bibliotecas copió o memorizó? Además, ¿por qué hasta el día anterior a su proclamación de la profecía no se encontraba en sus palabras el menor indicio de que hubiera adquirido semejantes conocimientos?

Tercero: Los incrédulos de La Meca, los judíos y los cristianos investigaban, igual que ustedes, de dónde estaba tomando el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) aquellas palabras. Si estaba diciendo cosas robadas, ¿por qué sus contemporáneos no lograron descubrirlo? Se les desafiaba repetidamente, diciéndoles que este Corán había sido revelado por Dios y que no tenía otra fuente que la revelación. Se les decía: «Si afirmáis que son palabras humanas, demostrad entonces que un ser humano puede decir algo semejante». Este desafío quebró la resistencia de los enemigos contemporáneos del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Sin embargo, no pudieron identificar ni una sola fuente de la que pudiera haber emanado el Corán y que una persona sensata pudiera siquiera sospechar que fuera su origen, mucho menos creerlo.

Ahora bien, la pregunta es: ¿por qué fracasaron los contemporáneos en descubrir esta teoría, y cómo es que hoy, trece o catorce siglos después, quienes albergan hostilidad hacia el islam han alcanzado éxito en este asunto?

Cuarto: La última pregunta, y la más importante, es que también existe la posibilidad de que el Corán sea un Libro revelado por Allah y que proporcione información verídica sobre hechos de épocas pasadas que, tras sufrir alteraciones durante varios siglos en forma de relatos orales, llegaron a la gente convertidos en cuentos y leyendas. ¿Con base en qué pruebas razonables se descartó esta posibilidad? ¿Por qué se tomó como fundamento de la discusión y de la investigación únicamente la posibilidad de que los relatos del Corán hubieran sido compuestos a partir de aquellos hechos que existían entre la gente, en forma de cuentos y leyendas transmitidos oralmente? Aparte de la hostilidad y la enemistad religiosas, ¿puede haber alguna otra razón para ello?

Al reflexionar profundamente sobre estas preguntas, no queda más remedio que llegar a la conclusión de que cuanto han presentado los orientalistas en nombre de la «adquisición de conocimiento» no constituye, en realidad, una búsqueda digna de tal nombre.

Segundo: La determinación del faraón de matar a Moisés (la paz sea con él)

(Árabe****************************************en la página 464 del PDF)

«Un día, el faraón dijo a los miembros de su consejo: “Dejadme; voy a matar a Moisés, y que él invoque a su Señor”». —(Sura Al-Mu’min: 26).

El acontecimiento narrado desde este versículo hasta el versículo 45 es un episodio sumamente importante de la historia de los Hijos de Israel, que ellos han olvidado por completo. No hay ninguna mención de este acontecimiento en la Biblia ni en el Talmud. Tampoco se encuentra rastro alguno de él en sus demás relatos. Fue únicamente a través del Corán que el mundo entero supo que este acontecimiento tuvo lugar durante el enfrentamiento entre el faraón y Moisés (la paz sea con él).

La importancia de este relato desde la perspectiva de la prédica de la verdad

Toda persona que no albergue una ciega hostilidad hacia el islam y el Corán, al leer este relato, sentirá sin duda que es sumamente importante desde la perspectiva de la prédica islámica. No sería irrazonable suponer que, influido por la personalidad de Moisés (la paz sea con él), por su predicación y por los milagros realizados por él, alguno de los miembros del consejo del propio faraón hubiera abrazado la fe en secreto y que, al ver al faraón dispuesto a matar a Moisés (la paz sea con él), no hubiera podido permanecer callado. Sin embargo, no es difícil comprender que los orientalistas occidentales, pese a sus grandilocuentes pretensiones de conocimiento e investigación, intentan ocultar, impulsados por una ciega hostilidad, la evidente veracidad del Corán. En el artículo titulado «Moisés» de la Encyclopaedia of Islam, su autor dice lo siguiente acerca de este relato: «Un musulmán de la corte del faraón intentó proteger a Moisés (la paz sea con él)». —Este relato coránico no es claro (sura 40, versículo 28). ¿Debemos compararlo con el relato de la Haggadá, donde se afirma que Hithro aconsejó al faraón mostrar clemencia y generosidad?

La confusión creada por quienes se proclaman investigadores

Quienes se proclaman investigadores parecen haber decidido firmemente que deben encontrar un error en cada palabra del Corán. Si no se encuentra ninguna base para señalar un error en alguna afirmación coránica, al menos hay que sembrar suficiente confusión para hacer creer que la afirmación no es clara. Después, hay que suscitar gradualmente en la mente de los lectores la sospecha de que el episodio de Hithro narrado en la Haggadá, anterior al nacimiento de Moisés (la paz sea con él), fue escuchado por el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) en algún lugar y que él lo relató después de esa manera. Este es el tipo de «investigación» que estas personas han adoptado respecto al islam, el Corán y el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz).

Tercero: Objeción sobre el período de permanencia en la cueva en el relato de los Compañeros de la Cueva

Algunos orientalistas se niegan a aceptar que este relato sea semejante al de los Compañeros de la Cueva porque en el Corán se afirma que permanecieron en ella trescientos nueve años; sin embargo, en la nota 25 de esta sura hemos analizado que, en la aleya 25, la afirmación de que los Compañeros de la Cueva permanecieron trescientos o trescientos nueve años es, según nuestro criterio, una declaración de la gente, no una declaración de Allah, exaltado sea. La prueba de ello es que en la aleya siguiente Allah mismo dice: «Di: Allah sabe mejor cuánto tiempo permanecieron en la cueva». Si Allah mismo hubiera mencionado trescientos nueve años, esta afirmación no tendría sentido. Basándose en este argumento, el honorable Abd Allah ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) adoptó la interpretación de que no se trata de una declaración de Allah, sino de una declaración de la gente.

La audacia de Gibbon

Existen algunas pequeñas diferencias entre el relato siríaco y el relato coránico, y basándose en ellas Gibbon acusó al profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de «ignorancia». Sin embargo, él mismo sabe, respecto del relato en el que depositó su confianza y que le llevó a mostrar semejante audacia, que un habitante de Siria puso por escrito este acontecimiento treinta o cuarenta años después de que ocurriera. Durante un período tan largo, es inevitable que el relato transmitido oralmente de un país a otro sufra algunas alteraciones. Considerar que un relato de esta naturaleza es literalmente verdadero y que cualquier discrepancia en él constituye un error del Corán es propio únicamente de esos individuos temerarios que, cegados por el odio religioso, ignoran las exigencias elementales del conocimiento y la razón.

El testimonio de los escritores cristianos

El testimonio más antiguo de este relato se encuentra en un sermón de un sacerdote cristiano de Siria llamado Jacobo de Sarug, escrito en lengua siríaca. Este hombre nació en el año 452 d. C., unos años después de la muerte de los habitantes de la cueva, y compuso este sermón cerca del año 474. En él ofreció un relato detallado de este acontecimiento. Por un lado, este relato siríaco llegó a manos de los comentaristas del Corán de los primeros tiempos; Ibn Jarir al-Tabari lo citó en su exégesis a través de diversas cadenas de transmisión. Por otro lado, el relato llegó también a los europeos, fue traducido al griego y al latín, y se publicaron sus comentarios. En el capítulo XXIII de su obra titulada «Historia de la decadencia y caída del Imperio romano», en el ensayo titulado «Los siete durmientes», Gibbon presentó, basándose en la fuente mencionada, un relato de esta historia que coincide tanto con el de nuestros comentaristas que parece que ambos relatos proceden de una misma fuente. Por ejemplo, nuestros comentaristas dicen que el gobernante de cuya opresión y persecución se refugiaron los Compañeros de la Cueva en una gruta montañosa se llamaba Daqyanus o Damyus. Gibbon dice que se llamaba el César Decio (Decius), quien gobernó el Imperio romano desde el año 249 hasta el 251 d. C. y cuyo reinado quedó marcado por la persecución de los seguidores de Jesús (la paz sea con él). Nuestros comentaristas llaman Éfeso a la ciudad donde ocurrió el acontecimiento, mientras que Gibbon la llama Éfesis (Ephesus). Era una gran ciudad y puerto romano situada en la costa occidental de Asia Menor; sus ruinas todavía pueden verse al sur de la actual ciudad turca de Esmirna, a una distancia de treinta o cuarenta millas. Después, respecto del gobernante durante cuyo reinado despertaron los Compañeros de la Cueva, nuestros comentaristas dicen que se llamaba Teodosio, mientras que Gibbon lo identifica con el César Teodosio II (Theodosius). Tras adoptar el cristianismo, fue César de Roma desde el año 408 hasta el 450 d. C. La semejanza entre ambos relatos era tan grande que, después de que los habitantes de la cueva despertaran, aquel a quien enviaron al mercado a comprar alimentos es llamado Yamlikha por los comentaristas y Jamblico (Jamblichus) por Gibbon.

Concordancia entre dos relatos divergentes

Los detalles de la historia son iguales en ambos relatos. Su resumen es el siguiente: durante el reinado del César Decio, cuando los cristianos sufrían una terrible persecución, siete jóvenes se refugiaron en una gruta montañosa. Después despertaron en el trigésimo octavo año del reinado del César Teodosio, es decir, en el año 445 o 446 d. C. Para entonces, todo el Imperio romano se había convertido en seguidor de Jesús (la paz sea con él). Según este cálculo, permanecieron en la cueva aproximadamente 196 años.

 

Guía

1. El movimiento por la independencia de la India y los musulmanes, tomo 2, pp. 177-178

2. Introducción a Tafhim ul Corán

3. Tafhim ul Corán, sura Al-A‘raf, nota 135

4. Tafhimat, tomo 1, pp. 9-17

5. Tafhim ul Corán, sura An-Nahl, nota 9

6. Tafhim ul Corán, sura An-Nahl, nota 10

7. Tafhim ul Corán, sura An-Nahl, nota 14

8. Tafhim ul Corán, sura Ta-Ha, nota 23

9. Diniyat (Introducción al islam), pp. 52-55

10. Tafhim al-Qur’an, sura al-Báqara, nota 23

11. Diniyat (Introducción al islam), pp. 52-55

12. Tafhim al-Qur’an, sura Yunus, nota 74

13. Tahrik-e Azadi-e Hind aur Musalman, tomo 2, pp. 105-106 (El movimiento de independencia del subcontinente y los musulmanes)

14. Tafhim al-Qur’an, sura Al Imrán, nota 48

15. Tafhim al-Qur’an, sura an-Nisá, nota 208

16. Tafhim al-Qur’an, sura an-Nisá, nota 94

17. Tafhim al-Qur’an, sura At-Tawba, nota 32

18. Tafhim al-Qur’an, sura Al-A’raf, nota 44

19. Tafhim al-Qur’an, sura Al-A’raf, nota 44

20. Tafhim al-Qur’an, sura Al-A’raf, nota 88

21. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Qasas, nota 66

22. Tafhim al-Qur’an, sura An-Nisa, nota 94

23. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Kahf, nota 94

24. Tafhim al-Qur’an, sura Aal Imran, nota 17

25. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Anbiya, nota 91

26. Rasayel o Masayel, tomo 1, pp. 25-27

27. Rasayel o Masayel, tomo 1, pp. 34-36

28. Tafhim al-Qur’an, sura At-Tahrim, introducción

29. Tafhim al-Qur’an, sura Bani Isra’il, nota 1

30. Tafhim al-Qur’an, sura Yusuf, nota 66

31. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Anbiya, nota 49

32. Tafhim al-Qur’an, sura Hud, nota 50

33. Tafhim al-Corán, sura Yusuf, nota 22

34. Tafhim al-Corán, sura Al-Anbiya, nota 70

35. Tafhim al-Corán, sura Al-Anbiya, nota 87

36. Tafhim al-Corán, sura An-Nisa, nota 204

37. Tafhim al-Corán, sura Ash-Shura, nota 1

38. Tafhim al-Corán, sura An-Nahl, nota 56

39. Tafhim al-Corán, sura Ash-Shura, nota 81

40. Rasā’il wa Masā’il, vol. 2, pp. 348-351

41. Tafhim al-Qur’an, sura As-Saffat, nota 60

42. Tafhim al-Qur’an, sura An-Nahl, nota 56

43. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Qasas, nota 10

44. Tafhim al-Qur’an, sura An-Nisa, nota 204

45. Tafhim al-Qur’an, sura Yunus, nota 20

46. Tafhim al-Qur’an, sura Hud, nota 13

47. Tafhim al-Qur’an, sura Ash-Shura, nota 83

48. La cuestión política y sus aspectos políticos, religiosos y civilizacionales, pp. 247-250

49. Tafhim al-Qur’an, sura Yunus, nota 21

50. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Qasas, nota 64

51. Tafhim al-Qur’an, sura Ar-Ra’d, nota 31

52. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Hajj, nota 110

53. Tafhim al-Qur’an, sura Hud, nota 34

54. Tafhim al-Qur’an, sura An-Nahl, nota 3

55. Tafhim al-Qur’an, sura Bani Isra’il, nota 103

56. Tafhim al-Qur’an, sura Ash-Shura, nota 83

57. Tafhim al-Qur’an, sura Al-An‘am, nota 61

58. Tafhim al-Qur’an, sura Ash-Shura, nota 25

59. Tafhim al-Qur’an, sura As-Sajdah, nota 5

60. Tafhim al-Qur’an, sura Fatir, nota 71

61. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Bayyinah, nota 3

62. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Bayyinah, nota 3

63. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Bayyinah, introducción

64. Diniyat (Introducción al islam), págs. 57-60

65. Tafhim al-Qur’an, sura Az-Zujruf, nota 4

66. Tafhimat, tomo 1, pp. 238-255

67. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Ankabut, nota 91

68. Tafhim al-Qur’an, sura Yunus, nota 88

69. Tafhim al-Qur’an, sura Yunus, nota 89

70. Tafhim al-Qur’an, sura Yunus, nota 90

71. Tafhim al-Qur’an, sura Yunus, nota 21

72. Tafhim al-Qur’an, sura Ash-Shura, nota 84

73. Tafhim-ul-Qur’an, sura Al-Qasas, nota 109

74. Tafhim-ul-Qur’an, sura Al-Báyyina, nota 4

75. Tafhim-ul-Qur’an, sura As-Sajdah, nota 1

76. Tafhim-ul-Qur’an, sura As-Saff, nota 7

77. Tafhim-ul-Qur’an, sura Al-A’raf, nota 113

78. Tafhim-ul-Qur’an, sura As-Saff, nota 8

79. Discursos radiofónicos, págs. 13-19

80. Discursos radiofónicos, págs. 28-38

81. Rasā’il wa Masā’il, tomo 3, p. 149

82. Diniyat (Introducción al islam), pp. 55-57, 71-72

83. Diniyat (Introducción al islam), pp. 71-75

84. Tafhim al-Qur’an, sura Saba, nota 47

85. Tafhim al-Qur’an, sura Fátir, notas 44-45

86. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Anbiya, nota 100

87. Tafhim al-Qur’an, sura Yunus, nota 55

88. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Furqan, nota 66

89. Tafhimul Corán, sura Al-Furqan, nota 4

90. Tafhimul Corán, sura Al-Anbiya, nota 1

91. Tafhimul Corán, sura Ali Imrán, nota 69

92. Tafhimul Corán, sura Al-A’raf, nota 28

93. Tafhimul Corán, sura Al-Ahzab, nota 15

94. Tafhimul Corán, sura Yunus, nota 23

95. Rasa’il wa Masa’il, tomo 2, págs. 321-329

96. Rasa’il wa Masa’il, tomo 2, págs. 329-335

97. Rasā’il wa Masā’il, tomo 1, págs. 30-32

98. Rasā’il wa Masā’il, tomo 1, apéndice

99. Rasā’il wa Masā’il, tomo 3, págs. 164-167

100. Rasā’il wa Masā’il, tomo 3, págs. 151-154

101. Rasā’il wa Masā’il, tomo 3, págs. 154-157

102. Rasā’il wa Masā’il, tomo 3, págs. 157-162

103. Tafhīmāt (resumen), tomo 1, págs. 158-162

104. Tafhīmāt (resumen), tomo 1, págs. 98-113

105. Tafhimat, vol. 1, pp. 288-317

106. Tafhimat, vol. 1, pp. 273-281

107. La Sunna como autoridad jurídica, pp. 78-85, y Tafhim al-Qur’an, sura an-Nahl, nota 40

108. La Sunna como autoridad jurídica, pp. 78-85

109. El mensaje islámico, pp. 465-466

110. Tafhim al-Qur’an, sura an-Nisa, nota 89

111. Tafhim al-Qur’an, sura al-Qiyamah, nota 13

112. La Sunna como autoridad jurídica, pp. 93-95

113. La condición jurídica de la Sunna, pág. 121

114. La condición jurídica de la Sunna, págs. 121-125

115. Tafhim al-Qurán, sura Al-Yumu’a, nota 14

116. Tafhim al-Qurán, sura Al-‘Alaq, nota 10

117. Tafhim al-Qurán, sura Bani Isra’il, nota 107

118. Tafhim al-Qurán, sura Al-Furqan, notas 14-16

119. Tafhim al-Qurán, sura Al-An’am, nota 31

120. Tafhim al-Qurán, sura An-Nahl, nota 40

121. Tafhim al-Qur’an, sura Bani Israil, nota 108

122. Tafhim al-Qur’an, sura Al-A’raf, nota 10

123. Tafhim al-Qur’an, sura Hud, nota 37

124. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Mu’minun, nota 26

125. Tafhim al-Qur’an, sura Hud, nota 31

126. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Mu’minun, nota 26

127. Tafhim al-Qur’an, sura Ibrahim, nota 21

128. Tafhim al-Qur’an, sura Ibrahim, nota 19

129. Tafhim al-Qur’an, sura Yasin, nota 107; Bani Israil, nota 95

130. Tafhim al-Qur’an, sura Yasin, nota 95

131. Tafhim al-Qur’an, sura Yusuf, nota 79

132. Tafhim al-Qur’an, sura Al-An’am, nota 32

133. Tafhim al-Qur’an, sura Ar-Ra’d, nota 56

134. Tafhim al-Qur’an, sura Ha-Mim as-Sajdah, nota 19

135. Tafhim al-Qur’an, sura Az-Zujruf, nota 30

136. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Furqan, nota 14

137. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Furqan, nota 29

138. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Anbiya, nota 9

139. El movimiento de independencia de la India y los musulmanes, vol. 1, págs. 109-115 (El movimiento de independencia del subcontinente y los musulmanes)

140. La religión de la verdad, págs. 3-38

141. Tafhim al-Qur’an, sura Hud, nota 97

142. Tafhim al-Qur’an, sura Hud, nota 69

143. Renovación y revitalización de la religión, págs. 13-34

144. Tafhim al-Qur’an, sura Ash-Shura, nota 20; sura Yusuf, nota 60; sura Az-Zumar, nota 3; Las cuatro terminologías fundamentales del Corán, págs. 129-143, 52-56 (Los cuatro términos fundamentales del Corán)

145. Tafhim al-Qur’an, sura Al-A’raf, nota 87

146. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Kahf, nota 23

147. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Ankabut, nota 22

148. Tafhim al-Qur’an, sura Al-A’raf, nota 58

149. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Baqarah, notas 293-95

150. Tafhim al-Qur’an, sura Sad, nota 43

151. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Mu’minun, nota 39

152. Tafhim al-Qur’an, sura Al-A’raf, nota 90

153. Tafhim al-Qur’an, sura Al-A’raf, nota 94

154. Tafhim al-Qur’an, sura Al-A’raf, nota 95

155. Tafhim al-Qur’an, sura Al-A’raf, nota 96

156. Tafhim al-Qur’an, sura Bani Isra’il, nota 113

157. Tafhim al-Qur’an, sura Bani Isra’il, nota 115

158. Tafhim al-Qur’an, sura Ta-Ha, nota 53

159. Tafhim al-Qur’an, sura Ash-Shu’ara, nota 47

160. Tafhim al-Qur’an, sura Ta-Ha, nota 59

161. Tafhim-ul-Qur’an, sura An-Naml, nota 21

162. Tafhim-ul-Qur’an, sura Al-Mu’minun, nota 43

163. Tafhim-ul-Qur’an, sura Maryam, nota 16

164. Tafhim-ul-Qur’an, sura Al-Mu’minun, nota 17

165. Tafhim-ul-Qur’an, sura Al-Mu’minun, nota 19 (a)

166. Tafhim-ul-Qur’an, sura Al-Mu’minun, nota 20

167. Tafhim-ul-Qur’an, sura Al-Mu’minun, nota 20 (a)

168. Tafhim-ul-Qur’an, sura Al-Mu’minun, nota 21

169. Tafhim al-Qur’an, sura Al-A’raf, notas 151-152

170. Tafhim al-Qur’an, sura Al-An’am, nota 23

171. Tafhim al-Qur’an, sura Ta-Ha, nota 116

172. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Ankabut, nota 88

173. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Ankabut, nota 91

174. Tafhim al-Qur’an, sura Ar-Ra’d, nota 47

175. Tafhim al-Qur’an, sura Ash-Shu’ara, nota 3

176. Tafhim al-Qur’an, sura Ash-Shu’ara, nota 5

177. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Qamar, nota 1

178. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Muddassir, nota 36; sura Al-Baqarah, nota 281

179. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Baqarah, nota 282

180. Tafhim al-Qur’an, sura Al-An’am, nota 33

181. Tafhim al-Qur’an, sura Yunus, nota 24

182. Tafhim al-Qur’an, sura Yunus, nota 24

183. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Mu’min, nota 32

184. Tafhim al-Qur’an, sura Maryam, nota 52

185. Tafhimul Qur’an, sura Ta-Ha, notas 85-86

186. Tafhimul Qur’an, sura Al-Kawthar, nota 1

187. Tafhimul Qur’an, sura An-Naba, nota 25

188. Tafhimul Qur’an, sura Al-Anbiya, nota 27

189. Tafhimul Qur’an, sura Saba, nota 40

190. Tafhimul Qur’an, sura Saba, nota 41

191. Tafhimul Qur’an, sura Ad-Dukhan, nota 37

192. Tafhimul Qur’an, sura Hud, nota 84

193. Tafhim al-Qur’an, sura Hud, nota 106

194. Tafhim al-Qur’an, sura Hud, nota 106

195. Tafhim al-Qur’an, sura An-Nahl, nota 64

196. Tafhim al-Qur’an, sura An-Nahl, nota 79

197. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Hajj, notas 124-125

198. Tafhim al-Qur’an, sura Az-Zumar, nota 62

199. Tafhim al-Qur’an, sura An-Najm, nota 21

200. Tafhim al-Qur’an, sura Ar-Ra’d, nota 19

201. Tafhim al-Qur’an, sura Sura Al-Munafiqun, notas 13 y 14

202. Rasail wa Masa’il, tomo 2, pp. 329-350

203. Tafhim al-Qur’an, sura Ad-Duha, nota 4

204. Tafhim al-Qur’an, sura Ad-Duha, nota 5

205. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Yumu’a, nota 6

206. Tafhim al-Qur’an, introducción a la sura Ad-Duha

207. Tafhim al-Qur’an, sura Alam Nashrah, nota 2

208. Tafhim al-Qur’an, sura Alam Nashrah, nota 3

209. Tafhim al-Qur’an, sura Alam Nashrah, nota 1

210. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Kawthar, introducción

211. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Kawthar, nota 4

212. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Kawthar, nota 3

213. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Kawthar, nota 1

214. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Lahab, nota 1

215. Tafhim al-Qur’an, sura Bani Isra’il, nota 81

216. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Qamar, nota 24

217. Tafhim al-Qur’an, sura As-Saffat, nota 94

218. Tafhim al-Qur’an, sura Sad, nota 12

219. Tafhim al-Qur’an, sura Ha-Mim as-Sajdah, nota 70

220. Tafhim al-Qur’an, sura Al-Qasas, nota 108

221. Tafhim al-Qur’an, sura Bani Isra’il, nota 98

— Fin —