Introducción
En el nombre de Alá, el Clemente, el Misericordioso
Alabamos a Alá y suplicamos bendiciones por Su noble Mensajero. Dicho esto:
Después del Noble Corán, los hadices del Mensajero de Alá (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) constituyen la segunda fuente del conocimiento islámico y el fundamento del sistema de vida islámico. La vida del creyente gira en torno a los hadices del Mensajero de Alá (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él). Sin los hadices tampoco es fácil comprender y poner en práctica el Corán. Aprovechándose de este amor natural y de esta dependencia respecto de los hadices, muchos falsificadores difunden en la sociedad diversos dichos inventados bajo el nombre de «hadices». En todas las épocas, los sabios han identificado mediante el examen estos dichos falsos e inventados y han advertido a los musulmanes sobre ellos.
Aunque en nuestro país se han estudiado, enseñado y practicado los hadices durante generaciones, se observa una negligencia especial en la selección entre hadices auténticos, débiles e inventados. Durante generaciones, innumerables dichos inventados, infundados y falsos se han difundido, y siguen difundiéndose, en nuestra sociedad bajo el nombre de hadices. Con ello nos estamos sumergiendo en el grave pecado de atribuir mentiras al Mensajero de Alá (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él). Además, sufrimos perjuicios de dos maneras. Primero, estos hadices inventados nos han apartado del aprendizaje, la práctica y la aplicación de los hadices auténticos. Segundo, al actuar conforme a ellos, estamos haciendo que, ante Alá, nos corresponda un castigo en vez de una recompensa.
Desde 1998, mi respetado suegro, el pīr de Furfura, Hazrat Maulana Abul Ansar Siddiqi al-Quraishi (que Alá preserve su protección), me viene ordenando escribir un libro sobre los hadices inventados y falsos difundidos en la sociedad. Siguiendo sus instrucciones, escribí y le entregué algunos materiales. En 2002 y 2003 escribí sobre este tema en varios números de Nida-e-Islam. Sin embargo, debido a las limitaciones de mi capacidad, la falta de tiempo y otras razones, no lograba publicar el tema en forma de libro. Finalmente, por la inmensa misericordia de Alá, he podido publicar esta obra, y le expreso infinitas gracias ante Su presencia.
Existen dos tipos de confusión respecto a los hadices falsos. Muchos creen que «hadiz» significa necesariamente una palabra del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él). Por eso, considerar débil un hadiz significaría despreciar las palabras o dichos del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él). Otros creen que, por muy débil que sea, puesto que es una palabra del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él), hay que aceptarlo y practicarlo.
Esta idea es, sin duda, errónea. Pero, por otro lado, entre muchas personas existe una confusión aún más grave. Muchos eruditos «ignorantes» creen que, puesto que los hadices fueron transmitidos oralmente mediante isnads, es decir, cadenas sucesivas de narradores, y fueron escritos y recopilados varios cientos de años después del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él), contienen abundantes errores. Por ello, dicen que no se puede depender de los hadices. Algunos piensan que, puesto que entre los hadices hay muchos dichos falsos, debemos aceptar unos y rechazar otros según nuestro propio razonamiento.
La causa de todas estas confusiones es el desconocimiento de los métodos minuciosos y científicos empleados por los Compañeros y por los muhaddices de la comunidad musulmana de épocas posteriores para examinar los isnads de los hadices y determinar su fiabilidad. Por eso, en la primera parte de este libro intento tratar detalladamente la definición del hadiz, la norma sobre mentir en nombre del hadiz, su historia, los métodos de examen empleados por los Compañeros y por los muhaddices posteriores para determinar la autenticidad de los hadices, los resultados de dichos exámenes, las clases de mentira, la clasificación de los narradores mentirosos, los métodos para determinar los hadices falsos y otros asuntos. Espero que esta exposición elimine las dudas y confusiones de los lectores y les haga evidente la extraordinaria característica de la comunidad musulmana en la preservación de la autenticidad de los hadices.
En la segunda parte he tratado temáticamente algunos hadices infundados, inventados y falsos que circulan en nuestra sociedad. Conviene señalar que, en lo relativo a los hadices falsos, fundamentalmente no he presentado ninguna opinión propia. Desde los imames tabi‘íes y tabi‘ al-tabi‘íes de la segunda centuria de la hégira hasta los innumerables muhaddices de épocas posteriores, ellos recopilaron todos los hadices atribuidos al Mensajero de Alá (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él) y, mediante un profundo examen y verificación, expresaron sus opiniones sobre los hadices y sus narradores. Yo me he basado principalmente en esas opiniones y las he citado. Cuando los muhaddices discrepan acerca de determinados hadices, he mencionado sus discrepancias. En algunos casos he intentado explicar el asunto mediante una exposición algo más detallada.
En uno o dos casos observé que ciertos libros difundidos en nuestra sociedad contienen algunos hadices que no se encuentran en ningún libro con ninguna clase de isnad: ni auténtico, ni débil, ni mawdu‘. Son inventados e infundados. En el caso de este tipo de hadices sí he expresado mi propia opinión. En los volúmenes siguientes intentaré tratar con mayor detalle estos hadices, si Alá quiere.
Debe señalarse aquí que muchas expresiones de este tipo se presentan directamente como hadices. Otras se mencionan en general como causas de recompensa, virtud, bendición o perjuicio, pero el lector o el oyente entiende que se trata de palabras de Alá y de Su Mensajero (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él). Muchas expresiones de esta clase se encuentran en diversas obras religiosas difundidas en nuestro país. También las he tratado ocasionalmente.
Para mostrar su difusión, en ocasiones he citado libros religiosos populares. En esos casos, mi objetivo es mostrar que la expresión está difundida. No pretendo criticar ni menospreciar a los autores o los libros. Al contrario, junto con reconocer el servicio que han prestado, mi objetivo es advertir a los lectores sobre las expresiones inventadas que circulan bajo el nombre de hadices. Todos los autores recibirán de Alá una recompensa por sus esfuerzos sinceros. Suplicamos al Todopoderoso Alá por todos estos autores: que acepte sus grandes servicios, les conceda la mejor recompensa y perdone nuestros errores y los suyos.
Una de las razones del aumento del volumen del libro es que, al tratar los hadices inventados sobre casi todos los temas, se ha incluido también alguna información sobre los hadices auténticos narrados acerca de esos temas. Fue necesario hacerlo por dos razones.
Primero, muchas veces los falsificadores, al fabricar un hadiz falso, incorporan en él algunas palabras y frases de un hadiz auténtico. Además, debido a las traducciones, a menudo el significado de un hadiz falso y el de uno auténtico parecen semejantes. Por eso, si solo se mencionara el hadiz falso, el lector común podría pensar que todos los hadices sobre ese tema son falsos. O podría decir: «En tal libro hay un hadiz con este significado; entonces, ¿cómo puede ser falso?»
Segundo, nuestro objetivo no es únicamente identificar los hadices falsos. Nuestro objetivo es abandonar los hadices falsos en nuestras creencias y acciones, actuar conforme a los hadices auténticos y esforzarnos por alcanzar nuestra salvación. Por ello, al mencionar un hadiz falso, también he dicho, aunque sea brevemente, algo sobre los hadices auténticos relacionados con el tema.
Quiero advertir al respetado lector sobre un asunto. Sabemos que criticar a los demás es mucho más fácil que actuar uno mismo y resulta agradable a la naturaleza humana. Por eso, muchas veces, cuando conocemos algo nuevo, utilizamos ese nuevo conocimiento para buscar los defectos de los demás.
Un hombre me dijo: «Fulano y mengano llaman a la gente al camino de Alá utilizando hadices débiles o falsos. Les digo una y otra vez que lean los libros de hadices auténticos, pero no escuchan». Yo le respondí: «Ellos van de puerta en puerta llamando a la gente con hadices débiles; ¿a cuántas personas has visitado tú llevando los libros de hadices auténticos?» La mera crítica no produce ningún bien.
A través de este libro conoceremos muchos hadices falsos. Este conocimiento puede hacer que caigamos fácilmente en las garras de Satanás. En las tiendas de té, en las mezquitas y en los sermones podremos criticar a distintas personas o grupos y decir que pronuncian o practican tal hadiz falso. Con esta conducta obtendremos pecado en lugar de recompensa.
Ese no es el objetivo de escribir este libro. El objetivo es que, en lugar de depender de hadices no fiables, infundados e inventados, mejoremos nuestras acciones y creencias basándonos en los hadices auténticos. Los hadices auténticos que lleguemos a conocer los practicaremos personalmente y animaremos a otros a practicarlos. Los hadices falsos que lleguemos a conocer no volveremos jamás a presentarlos como hadices ni a practicarlos. Si alguien lo hace, intentaremos corregirlo, cuando sea posible, con amor y respeto. En toda circunstancia suplicaremos al Magnífico y Misericordioso Alá que perdone y acepte a esa persona y a nosotros mismos.
Respetado lector, soy consciente de las deficiencias de mi capacidad. Sé que, en realidad, no poseo la cualificación necesaria para escribir sobre este tema. Todo lo que he escrito es, en esencia, conocimiento tomado de otros. Por ello, es natural que contenga errores y equivocaciones. Así pues, si me señalas algún error en cualquier asunto, te estaré agradecido y te honraré como a un maestro.
Como ya he dicho, quien más me animó a escribir esta obra fue mi respetado suegro, el pīr de Furfura, Maulana Abul Ansar Siddiqi. Suplico ante el Todopoderoso Alá que le conceda la mejor recompensa y que proteja a él, a sus hijos y descendientes, a sus familiares y a sus devotos. Además, muchos amigos, colegas, alumnos y simpatizantes me animaron. Mi amigo el Dr. Mohammad Abu Sina, el Dr. Mohammad Oliullah, el señor A. S. M. Shuaib Ahmad y el señor Mohammad Abdul Malik revisaron el manuscrito y me ofrecieron numerosos consejos constructivos. Que el Todopoderoso Alá conceda a todos la mejor recompensa.
En materia ortográfica, por lo general se ha seguido la opinión de la Academia Bangla. Sin embargo, en el caso de las palabras árabes y persas he intentado utilizar grafías cercanas a la pronunciación original. El asunto es difícil. Innumerables palabras árabes, bajo la influencia del persa y del urdu, se han incorporado al patrimonio de la lengua bengalí con pronunciaciones y transliteraciones incorrectas. En muchos casos se han conservado tal como se usan.
Esta obra es un esfuerzo muy humilde al servicio de los hadices del Mensajero de Alá (que la paz y las bendiciones de Alá sean con él). Hay muchos defectos en mi trabajo. Suplico fervientemente ante el Todopoderoso Alá que, por Su gracia, perdone mis errores, acepte este humilde servicio y lo convierta en un medio de salvación para mí, mis padres, mi esposa, mis hijos, mis familiares, mis amigos y todos los lectores. ¡Amén!
Abdulá Jahangir
Primera parte
El hadiz y la falsificación en nombre del hadiz
1.1. La revelación y el hadiz
1.1.1. La revelación y su importancia para la preservación de la humanidad
El Dios Altísimo ama profundamente a la humanidad, Su creación. Creó al ser humano como la mejor de las criaturas. Le concedió conocimiento, conciencia, razón y capacidad de discernimiento, que lo guían hacia un crecimiento y un bienestar cada vez mayores. Sin embargo, el conocimiento humano tiene límites. Mediante su conocimiento, conciencia y discernimiento, el ser humano puede conocer muchas cosas sobre diversos asuntos del mundo terrenal y avanzar hacia su mejora y prosperidad, pero no puede conocer lo que está fuera del alcance de sus sentidos. Por ello, tampoco puede alcanzar de manera semejante una solución correcta a los asuntos que trascienden los sentidos mediante su conocimiento, conciencia o razón. Esto podemos comprenderlo con solo observar la historia.
El ser humano puede conocer los asuntos mundanos mediante la experiencia y la investigación. Cómo cultivar para obtener una cosecha más abundante, cómo construir una casa para que sea más duradera, cómo conducir un vehículo para que avance más rápido, cómo cocinar para ahorrar más y conservar mejor el valor nutritivo de los alimentos, cómo hacer negocios para aumentar las ganancias o la seguridad del capital, cómo tratar una enfermedad para incrementar las posibilidades, la certeza o la tasa de recuperación, y otros asuntos semejantes pueden conocerse mediante la experiencia humana, la investigación, la razón y la reflexión.
Pero el conocimiento relativo a las creencias, las prácticas y los ritos religiosos nunca puede adquirirse mediante la experiencia o el conocimiento sensorial. Cómo debe ser la creencia en Dios, cómo se debe creer en los profetas y mensajeros, cuál es la creencia correcta sobre la vida futura, cómo se debe invocar a Dios, qué acciones permiten recibir más de Su misericordia y bendición, cómo vivir para aumentar las posibilidades de salvación en el Más Allá, qué método seguir para alcanzar rápidamente la amistad de Dios, qué obras permiten obtener más recompensa, mediante qué actos se obtiene el perdón de los pecados, y la mayoría de los demás asuntos religiosos y doctrinales nunca pueden conocerse definitivamente por medio de la experiencia o la investigación; tampoco puede resolverse de manera definitiva ningún problema relacionado con ellos mediante conocimientos adquiridos por la investigación o la experiencia.
Por ello, aunque Dios creó al ser humano como la mejor de las criaturas, dotándolo de conocimiento, razón y conciencia, envió profetas y mensajeros generación tras generación para guiarlo. A lo largo de las épocas, eligió a grandes hombres de entre diversos pueblos y comunidades y les envió Su mensaje, revelación o inspiración. Mediante la revelación enseñó todos aquellos asuntos que el ser humano no puede conocer ni decidir definitivamente mediante la razón, la inteligencia, la conciencia, la investigación y la experiencia. Además, también informó mediante la revelación sobre el grado de bondad o maldad, la importancia, la manera de cumplirlos y otros aspectos de aquellos asuntos que el ser humano puede comprender como buenos o malos mediante su razón y conciencia.
La preservación de la humanidad y de la civilización humana no es posible sin conservar y seguir el conocimiento recibido mediante la revelación. Para eliminar los conflictos de intereses, la violencia y el egoísmo, y desarrollar el amor auténtico, el servicio y los valores humanos, debemos depender del conocimiento de la revelación. Todo lo que se afirma, fuera de la revelación y a la luz de la conciencia, la experiencia o la investigación humanas, acerca de la fe, la honestidad, el pecado, la virtud, el Creador, la vida futura y otros asuntos semejantes, incrementa el debate, el conflicto y la división. Esto se debe a que, en este ámbito, la verdad definitiva nunca puede conocerse mediante el esfuerzo humano sin la revelación. Al examinar la historia de la civilización humana, vemos que diversos pueblos se extraviaron precisamente a causa de la distorsión o desaparición del conocimiento recibido mediante la revelación.
1.1.2. Causas de la distorsión o desaparición de la revelación
A partir de las descripciones del Corán y el hadiz, así como de la historia de diversas religiones, vemos que existen dos causas principales de la desaparición del conocimiento recibido mediante la revelación:
1. La pérdida o destrucción del conocimiento o de los libros recibidos mediante la revelación debido a la negligencia, a no memorizarlos o a no preservarlos.
2. Presentar palabras humanas como si fueran revelación, o mezclar palabras o conocimientos humanos con la revelación. (Khandkar Abdulá Jahangir, La doctrina islámica a la luz del Corán y la Sunna, pp. 11-15).
En la primera etapa, el conocimiento de la revelación desaparece por completo. En la segunda, se conserva cierto conocimiento bajo el nombre de revelación, pero también se conservan en él palabras basadas en el conocimiento humano. Ya no existe ninguna manera de saber o distinguir qué palabras son revelación y cuáles son humanas. Como resultado, el libro o conocimiento conservado bajo el nombre de «revelación» pierde su valor. La mayoría de los pueblos anteriores distorsionaron el conocimiento de la revelación mediante el segundo método. Entre los judíos, los cristianos y la mayoría de los seguidores de otras religiones se conservan ciertos libros bajo nombres como «Escritura religiosa», Divine Scripture y otros. En ellos se han mezclado innumerables palabras, relatos y opiniones humanas. No existe ninguna forma de separar las palabras de la revelación de las palabras humanas, ni ninguna manera de extraer de ellos las enseñanzas de la revelación en estado puro.
1.1.3. Dos tipos de revelación: el Corán y el hadiz
En el Noble Corán se declara repetidamente que Dios, el Majestuoso, concedió a Su gran Mensajero dos cosas: una, el «Kitab» o «Libro», y la segunda, la «Hikmah» o «sabiduría» (sura al-Baqara 129, 151, 231; sura Al Imran 164; sura an-Nisa 113; sura al-Ahzab 34; sura al-Yumu‘a 2).
Este Libro o Kitab es el Noble Corán, que fue recopilado literalmente con las palabras y frases de la revelación. Y la Hikmah o sabiduría es el conocimiento práctico adicional transmitido mediante la revelación, que fue recopilado con el nombre de hadiz. Por tanto, en el islam hay dos tipos de revelación: el Corán y el hadiz. Se adoptaron medidas especiales para proteger estas dos fuentes fundamentales del islam. Para conservar intacto y sin adulteración el conocimiento de la revelación, por un lado se ordenó memorizar literalmente el Corán y el hadiz. Por otro lado, se prohibió severamente atribuir a Dios y a Su Mensajero cualquier afirmación que no estuviera demostrada de manera incuestionable.
1.1.4. Definición práctica del hadiz
Por hadiz se entienden las palabras, acciones o aprobaciones del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Es decir, se denomina hadiz aquello que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo, hizo o aprobó a la luz del conocimiento recibido mediante la revelación.
En la terminología de los muhaddizun, se conoce como «hadiz» toda «palabra, acción, aprobación o descripción que ha sido difundida o atribuida al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz». Asimismo, también se denominan hadices las palabras, acciones o aprobaciones de los sahaba y de los tabi‘un. Las acciones, palabras o aprobaciones del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se llaman «hadiz marfu‘». El hadiz narrado como acción, palabra o aprobación de un sahabi se llama «hadiz mawquf», mientras que el hadiz narrado como acción, palabra o aprobación de un tabi‘i se llama «hadiz maqtu‘». [Iraqi, Zayn al-Din ‘Abd al-Rahim ibn al-Husayn (806 H), al-Taqyid wa-l-Idah, pp. 66-70; Fath al-Mughiz, pp. 52-63; Sakhawi, Muhammad ibn ‘Abd al-Rahman (902 H), Fath al-Mughiz 1/8-9, 177-155; Suyuti, Jalal al-Din ‘Abd al-Rahman ibn Abi Bakr (911 H), Tadrib al-Rawi 1/183-194.]
Cabe observar aquí que, en la terminología de los muhaddizun, se considera hadiz toda acción, palabra, aprobación o narración que haya sido atribuida o presentada como perteneciente al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Los muhaddizun verificaron si realmente se trataba de una palabra del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y, basándose en su grado de fiabilidad, clasificaron los hadices en diversos tipos y niveles. Los explicaremos en la exposición posterior.
1.1.5. La importancia del hadiz en el sistema de vida islámico
Aparentemente, resulta innecesario hablar de la importancia del hadiz en el sistema de vida islámico. Numerosas instrucciones del Noble Corán, las incontables instrucciones del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y la práctica de los sahaba demuestran de manera incuestionable que el «hadiz» es la segunda fuente y fundamento del sistema de vida islámico. De hecho, todos los musulmanes de todas las épocas de la umma musulmana están de acuerdo en este asunto. Desde la época de los sahaba y durante todas las épocas, ha continuado el esfuerzo por estudiar, recopilar y explicar los hadices, y por regir la vida humana a la luz de ellos. Así se ha formado un vastísimo acervo de conocimiento sobre el hadiz. Sin embargo, algunos orientalistas judíos y cristianos, así como ciertos eruditos de la umma musulmana, han intentado en diferentes épocas y de diversas maneras negar la importancia del hadiz. Podemos dividir en cuatro categorías las pruebas que presentan en apoyo de sus afirmaciones:
(1) A la luz de ciertos versículos del Noble Corán, se afirma que «en el Corán se encuentra la explicación de todo». Por tanto, el hadiz sería innecesario.
(2) Se plantean algunas objeciones relativas a la narración y recopilación de los hadices y se afirma que en ellos han penetrado muchas falsificaciones. Por tanto, no se puede depender de ellos.
(3) Se intenta demostrar, citando algunos hadices, que contienen afirmaciones contrarias a la ciencia o al conocimiento, o contradicciones.
(4) Basándose en algunos hadices, presentan como «prueba» que el Mensajero de Allah y los sahaba prohibieron dar importancia al hadiz.
No es posible tratar detalladamente este asunto dentro del alcance de nuestra obra. Sin embargo, en este libro hemos hablado de la falsificación de hadices y de cómo distinguir los hadices falsos de los hadices auténticos. La base fundamental de toda nuestra exposición y de todo el esfuerzo realizado por la umma musulmana desde la época de los sahaba hasta hoy es que no se puede practicar el Corán, practicar el islam ni ser musulmán sin seguir los hadices del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El hadiz del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es uno de los principales recursos para orientar nuestra vida. Sin embargo, debemos depender necesariamente de hadices auténticos y demostrados.
Sin el hadiz, no es posible de ninguna manera obedecer el Corán ni practicar el islam. Podemos analizar el primer argumento presentado por estas personas contra el hadiz. Veremos que, para aceptar el Corán, es indispensable aceptar el hadiz. Obsérvense los siguientes puntos:
(1) Los profetas que recibieron la revelación y sus discípulos y compañeros que estuvieron en su compañía son el modelo supremo para la aplicación práctica y el cumplimiento de la guía que la humanidad recibe mediante la revelación. Su modelo de vida es, en esencia, el único motor que impulsa a los demás a seguir y cumplir la revelación. Por eso, los miembros de todas las comunidades conservan y enseñan la vida, las acciones y el modelo de sus predicadores religiosos, sus discípulos, sus enviados y sus compañeros como fuente principal de la práctica religiosa. Sin los hadices no es posible conocer la vida, las acciones, los sacrificios, la paciencia, el amor a la humanidad, el temor de Allah, la firmeza en el camino de la verdad y demás aspectos del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Separar a un musulmán del hadiz significa separarlo de la vida real del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). De ese modo resulta muy fácil separarlo también del Corán y del islam.
(2) Sin depender del hadiz, no es posible conocer de ninguna manera el Corán. Sin los hadices no se puede conocer ningún dato sobre la vida, la identidad, la fiabilidad, la honestidad y la profecía de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Sin la información de los hadices tampoco es posible saber cómo recibió el Corán, cómo lo enseñó, cómo lo recopiló, etcétera.
(3) Sin depender del hadiz, tampoco es posible obedecer el Corán.
El Noble Corán contiene la explicación de todas las cosas. Pero todo ello aparece únicamente como «principios fundamentales» o «instrucciones iniciales». La mayoría de las instrucciones del Noble Corán son «instrucciones iniciales» cuya aplicación resulta imposible sin explicación. La más elevada y grandiosa práctica del islam es la salat u oración. En más de cien lugares del Noble Corán se ordena realizar la salat, pero no se explica su procedimiento. En diversos lugares se ordena inclinarse o postrarse. Se dice: «Realizad la salat tal como os he enseñado a realizarla». Sin embargo, en ninguna parte del Noble Corán se enseña este procedimiento de la salat. El Corán no enseña qué es la «salat» u oración, cuándo debe realizarse, cuántas rak‘at deben realizarse en cada momento, cómo debe realizarse cada rak‘a, cómo debe recitarse el Corán en cada rak‘a, cuántas inclinaciones debe haber, cuántas postraciones debe haber, cómo deben realizarse la inclinación y la postración, etcétera. No podemos cumplir de ninguna manera la mayor instrucción del Corán sin depender del hadiz. Del mismo modo, la mayoría de las instrucciones coránicas no pueden cumplirse sin la explicación de los hadices.
(4) Algunas instrucciones del Noble Corán parecen ser contradictorias entre sí. Por ejemplo, en un lugar se menciona que el vino, los juegos de azar y otras cosas son lícitos, mientras que en otro se mencionan como ilícitos. En un lugar se ordena combatir contra los incrédulos y quienes niegan la fe, y en otro se ordena abstenerse de toda oposición y combate. Sin la guía de los hadices no se puede saber cuál de estas instrucciones es anterior, cuál posterior ni cómo deben cumplirse. Por ello, si se descarta el hadiz, resulta fácil desviar a la gente mediante interpretaciones arbitrarias e inventadas de estos versículos.
Precisamente por eso, comunidades como los judíos, los cristianos, los qadianíes y los bahaíes lanzan una campaña general de propaganda contra el hadiz. Su objetivo es apartar a la umma musulmana del Corán y del islam. Ellos también saben que no es posible obedecer el Corán de ninguna manera sin la ayuda del hadiz. En realidad, solo mencionan el «Corán» para engañar a los musulmanes sencillos de corazón.
(5) Hemos visto que Allah concedió a Su Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dos cosas: el Kitab (Libro) y la Hikmah (sabiduría). Naturalmente, el Corán también es sabiduría e Hikmah. Sin embargo, al observar que se mencionan repetidamente por separado, comprendemos que Allah concedió a Su amado Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) una sabiduría o conocimiento adicional al Corán, y que él transmitió a la humanidad muchas enseñanzas adicionales procedentes de esa sabiduría, aparte del Corán. Sabemos que esas enseñanzas adicionales del Corán que él transmitió fueron recopiladas en forma de «hadiz». No existe ningún otro medio de conocer y seguir su sabiduría aparte del «hadiz». Por tanto, de acuerdo con las instrucciones del Corán, debemos orientar nuestra vida siguiendo el Corán y el hadiz.
(6) En el Corán se ordena obedecer al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Además de obedecerlo, se ordena seguirlo.
قُلْ إِن كُنتُمْ تُحِبُّونَ اللَّهَ فَاتَّبِعُونِي يُحْبِبْكُمُ اللَّهُ وَيَغْفِرْ لَكُمْ ذُنُوبَكُمْ ۗ
—«Di: Si amáis a Allah, seguidme; Allah os amará y perdonará vuestros pecados» (sura Al Imran: 31).
Sabemos que obedecer significa cumplir las órdenes y las prohibiciones. Y seguir a alguien significa actuar exactamente como él actuó. Sin depender del hadiz, no es posible de ninguna manera seguir al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Aunque en el Noble Corán se mencionan órdenes y prohibiciones, en ninguna parte se exponen las acciones ni el modo de vida del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por eso, es absolutamente imposible seguir al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) basándose únicamente en el Corán. Así pues, para alcanzar, conforme a las instrucciones del Corán, el amor y el perdón de Allah, debemos seguir necesariamente al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) según lo descrito en los hadices.
(7) En el Noble Corán se declara:
لَّقَدْ كَانَ لَكُمْ فِي رَسُولِ اللَّهِ أُسْوَةٌ حَسَنَةٌ
—«Ciertamente, en el Mensajero de Allah tenéis un excelente modelo» (sura al-Ahzab: 21).
El modo de vida real del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en los ámbitos de la vida personal, familiar, social, estatal y otros no se menciona en el Corán. De ello comprendemos que, para seguir el modelo del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) conforme a las instrucciones del Corán, debemos depender necesariamente del hadiz.
(8) En el Noble Corán se declara:
وَمَا آتَاكُمُ الرَّسُولُ فَخُذُوهُ وَمَا نَهَاكُمْ عَنْهُ فَانتَهُوا
—«Aceptad lo que el Mensajero os dé y absteneos de aquello que os prohíba» (sura al-Hashr: 7).
Sabemos que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) impartió muchísimas enseñanzas a sus sahaba durante su larga vida profética. Ofreció numerosas orientaciones detalladas sobre diversos aspectos de la vida. Estas enseñanzas y orientaciones también están incluidas en «lo que el Mensajero os ha dado». Por tanto, para aceptar todo lo que «el Mensajero ha dado», debemos depender necesariamente del hadiz además del Corán.
Podremos conocer las demás objeciones de esas personas relativas a la recopilación, escritura, narración y falsificación de los hadices mediante las otras exposiciones de este libro. Pero aquí comprendemos que, siguiendo las instrucciones del Corán, debemos construir nuestra vida a la luz de los hadices, seguir exactamente al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a la luz de los hadices, formar nuestra vida según el modelo del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a la luz de los hadices y cumplir las instrucciones del Corán basándonos en los hadices. También vemos que, en ninguna circunstancia, es posible obedecer el Corán ni construir una vida islámica sin el hadiz.
La umma musulmana está esencialmente de acuerdo sobre esta importancia del hadiz. Por eso siguieron el mejor método de examen y juicio para combatir la falsificación y la mentira en nombre del hadiz. Antes de exponer sus métodos de examen y juicio, hablaremos de la naturaleza de la mentira y de la norma relativa a mentir en nombre de la revelación. Pedimos el tawfiq del Dios Altísimo.
1.2. La mentira y la mentira atribuida a la revelación
1.2.1. Definición de la mentira
Es difícil definir algo famoso y conocido. ¿Cuál es la definición de la mentira? La mentira es lo contrario de la verdad. Todo lo que no es verdad es mentira. Decir algo que en realidad no es correcto o verdadero es mentir.
1.2.1.1. Mentira intencional frente a mentira involuntaria
El asunto es claro. Sin embargo, existe cierta discrepancia entre los eruditos musulmanes respecto a la mentira intencional y la involuntaria. Los eruditos de la secta mu‘tazilí consideraban que, si alguien decía por error algo contrario a la realidad, eso no se consideraba mentira en la terminología de la Sharía. Solo se consideraba mentira cuando alguien mentía deliberadamente y con pleno conocimiento. Los eruditos de Ahlus Sunnat wal-Yama‘at rechazaron esta idea. Según ellos, incluso mentir sin saber o por error se considera mentira en la terminología de la Sharía.
El imán Abu Zakaria Yahya ibn Sharaf an-Nawawi (676 H) dijo: «La opinión de los eruditos que siguen la verdad es que decir algo contrario a la realidad, ya sea intencionalmente, sin intención, por error o por ignorancia, es mentira». [Nawawi, Yahya ibn Sharaf (676 H), Sharh Sahih Muslim 1/94]
También dijo: «Según nuestros eruditos de Ahlus Sunnah, la mentira consiste en decir algo contrario a la realidad, ya sea intencionadamente o por error. Según los mu‘tazilíes, solo la mentira intencional se considera mentira». (Nawawi, Sharh Sahih Muslim 1/69).
1.2.1.2. La mentira involuntaria a la luz de los hadices
A partir del uso de los hadices, tenemos la certeza de que decir cualquier cosa contraria a la realidad, intencionalmente, sin intención, por ignorancia o por cualquier otra razón, se considera mentira.
1. Yabir ibn Abd Allah (que Allah esté complacido con él) dijo: Árabe(******)
-Un esclavo de Hatib ibn Abi Balta‘a (que Allah esté complacido con él) se presentó ante el Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah! Ciertamente, Hatib entrará en el Infierno». Entonces el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) dijo: «Has mentido. No entrará en el Infierno, pues estuvo presente en Badr y Hudaybiyya». (Muslim, as-Sahih 4/1942).
Aquí, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) consideró mentira lo dicho por este esclavo de Hatib. Él no había mentido intencionadamente sobre algo del pasado. En realidad, había expresado una opinión sobre el futuro. Dijo aquello que creía. Sin embargo, como su predicción era contraria a la realidad, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) lo calificó de mentiroso. De esto entendemos que cualquier noticia sobre el pasado o el futuro, si es contraria a la realidad, se considera mentira. La intención, la falta de intención, la ignorancia o cualquier otra circunstancia del informante no se tienen en cuenta en este caso. Sin embargo, el pecado o la culpa de mentir está relacionada con la intención.
2. El tabi‘í Salim ibn Abd Allah dijo: «Oí a mi padre, Abd Allah ibn Umar (que Allah esté complacido con él), decir: Árabe(*****)
-Esta es la llanura de Bayda de la que habláis mintiendo en nombre del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) (decís que comenzó aquí el ihram del hach), cuando el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se puso el ihram del hach en la llanura de Dhul Hulayfa, junto a la mezquita». (Muslim, as-Sahih 2/843).
Naturalmente, Ibn Umar (que Allah esté complacido con él) no acusaba a estos compañeros y tabi‘íes de mentir deliberadamente. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) realizó el hach durante la Peregrinación de Despedida acompañado por más de cien mil compañeros. Salió de Medina, pasó la noche en la llanura de Dhul Hulayfa y, a la mañana siguiente, se puso allí el ihram para el hach. La llanura de Bayda está junto a la llanura de Dhul Hulayfa. Los compañeros que se encontraban a cierta distancia no lo oyeron decir que se ponía el ihram en Dhul Hulayfa; más bien, lo oyeron recitar la talbiya en la llanura de Bayda. Creyeron que había comenzado el ihram precisamente en Bayda. Por ello, entre muchas personas se difundió que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) había comenzado el ihram en la llanura de Bayda. Como Abd Allah ibn Umar estaba cerca, conocía lo que realmente había ocurrido.
Así vemos que la información de que se había puesto el ihram en Bayda fue un error involuntario. Quienes transmitieron la información dijeron sinceramente lo que sabían. Pero, como la información era contraria a la realidad, Ibn Umar la calificó de mentira.
1.2.1.3. Mentira frente a «mawdū» (mawḍū‘) y «bāṭil»
(En la pronunciación árabe original estamos acostumbrados a decir mawdū. En cambio, en el uso bengalí influido por el persa y el urdu solemos decir mawḍū).
En la terminología del hadiz y en la terminología de los compañeros y los tābi‘ūn del primer siglo, las palabras falsas atribuidas al Mensajero de Allah (s) se denominaban «hadices falsos». Abū Umāmah (ra) dijo: el Mensajero de Allah (s) dijo: (árabe(*******))
—Quien diga deliberadamente un «hadiz falso» atribuyéndomelo tendrá que residir en el Infierno. (al-Ṭabarānī, Sulaymān ibn Aḥmad (360 H), al-Mu‘jam al-kabīr 8/122)
Aunque se atribuyera al Mensajero de Allah, que Allah lo bendiga y le conceda paz, algo que él no había dicho, los compañeros decían: «Este hadiz es falso», «hadiz falso» o empleaban expresiones semejantes. Respecto de tales personas utilizaban expresiones como «mentiroso» y «miente». [Ibn Abī Ḥātim, ‘Abd al-Raḥmān ibn Muḥammad (327 H), al-Jarḥ wa-l-ta‘dīl 1/349, 350, 351, 3/407, 6/212, 8/16, 52, 325; al-Dhahabī, Muḥammad ibn Aḥmad (748 H), Mīzān al-i‘tidāl 1/271, 285, 2/80, 109, 122, 241, 3/4, 50, 375, 467, 475, 4/31, 91, 178, 191, 420, 428, 437, 5/3, 29, 52, 54, 88, 128, 169, 207, 220, 6/24, 55, 138, 246, 249, 534, 545, 566, 7/219, 341, 393, 8/162, 182, 196; Ibn Ḥajar al-‘Asqalānī, Aḥmad ibn ‘Alī (852 H), Fatḥ al-Bārī, 13/113; al-Munāwī, Muḥammad ‘Abd al-Ra’ūf (1031 H), Fayḍ al-Qadīr 1/540, 3/219, 5/300, 6/15, 216, 221, 353.]
A partir del segundo siglo de la hégira, con la propagación de las mentiras atribuidas a los hadices, los especialistas del hadiz comenzaron a utilizar otra palabra sinónima de mentira para identificar a esos mentirosos. La palabra es (árabe *****). Su significado original es bajar, arrojar, dar a luz. También se emplea con el sentido de inventado. [Ibn Durayd, Muḥammad ibn al-Ḥasan (321 H), Jamhara al-lugha 3/95; al-Jawharī, Ismā‘īl ibn Muḥammad (393 H), al-Ṣiḥāḥ 3/1299; Ibn Fāris, Aḥmad (395 H), Mu‘jam maqāyīs al-lugha 6/117-118; Ibn al-Athīr, Muḥammad ibn al-Mubārak (606 H), al-Nihāya 5/197, 198; Ibn Manẓūr, Muḥammad ibn Mukarram (711 H), Lisān al-‘Arab 8/396-397; Fallāta, ‘Umar ibn Ḥasan, al-Waḍ‘ fī al-ḥadīth 1/108]
En inglés: To lay, lay off, lay down, put down, set up… give birth, produce… humiliate, to be low, humble (Hans Wehr, A Dictionary of Modern Written Arabic, p. 1076).
En épocas posteriores, el uso de esta palabra se generalizó en la terminología de los especialistas del hadiz. En su terminología, decir una mentira atribuyéndola a un hadiz se denomina «waḍ‘», y un hadiz falso de este tipo se denomina «mawdū». En la pronunciación bengalí influida por el persa y el urdu normalmente decimos «mawḍū».
Muchos especialistas del hadiz no distinguieron entre la mentira deliberada y la mentira o el error involuntarios. Denominaron mawdū a ambos tipos de hadices falsos. En bengalí, podemos traducir mawdū como «falso» o «inventado».
Los especialistas del hadiz definieron el hadiz mawḍū de dos maneras. Muchos dijeron en la definición del hadiz mawḍū: «Un hadiz inventado y falso se denomina hadiz mawḍū». Aquí formularon la definición atendiendo a la naturaleza del hadiz.
Otros especialistas del hadiz dijeron en la definición del hadiz mawḍū: «El hadiz que ha sido transmitido únicamente por un narrador mentiroso es un hadiz mawḍū». Aquí prestaron atención a la identificación general del hadiz mawḍū o falso. En la exposición posterior veremos que los especialistas del hadiz verificaban la veracidad o falsedad del narrador principalmente mediante un examen comparativo (Cross Examine).
Algunos especialistas del hadiz distinguieron entre la mentira deliberada y la involuntaria. Se refirieron a la mentira involuntaria como «bāṭil» y a la mentira deliberada como «mawḍū» o «mawdū». Si mediante el examen comparativo y la verificación de los especialistas del hadiz se demuestra que el Mensajero de Allah, que Allah lo bendiga y le conceda paz, no pronunció esta frase, pero que fue atribuida a él por error, denominan ese hadiz «bāṭil». Pero si mediante el examen se comprueba que el narrador atribuyó deliberada o conscientemente esta afirmación al Mensajero de Allah (s), lo denominan hadiz mawḍū.
Al compilar los hadices falsos, los especialistas del hadiz siguieron precisamente el primer método. Consideraron mawḍū todas las formas de mentira, tanto deliberadas como involuntarias. Su propósito era identificar las palabras que el Noble Mensajero (s) no había dicho o los actos que no había realizado, pero que habían sido atribuidos o difundidos en su nombre, para impedir la falsificación en nombre de la revelación. No les concernía si el narrador había dicho la mentira deliberadamente o por error. Para considerar este asunto existe un procedimiento independiente en las disciplinas de rijāl y jarḥ wa-l-ta‘dīl. (al-Mu‘allimī, Muqaddimāt al-fawā’id, p. 57).
1.2.2. La norma sobre la mentira
Antes de analizar la norma sobre mentir en nombre de la revelación o del hadiz, queremos analizar en general la norma sobre la mentira. Odiar la mentira forma parte de la naturaleza innata del ser humano. Por eso, en todas las sociedades humanas la mentira se considera pecado, injusticia y algo detestable. En el Noble Corán y en los hadices se ha prohibido severamente la mentira. En diversas aleyas del Noble Corán se ordena a los creyentes ser veraces en toda circunstancia. Al mismo tiempo, la mentira se menciona como un pecado detestable y causa de un castigo severo.
Ordenando la veracidad constante, se ha dicho:يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا اتَّقُوا اللَّهَ وَكُونُوا مَعَ الصَّادِقِينَ [٩:١١٩
—¡Oh, creyentes! Temed a Allah y estad entre los veraces. (Sura al-Tawba: 119)
Se ha hablado del terrible castigo de la mentira:
فِي قُلُوبِهِم مَّرَضٌ فَزَادَهُمُ اللَّهُ مَرَضًا ۖ وَلَهُمْ عَذَابٌ أَلِيمٌ بِمَا كَانُوا يَكْذِبُونَ [٢:١٠
—Hay una enfermedad en sus corazones. Allah ha aumentado su enfermedad y tendrán un castigo doloroso por haber mentido. (Sura al-Baqara: 10)
En otro lugar se ha dicho:
فَأَعْقَبَهُمْ نِفَاقًا فِي قُلُوبِهِمْ إِلَىٰ يَوْمِ يَلْقَوْنَهُ بِمَا أَخْلَفُوا اللَّهَ مَا وَعَدُوهُ وَبِمَا كَانُوا يَكْذِبُونَ [٩:٧٧
—Como consecuencia, Él (Allah) estableció la hipocresía en sus corazones hasta el día en que se encuentren con Él, porque faltaron al pacto que habían hecho con Allah y porque mentían. (Sura al-Tawba: 77)
En otra aleya se ha dicho:
إِنَّ اللَّهَ لَا يَهْدِي مَنْ هُوَ مُسْرِفٌ كَذَّابٌ [٤٠:٢٨
—Allah no guía por el camino recto al transgresor ni al mentiroso. (Sura Gāfir: 28).
En innumerables hadices la mentira se menciona como un pecado terrible. En un hadiz, ‘Abdullah ibn Mas‘ūd (ra) dijo que el Mensajero de Allah (s) dijo: (árabe(********))
—La veracidad es virtud. La veracidad conduce a la virtud y la virtud conduce al Paraíso. Quien se esfuerza constantemente por decir la verdad termina siendo registrado ante Allah como ṣiddīq, es decir, sumamente veraz. En cambio, la mentira es pecado. La mentira conduce al pecado y el pecado conduce al Infierno. Quien miente o se esfuerza por mentir termina siendo registrado como un gran mentiroso. [al-Bukhārī, Muḥammad ibn Ismā‘īl (256 H), al-Ṣaḥīḥ 5/2261; Muslim ibn al-Ḥajjāj (262 H), al-Ṣaḥīḥ 4/2012, 2013].
En los hadices, mentir se considera uno de los signos de la hipocresía. Incluso se ha dicho que un creyente puede cometer muchas injusticias, pero nunca puede decir una mentira. Sa‘d ibn Abī Waqqāṣ (ra) dijo que el Mensajero de Allah (s) dijo: (árabe (*******))
—La naturaleza del creyente puede contener cualquier hábito, pero no puede contener la traición ni la mentira. [al-Bazzār, Abū Bakr Aḥmad ibn ‘Amr (292 H), al-Musnad 3/341; al-Haythamī, ‘Alī ibn Abī Bakr (807 H), Majma‘ al-zawā’id 1/92]
1.2.3. La mentira en nombre de la Revelación
La mentira siempre es detestable. Pero si se dice en nombre de la Revelación, es aún más detestable y perjudicial. Por lo general, la mentira causa daños mundanos a la persona o a la sociedad humana. En cambio, mentir en nombre de la Revelación causa daños y destrucción permanentes, tanto mundanos como ultraterrenos, a la sociedad humana. Entonces las personas se entregan, en nombre de la religión, a diversas prácticas ideadas por el intelecto humano y caen en la destrucción mundana y ultraterrena.
Al observar las religiones anteriores, podemos ver claramente este asunto. Ya hemos dicho que atribuir a la Revelación palabras originadas en el conocimiento humano es la causa de la deformación y desaparición de la religión. En general, los eruditos de estas religiones atribuyeron tales palabras a la Revelación en beneficio de la religión. Creyeron que, si atribuían sus palabras, explicaciones y opiniones a la Revelación, aumentarían entre la gente la «religiosidad», la «devoción», etc., y Allah estaría complacido. De este modo deformaron su religión y desviaron a sus seguidores. Sin embargo, no comprendieron que, si el ser humano pudiera entender estas cuestiones mediante la razón humana, no habría necesidad de la Revelación.
El ejemplo más conocido de esto es el cristianismo. Según el relato de la Biblia actualmente deformada, «Jesucristo» ordenó a sus seguidores adorar únicamente a Allah, cumplir los diez principios fundamentales de la religión judía, circuncidarse, observar todas las leyes de la Torá, abstenerse de comer carne de cerdo y realizar otras prácticas semejantes. El mentiroso Saulo, adoptando el nombre de Pablo, comenzó a predicar «con el propósito de difundir el cristianismo y aumentar la devoción entre la gente» que bastaba con creer y sentir devoción únicamente por «Jesucristo», y que no era necesario realizar estas prácticas. Decía: «Miento a cada pueblo según mi conveniencia, para que aumente la dignidad de Dios».
Así inició el capítulo más vergonzoso de la historia de la humanidad. Gradualmente, esta religión paulina de devoción sin obras se difundió entre los cristianos. Como consecuencia, miles de millones de seres humanos en el mundo cayeron en el shirk, la incredulidad y el pecado. Puesto que el paraíso se obtiene solamente mediante la fe, de ningún modo se pueden reducir, mediante sermones religiosos, los pecados, la inmoralidad y los delitos que destruyen a la humanidad en las sociedades cristianas.
Debido a que mentir en nombre de la Revelación es la forma más grave de mentira, el Noble Corán y los hadices del Profeta han prohibido severamente mentir en nombre de la Revelación, de Allah o de Su Mensajero de Allah (s), así como afirmar algo dudoso o hablar basándose en conjeturas. Se han adoptado todas las medidas necesarias para que ambos tipos de Revelación descendidos sobre Muhammad, el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda la paz—, se conserven sin alteración para toda la humanidad hasta el Día del Juicio.
1.2.4. Instrucciones coránicas para proteger la Revelación de la mentira
Hay dos etapas en la difusión de mentiras o afirmaciones basadas en conjeturas en nombre de la «Revelación»: primero, mentir uno mismo en nombre de la Revelación; segundo, aceptar y difundir la mentira de otra persona. Para cerrar ambos caminos, el Noble Corán, por un lado, prohíbe decir en nombre de Allah mentiras o afirmaciones basadas en conjeturas. Por otro lado, prohíbe aceptar, sin examinar ni verificar, cualquier información difundida por alguien.
1.2.4.1. Prohibición de decir en nombre de Allah mentiras o afirmaciones basadas en conjeturas
En el Noble Corán, Allah, el Altísimo, ha prohibido repetidamente y de manera severa mentir en nombre de Allah. Del mismo modo, ha prohibido severamente decir algo en nombre de Allah sin conocimiento, basándose en suposiciones, estimaciones o conjeturas. Mentir en nombre del Mensajero de Allah (s) equivale a mentir en nombre de Allah, porque el Mensajero de Allah (s) habla de parte de Allah. Al igual que el Corán, los hadices también son revelación de Allah. La humanidad recibió ambos tipos de Revelación —el Corán y los hadices— únicamente a través del Mensajero de Allah (s). Por tanto, decir en nombre del Mensajero de Allah (s) cualquier mentira, invención, estimación o afirmación basada en conjeturas equivale a mentir en nombre de Allah o a decir algo sobre Allah sin conocimiento. En el Noble Corán se han dado repetidas instrucciones sobre este asunto. Aquí mencionamos algunas declaraciones.
1. En el Noble Corán se dice repetidamente:وَمَنْ أَظْلَمُ مِمَّنِ افْتَرَىٰ عَلَى اللَّهِ كَذِبًا]
—¿Quién es más injusto que quien inventa una mentira contra Allah o acerca de Allah? (Sura al-An‘am: 21, 93, 144; Sura al-A‘raf: 37; Sura Yunus: 17).
2. También se ha dicho:قَالَ لَهُم مُّوسَىٰ وَيْلَكُمْ لَا تَفْتَرُوا عَلَى اللَّهِ كَذِبًا فَيُسْحِتَكُم بِعَذَابٍ ۖ وَقَدْ خَابَ مَنِ افْتَرَىٰ [٢٠:٦١]
—¡Ay de vosotros! No inventéis mentiras contra Allah; de hacerlo, Él os destruirá por completo con un castigo. Quien inventa una mentira ha fracasado. (Sura Ta-Ha: 61)
3. En el Noble Corán se ha prohibido repetidamente hablar sobre Allah, la religión de Allah, Sus leyes y asuntos semejantes sin conocimiento, basándose en estimaciones o conjeturas. Por ejemplo, en un lugar se dice:يَا أَيُّهَا النَّاسُ كُلُوا مِمَّا فِي الْأَرْضِ حَلَالًا طَيِّبًا وَلَا تَتَّبِعُوا خُطُوَاتِ الشَّيْطَانِ ۚ إِنَّهُ لَكُمْ عَدُوٌّ مُّبِينٌ [٢:١٦٨]
إِنَّمَا يَأْمُرُكُم بِالسُّوءِ وَالْفَحْشَاءِ وَأَن تَقُولُوا عَلَى اللَّهِ مَا لَا تَعْلَمُونَ [٢:١٦٩]
—¡Oh, humanidad! Comed de los alimentos lícitos y puros que hay en la tierra, y no sigáis los pasos de Satanás. En verdad, él es vuestro enemigo manifiesto. Él solo os ordena el mal, la indecencia y decir acerca de Allah aquello que no conocéis. (Sura al-Baqarah: 168-169)
4. En otro lugar se dice:قُلْ إِنَّمَا حَرَّمَ رَبِّيَ الْفَوَاحِشَ مَا ظَهَرَ مِنْهَا وَمَا بَطَنَ وَالْإِثْمَ وَالْبَغْيَ بِغَيْرِ الْحَقِّ وَأَن تُشْرِكُوا بِاللَّهِ مَا لَمْ يُنَزِّلْ بِهِ سُلْطَانًا وَأَن تَقُولُوا عَلَى اللَّهِ مَا لَا تَعْلَمُونَ [٧:٣٣]
—Di: «Mi Señor solo ha prohibido las indecencias, tanto manifiestas como ocultas, el pecado, la transgresión injusta, asociar con Allah aquello para lo que Él no ha enviado ninguna autoridad, y decir acerca de Allah aquello de lo que no tenéis conocimiento». (Sura al-A‘raf: 33)
De este modo, en el Corán se han dado instrucciones para proteger el conocimiento de la Revelación de toda adulteración y mentira. Se ha prohibido severamente decir mentiras, inventos, estimaciones o afirmaciones basadas en conjeturas acerca de Allah, el Majestuoso, Su gran Mensajero de Allah (s), Su religión, Sus leyes y asuntos semejantes.
1.2.4.2. La orden de verificar antes de aceptar cualquier información
Así como está prohibido mentir uno mismo en nombre de Allah o de Su Mensajero (s), también está prohibido aceptar relatos o declaraciones poco fiables, falsos o basados en conjeturas procedentes de otros. El Noble Corán ordena a la comunidad musulmana mantenerse alerta al aceptar cualquier noticia o declaración. Se dice:يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا إِن جَاءَكُمْ فَاسِقٌ بِنَبَإٍ فَتَبَيَّنُوا أَن تُصِيبُوا قَوْمًا بِجَهَالَةٍ فَتُصْبِحُوا عَلَىٰ مَا فَعَلْتُمْ نَادِمِينَ [٤٩:٦]
—«¡Oh, creyentes! Si un perverso os trae una noticia, verificadla, no sea que perjudiquéis a un pueblo por ignorancia y luego os arrepintáis de lo que habéis hecho». (Sura al-Hujurat: 6).
A la luz de esta instrucción, si alguien presenta un testimonio o información, es obligatorio para el musulmán verificar, antes de aceptarlo, la integridad personal de esa persona y su exactitud al proporcionar información. Al aceptar mensajes o palabras relacionados con el Mensajero de Allah (s), es necesario ejercer una precaución y una comprobación mayores que en cualquier asunto mundano. Pues, si se depende de información o testimonios erróneos en asuntos mundanos, pueden resultar perjudicados los bienes, el honor o la vida de las personas. En cambio, la consecuencia de la falta de cautela respecto a los hadices del Mensajero de Allah (s) o al conocimiento de la Revelación es el daño a la fe y la destrucción de la vida eterna en el Más Allá. Por ello, la comunidad musulmana siempre ha examinado y aceptado toda información, hadiz y relato tras verificarlos.
1.2.5. Instrucciones de los hadices para proteger la Revelación de la falsedad
El Mensajero de Allah (s) dio a su comunidad diversas instrucciones para proteger sus palabras o hadices de todo tipo de alteración, error o falsedad, ya fuera intencionada o involuntaria. Entre ellas se encuentran:
1.2.5.1. Instrucciones para memorizar y transmitir los hadices correctamente
En diversos hadices, el Mensajero de Allah (s) ordenó memorizar sus hadices o palabras exactamente y de forma correcta, y transmitirlos. Yubayr ibn Mut‘im (ra) dijo que el Mensajero de Allah (s) dijo:
—Que Allah ilumine el rostro de quien escucha alguna de mis palabras, la comprende y memoriza plenamente, y luego se la transmite a quien no la escuchó. [At-Tirmidhi, Muhammad ibn ‘Isa (279 h.), As-Sunan 5/33-34; Abu Dawud, Sulayman ibn al-Ash‘az (275 h.)]
Muchos otros hadices con este mismo significado fueron transmitidos y recopilados de numerosos compañeros.
1.2.5.2. La prohibición de mentir atribuyendo palabras al Mensajero de Allah (s)
Por otra parte, para impedir que se difundieran palabras humanas atribuyéndoselas a él, prohibió estrictamente a sus compañeros mentir en su nombre o añadir palabras a las suyas. Hazrat ‘Ali (ra) dijo que el Noble Mensajero (s) dijo:
—No mintáis atribuyéndome palabras, pues quien mienta atribuyéndome palabras tendrá que entrar en el Infierno. [Al-Bujari, Muhammad ibn Isma‘il (256 h.), As-Sahih 1/52, Fath al-Bari 1/199].
Yubayr ibn al-‘Awwam (ra) dijo que el Mensajero de Allah (s) dijo:
—La morada de quien mienta atribuyéndome palabras será el Infierno. (Al-Bujari, As-Sahih 1/52)
Salama ibn al-Akwa‘ (ra) dijo que el Mensajero de Allah (s) dijo:
—La morada de quien atribuya a mi nombre algo que yo no dije será el Infierno. (Al-Bujari, As-Sahih 1/52)
De este modo, cerca de cien compañeros, incluidos los ‘Ashara Mubashshara, transmitieron esta advertencia del Mensajero de Allah (s). Ningún otro hadiz fue transmitido por un número tan grande de compañeros. [An-Nawawi, Yahya ibn Sharaf (676 h.), Sharh Sahih Muslim 1/68; Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at]
1.2.5.3. La prohibición de narrar demasiados hadices y de narrarlos sin haberlos memorizado
Existe la posibilidad de equivocarse al narrar demasiados hadices. Por ello, el Mensajero de Allah (s) ordenó tener cuidado en este asunto. Prohibió narrar cualquier hadiz sin estar plenamente seguro de haberlo memorizado correctamente y de su exactitud. Abu Qatada (ra) dijo que el Mensajero de Allah (s), de pie sobre el púlpito, dijo:
—¡Prestad atención! Absteneos de narrar demasiados hadices atribuyéndomelos. Quien diga algo atribuyéndomelo, que diga la verdad. Y quien diga atribuyéndome algo que yo no dije tendrá que morar en el Infierno. [Ibn Maya, As-Sunan 1/14; Al-Albani, Muhammad Nasir ad-Din, Sahih Sunan Ibn Maya 1/29; Al-Mustadrak 1/194].
‘Abdullah ibn ‘Abbas (ra) dijo que el Mensajero de Allah (s) dijo:
«Absteneos de narrar hadices procedentes de mí, salvo aquello que conozcáis». (At-Tirmidhi, As-Sunan 5/183).
Abu Musa Malik ibn ‘Ubada al-Gafiqi (ra) dijo que el Mensajero de Allah (s), después de darnos su última exhortación y mandato, dijo:
—Aferraros firmemente al Libro de Allah y seguidlo. Pronto llegaréis a un pueblo al que le gusta narrar hadices atribuyéndomelos. Si alguien recuerda algo, puede decirlo. Pero quien diga atribuyéndome algo que yo no dije tendrá como morada el Infierno. (Muslim, As-Sahih 1/12)
Así, en diversos hadices vemos que el Mensajero de Allah (s) ordenó a su comunidad memorizar sus hadices exactamente y sin errores, y transmitir esos hadices memorizados de ese modo. Por otra parte, prohibió narrar un hadiz cuando no se lo hubiera memorizado completamente o existiera la menor duda. Pues está prohibido y constituye uno de los pecados más graves decir, intencionada o involuntariamente, en su nombre algo que él no dijo. Para evitar incluso una alteración accidental de sus hadices, prohibió narrarlos sin haberlos memorizado por completo. Veremos que los compañeros eran sumamente cuidadosos en este asunto.
1.2.5.4. Advertencia contra los narradores de hadices falsos
Del mismo modo que está prohibido mentir por iniciativa propia atribuyendo palabras al Mensajero de Allah (s), también está prohibido aceptar las mentiras inventadas por otros. Él advirtió a su comunidad que surgirían entre la umma musulmana personas que narrarían hadices falsos. Abu Huraira (ra) dijo que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo:
—Al final de los tiempos, algunas personas de mi comunidad os narrarán hadices que ni vosotros ni vuestros padres y abuelos habéis escuchado jamás. ¡Prestad atención! Tened cuidado con ellos y manteneos alejados de ellos. (Muslim, As-Sahih 1/12).
Wasila ibn al-Asqa‘ (ra) dijo que el Mensajero de Allah (s) dijo:
—Antes del Día de la Resurrección, Satanás irá deambulando por los mercados y las reuniones, narrando hadices y diciendo: “Fulano, hijo de fulano, me narró este hadiz sobre tal y cual asunto”. (Ibn ‘Adi, Ahmad, Al-Kamil fi Du‘afa ar-Rijal 1/115).
‘Abdullah ibn Mas‘ud (ra) dijo:
—Satanás adopta forma humana, se presenta entre la gente y les narra hadices falsos. Después, quienes se han reunido, tras escuchar los hadices falsos, se dispersan. Luego narran esos hadices diciendo: “Escuché a un hombre narrar este hadiz; reconozco su rostro, pero no sé su nombre”. (Muslim, As-Sahih 1/12)
1.2.5.5. La prohibición de aceptar narraciones dudosas o poco fiables
El Mensajero de Allah (s) prohibió aceptar cualquier hadiz sin verificarlo. Si alguien acepta y narra como hadiz todo lo que oye sin verificarlo, será culpable del pecado de mentir en nombre del hadiz por su negligencia al verificarlo. Los hadices indican que, para convertirlo en mentiroso, basta con que acepte un hadiz sin verificar si es verdadero o falso; no es necesario que haya inventado deliberadamente un hadiz falso. Además, si una persona narra un hadiz pese a tener dudas o sospechas sobre su autenticidad y exactitud, también será considerada mentirosa y culpable del pecado de narrar un hadiz falso.
Abu Huraira (ra) dijo que el Mensajero de Allah (s) dijo:
—Es suficiente pecado para una persona que narre todo lo que oye. (Muslim, As-Sahih 1/10).
Samura ibn Yundub (ra) y Al-Mugira ibn Shu‘ba (ra) dijeron que el Mensajero de Allah (s) dijo:
—Quien narre un hadiz atribuyéndomelo y albergue dudas de que el hadiz sea falso, también es un mentiroso. (Muslim, As-Sahih 1/9).
1.2.6. La norma sobre mentir en nombre del hadiz
1.2.6.1. Mentir en nombre del hadiz es uno de los pecados mayores más graves
A la luz de los versículos y hadices mencionados anteriormente, podemos comprender fácilmente que mentir en nombre del hadiz y hacer pasar las palabras de una persona por hadiz es el pecado y delito más abominable. No existe ninguna duda ni vacilación al respecto entre la comunidad musulmana. En la continuación de esta discusión veremos que los compañeros del Mensajero de Allah (s) se abstenían de transmitir hadices por temor a cometer incluso el más mínimo error involuntario o fruto de la negligencia. Consideraban incluso el error involuntario un pecado terrible y lo evitaban con gran cautela. Además, consideraban que transmitir un hadiz falso inventado por otra persona era un delito igual que inventar un hadiz falso.
Al comentar los hadices mencionados anteriormente, el imán Abu Zakariyya Yahya ibn Sharaf al-Nawawi (676 h.) dijo: Estos hadices muestran que mentir en nombre del Mensajero de Allah (s) es el acto más gravemente prohibido, uno de los pecados mayores más terribles y un delito de los más abominables y destructivos. La comunidad musulmana está de acuerdo en esto. Sin embargo, según la mayoría de los sabios, no se puede declarar incrédula a una persona por este delito. Quien mienta en nombre del Mensajero de Allah (s), si no considera lícita su propia mentira, no puede ser declarado incrédulo; es un musulmán pecador. Pero si considera lícito este pecado gravísimo, será considerado incrédulo. No obstante, Muhammad al-Juwayni y algunos otros imanes consideraron este delito una forma de incredulidad. Al-Juwayni decía que quien mintiera deliberadamente en nombre del Mensajero de Allah (s) sería considerado incrédulo y debería ser condenado a muerte.
Estos hadices muestran que toda mentira en nombre del Mensajero de Allah (s) está igualmente prohibida, cualquiera que sea el asunto. Ya se trate de normas de la sharía, virtudes, exhortación a las buenas obras, advertencia contra los pecados o cualquier otro tema, mentir en su nombre es uno de los actos más gravemente prohibidos y uno de los pecados mayores más terribles. Existe consenso de la comunidad musulmana al respecto. Todos aquellos que están capacitados para emitir opiniones y cuyas opiniones pueden ser aceptadas están de acuerdo en este asunto. (Al-Nawawi, Sharh Sahih Muslim, 1/69).
1.2.6.2. Mencionar o difundir un hadiz mawdu‘ también es uno de los actos más gravemente prohibidos
El imán al-Nawawi también dijo: Narrar conscientemente un hadiz falso o inventado también está prohibido, cualquiera que sea su contenido. Sin embargo, está permitido narrarlo para informar que se trata de un hadiz falso. (Al-Nawawi, Taqrib, con Tadrib al-Rawi, 1/274).
En otro lugar dijo: Si alguien llega a saber que un hadiz es mawdu‘, es decir, falso o fabricado, o tiene la firme sospecha de que es fabricado, le está prohibido narrarlo. Si alguien sabe que un hadiz es falso y, aun así, lo narra sin mencionar que es inventado, también será considerado fabricante de hadices y quedará incluido entre los terribles castigos mencionados en estos hadices. (Al-Nawawi, Sharh Sahih Muslim, 1/71).
El imán Zayn al-Din Abd al-Rahim ibn al-Husayn al-Iraqi (806 h.) dijo: Está prohibido transmitir un hadiz mawdu‘ o fabricado, cualquiera que sea el tema o el sentido que tenga. Ya se trate de normas jurídicas, relatos, virtudes, exhortación a las buenas obras, advertencia contra los pecados o cualquier otro asunto, quien sepa que es mawdu‘ no puede narrarlo, difundirlo, utilizarlo como prueba ni predicar basándose en él. Sin embargo, puede mencionarlo indicando que el hadiz es falso o inventado. (Al-Iraqi, Fath al-Mughith, pp. 120-121).
1.2.6.3. La norma sobre el arrepentimiento del fabricante de hadices
Existe una diferencia especial entre mentir en nombre del hadiz y mentir en otros asuntos: el arrepentimiento del mentiroso en nombre del hadiz no es aceptado por los muhaddices. Si se demuestra que una persona atribuyó o difundió falsamente una afirmación como palabra del Mensajero de Allah (s) y después se arrepiente, Allah puede perdonarla; sin embargo, ante los muhaddices no recuperará su aceptabilidad por causa de su arrepentimiento. Los muhaddices nunca considerarán verdaderos ni fiables los hadices narrados por esa persona.
El gran muhaddiz y jurista del siglo V, Ahmad ibn Thabit al-Jatib al-Baghdadi (463 h.), dijo: El hadiz de quien miente a la gente no es aceptable. Sin embargo, el imán Malik señaló que, si se arrepiente y se demuestra su honestidad, su hadiz puede ser considerado aceptable. Pero si alguien inventa un hadiz, miente en un hadiz o afirma haber oído algo que no oyó, el hadiz que narra no puede considerarse verdadero ni correcto. Los sabios han señalado que, aunque después se arrepienta, ninguno de los hadices que narre podrá considerarse verdadero. Al imán Ahmad (241 h.) le preguntaron: Una persona mintió acerca de un solo hadiz, después se arrepintió y abandonó la mentira; ¿qué debe hacerse respecto a ella? Él respondió: Su arrepentimiento concierne a la relación entre ella y Allah. Allah puede aceptarlo si quiere. Sin embargo, ningún hadiz que narre podrá aceptarse jamás como correcto ni podrá jamás dependerse de su narración. El imán Sufyan al-Thawri (161 h.), Abd Allah ibn al-Mubarak (181 h.) y otros imanes dijeron lo mismo.
Abd Allah ibn al-Zubayr al-Humaydi (219 h.), uno de los principales maestros del imán al-Bujari, dijo: Si alguien, al narrar un hadiz, dice: “Escuché este hadiz de fulano”, y después se demuestra que no lo escuchó de esa persona, o se descubre de cualquier otra manera que mintió al narrar el hadiz, ninguno de los hadices que narre podrá considerarse ya correcto ni fiable. Al-Jatib al-Baghdadi dijo que esta norma se aplica cuando se demuestra una mentira deliberada. [Al-Jatib al-Baghdadi, Ahmad ibn Ali ibn Thabit (463 h.), Al-Kifaya fi ilm al-riwaya, pp. 117-118].
El jeque Abd al-Haqq al-Muhaddiz al-Dihlawi (1052 h.) dijo: Si se demuestra que una persona mintió deliberadamente aunque solo fuera una vez en su vida al narrar un hadiz, ningún hadiz narrado por ella será considerado correcto ni fiable, aunque se arrepienta. (Abd al-Haqq al-Dihlawi, Muqaddima fi usul al-hadiz, pp. 63-64).
1.2.7. El surgimiento de la mentira en nombre del hadiz
Sabemos que, en toda sociedad, nación y religión, la mentira y los mentirosos son despreciados. La veracidad siempre y en todas partes es elogiada, mientras que la mentira es censurada. Por eso, incluso en la sociedad jahilí de Arabia fue elogiada la incomparable veracidad de Muhammad, el Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz. Fue llamado «al-Amín» y «as-Sadiq»: el digno de confianza y el veraz.
Muhammad, el Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, el hombre más veraz de todos los tiempos, formó a sus compañeros, los sahabah, sobre una veracidad extraordinaria e incomparable. Su veracidad era inquebrantable. No recurrieron a la mentira ni siquiera ante el sufrimiento o el peligro. Además, él prohibió específicamente mentir en nombre de la revelación y en nombre del hadiz, y habló repetidamente de su severo castigo.
En la continuación de esta exposición veremos que los sahabah consideraban un pecado gravísimo y evitaban incluso el más mínimo error o alteración involuntaria, sin hablar ya de mentir deliberadamente en nombre del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz.
Por ello vemos que, durante la vida del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, y después de su fallecimiento, nunca ocurrió entre sus compañeros, bajo ninguna circunstancia, que alguien mintiera en su nombre. Al contrario, vemos que la mayoría de los sahabah ni siquiera relataban un hadiz en nombre del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, por temor a cometer involuntariamente un error.
Durante la vida del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, vivían en la sociedad de Medina algunos hipócritas. Entre ellos era habitual mentir. Sin embargo, eran muy pocos y su falsedad era conocida en la sociedad. Por ello carecían de credibilidad. Nadie creía sus palabras, y tampoco tuvieron el valor ni la oportunidad de mentir en nombre del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz.
Se relata un caso en el que un joven pidió la mano de una muchacha. Los familiares de la joven se negaron a darle a su hija en matrimonio. Más tarde, el joven acudió a ellos y dijo que el Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, le había ordenado elegir y casarse con cualquier muchacha de su linaje. El joven permaneció allí. Mientras tanto, uno de ellos acudió a la presencia del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, y le preguntó si aquello era verdad. Él respondió: «El joven ha mentido. Si lo encontráis con vida, dadle muerte. Aunque no creo que lo encontréis con vida». Al regresar, encontraron que el joven había muerto por la mordedura de una serpiente.
Si este relato es auténtico, se deduce de él que durante la vida del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, ocurrió un caso de mentira deliberada en su nombre. Sin embargo, la cadena de transmisión de este relato es extremadamente débil. Fue transmitido por medio de varios narradores acusados de mentir y sumamente débiles. (Adh-Dhahabí, Mízán al-I‘tidál, 3/401-402; Ibn ‘Adí, Al-Kámil, 4/54).
En general, vemos que después del fallecimiento del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, mientras los sahabah fueron numerosos en la sociedad musulmana, no ocurrió ningún caso de mentira en su nombre.
Con el paso del tiempo, la situación comenzó a cambiar. El cambio empezó a producirse desde la segunda mitad del primer siglo de la hégira. Durante ese período murieron muchos sahabah. Innumerables nuevos musulmanes buscaron refugio bajo la protección del islam. Entre ellos surgió por primera vez la mentira en nombre del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz. Gradualmente comenzó a extenderse.
En el año 23 de la hégira, Dhun-Nurayn, ‘Uzmán ibn ‘Affán, que Dios esté complacido con él, asumió el califato. Hasta el año 35 de la hégira desempeñó esa responsabilidad durante aproximadamente doce años. Durante ese período, junto con las conquistas islámicas, el islam se extendió por diversos países de Asia y África. Innumerables personas buscaron refugio bajo su protección. La mayoría de ellas vivía muy lejos de Medina, el centro vital del islam, en regiones como Egipto, Cairuán, Kufa, Basora, Siria, Palestina y Jorasán. También estaban privadas de la compañía de los sahabah.
Muchos de ellos no llegaron a desarrollar plenamente la verdadera fe, carácter y conducta islámicos. Debido a su ignorancia, a la influencia de sus religiones anteriores y a su hostilidad hacia el islam o los árabes, entre ellos comenzaron a difundirse diversas mentiras y calumnias. Muchos enemigos del islam, después de fracasar en su intento de derrotarlo en el campo militar, comenzaron a procurar su destrucción mediante mentiras y propaganda. Y la mentira más grave y duradera fue la que se difundió en nombre de la revelación o del hadiz. Los enemigos del islam recurrieron a ella.
En aquella época, estas personas comenzaron a pronunciar innumerables afirmaciones sobre el rango y el poder de los descendientes del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, especialmente sobre el rango, los conocimientos especiales, los poderes especiales, los milagros y la necesidad de colocar en el poder a ‘Alí ibn Abí Tálib, que Dios esté complacido con él, así como en condena de ‘Uzmán ibn ‘Affán, que Dios esté complacido con él. La mayoría de estas afirmaciones las expresaban mediante argumentos y debates. También comenzaron a inventar indirectamente algunas palabras en nombre del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz. Aunque estos pecadores todavía no se habían atrevido a mentir abiertamente en nombre del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz. Aún vivían innumerables sahabah y había una enorme posibilidad de que la mentira fuese descubierta. Sin embargo, la tendencia a mentir comenzaba a desarrollarse.
El célebre jurista, muhaddiz e historiador de los siglos III-IV de la hégira, el sabio Muhammad ibn Yarír at-Tabarí (fallecido en 310 de la hégira), al tratar los acontecimientos del año 35 de la hégira, dice que ‘Abdullah ibn Saba era un judío del Yemen. Se hizo musulmán durante la época de ‘Uzmán, que Dios esté complacido con él. Después comenzó a viajar de ciudad en ciudad y de población en población difundiendo diversas ideas engañosas. No logró mucho en el Hiyaz, Basora, Kufa y Siria. Entonces marchó a Egipto. Allí comenzó a proclamar: «Es sorprendente pensar que alguien crea que Jesús regresará a la tierra, pero no crea que Muhammad regresará a la tierra. Considera verdadera la segunda venida de Jesús, pero cuando se habla del regreso de Muhammad lo considera una mentira. Miles de profetas se han marchado. Cada profeta, mediante un testamento, designó a uno de los miembros de su comunidad para asumir la responsabilidad. La persona designada por Muhammad, que Dios lo bendiga y le conceda paz, mediante su testamento y a quien confió la responsabilidad fue ‘Alí ibn Abí Tálib. Muhammad, que Dios lo bendiga y le conceda paz, es el último profeta, y ‘Alí es el último encargado que recibió un testamento. ¿Quién puede ser más injusto que quien no aceptó el testamento del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, ni la responsabilidad que este le confió, sino que se apoderó él mismo del poder?» [At-Tabarí, Muhammad ibn Yarír (310 H), Taríj al-Umam wa al-Mulúk, 2/647].
Aquí vemos que ‘Abdullah ibn Saba, además de presentar sus engaños bajo la apariencia de argumentos, atribuyó indirectamente ciertas palabras al Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz. Afirmó que ‘Alí había recibido la responsabilidad del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, y que era una injusticia no entregarle dicha responsabilidad, entre otras cosas.
En la continuación de esta exposición veremos que, al aparecer en aquella época este tipo de debilidad en la veracidad de la población musulmana, los sahabah adoptaron medidas y métodos especiales para impedir la mentira en nombre de los hadices del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz.
Hacia el final del primer siglo de la hégira, comenzó a aumentar la tendencia a fabricar hadices en nombre del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, para demostrar las propias opiniones desviadas. También aumentó la tendencia a mentir en nombre de los sahabah. Al mismo tiempo, se intensificaron las medidas preventivas de la comunidad musulmana.
Mujtar ibn Abú ‘Ubayd as-Saqafí (1-67 H) fue un tabi‘í contemporáneo de los sahabah. Después del martirio del imán Husayn, que Dios esté complacido con él, en la llanura de Karbalá, en el año 60 de la hégira, marchó a Kufa en los años 64-65 de la hégira por parte de ‘Abdullah ibn az-Zubayr (1-73 H), gobernante de La Meca. En Kufa comenzó a capturar y matar a los implicados en el asesinato del imán Husayn. Después rechazó obedecer a ‘Abdullah ibn az-Zubayr y afirmó ser el representante de Muhammad ibn al-Hanafiyya, hijo de ‘Alí. Luego comenzó a afirmar que recibía inspiración de la revelación, que era el representante especial del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, y que era califa, entre otras cosas. Finalmente, en el año 67 de la hégira, fue derrotado y muerto por las fuerzas de ‘Abdullah ibn az-Zubayr.
Para demostrar la veracidad de todas estas pretensiones, ordenó, pidió y animó a varias personas a fabricar y relatar hadices falsos en su favor.
Abú ‘Anar al-Harrání dice que Mujtar ibn Abú ‘Ubayd as-Saqafí le dijo a un narrador de hadices: «Fabrica en mi favor un hadiz en nombre del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz, en el que conste que, después de él, yo apareceré como su representante y vengaré el asesinato de sus descendientes. Por ello te ofreceré diez mil dírhams, monturas, esclavos y vestimentas». El narrador de hadices respondió: «No puedo fabricar un hadiz en nombre del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz. Sin embargo, podría inventarse una afirmación en nombre de algún sahabí. Por ello puedes reducir cuanto quieras tu regalo». Mujtar dijo: «Si se trata de algo en nombre del Mensajero de Dios, tendrá mayor importancia». El hombre respondió: «Y su castigo será también más severo». (Ibn al-Yawzí, Al-Mawdu‘át, 1/16-17).
Mujtar hizo peticiones semejantes a muchas personas. Cuando fue necesario, también recurrió a las amenazas y al asesinato. Salama ibn Kazír dice que Ibn Rabi‘a al-Juza‘í había vivido en la época del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz. Relata: «Una vez fui a Kufa. Me llevaron ante Mujtar as-Saqafí. Se sentó a solas conmigo y me dijo: “Señor, usted vivió en la época del Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda paz. Si dice algo en nombre del Mensajero de Dios, la gente le creerá. Fortalézcame relatando un hadiz en nombre del Mensajero de Dios. Estas setecientas monedas de oro son para usted”. Le respondí: “La consecuencia de mentir en nombre del Mensajero de Dios es con toda seguridad el Infierno. No puedo hacerlo”». [Al-Bujari, Muhammad ibn Isma‘íl (256 H), At-Taríj al-Kabír, 8/438; At-Taríj as-Sagír, 1/147].
Mujtar también ordenó a Muhammad ibn ‘Ammar, hijo del sahabí ‘Ammar ibn Yasir, que Dios esté complacido con él, que fabricara y difundiera, en su favor, un hadiz a través de su padre ‘Ammar. Cuando este se negó, Mujtar lo mató. [Al-Bujari, At-Taríj as-Sagír, 1/147; Al-Yarh wa at-Ta‘díl, 8/43].
Desde finales del primer siglo de la hégira comenzó a aparecer la tendencia a mentir en nombre de sahabah célebres. En particular, algunos seguidores de ‘Alí ibn Abú Tálib, que Dios esté complacido con él, comenzaron a mentir en su nombre. Empezaron a difundir diversas afirmaciones inventadas: que él desaprobaba u odiaba en su fuero interno a Abú Bakr y ‘Umar, que Dios esté complacido con ambos; que realizaba toda clase de milagros; que poseía poderes sobrenaturales, y cosas semejantes.
El célebre tabi‘í Ibn Abí Mulayka, ‘Abdullah ibn ‘Ubaydullah (fallecido en 117 H), dice: «Escribí a ‘Abdullah ibn ‘Abbás (fallecido en 68 H) para pedirle que me escribiera algunos asuntos seleccionados y necesarios. Entonces dijo: “Un joven digno de confianza y bienintencionado. Seleccionaré especialmente para él algunos asuntos y omitiré los innecesarios”. Entonces pidió el manuscrito escrito sobre los juicios de ‘Alí. Escribió algunos asuntos a partir de él y, después de leer algunos pasajes, dijo: “¡Por Dios! ‘Alí jamás pudo haber emitido este juicio. Nadie puede emitirlo si no está desviado”». (Muslim, As-Sahih, 1/13).
Es decir, algunos compañeros excesivamente entusiastas y devotos de ‘Alí escribieron en aquellos manuscritos ciertas afirmaciones falsas en su nombre que degradaban su dignidad, aunque las habían añadido precisamente con la intención de elevarla.
Sobre este asunto, otro tabi‘í, Tawús ibn Kaisán (fallecido en 106 H), dice: «Le llevaron a Ibn ‘Abbás, que Dios esté complacido con él, el manuscrito de los juicios de ‘Alí, que Dios esté complacido con él. Él borró todo lo que contenía, salvo una cantidad equivalente a un palmo». (Muslim, As-Sahih, 1/13).
El célebre tabi‘í Abú Ishaq as-Sabi‘í (fallecido en 129 H) dice que, cuando aquellos seguidores excesivamente devotos de ‘Alí, que Dios esté complacido con él, inventaron después de su fallecimiento estas nuevas afirmaciones fabricadas, uno de los seguidores de ‘Alí dijo: «¡Que Dios los destruya! ¡Qué gran conocimiento han desperdiciado!». (Muslim, As-Sahih, 1/13).
El tabi‘í Mugíra ibn Miqsam ad-Dabbí (fallecido en 136 H) dice: «[La mentira se extendió entre los seguidores de ‘Alí, que Dios esté complacido con él, de tal manera que] si alguien que no hubiera tenido la compañía de una persona que hubiera estado junto a ‘Abdullah ibn Mas‘úd relataba un hadiz de ‘Alí, que Dios esté complacido con él, no se consideraba correcto ni fiable». (Muslim, As-Sahih, 1/13).
Así hemos visto que, desde mediados del primer siglo de la hégira, comenzó a aparecer gradualmente entre la gente la tendencia a mentir en nombre del hadiz por diversos intereses y propósitos. Esta tendencia fue aumentando con la evolución de los tiempos. Desde el segundo siglo de la hégira, el número de mentirosos aumentó progresivamente, y también aumentaron las clases y métodos de la mentira. En el capítulo siguiente trataremos la identidad y clasificación de los falsificadores mentirosos, así como las causas de sus falsificaciones. Pero antes queremos exponer los métodos adoptados por la comunidad musulmana para combatir la mentira.
Los sahabah y los sabios musulmanes de las generaciones posteriores adoptaron métodos sumamente eficaces y científicos para mantener los hadices auténticos separados de toda clase de mentira. Aquí queremos examinar sus métodos de actuación.
1.3. Los compañeros en la prevención de la falsedad
A la luz de la orientación general del Corán y del hadiz sobre la preservación exacta e íntegra del conocimiento de la revelación, de las terribles consecuencias de mentir o hablar basándose en conjeturas en nombre de la revelación, de las instrucciones especiales del Mensajero de Allah (s) para la preservación exacta e íntegra del hadiz y de la prohibición de mentir en nombre del hadiz, los compañeros adoptaron diversos métodos para proteger los hadices del Mensajero (s) de todo tipo de error involuntario, nacido de la ignorancia o intencionado, así como de toda distorsión o falsedad. Por un lado, ellos mismos observaban cautela al transmitir los hadices. No transmitían un hadiz mientras no estuvieran plenamente seguros de haberlo memorizado de manera completa y exacta. Por otro lado, alentaban e instruían a todos a memorizar los hadices íntegra y literalmente, de manera exacta, y a transmitirlos así. En tercer lugar, si tenían la más mínima duda sobre la exactitud del hadiz transmitido por cualquier compañero o tabi‘í, lo aceptaban únicamente después de verificarlo mediante diversos métodos de examen.
Cabe señalar aquí que, en su época, no existía ninguna posibilidad de error intencionado. Nadie mentía siquiera en las conversaciones y transacciones mundanas. La honestidad y la confianza eran sus características. A pesar de ello, al observar su proceder para proteger los hadices del Mensajero (s) incluso del más mínimo error involuntario, nacido de la ignorancia o de la negligencia, uno queda absolutamente asombrado.
1.3.1. Protegerse de mentir involuntariamente
Sabemos que la mentira puede ser intencionada o involuntaria. Un error involuntario también se considera una mentira. Los sahaba se esforzaban al máximo por recitar los hadices con exactitud y literalmente, para protegerse de la «mentira» involuntaria al transmitirlos. En los libros de hadices están registrados innumerables ejemplos de su cautela al transmitirlos. Aquí menciono algunos.
El tabi‘í Amr ibn Maymún al-Azdí (74 H.) dice: Árabe(*********)
—Todos los jueves acudía ante Abd Allah ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él). En sus conversaciones nunca decía: «El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo». Una tarde dijo: «El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo», y luego bajó la cabeza. Lo miré y vi que permanecía de pie. Los botones de su camisa estaban abiertos; sus ojos se habían enrojecido y las venas de su cuello se habían hinchado. Dijo: «O el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo algo menor que eso, o algo mayor, o algo parecido, o algo cercano a ello». (Ibn Mayah, as-Sunan 1/10-11; as-Sunan 1/88; al-Mustadrak 1/194).
El tabi‘í Masruq ibn al-Ayda Abu Aisha (61 H.) dice: Árabe(***)
—Un día, Abd Allah ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) transmitió un hadiz del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entonces comenzó a temblar, hasta el punto de que el temblor se hacía visible en su ropa. Después dijo: «O él dijo algo parecido». (Al-Hakim, al-Mustadrak 1/193).
El tabi‘í Muhammad ibn Sirin (110 H.) dice: Árabe(****)
Cuando Anas ibn Malik (que Allah esté complacido con él) transmitía un hadiz, al terminar decía: «O eso fue lo que dijo el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)» (puede que haya un error en mi transmisión). (Ibn Mayah, as-Sunan 1/11).
Al transmitir hadices, los sahaba no cambiaban conscientemente ni una sola palabra. Los transmitían literalmente, palabra por palabra. El tabi‘í Sa‘d ibn Ubayda as-Sulamí (103 H.) dice que el sahabí Abd Allah ibn Umar (73 H.) dijo que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había dicho: Árabe(******)
—El islam se fundamenta en cinco cosas: adorar únicamente a Allah, es decir, el tawhid; establecer la oración; entregar el zakat; observar el ayuno de Ramadán y realizar el hajj. Entonces un hombre dijo: «El hajj y el ayuno de Ramadán». Él respondió: «No, el ayuno de Ramadán y el hajj». Así lo escuché del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). (Muslim, as-Sahih 1/45).
El tabi‘í llamado Ya‘fur ibn Ruzí dice: Escuché que Ubayd ibn Umayr (72 H.), un célebre tabi‘í y famoso predicador de La Meca, dijo un día durante una predicación que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había dicho: Árabe(*****)
—El ejemplo del hipócrita es como el de una cabra situada entre dos rebaños de cabras. Al oír esto, el sahabí Abd Allah ibn Umar (73 H.) dijo: Árabe(****)
—¡Ay de vosotros! No mintáis atribuyéndolo al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El ejemplo del hipócrita es como el de una cabra que va y viene entre dos rebaños de cabras». (Muslim, as-Sahih 1/45).
Para garantizar la cautela y la plena exactitud al transmitir los hadices, la mayoría de los sahaba se abstenían de transmitir hadices atribuyéndolos al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Solo decían aquellas palabras o acontecimientos que estaban completamente seguros de haber memorizado con exactitud. Muchos nunca decían nada atribuyéndolo al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Podemos comprenderlo comparando el número de sahaba con el número de sahaba que transmitieron hadices. El número de sahaba que tuvieron mayor o menor contacto con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) superaba los cien mil. El número de sahaba famosos cuyos nombres e identidades conocemos superaba los diez mil. Sin embargo, el número de sahaba transmisores de hadices era apenas de mil quinientos.
La más famosa y extensa colección de hadices compilada según los nombres de los sahaba es el Musnad de Ahmad. El imán Ahmad recopiló en ella todos los hadices que podían aceptarse en términos generales, así como los hadices débiles. En ella se compilaron los hadices de 904 sahaba. Si se reúnen los sahaba transmisores de hadices conocidos y desconocidos, fiables y no fiables, el total asciende a 1565.
También es digno de notar que, entre los más de mil sahaba transmisores de hadices, la mayoría transmitió solamente entre uno y veinte o treinta hadices. Solo 38 sahaba transmitieron más de cien hadices. De ellos, solo siete transmitieron más de mil hadices. Los otros 31 transmitieron entre cien y varios cientos de hadices.
Se han transmitido muchos relatos sobre cómo los sahaba se abstenían de transmitir hadices por temor a cometer errores involuntarios.
Sa‘id ibn Yazid (91 H.) era un sahabí. Siendo aún pequeño, tuvo el honor de acompañar al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) durante la Peregrinación de Despedida. En su vida posterior vivió en compañía de los sahaba. Dice: Árabe(******)
—Pasé tiempo en compañía de sahaba como Abd ar-Rahman ibn Awf (que Allah esté complacido con él), Talha ibn Ubayd Allah (que Allah esté complacido con él), Sa‘d ibn Abi Waqqas (que Allah esté complacido con él) y al-Miqdad ibn al-Aswad (que Allah esté complacido con él). Nunca escuché a ninguno de ellos transmitir un hadiz del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Únicamente escuché a Talha ibn Ubayd Allah hablar sobre la batalla de Uhud. (Ibn Adi, al-Kamil fi du‘afa’ ar-rijal 1/93).
También dijo: «Viajé con Sa‘d ibn Malik (que Allah esté complacido con él) desde Medina hasta La Meca. Durante todo aquel largo trayecto y el extenso tiempo que pasamos juntos, nunca lo escuché transmitir ni un solo hadiz atribuyéndolo al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)».
El famoso tabi‘í del primer siglo de la Hégira, ash-Sha‘bi (204 H.), dijo: «Pasé un año con Abd Allah ibn Umar (que Allah esté complacido con él), pero nunca lo escuché decir nada del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)».
En otra ocasión dijo: «Estuve sentado junto a Abd Allah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) durante dos años, o un año y medio. En todo ese largo período solo lo escuché transmitir un hadiz…». (Al-Bujari, as-Sahih 6/2652; Ibn Hayar al-Asqalani, Fath al-Bari 13/243).
El sahabí Abd Allah ibn az-Zubayr dice: Le pregunté a mi padre, az-Zubayr ibn al-Awwam (que Allah esté complacido con él): «¿Por qué no te escucho transmitir hadices como lo hacen algunos otros sahaba?». Él respondió: «Escucha bien: desde que acepté el islam nunca me he apartado de su compañía. Sin embargo, lo escuché decir: “Quien mienta deliberadamente atribuyéndome algo deberá morar en el Infierno”». (Al-Bujari, as-Sahih 1/52; Ibn Mayah, as-Sunan 1/14).
Por tanto, la razón por la que az-Zubayr ibn al-Awwam (36 H.) no transmitía hadices no era la ignorancia. Aceptó el islam durante la primera juventud de la profecía. Después pasó casi veinte años en compañía del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Tras su fallecimiento, vivió aproximadamente otros veinticinco años. Sin embargo, el número de hadices que transmitió fue inferior a cuarenta. En el Musnad de Ahmad se han recopilado 36 hadices suyos. Ibn Hazm menciona que el número total de hadices transmitidos atribuyéndoselos, con cadenas fiables y no fiables, era solamente de 38. (Ibn Hazm, Asma’ as-sahaba ar-ruwat, p. 95).
Hemos visto que se abstenía de transmitir hadices por temor a cometer un error involuntario. La razón era que el castigo por mentir atribuyéndolo al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es el Infierno. Además, un error involuntario o un cambio de palabras también puede convertirse en una mentira atribuida a él. Por eso se abstenía la mayor parte del tiempo de transmitir hadices.
Otros sahaba también se abstenían de transmitir hadices por temor a los errores involuntarios. El tabi‘í Abd ar-Rahman ibn Abi Layla (83 H.) dice: «Dijimos al sahabí Zayd ibn Arqam (68 H.): “Transmítenos hadices del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)”. Él respondió: “Hemos envejecido y sufrimos olvidos. Transmitir un hadiz atribuyéndolo al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es una responsabilidad muy difícil”».
El sahabí Suhayb ibn Sinan (que Allah esté complacido con él) decía: «Venid, os contaré relatos de guerras y batallas. Pero bajo ninguna circunstancia diré: “El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo”». (Ansab al-ashraf 1/183).
El tabi‘í Hashim al-Hurmuzí dice que Anas ibn Malik (que Allah esté complacido con él) decía: «Temo cometer un error involuntario. Si no fuera por este temor, os contaría muchas cosas que escuché de él. Pero él dijo: “Quien mienta deliberadamente atribuyéndome algo deberá morar en el Infierno”». (Ahmad, al-Musnad 3/172).
Así, los sahaba se abstenían de transmitir hadices por temor a cometer errores involuntarios. Cabe observar que tanto Anas ibn Malik como Abu Qatada dijeron que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había mencionado el castigo por transmitir deliberadamente hadices atribuyéndoselos a él. Sin embargo, ellos evitaban transmitir hadices atribuyéndoselos por temor a los errores involuntarios. Pues no tomar precauciones aun sabiendo que puede producirse un error significa «dar deliberadamente una oportunidad al error involuntario». No extremar la cautela frente al error involuntario significa tolerar la distorsión deliberada. Por consiguiente, quien comete un error por no precaverse del error involuntario miente deliberadamente atribuyéndolo al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Ningún creyente puede mostrarse descuidado respecto a los hadices del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).
1.3.2. Aceptar los hadices transmitidos por otros después de verificarlos
Así hemos visto que los compañeros hacían todo lo posible por transmitir los hadices literalmente y sin errores, y que no los transmitían si tenían cualquier duda o vacilación. Su segunda línea de acción para preservar la autenticidad de los hadices consistía en adoptar una cautela similar también al transmitir los hadices de otros. Si tenían la más mínima duda sobre la exactitud o precisión (Accuracy) literal de un hadiz transmitido por otro compañero o por un tabi‘í contemporáneo suyo, no lo aceptaban sin verificarlo.
Es decir, al igual que hacían todo lo posible por protegerse de la «mentira involuntaria» al transmitir ellos mismos un hadiz, también verificaban si había alguna mentira o error en un hadiz transmitido por otra persona antes de considerarlo correcto. Consideraban esta minuciosa verificación y examen como una de las responsabilidades que Allah y Su grandioso Mensajero, Rasulullah (s), les habían prescrito para proteger la autenticidad y el prestigio de los hadices. Por ello, nadie se opuso jamás a ello ni se sintió ofendido.
1.3.2.1. Examen comparativo para determinar la exactitud
Por la discusión anterior sabemos que la mentira puede ser tanto intencionada como involuntaria. Para proteger los hadices de ambos tipos de mentira o error, los nobles compañeros adoptaron medidas estrictas.
En su época, ningún compañero mentía ni cometía negligencias al intentar transmitir los hadices con exactitud. Aun así, cuando sospechaban que el compañero que transmitía un hadiz podía haber cometido algún error, verificaban su transmisión mediante un examen comparativo antes de aceptarla.
El proceso de examen comparativo era de varios tipos:
1. Presentar el hadiz transmitido —es decir, la palabra, instrucción o narración— ante la persona que había dado originalmente la instrucción, para determinar su precisión y exactitud (Accuracy).
2. Comparar la palabra, instrucción o narración transmitida (el hadiz) con la transmisión de otra u otras personas, para determinar su precisión y exactitud.
3. Comparar la palabra, instrucción o narración transmitida (el hadiz) con las transmisiones del propio transmisor realizadas en distintos momentos, para determinar su precisión y exactitud.
4. Determinar la precisión o exactitud de la narración haciendo al transmisor diversas preguntas sobre el hadiz transmitido o haciéndole prestar juramento.
5. Comparar el significado de la palabra, instrucción o hadiz transmitido con los significados y las instrucciones conocidos del Corán y los hadices.
Mediante todos estos exámenes, comprobaban si el transmisor del hadiz había podido memorizarlo y transmitirlo correctamente.
Desde la época de los compañeros y en todas las épocas posteriores, el examen mediante estos métodos fue el método principal de los muhaddices para determinar la exactitud y autenticidad de las transmisiones de hadices. Sabemos que este mismo método se sigue en los tribunales de todos los países del mundo para determinar la precisión y exactitud de los testimonios presentados. Este es el método científico para determinar la autenticidad y exactitud de cualquier narración o testimonio. Aquí analizaremos algunos ejemplos de la época de los compañeros.
1.3.2.2. Preguntar a quien pronunció originalmente la declaración
La mejor manera de verificar la veracidad o falsedad de un testimonio o narración es preguntar a quien pronunció la declaración. Durante la vida de Rasulullah (s), si algún compañero tenía dudas sobre la exactitud de un hadiz transmitido por otro compañero, le preguntaba a Rasulullah (s) y se cercioraba de su exactitud. En diversos hadices se narran muchos incidentes relacionados con esto. Aquí mencionaremos algunos.
1. Yabir ibn Abdullah (ra), al narrar el Hayy de despedida, dice: Texto árabe (*******)
-[(Antes del Hayy de despedida, Rasulullah (s) envió a Ali (ra) como gobernador del Yemen. Por ello, Ali (ra) llegó desde Yemen a La Meca para realizar el Hayy. Al llegar a La Meca, vio que Fátima (ra) había realizado la ‘umra y había quedado en estado halal. Llevaba ropa de colores perfumada y se había aplicado kohl. Cuando Ali objetó esto, ella dijo: «Mi padre me ordenó hacerlo así». Ali dice: «Presenté una queja contra Fátima ante Rasulullah (s), le informé de que ella decía que se trataba de una orden de Rasulullah (s) y también le expuse mi objeción. …Entonces Rasulullah (s) dijo: “Ella ha dicho correctamente; ha dicho la verdad”». (Muslim, as-Sahih, 2/886-892).
Aquí vemos que Ali (ra) tuvo dudas sobre la exactitud de la transmisión de Fátima (ra). No dudó de su veracidad. Sin embargo, dudó de que hubiera comprendido y transmitido correctamente las palabras de Rasulullah (s). Es decir, tuvo dudas respecto a una mentira involuntaria. Por ello, verificó la exactitud preguntando a Rasulullah (s).
2. Ubayy ibn Ka‘b dice: Texto árabe (*******)
-Un día, Rasulullah (s) se puso de pie para pronunciar el sermón del viernes, recitó la sura Tabaraka (la sura Al-Furqan) y nos exhortó acerca de las bendiciones y la paz de Allah. En ese momento, Abu Darda o Abu Dharr me dio un suave toque y dijo: «¿Cuándo fue revelada esta sura? Yo la estoy oyendo por primera vez ahora». Entonces Ubayy le indicó que guardara silencio. Cuando terminó la oración, él (Abu Dharr o Abu Darda) dijo: «Le pregunté cuándo había sido revelada la sura, pero no me respondiste nada». Entonces Ubayy dijo: «Hoy no has obtenido ninguna recompensa por tu oración; solo has obtenido la recompensa correspondiente a las palabras que pronunciaste» (porque hablar durante el sermón anula la recompensa de la oración). Entonces fue ante Rasulullah (s) y le comunicó el asunto. Él dijo: «Ubayy ha dicho la verdad». (Ibn Mayah, as-Sunan, 1/352-353)
3. Abd Allah ibn Amr ibn al-As (ra) dijo: [texto árabe]
—Se me informó que el Mensajero de Allah (s) había dicho: «Si una persona realiza la oración sentado, esta será la mitad de una oración». Entonces fui a verlo y lo encontré realizando la oración sentado. Coloqué mi mano sobre su cabeza. Él dijo: «Oh, Abd Allah ibn Amr, ¿qué te ocurre?». Respondí: «Oh, Mensajero de Allah, se me ha informado que usted dijo que, si una persona realiza la oración sentado, esta será la mitad de una oración, y usted está realizando la oración sentado». Él dijo: «Sí, lo he dicho; sin embargo, yo no soy como vosotros». (Muslim, as-Sahih, 1/507).
Así, en numerosos relatos de hadices vemos que, cuando los compañeros tenían dudas sobre la exactitud o autenticidad de un hadiz narrado por alguien, le preguntaban al Mensajero de Allah (s) para verificarlo. No cuestionaban la honestidad del narrador. En realidad, verificaban si había comprendido correctamente el mensaje y si lo había transmitido con exactitud. De este modo impedían la «mentira involuntaria» o la distorsión accidental en nombre del hadiz.
1.3.2.3. Preguntar a otras personas
El segundo método para determinar la exactitud de un testimonio o declaración consiste en investigar si alguien más había escuchado aquella declaración y cómo la había escuchado. Es un método universal para determinar la exactitud de cualquier testimonio o declaración. En todos los tribunales, los jueces dictan sentencia mediante el examen comparativo de los testimonios de varios testigos. La coincidencia entre los testimonios de varios testigos demuestra la veracidad del asunto, mientras que la discrepancia destruye su valor probatorio.
Después del fallecimiento del Mensajero de Allah (s), los compañeros empleaban este método. Si alguno de ellos dudaba de la autenticidad o exactitud de un hadiz narrado por otro compañero, preguntaba a los demás compañeros o pedía al narrador que presentara un testigo. Cuando una o varias personas afirmaban que también habían oído aquel hadiz de labios del Mensajero de Allah (s), aceptaban el hadiz. Abu Bakr as-Siddiq (ra) inició este método. Los califas posteriores y los estudiosos del hadiz de todas las épocas lo siguieron. A continuación menciono algunos acontecimientos de la época de los compañeros.
1. El compañero Qabisa ibn Dhu’aib (84 H) dijo: [texto árabe]
—Una abuela acudió ante Abu Bakr (ra) para reclamar su derecho hereditario sobre los bienes de su nieto fallecido. Abu Bakr (ra) le dijo: «No encuentro para usted nada en el Libro de Allah respecto a la herencia de la abuela, ni sé que haya para usted algo en la Sunna del Mensajero de Allah (s). Regrese más tarde, para que pueda preguntar a otros y conocer la respuesta sobre este asunto». Entonces preguntó a la gente. El compañero al-Mughira ibn Shu‘ba (ra) dijo: «En mi presencia, el Mensajero de Allah (s) asignó a la abuela una sexta parte de la herencia dejada». Abu Bakr (ra) preguntó: «¿Hay alguien más contigo?». Entonces se levantó otro compañero, Muhammad ibn Maslama al-Ansari (ra), y dijo lo mismo que al-Mughira. Entonces Abu Bakr as-Siddiq (ra) ordenó que se entregara a la abuela una sexta parte». [Malik ibn Anas (179 H), al-Muwatta, 2/513].
Aquí vemos que Abu Bakr as-Siddiq (ra) enseñó el máximo grado de cautela al aceptar un hadiz. Podía haber confiado únicamente en el relato de al-Mughira ibn Shu‘ba, pues era un compañero célebre y un líder muy respetado de la tribu de Quraysh. En cualquier ámbito de la sociedad, su testimonio individual habría sido considerado definitivo. A pesar de ello, Abu Bakr (ra) actuó con precaución. Aunque la fiabilidad de al-Mughira estaba fuera de toda duda, su memoria podía fallarle o podía haberse equivocado en su comprensión. Por eso preguntó si alguien más conocía aquel hadiz. Basándose en el relato de dos personas, aceptó el hadiz.
Por esta razón, los estudiosos del hadiz han llamado a Abu Bakr (ra) el fundador de la crítica del hadiz. El erudito al-Hakim an-Naysaburi (405 H) dijo sobre él: «Fue el primero en tomar medidas para impedir la narración de hadices falsos en nombre del Mensajero de Allah (s)». (Muhammad Mustafa al-A‘zami, Manhay an-naqd ‘ind al-muhaddizin, p. 10).
El erudito Muhammad ibn Tahir ibn al-Qaysarani (507 H), al tratar la biografía de as-Siddiq al-Akbar, dijo: «Fue el primero en actuar con cautela al aceptar hadices».
2. El segundo califa, Umar (ra), siguió en este asunto a su predecesor, as-Siddiq al-Akbar. En diversos acontecimientos pedía a los compañeros que presentaran a otro compañero como testigo de un hadiz narrado. Menciono aquí algunos casos de este tipo.
Abu Sa‘id al-Judri (ra) dijo: [texto árabe]
—Me encontraba sentado en una reunión de los ansar. En ese momento llegó Abu Musa al-Ash‘ari (ra). Parecía agitado o preocupado. Dijo: «Pedí permiso tres veces para entrar en la casa de Umar (ra). Como no me fue concedido, me disponía a regresar». Umar (ra) me llamó y dijo: «¿Por qué te marchas?». Respondí: «Pedí permiso tres veces, pero no se me concedió. Y el Mensajero de Allah (s) dijo: “Si pedís permiso tres veces y no se os concede, debéis regresar”». Entonces Umar (ra) dijo: «¡Juro por Allah que debes presentar un testimonio que respalde esta narración!». (Abu Musa dijo): «¿Hay entre vosotros alguien que haya oído este hadiz del Mensajero de Allah (s)?». Entonces Ubayy ibn Ka‘b (ra) dijo: «El más joven de nosotros irá contigo». (Abu Sa‘id al-Judri dijo): «Yo era el más joven de los presentes. Fui con Abu Musa (ra) y le dije a Umar (ra) que el Mensajero de Allah (s) había dicho eso». (Al-Bujari, as-Sahih, 5/2305; Muslim, as-Sahih, 3/1694).
3. El tabi‘i Urwa ibn az-Zubayr (94 H) dijo: [texto árabe]
—Umar ibn al-Jattab (ra) preguntó a la gente si alguien sabía qué disposición había establecido el Mensajero de Allah (s) respecto a la diya o compensación por la muerte del feto causada por una lesión. Entonces al-Mughira ibn Shu‘ba (ra) dijo: «Le oí establecer como compensación la entrega de un esclavo o una esclava». Umar (ra) dijo: «Trae a alguien que pueda testificar contigo sobre este asunto». Entonces Muhammad ibn Maslama dijo: «Doy testimonio de que el Mensajero de Allah (s) estableció una disposición semejante». (Al-Bujari, as-Sahih, 6/2531; Muslim, as-Sahih, 3/1311).
4. El compañero Amr ibn Umayya ad-Damri (ra) dijo: [texto árabe]
—Estaba negociando el precio de una manta para comprarla. En ese momento Umar ibn al-Jattab (ra) pasó junto a él. Umar dijo: «¿Qué es eso?». Él respondió: «Quiero comprar esta manta y entregarla como caridad». Después la compró, se la dio a su esposa y dijo: «Oí al Mensajero de Allah (s) decir: “Lo que entreguéis a vuestras esposas también será considerado caridad”». Entonces Umar dijo: «¿Quién es tu testigo?». Él fue a ver a Aisha (ra) y se quedó de pie fuera de la puerta. Aisha (ra) preguntó: «¿Quién es?». Él respondió: «Soy Amr. ¿Has oído decir al Mensajero de Allah (s): “Lo que entreguéis a vuestras esposas será caridad”?». Aisha respondió: «Sí». [Al-Bayhaqi, Ahmad ibn al-Husayn (458 H)].
5. El tabi‘i llamado Walid ibn Abd ar-Rahman al-Jurashi dijo: [texto árabe]
«El compañero Abd Allah ibn Umar (ra) pasó junto al también compañero Abu Hurayra (ra). En ese momento, Abu Hurayra (ra) estaba narrando un hadiz del Mensajero de Allah (s). Durante la narración dijo: “Quien acompañe el cortejo funerario de alguien y participe en la oración obtendrá la recompensa de un quirat. Y si asiste a su entierro, obtendrá la recompensa de dos quirats. Un quirat es mayor que el monte Uhud”. Entonces Abd Allah ibn Umar dijo: “Abu Hurayra, piénsalo bien: ¿qué estás diciendo en nombre del Mensajero de Allah (s)?”. Abu Hurayra (ra) lo llevó consigo ante Aisha (ra) y le dijo: “Oh, Madre de los creyentes, te pregunto, poniéndote por Allah bajo juramento: ¿oíste al Mensajero de Allah (s) decir que quien acompañe el cortejo funerario de alguien y participe en la oración obtendrá la recompensa de un quirat, y que, si asiste a su entierro, obtendrá la recompensa de dos quirats?”. Ella respondió: “Sí, ciertamente lo oí”». (Ahmad, al-Musnad, 2/2; al-Mustadrak, 3/584).
1.3.2.4. Comparar las narraciones de distintos momentos
Otro método para determinar la exactitud de un testimonio o una declaración consiste en preguntar a una persona varias veces sobre el mismo asunto. Si la respuesta dada la segunda vez coincide exactamente con la primera, se confirma su exactitud. En cambio, la contradicción entre ambas demuestra su falta de aceptabilidad. Los Compañeros seguían este método para determinar la exactitud de los hadices. Veamos un ejemplo.
El tabi‘í Urwa ibn az-Zubair dice: [texto árabe]
—Mi tía materna Aisha (que Allah esté complacido con ella) me dijo: «Sobrino, he oído que el Compañero Abdullah ibn Amr ibn al-As (que Allah esté complacido con él) pasará por nuestra región de camino al hach. Ve a verlo, pregúntale y aprende de él, pues ha adquirido mucho conocimiento del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)». Urwa dice: «Entonces me encontré con él y le pregunté acerca de diversos asuntos. Él narró sobre esos asuntos hadices del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Entre las cosas que dijo, mencionó que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) había dicho: “Ciertamente, Allah no arrebatará el conocimiento a la gente de una vez, pero tomará a los eruditos —los hará morir—, y con ellos desaparecerá también el conocimiento. Entre la gente quedarán líderes ignorantes, que emitirán fatwas sin conocimiento; así se extraviarán ellos mismos y extraviarán a los demás”». Urwa dice: «Cuando le conté esto a Aisha (que Allah esté complacido con ella), ella se negó a aceptarlo. Dijo: “¿Te dijo que había oído esto del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)?”». Urwa dice: «Al año siguiente, Aisha (que Allah esté complacido con ella) me dijo: “Abdullah ibn Amr ha llegado. Ve con él, habla con él y, durante la conversación, pregúntale también sobre el hadiz de la desaparición del conocimiento”». Urwa dice: «Entonces me encontré con él y le pregunté. Él narró el hadiz exactamente como lo había narrado la vez anterior». Urwa dice: «Cuando informé de ello a Aisha (que Allah esté complacido con ella), ella dijo: “Ahora he comprendido que Abdullah ibn Amr dijo la verdad. Vi que no añadió ni quitó absolutamente nada”». (Muslim, as-Sahih, 4/2058-2059).
Aquí también podemos ver un ejemplo de la increíble cautela de los Compañeros al aceptar hadices. Aisha (que Allah esté complacido con ella) no dudaba de la honestidad ni de la veracidad de Abdullah ibn Amr. Sin embargo, incluso una persona honesta y veraz puede equivocarse. Por ello, no querían aceptar nada sin examinarlo. No daban un lugar reverente en su corazón a ningún hadiz atribuido al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) antes de examinarlo.
1.3.2.5. Hacer jurar al narrador
Para verificar la exactitud de una narración o un testimonio, cuando es necesario se hace jurar al narrador o al testigo. Las personas veraces y temerosas de Allah no mienten deliberadamente. Sin embargo, su memoria puede engañarlas o pueden caer en un error involuntario. Pero, cuando deben jurar por Allah, nunca dirán algo sin estar completamente seguras. Por eso, hacer jurar a una persona veraz es un método eficaz para verificar la exactitud de un testimonio o una declaración. En cambio, un juramento no basta en el caso de un mentiroso. En su caso, hay que verificar la exactitud de su declaración mediante diversas preguntas (interrogatorio cruzado).
Todos los Compañeros eran personas veraces y sumamente temerosas de Allah. Aun así, para eliminar la posibilidad de un error involuntario, a veces hacían jurar al Compañero que narraba un hadiz. Ali (que Allah esté complacido con él) dijo: [texto árabe]
—Yo era una persona tal que, cuando oía directamente una palabra del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Allah me concedía la capacidad de beneficiarme de ella según Su voluntad. Pero si uno de sus Compañeros me narraba un hadiz, le hacía jurar. Cuando juraba, aceptaba como verdadera la narración que había transmitido. (At-Tirmidhi, as-Sunan, 1/446).
1.3.2.6. Examen semántico y factual
El conocimiento de la «revelación» es superior al conocimiento humano, pero nunca es contrario ni opuesto a este. Del mismo modo, la «revelación» recibida mediante los hadices puede ser una explicación, una compleción o una adición a la «revelación» recibida mediante el Corán, pero nunca puede ser contraria ni opuesta al Corán.
A partir del proceder de los Compañeros vemos que examinaban el significado de los hadices narrados basándose en este principio. Hemos visto que, por lo general, buscaban en los hadices significados adicionales y complementarios a los del Corán. Querían saber si en los hadices existía información sobre asuntos acerca de los cuales el Noble Corán no decía nada. Al mismo tiempo, examinaban el significado de la información proporcionada. Su método de examen semántico era el siguiente:
(1) La primera cuestión que debe considerarse respecto de un hadiz es si está demostrado que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pronunció esas palabras. Si mediante la narración del transmisor, un juramento u otros testimonios se demuestra con certeza que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo esas palabras, su principio era aceptarlas como una instrucción complementaria del Corán e interpretar el Corán a su luz. Ya hemos visto esto en los asuntos de la herencia de la abuela y de pedir permiso para entrar en una casa. El Corán no dice nada sobre la abuela; en este caso, la explicación del hadiz constituye una adición. En cuanto a pedir permiso, el Corán dice que, después de pedir permiso, «si se os dice: “Regresad”, entonces regresad» (sura an-Nur: 28).
En este caso, la instrucción del hadiz parece «contradecir» esta instrucción coránica, pues modifica parcialmente la instrucción coránica al decir que, después de pedir permiso tres veces, hay que regresar aunque no se diga «regresad».
Los Compañeros aceptaron ambos hadices como una explicación del Corán.
(2) Si se demostraba que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no había dicho algo, o existía una duda profunda al respecto, lo rechazaban sin considerar su significado de ninguna manera. Hemos visto que, cuando dudaban de la honestidad y fiabilidad del narrador, rechazaban la narración sin considerar su significado.
(3) En ocasiones, un hadiz narrado parecía aceptable debido a la fiabilidad de su narrador. Sin embargo, existía una fuerte posibilidad de que el narrador hubiera cometido un error involuntario. En tal caso, examinaban el significado de ese hadiz a la luz del Noble Corán y de los hadices que conocían, y rechazaban el hadiz si su significado era claramente contrario al Noble Corán y a la Sunna conocida.
Veamos algunos ejemplos de este tipo de análisis y examen semántico:
1. El tabi‘í Abu Hassán al-A‘ray dice: [texto árabe]
—Dos hombres fueron a ver a Aisha (que Allah esté complacido con ella) y dijeron: «Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) ha dicho que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Hay mal agüero y desgracia en las mujeres, los animales o las monturas y las casas”». Al oír esto, Aisha (que Allah esté complacido con ella) se enfadó tanto que parecía que su cuerpo se había desgarrado por la ira y se había dispersado por el aire. Dijo: «¡Por Aquel que reveló el Corán, él no dijo eso! El Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “La gente de la época de la ignorancia decía: ‘Hay mal agüero en las mujeres, las casas y los animales o las monturas’”». Después, Aisha (que Allah esté complacido con ella) recitó un versículo del Corán (sura al-Hadid: 22): «Ninguna calamidad acontece en la tierra ni os afecta a vosotros mismos sin que esté registrada antes de que la hagamos suceder». (Ahmad, al-Musnad, 6/150, 246).
Aquí Aisha (que Allah esté complacido con ella) no aceptó la narración de Abu Huraira (que Allah esté complacido con él). Rechazó esa narración a la luz de lo que había oído del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y del versículo del Corán que recitó.
2. Umra bint Abd ar-Rahman dice: [texto árabe]
—Se mencionó ante Aisha (que Allah esté complacido con ella) que Abdullah ibn Umar (que Allah esté complacido con él) había narrado del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «El muerto es castigado por el llanto del vivo». Entonces Aisha (que Allah esté complacido con ella) dijo: «Que Allah perdone a Ibn Umar. Él no mintió, pero olvidó o se equivocó (según otra narración: a veces se comete un error al escuchar). La verdad es que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pasó junto a una mujer judía —junto a su tumba— por la que sus familiares lloraban. Entonces dijo: “Ellos lloran por ella y ella está siendo castigada en su tumba”». Allah ha dicho (sura al-An‘am: 164; sura Fatir: 18): «Ningún alma cargará con la carga de pecado de otra». (Muslim, as-Sahih, 2/640-643).
3. Una mujer Compañera llamada Fátima bint Qais (que Allah esté complacido con ella) dijo que su esposo le había dado tres divorcios. Entonces el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo que ella no tendría derecho a alojamiento ni manutención durante el período de espera legal. Al oír esto, el califa Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) dijo: «No podemos abandonar el Libro de Allah ni la Sunna de Su Noble Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) por las palabras de una mujer, pues no sabemos si lo recordó correctamente o si lo olvidó. La mujer divorciada tres veces también tendrá derecho a alojamiento y manutención durante el período de espera legal». Allah, Majestuoso y Poderoso, ha dicho (sura at-Talaq: 1): «No las expulséis de sus casas ni dejéis que ellas salgan, salvo que cometan una indecencia manifiesta». (Muslim, as-Sahih, 2/1118; as-Sunan, 2/297).
1.3.3. Prevenir la posibilidad de la mentira intencionada
En los primeros tiempos de la era de los compañeros, eran ellos mismos quienes narraban los hadices. Un compañero transmitía y enseñaba hadices a otro compañero o a los tabi‘in de la generación posterior. Durante los veinte o veinticinco años posteriores al fallecimiento del Mensajero de Allah (s), por un lado muchos compañeros fallecieron y, por otro, muchos compañeros comenzaron a narrar y enseñar hadices. Ya hemos explicado que, a partir de ese período, en algunos tabi‘in que se habían convertido recientemente al islam comenzó a manifestarse una tendencia a mentir deliberadamente. Entonces los compañeros empezaron a adoptar aún mayores precauciones al aceptar los hadices.
Cuando un compañero narraba un hadiz de otro compañero, el compañero que escuchaba o aprendía no albergaba ninguna duda sobre la honestidad y veracidad personal del narrador, ni le preguntaba si había escuchado el hadiz personalmente del Mensajero de Allah (s) o si otra persona se lo había transmitido. Todas las personas que habían gozado de la compañía del Mensajero de Allah (s) eran grandes hombres iluminados por su luz e intransigentes en su veracidad. Sin embargo, dado que podían producirse errores por olvido, equivocación involuntaria o comprensión incompleta, verificaban la exactitud de los hadices narrados mediante los diversos métodos mencionados anteriormente.
Al aceptar los hadices de los narradores tabi‘in, añadieron dos cuestiones a las comprobaciones anteriores. Primero, investigaban la veracidad y confiabilidad personales del narrador; segundo, querían saber de quién había escuchado el narrador aquel hadiz (referencia).
Durante el califato del tercer califa rectamente guiado, Uthmán (que Allah esté complacido con él), en los años 23-35 de la Hégira, se produjeron confusión y enfrentamientos dentro de la comunidad musulmana debido a la propaganda engañosa entre los nuevos musulmanes que vivían lejos del centro de Medina, y se manifestó una disminución de la veracidad entre ellos. Fue entonces cuando los compañeros adoptaron los dos métodos mencionados. El célebre tabi‘í de la primera centuria de la Hégira, Muhammad ibn Sirín (f. 110 H), dijo: «Ellos —los compañeros— no preguntaban por la cadena de transmisión ni por la fuente de información. Pero cuando ocurrió la fitna y la discordia —hacia el final del califato de Uthmán, entre los años 30 y 35 H— dijeron: “Mencionad los nombres de quienes os han transmitido los hadices”. Había que comprobarlo: si pertenecían a Ahl al-Sunna, es decir, a los seguidores de la Sunna, sus hadices serían aceptados; pero si pertenecían a Ahl al-Bid‘a, es decir, a los seguidores de la innovación, sus hadices no serían aceptados». (Muslim, as-Sahih 1/15).
El célebre compañero, Abdullah ibn Abbas (que Allah esté complacido con él; f. 68 H), dijo: «Nosotros memorizábamos los hadices, y se memorizaban los hadices del Mensajero de Allah (s) —procedieran de cualquier narrador—. Pero, puesto que vosotros habéis recorrido todos los caminos, buenos y malos, llenos de zanjas y obstáculos, ahora es sumamente improbable aceptar cualquier cosa sin examinar y evaluar al narrador».
El tabi‘í Muyáhid (f. 104 H) dijo: «Un antiguo tabi‘í llamado Bashir ibn Ka‘b al-Adawi acudió ante Abdullah ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) y comenzó a narrar hadices. Repetía: “El Mensajero de Allah (s) dijo; el Mensajero de Allah (s) dijo”. Pero Ibn Abbas no le prestó atención ni lo miró. Entonces Bashir dijo: “¡Oh, Ibn Abbas! ¿Qué me sucede? ¿Has escuchado mi hadiz? Te estoy narrando un hadiz del Mensajero de Allah (s), pero no me prestas atención”. Entonces Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) dijo: “Hubo un tiempo en que, cuando oíamos a alguien decir: ‘El Mensajero de Allah (s) dijo’, nuestras miradas se fijaban en él y le prestábamos toda nuestra atención. Pero desde que la gente tomó todos los caminos, buenos y malos, llenos de zanjas y obstáculos, ya no aceptamos nada de la gente, salvo aquello que es bien conocido y comprobado». (Muslim, as-Sahih 1/13).
1.3.4. Instrucciones para ser cautelosos al narrar y aceptar hadices
Así, los compañeros observaban la máxima cautela al narrar y aceptar hadices. Además, animaban e instruían a todos los demás a adoptar la misma cautela. No toleraban ningún tipo de negligencia o relajación en este asunto. Prohibían aceptar hadices sin verificarlos. En ocasiones, si existía la posibilidad de que alguien cometiera un error involuntario al narrar un hadiz, o de que los oyentes se equivocaran, le prohibían narrarlo. A continuación mencionamos algunos ejemplos.
1. Abu Uthmán an-Nahdi narró que Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) dijo: «Para que un hombre sea considerado mentiroso basta con que narre todo lo que oye». (Muslim, as-Sahih 1/11).
2. Abu al-Ahwas narró que Abdullah ibn Mas‘ud (que Allah esté complacido con él) dijo: «Para que un hombre sea considerado mentiroso basta con que narre todo lo que oye». (Muslim, as-Sahih 1/11).
3. Ibrahim ibn Abd ar-Rahmán (f. 95 H), célebre erudito, jurista y muhaddiz de Medina, hijo del compañero Abd ar-Rahmán ibn Awf (que Allah esté complacido con él), dijo: «Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) mandó llamar a Abdullah ibn Mas‘ud, Abu ad-Darda y Abu Mas‘ud (que Allah esté complacido con ellos). Les dijo: “¿Por qué narráis tantos hadices del Mensajero de Allah (s)?”. Después les ordenó permanecer en Medina. Permanecieron allí hasta su martirio». (at-Tabarani, al-Mu‘yam al-Awsat 4/86, n.º 3449).
Estos tres compañeros eran sumamente cautelosos al narrar hadices. Umar ibn al-Jattab no albergaba la más mínima duda sobre su capacidad o competencia para narrar hadices auténticos. Sin embargo, al narrar muchos hadices podían producirse algunos errores involuntarios. Especialmente en regiones remotas como Kufa o Siria, donde durante los primeros días de las conquistas islámicas vivía la mayoría de los nuevos musulmanes no árabes, existía el temor de que, si se narraban demasiados hadices entre ellos, muchos oyentes no pudieran comprenderlos y memorizarlos correctamente. Por ello, para preservar la autenticidad de los hadices, Umar ibn al-Jattab les ordenó permanecer en Medina.
En otro caso vemos que Umar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) quiso hablar públicamente en La Meca, durante la temporada del Hayy, sobre algunos asuntos del Corán y los hadices. Pero el compañero Abd ar-Rahmán ibn Awf (que Allah esté complacido con él) le dijo que los innumerables peregrinos no árabes y nuevos musulmanes presentes en La Meca quizá no comprenderían correctamente sus palabras. Esto abriría la posibilidad de malentendidos e interpretaciones erróneas. Por tanto, le aconsejó que tratara esos asuntos después de regresar a Medina. Siguiendo este consejo, Umar (que Allah esté complacido con él) abandonó su decisión de hablar de esos temas en La Meca. (Al-Bujari, as-Sahih 6/2503-2504).
1.4. La comunidad musulmana frente a la falsificación
De la exposición anterior podemos ver claramente que las medidas adoptadas por los compañeros para preservar de forma pura los hadices auténticos frente a todo tipo de mentira —intencionada, involuntaria, derivada de una comprensión errónea o causada por descuido— eran, por un lado, racionales, prácticas, científicas y minuciosas, y, por otro, únicas y sin equivalente en la historia de la civilización humana. Los seguidores de ninguna otra religión adoptaron medidas semejantes para preservar las enseñanzas fundamentales de su religión o la revelación. Se recopiló todo lo que se había difundido. Finalmente, la mezcla del conocimiento humano con la revelación provocó la distorsión y desaparición de esta última.
Desde la época de los tabi‘in, los muhaddices de la comunidad musulmana, siguiendo las huellas de los compañeros, fueron intransigentes en la comprobación de la autenticidad de los hadices. Para preservar los hadices y separar los auténticos de las palabras inventadas, abandonaron todas las comodidades y placeres de sus vidas.
En este capítulo expondremos brevemente sus principios fundamentales.
1.4.1. Estudio y preservación de los hadices
Allah Altísimo concedió a los musulmanes de la primera época de la comunidad de Muhammad la capacidad de emprender una labor correcta y oportuna para preservar los hadices de Su gran Mensajero (s). Desde el primer siglo de la Hégira, los compañeros, los tabi‘íes y los sabios de las generaciones posteriores recorrían todas las aldeas, ciudades y localidades del mundo musulmán, recopilando información sobre todos los hadices y sus narradores. Estudiar los hadices, ponerlos por escrito, enseñarlos y mantener debates relacionados con ellos constituía una de las principales ocupaciones, pasiones, profesiones y fuentes de alegría de la gente de los primeros tres o cuatro siglos del islam.
Desde la época de los tabi‘íes —o desde mediados del primer siglo de la Hégira— hasta aproximadamente los tres siglos siguientes, observamos que los narradores de hadices eran de dos tipos. Muchos narradores de hadices, o «rawíes», estudiaban los hadices con los rawíes o muhaddices de su propia región y, cuando era posible, con algunos muhaddices de otros países. Después se dedicaban a narrar y enseñar hadices. Enseñaban esos hadices a quienes acudían a ellos para aprender. Generalmente eran conocidos como «rawíes» o narradores.
Por otro lado, durante estas épocas, muchos muhaddices, después de estudiar y poner por escrito los hadices recibidos de todos los rawíes de su propia región, partían para recorrer todas las localidades del mundo musulmán de aquel tiempo. Cada uno de ellos pasaba largos años o incluso décadas viajando de una localidad a otra, escuchando y registrando los hadices transmitidos por todos los rawíes o muhaddices de cada lugar. Para escuchar y recopilar un mismo hadiz de un compañero o de un tabi‘í a través de distintos rawíes, viajaron a innumerables ciudades, como La Meca, Medina, Jorasán, Samarcanda, Merv, Wasit, Basora, Kufa, Bagdad, Damasco, Alepo, El Cairo y Saná, entre otras. Recopilaron un mismo hadiz mediante cientos de isnads y, comparándolos, distinguieron entre las narraciones exactas y las erróneas.
Veamos un ejemplo. El célebre muhaddiz del tercer siglo de la Hégira, Ibrahim ibn Sa‘id al-Yawhari al-Bagdadí (247 h.). Su contemporáneo, el muhaddiz ‘Abdullah ibn Ya‘far ibn Jaqan, dice: «Le pregunté a Ibrahim ibn Sa‘id acerca de un hadiz transmitido por Abu Bakr al-Siddiq (ra). Él le dijo a su sirviente: “Entra en la biblioteca y trae el volumen número 23 de la recopilación de hadices de Abu Bakr al-Siddiq (ra)”. Yo dije: “Ni siquiera se encuentran veinte hadices de Abu Bakr (ra) con un isnad auténtico; ¿cómo recopilaste sus hadices en veintitrés volúmenes?”. Él respondió: “Si no puedo recopilar un hadiz mediante al menos cien isnads, me considero huérfano con respecto a ese hadiz”». (Al-Dhahabí, Mizan al-I‘tidal, 1/154-155).
Al recibir hadices, formulaban diversas preguntas al rawí correspondiente para intentar verificar la exactitud de su narración. Asimismo, preguntaban a los sabios, muhaddices y estudiantes célebres de aquella región acerca de su honestidad personal, sus maestros y los demás rawíes de la zona. Mediante el examen comparativo de toda la información recopilada, establecieron dictámenes precisos sobre todos los rawíes y sobre todos los hadices que estos habían narrado. Estos expertos en hadices, examinadores y críticos eran conocidos, por un lado, como rawíes o narradores de hadices y, al mismo tiempo, como «naqqad», es decir, críticos de hadices e imanes del hadiz. Durante los primeros cuatro siglos del islam encontramos más de un centenar de imanes y naqqad de este tipo. Su esfuerzo y sacrificio al servicio de los hadices del Mensajero no tienen precedentes en la historia del mundo. Merecen ser inscritos con letras de oro en la historia del conocimiento y de la civilización. No existe el menor ejemplo comparable en la historia de ninguna otra nación. Incluso para ofrecer un resumen de sus actividades sería necesario redactar cientos de páginas.
Estos muhaddices críticos o imanes establecieron, mediante la recopilación y preservación de todos los hadices y de la información relacionada, un sistema para conservar de manera auténtica y pura los hadices del Mensajero de Allah (s). Identificaron las mentiras intencionadas y no intencionadas en la narración de hadices, identificaron a los mentirosos y separaron los hadices auténticos de las narraciones falsas y dudosas. Adoptaron las siguientes medidas.
1. Preservar el isnad, la fuente o referencia de todos los hadices.
2. Recopilar toda la información sobre la identidad personal, nacimiento, muerte, educación, maestros, alumnos, actividades, viajes, etc., de todos los rawíes del isnad.
3. Verificar la honestidad personal, la confiabilidad y la veracidad de los rawíes.
4. Examinar y verificar el significado del hadiz transmitido.
5. Verificar si cada rawí mencionado en el isnad había escuchado personalmente el hadiz de su rawí superior.
6. Distinguir las narraciones exactas de las mentiras intencionadas y no intencionadas mediante el examen comparativo de todos los hadices recopilados.
7. Exponer ante la umma las falsedades de aquellos rawíes cuya mentira hubiera sido descubierta mediante la información recopilada y el examen comparativo.
8. Recopilar por escrito todos los hadices junto con sus isnads.
9. Registrar por escrito la información relativa a la exactitud o falsedad de los rawíes.
10. Recopilar los hadices auténticos en obras independientes.
11. Recopilar los hadices falsos y fabricados en obras independientes.
12. Establecer reglas para reconocer fácilmente los hadices fabricados o falsos.
A continuación trataremos todos estos temas.
1.4.2. Conservación del isnad
Hemos visto que los Compañeros establecieron la práctica de mencionar el isnad o fuente de información al narrar los hadices, para que pudiera verificarse su autenticidad mediante la comprobación de la fuente. En las épocas posteriores se concedió una importancia extraordinaria a la conservación del isnad. Por muy célebre, honrado, eminente y erudito que fuera el narrador de un hadiz, los muhaddices nunca consideraban fiable el hadiz que narraba si no mencionaba de quién lo había escuchado y mediante qué cadena lo había transmitido. Además, verificaban si él y cada uno de los narradores mencionados en su isnad habían escuchado personalmente el hadiz del narrador siguiente. Ellos pronunciaron muchas palabras para explicar la importancia del isnad.
El célebre tabi‘í de la primera centuria de la Hégira, Muhammad ibn Sirin, dijo: «Este conocimiento es la religión. Por tanto, fijaos de quién recibís vuestra religión». (Muslim, as-Sahih 1/14).
Sufyan ibn ‘Uyaynah (198 h.) dijo: «Un día, Ibn Shihab az-Zuhri (125 h.) estaba narrando un hadiz. Le dije: “Narre este hadiz sin isnad”. Él respondió: “¿Quieres subir al tejado sin una escalera?”». (as-Suyuti, Tadrib ar-Rawi 2/160).
Uno de los principales muhaddices de la segunda centuria de la Hégira, Sufyan ibn Sa‘id as-Sawri (161 h.), dijo: «El isnad es como el arma del creyente». (as-Suyuti, Tadrib ar-Rawi 2/160).
‘Utbah ibn Abu Hakim (140 h.) dijo: Un día me encontraba en casa de Ishaq ibn ‘Abdullah ibn Abi Farwah (144 h.). Allí también estaba presente Ibn Shihab az-Zuhri (125 h.). Ibn Abi Farwah comenzó a narrar un hadiz diciendo: «El Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo, el Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo…». Entonces Ibn Shihab az-Zuhri le dijo: «¡Que Allah te destruya, Ibn Abi Farwah! ¡Qué gran atrevimiento tienes para hablar en nombre de Allah! Estás narrando un hadiz, pero no mencionas su isnad. Nos estás narrando hadices sin brida». (az-Zahabi, Mizan al-I‘tidal 1/344).
El célebre tabi‘ tabi‘í ‘Abdullah ibn al-Mubarak (181 h.) dijo: «La transmisión y conservación del isnad son partes inseparables de la religión. Si no existiera el sistema de transmisión del isnad, cada cual diría lo que quisiera». (Muslim, as-Sahih 1/15).
El muhaddiz de la tercera centuria de la Hégira, Abu Ishaq Ibrahim ibn Ishaq ibn ‘Isa (215 h.), dijo: Le dije a ‘Abdullah ibn al-Mubarak (181 h.): «En un hadiz se dice: “Que realicéis la oración por vuestros padres junto con vuestra oración ritual y ayunéis por vuestros padres junto con vuestro ayuno forma parte de las buenas obras”». Él dijo: «¿De quién has escuchado este hadiz?». Respondí: «De Shihab ibn Khirash». Él dijo: «Shihab es una persona fiable; ¿de quién lo escuchó?». Respondí: «De Hajjaj ibn Dinar». Él dijo: «Hajjaj es una persona fiable; ¿de quién lo escuchó?». Respondí: «Él dijo: “El Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— dijo”». Ibn al-Mubarak dijo: «Oh, Abu Ishaq, entre Hajjaj ibn Dinar y el Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— hay una enorme distancia, una distancia para cuya travesía se necesitan muchas monturas». Es decir, Hajjaj era un tabi‘ tabi‘í de finales de la segunda centuria de la Hégira. No podía llegar hasta el Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— sin la intermediación de al menos dos o tres personas. Puesto que no mencionó el resto del isnad, el hadiz no es aceptable. (Muslim, as-Sahih 1/16).
De este modo, desde la primera centuria de la Hégira, la comunidad musulmana consideró esencial mencionar el isnad (cadena ininterrumpida de autoridades) al narrar hadices. En la terminología de los muhaddices, por hadiz se entiende la combinación de dos partes. La primera parte es la fuente o isnad del hadiz, y la segunda es el contenido principal o matn del hadiz.
Veamos un ejemplo. El imán Malik ibn Anas (179 h.) fue un célebre recopilador de hadices de la segunda centuria de la Hégira. En su obra al-Muwatta dice: Árabe(*****)
«Malik, de Abu az-Zinad (130 h.), de al-A‘raj (117 h.), de Abu Hurayrah (59 h.): el Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, al mencionar el viernes, dijo: “En este día hay un momento en el que, si un musulmán pide algo a Allah mientras permanece de pie y se encuentra realizando la oración ritual, Allah se lo concede”. El Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— señaló con la mano que esta oportunidad dura poco tiempo». [Malik ibn Anas (178), al-Muwatta 1/108].
La primera parte del hadiz anterior, «Malik, de Abu az-Zinad…, de Abu Hurayrah», es el isnad o fuente del hadiz. Las palabras del Mensajero de Allah —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— mencionadas al final constituyen el “matn” o contenido del hadiz. En la terminología de los muhaddices, por hadiz no se entiende únicamente el contenido final, sino la combinación del isnad y el matn. Si un mismo contenido se narra mediante dos isnads distintos, se considera que son dos hadices. A veces incluso se llama hadiz únicamente al isnad. (Ibn Hajar al-‘Asqalani, Lisan al-Mizan 3/253).
1.4.3. La cadena de transmisión frente al manuscrito escrito
A partir de los numerosos hadices semejantes recopilados en los hadices y las obras de hadices mencionados anteriormente, alguien podría pensar que los sahaba, los tabi‘in y los seguidores de los tabi‘in quizá no registraban ni recopilaban los hadices, sino que solo los memorizaban y transmitían oralmente. Tal vez por eso los muhaddizun recopilaron los hadices mencionando de ese modo la cadena de transmisión. Muchos creen que los hadices fueron registrados o recopilados únicamente en el tercer o cuarto siglo de la Hégira y que antes circulaban oralmente.
Esto nunca fue así. La ignorancia o el conocimiento superficial y somero del método de transmisión o recopilación de los hadices dio origen a esta grave confusión. En realidad, en la transmisión y recopilación de los hadices, los muhaddizun de la umma musulmana siguieron los métodos científicos más precisos. Mediante la combinación de la transmisión oral y los manuscritos escritos, impidieron que se introdujeran errores en la transmisión de los hadices. En la enseñanza, recopilación y transmisión de la cadena de los hadices siempre se dependió, junto con la transmisión oral y la audición, de la escritura y los manuscritos. Del mismo modo, también se dependía de los manuscritos para examinar los hadices y determinar las falsificaciones.
1.4.3.1. Los manuscritos en la enseñanza, recopilación y transmisión de la cadena de los hadices
Los sahaba normalmente memorizaban los hadices y, en ocasiones, también los escribían. En realidad, los sahaba no tenían tanta necesidad de escribir los hadices. Como ya hemos mencionado, el número de hadices transmitidos por la mayoría de los sahaba no superaba los veinte o treinta. No necesitaban escribir, a partir de los recuerdos de los días que habían pasado en compañía del Mensajero de Allah (s), veinte, treinta, cien o incluso mil relatos o palabras para poder hablar de ellos. Además, no había otro asunto importante en sus vidas. Rememorar al Mensajero de Allah (s), cumplir exactamente sus instrucciones, imitarlo fielmente y transmitir sus palabras a la gente constituían algunas de las principales ocupaciones de sus vidas. Ninguna otra preocupación mundana podía mantener ocupadas sus mentes y sus corazones. Y aquello que se recuerda constantemente y está presente en las acciones no necesita escribirse en un papel aparte. A pesar de ello, muchos sahaba escribían los hadices que habían memorizado y conservaban los manuscritos escritos. (Muhammad ‘Azzaz al-Jatib, As-Sunna qabla at-tadwin, pp. 303-321).
Desde la época de los estudiantes de los sahaba, es decir, los tabi‘in, conservar los manuscritos escritos fue una parte inseparable del proceso de aprendizaje de los hadices. La mayoría de los tabi‘in y de los muhaddizun de las épocas posteriores escuchaban, escribían y memorizaban los hadices. Los leían a sus estudiantes teniendo el manuscrito delante o después de memorizarlos a partir del manuscrito. Sus estudiantes los escribían en sus propios manuscritos al mismo tiempo que los escuchaban y los cotejaban con el manuscrito del maestro. Desde la época de los tabi‘in, es decir, desde la última parte del primer siglo de la Hégira, registrar de este modo todos los hadices estudiados se convirtió en una parte inseparable del sistema de enseñanza de los hadices. Innumerables relatos sobre este tema están registrados en las obras dedicadas a los hadices. Veamos uno o dos ejemplos.
El tabi‘í ‘Abdullah ibn Muhammad ibn ‘Aqil (140 H) dijo: «Abu Ya‘far Muhammad al-Baqir (114 H) y yo solíamos acudir al sahabí Jabir ibn ‘Abdullah (70 H). Llevábamos con nosotros pequeñas tablillas o pizarras en las que registrábamos los hadices». [Ramjurmuzi, Hasan ibn ‘Abdur-Rahman (360 H)].
El tabi‘í ‘Amir ibn Sharahil ash-Sha‘bi (102 H) dijo: «Registraréis todo cuanto escuchéis de mí. Si es necesario, escribidlo incluso en la pared y conservadlo». (Ibídem, p. 376).
El tabi‘í Abu Qilaba ‘Abdullah ibn Zayd (104 H) dijo: «Para mí es mucho más querido escribir algo que olvidarlo». (Ibn Rayab, Sharh ‘Ilal at-Tirmidhi, p. 57).
El tabi‘í Hasan al-Basri (110 H) dijo: «Tenemos manuscritos que revisamos y conservamos regularmente». (Ramjurmuzi, Al-Muhaddiz al-Fasil, pp. 370-371).
El famoso tabi‘í de los tabi‘in ‘Abdullah ibn al-Mubarak (181 H) dijo: «Si no hubiéramos escrito los hadices en forma de manuscritos durante su aprendizaje, no habríamos podido memorizarlos». (Ibn Rayab, Sharh ‘Ilal at-Tirmidhi, p. 57).
Para registrar los innumerables relatos sobre este tema haría falta una obra independiente.
Así hemos visto que, desde la época de los tabi‘in, los muhaddizun escribían los hadices al mismo tiempo que los aprendían. Al enseñar los hadices, los tabi‘in y los seguidores de los tabi‘in normalmente los leían y enseñaban consultando los manuscritos. A veces enseñaban los hadices recitándolos de memoria, pero conservaban el manuscrito bajo su custodia para poder consultarlo cuando fuera necesario.
Durante la época de los tabi‘in y en las épocas posteriores hubo algunos muhaddizun que memorizaban y transmitían los hadices sin manuscritos. En la mayoría de los casos se demostró que eran débiles en la transmisión de hadices. Los muhaddizun posteriores demostraron, mediante la comparación y el examen, que a veces cometían errores en sus transmisiones porque no dependían de manuscritos. En realidad, solo mediante la audición oral y la conservación de manuscritos es posible realizar una transmisión fiable. Por ello, los muhaddizun consideraron débiles o no fiables los hadices de aquellos narradores que transmitían dependiendo únicamente de los manuscritos o únicamente de su memoria. La razón era que, mediante el examen comparativo, se detectaban errores y discrepancias en sus transmisiones. Encontramos innumerables relatos de este tipo en las obras dedicadas a la ciencia de los narradores y a al-jarh wa at-ta‘dil. Veamos uno o dos ejemplos.
Abu ‘Ammar ‘Ikrima ibn ‘Ammar al-‘Ijli (160 H) fue un famoso muhaddiz tabi‘í del segundo siglo. Era famoso por memorizar hadices. Sin embargo, no registraba los hadices memorizados ni los conservaba en forma de manuscritos, por lo que no podía consultarlos cuando era necesario. Por eso se encontraban algunos errores en los hadices que transmitía. El imán al-Bujari (156 H) dijo: «No tenía ningún manuscrito; por eso se encuentran discrepancias en sus hadices». (Adh-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 5/114).
Jarir ibn Hazim ibn Zayd (170 H) fue un famoso muhaddiz transmisor de hadices del segundo siglo de la Hégira. Sobre él, Ibn Hayar dijo: «Es fiable… Sin embargo, cuando transmitía hadices basándose únicamente en su memoria, sin consultar el manuscrito, cometía errores». (Ibn Hayar, Taqrib at-Tahdhib, p. 138).
‘Abdul ‘Aziz ibn ‘Imran ibn ‘Abdul ‘Aziz (170 H) fue un narrador del segundo siglo de la Hégira. Era habitante de Medina y descendiente del sahabí ‘Abdur-Rahman ibn ‘Awf. Los muhaddizun lo consideraron débil e inaceptable, porque abundaban los errores en los hadices que transmitía. La causa de esos errores era que transmitía de memoria, sin manuscritos. El muhaddiz e historiador medinense del tercer siglo de la Hégira, ‘Umar ibn Shabba (262 H), dijo sobre esta persona en su obra Historia de Medina: «Cometía muchos errores al transmitir hadices, porque, después de que sus manuscritos se quemaron, transmitía de memoria los hadices que había memorizado». (Ibn Hayar, Tahdhib at-Tahdhib 6/312).
En palabras de Ibn Hayar al-‘Asqalani: «Es un narrador abandonado. Sus manuscritos se quemaron. Por eso transmitía los hadices basándose en su memoria, y cometía muchísimos errores». (Ibn Hayar, Taqrib at-Tahdhib, p. 358).
Hajib ibn Sulayman al-Manbiyi (265 H) fue un famoso muhaddiz del tercer siglo. Fue maestro del imán an-Nasa’i. Aunque era fiable en la transmisión de hadices, cometía errores por no disponer de manuscritos. El imán ad-Daraqutni (385 H) dijo: «Transmitía los hadices de memoria y dependía únicamente de su memoria. No tenía ningún manuscrito. Por eso aparecían errores en sus hadices». (Adh-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 2/164).
Muhammad ibn Ibrahim ibn Muslim, Abu Umayya (273 H), fue un famoso muhaddiz del tercer siglo. Su estudiante Muhammad ibn Hibban (354 H) dijo sobre él: «Era habitante de Tartus y era fiable. Llegó a Egipto y transmitió de memoria algunos hadices sin manuscritos; se equivocó al transmitir esos hadices. Por eso no deseo aceptar como prueba ninguno de los hadices que transmitió. Solo pueden aceptarse los hadices que transmitió consultando sus manuscritos». (Ibn Hibban, Muhammad (354 H), As-Ziqat 9/137).
El imán ash-Shafi‘i (204 H) fue uno de los principales sabios del segundo siglo de la Hégira. Escribió: «No se pueden aceptar los hadices de un muhaddiz que comete muchos errores y no posee un manuscrito escrito auténtico». (Ash-Shafi‘i, Ar-Risala, p. 382).
Así hemos visto que, desde el segundo siglo de la Hégira, para preservar la exactitud en el aprendizaje y la enseñanza de los hadices se dependía de la combinación de la audición oral del maestro y la conservación de los manuscritos escritos. Incluso los célebres hafiz de hadices, que estudiaron y enseñaron hadices durante toda su vida y memorizaron cientos de miles de hadices, no enseñaban ni transmitían hadices sin consultar los manuscritos.
‘Ali ibn al-Madini (234 H), uno de los principales muhaddizun del tercer siglo, dijo: «Entre nuestros compañeros, nadie era superior ni más competente que Ahmad ibn Hanbal (241 H) en la memorización de hadices. A pesar de ello, no transmitía hadices sin tener el manuscrito delante. Y en ello hay para nosotros un excelente ejemplo». (Adh-Dhahabi, Siyar A‘lam an-Nubala 11/213).
Por otra parte, el imán Ahmad ibn Hanbal (241 H) dijo: «Algunos nos transmitieron hadices de memoria y otros nos los transmitieron a partir de manuscritos. Las transmisiones de quienes transmitían consultando los manuscritos eran más exactas». (Ibn Rayab, Sharh ‘Ilal at-Tirmidhi, p. 57).
Así hemos visto que, desde el segundo siglo de la Hégira, los muhaddizun consideraban sumamente necesario combinar tres elementos en el aprendizaje de los hadices: primero, escuchar literalmente el hadiz de boca del maestro o recitárselo oralmente; segundo, escribir con la propia mano el hadiz escuchado; y tercero, cotejar el manuscrito propio con el manuscrito del maestro y corregirlo. Se oponían a aceptar que un muhaddiz enseñara un hadiz simplemente consultando un manuscrito, sin haberlo escuchado con sus propios oídos, o que enseñara un hadiz memorizado sin disponer de un manuscrito.
‘Abdullah (290 H), hijo del imán Ahmad ibn Hanbal, dijo: «El imán Yahya ibn Ma‘in (233 H) dijo: El imán ‘Abdur-Razzaq as-San‘ani (211 H) me dijo: “Acepta de mí al menos un hadiz sin un manuscrito escrito”. Yo respondí: “Nunca. No estoy dispuesto a aceptar ni una sola letra basándome únicamente en una transmisión oral, sin la prueba de un manuscrito escrito”». (Ahmad, Al-Musnad 3/297).
¡El imán Yahya ibn Ma‘in no quiso aceptar ni siquiera un hadiz del célebre y fiable muhaddiz transmisor de hadices ‘Abdur-Razzaq as-San‘ani sin la combinación de la transmisión escrita y la conservación del manuscrito!
Veamos su principio sobre este asunto. El imán Yahya ibn Ma‘in, uno de los principales muhaddizun y jueces de hadices del tercer siglo, dijo: «Si se duda de si un narrador ha podido memorizar y transmitir correctamente sus hadices, se le debe pedir su antiguo manuscrito. Si puede mostrar el antiguo manuscrito, no se le considerará alguien que comete errores deliberadamente. Pero si dice: “Mi manuscrito original antiguo se ha perdido y tengo una copia”, no se aceptará su palabra. Y si dice: “No encuentro mi manuscrito”, tampoco se aceptará su palabra. Más bien, se debe entender que es un mentiroso». (Al-Jatib al-Bagdadi, Al-Kifaya fi ‘ilm ar-riwaya, p. 117).
1.4.3.2. Significado y contexto de la transmisión auditiva en la cadena de transmisión
A partir de la discusión anterior podemos comprender que, desde la segunda mitad del primer siglo de la Hégira, los hadices se escribían y memorizaban. Los muhaddizun transmitían los hadices consultando los manuscritos escritos, los examinaban, verificaban su autenticidad y cada uno registraba los hadices que había escuchado. Ahora surge la pregunta: ¿por qué, al transmitir los hadices, dependían únicamente de la transmisión oral en vez de proporcionar la referencia de un libro escrito? ¿Por qué decían: “Me ha dicho”, “me ha informado” y expresiones semejantes? ¿Por qué no decían: “Esta afirmación está escrita en tal libro…” y cosas similares?
La realidad es que, desde la época de los sahaba, se concedía más importancia a la persona que al libro. Para eliminar la dependencia de los manuscritos y la posibilidad de errores relacionados con ellos, los muhaddizun concedían especial importancia, junto con los manuscritos, a escuchar directamente del maestro transmisor el hadiz transmitido. Por eso, al enseñar hadices, no existía la costumbre de proporcionar la referencia de un libro o manuscrito. Más bien, existía la costumbre de mencionar el nombre del maestro transmisor. En la terminología de los muhaddizun, la expresión haddazana, ajbarana, es decir, “me ha dicho”, significa: “He citado este hadiz después de leer su libro ante él mismo o ante uno de sus determinados estudiantes y escucharlo directamente de él”. Aunque algunos decían: “Le escuché leer” o “yo leí”, normalmente presentaban el asunto en una sola frase diciendo haddazana, ajbarana o “nos ha dicho”.
De esto comprendemos que el significado de la cadena del Muwatta mencionado anteriormente no es que Malik escuchara una transmisión únicamente oral de Abu az-Zinad, que este escuchara una transmisión oral de al-A‘ray y que este escuchara una transmisión oral de Abu Hurayra. Más bien, el propósito de mencionar la cadena es que cada uno de los narradores de esta cadena escuchó el hadiz de su maestro, lo escribió y cotejó el manuscrito escrito con la transmisión oral.
El famoso muhaddiz del tercer siglo Muhammad ibn Isma‘il al-Bujari (256 H) citó este hadiz del Muwatta.
Dijo: «‘Abdullah ibn Maslama nos ha dicho, de Malik, de Abu az-Zinad, de al-A‘ray, de Abu Hurayra, que el Mensajero de Allah (s) mencionó el viernes: “Durante este día hay un momento en el que, si un musulmán se encuentra de pie orando y pide algo a Allah, Allah se lo concede”. El Mensajero de Allah (s) indicó con la mano que esta oportunidad dura poco tiempo». (Al-Bujari, Muhammad ibn Isma‘il, As-Sahih 1/316).
Aquí el imán al-Bujari citó literalmente el hadiz del Muwatta. Sin embargo, no proporcionó aquí la referencia del Muwatta. Más bien, señaló que había escuchado el hadiz de uno de los estudiantes del imán Malik. A primera vista, el lector podría pensar que el imán al-Bujari dependió principalmente de la audición. Pero la realidad no es en absoluto esa. Más de cien estudiantes escucharon y escribieron íntegramente el Muwatta del imán Malik. Los manuscritos del Muwatta transmitidos por ellos podían encontrarse en las tiendas de los warraq, es decir, los comerciantes de libros manuscritos, en los mercados de aquella época. Si el imán al-Bujari hubiera comprado uno de esos manuscritos y hubiera citado el hadiz basándose en él, los muhaddizun habrían considerado débil e inaceptable la cita de al-Bujari. Esto se debe a que la dependencia de manuscritos implica la posibilidad de diversos tipos de errores. Por ello, el imán al-Bujari acudió a los muhaddizun que habían escuchado íntegramente de boca del imán Malik su obra Muwatta, la habían cotejado con el manuscrito y transmitían un manuscrito auténtico, y escuchó de ellos el Muwatta directamente, desde el principio hasta el final.
El imán al-Bujari citó los hadices del Muwatta en varios lugares de su obra, pero nunca proporcionó la referencia del libro. Más bien, proporcionó la cadena de quienes habían leído la obra ante él. Por ejemplo, aquí mencionó la cadena de ‘Abdullah ibn Maslama. Lo que quiso decir fue: “Escuché directamente de ‘Abdullah ibn Maslama, después de que él leyera, este hadiz de la obra del imán Malik”.
El imán Muslim (262 H), uno de los principales muhaddizun del tercer siglo, también citó este hadiz del Muwatta.
Dijo: «Qutayba ibn Sa‘id nos dijo, de Malik, de Abu az-Zinad, de al-A‘ray, de Abu Hurayra, que el Mensajero de Allah (s) mencionó el viernes y dijo…». (Muslim ibn al-Hayyay, As-Sahih 2/583).
Aquí el imán Muslim también proporcionó, del mismo modo, la referencia del transmisor del libro en lugar de la referencia del libro. El famoso muhaddiz del quinto siglo, el imán al-Bayhaqi Ahmad ibn al-Husayn (458 H), citó este hadiz en su obra de hadices titulada As-Sunan al-Kubra.
Dijo: «‘Ali ibn Ahmad ibn ‘Abdan nos dijo; Ahmad ibn ‘Ubayd as-Saffar nos dijo; Isma‘il al-Qadi nos dijo; ‘Abdullah ibn Maslama al-Qa‘nabi nos dijo, de Malik, de Abu az-Zinad, de al-A‘ray, de Abu Hurayra, que el Mensajero de Allah (s) mencionó el viernes y dijo…». (Al-Bayhaqi, As-Sunan al-Kubra 3/249).
Al ver la cadena, alguien podría pensar que hasta el quinto siglo los muhaddizun dependían únicamente de la transmisión oral al transmitir los hadices. Entre el Mensajero de Allah (s) y el libro habría ocho narradores. ¡Todos habrían dependido únicamente de la transmisión oral y la audición! Por tanto, ¡la posibilidad de errores sería muy grande!
Pero la realidad es completamente diferente. El significado de la cadena del imán al-Bayhaqi es: “Escuché, después de que fuera leído ante mí por ‘Ali ibn Ahmad ibn ‘Abdan, el Muwatta escrito por el imán Malik. Él lo leyó ante Ahmad ibn ‘Ubayd as-Saffar. Este leyó la obra ante Isma‘il al-Qadi. Él leyó la obra ante ‘Abdullah ibn Maslama al-Qa‘nabi. Este la recibió de Malik…”. Con ello demostró que no había comprado el Muwatta en el mercado, lo había leído por sí mismo y recopilado hadices a partir de él. Más bien, obtuvo un manuscrito del Muwatta y lo escuchó leer ante una persona que había dominado la obra mediante una lectura correcta, y así sucesivamente hasta el final. Al-Bayhaqi mencionó esta cadena a través de muchas otras cadenas. En todas ellas mencionó la transmisión oral y la audición. En realidad, dijo que había leído y escuchado correctamente la obra Muwatta del imán Malik ante diversos maestros, mediante diversas cadenas. (Al-Bayhaqi, As-Sunan al-Kubra 3/249).
Así hemos visto que, para combinar la transmisión oral y la audición con los manuscritos escritos, los muhaddizun establecieron la práctica de proporcionar la referencia de la audición en lugar de la referencia del manuscrito o del libro. Su método era sumamente preciso y científico. En la época actual, proporcionar una referencia mencionando el nombre del maestro resulta mucho más seguro y lógico que dar una “referencia” indicando el nombre de la obra habitual, el número de página y otros datos. En la época de los libros manuscritos, al proporcionar únicamente la referencia de una obra existía la posibilidad de equivocarse al leerla, de que otra persona añadiera algo en ella y de que el copista cometiera errores. Pero si se recibía la obra en forma de libro mediante su lectura directa de boca del maestro, no existía la posibilidad de esos errores o alteraciones.
Los judíos y los cristianos escribían sus escrituras religiosas dependiendo de los manuscritos. Esto facilitó la alteración de la Biblia. Los eruditos judíos y cristianos reconocen unánimemente que en la Biblia actualmente difundida existen millones de alteraciones. Se refieren a ellas como errores (erratum) o variantes textuales (various readings). (T. H. Horne, An Introduction to the Critical Study and Knowledge of the Holy Scriptures 2/325; Rahmatullah Kiranawi, Izhar al-Haqq 2/542).
Los muhaddizun de la umma musulmana pudieron prevenir y remediar estas alteraciones y errores concediendo importancia a la transmisión oral y a la audición.
También comprendemos que es erróneo pensar que los hadices fueron recopilados en el tercer siglo o posteriormente. En realidad, la recopilación de hadices comenzó desde el primer siglo. Los recopiladores posteriores recopilaron en sus obras los libros recopilados por los recopiladores anteriores. Sin embargo, los muhaddizun nunca mencionaron los manuscritos como fuente de referencia para la transmisión de los hadices. Más bien, junto con los manuscritos, concedieron especial importancia a la transmisión oral y a la audición.
1.4.4. Verificación de la integridad personal
Para distinguir los hadices auténticos y comprobados de los errores o mentiras, intencionales o involuntarios, atribuidos a los hadices, el segundo paso de los muhaddizun consistía en recopilar la información personal de todos los «rawi» mencionados en el isnad y cerciorarse de su integridad personal, su probidad y su religiosidad. Para ello, observaban personalmente la conducta del «rawi» y, cuando era necesario, preguntaban a los eruditos, muhaddizun y estudiantes contemporáneos.
Abu al-Alifí Rufa‘i ibn Mihran (90 H), un célebre tabi‘í del siglo I de la Hégira, contemporáneo de los sahabah, dijo: «Cuando me enteraba de que alguien transmitía o enseñaba hadices en algún lugar, recorría una larga distancia para ir hasta él con el propósito de recopilar hadices. Al llegar allí, observaba su oración. Si veía que realizaba la oración de manera correcta y completa, permanecía con él y escribía hadices de él. Pero si observaba negligencia en su oración, regresaba sin aprender hadices de él. Yo decía: quien puede ser negligente con la oración lo será aún más en otros asuntos». (Ibn Hadi, Al-Kamil 1/132).
Ellos no observaban únicamente la conducta externa del transmisor de hadices, sino que también intentaban conocer su comportamiento, su carácter, su honestidad, su confiabilidad, etc. ‘Asim ibn Sulayman al-Ahwal (140 H), un célebre tabi‘í del siglo II de la Hégira, dijo: «Escuché a Abu al-‘Aliya (90 H) decir: “Aunque vosotros —los tabi‘un del siglo II— practicáis más el saludo y el ayuno que vuestros predecesores, la mentira ya ha fluido por vuestras lenguas”». (Ibn ‘Adi, Al-Kamil 1/133).
Además, se cercioraban de su integridad haciéndole diversas preguntas al rawi mencionado y comparando sus respuestas orales con su manuscrito. Además de su propia observación, intentaban conocer principalmente la veracidad del rawi mediante las opiniones de los eruditos contemporáneos. Yahya ibn Mughirah (253 H) dijo: «Pregunté al célebre tabi‘ tabi‘í Jarir ibn ‘Abd al-Hamid (188 H) acerca de su hermano Anas ibn ‘Abd al-Hamid. Él dijo: “No escribáis sus hadices, porque miente al hablar con la gente. Aprendió hadices de muhaddizun como Hisham ibn ‘Urwah y ‘Ubayd Allah ibn ‘Umar, entre otros. Pero, puesto que tiene la costumbre de mentir al hablar con la gente, no aceptéis sus hadices”». (Ibn Abi Hatim, Al-Jarh wa al-Ta‘dil 2/289).
Sin embargo, en todos los casos, la base de su decisión principal era el examen comparativo de la información proporcionada por la persona. Por eso encontramos innumerables casos en los que un muhaddiz, tras escuchar muchos elogios sobre un rawi, acudía a aprender hadices de él movido únicamente por la admiración y el interés. Pero en cuanto descubría mentiras y errores, intencionales o involuntarios, en los hadices que este había transmitido, cambiaba inmediatamente su opinión sobre esa persona.
‘Abd Allah ibn al-Muharrir al-Jazari era un erudito y hombre piadoso del siglo II. Durante el gobierno del califa Mansur (136-158 H), también desempeñó el cargo de juez. Sin embargo, era extremadamente débil en la transmisión de hadices. Mentía de forma intencional o involuntaria. El célebre muhaddiz ‘Abd Allah ibn al-Mubarak (181 H) dijo: «Al escuchar sobre las buenas obras, la piedad y la fama de ‘Abd Allah ibn al-Muharrik, sentí tanta admiración por él que, si me hubieran dado a elegir entre entrar en el Paraíso o encontrarme con ‘Abd Allah ibn al-Muharrik, habría preferido encontrarme con él y después entrar en el Paraíso. Pero cuando me encontré con él y vi la abundancia de mentiras en los hadices que transmitía, toda la admiración que sentía desapareció. Hasta el estiércol seco de una cabra me resulta más querido que él». (Ibn ‘Adi, Al-Kamil 4/132).
1.4.5. La honestidad de los sahaba
De este modo, los muhaddices de la umma musulmana examinaron y verificaron con suma minuciosidad la honestidad personal y la exactitud de las narraciones de cada transmisor de hadices. Nada, ni siquiera la notoriedad personal, el prestigio o la fama del narrador, pudo impedirles realizar esta verificación y este examen.
En la discusión posterior veremos que, basándose en la verificación y el examen, declararon inaceptables para la transmisión de hadices incluso a muchas personas muy famosas y reconocidas en todo el país. La única excepción en este asunto fueron los sahaba. En el caso exclusivo de los sahaba, los muhaddices no examinaron la honestidad ni la fiabilidad personales. Aceptaron que todos los sahaba eran personalmente honestos y veraces.
Los eruditos judíos y cristianos y los chiíes critican este principio de los muhaddices. No creían en la honestidad de los sahaba. Más bien, acusaban a los propios sahaba de falsificación.
No es posible abordar aquí detalladamente la honestidad y la fiabilidad de los sahaba. Tampoco trataré aquí las indicaciones de los hadices sobre su honestidad. Aquí analizaré la honestidad de los sahaba a la luz de la razón, la conciencia y el Corán.
(1) Los muhaddices de la umma musulmana actuaron principalmente respecto de los sahaba basándose en un principio humano «universal». El principio reconocido en todo el mundo es que, mientras no se demuestre que una persona ha mentido, debe ser considerada «veraz» y su testimonio debe ser aceptado. En otros casos, no se puede rechazar la noticia o información que haya transmitido alegando que «tiene un litigio o enemistad con su hermano». La umma musulmana aceptó las narraciones de los sahaba basándose precisamente en este principio. Los sahaba combatieron entre sí y afrontaron diversos desacuerdos y problemas mundanos, pero nunca se demostró de ninguna manera que alguno de ellos hubiera mentido en nombre del Mensajero de Allah (s). Quienes difaman a los sahaba no han podido presentar ni una sola prueba de que en tal o cual incidente se hubiera demostrado que tal sahabí había mentido en nombre de un hadiz. En la historia hay muchas cosas escritas contra los sahaba. Pero no se ha demostrado ninguna información que pruebe que mintieron en nombre del Mensajero de Allah (s). Por tanto, no hay alternativa a aceptar la información que proporcionaron. No se puede rechazar el testimonio de alguien basándose en una sospecha general o en la suposición de que quizá haya mentido.
(2) Hemos visto que los sahaba examinaban los hadices al aceptarlos y juzgarlos. Muchas veces verificaban las narraciones de otros sahaba. Ni en un solo caso se descubrió que alguien hubiera mentido o falsificado. Al contrario, la veracidad, honestidad e intransigencia de los sahaba en este asunto son célebres en la historia. Su cautela al transmitir y aceptar hadices era incomparable.
(3) Las ideas y la identidad de cualquier predicador religioso o fundador de una ideología solo pueden conocerse por medio de sus compañeros. Por ello, en todas las religiones se concede una posición especial a los compañeros de los profetas, mensajeros o fundadores religiosos. Sin depender de ellos, no es posible conocer de ningún modo las palabras, declaraciones y el modelo de vida de un profeta o mensajero. Dudar de los sahaba y desconfiar de ellos equivale a negar al Mensajero de Allah (s) y a borrar el islam de la vida práctica. Pues todo lo que hemos recibido —el Corán, los hadices y el islam— nos ha llegado por medio de estos sahaba.
(4) No creer en la honestidad de los sahaba equivale a negar la profecía del Mensajero de Allah (s). Quienes creen que la mayoría de los sahaba eran egoístas, incrédulos o apóstatas consideran, sin duda, que Muhammad, el Mensajero de Allah, fue un profeta fracasado (¡Allah nos libre!). No es imposible que en una sociedad de cientos de miles de personas haya dos o cuatro hipócritas desconocidos y sin notoriedad. Pero si alguien afirma que incluso quienes permanecieron largo tiempo en compañía del Mensajero de Allah (s) y alcanzaron notoriedad como sahaba eran embaucadores, en realidad está afirmando el fracaso del Mensajero de Allah (s).
Si un predicador religioso no puede hacer piadosos los corazones de sus propios compañeros, ¿cómo podrá hacer piadosos a los demás? Si las personas no pueden adquirir «honestidad» escuchando su modelo, viéndolo llevarse a la práctica y permaneciendo en su compañía, entonces imaginar que las generaciones posteriores adquirirán honestidad simplemente escuchando ese modelo no es más que una ilusión absurda.
Quien hoy cree que ha aprendido la honestidad leyendo el Corán, pero sostiene que Abu Huraira no pudo aprender honestidad leyendo el Corán ante Muhammad, el Mensajero de Allah (s), y permaneciendo en compañía del Corán viviente, en realidad niega la profecía del profeta Muhammad (s). La debilidad humana, la ira y el partidismo son una cosa; el engaño o la falsificación son otra. La falsificación en nombre de la religión es un asunto aún más grave. Si un fundador religioso no puede sacar a sus seguidores de la inmundicia de este pecado gravísimo, no puede considerársele exitoso de ningún modo. Así como el éxito de una escuela depende del porcentaje de aprobados entre sus alumnos, el éxito de un predicador religioso depende de la piedad de quienes han estado en su compañía.
(5) Por encima de todo, ningún musulmán que crea en el Corán puede dudar jamás de la honestidad de los sahaba. El Corán ha testimoniado repetidamente la piedad de los sahaba. Aquí mencionaré unos pocos versículos relacionados con este asunto.
El Glorioso Allah ha dicho: Árabe (*********)
—«Allah está complacido con los primeros precursores entre los emigrados y los auxiliares, y con quienes los siguieron con sinceridad; y ellos están complacidos con Allah. Él les ha preparado jardines por cuyos bajos corren ríos, donde permanecerán eternamente. Ese es el gran triunfo» (sura 9, At-Tawba: 100).
Aquí los sahaba han sido divididos en tres grupos. Primero, los emigrados que fueron los primeros precursores; segundo, los auxiliares que fueron los primeros precursores; y tercero, quienes los siguieron con sinceridad. Los sahaba de las dos primeras categorías han sido mencionados como el criterio del éxito y como modelos dignos de imitación. La mayoría de los sahaba transmisores de hadices pertenecían a estas dos categorías.
En muchos otros lugares, el Noble Corán menciona a todos los emigrados y a todos los auxiliares como «verdaderos creyentes» y moradores del Paraíso (sura Al-Anfal: versículos 72 y 74; sura Al-Hashr: versículos 8, 9 y 10).
Respecto a la «bay‘at ar-Ridwan» en las inmediaciones de Hudaybiyya, se ha dicho:لَّقَدْ رَضِيَ اللَّهُ عَنِ الْمُؤْمِنِينَ إِذْ يُبَايِعُونَكَ تَحْتَ الشَّجَرَةِ فَعَلِمَ مَا فِي قُلُوبِهِمْ فَأَنزَلَ السَّكِينَةَ عَلَيْهِمْ وَأَثَابَهُمْ فَتْحًا قَرِيبًا [٤٨:١٨]
«Cuando los creyentes te prestaron juramento bajo el árbol, Allah estuvo complacido con ellos» (sura 48, Al-Fath: 18).
Todos los sahaba famosos que transmitieron hadices participaron en esta «bay‘at». Ningún hipócrita participó en ella.
En alabanza de todos los sahaba que participaron en la batalla de Tabuk, se ha dicho:لَٰكِنِ الرَّسُولُ وَالَّذِينَ آمَنُوا مَعَهُ جَاهَدُوا بِأَمْوَالِهِمْ وَأَنفُسِهِمْ ۚ وَأُولَٰئِكَ لَهُمُ الْخَيْرَاتُ ۖ وَأُولَٰئِكَ هُمُ الْمُفْلِحُونَ [٩:٨٨]
«Pero el Mensajero y quienes creyeron con él lucharon por la causa de Allah con sus bienes y sus propias vidas. Para ellos habrá bienes, y ellos son los triunfadores» (sura 9, At-Tawba: 88).
Todos los Compañeros célebres que narraban hadices participaron en esta batalla. Ni un solo hipócrita participó en ella. Elogiando ampliamente a todos los Compañeros del Mensajero de Allah (s.) y declarando ampliamente su piedad, honestidad y confiabilidad, se ha dicho:
وَاعْلَمُوا أَنَّ فِيكُمْ رَسُولَ اللَّهِ ۚ لَوْ يُطِيعُكُمْ فِي كَثِيرٍ مِّنَ الْأَمْرِ لَعَنِتُّمْ وَلَٰكِنَّ اللَّهَ حَبَّبَ إِلَيْكُمُ الْإِيمَانَ وَزَيَّنَهُ فِي قُلُوبِكُمْ وَكَرَّهَ إِلَيْكُمُ الْكُفْرَ وَالْفُسُوقَ وَالْعِصْيَانَ ۚ أُولَٰئِكَ هُمُ الرَّاشِدُونَ [٤٩:٧]
«Pero Allah os ha hecho amar la fe y la ha embellecido en vuestros corazones. Y os ha hecho detestar la incredulidad, el pecado y la desobediencia. Ellos son quienes siguen el camino recto». (Sura 49, Al-Huyurat: 7).
En otro lugar, se ha anunciado ampliamente la buena nueva del bien o del Paraíso a ambos tipos de Compañeros: los que abrazaron el islam antes de la conquista de La Meca y los que lo abrazaron después.
وَمَا لَكُمْ أَلَّا تُنفِقُوا فِي سَبِيلِ اللَّهِ وَلِلَّهِ مِيرَاثُ السَّمَاوَاتِ وَالْأَرْضِ ۚ لَا يَسْتَوِي مِنكُم مَّنْ أَنفَقَ مِن قَبْلِ الْفَتْحِ وَقَاتَلَ ۚ أُولَٰئِكَ أَعْظَمُ دَرَجَةً مِّنَ الَّذِينَ أَنفَقُوا مِن بَعْدُ وَقَاتَلُوا ۚ وَكُلًّا وَعَدَ اللَّهُ الْحُسْنَىٰ ۚ وَاللَّهُ بِمَا تَعْمَلُونَ خَبِيرٌ [٥٧:١٠]
«No son iguales quienes de entre vosotros gastaron y combatieron antes de la conquista de (La Meca) y quienes lo hicieron después; los primeros tienen un rango superior a quienes gastaron y combatieron posteriormente. Sin embargo, Allah ha prometido el bien a ambos grupos». (Sura 57, Al-Hadid: 10).
Cabe señalar aquí que todos los célebres Compañeros que narraban hadices abrazaron el islam antes de la conquista de La Meca y combatieron.
En el Noble Corán hay muchos otros versículos que elogian a los Compañeros y dan testimonio de su honestidad, confiabilidad, fe y entrada en el Paraíso.
Entre los célebres Compañeros en la narración de hadices se encuentran Abu Huraira, Abdullah ibn Umar, Anas ibn Malik, Aisha, Abdullah ibn Abbas, Yabir ibn Abdullah, Abu Sa‘id al-Judri, Abdullah ibn Mas‘ud, Abdullah ibn Amr, Ali ibn Abi Talib, Umar ibn al-Jattab, Umm Salama, Abu Musa al-Ash‘ari, Al-Bará ibn Azib, Abu Dharr al-Gifari, Sa‘d ibn Abi Waqqas, Abu Umama al-Bahili, Hudhaifa ibn al-Yamán, Sahl ibn Sa‘d, Ubada ibn al-Samit, Imrán ibn Husain, Abu al-Dardá, Abu Qatada, Abu Bakr al-Siddiq, Ubayy ibn Ka‘b, Muadh ibn Yabal, Uzman ibn Affán y otros célebres Compañeros.
Todos ellos fueron célebres compañeros del Mensajero de Allah (s.), personas que abrazaron el islam antes de la conquista de La Meca, participaron en la batalla de Tabuk, participaron en el Juramento de Ridwán o fueron de los primeros emigrantes y auxiliares pioneros.
Poner en duda la honestidad de aquel a quien el Corán declara virtuoso, creyente y exitoso, y para quien el Corán promete el bien, equivale a negar el testimonio del Corán.
1.4.6. Examen comparativo
Uno de los métodos de los muhaddizun para determinar la autenticidad de los hadices o separar los hadices auténticos de los no auténticos era el examen exhaustivo (Cross Examine). En este ámbito, siguieron principalmente el proceder de los compañeros.
1.4.6.1. Proceso fundamental del examen comparativo
Hazrat Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) era un compañero. Muchos tabi‘un aprendieron hadices de él. Algunos de ellos permanecieron con él durante mucho tiempo, mientras que otros estuvieron poco tiempo. Ningún compañero ni muhaddiz enseñaba un hadiz diferente a cada estudiante. Enseñaban a todos sus estudiantes los hadices que habían recopilado. Por ello, en general, la mayoría de los estudiantes de Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) escucharon todos los hadices narrados por él. Narraron los mismos hadices a través de Abu Huraira. Los muhaddizun recopilaron y compilaron los hadices narrados por todos los estudiantes de Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) y los examinaron comparándolos entre sí.
Si se observaba que treinta tabi‘un habían narrado un hadiz de Abu Huraira, y que entre ellos veinte o veinticinco lo habían memorizado y registrado exactamente con las mismas palabras empleadas por Abu Huraira, mientras que los demás no habían podido memorizarlo correctamente, esto demostraba la debilidad de su memoria y de su capacidad de retención.
Si un estudiante de Abu Huraira aprendía y narraba cien hadices de él, y podía memorizar y narrar correctamente, palabra por palabra, todos o la mayoría de ellos, esto constituía una prueba de su aceptabilidad. Por el contrario, si un tabi‘í narraba la mayoría de esos cien hadices de tal manera que sus narraciones no coincidían con las de los demás tabi‘un, se entendía que no había registrado ni memorizado correctamente los hadices. Ese narrador perdía su aceptabilidad y era clasificado como un narrador da‘if, es decir, débil.
El grado de debilidad se determinaba según la cantidad y la magnitud de los errores. Si, a causa de su trayectoria y de todos esos hadices contradictorios que había narrado, se demostraba que había añadido u omitido deliberadamente elementos de los hadices narrados por el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), o que había atribuido deliberadamente palabras inventadas a los hadices, era clasificado como un narrador mentiroso. Un hadiz narrado únicamente por un narrador mentiroso de ese tipo nunca era aceptado como palabra del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Más bien, era clasificado como un hadiz falso o mawdu‘.
A veces se observaba que un estudiante de Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) narraba uno o varios hadices que ningún otro estudiante narraba. En ese caso, los muhaddizun lo examinaban según las reglas anteriores. Si se comprobaba que aquel estudiante tabi‘í había permanecido en compañía de Abu Huraira más tiempo que los demás, que mediante el examen se había demostrado que registraba y memorizaba correctamente la mayoría de los hadices que narraba, y que todos reconocían su honestidad y religiosidad, entonces los hadices adicionales que narraba se aceptaban como hadices sahih (auténticos) o hasan (buenos y aceptables).
Pero si mediante el examen comparativo anterior se demostraba que la mayoría o muchos de los hadices que narraba presentaban discrepancias, mayores o menores, respecto de las narraciones de los narradores aceptables, ese hadiz adicional suyo también era clasificado, conforme a las reglas anteriores, como débil y falso.
Por lo general, un tabi‘í no aprendía hadices de un solo compañero. En la mayoría de los casos, cada tabi‘í procuraba aprender hadices del mayor número posible de compañeros. Por eso viajaban a cualquier ciudad del mundo musulmán de aquella época donde residiera algún compañero. Los muhaddizun reunían, según las reglas anteriores, los hadices de todos los compañeros, los hadices de todos los tabi‘un transmitidos por ellos y los hadices de los tabi‘ al-tabi‘un narrados por estos últimos; después determinaban la aceptabilidad de los hadices mediante el examen comparativo y a la luz de la vida personal, la honestidad, la religiosidad y otras características de los narradores.
Esta práctica continuó en los siglos posteriores. Por una parte, los muhaddizun compilaron, con sus cadenas de transmisión, todos los hadices atribuidos al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por otra, determinaron y registraron la veracidad o falsedad de las narraciones de los narradores mediante un análisis comparativo de sus relatos. (Los detalles sobre este tema están recopilados en todas las obras relativas al jarh wa-ta‘dil. Véanse especialmente: Muslim ibn al-Hajjaj, Kitab al-Tamyiz; Ibn ‘Adi, Al-Kamil fi Du‘afa al-Rijal; el doctor Muhammad Mustafa al-A‘zami, Manhaj al-Naqd ‘inda al-Muhaddizin.)
El imán al-Tirmidhi, Abu ‘Isa Muhammad ibn ‘Isa (fallecido en 275 de la hégira), dijo: ‘Nos narró ‘Ali ibn Hujr; nos narró Hafs ibn Sulayman, quien lo narró de Kazir ibn Zadhan, quien lo narró de ‘Asir ibn Damura, quien lo narró de ‘Ali ibn Abi Talib; el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Quien recite el Corán, lo memorice, observe como lícito lo lícito del Corán y se abstenga de lo ilícito por considerarlo ilícito, Allah lo hará entrar en el Paraíso y aceptará su intercesión en favor de diez miembros de su familia, cada uno de los cuales ya tenía decretado el castigo del Infierno”.’
Después de compilar el hadiz de esta manera, el imán al-Tirmidhi mencionó su debilidad y falta de aceptabilidad, y dijo: ‘Este hadiz es garib (débil o inaceptable). No se conoce este hadiz por ninguna otra cadena aparte de esta única cadena. Su isnad no es sahih. Hafs ibn Sulayman es débil en materia de hadices.’
La opinión del imán al-Tirmidhi se basó en su propio examen y en el de innumerables muhaddizun durante más de tres siglos. Las etapas resumidas de su examen fueron las siguientes:
1. Recopilaron todos los hadices narrados por Hafs ibn Sulayman.
2. Recopilaron las narraciones de los demás estudiantes de los maestros a través de los cuales Hafs había narrado hadices, así como las de los narradores que habían sido sus ‘compañeros de estudio’, y las compararon con sus narraciones.
3. Recopilaron todos los hadices narrados a través del maestro de Hafs en este hadiz, Kazir ibn Zadhan, y los compararon con la narración de Hafs.
4. Recopilaron, a través de los demás estudiantes, todos los hadices narrados por el maestro de Kazir, ‘Asim ibn Damura, y los compararon con esta narración de Hafs.
5. Recopilaron y compararon todos los hadices narrados a través de los demás estudiantes de ‘Ali (que Allah esté complacido con él).
6. Compararon esta narración con los hadices narrados por otros compañeros distintos de ‘Ali (que Allah esté complacido con él).
Mediante este proceso de examen observaron lo siguiente:
a. Este hadiz no había sido narrado por ninguna cadena aparte de esta única cadena. Nadie lo había narrado de ningún otro compañero. Ningún otro estudiante de ‘Ali lo había narrado de ‘Ali. Ningún otro estudiante de ‘Asim lo había narrado de él. Ningún otro estudiante de Kazir lo había narrado.
Así comprobaron que, al llegar al final del siglo segundo de la hégira, Hafs ibn Sulayman afirmó haber escuchado este hadiz a través de esa cadena. No se encontró ningún testigo que demostrara la veracidad de su afirmación.
b. Mediante este proceso, la aceptabilidad del hadiz quedó en entredicho. Porque, normalmente, no sucede que un hadiz narrado por ‘Ali (que Allah esté complacido con él) sea conocido entre sus estudiantes únicamente por ‘Asim. Tampoco sucede que un hadiz enseñado por ‘Asim sea conocido únicamente por Zadhan. Ni que un hadiz enseñado por Zadhan sea conocido únicamente por Hafs.
c. Ahora había que examinar cuál era la situación de los demás hadices narrados por Hafs. Los muhaddizun comprobaron mediante el examen que casi todos los hadices que Hafs había narrado a través de su maestro Zadhan y de los demás maestros estaban llenos de errores. Por ello confirmaron que, aunque Hafs era un gran recitador y erudito del Corán, era débil en la narración de hadices. Aunque no mentía deliberadamente, cometía con mucha frecuencia errores o falsedades involuntarias. Por ello lo consideraron débil y abandonado. (Muslim ibn al-Hajjaj, Al-Tamyiz, p. 169).
Muchos no comprenden este sutil método científico para determinar la exactitud de las narraciones de los transmisores de hadices o narradores. Por eso, cuando un muhaddiz emitía un juicio sobre un narrador o sobre un hadiz, algunos se sorprendían o lo objetaban. Algunos decían: ‘Esto es una insolencia: juzgar las palabras del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)’. Otros decían: ‘Esto es criticar sin motivo, sin conocimiento o basándose en conjeturas a personas piadosas’. No solo en la época actual, sino también en los primeros tiempos del islam, muchas personas sostenían esta idea. (Muslim ibn al-Hajjaj, Al-Tamyiz, p. 169).
De la exposición anterior comprendemos que todos los juicios y opiniones de los imanes del hadiz sobre los narradores y los hadices se basaban en este examen. Cuando un muhaddiz decía acerca de un narrador o transmisor de hadices que era: fiable, de memoria perfecta, memorista, veraz, aceptable, débil, propenso a cometer muchos errores, narrador de hadices reprobables, abandonado, mentiroso, inventor de hadices, etc., debemos entender que esa ‘opinión resumida’ era el resultado de toda una vida de esfuerzo incansable, recopilación de hadices y examen comparativo.
Del mismo modo, cuando decía acerca de un hadiz: ‘El hadiz es sahih, da‘if, reprobable, inventado, mursal; sahih es el hadiz que constituye la palabra de un compañero…’, etc., también podemos comprender que nos estaba ofreciendo la esencia de toda una vida de dedicación.
Así hemos conocido el método de trabajo de los muhaddizun. Ahora analizaremos los aspectos importantes de este método.
1.4.6.2. Preguntas de investigación
Los muhaddices intentaban verificar, mediante preguntas de investigación, las mentiras intencionadas o involuntarias del narrador. Veamos dos o tres incidentes relacionados con este tema:
1. Ufayr ibn Ma‘dan, un tabi‘í del siglo II de la Hégira, dice: «Umar ibn Musa al-Wajihí llegó a nosotros, a la ciudad de Hims. Nos reunimos con él en la mezquita de Hims para estudiar hadices. Él comenzó a decir: “Vuestro piadoso shayj nos narró un hadiz”. Nosotros preguntamos: “¿A quién se refiere con ‘el piadoso shayj’?”. Él respondió: “Jalid ibn Ma‘dan”. Pregunté: “¿En qué año escuchaste hadices de él?”. Respondió: “Estudié hadices con él en el año 108 de la Hégira”. Pregunté: “¿Dónde te encontraste con él?”. Respondió: “Durante la guerra en Armenia”. Entonces le dije: “Teme a Allah y abstente de mentir. Jalid ibn Ma‘dan murió en el año 104 de la Hégira. Por tanto, resulta que estudiaste hadices con él cuatro años después de su muerte. Además, él nunca participó en una guerra en Armenia; únicamente participó en guerras contra el Imperio bizantino”». (Ibn Abi Hatim, al-Yarh wa al-Ta‘dil, 6/133; al-Dhahabí, Mizan al-I‘tidal, 5/217).
Al quedar demostrada de este modo la falsedad de este narrador, los muhaddices lo identificaron como un narrador abandonado y mentiroso. Abu Hatim al-Razi dijo: «Umar ibn Musa es abandonado; fabricaba hadices falsos». Al-Bujari dijo: «Los hadices que narra son reprobables e inaceptables». Ibn Ma‘in dijo: «Este hombre no es digno de confianza». Ibn ‘Adi dijo: «Fabricaba falsamente las cadenas de transmisión y los textos de los hadices». Los muhaddices al-Daraqutní, al-Nasaí y otros dijeron: «Es abandonado». (La referencia citada anteriormente).
2. Abu al-Walid al-Tayalisi Hisham ibn ‘Abd al-Malik (227 H.) dice: «Comencé a escribir hadices de Amir ibn Abi Amir al-Jazzaz. Un día, al mencionar la cadena de transmisión de un hadiz, dijo: “Nos ha relatado ‘Ata ibn Abi Rabah (114 H.)”. Le pregunté: “¿En qué año escuchaste hadices de ‘Ata?”. Respondió: “En el año 124 de la Hégira”. Le dije: “Pero ‘Ata murió en el año 113 o 114 de la Hégira”».
Así quedó descubierta la falsedad de su narración. Esta mentira pudo ser intencionada o involuntaria. El imán al-Dhahabí (748 H.) dijo: «Si dijo esto intencionadamente, entonces es un mentiroso y un narrador de hadices fabricados. Pero si confundió por error a otro tabi‘í llamado ‘Ata ibn al-Sa’ib (136 H.) con ‘Ata ibn Abi Rabah, entonces debe entenderse que era un narrador extremadamente descuidado, ignorante y digno de ser abandonado». (Al-Dhahabí, Mizan al-I‘tidal, 4/18).
3. Un narrador del siglo I de la Hégira era Suhayl ibn Dhakwan Abu Sindí al-Wasití. Afirmaba haber escuchado hadices de ‘Aisha (que Allah esté complacido con ella). Su mentira quedó al descubierto mediante las preguntas de investigación de los muhaddices. Yahya ibn Ma‘in dijo: «‘Abbad nos relató: Le preguntamos a Suhayl ibn Dhakwan: “¿Viste a ‘Aisha?”. Respondió: “Sí, la vi”. Le dijimos: “Dinos cómo era su aspecto”. Respondió: “Tenía la piel negra”». Suhayl también afirmó haber visto a Ibrahim al-Naja‘í, cuyos ojos, según él, eran muy grandes.
Estas afirmaciones de Suhayl revelaron su mentira, porque ‘Aisha era de tez clara y los ojos de Ibrahim al-Naja‘í estaban dañados. (Ibn ‘Adi, al-Kamil, 4/521-522).
1.4.6.3. Examen lingüístico y semántico
Al recopilar y examinar los hadices, los muhaddices prestaban especial atención a las palabras, la estructura de las frases y el significado del hadiz. Observaban si las palabras empleadas en el hadiz narrado y la construcción de sus frases eran compatibles con el lenguaje y el sentido de las palabras del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Consideraban si el significado del hadiz narrado era contrario a la razón, el conocimiento o la conciencia humanos, o si se oponía claramente a afirmaciones bien conocidas del Corán y de los hadices. Por ello, en muchas ocasiones rechazaban como falso o fabricado un hadiz narrado por alguien cuya honestidad personal estuviera demostrada. En la discusión posterior, el lector encontrará muchos ejemplos relacionados con este asunto.
1.4.6.4. Interrogar al maestro del «narrador»
Después de recopilar un hadiz de un narrador, los muhaddices intentaban verificar la narración acudiendo al maestro por cuya autoridad el narrador había transmitido el hadiz y preguntándole directamente. Para ello, cuando era necesario, soportaban las dificultades de viajar miles de millas. Si no podían interrogar al maestro porque había fallecido, recopilaban y comparaban las narraciones de sus otros alumnos. Mencionaré un incidente de este tipo.
Hasan ibn ‘Umarah al-Bajali (153 H.) fue un narrador de hadices y tabi‘í del siglo II de la Hégira. Era un gran erudito y jurista, y durante algún tiempo fue juez de Bagdad. Sin embargo, era extremadamente débil en la narración de hadices. Los imanes contemporáneos de la crítica de hadices demostraron su debilidad mediante un examen comparativo. Sobre este asunto, uno de los más grandes muhaddices, críticos e imanes del siglo II de la Hégira, el ilustre Shu‘ba ibn al-Hayyay (160 H.), dijo: «Hasan ibn ‘Umarah me relató siete hadices. Dijo que los había escuchado de al-Hakam ibn ‘Utaybah (113 H.), quien los había escuchado de Yahya ibn al-Yazzar. Me encontré con al-Hakam ibn ‘Utaybah y le pregunté acerca de ellos. Él respondió: “No narré ni uno solo de esos hadices”». (Ibn ‘Adi, al-Kamil fi Du‘afa al-Riyal, 2/283).
Abu Dawud al-Tayalisi Sulayman ibn Dawud (204 H.) dice: «Shu‘ba me dijo: “Hasan ibn ‘Umarah me dijo: ‘Al-Hakam ibn ‘Utaybah me relató; ‘Abd al-Rahman ibn Abi Layla relató; ‘Ali (que Allah esté complacido con él) dijo: “A los mártires de Uhud se les realizó el lavado ritual, se les amortajó y se ofreció la oración fúnebre por ellos”’”. Después fui junto a al-Hakam y le pregunté acerca de los mártires de Uhud. Él respondió: “No se les realizó el lavado ritual ni se les amortajó”. Le dije: “Entonces, ¿por qué Hasan ibn ‘Umarah ha narrado estas palabras por tu autoridad?”. Respondió: “Nunca le narré este hadiz”». (La referencia citada anteriormente, 2/284).
Abu Dawud al-Tayalisi también dice: «Shu‘ba me dijo: “Ve junto a Yarir ibn Hazim (170 H.) y dile: ‘No te está permitido narrar hadices de Hasan ibn ‘Umarah, porque miente’”. Pregunté: “¿Cómo lo sabes?”. Respondió: “Me ha narrado muchos hadices por autoridad de al-Hakam ibn ‘Utaybah, pero no he encontrado fundamento alguno para ellos”. Tayalisi dice: “Pregunté: ‘¿Cuáles son?’. Shu‘ba respondió: ‘Le pregunté a al-Hakam: “¿Cuál es tu opinión sobre los hijos ilegítimos?”. Él respondió: “Se ofrecerá la oración fúnebre por ellos”. Pregunté: “¿De quién se ha narrado este hadiz?”. Al-Hakam respondió: “Del Hasan al-Basri”. Sin embargo, Hasan ibn ‘Umarah dice que al-Hakam le narró este hadiz por autoridad de Yahya ibn al-Yazzar, quien lo narró por autoridad de ‘Ali”». (Muslim, al-Sahih, 1/23-24).
Así vemos que Shu‘ba presentó ante el maestro de Hasan ibn ‘Umarah los hadices que este había narrado, demostrando la inexactitud de sus narraciones y sus errores o mentiras, tanto intencionados como involuntarios. En las obras sobre los narradores se encuentran innumerables incidentes de este tipo. En realidad, los muhaddices dedicaban una gran parte de sus viajes a presentar los hadices recopilados ante los maestros de los narradores para verificar su exactitud.
1.4.6.5. Comparación de las narraciones de distintos transmisores
Uno de los aspectos principales de la investigación de los muhaddices consistía en recopilar y comparar las narraciones de los compañeros o condiscípulos del rāwī para determinar su exactitud. Este proceso de comparación e investigación era una característica fundamental de su dedicación constante al estudio del hadiz. En cuanto escuchaban un hadiz, lo comparaban con los hadices narrados por otros que conservaban en su memoria. Después, según la necesidad y la oportunidad, interrogaban a otros rāwíes, comparaban esta narración con las de ellos y la cotejaban, cuando era necesario, con los manuscritos.
El célebre muhaddiz del siglo II de la Hégira, Abū Dāwūd al-Tayālisī (204 H), dijo: «Un día estábamos sentados junto a nuestro maestro Shu‘ba ibn al-Hajjāj (160 H). En ese momento llegó allí el rāwī contemporáneo Hasan ibn Dinār. Shu‘ba le dijo: “Siéntese aquí”. Él se sentó y dijo, citando un hadiz: “Hamīd ibn Hilāl nos ha transmitido; él, de Mujāhid (21-104 H); y él oyó decir a ‘Umar ibn al-Jattāb (21 H): …”. Al oír el hadiz, Shu‘ba, sorprendido, dijo: “¿Acaso Mujāhid oyó algún hadiz de ‘Umar? ¿Cómo es posible?”. En ese momento Hasan ibn Dinār se levantó y se marchó.
Entonces llegó otro rāwī, Abū al-Fadl Bahr ibn Qunāyz al-Saqqā (160 H). Shu‘ba le dijo: “Abū al-Fadl, ¿ha oído usted algún hadiz de Hamīd ibn Hilāl?”. Él respondió: “Sí, lo he oído. Hamīd ibn Hilāl nos ha transmitido que un sabio llamado Abū Mujāhid, de la tribu de Banū ‘Adī, nos transmitió que había oído decir a ‘Umar ibn al-Jattāb: …”. Entonces Shu‘ba dijo: “Este es, pues, el asunto verdadero». (Ibn ‘Adī, al-Kāmil, 3/117).
Hasan ibn Dinār se equivocó en la transmisión de su hadiz. El célebre rāwī Mujāhid nació uno o dos años antes del martirio de ‘Umar ibn al-Jattāb —que Dios esté complacido con él—. No oyó ningún hadiz de ‘Umar. Intencionadamente o no, se equivocó en el nombre del transmisor. Al comparar la narración de Bahr al-Saqqā con ella, Shu‘ba comprendió cuál era el error de Hasan ibn Dinār. Este no había retenido correctamente el nombre del maestro de Hamīd ibn Hilāl. Esto demuestra que, aunque no mintiera deliberadamente, decía mentiras involuntarias. No podía memorizar ni transmitir los hadices con exactitud.
El imām Yahyā ibn Ma‘īn (233 H), uno de los más grandes muhaddices críticos del siglo III, fue a visitar a Mūsā ibn Ismā‘īl (223 H) y expresó su deseo de leer los manuscritos de los hadices transmitidos por Hammād ibn Salama ibn Dinār (167 H). Mūsā dijo: “¿No ha escuchado estos manuscritos de alguien más?”. Yahyā respondió: “Anteriormente leí ante diecisiete alumnos de Hammād los manuscritos de los hadices de Hammād que ellos habían recopilado. Usted es la decimoctava persona ante la que deseo leer los hadices transmitidos por Hammād”. Mūsā preguntó: “¿Por qué?”. Yahyā respondió: “Porque Hammād ibn Salama solía equivocarse en uno o dos lugares al transmitir hadices. Por eso quiero distinguir sus errores de los errores de sus alumnos. Si descubro que todos los alumnos de Hammād han transmitido el texto de la misma manera, comprenderé que Hammād lo dijo así y que, si hay un error en ese punto, es un error de Hammād. Pero si descubro diferencias entre las narraciones de los alumnos, comprenderé que el error pertenece al alumno. De este modo podré distinguir entre los errores del propio Hammād y los errores de sus alumnos». (Al-Dhahabī, Siyar a‘lām al-nubalā’, 7/456).
El imām Muslim mencionó ampliamente en su obra titulada al-Tamyīz innumerables ejemplos y explicaciones de la investigación comparativa realizada por los muhaddices. Presento aquí un ejemplo con sus propias palabras. Dijo: «En la transmisión de un hadiz, el error puede producirse en su isnād o en su matn. Este es un ejemplo de error en el matn. Hasan al-Hulwānī y ‘Abdullah ibn ‘Ubaydullah al-Dārimī me transmitieron; ellos dijeron: “Kazīr ibn Zayd nos transmitió; él dijo: Yazīd ibn Abī Ziyād nos transmitió, de Kurayb ibn Abī Muslim (98 H), de Ibn ‘Abbās, quien dijo: ‘Pasé la noche en la casa de mi tía materna, Maymūna, esposa del Profeta. … El Mensajero de Dios se levantó por la noche, hizo la ablución y se puso de pie para la oración del taháyyud. Entonces me coloqué a su derecha. Él me tomó y me colocó a su izquierda’…».»
El imām Muslim dijo: «Este hadiz es erróneo, porque los transmisores fiables lo han narrado de manera auténtica en sentido contrario. Mencionaron que Ibn ‘Abbās se colocó a la izquierda del Mensajero de Dios y que este lo colocó después a su derecha. … Aquí mencionaré las narraciones de los demás alumnos de Kurayb ibn Abū Muslim y, después, las narraciones de los demás alumnos de Ibn ‘Abbās, que eran compañeros de estudio de Kurayb y narraron de la misma manera que él.
1. Ibn Abī ‘Umar nos transmitió; Sufyān al-Thawrī nos transmitió, de ‘Amr ibn Dinār, de Kurayb, de Ibn ‘Abbās, quien pasó la noche en la casa de Maymūna. El Mensajero de Dios se levantó por la noche, hizo la ablución y se puso de pie para orar. Ibn ‘Abbās dijo: “Entonces me levanté, hice la ablución como la hacía el Mensajero de Dios y fui hacia él; me coloqué a su izquierda. Entonces él me colocó a su derecha”.
2. Majrama ibn Sulaymān lo narró de Kurayb, de Ibn ‘Abbās, de manera similar.
3. Salama ibn Kuhayl lo narró de Kurayb, de Ibn ‘Abbās, de manera similar.
4. Sālih ibn Abī al-Ja‘d lo narró de Kurayb, de Ibn ‘Abbās, de manera similar.
5. Hushaym, de Abū Bishr, de Sa‘īd ibn Jubayr, de Ibn ‘Abbās.
6. Ayyūb al-Sajtiyānī, de ‘Abdullah ibn Sa‘īd ibn Jubayr, de su padre Sa‘īd ibn Jubayr, de Ibn ‘Abbās.
7. Al-Hakam ibn ‘Utayba, de Sa‘īd ibn Jubayr.
8. Ibn Jurayj, de ‘Atā’ ibn Abī Rabāh, de Ibn ‘Abbās.
9. Qays ibn Sa‘īd, de ‘Atā’ ibn Abī Rabāh, de Ibn ‘Abbās.
10. Abū Nadra (Mundhir ibn Mālik), de Ibn ‘Abbās.
11. Al-Sha‘bī, de Ibn ‘Abbās.
12. Tāwūs, de ‘Ikrima, de Ibn ‘Abbās.
El imām Muslim dijo: “Así, mediante narraciones auténticas de Kurayb y de los demás alumnos de Ibn ‘Abbās, quedó demostrado que el hadiz según el cual el Mensajero de Dios colocó a Ibn ‘Abbās a su izquierda es, sin duda, erróneo”. (Muslim, al-Tamyīz, pp. 62-63).
Lector, observe aquí la profundidad y la solidez de la investigación del imām Muslim. Recopiló este único hadiz de Ibn ‘Abbās a través de trece cadenas y, mediante una investigación comparativa, distinguió la narración correcta de la narración errónea o falsa.
Primero señaló que, según la narración transmitida por el rāwī llamado Yazīd ibn Abī Ziyād, Kurayb le había dicho que Ibn ‘Abbās le había dicho que se colocó a la derecha del Mensajero de Dios y que este lo colocó a la izquierda. Después comparó esta narración con las de los demás alumnos del maestro de Yazīd, Kurayb. Las narraciones de otros tres célebres alumnos de Kurayb —Majrama, Salama y Sālim— contradicen la narración de Yazīd. Los tres dijeron que Kurayb había transmitido que Ibn ‘Abbās se colocó a la izquierda y que el Mensajero de Dios lo colocó a la derecha. Así quedó demostrado que Yazīd ibn Abī Ziyād no pudo memorizar correctamente el hadiz.
El imām Muslim no se detuvo ahí. Después de Kurayb, recopiló también las narraciones del hadiz procedentes de otros cinco alumnos de Ibn ‘Abbās: Sa‘īd ibn Jubayr, ‘Atā’ ibn Abī Rabāh, Abū Nadra, al-Sha‘bī e ‘Ikrima, y las comparó con la narración anterior. Las narraciones de estos cinco también demuestran que Yazīd ibn Abī Ziyād transmitió erróneamente el hadiz. Quedó demostrado sin lugar a dudas que Ibn ‘Abbās dijo a todos sus alumnos que primero se había colocado a la izquierda y que después el Mensajero de Dios lo había colocado a la derecha. Al igual que todos los alumnos de Ibn ‘Abbās, Kurayb transmitió esto a sus alumnos. Sin embargo, debido a la debilidad de su memoria, Yazīd transmitió el hadiz de manera errónea.
Los muhaddices realizaban una comparación e investigación tan exhaustivas en el caso de cada hadiz. Cada una de sus opiniones al establecer las normas relativas a los hadices y a los rāwíes se basaba en una comparación y una investigación de esta profundidad y amplitud.
Veamos otro ejemplo. Abū ‘Abd al-Rahmān ‘Abdullah ibn Lahī‘a ‘Uqba al-Hadramī al-Ghāfiqī (174 H) fue un célebre sabio, jurista y muhaddiz de Egipto del siglo II de la Hégira. Era un célebre transmisor de hadices y narró muchos hadices. Mediante una investigación comparativa de todos los hadices que transmitió, los muhaddices descubrieron que la cantidad de errores en sus narraciones era muy elevada. Los muhaddices críticos recopilaron los hadices que había transmitido directamente de él o de sus alumnos. Después recopilaron esos hadices de los demás alumnos de los maestros por cuya autoridad él los había transmitido. Al observar las diferencias entre las cadenas y los textos de estas narraciones, señalaron a Ibn Lahī‘a como débil en la transmisión de hadices.
Como ejemplo del grave error de Ibn Lahī‘a, el imām Muslim dijo: «Zuhayr ibn Harb me transmitió; Ishāq ibn ‘Īsā me transmitió; ‘Abdullah ibn Lahī‘a me transmitió: “Mūsā ibn ‘Uqba (141 H) me escribió; Busr ibn Sa‘īd me transmitió, de Zayd ibn Thābit —que Dios esté complacido con él—, quien dijo: ‘El Mensajero de Dios realizó la escarificación en la mezquita, es decir, extrajo sangre del cuerpo mediante ventosas’”. El alumno de Ibn Lahī‘a, Ishāq ibn ‘Īsā, dijo: “Le pregunté a Ibn Lahī‘a: ‘¿En algún lugar de oración de su casa?’. Él respondió: ‘En la Mezquita del Profeta’”.»
El imām Muslim dijo: «La narración de este hadiz ha sido deformada en todos sus aspectos. Contiene graves errores tanto en el isnād como en el matn. Ibn Lahī‘a alteró las palabras del matn y cometió un error en el isnād. Mencionaré la narración auténtica de este hadiz.
Muhammad ibn Hātim me transmitió; Bahaz ibn Asad nos transmitió; Wahīb ibn Khālid ibn ‘Ajlān (165 H) nos transmitió; Mūsā ibn ‘Uqba me transmitió: “Oí decir a Abū al-Nadr Sālim ibn Abī Umayya (129 H) que él lo había recibido de Busr ibn Sa‘īd, y este de Zayd ibn Thābit: ‘El Mensajero de Dios construyó dentro de la mezquita una pequeña habitación con una estera y rezó en ella durante varias noches…’”.»
El imām Muslim dijo: «Muhammad ibn al-Muthannā me transmitió; Muhammad ibn Ja‘far nos transmitió; ‘Abdullah ibn Sa‘īd ibn Abī Hind al-Farazī (145 H) nos transmitió; Abū al-Nadr Sālim nos transmitió, de Busr ibn Sa‘īd, de Zayd ibn Thābit, quien dijo: “El Mensajero de Dios construyó una habitación con una estera dentro de la mezquita…”».
El imām Muslim dijo: «De este modo encontramos la narración correcta: de Wahīb ibn Khālid, de Mūsā ibn ‘Uqba, de Abū al-Nadr. También he mencionado la narración que ‘Abdullah ibn Sa‘īd ibn Abī Hind al-Farazī (145 H) transmitió de Abū al-Nadr en el segundo caso. Ibn Lahī‘a se equivocó aquí al transmitir el matn del hadiz porque no lo oyó directamente de Mūsā; se basó únicamente en el manuscrito que le había sido enviado por escrito, como él mismo mencionó. (Por eso leyó “construyó una habitación” como “extrajo sangre”). Tememos que esta deformación se produzca en todos aquellos que transmiten hadices basándose únicamente en manuscritos escritos, sin escucharlos directamente de la boca del muhaddiz ni leerlos ellos mismos ante él.
»El error en el isnād consiste en que Mūsā ibn ‘Uqba recibió el hadiz de Abū al-Nadr Sālim, y Abū al-Nadr aprendió el hadiz de Busr ibn Sa‘īd. Sin embargo, al transmitir el isnād, Ibn Lahī‘a omitió el nombre de Abū al-Nadr y dijo: “Mūsā oyó el hadiz de Busr”. (Muslim, al-Tamyīz, pp. 187-188).
Aquí debe observarse que el imām Muslim realizó la comparación en dos etapas. Primero comparó la narración de Ibn Lahī‘a con la narración de Wahīb, otro alumno de Mūsā, maestro de Ibn Lahī‘a. Ambas narraciones demostraron que Ibn Lahī‘a había cometido graves errores tanto al transmitir el isnād como al mencionar el matn.
1.4.6.6. Comparación entre las narraciones de diferentes momentos
Uno de los métodos para verificar la exactitud de un testimonio o una narración consiste en preguntar al narrador, en diferentes ocasiones, sobre el mismo asunto. Los Compañeros utilizaban este método para comprobar la exactitud de las narraciones de los transmisores de hadices. Los muhaddices posteriores también empleaban este método. Aquí mencionamos dos ejemplos.
1. Abu Dhū ʿUwayza, secretario del gobernante omeya Marwán ibn al-Hakam (65 H), relata: Un día, Marwán me dijo: «Trae a Abu Huraira (que Allah esté complacido con él)». Cuando Abu Huraira se presentó, comenzó a preguntarle sobre hadices relacionados con diversos asuntos y me ordenó que me sentara detrás de una cortina y los escribiera. Transcurrido un año, Marwán volvió a convocar a Abu Huraira y me pidió que me sentara detrás de la cortina con el manuscrito que había escrito el año anterior. Preguntó nuevamente a Abu Huraira sobre aquellos asuntos, y Abu Huraira volvió a narrar los hadices que había mencionado el año anterior. Comparé ambas versiones y comprobé que no había omitido ni añadido nada, ni había cambiado el orden de una sola palabra». (Al-Hákim, al-Mustadrak, 3/583).
2. ʿUmāra ibn al-Qaʿqāʿ relata: Ibrāhīm al-Najaʿī (96 H) me dijo: «Nárrame un hadiz de Abu Zurʿa ibn ʿAmr ibn Jarīb». Una prueba de la fiabilidad de Abu Zurʿa es que le pregunté sobre un hadiz. Después, dos años más tarde, volví a preguntarle acerca del mismo hadiz. La segunda vez lo narró exactamente igual que la primera, sin añadir ni quitar siquiera una letra. (Ibn Háyar al-ʿAsqalānī, Tahdhīb al-Tahdhīb, 12/109).
1.4.6.7. Comparación del manuscrito con la memoria y la transmisión oral
Ya hemos visto que, desde la época de los tabi‘íes, los narradores y los muhaddices generalmente registraban y conservaban por separado, en forma de manuscritos, los hadices que habían aprendido de cada maestro. Comparaban las narraciones memorizadas con los manuscritos para verificar su exactitud. Cuando era necesario, examinaban la escritura, la tinta y otros elementos de los manuscritos. Aquí mencionaré varios ejemplos del uso de manuscritos para verificar la autenticidad de los hadices transmitidos.
(1) Jalifa ibn Musa, un muhaddiz del siglo II de la Hégira, dijo: Fui a estudiar hadices con un muhaddiz llamado Gálib ibn Ubaidul-lah al-Yazari. Él comenzó a dictarnos hadices y, mirando su manuscrito, decía: «Me dijo Majhul (115 H)…; me dijo Majhul…». De esta manera continuó dictándonos hadices transmitidos por Majhul. En ese momento sintió la necesidad de orinar y se levantó. Entonces miré su manuscrito y vi que allí estaba escrito: «Me dijo Abán ibn Abi Ayyash (140 H), de Anas; Abán dijo, de fulano…». Entonces lo abandoné y me marché de allí. (Muslim, as-Sahih, 1/18).
Es decir, este narrador había escuchado y escrito sus hadices de Abán. Sin embargo, entre los muhaddices Abán era conocido como débil y poco fiable. Por ello, al leer los hadices, omitía su nombre y los atribuía al famoso tabi‘í Majhul. Jalifa aprovechó la ocasión para comparar su transmisión oral con el manuscrito escrito y descubrió su falsificación.
(2) El imán crítico del siglo II, Abd ar-Rahman ibn Mahdi (198 H), dijo: Un día, al transmitir un hadiz, Sufyan az-Zawri (161 H) dijo: «Me transmitió este hadiz Hammad ibn Abi Sulaiman (120 H), quien lo recibió del tabi‘í Amr ibn Atiyya at-Taimi (fallecido aproximadamente hacia el año 100 de la Hégira), quien lo recibió de Salman al-Farisi (34 H)».
Abd ar-Rahman dijo: Le dije: «Hammad ibn Abi Sulaiman transmitió este hadiz de Rib‘i ibn Hirash (100 H), quien lo transmitió de Salman al-Farisi». Es decir, había un error en la cadena que usted transmitió: el maestro de Hammad no era Amr ibn Atiyya, sino Rib‘i ibn Hirash. Sufyan az-Zawri dijo: «¿Quién te mencionó esta cadena?». Respondí: «Me la transmitió Hammad ibn Salama (167 H), quien mencionó esta cadena de Hammad ibn Abi Sulaiman». Sufyan dijo: «Escribe lo que yo digo». Le dije: «También Shu‘ba ibn al-Hayyay (160 H) me transmitió esta cadena». Él dijo: «Escribe lo que yo digo». Le dije: «También Hisham ad-Dastuwa’i (154 H) me transmitió esta cadena». Él dijo: «¿Hisham?». Respondí: «Sí». Después de guardar silencio durante unos momentos, dijo: «Escribe lo que yo digo. Escuché decir a Hammad ibn Abi Sulaiman: “Escuché este hadiz de Amr ibn Atiyya”».
Abd ar-Rahman dijo: Llegué a tener la firme convicción de que Sufyan az-Zawri se había equivocado en este caso. Durante mucho tiempo mantuve la opinión de que Sufyan az-Zawri se había equivocado al transmitir este hadiz. Después, un día, entre los manuscritos escritos de los hadices que había escuchado de Shu‘ba ibn al-Hayyay por medio de mi maestro Muhammad ibn Ya‘far Gúndar (193 H), vi que Shu‘ba había dicho: «Me lo transmitió Hammad ibn Abi Sulaiman; a él se lo transmitió Rib‘i ibn Hirash, de Salman al-Farisi». Shu‘ba también había dicho: «En una ocasión Hammad dijo que había escuchado este hadiz de Amr ibn Atiyya».
Abd ar-Rahman dijo: Después de examinar el manuscrito comprendí que Sufyan az-Zawri había dicho correctamente la verdad. Debido a su profunda confianza en lo que había memorizado, no prestó atención a la oposición de los demás. (Ibn Abi Hatim, al-Yarh wa at-Ta‘dil, 1/64-65).
(3) Abd Allah ibn al-Mubarak (181 H), uno de los más grandes muhaddices y juristas del siglo II, dijo: Si los muhaddices discrepan sobre la transmisión correcta de un hadiz narrado por Shu‘ba ibn al-Hayyay (160 H), el manuscrito de Muhammad ibn Ya‘far Gúndar (193 H) será el árbitro definitivo entre ellos. La transmisión contenida en el manuscrito de Gúndar será aceptada como correcta y exacta. (Ibn Abi Hatim, obra citada, 1/271).
(4) Tres muhaddices del siglo III —Muhammad ibn Muslim ibn Uzman ar-Razi (270 H), Fadl ibn Abbas y Abu Zur‘a ar-Razi, Ubaidul-lah ibn Abd al-Karim (264 H)— estaban sentados conversando sobre hadices. Muhammad ibn Muslim mencionó un hadiz al que Fadl objetó. Entonces presentó otra transmisión. Los dos discutieron sobre el hadiz. Decidieron aceptar a Abu Zur‘a como árbitro. Abu Zur‘a no quería expresar su opinión, pero Muhammad ibn Muslim siguió insistiendo. Le dijo: «Su silencio no significa nada. Si el error es mío, dígalo; y si el error es suyo, dígalo también». Entonces Abu Zur‘a ordenó traer su manuscrito. Le dijo a su alumno Abu al-Qasim: «Entra en la biblioteca y deja de lado las primeras, segunda y tercera filas. Luego cuenta los libros de la fila siguiente, deja los dieciséis primeros manuscritos y trae el decimoséptimo». Él fue, trajo el manuscrito indicado según la descripción y se lo entregó a Abu Zur‘a. Abu Zur‘a comenzó a pasar las páginas y, en determinado momento, encontró el hadiz. Después entregó el manuscrito a Muhammad ibn Muslim. Muhammad leyó el hadiz registrado en el manuscrito y dijo: «Sí, entonces el error fue mío. Y los errores pueden ocurrir». (Ibn Abi Hatim, obra citada, 1/337; Ibn Hayar, Tahdib at-Tahdib, 7/30).
(5) Un famoso muhaddiz del siglo III de la Hégira, Abd ar-Rahman ibn Umar al-Isfahani Rustah (250 H), transmitió un hadiz un día mientras Abu Zur‘a ar-Razi (264 H) y Abu Hatim ar-Razi, Muhammad ibn Idris (277 H), estaban presentes. Dijo: «Nos transmitió Abd ar-Rahman ibn Mahdi; él lo transmitió de Sufyan az-Zawri, quien lo transmitió de al-A‘mash, quien lo transmitió de Abu Salih, quien lo transmitió de Abu Huraira: el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: “Retrasad la oración del mediodía hasta que refresque, pues la intensidad del calor procede del aliento del Infierno”».
Al oír esto, Abu Zur‘a ar-Razi protestó inmediatamente. Dijo: «Se ha equivocado: todos transmiten este hadiz de Abu Sa‘id al-Judri», indicando que había mencionado a Abu Huraira como el compañero maestro del tabi‘í Abu Salih. Las palabras afectaron profundamente a Abd ar-Rahman. Al regresar a casa, examinó el manuscrito que conservaba y escribió una carta a Abu Zur‘a: «En su presencia transmití un hadiz de Abu Huraira. Usted dijo que mi transmisión era errónea y que todos transmitían el hadiz de Abu Sa‘id. Sus palabras me hirieron profundamente y no pude olvidarlas. Al regresar a casa examiné el manuscrito que conservaba y encontré que el hadiz estaba transmitido de Abu Sa‘id. Si no le causa molestia, informe a Abu Hatim y a todos los demás compañeros de que el error fue mío. Que Allah le recompense. Reconocer un error, aunque cause vergüenza o humillación, es mejor que arder en el fuego del Infierno por ocultarlo». (Ibn Abi Hatim, al-Yarh wa at-Ta‘dil, 1/336).
(6) Sulayman ibn Harb (224 H), uno de los destacados muhaddices del siglo III de la Hégira, dijo: Cuando conversaba sobre diversos hadices con el famoso muhaddiz crítico de mi época, Yahya ibn Ma‘in (233 H), a veces él decía: «Este hadiz es erróneo». Yo preguntaba: «¿Cuál es la forma correcta?». Él respondía: «No lo sé». Entonces consultaba mi manuscrito y veía que sus palabras eran correctas. En el manuscrito el hadiz estaba escrito de otra manera. (Ibn Abi Hatim, obra citada, 1/314).
(7) Preguntaron al imán Ahmad ibn Hanbal (241 H): «¿Es Abu al-Walid completamente fiable?». Respondió: «No. En su manuscrito no había puntos diacríticos ni vocales. Sin embargo, transmitió correctamente los hadices que había escuchado y escrito de Shu‘ba ibn al-Hayyay». (Ahmad ibn Hanbal, al-Ilal wa Ma‘rifat ar-Riyal, 2/369).
(8) Ya‘qub ibn Humaid ibn Kasib (240 H) fue un narrador de hadices del siglo III de la Hégira. El imán Abu Dawud (275 H) dijo: Entre los hadices transmitidos por Ya‘qub encontré muchos que nadie más transmitía de esa manera. Por ello le pedimos que nos mostrara su manuscrito original. Durante algunos días ignoró nuestra petición. Después sacó su manuscrito y nos lo mostró. Vimos que muchos hadices estaban escritos con tinta nueva y fresca. Se podía distinguir la diferencia entre la escritura antigua y la nueva. Vimos que en las cadenas de transmisión de muchos hadices no figuraban los nombres de los narradores, y que él había añadido posteriormente esos nombres. En algunos hadices había agregado palabras o frases al texto. Por ello nos abstuvimos de aceptar sus hadices. (Adh-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal, 7/276-277; Siyar A‘lam an-Nubala, 11/159).
(9) Abu Ahmad Abd Allah ibn Adi (365 H), uno de los destacados muhaddices del siglo IV de la Hégira, dijo: Un hombre llamado Muhammad ibn Muhammad ibn al-Ash‘az vivía en Egipto y transmitía hadices. Durante uno de mis viajes para recopilar hadices fui a visitarlo en Egipto. Él nos mostró un manuscrito. La tinta del manuscrito era fresca y el papel también era nuevo. Contenía aproximadamente mil hadices que, según afirmaba, había escuchado del descendiente de Ali, Musa ibn Isma‘il ibn Musa ibn Ya‘far as-Sadiq ibn Muhammad al-Baqir ibn Zain al-Abidin ibn Husain ibn Ali, a través de su padre y sus antepasados, remontándolos al Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz—. Casi todos esos hadices eran desconocidos; nadie los había transmitido con esa cadena ni con ninguna otra. El texto de algunos hadices se encontraba en otros hadices auténticos, pero no con esta cadena.
Entonces pregunté a Husain ibn Ali, uno de los dirigentes contemporáneos de la familia de Ali, acerca de Musa ibn Isma‘il, mencionado en la cadena. Él respondió: «Este Musa fue mi vecino en Medina durante cuarenta años. Nunca dijo que hubiera escuchado o transmitido ningún hadiz de su padre y sus antepasados, ni de ninguna otra fuente». Ibn Adi dijo: «No encontramos ninguna base para los hadices de este manuscrito. Se comprende que él los había inventado». (Ibn Adi, al-Kamil, 6/301-302; Ibn al-Yawzi, ad-Du‘afa, 3/43, 97).
1.4.7. Clasificación de los hadices según su evaluación
Según su evaluación, los muhaddices han dividido los hadices fundamentalmente en tres categorías: hadiz sahih o auténtico; hadiz hasan o bueno, es decir, aceptable en términos generales; y hadiz da‘if o débil. Los hadices da‘if se subdividen de diversas maneras según la causa y el grado de su debilidad.
Aquí intentaré explicarlos de manera sencilla para facilitar la comprensión del lector común. Supongamos que un juez ha examinado las pruebas presentadas contra una persona acusada de asesinato. Se le acusa de haber matado premeditadamente y a sangre fría a una persona. Basándose en las pruebas presentadas, podría emitir cuatro tipos de veredicto: 1. pena de muerte; 2. cadena perpetua; 3. varios años de prisión; o 4. absolución completa. En términos generales, también existen estos niveles en cuanto a la fiabilidad de los hadices.
1.4.7.1. Hadiz sahih o auténtico
En la terminología de los muhaddices, se llama hadiz sahih al hadiz que cumple cinco condiciones: 1. ‘Adala’: se ha demostrado que todos los narradores del hadiz son plenamente honestos y fiables; 2. Dabt: se ha demostrado que todos los narradores poseen plenamente la capacidad de transmitir con exactitud; 3. Ittisal: se ha demostrado que cada narrador de la cadena escuchó el hadiz directamente, con sus propios oídos, del narrador superior; 4. Ausencia de shudhudh: se ha demostrado que el hadiz no contradice otras transmisiones acreditadas; y 5. Ausencia de ‘illa: se ha demostrado que el hadiz no contiene ningún defecto sutil en la cadena ni en el significado. (Iraqi, at-Taqyid, pp. 23-25; Fath al-Mughiz, pp. 7-8; Sakhawi, Fath al-Mughiz, 1/25-31; Suyuti, Tadrib ar-Rawi, 1/63-74; Mahmud Tahhan, Taysir Mustalah al-Hadiz, pp. 34-36).
Las tres primeras condiciones se centran en la cadena de transmisión, mientras que las dos últimas se centran principalmente en el significado. No es pertinente explicar aquí estos asuntos en detalle. Sin embargo, para el lector común podemos decir que, del mismo modo que un juez puede imponer la pena de muerte o la cadena perpetua cuando alcanza un grado de certeza suficiente respecto de las pruebas presentadas, los muhaddices consideran sahih o auténtico un hadiz cuando alcanzan un grado semejante de certeza de que el Mensajero de Allah —que Allah le bendiga y le conceda paz— realmente lo pronunció. Para indicar la fiabilidad de los narradores cuyos hadices, tras la evaluación, se consideran exactos o sahih en este nivel, los muhaddices emplean en árabe términos como «fiable», «acreditado» y otros semejantes.
1.4.7.2. Hadiz «hasan», es decir, bello o aceptable
En la terminología de los muhaddizun, para que un hadiz sea hasan también es indispensable que se cumplan las cinco condiciones mencionadas anteriormente. Sin embargo, si se observa la más mínima debilidad en la segunda condición, el hadiz se denomina «hasan». Es decir, los narradores del isnad del hadiz son personalmente honestos; está demostrado que cada uno de ellos oyó el hadiz directamente del narrador superior; y el hadiz no contiene shudhudh ni ‘illah. No obstante, puede advertirse que la capacidad de algún narrador del isnad para transmitir con exactitud, es decir, su ضبط (dabt), es algo débil. En los hadices transmitidos por él se observan algunos errores involuntarios. El hadiz transmitido por un narrador de este tipo se considera «hasan». (Iraqi, At-Taqyid, pp. 45-61; Fath al-Mughiz, pp. 32-48; Sakhawi, Fath al-Mughiz 1/76-110; Suyuti, Tadrib ar-Rawi 1/153-178; Mahmud Tahhan, Taysir Mustalah al-Hadiz, pp. 45-50).
No es pertinente explicar detalladamente la terminología. Sin embargo, para los lectores comunes podemos decir que, basándose en un nivel de pruebas por el cual un juez impone al acusado de asesinato un castigo severo, pero no la pena de muerte ni la cadena perpetua, los muhaddizun consideran un hadiz «hasan». Para indicar la aceptabilidad de los narradores cuyos hadices han demostrado ser «hasan» o aceptables, los muhaddizun utilizan en árabe expresiones como veraz, sin inconveniente, aceptable y otras similares.
1.4.7.3. El hadiz «da‘if» o débil
En la terminología de los muhaddizun, un hadiz en el que falta cualquiera de las condiciones del hadiz hasan se denomina hadiz «da‘if». Es decir, si en un hadiz existe cualquiera de los siguientes elementos —una deficiencia en la confiabilidad del narrador; una deficiencia en su transmisión de hadices auténticos o en su memoria; que se haya demostrado o exista una fuerte sospecha de que alguno de los narradores del isnad no oyó directamente el hadiz del narrador superior; o la presencia de shudhudh o ‘illah en el hadiz—, el hadiz se considera «da‘if». (Iraqi, At-Taqyid, p. 62; Fath al-Mughiz, p. 49; Sakhawi, Fath al-Mughiz 1/111; Suyuti, Tadrib ar-Rawi 1/179; Mahmud Tahhan, Taysir Mustalah, pp. 62-63).
Los muhaddizun han dividido los hadices da‘if en distintas categorías basándose en las cinco condiciones. No es pertinente explicar detalladamente esas categorías. Sin embargo, podemos entender que considerar un hadiz da‘if significa que parece no ser una palabra del Mensajero de Allah (s.). Para indicar la debilidad de los narradores, los muhaddizun han utilizado diversas expresiones, como: débil, nada, sin valor, de identidad desconocida, narrador de hadices abominablemente disparatados, abandonado, mentiroso, etc.
La debilidad de los hadices «da‘if» o débiles tiene tres grados.
1.4.7.3.1. Algo débil
Parece que el narrador se equivocó, porque entre todos los hadices que transmitió hay bastantes errores. Sin embargo, está demostrado que no cometía errores intencionadamente. Si un hadiz da‘if de este tipo queda respaldado por una o más cadenas de transmisión que presentan un grado similar de debilidad, se considera un hadiz hasan o aceptable.
1.4.7.3.2. Extremadamente débil (da‘if yiddan, wahi)
Si, tras examinar comparativamente todos los hadices de un narrador de este tipo, se demuestra que la mayoría o todos los hadices que transmitió están llenos de innumerables errores —errores más graves que los que normalmente se cometen involuntariamente—, el hadiz transmitido por él se considerará abandonado, completamente inaceptable o extremadamente débil. Un hadiz débil de este tipo no se vuelve aceptable aunque sea transmitido por otra cadena débil similar.
1.4.7.3.3. Hadiz mawdu‘ o inventado
Si se demuestra que el narrador de un hadiz débil de este tipo difundía intencionadamente en la sociedad, en nombre del Mensajero de Allah (s.), algo que no había dicho, o que alteraba intencionadamente la cadena de transmisión del hadiz (isnad) o su texto original, el hadiz transmitido por él se considera «mawdu‘» o inventado. El hadiz inventado es el más abominablemente débil de los hadices. (Véase en detalle: Hakim Naysaburi (f. 405 H), Ma‘rifat ‘Ulum al-Hadiz, pp. 14-17, 36-40, 52-62, 112-151; al-Iraqi, Fath al-Mughiz, pp. 7-51, 138-178; At-Taqyid wa-l-Idah, pp. 23-63, 133-157, 420-421; Dr. Mahmud Tahhan, Taysir Mustalah al-Hadiz, pp. 33-125, 144-155).
1.4.8. Compilación y preservación de los hadices en forma de libros
Una de las principales tareas de los muhaddizun para proteger los hadices de la falsificación y la mentira fue compilar en forma de libros todos los hadices junto con sus cadenas de transmisión. Hemos visto que, desde la época de los tabi‘in, o desde la segunda mitad del primer siglo de la Hégira, ya existía la costumbre de escribir los hadices con fines de estudio, memorización y enseñanza. Sin embargo, la compilación de hadices en forma de libros, conforme a normas determinadas, comenzó a partir del segundo siglo de la Hégira. Esta labor alcanzó su plenitud en el tercer siglo de la Hégira. Durante los dos siglos posteriores también continuó la tradición de compilar hadices junto con sus cadenas de transmisión, y se compilaron algunos libros. Los muhaddizun de cada época recopilaron, junto con sus cadenas de transmisión, los hadices compilados por los muhaddizun de épocas anteriores. Además, viajaron por todo el mundo musulmán y emprendieron expediciones para recopilar hadices; así reunieron y compilaron, con sus cadenas de transmisión, todos los hadices atribuidos al Mensajero de Allah (s).
Estos libros se compilaron mediante diversos métodos:
1. Compilar todos los hadices conocidos junto con sus cadenas de transmisión.
2. Compilar únicamente los hadices auténticos o más o menos aceptables.
3. Compilar los hadices narrados por los transmisores junto con las biografías de estos.
4. Compilar únicamente los hadices no fiables o falsificados.
El principal objetivo de la tradición de compilación de hadices que se mantuvo desde el segundo siglo de la Hégira durante aproximadamente los cuatro siglos siguientes era compilar todos los hadices atribuidos y difundidos en nombre del Mensajero de Allah (s), para que los muhaddizun de la umma musulmana pudieran seleccionar de entre ellos los hadices auténticos y exactos, basándose en criterios de investigación. Algunos compilaban los hadices tomando como base el nombre del transmisor, el rawi, o el del compañero transmisor. El objetivo fundamental de todos era compilar todo lo que circulaba con el nombre de hadiz.
Por eso vemos que en la mayoría de los libros de hadices se compilaron hadices de todo tipo: sahih, da‘if y mawdu‘. Debido a la ignorancia, muchas personas caen aquí en una idea equivocada. A partir de los análisis de los hadices, la verificación de las cadenas de transmisión y las investigaciones realizadas por los compañeros y los muhaddizun de épocas posteriores, expuestos en los capítulos anteriores, algunos creen que los muhaddizun no aceptaron ni compilaron los hadices de aquellos transmisores cuyos errores o mentiras fueron descubiertos mediante tales evaluaciones e investigaciones. Por consiguiente, creen que el hecho de que un muhaddiz haya compilado un hadiz en su libro significa que ese hadiz fue demostrado auténtico mediante dichas investigaciones y por eso fue incluido en su obra.
Esta idea procede por completo de la ignorancia y es totalmente contraria a la realidad. Salvo unos pocos compiladores, ninguno escribió su libro con el único propósito de compilar hadices auténticos o fiables. La mayoría de los muhaddizun, mufassirun, ulemas e imames compilaron hadices con el propósito de reunir, junto con sus cadenas de transmisión, todo tipo de hadices: sahih, da‘if o falsificados, para que quedara preservado todo cuanto se atribuía o difundía en nombre del Mensajero de Allah (s). No narraron directamente ningún hadiz como palabra o acción del Mensajero de Allah (s). Más bien, mencionaron la cadena de transmisión e indicaron quién les había narrado el hadiz y por medio de quién. En esencia, dijeron: «Fulano ha dicho que “estas palabras son un hadiz”; yo lo he compilado junto con su cadena de transmisión». Ahora, lectores amantes de los hadices, seleccionen ustedes los hadices sahih, da‘if y falsificados. Algunos de estos compiladores también analizaron la cadena de transmisión al mismo tiempo que narraban el hadiz. Otros, además de narrarlo, analizaron su cadena de transmisión y señalaron sus debilidades o fortalezas.
Solo unos pocos compiladores intentaron compilar exclusivamente hadices sahih. Entre ellos se encuentran los más célebres muhaddizun del tercer siglo: el imán Muhammad ibn Isma‘il al-Bujari (256 H.) y el imán Muslim ibn al-Hayyay al-Qushayri (261 H.). Después de ellos, ‘Abdullah ibn ‘Ali ibn al-Yarud (307 H.), Muhammad ibn Ishaq ibn Juzayma (311 H.), Ahmad ibn Muhammad ibn al-Sharqi (325 H.), Qasim ibn Yusuf al-Bayani (340 H.), Sa‘id ibn ‘Uzman ibn al-Sakan (353 H.), Abu Hatim Muhammad ibn Hibban al-Busti (354 H.), Abu ‘Abdullah Muhammad ibn ‘Abdullah al-Hakim al-Naysaburi (405 H.), Diya’ al-Din Muhammad ibn ‘Abd al-Wahid al-Maqdisi (643 H.) y otros muhaddizun escribieron libros de «Sahih» intentando compilar únicamente hadices auténticos. (Al-Qattani, al-Risalat al-Mustatrafah, pp. 20-26).
Sin embargo, mediante el minucioso análisis de los muhaddizun de épocas posteriores, se ha demostrado que todos los hadices de los dos libros de al-Bujari y Muslim son sahih. No se ha demostrado que todos los hadices de ningún otro libro sean sahih. Al contrario, se ha demostrado que en algunos libros se compilaron hadices da‘if, inválidos y falsos.
El ilustre imán Shah Waliullah al-Dihlawi (1176 H./1762 d. C.), uno de los grandes ulemas del duodécimo siglo de la Hégira, dividió los libros de hadices en cinco categorías. En la primera categoría hay tres libros: Sahih al-Bujari, Sahih Muslim y el Muwatta del imán Malik. Se ha demostrado que todos los hadices narrados con sus cadenas de transmisión en estos tres libros son aceptables.
En la segunda categoría se encuentran los libros cuyos hadices han sido considerados, en términos generales, aceptables, aunque contienen también algunos hadices no fiables. La umma musulmana ha aceptado estos libros de manera general y han alcanzado notoriedad entre sus miembros. En esta categoría se encuentran tres libros: Sunan Abi Dawud, Sunan al-Nasa’i y Sunan al-Tirmidhi. El Musnad del imán Ahmad se encuentra aproximadamente en la misma categoría.
En la tercera categoría están los libros compilados antes o después de la época del imán al-Bujari, del imán Muslim y de otros muhaddizun, pero que contienen toda clase de hadices: auténticos, débiles, falsos y erróneos. Por ello, nadie salvo un muhaddiz especializado puede beneficiarse de estos libros. No alcanzaron gran notoriedad entre los muhaddizun. En esta categoría se encuentran: Musnad Abi Ya‘la, Musannaf de ‘Abd al-Razzaq, Musannaf de Ibn Abi Shayba, Musnad de ‘Abd ibn Humayd, Musnad de al-Tayalisi, los libros de hadices compilados por el imán al-Bayhaqi —Sunan al-Kubra, Dala’il al-Nubuwwa, Shu‘ab al-Iman, etc.—, los libros de hadices compilados por el imán al-Tahawi —Sharh Ma‘ani al-Azar, Sharh Mushkil al-Azar, etc.— y los libros de hadices compilados por al-Tabarani —al-Mu‘yam al-Kabir, al-Mu‘yam al-Awsat, al-Mu‘yam al-Saghir, etc.—. El propósito de los compiladores de estos libros era compilar todo lo que encontraban. No prestaron atención al examen ni a la verificación.
Los libros de la cuarta categoría son aquellos que fueron compilados varias épocas después. Sus compiladores reunieron principalmente hadices de categorías inferiores: (1) hadices que no habían sido compilados en los libros anteriores porque eran desconocidos o no se conocían en épocas precedentes; (2) hadices que estaban compilados en algún libro desconocido; (3) diversas palabras difundidas entre la gente o transmitidas en los sermones de los predicadores, que no habían sido incluidas en ningún libro de hadices; (4) dichos difundidos entre diversas comunidades débiles y desviadas; (5) palabras que originalmente eran de compañeros o tabi‘in, relatos de los judíos o palabras de sabios de épocas anteriores, pero que algún transmisor narró, por error o deliberadamente, como hadices; (6) palabras semejantes a explicaciones del Corán o de los hadices, que alguna persona piadosa o asceta narró por error como hadices; (7) significados deducidos de los hadices que algunos hicieron pasar deliberadamente por hadices; o (8) frases pertenecientes a distintos hadices narrados con diferentes cadenas de transmisión que fueron narradas como si constituyeran un solo hadiz.
Entre los libros de compilación de este tipo de hadices destacan al-Du‘afa de Ibn Hibban, al-Kamil de Ibn ‘Adi y las obras compiladas por al-Jatib al-Baghdadi, Abu Nu‘aym al-Isfahani, Ibn ‘Asakir, Ibn al-Nayyar y al-Daylami. El Musnad del imán Abu Hanifa compilado por al-Juarizmi también pertenece aproximadamente a esta categoría. Los hadices de los libros de esta categoría son débiles o falsificados.
Los libros de la quinta categoría contienen hadices difundidos entre los fuqaha, los sufíes o los historiadores y que aparecen en los libros escritos por ellos, pero cuya existencia no se encuentra en los libros de las cuatro categorías anteriores. Entre estos hadices hay algunos fabricados por un hombre pecador, erudito en lenguas, pero apartado de la religión. Para su hadiz falsificado inventó una cadena de transmisión cuyos defectos eran muy difíciles de detectar, y las palabras de su hadiz falsificado eran tan hermosas que se podían creer fácilmente como palabras del Mensajero de Allah (s). Estos hadices falsificados han causado peligros y fitnas de gran alcance dentro del islam. Sin embargo, los muhaddizun especialistas, poseedores de un conocimiento profundo de la ciencia del hadiz, son capaces de descubrir sus defectos mediante la comparación entre el lenguaje del hadiz y sus fuentes, es decir, sus cadenas de transmisión.
Shah Waliullah (rah.) dice: «Los muhaddizun solo se han apoyado en los libros de hadices de la primera y la segunda categoría. Nadie puede beneficiarse de los libros de hadices de la tercera categoría, salvo los muhaddizun especialistas que poseen un conocimiento profundo de la ciencia del hadiz y son expertos en las ciencias de ‘ilm al-rijal e ‘ilal, porque solo ellos pueden distinguir, entre los hadices compilados en estos libros, los hadices falsos de los fiables. Compilar o leer los libros de hadices de la cuarta categoría no es más que una forma de ostentación erudita. En realidad, los rafidíes, los mu‘tazilíes y todos los demás seguidores de doctrinas innovadoras y falsas pueden extraer fácilmente de estos libros diversos hadices en apoyo de sus opiniones. Por tanto, para los ulemas es absurdo e inaceptable establecer una opinión o presentar una prueba a favor de una doctrina basándose en los hadices de estos libros». (Shah Waliullah, Huyyat Allah al-Baligha, 1/385-391).
Cabe señalar aquí que, para preservar la autenticidad de los hadices y separar los hadices sahih de los hadices débiles y mawdu‘, la firmeza de los muhaddizun de la umma musulmana fue intransigente e inquebrantable. En ninguna época de la historia del mundo ningún imán, muhaddiz, faqih o alim dijo jamás que un hadiz pudiera considerarse sahih simplemente porque estuviera narrado en un libro de hadices, o que, puesto que cierto alim lo había compilado, quizá el hadiz fuera sahih.
Del mismo modo, por muy elevado que fuera el rango del compilador, nunca dudaron en declarar claramente que, si existía en un hadiz compilado por él la posibilidad de debilidad o de mentira intencional o involuntaria. Colocaron la preservación de la autenticidad de los hadices por encima de todo amor y respeto personales.
Precisamente debido a esta firme determinación de identificar todas las mentiras y errores atribuidos a los hadices del Mensajero de Allah (s) y mantener los hadices auténticos separados de los hadices erróneos y falsos, los muhaddizun nunca aceptaron la afirmación de nadie sin verificarla. Nunca consideraron que, puesto que cierta gran personalidad había declarado sahih un hadiz, debiera aceptarse su opinión sin comprobación.
Los muhaddizun examinaron y verificaron minuciosamente, durante varios siglos posteriores y con extrema cautela, mediante métodos de investigación rigurosos, las cadenas de transmisión de cada hadiz compilado en todos los libros de hadices sahih mencionados anteriormente, incluidos Sahih al-Bujari y Sahih Muslim. Basándose en este examen, declararon que al-Bujari y Muslim habían alcanzado con éxito su objetivo. La razón por la que se aceptan como sahih todos los hadices compilados en Sahih al-Bujari y Sahih Muslim no es que el imán al-Bujari y el imán Muslim los hubieran declarado sahih; su rango personal carece aquí por completo de valor. La realidad es que ellos afirmaron que los hadices eran sahih, y que durante varios siglos posteriores los muhaddizun verificaron las cadenas de transmisión de los hadices que habían compilado, quedando demostrada la veracidad de sus afirmaciones.
Otros autores escribieron libros con el propósito de compilar únicamente hadices sahih, o hadices sahih y hasan. Algunos declararon que compilarían hadices sahih y da‘if y excluirían los hadices falsificados y mawdu‘. Los muhaddizun de épocas posteriores nunca aceptaron sus afirmaciones sin verificarlas. Al contrario, examinaron todos los hadices que habían compilado y emitieron un juicio sobre sus obras. Estas verificaciones mostraron que la mayoría de los autores y compiladores no lograron cumplir sus declaraciones y propósitos. Los muhaddizun no aceptaron sin verificación la afirmación de ninguno.
1.4.9. Conservación en forma de libro de las biografías de los transmisores
De la discusión anterior podemos ver que, desde el siglo II de la Hégira, los muhaddices recopilaron todos los hadices junto con sus cadenas de transmisión, para que, mediante el examen de dichas cadenas, los hadices auténticos pudieran distinguirse por separado de los falsos o erróneos.
Desde el siglo II de la Hégira, además de recopilar hadices, los muhaddices comenzaron a compilar en forma de libro información sobre la aceptabilidad de los transmisores, para que, a la luz de esos datos, pudieran evaluarse las cadenas de transmisión de los hadices recopilados en los libros de hadices. También en la elaboración de este tipo de obras se produjo una evolución gradual.
A partir de mediados del siglo II de la Hégira, los muhaddices comenzaron primero a recopilar conjuntamente las biografías de todos los narradores, tanto fiables como no fiables. El imán Layth ibn Sa‘d (175 H), ‘Abdullah ibn al-Mubarak (181 H) y otros muhaddices comenzaron a elaborar este tipo de obras desde mediados del siglo II de la Hégira. En estas obras se recopilaron las biografías de todos los transmisores fiables y no fiables, algunos hadices narrados por ellos y las normas relativas a su aceptabilidad o falta de aceptabilidad, basadas en el examen de los hadices que habían narrado. En los siglos posteriores continuó la elaboración de este tipo de obras. En el siglo III de la Hégira, Ahmad ibn Hanbal, ‘Ali ibn al-Madini, al-Bujari, Muslim, al-Tirmidhi, al-Nasa’i y numerosos muhaddices de épocas posteriores escribieron obras de este tipo.
En una segunda etapa, los muhaddices comenzaron a escribir obras separadas únicamente sobre los muhaddices y los transmisores mentirosos. El célebre muhaddiz del siglo II, el imán Yahya ibn Sa‘id al-Qattan (198 H), fue el primero en comenzar a escribir una obra de este tipo, titulada «ad-Du‘afa». En los siglos posteriores continuó la elaboración de obras semejantes. En ellas se recopilaron datos sobre los transmisores débiles y mentirosos, algunos hadices narrados por ellos y las opiniones de los imanes acerca de ellos. Paralelamente, desde el siglo III de la Hégira, algunos muhaddices comenzaron a escribir obras separadas únicamente sobre los transmisores fiables y dignos de confianza.
En realidad, la recopilación y compilación de las biografías de los transmisores constituye una labor incomparable de los muhaddices de la comunidad musulmana. Desde el siglo I de la Hégira y durante los 600 años siguientes, los muhaddices recorrieron todas las localidades de los países musulmanes y conservaron detalladamente, sobre cada transmisor, su nombre, linaje, nacimiento, muerte, estudios, actividades, maestros, alumnos y demás datos personales, así como el examen de los hadices que había narrado y las opiniones de los muhaddices contemporáneos y posteriores acerca de él, basadas en dicho examen. Para preservar los hadices del Mensajero de la distorsión y la falsificación, conservaron de este modo la información de aproximadamente 50.000 personas. No existe un precedente semejante en la historia de la civilización humana. Basándose en toda esta información, cualquier investigador, en cualquier época, puede evaluar y examinar la cadena de transmisión de cualquier hadiz.
1.4.10. Conservación de los hadices falsificados en forma de libros
1.4.10.1. Redacción de libros basados en las biografías de los narradores mentirosos
Una de las medidas principales para identificar las mentiras difundidas en nombre del hadiz fue recopilar por separado las falsificaciones de los mentirosos. El primer método en este ámbito consistió en compilar libros sobre los narradores débiles y mentirosos.
Los primeros siglos del islam fueron la edad de oro del conocimiento islámico y, en particular, del estudio del hadiz. Miles de estudiantes estudiaban hadices. Cientos de muhaddices e imames estaban presentes en la sociedad. Todos escuchaban y enseñaban hadices con sus cadenas de transmisión. Si no conocían la identidad de alguna persona mencionada en una cadena de transmisión, se informaban sobre ella. En aquella época, conocer los nombres y las identidades de los narradores mentirosos bastaba para protegerse de sus mentiras y falsificaciones. Muchos libros de hadices recopilados durante los siglos segundo, tercero y cuarto de la Hégira no se organizaban por temas, sino según los nombres de los narradores o de los compañeros. Esto se debía a que la aceptabilidad del hadiz dependía del narrador. Además, todos estudiaban todos los hadices. En aquel tiempo no existía la tendencia a estudiar únicamente los hadices relacionados con un tema determinado.
Por ello observamos que, durante cuatro siglos, desde el segundo hasta el sexto siglo de la Hégira, una de las principales actividades destinadas a identificar las mentiras intencionadas y no intencionadas difundidas en nombre del hadiz consistió en redactar libros separados sobre los narradores débiles y mentirosos. En estos libros se recopilaban los nombres y las identidades de dichos narradores, algunos hadices erróneos o falsos transmitidos por ellos, así como los resultados y las opiniones de los análisis comparativos realizados por los muhaddices sobre ellos.
1.4.10.2. Recopilación de hadices falsos o inventados
Hasta el sexto siglo de la Hégira, este tipo de libros constituía la principal fuente para conocer a los falsificadores y sus falsificaciones difundidas en nombre del hadiz. Incluso después del sexto siglo continuó la redacción de libros de este tipo. Sin embargo, surgió una nueva tendencia en el proceso de identificar los hadices falsificados.
Con el paso del tiempo apareció un estancamiento entre la umma musulmana en el estudio del conocimiento, incluido el estudio del hadiz. El interés por conocer las identidades de los narradores comenzó a disminuir. Surgió la tendencia a aprender cualquier cosa en poco tiempo y con poco esfuerzo. Disminuyeron el tiempo y el interés dedicados a conocer los hadices falsos a partir de los libros recopilados según los nombres de los narradores. Por ello, los muhaddices comenzaron a recopilar por temas los hadices falsificados e inventados, para que el lector pudiera saber fácilmente si un hadiz relacionado con un determinado asunto era falso. La redacción de este tipo de libros comenzó en el quinto siglo de la Hégira. En el sexto siglo, esta tendencia cobró un impulso especial gracias a la obra de Ibn al-Yawzi. Y ha continuado hasta la época actual. Al principio, los muhaddices citaban estos hadices mawdu‘ junto con sus cadenas de transmisión y demostraban su falsedad mediante el análisis de dichas cadenas. Más tarde, se recopilaron únicamente los hadices inventados, sin mencionar sus cadenas de transmisión.
Algunos de estos libros están organizados por temas. Otros están ordenados según la primera letra de los hadices (alfabéticamente). La mayoría de los muhaddices reunieron únicamente hadices mawdu‘. Algunos muhaddices recopilaron los hadices difundidos en la sociedad y explicaron cuáles eran auténticos y cuáles inventados. Otros recopilaron, además de hadices inventados, hadices débiles. Durante los últimos nueve siglos se han redactado más de cincuenta libros sobre este tema mediante diversos métodos. A continuación mencionamos los principales libros de este tipo y los nombres de sus autores.
1. Al-Mawdu‘at, Abu Sa‘id Muhammad ibn ‘Ali al-Naqqash (414 H.).
2. Zajirat al-Huffaz, Muhammad ibn Tahir ibn al-Qaysarani (507 H.).
3. Al-Abatil wa-l-Manakir, Husayn ibn Ibrahim al-Yuzqani (543 H.).
4. Kitab al-Qussas wa-l-Mudhakkirin, Abu al-Faray ‘Abd al-Rahman ibn ‘Ali, Ibn al-Yawzi (597 H.).
5. Al-Mawdu‘at, Abu al-Faray, Ibn al-Yawzi (597 H.).
6. Al-‘Ilal al-Mutanahiya, Abu al-Faray Ibn al-Yawzi (597 H.).
7. Al-Ahadiz al-Mawdu‘a fi al-Ahkam al-Mashru‘a, Abu Hafs ‘Umar ibn Badr al-Mawsili (622 H.).
8. Al-Mughni ‘an Hifz al-Kitab, ‘Umar al-Mawsili (622 H.).
9. Al-Wuquf ‘ala al-Mawquf, ‘Umar al-Mawsili (622 H.).
10. Al-Mawdu‘at, Hasan ibn Muhammad al-Saghani (650 H.).
11. Al-Durar al-Multaqit, al-Saghani (650 H.).
12. Ahadiz al-Qussas, Ahmad ibn ‘Abd al-Halim, Ibn Taymiyya (728 H.).
13. Mukhtasar al-Abatil, Muhammad ibn Ahmad al-Dhahabi (748 H.).
14. Tartib Mawdu‘at Ibn al-Yawzi, al-Dhahabi (748 H.).
15. Al-Mawdu‘at fi al-Masabih, ‘Umar ibn ‘Ali al-Qazwini (750 H.).
16. Al-Manar al-Munif, Ibn Qayyim al-Yawziyya (751 H.).
17. Al-Ahadiz allati la Asla laha fi al-Ihya, ‘Abd al-Wahhab ibn ‘Ali al-Subki (771 H.).
18. Al-Tadhkira fi al-Ahadiz al-Mushtahira, Muhammad ibn Bahadur al-Zarkashi (794 H.).
19. Tabyin al-‘Ayab fi ma Warada fi Shahr Rajab, Ibn Hayar al-‘Asqalani Ahmad ibn ‘Ali (852 H.).
20. Al-Maqasid al-Hasana, Muhammad ibn ‘Abd al-Rahman al-Sakhawi (902 H.).
21. Al-La’ali al-Masnu‘a, Yalal al-Din ‘Abd al-Rahman al-Suyuti (911 H.).
22. Al-Ta‘aqqubat ‘ala al-Mawdu‘at, al-Suyuti (911 H.).
23. Al-Durar al-Muntashira, al-Suyuti (911 H.).
24. Tadhkir al-Khawass min Ahadiz al-Qussas, al-Suyuti (911 H.).
25. Al-Ghammiz ‘ala al-Lammaz, ‘Ali ibn ‘Abd Allah al-Samhudi (911 H.).
26. Tamyiz al-Tayyib min al-Khabiz, ‘Abd al-Rahman al-Zabidi (944 H.).
27. Al-Shadhara fi al-Ahadiz al-Mushtahira, Muhammad ibn ‘Ali al-Dimashqi (953 H.).
28. Tanzih al-Shari‘a, ‘Ali ibn Muhammad ibn ‘Iraq (963 H.).
29. Tadhkirat al-Mawdu‘at, Muhammad Tahir al-Fatani (986 H.).
30. Al-Asrar al-Marfua, Mulla ‘Ali al-Qari (1014 H.).
31. Al-Masnu‘ fi Ma‘rifat al-Mawdu‘, Mulla ‘Ali al-Qari (1014 H.).
32. Mukhtasar al-Maqasid, Muhammad ibn ‘Abd al-Baqi al-Zarqani (1122 H.).
33. Al-Jadd al-Hathiz fi Bayan ma Laysa bi-Hadiz, Ahmad ibn ‘Abd al-Karim al-‘Amiri (1143 H.).
34. Kashf al-Khafa wa Muzil al-Ilbas, Isma‘il ibn Muhammad al-‘Ajluni (1162 H.).
35. Al-Kashf al-Ilahi ‘an Shadid al-Da‘f wa-l-Mawdu‘ wa-l-Wahi, Muhammad ibn Muhammad al-Tarabulsi (1177 H.).
36. Al-Nawafih al-‘atira, Muhammad ibn Ahmad al-San‘ani (1181 H.).
37. Al-Nukhba al-Bahiyya, Muhammad ibn Muhammad al-Sabnawi (1232 H.).
38. Al-Fawa’id al-Majmu‘a, Muhammad ibn ‘Ali al-Shawkani (1250 H.).
39. Asna al-Matalib, Muhammad ibn Sayyid Darwish (1276 H.).
40. Husn al-Ashar, Muhammad Darwish (1275 H.).
41. Al-Ashar al-Marfua, ‘Abd al-Hayy al-Lakhnawi (1304 H.).
42. Al-Lu’lu al-Marsu‘, Muhammad ibn Khalil al-Mashishi (1305 H.).
43. Tahdhir al-Muslimin, Muhammad ibn al-Bashir al-Madani (1329 H.).
También durante el siglo actual se han redactado, y se siguen redactando, muchas obras sobre este tema. Querido lector, ahora puede surgir en nuestra mente la pregunta: ¿qué necesidad hay de tantos libros sobre un mismo tema?
La cuestión principal es que, desde el comienzo del segundo siglo de la Hégira, los intentos de falsificación en nombre del hadiz nunca se han detenido. En el apartado siguiente conoceremos detalladamente estos asuntos al tratar sobre los falsificadores y la identificación de las falsificaciones. Así como las mentiras intencionadas y no intencionadas han continuado, también han continuado los esfuerzos por identificarlas y distinguirlas de los hadices auténticos. En diversos países musulmanes se han difundido nuevas afirmaciones en nombre del hadiz. Entonces, los muhaddices eruditos de esos países determinaron, mediante la investigación, su autenticidad o falsedad. Determinaron si esas afirmaciones habían sido narradas con una cadena de transmisión en algún libro de hadices, cuál era el grado de aceptabilidad de la cadena y si se había narrado algún otro hadiz con ese significado, entre otras cuestiones. Además, cuando había algún error en las conclusiones de investigadores anteriores, los autores posteriores lo analizaban. De este modo, la tradición de escribir e investigar sobre este tema ha continuado.
Así hemos visto que, durante los últimos mil quinientos años, en todas las épocas y todos los siglos, los muhaddices de la umma musulmana han permanecido siempre atentos, como guardianes vigilantes, para proteger los hadices del Mensajero. Se han esforzado constantemente por identificar todos los intentos de falsificación realizados en nombre de los hadices del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y proteger a la umma musulmana de caer en la trampa de las palabras falsas presentadas como hadices. Que Allah, el Altísimo, les conceda a todas estas personas la mejor recompensa.
1.5. Causas de la mentira y clasificación de los mentirosos
En el análisis sobre el surgimiento de las mentiras en nombre de los hadices, hemos visto que los enemigos ocultos del islam comenzaron a difundir primero en la sociedad musulmana palabras falsas en nombre de los hadices, con el fin de propagar la confusión. La religión se fundamenta precisamente en la revelación. Por ello, cualquier afirmación que pudiera demostrarse mediante la revelación obtenía aceptación en la sociedad musulmana. Puesto que el Corán estaba memorizado por innumerables personas, nunca hubo oportunidad de afirmar directamente en nombre del Corán algo falso o inventado. Por eso intentaron mentir en nombre de los hadices.
Gradualmente, muchas más personas comenzaron a mentir en nombre de los hadices con diversos objetivos. Además, muchas personas mentían en nombre de los hadices por ignorancia, negligencia o descuido. A alguien le gustaba una buena frase pronunciada por otra persona, una antigua sentencia sabia, o algo que había oído de un sahabí o de un tabií. Más tarde, al transmitirla, la atribuía al Mensajero de Allah (s). Así continuó la falsificación en nombre de los hadices por diversas razones.
Hemos visto que la mentira es de dos clases: intencionada y no intencionada. Las causas principales de la mentira no intencionada son el fallo de la memoria, la negligencia al memorizar los hadices o el descuido al recibirlos. En cambio, la causa de la mentira intencionada era, en la mayoría de los casos, perjudicar o beneficiar (!) a la religión.
Sabemos que la revelación está relacionada con la religión. Por tanto, todos los objetivos de mentir en nombre de la revelación están centrados en la religión. Algunos inventaron hadices en nombre de la religión para perjudicarla. Otros los inventaron en nombre de la religión para ganarse el sustento o para fortalecer su propia fatwa, grupo o linaje. Otros inventaron hadices para establecer sus propias opiniones en nombre de la religión. Y otros los inventaron desinteresadamente (!) para animar a la gente a realizar buenas obras y disuadirla de las malas. Podemos dividir todas estas causas en tres categorías: 1. perjudicar la religión; 2. beneficiar la religión; y 3. alcanzar los propios objetivos mundanos.
Acerca de las causas de la mentira y de las clases de mentirosos, el famoso muhaddiz del siglo VII de la hégira, al-Allama Ibnus Salah Abu Amr Uzman ibn Abd al-Rahman (643 H), dijo: Los falsificadores que inventan hadices son de diversas clases. Entre ellos, el grupo más dañino está formado por personas conocidas en la sociedad como piadosas y derviches. Debido a su ignorancia y extravío, difundían en la sociedad palabras inventadas como hadices, esperando obtener recompensa. Al ver su piedad externa, su vida austera y otras características semejantes, la gente, por ingenuidad, creía sus palabras y aceptaba aquellas invenciones como hadices. Después, los imanes expertos en hadices descubrieron y expusieron sus mentiras y falsificaciones mediante un examen minucioso. Algunos de ellos consideraban lícito difundir como hadices palabras falsas e inventadas sobre la virtud de las buenas obras y el castigo de las malas, con el propósito de obtener recompensa. (Iraqi, al-Taquíid, pp. 128-129; Suyuti, Tadrib al-Rawi, 1/281-284).
Al-Allama Zayn al-Din Iraqi (806 H) dijo: Los falsificadores de hadices son de diversas clases según sus objetivos y las causas de sus falsificaciones.
1. Muchos zindiq inventaron hadices para extraviar a la gente. Hammad ibn Zayd dijo: Los zindiq inventaron diez mil hadices en nombre del Mensajero de Allah (s).
2. Algunas personas falsificaron hadices para apoyar sus propias opiniones religiosas.
3. Algunas personas falsificaron hadices sobre asuntos que agradaban a los califas y emires, intentando convertirse en sus favoritos.
4. Algunas personas falsificaron hadices con la intención de ganar dinero pronunciando sermones y contando historias.
5. Algunas personas eran buenas, pero sus hijos u otros miembros de su familia escribían hadices falsos en sus manuscritos. Ellos los transmitían sin darse cuenta.
6. Algunos inventaban hadices para establecer las pruebas de sus propias fatwas o cuestiones jurídicas.
7. Algunos elaboraban cadenas de transmisión y textos insólitos para establecer novedades y originalidades.
8. Algunas personas consideraban que fabricar hadices falsos de esta manera era una muestra de piedad religiosa. Debido a su extravío, creían que estaba permitido mentir para mejorar a la gente y llamarla al buen camino. Eran conocidos en la sociedad como piadosos, ascetas y venerables renunciantes. Su daño en el ámbito de la falsificación de hadices era el más grave, porque consideraban este gran pecado una buena obra y un acto meritorio. Por eso era imposible apartarlos de ello. Además, la gente se dejaba influir por su piedad externa, su vida austera y su apariencia de derviches, y aceptaba y difundía sus mentiras como si fueran verdaderas. Por eso el imam Yahya ibn Sa’id al-Qattan (198 H) decía: En relación con los hadices, no he visto a nadie más mentiroso que un venerable piadoso. (Muslim, al-Sahih, 1/17-18).
Con la expresión «venerable piadoso», se refería a aquellos ignorantes que se consideran piadosos y siguen el camino de los venerables, pero no distinguen entre lo lícito y lo ilícito. (Iraqi, Fath al-Mughiz, pp. 122-124).
Aquí trataremos con cierto detalle las principales causas de la falsificación en nombre de los hadices y a las personas involucradas en ella.
1.5.1. Los zindiq y los enemigos ocultos del islam
Durante el primer medio siglo de la historia del islam, mediante las conquistas islámicas, extensas regiones de Asia y África quedaron incorporadas al Estado islámico. Muchos ciudadanos no musulmanes de esos países aceptaron voluntariamente el islam. Otros continuaron siguiendo sus religiones anteriores. El Estado islámico les garantizó protección. Por otro lado, algunas personas, pese a su lealtad y amor por sus religiones y opiniones anteriores, declararon públicamente haber aceptado el islam. Aunque eran considerados musulmanes en la sociedad, en realidad su objetivo principal era destruir las creencias y prácticas de la sociedad musulmana propagando confusión y terrorismo informativo. En la mayoría de los casos, a las personas de esta clase se las llamaba «zindiq». Para alcanzar sus despreciables objetivos, difundían en la sociedad innumerables palabras falsas como hadices. Hemos visto que fueron precisamente las personas de esta clase, bajo el liderazgo de Abd Allah ibn Saba, quienes comenzaron a difundir los primeros hadices inventados.
Estos zindiq hipócritas a veces se hacían pasar por partidarios de Ali (ra) y difundían hadices inventados en favor de él y de su linaje. Otras veces se hacían pasar por derviches sufíes, engañaban a la gente e inventaban hadices en favor del ascetismo y la vida de renuncia propios de los persas, los judíos y los cristianos. Su objetivo principal era destruir las creencias islámicas y presentarlas como ridículas e irracionales.
Debe observarse aquí que inventaban hadices con cadenas de transmisión. En aquella época no había manera de citar un hadiz sin una cadena de transmisión. Conocían los nombres de los muhaddiz y de los narradores fiables. Habían memorizado las cadenas de transmisión de diversos hadices auténticos. Inventaban hadices utilizando los nombres de esas cadenas.
Era muy fácil engañar a la gente común con ellas. Sin embargo, ese engaño no tenía ninguna eficacia ante los muhaddiz críticos. Estos descubrían sus falsificaciones mediante el examen descrito anteriormente. Por ejemplo, alguien decía: «Yahya ibn Sa’id al-Qattan me dijo; él lo recibió de Sufyan al-Thawri; este, de Ibn Sirin; este, de Anas ibn Malik; y este, del Mensajero de Allah (s)…». Entonces comparaban, siguiendo el método mencionado, este relato con los hadices transmitidos por los demás alumnos de todos los narradores citados en la cadena. Además, juzgando las demás transmisiones y la conducta de aquella persona, descubrían fácilmente la falsificación.
Veamos uno de los hadices que ellos inventaron:
Un hombre llamado Muhammad ibn Shuja dijo: «Hibban ibn Hilal me relató; él lo recibió de Hammad ibn Salama; este, de Abu al-Mahzam; este, de Abu Hurayra: se preguntó al Mensajero de Allah (s): “Oh, Mensajero de Allah, ¿de qué fue creada la creación de nuestro gran Señor?”. Él respondió: “Creó un caballo y luego hizo correr al caballo. Del sudor que salió del cuerpo del caballo, Él se creó a Sí mismo”. (¡Que Allah nos preserve!). (Ibn al-Yawzi, al-Mawdu’at, 1/64).
Comprendemos claramente que el objetivo de esta falsificación era presentar de forma ridícula la creencia musulmana acerca de Allah el Altísimo y convertir la creencia musulmana en objeto de burla.
Estos falsificadores a menudo se jactaban de sus falsificaciones. Abd al-Karim ibn Abi al-Awja fue uno de esos falsificadores del siglo II de la hégira. El gobernador de entonces, Muhammad ibn Sulayman ibn Ali, ordenó su ejecución por delitos como la apostasía y la falsificación. Antes de ser castigado, dijo: «¡Por Allah! He inventado cuatro mil hadices falsos y los he difundido entre los musulmanes». (Ibn al-Yawzi, al-Mawdu’at, 1/15).
El tercer califa abasí, al-Mahdi (cuyo reinado transcurrió entre 158 y 169 H), dijo: «Un zindiq me confesó que había inventado cuatrocientos hadices que ahora se están difundiendo entre la gente». (Ibn al-Yawzi, al-Mawdu’at, 1/15).
1.5.2. Los seguidores de las sectas y corrientes religiosas
Generalmente, el ser humano no quiere reconocer su propia insignificancia y sus limitaciones. Desde tiempos antiguos hasta la actualidad, innumerables personas han intentado e intentan eliminar, mediante su intelecto, conciencia, juicio y sabiduría, ¡la debilidad! y ¡la imperfección!! de la «revelación»!!! Todos se preguntan por qué esta cuestión no fue incluida en la revelación. Sin esta cuestión, la religión no alcanza su plenitud. De acuerdo, diré esta cuestión en nombre de la revelación. ¡Así la religión alcanzará la perfección!!!
Muchos de ellos crearon o siguieron alguna doctrina religiosa inventada por ellos mismos y fabricaron «revelaciones» en apoyo de dicha doctrina. Apenas había transcurrido medio siglo desde el fallecimiento del Mensajero de Allah (s), cuando, en la sociedad musulmana, surgieron nuevas doctrinas religiosas entre los nuevos musulmanes, debido a la influencia de las religiones anteriores, la propaganda de los enemigos ocultos del islam y la literatura, la filosofía, etc. de diversas sociedades. Con el fervor de hacer la yihad contra Ali (r.a.) y todos los Sahabas y de establecer un islam inventado, se fundó la doctrina jariyí. Bajo el disfraz de la devoción y el amor por Ali (r.a.), se fundó la doctrina chií para difundir entre los musulmanes las doctrinas de los judíos, los cristianos y los adoradores del fuego. Con la falsa pretensión de proteger la dignidad de Allah Altísimo, se fundó la doctrina qadariyya, en la que se negaba el conocimiento de Allah Altísimo respecto al destino o la suerte de los seres humanos. Con la exageración destinada a demostrar el poder de Allah Altísimo, se fundó la doctrina yabariyya, en la que se negaban la voluntad y la capacidad de actuar del ser humano. Con la pretensión inventada de establecer la unicidad de Allah Altísimo, se fundaron las doctrinas yahamiyya, mu’tazila y otras, en las que se negaban los atributos de Allah Altísimo.
Los compañeros del Mensajero de Allah (s) creyeron y cumplieron literalmente, tal como eran, las instrucciones del Corán y del hadiz. Se debe amar a los Sahabas y también a los descendientes del Mensajero de Allah (s). No existe ninguna contradicción entre ambas cosas ni hay lugar para ningún exceso. Así como son verdaderos el conocimiento y la determinación de Allah respecto al destino humano, también son verdaderas la voluntad y la capacidad de actuar del ser humano. Ellos creyeron sencillamente en todos los versículos y hadices relativos a ambas cuestiones. No vieron ninguna contradicción entre ellos.
Sin embargo, los innovadores de las nuevas doctrinas, al tratar de seguir algunas instrucciones del Corán y del hadiz, negaron o interpretaron las restantes. Cada uno consideró correcta su propia opinión. Todos creyeron que su opinión estaba a favor de Allah y de Su Mensajero (s), y que fabricar hadices en apoyo de dicha opinión equivalía a fabricar hadices a favor de Allah y de Su Mensajero (s). Si, diciendo algunas afirmaciones inventadas o falsas en nombre de la revelación o del hadiz, se puede fortalecer «la opinión que Allah y Su Mensajero prefieren de verdad!!», ¿qué problema habría?! Esto debería considerarse una obra muy buena. Por ello, cuando algunos de ellos no encontraban ningún hadiz claro en apoyo de su opinión, fabricaban y difundían hadices a favor de sí mismos y contra sus adversarios cuando era necesario. En ocasiones también se fabricaron hadices falsos en relación con las diferencias de opinión en materia de fiqh y de cuestiones jurídicas. (Falata, Umar ibn Hasan, Al-Wad‘ fi al-Hadiz, 1/223-263).
En este ámbito, los más avanzados fueron los chiíes. En nombre de la devoción a la familia del Profeta, convirtieron innumerables afirmaciones inventadas en parte de la creencia religiosa. Después fabricaron y difundieron innumerables hadices en apoyo de ellas. Difundieron con el nombre de hadices innumerables afirmaciones inventadas sobre la superioridad de Ali sobre todos los seres humanos después de los profetas, los innumerables poderes milagrosos de Ali, el regreso de Ali al mundo, la grandeza de la familia de Ali, la opresión y el castigo de quienes se convirtieron en califas excluyéndolo a él y a sus descendientes, el terrible destino y castigo de quienes se opusieron a él, y el terrible castigo de quienes no lo reconocieron como el mejor de todos o amaron a otros Sahabas, entre otras cuestiones.
Su falsificación fue tan extensa que incluso sus propios eruditos se vieron obligados a reconocerlo. Ibn Abi al-Hadid Abd al-Hamid ibn Hibatullah (656 h.), célebre erudito chií del siglo VII de la Hégira y comentarista de «Nahj al-Balagha», recopilación de los discursos de Ali (r.a.), dijo: Las primeras mentiras en los hadices que mencionan virtudes o méritos fueron iniciadas por los chiíes. Primero fabricaron y difundieron diversos hadices en favor de su líder. La intensa hostilidad y envidia hacia sus adversarios los impulsaron a realizar esta labor.…… (Muhammad Azzaj al-Jatib, Al-Sunna qabla al-Tadwin, pág. 195).
1.5.3. Los piadosos, ascetas y sencillos ancianos
Los piadosos que desempeñaron el papel más grave y abominable en la atribución y difusión de mentiras al Mensajero de Allah (s) fueron ciertas personas religiosas ignorantes de las enseñanzas del Corán y la Sunna, movidas por el «deseo de guiar a la gente por el buen camino». Con este propósito se fabricaron innumerables hadices sobre las virtudes del Corán, las virtudes de distintas suras, las virtudes de diferentes tipos de salat en distintos momentos o días, las virtudes de diversas clases de dhikr, las virtudes de todo tipo de buenas obras, los castigos por diversos pecados o malas acciones, etc. (Fallata, Al-Wad‘, 1/263-269).
En la fabricación y difusión de hadices falsos, estas personas piadosas fueron las más perjudiciales. Pueden dividirse en dos grupos. Algunas personas piadosas mentían involuntariamente. Debido a su ingenuidad, creían y narraban todo lo que oían atribuido a los hadices. Muchas veces, al escuchar una frase hermosa o una expresión de sabiduría, la narraban descuidadamente como un hadiz. Y algunas personas conocidas por su piedad mentían deliberadamente.
1.5.3.1. La mentira involuntaria de los piadosos
Los sufíes derviches devotos de Allah son personas buenas e ingenuas. Su práctica consiste en confiar sencillamente en todos y mostrarles misericordia. En cambio, el trabajo de los muhaddices es como el de un inspector de policía. El derviche comienza con la confianza, mientras que el inspector comienza con la desconfianza. Cuando alguien cuenta alguna desgracia que le ha ocurrido o presenta una excusa por un delito, por lo general las personas de corazón sencillo le creen. Pero un inspector empieza por desconfiar. Le hace diversas preguntas para averiguar si está engañando o diciendo la verdad. Después de eso, le cree.
A la luz de las innumerables instrucciones del Noble Corán y del Hadiz Sharif, desde la época de los sahaba, los sahaba y los muhaddices posteriores han cumplido constantemente la responsabilidad de guardianes vigilantes o inspectores encargados de proteger la autenticidad de la revelación o de los hadices del Mensajero de Allah (s). Sin un examen minucioso y una verificación, no aceptaban como auténtica ninguna palabra atribuida al Mensajero de Allah (s).
Por el contrario, los derviches ascetas «zahid», de corazón sencillo, suelen conmoverse en cuanto oyen algo atribuido al Mensajero de Allah (s). Nunca se les ocurrió que alguien pudiera mentir en nombre del Mensajero de Allah (s). Todo lo que oían lo escuchaban con el corazón de un devoto, lo aceptaban con fe sencilla, lo practicaban y animaban a otros a practicarlo. Por ello, desde la época de los tabi‘ tabi‘in, los muhaddices no aceptaban los hadices de este tipo de derviches piadosos. El Imam Malik (179 H) decía: «En Medina hay muchos derviches a quienes estaría dispuesto a confiar cien mil monedas, pero no estoy dispuesto a aceptar ni un solo hadiz narrado por ellos». (Dr. Amin Abu Labi, ‘Ilm Usul al-Jarh wa at-Ta‘dil, 166-167).
Yahya ibn Sa‘id al-Qattan (198 H) dijo: «Los ancianos piadosos mienten sobre los hadices del Mensajero de Allah (s) más que sobre cualquier otro asunto». El Imam Muslim (261 H) explicó estas palabras así: «Estas personas piadosas no mienten deliberadamente, pero caen en la mentira por descuido. No pueden memorizar correctamente los hadices, los alteran y, la mayoría de las veces, los relatan basándose en su propia impresión; por eso caen involuntariamente en la mentira». (Muslim, as-Sahih, 1/17-18).
Ibn as-Salah (643 H), an-Nawawi (676 H), al-‘Iraqi (806 H) y otros muhaddices presentaron un ejemplo de mentira involuntaria. Este hadiz, fruto de una mentira involuntaria, fue recopilado por el Imam Ibn Majah en su Sunan. Él dijo: «Nos narró Isma‘il ibn Muhammad at-Talhi; nos narró Thabit ibn Musa Abu Yazid; este lo narró de Sharik, este de al-A‘mash, este de Abu Sufyan, este de Jabir (ra), quien dijo: el Mensajero de Allah (s) dijo: “Aquel cuya oración nocturna sea abundante tendrá un rostro hermoso durante el día”». (Ibn Majah, as-Sunan, 1/422).
Los muhaddices llegaron a saber con certeza, mediante un examen comparativo, que estas palabras eran una invención atribuida al Mensajero de Allah (s). Sin embargo, discreparon sobre si se trataba de una mentira deliberada o involuntaria.
El maestro de Ibn Majah, Isma‘il, y muchos muhaddices escucharon y escribieron este hadiz de Abu Yazid Thabit ibn Musa ibn ‘Abd ar-Rahman (229 H). Él fue el único narrador de este hadiz. Afirmaba que Sharik ibn ‘Abdullah (178 H) le había transmitido este hadiz.
Los muhaddices reunieron y compararon los hadices de todos los discípulos de Sharik, los hadices de todos los discípulos del maestro de Sharik, Sulayman ibn Mihran al-A‘mash (147 H), los hadices de todos los discípulos del maestro de al-A‘mash, Abu Sufyan Talhah ibn Nafi‘, y los hadices de los demás discípulos de Jabir (ra), y confirmaron que nadie había narrado este hadiz aparte de Thabit. Observaron que Thabit no era un discípulo cercano ni un compañero de larga duración de Sharik que justificara que Sharik le hubiera transmitido este hadiz exclusivamente a él, sin narrárselo a nadie más. Así, mediante un examen global, llegaron a la certeza de que Thabit había mentido, deliberada o involuntariamente.
Thabit ibn Musa era un devoto piadoso y un derviche asceta del siglo III de la hégira. Debido a su religiosidad, los muhaddices en general tenían una buena opinión de él. Sin embargo, mediante un examen comparativo, comprobaron que varios de los hadices que había narrado resultaban erróneos o falsos. Ningún discípulo veterano y especial de los maestros a través de los cuales él narraba esos hadices, ni ningún otro discípulo, los transmitía. Por ello, algunos muhaddices lo llamaron «mentiroso». El Imam Yahya ibn Ma‘in (233 H) dijo acerca de Thabit: «Es un mentiroso». (Adh-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal, 2/89; Ibn Hajar, Tahdhib at-Tahdhib, 2/14).
Por otro lado, muhaddices como Abu Hazim ar-Razi (277 H) e Ibn ‘Adi (365 H) calificaron esta mentira de Thabit como involuntaria. Dijeron que Thabit no era originalmente un narrador de hadices, sino un simple devoto. Solo narró un total de siete u ocho hadices. Excepto dos de ellos, narró correctamente los demás. Esto hace pensar que su error fue involuntario. Por eso, en vez de llamarlo explícitamente «mentiroso», lo calificaron de «débil». (Ibn ‘Adi, Al-Kamil, 2/99; Adh-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal, 2/89).
Algunos muhaddices mencionaron la causa de la mentira involuntaria de Thabit. Muhammad ibn ‘Abdullah ibn Numayr (234 H) dijo: «El hadiz es inválido. Thabit lo narró sin darse cuenta». A Sharik ibn ‘Abdullah le gustaba bromear. A Sharik ibn ‘Abdullah le gustaba bromear. Thabit era un hombre piadoso y devoto. Probablemente, cuando Sharik estaba narrando un hadiz, Thabit se presentó allí. Sharik estaba diciendo: «Nos narró al-A‘mash, de Abu Sufyan, de Jabir (ra), del Mensajero de Allah (s)». En ese momento entró Thabit. Al verlo, Sharik dejó de narrar el hadiz y, fijándose en su rostro luminoso, marcado por la ingenuidad, dijo: «Aquel cuya oración nocturna sea abundante tendrá un rostro hermoso durante el día». Thabit, sin prestar atención, tomó las palabras de Sharik por el hadiz transmitido con la cadena anterior. Así, narró por error una frase de Sharik como si fueran palabras del Mensajero de Allah (s). Por esta razón, Ibn as-Salah, an-Nawawi, al-‘Iraqi y otros muhaddices presentaron este hadiz como ejemplo de una mentira involuntaria. (Ibn ‘Adi, Al-Kamil, 2/99; Adh-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal, 2/88; al-‘Iraqi, at-Taqyid, p. 129; Fath al-Mughith, pp. 127-128).
1.5.3.2. La mentira involuntaria de los piadosos
Algunas personas conocidas por su piedad se involucraban en algo aún más abominable. Deliberadamente atribuían palabras inventadas al Mensajero de Allah (s). En la falsificación de hadices, ellos eran los más peligrosos y perjudiciales.
Sobre muchos de los temas acerca de los cuales inventaron hadices, existen numerosos hadices auténticos. Sin embargo, estos piadosos consideraban que el lenguaje de aquellos hadices auténticos, así como las recompensas y castigos que mencionaban, no despertaban las emociones de la gente. Por ello inventaron hadices con un lenguaje más enfático, explicaciones detalladas, innumerables recompensas y los castigos más severos, para que la gente quedara impresionada con solo escucharlos. De este modo intentaron completar (!) con la razón humana las supuestas deficiencias (!) de la «Revelación». Lo más grave era que, debido a su piedad (?), muchas personas de la sociedad caían en la trampa de estas falsificaciones. Creían que eran hadices. Solo los expertos críticos del hadiz descubrieron sus falsificaciones mediante un examen comparativo.
Satanás les había hecho creer: «Nosotros no hablamos contra el Mensajero de Allah (s), sino a su favor. Sin estas mentiras no es posible guiar a la gente. Por tanto, mentir con una buena intención no solo está permitido, sino que es una buena obra».
Satanás no les permitió comprender que todos sus pensamientos habían tomado un rumbo equivocado. Pensar que no se puede conducir a la gente por el buen camino sin mentiras significa que la Revelación no es capaz de guiar a la humanidad. El Noble Corán y los hadices auténticos han perdido su eficacia. ¡Por tanto, hay que guiar a la gente mediante mentiras disparatadas! ¡Qué pensamiento tan abominable!
¿Quién les dio derecho a afirmar que estas palabras inventadas están a favor de la Revelación, de Allah o de Su Mensajero? Aquello que consideraban favorable al islam siempre le ha causado el mayor daño. Historias disparatadas, recompensas inimaginables por obras pequeñas, castigos terribles por faltas o pecados leves, relatos imaginarios sobre diversos aspectos de la creación, relatos milagrosos ficticios, relatos sobre méritos inventados y cosas semejantes desviaron a la comunidad musulmana de las enseñanzas fundamentales del islam. Entre ella se extendieron innumerables supersticiones. Las historias inventadas sobre las recompensas de los actos voluntarios hicieron que la comunidad musulmana olvidara sus obligaciones. Innumerables prácticas inventadas alejaron a los musulmanes de las obras y responsabilidades descritas en el Corán y en los hadices auténticos. En el capítulo siguiente veremos muchos ejemplos de esto al tratar los hadices inventados.
Todas las religiones se han deformado a lo largo de los siglos precisamente por haber mentido en nombre de la Revelación. El ejemplo más claro de desviación causada por mentir en nombre de la Revelación es Saulo, llamado Pablo, el deformador del cristianismo, y los cristianos que lo siguieron. Mintieron en nombre de la Revelación para elevar la dignidad de Dios, elevar la dignidad de Jesús y conducir al camino recto a un mayor número de personas. Pensaron: «Hablamos en defensa de Dios o de Jesús; por tanto, no hay ningún problema en esta mentira». Pero, en realidad, sirvieron a Satanás. Por ello, Allah, el Glorioso, declaró en el Noble Corán:
Árabe (********)
—«Di: “¡Oh, gente de la Escritura! No excedáis injustamente los límites en vuestra religión y no sigáis los deseos de un pueblo que se extravió anteriormente, extravió a muchos y se apartó del camino recto”» (sura 5, Al-Má’ida: 77).
También surgieron dentro de la comunidad musulmana grupos desviados que, siguiendo sus caprichos, inventaban revelaciones de este tipo. Sin embargo, gracias a la cadena de transmisión y al sistema de examen de las cadenas de transmisión, sus falsificaciones fueron descubiertas.
Estos «falsificadores piadosos» inventaban hadices de diversas maneras.
a. Algunas personas inventaban hadices describiendo recompensas «innumerables» e imaginarias por recitar el Corán y por recitar sus distintas suras.
b. Otros narraban hadices sobre la recompensa de diversas buenas obras famosas y habituales. Por ejemplo, en los hadices auténticos se mencionan muchas recompensas por actos de culto como el tasbih, el dhikr, el taháyyud, la oración de duha y otros. Ellos consideraban que estos hadices no atraían el corazón de la gente. Por ello inventaban hadices atractivos (!) sobre estos temas. Del mismo modo, existen muchos hadices auténticos a favor de la sunna y contra la innovación religiosa. Estos falsificadores no se conformaron con ellos. Inventaron numerosos hadices sobre la recompensa y el mérito de la sunna, así como sobre el pecado de la innovación religiosa, el terrible destino de los innovadores y sus espantosos castigos.
c. Algunos inventaban diferentes tipos de buenas obras y hadices sobre sus méritos. Por ejemplo, oraciones especiales con métodos específicos para distintos meses, una oración especial para cada día de la semana, oraciones especiales para diversos objetivos, como ver a Allah en sueños, ver al Mensajero de Allah (s) en sueños o ver el propio lugar en el Paraíso. Del mismo modo, inventaron diversos «salawat», «dhikr», «súplicas» y «munayat», y fabricaron hadices mencionando sus méritos inventados. Inventaron innumerables «actos de culto» de este tipo y, haciendo volar los globos de la imaginación sobre sus méritos, relataron historias de innumerables recompensas y virtudes.
d. Para ablandar el corazón de muchas personas, inventaron y atribuyeron al Mensajero de Allah (s) relatos sobre el abandono de la vida mundana, la renuncia, el sacrificio, los méritos del hambre, los méritos de la pobreza, diversos relatos, castigos, recompensas y otras historias imaginarias.
A continuación mencionaré las confesiones de una o dos personas de este tipo. Estas personas intentaban demostrar ante los expertos del hadiz la autenticidad de sus cadenas de transmisión falsas. Sin embargo, ante sus preguntas críticas, a veces reconocían que estaban falsificando hadices.
Abu Isma Nuh ibn Abu Maryam (173 H), célebre erudito, asceta y jurista del segundo siglo de la Hégira. Debido a su extraordinario dominio de diversas disciplinas, como el hadiz, el fiqh y la historia, era llamado «al-Yami». Durante el califato de Mansur (136-158 H), fue nombrado juez de la región de Merv, en Jorasán. Se le consideraba uno de los principales eruditos de aquella región. Era severo con los mu‘tazilíes, los yahmíes, los juristas de la gente de la opinión y los grupos innovadores.
A pesar de todo ello, decía mentiras en nombre del hadiz. Narraba algunos hadices sobre los méritos de las distintas suras del Corán. Los expertos del hadiz le preguntaron: «¿Dónde encontraste los hadices que narras de Ikrima, de Ibn Abbás, sobre los méritos de cada sura del Corán? Los discípulos cercanos de Ikrima, o cualquier otro de sus discípulos, no narran estos hadices. ¿Cómo los obtuviste tú?». Él respondió: «Vi que la gente había abandonado el Corán. Se habían ocupado del fiqh de Abu Hanifa y de las expediciones de Ibn Ishaq. Por ello inventé estos hadices para devolverlos al Corán». (Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at, 1/18; al-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal, 7/55-57).
Ahmad ibn Muhammad ibn Ghalib, conocido como Ghulam Jalil (275 H), célebre asceta, erudito y predicador del tercer siglo de la Hégira. Era famoso como uno de los mejores ascetas que habían renunciado a la vida mundana en la capital, Bagdad. Siempre comía verduras, llevaba una vida extremadamente sencilla y pronunciaba sermones muy conmovedores. Era sumamente severo contra los juristas (hanafíes) llamados «la gente de la opinión», así como contra los mu‘tazilíes, los chiíes, los qadaríes, los yabaríes y otras corrientes innovadoras. Sus sermones tenían una gran influencia entre la gente común. Para ablandar el corazón de los oyentes y guiarlos, inventaba constantemente nuevas historias y las narraba en nombre del hadiz. Fabricaba cadenas de transmisión con los nombres de célebres expertos del hadiz y narraba aquellos hadices falsos.
Abu Yafar ibn al-Shu‘ayri cuenta: «Un día, mientras Ghulam Jalil narraba un hadiz, dijo: “Me lo relató Bakr ibn Isa (204 H), quien lo recibió de Abu Awana…” Yo le dije: “Bakr ibn Isa era un hombre de una época muy antigua. El imán Ahmad (241 H) y personas de su generación escucharon hadices de él. Tú no lo viste con vida”. Después de oír esto, se quedó callado y pensativo. Me asusté, temiendo que dijera algo contra mí. Por eso añadí: “Tal vez tu maestro Bakr ibn Isa era otra persona”. Permaneció callado. Al día siguiente me dijo: “Anoche lo pensé y descubrí que en Basora escuché hadices de sesenta personas llamadas Bakr ibn Isa”». (Al-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal, 1/285).
¡Obsérvese la audacia de la mentira! Ante los imanes críticos del hadiz, este tipo de mentira «fría» no tiene ningún valor. Ellos habían recopilado y registrado los hadices narrados por cada narrador de Basora, con sus nombres y datos, correspondientes a cada época. Por ello, estos falsificadores a menudo se veían obligados a confesar sus falsificaciones.
Abdullah ibn Adi (365 H), uno de los principales expertos del hadiz del cuarto siglo, dijo: «Cuando me encontraba en la ciudad de Harrán durante un viaje en busca de hadices, Abu Abdullah al-Nahawandi dijo en la reunión de Abu Aruba: “Le pregunté a Ghulam Jalil: ‘¿De dónde obtuviste los hadices que narras y que influyen en el corazón de los oyentes?’. Él respondió: ‘Los inventé para ablandar el corazón de la gente’». (Ibn Adi, Al-Kamil, 1/195).
Todos los imanes de la ciencia del hadiz han tratado el daño causado por las falsificaciones de estas personas piadosas. Ya hemos visto anteriormente las opiniones de Ibn al-Salah, al-Nawawi y al-Iraqi sobre este asunto. A este respecto, el erudito Sayyid Sharif al-Yuryani al-Hanafi (816 H) escribió: «Los derviches que renunciaron al mundo fueron quienes causaron el mayor daño al difundir hadices mawdu‘ o inventados; muchas veces inventaban y narraban hadices falsos incluso con la intención de obtener recompensa». (Abdul Hayy al-Laknawi, Zafar al-Amani fi Mujtasar al-Yuryani, p. 433).
Ibn Hayar al-Asqalani (852 H) dijo: «Se ha transmitido que algunos sufíes consideraban permitido inventar y difundir hadices falsos sobre las recompensas y los castigos de los pecados». (Mulla Ali al-Qari, Sharh Sharh Nujbat al-Fikar, p. 451).
Al-Suyuti (911 H) dijo: «Según la finalidad de la falsificación, los falsificadores son de distintas clases. Entre ellos, los más graves y perjudiciales eran algunas personas consideradas ascetas piadosas, desprendidas del mundo y sin avidez. Debido a su extravío, inventaban hadices falsos con la esperanza de obtener recompensa de Allah». … Abu Dawud al-Naj‘i, Sulayman ibn Amr, (un célebre derviche del segundo siglo) no tenía igual en pasar las noches realizando el taháyyud y ayunar voluntariamente durante días consecutivos. A pesar de ello, inventaba y difundía hadices falsos. … Abu Bishr Ahmad ibn Muhammad al-Marwazi era uno de los principales juristas, ascetas y defensores de la sunna de Jorasán. Era una espada desenvainada contra la innovación religiosa y sus seguidores, y en defensa de la sunna. Sin embargo, consideraba sus palabras falsas como hadices. … Wahab ibn Yahya ibn Hafs (250 H) era uno de los ascetas y predicadores más piadosos de su época. Durante veinte años no habló con nadie sobre asuntos mundanos. Él también decía terribles mentiras en nombre del hadiz». (Al-Suyuti, Tadrib al-Rawi, 1/281-283).
El erudito Ali al-Qari (1014 H) escribió: «Los derviches que habían renunciado al mundo y se dedicaban intensamente a los actos de culto difundieron, con el nombre de hadices, muchas palabras inventadas sobre diversos méritos, como la oración de la noche de Bara’a, la oración del mes de Rayab y otras. Pensaban que con ello obtendrían recompensa y servirían a la religión. Estas personas fueron quienes más daño se causaron a sí mismas y a los demás musulmanes en relación con los hadices inventados. Consideraban esta actividad una buena obra y un acto meritorio; por ello era imposible apartarlos de ella. Por otra parte, debido a sus buenas obras, su honestidad, sus actos de culto y su vida de ascetismo, los musulmanes comunes y los eruditos los amaban y los respetaban enormemente. Escuchaban y transmitían con interés sus palabras. A veces incluso buenos expertos del hadiz, engañados por sus prácticas y su conducta, aceptaban descuidadamente sus hadices inventados y falsos». (Mulla Ali al-Qari, Sharh Sharh Nujbat al-Fikar, pp. 447-448).
1.5.4. Los cortesanos de los emires
Los propósitos explicados anteriormente eran principalmente religiosos. Además de los objetivos religiosos, muchas personas inventaron hadices por diversos fines mundanos: ganar dinero, obtener honor o reputación, atraer la atención de reyes y soberanos, alcanzar una posición de prestigio en la corte, establecer una supremacía política o de grupo, etc. La gente hace muchas cosas para acercarse a los gobernantes y administradores y convertirse en sus favoritos. En el siglo II de la Hégira, algunos ‘alim de fe débil intentaron inventar hadices conforme a las preferencias de los califas o emires, para ganarse su favor. Al narrar un incidente de este tipo, el famoso muhaddiz del siglo III de la Hégira, Zuhayr ibn Harb (234 H), dice: Varios muhaddiz acudieron a la corte del tercer califa abasí, Muhammad al-Mahdi (reinado: 158-169 H). Entre ellos se encontraba Giyas ibn Ibrahim an-Naja‘i. Al califa Mahdi le gustaba hacer volar palomas de buena raza y organizar competiciones de palomas. Observando las preferencias del califa, aquel hombre llamado Giyas mencionó su cadena de transmisión y dijo: El Mensajero de Allah (s) dijo: «No hay competición excepto en el tiro con arco, los caballos y las aves». Al oír esto, Mahdi se alegró y ordenó entregar a dicho muhaddiz un regalo de diez mil monedas. Sin embargo, cuando Giyas abandonaba la corte, Mahdi dijo: «Comprendo que has mentido. Yo te incité a mentir». Ordenó sacrificar las palomas y nunca más permitió que aquel muhaddiz entrara en su corte. (Al-Jatib al-Bagdadi, Ahmad ibn Ali, Tarij Bagdad 12/323-324).
Aquí cabe señalar que el hadiz original es auténtico y anima a organizar competiciones y otorgar premios en las carreras de caballos, las carreras de camellos y el tiro con arco. [At-Tirmidi, Muhammad ibn Isa (279 H), As-Sunan 4/205]. Este individuo añadió allí la palabra «aves» para entretener al califa.
El quinto califa abasí, Harun ar-Rashid (periodo de gobierno: 193-170 H), llegó a Medina durante un viaje oficial. Quiso subir al púlpito de la Mezquita del Profeta para pronunciar un discurso. Vestía una sherwani negra. Dudaba en subir al púlpito de la Mezquita del Profeta con aquella vestimenta. Entonces Wahb ibn Wahb Abu al-Bujturi, famoso ‘alim y juez de Medina, dijo: «Yafar as-Sadiq me dijo; su padre, Muhammad al-Baqir, le dijo: Yibril (a) acudió ante el Mensajero de Allah (s) vistiendo una sherwani negra». (Al-Jatib al-Bagdadi, Tarij Bagdad 13/452).
De este modo, para entretener al califa, presentó una mentira como si fuera un hadiz. Abu al-Bujturi era muy hábil en la falsificación de hadices.
1.5.5. Predicadores narradores
Muchas personas presentaron durante sus sermones palabras inventadas como hadices para atraer la atención de los oyentes, entretenerlos, influir en ellos y aumentar su propia reputación, fama e ingresos inmediatos. Estos predicadores y narradores desempeñaron un papel muy importante en la propagación de hadices falsos y fabricados. Tenían gran facilidad para inventar y pronunciar mentiras en nombre de los hadices, así como mucha agudeza mental. Muchos de ellos inventaban rápidamente mentiras según las exigencias de los oyentes, para asombrarlos y vaciar sus bolsillos. Además, cuando un hadiz falso o una historia inventada por algún falsificador resultaba atractiva, otros predicadores falsificadores la robaban, fabricaban una cadena de transmisión a su propio nombre y la difundían. (Fallata, Al-Wad‘ 1/272-279).
Veamos un ejemplo de su ingenio y audacia. El imán Yahya ibn Ma‘in (233 H) y el imán Ahmad ibn Hanbal (241 H) fueron dos de los más grandes muhaddiz del siglo III de la Hégira. Durante la primera mitad de ese siglo eran conocidos en Bagdad y en todo el mundo musulmán. Un día ambos realizaron la oración en una mezquita de Bagdad. Después de la oración, un predicador comenzó a pronunciar un sermón. Durante el sermón dijo: «Ahmad ibn Hanbal y Yahya ibn Ma‘in me dijeron ambos; a ellos les dijo Abd ar-Razzaq; a este le dijo Ma‘mar; a este, Qatada; a este, Anas; y el Mensajero de Allah (s) dijo: “Si alguien dice ‘La ilaha illallah’, de cada una de sus letras se crea un ave cuyo pico es de oro y cuyas plumas son de piedras preciosas…”». De este modo narró historias fantásticas y relatos imaginarios sobre enormes recompensas. Al terminar el sermón, muchos de los presentes le ofrecieron algunos «regalos».
Durante el sermón, Ahmad y Yahya se preguntaron sorprendidos: «¿Le has narrado tú este hadiz a ese hombre?». Ambos respondieron: «Hoy es la primera vez en nuestra vida que oigo este hadiz». Cuando terminó el sermón y vio que la multitud había disminuido, Yahya hizo señas al hombre para que se acercara. El hombre se aproximó rápidamente, pensando que recibiría algún regalo. Yahya le preguntó: «¿Quién te narró este hadiz?». El hombre respondió: «Yahya ibn Ma‘in y Ahmad ibn Hanbal». Yahya dijo: «Yo soy Yahya y este es Ahmad. Ninguno de los dos ha oído este hadiz en su vida, mucho menos se lo ha enseñado a alguien. Si tienes que mentir, hazlo en nombre de otra persona; no lo hagas en nuestros nombres». Entonces el hombre dijo: «Siempre había oído que Yahya ibn Ma‘in era un necio; ahora he encontrado la prueba». Yahya preguntó: «¿Cómo?». Él respondió: «¿Acaso creen que en el mundo no existen otro Yahya ibn Ma‘in y otro Ahmad ibn Hanbal aparte de ustedes? He estudiado hadices con dieciséis personas llamadas Ahmad ibn Hanbal, además de su compañero Ahmad». Al oír esto, Ahmad ibn Hanbal se cubrió la boca con un paño y dijo: «Déjenlo ir». El hombre se marchó, mirando a ambos con burla. (Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at 1/21-22).
Abu Hatim Muhammad ibn Hibban al-Busti (354 H), uno de los destacados muhaddiz del siglo IV de la Hégira, dice: Durante mi viaje para recopilar hadices, entré en una ciudad de Siria llamada «Tajrawan». Después de realizar la oración en la mezquita principal de la ciudad, un joven se puso de pie y comenzó a predicar. Durante su sermón dijo: «Abu Jalifa me dijo; a él le dijo Walid; a este le dijo Shu‘ba; a este le dijo Qatada; a este le dijo Anas (ra); y el Mensajero de Allah (s) dijo: “Si alguien satisface la necesidad de un musulmán, Allah le concederá tal y tal recompensa…”». Y continuó diciendo muchas cosas. Cuando terminó, lo llamé y le pregunté: «¿Dónde está tu casa?». Respondió: «Soy de la región de Bardaya». Le pregunté: «¿Has estado alguna vez en Basora?». Respondió: «No». Entonces le dije: «¿Cómo narras hadices de Abu Jalifa si nunca lo has visto?». El joven respondió: «Preguntar sobre esto va contra la cortesía y el adab. Esta es la única cadena de transmisión que sé de memoria. Cada vez que oigo un hadiz o una palabra de alguien, coloco esta cadena delante de ella y la narro». Ibn Hibban dice: Entonces dejé al joven y me marché. (Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at 1/22).
El célebre muhaddiz del siglo VI de la Hégira, Abu al-Faray Ibn al-Yawzi (597 H), dice: En mi región hay un predicador. Exteriormente parece un hombre piadoso y temeroso de Allah. En sus actos manifiesta ascetismo y taqwa. Dos amigos míos, ‘alim sumamente dignos de confianza, me contaron acerca de él que, en el día de Ashura, aquel hombre dijo: «El Mensajero de Allah (s) dijo: “Quien haga esto en el día de Ashura recibirá tal recompensa; quien haga aquello recibirá tal recompensa…”». De este modo narró hadices sobre numerosas acciones y sus numerosas recompensas. Le preguntamos: «¿De dónde memorizaste estos hadices?». Respondió: «¡Por Allah! Nunca aprendí ni memoricé estos hadices. Me vinieron a la mente en este mismo momento y los pronuncié». (Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at 1/20).
Ibn al-Yawzi dice que un predicador contemporáneo suyo incluso escribió un libro con todos estos hadices falsos. Uno de los hadices fabricados de ese libro es el siguiente: Un día, Hasan (ra) y Husayn (ra) entraron en la casa del califa Umar (ra). Umar estaba ocupado. Al terminar su trabajo, levantó la cabeza, los vio a ambos, se puso de pie, los besó y entregó mil monedas a cada uno, diciendo: «Perdonadme; no me di cuenta de vuestra llegada». Ambos regresaron y mencionaron ante su padre, Ali (ra), la cortesía y humildad de Umar (ra). Entonces Ali (ra) dijo: «Oí al Mensajero de Allah (s) decir: “Umar ibn al-Jattab es la luz del islam y la lámpara de los habitantes del Paraíso”». Ambos regresaron junto a Umar (ra) y le relataron este hadiz. Entonces él pidió papel y tinta y escribió: «En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso. Los dos líderes de los jóvenes del Paraíso me han dicho que lo recibieron de su padre Ali al-Murtada, quien lo recibió de su abuelo materno, el Profeta al-Mustafa (s), quien dijo: Umar es la luz del islam y la lámpara de los habitantes del Paraíso». Umar dispuso que, después de su muerte, el papel fuera colocado sobre su pecho dentro de su mortaja. Tras su muerte, se cumplió su disposición. A la mañana siguiente, todos vieron que el papel se encontraba sobre la tumba y que en él estaba escrito: «Hasan y Husayn han dicho la verdad; su padre ha dicho la verdad; el Mensajero de Allah ha dicho la verdad; Umar es la luz del islam y la lámpara de los habitantes del Paraíso».
Ibn al-Yawzi dice: Lo más triste y lamentable es que no se conformó con escribir esta repugnante mentira y esta historia absurda. También se la mostró a muchos ‘alim de nuestra época. La falta de conocimiento entre los ‘alim sobre las cadenas de transmisión de los hadices y su autenticidad es tan manifiesta que muchos de ellos incluso mencionaron esta repugnante mentira como correcta. (Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at 1/20-21).
1.5.6. Rivalidades regionales, profesionales o étnicas
Las personas de diferentes linajes, etnias, países o ciudades recurrieron en ocasiones a la falsificación para establecer su propia preeminencia o prestigio. Se fabricaron hadices en favor de la nación árabe y de la lengua árabe, y en contra de la lengua persa y del pueblo persa. Del mismo modo, se falsificaron hadices en favor de la lengua persa y en contra de la lengua árabe. Se inventaron hadices a favor o en contra de diversas etnias o profesiones. Entre estas afirmaciones inventadas se encuentran: «La lengua más detestada por Allah es la lengua persa». «Cuando Allah se enfada, revela la revelación en árabe; cuando está complacido, la revela en persa». «Los ángeles que se encuentran alrededor del Trono hablan en lengua persa». Asimismo, debido a las rivalidades profesionales, se fabricaron hadices difamatorios y denigrantes contra los tejedores, los orfebres y otras profesiones.
Se inventaron hadices sobre las virtudes o la censura de diversas ciudades, países o regiones. Puede decirse que se fabricaron hadices elogiando o censurando casi todas las ciudades o países conocidos en el tercer siglo de la Hégira. Incluso para ciudades como La Meca y Medina, sobre cuyas virtudes existen muchos hadices auténticos, se fabricaron numerosos hadices apócrifos muy llamativos. (Véase en detalle: Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at, 1/357-373, 2/147-161; Fallata, Al-Wad‘, 1/260-263).
1.5.7. El deseo de alcanzar fama
Ya hemos mencionado anteriormente que, en aquella época, el isnad y el matn eran dos partes inseparables del hadiz. Se llamaba hadiz a la forma conjunta del isnad y el matn. Los hadices en esta forma conjunta eran bien conocidos por los especialistas en hadices. A veces, algún especialista en hadices introducía cambios en esta forma conjunta para alcanzar fama o distinguirse. Transmitía el hadiz de una cadena de transmisión bajo otra cadena, o el hadiz de un transmisor atribuyéndolo a otro. Entre las distintas formas de mentira, mencionaremos, si Allah quiere, uno o dos ejemplos de la fabricación de cadenas de transmisión falsas.
1.6. Modalidades de la mentira
En la terminología de los muhaddizun existen diversos tipos y métodos de «mentir en nombre del hadiz». En este apartado los trataremos brevemente, si Dios quiere.
1.6.1. La mentira en el isnad
El hadiz es la combinación del «isnad» y el «matn». Para inventar un hadiz es indispensable falsificar el isnad. Además, muchas veces la falsificación del isnad era precisamente el objetivo principal del falsificador. Los mentirosos falsificaban los isnads según sus propósitos y capacidades. Estas falsificaciones pueden dividirse en varias categorías.
1.6.1.1. Un isnad inventado para una afirmación inventada
No se aceptaba ningún hadiz sin isnad. Por tanto, para hacer pasar una afirmación falsa por un hadiz, había que presentarla junto con un isnad. En la mayoría de los casos, los falsificadores inventaban por cuenta propia isnads atribuidos a diversos sabios conocidos. O bien colocaban, delante de varios hadices inventados, algún isnad que habían memorizado. Ya hemos visto esto en varios hadices inventados tratados anteriormente. Así, los isnads de la mayoría de los hadices inventados también eran producto de la imaginación. Veamos un ejemplo:
El imán Ibn Mayah dijo: «Sahl ibn Abi Sahl y Muhammad ibn Isma‘il me dijeron que ‘Abd al-Salam ibn Salih Abu al-Salt al-Harawi les había dicho: “Me dijo ‘Ali al-Rida, quien lo oyó de su padre Musa al-Kazim, quien lo oyó de su padre Ya‘far al-Sadiq, quien lo oyó de su padre Muhammad al-Baqir, quien lo oyó de su padre ‘Ali Zayn al-‘Abidin, quien lo oyó de su padre el imán Husayn —que Dios esté complacido con él—, quien lo oyó de su padre ‘Ali —que Dios esté complacido con él—, que el Mensajero de Dios —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él— dijo: ‘La fe consiste en el conocimiento del corazón, la declaración de la lengua y actuar conforme a las normas’”.»
Por tanto, el nombre colectivo del conocimiento del corazón, la declaración verbal y la puesta en práctica de las acciones es la fe. La afirmación resulta muy atractiva. Muchos tabi‘un y sabios posteriores definieron así la fe. El imán Malik, al-Shafi‘i, Ahmad ibn Hanbal y otros adoptaron esta opinión. En cambio, el imán Abu Hanifa dijo: «La fe consiste esencialmente en la creencia del corazón y la declaración de la lengua. Las obras no forman parte de la fe, sino que son una exigencia y una consecuencia de ella. El islam es la combinación de la fe y las obras». Si este hadiz fuera auténtico, demostraría la confusión de la opinión del imán Abu Hanifa. Sin embargo, mediante el examen de los muhaddizun se demostró que el hadiz carecía de fundamento y era falso.
Obsérvelo el lector. Los narradores de este hadiz son siete de los doce imanes de la escuela chií y algunos de los más grandes miembros de la familia del Mensajero de Dios —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él—. Por eso los musulmanes de corazón sencillo nos dejamos engañar fácilmente. Pero no era posible engañar de esa manera a los muhaddizun encargados de proteger la Sunna del Mensajero de Dios —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él—. Examinaron el hadiz conforme a sus métodos. En su investigación comprobaron que ninguno de los discípulos de los siete imanes famosos mencionados en el isnad había narrado este hadiz, y que tampoco había sido narrado mediante ningún otro isnad.
Solo ‘Abd al-Salam Abu al-Salt afirmó que el imán ‘Ali al-Rida (203 H.) le había transmitido este hadiz. Así vemos que, doscientos años después del fallecimiento del Mensajero de Dios —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él—, este hombre llamado Abu al-Salt difundió el hadiz. Los muhaddizun comprobaron mediante un examen comparativo que este hombre, ‘Abd al-Salam Abu al-Salt, había aprendido y narrado muchos hadices. Sin embargo, había numerosos errores en los hadices que narraba. Atribuía a diversos muhaddizun o sabios hadices que ninguno de sus otros discípulos transmitía. Esto demuestra que no podía memorizar correctamente los hadices. No obstante, existía discrepancia entre ellos sobre si narraba deliberadamente hadices falsos. Yahya ibn Ma‘in y algunos imanes dijeron que aparentemente era un hombre bueno en su vida personal. Aunque era chií, no era extremista. Sin embargo, narró innumerables hadices disparatados y carentes de fundamento (munkar) que ningún otro narrador había transmitido jamás. Aun así, parece que no mentía intencionadamente. Por otro lado, los imanes al-Juzani, ‘Uqayli y otros dijeron que era un mentiroso. (Para más detalles: Ibn Hayar al-‘Asqalani, Tahdhib al-Tahdhib, 6/285-286; Taqrib al-Tahdhib, p. 355).
Quienes sostuvieron que cometía errores involuntarios calificaron el hadiz de inválido, carente de fundamento, muy débil, etc. Y quienes lo consideraron un mentiroso deliberado calificaron el hadiz de mawdu‘ o inventado. (Al-Busiri, Zawa’id Ibn Mayah, p. 37).
El famoso muhaddiz del siglo VIII de la hégira, Ibn al-Qayyim Muhammad ibn Abi Bakr (751 H.), seguía la escuela hanbalí y consideraba las obras parte de la fe. Según él, la fe consiste en el conocimiento del corazón, la declaración de la lengua y el cumplimiento de las normas. Después de una extensa discusión en favor de esta opinión, dijo: «Sin embargo, el hadiz narrado por ‘Abd al-Salam ibn Salih sobre este asunto y recopilado por Ibn Mayah es mawdu‘; no es una declaración del Mensajero de Dios —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él—». (Ibn al-Qayyim, Hashiyat Abi Dawud, 12/294).
Vemos que todos los narradores de este isnad son personalidades muy famosas y respetadas por todos. Esta es una de las características de los hadices falsificados. En la mayoría de los casos, los falsificadores componían isnads con personas famosas para llevar a cabo sus falsificaciones. Aunque su engaño podía confundir a la gente común, no lograba engañar a los muhaddizun examinadores. Esto se debía a que el nombre del falsificador quedaba en el isnad. Allí aparecía el nombre de aquel a quien el falsificador afirmaba tener como maestro. Mediante la comparación y el examen de los hadices narrados por los demás discípulos del maestro con los narrados por este falsificador, los muhaddizun descubrían la falsificación.
Veamos otro ejemplo de falsificación. Isma‘il ibn Ziyad era un narrador de hadices del siglo II de la hégira. Dijo: «Sawr ibn Yazid (155 H.) me dijo que lo había narrado de Khalid ibn Ma‘dan (f. 103 H.), quien lo había narrado de Mu‘adh ibn Yabal: “Dijimos: ‘Oh, Mensajero de Dios, ¿podemos tocar el Corán sin ablución?’ Él dijo: ‘Sí; pero si se os ha hecho obligatorio el baño ritual, no toquéis el Corán’. Dijimos: ‘Oh, Mensajero de Dios, entonces, ¿cuál es el significado de la aleya del Corán: “Nadie lo toca salvo los purificados” (sura al-Waqi‘a, 79)?’ Él dijo: ‘Significa que nadie obtendrá la recompensa del Corán excepto los creyentes’”.»
Los muhaddizun están de acuerdo en que este hadiz es inventado. Los imanes del hadiz reunieron los hadices narrados por este hombre llamado Isma‘il ibn Ziyad (Abu Ziyad) y, tras compararlos con todas las demás narraciones, descubrieron que ninguno de los hadices narrados por él era correcto. Era un buen sabio y ejerció como cadí o juez de la región llamada Mosul. Sin embargo, narró en nombre de diversos muhaddizun famosos de su época —como Shu‘ba (160 H.), Ibn Yuryay (150 H.) y Sawr (155 H.)— muchos hadices que ellos nunca habían dicho ni ninguno de sus discípulos había narrado de ellos.
Por ejemplo, aquí atribuyó este hadiz a Sawr. Sawr era uno de los muhaddizun y juristas más famosos de Siria en el siglo II de la hégira. Tenía innumerables discípulos. Muchos estudiaron hadices con él durante años. Ningún discípulo narró de él este hadiz. Sin embargo, Isma‘il lo atribuyó a Sawr. A juzgar por las circunstancias, parece que inventaba deliberadamente hadices de esa manera. Los imanes al-Daraqutni, Ibn ‘Adi, Ibn Hibban, Ibn al-Yawzi y otros trataron detalladamente estos asuntos y lo llamaron impostor y mentiroso. Consideraron mawdu‘ o inventados todos los hadices narrados por él que nadie más había transmitido.
He aquí otra afirmación inventada y falsa narrada por este Isma‘il como si fuera un hadiz del Mensajero de Dios —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él—: «Dijo: “Ghalib al-Qattan me dijo que lo había recibido de Abu Sa‘id al-Maqburi, quien lo había recibido de Abu Hurayra —que Dios esté complacido con él—: el Mensajero de Dios —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él— dijo: ‘La lengua más detestada ante Dios es la persa, y la lengua de los habitantes del Paraíso es la árabe’”». (Ibn ‘Adi, al-Kamil, 1/510-511; Ibn Hibban, al-Mayruhin, 1/129).
1.6.1.2. Un isnad inventado para un hadiz conocido
Hemos visto que, en ocasiones, el objetivo del falsificador era establecer su propia singularidad y prestigio. Por eso fabricaba un isnad especial para un matn o una afirmación ya conocida. Presentaré aquí un ejemplo.
El imán Malik fue uno de los principales imanes de los muhaddizun del siglo II de la hégira. Narró muchos hadices del Mensajero de Dios —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él— a través de su maestro Nafi‘, de ‘Abdullah ibn ‘Umar. Por eso, «Malik, de Nafi‘, de ‘Abdullah ibn ‘Umar» es un isnad sumamente auténtico y muy famoso. Todos los muhaddizun lo conservaron y narraron hadices mediante él.
‘Abd al-Mun‘im ibn Bashir, un narrador del siglo III de la hégira, dijo: «Malik me dijo, de Nafi‘, de ‘Abdullah, que dijo: “El Mensajero de Dios —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él— dijo: ‘Oh, Dios, concede bendiciones a mi comunidad en todos sus tiempos’”». [Al-Jalili, Jalil ibn ‘Abdullah (446 H.), al-Irshad, p. 7].
El famoso muhaddiz del siglo V de la hégira, el erudito Jalil ibn ‘Abdullah al-Jalili (446 H.), dijo: «Este es un hadiz mawdu‘ o inventado. Este hombre llamado ‘Abd al-Mun‘im era un falsificador mentiroso. ‘Abdullah, hijo del imán Ahmad, dijo: “Un día le dije a tu padre: ‘Vi a ‘Abd al-Mun‘im ibn Bashir en el mercado’. Él respondió: ‘Hijo mío, ¿ese falsificador mentiroso todavía está vivo?’” Este hadiz carece por completo de fundamento y no existe con este isnad. Nadie lo narró jamás de Malik ni de Nafi‘. En realidad, este hadiz fue narrado del Mensajero de Dios por un compañero llamado Sakhr al-Ghamidi». (Al-Jalili, al-Irshad, p. 7).
Aquí vemos que el erudito Jalili concluyó que el hadiz era mawdu‘. Sin embargo, él mismo mencionó que había sido narrado por otro compañero. Su intención era que el hadiz era mawdu‘ con este isnad. La combinación de este isnad y este matn era inventada. También expuso brevemente el resultado del examen realizado por los muhaddizun. Ninguno de los innumerables discípulos del imán Malik narró este hadiz a través de él y con este isnad. Solo ‘Abd al-Mun‘im afirmó que el imán Malik se lo había transmitido. A la luz de los demás hadices narrados por ‘Abd al-Mun‘im, los muhaddizun descubrieron su mentira y lo identificaron como mentiroso.
Sin embargo, esto no significa que el matn de este hadiz sea falso. El matn fue narrado mediante otros isnads por Sakhr al-Ghamidi y otros compañeros, y el examen de los muhaddizun demostró que era auténtico. (Al-Tirmidhi, al-Sunan, 3/517; Ibn Mayah, al-Sunan, 2/752).
Así hemos visto que ‘Abd al-Mun‘im falsificó un isnad muy famoso y auténtico para un matn conocido y auténtico. Es imposible para nosotros, en nuestra época, comprender la importancia que tenían tales isnads inventados para alcanzar fama en aquel tiempo. Los muhaddizun conocían el hadiz a través de Sakhr al-Ghamidi. Pero cada vez que oían que en cierta ciudad un hombre había narrado el hadiz de ‘Abdullah ibn ‘Umar a través de Malik, acudían a él, escribían su hadiz y lo examinaban. Cuando mediante la investigación descubrían la falsificación del hombre, la hacían pública. Otros muhaddizun volvían a acudir a él. En términos generales, el hombre se divertía mucho al ver cuánta gente iba a escuchar hadices de él y cómo lograba engañarlos a todos. Pero no se preocupaba de que su falsificación fuera descubierta. Ningún falsificador falsifica pensando que será descubierto.
Ibrahim ibn al-Hakam ibn Aban era un narrador de hadices del siglo III de la hégira. Solía recurrir a ciertas falsificaciones de esta manera al narrar hadices. Incluso un imán famoso como Ahmad ibn Hanbal acudió a él para estudiar hadices. Más tarde, el imán Ahmad decía: «Viajé desde Bagdad hasta Adén, en Yemen, para estudiar hadices con Ibrahim ibn al-Hakam. El dinero del viaje se fue “fi sabilillah”». (Ibn al-Yawzi, al-Du‘afa’ wa-l-Matrukin, 1/30).
1.6.1.3. Añadir o quitar elementos en la cadena de transmisión
Las palabras del Mensajero de Allah (s) deben transmitirse exactamente tal como se escucharon. Añadir o quitar cualquier elemento de la cadena de transmisión también es mentir atribuyéndoselo a él. Por ello, los muhaddizun han considerado que añadir o quitar elementos de las cadenas de transmisión conocidas es falsificación y fraude. Presentar un hadiz mawquf o maqtu‘ —es decir, las palabras de un compañero o de un tabi‘í— como un hadiz marfu‘ o como palabras del Mensajero de Allah (s); presentar un hadiz mursal o munqati‘ como muttasil; sustituir el nombre de un narrador débil de la cadena por el de otro narrador famoso; o modificar de cualquier manera la cadena de transmisión de un hadiz se considera mentir en nombre del hadiz. Esta clase de mentira puede ser intencionada o involuntaria. El mentiroso intencional es considerado mentiroso o falsificador. El mentiroso involuntario es considerado inaceptable, débil y rechazado. Veamos uno o dos ejemplos al respecto.
Abu Samarah Ahmad ibn Salim fue un «narrador» de los siglos II y III de la Hégira. Dice: «Nos transmitió Sharīk, de al-A‘mash, quien transmitió de ‘Atiyyah, quien transmitió de Abu Sa‘īd al-Judrī, que el Mensajero de Allah (s) dijo: “Alí es el mejor de todas las criaturas”».
Los imanes del hadiz descubrieron, mediante el examen, que este Abu Salamah Ahmad ibn Salim era un narrador extremadamente débil. Narró, de diversos eruditos y muhaddizun y atribuyéndoselos a ellos, hadices que nadie más había narrado. Este hadiz es una de sus narraciones falsas o erróneas. Otros discípulos de Sharīk ibn ‘Abdullah también narraron este hadiz. Además de Sharīk, otras personas narraron de su maestro al-A‘mash. Pero ellos dijeron: «De al-A‘mash, quien transmitió de ‘Atiyyah, quien dijo que Jābir decía: “Considerábamos a Alí el mejor de entre nosotros”».
Así, vemos que Abu Salamah modificó, intencionada o involuntariamente, tres cosas.
Primero, el hadiz fue narrado por ‘Atiyyah de Jābir, pero Abu Salamah mencionó erróneamente como maestro de ‘Atiyyah a Abu Sa‘īd al-Judrī. De este modo, cambió el nombre del compañero en la cadena de transmisión.
Segundo, también cambió la cadena de transmisión o el texto del hadiz.
Tercero, modificó la cadena y presentó las palabras de Jābir como palabras del Mensajero de Allah (s).
En realidad, el hadiz eran palabras del propio Jābir (que Allah esté complacido con él), pero él las narró como palabras del Mensajero de Allah (s). Esta es la modificación más grave. Pues aquí se atribuyó al Mensajero de Allah (s) algo que él no dijo, lo cual es un pecado enorme. Mencionar las palabras de un compañero, un tabi‘í o una persona piadosa, o un proverbio sapiencial, como palabras del Mensajero de Allah (s), es una clase particular de hadiz mawdu‘ o inventado. Trataremos nuevamente este asunto un poco más adelante, in sha Allah. (Ibn ‘Adī, al-Kāmil, 1/277-278).
Ibrāhīm ibn al-Hakam ibn Abān fue un narrador del siglo III de la Hégira. Cometía fraude al narrar hadices. Sin embargo, lo hacía dentro de la cadena de transmisión. El muhaddiz del siglo III ‘Abbās ibn ‘Abd al-‘Azīm dice: «Ibrāhīm ibn al-Hakam aprendió y escribió algunos hadices del Mensajero de Allah (s), a través de su padre, de ‘Ikrimah, un tabi‘í. Estos hadices estaban escritos en su manuscrito en forma mursal, sin mencionar el nombre de ningún compañero. Más tarde, los narraba mencionando en ellos los nombres de compañeros como ‘Abdullah ibn ‘Abbās y Abu Hurayrah (que Allah esté complacido con ellos). A causa de esta falsificación en la cadena de transmisión, perdió su aceptabilidad». (Ibn ‘Adī, al-Kāmil, 1/241-242).
1.6.1.4. Robar la cadena de transmisión o robar un hadiz
En la falsificación de hadices, uno de los métodos particulares de los mentirosos es el robo. «Robar un hadiz» significa que un narrador mentiroso escucha un hadiz de otro narrador y, en vez de narrarlo a través de dicho narrador, lo transmite mediante una cadena inventada. El robo puede adoptar varias formas:
a. El falsificador «ladrón» conservará intacta la cadena original. Sin embargo, en lugar de mencionar el nombre de la persona de quien escuchó el hadiz, mencionará el nombre del maestro de esta, y afirmará que él mismo lo escuchó de dicho maestro.
b. El falsificador ladrón modificará algo de la cadena original. Cambiará el nombre de uno de los narradores de la cadena y fabricará así una nueva cadena.
c. El falsificador ladrón fabricará una nueva cadena para el texto del hadiz. Escucha un hadiz narrado por un narrador débil o mentiroso, ya sea de boca de este o en algún lugar, y le gusta. Debido al atractivo del hadiz, también desea narrarlo. Pero si lo narra con el nombre del falsificador original, su prestigio disminuye. Además, pierde su atractivo y novedad. Por eso fabrica otra cadena falsa para este hadiz falso.
El asunto del robo es sumamente importante para identificar los hadices falsos. A veces, diversos hadices débiles o falsos se narran mediante diez o quince cadenas. Al ver tantas cadenas, el muhaddiz puede ser engañado. Puede pensar que, aunque las cadenas del hadiz sean débiles, puesto que aparece en tantas cadenas, quizá tenga algún fundamento. En este caso debe cerciorarse de dos cosas. Primero, debe comprobar si en cada cadena hay un narrador mentiroso. Si se observa que el hadiz se hizo famoso en una época determinada a través de la narración de un narrador concreto, y los muhaddizun de esa época lo identificaron como un hadiz de dicho narrador, pero después algunos narradores débiles o falsificadores lo narraron a través del maestro de ese narrador o mediante otra cadena, se entenderá que los narradores posteriores lo «robaron».
Mencionaré aquí algunos ejemplos de robo.
Anteriormente citamos, como ejemplo de la mentira involuntaria de las personas piadosas, un hadiz narrado por el famoso asceta del siglo III de la Hégira, Thābit ibn Mūsā (229 H.), en el que se dice: «A quien tenga abundante oración nocturna (taháyyud), su rostro se le embellecerá durante el día». Thābit fue el primero en pronunciar este hadiz. Después de escuchar el hadiz de boca de Thābit, los muhaddizun, mediante un examen detallado, confirmaron que nadie antes de él lo había pronunciado. Pero después de que este hadiz se hiciera conocido y famoso a través de Thābit, algún narrador débil o mentiroso lo narró de Sharīk, el maestro de Thābit, o mediante otras cadenas. Los muhaddizun identificaron estas narraciones como robos. Uno de estos falsificadores ladrones fue ‘Abd al-Hamīd ibn Bahr Abu al-Hasan al-‘Askarī, quien, en una época posterior a Thābit, afirmó que también había escuchado el hadiz de Sharīk. El famoso muhaddiz del siglo IV de la Hégira, el imán Ibn ‘Adī, dice: «Hasan ibn Sufyān me dijo; ‘Abd al-Hamīd ibn Bahr me dijo; Sharīk nos transmitió, de al-A‘mash, de Abu Sufyān, de Jābir, que el Mensajero de Allah (s) dijo: “Si una persona realiza la oración (taháyyud) durante la noche, su rostro se embellecerá durante el día”». Ibn ‘Adī dice: «El hadiz es famoso por Thābit ibn Mūsā. Después de él, muchos narradores débiles lo robaron. ‘Abd al-Hamīd es uno de ellos». (Ibn ‘Adī, al-Kāmil, 5/322).
Hasan ibn ‘Alī ibn Sālih al-‘Adawī fue un narrador falsificador del siglo IV de la Hégira. El imán Ibn ‘Adī dice: «Escuché y escribí hadices de este hombre. Falsificaba y robaba hadices. Narraba el hadiz de una persona atribuyéndoselo a otra. Narraba hadices mencionando los nombres de personas cuya identidad no se conocía». Después menciona muchos ejemplos del robo de hadices de Hasan ibn ‘Alī. En este contexto, Ibn ‘Adī dice: «Hasan ibn ‘Alī al-‘Adawī me dijo; Hasan ibn ‘Alī ibn Rāshid nos dijo; él lo transmitió de Sharīk, quien lo transmitió de al-A‘mash, quien lo transmitió de Abu Sufyān, quien lo transmitió de Jābir, que el Mensajero de Allah (s) dijo: “A quien tenga abundante oración nocturna, su rostro se le embellecerá durante el día”». Ibn ‘Adī dice: «Este es el hadiz de Thābit ibn Mūsā. Después de Thābit, muchos narradores débiles robaron el hadiz y lo difundieron con los nombres de diversos narradores. En esta cadena, Hasan ibn ‘Alī al-‘Adawī atribuye el hadiz a Hasan ibn ‘Alī ibn Rāshid. Sin embargo, Hasan ibn ‘Alī ibn Rāshid era un narrador famoso y veraz; jamás narró este hadiz de Sharīk ni mediante ninguna otra cadena. Ninguno de sus discípulos conocidos narró el hadiz de él». (Ibn ‘Adī, al-Kāmil, 2/338-341; véase también 6/303).
Un narrador débil del siglo II fue «Hudhayl ibn al-Hakam». Dice: «‘Abd al-‘Azīz ibn Abī Rawwād (159 H.) me dijo; él lo transmitió de ‘Ikrimah, quien lo transmitió de Ibn ‘Abbās, que el Mensajero de Allah (s) dijo: “La muerte en el extranjero se considera martirio”». El único narrador de este hadiz es este narrador llamado Hudhayl. Los muhaddizun de los siglos II y III, tras una investigación y un examen detallados, descubrieron que ningún narrador, aparte de este hombre, había narrado este hadiz de ‘Abd al-‘Azīz ni mediante ninguna otra fuente.
Otro narrador de esa época fue Ibrāhīm ibn Bakr al-A‘war. Este apareció y afirmó que había escuchado el hadiz de ‘Abd al-‘Azīz. También dijo: «‘Abd al-‘Azīz nos transmitió, de ‘Ikrimah, de Ibn ‘Abbās…». Mediante su examen, los muhaddizun determinaron que este hombre llamado Ibrāhīm había robado el hadiz. Descubrieron que Ibrāhīm no había escuchado el hadiz de ‘Abd al-‘Azīz. Cuando Hudhayl narraba el hadiz, tampoco había afirmado que él lo hubiera escuchado. Cuando el hadiz se hizo famoso entre los muhaddizun a través de Hudhayl, él también llegó a conocerlo por medio de Hudhayl. Ahora bien, si lo narraba a través de Hudhayl, su prestigio disminuiría. Por eso robó la cadena de Hudhayl. Reclamó como propio al maestro de Hudhayl y comenzó a narrar el hadiz. (Ibn ‘Adī, al-Kāmil, 1/257).
1.6.2. La mentira en el texto del hadiz
El principal campo de la falsificación es el «matn» o texto principal del hadiz. Los muhaddizun han señalado que las palabras falsas difundidas en nombre del Mensajero de Allah (s) pueden ser básicamente de dos tipos: el falsificador atribuye al Mensajero de Allah (s) sus propias palabras inventadas, o atribuye a él alguna frase ya difundida. Ambos tipos de mentira pueden ser intencionales o involuntarios.
1.6.2.1. Presentar palabras inventadas como hadiz
A menudo observamos que un narrador mentiroso presenta sus propias palabras inventadas como un hadiz. El imán al-Suyūtī (911 H.) menciona que este tipo constituye la mayor parte de los hadices mawdu‘ o falsos. En la mayoría de los casos, el falsificador inventa una afirmación según su necesidad y conveniencia y la presenta como hadiz. (Al-Suyūtī, Tadrīb al-Rāwī, 1/287).
Entre los diversos ejemplos mencionados anteriormente hemos visto muchos hadices falsos de este tipo. Los hadices inventados sobre las virtudes de distintas suras del Corán, o a favor o en contra de un país, una nación, un grupo, una doctrina, etc., pertenecen todos al mismo nivel.
1.6.2.2. Presentar una frase difundida como hadiz
A veces un narrador débil o mentiroso, por error o intencionadamente, ha narrado como «hadiz del Mensajero» las palabras de un compañero o un tabi‘í, un proverbio, una frase de una persona piadosa, una frase difundida en nombre de profetas anteriores, una afirmación de la ciencia médica, las palabras de un erudito famoso o cualquier otra frase semejante. El imán al-‘Irāqī (806 H.) menciona dos ejemplos de esta clase de hadices mawdu‘. El primer ejemplo es: «El amor por este mundo es la raíz de todos los pecados». El imán al-‘Irāqī dice que esta frase era originalmente una afirmación de algún asceta piadoso. También se difunde como una frase de Jesús (la paz sea con él). Sin embargo, no tiene fundamento como palabra del Mensajero de Allah (s).
El segundo ejemplo es: «El estómago es la casa de la enfermedad y controlar los hábitos alimentarios es la raíz de toda medicina». Esta frase pertenece a los médicos. No tiene fundamento como hadiz. (Al-Suyūtī, Tadrīb al-Rāwī, 1/287).
Anteriormente, en el apartado titulado «Añadir o quitar elementos en la cadena de transmisión», vimos algunos ejemplos de esta clase. Veremos muchos más ejemplos de este tipo de mentira o falsificación en el segundo capítulo. Aquí menciono un hadiz de esta clase que es común entre los eruditos de nuestro país.
En nuestro país circula como hadiz la siguiente frase: «Lo que los musulmanes consideran bueno es bueno ante Allah».
En nuestro país, esta frase es generalmente conocida como un hadiz profético. En realidad, son palabras de ‘Abdullah ibn Mas‘ūd (que Allah esté complacido con él). Si se narran como palabras del Mensajero de Allah (s), se estará mintiendo en su nombre. Ibn Mas‘ūd (que Allah esté complacido con él) dice: «Allah miró los corazones de Sus siervos. Encontró que el corazón de Muhammad (s) era el mejor y más excelente de todos los corazones de la creación. Por ello, lo escogió para Sí y lo envió con la misión de la profecía. Después de mirar el corazón de Muhammad (s), miró los corazones de los demás siervos. Encontró que los corazones de sus compañeros eran los mejores. Por ello, los convirtió en compañeros y consejeros de Su Profeta; ellos luchan por Su religión. Por tanto, lo que los musulmanes —es decir, los compañeros de corazón puro, compañeros y consejeros del Mensajero de Allah (s)— consideren bueno, también es bueno ante Allah; y lo que consideren malo, también es malo ante Allah». (Ahmad, al-Musnad, 1/379; al-Hākim, al-Mustadrak, 3/83).
Algunos juristas o eruditos mencionaron erróneamente esta frase como un hadiz profético. Los muhaddizun de épocas posteriores buscaron en todos los libros de hadices y confirmaron que este hadiz no fue narrado del Mensajero de Allah (s). El imán al-Zayla‘ī, ‘Abdullah ibn Yūsuf (762 H.); Ibn Kathīr, Ismā‘īl ibn ‘Umar (774 H.); Ibn Hayar al-‘Asqalānī, Ahmad ibn ‘Alī (852 H.); al-Sakhāwī, Muhammad ibn ‘Abd al-Rahmān (902 H.), y otros muhaddizun han señalado que el hadiz está narrado con una cadena hasan como palabras de ‘Abdullah ibn Mas‘ūd (que Allah esté complacido con él), pero no ha sido narrado en ninguna parte como palabras del Mensajero de Allah (s).
1.6.3. La mentira en la traducción, la explicación y la investigación
Otro gran ámbito de la mentira en nombre de los hadices es la traducción y la explicación. Al revisar los libros, escritos y sermones habituales, se observa que normalmente nos concedemos una libertad absoluta del 100 % al transmitir los hadices. Traducimos el mensaje original del hadiz aumentando o reduciendo lo que nos parece conveniente, añadimos muchas de nuestras propias opiniones y explicaciones a la traducción y presentamos todo ello bajo el nombre de «hadiz». Sin embargo, los nobles compañeros se angustiaban enormemente por el simple cambio de una palabra.
El qiyas y el ijtihad, a la luz del Corán y los hadices, son una de las fuentes de la jurisprudencia islámica. En aquellos asuntos sobre los que el Corán y los hadices no han establecido una norma clara, esta debe determinarse mediante el qiyas y el ijtihad. Por ejemplo, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) enseñó la oración a la comunidad, pero no explicó detalladamente qué actos son obligatorios, cuáles son recomendables, etc. El mujtahid intenta determinarlo a la luz de diversos hadices. Del mismo modo, el Corán y los hadices no dicen nada sobre asuntos como el micrófono, el teléfono o el avión. El mujtahid intenta conocer sus normas mediante el qiyas y el ijtihad, a la luz de las indicaciones pertinentes del Corán y los hadices.
Sin embargo, mediante el qiyas o el ijtihad no se puede conocer ningún asunto de lo oculto ni establecer actos de adoración. No se puede deducir, por analogía con el uso del ihram durante el hach, que deba usarse el ihram durante la oración. Del mismo modo, no se puede afirmar, por analogía con la recompensa de cien mil veces por la oración en la Mezquita Sagrada, que la recompensa de dar el zakat allí aumentará cien mil veces. Tampoco podemos decir que quien dé el zakat durante Ramadán recibirá una recompensa setenta veces mayor, y que quien lo dé en la Mezquita Sagrada durante Ramadán recibirá una recompensa siete millones de veces mayor.
Mencionaré aquí algunos ejemplos. El imán al-Tirmidhi recopiló en su Sunan, en el capítulo sobre las virtudes del yihad, el siguiente hadiz «hasan» o aceptable. Khuraym ibn Fatik (que Allah esté complacido con él) dijo que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «Si alguien gasta algo en el camino de Allah, se le registrará una recompensa setecientas veces mayor».
En un hadiz débil recopilado por el imán Ibn Majah se dice: «Si alguien permanece en su casa y envía dinero para gastarlo en el camino de Allah, recibirá por cada dirham setecientos dirhams de recompensa. Pero si participa personalmente en la guerra en el camino de Allah y gasta por ello, recibirá por cada dirham setecientos mil dirhams de recompensa». Después recitó este versículo: «Allah incrementa para quien quiere» (Ibn Majah, al-Sunan, 2/922).
El único narrador de este hadiz es Ibn Abi Fudayk. Él dice: «Un hombre llamado Khalil ibn Abd Allah narró este hadiz bajo la autoridad de Hasan al-Basri». Los expertos en hadices no solo no pudieron establecer la confiabilidad de este hombre llamado Khalil ibn Abd Allah, sino que ni siquiera pudieron conocer su identidad. Por ello, el erudito al-Busiri dijo: «Esta cadena de transmisión es débil, porque Khalil ibn Abd Allah es de identidad desconocida».
El tabi‘i Mujahid dice: «En cierta ocasión, Abu Hurayra (que Allah esté complacido con él) estaba destinado a vigilar la frontera. De repente se empezó a gritar, creyendo que había llegado el enemigo. Entonces todos corrieron hacia la costa. Después se anunció que no había ningún problema, y todos regresaron. Solo Abu Hurayra permaneció de pie. Entonces un hombre le preguntó: “Abu Hurayra, ¿por qué sigues aquí de pie?”. Él respondió: “Escuché al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir: ‘Permanecer un instante en el camino de Allah es mejor que realizar la oración junto a la Piedra Negra durante la Noche del Decreto’”» (Ibn Hibban, al-Sahih, 10/462).
En los hadices anteriores se menciona la recompensa de gastar y permanecer en el camino de Allah, entre otras cosas. Todos los sabios de la comunidad musulmana coinciden en que aquí «el camino de Allah» significa la guerra o el yihad del Estado musulmán contra un Estado no musulmán. Todos los expertos en hadices recopilaron estos hadices en los capítulos sobre el yihad o la guerra. Por tanto, si en la traducción decimos «en el camino de Allah» o «yihad», la traducción de estos hadices será correcta.
En otro hadiz auténtico, Ka‘b ibn ‘Ujra (que Allah esté complacido con él) dice: «Un hombre pasó junto al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Al ver la salud, la fuerza y el entusiasmo de aquel hombre, los compañeros dijeron: “¡Oh, Mensajero de Allah! ¡Ojalá este hombre estuviera en el camino de Allah [en el yihad]!”. Entonces el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Si ha salido para ganarse el sustento de sus hijos pequeños, está en el camino de Allah. Si ha salido para ganarse el sustento de sus padres ancianos, está en el camino de Allah. Si ha salido para ganarse el sustento con el fin de no depender de los demás, está en el camino de Allah”» (al-Haythami, Mayma‘ al-Zawa’id, 4/325).
Aquí trabajar para ganarse el sustento se denomina «estar en el camino de Allah» o «caminar por el camino de Allah». En otros hadices, actos como estudiar el conocimiento, realizar el hach, ordenar el bien, hacer la ablución completa en el frío, esperar la oración en la mezquita y esforzarse por mantener el propio nafs en el camino de Allah han sido mencionados como yihad.
Después de explicar el significado correcto y literal de los hadices anteriores, podemos decir que diversos hadices también han denominado «obra en el camino de Allah» a actividades como ganarse un sustento lícito, estudiar el conocimiento, ordenar el bien y realizar el hach. Por ello, esperamos que las personas dedicadas a tales actividades también puedan recibir la recompensa del yihad mencionada en estos hadices.
Pero si, en lugar de hacerlo así, decimos directamente: «En el noble hadiz se ha dicho que permanecer un instante ganándose un sustento lícito es mejor que realizar la oración de la Noche del Decreto junto a la Piedra Negra», o «si se gasta un taka en una marcha o manifestación para ordenar el bien, se recibirá la recompensa de setenta millones de takas», eso será considerado una mentira. Porque el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nunca dijo algo semejante.
Del mismo modo, en los hadices anteriores se menciona una recompensa setecientas o setecientas mil veces mayor por gastar en la guerra en el camino de Allah. En otro hadiz se dice: «La oración, el ayuno y el recuerdo de Allah —su recompensa— aumentan setecientas veces más que gastar en el camino de Allah».
Al explicar este hadiz, los expertos en hadices han dicho que su significado evidente es que, si alguien realiza la oración, el ayuno y el recuerdo de Allah sentado en su casa, recibirá una recompensa setecientas veces mayor que la recompensa de gastar dinero para el yihad en el camino de Allah. Algunos consideran que aquí se han omitido ciertas palabras. Dicen que el significado del hadiz es: «Si se realizan la oración, el ayuno y el recuerdo de Allah mientras se está combatiendo en el camino de Allah, su recompensa aumenta setecientas veces más que la recompensa de gastar dinero en el camino de Allah» (Hashiyat Ibn al-Qayyim, 7/127). Aquí nuestra responsabilidad consiste en expresar primero el significado literal del hadiz y después presentar aparte nuestra explicación.
Aquí existe la posibilidad de mentir en nombre del hadiz de diversas maneras. Por ejemplo, alguien podría hacer un cálculo y decir: «Si se gasta dinero participando en el yihad, se obtiene una recompensa setecientas mil veces mayor. Y si se hace dhikr sentado en casa, se obtiene una recompensa setecientas veces mayor que esa. Esto significa que hacer dhikr sentado en casa produce la recompensa de cuarenta y nueve crores de buenas obras». Si después de traducir correctamente los hadices anteriores presenta esta explicación por separado, no hay problema. Pero si hace entender que estas palabras son las palabras del hadiz, habrá mentido en nombre del hadiz. Porque el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nunca dijo algo semejante. Tampoco explicó claramente si al decir que la recompensa aumenta setecientas veces más que gastar en el camino de Allah se refería a setecientas veces la recompensa original o a setecientas veces setecientas veces. Por tanto, no se puede atribuirle aquello que él no explicó claramente. Sin embargo, puede mencionarse como una explicación separada.
Del mismo modo, si alguien dice: «En el noble hadiz se ha dicho que quien haga dhikr mientras trabaja para ganarse un sustento lícito, mientras se encuentra de viaje para el hach, mientras estudia el conocimiento, mientras participa en la predicación, mientras está en una marcha para ordenar el bien o mientras disciplina su nafs recibirá una recompensa cuarenta y nueve crores de veces mayor», también habrá mentido en nombre del hadiz.
Una modalidad de mentir en nombre del hadiz consiste en no hacer una traducción literal, sino añadir a la traducción algo conforme al propio deseo o eliminar algo de ella. Otra consiste en convertir la explicación de lo que dijo el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en parte del hadiz. En nuestra sociedad, casi todos estamos implicados en este delito. Para asuntos de purificación espiritual, la relación entre maestro y discípulo, la predicación y el tabligh, la política y diversas cuestiones jurídicas en las que existen diferencias, personas de todos los grupos y tendencias presentamos pruebas tomadas del Corán y los hadices. Presentar estas pruebas es una actividad completamente natural y una exigencia de la fe. Sin embargo, normalmente hacemos pasar nuestra propia explicación como si fuera una declaración del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).
El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) predicó la religión durante toda su vida. Por causa de la religión, él y muchos de sus compañeros abandonaron para siempre sus hogares y realizaron la «hégira». Pero nunca salió de viaje a distintas regiones fijando un período de tiempo para la predicación. En el contexto actual, aunque muchas personas no realizan la hégira, han ido a distintos lugares durante algunos días para realizar actividades de predicación. Pero si, al referirnos a esta actividad, decimos que él «salía» para predicar, el lector o el oyente entenderá que salía durante un período determinado. Sin embargo, él nunca realizó la predicación de esa manera. Esto sería mentir en su nombre.
Si decimos que «el Mensajero de Allah y los compañeros celebraban reuniones de milad», también estaremos mintiendo en su nombre. Porque ellos nunca organizaron una reunión únicamente para hablar sobre el «milad» o celebrarlo. No obstante, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) relató a sus compañeros dos o cuatro acontecimientos relacionados con su nacimiento. Los compañeros transmitieron estos hadices a los tabi‘in. No organizaron ninguna reunión para ello ni los trataron como un tema separado. Si hoy algún musulmán relatara estos hadices exactamente conforme al método del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sus compañeros, sin las formalidades ceremoniales añadidas, nadie diría que ha celebrado una reunión de milad. Así entendemos que él no realizó la actividad que todos entendemos por «reunión de milad».
Por ello, debemos exponer por separado qué hizo o dijo el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y qué entendimos nosotros a partir de ello. Hemos visto cómo los compañeros se alarmaban por temor a alterar una sola palabra. Que Allah, el Altísimo, nos conceda el tawfiq.
1.7. Identificación y reconocimiento de la falsedad
1.7.1. Principales métodos para identificar la falsedad
1.7.1.1. Reconocimiento del falsificador
Al mencionar los métodos para reconocer e identificar los hadices falsos, el erudito Ibn al-Salah (643 H.) dijo: «Se puede saber si un hadiz es mawdu‘ o falsificado mediante el reconocimiento del falsificador o mediante algo equivalente a dicho reconocimiento». Los muhaddices a veces pueden detectar la falsificación basándose en la situación del narrador. En otras ocasiones la detectan observando el estado del hadiz narrado. Se han inventado muchos hadices de gran importancia cuya debilidad lingüística y semántica atestigua su falsificación. (Iraqi, al-Taqqid, p. 128).
El erudito al-Nawawi, Iraqi, al-Sajawi, al-Suyuti y otros muhaddices también mencionaron los métodos para identificar los hadices falsos o inventados.
1.7.1.2. Narraciones sin isnad
Por lo general, no se obtiene el reconocimiento del falsificador. Por ello, los muhaddices no se basan en ello. Recopilan «datos equivalentes al reconocimiento» mediante el examen del isnad, la investigación comparativa y cuestionarios de investigación, y determinan la falsificación basándose en esos datos. Por ello, la investigación es el principal método para determinar la falsificación. Principalmente por dos razones los muhaddices consideran un hadiz inventado, sin fundamento, falsificado o falso. La primera es la existencia de un mentiroso en el isnad del hadiz, y la segunda, la ausencia de cualquier isnad del hadiz.
En realidad, la primera razón es el medio fundamental para determinar la falsificación. La segunda situación no se observó durante el primer medio milenio del islam. Hasta los siglos IV/V de la Hégira, nadie decía un hadiz sin isnad; y si alguien lo decía, nadie le prestaba atención. Por ello, incluso el falsificador más perverso tenía que fabricar un isnad para su mentira. En épocas posteriores, gradualmente comenzaron a difundirse en la sociedad musulmana ciertas palabras como hadices que, aunque circulaban de boca en boca, no se encontraban con isnad en ningún libro o folleto. Naturalmente, los eruditos de la umma musulmana las consideraron unánimemente falsas, sin fundamento y falsificadas.
Los eruditos de la umma musulmana fueron inflexibles al rechazar toda clase de palabras falsas o carentes de fundamento difundidas en nombre del Mensajero de Allah (s.), y al determinar el origen y la fuente de las palabras atribuidas a él. Por eso vemos que, desde los siglos VII/VIII de la Hégira hasta la época actual, innumerables muhaddices entregaron sus vidas a la búsqueda de las fuentes y referencias de estas palabras difundidas. Las buscaron en toda clase de libros y folletos escritos desde el siglo II y durante casi medio milenio posterior: hadiz, fiqh, tafsir, historia, lengua, literatura, biografías, etc. Incluso después de esta búsqueda, consideraron carentes de fundamento, sin fuente, inventadas o falsas aquellas palabras difundidas como hadices para las cuales no encontraron ningún isnad.
1.7.1.3. Narración de un mentiroso
Uno de los medios para reconocer un hadiz falsificado o falso es que en su isnad haya un narrador al que los muhaddices hayan identificado como mentiroso mediante una investigación, y que el hadiz no haya sido narrado por ninguna otra vía aparte de él. Por ello, al definir el hadiz falsificado o falso, los muhaddices dijeron: «El hadiz que únicamente ha narrado un narrador mentiroso es un hadiz mawdu‘».
No importa que los maestros o narradores anteriores a este narrador mentiroso, ni sus alumnos o narradores posteriores, sean dignos de confianza, veraces y fiables. Si mediante la investigación los muhaddices descubren que ningún otro alumno de la persona cuyo nombre este individuo mencionó como su maestro narró el hadiz, ni este fue narrado por ninguna otra vía, entonces tienen la certeza de que el mentiroso fabricó el isnad en nombre de su maestro y difundió el hadiz falso. Posteriormente, diversos muhaddices obtuvieron el hadiz de este mentiroso para investigarlo, revisarlo o recopilarlo.
1.7.1.3.1. Identificación del mentiroso
Los muhaddices calificaron con diversos atributos a los narradores que identificaron como personas que narraban hadices falsos. A veces los llamaron explícitamente mentirosos y falsificadores. En otras ocasiones, sin llamarlos mentirosos o falsificadores, utilizaron otras expresiones. Debe observarse que los muhaddices de los tres primeros siglos generalmente no querían llamar fácilmente a alguien «mentiroso». En particular, empleaban expresiones más suaves respecto de la persona que consideraban que había mentido involuntariamente. Podemos dividir brevemente en varias categorías las expresiones de los muhaddices sobre los narradores mentirosos:
1. Referirse directamente a alguien como mentiroso o falsificador: para indicar la mentira del narrador, los muhaddices dicen: mentiroso, gran mentiroso, miente, daÿÿal, gran falsificador, falsifica, acusado, ha falsificado un hadiz, el mayor de los mentirosos, un pilar de la mentira, tal muhaddiz lo mencionó como falsificador, tal otro lo mencionó como mentiroso, etc.
2. Referirse a alguien como narrador de hadices inválidos o calamitosos: entre las expresiones utilizadas para indicar la mentira del narrador están: narra hadices inválidos, tiene algunos hadices inválidos, tiene algunas calamidades, entre las calamidades que narró se encuentra tal hadiz, este hadiz contiene mucho peligro, narra hadices abominables, roba hadices, etc.
3. Referirse a alguien como munkar (reprobable) o matruk (abandonado): «munkar» significa negado, objetable, injusto, reprobable, etc. Los muhaddices calificaron de munkar tanto al narrador como al hadiz con diversos sentidos. Algunos llamaron munkar a un hadiz débil o a un narrador débil. Otros llamaron munkar al narrador mentiroso. En particular, el imán al-Bujari empleaba expresiones sumamente suaves al mencionar los defectos de los narradores. Nunca llamó directamente mentiroso a nadie. Más bien, cuando otro muhaddiz había llamado mentiroso a alguien, él lo calificaba de «munkar», o decía que era «matruk», «maskut ‘anhu» o «manzur fih», es decir, «abandonado» o «hay objeciones respecto a él».
Otra expresión común entre los muhaddices es «matruk», que significa «abandonado» o «digno de ser abandonado». Por lo general, los muhaddices llaman «abandonado» al narrador extremadamente débil. Sin embargo, el imán al-Bujari, al-Nasa’i, al-Daraqutni y algunos otros muhaddices calificaron de «matruk» a los narradores mentirosos. En particular, cuando el imán al-Bujari y el imán al-Nasa’i califican a alguien de matruk o abandonado, eso significa que lo han acusado de mentiroso.
Del mismo modo, si los muhaddices dicen que no está permitido narrar los hadices de cierta persona, también se entiende que dicha persona es mentirosa.
4. Referirse a su hadiz como carente de valor o como nada
Algunos, para indicar la mentira del narrador, dijeron que el narrador o el hadiz que narraba carecía de valor, no era nada, no valía ni un céntimo, o expresiones similares. En este sentido, son dignas de mención las palabras del imán al-Shafi‘i. El imán Isma‘il ibn Yahya al-Muzani (264 H.) dijo: «Un día dije acerca de un hombre que era mentiroso. El imán al-Shafi‘i (204 H.) me dijo: “Refina tus palabras. En vez de decir ‘mentiroso’, di: ‘Su hadiz no es nada’”».
5. Referirse a él como caído, destruido, extremadamente débil, etc.: mediante ciertas palabras, los muhaddices expresaron la grave debilidad del narrador, como: caído, extremadamente débil, completamente inválido, destruido, su hadiz se ha ido, ha volado, etc. Aunque los hadices de estos narradores no sean mentiras intencionadas, son mentiras involuntarias y se encuentran en un nivel completamente inaceptable. Muchos muhaddices también consideraron falsificados o falsos los hadices de narradores de este nivel.
1.7.1.3.2. Diversos nombres de los hadices falsos
Cabe señalar a este respecto que, aunque al hadiz fabricado o falso se le denomina mawdu‘, los muhaddices emplean también otros términos habituales para referirse a los hadices fabricados. Entre ellos se encuentran:
1. Bátil: Ya hemos visto anteriormente que los muhaddices llaman a veces bátil al hadiz falso, en lugar de denominarlo «mawdu‘» o «fabricado». En particular, muchos muhaddices no desean calificar un hadiz de «mawdu‘» cuando no están seguros de que el narrador haya mentido deliberadamente. En ese caso utilizan la palabra «bátil». Es decir, el hadiz es falso y nulo, pero no se tiene certeza de que el narrador lo haya fabricado intencionadamente.
2. «No es sahih»: Uno de los términos empleados por los muhaddices para referirse a un hadiz fabricado es «el hadiz no es sahih». Algunas personas entienden esta expresión de manera equivocada. Piensan que, si el hadiz no es sahih, quizá sea hasan o da‘if. En realidad, no es así. En el contexto del estudio de los hadices fabricados, cuando los muhaddices dicen que un hadiz no es sahih o auténtico, quieren decir que es incorrecto, nulo y carente de fundamento. Sin embargo, en las discusiones de fiqh, a veces utilizan «no es sahih» con el sentido de «da‘if».
3. «No tiene fundamento, no tiene fuente»: Para referirse a los hadices fabricados y falsos, los muhaddices dicen muchas veces que el hadiz no tiene fundamento ni fuente. Con ello quieren decir, en general, que el hadiz no es más que una frase difundida entre la gente sin isnad; no posee ningún tipo de cadena o fuente —sahih, da‘if o mawdu‘— y no se encuentra con su isnad en ninguna obra. En ocasiones también califican de este modo a un hadiz cuya cadena es fabricada o nula, diciendo que «no tiene fundamento».
4. «No lo sé, no lo he visto en ninguna parte, no lo he encontrado»: Los muhaddices coinciden en que, después de que los hadices fueron recopilados, si una frase difundida no se encuentra con su isnad en ninguna obra pese a haberse realizado todo tipo de búsquedas, quedará demostrado sin lugar a dudas que es falsa y carece de fundamento. Si alguno de los muhaddices que dedicaron su vida a recopilar, investigar, verificar y examinar hadices dice: «No he visto este hadiz en ninguna parte, no lo he encontrado en ningún lugar, no lo conozco, no lo sé, no es conocido…», sus palabras demostrarán que ese hadiz es una afirmación carente de fundamento y fabricada.
5. Garib (desconocido), extremadamente garib: La palabra garib significa expatriado, desconocido o extraño. En la terminología de los muhaddices, normalmente se denomina hadiz «garib» al hadiz que, en todos sus niveles, fue transmitido por un solo narrador. Según esta terminología, un hadiz garib puede ser sahih o también da‘if.
Sin embargo, algunos muhaddices utilizaron este término para referirse a los hadices fabricados. Respecto de los hadices acerca de los cuales otros muhaddices habían dicho «no lo sé, carece de fundamento…», ellos decían «garib» o «garibun yiddan», es decir, desconocido o extremadamente desconocido. El imán Darakutni, Jatib al-Bagdadi, Dhahabi y otros muhaddices utilizaron a veces este término con ese sentido. Quien empleó este término con mayor frecuencia fue el célebre jurista hanafí y muhaddiz del siglo VIII, el sabio Abdalá ibn Yusuf al-Zayla‘i (762 H).
1.7.2. El lenguaje, el significado y el examen racional
Además de verificar la exactitud de la narración del transmisor, los muhaddices también examinaron el significado de las narraciones. No aceptaron como hadiz ninguna afirmación que contradijera claramente el Noble Corán, la sunna ampliamente reconocida, la razón y el sentido común, los hechos históricos establecidos o las verdades confirmadas por las ciencias.
El contenido, el sentido y el lenguaje de un hadiz también ayudan a los muhaddices expertos en crítica a comprender su autenticidad o falsedad. A la luz de toda una vida dedicada al estudio de los hadices, pueden percibir, con solo observar el lenguaje, el significado o el contenido de un hadiz, que este es inventado. Esto no es algo muy difícil. Todo investigador adquiere una experiencia especial en el tema que estudia. Si a un especialista en Nazrul se le presenta un poema de un poeta posterior haciéndolo pasar por una obra de Nazrul, lo descubrirá. Al observar el sentido y el lenguaje del poema, dirá inmediatamente: «¡Este no puede ser un poema de Nazrul! ¿Dónde encontraron este poema? ¿Cómo?».
De manera semejante, todo investigador estrechamente relacionado con una persona o con un tema adquiere una experiencia y una percepción especiales sobre ese asunto, mediante las cuales obtiene la capacidad de realizar un juicio preliminar acerca de la información relacionada con él.
Los grandes imames de la ciencia del hadiz, que pasaron toda su vida estudiando, aprendiendo de memoria, comparando, examinando y enseñando hadices, también adquirieron una experiencia y una percepción especiales sobre las órdenes, prohibiciones, consejos, descripciones de recompensas y castigos, elección de palabras, contenido, sentido, significado, etc., del Mensajero de Allah (s). Por ello, al escuchar una frase o un hadiz difundido en su nombre, podían percibir inmediatamente si ese tema, ese lenguaje, esas palabras o ese significado podían o no ser un hadiz del Mensajero de Allah (s). Además, confirmaban su falsificación mediante otros exámenes.
En el vastísimo acervo de la literatura de crítica de hadices de los muhaddices encontramos innumerables ejemplos en los que, aunque el transmisor del hadiz no fuera considerado mentiroso, los muhaddices juzgaron el hadiz como «abandonado», fabricado o inventado debido a su lenguaje, sentido y significado.
Al estudiar el método de trabajo de los muhaddices en este asunto, observamos que siguieron el método de los compañeros. Hemos visto que, al juzgar un hadiz, lo primero que debe considerarse es verificar si está demostrado que la afirmación pertenece al Mensajero de Allah (s). Si está demostrada, debe aceptarse; si no está demostrada, debe rechazarse; y si existe cualquier duda, debe someterse a un examen adicional. Así, en el examen lingüístico y semántico existen tres categorías de hadices.
1.7.2.1. Demostrado como auténtico en el examen fundamental
Si mediante el testimonio de los transmisores y todos los exámenes pertinentes se demuestra que la afirmación es una acción, palabra o aprobación del Mensajero de Allah (s), debe aceptarse como una orientación de la «revelación». También aquí debe examinarse la existencia de shudhudh o de una ‘illa, proceso en el que están presentes el examen lingüístico y semántico. Sin embargo, en este caso deben observarse los siguientes puntos:
Primero, en ningún hadiz demostrado perteneciente a esta categoría se encuentra debilidad o incoherencia lingüística o semántica. Esto se debe a que transmitir un hadiz incoherente en términos de palabras o significado, o transmitir un hadiz contrario a la razón, al sentido común o a datos científicos o históricos, se consideraba una muestra de debilidad del transmisor. Muchos transmisores honestos y famosos fueron considerados débiles por transmitir este tipo de hadices, y sus narraciones fueron rechazadas. Por ello, en un hadiz demostrado como «auténtico» mediante el examen de la cadena y del significado general —cumpliendo las cinco condiciones— no se encuentra debilidad lingüística ni semántica.
Segundo, en la mayoría de los casos, las indicaciones de la conciencia, la razón o el intelecto son relativas. Algo que una persona considera contrario a la razón puede ser considerado por otra conforme a la conciencia o al intelecto. Por ello, el principio fundamental de la comunidad musulmana es aceptar aquello que se demuestra que pertenece a la «revelación». Por ejemplo, el Noble Corán establece la amputación de la mano como castigo por el robo. A alguien este asunto puede parecerle contrario a la razón. Sin embargo, el creyente nunca rechaza esta norma con ese argumento. Más bien intenta comprender su racionalidad basándose en la razón, la conciencia y los principios de justicia. Los creyentes siguen el mismo principio en el caso de los hadices.
Tercero, los creyentes siguen el mismo principio con respecto a los datos científicos o históricos. Naturalmente, el Corán y los hadices no fueron revelados como manuales de ciencia o de historia. Sin embargo, incidentalmente se han tratado algunos asuntos de este tipo. Si el significado aparente de una afirmación demostrada como «revelación» parece contradecir algún dato histórico o científico, nunca consideran que dicha afirmación sea errónea o falsa. Por ejemplo, el significado aparente de algún versículo del Noble Corán podría dar la impresión de que la Tierra es plana o de que el Sol gira alrededor de la Tierra. En tal caso, los creyentes intentan comprender el significado correcto de esas afirmaciones. Siguen el mismo principio en el caso de los hadices.
Cuarto, en realidad no existe contradicción entre un «hadiz auténtico» demostrado mediante el examen y otro «hadiz auténtico» o un versículo coránico. Cuando aparece una contradicción aparente, los muhaddices la han resuelto mediante pruebas documentales, considerando los datos históricos y circunstanciales. Pero nunca rechazaron de manera general una información demostrada únicamente por causa de una contradicción externa aparente. Ya hemos visto que existen varias narraciones «auténticas», aparentemente contradictorias entre sí, acerca del lugar desde el que el Mensajero de Allah (s) comenzó a recitar la talbiya del peregrinaje durante la Peregrinación de Despedida. Para resolver esta contradicción aparente, los muhaddices tuvieron en cuenta los datos históricos y circunstanciales, cuestión que tratamos al comienzo de este libro.
Así, incluso después de que un hadiz haya sido demostrado mediante un examen documental como perteneciente a la «revelación», si aparece una contradicción aparente con otro hadiz o con un versículo, los muhaddices investigaron y registraron la historia, la causa y la solución de dicha contradicción.
1.7.2.2. Demostrado como falso en el examen fundamental
Si se demuestra, respecto de una afirmación, que no es una palabra del Mensajero de Allah (s), sino que el transmisor mintió atribuyéndosela, ya fuera por error o deliberadamente, entonces no se considera el lenguaje ni el significado de esa afirmación. Se rechaza sin ningún otro tipo de consideración. La mayoría de los hadices fabricados pertenecen a esta categoría. Los falsificadores intentan inventar hadices con significados tan bellos como les es posible.
1.7.2.3. Considerado débil en el examen fundamental
Si se demuestra que el transmisor era personalmente honesto y veraz, pero cometía algunos errores en sus narraciones, entonces, según el grado de su debilidad, el hadiz transmitido se considera hasan o da‘if. Asimismo, aunque no se conozca la identidad de un transmisor, el hadiz se considera generalmente débil. Muchos hadices de esta categoría fueron considerados «fabricados» por los muhaddices mediante el examen de sus palabras y significado. En los libros sobre hadices fabricados se mencionan muchos hadices de este tipo, aunque en sus cadenas no aparezca nadie acusado de mentir. Además, los muhaddices discreparon acerca de algunos hadices de esta clase. Algunos los consideraron débiles o hasan debido a la apariencia de su cadena, mientras que otros los consideraron fabricados por causa de su significado. Aquí mencionaremos dos ejemplos:
(1) Se ha transmitido un hadiz, por medio de Anas (r. a.), acerca del Trono. Anas dijo: «Pregunté al Mensajero de Allah (s) acerca del Trono del Majestuoso Señor. Él dijo: “Pregunté a Gabriel acerca del Trono del Majestuoso Señor”. Él dijo: “Pregunté a Miguel acerca del Trono del Majestuoso Señor”. Él dijo: “Pregunté a Israfil acerca del Trono del Majestuoso Señor”. Él dijo: “Pregunté a Rafi‘ acerca del Trono del Majestuoso Señor”. Él dijo: “Pregunté a la Tabla Protegida acerca del Trono del Majestuoso Señor”. Él dijo: “Pregunté al Cálamo acerca del Trono del Majestuoso Señor”. Él dijo: “El Trono tiene trescientos sesenta mil pilares”, etc.».
En la cadena de este hadiz aparece un transmisor débil llamado Muhammad ibn Nasar, a quien no se calificó explícitamente de mentiroso. Sin embargo, los muhaddices coinciden en que el hadiz es fabricado. Ibn Hayar dijo: «La falsedad de este hadiz es evidente. Quien tenga conocimiento de la literatura de los hadices nunca discrepará en este asunto» (Ibn Iraq, Tanzih al-Shari‘a, 1/211).
(2) Fudayl ibn Marzuq, un tabi‘ al-tabi‘i (160 h.), dijo, transmitiendo de Ibrahim ibn Hasan, de Fátima, hija de al-Husayn ibn ‘Ali (100 h.), de Asma, hija de ‘Umais (r. a.), que esta dijo:
«La revelación estaba descendiendo sobre el Mensajero de Allah (s), y en ese momento su cabeza estaba sobre el regazo de ‘Ali (r. a.). Por ello, ‘Ali no pudo realizar la oración de la tarde. En esa situación se puso el Sol. Él le dijo a ‘Ali: “¿Has rezado?”. Él respondió: “No”. Entonces dijo: “¡Oh, Allah! Si ‘Ali ha permanecido obediente a Ti y a Tu Mensajero, haz que el Sol regrese para él”. Asma dijo: “Vi que el Sol se puso. Después, tras haberse puesto, volvió a salir”».
En esta cadena, Asma, hija de ‘Umais, es una compañera famosa. Fátima, hija de al-Husayn, es una transmisora digna de confianza y fiable. Fudayl ibn Marzuq era un transmisor veraz, aunque cometía errores. Ibrahim ibn Hasan era una persona cuya identidad era relativamente desconocida. No se sabía mucho acerca de él. Sin embargo, como nadie afirmó explícitamente que fuera inaceptable, Ibn Hibban lo consideró aceptable.
Así, hemos visto que, desde el punto de vista de la cadena, el hadiz podría considerarse hasan. Algunos muhaddices expresaron esta opinión atendiendo a la apariencia de la cadena. Pero
1.8. Algunas confusiones sobre los hadices falsos
1.8.1. Los libros de hadices frente a los hadices falsos
Por ignorancia, muchas personas creen que el hecho de que un hadiz esté recopilado en un libro de hadices significa que el hadiz es sahih, o al menos que es sahih según el recopilador de ese libro. Por ejemplo, si un hadiz está recopilado en el Sunan de Ibn Majah o en el Musannaf de Abd al-Razzaq, eso significaría que el hadiz necesariamente es sahih; de lo contrario, ¿por qué un muhaddiz tan eminente como Ibn Majah o Abd al-Razzaq lo habría aceptado? Al menos, según Ibn Majah o Abd al-Razzaq el hadiz sería sahih; de lo contrario, no le habría dado un lugar en su libro.
Ya hemos explicado anteriormente que ambos aspectos de esta idea carecen de fundamento. La mayoría de los muhaddices recopilaron en sus libros hadices de todo tipo: sahih, da‘if y mawdu‘. Nunca afirmaron ni se propusieron recopilar únicamente hadices sahih en sus libros. Por tanto, el hecho de que un hadiz esté recopilado en el Sunan de Ibn Majah o en el Musannaf de Abd al-Razzaq no demuestra en absoluto que el hadiz sea sahih ni que sea considerado sahih por Ibn Majah o Abd al-Razzaq.
Si un hadiz aparece en los libros de Ibn Hibban, Ibn Juzaymah, Ibn al-Sakan, al-Hakim u otros muhaddices que intentaron recopilar únicamente hadices sahih, consideraremos que, según ese muhaddiz, el hadiz es sahih. Sin embargo, esto no demuestra que el hadiz sea realmente sahih. En la discusión anterior vimos que la comunidad no aceptó sin examen las afirmaciones de ningún muhaddiz, sino que fueron revisadas por otros muhaddices. Por ello, expondremos el veredicto sobre el hadiz a la luz del examen realizado por los demás muhaddices.
En nuestra sociedad, entre los seis libros famosos conocidos como los «Sihah Sittah» (el término Sihah Sittah es de uso indio. La aceptación de estos seis libros es ampliamente conocida. Sin embargo, los libros no son todos «sahih»: solo dos son sahih y los restantes son sunan. Por eso, el término conocido entre los muhaddices es «al-Kutub al-Sittah», «los seis libros». Fuera del subcontinente indio, el término Sihah Sittah no se utiliza), además de los dos libros sahih —el Sahih de Bujari y el Sahih de Muslim—, los recopiladores de los otros cuatro no decidieron ni afirmaron que transmitirían únicamente hadices sahih. Junto con hadices sahih, recopilaron en sus libros muchos hadices débiles y falsos. Sin embargo, como la mayoría de los hadices de sus libros son fiables, los muhaddices posteriores generalmente se apoyaron en ellos y, al mismo tiempo, establecieron veredictos específicos sobre los hadices débiles y falsos recopilados en esos libros. El gran erudito Abd al-Hayy al-Laknawi (1304 H), respondiendo a una pregunta, escribió: «No todos los hadices recopilados en estos cuatro libros son sahih. Por el contrario, en ellos se encuentran hadices de todo tipo: sahih, hasan, da‘if y falsos». (Al-Ajwibat al-Fadilah li-l-As’ilat al-Asharat al-Kamilah, p. 66).
Anteriormente vimos la explicación de Shah Waliullah sobre este asunto. Vimos que clasificó el Sunan de Abu Dawud, el Sunan de al-Nasa’i y el Sunan de al-Tirmidhi —estos tres libros— en el tercer nivel: libros cuyos hadices han demostrado ser, en términos generales, aceptables, aunque también contienen algunos hadices no fiables. Sin embargo, no incluyó en este nivel el Sunan de Ibn Majah. La razón es que la mayoría de los muhaddices no incluyeron el Sunan recopilado por el imán Muhammad ibn Yazid ibn Majah al-Qazwini (275 H) entre los libros célebres y aceptados. Hasta el siglo VII de la Hégira, los muhaddices consideraban, además del Sahih de Bujari y el Sahih de Muslim, estos tres libros de sunan como relativamente fiables y como base para el aprendizaje y la enseñanza de los hadices. Los muhaddices de los siglos V y VI de la Hégira, Muhammad ibn Tahir al-Maqdisi y Abu al-Fadl Ibn al-Qaysarani (507 H), añadieron a ellos el Sunan de Ibn Majah.
Los muhaddices no aceptaron esta opinión suya durante los dos siglos siguientes. El célebre muhaddiz del siglo VII, el gran erudito Ibn al-Salah, Abu Amr Uthman ibn Abd al-Rahman (643 H), y el gran erudito Abu Zakariyya Yahya ibn Sharaf al-Nawawi (676 H), entre otros muhaddices, mencionaron los cinco libros anteriores como las fuentes principales de los hadices. No incluyeron entre ellos el Sunan de Ibn Majah. Muchos eruditos verificadores de épocas posteriores los siguieron. Por otra parte, el imán Ibn al-Athir, Mubarak ibn Muhammad (606 H), y algunos otros muhaddices aceptaron la Muwatta del imán Malik como el sexto libro.
La razón por la que se objetó incluir el Sunan de Ibn Majah en la misma categoría que los tres sunan anteriores es que el método de recopilación del imán Ibn Majah no es igual al de esos tres libros. Los recopiladores de los tres libros anteriores compusieron sus obras con el propósito de recopilar hadices generalmente aceptables. Aunque aceptaron algunos hadices da‘if cuando el contenido lo requería, en la mayoría de los casos señalaron su debilidad. En cambio, el imán Ibn Majah siguió el método general de recopilación de su época. Como hemos visto, la mayoría de los recopiladores de aquellos tiempos recopilaban todos los hadices conocidos junto con sus cadenas de transmisión. Por ello, en sus libros aparecían hadices de todo tipo: sahih, da‘if y mawdu‘. No era posible verificar la fiabilidad de un hadiz sin examinar su cadena de transmisión. El imán Ibn Majah siguió básicamente este método. No se limitó a recopilar únicamente hadices sahih. Junto con hadices sahih y hasan, recopiló también muchos hadices da‘if y algunos hadices mawdu‘ o falsos. No hizo ningún comentario sobre estos hadices da‘if y falsos.
A partir del siglo VIII de la Hégira, la mayoría de los muhaddices comenzaron a considerar el Sunan de Ibn Majah como el cuarto libro de sunan. La diferencia entre la Muwatta y el Sunan de Ibn Majah es que la Muwatta contiene menos hadices y todos sus hadices sahih están recopilados en los cinco libros anteriores. Por consiguiente, quien estudia esta obra por separado no llega a conocer hadices adicionales. En cambio, el Sunan de Ibn Majah contiene más de mil hadices adicionales a los de los cinco libros anteriores. Por ello, los muhaddices de épocas posteriores aceptaron esta obra como el cuarto sunan.
En el Sunan del imán Ibn Majah se recopilaron en total 4341 hadices. De ellos, aproximadamente tres mil están recopilados en los cinco libros anteriores. Los casi mil quinientos restantes son adicionales. El muhaddiz del siglo IX de la Hégira, el gran erudito Ahmad ibn Abi Bakr al-Busiri (840 H), examinó las cadenas de transmisión de estos hadices adicionales de Ibn Majah. El gran erudito al-Busiri examinó las cadenas de transmisión de 1476 hadices que no fueron recopilados en los cinco libros anteriores y que solo fueron recopilados por Ibn Majah. Aproximadamente dos tercios de ellos son hadices sahih o hasan, y aproximadamente un tercio son da‘if. Los muhaddices señalaron que cerca de cincuenta de ellos eran mawdu‘ o falsos. (Ibn al-Qaysarani, Shurut al-A’immah al-Sittah, pp. 13, 24-26).
1.8.2. Las obras de los ulemas frente a los hadices falsificados
Además de las colecciones de hadices, también se citan hadices en diversas obras islámicas. Se citan muchos otros hadices en libros sobre tafsir, fiqh, exhortación, ética, virtudes, tasawwuf, filosofía, lengua, historia y otros temas. Por lo general, en estas obras los hadices se mencionan sin cadena de transmisión. Muchas personas, por ignorancia, creen que los autores de estas obras seguramente verificaron y examinaron los hadices antes de citarlos. Si no fuera auténtico, ¿acaso habría escrito el hadiz?
Esta idea también es errónea, carece de fundamento y es aún más engañosa que la idea anterior. Por lo general, cada disciplina tiene su propio campo. Por ello, en la mayoría de los casos, un erudito de una materia no puede dedicar tanto tiempo a otra. Los exegetas, juristas, historiadores, sufíes, predicadores y los ulemas y hombres piadosos que trabajan en otros campos, naturalmente, no pueden profundizar en el examen, la verificación y el análisis de los hadices. Por lo común, al citar hadices dependen de diversas obras conocidas, de las tradiciones orales y de lo que está difundido. Por ello, en sus obras se encuentran muchas afirmaciones sin fundamento, sin cadena de transmisión y falsificadas.
El sabio Nawawi menciona en su obra «Taqrib», y el sabio Suyuti en su obra «Tadrib al-Rawi», que algunos hombres piadosos y derviches hicieron pasar por hadices y difundieron entre la gente muchas afirmaciones falsas sobre las virtudes de distintas suras del Noble Corán. Algunos exegetas, como el sabio Ahmad ibn Muhammad ibn Ibrahim al-Tha’labi al-Nishapuri (427 H), en su tafsir; su alumno, el sabio Ali ibn Ahmad al-Wahidi al-Nishapuri (468 H), en sus tafsires «Basit», «Wasit», «Wajiz» y otros; el sabio Abu al-Qasim Mahmud ibn Umar al-Zamakhshari (538 H), en su obra «Kashshaf»; y el sabio Abdullah ibn Umar al-Baydawi (685 H), en su obra «Anwar al-Tanzil», o «Tafsir al-Baydawi», citaron estos hadices inventados. Al hacerlo, cometieron un error. Suyuti dice: «Iraqi (806 H) afirmó que los dos primeros —Tha’labi y Wahidi— citaron estos hadices inventados o falsificados junto con sus cadenas de transmisión». Por ello, su excusa puede aceptarse en cierta medida, pues al proporcionar las cadenas dirigieron al lector hacia el examen de dichas cadenas; sin embargo, aunque se cite un hadiz mawdu o falso con su cadena, no está permitido guardar silencio sin declarar inmediatamente que es mawdu. Pero el error de los dos últimos —Zamakhshari y Baydawi— es muy grave, porque no mencionaron la cadena, sino que citaron estos hadices inventados directa y explícitamente como palabras del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). (Jalal al-Din Suyuti, «Tadrib al-Rawi», 1/341).
Mulla Ali Qari escribió, después de citar algunos hadices inventados: «No se dejen engañar al ver que el hadiz aparece mencionado en obras como “Qut al-Qulub”, “Ihya Ulum al-Din” y “Tafsir al-Tha’labi”». (Mulla Ali Qari, «al-Asrar al-Marfu’a», p. 289).
El sabio Abd al-Hayy Lakhnawi, al mencionar los nombres y la clasificación por niveles de las obras fiables de la escuela hanafí, dice: «La clasificación de fiabilidad de las obras de fiqh que hemos mencionado se refiere exclusivamente a las cuestiones jurídicas. Esta clasificación no se aplica en absoluto al juzgar la autenticidad o fiabilidad de los hadices citados en esas obras. Existen muchas obras de fiqh fiables en las que se apoyaron grandes juristas, pero que están llenas de hadices falsificados y mentiras, especialmente los libros sobre fatwas. Después de un examen detallado, hemos comprobado que, aunque los autores de estas obras eran “completos”, fueron descuidados al citar hadices». (Abd al-Hayy Lakhnawi, «al-Nafi al-Kabir», pp. 12-13).
Por ello, los especialistas en hadices examinaron específicamente los hadices citados en obras de fiqh, tafsir, tasawwuf, ética y otras materias, y redactaron obras independientes. Por ejemplo, el célebre jurista hanafí del siglo VI de la Hégira, el sabio Burhan al-Din Abu al-Hasan Ali ibn Abi Bakr al-Marghinani (593 H), citó muchos hadices en su famosa obra de fiqh «Hidaya». Como jurista, dedicó su atención y todos sus esfuerzos a determinar y exponer las cuestiones jurídicas. Al citar hadices, escribió sin distinguir entre lo que había oído o leído. Tampoco se ocupó de comentar si algún hadiz era auténtico o débil. En épocas posteriores, especialistas en hadices como el sabio Jamal al-Din Abu Muhammad Abdullah ibn Yusuf al-Zayla’i al-Hanafi (762 H) y el sabio Ahmad ibn Ali ibn Hayar al-Asqalani (852 H) investigaron estos hadices basándose en sus cadenas de transmisión y determinaron cuáles eran auténticos, débiles o inventados.
De manera similar, Huyyat al-Islam, el imán Gazali (505 H), citó muchos hadices intercalados en sus exposiciones de fiqh y tasawwuf en su famosa obra «Ihya Ulum al-Din». Era filósofo y jurista, no especialista en hadices. Por ello, citó todo lo que había oído o leído sin examinar sus cadenas de transmisión. En épocas posteriores, el sabio Zayn al-Din Abu al-Fadl Abd al-Rahim ibn al-Husayn al-Iraqi (806 H) y otros célebres especialistas en hadices analizaron, basándose en las cadenas, los hadices que había citado y determinaron cuáles eran auténticos, falsificados o inventados. Además, el célebre jurista y especialista shafií en hadices del siglo VIII de la Hégira, el sabio Wahab ibn Ali al-Subki (771 H), recopiló en una obra independiente varios cientos de hadices falsificados y sin fundamento citados en «Ihya Ulum al-Din». El título de la obra es «Al-Ahadiz al-Lati la Asla Laha fi Kitab al-Ihya», es decir, «Los hadices recopilados en la obra Ihya Ulum al-Din».
1.8.3. Kashf e inspiración frente a los hadices falsificados
El mayor problema se presenta en relación con los célebres hombres piadosos y los eruditos conocidos como santos amados por Allah. Puesto que eran santos dotados de kashf, o “poseedores de kashf”, suponemos que no escribieron la información recibida mediante el kashf sin verificar su autenticidad. Por tanto, se considerará auténtico todo lo que escribieron o dijeron.
El sabio Suyuti (911 H), Abd al-Hayy Lakhnawi (1304 H) y otros eruditos han tratado detalladamente estos asuntos. Al hablar de muchos hadices mawdu o inventados citados en «Ihya Ulum al-Din» del imán Gazali y en otras obras, así como en algunas obras escritas por el honorable Abd al-Qadir al-Yilani, dicen que alguien podría preguntar: «Un erudito tan grande y un santo tan grande, poseedor de kashf, ¿acaso no pudo comprender que este hadiz era inventado? ¿Cómo pudo un santo como él citar un hadiz mawdu en su propia obra? ¿No se entiende por el hecho de que lo citara que el hadiz es auténtico?». En respuesta a esta duda, las explicaciones que ellos mencionaron se exponen a continuación:
1.8.3.1. Los grandes escriben lo que escuchan
En realidad, los grandes de espíritu, de naturaleza sencilla, escriben lo que escuchan. Por eso, mencionar un hadiz en la obra de algún gran erudito, sin una declaración explícita suya, no significa que estuviera seguro de que dicho hadiz fuera sahih. En realidad, ellos simplemente mencionaron lo que habían leído o escuchado. Esperaban que quizá tuviera una cadena de transmisión y que los especialistas en hadices la encontraran.
1.8.3.2. El kashf no desempeña ningún papel en la evaluación de los hadices
El kashf no tiene absolutamente ninguna función en la evaluación de los hadices. El kashf, los sueños y cosas similares no son más que dones concedidos por Allah, fuentes de alegría y gratitud. No son algo que pueda utilizarse a voluntad. Allah Todopoderoso mostró mediante el kashf a Umar (que Allah esté complacido con él) el estado del ejército musulmán en Siria, situado a cientos de millas de distancia; sin embargo, Umar (que Allah esté complacido con él) no percibió a Abu Lu’lu’a, que estaba detrás de él dispuesto a asesinarlo.
Además, mediante el kashf, los sueños y cosas similares nunca se decide qué es la verdad y qué es la falsedad, ni qué es correcto y qué es incorrecto. Entre los nobles Compañeros ocurrieron diversas discrepancias y problemas; sin embargo, ni siquiera en un solo caso intentaron conocer la verdad o la falsedad mediante el kashf, el ilham, los sueños o cosas similares. Muchos Compañeros narraron hadices ante los califas rectamente guiados —Abu Bakr, Umar, Uthman y Ali, que Allah esté complacido con todos ellos—. Cuando tenían dudas sobre los errores del narrador, solicitaban testigos o le hacían prestar juramento. A veces, cuando sospechaban más seriamente que el narrador se había equivocado, no aceptaban el hadiz que este había narrado. Pero jamás juzgaron la autenticidad o falsedad de un hadiz mediante el kashf. Durante casi medio siglo después, los Compañeros narraron y escucharon hadices, y establecieron el sistema de transmisión de las cadenas de narradores para determinar cuáles eran sahih, da’if o falsos. Aceptaban los hadices según la situación de sus narradores, o los rechazaban considerándolos da’if. Pero jamás dependieron del kashf.
Depender del isnad para determinar la autenticidad de los hadices forma parte de la sunna de los califas rectamente guiados y de la sunna de los Compañeros. En cambio, depender en este asunto del kashf, el ilham o los sueños es contrario a la sunna, una innovación y una tendencia destructiva.
1.8.3.3. El kashf y el ilham no son medios para conocer la verdad
En los libros de la doctrina islámica se afirma claramente que el kashf o el ilham no son criterios para conocer la exactitud de algo. Umar ibn Muhammad al-Nasafí (537 h.), uno de los destacados ulemas hanafíes del siglo VI, escribió en su «Al-Aqa’id al-Nasafiyyah», y Sa‘d al-Din Mas‘ud ibn Umar al-Taftazani (791 h.), célebre alim shafií del siglo VIII, escribió en su «Sharh al-Aqa’id al-Nasafiyyah»: «Según los partidarios de la verdad, el ilham, conocido como la inspiración recibida en forma de fayd, no puede ser un medio para conocer la exactitud de algo» (Mujaddid al-Alfizani, Maktubat Sharif 1/1, págs. 88, 178, 195, 196…).
Aunque algunos hombres piadosos inexpertos han afirmado comprobar la autenticidad de los hadices basándose en sueños, kashf, ilham y cosas semejantes, los hombres piadosos experimentados y sabios se han opuesto firmemente a ello. Mujaddid al-Alfizani (que Allah tenga misericordia de él), uno de los más grandes hombres piadosos y reformadores de la India, rechazó y censuró enérgicamente la dependencia del kashf, el ilham y cosas semejantes para conocer lo verdadero y lo falso, o la autenticidad y la falsedad. Reiteró muchas veces que el Corán y los hadices son el criterio para determinar si el kashf, el ilham y cosas semejantes son correctos o incorrectos. El kashf nunca es un medio para conocer la exactitud de un hadiz ni de ninguna opinión.
1.8.3.4. Los errores de los santos poseedores del kashf
En la práctica podemos ver que muchos famosos ascetas, a quienes conocemos como poseedores del kashf, escribieron en sus diversas obras muchas cosas que son indudablemente erróneas o injustas. Hazrat Abd al-Qadir al-Yilani (561 h.) escribió que la fe aumenta y disminuye. Consideró reconocer el aumento y la disminución de la fe como una señal de Ahl al-Sunna wa-l-Yama‘a y de la secta salvada, y considerar que la fe no aumenta ni disminuye como una señal de los falsos. Escribió que un musulmán no debe decir: «Ciertamente, soy creyente», sino que debe decir: «Si Allah quiere, soy creyente». Como el imán Abu Hanifa (que Allah tenga misericordia de él) y sus seguidores no reconocen el aumento y la disminución de la fe, no consideran las obras parte de la fe y consideran objetable decir «Si Allah quiere, soy creyente», por ello los calificó a él y a sus seguidores de secta falsa y destinada al Infierno. [Abd al-Qadir al-Yilani, Ghunyat al-Talibin (traducción de Nurul Alam Raisi), págs. 6, 7, 149, 151, 152, 155, 211, 227].
El imán al-Gazali escribió que la música, el canto, la danza, los movimientos ondulantes y cosas semejantes ayudan a alcanzar la proximidad de Allah y constituyen una bid‘a hasana. Citó muchos hadices débiles y falsificados en favor de la música y el canto (Abu Hamid al-Gazali, Ihya’ ‘Ulum al-Din 2/292-332).
En sus obras se encuentran innumerables ejemplos semejantes. Por tanto, aunque declaren auténtico un hadiz, no se lo puede aceptar sin examinar su cadena de transmisión. Pues preservar la autenticidad de los hadices del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) y identificar todas las palabras inventadas es una de las obligaciones fundamentales de la religión. Incluso quien narre en nombre del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) un hadiz dudoso deberá recibir un castigo severo. Por consiguiente, en este asunto no hay lugar para ninguna indulgencia.
1.8.4. Falsificaciones atribuidas a hombres piadosos
Aquí debemos recordar otro asunto: al igual que se han cometido muchas falsificaciones en nombre de los hadices, también se han cometido muchas falsificaciones en nombre de hombres piadosos y santos de Allah. Cabe señalar varios puntos:
(1) Los falsificadores inventaban cosas para perjudicar a la religión o para «beneficiarla». En particular, las falsificaciones de quienes deseaban eliminar las supuestas carencias de la religión y hacerla más atractiva y popular eran las más graves. Para ambos grupos, y especialmente para el segundo, era más fácil y conveniente falsificar en nombre de los santos de Allah que en nombre del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz).
(2) Falsificar en nombre de los hombres piadosos era más conveniente porque, entre la gente común, la influencia de sus nombres es mayor incluso que la de los hadices. Es difícil convencer a muchos musulmanes comunes mediante un «hadiz». Si se les dice que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda la paz) hizo cierta cosa o mandó hacerla…, pueden aceptarlo o no. Pero si se les dice que Abd al-Qadir al-Yilani, Khwaja Muinuddin Chishti o algún otro santo hizo esa cosa o mandó hacerla, será mucho más fácil «convencerlos» y la aceptarán muy pronto. Esta es la situación de los musulmanes comunes en cada época, después de los primeros siglos dorados del islam. Por ello, las falsificaciones en nombre de los hombres piadosos eran más eficaces.
(3) Falsificar en nombre de los santos de Allah era más fácil porque, mientras que en el caso de los hadices los dedicados muhaddices de la comunidad musulmana establecieron una vigilancia y un sistema de verificación estrictos, en este caso no había ni hay nada semejante. No hay examen, ni comprobación, ni cadena de transmisión, ni texto, ni verificación histórica o semántica: cada cual dice lo que quiere. Así, los falsificadores podían alcanzar sus objetivos con suma facilidad.
(4) Utilizar los nombres de estos hombres piadosos también era muy eficaz para falsificar hadices. Entre las palabras inventadas en nombre de estos hombres piadosos introdujeron muchos hadices falsificados. Debido a la «intensidad de la devoción» hacia ellos, los musulmanes tragaron estas venenosas falsedades con reverencia y facilidad. De este modo, los falsificadores mataron dos pájaros de un tiro.
1.8.4.1. La tariqa Qadiriyya
Abd al-Qadir al-Yilani (que Allah tenga misericordia de él) fue la personalidad más célebre del siglo VI de la Hégira (siglo XII de la era cristiana). Por un lado, fue un gran jurista de la escuela hanbalí; por otro, fue un famoso asceta y sufí. En el mundo musulmán circulan muchas tariqas, dichos y libros atribuidos a él. La mayoría de estas tariqas, dichos y libros son inventados. Aunque algunos libros fueron escritos por él, posteriormente se introdujeron en ellos muchas palabras inventadas. Aquí examinaremos la tariqa Qadiriyya y el opúsculo «Sirr al-Asrar», difundidos bajo su nombre.
Las prácticas, wird, muraqaba y otros métodos de la Qadiriyya actualmente difundida no se encuentran en los libros de Abd al-Qadir al-Yilani (que Allah tenga misericordia de él). Los historiadores mencionan que, aproximadamente doscientos años después del fallecimiento de Abd al-Qadir al-Yilani (que Allah tenga misericordia de él), uno de sus descendientes, «Ghawth al-Yilani», difundió la tariqa Qadiriyya en el año 887 de la Hégira (1482 d. C.). En distintos países se practican métodos diferentes bajo el nombre de tariqa Qadiriyya. Las prácticas, los wird y demás elementos escritos en los libros conocidos como obras del propio Hazrat Abd al-Qadir al-Yilani no se encuentran en la Qadiriyya actualmente difundida.
Por la cadena o «shajara» de la Qadiriyya difundida en nuestro país vemos que se recibió de Shah Waliullah al-Muhaddith al-Dihlawi (1176 h./1762 d. C.). Sin embargo, la descripción de la tariqa Qadiriyya que Shah Waliullah ofrece en su obra «Al-Qawl al-Yamil» difiere de la descripción de «Sirat al-Mustaqim», de Sayyid Ahmad Barelvi (1246 h.). Además, existen muchas diferencias entre los métodos enseñados por ambos y los wird y ashgal de la Qadiriyya actualmente difundida en nuestro país. No hay manera de saber cuál de estos elementos fue instituido por él mismo y cuál fue instituido posteriormente en su nombre.
1.8.4.2. Sirr al-Asrar
«Sirr al-Asrar» es un libro famoso y difundido atribuido a Hazrat Abd al-Qadir al-Yilani (que Allah tenga misericordia de él). En el libro se encuentran muchas enseñanzas valiosas a la luz del Corán y los hadices. Al mismo tiempo, contiene muchos hadices falsificados y palabras inventadas. Todo indica que alguien posterior escribió este libro y lo hizo pasar por obra suya. Varias cuestiones demuestran esta falsificación:
1. En distintos lugares de este libro, el autor cita diversos dichos y poemas de Farid al-Din Attar. Por ejemplo, en un lugar dice: «Hazrat Shaykh Farid al-Din Attar (que Allah tenga misericordia de él) dijo…» (Abd al-Qadir al-Yilani, Sirr al-Asrar, pág. 27). Cabe señalar que Farid al-Din Attar (que Allah tenga misericordia de él) nació en 512 de la Hégira y falleció en 626, mientras que Abd al-Qadir al-Yilani nació y murió, respectivamente, en 471 y 561 de la Hégira. Farid al-Din Attar era cuarenta años menor que él y, en el momento de su fallecimiento, Attar todavía no gozaba de gran fama. Por tanto, es inimaginable que él citara a Attar diciendo «Hazrat Shaykh…» y expresiones semejantes.
2. En este libro se cita a Shams de Tabriz. El autor dice: «Hazrat Shams de Tabriz (que Allah tenga misericordia de él) dijo…» (Abd al-Qadir al-Yilani, Sirr al-Asrar, pág. 27).
Cabe señalar que Shams de Tabriz murió en 644 de la Hégira. No se conoce con exactitud su fecha de nacimiento, pero parece que nació después del año 560 de la Hégira. Es decir, en el momento de la muerte de Abd al-Qadir al-Yilani (que Allah tenga misericordia de él), Shams de Tabriz ni siquiera había nacido. Sin embargo, el libro cita sus palabras.
3. En este libro se cita repetidamente a Yalal al-Din Rumi. Por ejemplo, el autor dice: «El maestro Yalal al-Din Rumi, emperador del mundo espiritual, dijo en su inmortal poema Masnavi…» (Abd al-Qadir al-Yilani, Sirr al-Asrar, págs. 25, 29). Cabe señalar que Yalal al-Din Rumi (604-676 h.) nació casi medio siglo después del fallecimiento de Abd al-Qadir al-Yilani. ¡Se está citando su Masnavi medio siglo antes del nacimiento de Rumi!
De este modo entendemos que este libro es completamente falso o que posteriormente se introdujeron en él muchas palabras inventadas. En el libro aparecen innumerables hadices falsificados y mentiras abominables. Y, atribuidas a Abd al-Qadir al-Yilani (que Allah tenga misericordia de él), encontraron muy fácilmente aceptación.
1.8.4.3. La tariqa Chishtiyya
Entre los hombres piadosos más famosos de nuestro país se encuentran Hazrat Khwaja Muinuddin Chishti (633 h.), Qutbuddin Bakhtiyar Kaki (653 h.), Fariduddin Masud Ganj-i Shakar (663 h.) y Nizamuddin Auliya (725 h.), que Allah tenga misericordia de todos ellos. La tariqa Chishtiyya se difundió bajo sus nombres. Además, circulan muchos dichos, hechos y libros atribuidos a ellos. Entre estos hay muchas cosas claramente falsas e inventadas. Aquí trataremos sobre la tariqa Chishtiyya y sobre algunos de los libros difundidos bajo sus nombres.
Se observan muchas diferencias entre las prácticas, los wird y demás elementos de la tariqa Chishtiyya en los distintos santuarios de la India. En los libros difundidos bajo los nombres de los mencionados hombres piadosos no se encuentra nada de estas «tariqas» o métodos. Asimismo, las descripciones de los dhikr y wird que aparecen en esos libros tampoco forman parte de la tariqa Chishtiyya actualmente difundida. También en el caso de la tariqa Chishtiyya se observa una diferencia entre la descripción de Shah Waliullah al-Muhaddith al-Dihlawi y la de Sayyid Ahmad Barelvi. Además, existen diferencias entre los métodos que ellos dos enseñaron y los wird y ashgal de la tariqa Chishtiyya actualmente difundida en nuestro país. No hay manera de saber cuál de estos elementos es original y cuál es inventado.
1.8.4.4. Anisul Arwah, Rahatil Qulub… etc.
Circulan ciertos libros que se atribuyen a la autoría de estos grandes mashayij. Fueron escritos como «recuerdos y relatos de la compañía del maestro o pir». Khwaja Muinuddin Chishti registró en el libro titulado «Anisul Arwah» los detalles de su larga compañía de su maestro, Usman Haruni. Khwaja Qutbuddin Bakhtiyar Kaki escribió en el libro «Dalilul Arifin» sus recuerdos de la compañía de su maestro, Muinuddin Chishti. Khwaja Fariduddin Ganj-e Shakkar escribió en el libro «Fawaidus Salikin» sus recuerdos de la compañía de su maestro, Qutbuddin. Khwaja Nizamuddin Auliya escribió en el libro «Rahatil Qulub» sus recuerdos de la compañía de su maestro, Fariduddin. El célebre cantante Amir Khusrau escribió en el libro «Rahatul Muhibbin» sus recuerdos de la compañía de su maestro, Nizamuddin.
Al leer estos libros, parece que son obras falsificadas compuestas por personas de épocas posteriores. O bien, aunque ellos escribieron algo, los falsificadores de épocas posteriores insertaron arbitrariamente muchas cosas en sus escritos. Estos libros contienen muchas palabras buenas basadas en el Corán y los hadices. Pero, al mismo tiempo, están llenos de innumerables hadices falsificados y afirmaciones falsas. Además, los datos históricos están escritos de manera confusa. Contienen errores que se detectan a primera vista.
Cada venerable maestro registró las fechas de sus reuniones. Sin embargo, los años y las fechas están escritos de forma contradictoria, de modo que se entiende claramente que posteriormente fueron falsificados en sus nombres. Se ha escrito que el día 4 de Shawwal fue jueves y el día 7, domingo. Es decir, el comienzo de Shawwal habría sido un lunes. Pero también se ha escrito que el día 15 de Dhu al-Qadah fue lunes. Es decir, el comienzo de Dhu al-Qadah también habría sido lunes. Eso solo sería posible si el mes de Shawwal tuviera 28 días. (Khwaja Muinuddin, Anisul Arwah [Fawaidus Salikin], pp. 135, 143, 144).
Después, la siguiente reunión habría tenido lugar el jueves 5 de Dhu al-Hiyyah. Fuera cual fuera el día —lunes, martes o miércoles— en que comenzara Dhu al-Qadah, el 5 de Dhu al-Hiyyah no podría ser jueves de ninguna manera. ¡Y la reunión siguiente habría sido el sábado 20 de Dhu al-Hiyyah! Si el día 5 fue jueves, ¿cómo podría el día 20 ser sábado? (Ibíd., pp. 147, 149).
También se ha escrito que el 20 de Rayab fue lunes y el 27 de Rayab, domingo. Que el 5 de Shawwal fue sábado, mientras que el 20 de Shawwal fue jueves (Nizamuddin Auliya, Rahatul Muhibbin, pp. 24, 43, 83, 88): innumerables contradicciones de este tipo se detectan a primera vista.
Kaki (que Allah tenga misericordia de él) mencionó que en el año 613 de la hégira se hizo discípulo de su pir, Muinuddin Chishti, en Bagdad. Después permaneció allí durante varias reuniones. Luego llegó a Ajmer acompañado de sus compañeros. Así sabemos con certeza que Hazrat Muinuddin Chishti llegó a la India después del año 613 de la hégira. Hazrat Bakhtiyar Kaki también mencionó que, durante su estancia en Ajmer, Prithviraj, el rey de Ajmer, conspiraba contra él. En cierto momento dijo: «Entregué a Prithviraj vivo y cautivo en manos de los musulmanes». Pocos días después, las tropas del sultán Shahabuddin Ghori derrotaron y capturaron a Prithviraj. [Anisul Arwah (incluidos Dalilul Arifin y Fawaidus Salikin), pp. 62, 119, 138].
Sin embargo, los historiadores han señalado que aproximadamente 25 años antes del año 613 de la hégira, en el año 588, derrotaron a Prithviraj en la segunda batalla de Tarain y conquistaron Ajmer. Además, diez años antes de la llegada de Khwaja Muinuddin a Ajmer en el año 613 de la hégira, Shahabuddin Ghori murió, en el año 603. Esto demuestra que todos estos relatos son inventados. O bien Muinuddin llegó a la India mucho antes. En tal caso, los años, las fechas y los datos relacionados escritos en libros como Anisul Arwah, Dalilul Arifin y Fawaidus Salikin son inventados.
De este modo hemos visto que, al igual que se ha falsificado en nombre de los hadices, también se ha falsificado ampliamente en nombre de los venerables maestros. En el caso de los hadices existe un método de examen específico, pero, al no existir tal método en el caso de los venerables maestros, no hay forma de detectar las falsificaciones hechas en sus nombres. Los falsificadores escribieron libros falsificados en nombre de los venerables maestros e incluyeron en ellos hadices falsificados; también introdujeron hadices falsificados en los libros escritos por ellos. Ahora, si alguien dice algo contra estos hadices falsificados, el musulmán común responderá: «Este hadiz aparece en el libro de tal venerable maestro; ¿cómo puede ser falso?». Así, los falsificadores mataron dos pájaros de un tiro.
1.8.5. Hadices falsificados frente a hadices débiles
De la discusión anterior hemos visto que el hadiz falsificado es una clase de hadiz débil. Los muhaddizun de la comunidad musulmana adoptaron una actitud de severidad respecto a los hadices falsificados, pero muchos muhaddizun no adoptaron una severidad semejante respecto a los hadices débiles. Ellos prohibieron estrictamente el uso o la mención de hadices débiles en dos casos: (1) en cuestiones de aqida o creencia, y (2) en cuestiones de los ahkam o normas de la sharía. En estos casos solo se debe depender de hadices sahih. No solo eso: para demostrar la aqida o la creencia, en principio se debe depender de hadices «mutawatir», es decir, hadices narrados por numerosos sahabas y tabiíes, cuya amplia difusión entre los sahabas esté demostrada. Esto se debe a que solo mediante el Noble Corán y este tipo de «hadiz mutawatir» se demuestra la «certeza» o «convicción firme». En el segundo caso se debe depender de hadices sahih o hasan. (Suyuti, Tadribur Rawi, 1/132; Ibn Yamaah, Al-Manhal al-Rawi, p. 32).
1.8.5.1. Ámbitos y condiciones de los hadices débiles
Por otro lado, muchos han permitido mencionar hadices «ligeramente débiles» en tres asuntos.
(1) En el ámbito del «tafsir», o explicación literal, del Noble Corán; (2) en el ámbito de la historia o las narraciones históricas; y (3) al mencionar las virtudes o recompensas de diversas buenas obras. En este caso han señalado las siguientes condiciones:
(1) El hadiz débil debe ser solo ligeramente débil, no muy débil.
(2) El hadiz débil debe mencionar la virtud de una buena obra que, a la luz de los hadices sahih, sea buena y lícita.
(3) Al actuar conforme a un hadiz débil, no se debe creer que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo realmente aquello. Se debe actuar como medida de precaución. Es decir, hay que recordar que es más probable que el hadiz no sea una declaración del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él); sin embargo, si fuera auténtico, se obtendría esa recompensa, así que actuemos conforme a él. Y aunque no fuera auténtico, como la obra principal es recomendable según los hadices sahih, se obtendrá alguna recompensa. (Véase en detalle: Abd al-Hayy Lakhnawi, Zafarul Amani, pp. 209-224).
A veces, por comprender erróneamente esta opinión de algunos muhaddizun sobre los hadices débiles, se han difundido hadices falsificados en la sociedad. En realidad, la mayoría de los hadices falsificados y sin fundamento que circulan en diversas sociedades musulmanas se han difundido entre ellas por esta vía. Hay varias razones detrás de la difusión de innumerables hadices falsificados en la sociedad:
(1) Que personas incompetentes y carentes de conocimiento impartan sermones y consejos, y desempeñen diversas responsabilidades religiosas;
(2) la negligencia y pereza de los eruditos comunes;
(3) la indolencia de los eruditos célebres y cualificados;
(4) el deseo de guiar; y
(5) el interés por narrar la historia, la sira y los milagros del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).
1.8.5.2. Hadices falsificados atribuidos a los débiles en materia de guía y virtudes
Las dos últimas razones han desempeñado el papel más importante en la difusión de hadices falsificados. Por el deseo de guiar a la gente, muchos eruditos cualificados citaron, junto con hadices auténticos, numerosos hadices débiles en libros sobre sermones, virtudes, purificación espiritual y temas similares. Entre estos hadices débiles, muchos falsificados encontraron lugar en sus libros. En la mayoría de los casos no mencionaron que eran falsificaciones ni señalaron su debilidad. Por ello, los lectores comunes los consideraron simplemente «hadices auténticos».
A juzgar por la situación, parece que, aun después de mencionar tantos versículos del Corán y tantos hadices auténticos, quizá no se logró introducir en el corazón de la gente el mensaje de la guía. Tal vez, sin decir algunas cosas débiles o poco fiables, no se pueda influir en sus corazones. Parece que las advertencias de castigo mencionadas en el Corán y en los hadices auténticos, así como las recompensas, las buenas obras y las virtudes mencionadas en ellos, quizá no sean capaces de crear en el corazón de la gente una verdadera orientación hacia la otra vida, temor de Allah y deseo de obrar. Por eso, probablemente, después de los versículos coránicos y los hadices auténticos mencionan estas palabras débiles o carentes de fundamento.
1.8.5.3. Hadices falsificados atribuidos a los débiles en la historia y la Sira
La misma situación se observa en el ámbito de la historia, la Sira y las narraciones débiles. Todo autor desea reunir la mayor cantidad posible de información sobre su tema. Como resultado de este interés por recopilar información, desde los primeros tiempos muchos eruditos aceptaron algunos hadices algo débiles. Sin embargo, en épocas posteriores este interés hizo que innumerables hadices falsificados y carentes de fundamento penetraran en los libros de la Sira del Profeta.
Ya hemos sabido, por la exposición de Shah Waliullah Dehlawi, que todos los hadices difundidos en nombre del Mensajero de Allah habían sido recopilados entre los siglos IV y V. La mayor parte de lo que se recopiló después fueron, en realidad, palabras falsificadas y carentes de fundamento inventadas en épocas posteriores. Él mencionó este tipo de obras en la cuarta y quinta categorías.
A partir de esto también podremos comprender la situación de las obras sobre historia, Sira y milagros. Entre las obras de este tipo compiladas durante los primeros seiscientos años se encuentran: la Sira de Ibn Ishaq (150 H), las Magazi de Waqidi (207 H), la Sira de Ibn Hisham (218 H), las Tabaqat de Ibn Sa‘d (230 H), el Tarij de Jalifa ibn Jayyat (240 H), Futuh al-Buldan de Baladhuri (279 H), Dala’il al-Nubuwwa de Firyabi (301 H), el Tarij de Tabari (310 H), el Tarij de Mas‘udi (345 H), Dala’il al-Nubuwwa de Bayhaqi (458 H), etc. En estas obras se aceptaron numerosos hadices «extremadamente débiles» y algunos hadices falsificados. Pero, aun así, vemos que los autores de épocas posteriores recopilaron muchas otras cosas que no se encuentran en absoluto en dichas obras.
Entre las célebres obras de épocas posteriores se encuentran al-Jasa’is al-Kubra de Suyuti (911 H), al-Mawahib al-Ladunniyya de Qastallani (923 H) y Subul al-Huda o Sira Shamiyya de Muhammad ibn Yusuf Shami (942 H). Los autores de estas obras afirmaron que citarían hadices débiles, pero no hadices falsificados. Sin embargo, en realidad vemos que citaron muchos hadices que ellos mismos calificaron en otros lugares de falsificados y falsos.
Entre las obras de la etapa siguiente se encuentran la Sira Halabiyya de Ali ibn Burhan al-Din Halabi (1044 H) y Sharh al-Mawahib de Zurqani (1122 H), entre otras. Los autores de estas obras no aplicaron ningún criterio de selección. Su objetivo era recopilar y ordenar la mayor cantidad posible de información. Por ello, sin ningún análisis ni verificación, reunieron, mezclaron y organizaron todo tipo de narraciones: auténticas, débiles, fabricadas y sin cadena de transmisión. Como resultado, innumerables narraciones falsificadas y carentes de fundamento encontraron lugar en ellas. Además, los hadices falsificados suelen contener más novedades y elementos extravagantes. Por eso, en estas obras se dependió más de los hadices falsificados que de los auténticos. Al observar la situación, parece que quizá no sea posible demostrar la profecía, los milagros y la dignidad del Mensajero de Allah mediante el Noble Corán y los innumerables hadices auténticos, o que quizá la descripción de su dignidad no quede completa sin estas narraciones falsas y falsificadas.
Los autores de las obras de esta etapa no mencionaron la fuente de la mayoría de las narraciones. Incluso cuando indicaron una fuente, su negligencia resulta inimaginable. Presentaré un ejemplo. El autor de la Sira Halabiyya dice: «Leí un libro llamado Tashrifat fi al-Jasa’is wal-Mu‘jizat. No pude averiguar el nombre de su autor. En ese libro vi que, según una narración transmitida por Abu Hurayra, el Honorable Mensajero de Allah preguntó a Gabriel: “Oh Gabriel, ¿cuántos años tienes? … Al-Bujari recopiló este hadiz”». (Halabi, Ali ibn Burhan al-Din, Sira Halabiyya, 1/49).
Este hadiz no se encuentra en ninguna colección de hadices, mucho menos en la de Bujari. Basándose en la narración de aquel autor anónimo, el compilador citó el hadiz. No se tomó siquiera la pequeña molestia de buscarlo en Sahih al-Bujari ni en las demás obras escritas por el imán Bujari. De este modo estableció permanentemente la difusión, entre los musulmanes de épocas posteriores, de una mentira abominable atribuida al Mensajero de Allah.
Los eruditos de nuestro país dependen precisamente de obras como la «Sira Halabiyya»; por eso innumerables palabras falsificadas aparecen en sus escritos y discursos. El célebre erudito y piadoso Abd al-Jaliq (que Allah tenga misericordia de él) mencionó en la introducción de su obra Sayyid al-Mursalin que se había basado principalmente en esta obra, la «Sira Halabiyya» (Sira-i-Halabi). Naturalmente, por respeto al autor, no verificó ninguna información. Como resultado, encontramos innumerables hadices falsificados y carentes de fundamento en esta valiosa obra.
Hemos visto que la condición para que sea lícito obrar basándose en un hadiz débil es no creer en su contenido, sino actuar únicamente con cautela en el ámbito práctico. Pero la realidad es que resulta difícil separar la creencia de la práctica. Pues quien actúa basándose en un hadiz débil al menos ha creído que podría recibir una recompensa de ese tipo por tal acción. Especialmente en las narraciones sobre la vida y los milagros del Mensajero de Allah, cuando un creyente escucha algo, lo cree. Más aún, estas palabras «débiles» o «falsificadas» llegan a convertirse en parte de su fe. Así, su creencia acaba basándose en hadices débiles o falsificados.
1.8.6. Verificación frente a afirmaciones indiscriminadas y especulativas
En el caso de los hadices falsificados, la desviación más abominable y peligrosa consiste en hacer afirmaciones generales sin investigación. Ya hemos señalado repetidamente, y hemos comprendido con certeza a partir de toda la discusión anterior, que preservar la autenticidad de la revelación o de las enseñanzas religiosas y conservar sus cadenas de transmisión es una característica especial de la comunidad musulmana. Ninguna otra comunidad religiosa se ha esforzado de esta manera por preservar la autenticidad de sus escrituras, de las enseñanzas de sus predicadores o de las instrucciones de sus fundadores.
Desde la época de los Compañeros, los eruditos y expertos musulmanes de todas las generaciones han aceptado cada palabra difundida en nombre del Mensajero de Allah después de examinarla, observarla y verificarla minuciosamente. Sin embargo, muchos «orientalistas», numerosos musulmanes influidos por sus ideas y muchos pensadores o investigadores musulmanes inexpertos o ignorantes emiten afirmaciones y opiniones generales sobre la autenticidad y exactitud de los hadices. «Como se han falsificado hadices, ningún hadiz es fiable», o «como el significado de cierto hadiz no es correcto, debe considerarse falsificado», y cosas semejantes. Algunos creen que los expertos quizá solo examinaron la cadena de transmisión y no analizaron ni verificaron el significado, las palabras, las frases, el sentido y demás aspectos. Todo esto no son más que ideas sin fundamento y bárbaras fantasías de mentes fértiles. La causa principal es el desconocimiento del método de investigación de los expertos en hadices. Una causa aún mayor es la hostilidad hacia el islam y el intenso deseo de desviar a la gente del islam.
Además de los eruditos orientalistas judíos y cristianos, los qadianíes, los bahaíes y otras comunidades no musulmanas, así como la comunidad chií, algunos eruditos «culpables de conocimiento» hacen afirmaciones generales de este tipo contra los hadices o, juzgando su significado según sus propios deseos, declaran que un hadiz es «falsificado». Quieren reivindicarse como musulmanes, pero no quieren practicar el islam. No están dispuestos a realizar ninguna práctica, como la oración, el ayuno, el azaque, la peregrinación, consumir alimentos lícitos o alcanzar la pureza. Quieren invalidar, interpretándolos a su antojo, estos asuntos mencionados en el Corán. Pero tienen miedo de los hadices. Si existen los hadices, su interpretación arbitraria queda paralizada. La explicación del Mensajero de Allah es definitiva. Por eso quieren rechazar indiscriminadamente los hadices declarándolos falsificados.
Espero que, a partir de la exposición de este libro, el lector haya comprendido la verdadera situación de las opiniones de estas personas. Hemos comprendido que el método de investigación y evaluación de los expertos en hadices era extremadamente sutil y científico. Ellos identificaron como auténticos ciertos hadices basándose en las cadenas de transmisión, la transmisión oral, los manuscritos, la lengua, el significado y todas las pruebas pertinentes. Nadie, salvo un ignorante necio o un erudito malicioso culpable de conocimiento, puede arrojar dudas generales, sin pruebas ni evidencias, sobre la autenticidad y exactitud de esos hadices. Y reclamar por la fuerza que son hadices aquellos que, basándose en esta investigación, ellos señalaron como falsificados y fabricados no es sino una terrible osadía para mentir en nombre del Mensajero de Allah. No obstante, la puerta de la investigación basada en pruebas permanece siempre abierta.
1.8.7. Algunas preguntas sobre los hadices falsificados
Hemos concluido la discusión de la primera parte. En la segunda parte mencionaremos muchos hadices falsificados y palabras carentes de fundamento difundidos en nuestra sociedad. Al leer estas palabras falsificadas y carentes de fundamento, pueden surgir repetidamente varias preguntas en la mente del lector. Ya hemos conocido sus respuestas a partir de la discusión anterior. Aun así, quiero tratar aquí estas preguntas.
Veremos que entre los hadices falsos y fabricados hay muchas palabras sumamente bellas, significativas, valiosas y conmovedoras. Entonces podríamos pensar: «La frase es muy bella; ¿por qué llamarla fabricada?». O: «Una palabra tan bella y conmovedora no puede no ser un hadiz». O: «No hay nada malo en esta frase; ¿por qué oponerse a ella?», y cosas semejantes.
Como respuesta, debemos comprender que el primer deber de la comunidad es preservar de manera exacta y pura las enseñanzas y palabras del Mensajero de Allah. Él repitió muchas veces que atribuirle algo que no dijo es un camino seguro al Infierno. Por tanto, el sentido o contenido de una afirmación nunca debe ser nuestra primera consideración. Lo primero es comprobar si él pronunció o no esa frase. Por muy bello y conmovedor que sea el significado de una afirmación, no podemos llamarla palabra del Mensajero ni hadiz hasta que haya sido transmitida de él mediante una cadena auténtica. Que Allah nos proteja del gravísimo pecado de atribuirle al Mensajero de Allah algo que no sabemos con certeza que dijo.
El segundo asunto es que a menudo veremos que muchos piadosos mencionaron como hadices, en sus libros, algunos de los hadices que nosotros hemos señalado como fabricados. En este caso, alguien podría decir: «Tal erudito o piadoso dijo este hadiz; ¿acaso eso significa que está destinado al Infierno?»
Hemos visto que se han cometido muchas falsificaciones en nombre de los piadosos. No sabemos si ellos realmente dijeron estos hadices o si los falsificadores se los atribuyeron. Incluso si los dijeron, debemos comprender que entre las innumerables acciones de un piadoso puede haber algunos errores. Frente a sus innumerables buenas obras, estos errores y equivocaciones no son nada. En realidad, eran mujtahid. El mujtahid recibe de Allah una doble recompensa por su acción correcta y una recompensa por su error. (Sahih al-Bujari). Además, Allah ha dicho: «Ciertamente, las buenas obras borran las malas». (Sura Hud, aleya 114). Por tanto, los pequeños errores de quien ha realizado muchas buenas obras serán eliminados gracias a sus buenas obras.
Ningún piadoso ni verdadero hombre de Allah puede atribuir deliberadamente una palabra falsificada o falsa al Mensajero de Allah. Quizá alguien lo haya dicho sin saberlo. Pero eso no significa que nosotros podamos repetir deliberadamente un hadiz falsificado. Nuestra responsabilidad es que, si oímos o sabemos que un hadiz es falsificado, abandonemos inmediatamente tanto su transmisión como su práctica. Si tenemos dudas sobre el asunto, debemos procurar conocer la realidad investigando, mediante la información de los expertos en hadices, por medio de la tahqiq o investigación. Allah, el Altísimo, nos preguntará por nuestras propias acciones, no por las acciones de otros. Por tanto, debemos protegernos de decir algo falso o dudoso en nombre del Mensajero de Allah.
La tercera pregunta que surgirá en nuestra mente es: «Tantos piadosos no comprendieron algo; ¿acaso ahora nosotros hemos comprendido más que ellos?». Mi respuesta en este caso es que, al calificar de falsificados los hadices tratados en este libro, alguien indigno como yo no desempeña ningún papel. Aquí, en realidad, he transmitido las opiniones de los expertos en hadices de épocas anteriores. El lector podrá comprobarlo detalladamente.
Segunda parte:
Hadices falsos difundidos y palabras sin fundamento
2.1. Principios temáticos fundamentales de los hadices no auténticos
Un método especial para compilar hadices falsos y fiables consiste en reunir y compilar aquellos temas en los que todos o la mayoría de los hadices son inventados o poco fiables. Este método es especialmente importante para identificar los hadices falsos. Gracias a él, el musulmán interesado podrá comprender fácilmente, sin necesidad de consultar diversas obras, que un hadiz es falso, porque no existe ningún hadiz auténtico sobre el tema al que se refiere. Entre las obras redactadas siguiendo este método se encuentra «Al-Mugní», escrita por uno de los grandes muhaddices y juristas hanafíes del siglo VII de la Hégira, Umar ibn Badr al-Mawsilí (557-622 H). Asimismo, Molla Alí al-Qarí (1014 H), uno de los más destacados juristas hanafíes y muhaddices del siglo XI de la Hégira; Muhammad ibn al-Sayyid Darwish Hut (1276 H), famoso jurista shafií, muhaddiz y sufí del siglo XIII de la Hégira; y otros muhaddices también mencionaron algunos principios relacionados con este tema. 2.1.1. Umar ibn Badr al-Mawsilí al-Hanafí Ziyauddin Abu Hafs Umar ibn Badr ibn Saíd ibn Muhammad al-Mawsilí al-Hanafí escribió numerosas obras valiosas sobre hadiz, exégesis coránica, jurisprudencia, etc. Una de las más importantes es la titulada «Al-Mugní an al-hifz wa al-kitab bi-qawlihim lam yasih shay’un fi hadha al-bab». El significado de este largo título es: «Descripción de aquellos temas sobre los que los muhaddices han declarado que no existe ningún hadiz auténtico. No será necesario leer ni memorizar ninguna otra obra sobre ellos». En esta obra menciona brevemente 101 temas sobre los cuales los muhaddices han señalado que todos los hadices transmitidos son incorrectos. Cuando sobre un tema existían algunos hadices auténticos, los mencionaba y declaraba incorrectos todos los demás. 2.1.2. Temas sobre los que todos los hadices son incorrectos El erudito al-Mawsilí señaló, basándose en el examen y la investigación detallada de los muhaddices anteriores, que todos los hadices transmitidos sobre los temas siguientes son incorrectos. Son inventados o extremadamente débiles y poco fiables. 1. El aumento y la disminución de la fe No se ha transmitido del Mensajero de Dios —que la paz y las bendiciones de Dios sean con él— ningún hadiz auténtico que indique que la fe aumenta y disminuye, o que no aumenta ni disminuye, ni tampoco sobre si las palabras y las acciones forman parte de la fe o no. Todos los hadices transmitidos sobre este tema son inventados o extremadamente débiles. Los imanes de la comunidad musulmana discreparon sobre este asunto a la luz de las diversas aleyas del Noble Corán y de las indicaciones pertinentes de distintos hadices. Sin embargo, no se ha transmitido directamente ningún hadiz auténtico sobre esta cuestión. 2. Las sectas murŷíes, ŷahmíes, qadaries y asharies No se ha transmitido del Mensajero de Dios ningún hadiz auténtico de carácter profético sobre estas sectas. Los hadices transmitidos acerca de ellas son inventados o extremadamente débiles. Los Compañeros, los tabiíes y los imanes hablaron sobre estas sectas a la luz de las enseñanzas del Corán y de la Sunna. 3. La palabra de Dios no es creada No se ha transmitido del Mensajero de Dios ningún hadiz auténtico sobre este tema. Todos los hadices transmitidos al respecto son inventados. A la luz de diversas aleyas del Noble Corán, de las indicaciones pertinentes de distintos hadices y de las opiniones de los Compañeros, los tabiíes, los seguidores de los tabiíes y los imanes posteriores coincidieron en que el Corán es la palabra de Dios, forma parte de Sus sublimes atributos y no es creado. La desviada secta mu‘tazilí creía que el Corán era una cosa creada. Durante los siglos II y III de la Hégira, este fue uno de los principales temas de controversia en la sociedad musulmana. Por ello, muchos falsificadores intentaron ganar notoriedad inventando hadices en nombre del Mensajero de Dios sobre este asunto. Los muhaddices coincidieron en que el Corán no es creado. Sin embargo, rechazaron con desprecio todos los intentos de falsificar hadices con ese significado. 4. La creación de los ángeles en un océano de luz Se dice que Gabriel —la paz sea con él— se sumerge diariamente en un océano de luz, sale de él y sacude su cuerpo; y que de cada gota de luz se crean setenta mil ángeles. Todos los hadices con este significado y de este tipo son inventados y carecen de fundamento. 5. La virtud de poner los nombres Muhammad o Ahmad Todos los hadices difundidos sobre la virtud de poner los nombres Muhammad o Ahmad son inventados y carecen de fundamento. Se han difundido muchos hadices falsos sobre este tema. Se han inventado y difundido en nombre del hadiz afirmaciones como que Dios no castigará a quienes se llamen Muhammad o Ahmad, que las familias en las que varias personas se llamen Muhammad serán perdonadas y recibirán bendiciones, y otras semejantes. Estos dos nombres son, sin duda, excelentes nombres. Es bueno ponerlos a los hijos por amor al Mensajero de Dios. Sin embargo, los hadices que mencionan virtudes especiales relacionadas con ellos son inventados. 6. El intelecto, es decir, la razón o facultad cognoscitiva Todos los hadices transmitidos en alabanza o sobre la virtud del intelecto o de la facultad cognoscitiva carecen de fundamento. El Corán y los hadices ordenan aprender y cultivar el conocimiento, y alaban a los sabios. Sin embargo, no se ha transmitido del Mensajero de Dios ningún hadiz auténtico en alabanza de la facultad intelectual. Los falsificadores inventaron numerosos hadices alabando la razón. En ellos se afirma que la recompensa se obtiene según la inteligencia y no según las acciones; que la oración del inteligente tiene mayor recompensa que la oración del ignorante o del necio, y otras afirmaciones semejantes. Todo ello es inventado. Ninguna cualidad innata o hereditaria constituye un medio de salvación o una causa de dignidad en la otra vida. Las acciones voluntarias de la persona son, en esencia, el medio de su salvación. Quien posee mayor inteligencia y la emplea en buenas obras será alabado y recompensado por sus acciones. Pero la inteligencia innata o natural no es, por sí misma, motivo de salvación ni de recompensa. 7. La larga vida de al-Jidr y de Elías En la sura al-Kahf, Dios Altísimo menciona algunos acontecimientos relacionados con Moisés y uno de los siervos de Dios. El nombre de este siervo no se menciona en el Corán. Sin embargo, en un hadiz auténtico se indica que su nombre era «Jadir» —conocido en bengalí como Jidr—. Fuera de este acontecimiento, no se conoce ninguna narración auténtica sobre al-Jidr. No se conoce ningún relato auténtico sobre su nacimiento, infancia, profecía, actividades, ámbito de actuación, vida posterior a este acontecimiento ni muerte. Las afirmaciones de que bebió del agua de la vida y otras semejantes son ideas difundidas entre judíos y cristianos que penetraron en la sociedad musulmana. El erudito al-Mawsilí afirma que todos los hadices transmitidos con el significado de que al-Jidr y Elías recibieron una larga vida, vieron o hablaron con el Mensajero de Dios, sobrevivieron después de él, etc., son falsos y carecen de fundamento. Dice que se preguntó al imán Ahmad ibn Hanbal acerca de la larga vida y la supervivencia de al-Jidr y Elías, y que respondió: «Satanás fue quien difundió este asunto entre la gente». Se preguntó al imán al-Bujari si al-Jidr y Elías seguían vivos. El imán al-Bujari respondió que eso era imposible, porque el Mensajero de Dios dijo: «Todos los que viven hoy en el mundo morirán dentro de cien años». Ibn al-Yawzí, al hablar de la larga vida de al-Jidr y Elías, dijo que esta afirmación contradice una aleya coránica. Dios Altísimo dice en el Noble Corán: «No concedimos la inmortalidad a ningún ser humano antes de ti. Si tú mueres, ¿acaso ellos vivirán eternamente?» (sura 21, al-Anbiyá, aleya 34). Cabe señalar que algunos eruditos mencionaron la posibilidad de que al-Jidr siguiera vivo. Se apoyaron en las palabras de distintos hombres piadosos. Sin embargo, no se ha transmitido del Mensajero de Dios ningún hadiz aceptable sobre este asunto. 8. Las virtudes de las distintas suras del Corán El erudito al-Mawsilí afirma que existen algunos hadices auténticos sobre las virtudes del Corán, pero que también se han difundido en la sociedad muchos hadices inventados sobre este tema. Se han transmitido hadices auténticos o buenos que indican una dignidad o virtud especial de las siguientes suras o aleyas: la sura al-Fatiha, la sura al-Baqara, las dos últimas aleyas de al-Baqara, la aleya del Trono, la sura Al Imrán, la sura al-Kahf, las primeras o las últimas diez aleyas de al-Kahf, la sura al-Mulk, la sura al-Zalzala, la sura al-Kafirun, la sura al-Ijlas, la sura al-Falaq y la sura al-Nas. Los hadices transmitidos sobre las virtudes de las demás suras son inventados o extremadamente débiles. Además, también se han difundido en nombre del hadiz muchas afirmaciones inventadas sobre las virtudes de las suras mencionadas. 9. Alabanza o censura de Abu Hanifa y de al-Shafií Todos los hadices transmitidos sobre este tema son falsos o inventados. 10. Calentar agua al sol Todos los hadices atribuidos al Mensajero de Dios que afirman que utilizar agua calentada al sol puede causar enfermedad o desgracia son falsos y carecen de fundamento. 11. Usar un pañuelo después de la ablución No se ha transmitido ningún hadiz auténtico que indique que el Mensajero de Dios se secaba los dedos húmedos después de la ablución o que utilizaba un pañuelo para secarlos. 12. Recitar en voz alta «Bismillah» durante la oración El erudito al-Mawsilí dice que el imán al-Daraqutní afirmó que ningún hadiz que indique que el Mensajero de Dios recitaba en voz alta «Bismillah…» durante la oración es auténtico. 13. La oración de quien tiene una oración pendiente de recuperar
2.2. Hadices falsos centrados en el Creador Supremo
1. Ver a Alá bajo alguna forma El Noble Corán afirma que los ojos no pueden ver a Alá bajo ninguna forma: لَّا تُدْرِكُهُ الْأَبْصَارُ وَهُوَ يُدْرِكُ الْأَبْصَارَ ۖ —Él no puede ser alcanzado por las miradas, pero Él alcanza todas las miradas. (Sura 6, Al-An‘am, aleya 103). En otro lugar se afirma: «No es posible que Alá hable con ningún ser humano, excepto mediante la revelación o desde detrás de un velo». (Sura 42, Ash-Shura, aleya 51). En otro lugar se dice: «Cuando Musa acudió a la cita que le habíamos fijado y su Señor le habló, dijo: “¡Señor mío!, muéstrate ante mí para que pueda verte”. Él dijo: “Jamás podrás verme. Pero mira la montaña; si permanece firme en su sitio, entonces podrás verme”. Cuando su Señor se manifestó a la montaña, la redujo a polvo y Musa cayó inconsciente…». (Sura 7, Al-A‘raf, aleya 143). A la luz de estas instrucciones claras del Noble Corán, la comunidad musulmana está de acuerdo en que nadie puede ver a Alá en este mundo. No se ha transmitido ningún hadiz auténtico del Mensajero de Alá que diga: «Vi a Alá con mis ojos físicos o con los ojos del corazón, estando despierto, en la tierra o durante el Mi‘ray». No existe discrepancia respecto a los sueños. Sin embargo, los compañeros discreparon sobre si el Mensajero de Alá vio a Alá con la visión del corazón mientras estaba despierto. Aisha dijo: «Quien afirma que Muhammad vio a su Señor dice una mentira abominable en nombre de Alá». (Al-Bujari, As-Sahih 3/1181; Muslim, As-Sahih 1/159). Ibn Mas‘ud y otros compañeros también sostuvieron esta opinión. Por otro lado, se ha transmitido de Ibn Abbas que: «La noche del Mi‘ray, el Mensajero de Alá vio a Alá con la visión del corazón. Así como Alá concedió a Musa el milagro de “hablar”, también concedió a Muhammad el milagro de verlo con la visión del corazón». (Ibn Juzaima, Kitab at-Tawhid 2/477-563). Quienes sostuvieron que el Mensajero de Alá tuvo esa visión están de acuerdo en que se trató de un milagro exclusivo del Mensajero de Alá, no concedido a nadie más, y que fue una percepción del corazón en la que no se menciona ninguna forma. Todo lo que se ha transmitido afirmando que el Mensajero de Alá vio a Alá bajo alguna forma, o que algún compañero distinto de él vio a Alá, es falso y fraudulento. Todos los hadices que afirman que, la noche del Mi‘ray, el día de Arafat, el día de Mina o en cualquier otro momento o circunstancia, el Mensajero de Alá vio a su glorioso y majestuoso Señor bajo una forma determinada, son inventados. Del mismo modo, son falsas y fraudulentas las afirmaciones de que lo vio con aspecto de joven, con una corona conocida, sobre el lomo de un camello o de una mula, o afirmaciones similares. (Ibn Iraq, Tanzih ash-Sharia 1/137-139). Una de estas afirmaciones sin fundamento es: «Vi a mi Señor bajo la forma de un joven sin barba ni bigote». Los especialistas del hadiz declararon falsa esta abominable afirmación. (Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at 1/80-81; Suyuti, Al-La’ali 1/28-31; Mulla Ali al-Qari, Al-Asrar, pág. 126). De manera semejante, los falsificadores atribuyeron a Umar lo siguiente: «Mi corazón vio a mi Señor mediante la luz de mi Señor». Y atribuyeron a Ali una afirmación aún más abominable: «No adoro a un Señor al que no veo». (Sirr al-Asrar, págs. 57-58). 2. Los velos: 7, 70 o 70.000 En un hadiz auténtico se ha transmitido: «El Altísimo Alá tiene un velo de luz». (Muslim, As-Sahih 1/161). Sin embargo, en los hadices auténticos no se encuentra una descripción detallada del número, la naturaleza y demás características de los velos. Algunos hadices mencionan el número de velos del Creador Supremo, Alá, Señor de los mundos. En los sermones de nuestro país se habla de 70.000 velos de luz, 70 velos, 7 velos, etc. Mediante un análisis y una investigación detallados, los especialistas del hadiz han comprobado que algunos hadices con este significado son, sin duda, afirmaciones falsas e inventadas, mientras que otros son débiles, endebles y poco fiables. 3. El enorme gallo bajo el Trono En los sermones de nuestra sociedad se habla a veces del enorme gallo que estaría bajo el Trono, de su forma, su canto, etc. Los hadices relacionados con este asunto carecen de fundamento, son inventados o extremadamente débiles. (Suyuti, Al-La’ali 1/60; Ibn Iraq, Tanzih 1/155, 189). 4. Quien se conoció a sí mismo conoció a Alá Entre las personas religiosas de nuestra sociedad es muy común la frase: «Quien se conoció a sí mismo conoció a su Señor». Muchos eruditos han citado esta frase en sus libros, atribuyéndola al Mensajero de Alá y sin cadena de transmisión. Sin embargo, los especialistas del hadiz han afirmado unánimemente que esta frase no pertenece al Mensajero de Alá y que no se ha transmitido de él mediante ninguna cadena. Algunos especialistas del hadiz han señalado que la frase pertenecía a Yahya ibn Mu‘adh ar-Razi (258 H), un predicador sufí del siglo III de la Hégira. Él la decía durante sus exhortaciones y consejos como una frase propia, no como un hadiz. Más tarde, por descuido, algunos eruditos la citaron como hadiz. 5. El corazón del creyente es el Trono de Alá Entre las personas religiosas de nuestra sociedad es muy conocida la frase: «El corazón del creyente es el Trono de Alá». También circulan diversas expresiones sobre este tema: «El corazón es la casa del Señor»; «El corazón del creyente es el Trono de Alá»; «Ni Mi tierra ni Mi cielo pudieron contenerme, pero el corazón de Mi siervo creyente Me contuvo». Todas estas son afirmaciones inventadas o hadices falsos. Algunos autores las han mencionado en sus libros como hadices, sin cadena de transmisión. Los grandes especialistas del hadiz, maestros de la memorización de los hadices, investigaron mucho, pero no encontraron ninguna cadena para ellas ni referencias en ningún libro de hadices. Ninguna de estas afirmaciones se ha transmitido del Mensajero de Alá mediante cadena alguna. Por ello, las incluyeron entre los hadices falsos e inventados. (Mulla Ali al-Qari, Al-Asrar, págs. 170 y 206; Al-Masnu‘, págs. 100 y 130). 6. Yo era un tesoro oculto Una afirmación inventada muy difundida y conocida como hadiz dice: «Yo era un tesoro oculto. Deseé ser conocido; entonces creé el universo para ser conocido». Ya he mencionado que los hadices falsos difundidos en la sociedad son de dos clases. Una clase comprende los hadices falsos que tienen una cadena de transmisión y que fueron recopilados con ella en algún libro. Mediante el examen de las cadenas, los especialistas del hadiz descubrieron su falsificación. La segunda clase comprende los hadices falsos que no fueron transmitidos con cadena en ningún libro. Sin embargo, se hicieron populares entre la gente y, basándose en esa difusión, algunos eruditos los mencionaron sin cadena en sus libros. Esta frase es una afirmación inventada, completamente inexistente y sin cadena, perteneciente a esta segunda clase. (Ibn Taymiyya, Ahadiz al-Qussas, pág. 55; Mulla Ali al-Qari, Al-Asrar, pág. 179). 7. En el Día de la Resurrección, Alá llamará a las personas por el nombre de su madre Otra afirmación inventada y falsa dice que, el Día de la Resurrección, Alá llamará a las personas por el nombre de su madre. Por un lado, esta frase es una afirmación inventada y falsa; por otro, contradice los hadices auténticos. En diversos hadices auténticos recopilados por el imam Al-Bujari y otros especialistas se menciona que, el Día de la Resurrección, las personas serán identificadas por el nombre de su padre. Se dirá: «Fulano, hijo de fulano», o «Fulano, hijo de tal persona». (Sajawi, Al-Maqasid, pág. 139; Suyuti, Al-La’ali 2/449). 8. Los habitantes del Paraíso no tendrán barba Se dice que los habitantes del Paraíso no tendrán barba y que todos serán jóvenes imberbes. Solo Adán tendrá barba. Algunos dicen que solo Musa o Harun tendrán barba, o que la tendrán Ibrahim y Abu Bakr. Todas estas son afirmaciones falsas e inventadas. (Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 3/393; Mulla al-Qari, Al-Asrar, pág. 75). 9. Reflexionar sobre Alá, el Paraíso y el Infierno Un hadiz falso muy difundido dice: «Reflexionar durante un instante sobre la grandeza del Altísimo Alá, el Paraíso y el Infierno es mejor que pasar toda la noche despierto rezando el taháyud». (Ibn Iraq, Tanzih 1/148).
2.3. Sobre las creaciones anteriores, los profetas y la exégesis
En el Noble Corán se han tratado brevemente las creaciones anteriores, los profetas anteriores y los relatos de acontecimientos. Solo se han tratado aquellos asuntos en los que hay enseñanza para las personas en esta vida y en la otra. Los relatos de estas creaciones y profetas circulaban entre los judíos con mucho detalle. Puesto que en el Noble Corán no hay una descripción detallada de estos asuntos, desde la época de los compañeros y los tabi‘íes muchos exegetas escuchaban con curiosidad las narraciones de los judíos sobre ellos. Asimismo, durante la etapa de los tabi‘íes, después de que muchos eruditos judíos abrazaran el islam, contaron entre los musulmanes muchas historias y relatos que circulaban en su sociedad sobre estos temas. El islam no prohibió escuchar o contar estas historias como historias. Sin embargo, prohibió considerarlas verdaderas. Algunos exegetas e historiadores, al explicar diversos versículos relacionados con los profetas anteriores y al relatar historias centradas en sus vidas, se apoyaron en la Biblia adulterada de los judíos y cristianos y en otros relatos, verdaderos o falsos. En las primeras épocas, los musulmanes escuchaban estas historias simplemente como relatos. Pero en épocas posteriores la gente comenzó a considerarlas verdaderas. Algunos llegaron a difundirlas como hadices. En el Corán se ha declarado repetidamente que los judíos y los cristianos alteraron las palabras de Dios que les fueron reveladas: la Torá, los Salmos y el Evangelio. Ellos inventaron muchas cosas y las hicieron pasar por la palabra de Dios. Por ello, en el Noble Hadiz se ordenó que sus relatos pueden transmitirse, pero con la condición de que nada sea aceptado como verdadero si no cuenta con la confirmación del Corán. Los compañeros censuraban depender de la información de los judíos y cristianos. ‘Abdullah ibn ‘Abbas (que Dios esté complacido con él) dijo: «¿Cómo podéis preguntar a los judíos y cristianos acerca de algo, cuando vuestro Libro, que fue revelado al Mensajero de Dios (que Dios le bendiga y le conceda paz), es más reciente y lo habéis leído en su forma pura, sin que haya podido introducirse en él ninguna alteración? Este Corán os ha informado de que los seguidores de las Escrituras anteriores cambiaron y adulteraron el Libro de Dios. Escribieron libros con sus propias manos y dijeron que procedían de Dios. Lo hacen para obtener un pequeño beneficio mundano. ¿Acaso el conocimiento que os ha llegado —el conocimiento del Corán y de la Sunna— no puede impedir que les preguntéis algo?». (Al-Bujari, as-Sahih, 6/2679). A pesar de todo ello, las narraciones israelitas fueron entrando gradualmente en la sociedad musulmana. En épocas posteriores, los musulmanes continuaron creyendo en ellas precisamente como palabras del Corán o del Hadiz. No es posible tratar este asunto detalladamente dentro del alcance de este libro. Por ello, señalaré brevemente algunos temas. 1. Sobre la fecha de la creación del mundo o la edad del mundo Todo lo que se dice acerca de la fecha y el momento de la creación del mundo, la edad del mundo, el cálculo del tiempo desde Adán (la paz sea con él) hasta Jesús (la paz sea con él), cuánto tiempo permanecerá el mundo, etc., son palabras inválidas, falsas y carentes de fundamento. Los falsificadores inventaron muchas cosas sobre este tema. En la Biblia de los judíos y cristianos se menciona la edad de la creación del mundo y se indica el momento de la creación del ser humano. Según los cálculos de la Biblia, la edad del mundo actual es de apenas 7000 (siete mil) años. Se ha demostrado histórica y científicamente que esto es erróneo. Basándose en estos datos falsos e incorrectos, también los historiadores musulmanes escribieron muchas cosas. Y los falsificadores inventaron muchos hadices apócrifos con este sentido. 2. Descripción de otras criaturas anteriores al ser humano No se ha dicho claramente en el Corán ni en los hadices si antes de la humanidad existió en este mundo algún ser inteligente distinto de los genios. Sin embargo, en varios lugares del Noble Corán se menciona que, antes del ser humano, Dios Altísimo creó a la especie de los genios dotándola, al igual que al ser humano, de inteligencia, voluntad y la responsabilidad de adorar. El Noble Corán no contiene una descripción detallada de la creación de los genios. Tampoco se encuentra ninguna narración sobre este tema en ningún hadiz sahih. Todo lo que se dice acerca del misterio de la creación de los genios, su antepasado original, sus actividades, sus profetas y mensajeros, sus castigos y tormentos, sus diversos reyes y soberanos, los nombres de sus profetas y mensajeros, etc., no es más que superstición, leyendas populares y relatos imaginarios poco fiables difundidos entre los judíos y cristianos. En el Corán se menciona que Iblis pertenece a la especie de los genios. Fue maldecido por desobedecer la orden de postrarse ante Adán. No existe ninguna narración sahih sobre la historia de su vida anterior a este acontecimiento. Todo lo que se dice sobre el nacimiento de Iblis, su genealogía y lista de acciones, su conocimiento y grandeza, su adoración y devoción, etc., son palabras de distintas personas, narraciones israelitas y relatos poco fiables. Libros como «Qisas al-Anbiya» están llenos de estas historias falsas. 3. El número de las criaturas: dieciocho mil criaturas Una afirmación muy difundida es: «dieciocho mil criaturas». Es decir, que el número de especies y clases de seres creados en este universo es solamente de 18.000. Esta afirmación no es más que una tradición popular y la opinión de algunos eruditos. No se ha transmitido ninguna información, ni siquiera en un hadiz débil, sobre si el número de las innumerables criaturas de Dios asciende a cientos de miles o a decenas de millones. 4. El número de profetas y mensajeros Por el Noble Corán se sabe que Dios Altísimo envió profetas y mensajeros a todas las naciones y sociedades, en todas las épocas. Se ha dicho: (Árabe*********) —«En cada comunidad ha sido enviado un amonestador». (Sura 35, Fatir, aleya 24. Véase también la sura 10, Yunus, aleya 47). El número total de estos profetas y mensajeros no se menciona en el Corán. Más bien, en el Noble Corán se declara que Dios informó a Su Mensajero (que Dios le bendiga y le conceda paz) acerca de algunos de estos profetas y mensajeros, y no le informó acerca de otros. Se ha dicho:وَرُسُلًا قَدْ قَصَصْنَاهُمْ عَلَيْكَ مِن قَبْلُ وَرُسُلًا لَّمْ نَقْصُصْهُمْ عَلَيْكَ ۚ—«Hemos enviado a muchos mensajeros cuya historia ya te hemos contado, y hemos enviado a muchos mensajeros cuya historia no te hemos contado». (Sura 4, An-Nisá, aleya 164. Véase también la sura 40, Gáfir/Al-Mu’min, aleya 78). Entre nosotros es muy conocida la afirmación de que el número de profetas y mensajeros fue de ciento veinticuatro mil o de doscientos veinticuatro mil. Sin embargo, debe señalarse que no se ha narrado ni un solo hadiz auténtico sobre el número de los profetas y mensajeros. En varios hadices débiles o inventados se han transmitido algunas afirmaciones al respecto. En ninguna parte he encontrado un hadiz con una cadena de transmisión que contenga claramente la cifra de doscientos veinticuatro mil. No obstante, se han transmitido ciento veinticuatro mil u otras cifras. Son las siguientes: a. Ciento veinticuatro mil Se ha transmitido mediante varias cadenas que el número de los profetas y mensajeros fue de ciento veinticuatro mil. Sin embargo, todas esas cadenas son extremadamente débiles. Algunos expertos en hadices consideraron inventados los hadices que transmiten este significado. Ibn Hibban y otros expertos en hadices narraron, a través de sus cadenas, un hadiz transmitido por un narrador del siglo III de la Hégira llamado Ibrahim ibn Hisham ibn Yahya al-Gassani (fallecido en 238 Hégira). Ibrahim dijo: «Mi padre me contó, de mi abuelo, quien lo contó de Abu Idris al-Jawlani, quien lo contó de Abu Dharr al-Gifari: “Dije: ‘¡Oh, Mensajero de Dios! ¿Cuántos profetas hubo?’. Él respondió: ‘Ciento veinticuatro mil’. Dije: ‘¡Oh, Mensajero de Dios! ¿Cuántos de ellos fueron mensajeros?’. Respondió: ‘Trescientos trece; un número muy grande”». (Ibn Hibban, As-Sahih, 1/76-79). Existe cierto desacuerdo entre los expertos en hadices respecto al narrador Ibrahim ibn Hisham, único transmisor de este hadiz. At-Tabarani e Ibn Hibban lo consideraron aproximadamente aceptable. Otros expertos en hadices lo identificaron como un narrador mentiroso. Abu Zur‘a dijo: «Ese hombre es un kaddhab, un mentiroso extremo». Abu Hatim ar-Razi acudió a él para recibir hadices. Tomó su manuscrito y lo comparó con sus narraciones orales; encontró innumerables contradicciones e incoherencias. Por ello dijo: «Se ve claramente que este hombre nunca dedicó tiempo al estudio de los hadices. Parece ser un mentiroso». Adh-Dhahabi lo calificó de matruk, es decir, abandonado. (Adh-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal, 1/201; Ibn Hayar, Lisan al-Mizan, 1/122). Como nadie narró este hadiz aparte de Ibrahim ibn Hisham, Ibn al-Yawzi y otros expertos lo clasificaron como inventado y apócrifo. (Ibn Kazir, At-Tafsir, 1/586-587). El imán Ahmad recopiló otro hadiz con este mismo significado. En él, un narrador llamado Mu‘an ibn Rifa‘a dice: «Me contó Ali ibn Yazid, de Al-Qasim Abu Abdurrahman, de Abu Umama —que Dios esté complacido con él—…: “¿Cuántos profetas hubo?”. Respondió: “Ciento veinticuatro mil…”». (Ahmad, Al-Musnad, 5/265). El narrador de este hadiz, Mu‘an ibn Rifa‘a as-Sulami, era algo débil. (Ibn al-Yawzi, Ad-Du‘afa, 3/126; Adh-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal, 6/455). Su maestro Ali ibn Yazid era aún más débil. El imán Al-Bujari lo calificó de munkar, objetable. Los imanes An-Nasa’i, Ad-Daraqutni y otros expertos lo mencionaron como abandonado. (An-Nasa’i, Ad-Du‘afa, p. 77). Su maestro Al-Qasim Abu Abdurrahman (fallecido en 112 Hégira) también era débil. Incluso el imán Ahmad, Ibn Hibban y otros expertos dijeron que Al-Qasim transmitía, en nombre de los compañeros, muchas afirmaciones que hacían pensar que cometía esos errores deliberadamente. Afirmaba haber visto a cuarenta compañeros que participaron en Badr, aunque nació a mediados del primer siglo. (Ibn al-Yawzi, Ad-Du‘afa, 3/14). De esto se desprende que este hadiz también es extremadamente débil. La misma cifra se transmitió en una o dos cadenas igualmente muy débiles. En conjunto, aunque esta cifra no sea necesariamente inventada, debe considerarse extremadamente débil. Dios Altísimo sabe mejor. (Ibn Kazir, Tafsir, 1/587-588). b. Ocho mil profetas Abu Ya‘la al-Mawsili narró de Musa ibn Ubayda ar-Rabazi, quien narró de Yazid ibn Aban ar-Raqashi, que Anas ibn Malik —que Dios esté complacido con él— dijo que el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Dios Altísimo envió ocho mil profetas: cuatro mil entre los hijos de Israel y los otros cuatro mil entre el resto de la humanidad». (Ibn Kazir, Tafsir, 1/588). Este hadiz también es débil. El imán Ibn Kazir dijo: «Esta cadena también es débil. Ar-Rabazi es débil, y su maestro Ar-Raqashi es aún más débil». Ibn Kazir señaló que esta cifra también se transmitió mediante otra cadena, que aparentemente es más o menos aceptable. (Ibn Kazir, Tafsir, 1/588). c. Mil profetas o más En un hadiz recopilado por el imán Ahmad y otros expertos, el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «Soy el último de mil profetas o más». Ibn Kazir, Al-Hayzami y otros expertos señalaron que, en cuanto a la cifra, este hadiz es algo más aceptable que los demás, aunque su cadena también presenta debilidad. (Ibn Kazir, Tafsir, 1/588). 5. Los nombres de los profetas y mensajeros En el Corán se mencionan los nombres de veinticinco profetas: Adán (su nombre se menciona 25 veces; véase la sura Al-Baqara, aleya 31…); Idris (2 veces; véase la sura Maryam, aleya 56…); Noé (43 veces; véase la sura Al ‘Imran, aleya 33…); Hud (8 veces; véase la sura Al-Baqara, aleya 124…); Saleh (9 veces; véase la sura Al-A‘raf, aleya 73…); Abraham (69 veces; véase la sura Al-Baqara, aleya 124…); Lot (17 veces; véase la sura Hud, aleya 70…); Ismael (12 veces; véase la sura Al-Baqara, aleya 125…); Isaac (17 veces; véase la sura Al-Baqara, aleya 133…); Jacob (16 veces; véase la sura Al-Baqara, aleya 132…); José (27 veces; véase la sura An-Nisa, aleya 84…); Job (4 veces; véase la sura An-Nisa, aleya 163…); Shu‘ayb (11 veces; véase la sura Al-A‘raf, aleya 85…); Moisés (136 veces; véase la sura Al-Baqara, aleya 51…); Aarón (20 veces; véase la sura Al-Baqara, aleya 248…); Jonás (4 veces; véase la sura An-Nisa, aleya 163…); David (16 veces; véase la sura Al-Baqara, aleya 251…); Salomón (17 veces; véase la sura Al-Baqara, aleya 102…); Elías (3 veces; véase la sura Al-An‘am, aleya 85…); Eliseo (2 veces; véase la sura Al-An‘am, aleya 86 y la sura Sad, aleya 48); Dhul-Kifl (2 veces; véase la sura Al-Anbiya, aleya 85, y la sura Sad, aleya 48); Zacarías (7 veces; véase la sura Al ‘Imran, aleya 37…); Juan (5 veces; véase la sura Al ‘Imran, aleya 39…); Jesús (25 veces; véase la sura Al-Baqara, aleya 87…); y Muhammad —que Dios le bendiga y le conceda paz—. Su nombre se menciona cuatro veces: en la sura Al ‘Imran, aleya 144; en la sura Al-Ahzab, aleya 40; en la sura Muhammad, aleya 2; y en la sura Al-Fath, aleya 29. Dios menciona por su nombre a todos los profetas y mensajeros en el Corán y emplea sus nombres al relatar sus historias. Sin embargo, no lo hizo así con Muhammad —que Dios le bendiga y le conceda paz—. Al dirigirse a él, el Sagrado Corán emplea generalmente expresiones como «¡Oh, Profeta!» y «¡Oh, Mensajero!». Cuando habla de él, utiliza sus honorables títulos: profeta, mensajero o siervo. Por ello, su nombre solo aparece en cuatro lugares del Corán. (Ibn Kazir, Tafsir, 1/586; Al-Qurtubi, Tafsir, 3/31). En el Noble Corán se menciona que los judíos afirmaban que Uzair era hijo de Dios. (Sura 9, At-Tawba, aleya 30). Sin embargo, no se dice nada sobre su profecía. Abu Huraira —que Dios esté complacido con él— dijo que el Mensajero de Dios —que Dios le bendiga y le conceda paz— dijo: «No sé si Uzair era profetaوَاتَّبَعُوا مَا تَتْلُو الشَّيَاطِينُ عَلَىٰ مُلْكِ سُلَيْمَانَ ۖ وَمَا كَفَرَ سُلَيْمَانُ وَلَٰكِنَّ الشَّيَاطِينَ كَفَرُوا يُعَلِّمُونَ النَّاسَ السِّحْرَ وَمَا أُنزِلَ عَلَى الْمَلَكَيْنِ بِبَابِلَ هَارُوتَ وَمَارُوتَ ۚ وَمَا يُعَلِّمَانِ مِنْ أَحَدٍ حَتَّىٰ يَقُولَا إِنَّمَا نَحْنُ فِتْنَةٌ فَلَا تَكْفُرْ ۖ“Y seguían lo que los demonios recitaban durante el reino de Salomón. Salomón no incurrió en incredulidad; fueron los demonios quienes incurrieron en incredulidad. Enseñaban magia a la gente, y lo que había sido revelado en Babilonia a Harut y Marut. Pero ellos no enseñaban a nadie sin decir: ‘Nosotros somos solo una prueba; por tanto, no incurráis en incredulidad…’” Desde la época de los Compañeros y los tabi‘íes existen discrepancias entre los exegetas respecto al significado y la explicación de esta aleya. ‘Abdullah ibn ‘Abbas (que Allah esté complacido con él) y algunos otros exegetas dijeron que la partícula árabe utilizada respecto a Harut y Marut significa «no». Es decir, tampoco se hizo descender magia sobre los dos ángeles Harut y Marut. Del mismo modo que las afirmaciones de los judíos acerca de Sulayman (la paz sea con él) son falsas, también lo son sus afirmaciones acerca de Harut y Marut. Sin embargo, generalmente los exegetas han dicho que, cuando los judíos comenzaron a afirmar que todo era magia, sin distinguir entre los prodigios, los milagros y la magia, Allah encargó a dos ángeles enseñar la naturaleza de la magia y la diferencia entre la magia y el milagro. Ellos enseñaban esta diferencia a la gente y decían: «No incurráis en incredulidad utilizando este conocimiento para practicar magia». A pesar de ello, muchos continuaban sumergidos en la incredulidad de emplear la magia. Algunos exegetas dijeron que eran dos seres humanos; debido a su conocimiento especial, erudición o rectitud, la gente los llamaba ángeles humanos. De este modo enseñaban a la gente los perjuicios de la magia. En el Corán no se ha dicho nada más acerca de Harut y Marut. Tampoco se encuentra nada sobre este asunto en los hadices auténticos. Sin embargo, muchas historias relacionadas con este tema circulan en los libros de exégesis y en la sociedad bajo el nombre de hadices o de tafsir. El resumen de la historia es el siguiente: debido a los pecados de la humanidad, los ángeles dijeron a Allah: «¿Por qué perdonas tantos delitos de los seres humanos o no los castigas?». Allah les dijo: «Si vosotros tuvierais también la naturaleza humana, cometeríais pecados semejantes». Ellos respondieron: «Jamás». Entonces escogieron, para ponerlos a prueba, a dos ángeles llamados Harut y Marut. Se les concedió una naturaleza humana y fueron enviados a la Tierra. Se enamoraron de una mujer sumamente hermosa llamada Zuhra y se vieron envueltos en los pecados de beber alcohol, adulterio y asesinato. En cambio, Zuhra aprendió de ellos los encantamientos y voló al cielo. Entonces fue transformada en una estrella.……… Estas historias son, en esencia, relatos difundidos entre los judíos. Sin embargo, en algunos libros de exégesis también se han transmitido como hadices. Todos los hadices relacionados con este asunto fueron transmitidos mediante cadenas extremadamente débiles y falsas. Algunos expertos en hadiz, debido a la existencia de varias cadenas de transmisión, consideraron aceptables algunas de estas narraciones. Muchos otros expertos en hadiz opinaron que todas eran falsas y fabricadas. El sabio al-Qurtubi y otros expertos en hadiz y exegetas mencionaron que todas estas historias contradicen la creencia islámica acerca de los ángeles. En el judaísmo, el cristianismo y muchas otras religiones se imagina a los ángeles con naturaleza humana. También se cree que poseen voluntad y capacidad de decisión propias. Según la creencia islámica, los ángeles están exentos de todo tipo de inclinación humana, pensamiento propio o tendencia a oponerse a las decisiones de Allah. Pueden preguntar al Altísimo Allah para conocer algo. Pero no poseen ninguna naturaleza que les permita desafiar una acción o una palabra de Allah. Por consiguiente, todas estas historias son contrarias a la ‘aqida islámica. Sobre este tema, el sabio Ibn Kathir y otros expertos en hadiz reunieron todas las narraciones y, basándose en un examen comparativo, dijeron que no se ha transmitido del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) ningún hadiz auténtico ni ninguna narración con una cadena fiable. Los hadices sobre este asunto atribuidos a él son falsos. No obstante, algunas narraciones transmitidas de los Compañeros como palabras propias de ellos poseen cadenas de transmisión más o menos aceptables. Es muy conocido que algunos Compañeros (que Allah esté complacido con ellos) escuchaban y relataban diversas historias difundidas entre los judíos sobre estos asuntos. Probablemente las dijeron basándose en dichas narraciones. Allah sabe mejor. (al-Tabari, 1/451-464; Ibn Kathir, 1/135-144). En nuestra sociedad circulan muchas otras historias inventadas y narraciones israelitas acerca de los profetas y mensajeros anteriores. Libros como «Qisas al-Anbiya» están llenos de estas historias falsas. Para analizarlas detalladamente haría falta un espacio mucho mayor. Por ahora, he concluido aquí la discusión de este tema.
2.4. Sobre el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz)
La dignidad, las virtudes, la grandeza y la importancia ilimitadas e incomparables del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) se describen en innumerables versículos del Noble Corán y en numerosos hadices auténticos. Sin embargo, el lenguaje solemne, el razonamiento intelectual y la inspiración espiritual de estos textos no atraen a muchos creyentes. Por ello, con frecuencia dejamos de lado los versículos y hadices auténticos y discutimos, escribimos y mencionamos en los sermones relatos absolutamente infundados, inventados y sumamente poco fiables. Hemos visto que tres de los principales ámbitos de los hadices falsos difundidos en la sociedad musulmana son: 1) los libros sobre las virtudes y la recompensa de diversas buenas obras; 2) los libros sobre los profetas anteriores y las historias de los profetas; y 3) los libros sobre el nacimiento, la vida, los milagros y la biografía del Mensajero de Allah. Con el paso del tiempo, las afirmaciones falsas e infundadas sobre estos temas aumentaron. Ya hemos explicado que en las obras de biografía, milagros y pruebas proféticas compiladas en los siglos décimo, undécimo y duodécimo de la hégira se incluyeron innumerables relatos infundados y falsos que ni siquiera aparecen en obras anteriores de biografía o milagros, mucho menos en colecciones de hadices. El erudito Abul Kalam Azad mencionó en su obra Rasule Rahmat algunos relatos inventados de este tipo, después de compararlos y examinarlos: que antes del nacimiento del Mensajero de Allah llegaron Asiya y Maryam y anunciaron a Aminah la buena noticia de su nacimiento; que Aminah no sufrió ninguna dificultad desde la concepción hasta el parto, y otros relatos semejantes. Algunos creen que, al atribuir mentiras al Mensajero, aumentamos su dignidad. ¡Qué pensamiento tan abominable! ¡Como si su verdadera dignidad fuera insuficiente y hubiera que aumentarla con mentiras! Allah nos libre. Allah, el Majestuoso, y Su Mensajero se disgustan profundamente con la mentira, y la peor mentira es mentir en nombre de Allah y de Su Mensajero. Allah concedió a los profetas anteriores muchos milagros perceptibles, y también al último Profeta y Profeta universal. Pero la mayoría de sus milagros fundamentales son abstractos e intelectuales. El conocimiento del lenguaje, la literatura, la filosofía y la ciencia permite comprender su milagro. Con el propósito de atraer, entretener o excitar a personas ignorantes, narradores, predicadores y falsificadores inventaron muchas historias y las hicieron pasar por hadices. Algunos podrían considerar que identificar estos hadices falsos es una falta de respeto hacia el Mensajero. En realidad, mentir en su nombre es la mayor falta de respeto y enemistad contra él. La mentira que el mentiroso, inspirado por Satanás, considera favorable a su dignidad es en realidad perjudicial para ella. Resistir la mentira, reconocerla y mantenerse alejado de ella es una instrucción del Mensajero. Cumplirla es obedecerlo, seguirlo, venerarlo y amarlo. Aquí menciono algunas afirmaciones inventadas relacionadas con el Mensajero. 1. «Yo soy el último profeta; no habrá profeta después de mí, salvo que Allah quiera». Es una mentira abominable fabricada por falsificadores. El Noble Corán declaró que el Mensajero es el último profeta. En Sahih al-Bujari, Sahih Muslim y todas las colecciones de hadices se transmiten, con las cadenas más sólidas, innumerables narraciones de muchos compañeros según las cuales no habrá profeta después de él. Él es el último ladrillo del edificio de los profetas; por medio de él terminó la profecía. A pesar de todo, las conspiraciones de los desviados no cesaron. Muhammad ibn Said, un zindiq del segundo siglo de la hégira, atribuyó la frase: «Soy el último profeta; no habrá profeta después de mí, salvo que Allah quiera». Nadie aparte de este zindiq transmitió la añadidura «salvo que Allah quiera», y no se encuentra en ninguna colección de hadices. Solo aparece en su biografía y en obras sobre hadices falsos como ejemplo de mentira. Aun así, los qadianíes y otros grupos desviados intentan usarla como prueba de sus ideas. El signo del musulmán bien guiado es someter su alma, voluntad, preferencias y deseos a la guía de Allah y de Su Mensajero. Cuando escucha un hadiz, solo considera si fue transmitido con una cadena auténtica; no lo acepta o rechaza según coincida con su opinión, sino que somete su opinión al hadiz. Los desviados, por el contrario, aceptan una afirmación según sus preferencias, la interpretan y la distorsionan para apoyarla, y abandonan incluso un hadiz auténtico o una instrucción coránica clara cuando contradice sus ideas. 2. «Si no fuera por usted, no habría creado el universo». Esta es otra afirmación inventada: «Si no fuera por usted, no habría creado los cielos, la tierra o el universo». Al-Saghani, Mulla Ali al-Qari, Abd al-Hayy al-Laknawi y otros especialistas declararon unánimemente que carece de fundamento, pues no fue transmitida con ninguna cadena en ninguna colección de hadices. En un sentido parecido se narraron algunos hadices débiles o inventados, que se mencionarán más adelante. 3. El nombre del Mensajero escrito en el Trono. En un hadiz débil o inventado se atribuye a Umar ibn al-Jattab que el Mensajero dijo: cuando Adán cometió el error de comer del fruto prohibido, suplicó a Allah por el derecho de Muhammad. Allah le preguntó cómo lo conocía si aún no lo había creado. Adán respondió que, al levantar la cabeza después de ser creado, vio escrito en los pilares del Trono: «No hay divinidad sino Allah; Muhammad es el Mensajero de Allah». Por ello comprendió que Muhammad era la criatura más amada por Allah. Allah le dijo que había hablado correctamente y que, al pedir por el derecho de Muhammad, lo perdonaba. El hadiz aparece en al-Mustadrak de al-Hakim. Al-Hakim lo declaró auténtico, pero todos los especialistas coinciden en que es débil, aunque discrepan sobre si es inventado. El propio al-Hakim calificó en otra obra de mentiroso a uno de sus transmisores. La cadena es extremadamente débil: incluye a Abd al-Harith al-Fihri, poco fiable, y a Abd al-Rahman ibn Zayd ibn Aslam, también muy débil. Los especialistas no aceptaron sus narraciones porque confundía los hadices y los transmitía de manera desordenada. El propio al-Hakim afirmó que Abd al-Rahman había transmitido hadices inventados de su padre y que la acusación de falsificación recaía sobre él. Ningún otro discípulo de Zayd ibn Aslam transmitió este relato, y solo Abd al-Rahman afirmó haberlo escuchado de su padre. Por ello al-Dhahabi, Ibn Hayar y otros lo clasificaron como inventado, mientras al-Bayhaqi lo consideró extremadamente débil. Algunos dijeron que originalmente era una afirmación difundida entre judíos y cristianos sobre el último profeta y que ciertos compañeros la pronunciaron; luego Abd al-Rahman la elevó falsamente al rango de palabra del Mensajero. También se narró una versión débil como palabra de Ibn Abbas: Allah reveló a Jesús que debía creer en Muhammad y ordenar a sus seguidores que creyeran en él; que, sin Muhammad, no habría creado a Adán, el Paraíso ni el Infierno; y que escribió sobre el Trono «No hay divinidad sino Allah; Muhammad es el Mensajero de Allah», con lo que el Trono dejó de temblar. Al-Hakim lo declaró auténtico, pero al-Dhahabi afirmó que parecía inventado, pues su único transmisor era un desconocido. Por ello al-Dhahabi e Ibn Hayar lo consideraron una mentira fabricada en nombre de Ibn Abbas.اللَّهُ نُورُ السَّمَاوَاتِ وَالْأَرْضِ ۚ مَثَلُ نُورِهِ كَمِشْكَاةٍ فِيهَا مِصْبَاحٌ ۖAllah es la luz de los cielos y de la tierra. La parábola de Su luz es como una hornacina en la que hay una lámpara… (sura 24, La Luz, 35). Al-Tabari explicó que esto significa que Allah guía a todos los habitantes de los cielos y de la tierra; mediante Su luz son guiados hacia la verdad. De Ibn Abbas se transmitió que significa que Allah guía a los habitantes de los cielos y de la tierra. De Anas se transmitió: «Mi guía es Mi luz». Allah mencionó el Corán como luz en diversos lugares. Respecto al Mensajero se dijo: quienes creen en él, lo honran, lo ayudan y siguen la luz que fue descendida con él, esos serán los triunfadores.الَّذِينَ يَتَّبِعُونَ الرَّسُولَ النَّبِيَّ الْأُمِّيَّ الَّذِي يَجِدُونَهُ مَكْتُوبًا عِندَهُمْ فِي التَّوْرَاةِ وَالْإِنجِيلِ يَأْمُرُهُم بِالْمَعْرُوفِ وَيَنْهَاهُمْ عَنِ الْمُنكَرِ وَيُحِلُّ لَهُمُ الطَّيِّبَاتِ وَيُحَرِّمُ عَلَيْهِمُ الْخَبَائِثَ وَيَضَعُ عَنْهُمْ إِصْرَهُمْ وَالْأَغْلَالَ الَّتِي كَانَتْ عَلَيْهِمْ ۚ فَالَّذِينَ آمَنُوا بِهِ وَعَزَّرُوهُ وَنَصَرُوهُ وَاتَّبَعُوا النُّورَ الَّذِي أُنزِلَ مَعَهُ ۙ أُولَٰئِكَ هُمُ الْمُفْلِحُونَ [٧:١٥٧«Quienes siguen al Mensajero, el Profeta iletrado… quienes creen en él, lo honran, lo ayudan y siguen la luz que fue descendida con él, esos serán los triunfadores» (sura 7, Los Lugares Elevados, 157). Aquí se llama luz al Corán descendido sobre el Mensajero. En otro lugar el Corán es llamado espíritu y luz.وَكَذَٰلِكَ أَوْحَيْنَا إِلَيْكَ رُوحًا مِّنْ أَمْرِنَا ۚ مَا كُنتَ تَدْرِي مَا الْكِتَابُ وَلَا الْإِيمَانُ وَلَٰكِن جَعَلْنَاهُ نُورًا نَّهْدِي بِهِ مَن نَّشَاءُ مِنْ عِبَادِنَا ۚ وَإِنَّكَ لَتَهْدِي إِلَىٰ صِرَاطٍ مُّسْتَقِيمٍ [٤٢:٥٢«Así te hemos revelado un espíritu procedente de Nuestro mandato. Tú no sabías qué era el Libro ni qué era la fe, pero lo hicimos una luz con la que guiamos a quien queremos de Nuestros siervos» (sura 42, La Consulta, 52). En otro lugar también se llama luz a la Torá revelada a Moisés. Se afirma asimismo que la Torá y el Evangelio contenían luz: «Hemos revelado la Torá, en la que hay guía y luz… y le dimos el Evangelio, en el que hay guía y luz» (sura 5, La Mesa Servida, 44 y 46). En muchos otros lugares Allah menciona simplemente la luz o la luz de Allah. Los comentaristas discreparon sobre su significado desde la época de los compañeros y sus sucesores. Por ejemplo, se dice que quieren apagar la luz de Allah con sus bocas, pero Allah completará Su luz aunque los incrédulos lo detesten.يُرِيدُونَ أَن يُطْفِئُوا نُورَ اللَّهِ بِأَفْوَاهِهِمْ وَيَأْبَى اللَّهُ إِلَّا أَن يُتِمَّ نُورَهُ وَلَوْ كَرِهَ الْكَافِرُونَ [٩:٣٢«Quieren apagar la luz de Allah con sus bocas, pero Allah completará Su luz aunque los incrédulos lo detesten» (sura 61, Las Filas, 8; sura 9, El Arrepentimiento, 32). Los comentaristas discreparon sobre el significado de «la luz de Allah». Al-Qurtubi mencionó cinco opiniones: 1) el Corán, que los incrédulos intentan invalidar con sus palabras; 2) el islam, que intentan resistir; 3) Muhammad, cuya destrucción pretenden mediante calumnias; 4) las pruebas de Allah, que intentan negar; y 5) el sol, pues intentar apagarlo soplando sería absurdo e imposible.الر ۚ كِتَابٌ أَنزَلْنَاهُ إِلَيْكَ لِتُخْرِجَ النَّاسَ مِنَ الظُّلُمَاتِ إِلَى النُّورِ بِإِذْنِ رَبِّهِمْ إِلَىٰ صِرَاطِ الْعَزِيزِ الْحَمِيدِ [١٤:١«Este es un Libro que hemos hecho descender sobre ti para que saques a la humanidad de las tinieblas hacia la luz» (sura 14, Abraham, 1). Aquí las tinieblas y la luz no significan cosas materiales. Las tinieblas son las de la incredulidad, y la luz es el Corán o el islam. De manera semejante, los comentaristas interpretaron la luz mencionada en otros versículos como el Corán, el islam o Muhammad.يَا أَهْلَ الْكِتَابِ قَدْ جَاءَكُمْ رَسُولُنَا يُبَيِّنُ لَكُمْ كَثِيرًا مِّمَّا كُنتُمْ تُخْفُونَ مِنَ الْكِتَابِ وَيَعْفُو عَن كَثِيرٍ ۚ قَدْ جَاءَكُم مِّنَ اللَّهِ نُورٌ وَكِتَابٌ مُّبِينٌ [٥:١٥«¡Gente del Libro! Os ha llegado Nuestro Mensajero para aclararos mucho de lo que ocultabais del Libro y para pasar por alto mucho. Os ha llegado de Allah una luz y un Libro claro» (sura 5, La Mesa Servida, 15). Los comentaristas discreparon sobre la luz: algunos dijeron que es el Corán, otros que es el islam y otros que es Muhammad. No existe contradicción entre estas tres explicaciones. Quienes la interpretaron como islam observaron que primero se menciona al Mensajero y después al Libro; por eso es natural entender la luz como islam. También se dice que en árabe hay dos palabras para luz: diya y nur. La primera contiene calor, mientras la segunda es una luz suave y agradable. Las legislaciones anteriores tenían mayor dureza, mientras que la legislación islámica es fácil, bella y adecuada para la vida; por eso se la llamó luz. Quienes interpretaron la luz como Corán observaron que, al mencionarse primero al Mensajero y después el Libro claro, la luz y el Libro se refieren al Corán. Quienes la interpretaron como Muhammad consideraron que él ilumina la verdad, hace triunfar el islam y elimina el politeísmo. Al-Tabari dijo que él es luz para quien desea iluminarse mediante él y que manifestó muchas cosas que los judíos ocultaban del Libro de Allah.يَا أَيُّهَا النَّبِيُّ إِنَّا أَرْسَلْنَاكَ شَاهِدًا وَمُبَشِّرًا وَنَذِيرًا [٣٣:٤٥] وَدَاعِيًا إِلَى اللَّهِ بِإِذْنِهِ وَسِرَاجًا مُّنِيرًا [٣٣:٤٦«¡Oh, Profeta! Te hemos enviado como testigo, anunciador de buenas noticias y advertidor, como quien invita hacia Allah con Su permiso y como lámpara luminosa» (sura 33, Los Confederados, 45-46). De lo anterior vemos que el Corán es llamado luz como guía hacia la verdad y senda recta. Algunos comentaristas también explicaron en ciertos versículos que la luz es el Mensajero o el islam. Sin embargo, estas descripciones no significan que Muhammad, el Corán o el islam estén hechos de luz o hayan sido creados de una luz material. No se trata de una luz creada, corpórea o perceptible, sino de una luz abstracta, espiritual e ideal que ilumina los corazones desde la confusión y la incredulidad hacia la fe, la verdad y la guía. En segundo lugar, los hadices mencionan repetidamente que el ser humano fue creado de tierra. La materia de la creación se refiere al primer ser creado; sus descendientes heredan esa naturaleza. Adán fue creado de tierra, mientras las generaciones posteriores nacen por procesos naturales. Nadie vuelve a ser formado literalmente con tierra, aunque todos son llamados seres de tierra. El Corán y los hadices describen al Mensajero como bashar, ser humano, y como alguien que no es distinto de los seres humanos. Algunos hadices difundidos afirman que fue creado de luz. Su significado puede resultar atractivo, pero la característica esencial de la comunidad musulmana es comprobar la autenticidad de cualquier afirmación antes de aceptarla. Primero se evalúa la autenticidad de las pruebas y después el significado. A continuación se mencionan varios hadices falsos sobre este tema.ﷺdel Mensajero posee una característica especial. Esto puede agradarnos, pero la comunidad musulmana debe verificar la autenticidad de cualquier afirmación antes de aceptarla. No se juzga solo por su significado, sino primero por la solidez de sus pruebas y después por su sentido. Aquí se mencionan varios hadices falsos sobre este tema. 4. El Mensajero y Ali fueron creados de luz.ﷺ«A mí y a Ali nos crearon de luz. Dos mil años antes de la creación de Adán estábamos a la derecha del Trono. Cuando Allah creó a Adán, comenzamos a pasar por los lomos de los seres humanos». Los especialistas coinciden en que es un hadiz falso e inventado. Un mentiroso llamado Ya‘far ibn Ahmad ibn Ali al-Gafiqi lo fabricó y también inventó una cadena para él.ﷺ5. El Mensajero fue creado de la luz de Allah y Abu Bakr de su luz. «Allah me creó de Su luz; creó a Abu Bakr de mi luz; a Umar de la luz de Abu Bakr; y a mi comunidad de la luz de Umar». Los especialistas coinciden en que es falso e inventado. Ahmad ibn Yusuf al-Manbiyi difundió esta mentira y fabricó para ella una cadena aparentemente hermosa. Otra afirmación inventada dice: «Allah me creó de Su luz; creó a Abu Bakr de mi luz; a Umar de la luz de Abu Bakr; y a todos los creyentes, salvo los profetas y mensajeros, de la luz de Umar». Otra afirmación infundada dice: «Allah me creó de Su luz; creó a Abu Bakr de mi luz; a Umar y Aisha de la luz de Abu Bakr; a los hombres creyentes de mi comunidad de la luz de Umar y a las mujeres creyentes de la luz de Aisha».ﷺ6. El Mensajero fue creado de la luz del rostro de Allah. En el libro falsamente atribuido a Abd al-Qadir al-Yilani, titulado Sirr al-Asrar, los falsificadores introdujeron muchas afirmaciones abominables como si fueran hadices. Una de ellas dice que Allah afirmó: «Creé a Muhammad de la luz de Mi rostro». Esta mentira abominable ni siquiera fue transmitida con una cadena falsa.ﷺ7. El arroz fue creado de la luz del Mensajero. Otra mentira fabricada por los falsificadores dice: «El arroz procede de mí y yo procedo del arroz. El arroz fue creado del resto de mi luz». 8. El creyente fue creado de la luz de Allah. Al-Daylami transmitió de Ibn Abbas que el Mensajero dijo: «El creyente mira mediante la luz de Allah, de la cual fue creado». Este hadiz también es falso. Su único transmisor, Maysara ibn Abd Rabbihi, fue uno de los falsificadores y mentirosos más conocidos de los siglos segundo y tercero de la hégira. Al-Bujari, Abu Dawud, Abu Hatim, Ibn Hibban y todos los especialistas coincidieron en ello.ﷺ9. La luz de Muhammad fue la primera creación. Estos hadices no son muy difundidos entre nosotros, aunque aparecen en diferentes libros, con cadena o sin ella, y los especialistas los declararon falsos después de examinarlos. En cambio, una frase que no aparece en ninguna colección de hadices y cuya existencia no se encuentra en ninguna parte se ha vuelto muy popular: «Allah creó primero mi luz». No solo es popular, sino que una afirmación completamente infundada y sin cadena ha adquirido la forma de una verdad universalmente aceptada y se reconoce incluso como parte de la creencia islámica. La frase se presenta como parte de un largo hadiz. Su resumen es que Yabir preguntó al Mensajero qué creó Allah primero, y este respondió: «Primero creó la luz de tu Profeta a partir de Su luz». Después se afirma que de esa luz fueron creados el Trono, el Escabel, la Tabla, la Pluma, los ángeles, los genios, los seres humanos y todo el universo.ﷺLa historia continúa diciendo que, tras crear primero la luz del Profeta, Allah la dividió en partes y de ellas creó el Trono, el Escabel, la Tabla, la Pluma, los ángeles, los genios, los seres humanos y el universo entero. Estas palabras suenan agradables. Si estuviera permitido mentir en nombre del Mensajero o repetir todo lo que escuchamos, las aceptaríamos sin vacilar. Pero como está prohibido, debemos rechazarlas.ﷺSi estuviera permitido mentir en nombre del Mensajero o repetir cuanto escuchamos, aceptaríamos sin reservas estas palabras. Sin embargo, puesto que está prohibido, nos vemos obligados a protestar. Todo lo que se difunde afirmando que el Mensajero fue creado primero de luz, o que el universo y las demás criaturas fueron creados de su luz, carece de fundamento y es falso.ﷺAlgunos afirmaron que este hadiz fue compilado por al-Bayhaqi o Abd al-Razzaq al-San‘ani. La afirmación es infundada: no aparece en ninguna obra de Abd al-Razzaq ni de al-Bayhaqi, ni en ninguna colección de hadices, con una cadena auténtica, débil o inventada. Desde la época de los compañeros se compilaron cientos de colecciones con cadenas de transmisión. Cualquier hadiz popular suele aparecer en muchas de ellas, y los hadices importantes pueden encontrarse en decenas de libros. Pero busque la frase «Allah creó primero mi luz»: no la encontrará en una sola colección. Durante siglos después del Mensajero nadie la conoció ni la escribió, ni siquiera en biografías, historias o sermones sin cadenas.ﷺSegún lo que se conoce, el célebre erudito del siglo séptimo de la hégira, Muhy al-Din Ibn Arabi, fue el primero en mencionar estas palabras como hadiz. En sus obras incluyó numerosos hadices falsos y afirmaciones aparentemente incompatibles con la doctrina islámica. Posteriormente algunos veneradores ofrecieron diversas excusas e interpretaciones, mientras otros lo criticaron severamente. Ahmad ibn Abd al-Ahad al-Sarhindi protestó repetidamente contra esas afirmaciones infundadas. Ibn Arabi no citó ninguna fuente ni cadena para esta frase, pero construyó sobre ella su conocida teoría de la creación: Allah creó primero la luz de Muhammad y de ella creó todo lo demás. La idea se difundió gradualmente, especialmente desde los siglos noveno y décimo, cuando los autores comenzaron a copiar afirmaciones ajenas sin verificarlas. Al-Qastallani llegó a afirmar que el hadiz estaba en el Musannaf de Abd al-Razzaq, pero ningún investigador lo encuentra allí ni en otra obra. Al-Suyuti y otros especialistas que examinaron el asunto confirmaron que es una afirmación inexistente e infundada. Con el tiempo, esta idea produjo una grave desviación: algunos entendieron que la esencia de Allah era una luz y que Él había creado al Profeta a partir de una parte de Su esencia. ¡Qué politeísmo tan abominable! Los cristianos cayeron en una desviación semejante al convertir a Jesús en parte de la esencia divina. Aunque el Evangelio presenta a Jesús como humano, algunos terminaron afirmando que era Dios encarnado y desarrollaron la doctrina de las dos naturalezas. Hoy algunos musulmanes caen en una desviación comparable. Incluso si el hadiz fuera auténtico, no justificaría esa interpretación. Cuando se dice que Allah insufló Su espíritu en Adán o que Jesús es «el espíritu de Allah», no significa que posean una parte de la esencia divina, sino que son espíritus creados por Él. Lo mismo debe entenderse respecto a Su luz. Debemos depender de los versículos coránicos y de los hadices auténticos, y no atribuir al Mensajero afirmaciones infundadas. 10. La luz de Muhammad tenía forma de pavo real. Entre las historias difundidas figura la de que la luz de Muhammad apareció con forma de pavo real. Todas estas afirmaciones carecen de fundamento y no se encuentra ninguna cadena en colecciones auténticas, débiles o inventadas. Se cuenta, por ejemplo, que Allah creó un árbol llamado el Árbol de la Certeza, colocó allí la luz del Mensajero en forma de pavo real dentro de una envoltura transparente y blanca, y luego creó todo de esa luz. No existe ninguna cadena para tales relatos. 11. El Mensajero existía en forma de estrella.ﷺEn una carta, al-Sarhindi afirmó que su preocupación eran las palabras claras y decisivas del Corán y la Sunna, no las afirmaciones basadas en revelaciones personales de Ibn Arabi. También elogió a los sufíes auténticos por aferrarse a los textos claros y no abandonar los hadices por obras místicas. En cualquier caso, Ibn Arabi no citó fuente ni cadena para la frase sobre la luz de Muhammad. Sin embargo, construyó sobre ella su teoría de la creación, inspirada en la doctrina cristiana del Logos. Los cristianos sostienen que Dios creó primero la Palabra o el Hijo a partir de Su esencia y luego creó las demás criaturas mediante él. Ibn Arabi sostuvo que Allah creó primero la luz de Muhammad y que de ella creó todo. La idea se propagó gradualmente. Desde los siglos noveno y décimo, los autores copiaban cada vez más las palabras de otros sin comprobarlas. Por reverencia, prisa u otras razones, un escritor tomaba indiscriminadamente de otro. Al-Qastallani afirmó que el hadiz estaba en el Musannaf de Abd al-Razzaq, pero esto es un error que después se convirtió en una equivocación generalizada. Los manuscritos y ediciones de esas obras están disponibles, y quien las consulte puede comprobarlo; al-Suyuti y otros especialistas confirmaron que el hadiz no existe. Durante los últimos siglos esta afirmación se difundió ampliamente entre los musulmanes y llegó a presentarse como parte de la fe. De ella surgió la idea de que la esencia de Allah es una luz y que el Profeta fue creado de una parte de ella. Esto es un politeísmo abominable. Los cristianos se desviaron de manera semejante: aunque Jesús afirmó ser humano, algunos terminaron diciendo que era parte de la esencia de Dios. Los musulmanes no deben repetir ese error. La afirmación de que Allah creó al Profeta de Su espíritu o de Su luz debe entenderse como creación de un espíritu o una luz creados por Allah, no como parte de Su esencia. 10. La luz de Muhammad con forma de pavo real. Se cuenta que Allah creó el Árbol de la Certeza, dio a la luz del Mensajero la forma de un pavo real, la colocó dentro de un velo de perlas transparentes y blancas, y luego creó todas las cosas a partir de ella. Estas historias no tienen ninguna cadena ni fundamento. 11. El Mensajero existía como una estrella.ﷺLa creencia difundida en nuestro país sostiene que el Mensajero existía como una estrella antes de la creación de Adán.ﷺSegún una idea difundida, el Mensajero existía como una estrella antes de la creación de Adán. Se transmiten diversas versiones, entre ellas que le dijo a Fatima que Gabriel era su tío menor. Todas estas afirmaciones carecen de fundamento y son falsas.ﷺEn un libro de sermones publicado por un conocido centro islámico de nuestro país se escribió que Abu Hurayra transmitió que el Mensajero preguntó a Gabriel su edad. Gabriel respondió que no lo sabía, pero que en el cuarto cielo había una estrella que aparecía cada setenta mil años y que la había visto aparecer setenta mil veces. Entonces el Mensajero habría dicho: «Juro por la dignidad de Allah que yo soy esa estrella».ﷺLa narración continúa diciendo que el Mensajero preguntó a Gabriel: «¿Cuántos años tienes?». Gabriel respondió que no lo sabía, pero que había visto aparecer una estrella en el cuarto cielo setenta mil veces, y que cada aparición ocurría después de setenta mil años. Entonces el Mensajero habría declarado que él era esa estrella. Esta afirmación se atribuye falsamente a Sahih al-Bujari.ﷺTodas estas afirmaciones son mentiras sin fundamento difundidas como hadices. Lo más lamentable es que esta historia se atribuyó a Sahih al-Bujari. El autor de al-Sirah al-Halabiyyah la citó basándose en un autor desconocido. Muchos eruditos llevan décadas enseñando Bujari y disponen de numerosos ejemplares, pero nadie se tomó la molestia de comprobar el libro. La historia no aparece, con cadena, ni en Sahih al-Bujari ni en ninguna otra colección. Algunos incluso consideraron mejor atribuirla tanto a Bujari como a Muslim. Un reconocido especialista del mismo centro, que había enseñado durante años Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, la citó bajo ambos nombres. No creemos que estos eruditos mintieran deliberadamente; probablemente dependieron de citas de otros. Pero esto no constituye una excusa aceptable para un erudito. Aunque se les diga que la historia no aparece en Bujari ni en Muslim, muchos seguidores responderán: «¿Acaso un erudito tan importante habría escrito algo sin saberlo?».ﷺLa luz de Muhammad frente a su humanidad. En las obras de Ibn Arabi, al-Sirah al-Halabiyyah, Sharh al-Mawahib y otros libros aparecen muchas afirmaciones falsas y sin cadena sobre la luz de Muhammad. Basándose en ellas, también se incluyeron relatos semejantes en libros de biografía profética como Sayyid al-Mursalin. No es posible discutirlos todos aquí. En resumen, todos los hadices difundidos que afirman que el Mensajero fue creado de luz son inventados.ﷺEl lector puede comprenderlo fácilmente. Durante los siglos segundo, tercero y cuarto de la hégira se compilaron numerosas colecciones, entre ellas las seis colecciones principales. En ellas se reunieron hadices sobre asuntos muy diversos, incluidos hadices auténticos, buenos, débiles y también falsos. Sin embargo, ninguna de esas obras contiene un solo hadiz que afirme que el Mensajero fue creado de luz.ﷺLos especialistas escribieron capítulos incluso sobre asuntos pequeños, pero ninguno dedicó un capítulo en su colección al tema de la «luz de Muhammad». Los libros de exégesis contienen hadices auténticos, débiles e inventados para explicar muchos versículos, pero ningún comentarista antiguo citó un hadiz sobre que el Mensajero hubiera sido creado de luz al explicar el versículo de la sura La Mesa Servida. En los libros de historia y biografía se escribieron capítulos basados en innumerables relatos débiles e infundados, pero durante los primeros quinientos años del islam ninguna obra histórica o biográfica trató el tema de la luz de Muhammad. En realidad, durante cinco o seis siglos después del Mensajero, ningún individuo o grupo de la comunidad musulmana conocía esa teoría. Solo nos queda el versículo de la sura La Mesa Servida en cuya explicación algunos comentaristas dijeron que la «luz» se refiere al Mensajero.ﷺ¿Qué debemos hacer ante esto? Debemos considerar lo siguiente. 1) Islam significa aceptar de todo corazón las instrucciones del Corán y los hadices por encima de nuestras preferencias. El musulmán bien guiado acepta plenamente lo que conoce mediante la revelación y somete sus opiniones a ella. Los desviados, por el contrario, aceptan o rechazan la revelación según sus gustos. 2) El Corán y los hadices declaran repetidamente y con claridad que el Mensajero es bashar, un ser humano. Se le ordena decir: «No soy más que un ser humano y un mensajero» y «No soy más que un ser humano como vosotros». Numerosos hadices auténticos dicen igualmente que él era humano. En ninguna parte del Corán o de los hadices se le ordena decir: «Soy luz», ni se afirma: «Muhammad es luz». Algunos comentaristas interpretaron un versículo diciendo que la luz llegada a la gente era el Mensajero, pero esa interpretación no se estableció mediante él ni mediante ningún compañero; pertenece a comentaristas posteriores.ﷺAlgunos comentaristas dijeron que la palabra «luz» en el versículo se refiere al Mensajero. Sin embargo, esta explicación no está demostrada por el propio Mensajero ni por ningún compañero, sino que fue adoptada por ciertos comentaristas posteriores.ﷺ3) Si queremos someternos al Corán y a los hadices, debemos aceptar sus instrucciones claras e inequívocas y mantener las opiniones de los comentaristas en su lugar. Podemos decir que en ninguna parte del Corán o de los hadices se llamó explícitamente luz al Mensajero; por tanto, es mejor abstenerse de afirmarlo.ﷺPodemos decir que, según el Corán y los hadices, el Mensajero es indudablemente humano y que no se le debe llamar luz de manera absoluta.ﷺTambién puede decirse que, al explicar el versículo, se le puede llamar luz en sentido figurado: una lámpara que guía a la humanidad. Pero si alguien afirma que era luz en sentido real y no humano, y que solo se le llama humano metafóricamente, entonces ha abandonado las instrucciones claras del Corán y los hadices para adoptar una opinión sin una sola prueba inequívoca. Hadices auténticos sobre la antigüedad de la dignidad del Mensajero. En lugar de las afirmaciones falsas anteriores debemos basarnos en hadices auténticos y fiables. En un hadiz auténtico, Irbad ibn Sariya dijo que oyó al Mensajero decir: «Cuando Adán aún yacía en su barro, yo ya estaba escrito ante Allah como el sello de los profetas. Os informaré del comienzo de este asunto: la súplica de mi padre Abraham, la buena noticia de Jesús y el sueño de mi madre. Cuando me dio a luz, vio salir de ella una luz que iluminó los palacios de Siria». En otro hadiz, Abu Hurayra transmitió que preguntaron al Mensajero cuándo se estableció su profecía, y respondió: «Cuando Adán estaba entre el cuerpo y el espíritu». Al-Tirmidhi lo calificó de bueno, auténtico y extraño. Maysara al-Fayr también preguntó cuándo había sido profeta, y respondió: «Cuando Adán estaba entre el cuerpo y el espíritu». Al-Hakim y al-Dhahabi lo consideraron auténtico. En otra narración se dijo que su profecía quedó establecida entre la creación de Adán y la insuflación del espíritu en él. Existe también un hadiz débil: «Fui el primero de los profetas en la creación y el último en ser enviado». Su cadena presenta dos debilidades: al-Hasan al-Basri era un transmisor que ocultaba la fuente, y Said ibn Bashir era débil. Algunos lo transmitieron como opinión de Qatada. Ibn Kathir señaló que la cadena era débil y que otros narradores lo transmitieron como comentario de Qatada. Exceptuando esta última narración, los cuatro hadices anteriores tienen cadenas auténticas o buenas. Demuestran claramente que, antes de completarse la creación de Adán, ya se había anunciado la profecía, el sello de la profecía y la dignidad de Muhammad, el más noble de sus descendientes y el amado de Allah. Debemos abandonar la costumbre de atribuirle afirmaciones infundadas y depender de estos hadices auténticos. 12. «Cuando Adán estaba entre el agua y la tierra». Se difundió un hadiz falso con palabras parecidas a las de los hadices auténticos: «Yo era profeta cuando Adán estaba entre el agua y la tierra». 13. «Cuando aún no había tierra ni agua». Algunos falsificadores añadieron: «Yo era profeta cuando Adán estaba entre el agua y la tierra, e incluso cuando no había agua ni tierra». Al-Sakhawi, al-Suyuti, Ibn Iraq, Mulla Ali al-Qari, al-Ajluni y otros especialistas declararon unánimemente que estas afirmaciones son infundadas e inventadas. 14. El Mensajero, Abu Bakr y Umar fueron creados de la misma tierra. Así como se difundieron muchas mentiras sobre la luz del Mensajero, también se transmitieron afirmaciones sobre su tierra de creación. Un hadiz dice: «Allah me creó a mí, a Abu Bakr y a Umar de la misma tierra, y en esa misma tierra seremos enterrados». Se transmitió por varias cadenas, todas débiles. Ibn al-Yawzi calificó una de ellas de inventada y otra de extremadamente débil. Otros especialistas señalaron que existen varias cadenas débiles adicionales, sin transmisores acusados de mentir. Considerado en conjunto, algunos lo clasificaron como bueno o aceptable. 15. El Mensajero, Ali y Aarón fueron creados de la misma tierra. Al-Jatib al-Bagdadi citó un hadiz según el cual el Mensajero dijo: «Yo, Aarón hijo de Imrán, Juan hijo de Zacarías y Ali ibn Abi Talib fuimos creados de la misma arcilla». Aunque la cadena contiene nombres de grandes imanes de la familia del Mensajero, los especialistas coinciden en que es falso. Dos de sus transmisores fueron acusados de mentir y falsificar, y uno de ellos fabricó el hadiz. 16. El Mensajero, Fatima, Hasan y Husayn fueron creados de la misma tierra. Abu Nuaym al-Isfahani compiló un hadiz en el que el Mensajero dijo a Fatima, refiriéndose a Hasan y Husayn: «Yo y vosotros fuimos creados de la misma tierra». Al-Suyuti, Ibn Iraq y otros especialistas lo declararon inventado. 17. El nacimiento extraordinario del Mensajero. Algunas personas creen que el Mensajero salió del vientre materno de forma extraordinaria o milagrosa. Todas estas afirmaciones carecen de fundamento y son mentiras atribuidas al Mensajero. Los hadices auténticos sobre su nacimiento son pocos, y ni en ellos ni en las narraciones débiles transmitidas con cadenas aparece nada de eso. Muchos creen, por emoción o ignorancia, que los milagros son una medida de dignidad: cuantos más milagros, mayor dignidad. Es una idea completamente equivocada. Los misioneros cristianos aprovechan esa concepción para difundir propaganda. Comparan a Jesús, nacido sin padre y capaz de resucitar muertos, con Muhammad, cuyo padre existía y que murió. De ese modo distorsionan la doctrina musulmana para confundir a los musulmanes. Los milagros nunca son la medida de la dignidad. Allah los concede a los profetas según la necesidad de guiar a la gente, no según su rango. La medida principal es la declaración de Allah. La mayor maravilla del último Mensajero fue guiar a cientos de miles de personas desde la ceguera de la desviación hacia la luz de la fe y dar vida a innumerables corazones muertos. Por tanto, considerar importantes los relatos falsos, débiles y poco fiables sobre milagros, o tomarlos como medida de la dignidad y prueba de la profecía, contradice el espíritu del islam. El Noble Corán basta para demostrar la excelencia, dignidad y profecía de Muhammad. Debemos apoyarnos también en los hadices auténticos, sin añadir ni quitar nada mediante nuestras emociones o razonamientos.يَا أَهْلَ الْكِتَابِ لَا تَغْلُوا فِي دِينِكُمْ وَلَا تَقُولُوا عَلَى اللَّهِ إِلَّا الْحَقَّ ۚ إِنَّمَا الْمَسِيحُ عِيسَى ابْنُ مَرْيَمَ رَسُولُ اللَّهِ وَكَلِمَتُهُ أَلْقَاهَا إِلَىٰ مَرْيَمَ وَرُوحٌ مِّنْهُ ۖ فَآمِنُوا بِاللَّهِ وَرُسُلِهِ ۖ وَلَا تَقُولُوا ثَلَاثَةٌ ۚ انتَهُوا خَيْرًا لَّكُمْ ۚ إِنَّمَا اللَّهُ إِلَٰهٌ وَاحِدٌ ۖ سُبْحَانَهُ أَن يَكُونَ لَهُ وَلَدٌ ۘ لَّهُ مَا فِي السَّمَاوَاتِ وَمَا فِي الْأَرْضِ ۗ وَكَفَىٰ بِاللَّهِ وَكِيلًا [٤:١٧١Allah les prohibió exagerar y les ordenó decir únicamente lo que Él había dicho: llamar a Jesús Palabra de Allah y espíritu procedente de Él, pero no convertirlo en Dios ni en parte de la esencia divina, ni caer en el politeísmo de la Trinidad. La misma causa produjo las desviaciones de los primeros grupos islámicos. Los jariyíes, chiíes, qadaríes, yabaríes, murjíes y mu‘tazilíes afirmaban seguir el Corán y la Sunna, pero tomaron unas evidencias y rechazaron otras mediante interpretaciones forzadas. Los compañeros aceptaban todas las enseñanzas sin ver contradicción entre ellas. Los desviados, en cambio, convertían una afirmación en principio y anulaban las restantes. Durante los primeros siglos no existía la expresión «conocimiento de lo oculto» aplicada al Mensajero ni la doctrina de que estaba presente y observaba todo. El Corán afirma claramente que solo Allah conoce lo oculto de los cielos y la tierra y repite que el Mensajero no conocía lo oculto. En ningún versículo se dice que fuera conocedor de todo lo oculto. Allah sí le reveló determinadas noticias ocultas, pero eso significa que conocía únicamente lo que Allah le enseñaba. Numerosos hadices auténticos afirman que el Mensajero no conocía los pensamientos, los secretos ni el futuro por sí mismo. En el Día de la Resurrección algunas personas acudirán a él, pero se les impedirá acercarse. Él dirá que son de su comunidad y se le responderá que no sabe qué hicieron después de él. Nunca dijo: «Soy conocedor de todo lo oculto», ni que estuviera presente en todos los actos y conversaciones de la gente. Que informara de ciertos acontecimientos futuros, revelara algunos secretos o viera el Paraíso y el Infierno en sueños o durante la oración no demuestra que conociera todo lo oculto. Solo sabía lo que Allah le había comunicado. Las afirmaciones ambiguas no pueden anular las declaraciones claras. Un hadiz aislado y ambiguo no puede invalidar un versículo claro ni una tradición ampliamente transmitida. Quienes sostienen que poseía todo el conocimiento oculto usan palabras ambiguas como «testigo». El Corán llama al Mensajero testigo, y también llama testigos a los creyentes y a Allah. Los comentaristas antiguos explicaron que fue enviado como testigo de la transmisión de la religión y que testificaría a favor de quienes aceptaran su mensaje. Algunos dijeron que fue enviado como prueba de la unicidad de Allah. Quienes interpretan «testigo» como «presente en todas partes» abandonan las explicaciones de los primeros comentaristas y usan una palabra ambigua para cancelar innumerables textos claros. Además, su interpretación obligaría a considerar a todo creyente omnisciente y presente en todas partes, porque los creyentes también son llamados testigos de la humanidad. Esto demuestra que su interpretación es inválida. Otra causa es considerar que tales afirmaciones aumentan la dignidad del Mensajero. Sin duda amarlo, venerarlo y alabarlo forma parte de la fe, pero no es lícito inventar palabras y atribuirlas a la revelación con la intención de honrarlo. El creyente debe aferrarse al sentido claro del Corán y la Sunna, especialmente en las cuestiones de creencia.النَّبِيُّ أَوْلَىٰ بِالْمُؤْمِنِينَ مِنْ أَنفُسِهِمْ ۖ وَأَزْوَاجُهُ أُمَّهَاتُهُمْ ۗ وَأُولُو الْأَرْحَامِ بَعْضُهُمْ أَوْلَىٰ بِبَعْضٍ فِي كِتَابِ اللَّهِ«El Profeta está más cerca de los creyentes que ellos mismos, y sus esposas son sus madres. Los parientes tienen más derecho unos sobre otros según el Libro de Allah» (sura 33, Los Confederados, 6). La palabra que significa «más cercano» procede del concepto de amistad, proximidad y tutela. El creyente considera al Mensajero más querido, más cercano y más digno de obediencia que su propia persona. Una expresión de esa cercanía es que sus esposas tienen la dignidad de madres de los creyentes. El amor y la compasión del Mensajero hacia su comunidad eran mayores que los de cualquier familiar. Yabir, Abu Hurayra y otros compañeros transmitieron que el Mensajero dijo: «Soy más cercano a cada creyente que él mismo, en este mundo y en el otro». Luego explicó que, si un creyente moría dejando bienes, sus herederos los recibirían; pero si dejaba deudas o hijos desamparados, debían acudir a él, pues él se haría cargo de sus deudas y era su protector. Quienes sostienen que el Mensajero es “presente y observador” dicen que aquí se habla de proximidad física y que, por tanto, está presente junto a todos los creyentes. Esta interpretación inventada contradice los textos claros y hasta la explicación del propio Mensajero. Si se aceptara, habría que afirmar que todos los seres humanos están presentes y observan todo, porque todos son parientes de alguien. Otro versículo dice que Abraham es el más cercano entre los profetas y los creyentes. Según esa interpretación, todos los creyentes tendrían que estar presentes junto a Abraham. En otro hadiz, cuando el Mensajero llegó a Medina y vio a los judíos ayunar en Ashura, dijo: «Nosotros estamos más cerca de Moisés que vosotros», y ordenó ayunar ese día. Según la misma lógica, todos los miembros de la comunidad musulmana estarían presentes junto a Moisés. Anas ibn Malik transmitió que el Mensajero dijo durante la oración: «Soy vuestro imam; no os inclinéis, prosternéis, os levantéis ni terminéis antes que yo». También dijo que veía a los creyentes delante y detrás de él mientras se inclinaban y prosternaban. Este hadiz describe una característica especial de su visión durante la oración: veía detrás de él como una persona ve delante de sí. No se afirma que viera así en todo momento. Ibn Hayar explicó que el sentido aparente es que esta capacidad estaba limitada a la oración. Incluso si se aceptara que veía delante y detrás en todo momento, el hadiz no significa que viera lo que estaba oculto detrás de paredes, velos, dentro de las casas, en los corazones o a grandes distancias. Las numerosas declaraciones claras del Corán y de los hadices contradicen la idea de que lo viera todo siempre. Quienes sostienen que era omnipresente interpretan «os veo» como «veo a todos en todo lugar y momento». Esta interpretación no solo distorsiona el hadiz, sino que contradice numerosos versículos y hadices auténticos. Ver delante y detrás, incluso de manera extraordinaria, no demuestra presencia permanente en todas partes ni conocimiento de todo. El Corán dice que Satanás y su grupo ven a los seres humanos desde donde ellos no los ven; eso no significa que cada demonio vea siempre a todas las personas en todos los lugares. Quienes atribuyen estas afirmaciones al Mensajero no presentan un solo versículo o hadiz claro. Interpretan arbitrariamente algunos textos ambiguos y, basándose en ello, rechazan innumerables textos inequívocos. Tal vez tengan buenas intenciones y amor por el Mensajero, pero están diciendo en nombre de la revelación algo que él nunca dijo de sí mismo. La segunda causa es creer que estas afirmaciones aumentan su dignidad y perfeccionan el amor y la veneración hacia él. El verdadero camino de salvación es depender literalmente del Corán y la Sunna, sobre todo en las cuestiones de creencia. La creencia debe basarse en el Corán o en hadices ampliamente transmitidos, pues todo lo que el creyente necesita creer fue comunicado por el Mensajero a sus compañeros con palabras claras. Las cuestiones prácticas pueden requerir analogía y esfuerzo jurídico cuando no existe una norma explícita, como ocurre con ciertos asuntos nuevos. Pero la creencia no funciona así. No se pueden añadir nuevas doctrinas mediante analogía o razonamiento. Los atributos de Allah, el número y rango de los profetas, los ángeles, la creación y sus responsabilidades solo deben creerse en la medida en que aparecen en el Corán y los hadices. Podemos usar la razón para apoyar lo que la revelación enseña, pero no para añadirle o quitarle nada. El único camino de salvación es aceptar por igual todas las enseñanzas del Noble Corán, no anular una para establecer otra, aceptar los hadices auténticos con sencillez, seguir la comprensión de los compañeros cuando se necesite explicación y no discutir asuntos sobre los que no existen textos claros. Que Allah haga nuestras almas obedientes al Corán y la Sunna. Amén.
2.5. Sobre Ahl al-Bayt, los sahaba y la umma
La elevada dignidad del Mensajero de Allah (saw) implica naturalmente que, después de los profetas, la dignidad y el honor de sus familiares y compañeros estén por encima de los de todos los seres humanos de todas las épocas y lugares. Aunque no hubiera ninguna mención de ellos en el Corán y los hadices, cualquier persona instruida y sensata podría comprender fácilmente su extraordinaria dignidad. Muchas aleyas del Noble Corán y las innumerables palabras del Mensajero de Allah (saw) han confirmado esta dignidad natural y han descrito su grandeza, honor y respeto. Para tratar detalladamente estas aleyas y hadices haría falta un libro aparte. En resumen, amar y honrar a los familiares y compañeros del Mensajero de Allah (saw) equivale a amarlo y honrarlo, y forma parte inseparable de la fe. Estas sublimes palabras del Corán y los hadices, y sus explicaciones sencillas y conmovedoras, no pudieron satisfacer el corazón de muchos devotos ignorantes. Tampoco pudieron satisfacer a innumerables personas entregadas a la hipocresía del fanatismo excesivo. Ellos inventaron, exagerándolas, palabras fantásticas e irreales en nombre del Mensajero de Allah (saw). Así, además de cometer el peor pecado de mentir en su nombre, contaminaron la apelación racional del islam y profanaron la fe del creyente y la percepción del sabio. A continuación menciono algunas palabras de este tipo, falsas, inventadas y poco fiables. 1. El Pak Panjatan Entre el Ahl al-Bayt, se han difundido bajo el nombre de «Pak Panjatan» muchas palabras inventadas y falsas que atribuyen una dignidad especial a cinco personas: Ali, Fátima, Hasan y Husayn (ra), junto con el Mensajero de Allah (saw). Todas las afirmaciones relacionadas con el «Pak Panjatan» son inventadas y gravemente falsas. Los ignorantes difundieron muchas historias inventadas, fantásticas y falsas en torno a Ali y Fátima (ra). Por ejemplo: un día Fátima (ra) quiso comer carne de ave. Ali (ra) intentó atraparla por todos los medios, pero no pudo. … Son palabras gravemente falsas. 2. Visad Sindhu y otros libros y obras populares El 95 % del contenido del libro Visad Sindhu es falso. Visad Sindhu es una novela, no una obra histórica ni religiosa. Debe valorarse como novela. Lo lamentable es que la gente común de la sociedad cree que lo que dicen libros de este tipo es verdad. Hay que tener especial cuidado con todas las falsedades relacionadas con el Mensajero de Allah (saw). Son inventadas las afirmaciones de que se profetizó algo sobre Muawiya (ra), de que se profetizó algo acerca de Muhammad Hanufa, de que las repetidas puñaladas en la garganta de Husayn no le causaban heridas, de que su asesino fue llevado al Paraíso, etc. También son falsas todas las historias sobre Muhammad Hanufa (Muhammad ibn Ali, Ibn al-Hanafiyya), su guerra contra Yazid y su encierro en las montañas. También debe señalarse que libros como Visad Sindhu, la literatura popular en verso y obras como Khairul Hashr son algunas de las principales causas de la difusión de hadices falsos y forjados en nuestra sociedad. A esto se suman libros como Bar Chand-er Fazilat, Nek Amal, Maqsudul Muminin, Niamul Corán y Naf‘ul Jalaik. Es innegable la contribución de estas obras a la difusión de diversas enseñanzas islámicas necesarias entre la población musulmana común. Sus respetados autores cumplieron cuanto pudieron con su responsabilidad, dentro de las limitaciones de su época. Sin embargo, no se puede negar que, junto con su servicio beneficioso, también contribuyeron a difundir hadices falsos, afirmaciones sin fundamento, diversas supersticiones e ideas erróneas sobre el islam. En cierta época, los sabios bengalíes cualificados consideraban «censurable» escribir libros en lengua bengalí. Esta confusión destructiva permitió que sabios relativamente menos cualificados escribieran obras llenas de errores. 3. Pedir una esclava para masajear el cuerpo de Fátima (ra) Presento aquí un ejemplo de distorsión y mentira en la traducción. En un libro popular se escribió: «En el noble hadiz se menciona que un día la señora Fátima (ra) acudió al Mensajero de Allah (saw) y dijo: “¡Oh padre! Tengo que pasar todo el día moliendo harina y ocupándome de las tareas domésticas. Por eso me duele el cuerpo. Cómprame, pues, una esclava para que me masajee el cuerpo y me ayude en las tareas de la casa”. El Profeta (saw) respondió: “¡Oh madre! Para una mujer no hay obra más meritoria que moler harina y realizar las tareas domésticas para mantener a su esposo y a su familia. Pero si recibes la ayuda de una esclava o sirvienta, no obtendrás una recompensa tan grande. Por tanto, sigue mi consejo y recita siempre la siguiente súplica; seguramente desaparecerá el dolor de tu cuerpo, que permanecerá fuerte y sano, y además obtendrás una recompensa adicional”. Desde entonces, la señora Fátima hizo eso. La súplica: … Subhan Allah, al-hamdu lillah, wa la ilaha illa Allah, wa Allahu akbar». (Muhammad Ghulam Rahman, Qadi Mawlana, Maqsudul Muminin, pp. 55-56). Aquí se han atribuido al Mensajero de Allah (saw) muchas palabras falsas e inventadas mediante una traducción fabricada de un hadiz auténtico. Además, se han utilizado expresiones denigrantes respecto de Fátima (ra). El hadiz original fue recopilado con palabras muy parecidas por Bujari, Muslim y todos los demás expertos en hadices. Dice así: «Ali (ra) dijo: Fátima (ra) acudió al Profeta (saw) para informarle del dolor que sufría en las manos por hacer funcionar el molino. Fátima había oído que habían llegado al Mensajero de Allah (saw) algunos esclavos y esclavas capturados en la guerra. Fue a la casa del Mensajero de Allah (saw), pero no lo encontró. Entonces informó de ello a Aisha (ra). Cuando el Mensajero de Allah (saw) volvió a casa, Aisha (ra) le comunicó el asunto. Ali dijo: Después de que nos acostamos por la noche, él vino a nosotros. Íbamos a levantarnos, pero él dijo: “Quedaos en vuestro sitio”. Se sentó entre Fátima y yo, hasta el punto de que sentí el frescor de sus pies sobre mi abdomen. Nos dijo: “¿Queréis que os enseñe algo mejor que aquello que pedís? Cuando os acostéis, decid treinta y tres veces Subhan Allah, treinta y tres veces al-hamdu lillah y treinta y cuatro veces Allahu akbar. Esta práctica es mejor para vosotros que una esclava”. Ali dijo: Después de eso nunca abandoné esta práctica». Este es el acontecimiento original, recopilado por Bujari, Muslim y todos los expertos en hadices mediante diversas cadenas auténticas. Sin embargo, en la traducción anterior todo ha sido distorsionado y se han atribuido muchas mentiras al Mensajero de Allah (saw). (Sahih Bujari 3/1133, 3/1358, 5/2051; Sahih Muslim 4/2091; Fath al-Bari 11/120). 4. Abu Bakr (ra) vistiendo hojas de palmera Presento una historia sin fundamento tomada de un libro popular: «Antes de aceptar el islam, Abu Bakr (ra) era un comerciante rico. Desde el día en que acudió ante Muhammad (saw) y aceptó el islam, comenzó a gastar todos sus bienes por la causa de Allah. … Un día se retrasó un poco para ir a rezar a la mezquita porque no tenía ropa que ponerse. Al verlo, Muhammad (saw) dijo: “Abu Bakr (ra), si mientras yo estoy vivo ya se muestra tal desprecio por el islam, quién sabe qué ocurrirá cuando yo ya no esté y haya necesidad”. Él respondió: “Señor, no se debe a ningún desprecio mío. En realidad no tenía ropa que ponerme; por eso cosí hojas de palmera y espinas a un pequeño trozo de tela, lo lavé, lo sequé y me lo puse, y por eso me retrasé tanto”. … Poco después, Gabriel se presentó ante el Profeta vestido completamente con ropa de hojas de palmera. … Muhammad (saw) le preguntó: “¿Por qué veo hoy ropa de hojas de palmera?”. Gabriel (as) respondió: “Abu Bakr (ra) vino a rezar con ropa cosida de hojas de palmera”. Entonces Allah llamó a todos los ángeles y dijo: “¡Oh ángeles, mirad cuánto sufrimiento soporta Abu Bakr para obtener Mi complacencia! Si hoy queréis Mi complacencia, poneos todos inmediatamente ropas de hojas de palmera en honor de Abu Bakr; de lo contrario, hoy mismo borraré los nombres de todos los ángeles de Mi registro”. Al oír estas duras palabras, todos nos vimos obligados a vestirnos con ropas de hojas de palmera en su honor». (Muhammad Ghulam Rahman, Maqsudul Muminin, pp. 149-151). 5. Umar no entendía la conversación del Mensajero de Allah (saw) con Abu Bakr (ra) Es una afirmación inventada por los falsificadores. Umar (ra) habría dicho: «Cuando el Mensajero de Allah (saw) hablaba con Abu Bakr (ra), yo me volvía entre ellos como un abisinio no árabe que no entiende nada». Los falsificadores impostores quieren decir que el Mensajero de Allah (saw) hablaba con Abu Bakr (ra) en un lenguaje místico (!) tal que Umar (ra) no podía entenderlos. Los expertos en hadices están de acuerdo en que esta afirmación es una mentira sin fundamento y sin cadena de transmisión. (Ibn al-Qayyim, al-Manar, p. 115; Suyuti, Dhayl al-La’ali, p. 203; Ibn Iraq, Tanzih 1/407; Mulla Qari, al-Asrar, p. 342). 6. Umar (ra) azotó a su propio hijo Abu Shahma Se cuenta que Umar (ra) azotó cien veces a su hijo Abu Shahma por cometer adulterio, y que el hijo murió a consecuencia de ello. Se narran historias largas sobre el descubrimiento del adulterio, la confesión, el castigo y la conversación entre padre e hijo, historias que hacen llorar a los oyentes comunes. Los expertos en hadices están de acuerdo en que son relatos falsos y sin fundamento. Ibn al-Yawzi dijo: «Los predicadores ignorantes los inventaron para hacer llorar a los oyentes comunes». (Ibn al-Yawzi, al-Mawdu‘at 2/442). Según la historia, el hijo de Umar (ra), Abd al-Rahman Abu Shahma, combatía en el ejército de Egipto. Un día bebió nabidh, una bebida preparada remojando dátiles. La bebida había fermentado y le produjo embriaguez. Se presentó ante Amr ibn al-As (ra), administrador de Egipto, y dijo: «He bebido una sustancia embriagadora; por tanto, aplícame el castigo legal por beberla, es decir, los azotes». Amr (ra) lo azotó dentro de la casa. Cuando Umar (ra) se enteró, reprendió a Amr (ra) y dijo que su hijo debía haber sido castigado públicamente, como cualquier ciudadano musulmán. Cuando Abu Shahma regresó a Medina, Umar le aplicó personalmente el castigo de nuevo. Poco después, Abu Shahma murió. (Ibn al-Yawzi, al-Mawdu‘at 2/438-443; Ibn Iraq, Tanzih 2/220). 7. El comienzo del adhan en la Kaaba el día en que Umar (ra) aceptó el islam Es común decir que el primer adhan en la Kaaba comenzó el día en que Umar (ra) aceptó el islam. Esto es incorrecto. Umar (ra) aceptó el islam cinco años antes de la Hégira, mientras que el adhan se estableció después de la Hégira, en Medina. En el momento de la conversión de Umar (ra) y durante aproximadamente los seis años siguientes no existía la práctica del adhan. Lo cierto es que, antes de que Umar (ra) aceptara el islam, los musulmanes no podían rezar junto a la Kaaba en La Meca, porque los incrédulos de La Meca se lo impedían. Después de aceptar el islam, Umar (ra) resistió la oposición de los incrédulos, se colocó junto a la Kaaba y rezó; los demás musulmanes rezaron allí con él. (Ibn Hisham, al-Sira al-Nabawiyya). Veamos un ejemplo de cómo este hecho fue deformándose gradualmente. En el libro Rahatil Qulub, atribuido a Khwaja Nizamuddin Auliya, se dice que su maestro, Fariduddin Masud Ganj-e Shakkar, afirmó: «Mientras el comandante de los creyentes, Umar ibn al-Jattab (ra), no había aceptado la fe islámica, el adhan de la oración se hacía en cuevas y cavernas. Pero el día en que el comandante de los creyentes, Umar Faruq (ra), aceptó la fe, se levantó con la espada desenvainada y dijo a Bilal (ra): “Sube al minbar de la Kaaba y haz el adhan”. Bilal actuó conforme a su orden». (Rahatul Qulub, p. 71, sesión 12). Sabemos que ninguna de estas afirmaciones es correcta. Ni antes ni después de la conversión de Umar (ra) se hizo el adhan en cuevas, cavernas o en cualquier lugar de la Kaaba. Además, la Kaaba no tenía ni tiene minbar. Podemos decir que este libro probablemente fue falsificado y escrito atribuyéndolo a Khwaja Nizamuddin. O quizá sus autores creyeron ingenuamente todo lo que oyeron. 8. El Mensajero de Allah (saw) es la ciudad del conocimiento y Ali (ra) es su puerta En nuestra sociedad está muy difundido el hadiz: «Yo soy la ciudad del conocimiento y Ali (ra) es su puerta». Los expertos en hadices han declarado que este hadiz es inventado. Algunos, en vez de llamarlo falso, lo han calificado de débil. El imán Tirmidhi narró un hadiz con este significado y él mismo lo declaró débil. (Tirmidhi, al-Sunan 5/596). Los imanes Bujari, Abu Hatim, Yahya ibn Sa‘id, Dhahabi y otros expertos en hadices lo consideraron una mentira sin fundamento. (Ibn al-Yawzi, al-Mawdu‘at 1/261-265; Suyuti, al-La’ali 1/328-336; Mulla Ali Qari, al-Asrar, pp. 71-72). 9. Entrega del jirqa de derviche a Ali (ra) En un relato popular se dice: «Después de regresar de la Ascensión, el Mensajero de Allah (saw) llamó a sus compañeros (ra) y declaró que entregaría su jirqa de derviche a quien respondiera correctamente a su pregunta. … Preguntó a Abu Bakr (ra): “Si te entregara a ti este jirqa de derviche, ¿cómo cumplirías su derecho?”. … Después preguntó de este modo a Umar (ra) … y a Uthman (ra) … Luego preguntó a Ali (ra). Ali (ra) respondió: “Protegeré los secretos de los siervos de Allah”. Entonces entregó el jirqa a Ali». Etcétera. Toda la historia es falsa e inventada. (Khwaja Nizamuddin Auliya, Rahatil Qulub, pp. 8-9). 10. Invoca a Ali: te ayudará en la desgracia Mulla Qari dice que es una mentira forjada y abominable inventada por los chiíes: «Invoca a Ali; él manifiesta obras extraordinarias y lo encontrarás como tu auxiliador en las desgracias. ¡Oh Muhammad, por tu profecía; oh Ali, por tu walaya!». (Mulla Ali Qari, al-Asrar, pp. 265-266; Ayluni, Kashf al-Jafa 2/489). En realidad, el origen de todas las supersticiones, el shirk y las innovaciones difundidas en nuestra sociedad es la doctrina y la comunidad chií. Abandonando el Noble Corán y la Sunna clara, exageran en la veneración de los doce o siete imanes de la descendencia del Mensajero de Allah (saw). Por ello, resulta fácil para los enemigos del islam difundir y establecer entre ellos toda clase de falsedades y afirmaciones destructoras de la fe en nombre de estas personas piadosas. Sus corazones se han liberado del vínculo con el Noble Corán y la Sunna de Muhammad, el Mensajero de Allah (saw). Ali y los imanes de su descendencia ocupan el lugar central de sus corazones. Han aceptado devotamente todo lo que los falsificadores dijeron en sus nombres y, basándose en esas mentiras, han dado interpretaciones distorsionadas de las claras instrucciones del Noble Corán. Uno de los delitos más graves de esta comunidad es haber convertido a Ali (ra) y a los imanes de su descendencia en dioses, imaginando en ellos divinidad o poder divino. Esta creencia es una forma de shirk difundida entre ellos. Mientras el Corán y la Sunna enseñan repetidamente que se debe pedir ayuda únicamente a Allah en todas las dificultades, ellos han inventado la petición de ayuda a Ali. Pedir ayuda sobrenatural a alguien distinto de Allah en las desgracias es la raíz de todo shirk. He tratado detalladamente este asunto en mi libro Rahe Walayat. Basándose en esta abominable mentira, los chiíes inventaron una súplica que, lamentablemente, también se ha difundido entre muchos musulmanes suníes de nuestra sociedad. Cito esta súplica llena de shirk de un libro popular: «La súplica Nade Ali. Si después de la oración de tahajjud se recita esta súplica tanto como sea posible, antes y después de recitar el durood sharif, y luego se suplica, se cumplen los deseos y desaparecen las dificultades graves. En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso. Nade Aliyan mazharal-aja’ib, tajidhu awnan laka fi-nnawa’ib, wa kulli hammin wa ghammin sayanjali bi-azmatika ya Allah, bi-nubuwwatika ya Muhammad, bi-wilayatika ya Ali, ya Ali, ya Ali. La fata illa Ali, la sayfa illa Dhu al-Fiqar. Nasrun min Allah wa fathun qarib, wa bashshir al-mu’minin. Fa-llahu jairun hafizan wa huwa arham al-rahimin». (Muhammad Bashiruddin Ahmad, Nek Amal, p. 186). 11. Dejar a Ali (ra) sobre el lomo de un camello sin enterrarlo El día 23 del mes de Ramadán del año 40 de la Hégira, Ali ibn Abu Talib (ra) fue martirizado en Kufa, capital de su califato, a manos de un jariyí asesino. Su hijo mayor, Hasan ibn Ali (ra), dirigió la oración funeraria. Después de la oración fue enterrado en el interior de su casa, en Kufa, porque el imán Hasan y los demás temían que, si lo enterraban en el cementerio común, los jariyíes robaran su cadáver y lo profanaran. Este hecho era conocido entre los musulmanes de la primera época. Posteriormente, los chiíes difundieron una historia inventada y falsa sobre este asunto. Su resumen es que Ali (ra) no fue enterrado, sino dejado sobre el lomo de un camello. El camello desapareció y, más tarde, se encontró su tumba en Nayaf. Estas afirmaciones no solo son falsas, sino también gravemente insultantes para Ali (ra), Hasan (ra), Husayn (ra) y toda la familia de Ali. Después de la muerte, enterrar el cadáver es una obligación de los vivos. Nadie salvo un ignorante completamente falto de sentido común creería que ellos descuidaron esta obligación y dejaron el cadáver del comandante de los creyentes sobre el lomo de un camello. Mucho menos Hasan y Husayn (ra); incluso una persona completamente común se negaría a abandonar así el cadáver de su padre. También querría que la tumba de su padre fuera conocida, para que él y sus descendientes pudieran visitarla. … El problema es que, después de abandonar el Corán y la Sunna y sumergir el corazón en la oscuridad del fanatismo, los chiíes han llegado a creer, mediante diversas interpretaciones, todo lo que se ha dicho en nombre de los imanes, aunque sea falso, contrario a la ley islámica y opuesto a la razón y al sentido común. Basándose en esta mentira, los chiíes creen y difunden que una tumba de la ciudad de Nayaf es la tumba de Ali. Durante trescientos años después del martirio de Ali (ra), nadie dijo que su tumba estuviera en Nayaf. Casi trescientos años después, esta tumba comenzó a ser conocida como la de Ali (ra), basándose en rumores y supersticiones. La situación de esta tumba es exactamente como la historia del templo de Ram en el lugar de la mezquita de Babri. Todos los investigadores e historiadores hindúes coinciden en que nunca hubo un templo de Ram en el lugar de la mezquita de Babri, en Ayodhya. Sin embargo, por la propaganda de los hindúes extremistas, esta mentira se ha convertido casi en una verdad indiscutible. Quizá algún día se construya allí un templo de Ram. Millones de personas en la India creerán que Ram nació precisamente allí, del mismo modo que millones de chiíes creen que esta tumba de Nayaf es la tumba de Ali. Por eso llaman a la ciudad de Nayaf «Nayaf al-Ashraf»: la santa Meca, la santa Medina y la santísima Nayaf. (Ibn Taymiyya, Majmu‘ al-Fatawa 27/446; Ibn Kathir, al-Bidaya 7/330; Mulla Qari, al-Asrar, p. 280). 12. Mis compañeros son como estrellas Un hadiz difundido en la sociedad musulmana dice: «Mis compañeros son como estrellas; a cualquiera de ellos que sigáis, estaréis bien guiados». Este hadiz es tan famoso entre nosotros que un musulmán común piensa naturalmente que fue recopilado en Bujari, Muslim, las seis colecciones canónicas y todos los libros de hadices. Pero la realidad es que no aparece ni siquiera en ninguna obra famosa de hadices, mucho menos en las seis colecciones canónicas. Esta frase, y varias frases con el mismo significado, aparecen con varias cadenas en biografías de narradores débiles y falsificadores, en algunos libros de fiqh y en una o dos colecciones poco conocidas de hadices. En cada cadena hay varios narradores conocidos como falsificadores, o extremadamente débiles y acusados de mentir. Por ello, Abu Bakr al-Bazzar Ahmad ibn Amr (f. 292 H), Ibn Hazm al-Zahiri Ali ibn Ahmad (f. 456 H), Dhahabi Muhammad ibn Ahmad (f. 748 H) y otros expertos en hadices consideraron este hadiz forjado y sin fundamento. (Abd ibn Humayd, al-Musnad, p. 250; Ibn Hazm, al-Ihkam 6/244; Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 2/141-142; Sakhawi, al-Maqasid, pp. 49-50). Lo sorprendente es que dependamos de hadices poco fiables como este para demostrar la dignidad de los compañeros, cuando el Corán la describe claramente en muchos lugares. Además, numerosos hadices auténticos sobre su dignidad han sido recopilados en las colecciones famosas de hadices. 13. Mi Ahl al-Bayt es como estrellas Con las mismas palabras del hadiz anterior existe otro: «Mi Ahl al-Bayt, es decir, los miembros de mi casa o mis descendientes, son como estrellas; a cualquiera de ellos que sigáis, estaréis bien guiados». Nubayt ibn Sharit (ra) era un compañero. Varios tabi‘un aprendieron y transmitieron hadices de él. Un descendiente suyo, Ahmad ibn Ishaq ibn Ibrahim ibn Nubayt, afirmó en los siglos III o IV de la Hégira que poseía un manuscrito escrito por Nubayt. Afirmó que lo había recibido de su padre y de su abuelo. Uno de los hadices escritos allí era este. Los expertos en hadices están de acuerdo en que aquel hombre era un mentiroso abominable. Él mismo falsificó el manuscrito y lo atribuyó a su antepasado. Este hadiz y todos los hadices del manuscrito son forjados. (Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 1/216; Ibn Hajar, Lisan al-Mizan 1/136). 14. La discrepancia de mis compañeros o de mi comunidad es misericordia Un hadiz muy difundido y famoso dice: «La discrepancia de mi comunidad es misericordia». A veces se dice: «La discrepancia de los sabios es misericordia», y otros dicen: «La discrepancia de mis compañeros es misericordia». Los expertos en hadices declaran que, aunque esta frase se haya difundido de muchas maneras en la sociedad como una misericordia, no se encuentra con cadena de transmisión en ningún libro de hadices. No se ha narrado con ninguna cadena auténtica, débil ni siquiera inventada. Muchas personas la han citado como hadiz en diversas obras, pero sin cadena. El erudito Subki dijo: «No es conocida como hadiz entre los expertos en hadices. No he encontrado ninguna cadena para este hadiz; no tiene ninguna cadena, auténtica, débil o inventada». (Mulla Qari, al-Asrar, p. 51; Suyuti, al-Yami‘ al-Saghir 1/13; Albani, al-Da‘ifa 1/141). La discrepancia es esencialmente censurable. En ciertos casos puede ser permitida o incluso elogiable. Podemos decir muchas cosas para elogiarla o censurarla. Pero en ninguna circunstancia podemos atribuir esta frase al Mensajero de Allah (saw), porque es una afirmación sin fundamento y sin cadena. 15. Yazid sobre los hombros de Muawiya: un condenado sobre los hombros de un hombre del Paraíso En el libro Rahatil Qulub, atribuido a Khwaja Nizamuddin Auliya, se dice que Fariduddin Ganj-e Shakkar afirmó: «Un día el venerado Mensajero de Allah (saw) estaba sentado con sus compañeros. En ese momento Muawiya pasaba llevando a su hijo Yazid sobre los hombros. Al verlo, el Profeta sonrió y dijo: “Mirad, mirad: un condenado del Infierno va sobre los hombros de un hombre del Paraíso”». (Rahatil Qulub, p. 130). No hace falta mucha inteligencia para comprender que esta afirmación es inventada y carece de fundamento. Cualquiera que tenga un conocimiento básico de la historia del islam sabe que Yazid nació aproximadamente catorce años después de la muerte del Mensajero de Allah (saw). 16. La postración besando el suelo en la época de los compañeros En el libro Rahatil Qulub, atribuido a Khwaja Nizamuddin Auliya (rah), se dice: «Un día el Mensajero de Allah (saw) estaba sentado rodeado de sus compañeros. En ese momento llegó un árabe, besó respetuosamente el suelo y dijo…». (Rahatil Qulub, p. 130). Esta afirmación es completamente inventada y sin fundamento. Ya hemos dicho que todo este libro parece haber sido escrito por falsificadores. No solo la costumbre de besar el suelo, sino incluso la de besar los pies, no existía en la época del Mensajero de Allah (saw). Durante sus veintitrés años de vida profética, algunos de sus cientos de miles de compañeros acudieron a su presencia una o dos veces, y otros más de mil veces. En todos estos casos, su Sunna era saludar. A veces, después del saludo, se daban la mano o se estrechaban las manos. En uno o dos casos se besaron la frente o se abrazaron. Algunas narraciones débiles indican que ciertas personas besaron los pies del Mensajero (saw). Entre los innumerables relatos de visitas de cientos de miles de personas durante sus veintitrés años de profecía, solo se han narrado con cadenas débiles cuatro o cinco casos de personas que besaron sus pies. En ninguno de esos casos fue un compañero conocido quien le besó los pies; fueron beduinos o judíos que acababan de aceptar el islam, no permanecían en su presencia y no conocían las normas de respeto de su corte. (Abu Bakr Muhammad ibn Ibrahim, al-Rukhsatu fi Taqbil al-Yad, pp. 55-80). Abu Bakr, Umar, Uthman, Ali, Fátima, Bilal (ra) y cientos de compañeros destacados como ellos entraron en su presencia al menos diez mil veces durante veintitrés años. Sin embargo, ninguno besó ni una sola vez sus benditos pies, ni puso la mano sobre ellos para después besarla; mucho menos besaron el suelo ante él. Los hindúes de la India estaban acostumbrados a postrarse ante las personas, inclinarse profundamente o hacerles una reverencia. Después de la llegada del islam, entre los musulmanes de la India también se difundió la costumbre de postrarse ante los pires, los ancianos o los reyes, besar sus pies o besar el suelo ante ellos. Esta costumbre es indudablemente contraria al islam. Lo más lamentable es hacerla pasar por un hadiz. 17. Preocupación por la comunidad de los últimos tiempos Entre los innumerables hadices falsos y sin fundamento introducidos en el libro Sirr al-Asrar, atribuido a Abd al-Qadir Yilani (rah), se encuentra el siguiente: «Estoy muy preocupado por la comunidad de mis últimos tiempos». (Sirr al-Asrar, p. 15). Estas palabras no se encuentran en ningún libro con ninguna cadena auténtica, débil o forjada. Ya hemos dicho que este libro parece ser enteramente una falsificación.
2.6. Sobre los tābi‘ūn
Se han difundido innumerables relatos inventados sobre los tabi‘in y los piadosos de épocas posteriores. Mencionaré algunos de los más conocidos. 1. Uways al-Qarani (que Allah tenga misericordia de él) En los hadices auténticos se menciona que, durante la vida del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), este habló a los sahabah de un hombre llamado Uways ibn Amir, de la tribu de Qaran, en Yemen, y que Umar (que Allah esté complacido con él) se encontró con él después del fallecimiento del Profeta. Sin embargo, en épocas posteriores se inventaron muchas historias extravagantes y falsas en torno a Hazrat Uways. Muchos predicadores inventaron relatos absurdos para fascinar a sus oyentes. Muchos derviches de corazón sencillo narraron todo lo que habían oído. Algunas de estas historias giran en torno a Uways, y otras fueron inventadas atribuyéndoselas al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Sin duda, son causa de pecados muy graves y terribles. El resumen de lo que se ha narrado acerca de Hazrat Uways ibn Amir al-Qarani (que Allah esté complacido con él) en los hadices auténticos recopilados en Sahih Muslim y otras obras es el siguiente: Cuando Hazrat Umar era califa (13-23 H), cada vez que llegaba ante él un contingente del ejército del Yemen preguntaba: «¿Hay entre vosotros alguien llamado Uways ibn Amir?». Así fue como una vez encontró a Uways. Le dijo: «¿Eres Uways?». Uways respondió: «Sí». Umar preguntó: «¿Eres de la tribu de Murad, una rama de la tribu de Qaran?». Respondió: «Sí». Umar preguntó: «¿Tu cuerpo padecía lepra y Allah curó todo excepto un lugar del tamaño de un dirham cerca de tu ombligo?». Respondió: «Sí». Umar preguntó: «¿Tienes madre?». Respondió: «Sí». Entonces Umar dijo: «Escuché al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) decir: “Uways ibn Amir vendrá a vosotros con el contingente del ejército del Yemen. Es de la tribu de Murad, una rama de la tribu de Qaran. Su cuerpo padecía lepra y Allah curó todo excepto un lugar del tamaño de un dirham. Tiene madre y la sirve. Si jura por Allah al decir algo, Allah cumple sus palabras. Si puedes pedirle que ruegue a Allah por el perdón de tus pecados, hazlo”». En otra narración se dice: «El mejor de los tabi‘in es un hombre llamado Uways… Pedidle que solicite perdón por vosotros». Después de decir esto, Hazrat Umar (que Allah esté complacido con él) le pidió: «Ruega a Allah que me perdone». Entonces Uways rogó a Allah por el perdón de los pecados de Umar. Umar le preguntó: «¿Adónde irás?». Respondió: «Iré a Kufa». Umar dijo: «Entonces, ¿quieres que escriba una carta para ti al gobernador de Kufa?». Uways respondió: «Prefiero mezclarme con la gente más humilde». Al año siguiente, un hombre noble de Kufa emprendió el hach. Cuando se encontró con el califa Umar, este le preguntó por Uways. El noble respondió: «Lo vi viviendo en una casa muy deteriorada y en extrema pobreza». Entonces Umar (que Allah esté complacido con él) le relató el hadiz anterior del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Al regresar a Kufa, aquel noble fue a ver a Uways y le pidió que rogara a Allah por su perdón. Uways respondió: «Tú acabas de regresar de un bendito viaje de hach; ruega tú a Allah por mí. ¿Te encontraste con Umar?». Él respondió: «Sí». Entonces Uways pidió a Allah que perdonara los pecados de aquel hombre. Después de este acontecimiento, la gente llegó a conocer a Uways y comenzó a acudir continuamente a él. Entonces Uways se retiró a algún lugar oculto de la vista de la gente. Durante casi las dos décadas siguientes, Hazrat Uways al-Qarani vivió oculto de la gente, como un hombre muy común de la sociedad. En cada lugar donde residía, asistía regularmente a las oraciones y a las reuniones de predicación de la mezquita local como un musulmán ordinario. A veces también hablaba. Se sabe asimismo que se sentaba en la mezquita con algunas personas para recitar el Corán. También se sabe que participó de este modo en diversas guerras santas. En el año 37 H tuvo lugar la batalla de Siffin entre Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) y Hazrat Muawiya (que Allah esté complacido con él). En esta batalla, Hazrat Uways al-Qarani estaba en el ejército de Hazrat Ali. Combatió en su bando y finalmente murió como mártir. (Muslim, as-Sahih, 4/1968-1969; Ahmad, al-Musnad, 3/480; al-Hakim, al-Mustadrak, 3/455-461). Esta es la narración auténtica acerca de él. En nuestro país circulan muchas historias inventadas y carentes de fundamento sobre Uways. Se dice que cargaba a su madre. Se dice que, al enterarse de que los dientes benditos del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) habían sido heridos en la batalla de Uhud, se rompió todos sus propios dientes, y cosas semejantes. No se encuentra fundamento alguno para estas afirmaciones. También se dice que Hazrat Umar y Ali acudieron a visitarlo o le pidieron que rogara por ellos. Todo esto es falso. En el hadiz auténtico citado anteriormente hemos visto que, conforme a la predicción del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), fue Uways quien acudió ante Umar. Pero aún más grave es la invención de palabras atribuidas al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) en relación con Uways. Por ejemplo, se afirma que, antes de su fallecimiento, el Mensajero de Allah dejó su bendita pirhan o vestidura para Uways al-Qarani (que Allah tenga misericordia de él), y que Hazrat Umar y Hazrat Ali se la entregaron. Todo esto es inventado y carece de fundamento. Ibn Dahiya, Ibn as-Salah, Ibn Hajar al-Asqalani, as-Sakhawi, Mulla Ali al-Qari y otros muhaddithun coinciden en que todo ello es falso e inventado. (Ibn al-Yawzi, al-Mawdu‘at, 1/350; as-Suyuti, al-La’ali, 1/449; Ibn Iraq, Tanzih, 2/32-36; Mulla Ali al-Qari, al-Asrar, p. 181). 2. Hazrat Hasan al-Basri (que Allah tenga misericordia de él) Hazrat Hasan al-Basri (que Allah tenga misericordia de él) (22-109 H) fue un célebre tabi‘i. En la sociedad circulan muchas historias falsas e inventadas en torno a él. Por ejemplo, son muy comunes entre nosotros las conversaciones, discusiones y otros relatos entre Hasan al-Basri y Rabi‘a al-Basri. Sin embargo, no tenían la misma edad ni fueron contemporáneos. Rabi‘a al-Basri nació en el año 100 H o aproximadamente por esa época y falleció en el año 180/181 H. Cuando Hasan al-Basri falleció, Rabi‘a al-Basri apenas tenía 10 u 11 años. De ello podemos comprender fácilmente que todas las historias y relatos populares sobre ambos son inventados. Sin embargo, lo más grave es atribuir falsamente palabras al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) en relación con Hasan al-Basri. Por ejemplo, se afirma que Hasan al-Basri recibió la tariqa del Mensajero de Allah por medio de Ali, o que recibió de él la jirqa, el bastón y otras cosas de la tariqa Chishtiyya. Esta afirmación carece de fundamento. Hazrat Hasan al-Basri (que Allah esté complacido con él) fue uno de los más grandes muhaddithun, faqih, muyahid, predicadores y piadosos ascetas entre los tabi‘in. Además de enseñar hadiz y fiqh, predicaba contra la codicia y los deseos mundanos, exhortando a abandonar las comodidades de la vida y orientarla hacia la otra vida. Recordaba el Más Allá y lloraba por amor y temor de Allah. Sus reuniones ejercían una influencia especial sobre la gente de aquella época. La mayoría de los derviches sufíes de épocas posteriores se inspiraron en él y aprendieron de él. En la época de Hazrat Hasan al-Basri (que Allah tenga misericordia de él), las palabras tasawwuf y sufí, entre otras, eran desconocidas. La tariqa tampoco existía en el sentido habitual del término. Ellos hablaban principalmente del amor a Allah y de la otra vida a la luz del Corán y del hadiz, y se dedicaban abundantemente a la adoración y al servicio de Allah. Tampoco existía entonces la costumbre de acudir a una persona determinada para seguir una tariqa. La gente alcanzaba la plenitud espiritual mediante la compañía conjunta de diversos sahabah y tabi‘in. Aproximadamente quinientos años después, cuando todo el mundo musulmán estaba sumido en la división y las tinieblas de la ignorancia, y había quedado devastado por los terribles ataques de los tártaros, las tariqas se establecieron y se expandieron durante los siglos VI y VII de la Hégira. La tariqa Qadiriyya está relacionada con Hazrat Abd al-Qadir al-Yilani (que Allah tenga misericordia de él) (fallecido en 561 H/1166 d. C.). Sin embargo, él no fundó ni difundió la tariqa Qadiriyya tal como se conoce actualmente; esta se difundió mucho después de él. El fundador de la tariqa Rifa‘iyya fue Ahmad ibn Ali ar-Rifa‘i (que Allah tenga misericordia de él) (fallecido en 578 H). El fundador de la tariqa Suhrawardiyya fue Shihab ad-Din as-Suhrawardi (que Allah tenga misericordia de él) (fallecido en 632 H). Hazrat Muin ad-Din Chishti (que Allah tenga misericordia de él) fue el principal propagador de la tariqa Chishtiyya. Falleció en 633 H (1236 d. C.). Ali ibn Abd Allah ash-Shadhili (que Allah tenga misericordia de él) (656 H/1258 d. C.) fundó la tariqa Shadhiliyya. Muhammad ibn Muhammad al-Bujari Baha ad-Din Naqshband (que Allah tenga misericordia de él) (f. 791 H) fundó la tariqa Naqshbandiyya. Ellos seleccionaron las prácticas devocionales establecidas por la Sunna a la luz del Corán y del hadiz, y procuraron con ellas el desarrollo espiritual de los musulmanes. En realidad, durante aquellos días oscuros y difíciles fueron ellos quienes asumieron la responsabilidad de difundir y establecer el islam entre los musulmanes comunes. Una afirmación popular de épocas posteriores sostiene que Hasan al-Basri (que Allah tenga misericordia de él) recibió la tariqa Chishtiyya y algunas otras tariqas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) por medio de Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él). Se afirma que recibió de Hazrat Ali la jirqa y la jilafa, y que se convirtió en sajjada-nashin de la tariqa. Esta afirmación es falsa y carece de fundamento. Hasan al-Basri (que Allah tenga misericordia de él) nació en Medina en el año 22 H. Cuando tenía 13 años, en el año 35 H, Ali (que Allah esté complacido con él) fue nombrado califa y trasladó el centro o capital del califato de Medina a Kufa. Después de eso, Hasan al-Basri (que Allah esté complacido con él) ya no volvió a ver a Ali. Ni siquiera tuvo la oportunidad de sentarse en la corte de Ali y estudiar con él. Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él) murió como mártir en el año 40 H. Podemos comprender fácilmente que Hazrat Ali no dejó la jirqa y la jilafa, ni nombró sajjada-nashin, a un muchacho de 13 años excluyendo a sus hijos más cualificados, a sus innumerables discípulos y seguidores destacados y a sus compañeros. Muhaddithun como Ibn Dahiya, Ibn as-Salah, adh-Dhahabi, Ibn Hajar, as-Sakhawi y Mulla Ali al-Qari han señalado que todas estas afirmaciones carecen de fundamento y son falsas. (As-Sakhawi, al-Maqasid, p. 335; Mulla al-Qari, al-Asrar, p. 181).
2.7. Sobre los nobles awliyā y la walāya
Existen muchas orientaciones en el Noble Corán y en los hadices auténticos acerca de la identidad, las obras y la dignidad de los amigos de Allah. Este tema ha sido tratado detalladamente en los dos libros Ihyā’ as-Sunan y Rāh-e Wilāyat. Los falsificadores difunden muchas afirmaciones falsas sobre este asunto en la sociedad musulmana. Muchos piadosos y venerables de corazón sencillo las han creído ingenuamente. Aquí mencionaré algunas cuestiones relacionadas con este tema. 1. Las karāmāt o poderes sobrenaturales de los walíes son verdaderas En un libro muy difundido se ha escrito: «Algunas palabras del Noble Corán y del Noble hadiz acerca de los amigos de Allah: ……….. Karāmātul-awliyā’i haqq-un —al-hadiz—. Significa: los poderes sobrenaturales de los awliyā son verdaderos». [Joya Nizamuddin Awliya —que Allah tenga misericordia de él—, Rāhatul-Muhibbīn, contraportada]. Aquí se ha cometido una falsificación atribuyendo esta frase al Profeta de Allah —que la paz y las bendiciones de Allah sean con él—, al mencionarla como un hadiz. Trataremos dos cuestiones: (1) el origen de esta frase y (2) su significado. En primer lugar, el origen de la frase. «Las karāmāt de los walíes son verdaderas» es una expresión de los eruditos musulmanes. No es un hadiz. El Mensajero de Allah nunca pronunció esta frase, ni fue transmitida de él mediante una cadena auténtica o débil. Además, la propia palabra karāmah no pertenece al vocabulario del Corán ni del hadiz. En el Corán y el hadiz, los actos sobrenaturales de los profetas y los walíes son llamados āyāt, es decir, signos. Desde los siglos segundo y tercero, en la terminología de los eruditos musulmanes, los signos de los profetas y mensajeros fueron llamados mu‘ŷizāt, mientras que los signos de los walíes fueron llamados karāmāt. Desde el segundo siglo de la Hégira, los mu‘tazilíes y algunos miembros de otras sectas negaron la posibilidad de que los walíes realizaran actos sobrenaturales. Esta opinión contradice el Corán y la Sunna. Diversos versículos del Noble Corán y numerosos hadices demuestran que, además de a los profetas, Allah concede ocasionalmente signos sobrenaturales o āyāt a personas piadosas. Por ello, los eruditos partidarios de la Sunna dicen: «Karāmātul-awliyā’i haqq»: las karāmāt de los walíes son verdaderas. En segundo lugar, el significado de la frase: Hemos visto que esta frase no es una palabra del Mensajero de Allah, sino una afirmación de los eruditos. Por tanto, se ha cometido una falsificación al presentarla como hadiz. Además, en la cita anterior la frase fue traducida incorrectamente, lo que añadió otra falsificación en la traducción. a. Karāmah frente a poder sobrenatural En esta frase hay tres palabras: karāmah, awliyā y haqq. En la cita anterior, la primera palabra, karāmah, fue traducida como «poder sobrenatural». Esta traducción no solo es incorrecta, sino que contradice la creencia islámica. Karāmah significa un signo o manifestación sobrenatural, no un poder sobrenatural. Creer que alguien aparte de Allah, el Majestuoso, posee poder sobrenatural es shirk. El significado original de karāmah es honor o distinción. En la terminología islámica significa «un acto sobrenatural realizado por personas piadosas distintas de los profetas y mensajeros». Considerar un signo sobrenatural como un poder sobrenatural es una de las causas del shirk. Los cristianos afirman: «Nadie salvo Dios tiene poder para resucitar a los muertos. Jesús resucitó a los muertos. Esto demuestra que Jesús era Dios, o que poseía divinidad o poder divino». En el Noble Corán se afirma repetidamente que ningún profeta, mensajero ni otra persona puede producir o mostrar por voluntad propia ningún acto o signo sobrenatural; solo puede ocurrir por voluntad de Allah. Que ocurra un hecho sobrenatural por medio de un walí o una persona piadosa no significa que realizarlo dependa de la voluntad de esa persona ni que sea fruto de su propio poder. Significa que, en una ocasión particular, Allah lo honró concediéndole un signo sobrenatural. En otra ocasión podría no concedérselo. Mencionaré un solo ejemplo. Se ha transmitido con una cadena fiable que, un viernes, a comienzos del año 23 de la Hégira, mientras Umar ibn al-Jattab —que Allah esté complacido con él— pronunciaba el sermón en la Mezquita del Profeta, gritó en voz alta: «¡Oh Sāriyah, dirígete hacia la montaña!». En ese momento, el comandante musulmán Sāriyah ibn Zuraym combatía en un campo de batalla persa y estaba a punto de ser derrotado. Entonces oyó la frase de Umar y, luchando al amparo de la montaña, obtuvo la victoria. (At-Tabari, Tārīj 2/553-554; Ibn Hayar, Al-Isābah 3/5-6; Al-Maqdisi, p. 468). En este acontecimiento vemos una karāmah especial de Umar. Observó el estado de un campo de batalla situado a miles de kilómetros, dio una instrucción con su voz y Sāriyah pudo oírla. El significado de esta karāmah es que Allah, el Altísimo, concedió a este gran walí, en ese momento concreto de aquel día, este honor especial: Umar percibió en su corazón la escena distante, dio una instrucción y Allah hizo llegar esa instrucción a Sāriyah. No significa que Umar tuviera la capacidad de observar todo lo que ocurría a miles de kilómetros, ni que pudiera ver a voluntad cualquier cosa distante o enviar sus palabras a lugares lejanos. Al final de ese mismo año, el día 27 del mes de Dhul-Hiyyah del año 23 de la Hégira, cuando Umar pronunció el takbīr de apertura para realizar la oración del alba, el enemigo de Allah, Abū Lu’lu’, que estaba de pie detrás de él como un orante, cubierto con una capa, lo apuñaló repetidamente con un cuchillo oculto. Umar cayó inconsciente. Al recuperar el conocimiento preguntó: «¿Quién me hirió?». Le respondieron: «Abū Lu’lu’». Entonces dijo: «Alabado sea Allah, no he sido martirizado a manos de un musulmán». Murió unos días después. (Ibn Kazir, Al-Bidāyah 7/130-138). Aquí vemos que, en el primer acontecimiento, Allah mostró a Umar lo que ocurría a miles de kilómetros. Pero en el segundo no le permitió conocer la identidad del enemigo que estaba junto a él. Esto se debe a que una karāmah nunca es un poder; es únicamente un honor concedido por Allah. b. Walí y awliyā La palabra wilāyah significa proximidad, amistad, tutela y otros sentidos semejantes. A quien alcanza la wilāyah se le llama walí, es decir, amigo, cercano o protector de Allah. El Corán describe a los walíes de la siguiente manera: «¡Sabed que los amigos de Allah no tendrán temor ni estarán afligidos: aquellos que creen y tienen taqwā, es decir, se protegen de aquello que provoca el desagrado de Allah». (Sura Yunus, 62-63). Īmān significa una creencia pura, libre de shirk y kufr, en el tawhīd y la misión profética. La palabra taqwā significa protegerse. Abandonar toda acción o pensamiento que provoque el desagrado de Allah, el Majestuoso, se llama taqwā. En esencia, abstenerse de todo lo ilícito, prohibido y pecaminoso recibe el nombre de taqwā. Este versículo nos enseña que la identidad del walí se limita a dos cualidades: la fe y la taqwā. Cuanto más abundantes y perfectas sean estas dos cualidades en una persona, más avanzará en el camino de la wilāyah y más querida será por Allah, por lo que será considerada un walí en mayor grado. El Mensajero de Allah dividió las obras del camino de la wilāyah en dos categorías: obligatorias y voluntarias. Después de cumplir todas las obligaciones, el siervo sigue avanzando hacia la proximidad de Allah mediante la práctica constante y abundante de actos voluntarios. De esto comprendemos que todo musulmán es un walí de Allah. Cuanto más posea las cualidades de la fe y la taqwā, mayor será su grado de wilāyah. El imán Abū Ya‘far at-Tahāwī (fallecido en 321 H.), uno de los grandes imanes de la escuela hanafí, al describir la creencia del imán Abū Hanifa, Muhammad, Abū Yusuf —que Allah tenga misericordia de ellos— y de Ahl as-Sunna wal-Yamā‘ah, dijo: «Todos los creyentes son amigos del Misericordioso. El más obediente a Allah y el que más sigue el Corán entre ellos es el más honrado ante Allah —es decir, el que posee mayor wilāyah—». (Imán at-Tahāwī, Al-‘Aqīdah, pp. 357-362). Por tanto, el criterio de la wilāyah es la fe y la taqwā: cumplir todas las obligaciones y practicar abundantes actos voluntarios. Si un musulmán conserva una fe correcta conforme a la Sunna completa, alcanza la taqwā abandonando toda clase de ilícitos y prohibiciones, cumple todas las obligaciones que le corresponden y, finalmente, realiza tantos actos voluntarios como puede, entonces es un walí de Allah y una persona querida por Él. Cuanto más avance una persona en estos asuntos, en esa misma medida alcanzará la proximidad de Allah y la wilāyah. Así comprendemos que la wilāyah no es un cargo ni un título, y que en el islam no existe una posición o rango especial llamado «walí». Todo creyente es un walí. Quien alcance más fe y taqwā será un walí en mayor grado. c. Haqq «Karāmātul-awliyā’i haqq», o «las karāmāt de los walíes son verdaderas», significa que «es posible que se manifiesten actos sobrenaturales por medio de los walíes». Si de un creyente aparentemente piadoso y temeroso de Allah se manifiesta un acto sobrenatural, debe entenderse como un honor concedido por Allah. Del mismo modo, si se conoce mediante una fuente auténtica que un anciano piadoso realizó un acto sobrenatural
2.8. Sobre las virtudes del conocimiento y de los eruditos
Existen muchos versículos coránicos y hadices auténticos sobre la exhortación a adquirir conocimiento y sobre la dignidad de los ulemas y de los estudiantes de conocimiento. Por otro lado, se han inventado muchos hadices falsos para describir la virtud del conocimiento. Muchas personas piadosas e ignorantes (!) inventaron numerosos hadices falsos al hablar a la gente sobre la virtud de adquirir conocimiento. ¡Qué crimen tan abominable! Pensaron que los versículos del Noble Corán y los hadices auténticos no eran suficientes; por ello, creyeron que, si no mencionaban algunos hadices inventados sobre virtudes adicionales, quizá la gente no acudiría a aprender conocimiento. Puesto que son los ulemas quienes transmiten los hadices, muchos de ellos, en ocasiones, narraron estos hadices falsos de bello significado sin examinarlos. Por esta razón, numerosos hadices falsos sobre la virtud del conocimiento y de los ulemas se difundieron en la sociedad. Es deber de todos nosotros conocer estos hadices falsos y abstenernos de decirlos. Los versículos del Corán y los hadices auténticos son suficientes para nosotros. 1. Un poco de reflexión es mejor que mil años de adoración Entre estos hadices inventados se encuentra el siguiente: «Reflexionar o practicar la contemplación espiritual durante un instante o un breve tiempo es mejor que adorar durante un año». Algunos incluso han exagerado diciendo que es mejor que adorar durante setenta mil años. Los especialistas en hadiz han señalado que esta afirmación es falsa. Atribuirla al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) es mentir. No es más que una declaración de algún erudito de generaciones anteriores. (Mulla Qari, Al-Asrar, p. 97; Al-Albani, Da‘if al-Yami‘, p. 581). 2. La tinta del sabio es mejor que la sangre del mártir Otro hadiz falso inventado sobre la virtud del conocimiento dice: «La tinta del sabio es mejor que la sangre del mártir». Los especialistas en hadiz como Sakhawi, Zarqani y Mulla Ali Qari han informado que, aunque la frase suena muy hermosa, no es una declaración del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). Zarkashi dijo que, en realidad, la frase pertenece a Hasan al-Basri (que Allah tenga misericordia de él). 3. Los ulemas de mi comunidad son como los profetas de los hijos de Israel Es una frase muy difundida entre los ulemas y las personas religiosas: «Los ulemas de mi comunidad son como los profetas de los hijos de Israel». Los especialistas en hadiz están de acuerdo en que esta frase no fue pronunciada por el Profeta (que Allah le bendiga y le conceda paz). Más bien, es una afirmación falsa, inventada, sin fundamento y sin cadena de transmisión, que se difundió atribuyéndosela a él. (Sakhawi, Al-Maqasid, p. 293; Mulla Qari, Al-Asrar, p. 159). Muchos predicadores cuentan historias inventadas basadas en este hadiz falso, afirmando que supuestamente el Mensajero Muhammad (que Allah le bendiga y le conceda paz) discutió este asunto con el profeta Moisés (que la paz sea con él). ¡Buscamos refugio en Allah! ¡Qué abominable invención! Cabe señalar aquí que existen muchos otros hadices sobre la virtud de los ulemas, en los que se afirma que estos poseen una posición cercana a la de los profetas. En un hadiz fiable (hasan) se dice: «Los ulemas son los herederos de los profetas». Los especialistas en hadiz, como Tirmidhi, Abu Dawud e Ibn Mayah, narraron este hadiz. Debemos hablar de estos hadices aceptables, en lugar de pecar atribuyendo al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) afirmaciones inventadas. 4. Mirar el rostro de los ulemas Otro hadiz falso inventado sobre la virtud de los ulemas dice: «Mirar el rostro de un sabio es más querido para Allah que la adoración de ayunar y rezar —la oración nocturna— durante sesenta años». También se ha transmitido con estas palabras: «Mirar el rostro de un sabio es adoración». Ninguna de estas dos frases es un hadiz. Los especialistas en hadiz las han calificado de hadices falsos o inventados. (Sakhawi, Al-Maqasid, p. 442; Mulla Qari, Al-Asrar, p. 253). 5. El sueño del sabio es adoración Existe otro hadiz falso de este tipo: «El sueño del sabio es adoración». Mulla Ali Qari dijo: «Esta frase no existe como declaración del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz), es decir, como hadiz marfu‘». 6. El sueño del sabio es mejor que la adoración del ignorante Otra afirmación inventada y sin fundamento dice: «El sueño del sabio es mejor que la adoración del ignorante». Ambas frases son falsas. No existen con ninguna cadena auténtica, débil o inventada. Sin embargo, existe un hadiz débil con un significado cercano: «Dormir con conocimiento es mejor que rezar con ignorancia». (Abu Nu‘aym al-Isfahani, Hilyat al-Awliya, 4/385; Mulla Ali Qari, Al-Asrar, p. 255; Al-Albani, Da‘if al-Yami‘, p. 861). 7. La compañía de un sabio es mejor que mil ciclos de oración Existe otro hadiz inventado sobre este asunto: «Asistir a la reunión de un sabio es mejor que rezar mil rak‘at». Los especialistas en hadiz consideraron esta frase un hadiz falso. (Mulla Qari, Al-Asrar, p. 113). Posteriormente, basándose en este hadiz falso, se difundió también la siguiente afirmación: «Permanecer un instante en compañía de los santos es mejor que rezar durante cien años sin ostentación». Permanecer en compañía de personas buenas y piadosas es una adoración importante. El Corán y los hadices contienen exhortaciones especiales a ello. Sin embargo, esta virtud específica atribuida a la compañía es inventada. 8. No estudiar después de la oración de la tarde En nuestro país está extendida entre muchos ulemas y estudiantes de madrasas la creencia de que estudiar después de la oración de la tarde daña los ojos. Esta afirmación procede de un hadiz inventado. En dicho hadiz falso se dice: «Quien ame sus dos ojos no debe escribir después de la oración de la tarde». Esto no es un hadiz y no tiene fundamento. Estudiar con poca luz, en la oscuridad o en condiciones de penumbra puede dañar los ojos. Los médicos pueden explicar mucho sobre este asunto. Pero no existe ningún hadiz al respecto. (Sakhawi, Al-Maqasid, p. 397; Mulla Qari, Al-Asrar, p. 216). 9. Busca el conocimiento aunque sea en China En nuestro país es muy conocida la frase: «Busca el conocimiento aunque sea en China». La mayoría de los especialistas en hadiz la han declarado falsa. Algunos la han calificado de hadiz extremadamente débil. Solo dos narradores extremadamente débiles, que solían narrar hadices falsos, la transmitieron atribuyéndola al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). (Ibn Adi, Al-Kamil, 1/292; Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at, 1/154; Suyuti, Al-La’ali, 1/193). 10. Estudiar conocimiento durante parte de la noche es mejor que pasar toda la noche adorando En un libro famoso de nuestro país se afirma: «En Sahih al-Bujari también aparece otro hadiz: el venerable —que Allah le bendiga— dijo que aprender conocimiento religioso durante una hora de la noche es mejor que permanecer despierto toda la noche adorando». (Muhammad Golam Rahman, Maqsudul Mu’minin, p. 25). Esta afirmación no fue recopilada como palabra del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) ni siquiera en otros libros de hadices, mucho menos en Sahih al-Bujari. El imán Darimi la recopiló en su Sunan como una declaración del compañero Ibn Abbas (que Allah esté complacido con él), mediante una cadena extremadamente débil y desconectada. Todo lo que se ha dicho con este significado atribuyéndolo al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) es falso e inventado. [Darimi, Abd Allah ibn Abd al-Rahman (fallecido en 255 H), As-Sunan, 1/94, 157]. 11. La virtud del conocimiento, las obras y la sinceridad El Corán y los hadices contienen muchas instrucciones sobre la importancia del conocimiento, las obras y la sinceridad. Además de ellas, circulan en la sociedad algunos hadices falsos, como el siguiente: «Todas las personas están destinadas a la muerte o a la perdición, excepto los ulemas. Todos los ulemas están perdidos, excepto quienes actúan. Todos los que actúan están perdidos o se ahogan, excepto los sinceros. Los sinceros se encuentran en un temor intenso». Los especialistas en hadiz están de acuerdo en que estas palabras son falsas. No han sido narradas del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) mediante ninguna cadena auténtica, débil o inventada. Darwish Hut dijo: «Samarqandi mencionó este “hadiz” en su libro Tanbih al-Gafilin, y los predicadores hacen mucho ruido con él. Este libro contiene muchos hadices falsos e inventados. Por ello, no se puede confiar en él». (Darwish Hut, Asan al-Matalib, p. 246; Al-Albani, Ad-Da‘ifah, 1/174). 12. Buscar conocimiento expía los pecados anteriores El imán Tirmidhi recopiló en su Sunan el siguiente hadiz: «Si una persona adquiere conocimiento, este será una expiación —un medio de perdón— por sus pecados anteriores». (Tirmidhi, As-Sunan, 5/29). Además del imán Tirmidhi, especialistas en hadiz como Darimi y Tabarani también lo recopilaron. Todos lo transmitieron a través de Abu Dawud el Ciego, Nufay‘ ibn al-Harith. Murió alrededor del año 150 de la hégira. Mediante un examen comparativo, célebres especialistas en hadiz de su época y de generaciones posteriores demostraron que este hombre mentía en nombre de los hadices. El famoso tabi‘í contemporáneo Qatada ibn Di‘ama (fallecido en 117 H) lo calificó de mentiroso. El
2.9 Sobre la fe
El amor a la patria es parte de la fe: Es una frase muy difundida: «El amor a la patria es parte de la fe». Como hadiz, esta afirmación carece por completo de fundamento y es inventada. Además, su significado tampoco es del todo compatible con la perspectiva islámica. Por tanto, tampoco hay razón para presentarla como una afirmación de los ulemas o como una expresión de la perspectiva islámica. La fe y el islam son el conjunto de las acciones que una persona puede realizar o adquirir voluntariamente mediante su libre voluntad. Las cosas que se adquieren de manera natural o innata no se consideran parte de la fe ni del islam, porque no son acciones opcionales ni sujetas a la voluntad. El amor al lugar de nacimiento, al lugar de residencia, a los amigos, a la esposa, a los hijos, a los familiares y a los padres es una cuestión natural. El ser humano siente por creación amor hacia ellos. Ninguna de estas cosas es parte de la fe. Por eso, la obediencia y el servicio a los padres han sido considerados una parte inseparable del islam, pero no el amor a los padres. Del mismo modo, el musulmán tiene muchas responsabilidades hacia su país, su lugar de residencia y sus vecinos, que debe cumplir mediante acciones voluntarias. Sin embargo, considerar el amor natural como parte de la fe no coincide plenamente con el concepto islámico. Si alguien, contraviniendo la naturaleza, no ama a sus propios hijos, a su esposa, a sus padres, a su lugar de residencia o a su país, lo llamaremos antinatural, maniaco, loco, etc. Y si ese estado le impide cumplir las responsabilidades mencionadas, lo consideraremos pecador y desobediente de Allah. 2. Las «cinco» kalimas difundidas En nuestro país es habitual hablar de las «cinco kalimas» al explicar la fe y la creencia islámicas. Además, existen dos fórmulas llamadas Iman Mujmal e Iman Mufassal. Estas kalimas aparecen en la qaida, Ampara, Diniyat y diversos libros de uso común. Se las considera sumamente importantes y se memorizan de manera especial. El significado de estas frases es hermoso. Sin embargo, no todas han sido transmitidas de esta manera en los hadices. Sería un error considerar que todas ellas son palabras del Corán o de los hadices. (1) Kalima Shahada En el Corán y en los hadices se ordena pronunciar dos testimonios como fundamento de la fe o creencia islámica; en nuestro país se los conoce como la Kalima Shahada. En esta kalima se da testimonio de la unicidad de Allah y de la misión profética de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En realidad, solo la Kalima Shahada ha sido mencionada como fórmula fundamental en los hadices. En el tashahhud de la oración se pronuncian juntas de la siguiente manera: «Doy testimonio de que no hay ninguna divinidad excepto Allah». «Y doy testimonio de que Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es el siervo y Mensajero de Allah». Primera frase: «Doy testimonio de que no hay ninguna divinidad excepto Allah». Con respecto a esta primera frase, algunos hadices dicen: «Doy testimonio de que no hay ninguna divinidad excepto Allah; Él es único y no tiene asociado». Segunda frase: «Y doy testimonio de que Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es el siervo y Mensajero de Allah». En el adhan, estas dos frases se mencionan por separado. (2) Kalima Tayyiba En nuestro país, por Kalima Tayyiba o «la frase pura» se entiende la declaración conjunta de la unicidad divina y la misión profética. En el Noble Corán se dice: «¿Acaso no has visto cómo Allah propone un ejemplo: una Kalima Tayyiba o “frase pura”, semejante a un árbol puro cuyas ramas se extienden por el cielo?» En la explicación de esta aleya se ha transmitido de Abdullah ibn Abbas (que Allah esté complacido con él) y de otros mufassirun que por Kalima Tayyiba se entiende la frase «la ilaha illallah». Sin embargo, en ningún hadiz se ha mencionado conjuntamente «la ilaha illallah Muhammadur Rasulullah» como Kalima Tayyiba. La base de las dos partes de la Kalima Shahada mencionada arriba es precisamente la Kalima Tayyiba, en la que se pronuncian juntas las dos frases fundamentales de la unicidad divina y la misión profética. Hemos visto que muchas veces la Kalima Shahada se pronuncia omitiendo la palabra «shahada». No se sabe que se la haya mencionado de este modo como «kalima». En un hadiz se afirma que estas dos frases estaban escritas juntas en el Trono. En otra parte de este libro hemos señalado que este hadiz es extremadamente débil e inventado. Cabe señalar aquí que las dos partes de la Kalima Tayyiba han sido mencionadas por separado en el Noble Corán y en los hadices. Ambas frases forman parte del Corán y expresan el testimonio fundamental de la fe. No hay inconveniente alguno en pronunciarlas juntas. Desde la época de los tabi‘in puede encontrarse el uso de esta frase como declaración fundamental de la Kalima Shahada. En el Noble Corán se la llama Kalimat al-Taqwa, «la frase de la piedad». Al explicar esto, el tabi‘í Ata al-Jurasani (fallecido en 135 de la hégira) dijo: «La Kalima de la piedad es “la ilaha illallah Muhammadur Rasulullah”». (3) Kalima Tawhid En nuestro país es habitual la siguiente frase con el nombre de Kalima Tawhid: En árabe. El significado de esta frase es hermoso. Sin embargo, en el Corán o en los hadices no se encuentra ninguna importancia especial para ella, ni mención alguna de este tipo, ni siquiera su existencia. 4. Kalima Tamjid Con el nombre de Kalima Tamjid es habitual la siguiente frase: En árabe. El significado de esta frase también es hermoso. Pero en el Corán o en los hadices no se encuentra ninguna instrucción para pronunciarla de esta manera, ni se menciona su importancia o existencia. 5. Kalima Radd al-Kufr En diversos libros de nuestro país aparecen varias frases con el nombre de Kalima Radd al-Kufr. En árabe. El significado de las frases es bueno. Sin embargo, no aparecen de esta manera en ningún hadiz, y los hadices tampoco han demostrado que estas frases tengan una importancia especial. 6. Iman Mujmal En árabe. El significado de esta frase conocida como Iman Mujmal es hermoso. Sin embargo, es una frase general inventada por los ulemas posteriores. Ninguna frase semejante ha sido mencionada de ningún modo en los hadices. 7. Iman Mufassal En un hadiz, el ángel Yibril (la paz sea con él) preguntó al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): «¿Qué es la fe?». Él respondió: En árabe. «Que creas en Allah, en Sus ángeles, en Sus Libros, en Sus Mensajeros y en el Último Día, y que creas en el decreto, tanto en su bien como en su mal». Estos seis pilares de la fe se mencionan en distintos lugares del Noble Corán. Además, existen muchos otros hadices sobre este tema. Aquí debe observarse que, en el Iman Mufassal, la creencia en la otra vida se expresa mediante dos frases separadas: «Yawm al-Ajir» y «ba‘th ba‘d al-mawt»: el Último Día (la otra vida) y la resurrección después de la muerte. Ambos conceptos son uno solo.
2.10 Sobre la oración
2.10.1. Sobre la pureza 1. “El castigo de la tumba por no usar kuluj” En un libro de amplia difusión se afirma: «En un hadiz se dice: “Nadie recibirá un castigo tan severo como quienes no utilicen kuluj después de orinar”» (M. Ghulam Rahman, Maqsudul Mominin, p. 84). La afirmación no es correcta de esa manera. Si se presenta así como un hadiz, se estará mintiendo en nombre del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Probablemente aquí se haya traducido de forma distorsionada un hadiz auténtico. Por diversos hadices auténticos sabemos que no purificarse adecuadamente de la orina es una de las causas del castigo de la tumba. En un hadiz, Abu Huraira (que Allah esté complacido con él) relata que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Árabe (******) «La mayor parte del castigo de la tumba se debe a la orina» (Ibn Maya, as-Sunan, 1/125; al-Hakim, al-Mustadrak, 1/293). Probablemente la afirmación anterior sea una traducción distorsionada de este hadiz. Este hadiz y todos los demás hadices con este significado enseñan a purificarse bien de la orina. Ningún hadiz dice que usar «kuluj» sea obligatorio, ni que no usarlo constituya una falta o acarree un castigo. El asunto fundamental es purificarse completamente después de evacuar las heces y la orina, lo cual es una de las normas del islam. A la luz de los hadices vemos que, al realizar el istinyá, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) utilizaba a veces piedras o terrones. En la mayoría de las ocasiones utilizaba agua. Algunas veces utilizaba ambas cosas, piedras y agua. Los nobles compañeros también realizaban el istinyá de esta manera. Es mejor utilizar tanto agua como piedras (kuluj). Si no se hace así, es preferible utilizar solamente agua. Y si tampoco se dispone de agua, se debe alcanzar la pureza utilizando únicamente piedras o kuluj. Con ello se cumple la obligación esencial y no se incurre en ninguna falta ni pecado. Estos asuntos se conocen por diversos hadices. Aquí debe señalarse otra cuestión. Después de evacuar las heces y la orina hay dos etapas de purificación. La primera consiste en limpiar la zona sucia, mientras se permanece sentado, utilizando agua o piedras después de evacuar. En árabe se denomina istinyá o istijmar. La segunda etapa consiste en asegurarse y eliminar cualquier duda. Esto significa que, después de orinar y realizar el istinyá, si se teme que al levantarse o caminar puedan salir una o dos gotas de orina, uno puede aclararse la garganta o caminar unos pasos para eliminar la duda. En árabe esto se denomina istibrá. En los hadices se menciona el uso de agua y piedras para el istinyá, que constituye la primera etapa. En un hadiz débil se menciona tirar tres veces del órgano sexual mientras se permanece sentado para orinar. Fuera de esto, no se ha narrado nada más en los hadices. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ni sus compañeros se levantaban durante el istinyá, ni caminaban, saltaban, se aclaraban la garganta o realizaban cosas semejantes. Tanto al orinar como al defecar, permanecían sentados de manera natural y alcanzaban la limpieza utilizando piedras o agua, o primero piedras y después agua. Los sabios de épocas posteriores establecieron caminar de esa manera como precaución en caso de duda. Dijeron que la naturaleza de las personas varía. Si alguien tiene una necesidad particular, puede levantarse, caminar uno o dos pasos, aclararse la garganta o realizar alguna acción semejante para asegurarse de que «la orina ha terminado por completo». Pero quien considere que ha quedado completamente purificado mientras permanecía sentado no necesita apartarse de la sunna. Por tanto, decir que hay que «caminar llevando kuluj», o afirmar que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) caminaba de esa manera o lo ordenó, sería atribuirle una mentira. 2. La mención del kuluj en la virtud de Bilal En un libro de amplia circulación se afirma: «Un día el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó a Bilal (que Allah esté complacido con él): “¡Oh, Bilal! La noche de la Ascensión vi las huellas de tus pasos en el Paraíso. Dime, ¿qué obra virtuosa realizas?”. Bilal respondió: “Después de orinar utilizo kuluj, presto atención a la pureza y permanezco siempre con la ablución”. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Eso es la base de todas las buenas obras”». En diversos hadices, al hablar de la posición de Bilal, se mencionan tres asuntos: rezar dos ciclos después de realizar la ablución; rezar dos ciclos cada vez que pronunciaba el llamado a la oración; y renovar la ablución cada vez que esta se anulaba. El primer asunto aparece en hadices recopilados por Bujari y Muslim. El segundo y el tercero aparecen en un hadiz recopilado por Ibn Juzayma, al-Hakim y otros hadices. No se sabe que en ninguno de ellos se mencione el kuluj. Debe observarse que todos los compañeros utilizaban kuluj después de evacuar las heces y la orina. Por ello, varios hadices animan a utilizar tanto agua como kuluj. 3. Evacuar en un lugar descubierto En un libro de amplia circulación se afirma: «En un hadiz se dice que los ángeles maldicen a quienes se sientan en un lugar abierto para orinar o defecar». La afirmación no es correcta de ese modo. No he podido encontrar, pese a haberlo intentado, ningún hadiz que mencione esa maldición por evacuar en un lugar abierto, entendiendo por abierto un lugar sin techo o abierto por todos sus lados. Los hadices ordenan cubrir las partes íntimas de las miradas ajenas al evacuar. También prohíben evacuar mostrando las partes íntimas a otras personas y hablar mientras se evacua. Asimismo, los hadices mencionan como motivo de maldición defecar en los caminos de la gente o en los lugares sombreados que las personas utilizan. 4. Retrasar el baño obligatorio Todas las afirmaciones según las cuales retrasar el baño obligatorio constituye un pecado, o que la tierra maldecirá a quien camine sobre ella en ese estado, son inventadas y carecen de fundamento. Cuando el baño se vuelve obligatorio, es preferible realizarlo lo antes posible. Sin embargo, la necesidad principal del baño es poder realizar la oración o recitar el Corán. Además, mientras se encuentra en estado de baño obligatorio, el creyente puede realizar todas las obras, recordar a Allah y hacer súplicas. Por tanto, si la oración no se ve afectada, retrasar el baño no constituye un pecado. En hadices auténticos se narra que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), aunque a veces debía bañarse al comienzo de la noche, se acostaba sin bañarse y lo hacía al final de la noche. 5. El baño en la noche de Bara’a o en la Noche del Decreto Todo lo que se afirma sobre realizar un baño para la Noche de Bara’a y la Noche del Decreto es inventado. Ningún hadiz auténtico menciona virtud alguna de bañarse en esas dos noches. Más adelante, si Allah quiere, mencionaré los hadices falsos relacionados con este tema. 6. La intención para la ablución, el baño y otros actos Todo lo que se ha difundido bajo el nombre de intención, como decir «nawaytu an…», son expresiones inventadas por sabios de épocas posteriores. Si se consideran hadices, o se cree o afirma que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recitaba esas intenciones o enseñó a pronunciarlas de esa manera, se estará haciendo una afirmación falsa y sin fundamento. La intención significa propósito o voluntad. La recompensa de la adoración depende de la intención. La intención es la determinación o voluntad interior que impulsa y motiva a una persona a realizar una acción. La intención debe existir, pero no es necesario decirla ni recitarla. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nunca, ni una sola vez en su vida, pronunció verbalmente una intención específica para la ablución, el baño, la oración, el ayuno o cualquier otra adoración. Sus compañeros, los tabi‘un, los cuatro imanes y juristas —incluido el imam Abu Hanifa, que Allah tenga misericordia de él— nunca pronunciaron verbalmente la intención de ningún acto de adoración ni ordenaron a nadie hacerlo. Algunos sabios de épocas posteriores inventaron estas fórmulas. Dijeron que la pronunciación verbal no tiene valor y que la intención presente en el corazón es lo esencial, aunque pronunciarla puede fortalecer un poco la intención interior; por eso, según ellos, era bueno decirla. Muchos no aceptaron esta supuesta conveniencia. El gran reformador Ahmad Sirhindi, conocido como Alf Zani, censuró la pronunciación verbal de la intención para la ablución, la oración, el ayuno y cualquier otra adoración como una innovación perniciosa, y se opuso firmemente a ella. He tratado este asunto detalladamente en mi obra Ihyau as-Sunan. 7. La súplica antes de la ablución En diversos libros difundidos en nuestro país se enseña la siguiente súplica para recitar antes de la ablución: Árabe (*******) Esta súplica es inventada. En diversos hadices se ordena pronunciar «bismillah» antes de la ablución. En un hadiz se recomienda decir «bismillah wal-hamdulillah» («En el nombre de Allah, y la alabanza pertenece a Allah»). Sin embargo, no se sabe que esta súplica mencionada anteriormente aparezca en ningún hadiz. 8. Las súplicas durante la ablución En varios libros se mencionan súplicas especiales para recitar al lavar cada parte del cuerpo durante la ablución: la súplica al lavarse las manos, la súplica al enjuagarse la boca, la súplica al limpiarse la nariz, etc. El hadiz en el que se basa esta práctica es inventado. El imam ad-Daraqutni, el imam an-Nawawi, el imam as-Suyuti, Mulla Ali al-Qari y otros expertos en had
2.11. Sobre las oraciones y las virtudes de los doce meses lunares
Los falsificadores inventaron hadices describiendo oraciones de formas diversas para los doce meses del año y atribuyéndoles virtudes extravagantes. Los libros populares sobre «las virtudes de los doce meses» están llenos de tales afirmaciones falsas. Para facilitar la consulta, se mencionan los meses árabes junto con las narraciones auténticas y las inventadas relacionadas con ellos. 2.11.1. El mes de Muharram A. El mes de Muharram a la luz de los hadices auténticos y débiles Muharram es el primer mes del calendario árabe. Según los hadices auténticos, este mes posee, entre otras, las siguientes virtudes: es uno de los cuatro meses sagrados, durante los cuales están prohibidas las disputas y las guerras; se lo denomina «el mes de Allah», y su ayuno voluntario es el mejor después del ayuno de Ramadán; el ayuno del día de ‘Ashura —el décimo de Muharram— expía los pecados del año anterior; y en ese día Allah salvó a Moisés y a los Hijos de Israel del Faraón, mientras que el Faraón y sus seguidores se ahogaron. Estas son las únicas virtudes de Muharram y de ‘Ashura establecidas por hadices auténticos. Posteriormente se difundieron numerosas historias inventadas. Los judíos veneraban este día y algunas narraciones israelitas entraron después en la sociedad musulmana. Además, cincuenta años después de la muerte del Mensajero de Allah, al-Ḥusayn, su querido nieto, fue martirizado en Karbalá el día de ‘Ashura del año 61 de la Hégira. Este acontecimiento produjo una influencia duradera en la comunidad musulmana. Personas sin escrúpulos de ambos bandos inventaron numerosos hadices sobre ‘Ashura, presentándolo unos como día de luto y otros como día de victoria. Los especialistas en hadiz podían detectar fácilmente estas falsificaciones. Las narraciones difundidas sobre Muharram y ‘Ashura pueden dividirse en dos grupos: aquellas que algunos sabios consideraron falsas y otros débiles, y aquellas que todos los expertos consideraron inventadas y sin fundamento. Entre las primeras se encuentran afirmaciones transmitidas por cadenas extremadamente débiles: que en ‘Ashura Allah aceptó el arrepentimiento de Adán; que el arca de Noé se detuvo sobre el monte Yudi; que Jesús nació ese día; que dar caridad en ‘Ashura tiene la recompensa de un año entero; que quien gaste generosamente en su familia ese día recibirá sustento abundante durante todo el año; o que aplicarse kohl en los ojos ese día protege de toda enfermedad ocular. Los especialistas señalaron que estas narraciones son muy débiles o inventadas y que algunas contradicen los hadices auténticos. B. Afirmaciones falsas y sin fundamento sobre Muharram No existe ningún hadiz que prescriba una oración especial en un día o una noche concreta de Muharram o de ‘Ashura. Las descripciones de oraciones especiales, sus cantidades de rak‘at, recitaciones y recompensas extraordinarias son inventadas. Del mismo modo, las listas de acontecimientos pasados y futuros supuestamente ocurridos en ‘Ashura —la creación de los cielos, la tierra, las montañas, los ríos, el Cálamo, el Trono, el Paraíso, los ángeles y numerosos profetas— carecen de fundamento. Solo está establecido auténticamente que Moisés y sus compañeros fueron salvados. Las demás afirmaciones son falsas o proceden de fuentes no fiables. 2.11.2. El mes de Safar No existe una oración ni un ayuno especial para Safar, ni una virtud particular para ninguno de sus días o noches. La creencia de que Safar es un mes de desgracias es una superstición contraria a la fe islámica. El Mensajero de Allah rechazó esta creencia y dijo que no existe mal augurio. A pesar de ello, los falsificadores atribuyeron al Profeta afirmaciones según las cuales Safar sería el mes de las calamidades y en él habrían ocurrido numerosas desgracias. Todas esas afirmaciones son falsas. También inventaron una oración para la primera noche de Safar y otras prácticas para el último miércoles del mes, conocido como al-Ajir Chahar Shamba. Se afirma que ese día el Profeta se recuperó de su enfermedad, se bañó, dirigió la oración y que los Compañeros celebraron el hecho dando caridad. No existe ningún hadiz auténtico ni débil que mencione tal acontecimiento. Los relatos históricos sobre la última enfermedad del Mensajero de Allah no fijan con certeza el día en que comenzó ni la fecha de su fallecimiento. Las narraciones auténticas indican que se bañó durante su enfermedad, pero no que se recuperara específicamente el último miércoles de Safar. Por tanto, no existe base para celebrar ese día ni para atribuirle oraciones, ayunos, caridad o recompensas especiales. 2.11.3. El mes de Rabi‘ al-Awwal Rabi‘ al-Awwal es considerado por muchos musulmanes el mes del nacimiento y del fallecimiento del Mensajero de Allah. Los hadices auténticos establecen que nació un lunes, pero no determinan el mes ni el día. Los historiadores transmitieron numerosas opiniones: Muharram, Safar, el 8, el 10, el 12, el 17 o el 22 de Rabi‘ al-Awwal, Rabi‘ al-Thani, Rajab y Ramadán. La fecha del fallecimiento también es objeto de discrepancia; está establecido que ocurrió un lunes de Rabi‘ al-Awwal, pero no se conoce con certeza el día. No existe ningún hadiz auténtico que atribuya una virtud especial a Rabi‘ al-Awwal ni que prescriba actos particulares durante él. Las oraciones, recitaciones y fórmulas de invocación que supuestamente permiten ver al Profeta en sueños o transmitirle recompensas son inventadas. La celebración del mawlid apareció siglos después: primero entre los gobernantes fatimíes de Egipto y posteriormente en otras regiones. 2.11.4. Rabi‘ al-Thani No se ha transmitido ninguna virtud especial ni ninguna oración, ayuno, súplica o práctica particular para Rabi‘ al-Thani. La celebración del undécimo día en honor de ‘Abd al-Qadir al-Yilani no tiene relación con los hadices. Las oraciones especiales y las recompensas desmesuradas atribuidas a este mes son inventadas. 2.11.5–2.11.6. Yumada al-Awwal y Yumada al-Thani No existe ninguna virtud especial ni práctica prescrita para estos meses. Las narraciones que atribuyen a los Compañeros oraciones con cantidades determinadas de rak‘at y recitaciones concretas son falsas y sin fundamento. 2.11.7. El mes de Rajab Ningún otro mes ha sido objeto de tantas falsificaciones como Rajab. Salvo su condición general de uno de los meses sagrados, no existe ningún hadiz auténtico que establezca una virtud particular para Rajab ni para un día o una noche concretos. Las afirmaciones sobre acontecimientos especiales, oraciones, ayunos, invocaciones o recompensas multiplicadas son inventadas. Los expertos señalaron que no existe ningún hadiz aceptable sobre una oración especial de Rajab ni sobre una recompensa particular por ayunar en determinados días. Lo mismo se aplica a las donaciones, invocaciones y súplicas específicas del mes. La noche de al-Ragha’ib y la llamada oración de al-Ragha’ib son igualmente invenciones. Se afirma que corresponde a la primera noche del viernes de Rajab y que deben realizarse doce rak‘at con recitaciones determinadas. Los especialistas coinciden en que todas las narraciones sobre su nombre, virtud, número de rak‘at, recitaciones y método son falsas. También se difundió que el 27 de Rajab es la noche del Mi‘ray. Sin embargo, ningún hadiz auténtico ni débil fija la fecha del Viaje Nocturno y la Ascensión. Las distintas fechas mencionadas por historiadores posteriores son solo opiniones históricas. No existe ninguna virtud especial establecida para orar o ayunar el 27 de Rajab. Todas las narraciones que prometen recompensas extraordinarias por hacerlo son inventadas. 2.11.8. El mes de Sha‘ban A diferencia de los seis meses anteriores, algunas virtudes de Sha‘ban están establecidas por hadices auténticos: el Mensajero de Allah ayunaba gran parte de este mes y animaba a sus Compañeros a ayunar; algunas narraciones aceptables indican que las obras de los siervos son presentadas a Allah durante Sha‘ban; y existen hadices auténticos o aceptables sobre el perdón divino durante la noche del día quince. Sin embargo, las oraciones especiales, las cantidades determinadas de invocaciones y las recompensas imaginarias difundidas para la primera noche de Sha‘ban o para otros días carecen de fundamento. La noche de mitad de Sha‘ban ocupa un lugar conocido en muchas sociedades musulmanas, pero las narraciones sobre ella deben distinguirse cuidadosamente entre auténticas, débiles e inventadas. Algunas narraciones aceptables indican que Allah contempla a Su creación durante esa noche y perdona a todos salvo al politeísta y al que guarda rencor. Esto no establece una forma específica de oración ni un número determinado de rak‘at. Las afirmaciones de que esa noche se escriben los destinos del año siguiente son muy débiles o inventadas; la «noche bendita» mencionada en el Corán se refiere a Laylat al-Qadr, en Ramadán, no a Sha‘ban. Las narraciones que prescriben cien, doscientas o trescientas rak‘at, con cantidades específicas de la sura al-Ijlas, o que prometen el perdón de todos los pecados y recompensas desmesuradas, son falsas. Lo mismo se aplica a las narraciones sobre catorce o cincuenta rak‘at, sobre bañarse esa noche, repartir dulces, ayunar obligatoriamente el día quince o realizar fórmulas específicas. No existe ninguna práctica especial auténticamente establecida para esa noche aparte de las devociones generales que una persona pueda realizar sin atribuirles una forma prescrita ni una recompensa determinada. 2.11.9. El mes de Ramadán Las virtudes de Ramadán, del ayuno, del suhur, del iftar y de Laylat al-Qadr están firmemente establecidas por el Corán y los hadices auténticos. Aun así, los falsificadores inventaron numerosas narraciones y mezclaron palabras falsas con hadices auténticos. Entre ellas está la afirmación de que, en la primera noche de Ramadán, la mirada de misericordia de Allah alcanza a toda la creación y quien la recibe nunca será castigado. También son falsas las exageraciones sobre la recompensa de cada bocado del suhur y las amenazas contra quien lo abandona. Laylat al-Qadr no fue fijada por el Mensajero de Allah en una fecha concreta. Debe buscarse en las últimas diez noches de Ramadán, especialmente en las noches impares. Las recompensas atribuidas específicamente a la noche del 27 de Ramadán, así como las oraciones, baños y fórmulas de intención especiales para ella, carecen de fundamento. La oración nocturna no tiene un número obligatorio de rak‘at, suras o súplicas especiales; cada creyente debe orar según su capacidad. La llamada oración del último viernes de Ramadán y la afirmación de que una sola oración de recuperación ese día compensa décadas de oraciones omitidas son invenciones. Los especialistas en hadiz las declararon falsas. 2.11.10. El mes de Shawwal Shawwal es el primero de los meses del Hayy. El hadiz auténtico establece que quien ayuna Ramadán y luego ayuna seis días de Shawwal obtiene la recompensa de haber ayunado todo el año. Fuera de ello, no existe una virtud especial confirmada para el mes. Las oraciones, ayunos, invocaciones y recompensas particulares atribuidas a su primer día, a Eid al-Fitr o a la muerte durante Shawwal son inventadas. Tampoco son auténticas las exageraciones sobre las recompensas de los seis ayunos, como la liberación del fuego, miles de años de recompensa o la entrada en el Paraíso junto con Abu Bakr. En el día de Eid no existe una oración voluntaria especial establecida por hadices auténticos aparte de la oración del Eid. Las narraciones sobre cien rak‘at esa noche o cuatro rak‘at después de la oración del Eid son falsas. 2.11.11. Dhu al-Qa‘da Dhu al-Qa‘da tiene dos virtudes generales: es uno de los cuatro meses sagrados y el segundo de los meses del Hayy. No se ha transmitido ninguna virtud particular adicional. Las narraciones que prometen la recompensa de un Hayy por cada hora de ayuno, o la recompensa de Hayy y ‘Umra por determinadas oraciones, son invenciones. 2.11.12. Dhu al-Hiyya Dhu al-Hiyya es uno de los cuatro meses sagrados; en él se realiza el Hayy y se celebra Eid al-Adha. Los hadices auténticos animan a multiplicar las buenas obras durante sus primeros diez días. El ayuno del día de ‘Arafa expía los pecados del año anterior y del siguiente para quien no está realizando el Hayy. Existen también narraciones débiles sobre recompensas equivalentes a un año de ayuno, a Laylat al-Qadr o a setecientas veces la recompensa. Las narraciones inventadas sobre el primer día, el día de Tarwiya, ‘Arafa, las oraciones nocturnas y las oraciones de Eid carecen de fundamento. Tampoco es auténtica la narración que promete el perdón de cincuenta años por ayunar el último día de Dhu al-Hiyya y el primero de Muharram. La gran cantidad de falsificaciones sobre las virtudes de las obras semanales, mensuales y anuales se debe a que tales promesas atraen fácilmente a las personas sencillas. Muchos predicadores y autores aceptaron estas narraciones sin verificarlas y las difundieron en sermones y libros. El creyente debe realizar regularmente las oraciones voluntarias, ayunos, invocaciones, súplicas y donaciones prescritas, y aumentar sus obras en los momentos cuya virtud está establecida por hadices auténticos. Las narraciones falsas alejan de la Sunna auténtica, imponen esfuerzos innecesarios y fomentan prácticas contrarias a ella. No debe aceptarse cualquier afirmación como hadiz sin comprobar en qué obra fue transmitida y cuál es su grado. Quien actuó por ignorancia o buena fe puede esperar la recompensa general de la obra correcta, pero no las recompensas inventadas. Quien, después de saber que una narración es falsa, continúa atribuyéndola al Mensajero de Allah, escribiéndola o actuando conforme a ella, incurre en el pecado de mentir en nombre del Mensajero de Allah.إِنَّا أَنزَلْنَاهُ فِي لَيْلَةٍ مُّبَارَكَةٍ ۚ إِنَّا كُنَّا مُنذِرِينَ [٤٤:٣] فِيهَا يُفْرَقُ كُلُّ أَمْرٍ حَكِيمٍ [٤٤:٤He aquí una exposición de las afirmaciones falsas relativas a la noche de mitad de Sha‘ban, a Ramadán, Shawwal, Dhu al-Qa‘da y Dhu al-Hiyya. Las narraciones que fijan cantidades concretas de rak‘at, determinadas suras, baños rituales, fórmulas de intención o recompensas extraordinarias son inventadas y no aparecen en las colecciones de hadices auténticos. La noche de mitad de Sha‘ban no autoriza una oración especial con un número determinado de rak‘at ni una recitación prescrita. Del mismo modo, las prácticas especiales atribuidas a Laylat al-Qadr, al último viernes de Ramadán, a Eid al-Fitr, a los primeros diez días de Dhu al-Hiyya o al último día de Dhu al-Hiyya y el primero de Muharram carecen de fundamento. Los hadices auténticos deben distinguirse de los débiles y de los fabricados. Las obras generales de adoración —oración, ayuno, recuerdo de Allah, súplica y caridad— son recomendables según la Sunna, pero no deben vincularse a fechas, cantidades o recompensas que no hayan sido establecidas. Los autores y predicadores tienen la obligación de verificar las fuentes y no atribuir al Mensajero de Allah palabras que no pronunció. Los falsificadores difundieron narraciones que prometen miles de años de recompensa, el perdón de todos los pecados, ciudades en el Paraíso, protección absoluta del fuego y recompensas equivalentes a numerosos Hayy y ‘Umra. Los expertos en hadiz declararon falsas estas narraciones y señalaron que incluso las referencias a obras como al-Mishkat, al-Tirmidhi o al-Bujari se introdujeron a veces sin fundamento. La conclusión es que las virtudes confirmadas deben aceptarse y practicarse, mientras que las narraciones inventadas deben rechazarse. Quien actúa por ignorancia puede esperar la recompensa ordinaria de la obra lícita, pero no la recompensa ficticia mencionada en el hadiz falso. Atribuir deliberadamente palabras inventadas al Mensajero de Allah es una grave mentira y un pecado.
2.12. Asuntos relacionados con la muerte, la oración fúnebre, etc.
1. La dignidad del martirio por recordar la muerte veinte veces al día En nuestro país es muy común, en los sermones y en diversos libros, la siguiente afirmación: «Quien recuerde la muerte veinte veces al día estará en compañía de los mártires o alcanzará la dignidad de un mártir». Los expertos en hadices han señalado que se trata de una afirmación inventada y sin cadena de transmisión. (Tahir al-Fatani, Tadhkira, p. 213; al-Shawkani, al-Fawa’id 1/336). 2. Descripción detallada de los sufrimientos de la muerte En los hadices se han transmitido algunas afirmaciones acerca de la agonía o el sufrimiento de la muerte, o sakarat al-mawt. Sin embargo, los hadices conocidos que ofrecen descripciones detalladas de la agonía de la muerte, comparaciones, ejemplos, conversaciones del alma con cada parte del cuerpo y asuntos semejantes han sido transmitidos con cadenas de transmisión inventadas o extremadamente débiles. (Tahir al-Fatani, Tadhkira, pp. 213-214). 3. La agonía de la muerte de Ibrahim En un hadiz inventado se afirma que, cuando Ibrahim se encontró con su Señor, Él le dijo: «Oh Ibrahim, ¿cómo sentiste la muerte?». Él respondió: «Sentí como si me arrancaran la piel». Entonces Allah dijo: «La agonía de la muerte había sido aliviada para ti y, aun así, fue así…». Los expertos en hadices coinciden en que esta afirmación es falsa e inventada. (Ibn al-Yawzi, al-Mawdu‘at 2/396; Ibn ‘Iraq, Tanzih 2/362). 4. Llevar el féretro desde los cuatro lados o acompañar al muerto Una costumbre muy extendida entre nosotros consiste en que, mientras se transporta el cadáver para enterrarlo, la misma persona lo lleva sucesivamente desde los cuatro lados. Sobre esto se ha transmitido el siguiente hadiz: «Si alguien acompaña al muerto desde los cuatro lados o lleva el féretro desde los cuatro lados, Allah le perdonará cuarenta pecados mayores». Expertos en hadices como Ibn al-Yawzi y al-Albani consideraron que los hadices con este significado son inventados, munkar y extremadamente débiles. Por otro lado, expertos como al-Suyuti e Ibn ‘Iraq los consideraron débiles. (Ibn al-Yawzi, al-Mawdu‘at 2/383; al-Suyuti, al-La’ali 2/405). 5. Enterrar junto a personas piadosas En un hadiz inventado muy difundido se afirma: «Enterrad a los muertos entre personas piadosas, pues del mismo modo que una persona viva sufre a causa de un mal vecino, el muerto también sufre a causa de un mal vecino». La cadena de transmisión de este hadiz contiene un narrador mentiroso. (Ibn al-Yawzi, al-Mawdu‘at 2/411-412; Ibn ‘Iraq, Tanzih 2/373; al-Albani, al-Da‘ifa 2/38-39, 79-82). 6. La virtud de visitar las tumbas Visitar las tumbas es un acto de adoración voluntario indicado por la Sunna. El Mensajero de Allah visitaba las tumbas ocasionalmente. Además, permitió y animó a la comunidad a visitar las tumbas para recordar el Más Allá y la muerte, y para saludar y orar por los muertos. (Al-Bujari, al-Sahih 1/430; Muslim, al-Sahih 1/218, 3/1563). Además de esta recompensa general, circulan algunos hadices inventados sobre una recompensa especial por visitar las tumbas. Por ejemplo: «Si alguien visita la tumba de su padre, madre, tía paterna, tía materna o cualquier familiar, se le registrará la recompensa de un hayy mabrur…». (Ibn al-Yawzi, al-Mawdu‘at 2/413-414; al-Suyuti, al-La’ali 2/440). 8. La virtud especial de visitar las tumbas los viernes La visita de las tumbas puede realizarse cualquier día y en cualquier momento. No existe ningún hadiz auténtico sobre una virtud especial por visitar las tumbas en un día o momento determinado. A este respecto circula el siguiente hadiz: «Si alguien visita cada viernes la tumba de sus padres o la de uno de ellos, sus pecados serán perdonados y será inscrito como alguien que cumple con su deber hacia sus padres». Este hadiz fue registrado por el imán al-Tabarani y otros expertos en hadices. Lo recopilaron a través de Muhammad ibn Nu‘man ibn ‘Abd al-Rahman. Muhammad ibn Nu‘man lo transmitió de Yahya ibn al-‘Ala al-Bajali; este, de ‘Abd al-Karim ibn Abi al-Majariq; este, de Muyahid; y este, de Abu Hurayra. El narrador Muhammad ibn Nu‘man es una persona de identidad desconocida. Su maestro mencionado, Yahya ibn al-‘Ala al-Balaji, es un narrador abandonado y acusado de mentir. Expertos como el imán Ahmad y Waki‘ lo calificaron claramente de mentiroso y falsificador. El otro maestro mencionado, ‘Abd al-Karim, también es conocido como un narrador extremadamente débil. Así hemos visto que la cadena de transmisión del hadiz es extremadamente débil. En particular, debido a este narrador mentiroso llamado Yahya, el hadiz se considera inventado. (Al-Tabarani, al-Awsat 6/175; al-Saghir 2/160; al-Suyuti, al-La’ali 2/440; Ibn ‘Iraq, Tanzih 2/373; al-Shawkani, al-Fawa’id 1/345). 7. Recitar la sura Ya-Sin durante la visita de las tumbas En diversos hadices auténticos se ha transmitido que, al visitar las tumbas, el Mensajero de Allah saludaba a sus moradores con expresiones como «La paz sea con vosotros, morada de un pueblo creyente…» o semejantes. Junto con el saludo, pronunciaba una breve súplica. Enseñó a sus compañeros a saludar y suplicar de esta manera. En un hadiz se narra que una noche permaneció de pie durante largo tiempo, con las manos levantadas, suplicando por los muertos. (Ihya’ al-Sunan, pp. 354-355). Fuera del saludo y la súplica, no se ha transmitido ningún hadiz auténtico sobre recitar el Corán o alguna sura durante la visita de las tumbas. Algunos juristas han dicho que se reciten Ayat al-Kursi, la sura al-Ijlas y otras suras antes de la visita, pero no se ha transmitido ningún hadiz auténtico sobre ello. Entre los hadices inventados sobre este asunto se encuentra el siguiente: «Si alguien visita el viernes la tumba de sus padres o la de uno de ellos y recita ante ella la sura Ya-Sin, será perdonado; será perdonado en proporción al número de versículos o letras recitados». Ibn ‘Adi y otros expertos en hadices recopilaron este hadiz. Lo transmitieron a través de un narrador llamado ‘Amr ibn Ziyad. Este dijo: «Nos transmitió Yahya ibn Sulaym; nos transmitió Hisham ibn ‘Urwa; este, de su padre; este, de ‘Aisha; esta, de Abu Bakr; y este, del Mensajero de Allah…». Los expertos en hadices han declarado expresamente que el único narrador de este hadiz, ‘Amr ibn Ziyad, era mentiroso, falsificador y ladrón de hadices. Por ello, expertos como Ibn ‘Adi, al-Dhahabi e Ibn al-Yawzi consideraron inventado el hadiz. El imán al-Suyuti mencionó que este hadiz tenía el mismo significado que el hadiz citado anteriormente sobre visitar las tumbas los viernes. Sin embargo, ‘Abd al-Ra’uf al-Munawi y otros expertos refutaron esta afirmación, señalando, primero, que existe una diferencia de significado entre ambos hadices y, segundo, que las cadenas de transmisión de ambos contienen un narrador falsificador. En el caso de los hadices inventados, el significado combinado de varios hadices no adquiere validez. (Ibn ‘Adi, al-Kamil 5/151; Ibn al-Yawzi, al-Mawdu‘at 2/413). 8. Recitar la sura al-Ijlas durante la visita de las tumbas En diversos libros conocidos se afirma: «Si alguien va al cementerio y recita once veces la sura al-Ijlas, regalando su recompensa a las almas de los muertos, recibirá una recompensa igual a la cantidad de buenas obras de todos los moradores del cementerio». En realidad, esta afirmación es una traducción difundida de un hadiz inventado. En ese hadiz inventado se afirma: «Si alguien recita veintiuna veces la sura al-Ijlas al dirigirse al cementerio y entrega su recompensa a los muertos, recibirá una recompensa equivalente al número de muertos». Los expertos en hadices coinciden en que este hadiz es inventado y fabricado. (Al-Suyuti, Dhayl al-La’ali, p. 144; al-Albani, al-Da‘ifa 3/452-454). 9. El demonio intenta extraviar al moribundo adoptando la apariencia de sus padres Es común entre la gente la creencia de que, cuando una persona está muriendo, el demonio adopta la apariencia de sus padres e intenta desviarla mediante diversos susurros. Expertos en hadices como el imán al-Suyuti e Ibn Hayar al-Makki han señalado que no se ha transmitido nada sobre esto en ningún hadiz. (Al-Albani, Ahkam al-Yana’iz, p. 243). 10. Realizar la oración funeraria en ausencia No se ha transmitido ningún hadiz que respalde repetir la oración funeraria por una persona para la que ya se realizó dicha oración en el lugar de su muerte. Por el contrario, esta práctica contradice la Sunna. He tratado detalladamente este asunto en la obra Ihya’ al-Sunan. (Ihya’ al-Sunan, p. 335; al-Albani, Ahkam al-Yana’iz, p. 252). En el libro Rahat al-Qulub, escrito por Jaya Nizamuddin Awliya, este escribe que su guía, Jaya Fariduddin Ganyeshkar, dijo: «Está permitido realizar la oración funeraria en ausencia. Cuando el comandante de los creyentes, Hamza, y los demás fueron martirizados, el Profeta realizó por ellos la oración funeraria en ausencia. Incluso la realizó por cada uno de ellos por separado». (Jaya Nizamuddin Awliya, Rahat al-Qulub, p. 126, vigésima reunión). No sabemos si estas palabras fueron realmente escritas por Jaya Nizamuddin o si fueron falsificadas y atribuidas a él. En cualquier caso, carecen por completo de fundamento. Todo musulmán común sabe que Hamza fue martirizado en la batalla de Uhud y que el Mensajero de Allah estaba presente allí. 11. Preguntar a los presentes mientras el cadáver está delante En nuestro país, muchas veces, antes o después de realizar la oración funeraria, se pregunta a los fieles presentes, con el cadáver delante: «¿Cómo era esta persona?». Todos responden: «Era buena», y cosas semejantes. Esta práctica carece de fundamento y es inventada. No se menciona una práctica así en ningún hadiz. Lo que se menciona en los hadices es que, si las personas elogian espontáneamente a un muerto, ello se considera beneficioso para él. (Al-Bujari, al-Sahih 1/460; Muslim, al-Sahih 2/655). 12. Pronunciar la llamada a la oración al colocar al muerto en la tumba o después Otra práctica inventada y sin fundamento es pronunciar la llamada a la oración al colocar al muerto en la tumba o después. No se ha transmitido nada semejante del Mensajero de Allah ni de ningún compañero, ni siquiera en un hadiz auténtico, débil o inventado. Tampoco se ha mencionado en ningún hadiz una virtud de pronunciar la llamada a la oración por una razón distinta de la llegada del horario de la oración. 13. La creencia en fantasmas y espíritus Una creencia extendida en nuestra sociedad, carente de fundamento, inventada y contraria al islam, es la creencia en fantasmas y espíritus. Todas las afirmaciones de que el alma de una persona muerta se convierte en un fantasma o espíritu, vaga por la tierra, permanece en ella o puede hacer el bien o el mal, y cosas semejantes, son mentiras abominables y contrarias a la creencia islámica. Entre estas ideas falsas está la afirmación de que el alma del muerto vaga por los alrededores del lugar donde murió, y cosas semejantes. 14. Recitar el Corán junto al cadáver después de la muerte Se ha transmitido un hadiz sobre recitar la sura Ya-Sin al moribundo durante sus últimos momentos. (Abu Dawud, al-Sunan 3/191). Sin embargo, no se ha transmitido ningún hadiz auténtico ni débil sobre recitar el Corán junto al cadáver después de la muerte. 15. Recitar en voz alta el testimonio de fe, súplicas o el Corán mientras se transporta el cadáver Esta es una práctica inventada, sin fundamento y contraria a la Sunna. La Sunna consiste en guardar un silencio completo mientras se transporta el cadáver. Hay que avanzar con pesar en lo profundo del corazón y recordando la muerte. Hablar entre sí también contradice la Sunna. El imán al-Nawawi dice que guardar completo silencio mientras se transporta el cadáver es la conducta correcta conforme a la Sunna y que era la práctica de los compañeros y de las generaciones posteriores. El célebre jurista hanafí, el sabio al-Kasani, dijo: «Quien acompaña al cadáver debe prolongar su silencio. Pronunciar recuerdos en voz alta en ese momento es reprobable. Qays ibn ‘Ubadah dijo: Los compañeros del Mensajero de Allah no apreciaban levantar la voz en tres situaciones: la guerra, la oración funeraria y el recuerdo de Allah. Además, pronunciar recuerdos en voz alta mientras se transporta el cadáver es imitar a los judíos y cristianos; por eso es reprobable». (Al-Kasani, Bada’i al-Sana’i 1/310). 16. Dar limosna junto a la tumba En los hadices se ha ordenado al hijo dar limosna en favor de sus padres. Pero no se ha transmitido de ninguna manera en ningún hadiz que darla junto a la tumba tenga una recompensa o beneficio adicional. Darla en cualquier lugar del mundo produce el mismo efecto. 17. La limosna de personas distintas de los hijos También debe observarse que no se ha transmitido de ninguna manera en ningún hadiz que el muerto reciba recompensa si alguien que no sea su hijo, descendiente o familiar da limosna en su favor. Todo lo que se dice o se hace sobre este asunto se basa en opiniones de eruditos, o bien es inventado o fabricado. A la luz del Corán y los hadices, el deber de los creyentes es suplicar y pedir perdón por los creyentes muertos. El deber de los hijos, además de suplicar y pedir perdón por sus padres fallecidos, es dar limosna en su favor. Sabemos con certeza, a la luz del Corán y los hadices, que los muertos se benefician de las súplicas de otras personas distintas de sus hijos. Sin embargo, no se menciona en ningún hadiz auténtico que el muerto reciba recompensa si alguien que no sea su hijo da limosna por él. No obstante, la mayoría de los eruditos consideran que, puesto que se ha transmitido que el muerto recibe la recompensa de la limosna de su hijo, podemos esperar que también reciba la recompensa de la limosna de otras personas. Algunos eruditos dicen que, en este caso, no existe fundamento ni argumento para mantener una esperanza fuera de lo establecido por el Corán y los hadices. El Corán y los hadices mencionan claramente que todo musulmán debe suplicar por cualquier musulmán fallecido. Los hijos, además de suplicar por sus padres, darán limosna en su favor. No necesitamos ir más allá de esto. (Véanse detalladamente los versículos, hadices y opiniones de los eruditos sobre este asunto en: Ibn al-Qayyim, al-Ruh, pp. 353-409; al-Suyuti, Sharh al-Sudur, pp. 301-314). Incluso aceptando la «esperanza» de la mayoría de los eruditos, queda aquí una pregunta. Puesto que sabemos, a la luz del Corán y los hadices, que el muerto se beneficia de la súplica y la petición de perdón, y que recibe buenas obras y recompensa a cambio de la súplica, ¿qué necesidad hay de salir de las instrucciones del Corán y los hadices? Puesto que sabemos con certeza que esa persona se beneficiará si suplicamos diciendo: «Oh Allah, perdona a tal persona, concédele dignidad…», ¿qué necesidad tenemos de decir: «Oh Allah, concede a tal persona la recompensa de esta limosna nuestra y, a cambio, perdónala y concédele dignidad y buenas obras»? Quizá pensemos que el muerto recibirá más recompensa si se suplica junto con la limosna. Es mejor depender de la revelación en los asuntos ocultos que basarnos en nuestras propias «opiniones». El Corán y los hadices ordenan suplicar y pedir perdón. El Mensajero de Allah suplicó y pidió perdón durante toda su vida por innumerables creyentes, hombres y mujeres, pero nunca enseñó que fuera bueno distribuir limosnas o comida antes, después o en otro momento de suplicar y pedir perdón por un muerto al visitar una tumba o en cualquier otra ocasión. Él mismo nunca lo hizo ni se lo enseñó a nadie. Los compañeros también suplicaron y pidieron perdón por los muertos y visitaron las tumbas, pero nunca se ha transmitido en un hadiz auténtico que dieran limosna junto a una tumba o en otro lugar con el fin de enviar recompensa a los muertos. Debemos permanecer dentro de las enseñanzas de la Sunna. Todo creyente debe esforzarse siempre por dar abundante limosna para obtener recompensa, verse libre de dificultades y recibir bendiciones. Al mismo tiempo, los hijos suplicarán, pedirán perdón y darán limosna por sus antepasados. Los demás musulmanes suplicarán y pedirán perdón por todos los creyentes fallecidos, hombres y mujeres. 18. Los regalos de los vivos para los muertos En los sermones habituales se menciona un hadiz según el cual el muerto es como una persona que se está ahogando y se beneficia cuando los vivos le envían como regalo la recompensa de recitar el Corán, pronunciar el testimonio de fe, dar limosnas y otras obras. En realidad, el hadiz solo habla de suplicar y pedir perdón; las demás afirmaciones carecen de fundamento y son inventadas. El propio hadiz es también extremadamente débil. El imán al-Bayhaqi lo recopiló a través de Muhammad ibn Yabir ibn Abi ‘Ayyash al-Masisi, un narrador de identidad desconocida del siglo III. Este dijo que ‘Abdullah ibn al-Mubarak le transmitió, que Ya‘qub ibn Qa‘qa le transmitió, de Muyahid, de Ibn ‘Abbas, que el Mensajero de Allah dijo: «La situación del muerto en la tumba es exactamente como la de una persona que se está ahogando y pide auxilio. Espera una súplica que le llegue de parte de un padre, una madre, un hermano o un amigo. Cuando una súplica así le llega, es para él más querida que el mundo y todo cuanto contiene. Allah, el Glorioso y Poderoso, concede a los moradores de las tumbas recompensas como montañas debido a las súplicas de los habitantes de la tierra. Y el regalo de los vivos para los muertos es pedir perdón por ellos». El imán al-Bayhaqi, después de citar el hadiz, dijo que no se había transmitido de ninguna manera a través de otra persona distinta de Muhammad ibn Yabir ibn Abi ‘Ayyash. (Al-Bayhaqi, Shu‘ab al-Iman 6/203, 7/16). El imán al-Dhahabi, al mencionar el nombre de esta persona, dijo: «No he podido conocer ninguna información sobre esta persona. El hadiz que transmitió es muy censurable o extremadamente débil (منكر جد…). (Al-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 6/86; Ibn Hayar, Lisan al-Mizan 5/99; al-Albani, al-Da‘ifa 2/211). 19. Reuniones de comida, limosna o súplica por el muerto En nuestro país es muy común organizar, por el muerto, comidas, limosnas, súplicas y actos semejantes el tercer, quinto, séptimo o cuadragésimo día después de la muerte, o cualquier otro día, así como en el aniversario de la muerte o en su cumpleaños. Sin embargo, esta costumbre es completamente inventada. No se ha transmitido ningún tipo de hadiz sobre organizar una reunión para el muerto en estos casos. Ningún hadiz contiene instrucción alguna de organizar ningún tipo de ceremonia después de la muerte de una persona. Hay que suplicar siempre, o cuando sea posible, por los muertos. Los hijos darán limosna. Y todo ello debe hacerse sin ceremonias. He tratado este asunto detalladamente en la obra Ihya’ al-Sunan. (pp. 347-359). 20. Diversos tipos de recitaciones completas para los enfermos y los muertos Todos los tipos de recitaciones completas, como Khatm al-Tahlil, Khatm al-Tasmia, Khatm al-Yalali, Khatm al-Jawagan y Khatm al-Yunus, fueron inventados posteriormente. Entre las afirmaciones fabricadas que circulan como hadices sobre este asunto se encuentra: «En el hadiz se dice que Su Excelencia afirmó: Si alguien recita la siguiente fórmula —la ilaha illa Allah— ciento veinticinco mil veces y entrega su recompensa al alma de un muerto, Allah seguramente lo perdonará por medio de ella y le concederá un lugar en el Paraíso». (Ghulam Rahman, Maqsud al-Mu’minin, p. 407). Todo esto son afirmaciones inventadas. 21. Completar la recitación del Corán por el muerto En nuestro país es muy común completar la recitación del Corán por alguien que ha fallecido. Esta práctica no está basada en ningún hadiz. El Mensajero de Allah y sus compañeros nunca completaron la recitación del Corán por ningún muerto. Tampoco se ha transmitido en ningún hadiz auténtico o aceptable que alguien reciba recompensa si se completa la recitación del Corán por él. Ya hemos señalado que el Corán y los hadices ordenan suplicar por el muerto. También se ha ordenado a los hijos dar limosna por sus padres fallecidos. Asimismo, en los hadices se menciona pagar las deudas del muerto, ayunar en su nombre y realizar el hayy y la ‘umra por él. No se ha transmitido en los hadices ninguna instrucción de recitar el Corán, completar su recitación, pronunciar tasbih, tahlil u otros actos de adoración por el muerto. Sin embargo, la mayoría de los eruditos han dicho que, puesto que se ha transmitido que el muerto se beneficia de la limosna, el ayuno, el hayy, la ‘umra y la súplica, cabe esperar que también se beneficie de la recitación del Corán, el tasbih, el tahlil y otros actos de adoración. Pero las ceremonias, las recitaciones completas y todo lo relacionado con ellas carecen de fundamento y son inventados. 22. Diez tipos de personas cuyos cuerpos no se descompondrán En un libro conocido se afirma: «Se ha narrado en los hadices que los cuerpos de los diez tipos siguientes de personas no se descomponen: 1. los profetas; 2. los mártires; 3. los eruditos; 4. los combatientes por la fe; 5. quienes han memorizado el Corán; 6. los almuédanos; 7. los reyes o jefes justos; 8. la mujer que muere de fiebre puerperal; 9. quien muere asesinado sin haber cometido un delito; 10. quien muere un viernes». (Mawlawi Shamsul Huda, Ni‘am al-Qur’an, p. 245). A muchos de ellos se les ha llamado mártires en los hadices. Sin embargo, solo se ha transmitido en un hadiz auténtico que los cuerpos de los profetas no se descomponen en la tierra. A pesar de mis esfuerzos, no he podido encontrar ningún hadiz sobre que los cadáveres de los otros nueve tipos de muertos no se descompongan. Allah sabe mejor.
2.13. Sobre el zakat, el ayuno y el hach
2.13.1. Sobre el zakat 1. El jaray y el ushr no se reúnen en la tierra de un creyente Un musulmán debe entregar como zakat el 5 % o el 10 % de la producción de sus tierras. El zakat de los frutos y las cosechas se denomina «ushr». Los no musulmanes no tienen que pagar «zakat». Los no musulmanes no tienen que pagar zakat. Por ello, el ciudadano no musulmán de un Estado musulmán debe pagar el «jaray» de sus tierras. El «jaray» generalmente equivale al doble del ushr. Desde la época de los tabi‘íes existe una discrepancia entre los juristas acerca de si, cuando un musulmán compra la tierra de un no musulmán, debe pagar tanto el ushr como el jaray, o solamente el jaray. La mayoría de los tabi‘íes y los imanes dijeron que debe pagar tanto el jaray como el ushr. El tabi‘í ‘Ikrimah, Ibrāhīm an-Naja‘ī y el imán Abū Hanīfah (que Allah se complazca con él) dijeron que debe pagar únicamente el jaray. (Véase otro libro del autor: El ushr o zakat de las cosechas en Bangladesh: importancia y aplicación). Entre los eruditos circula un hadiz sobre este asunto. Algunos juristas del siglo V de la hégira y de épocas posteriores mencionaron este hadiz. Se ha transmitido bajo la autoridad de Ibn Mas‘ūd (que Allah se complazca con él) que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «El ushr y el jaray no se reúnen en la tierra de un musulmán». (Ibn ‘Adī, Al-Kāmil 9/127; al-Bayhaqī, As-Sunan al-Kubrā 4/222). Sin embargo, todos los expertos en hadices, incluido el imán az-Zayla‘ī y los célebres especialistas en hadiz de la escuela hanafí, han afirmado que este hadiz es inventado. Esta frase fue falsamente atribuida al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) o a Ibn Mas‘ūd como declaración o dicho suyo. En realidad, esta frase es un dicho y una opinión de Ibrāhīm an-Naja‘ī (que Allah tenga misericordia de él). Esta opinión también se ha transmitido de otros tabi‘íes además de Ibrāhīm an-Naja‘ī. (Para más detalles: El ushr o zakat de las cosechas en Bangladesh: importancia y aplicación, pp. 86-87). El imán Abū Hanīfah (que Allah tenga misericordia de él) transmitió esta frase de Ibrāhīm an-Naja‘ī (que Allah tenga misericordia de él) como opinión del propio an-Naja‘ī y la aceptó. Dijo: Hammād ibn Abī Sulaymān me informó que Ibrāhīm an-Naja‘ī dijo: «El ushr y el jaray no se reúnen en la tierra de un musulmán». Hasta aquí, la afirmación es auténtica. Es decir, es auténtica como hadiz maqṭū‘, o como dicho de un tabi‘í. Pero un narrador de una época posterior, Yaḥyā ibn ‘Anbasah, atribuyó falsamente esta frase al imán Abū Hanīfah como si fuera un dicho del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Yaḥyā ibn ‘Anbasah dijo: «Abū Hanīfah nos informó: Hammād ibn Abī Sulaymān, de Ibrāhīm an-Naja‘ī, de ‘Alqamah, de ‘Abdullah ibn Mas‘ūd, transmitió que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “El ushr y el jaray no se reúnen en la tierra de un musulmán”». De este modo, Yaḥyā ibn ‘Anbasah transmitió el relato de un tabi‘í como si fuera una declaración del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Los expertos en hadices detectaron con facilidad su falsificación o error. Observaron que ninguno de los innumerables alumnos del imán Abū Hanīfah (que Allah tenga misericordia de él) había transmitido este hadiz de él. Dos de sus alumnos más destacados, el imán Abū Yūsuf y Muḥammad (que Allah tenga misericordia de ambos), trataron ampliamente esta cuestión en sus diversas obras, pero en ninguna parte mencionaron que el imán Abū Hanīfah les hubiera transmitido este hadiz del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ni que hubiera basado su opinión sobre este asunto en algún hadiz profético. Aquí comienza la duda de los expertos en hadices. Si un transmisor de hadices relata, bajo la autoridad de un célebre especialista en hadiz o jurista, un hadiz que ninguno de sus otros alumnos —especialmente aquellos que permanecieron con él toda la vida— transmitió, entonces surgen dudas sobre la autenticidad del hadiz. Como segundo paso, examinan la situación de los demás hadices transmitidos por el narrador que fue el único en relatarlo, así como su carácter personal. En este caso descubrieron que todos los hadices que Yaḥyā ibn ‘Anbasah había transmitido a lo largo de su vida eran erróneos o inventados. Transmitió, en nombre de diversos eruditos y expertos en hadiz famosos y confiables, muchos hadices que nadie más había transmitido. De ese modo transmitió numerosos hadices falsos e inventados mediante distintas cadenas de transmisión fabricadas. Tras comparar todos sus hadices con los transmitidos por los expertos en hadices y examinar su vida personal, estos concluyeron con certeza que también había inventado este hadiz atribuyéndolo al imán Abū Hanīfah. Por eso ningún imán o jurista hanafí de los siglos III y IV de la hégira presentó este hadiz como prueba. (Ibn ‘Adī, Al-Kāmil 9/127; al-Bayhaqī, As-Sunan al-Kubrā 4/222; Ibn al-Yawzī, Al-Mawḍū‘āt 2/69-70; Ibn ‘Irāq, Tanzīh 2/118; as-Suyūṭī, Al-La’ālī 2/70). 2. No hay zakat sobre las joyas Desde la época de los compañeros existe una discrepancia entre los juristas acerca de si se debe pagar zakat por las joyas utilizadas. Yābir y algunos otros compañeros sostenían que no se debía pagar zakat por las joyas. Por otro lado, muchos otros compañeros sostenían que sí se debía pagar zakat por ellas. A favor de quienes opinan que el zakat de las joyas no es obligatorio, se ha transmitido y difundido un hadiz. En un hadiz atribuido a Yābir se afirma que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: «No hay zakat sobre las joyas». Este hadiz no es una declaración del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Al-Bayhaqī, Ibn Ḥaŷar, al-Albānī y otros expertos en hadices lo declararon inválido como hadiz profético. En realidad, esta frase era un dicho del propio Yābir (que Allah se complazca con él). Un transmisor extremadamente débil la narró por error como si fuera una declaración del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). (Ibn Ḥaŷar, Ad-Dirāyah 1/260; al-Albānī, Irwā’ al-Ghalīl 3/294-296). 2.13.2. Sobre el ayuno Anteriormente se mencionaron muchos hadices inventados y afirmaciones fabricadas sobre el ayuno en el capítulo de la oración, dentro del tema «Las virtudes de los doce meses». Aquí mencionaré otras dos o tres afirmaciones inventadas o carentes de fundamento acerca del ayuno. 1. La intención del ayuno Ya hemos mencionado anteriormente que todas las formas de intención pronunciadas diciendo «Nawaytu an…» son afirmaciones inventadas. En ningún hadiz se ha indicado que deba recitarse una intención de ese modo para ningún acto de adoración. 2. La razón por la que el ayuno se hizo obligatorio durante treinta días Determinar las razones de los distintos actos de adoración es una curiosidad especialmente absurda. Por ello, los falsificadores inventaron muchas afirmaciones sobre este asunto. Respecto al ayuno obligatorio de Ramadán, los falsificadores inventaron lo siguiente: «Se impuso a mi comunidad el ayuno durante treinta días, porque cuando Adán comió el fruto, este permaneció en su estómago durante treinta días. Cuando Allah aceptó el arrepentimiento de Adán, le ordenó ayunar consecutivamente durante treinta días y treinta noches. A mi comunidad le ordenó ayunar solamente durante el día…». (Ibn al-Yawzī, Al-Mawḍū‘āt 2/101; as-Suyūṭī, Al-La’ālī 2/97; Ibn ‘Irāq, Tanzīh 2/145; ash-Shawkānī, Al-Fawā’id 1/119). 3. La supuesta ausencia de rendición de cuentas por comer en el ifṭār, el suḥūr, etc. Está extendida en la sociedad la idea de que no se rinde cuentas por comer en el ifṭār, el suḥūr y ocasiones similares. Entre los hadices inventados con este significado se encuentra: «No se pedirá cuenta por la bendición de la comida de tres personas: quien rompe el ayuno, quien come el alimento del suḥūr y quien come junto con un invitado». (As-Suyūṭī, Dhayl al-La’ālī, p. 121; Ibn ‘Irāq, Tanzīh 2/166; ash-Shawkānī, Al-Fawā’id 1/124). Debido a todas estas afirmaciones sin fundamento, hemos convertido el mes de Ramadán en un mes para comer nosotros mismos. Sin embargo, Ramadán es el mes de alimentar a los demás y de la solidaridad. Además, en lugar de considerar si se nos pedirá cuenta o no, deberíamos considerar si obtendremos una mayor recompensa. 4. El origen del nombre ayyām al-bīḍ Los días 13, 14 y 15 del mes lunar se denominan «ayyām al-bīḍ», es decir, «los días de las noches blancas». Esto se debe a que, durante esas fechas, por causa deﷺ) En diversos hadices ordenó observar el ayuno durante estos tres días (Bujari, as-Sahih 1/395, 2/697-699, 3/1256, 1257; Muslim 1/499, 2/812-814). En segundo lugar, él mismo observaba siempre el ayuno durante estos tres días (Albani, Sahih al-Yami 2/876). En tercer lugar, informó que quien ayunara estos tres días, o ayunara al menos tres días cada mes, recibiría la recompensa de ayunar durante todo el año (Bujari, as-Sahih 1/395, 2/697-699, 3/1256, 1257; Muslim 1/499, 2/812-814). Esto es suficiente para el creyente. Sin embargo, los falsificadores han difundido muchos hadices falsos acerca de la virtud de los «Ayyam al-Bid». Por ejemplo: «Si alguien observa el ayuno de los Ayyam al-Bid, el primer día (el día 13) se le concederá la recompensa de 10 000 años; el segundo día (el día 14), la recompensa de 100 000 años; y el tercer día (el día 15), la recompensa de 300 000 años». Algunos falsificadores lo expresaron reduciendo un poco las cifras: «El primer día recibirá la recompensa de 3 000 años, el segundo día la de 10 000 años y el tercer día la de 20 000 años……». (Suyuti, al-La’ali 2/106-107; Ibn Iraq, Tanzih 2/148; Shawkani, al-Fawa’id 1/128). También difundieron muchas otras afirmaciones inventadas de este tipo. 2.11.3. Cuestiones relacionadas con el hach 1. Morir como judío o cristiano por no realizar el hach a pesar de tener los medios En nuestra sociedad hay un hadiz muy conocido, que se menciona en cualquier sermón, charla o escrito relacionado con el hach: «Quien posea provisiones y una montura suficientes para llegar a la Casa de Allah y, aun así, no realice el hach, no habrá ningún inconveniente en que muera siendo judío o muera siendo cristiano». Una de las razones de la fama de este hadiz es que fue recopilado en Sunan at-Tirmidhi, una de las seis célebres colecciones de hadices. El imán Tirmidhi dijo: «Muhammad ibn Yahya me dijo: Muslim ibn Ibrahim nos informó; Hilal ibn Abdullah nos informó; Abu Ishaq al-Hamdani nos informó, de al-Harith, de Ali, del Mensajero de Allah (ﷺ) dicen……… . Después de citar el hadiz, el imán al-Tirmidhi dice: «Este es un hadiz garib. No lo he encontrado por ninguna otra vía aparte de esta cadena de transmisión. Hay objeciones respecto a su cadena de transmisión. Hilal ibn Abd Allah es una persona de identidad desconocida. Y al-Harith es débil en la narración de hadices». (Al-Tirmidhi, as-Sunan 3/176). Además, la cadena de transmisión de este hadiz presenta otras dos graves debilidades. En primer lugar, Abu Ishaq era un mudallis. Aquí no dice que al-Harith le haya transmitido este hadiz ni que lo haya escuchado de él. Por su forma de narrar se entiende que no lo escuchó directamente de al-Harith. En segundo lugar, el narrador siguiente del hadiz, Hilal ibn Abd Allah, es una persona de identidad desconocida. No hay manera de saber si Abu Ishaq realmente dijo el hadiz o si este hombre lo inventó. Cabe señalar aquí que el hadiz ha sido transmitido con varias otras cadenas de transmisión con este mismo significado. Pero el estado de esas cadenas es aún peor. Por estas razones, algunos expertos en hadices han calificado este hadiz de falso e inventado. En cambio, otros lo han considerado débil. El erudito Ibn Hayar al-Asqalani, después de examinar todas las cadenas de transmisión, dice: «Del Mensajero de Allah(ﷺ) no se ha transmitido con ninguna cadena de transmisión aceptable. Todas las cadenas son extremadamente débiles o inválidas. Sin embargo, con una cadena auténtica se ha narrado de ʿUmar ibn al-Jattab (que Allah esté complacido con él) como declaración suya. (Ibn al-Yawzi, Al-Mawduʿat 2/121-122; al-Suyuti, Al-Laʾali 2/118-119). 2. El Mensajero de Allah (ﷺ) Hadices relativos a la visita a su tumba La palabra ziyārat significa encontrarse, visitar, pasear (visit, call), etc. Visitar o encontrarse con personas vivas, especialmente con familiares y personas piadosas, es una buena obra indicada por los hadices. En diversos hadices se anima a los creyentes a practicar el «tazāwur fī Allāh» (لًلهافروازالت) o visitarse y encontrarse unos con otros por la causa de Allah. (Munzhirí, At-Targuib 3/247-249). De igual manera, visitar las tumbas de los muertos, es decir, visitarlos o ir a pasear, también es un acto de adoración mustahabb conforme a los hadices. El Mensajero de Allah (ﷺ) La visita a la Rawda Sharifa es, sin duda, una de las visitas más excelsas. Además, amarle es parte de la fe y una de las mejores formas de adoración. Este amor aumenta mediante una visita conforme a la Sunna. Asimismo, en los hadices se ha mencionado la virtud de ponerse de pie junto a su sagrada tumba para ofrecerle bendiciones y salutaciones. Así, podemos ver que visitar la Rawda Sharifa es un acto de adoración importante. Sin embargo, existe controversia acerca de si hay algún hadiz específico para este acto de adoración. Algunos han declarado que todos los hadices relacionados con este tema son falsos y carentes de fundamento. Otros los han considerado débiles o, en términos generales, aceptables. Aquí quisiera tratar este asunto con cierto detalle. Los hadices relacionados con este tema pueden dividirse, en términos generales, en tres categorías según su significado. En primer lugar, el Mensajero de Allah(ﷺ) buenas nuevas de intercesión o misericordia para quien lo visite o visite su bendita tumba. En segundo lugar, el Mensajero de Allah(ﷺ) después de su fallecimiento, anunciar la buena nueva de que quien visite su tumba sagrada posee el rango de quien se encontró con él durante su vida. En tercer lugar, manifestar descontento hacia quien abandona la visita. A. La buena nueva para quien realiza la visita Primer hadiz: «Quien visite mi tumba tendrá derecho a mi intercesión». Este hadiz fue recopilado por Ibn Juzayma, al-Bazzar, ad-Daraqutni, al-Bayhaqi y otros expertos en hadices. El hadiz tiene dos cadenas de transmisión: Primera cadena: El imam al-Bazzar dice: «Qutayba me dijo; Abd Allah ibn Ibrahim me dijo; Abd ar-Rahman ibn Zayd ibn Aslam me dijo, de su padre, de Ibn Umar, que el Mensajero de Allah(ﷺ) dijo… (Haythamī, Majma‘ al-Zawā’id 4/2). En otro lugar hemos tratado detalladamente acerca de ‘Abd al-Rahmān ibn Zayd ibn Aslam. Hemos visto que los expertos en hadices lo mencionaron como extremadamente débil. Algunos lo mencionaron como narrador de hadices falsos. En esta cadena, la persona llamada ‘Abdullah ibn Ibrāhīm, discípulo suyo, también es extremadamente débil. Narró, atribuyéndolos a ‘Abd al-Rahmān ibn Zayd y a muchos otros expertos en hadices, numerosos hadices que ninguno de los demás discípulos de esos expertos narró ni se encuentran por ninguna otra vía. Los expertos en hadices coinciden en que era un narrador extremadamente débil y abandonado. Ibn Hibbān lo mencionó como falsificador de hadices. (Ibn ‘Adī, al-Kāmil 4/190-191; al-Dhahabī, Mīzān al-I‘tidāl 4/55-56). Hemos visto que los hadices narrados por ‘Abd al-Rahmān son considerados extremadamente débiles o falsos. La condición de su discípulo en esta cadena es aún peor. La segunda cadena: el imām al-Dāraqutnī dijo: «Al-Qāḍī al-Muhāmilī nos dijo; ‘Ubaydullah ibn Muhammad al-Warrāq nos dijo; Mūsā ibn Hilāl nos dijo; ‘Abdullah —o ‘Ubaydullah— ibn ‘Umar al-‘Umarī nos dijo; él, de Nāfi‘; él, de ‘Abdullah ibn ‘Umar; el Mensajero de Allah (ﷺ) dijo…” (ad-Daraqutni, as-Sunan 2/278). El imán al-Bayhaqi también recopiló este hadiz con la misma cadena, desde Musa ibn Hilal, de Abd Allah ibn Umar al-Umari, de Nafi, de Abd Allah ibn Umar. Al citar el hadiz, al-Bayhaqi dijo: «Es un hadiz munkar, es decir, sumamente censurable, de Nafi, de Ibn Umar. Nadie aparte de esta persona (Musa ibn Hilal) narró este hadiz». (Al-Bayhaqi, Shu‘ab al-Iman 3/490). El imán Ibn Juzayma también recopiló este hadiz con la misma cadena y dijo: «Tengo dudas respecto a la aceptabilidad de la cadena del hadiz. …..El hadiz es munkar, es decir, censurable o sumamente débil». (Adh-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 6/566-567; al-‘Ayluni, Kashf al-Jafa 2/328-329). También en esta cadena hay dos narradores débiles. Uno de ellos es un narrador desconocido o poco conocido llamado Musa ibn Hilal. Abu Hatim ar-Razi lo calificó de desconocido. Ibn ‘Adi dijo: «Espero que su hadiz sea más o menos aceptable». Adh-Dhahabi dijo: «El hadiz de esta persona es más o menos aceptable». …..Entre los hadices que narró, este es el más censurable o débil. (Al-‘Uqayli, ad-Du‘afa 4/170; Ibn ‘Adi, al-Kamil 6/351). El maestro de este narrador llamado Musa, Abd Allah ibn Umar ibn Hafs al-Umari (171 H), fue un narrador tabi‘-tabi‘i del segundo siglo. Aunque era débil en la narración de hadices, no fue abandonado. Su hermano ‘Ubayd Allah ibn Umar era muy fiable. En cambio, él era débil. Yahya ibn Ma‘in lo calificó de débil o más o menos aceptable. Ahmad ibn Hanbal, Ibn ‘Adi, Adh-Dhahabi y otros tradicionistas lo consideraron más o menos aceptable. An-Nasa’i y algunos otros lo consideraron débil. Ibn Hayar al-‘Asqalani, conciliando todas las opiniones, dijo: «Es un narrador débil. El imán Muslim mencionó sus narraciones como narraciones de apoyo. At-Tirmidhi, an-Nasa’i, Abu Dawud e Ibn Maya aceptaron sus narraciones». (Ibn ‘Adi, al-Kamil 4/141; Adh-Dhahabi, al-Mughni 1/348-349; Mizan al-I‘tidal 4/151-153). En algunas narraciones, Musa ibn Hilal menciona como su maestro a ‘Ubayd Allah ibn Umar. Sin embargo, Ibn Juzayma, al-Bayhaqi, Adh-Dhahabi y otros tradicionistas dijeron que la mención de ‘Ubayd Allah aquí es un error. El hadiz es una narración de Abd Allah. (Ad-Daraqutni, as-Sunan 2/278; al-Bayhaqi, Shu‘ab al-Iman 3/490). En cualquier caso, aunque esta cadena es débil, en ella no hay ningún narrador mentiroso, ni ningún narrador acusado de narraciones falsas o abandonado. Segundo hadiz: «Quien visite mi tumba —o dijo: quien me visite—, el Día de la Resurrección seré su intercesor o su testigo». El hadiz fue recopilado por Abu Dawud at-Tayalisi y al-Bayhaqi. Ellos narraron el hadiz a través de una persona llamada Siwar ibn Maymun. Este Siwar ibn Maymun dijo que se lo había transmitido una persona perteneciente al linaje de ‘Umar ibn al-Jattab, de ‘Umar, quien dijo: el Mensajero de Allah (ﷺ) dijo…….(Bayhaqī, Shu‘ab al-Īmān 3/488-489; as-Sunan al-Kubrā 5/245). El narrador de este hadiz, Siwār ibn Maymūn, es un narrador de identidad desconocida. No se encuentra ninguna mención suya en ninguna obra de la ciencia de los narradores. Su maestro, «un hombre del linaje de ‘Umar», carece completamente de identificación. Por ello, el imán Bayhaqī, después de citar el hadiz, dijo: «Esta cadena de transmisión es desconocida». (Bayhaqī, as-Sunan al-Kubrā 5/245). Tercer hadiz: «Quien me visite intencionadamente, el Día del Juicio será mi vecino o estará bajo mi protección». (Bayhaqī, Shu‘ab al-Īmān 4/488; Dhahabī, Mīzān al-I‘tidāl 7/63; Ibn Hajar, Lisān al-Mīzān 6/180). Este hadiz fue citado por Bayhaqī, Dhahabī, Ibn Hajar y otros especialistas en hadices. Ellos lo transmiten a través del especialista en hadices del siglo III, ‘Abd al-Malik ibn Ibrāhīm al-Juddī (205 H). ‘Abd al-Malik dijo: nos informó Shu‘ba ibn al-Hajjāj (162 H), de Siwār ibn Maymūn, quien dijo: nos informó Hārūn ibn Quzā‘a, de un hombre del linaje de al-Jattāb, del Mensajero de Allah (ﷺ) de él, dijo……. La cadena de transmisión de este hadiz es aún más débil que la anterior. Además de las dos debilidades de la cadena de transmisión mencionada arriba, esta cadena presenta otras dos debilidades. En primer lugar, en esta cadena no se conoce con exactitud la identidad del maestro de Siwar, Harun Abu Quzā‘ah. Se le llama Harun Abu Quzā‘ah o Harun ibn Quzā‘ah. Respecto a él, el imán Bujari dice: «El hadiz de esta persona carece de fundamento; nadie más lo transmite». Al-Azdi dice: «Esta persona está abandonada». (Ibn ‘Adi, Al-Kamil 7/128; Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 7/63, 67; Ibn Hayar, Lisan al-Mizan 6/180, 183). En segundo lugar, en esta cadena no se menciona el nombre del Compañero; por consiguiente, la cadena es mursal o interrumpida. Hadiz n.º 4: «Quien venga a visitarme y no sea impulsado por ninguna necesidad aparte de visitarme, será responsabilidad mía interceder por él el Día de la Resurrección». Este hadiz fue recopilado por los muhaddizun Darakutni, Tabarani, Dhahabi y otros. En sus cadenas de transmisión, a través de ‘Abdullah ibn Muhammad al-‘Abbadi, dicen que este narró: «Muslim (Maslamah) ibn Salim al-Yuhani nos narró; ‘Abdullah (o ‘Ubaydullah) ibn ‘Umar me narró; él, de Nafi‘; él, de Salim; él, de ‘Abdullah ibn ‘Umar, quien dijo: el Mensajero de Allah (ﷺ) dijo……(at-Tabarani, Al-Mu‘yam al-Kabir 12/291). El narrador de este hadiz, Muslim ibn Salim al-Yuhani, era un narrador débil y poco fiable. Algunos mencionaron su nombre como «Maslama». Abu Dawud as-Siyistani dijo: «Este hombre no es digno de confianza». El imam al-Hayzami dijo: «Este individuo es débil». (Adh-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 6/415; Ibn Hayar, Lisan al-Mizan 6/29). El quinto hadiz: «Quien me visite en Medina con una intención sinceramente piadosa o con el propósito de obtener recompensa, el Día del Juicio seré su testigo e intercesor». Este hadiz fue recopilado por Ibn Abi Dunya, al-Bayhaqi y otros expertos en hadices. Ellos narraron el hadiz a través de varias cadenas de transmisión, por medio de Muhammad ibn Isma‘il ibn Abi Fudayk. Él dijo: «Nos narró Abu al-Musayna Sulayman ibn Yazid al-Ka‘bi, de Anas ibn Malik (que Allah esté complacido con él), que el Mensajero de Allah(ﷺ) dijo… (Bayhaqī, Shu‘abul Īmān 3/489-490; Ibn Hajar, Talkhīṣul Ḥabīr 2/267). Los muhaddices consideraron débil a este narrador de la cadena, llamado Abul Musayinnā Sulaymān ibn Yazīd. Abū Ḥātim Rāzī dijo: «El hombre no era un narrador fuerte y narraba hadices censurables». Al-Dāraqutnī también lo consideró débil. Sin embargo, Ibn Ḥibbān lo incluyó en la lista de narradores ‘siqah’, es decir, dignos de confianza. El imán Tirmidhī también lo consideró aceptable. Al conciliar las opiniones de los muhaddices, Ibn Hajar lo mencionó como débil. Cabe señalar aquí que Abul Musannā no era un tābi‘ī, sino un tābi‘ al-tābi‘ī. Muhaddices como Ibn Ḥibbān e Ibn Hajar mencionaron que no aprendió hadices de ningún sahābī, sino que escuchó hadices de los tābi‘ūn. Por ello, este hadiz tiene una cadena interrumpida o munqaṭi‘. (Ibn Ḥibbān, al-Siqāt 6/395; al-Dhahabī, Mīzān al-I‘tidāl 3/321; Ibn Hajar, Lisān al-Mīzān 7/481; al-Albānī, Ḍa‘īf al-Jāmi‘, p. 808). Hadiz n.º 6: «Que Allah tenga misericordia de la persona que me visitó llevando en su mano la cuerda de su camello». Respecto a esta frase, muhaddices como Ibn Hajar al-‘Asqalānī, Sajāwī, Suyūṭī, Ibn ‘Irāq, Mullā ‘Alī Qārī, Shawkānī y Darwīsh Ḥūt dijeron que la frase carece de fundamento y es inventada. (Ibn ‘Irāq, Tanzīh 2/176; Sajāwī, al-Maqāṣid, p. 235; Mullā ‘Alī Qārī, al-Asrār, p. 128; Darwīsh Ḥūt, Asnā al-Maṭālib, p. 114). De los seis hadices anteriores, el sexto es, por consenso, una frase inventada y carente de fundamento. De los cinco hadices restantes se puede conocer la virtud de visitar al Mensajero de Allah (ﷺ) puede conocerse el mérito de visitarlo o de encontrarse con él. En el primer hadiz se menciona claramente la visita de la tumba. En los hadices tercero, cuarto y quinto se menciona al Mensajero de Allah(ﷺ) se ha hablado de visitar. En el segundo hadiz se ha mencionado cualquiera de los dos. Y el Mensajero de Allah(ﷺ) después de su fallecimiento, la visita a su sagrada tumba también puede considerarse una visita a él mismo. Vemos que las cadenas de transmisión de todos los hadices con este significado son bastante débiles. Ibn Taymiyya, Ibn Abd al-Hadi y otros expertos en hadices han señalado que los hadices con este significado carecen por completo de fundamento. Al-Albani lo consideró da‘if o débil. (Ibn Abd al-Hadi, as-Sarim al-Manki, p. 29-246; al-Albani, Irwa al-Galil 4/333-335). Sin embargo, vemos que en la segunda cadena del primer hadiz, y en las cadenas del cuarto y quinto hadiz, no hay ningún mentiroso ni ninguna persona completamente «mayhul» o desconocida. Por tanto, estas cadenas se fortalecen mutuamente y adquieren aceptabilidad debido a la existencia de varias cadenas. b. Conceder a la visita después del fallecimiento el rango de la visita durante la vida 7.º hadiz: «Quien realice el hach y visite mi tumba después de mi muerte, será como si me hubiera visitado durante mi vida». Este hadiz fue recopilado por expertos en hadices como ad-Daraqutni, at-Tabarani y al-Bayhaqi. Todos ellos lo transmitieron a través de un narrador llamado Hafs ibn Sulayman. Hafs dijo: se lo narró Layz ibn Abi Sulaym, este se lo narró Muyahid, de Abd Allah ibn Umar, del Mensajero de Allah(ﷺ) dijo…….(Daraqutni, as-Sunan 2/278; Shu‘abul Iman 3/489, Tabarani, al-Mu‘yam al-Awsat 1/94). Bayhaqi, al citar el hadiz, dice: «Solo Hafs narró este hadiz. Él es débil». (Bayhaqi, as-Sunan al-Kubra 5/246; Shu‘abul Iman 3/489). El único narrador de este hadiz, Hafs ibn Sulayman (180 H), era un recitador famoso y digno de confianza. Sin embargo, era extremadamente débil en la narración de hadices. Estaba tan ocupado con la recitación del Corán y asuntos relacionados que no dedicaba ningún tiempo a memorizar, repasar y narrar correctamente los hadices. Como consecuencia, se encuentran tantos errores en los hadices que narró que, excepto el imam Ahmad, todos los demás expertos en hadices lo consideraron extremadamente débil y abandonado. El imam Ahmad lo consideraba más o menos aceptable. Al-Dhahabi, Ibn Hayar y otros expertos en hadices dijeron que él mismo era veraz, pero cometía muchísimos errores al narrar hadices, invertía las cadenas de transmisión, cambiaba los nombres de los narradores, alteraba el texto y no podía distinguir entre la verdad y la mentira. Por ello fue considerado un narrador abandonado. El imam Bujari lo mencionó como abandonado. Y él solo consideraba abandonados a quienes eran acusados de mentir. Abu Hatim al-Razi, Ibn Adi, Ibn Hibban y otros expertos en hadices también lo calificaron de extremadamente débil. Ibn Jirash lo mencionó como narrador de hadices falsos. (Al-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 2/319-321; Ibn Hayar, Taqrib, p. 172). El maestro de Hafs en esta cadena, Layth ibn Abi Sulaym, también era un narrador algo débil. Era un gran sabio, devoto y narrador veraz. Sin embargo, al final de su vida perdió la memoria. El imam Muslim aceptó sus narraciones como narraciones de apoyo. Los compiladores de las cuatro Sunan —Tirmidhi, Nasa’i, Abu Dawud e Ibn Maya— aceptaron sus narraciones. (Al-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 5/509; Ibn Hayar, Taqrib, p. 464). Hadiz n.º 8: «Quien visite mi tumba después de mi muerte, será como quien me visitó durante mi vida». (Tabarani, al-Mu‘yam al-Kabir 12/406; al-Mu‘yam al-Awsat 1/94). El imam Tabarani cita el hadiz y dice: Ahmad ibn Rishdin me dijo; Ali ibn al-Hasan ibn Harun al-Ansari nos dijo; Layth, el nieto de la hija de Layth ibn Abi Sulaym, me dijo; Aisha bint Yunus, la esposa de Layth ibn Abi Sulaym, me dijo; a ella le dijo Muyahid, de Ibn Umar, que el Mensajero de Allah…ﷺ) dijo… La mayoría de los narradores de esta cadena de transmisión son desconocidos o débiles. El maestro de al-Tabarani, Ahmad ibn Rashdin (292 H), era débil. Algunos estudiosos del hadiz lo han calificado de mentiroso. (Ibn Hayar, Lisan al-Mizan 1/257). No se conoce en absoluto la identidad de su maestro, este hombre llamado Ali ibn al-Hasan. Del mismo modo, su maestro, este hombre llamado Laiz, y la mujer llamada Aisha, que era maestra de aquel, son completamente desconocidos. Por ello, esta cadena de transmisión es totalmente inaceptable. (Hayzami, Mayma‘ al-Zawa’id 4/2; Albani, Da‘ifa 1/123-124). Hadiz n.º 9: «Quien me visite después de mi muerte, será como si me hubiera visitado durante mi vida». Este hadiz fue recopilado por los eruditos del hadiz, entre ellos el imán al-Daraqutni y al-Bayhaqi. Los estudiosos del hadiz han observado contradicciones y discrepancias en la transmisión de la cadena de este hadiz. La cadena y el texto de este hadiz se han transmitido de dos maneras. Primera cadena: Waki‘ ibn al-Yarrah (197 H), un estudioso del hadiz del siglo II de la Hégira, dijo: nos informó Jalid ibn Abi Jalid y Abu Awn, ambos de al-Sha‘bi y de Aswad ibn Maymun; este, de Harun Abu Quda‘a; este, de un hombre del clan de Hatib; este, de Hatib (que Allah esté complacido con él); Hatib (que Allah esté complacido con él) dijo: el Mensajero de Allah (ﷺ) dijo…… (ad-Daraqutni, as-Sunan 2/278; al-Bayhaqi, as-Sunan al-Kubra 5/245; Shu‘ab al-Iman 4/488). Anteriormente, al analizar la cadena de transmisión del hadiz n.º 3, vimos que Harun Abu Qudha‘ah es un narrador desconocido, inaceptable y abandonado. En esta cadena, el maestro de Harun, «un hombre del linaje de Hatib», no solo es de identidad desconocida, sino también anónimo. 2য১ Segunda cadena: el muhaddiz del siglo III, Yusuf ibn Musa, dice: «Waki‘ ibn al-Yarraḥ nos dijo; Maymun ibn Siwar (Siwar ibn Maymun) nos dijo; Harun Abu Qudha‘ah me dijo…» (al-Bayhaqi, Shu‘ab al-Iman 4/488; Ibn Hayar, Lisan al-Mizan 6/180). Esta cadena es aún más débil que la primera. Porque, como vimos más arriba al analizar el hadiz n.º 3, Siwar ibn Maymun es una persona de identidad desconocida. De los tres hadices anteriores se sabe que el Mensajero de Allah (ﷺ) Incluso después de su fallecimiento, el creyente que visite su tumba obtendrá la dignidad de haberlo visitado en vida. Hemos visto que las tres cadenas de transmisión son extremadamente débiles. En la primera y segunda cadenas hay narradores acusados de mentir. En la tercera cadena hay un narrador abandonado. Además, en las cadenas hay narradores completamente desconocidos y de identidad desconocida. Por ello, los haditólogos Ibn Taymiyya, Ibn ʿAbd al-Hādī, al-Albānī y otros consideraron estos hadices «mawḍūʿ» o fabricados. Además de su inadmisibilidad desde el punto de vista de la cadena de transmisión, sostuvieron que, también por su significado, estos hadices contradicen el espíritu fundamental del islam. Ibn Taymiyya dice que es evidente que esta afirmación es falsa. Esta afirmación contradice la religión de los musulmanes. Porque el creyente que visite o se encuentre con el Mensajero de Allah en vida será considerado uno de sus Compañeros. (ﷺ) visitara o se encontrara con él, será considerado uno de sus compañeros. …..Un creyente de épocas posteriores, aunque cumpla repetidamente los grandes deberes obligatorios, jamás podrá alcanzar el mismo rango que un compañero. Entonces, ¿cómo podría alcanzar el mismo rango que un compañero mediante la realización de un acto de adoración recomendado?! (Albaní, Da‘ífah 1/120-124; Irwā’ al-Galīl 4/335-341). C. Manifestar descontento hacia quien abandona la visita Hadiz 10: «Quien realizó mi peregrinación, pero no realizó mi visita, me trató mal o se comportó con descortesía». En otras palabras: «Quien no realizó mi visita o no se encontró conmigo, me trató mal o se comportó con descortesía». Ningún recopilador de hadices recopiló este hadiz en ninguna obra de hadices. Algunos muhaddices lo recopilaron en obras biográficas de narradores débiles y mentirosos. Lo recopilaron a través de una sola cadena de transmisión. Mencionaron que un hombre llamado Muhammad ibn Muhammad ibn an-Nu‘mán dijo: mi abuelo, an-Nu‘mán ibn Shibl, me contó; Mālik ibn Anas me contó, de Nāfi‘, de ‘Abdullah ibn ‘Umar (que Allah esté complacido con él), que el Mensajero de Allah,ﷺ) dijo……..”. Dos narradores de esta cadena de transmisión eran extremadamente débiles y estaban acusados de narrar hadices falsos. En primer lugar, el hombre llamado an-Nu‘man ibn Shibl, que narró de Imán Malik, era un narrador extremadamente débil. Algunos muhaddices lo mencionaron como mentiroso. En segundo lugar, su nieto Muhammad ibn Muhammad también llegó a ser conocido como mentiroso y falsificador. El Imán ad-Daraqutni, Ibn Hibban, Ibn al-Yawzi, as-Sagani, adh-Dhahabi, Ibn Hayar, Darwish Hut, ash-Shawkani, al-Albani y otros muhaddices mencionaron que este hadiz era fabricado. Ad-Daraqutni y otros muhaddices señalaron que el responsable de su falsificación fue Muhammad ibn Muhammad ibn an-Nu‘man, y no su abuelo Nu‘man ibn Shibl. (Ibn Hibban, al-Mayruhin 4/74; Ibn Adi, al-Kamil 7/14; Darwish Hut, Ahsan al-Matalib, p. 229; al-Albani, ad-Da‘ifah 1/119). Hadiz n.º 11: “Si alguna persona de mi comunidad tiene los medios o la oportunidad y, a pesar de ello, no viene a encontrarse conmigo ni me visita, entonces no tiene ninguna excusa”. Ibn Nayyar recopiló este hadiz en su obra titulada «Tarij al-Madina». (Iraqi, al-Mugni, junto con Ihya’ Ulum ad-Din 1/306; Sajawi, al-Maqasid, p. 424). Su cadena de transmisión es la siguiente: “De Muhammad ibn Muqatil, quien lo recibió de Ya‘far ibn Harun, quien lo recibió de Sam‘an ibn Mahdi, quien lo recibió de Anas (que Allah esté complacido con él), que el Mensajero de Allah (ﷺ) dijo……». (Ibn Abd al-Hadi, as-Sarim, pág. 234; Albani, Irwa al-Galil 4/340). Esta cadena de transmisión es famosa por ser una cadena maudu‘. Muhammad ibn Muqatil ar-Razi (248 h.) era algo débil, pero no fue abandonado. La persona de quien escuchó este hadiz en esta cadena, llamada Ja‘far ibn Harun, es conocida como narrador de hadices falsos y propagador de hadices inventados. (Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 2/151; Ibn Hayar, Lisan al-Mizan 2/131). Sobre «Sam‘an ibn Mahdi», conocido como maestro de Tatatarjakakatar, Ibn Hayar al-Asqalani y Dhahabi dijeron: Apenas se sabe nada sobre este hombre. Se difundió con su nombre un manuscrito inventado atribuido a Anas ibn Malik (que Allah esté complacido con él). Contiene aproximadamente 300 hadices. Muhammad ibn Muqatil ar-Razi narró esos hadices de este Sam‘an por medio de Ja‘far ibn Harun al-Wasití. ¡Que Allah maldiga al falsificador de estos hadices! (Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 3/328; Ibn Hayar, Lisan al-Mizan 3/114). Aparentemente, este hadiz también forma parte del mencionado manuscrito falsificado. En cualquier caso, la cadena de transmisión del hadiz contiene varios narradores mentirosos. Hadiz 12: «Quien obtuvo holgura o prosperidad, pero no vino a mí, me trató con descortesía o insolencia». El imán Gazali mencionó este hadiz sin cadena de transmisión en su obra Ihya’ ‘Ulum ad-Din. No se encuentra con cadena de transmisión en ninguna obra. Los eruditos Subki, Iraquí, Sajawi, Ayluni, Shawkani y otros especialistas en hadiz confirmaron que esta frase carece de fundamento y es inventada. (Ayluni, Kashf al-Jafa 2/366; Shawkani, al-Fawa’id 1/153). De los tres hadices anteriores se entiende del Mensajero de Allah (ﷺ) se comprende la falta de no visitarlo ni encontrarse con él —durante su vida o después de su fallecimiento—. Sin embargo, vemos que el tercer hadiz es una afirmación completamente carente de fundamento y fabricada, y que en las cadenas de transmisión del primer y segundo hadiz hay varios mentirosos. A partir de la discusión anterior hemos visto que el Mensajero de Allah (ﷺ) Todas las hadices relativas a la virtud de visitar su tumba bendita han sido transmitidas con cadenas de transmisión débiles. Probablemente por esta razón, los autores de las seis obras famosas, los compiladores de otras obras auténticas, el imán Mālik, el imán Aḥmad y otros expertos en hadices no recopilaron estas hadices en sus obras. Debido a la debilidad de las cadenas de transmisión de estas hadices, algunos expertos en hadices han opinado, de manera general, que todas ellas son inventadas, extremadamente débiles o completamente inaceptables. Por otra parte, algunos expertos en hadices han sostenido que todas ellas, tomadas en conjunto, deben aceptarse como auténticas o buenas. Expertos en hadices como Ibn Taymiyya, Ibn al-Yawzī e Ibn ʿAbd al-Hādī han señalado que todas las hadices relativas a la visita de la tumba sagrada del Mensajero de Allah (ﷺ) mencionaron que todos los hadices relativos a la visita de la tumba sagrada eran falsos o absolutamente débiles e inaceptables. Por otro lado, los muhaddices, como el erudito Abū ʿAlī Ibn al-Sakān, ʿAbd al-Ḥaqq al-Ishbīlī, Subkī, Sakhāwī e Ibn Ḥajar al-Makkī, consideraron aceptables los hadices con este significado. (Ibn Taymiyya, Majmūʿ al-Fatāwā 27/29-36, 114-288; Sakhāwī, al-Maqāṣid, pp. 410, 424). Sin embargo, no sé que alguien haya analizado las cadenas de transmisión estableciendo una diferencia de significado como en la discusión anterior. Como un insignificante estudiante del conocimiento, me ha parecido que todos los hadices narrados con el tercer significado, es decir, para expresar desaprobación hacia quien abandona la visita, son falsos y carentes de fundamento. En cuanto al segundo significado, es decir, los hadices relativos a conceder a quien visita la tumba después del fallecimiento el rango de quien realizó la visita durante la vida, son extremadamente débiles o falsos. En cuanto al primer significado, es decir, los hadices que anuncian la buena nueva de la intercesión para quien realiza la visita, deberían considerarse de grado hasan. Esto se debe a que se han narrado cinco hadices con el mismo significado. Entre ellos, la debilidad de tres cadenas puede ser compensada. En la segunda cadena del primer hadiz, en el cuarto hadiz y en la cadena del quinto hadiz no hay ningún narrador acusado de mentir ni abandonado. Por tanto, debido a la existencia de varias cadenas, se considerarán «hasan li-gayrihi». Dios Altísimo sabe mejor. 3. La necesidad de realizar el hajj antes del matrimonio En nuestro país, debido a ciertas ideas infundadas y supersticiones, como «si podrá conservar el hajj», «hay que casar a los hijos antes del hajj», «hay que hacer que los padres realicen el hajj antes del hajj» o que se necesita el permiso de los padres…, por lo general los musulmanes no realizan el hajj antes de la vejez, aunque no es correcto retrasarlo en absoluto una vez que se ha hecho obligatorio. En Indonesia ocurre lo contrario. Si no se realiza el hajj al comienzo de la juventud, antes del matrimonio, parece que el hajj no se ha realizado. La causa de ello es un hadiz falso. En este hadiz falso se dice: «Quien se casó antes de realizar el hajj, comenzó con un pecado». Los muhaddices coinciden en que el hadiz es falso. (Ibn ʿAdī, al-Kāmil 1/364; Dhahabī, Mīzān al-Iʿtidāl 1/458; Suyūṭī, al-Laʾālī 2/120; Ibn ʿIrāq, Tanzīh 2/167; Shawkānī, al-Fawāʾid 1/138). 4. El perdón de los derechos de las personas debido al hajj En algunos hadices difundidos sobre el hajj se dice que el Mensajero de Allah (ﷺ) Durante el Hayy de despedida, suplica a Allah el perdón de todos los pecados de los peregrinos. El Altísimo informa primero que todos los pecados del peregrino serán perdonados, excepto los derechos de los siervos. Después de suplicar repetidamente, Allah informa que todos los pecados del peregrino, incluso los relacionados con los derechos de los siervos, serán perdonados….. Se han narrado varios hadices con este significado. La cadena de transmisión de cada uno de ellos es extremadamente débil. En cada cadena hay un mentiroso, un narrador extremadamente débil, o un narrador desconocido por su nombre y su identidad. Algunos muhaddices, debido a la existencia de varias cadenas de transmisión, han opinado que, aunque son «débiles», no son directamente fabricados. Por el contrario, algunos muhaddices han opinado que todos los hadices con este significado son fabricados y carecen de fundamento. Esto se debe a que en cada hadiz hay narradores mentirosos y abandonados. Además, expresan un significado contrario al establecido por diversos hadices auténticos. Diversos hadices auténticos han demostrado que Allah no perdona los derechos de los siervos, es decir, los derechos o acreencias de una persona, si la persona concernida no perdona. Ni siquiera son perdonados mediante la yihad y el martirio. (Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at 2/124-127; Dhahabi, Tartib al-Mawdu‘at, p. 185; Suyuti, Al-La’ali 2/120-124; al-Mundhiri, At-Targhib 2/129-131).
2.14. Dhikr, súplicas, salawat, salutaciones, etc.
2.14.1. Sobre la recitación del Corán Se han transmitido muchos hadices auténticos acerca de las virtudes de diversas suras o aleya del Noble Corán, mencionados anteriormente. Sin embargo, también se han difundido muchas afirmaciones falsas como si fueran hadices sobre estos asuntos. En diversos libros populares de nuestro país hay muchas afirmaciones de este tipo, poco fiables y fabricadas. Cabe señalar que en nuestro país circulan dos tipos de afirmaciones sobre las diversas suras o aleyas del Noble Corán. Un tipo trata sobre las virtudes, la dignidad en la otra vida, la recompensa, la misericordia de Allah y asuntos semejantes. El segundo trata sobre remedios y diversos resultados en este mundo. He visto en la obra de Umar al-Mawsili que se han transmitido algunos hadices auténticos sobre las virtudes de diversas suras y aleyas. Aparte de ellos, la mayoría de los restantes hadices populares son débiles o fabricados. En particular, las afirmaciones sobre las virtudes de cada sura al final del Tafsir al-Kashshaf y del Tafsir al-Baydawi proceden esencialmente de un largo hadiz inventado sobre este tema. En nuestra sociedad, la mayoría de las afirmaciones sobre las virtudes de las cinco suras son inventadas o débiles. Hay muchos hadices débiles y mawdu‘ sobre este tema, y para tratarlos en detalle sería necesario un libro aparte. El volumen de este libro ya se ha hecho muy grande. Por ello, en este libro ya no trataremos los hadices débiles y fabricados relativos a las virtudes. Más bien, mencionaremos aquí algunas cuestiones relativas a las prácticas y los remedios. 2.14.2. Sobre las prácticas, los remedios y los khatam Es lícito realizar ruqya mediante las aleyas coránicas y recitarlas como práctica para librarse de diversas enfermedades y calamidades. En los hadices se ordena realizar ruqya mediante el Corán. También es lícito realizar ruqya con las súplicas de los hadices o con cualquier frase de buen significado. Hay dos tipos de ruqya o remedios. Algunas ruqyas se han mencionado en diversos hadices. Este tipo de ruqya y práctica es limitado. En nuestra sociedad, la mayoría de las prácticas de ruqya y demás fueron elaboradas a partir de las experiencias de los piadosos de épocas posteriores. Por ejemplo, se dice que recitar cierta sura o aleya tantas veces, durante tantos días o en determinado momento produce cierto resultado o permite curarse de cierta enfermedad. Así, estas diversas prácticas y remedios proceden de las experiencias de distintos piadosos. Una persona puede utilizar algo como «remedio» o «ruqya shar‘iyya» basándose en su práctica o experiencia personal. Sin embargo, si cree que poseen una virtud particular o que están respaldados por los hadices, estará atribuyendo una mentira al Mensajero de Allah (ﷺ) en su nombre. Además, incluso como remedios o prácticas, debemos limitarnos a los remedios, súplicas y prácticas mencionados en los hadices auténticos. Entre las «prácticas» o «remedios» fabricados que circulan en algunos libros populares de nuestro país en nombre de los hadices se encuentran los siguientes: 1. La hawla wa la quwwata…… práctica para eliminar la pobreza Hay muchos hadices auténticos sobre la virtud de este dhikr, «La hawla wa la quwwata illa billah». En diversos hadices se ordena repetir mucho esta frase. En varios hadices se afirma que esta frase es uno de los tesoros del Paraíso, un medio para el perdón de los pecados y para obtener una recompensa inconmensurable. He mencionado algunos hadices auténticos sobre este tema en mi libro Rahe Belayat. Sin embargo, en diversos libros populares de nuestro país se menciona como hadiz que «quien recite esta frase cien veces cada día nunca permanecerá pobre». Parece evidente que esta afirmación es inventada. 2. Práctica para liberarse de las deudas En un hadiz narrado por Ali, el Mensajero de Allah (ﷺ) dijo que, si se pronuncia la siguiente frase, Allah hará pagar incluso una deuda del tamaño de una montaña: «Oh Allah, protégeme de lo ilícito mediante lo lícito que me proporcionas, y hazme independiente de la ayuda de todos los demás mediante Tu misericordia y Tu bendición». El hadiz es auténtico (Sunan al-Tirmidhi 5/560; Mustadrak al-Hakim 1/721). Pero ningún hadiz ordena recitar esta súplica en un día concreto o un número determinado de veces. En algunos libros populares se afirma: «Se ha narrado en los hadices que quien recite esta súplica setenta veces el viernes, en pocos días Allah lo hará rico y afortunado. Hazrat Ali dijo: si el viernes, antes y después de la oración del viernes, se recita el salat cien veces cada vez y esta súplica quinientas setenta veces, aunque se tenga una deuda del tamaño de una montaña, será pagada en pocos días…». Estas narraciones parecen carentes de fundamento y fabricadas. 3. La práctica de la sura al-Fatiha Sobre la virtud de la sura al-Fatiha se dice: «La intención con la que se recite la Fatiha se cumplirá». Esta afirmación es infundada y fabricada. También se dice: «La sura al-Fatiha es curación o sanación para todas las enfermedades». Esta afirmación aparece en un hadiz débil (al-Sakhawi, al-Maqasid, p. 305, n.º 734; Mulla Ali al-Qari, al-Asrar, p. 165). 4. Diversos tipos de khatam Hay diversos tipos de khatam en circulación. Generalmente se recita un «khatam» por dos razones: (1) superar diversas calamidades u obtener beneficios mundanos, y (2) dedicar la recompensa a los difuntos. Ambos tipos de khatam son fabricados y carecen de fundamento. La mayoría de las frases recitadas en estos khatam son muy buenas: son aleyas del Noble Corán o súplicas y dhikr conformes a la Sunna. Pero ningún hadiz auténtico o débil menciona virtud, importancia u orden alguna para recitarlas cien mil o ciento veinticinco mil veces. Todos estos «khatam» son inventados. Además, se han fabricado algunos hadices en torno a ellos. El khatam de la basmala, el khatam de la súplica de Yunus, el khatam de la kalima y otros pertenecen a esta categoría. Se dice: «Si se recita la basmala ciento veinticinco mil veces se obtendrá tal resultado», o «si se recita la súplica de Yunus ciento veinticinco mil veces se obtendrá tal beneficio», etc. Todo ello fue elaborado a partir de las experiencias de los piadosos, y nada de ello es un hadiz. Existen hadices auténticos sobre la virtud y la recompensa de la tasmiya o basmala, del tahlil o «La ilaha illa Allah», y de la súplica de Yunus (véase otro libro del autor: Rahe Belayat, p. 89). Sin embargo, ningún hadiz auténtico establece recitarlos un número determinado de veces, como cien mil o ciento veinticinco mil. Entre los khatam de Khwajagan, algunas súplicas recitadas son conformes a la Sunna y otras son fabricadas. Pero el método en su totalidad es inventado. 2.14.3. Sobre el dhikr, los wazifa, las súplicas, etc. 1. La virtud o práctica de los diversos nombres sagrados de Allah Allah, el Altísimo, ha mencionado en el Noble Corán:وَلِلَّهِ الْأَسْمَاءُ الْحُسْنَىٰ فَادْعُوهُ بِهَا ۖ وَذَرُوا الَّذِينَ يُلْحِدُونَ فِي أَسْمَائِهِ ۚ سَيُجْزَوْنَ مَا كَانُوا يَعْمَلُونَ [٧:١٨٠] —«Y a Allah pertenecen los nombres más hermosos; invocadlo, pues, con ellos. Y apartaos de quienes tergiversan Sus nombres. Pronto serán recompensados por lo que hacían» (sura al-A‘raf, aleya 180). En un hadiz recopilado en Sahih al-Bujari, Sahih Muslim y otras obras, Abu Hurayra dijo que el Mensajero de Allah (ﷺ) dijo: «Ciertamente, Allah tiene noventa y nueve nombres, cien menos uno; quien los conserve o los enumere entrará en el Paraíso» (Sahih al-Bujari 2/981, n.º 2585; Sahih Muslim 4/2063, n.º 2677). En este hadiz no se detallan los nombres. Un hadiz que contiene noventa y nueve nombres fue recopilado por el imam al-Tirmidhi, Ibn Majah y otros muhaddizun (Sunan al-Tirmidhi 5/530, n.º 3507; Mustadrak al-Hakim 1/62-63). Sin embargo, la mayoría de los muhaddizun consideraron débil esa lista. El propio imam al-Tirmidhi recopiló el hadiz y comentó su debilidad. Algunos muhaddizun dicen que la lista de noventa y nueve nombres no fue narrada del Mensajero de Allah (ﷺ) ni de Abu Hurayra (ra), sino que un narrador posterior la recopiló de diversos eruditos basándose en el Corán y la incluyó en el hadiz. Muchos nombres mencionados en el Noble Corán no figuran en esa lista. En el Noble Corán, Allah es llamado con mayor frecuencia «Rabb», es decir, Señor. Este nombre tampoco aparece en la lista (Ibn Hayar al-‘Asqalani, Fath al-Bari 11/217). Ante esto, el musulmán interesado se pregunta: si el Mensajero de Allah (ﷺ) dio noventa y nueve nombres, ¿por qué no proporcionó su lista? Los ulemas responden que ciertos asuntos importantes se mantienen parcialmente ocultos para aumentar el esfuerzo del creyente, como Laylat al-Qadr y el momento de aceptación de la súplica el viernes. Del mismo modo, en vez de dar una lista determinada de nombres, se ordenó conservar los nombres de Allah para que el siervo, con interés, recite y memorice todos los nombres de Allah que aparecen en el Noble Corán, lo invoque con ellos y suplique a Allah por medio de ellos (Ibn Hayar, Fath al-Bari 11/217-218, 11/221; al-Nawawi, Sharh Sahih Muslim 17/5). Algunos muhaddizun consideraron más o menos aceptable la lista recopilada por el imam al-Tirmidhi (al-Nawawi, al-Adhkar, p. 151; Yami‘ al-Usul 4/173-175). En cualquier caso, quien se interesa por el dhikr puede memorizar estos nombres. Además, debe conservar los benditos nombres de Allah mencionados en el Noble Corán mediante la recitación regular del Corán. He tratado detalladamente, con sus cadenas de transmisión, los hadices auténticos sobre cómo suplicar ante Allah por medio de Sus benditos nombres, qué es el «Ism al-A‘zam» de Allah, el Majestuoso, y cómo suplicar a Allah mediante él, en mi libro Rahe Belayat. En muchos libros populares de nuestro país se han mencionado muchas otras virtudes de estos nombres. Por ejemplo, que recitarlos diariamente evita las dificultades alimentarias, elimina las enfermedades, permite visitar al Mensajero de Allah (ﷺ) en sueños, cumple los deseos del corazón; que si se recita o escribe cierto nombre tantas veces al día durante tantos días se obtiene tal resultado; que si se recita cierto nombre tantas veces cada día de determinado modo se obtiene tal beneficio; o que cierto nombre debe recitarse tantas veces, etc. Ninguna de estas afirmaciones procede del Corán o de los hadices. Algunos piadosos realizaron o enseñaron ciertas prácticas o remedios basándose en su experiencia personal. Pero si se las considera palabras de Allah o del Mensajero de Allah (ﷺ) o se las narra como hadices, se estará atribuyendo una mentira al Mensajero de Allah (ﷺ) en su nombre. Entre los hadices inventados populares sobre este tema se encuentran los siguientes: 2. «El dhikr de Allah es el mejor dhikr». En diversos libros se encuentra la siguiente frase citada como hadiz: «El dhikr de Allah es el mejor dhikr». En cuanto a su significado, la frase es correcta. El dhikr de Allah ciertamente ha de ser el mejor dhikr. ¿El dhikr de quién podría ser mejor que el dhikr de Allah? Sin embargo, no es un hadiz. No se sabe que haya sido narrada con una cadena auténtica ni débil. 3. «Quien mencione el nombre de Allah durante la noche tendrá una luz que brillará en su corazón y, cuando muera, en su tumba» (Maulvi Shamsul Huda, Ni‘am al-Qur’an, p. 17). 4. Quien mencione el nombre de Allah cien veces al amanecer y recite una vez cada uno de los seis nombres siguientes (Yalla Yalaluhu, wa amma nawaluhu, wa yalla sana’uhu, wa taqaddasat asma’uhu, wa a‘zama sha’nuhu y wa la ilaha gayruhu), quedará libre de sus pecados como si acabara de nacer del vientre materno. Su registro de obras quedará limpio y esa persona entrará ciertamente en el Paraíso (Maulvi Shamsul Huda, Ni‘am al-Qur’an, p. 36). Todas estas son afirmaciones sin fundamento atribuidas al Mensajero de Allah (ﷺ) en su nombre. 5. El dhikr particular de la kalima «La ilaha illa Allah» La mejor frase para el dhikr de Allah es «La ilaha illa Allah». El Mensajero de Allah (ﷺ) dijo: «El mejor dhikr es La ilaha illa Allah» (al-Tirmidhi, al-Sunan 5/462; Ibn Majah, al-Sunan 2/1249; al-Hakim, al-Mustadrak 1/676, 681). También dijo: «Decid mucho La ilaha illa Allah» (al-Hakim, al-Mustadrak 4/285; al-Haythami, Mayma‘ al-Zawa’id 1/52, 2/211, 10/82). En otra ocasión dijo: «Las frases más queridas por Allah son cuatro: Subhan Allah, al-hamdu lillah, La ilaha illa Allah y Allahu akbar. Puedes decir cualquiera de estas cuatro frases antes o después, como quieras» (Sahih Muslim 3/1685, n.º 2137). He tratado en mi libro Rahe Belayat muchos hadices auténticos y buenos sobre la importancia, la virtud, el número y el momento de estos dhikr. Allí vimos que el Mensajero de Allah (ﷺ) no enseñó ningún método especial para repetir o pronunciar estos dhikr. En ningún hadiz auténtico o débil se ha narrado que el Mensajero de Allah (ﷺ) enseñara a alguien a hacer dhikr prolongando la voz, elevándola, empujando, concentrándose en algún latifa o mediante cualquier otro método especial. Lo esencial es hacer dhikr con atención y pronunciación correcta, y cada persona recibirá recompensa según su atención y emoción. Diversos eruditos, pires y murshid de épocas posteriores mencionaron algunos métodos especiales para generar atención y emoción en los murid. Son innovaciones de ellos y ejercicios temporales destinados a la concentración del murid. Sin embargo, los falsificadores también inventaron afirmaciones sobre este asunto. Una de esas afirmaciones infundadas y hadices fabricados es la siguiente: «Cierta vez, Hazrat Ali (ra) dijo al Hazur (ﷺ) : “¡Oh Mensajero de Allah! Indíqueme un método sencillo y directo para alcanzar la proximidad de Allah”. El Hazur (ﷺ) dijo: “Mantente haciendo un dhikr”. Hazrat Ali preguntó: “¿Cómo lo haré?”. Respondió: “Cierra los ojos y di conmigo tres veces: La ilaha illa Allah”. Hazrat Ali (ra) se lo transmitió a Hazrat Hasan Basri, y de Hasan Basri, a través de la cadena de los murshid, llegó hasta nosotros». Otra versión de esta historia dice: «Ali (ra) dijo: para conocer el camino más fácil y sencillo hacia la realización de Dios, el Mensajero de Allah (ﷺ) esperaba la revelación. Entonces llegó Yibril (as) y le enseñó tres veces la kalima La ilaha illa Allah. El Mensajero de Allah (ﷺ) la repitió tal como la había pronunciado Yibril (as). Después se la enseñó a Ali (ra), y Ali (ra) se la enseñó a los demás compañeros». Este supuesto hadiz no es más que una afirmación infundada difundida de boca en boca. No ha sido recopilado en ningún libro con una cadena auténtica, débil o mawdu‘. Por ello, Shah Waliullah Dehlawi señaló que esta afirmación solo se escucha de boca de los piadosos de las tariqas. No se ha encontrado ninguna base para ella (Shah Waliullah, al-Qawl al-Yamil, pp. 38-39). 6. Wazifa después de las cinco oraciones diarias En innumerables hadices auténticos se mencionan diversos tipos de dhikr, súplicas o wazifa después de las cinco oraciones diarias, que el Mensajero de Allah (ﷺ) practicaba personalmente o cuyo cumplimiento ordenó a los compañeros y a la comunidad. Pero, además de estos, en nuestro país circulan ampliamente algunos wazifa inventados por personas de épocas posteriores, que no aparecen en ningún hadiz. El siguiente wazifa es muy conocido: Después de la oración del fayr, recitar cien veces «Huwa al-Hayy al-Qayyum»; después de la oración del zuhr, cien veces «Huwa al-‘Aliyy al-‘Azim»; después de la oración del ‘asr, cien veces «Huwa al-Rahman al-Rahim»; después de la oración del magrib, cien veces «Huwa al-Gafur al-Rahim»; y después de la oración del ‘isha, cien veces «Huwa al-Latif al-Jabir». Todas estas frases son hermosas y no hay ningún inconveniente en recitarlas. Pero ningún hadiz menciona virtud alguna de ellas. Ni el Corán ni los hadices ordenan recitarlas ese número de veces o en determinado momento. Debemos cumplir los wazifa enseñados por el Mensajero de Allah (ﷺ). 7. «Allahumma anta al-salam…» después de las cinco oraciones diarias En diversos hadices auténticos se ha narrado que, después de finalizar con el salam la oración obligatoria, el Mensajero de Allah (ﷺ) decía: «Oh Allah, Tú eres la Paz, de Ti procede la paz; oh Poseedor de la majestad y la generosidad, Tú eres bendito» (Sahih Muslim 1/414, n.º 591). 8. La súplica Ganj al-Arsh Esta súplica es una de las súplicas falsas, fabricadas y carentes de fundamento que circulan. El significado de las frases que contiene es bueno. Pero estas frases no se han transmitido de esta forma en ningún hadiz. Tampoco se ha transmitido en ningún hadiz esta combinación de frases. Todo lo que se dice sobre su virtud y recompensa es falso. 9. La súplica Ahad Nama Otra súplica fabricada y carente de fundamento es la «súplica Ahad Nama». En diversos libros populares se menciona de diferentes maneras. Las frases principales de esta súplica aparecen en hadices transmitidos con varias cadenas débiles. En dichos hadices se anima a recitarla por la mañana y por la tarde. Como virtud se menciona que quien la recite mañana y tarde será liberado el Día de la Resurrección… (Ahmad, al-Musnad 1/412; al-Hakim, al-Mustadrak 2/409; al-Tabari, al-Tafsir 11/154). Además, todas las afirmaciones populares sobre la práctica y la virtud de esta súplica son inventadas. Véase una muestra de estas afirmaciones fabricadas y carentes de fundamento: «En los libros de al-Tirmidhi, Shami y Nafa‘ al-Khala’iq se han mencionado muchas virtudes de la Ahadnama. El Mensajero de Allah (ﷺ) dijo: “Quien lleve una vida islámica y recite la Ahadnama cien veces a lo largo de su vida dejará este mundo con fe y yo seré su garante del Paraíso”. … Hazrat Yabir (ra) narró: “Escuché del Mensajero de Allah (ﷺ) que Allah ha puesto tres mil enfermedades en el cuerpo humano. Los médicos conocen y tratan mil de ellas. Nadie salvo Allah conoce las dos mil restantes. Si alguien escribe la Ahadnama y la lleva consigo, o la recita dos veces, Allah lo protegerá de dos mil enfermedades…” (Mawlana Muhammad Amjad Husayn, Wazifa-e Salihin, p. 144). Todo esto son afirmaciones infundadas y falsificaciones en nombre de los hadices. Lejos de estar en el Sunan al-Tirmidhi, estas afirmaciones no han sido transmitidas con una cadena auténtica o débil en ningún libro de hadices. 10. La súplica Qadah Otra súplica fabricada y carente de fundamento que circula es la «súplica Qadah». Todo lo que se dice sobre la virtud de esta súplica son afirmaciones inventadas. 11. La súplica Yamila Todo lo que se dice sobre la súplica Yamila y sus virtudes son afirmaciones inventadas. 12. Haft Haykal En esta súplica llamada Haft Haykal se han incluido principalmente diversas aleyas del Noble Corán. Esta división, distribución y utilización de las aleyas fue ideada por algunos piadosos y se basa en sus experiencias. Todo lo que se dice sobre su uso y sus virtudes son afirmaciones de diversas personas, no palabras del Mensajero de Allah (ﷺ) ni hadices. 13. La súplica Aman Otra súplica fabricada y carente de fundamento que circula es la «súplica Aman». El significado de sus frases es bueno. Pero no se ha transmitido ningún hadiz de esta forma, y todo lo que se dice sobre su virtud es inventado. 14. La súplica Hizb al-Bahr Una súplica y práctica popular es la «súplica Hizb al-Bahr». Muchas frases utilizadas en ella fueron tomadas del Corán y de los hadices y reunidas. Pero esta súplica no se ha transmitido de esta forma en ningún hadiz. Ningún hadiz menciona su importancia, virtud o beneficio. Muchos piadosos la practicaron. Algunos obtuvieron resultados. Alguien podría pensar que no sería incorrecto considerar estas súplicas palabras del Mensajero de Allah (ﷺ) o hadices. Pero ¿qué inconveniente hay en practicarlas como súplicas elaboradas por los piadosos? Es cierto que el creyente puede suplicar con cualquier frase buena. Sin embargo, no puede declarar recompensas o resultados inventados para estas súplicas. Además, en los hadices auténticos se mencionan muchas súplicas breves y hermosas. El propio Mensajero de Allah (ﷺ) dijo que, al practicarlas, se obtendrán resultados iguales o mejores. Debido a la difusión de estas hermosas súplicas fabricadas, aquellas súplicas «proféticas» han sido abandonadas y han caído en desuso. Aunque estas súplicas tengan el toque de la santidad de los piadosos, no tienen la luz de la profecía. Lo mejor para nosotros es practicar las súplicas emanadas de la luz de la profecía. Además de suplicar y obtener resultados, así obtendremos la recompensa y la bendición adicionales de revivir la Sunna y suplicar con las palabras del Mensajero de Allah (ﷺ). En mi libro Rahe Belayat he mencionado muchas súplicas, munajat, dhikr y wazifa procedentes de hadices auténticos. El lector interesado puede consultarlo. 2.14.4. Sobre el salat y el salam Allah, el Altísimo, ordenó en el Noble Corán a los creyentes enviar salat (salat sobre el Profeta) y salam sobre Su noble Profeta (ﷺ). A la luz de los hadices sabemos que enviar salat y salam sobre el Noble Mensajero (ﷺ) es una adoración sumamente importante y una obra de gran virtud. He tratado detalladamente las virtudes del salat y el salam a la luz de los hadices auténticos en Rahe Belayat. Entre las virtudes demostradas por los hadices auténticos se encuentran: (1) Allah mismo envía salat (misericordia) y salam sobre quien envía salat y salam. Cuando alguien envía salat una vez, Allah le concederá diez salat (misericordias), elevará diez de sus grados, registrará diez recompensas y perdonará diez pecados. Cuando envía salam una vez, Allah le enviará salam diez veces. (2) Mientras quien envía salat o salat sobre el Profeta permanezca ocupado en ello, los ángeles suplicarán por él. Cuando alguien envía salat una vez, Allah y Sus ángeles le enviarán setenta salat (misericordia y súplica). (3) El salat y salam de quien los envía llegará al Mensajero de Allah (ﷺ) junto con su identidad. (4) El propio Mensajero de Allah (ﷺ) suplicará por quien envía salat. (5) Enviar salat es un medio para obtener la intercesión del Profeta (ﷺ) el Día de la Resurrección. (6) Allah, el Altísimo, aceptará la súplica de quien envía salat y resolverá todos sus problemas mundanos y de la otra vida. A pesar de estas numerosas virtudes auténticas del salat, algunas personas emotivas han difundido muchas otras afirmaciones inventadas como hadices sobre sus virtudes. «Allahumma salli ‘ala Muhammad» es el grado mínimo del salat. Si se añade el salam, se cumple el grado mínimo del salam. Por ejemplo: «Allahumma salli ‘ala Muhammadin wa sallim», o «Sallallahu ‘ala Muhammadin wa sallam». En los hadices auténticos se encuentran el Salat Ibrahimí y uno o dos salat breves para recitar. He mencionado las fórmulas del salat transmitidas en los hadices en Rahe Belayat y Ihya’ al-Sunan. Todas las fórmulas determinadas del salat populares en nuestra sociedad son fabricadas. Algunas afirmaciones populares fabricadas o poco fiables sobre el salat y el salam 1. La virtud de recitar un número determinado de salat el viernes En los hadices auténticos se ordena recitar mucho salat el viernes. Sin embargo, ningún hadiz auténtico establece recitar un número determinado ese día. No existe ningún hadiz auténtico que diga que recitar salat cuarenta, cincuenta, cien, mil veces o un número semejante durante ese día o esa noche perdona los pecados de cuarenta, cincuenta o cien años, o proporciona una recompensa o virtud especial. El creyente debe recitar tanto salat y salam como pueda ese día. Puede establecer un wazifa según su conveniencia y capacidad, por ejemplo: «Recitaré el wazifa cien, trescientas o quinientas veces el viernes o cada día». 2. Salat Mahi o el salat del pez Todos los acontecimientos narrados en el Salat Mahi, «el salat del pez», son falsos y fabricados. Del mismo modo, todas las afirmaciones narradas sobre la virtud de este salat son falsas y fabricadas. En esta historia inventada se dice que, en la época del Mensajero de Allah (ﷺ) , un hombre se sentaba a la orilla de un río y recitaba salat. Un pez enfermo de aquel río aprendió el salat al escucharlo y comenzó a recitarlo. Como resultado, el pez se curó. Más tarde quedó atrapado en la red de un judío. La esposa del judío intentó cortarlo, pero no pudo. Finalmente, arrojaron el pez al aceite hirviendo. El pez continuó recitando el salat mientras daba vueltas en el aceite hirviendo. El judío, maravillado, llevó el pez ante el Mensajero de Allah (ﷺ) . Gracias a su súplica, el pez obtuvo la capacidad de hablar y relató todo lo sucedido… Toda la historia carece de fundamento y es falsa. 3. Salat al-Taj, Tunayyina, Futuhat, Shifa, etc. Salat al-Taj, Salat al-Tunajjina, Salat al-Futuhat, Salat al-Shifa, Salat al-Jayr, Salat al-Akbar, Salat al-Lakhi, Salat al-Hayari, Salat al-Ruhi, Salat al-Bir, Salat al-Nariya, Salat al-Shafi‘i, Salat al-Gawthiya, Salat al-Muhammadi… Todos estos salat fueron inventados por personas de épocas posteriores. Todo lo que se dice sobre sus virtudes es fabricado y falso. En la mayoría de los casos, las frases de estos salat son una combinación de buenas expresiones. Sin embargo, no existe ninguna instrucción especial del Mensajero de Allah (ﷺ) para recitarlos de esta forma. La composición de estas frases fue elaborada por personas posteriores. En la mayoría de los casos, recitarlos puede proporcionar la virtud general de enviar salat. Pero las afirmaciones sobre sus virtudes específicas son inventadas. Por ejemplo, «Allahumma salli ‘ala Muhammadin nabiyyil-ummiyyi» es un salat respaldado por los hadices. Asimismo, no hay ningún inconveniente en la frase «Allahumma salli ‘ala Muhammadin bi ‘adadi kulli da’in wa bi ‘adadi kulli ‘illatin wa shifa’». Al recitar salat mediante esta frase, se puede esperar la recompensa general de recitar salat. Sin embargo, ninguna virtud especial de estas fórmulas ha sido demostrada por el Mensajero de Allah (ﷺ) . Lo mismo ocurre con todos los salat inventados. Algunos salat fabricados contienen expresiones objetables.
2.15. Sobre lo auspicioso, lo nefasto, el progreso y el deterioro
En diversos libros islámicos de uso común y entre los musulmanes comunes de nuestra sociedad existe la creencia de que tal día, día de la semana, fecha lunar, momento o mes es nefasto, de mal augurio, etc. Del mismo modo, se considera que ciertas acciones tienen consecuencias nefastas y que, debido a ellas, las personas se empobrecen o sufren daños. Esta creencia o concepción no solo es una superstición contraria al islam; además, en los hadices se afirma que, como consecuencia de tal creencia, la fe se pierde. El Mensajero de Allah (ﷺ) detestaba profundamente creer en presagios nefastos, malos augurios, desgracias, etc., así como el pesimismo ante cualquier asunto y el anarquismo (PESSIMISM). Por el contrario, le agradaban en todo asunto y en toda circunstancia los pensamientos auspiciosos, la idea del bien y las buenas expectativas. (Al-Bujari, As-Sahih 5/2171; Muslim, As-Sahih 4/1745). El pensamiento auspicioso y las buenas expectativas significan mantener la esperanza en la misericordia de Allah. En cambio, pensar en la desgracia y el mal augurio significa desesperar de la misericordia de Allah. El Mensajero de Allah (ﷺ) dijo: «Creer en presagios nefastos o en malos augurios, o intentar determinarlos, es shirk; creer en presagios nefastos o en malos augurios, o intentar determinarlos, es shirk; creer en presagios nefastos o en malos augurios, o intentar determinarlos, es shirk» (At-Tirmidhi, As-Sunan 4/160; Ibn Hibban, As-Sahih 13/491; Al-Hakim, Al-Mustadrak 1/64; Abu Dawud, As-Sunan 4/17; Ibn Majah, As-Sunan 2/1170. At-Tirmidhi, Ibn Hibban, Al-Hakim y otros eruditos del hadiz lo declararon sahih). Se han transmitido muchos otros hadices sobre este asunto. Todo lo que Allah ha prohibido es causa de desgracia. Precisamente porque es causa de desgracia y perjuicio para el siervo, Allah lo ha prohibido. Cuando las personas se involucran en estas acciones, quedan privadas de la misericordia y la bendición de Allah. Las cosas haram prohibidas por Allah son de dos clases: (1) el haram relacionado con los derechos de Allah, o huquq Allah, y (2) el haram relacionado con los derechos de las criaturas, o huquq al-‘ibad. Según diversos hadices, por la segunda clase de haram, además del castigo en la Otra Vida, la persona sufrirá en este mundo un castigo en forma de perjuicio terrenal. Cometer injusticia; apoderarse de los bienes de alguien contra su voluntad mediante extorsión, dote matrimonial u otro medio inmoral; dar menos en el peso, la medida o la medición; violar los derechos de los padres, la esposa, los vecinos, los pobres, los huérfanos, los parientes u otras personas; privar a alguien de lo que le corresponde; causar daño a cualquier criatura de Allah o a una persona; o, en general, violar los derechos de las criaturas son causas del deterioro terrenal. Pero creer que existe una influencia nefasta en alguna criatura de Allah, en un día de la semana, una fecha, una fecha lunar, una dirección, etc., o en alguna acción mubah, es una grave injusticia y algo contrario a la fe. En nuestra sociedad circulan muchas afirmaciones de este tipo. No siempre se presentan como hadices. Sin embargo, el lector suele pensar que seguramente son palabras de Allah y de Su Mensajero (ﷺ) . Si no fuera así, ¿cómo sabríamos que esto trae desgracia, que aquello trae desgracia? Creer en ellas es contrario a la fe. Y considerarlas palabras de Allah o de Su Mensajero (ﷺ) constituye otra grave injusticia adicional. 2.15.1. Sobre los momentos y los lugares 1. El sábado, el martes, la luna nueva, la luna llena, etc. Creer que el sábado, el martes, la luna nueva, la luna llena, una fecha lunar, un lugar o un momento son de mal augurio, nefastos o desfavorables es una mentira abominable o una creencia gravemente contraria al islam. «Tal día no se deben cortar las cañas», «tal día no se debe cortar el cabello», «tal día no se debe hacer tal cosa» y afirmaciones similares no son más que supersticiones infundadas y falsas. Creer en ellas constituye el pecado del shirk. 2. Los eclipses lunares, los eclipses solares, el arcoíris, los cometas, etc. Todo lo que se dice sobre que fenómenos naturales como los eclipses lunares, los eclipses solares, el arcoíris, los cometas, etc., dejan alguna influencia especial, buena o mala, son afirmaciones inventadas y falsas. Afirmaciones como «cuando hay un eclipse en tal luna ocurre tal cosa» o «si aparece un arcoíris en tal momento ocurre tal resultado» son inventadas. (Ibn ‘Iraq, Tanzih 1/178, 179, 191; Ash-Shawkani, Al-Fawa’id 2/568). 3. El miércoles o el último miércoles del mes Circulan varios hadices inventados que califican el miércoles o el último miércoles del mes de nefasto, desfavorable, de mal augurio o malo, o que censuran el miércoles. Todos son falsos. Todos los días, meses y fechas lunares creados por Allah son buenos. Algunos días o momentos son mejores que otros; por ejemplo, el viernes, el lunes y el jueves son más benditos. Pero no existe nada llamado desgracia, mal augurio o mal presagio. (Ibn al-Jawzi, Al-Mawdu‘at 1/374-376; As-Suyuti, Al-La’ali 1/481-486; As-Sakhawi, Al-Maqasid, p. 364; Mulla ‘Ali al-Qari, Al-Asrar, pp. 199-200). 2.15.2. Sobre las acciones nefastas o las causas del deterioro En diversos libros de uso común se menciona que las siguientes acciones son nefastas, producen malos resultados o traen pobreza. 1. Recitar el durood sharif mientras se camina y sin ablución. 2. Recitar el Noble Corán o cualquier aleya del Corán sin ablución. Estas dos afirmaciones, por un lado, son invenciones contrarias al islam y, por otro, mediante ellas se impide al creyente realizar un acto de adoración sumamente importante. Si se tiene la obligación de realizar el baño ritual, no se puede recitar el Corán. Pero está permitido recitar el Corán sin ablución. El Mensajero de Allah (ﷺ) y los compañeros recitaban de memoria el Corán sin ablución. Es bueno recitar dhikr, súplicas, durood, salutaciones, etc., estando en estado de ablución, pero ni la ablución ni el baño ritual son obligatorios. Más bien, la sunna del Mensajero de Allah (ﷺ) y de los compañeros consiste en mantener la lengua y el corazón ocupados con el recuerdo de Allah, el durood y las súplicas en toda circunstancia —al caminar, desplazarse, sentarse o acostarse, con ablución o sin ella—. 3. Ponerse el turbante estando sentado. 4. Ponerse el pijama estando de pie. 5. Limpiarse la cara con las mangas o los bordes de la ropa. 6. Comer o beber en recipientes o vasos rotos. 7. Comer mientras se camina por la calle. 8. Ir al baño con la cabeza descubierta. 9. Comer con la cabeza descubierta. 10. Coser la ropa mientras se la lleva puesta. 11. Apagar una lámpara soplando. 12. Usar un peine roto. 13. Usar un bolígrafo roto. 14. Cortarse las uñas con los dientes. 15. Barrer la casa por la noche. 16. Barrer la casa con una prenda. 17. Mirarse la cara en el espejo por la noche. 18. Limpiarse los dientes mientras se camina. 19. Limpiarse los dientes con una prenda. También circulan muchas otras afirmaciones semejantes. Todas son invenciones. Creer que una acción lícita puede causar algún daño o efecto nocivo es una grave injusticia. Y considerar estas afirmaciones hadices es la más grave de las injusticias. 2.15.3. Sobre las acciones auspiciosas o las causas del progreso Todas las acciones que el Altísimo Allah ha ordenado a Sus siervos les traen beneficio, bienestar y progreso tanto en este mundo como en la Otra Vida. Todos los actos obligatorios, necesarios, sunnah, voluntarios y recomendables traen a las personas, además de la recompensa de la Otra Vida, bendiciones mundanas. Allah ha dicho: وَلَوْ أَنَّ أَهْلَ الْقُرَىٰ آمَنُوا وَاتَّقَوْا لَفَتَحْنَا عَلَيْهِم بَرَكَاتٍ مِّنَ السَّمَاءِ وَالْأَرْضِ —«Si los habitantes de las ciudades hubieran creído y tenido taqwa (hubieran abandonado las acciones prohibidas por Allah y hubieran cumplido las acciones ordenadas), les habríamos abierto las bendiciones y los bienes de los cielos y de la tierra». (Sura 7, Al-A‘raf, aleya 96). Así vemos que toda acción de fe y taqwa trae bendición. Sin embargo, se ha mencionado en diversos hadices que Allah se complace más con las acciones de servicio a las criaturas y de beneficio para la humanidad, y que, por este tipo de acciones, concede a las personas una bendición especial en este mundo, además de la recompensa de la Otra Vida. También se dicen muchas afirmaciones inventadas sobre este tema. Por ejemplo, se afirma que, si se realizan las siguientes acciones, la persona puede hacerse rica y afortunada: 1. Llevar un anillo de piedra de ágata. 2. Cortarse las uñas el jueves. 3. Usar siempre zapatos o sandalias de madera. 4. Tener vinagre en casa. 5. Llevar zapatos amarillos. 6. Quien lleve un anillo de jamrud o de ágata nunca será pobre y estará siempre alegre. Del mismo modo, todas las afirmaciones según las cuales tal acción hace a la persona sana y fuerte, aumenta la memoria, otra acción deteriora la salud o la memoria, una acción mejora la vista, otra la debilita, una acción provoca la vejez, otra engorda el cuerpo y otra lo debilita, y afirmaciones similares, son inventadas.
2.16. Sobre la vestimenta y el arreglo personal
‘La vestimenta del Mensajero de Allah (ﷺ) y las normas de la vestimenta en el islam’ es un libro en el que expuse detalladamente los hadices auténticos, débiles y fabricados relacionados con la vestimenta. Aquí he mencionado algunos hadices fabricados o falsos sobre este tema. 2.16.1. Sobre la camisa y el pantalón 1. El Mensajero de Allah (ﷺ) tenía una sola camisa: Se narró de Abu Dardá: «El Mensajero de Allah (ﷺ) solo tenía una camisa. No tenía más de una camisa». (Tabarani, Al-Mu‘yam al-Awsat 6/31; Hayzami, Mayma‘ az-Zawa’id 5/121). El imán Bujari y otros expertos en hadices señalaron que el único narrador de este hadiz, Sa‘id ibn Maisara, solía inventar hadices falsos. (Dahabi, Mizan al-I‘tidal 3/233). A la luz de diversos hadices, parece que el Mensajero de Allah (ﷺ) vestía distintos tipos de camisas. El faldón de algunas llegaba hasta los tobillos; otras eran algo más cortas y llegaban por debajo de las rodillas. Las mangas de algunas llegaban hasta las puntas de los dedos, mientras que las de otras eran algo más cortas y llegaban hasta las muñecas. 2. No tenía botones en la camisa o tenía presillas de tela A partir de diversos hadices sabemos que la camisa del Mensajero de Allah (ﷺ) tenía botones, pero normalmente no los abrochaba. En varios hadices se dice que «los botones de su camisa» estaban abiertos. Esto parece indicar que su camisa (ﷺ) tenía tres botones o más. Por lo general, no abrochaba ninguno de ellos. Algunos han dicho que su camisa no tenía botones o que, en lugar de botones, tenía presillas hechas de tela. No conocemos ningún hadiz auténtico transmitido sobre este asunto. El imán Gazali (fallecido en 505 H.) escribió: «Los botones de su qamis y de su camisa estaban abrochados. A veces los dejaba desabrochados durante la oración y fuera de ella». (Gazali, Ihya ‘Ulum ad-Din 2/405). 3. Vestir el pantalón de pie o sentado En algunos libros se menciona que vestir el pantalón sentado es una sunna o una práctica decorosa. No he encontrado ningún hadiz auténtico ni débil sobre este asunto. Parece ser simplemente una opinión de los sabios de épocas posteriores. 2.16.2. Sobre el gorro 4. El turbante sobre el gorro es un signo del musulmán Los imanes Abu Dawud y Tirmizi recopilaron un hadiz por medio de su maestro Qutayba ibn Sa‘id. Ambos dicen: Qutayba nos narró que Muhammad ibn Rabi‘a le transmitió este hadiz de un hombre llamado Abu al-Hasan al-‘Asqalani; este, de un hombre llamado Ya‘far ibn Muhammad ibn Rukana; y este, de su padre: el Mensajero de Allah (ﷺ) luchó cuerpo a cuerpo con Rukana y lo venció. Rukana añadió: «Escuché al Mensajero de Allah (ﷺ) decir: “La diferencia entre nosotros y los politeístas es el turbante sobre el gorro”». (Tirmizi, As-Sunan 4/247; Abu Dawud, As-Sunan 4/55). El imán Tirmizi, después de mencionar este hadiz, explicó que su cadena de transmisión no era en absoluto fiable. Dijo que el único narrador del hadiz era Abu al-Hasan al-‘Asqalani, cuya identidad nadie conocía. Además, este afirmaba haber escuchado el hadiz del hijo de Rukana. No se sabe si Rukana tuvo un hijo, quién era ni qué clase de persona fue. Por ello, la cadena del hadiz no es aceptable en absoluto. El maestro del imán Tirmizi, el imán de los expertos en hadices, Bujari, también explicó la debilidad de este hadiz en su obra At-Tarij al-Kabir. Dijo que su cadena estaba compuesta por personas desconocidas y anónimas. Tampoco se sabe que alguno de ellos hubiera escuchado el hadiz de otro. (Bujari, At-Tarij al-Kabir 1/82). Los imanes Dahabi, ‘Ayluni y otros lo consideraron fabricado o inventado. (Hakim, Al-Mustadrak 3/511; Bayhaqi, Shu‘ab al-Iman 5/175; Dahabi, Mizan al-I‘tidal 6/145; ‘Ayluni, Kashf al-Jafa 2/95). Además, ‘Abd ar-Ra’uf al-Munawi, Mulla ‘Ali Qari, ‘Abd ar-Rahman Mubarakpuri, Shams al-Haqq ‘Azimabadi y otros expertos en hadices han explicado que el significado de este hadiz contradice la realidad. Puede tener dos significados: 1. Los politeístas llevan solamente gorro, mientras que nosotros llevamos gorro con turbante. 2. Los politeístas llevan solamente turbante, mientras que nosotros llevamos turbante sobre el gorro. Ambos significados contradicen las prácticas del Mensajero de Allah (ﷺ) y de sus compañeros, pues en diversos hadices vemos que a veces llevaban solo gorro y otras veces solo turbante. El imán Gazali (fallecido en 505 H.) dijo: «El Mensajero de Allah (ﷺ) a veces llevaba un gorro debajo del turbante. A veces llevaba solo el gorro, sin turbante. También llevaba solo el gorro sin turbante. Y llevaba solo el turbante sin gorro». (Ibn al-Qayyim, Zad al-Ma‘ad 1/130). 5. El gorro de cinco partes del Mensajero de Allah (ﷺ) Se narró de Abu Huraira: «Vi sobre la cabeza del Mensajero de Allah un gorro alto, dividido en cinco partes». El hadiz fue recopilado por el sabio Abu Nu‘aym al-Isfahani en su obra Musnad al-Imam Abi Hanifa. Dijo: ‘Abdullah ibn Muhammad ibn Ya‘far y Abu Ahmad al-Yuryani me narraron; Ahmad ibn ‘Abdullah ibn Yusuf nos narró; Abu Usama nos narró; Dahhak ibn Hayar nos narró; Abu Qatada al-Harrani nos narró que Abu Hanifa le dijo que ‘Ata’ lo había transmitido de Abu Huraira, quien narró este hadiz. (Abu Nu‘aym al-Isfahani, Musnad al-Imam Abi Hanifa, p. 137). Este hadiz es fabricado. Solo Qatada al-Harrani (fallecido en 207 H.) lo transmitió de Abu Hanifa. Nadie aparte de este al-Harrani pronunció estas palabras. Ninguno de los innumerables alumnos del imán Abu Hanifa narró este hadiz con esta formulación. Más bien, transmitieron lo contrario. Según las narraciones de los demás alumnos, el imán Abu Hanifa dijo que ‘Ata’ lo había transmitido de Abu Huraira: el Mensajero de Allah (ﷺ) tenía un gorro blanco sirio. (Mulla ‘Ali Qari, Sharh Musnad Abi Hanifa, p. 142). Así, hemos visto que, según las narraciones de los demás, el hadiz habla de un «gorro sirio», mientras que en la narración de Abu Qatada al-Harrani se habla de un «gorro de cinco partes». De ello entendemos que Abu Hanifa dijo «gorro sirio», como afirmaron todos sus alumnos, y que Abu Qatada se equivocó, voluntaria o involuntariamente, o leyó la palabra de forma alterada. Además, Abu Qatada era un narrador abandonado. El imán Bujari dijo que Abu Qatada al-Harrani era munkar al-hadiz. Cuando el imán Bujari calificaba a alguien de munkar al-hadiz, o «narrador censurable», quería decir que sabía que esa persona narraba hadices falsos. Sin embargo, en vez de llamarlo directamente mentiroso, utilizaba munkar al-hadiz u otras expresiones semejantes. Asimismo, este hadiz solo fue transmitido de Abu Qatada al-Harrani por Dahhak ibn Huyur. La kunya de este Dahhak ibn Huyur era Abu ‘Abdullah al-Manibiyi. También era un narrador extremadamente débil. El imán Dar Qutni y otros expertos en hadices señalaron que inventaba hadices falsos. (Imán Bujari, At-Tarij al-Kabir 5/219; Dahabi, Mizan al-I‘tidal 4/319; Ibn Hayar al-‘Asqalani, Lisan al-Mizan 7/72). Por ello, el sabio Abu Nu‘aym al-Isfahani, al mencionar el hadiz, dijo: «Este hadiz solo fue transmitido por Dahhak de Abu Qatada. Nadie más lo transmitió de Abu Hanifa ni de Abu Qatada». (Abu Nu‘aym, Musnad al-Imam Abi Hanifa, p. 137). 2.16.3. Sobre el turbante 6. La longitud del turbante ¿Cuántos codos debe medir el turbante o cuál es la sunna respecto a su longitud? Circulan muchas afirmaciones sobre este asunto. Todas carecen de fundamento o son meras conjeturas. Ningún hadiz menciona cuál era la longitud del turbante del Mensajero de Allah (ﷺ). (‘Azimabadi, ‘Awn al-Ma‘bud 11/89). 7. Ponerse el turbante de pie En algunos libros se menciona que ponerse el turbante de pie es una sunna o una práctica decorosa. No he encontrado ningún hadiz auténtico ni débil sobre este asunto. También parece ser una opinión de los sabios de épocas posteriores. (Munawi, Fayd al-Qadir 4/362). 8. El color del turbante: turbantes blancos y verdes El Mensajero de Allah (ﷺ) llevaba la mayor parte del tiempo un turbante negro. Vemos en los hadices que utilizaba un turbante negro en Medina, durante los viajes y en la guerra, en todas partes. Algunos sabios de los siglos octavo y noveno de la hégira mencionaron que el Mensajero de Allah (ﷺ) utilizaba un turbante negro mientras estaba en Medina. No presentaron ninguna prueba ni hadiz en apoyo de esta afirmación. Por ello, el célebre experto en hadices del siglo noveno de la hégira, el imán Sajawi (fallecido en 902 H.), calificó esta afirmación de infundada. (Muhammad ibn Yusuf ash-Shami, As-Sira ash-Shamiya 7/276). Sabemos que el turbante es una cuestión de vestimenta y de asuntos mundanos. Por tanto, sin una instrucción clara de los hadices no podemos declarar ilícito ningún color. Sin embargo, para afirmar que un color es una sunna se necesita una prueba. En diversos hadices se fomenta en general vestir de verde. Pero no sabemos que el Mensajero de Allah (ﷺ) haya utilizado alguna vez el color verde para su turbante. Tampoco hemos encontrado ningún hadiz auténtico ni débil que diga que los ángeles llevaran alguna vez turbantes verdes. Del mismo modo, no sabemos que él haya llevado alguna vez un turbante blanco. En una narración israelita sin cadena se dice que el tabi‘i Ka‘b al-Ahbar dijo: «Cuando Jesús descienda a la tierra, llevará un turbante verde sobre la cabeza». (Munawi, Fayd al-Qadir 2/538). 9. Las virtudes del turbante Diversos hadices indican que el Mensajero de Allah (ﷺ) y sus compañeros utilizaban turbantes. Sin embargo, no existe ningún hadiz auténtico que fomente su uso. Todo lo que se ha narrado y difundido sobre este asunto carece de fundamento, es inventado o extremadamente débil. Los hadices sobre este tema pueden dividirse en dos clases: primero, los que fomentan llevar turbante como vestimenta ordinaria; segundo, los que fomentan realizar la oración llevando turbante. Todos los hadices narrados con ambos significados son extremadamente débiles y cercanos a lo fabricado. En particular, todos los hadices narrados con el segundo significado son indudablemente falsos e inventados. Cabe señalar que en el libro ‘La vestimenta del Mensajero de Allah (ﷺ)’ expuse detalladamente las cadenas de transmisión de todos estos hadices. También presenté la identidad de los falsificadores mentirosos de cada cadena. Aquí los he mencionado brevemente. El lector interesado podrá consultar el resto de la explicación en el libro sobre la vestimenta. Primero: el turbante por belleza y dignidad Entre los hadices falsos o extremadamente débiles narrados para fomentar el uso del turbante como símbolo de belleza y dignidad se encuentran los siguientes: 9.1. El turbante aumenta la paciencia y es la corona de los árabes En un hadiz fabricado se dice: «Llevad turbante; con ello aumentará vuestra paciencia. El turbante es la corona o diadema real de los árabes». (Hakim, Al-Mustadrak 4/214; Bayhaqi, Shu‘ab al-Iman 5/175; Sajawi, Al-Maqasid 297). 9.2. El turbante es la corona de los árabes; quitárselo significa la derrota En otro hadiz fabricado se dice: «El turbante es la corona de la nación árabe. Cuando se quiten el turbante, también perderán su dignidad, o Allah destruirá su dignidad». (Ibídem). 9.3. El turbante es la corona del musulmán: ve a la mezquita con turbante o con la cabeza descubierta En otro hadiz fabricado se dice: «Venid a la mezquita con la cabeza completamente descubierta y venid con turbante, banda o pañuelo en la cabeza (es decir, si hay oportunidad y facilidad, id a la mezquita con turbante en vez de hacerlo con la cabeza descubierta); porque el turbante es la corona del musulmán». (Ibn ‘Adi, Al-Kamil 6/417-419; Albani, Da‘if al-Yami‘, p. 6; Ad-Da‘ifa 3/459). 9.4. El turbante es la solemnidad del creyente y la dignidad de los árabes En otro hadiz extremadamente débil y falso se dice: «El turbante es la solemnidad del creyente y la dignidad de los árabes. Cuando los árabes abandonen el turbante, su dignidad desaparecerá». (‘Ayluni, Kashf al-Jafa 2/94; Albani, Maqalat, p. 134). 9.5. El turbante es la corona de los árabes y sentarse envolviendo las piernas y la espalda es su defensa Otro hadiz fabricado dice: «El turbante es la corona de los árabes; sentarse envolviendo las dos piernas y la espalda con una tela es su defensa». (Bayhaqi, Shu‘ab al-Iman 5/176; Sajawi, Al-Maqasid, p. 297). 9.6. Luz por cada vuelta del turbante en el Día de la Resurrección Otro hadiz fabricado dice: «La diferencia entre los politeístas y nosotros es el turbante sobre el gorro. En el Día de la Resurrección se otorgará luz por cada vuelta o pliegue del turbante sobre la cabeza». (Munawi, Fayd al-Qadir 4/392; Albani, Maqalat, p. 131). 9.7. Llevad turbante y diferenciaos de las naciones anteriores Otro hadiz débil o fabricado dice: «Llevad turbante y diferenciaos de las naciones que os precedieron». (Bayhaqi, Shu‘ab al-Iman 5/176). 9.8. Honor mediante el turbante y las banderas Otro hadiz débil o fabricado dice: «Allah honró a esta comunidad mediante el turbante y las banderas o estandartes». (Sa‘id ibn Mansur, As-Sunan 2/246). 9.9. El turbante es la vestimenta de los ángeles Otro hadiz fabricado dice: «Llevad turbante, pues el turbante es el signo o la vestimenta de los ángeles. Y dejad caer hacia atrás el extremo del turbante». (Bayhaqi, Shu‘ab al-Iman 5/176; Dahabi, Mizan al-I‘tidal 1/315, 6/294, 7/204; ‘Ayluni, Kashf al-Jafa 2/94). 9.10. El turbante es una barrera entre la incredulidad y la fe Un hadiz fabricado atribuido a ‘Ali dice: «El día de Gadir Jum, el Mensajero de Allah (ﷺ) me puso un turbante y dejó caer su extremo por detrás. Después dijo: “En los días de Badr y Hunayn, Allah me ayudó mediante ángeles que llevaban turbantes de esta manera”. También dijo: “El turbante es una barrera entre la incredulidad y la fe”». (Bayhaqi, As-Sunan al-Kubra 10/14; Dahabi, Mizan al-I‘tidal 1/426, 4/67; Al-Mugni 1/91, 1/333, 2/784). Los expertos en hadices coinciden respecto a la mayoría de estos hadices en que son palabras inventadas por mentirosos. Existe una pequeña discrepancia respecto a uno o dos de ellos. Algunos los describieron como hadices falsos; otros, sin llamarlos directamente falsos, los calificaron de extremadamente débiles. (Sajawi, Al-Maqasid, pp. 297-298; ‘Ayluni, Kashf al-Jafa 2/94). Segundo: las virtudes de rezar con turbante Nunca se encuentra en ninguna parte que el Mensajero de Allah (ﷺ) o sus compañeros se pusieran el turbante exclusivamente para rezar. La cuestión es: ¿existe alguna recompensa adicional por rezar con turbante? Se han transmitido varios hadices sobre este asunto, y los expertos en hadices coinciden en que todos son inventados. Se ha demostrado que fueron fabricados por narradores conocidos por sus mentiras. Aquí los menciono brevemente. Para una explicación detallada, véase el libro sobre la vestimenta. 9.11. Las virtudes de llevar un turbante blanco el viernes Una afirmación falsa transmitida de Anas ibn Malik dice: «Hay ciertos ángeles de Allah apostados el viernes en la puerta de la mezquita principal; piden a Allah perdón para quienes llevan turbantes blancos». (Jatib al-Bagdadi, Tarij Bagdad 14/206; Ibn Hayar al-‘Asqalani, Lisan al-Mizan 6/261). 9.12. Las virtudes de llevar turbante el viernes Una afirmación falsa atribuida a Abu Darda dice: «Allah y Sus ángeles envían bendiciones (misericordia y salutaciones) sobre quienes llevan turbante el viernes». (Dahabi, Mizan al-I‘tidal 1/463; Ibn Hayar, Lisan al-Mizan 1/488; ‘Ayluni, Kashf al-Jafa 2/95). 9.13. Dos unidades de oración con turbante frente a setenta sin turbante Un hadiz fabricado atribuido a Yabir dice: «Dos unidades de oración con turbante son mejores que setenta unidades sin turbante o con la cabeza descubierta». (Sajawi, Al-Maqasid, p. 298; ‘Ayluni, Kashf al-Jafa 2/33, 95). 9.14. La oración con turbante vale veinticinco veces y la oración del viernes con turbante setenta veces Una afirmación fabricada transmitida de Ibn ‘Umar dice: «Una oración con turbante equivale a veinticinco oraciones, y una oración del viernes con turbante equivale a setenta oraciones del viernes». (Sajawi, Al-Maqasid, p. 298; Mulla Qari, Al-Asrar, p. 147; ‘Ayluni, Kashf al-Jafa 2/33, 95). 9.15. Diez mil recompensas por rezar con turbante Los mentirosos difundieron, atribuyéndolo a Anas ibn Malik: «Rezar con turbante contiene diez mil recompensas». (Sajawi, Al-Maqasid, p. 298; Mulla Qari, Al-Asrar, p. 147; ‘Ayluni, Kashf al-Jafa 2/33, 95). Así, los expertos en hadices coinciden en que todo lo transmitido sobre «las virtudes de rezar con turbante» son palabras falsas e inventadas. 2.16.4. Arreglo y limpieza 10. El momento de vestir ropa nueva No existe ninguna narración fiable que indique que el Mensajero de Allah (ﷺ) prefiriera algún momento concreto para vestir ropa nueva. Se transmitió el siguiente hadiz, que los expertos en hadices consideraron fabricado: «Cuando el Mensajero de Allah (ﷺ) vestía ropa nueva, lo hacía el viernes». (Jatib al-Bagdadi, Tarij Bagdad 4/136; Ibn Hayar, Tahdib 9/228; Albani, Da‘if al-Yami‘, p. 629). 11. Recortar la barba El imán Tirmizi dice en su Sunan: Hannad nos narró; ‘Umar ibn Harun nos narró; él, de Usama ibn Zayd; este, de ‘Amr ibn Shu‘ayb; este, de su padre; y este, de su abuelo: «El Mensajero de Allah (ﷺ) recortaba su barba tanto en longitud como en anchura». El imán Tirmizi, después de citar el hadiz, dijo: «Este hadiz es garib (débil). Escuché a Muhammad ibn Isma‘il (el imán Bujari) decir que ‘Umar ibn Harun era un narrador aceptable en cierta medida. Todos los hadices suyos que escuché tenían algún fundamento. Pero este hadiz no tiene fundamento alguno. Y no se conoce este hadiz por ninguna otra cadena aparte de ‘Umar ibn Harun». (Tirmizi, As-Sunan 5/94). De la explicación del imán Tirmizi podemos conocer tres cuestiones. (1) Este hadiz no fue transmitido por ninguna cadena aparte de ‘Umar ibn Harun. Solo él afirma que Usama ibn Zayd al-Layzi le transmitió este hadiz. (2) Según el imán Bujari, ‘Umar ibn Harun no era un narrador completamente abandonado. (3) Aunque se encuentran fundamentos para los demás hadices de ‘Umar ibn Harun, este hadiz carece totalmente de fundamento. Muchos otros expertos en hadices discreparon del imán Bujari respecto al segundo punto. Una breve explicación del asunto nos ayudará a comprender claramente el método de análisis de los expertos en hadices y sus discrepancias sobre esta cuestión. ‘Umar ibn Harun ibn Yazid al-Balji (fallecido en 194 H.) era un conocido experto en hadices del siglo segundo de la hégira. También se distinguía por defender firmemente la doctrina de los expertos en hadices y de Ahl as-Sunna frente a los murji’ah. Por ello, muchos expertos en hadices lo apreciaban. Sin embargo, observaron que atribuía a algunos de sus maestros muchos hadices que ningún otro alumno de esos maestros transmitía. El análisis comparativo de los expertos en hadices puso esto de manifiesto. Los expertos discreparon al determinar la causa. Debido a su fama y a su oposición a las innovaciones, muchos expertos en hadices tenían una buena opinión de él. Para explicar sus narraciones aisladas, dijeron que quizá, al memorizar muchos hadices, cometía errores involuntarios en algunos de ellos. Según estos, no mentía deliberadamente. Entre ellos estaban el imán Bujari y algunos otros expertos en hadices. Por otro lado, muchos otros expertos en hadices lo consideraron un mentiroso deliberado. Su análisis puso al descubierto sus mentiras. Uno de ellos fue el célebre experto contemporáneo en hadices ‘Abdullah ibn al-Mubarak (fallecido en 181 H.). Dijo: «Viajé a La Meca para aprender hadices del imán Ya‘far as-Sadiq (fallecido en 148 H.), pero murió antes de que yo llegara, por lo que no pude aprender nada de él. ‘Umar ibn Harun llegó a La Meca después de mí. Aun así, afirma que aprendió muchos hadices del imán Ya‘far as-Sadiq. Esto demuestra que es un mentiroso». ‘Abd ar-Rahman ibn Mahdi (fallecido en 194 H.) dijo: «‘Umar ibn Harun vino a nosotros y narró muchos hadices de Ya‘far ibn Muhammad (el imán Ya‘far as-Sadiq). Entonces calculamos las fechas del nacimiento de ‘Umar ibn Harun y de su viaje a La Meca para estudiar hadices. Descubrimos que Ya‘far murió antes de que ‘Umar viajara a La Meca». (‘Umar nació aproximadamente en 125/130 H., y Ya‘far as-Sadiq murió en 148 H. Durante ese periodo, ‘Umar no salió a estudiar hadices). El imán Ahmad ibn Hanbal dijo: «En una ocasión, ‘Umar ibn Harun narró algunos hadices. Más tarde narró esos mismos hadices atribuyéndolos a otros maestros y con otras cadenas. Por eso rechazamos sus hadices». Mediante este tipo de análisis, les quedó claro que ‘Umar ibn Harun mentía deliberadamente al transmitir hadices. Entre los demás expertos que lo calificaron de mentiroso o abandonado están Yahya ibn Sa‘id al-Qattan, Yahya ibn Ma‘in, Nasa’i, Salih Yazara, Abu Nu‘aym, Ibn Hibban e Ibn Hayar. (Ibn Hayar, Tahdib 7/441-443; Taqrib, p. 417). Por ello, algunos expertos en hadices consideraron fabricado este hadiz. (Albani, Da‘if al-Yami‘, p. 653; Ad-Da‘ifa 1/456-457). Cabe mencionar que se ha transmitido mediante cadenas aceptables de compañeros como ‘Abdullah ibn ‘Umar y Abu Huraira que, después del hayy o de la ‘umra, cuando se afeitaban la cabeza, sujetaban la barba con el puño y cortaban lo que sobresalía del puño. (Bujari, As-Sahih 5/2209; Bayhaqi, As-Sunan al-Kubra 5/104; Ibn Hayar, Fath al-Bari 10/350). Por ello, algunos juristas dijeron que está permitido cortar la barba que exceda de un puño. Otros juristas dijeron que, por larga que sea, no debe recortarse; solo pueden recortarse los pelos desordenados. 12. El anillo y las propiedades de las piedras Entre los innumerables hadices falsos e inventados difundidos en la sociedad se encuentran los que describen las propiedades de diversas piedras. Entre los distintos medios satánicos que destruyen la fe del musulmán se encuentran la astrología y los grupos de astrólogos embaucadores extendidos por todos los rincones de la sociedad. En varios hadices auténticos se narra que quien visita a un astrólogo o adivino, o cree en sus palabras, se convierte en incrédulo y pierde su fe. Aquí no es posible tratar este tema. Una de las muchas imposturas de los astrólogos consiste en determinar qué piedra debe llevarse. Aconsejan a distintas personas usar anillos con diferentes piedras. Algunos incluso citan hadices sobre ello. Creer que las piedras poseen poder para atraer el bien o el mal contradice la fe. Esta creencia entró en la sociedad musulmana desde diversas sociedades no musulmanas. Los expertos en hadices coinciden en que todos los hadices sobre las propiedades de las piedras son inventados. Ningún hadiz transmitido sobre piedras como la esmeralda, el rubí, el crisólito, el ágata y otras es fiable. (Mulla Qari, Al-Asrar, pp. 93-94; Al-Masnu‘, p. 51). 13. Setenta veces más recompensa al rezar con un anillo Un hadiz fabricado sobre las virtudes del anillo dice: «Rezar llevando un anillo proporciona setenta veces más recompensa que rezar sin anillo». Los expertos en hadices coinciden en que este hadiz es una afirmación infundada e inventada. Está demostrado mediante hadices auténticos que el Mensajero de Allah (ﷺ) utilizó un anillo. Sin embargo, no existe ningún hadiz auténtico que fomente llevarlo. (Sajawi, Al-Maqasid, p. 271; Mulla Qari, Al-Asrar, p. 146; Al-Masnu‘, p. 87; Zarquani, Mujtasar al-Maqasid, p. 125). 14. Normas para cortar las uñas Cortarse las uñas con regularidad es una norma del islam y una sunna. El Mensajero de Allah (ﷺ) no enseñó ningún día específico para cortarlas. En diversos libros se han descrito distintas maneras de cortar las uñas, cortarlas en sentido inverso, comenzar por una uña determinada y terminar por otra, cortarlas o no en determinados días, así como las virtudes o consecuencias de todo ello. Todas estas son normas introducidas en épocas posteriores. Los expertos en hadices coinciden en que todo lo difundido sobre este tema es inválido, inventado y falso. Observar estas normas para cortar las uñas también contradice la sunna. El Mensajero de Allah (ﷺ) ordenó cortarse las uñas, pero no enseñó ningún método ni día específico. Por tanto, basta con cortarlas cualquier día y de cualquier manera para cumplir esta orden. Imaginar una virtud especial en cortarse las uñas en un día o de una forma determinada equivale a considerar incompleta la enseñanza del Mensajero de Allah (ﷺ) y atreverse a completarla. Que Allah nos conceda la capacidad de vivir conforme a la sunna auténtica. (Sajawi, Al-Maqasid, pp. 313, 421; Mulla ‘Ali Qari, Al-Asrar, pp. 170, 241).
2.17. Sobre la comida y la bebida
1. No hablar mientras se come Todo lo que se dice con el sentido de que está prohibido hablar mientras se come o de que no se debería hablar es inventado. No solo es inventado, sino que contradice los hadices auténticos. En diversos hadices auténticos se ha narrado que el Mensajero de Allah (ﷺ) y los Compañeros conversaban y contaban diferentes historias mientras comían. (Sakhawi, Al-Maqasid, p. 460; Mulla Ali Qari, Al-Asrar, p. 265; al-Ajluni, Kashf al-Jafa 2/488; Zarquani, Mukhtasar al-Maqasid, p. 203). 2. No saludar durante la comida La creencia extendida es que no está bien saludar mientras se come. Se dice: «No se debe saludar a quien está comiendo». Sakhawi, Mulla Qari y Ajluni dicen que estas palabras no tienen ninguna existencia en los hadices. Sin embargo, si alguien tiene comida en la boca, es mejor no saludarlo. Si en esa situación alguien lo saluda, no estará obligado a responder. (Sakhawi, Al-Maqasid, p. 460; Mulla Ali Qari, Al-Asrar, p. 265). 3. Curación mediante los restos de comida de un creyente Otra afirmación inventada y extendida dice: «En los restos de comida de un creyente hay curación, o en la saliva de la boca de un creyente hay curación». Esta afirmación nunca es un hadiz ni una palabra del Mensajero de Allah (ﷺ) . (Sakhawi, Al-Maqasid, p. 241; Mulla Ali Qari, Al-Asrar, p. 129). Comer de los restos de comida de un creyente no es una curación, pero sí forma parte de la etiqueta islámica. El Mensajero de Allah (ﷺ) , sus Compañeros y los musulmanes de las generaciones posteriores comían juntos del mismo recipiente y bebían agua del mismo recipiente. Esta costumbre aún está extendida en Arabia y Europa. En nuestro país, debido al sistema de castas y a la práctica de la intocabilidad de la India, se considera repugnante comer de los restos de comida de otra persona. Estas son actitudes contrarias al islam. 4. Curación por comer sal antes y después de la comida Otro hadiz falso extendido en nuestra sociedad dice: «Cuando comas, comienza con sal y termina con sal, porque la sal es un remedio para setenta tipos de enfermedades…». Los especialistas en hadices coinciden en que estas palabras son falsas e inventadas. (Hayzami, Zawa’id Musnad al-Harith 1/526; Daylami, Al-Firdaws 3/33; Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at 2/192). 5. La virtud del dastarkhan rojo Entre las personas religiosas de nuestro país es famosa como «sunnah» la costumbre de comer sobre un dastarkhan rojo. No se encuentra ningún hadiz auténtico ni débil que indique que el Mensajero de Allah (ﷺ) utilizara alguna vez un dastarkhan rojo o alentara a utilizar uno semejante. Sobre este asunto circulan muchas afirmaciones inventadas. Una de ellas es la siguiente: «El Honorable Mensajero Aceptado (ﷺ) … utilizaba un dastarkhan rojo. … Quien come sobre un dastarkhan rojo recibirá cien recompensas por cada bocado y se le asignarán cien puertas del Paraíso. Esa persona recibirá siempre en el Paraíso miles de saludos y bendiciones de Isa (la paz sea con él) y de los demás profetas… Después, el Honorable juró y relató: “Juro por el Dios en cuya mano está mi vida: quien coma pan sobre un dastarkhan rojo recibirá la recompensa de una peregrinación menor y la recompensa de alimentar hasta saciar a mil hambrientos. Recibirá tanta recompensa como si hubiera liberado a mil cautivos de mi comunidad…”». También se han presentado muchas otras historias extravagantes, absurdas e inventadas, junto con listas de recompensas. (Shaij Muinuddin Chishti, Anisul Arwah, pp. 30-31). Cabe señalar aquí que entre nosotros existen muchas otras ideas erróneas o infundadas acerca del dastarkhan. El Mensajero de Allah (ﷺ) utilizaba un dastarkhan. Sin embargo, no se ha transmitido de él, con una cadena auténtica, ninguna orden ni recomendación de utilizarlo. Tampoco objetó que se comiera sin dastarkhan. Pero normalmente damos al dastarkhan tanta importancia que no damos una importancia semejante a muchos deberes ordenados en el Corán y los hadices, ni a muchos actos prohibidos. Además, como entendemos que el Mensajero de Allah (ﷺ) utilizaba un dastarkhan, pensamos que comía como nosotros, colocando sobre él platos, cuencos y otros utensilios. Esta idea no es correcta. En su época se utilizaba un dastarkhan de cuero, o «sufra», y sobre él se colocaban directamente alimentos como dátiles, queso y ghi, sin ningún plato, cuenco, recipiente ni otro utensilio. Cuando era necesario, estos alimentos se mezclaban sobre el propio dastarkhan y se comía de allí. (Bujari, As-Sahih 5/2059).
2.18. Sobre el matrimonio, la familia, la sociedad y otros asuntos
2.18.1. Matrimonio, familia y vida conyugal La familia es una parte sumamente importante del sistema de vida islámico. En diversos hadices auténticos se han transmitido muchas instrucciones del Mensajero de Allah ( respecto a la formación de la familia, las responsabilidades mutuas de sus miembros, los deberes, la solidaridad, las responsabilidades mutuas entre el esposo y la esposa, y la virtud de disfrutar y sentir satisfacción en la vida conyugal, entre otros asuntos.ﷺ) Junto a ellas, circulan en la sociedad innumerables dichos inventados, infundados, falsos o débiles atribuidos a los hadices. Lo más sorprendente es que, dejando de lado los hadices auténticos de las célebres compilaciones de hadices, escribimos en diversos libros o repetimos oralmente innumerables dichos inventados y sin cadena de transmisión. Debido a la extensión del libro, no es posible mencionar los hadices auténticos sobre los distintos temas. Solo mencionaremos brevemente algunos dichos inventados. 1. Dos rak‘at del casado equivalen a 70 rak‘at del soltero Un hadiz falso muy difundido: «Dos rak‘at del casado son mejores que 70 rak‘at del soltero». 2. Dos rak‘at del casado equivalen a 82 rak‘at del soltero Otro hadiz falso muy difundido: «Dos rak‘at del casado son mejores que 70 rak‘at del soltero». El Corán y los hadices ordenan contraer matrimonio y también mencionan su virtud. Sin embargo, estos dos hadices son falsos e inventados. (Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at 2/164; al-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 6/21; Ibn Hayar, Lisan al-Mizan 5/15). 3. Esparcir dátiles en la ceremonia nupcial, recogerlos o disputárselos Se han transmitido varios hadices sobre este asunto. Ninguno de ellos es auténtico. Sus cadenas de transmisión son sumamente débiles y contienen narradores mentirosos. Por ello, los especialistas en hadices los consideraron falsos. (Al-Tabarani, Al-Awsat 1/44; Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at 2/170-172; al-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal 2/23; Ibn Hayar, Lisan al-Mizan 2/19). 4. Restricciones relativas a las relaciones conyugales Así como el islam prohíbe estrictamente las relaciones fuera del matrimonio, también anima a los cónyuges a disfrutar de toda la alegría, el júbilo, la diversión y la emoción de su vida y juventud. El islam no ha prohibido ni declarado ilícitos ningún día, fecha, día de la semana, fase lunar, momento, instrumento o método para el disfrute natural de la pareja. Entre el esposo y la esposa no existe ningún tipo de velo ni hay prohibición de mirarse o tocarse. En muchos hadices falsos, infundados e inventados que circulan se han difundido diversas mentiras sobre las relaciones conyugales: que no se deben mantener relaciones en tal momento, tal día, tal día de la semana, tal noche o tal fase lunar, porque ello causaría cierto daño o provocaría cierta enfermedad en el hijo, etc. O que no se deben mantener relaciones de tal manera o en tal postura, pues se produciría cierto daño o el hijo padecería determinada afección, etc. O que durante las relaciones no se debe hablar, mirar ni tocar; de lo contrario, aparecería cierta enfermedad o se produciría cierto daño, etc. O que, según el momento, el día de la semana o la fase lunar en que se mantengan relaciones, el hijo será afortunado o desgraciado. Todo esto son mentiras, invenciones y falsedades. En un hadiz auténtico se ha transmitido que entre los judíos de Medina circulaban algunas supersticiones de este tipo. Entonces Allah, el Altísimo, reveló en el Noble Corán la aleya 223 de la sura Al-Baqara, refutando todas esas supersticiones. (Muslim, Al-Sahih 2/1059; Ibn Kathir, Tafsir 1/262; Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at 2/175-176; al-Albani, Da‘ifa 1/351-356). 5. El Paraíso de la esposa está bajo los pies del esposo En un libro muy difundido se encuentra: «El Profeta (ﷺ) dijo: “El Paraíso de las esposas está bajo los pies de sus esposos”». (Maw. Ghulam Rahman, Maqsudul Mu’minin, p. 328). Este dicho es infundado e inventado. No se conoce que haya sido transmitido del Mensajero de Allah ( en ninguna cadena auténtica, débil o fabricada.ﷺ) De las enseñanzas del Corán y los hadices se entiende que el Paraíso de ambos cónyuges está en manos de ambos. Solo mediante el cumplimiento de las responsabilidades mutuas y la restitución de los derechos de cada uno es posible obtener la complacencia de Allah. 6. La recompensa por el embarazo y el parto En diversos lugares del Noble Corán se mencionan especialmente el honor del embarazo, la lactancia y otros asuntos relacionados con el vientre materno. En los hadices se habla en términos generales de la recompensa por mantener el hogar, criar a los hijos y otras tareas semejantes. Sin embargo, los falsificadores, conforme a su costumbre, inventaron muchos hadices atribuyendo recompensas y virtudes extraordinarias y específicas a cada acto o situación. Estos dichos circulan en nuestra sociedad. Incluso se imprimen diversos carteles, calendarios y otras publicaciones con estas afirmaciones infundadas. En un libro muy difundido se encuentra: «El Profeta (ﷺ) dijo un día, dirigiéndose a las mujeres: “Cuando una mujer queda embarazada de su esposo, desde ese momento hasta que comienzan los dolores del parto recibe continuamente la recompensa de ayunar durante el día y realizar oraciones voluntarias durante la noche. Cuando comienzan los dolores del parto, Allah, el Exaltado, guarda para ella en el Paraíso cosas cuyo paradero nadie entre los habitantes de la tierra, del cielo, del Paraíso o del Infierno conoce. Cuando da a luz, por cada sorbo de leche que dé hasta el destete, Allah, el Exaltado, le concede una buena acción. Si muere durante ese período, alcanzará el rango de los mártires. Y si tiene que permanecer despierta alguna noche por su hijo, Allah le concede, a cambio de esa vigilia, la recompensa de liberar a 70 esclavos. Después también dijo que estas recompensas solo se concederán a aquellas mujeres que, obedeciendo siempre la orden de Allah y la de su esposo, hayan podido formar parte de las mujeres virtuosas. A las mujeres desobedientes de Allah y de sus esposos nunca se les concederán esas recompensas”». (Maw. Ghulam Rahman, Maqsudul Mu’minin, pp. 331-332). Este dicho es una traducción caprichosa de un hadiz falso. (Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at 2/178; al-Suyuti, Al-La’ali 2/174-175; Ibn ‘Iraq, Tanzih 2/203-204, 211). Además, se han escrito bajo el nombre de hadices muchas otras afirmaciones extravagantes, falsas, inventadas e infundadas, llenando de tinta página tras página de estos libros. La mayoría de las cosas escritas en ellos bajo el nombre de hadices son inventadas y falsas. 2.18.2. La virtud de la edad y el respeto a los ancianos El Corán y los hadices enseñan diversas normas de cortesía social. Una de ellas es respetar a los ancianos. En varios hadices se ordena dar prioridad a quien tenga más edad para hablar, entregarle antes un objeto o concederle preferencia en actos sociales y honores semejantes. En general, se ordena respetar a las personas mayores y ancianas. Entre los hadices auténticos sobre este asunto se encuentra: «Quien no muestra compasión por los pequeños de entre nosotros ni reconoce el derecho de nuestros mayores (es decir, no respeta a nuestros mayores), no pertenece a nuestro grupo». (Al-Hakim, Al-Mustadrak 1/131; al-Tirmidhi, Al-Sunan 4/321-322). En otro hadiz, el Mensajero de Allah (ﷺ) dijo: «Forma parte de venerar a Allah honrar al musulmán anciano de cabello y barba blancos…». (Abu Dawud, Al-Sunan 4/261; al-Albani, Sahih al-Yami‘ 1/438). 1. Honrar al anciano es honrar a Allah Sin embargo, como en otros asuntos, los falsificadores también inventaron hadices sobre este tema. Entre los hadices falsos y sumamente débiles relacionados con él se encuentra: «Honrad a los jeques o a los ancianos, pues honrar a los ancianos forma parte de honrar a Allah». El significado de este hadiz se aproxima al de los hadices fiables mencionados anteriormente. Pero ningún hadiz con estas palabras fue transmitido por el Mensajero de Allah (ﷺ) Por ello, los especialistas en hadices coinciden en que el hadiz con esta formulación es falso. (Ibn ‘Iraq, Tanzih al-Shari‘a 207). 2. El anciano de una tribu es como un profeta entre la comunidad Otro hadiz falso sobre este asunto dice: «El jeque o anciano respetable de un pueblo o tribu es como un profeta entre la comunidad». (Ibn ‘Iraq, Tanzih al-Shari‘a 207-208). En la época del Mensajero de Allah (ﷺ) y durante varios siglos posteriores, la palabra jeque tenía dos significados. El primero era «anciano». Este es el significado literal o habitual original de la palabra. El segundo era «jefe de la tribu». En épocas posteriores también se llamó jeques a los venerables sufíes. La palabra persa «pir» tiene este mismo significado. Después de que la palabra «jeque» comenzara a utilizarse en un tercer sentido, algunas personas, sin ser conscientes de la falsificación de este hadiz, también citaron este hadiz falso como prueba de la dignidad de los jeques de la tariqa o de los pires y maestros espirituales. Sabemos que los pires y maestros espirituales poseen dignidad como siervos piadosos y como maestros o guías en el camino de Allah. Sin embargo, este hadiz falso no tiene ninguna relación con su dignidad. 3. Perdonar el castigo del anciano y la anciana de cabello canoso Esta es otra afirmación inventada de ese tipo. Allah dice: «Me avergüenza castigar en el Infierno a Mis siervos después de que sus cabellos y barbas hayan encanecido en el islam». (Ibn ‘Iraq, Tanzih al-Shari‘a 204-205). Otra afirmación inventada de este tipo es: «Cuando alguien alcanza los 60 años en el islam, Allah hace que el Infierno le sea ilícito». (Ibn ‘Iraq, Tanzih al-Shari‘a 227). 4. Si no se es bueno a los 40 años, prepararse para el Infierno Otra afirmación inventada: «Quien alcanza los cuarenta años y, aun así, no tiene más bondad que maldad, que se prepare para el Infierno». (Ibn ‘Iraq, Tanzih 1/205-206).
2.19. Sobre la lengua, las profesiones y otros temas
Islam es la religión, la fe o el modo de vida elegido por Allah para las personas de todas las épocas, lenguas y sociedades. Aquí no existe superioridad ni inferioridad en la dignidad debido a la lengua, el color, el país, la tribu, el linaje o la época. Esto se ha afirmado repetidamente en el Corán y los hadices. Desde el siglo II de la Hégira, muchos falsificadores, aprovechándose de las divisiones étnicas, lingüísticas, profesionales y otras, inventaron diversos hadices a favor de unos y en contra de otros. Algunos inventaron dichos a favor de la lengua árabe y en contra de la lengua persa. Otros hicieron lo contrario. Del mismo modo, se inventaron hadices a favor y en contra de los árabes, persas, turcos, negros, romanos, griegos, africanos y de otros pueblos y razas. También se inventaron hadices a favor y en contra de diversas profesiones, como los orfebres, tejedores, pescadores, barberos y otras. El examen y la investigación de las cadenas de transmisión han puesto al descubierto la falsificación de estos hadices. Además, son contrarios a los valores islámicos. El único criterio de la dignidad humana es la taqwa, es decir, la piedad y la honestidad. Condenar a alguien o considerarlo inferior a otro por su profesión, lengua, color, tribu o linaje contradice las claras enseñanzas del Corán y los hadices. Entre estos hadices falsos se encuentran los siguientes: 1. Amar a los árabes por tres razones El árabe es la lengua del Corán y la lengua del Mensajero de Allah (ﷺ) . Por ello, naturalmente, todos los creyentes aman la lengua árabe. Aprovechándose de este amor natural por la lengua, los falsificadores inventaron muchos hadices sobre la virtud de amar a los árabes. Un hadiz muy difundido dice: «Amad a los árabes por tres razones: yo soy árabe, la lengua del Corán es el árabe y la lengua del Paraíso es el árabe». La mayoría de los muhaddizun han identificado estas palabras como un hadiz inventado y falso. Algunos las han clasificado como débiles. Al examinar la cadena de transmisión, se entiende que estas palabras son inventadas. (Al-Hakim, Al-Mustadrak, 4/97-98; Al-Suyuti, Al-La’ali, 1/442; Al-Sajawi, Al-Maqasid, pp. 45-46; Al-Albani, Da‘ifa, 1/293). 2. El grave delito de hablar persa Al-Hakim al-Naysaburi citó en su obra Al-Mustadrak, a través de Anas (que Allah esté complacido con él), el siguiente hadiz del Mensajero de Allah (ﷺ): «Si alguien habla persa, aumentará su pecado de obscenidad y disminuirán su humanidad y su personalidad». El único narrador de este hadiz es Talha ibn Zayd al-Ruqqi. Él afirma que el imam Al-Awza‘i le transmitió este hadiz de Yahya ibn Abi Kazir, de Anas. Los muhaddizun mencionaron a este hombre como abandonado y sumamente censurable. Por ello, Ibn al-Yawzi, Al-Dhahabi y otros imanes consideraron que el hadiz era inventado y falso. Cabe señalar que, además de la debilidad de su cadena de transmisión, su significado es contrario a los valores islámicos; por eso el hadiz se considera inválido. (Ibn ‘Adi, Al-Kamil, 4/108-110; Al-Hakim, Al-Mustadrak, 4/98; Al-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal, 3/463-464; Ibn ‘Iraq, Tanzih, 2/291). 3. Censura de diversas profesiones Entre los hadices falsos que han dejado un efecto detestable y duradero en nuestra sociedad se encuentran los inventados contra las personas de profesiones como tejedores, sastres, herreros, barberos y otras. Islam ha fomentado el trabajo, la actividad y las profesiones. Se han elogiado todas las clases de profesiones y trabajos. Sin embargo, estos falsificadores inventaron, atribuyéndolos al Mensajero de Allah (ﷺ), hadices para censurar diversas profesiones. Por ejemplo, que los tejedores o barberos no tienen la misma dignidad que los demás musulmanes para establecer vínculos matrimoniales; que los herreros o los orfebres son los mayores mentirosos; que los tejedores serán seguidores del Dajjal; y que deben censurarse a los comerciantes de animales, carniceros o cazadores. (Al-Daylami, Al-Firdaws, 3/89; Ibn al-Yawzi, Al-Mawdu‘at, 1/162-163; Al-Dhahabi, Mizan al-I‘tidal, 5/174-176; Ibn ‘Iraq, Tanzih, 1/254-255; Al-Albani, Da‘if al-Yami‘, pp. 562-563). La difusión de estos hadices falsos creó en la sociedad musulmana una mentalidad contraria al Islam, caracterizada por el odio hacia diversas profesiones, el odio hacia el trabajo y otras actitudes semejantes. 2.18. Algunos otros hadices inventados Sabemos que hay que realizar en este mundo obras para la Otra Vida. Sin embargo, circula con este significado un hadiz que carece de fundamento. En él se dice: «El mundo es el campo de cultivo de la Otra Vida». Aunque el significado de estas palabras es correcto, no son un hadiz. No se han transmitido en ninguna cadena auténtica, débil o mawdu‘. Basándose únicamente en la tradición oral, muchas personas lo han escrito, dicho y siguen diciendo que es un hadiz. (Al-Saghani, Al-Mawdu‘at, p. 64; Al-Sajawi, Al-Maqasid, p. 227; Mulla ‘Ali al-Qari, Al-Asrar, p. 123; Darwish al-Hut, Asan al-Matalib, p. 110). 2. El pecado de los allegados debido a las buenas obras de los virtuosos Circula una frase que normalmente se cita como hadiz: «Las buenas obras de las personas virtuosas se consideran pecados para los allegados (los amigos de Allah)». Los muhaddizun están de acuerdo en que la frase no es un hadiz, sino una afirmación de Abu Sa‘id al-Jarrar (fallecido en 286 de la Hégira), un piadoso del siglo III. (Ibn Taymiyya, Ahadiz al-Qussas, p. 84; Al-Sajawi, Al-Maqasid, p. 199; Mulla ‘Ali al-Qari, Al-Asrar, p. 113; Al-Masnu‘, p. 64). 3. No habrá salat sin concentración Otra frase inventada y sin fundamento que circula como «hadiz»: «No habrá salat sin presencia del corazón». La importancia de la concentración durante la salat se comprende a partir del Corán y de diversos hadices auténticos. Sin embargo, estas palabras no son un hadiz, sino una frase inventada sin cadena de transmisión. 4. Morid antes de morir Una frase inventada que circula como hadiz: «Morid antes de morir». Ibn Hayar al-‘Asqalani, Al-Sajawi, Mulla ‘Ali al-Qari y otros muhaddizun están de acuerdo en que estas palabras son una frase inventada sin fundamento. (Al-Sajawi, Al-Maqasid, p. 432; Mulla ‘Ali al-Qari, Al-Asrar, p. 246; Darwish al-Hut, Asan al-Matalib, p. 235; Al-‘Ayluni, Kashf al-Jafa, 2/384). 5. El gran pecado de fumar Según una revista difundida (Anjuman Ahmadia Rahmania Sunia, Chittagong, mensual Tarjuman, año 25, n.º 4, mayo-junio de 2005, p. 57), en algunas regiones de nuestro país se difunden contra fumar dos hadices inventados: «Quien fumó es como si hubiera bebido la sangre de los profetas» y «Quien fumó es como si hubiera cometido adulterio con su madre dentro de la Kaaba». Cuesta creer que alguien pueda presentar como hadiz semejantes palabras repugnantes, sucias y absurdas. En cualquier caso, son palabras repugnantes, falsas e inventadas. 6. La madrasa es la casa del Profeta Un hadiz muy difundido en nuestro país y favorito de los predicadores dice: «La mezquita es la casa de Allah y la madrasa es mi casa». Estas palabras, pronunciadas en nombre de un hadiz, son una mentira repugnante y una invención; no se han transmitido del Mensajero de Allah (ﷺ) ni siquiera mediante una cadena auténtica o débil, y mucho menos mediante una cadena falsa o mawdu‘. La propia palabra «madrasa» no se utilizó durante los dos primeros siglos del Islam. Palabras finales Con esto concluyo la exposición sobre las falsificaciones en nombre de los hadices. A nuestro alrededor abundan innumerables hadices falsos. En los sermones, las charlas, los escritos y las investigaciones, en todas partes se observa la proliferación de estas palabras falsas e inventadas. En este libro he intentado tratar algunos de estos innumerables dichos falsos que circulan y se difunden en nombre de los hadices o del Mensajero de Allah (ﷺ). Si Allah, el Majestuoso, concede Su misericordia y tawfiq, en los volúmenes posteriores trataré otros dichos inventados, falsos y no fiables que circulan. Con el deseo de revivir la sunna auténtica del Sello de los Mensajeros, la Misericordia para los Mundos, Muhammad, el Mensajero de Allah (ﷺ), y de protegernos del grave pecado de tratar, transmitir, practicar o creer palabras falsas, inventadas, sin fundamento o no fiables, he intentado escribir algo sobre este tema a pesar de mi incapacidad y debilidad. Naturalmente, contiene muchos errores. Pido perdón a Allah por todos ellos y me arrepiento ante Él. Todo lo beneficioso que haya en este humilde esfuerzo procede de la misericordia y el tawfiq del Altísimo Allah. Suplico ante Su sagrado umbral que, por Su misericordia, acepte este humilde esfuerzo al servicio de la sunna de Su amado Mensajero (ﷺ) y lo convierta en un medio de salvación para mí, mis padres y todos los lectores. ¡Amén! وصلى آللًه على محمد آلنبى آلأمى وآله وأصحبه أجمعين وآلحمد للًه رب آلع مين