Consideraciones preliminares
Escribo «Iqamat-e-Din» como la segunda serie de la secuencia de reflexiones publicada en mi folleto, aparecido por primera vez en 1978 con el título «Movimiento Islámico de Bangladesh» y, desde la tercera edición de 1981, con el título «Unidad Islámica, Movimiento Islámico». En la primera serie se mostró que, por la misericordia de Allah Todopoderoso, en Bangladesh se está sirviendo al islam suficientemente de diversas maneras. Tras explicar brevemente el gran servicio al dīn que se presta mediante las madrasas, las mezquitas, las khanqahs, los sermones, el tabligh, la literatura islámica, etc., se demostró que cada forma de servicio es sumamente importante; que la dignidad del islam aumenta gracias a la suma de todos estos servicios, y que es deber de todo musulmán que sirve al dīn considerar estos servicios como mutuamente complementarios.
Existe el riesgo de que quienes consideran valioso únicamente su propio servicio religioso y no aprecian el servicio de los demás provoquen división y hostilidad dentro de la umma. Todos deberían tener presente que servimos al mismo gran dīn, aunque de distintas formas y mediante distintos métodos. Todos deberían recordar también, con sinceridad, que cada uno de los servicios mencionados es valioso y necesario en su propio ámbito. Si todos reconocen como valioso el servicio de los demás, surgirá unidad y afecto entre las fuerzas islámicas del país, y aumentará aún más la dignidad del dīn.
El servicio que prestan las madrasas y los maktabs de Furqania no puede ser realizado por las grandes madrasas. Los ulemas que se forman en las madrasas aliyah y qaumí no podrían ser formados por la Jamaat de Tabligh. Del mismo modo, sería irreal pensar que la incontable gente que recibe de Tabligh la luz del dīn pudiera obtenerla a través de las madrasas. La sociedad instruida adquiere conocimiento del islam mediante la literatura islámica. Pero, gracias a los predicadores, también las personas sin instrucción adquieren conocimiento del islam y fervor por él. Las mezquitas están activas precisamente porque existen las madrasas, los sermones y Tabligh. Si se tienen en cuenta estos aspectos, se considerará valioso todo tipo de servicio.
En el libro «Unidad Islámica, Movimiento Islámico» se trató principalmente el servicio al dīn y se hizo especial hincapié en la unidad de quienes sirven al dīn. También se presentó una propuesta práctica sobre cuál podría ser la forma de la unidad islámica. Sin embargo, en aquel folleto no se trató detalladamente el establecimiento del dīn. Allí solo se dio alguna indicación sobre la responsabilidad de establecer el dīn. La necesidad de tratar detalladamente el establecimiento del dīn hizo necesario escribir otro libro. Por eso, este libro es un complemento de aquel, y espero que su propósito resulte más claro para quienes hayan leído el otro libro.
En el libro «Iqamat-e-Din» se trata un tema cuyo estudio es poco frecuente incluso entre quienes sirven al dīn. Por ello, para presentar el tema de manera sencilla, he intentado demostrar, mediante ejemplos de diversos servicios religiosos, que existe una diferencia entre servir al dīn y establecer el dīn. He procurado en la medida de mis posibilidades que ninguna de mis palabras sea motivo de disgusto para quienes sirven al dīn de Allah. Si, a pesar de todo, hubiera quedado alguna expresión de ese tipo, háganmelo saber y la corregiré en la próxima edición, insha Allah.
Tema tratado en este libro
Explicación de la palabra «dīn»
Primer significado: recompensa o retribución
Segundo significado: obediencia
Tercer significado: las normas o el método de la obediencia
Cuarto significado: la ley, el Estado y el sistema social
La amplitud del din
La vida del Mensajero de Allah es el ejemplo práctico del din del islam
‘La esencia del establecimiento del din’ esencia
La situación del din de la verdad en Bangladesh
Cuando se establece la verdad en el Din, ¿qué sucede con la falsedad?
La responsabilidad de establecer el Din
¿Acaso el Mensajero (s.a.s.) realizó tareas adicionales a su responsabilidad?
El método de trabajo eterno del movimiento islámico
El movimiento islámico y el método de cuadros
¿Por qué es inevitable el conflicto entre la verdad y la falsedad?
¿Por qué no surge este conflicto con el servicio religioso?
¿Por qué no están todos los respetados ulemas activos en el «establecimiento del Din»?
El único criterio del Din es el Mensajero (que la paz y las bendiciones sean con él)
¿Por qué los grandes ulemas del subcontinente no emprendieron el movimiento por el establecimiento del Din?
La importancia del esfuerzo organizado en una Jamaat
Características de la Jamaat formada con el propósito de establecer el Din
¿Existe en Bangladesh una Jamaat de este tipo?
La Jamaat-e-Islami y Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él)
El dictamen jurídico-religioso contra la Jamaat
El dictamen jurídico-religioso contra Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él)
Al servicio de los ulemas y mashayej respetables
Términos coránicos utilizados en este libro
A continuación se ofrecen definiciones breves de aquellos términos cuyo significado puede no ser conocido por las personas modernas y educadas, lo que podría hacer que el contenido del libro resultara poco claro:
1. Din—obediencia—sistema de vida enviado por medio del Mensajero con el propósito de obedecer a Allah.
2. Iqamat—establecimiento, instauración, implantación.
3. Iqamat ad-Din—hacer realidad o establecer las normas enviadas por Allah.
4. Haqq—verdadero, racional, irrefutable.
5. Din al-Haqq—la religión verdadera; es decir, aquella religión cuya veracidad es irrefutable y racional.
6. Batil-falso, irreal, refutable, precepto irracional, sistema de vida falso.
7. Dīn-e Batil-falsa religión o obediencia irracional.
8. Khidmat-servicio, asistencia, trabajo.
9. Khidmat-e dīn-servicio del dīn del islam o trabajo para el progreso del dīn.
10. Khādim-e dīn-servidor y ayudante del islam.
11. ʿIlm-conocimiento: el conocimiento enviado por Alá al Profeta, contenido en el Corán y el hadiz.
12. ʿUlamā-eruditos: quienes poseen conocimiento del Corán y el hadiz; su singular es ʿālim.
13. Fitna-obstáculo, prueba, quedar atrapado en la duda: todo obstáculo, prueba o duda que surge al seguir el camino de Alá es fitna.
14. Wahy—señal, informar, revelar, inspirar, etc. Medio de enviar el mensaje de Alá a los seres humanos.
15. Hidayat—guía, conducir por el camino correcto.
16. Uswah—modelo, digno de imitación, digno de seguirse.
17. Uswatun hasana—el modelo más hermoso, el modelo más excelente.
18. Mi’yar—criterio, norma.
19. Yama’at—grupo, organización.
20. Fatwa—decisión, declaración, expresar una opinión, difundir un comentario.
بِسْمِ اللَّهِ الرَّحْمَٰنِ الرَّحِيمِ
‘Dīn’ explicación de la palabra
Para hablar sobre el establecimiento del dīn, primero es necesario explicar correctamente la palabra «dīn» a la luz del Noble Corán. La palabra dīn tiene varios significados. En el Noble Corán se ha utilizado con diversos significados. Cuando una palabra tiene varios significados, no todos ellos son aplicables en cada lugar, ni es correcto aceptar el mismo significado en todas partes. El significado con el que se ha utilizado una palabra en un determinado lugar se comprende a partir de la oración completa. No hay manera de comprender correctamente el significado de esa palabra separándola de la oración en la que ha sido utilizada.
En el Noble Corán se exponen claramente varios significados de la palabra dīn:
Uno: recompensa, retribución, compensación, etc.
Dos: obediencia, ṭāʿat o acatamiento de los mandatos.
Tres: las normas para obedecer (niẓām al-ṭāʿat) o las reglas de la obediencia.
Cuatro: la ley o el sistema estatal por el que se rige un Estado; también designa el sistema social.
A partir de varios versículos del Noble Corán, estos diversos significados de la palabra dīn se comprenden con absoluta claridad.
Uno: primer significado: recompensa o retribución
مَالِكِ يَوْمِ الدِّينِ (sura Al-Fátiha) Significa: «El Dueño del Día de la Retribución».
كَلَّا بَلْ تُكَذِّبُونَ بِالدِّينِ «No, no es así; más bien, consideráis falsa la retribución». (sura Al-Infitar)
En este tipo de versículos, dīn significa recompensa, resultado, retribución, etc. Aquí se refiere a la retribución que se dará a las personas por sus obras en la Otra Vida.
Dos: segundo significado: obediencia
أَفَغَيْرَ دِينِ اللَّهِ يَبْغُونَ وَلَهُ أَسْلَمَ مَن فِي السَّمَاوَاتِ وَالْأَرْضِ طَوْعًا وَكَرْهًا وَإِلَيْهِ يُرْجَعُونَ Significa: «¿Acaso buscan algo distinto de la obediencia a Allah? Mientras que todo cuanto hay en los cielos y en la tierra se somete a Él, voluntaria o involuntariamente». (sura Al Imran: 83)
Aquí, la palabra «dīn» se ha utilizado en el sentido de sumisión o obediencia. دان tiene como una de sus acepciones اطاع o significa: «obedeció». De esto, دِينِ significa اطاعة o «obediencia».
إِنَّا أَنزَلْنَا إِلَيْكَ الْكِتَابَ بِالْحَقِّ فَاعْبُدِ اللَّهَ مُخْلِصًا لَّهُ الدِّينَ
Significado: «Adora a Alá consagrando exclusivamente tu obediencia a Él». —(Sura Az-Zumar: 2)
Es decir, adora a Alá de tal manera que Él sea tu único Señor y el único que tenga derecho a recibir obediencia.
وَقَاتِلُوهُمْ حَتَّىٰ لَا تَكُونَ فِتْنَةٌ وَيَكُونَ الدِّينُ لِلَّهِ ۖ
Significado: «Combatid contra ellos hasta que cese la fitna y solo permanezca la obediencia a Alá». —(Sura Al-Baqara: 193)
Aquí, fitna significa las fuerzas contrarias al islam que crean obstáculos en el camino de la obediencia a Alá. Al ordenar el yihad, aquí se dice que hay que someter a las fuerzas opositoras de tal manera que nadie pueda impedir que se obedezca a Alá.
Se han presentado estos tres versículos como ejemplos. En el Corán hay muchos versículos de este tipo. De estos tres versículos de tres clases se comprende que la obediencia es el significado principal de la palabra din.
Tres: tercer significado: la norma o el método de la obediencia
إِنَّ الدِّينَ عِندَ اللَّهِ الْإِسْلَامُ
Significado: «Ciertamente, ante Allah, el único sistema de obediencia (sistema de vida) es el islam». —(Sura Al Imrán: 19)
وَمَن يَبْتَغِ غَيْرَ الْإِسْلَامِ دِينًا فَلَن يُقْبَلَ مِنْهُ
Significado: «A quien elija un sistema de obediencia distinto del islam, no le será aceptado». —(Sura Al Imrán: 85)
Es decir, ante Allah, el único sistema de obediencia es el sistema de obediencia a Allah: el islam.
شَرَعَ لَكُم مِّنَ الدِّينِ مَا وَصَّىٰ بِهِ نُوحًا وَالَّذِي أَوْحَيْنَا إِلَيْكَ وَمَا وَصَّيْنَا بِهِ إِبْرَاهِيمَ وَمُوسَىٰ وَعِيسَىٰ ۖ أَنْ أَقِيمُوا الدِّينَ وَلَا تَتَفَرَّقُوا فِيهِ
Significado: «Os ha prescrito el sistema de obediencia que también ordenó a Noé, y que te hemos revelado, y que ordenamos a Abraham, Moisés y Jesús: estableced la religión y no discrepéis acerca de ella». (Sura Ash-Shura: 13)
Es decir, Allah, el Altísimo, ordenó a todos los profetas establecer Su sistema de obediencia.
هُوَ الَّذِي أَرْسَلَ رَسُولَهُ بِالْهُدَىٰ وَدِينِ الْحَقِّ لِيُظْهِرَهُ عَلَى الدِّينِ كُلِّهِ
Significado: «Él es quien envió a Su Mensajero con la guía y la verdadera norma de obediencia, para que la hiciera prevalecer sobre todas las demás normas de obediencia». (Sura As-Saff: 9)
الْيَوْمَ أَكْمَلْتُ لَكُمْ دِينَكُمْ
Significado: «Hoy he perfeccionado para vosotros vuestra norma de vida». (Sura Al-Ma’idah: 3)
Es decir, he perfeccionado vuestra norma de vida para que podáis aplicar únicamente la norma de obediencia a Alá en la vida y no tengáis que tomar nada de ninguna otra norma en ningún ámbito.
Cuatro: el cuarto significado: la ley, el sistema estatal y social
وَقَالَ فِرْعَوْنُ ذَرُونِي أَقْتُلْ مُوسَىٰ وَلْيَدْعُ رَبَّهُ ۖ إِنِّي أَخَافُ أَن يُبَدِّلَ دِينَكُمْ أَوْ أَن يُظْهِرَ فِي الْأَرْضِ الْفَسَادَ
Significado: «El Faraón dijo: “Dejadme, mataré a Moisés; que invoque a su Señor y vea. Temo que cambie vuestra ley y vuestro sistema estatal o que, al menos, provoque el desorden en el país”». (Sura Gáfir: 26)
ۖ مَا كَانَ لِيَأْخُذَ أَخَاهُ فِي دِينِ الْمَلِكِ
Significado: «Según la ley del rey, no se puede detener a otra persona. Es decir, hay que detener precisamente a quien ha robado. Según la ley del país, no se puede detener a otra persona en lugar del culpable». (Sura Yusuf: 76)
وَلَا تَأْخُذْكُم بِهِمَا رَأْفَةٌ فِي دِينِ اللَّهِ إِن كُنتُمْ تُؤْمِنُونَ بِاللَّهِ وَالْيَوْمِ الْآخِرِ
Significado: «Si sois creyentes, al aplicar el castigo por la fornicación, que no os embargue la compasión por ellos respecto a la ley de Allah». (Sura An-Nur: 2)
De los diversos significados de la palabra din que se encuentran en estos versículos, parece que, fundamentalmente, se pone mayor énfasis en la obediencia. En un versículo, la palabra din se emplea con sentido verbal, haciendo aún más claro el significado de obediencia:
قَاتِلُوا الَّذِينَ لَا يُؤْمِنُونَ بِاللَّهِ وَلَا بِالْيَوْمِ الْآخِرِ وَلَا يُحَرِّمُونَ مَا حَرَّمَ اللَّهُ وَرَسُولُهُ وَلَا يَدِينُونَ دِينَ الْحَقِّ
Significado: «Combatid contra quienes no creen en Allah ni en el Día del Juicio, no consideran prohibido lo que Allah ha prohibido y no obedecen el din de Allah». (Sura At-Tawba: 29)
A partir de estos versículos del Noble Corán, en relación con la explicación de la palabra din, queda claro que la esencia de la norma y el método que Allah ha enviado mediante el profeta para que el ser humano lleve una vida correcta en este mundo es la obediencia a Allah.
La amplitud del din
La norma de obediencia a Allah con la que fue enviada la religión del Islam fue elaborada para todos los aspectos y ámbitos de la vida humana. Allah mismo estableció el sistema de vida islámico con el propósito de que las personas pudieran obedecer correctamente y únicamente a Allah en todos los asuntos individuales, familiares, estatales, sociales e internacionales. Nadie salvo Allah puede tener la capacidad de establecer un sistema de vida adecuado para todos los países, todas las épocas y todas las naciones.
Al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se le encomendó presentar a la humanidad el verdadero ejemplo de cómo aplicar en la vida práctica este sistema de vida establecido por Allah. En el Sagrado Corán, Allah mismo declaró que
لَّقَدْ كَانَ لَكُمْ فِي رَسُولِ اللَّهِ أُسْوَةٌ حَسَنَةٌ لِّمَن كَانَ يَرْجُو اللَّهَ وَالْيَوْمَ الْآخِرَ وَذَكَرَ اللَّهَ كَثِيرًا
Significado: «En el Mensajero de Allah tenéis el mejor ejemplo para quienes esperan la complacencia de Allah y la salvación en el Último Día». —(Sura Al-Ahzab: 21)
Es decir, el ejemplo de la vida más excelente posible para un ser humano en este mundo se encuentra precisamente en la vida del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él).
El significado de la profesión de fe Tayyiba, mediante cuya aceptación se ingresa en el Islam, exige precisamente que la obediencia a Allah abarque todos los ámbitos.
لآ اِلَهَ اِلّا اللّهُ مُحَمَّدٌ رَسُوُل اللّهِ«No hay divinidad excepto Allah y Muhammad es el Mensajero de Allah». Estas palabras no son ningún mantra cuya mera recitación haga que una persona sea considerada musulmana ante Allah. Si no se comprende el significado de la profesión de fe y no se cree en su esencia, no puede cumplirse la exigencia de la fe.
En realidad, mediante la profesión de fe Tayyiba se proclama el principio fundamental de la vida humana. Quien acepta esta profesión de fe adopta, en realidad, dos principios que son indispensables para vivir toda su vida conforme a las normas dadas por Allah.
«La ilaha illallah» declara que no obedeceremos la autoridad de nadie excepto la de Allah; es decir, no obedeceremos las palabras de nadie que contradigan el mandato de Allah. Este es el primer principio o política. En un hadiz se expresa claramente así:
لاطاعة لمخلؤق فى معصية الخالق«No se debe obedecer a ninguna criatura desobedeciendo al Creador». Es decir, no obedeceremos la autoridad de nadie en oposición a la obediencia a Allah; este es precisamente el primer principio.
En la segunda parte de la kalima tayyiba, con las palabras «Muhammadur Rasulullah (s.a.s.)», se proclama el segundo principio. Su significado esencial es: «Obedeceremos el mandato de Allah únicamente siguiendo el modelo de obediencia a Allah que mostró el Mensajero, es decir, su método. No aceptaremos de nadie aparte del Mensajero de Allah el método de obedecer y servir a Allah».
De este modo, mediante la kalima se expresa la decisión de vivir conforme al mandato de Allah y al método del Mensajero (s.a.s.). Cumplir esta decisión en todos los asuntos de la vida es una exigencia de la kalima. Mediante esta kalima se proclama el deseo de observar siempre y en toda circunstancia este principio, tanto de palabra como de obra, en el pensamiento y en la práctica. Quienes aceptan la kalima comprendiéndola de este modo son verdaderamente musulmanes. Si alguien desea ser considerado ante Allah como creyente y musulmán, debe reconocer sinceramente que, aunque por la debilidad del nafs o por el engaño de Satanás se haya convertido en musulmán, obedecer el mandato de Allah y al Mensajero es su deber y una exigencia de la kalima. Si alguien que ha aceptado el islam de este modo comete un acto contrario al mandato de Allah o al método del Mensajero (s.a.s.), necesariamente se arrepentirá, esperará obtener el perdón y tomará la determinación de no volver a cometer esa injusticia.
La vida del Mensajero de Allah (s.a.s.) es el modelo práctico del din del islam
La amplitud del din del islam se comprende claramente a partir de la vida práctica del Último Profeta (s.a.s.). Él realizaba todas sus obras como Mensajero de Allah. Cuando dirigía la oración en la mezquita, era Mensajero, y también era Mensajero cuando se ocupaba de todos los asuntos de la administración del Estado de Medina. También era Mensajero en el campo de batalla. Es decir, todo lo que hizo y todo lo que dijo, lo hizo y lo dijo como Mensajero. Así como cumplió su misión como Mensajero en los asuntos religiosos, también hizo todo como Mensajero en asuntos como el comercio, la política, la economía y la estrategia militar. Por eso, toda la vida del Mensajero de Allah (s.a.s.) es una vida islámica y forma parte del din de Allah, es decir, de la obediencia a Allah. En otras palabras, así de amplia como fue la vida del Mensajero, así de amplio es también el din del islam. El deber de la vida musulmana es seguir plenamente al Mensajero en toda circunstancia. Una vida islámica no se construye siguiendo al Mensajero únicamente en los asuntos religiosos.
Quienes, pese a afirmar ser musulmanes, aceptan al Mensajero como líder ejemplar únicamente en los asuntos religiosos, pero en cuestiones de política, economía, comercio y demás aceptan como líderes a personas cuyos principios y carácter son contrarios a los del Mensajero, actúan precisamente en contra de la kalima. Además, esas personas ni siquiera están dispuestas a reconocer a Allah como Señor en todos los ámbitos de la vida, ni están preparadas para aceptar al Mensajero (s.a.s.) como líder en todos los asuntos.
Algunas personas hablan en contra de «llevar el islam al terreno político». Consideran el islam una religión reducida a ciertos rituales y ceremonias, como las demás religiones. Quieren imponer una «sección 144» sobre Allah y el Mensajero (s.a.s.), para no tener que obedecer a Allah y al Mensajero fuera de la mezquita. En realidad, no están dispuestas a aceptar el islam mismo, aunque algunas de ellas practiquen ciertos actos religiosos. Quizá no tengan una concepción de la amplitud del islam. A este tipo de personas se las llama «secularistas».
Es muy sorprendente que incluso ciertos individuos conocidos en la sociedad como personas profundamente devotas hablen como los secularistas. Manifiestan su obediencia al islam mediante la oración, el ayuno, el hayy, el zakat, las cuentas de glorificación y la recitación; sin embargo, ni siquiera consideran necesario esforzarse por acatar el Corán de Allah y la sunna del Mensajero (P.B.) en asuntos como las leyes y los tribunales, los negocios y el comercio, la industria y las fábricas, y el gobierno del país. Esto se debe a que tampoco son conscientes de la amplitud del dīn. En ese sentido, también se les puede llamar seculares, pues igualmente prefieren limitar el islam al ámbito religioso.
Estas personas religiosas consideran que el islam es una religión ajena a la política. Si para ellos el Mensajero (P.B.) fuera un ser humano ejemplar y completo, no podrían cometer semejante error. Nadie puede mantenerse al margen del terreno político. En unas elecciones es necesario apoyar a alguna de las partes y, además, no hay alternativa a adoptar alguna postura sobre los distintos asuntos nacionales. Para quienes, pese a ser religiosos, no trabajan por el islam en el terreno político, no es imposible caer, durante las elecciones y ante los asuntos nacionales, en las garras de partidos políticos irreligiosos. Esto demuestra que un grupo cree en la «política secular», mientras que el otro cree en una «religión apolítica». Desde la perspectiva del dīn islámico traído por el Mensajero (P.B.), ambos grupos se encuentran en el camino equivocado.
“El establecimiento del dīn”y su significado
اقامةLa palabra tiene varios sinónimos en árabe:
نصب –تاسيس- انشاه- رفع
رفعsignifica elevar, poner de pie y levantar.
انشاهsignifica crear, hacer existir y establecer.
تاسيسsignifica establecer y fundar una institución.
نصب significa establecer, como una estaca.
El significado sencillo y comprensible de la palabra iqamat es establecer, poner en funcionamiento, erigir, hacer existir, instituir, etc.
En el Noble Corán se ha utilizado muchas veces la expresiónاقيموا الصلوة . Su significado es «Establece la oración». اقامة الصلوة (Iqamat as-Salat) significa poner en funcionamiento la oración». Antes de la oración obligatoria, el almuédano pronuncia la iqamat o el takbir. Hacia el final se diceقد قد قامة الصلوة قد la oración se ha puesto en pie o ha comenzado.
Aprender las reglas de la oración, conocer la oración o predicar sobre la oración no se denomina iqamat as-Salat. En realidad, iqamat as-Salat significa que la oración se haya puesto en práctica. Que la oración esté establecida en la vida de una persona significa que esta la realiza regularmente, a su debido tiempo, en congregación y de la manera correcta. Que la oración esté establecida en un barrio significa que se haya establecido en la mezquita del barrio, que allí se realicen las cinco oraciones diarias en congregación y que la mayoría de los habitantes del barrio participe en la congregación.
Que Bangladesh se establezca significa que, en la realidad, se establezca un Estado llamado Bangladesh como Estado independiente. Que se establezca una fábrica significa que la fábrica comience a funcionar. Del mismo modo, que el Din del Islam se establezca en un país significa que todas las actividades del Gobierno y del pueblo se desarrollen conforme al Corán y al Hadiz.
«Iqamat ad-Din» es un término cuyo significado puede expresarse en bengalí de diversas maneras. «Establecer la religión de Alá» o «establecer el Din del Islam» podrían ser traducciones sencillas. Si se añade la expresión «establecer» a cualquiera de las expresiones «Estado islámico», «Gobierno islámico», «sociedad islámica» o «Nizam del Islam», se expresa precisamente el significado del término «Iqamat ad-Din».
Para comprender correctamente el significado de Iqamat ad-Din se necesita un ejemplo real. El asunto resultará más fácil si ponemos como ejemplo nuestra querida tierra natal, Bangladesh. Todos se ven obligados a admitir que en Bangladesh no están establecidos la ley del Corán ni el modelo del Mensajero. Este país no es un Estado islámico. Su Gobierno tampoco es islámico. Ninguno de los asuntos del comercio y los negocios del país, la banca y los seguros, los tribunales y la justicia penal, la educación y la cultura, la política y la economía, las políticas internas y exteriores, etc., se rige por la legislación islámica. Sin embargo, todo esto está en funcionamiento. Naturalmente surge la pregunta: ¿conforme a qué ideal, política o legislación funcionan el Estado, el Gobierno y todo lo demás del país?
En la terminología coránica, la legislación islámica se denomina (دين الحق). Es decir, obedecer a Alá es el «único camino verdadero». Ninguna sociedad puede funcionar si sus miembros no se obedecen unos a otros. La afirmación del Islam es que,أَلَا لَهُ الْخَلْقُ وَالْأَمْرُ «Sabed que Él ha creado y que a Él pertenece también el derecho de mandar. —Sura Al-A’raf: 54—. Es decir, todos tienen el deber de obedecer únicamente a Alá. La paz y el orden de la sociedad humana dependen exclusivamente de la obediencia plena a un solo Señor.
Nadie excepto Allah puede ser completamente desinteresado. Tampoco nadie es infalible. Solo Él puede proporcionar una ley verdadera y correcta para el bien de todos. Por eso, la ley que Él ha establecido, el din del Islam, es la única verdad (الحق). Todo lo que se opone al din de la verdad es falso, erróneo y perjudicial. Todas las formas de obediencia que existen en oposición a la obediencia a Allah son «din de la falsedad» o falsa obediencia. El término opuesto a la verdad es falsedad.
Según la explicación anterior, el sistema social y estatal vigente en Bangladesh es din de la falsedad. Allí donde no está establecido el din de la verdad, todo lo que está vigente es necesariamente falsedad. Por tanto, el sistema social capitalista, el Estado y el gobierno seculares, los sistemas socialistas y comunistas, etc., son todos «din de la falsedad».
Allah dice:
ادْخُلُوا فِي السِّلْمِ كَافَّةً وَلَا تَتَّبِعُوا خُطُوَاتِ الشَّيْطَانِ ۚ
Significado: «Aceptad el Islam por completo y no sigáis las huellas de Satanás». —(sura Al-Baqara: 208)
Allah quiere decir que, si aceptáis el Islam, debéis aceptarlo en su totalidad. Mi beneficio no aumenta porque aceptéis el Islam. Si aceptáis una parte del Islam según vuestra conveniencia y abandonáis otra, no habéis aceptado el Islam. Si queréis obedecerme, aceptadme como vuestro Señor en todos los ámbitos. Allí donde excluyáis el Islam, seréis seguidores de Satanás.
Por eso, si una persona sigue el Islam en el ámbito religioso, pero es secular en el terreno político y socialista o capitalista en el ámbito económico, se entenderá que no ha aceptado el Islam por completo. Aunque en la Constitución de Bangladesh estén escritas las palabras «Bismillah» y la confianza en Allah, Bangladesh no es un Estado islámico. La razón es que el «din de la verdad» no está vigente en este país. Lo que está vigente es, por simple lógica, din de la falsedad; este sistema de falsedad existe desde la época del dominio británico. El din de la falsedad ha sido aquí vencedor durante doscientos años.
La situación del din de la verdad en Bangladesh
¿Cuál es naturalmente la situación de la religión de la verdad allí donde está establecida o triunfa la religión de la falsedad? Allí, la religión de la verdad se encuentra sometida a la religión de la falsedad. Es decir, en Bangladesh la religión de la verdad solo ha sobrevivido en la medida en que la religión de la falsedad lo ha permitido. Solo está vigente aquella parte de la religión de la verdad a la que la religión de la falsedad no se opone. En otras palabras, el islam subsiste en este país únicamente en la medida en que lo falso no se lo impide.
El sistema social y estatal de la falsedad jamás puede estar dispuesto a tolerar el islam en su totalidad. Los dirigentes de la sociedad de la falsedad solo toleran aquella parte del islam que no perjudica en nada a la religión de la falsedad. Si la falsedad se sintiera amenazada por las actividades islámicas que se realizan en Bangladesh, no las toleraría. Como no existe ningún temor de que la sociedad de la falsedad sea derrocada por medio de las mezquitas, las madrasas, las khanqahs, los sermones y la predicación, no se obstaculizan estas actividades islámicas. Es decir, estas sobreviven únicamente porque la falsedad no se opone a ellas. No existe ningún enfrentamiento ni conflicto entre estas actividades y la falsedad.
La situación de la religión del islam en Bangladesh quedará clara con una breve explicación. El islam es el único código de vida completo. Si se compara el islam con un gran edificio, la kalima, la oración, el ayuno, el hach y el zakat son apenas los cimientos de ese enorme edificio. El Mensajero de Allah (s. a. s.) dijo precisamente esto:بنئ السلام على خمسEs decir, los cimientos del código de vida islámico solo se construyen mediante estas cinco cosas: la kalima, la oración, etc. El islam no consiste únicamente en estos cimientos. Ni siquiera todos los miembros de la comunidad de los ulemas tienen hoy una concepción correcta del grandioso edificio del islam. En Bangladesh no existe en absoluto el edificio completo del islam. Examinemos solamente la situación de sus cimientos para ver cuán lamentable es la situación de la religión de la verdad en Bangladesh:
Muchos musulmanes conocidos como religiosos ni siquiera saben que la kalima tayyiba establece los principios para los pensamientos y las acciones de toda la vida, ni que aceptar la kalima significa prometer obediencia a Allah y al Mensajero durante toda la vida. En ninguna escuela, colegio o universidad se enseña este significado amplio de la kalima. Si la sociedad instruida no conoce este sentido de la kalima, ¿de quién es la culpa? ¿Acaso no son responsables de ello el Gobierno del país y el sistema educativo?
La primera enseñanza correcta de la religión del islam es precisamente la kalima tayyiba. Si no existe ningún medio para aprender el principio conforme al cual se debe vivir toda la vida, ¿cómo podrá el ser humano practicar el islam en su vida?
Después, la oración es el segundo fundamento. Allah Todopoderoso ha hecho obligatorias para los musulmanes las cinco oraciones diarias en congregación. Obligatorio significa un deber ineludible o una responsabilidad indispensable. Allah ha otorgado a la oración la importancia de una obligación. Pero ¿cuál es la posición de la oración en nuestra sociedad? Por lo general, en este país la oración se encuentra en la categoría de lo permitido. Es decir, no hay perjuicio en realizarla y tampoco se considera una falta no realizarla. En algunos casos, rezar se considera reprobable o indeseable. El ordenanza va a rezar en congregación y el funcionario que no reza se molesta por ello. En algunos lugares, rezar es ilícito o está prohibido. Durante el servicio, uno se ve obligado a dejar pasar la oración. Es natural que, bajo la religión de la falsedad, se trate de este modo el mandato que Allah dio respecto a la oración. Si la religión de la verdad estuviera establecida en este país, la oración sería respetada precisamente como una obligación. Se establecerían las condiciones necesarias para que todos pudieran cumplir correctamente la oración en todas partes. Los dirigentes cumplirían ellos mismos correctamente la oración, y en la vida de quienes rezan se vería realmente la enseñanza de la oración: vivir conforme a los principios de la kalima.
¿Cuál es la situación del ayuno en la sociedad? Este fundamento del islam también se encuentra, al igual que la oración, en la categoría de «lo permitido», aunque Allah Todopoderoso hizo obligatorio el ayuno del mes de Ramadán. Si la religión de la verdad estuviera establecida, se crearía en la sociedad un ambiente que haría imposible para cualquier musulmán incurrir en la hipocresía de colgar una cortina en la puerta de un restaurante durante el día para comer.
El propósito del ayuno es el perfeccionamiento moral, pero actualmente la moralidad no tiene ningún valor en la sociedad. Parece que la verdadera tarea de los dirigentes y autoridades del país consiste en proporcionar toda clase de oportunidades y facilidades para servir a las pasiones. Uno de los mayores objetivos del ayuno es reprimir las pasiones y fortalecer la conciencia. El ser humano ha sido creado con la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. Por eso se necesita el ayuno precisamente para formar al ser humano como un ser consciente. Pero para la religión de la falsedad, el bienestar material y la adoración de las pasiones son lo más importante. Por eso se representan algunos actos teatrales para aparentar «preservar la santidad de Ramadán».
Veamos ahora la situación del Hayy. La orden de Alá para quienes deben realizar el Hayy es que vayan a la Noble Meca y cumplan con él. Pero esta orden de Alá está subordinada al dīn al-bāṭil. Si el bāṭil no lo permite, no se podrá ir al Hayy. Si el dīn al-ḥaqq estuviera establecido en el país, el Gobierno exhortaría oficialmente a quienes tienen capacidad para realizar el Hayy a que fueran.
La situación del zakat es aún más lamentable. En realidad, en el islam, el sistema del zakat es una disposición de seguridad social (social security). Para quienes tienen ingresos inferiores a sus necesidades y, por una u otra razón, han quedado necesitados y endeudados, es responsabilidad del Gobierno islámico recaudar el dinero del zakat de quienes reúnen las condiciones para pagarlo y hacerlo llegar a quienes reúnen las condiciones para recibirlo. El zakat no es como los demás impuestos. No está permitido gastar el dinero del zakat en cualquier tarea gubernamental. El Gobierno no tiene derecho a gastar el dinero del zakat fuera de las ocho categorías de gasto mencionadas en el Corán. Si el sistema del zakat se aplicara correctamente, en la sociedad no podrían existir ni la mendicidad ni el desempleo.
Pero, puesto que el dīn al-ḥaqq no está establecido, incluso este noble sistema del zakat ha llegado a ser considerado una deshonra del islam. Según la forma en que el zakat se aplica en el actual sistema social del bāṭil, parece que el zakat fuera una limosna que los ricos dan por compasión a los pobres. En realidad, en el islam, el zakat es un deber impuesto por Alá a los ricos y un derecho asignado por Alá a los pobres. Si el Gobierno islámico recaudara el zakat y organizara su distribución conforme a las normas, los beneficiarios podrían recibirlo con plena dignidad. Actualmente, quienes reciben el zakat lo reciben de manera humillante, como un favor de los donantes.
Solo por la penosa situación en que se encuentran aquí los cinco pilares fundamentales del islam puede comprenderse cuál es la consideración de todo el sistema de vida islámico en este lugar. Por elevada que sea la posición del dīn al-ḥaqq en el corazón de todos los creyentes en el ideal islámico, solo quienes sienten preocupación por el islam pueden comprender que, en la realidad, en este país apenas sobrevive el nombre del islam bajo el dīn al-bāṭil.
El poco islam que sobrevive se debe especialmente a las madrasas religiosas. Si estas madrasas no existieran, no habría ninguna enseñanza del Corán y del hadiz. Sin la ayuda de la población musulmana, la existencia misma de estas madrasas habría sido imposible. Que incluso esta pequeña parte sobreviva bajo el bāṭil es una gran fortuna.
¿Qué ocurre con el bāṭil cuando se establece el dīn al-ḥaqq??
Así como, cuando el dīn al-bāṭil está establecido, el dīn al-ḥaqq se ve obligado a permanecer subordinado al bāṭil, del mismo modo, cuando se establece el dīn al-ḥaqq, el propio bāṭil debe quedar subordinado al ḥaqq. Alá no ordenó eliminar el bāṭil. Ordenó hacer victorioso al ḥaqq. Cuando el ḥaqq triunfe, al bāṭil se le concederán únicamente el derecho y la posibilidad de sobrevivir en la medida en que ello no sea perjudicial para el ḥaqq. Del mismo modo, actualmente el dīn al-ḥaqq solo perdura en la medida en que el bāṭil no se opone a él o en que su existencia no causa ningún daño al dīn al-bāṭil.
Cuando se establezca el dīn al-ḥaqq, las religiones del bāṭil no serán eliminadas. No se podrá impedir a quienes quieran practicar otra religión. Habrá que proteger los templos, las iglesias y demás lugares de culto. Esto se debe a que el Corán prohíbe imponer la fuerza en materia de religión. La religión es una cuestión del corazón. Si se obligara a alguien a aceptar el islam, en su interior permanecería la rebelión. No se puede ejercer coerción sobre el corazón. Por eso, en el Estado islámico es indispensable mantener la libertad religiosa.
Pero si los cristianos o los judíos solicitan permiso para comerciar con usura en un Estado islámico, o quieren instaurar públicamente la obscenidad y la desnudez en nombre de la cultura, el Estado islámico no se lo permitirá. Puesto que esto perjudicaría el sistema económico y el entorno moral del islam, no será posible tolerarlo.
La dignidad que Allah quiere conceder al ser humano como ser moral elevado solo es posible bajo el din de la verdad. En lugar de controlar la tendencia a la animalidad presente en el ser humano, desde el din de la falsedad se han creado extrañas filosofías materialistas para alentarla aún más. Como resultado, el ser humano está demostrando un carácter inferior y más abyecto que el de los animales.
Cuando el din de la verdad triunfe, será posible aplicar en la práctica la norma que Allah ha dado para elevar al ser humano a la verdadera dignidad humana. El Profeta universal logró transformar, mediante el din de la verdad, a la sociedad humana más incivilizada y degradada del mundo de aquella época en la sociedad más excelsa y civilizada de la historia.
La responsabilidad de establecer el din
¿A quién corresponde la responsabilidad de establecer el din? Allah envió al Mensajero (que Allah le bendiga y le conceda paz) precisamente con esta responsabilidad. Así se declara claramente sobre este asunto en tres suras del Noble Corán:
هُوَ الَّذِي أَرْسَلَ رَسُولَهُ بِالْهُدَىٰ وَدِينِ الْحَقِّ لِيُظْهِرَهُ عَلَى الدِّينِ كُلِّهِ
«Él es Quien envió a Su Mensajero con la guía y con el único din verdadero, para que lo hiciera prevalecer sobre todos los demás dines». (Sura At-Tawba: 33; Sura Al-Fath: 28; Sura As-Saff: 9)
Pero ¿acaso esta responsabilidad correspondía únicamente al Mensajero? ¿Acaso quienes creyeron en el Mensajero consideraban suficiente, para alcanzar la salvación, cumplir solamente con la oración, el ayuno y algunas otras obligaciones religiosas? El Corán y los hadices atestiguan que todo creyente debía participar plenamente, con su vida y sus bienes, en el cumplimiento de la «responsabilidad de establecer el din» del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz). El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le conceda paz) partió hacia la batalla de Uhud con mil hombres que, bajo su liderazgo, habían realizado la oración comunitaria en la mezquita de Medina. Después de recorrer cierta distancia, trescientos hombres, dirigidos por Abdullah ibn Ubayy, regresaron sin participar en la batalla. Allah declaró que eran hipócritas. En la batalla de Tabuk, como tres compañeros no partieron a tiempo, aunque tenían la intención de partir después, por orden del Mensajero fueron declarados separados de la comunidad musulmana. Incluso se ordenó a sus esposas e hijos que dejaran de hablar con ellos. Después de arrepentirse durante cincuenta largos días en esa situación, Allah los perdonó.
Esto demuestra sin lugar a dudas que participar plenamente en el cumplimiento de la responsabilidad del Mensajero es una exigencia indispensable de la fe. Así pues, queda claro que la responsabilidad del establecimiento del Din recae sobre todos los musulmanes. Si no se participa en esta gran responsabilidad del Mensajero, ¿qué necesidad habría de creer? En el Corán se hizo decir al Mensajero:
فَاتَّقُوا اللَّهَ وَأَطِيعُونِ
Significado: «Temedme y obedecedme». (Sura Ash-Shu‘ara: 150)
Es decir, solo mediante la obediencia plena al Mensajero es posible obedecer a Allah.
Todos los mandatos de Allah solo pueden ponerse en práctica en la sociedad humana cuando se establece el Din de la verdad. Ningún acto obligatorio alcanza la dignidad de obligación bajo el Din de la falsedad. Ninguna prohibición puede erradicarse de la sociedad sin el establecimiento del Din. Por eso, todos los actos obligatorios que el Mensajero de Allah pudo establecer fueron posibles como resultado del establecimiento del Din. Si no hubiera podido establecer el Din, no habría podido instaurar ninguna obligación en la sociedad. Por consiguiente, la responsabilidad de establecer el Din es la mayor de todas las obligaciones. Ignorando esta responsabilidad, no es posible establecer correctamente en la sociedad ninguna obligación —la oración, el ayuno, el peregrinaje, el zakat, etc.—. Del mismo modo, sin establecer el Din no pueden erradicarse de la sociedad la corrupción y la injusticia.
Por tanto, no hay más remedio que reconocer que la responsabilidad del establecimiento del Din (la obligación de establecer el Din) es obligatoria para todo musulmán. Es decir, esforzarse por establecer el Din o hacerlo victorioso es un «farḍ al-‘ayn». Sin embargo, una vez que el Din ha triunfado, la responsabilidad de mantenerlo establecido recae sobre el gobierno que dirige el Estado islámico. Entonces se convierte en un «farḍ al-kifāya» para los musulmanes en general. Pero la responsabilidad de derrotar el Din de la falsedad y hacer triunfar el Din de la verdad es, sin duda, un «farḍ al-‘ayn». Si se considera al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como اسوة حسنة(el modelo más excelente) y a los honorables Compañeros como dignos de imitación, no hay más remedio que reconocerlo.
Después de comprender la responsabilidad de establecer el Din como la mayor de todas las obligaciones, nadie puede contentarse con prestar solamente algunos servicios valiosos al islam. Naturalmente, el caso de quienes ni siquiera tienen conciencia de esta responsabilidad es distinto. Allah, el Altísimo, que es el dueño de la salvación, conoce su situación y es seguro que no cometerá injusticia contra nadie; pero no es natural que quienes han recibido de Allah la capacidad de comprender la responsabilidad (obligación) de establecer el Din sean negligentes respecto de este asunto. Les resulta imposible contentarse con los servicios al Din que se prestan mediante las madrasas, las khanqahs y el tabligh.
Nadie puede negar que mediante las madrasas, los sermones, las khanqahs y el tabligh se están prestando grandes servicios al Din. Estos servicios son especialmente útiles para el establecimiento del Din. Sin embargo, el Din no puede establecerse por sí solo mediante esos servicios. El método de acción (tarīqa-yi kār) y el programa para establecer el Din no se limitan únicamente a los servicios. El esfuerzo por establecer el Din adopta naturalmente la forma de un movimiento revolucionario. Por eso, este esfuerzo recibe el nombre de movimiento islámico o «yihad por la causa de Allah».
¿Acaso el Mensajero realizó alguna tarea adicional a su responsabilidad??
El último Profeta y Profeta universal (s. a. s.) libró una larga lucha contra la falsedad, soportó personalmente una persecución extrema y también hizo que los honorables compañeros aceptaran sufrir pérdidas indescriptibles en sus vidas y bienes. Tras formar un grupo de colaboradores capacitados durante los primeros trece años del movimiento islámico dirigido por el Mensajero de Allah (s. a. s.), comenzó en Medina la era de la victoria. Esta victoria también tardó ocho años en consolidarse. Toda la fuerza árabe, bajo el liderazgo de los qurayshíes, intentó repetidamente acabar con el Estado islámico de Medina. A finales del sexto año de la Hégira, como resultado del Tratado de Hudaybiyya, cesaron los ataques de los qurayshíes, y la revolución islámica se consolidó con la conquista de La Meca, en el mes de Ramadán del octavo año de la Hégira.
Incluso después de que el islam triunfara en toda Arabia, el Mensajero (s. a. s.) tuvo que adoptar numerosas medidas para proteger al Estado islámico de los ataques de los imperios persa y romano. Invitó a los gobernantes de todos los Estados circundantes a aceptar el islam y, si no aceptaban la invitación, los exhortó a reconocer la soberanía del Estado islámico.
Podría plantearse la pregunta de si el Mensajero realizó alguna tarea adicional a la responsabilidad que Allah le había encomendado respecto a la religión del islam. Realizó innumerables tareas políticas, económicas y sociales: estableció un Estado islámico, combatió para protegerlo, formó un gobierno para administrarlo, implantó la ley coránica en lugar de las leyes vigentes del país, estableció un sistema judicial basado en la justicia, promulgó disposiciones económicas para que nadie quedara privado del sustento proporcionado por Allah, etc. ¿Acaso no realizó estas tareas precisamente como responsabilidades islámicas?
El Mensajero de Allah es el modelo de la religión del islam. Si él mismo realizó estas tareas como responsabilidades religiosas, ¿acaso no perjudicará la religiosidad desatender su importancia? Lo sorprendente es que precisamente invocando la religiosidad se desatienden estas responsabilidades de la religión. Si las personas religiosas no comprenden que la responsabilidad religiosa de derrotar la falsedad y hacer triunfar la religión de la verdad es la tarea principal, y que la oración, el ayuno, el recuerdo de Allah, etc., son necesarios precisamente para capacitarse para esa tarea, entonces ¿quién asumirá la responsabilidad de hacer triunfar la religión del islam?
Quienes distribuyen el conocimiento del Corán y del hadiz en las madrasas, quienes imparten la enseñanza religiosa en las khanqahs, quienes difunden la luz de la religión entre la gente en las reuniones de sermones y quienes, mediante el tabligh, enseñan a las personas la preocupación por la otra vida: ellos son los verdaderos servidores y abanderados de la religión. Por eso, son ellos quienes tienen la mayor capacidad para comprender la responsabilidad del establecimiento de la religión. Entonces, quienes ni siquiera sirven mínimamente a la religión, ¿cómo podrán percibir la difícil responsabilidad del establecimiento de la religión que asumió el Mensajero (s. a. s.)?
Por eso, mi ferviente petición a todos los sinceros servidores de la religión dedicados a sus diversas formas de servicio es que reflexionen con mente abierta sobre esta responsabilidad del establecimiento de la religión. Si he comprendido algo erróneamente, ayúdenme a corregir mi idea equivocada mediante argumentos extraídos del Corán, del hadiz y de la vida del Mensajero (s. a. s.). Todos tendremos que comparecer ante Allah. Lo más importante es que allí no tengamos que sentirnos avergonzados.
Por lo general, como excusa para no cumplir esta responsabilidad, algunos invocan a ciertas personas muy religiosas y dicen: «¿Acaso ellas no comprendieron esta responsabilidad? ¿No obtendrán la salvación en la otra vida por no haberla cumplido?». No hay manera de hacer comprender a quienes buscan excusas de este tipo. Si el Mensajero de Allah era el modelo, entonces hay que intentar seguirlo precisamente a él. Presentar a cualquier otro erudito, santo o persona religiosa como argumento frente al Mensajero es absolutamente injusto.
Cada uno de nosotros tendrá que rendir cuentas de sus propios actos ante el tribunal del Más Allá. Allí no servirá de nada el débil argumento: «Como tal gran erudito no cumplió con la responsabilidad de establecer el Dīn, yo tampoco consideré necesario cumplirla». Allí se preguntará precisamente si se siguió correctamente al Mensajero (s. a. s.). De ello dependerá la salvación. No habrá ninguna manera de eludir esta pregunta apelando a ningún erudito.
El método eterno del movimiento islámico
Es cierto que el programa detallado del movimiento islámico se formula en cada país según sus circunstancias internas. Sin embargo, el método fundamental del movimiento es el mismo en todos los países y en todas las épocas. Se trata de un método permanente que incluso los profetas y mensajeros de Allah tuvieron que seguir. Es el único método natural para establecer cualquier ideal en el mundo. Su descripción resumida es la siguiente:
Uno: Por perfecto que sea un ideal, ningún ideal puede establecerse por sí mismo en la sociedad. Es necesario formar un grupo de dirigentes y un cuerpo de trabajadores capaces de establecerlo efectivamente en los distintos ámbitos de la sociedad y del Estado.
Dos: Un grupo de dirigentes y trabajadores capacitados de este tipo no desciende del cielo. Hay que organizarlos y formarlos a partir de la sociedad humana. Los dirigentes del movimiento del ideal los organizan y, mediante un programa especial, moldean su mente, intelecto y carácter conforme a dicho ideal.
Tres: Puesto que en toda sociedad ya existe un sistema establecido y sus líderes —políticos, económicos, religiosos y sociales— mantienen sus intereses mediante la aplicación de dicho sistema, resisten con todas sus fuerzas cualquier movimiento a favor de un nuevo ideal. Este conflicto entre los trabajadores del movimiento islámico y los intereses creados se manifestó en la vida de todos los profetas. Es un conflicto sumamente natural y necesario. Este conflicto constituye la verdadera prueba para los trabajadores. Quienes, aun privados de las oportunidades y beneficios de la sociedad y soportando la prisión, la opresión y la persecución de los intereses creados, permanecen firmes en el movimiento, demuestran ser dignos de este ideal. No existe otro medio para seleccionar a las personas aptas aparte de esta prueba natural.
Cuatro: Este método eterno para formar dirigentes y un cuerpo de trabajadores capacitados para el movimiento requiere necesariamente tiempo. No puede realizarse de ningún modo de repente ni en poco tiempo. Por ello, el Profeta universal tuvo que enfrentarse durante trece largos años, en la etapa de formación de las personas y hasta la Hégira a Medina, con los intereses creados. El cuerpo de trabajadores del Profeta tuvo que someterse a la prueba final mediante la Hégira. Quienes, por causa del islam, se vieron obligados a abandonar sus hogares, familiares, riquezas y tierra natal demostraron que en sus manos era posible la victoria del Dīn del islam. Porque podían sacrificarlo todo en el mundo por el único ideal. Así, es natural que se requiera bastante tiempo para crear, mediante el movimiento, un grupo de trabajadores sacrificados y desinteresados.
Cinco: Solo después de superar esta etapa de formación de las personas puede surgir la oportunidad de formar la sociedad. La etapa de formación personal también puede llamarse época de lucha. Cuando en algún lugar se confía el poder a las personas formadas durante la época de lucha, comienza la época de victoria del movimiento y entonces es posible formar la sociedad. Después de la Hégira, el Mensajero (s. a. s.) obtuvo precisamente esta oportunidad en Medina.
Mientras el liderazgo no llegue a manos de personas capaces de establecer el ideal, este no podrá establecerse. ¿Cómo puede establecerse el islam por medio de quienes no lo conocen o, aun conociéndolo, no lo practican en sus propias vidas? Quienes fracasan en establecer el islam en su vida personal no tienen siquiera la capacidad de servir al islam en la sociedad.
Seis: Existe una diferencia clara entre servir al islam y el movimiento islámico. El conflicto entre el movimiento islámico y los poderes gobernantes y los intereses establecidos es inevitable. Sin embargo, estos intereses establecidos no entran en conflicto con aquellos servicios al islam que no los inquietan. Esos servicios pueden apoyar indirectamente y en distintas etapas al movimiento islámico. Pero, mientras no teman que tales servicios puedan cambiar el sistema social vigente, los intereses establecidos no los obstaculizan. Si llegan a considerar que una determinada invitación o programa hará surgir una fuerza popular contra el sistema social y estatal que dirigen, naturalmente no tolerarán ese movimiento. El verdadero movimiento islámico integral es revolucionario por naturaleza. El método y el programa revolucionarios para construir al individuo, la sociedad y el Estado sobre la base de la servidumbre a Allah y el liderazgo del Mensajero (la paz sea con él) constituyen la principal sunna de los profetas. El objetivo del movimiento islámico es cambiar el sistema social que no obedece a Allah y a Su Mensajero (la paz sea con él). Este movimiento es llamado, en el lenguaje del Noble Corán, «yihad en el camino de Allah».
Siete: Aunque el movimiento islámico atraviese una larga época de lucha con el método y el programa correctos, y aunque logre formar un liderazgo y un grupo de trabajadores capaces de establecer el islam, es posible que finalmente no llegue la época de la victoria. Sin duda, la formación de una comunidad de creyentes y virtuosos cumple la primera condición para la victoria del islam. Pero si la mayoría de la población de la sociedad donde se intenta establecer la ley islámica se opone activamente al ideal, la victoria no es posible. ¿Por qué el liderazgo y el grupo de trabajadores formados por el Mensajero de Allah (la paz sea con él), que pudieron establecer el islam en Medina, fueron incapaces de hacerlo en La Meca? La victoria no llegó allí porque la población de La Meca se oponía activamente al islam. Esto demuestra que el islam no puede establecerse sobre un pueblo contrario al islam. Allah no impone la gran bendición de Su religión a un pueblo que no la desea.
Por esta razón, muchos profetas de Allah no pudieron hacer triunfar la religión del islam. Esto no fue un fracaso de su parte. ¿Quién podría ser más competente que ellos? Aunque en La Meca se cumplió la condición de formar personas capaces de establecer el islam, allí no se cumplió la condición de que la población no se opusiera. Al cumplirse esta segunda condición en Medina, el islam pudo alcanzar la victoria.
Debe observarse especialmente que la tarea del movimiento islámico consiste en esforzarse por cumplir la primera condición, es decir, enfrentarse a las fuerzas de la falsedad y formar, desde el seno de la sociedad, un grupo de muyahidines revolucionarios. Si esta condición se cumple y la segunda también está presente, Allah mismo ha asumido la responsabilidad de otorgar el liderazgo a ese grupo de muyahidines. Cómo, de qué manera y cuándo les concederá el poder dependerá de las circunstancias. La responsabilidad de llevarlos al poder corresponde a Allah. Intentar obtener el liderazgo mediante métodos anormales y tortuosos no puede ser el método correcto del movimiento islámico.
وَعَدَ اللَّهُ الَّذِينَ آمَنُوا مِنكُمْ وَعَمِلُوا الصَّالِحَاتِ لَيَسْتَخْلِفَنَّهُمْ فِي الْأَرْضِ
Significado: Allah ha prometido conceder el califato en la tierra a quienes de entre vosotros crean y obren rectamente». —(sura An-Nur: 55)
Si el objetivo de establecer el islam pudiera alcanzarse obteniendo el poder de una u otra manera sin seguir el método mencionado anteriormente, entonces, cuando los líderes de La Meca invitaron al Mensajero (la paz sea con él) a abandonar la invitación al islam y aceptar la soberanía, seguramente habría considerado obtener el poder y establecer el islam mediante ese procedimiento. Para cambiar un sistema social e implantar otro nuevo, es necesario formar, a partir de esa misma sociedad, un grupo de personas desinteresadas aptas para establecer el nuevo ideal. Lo más interesante es que, en una sociedad no islámica, es posible encontrar personas de este tipo únicamente mediante el movimiento islámico. Pues es anormal avanzar contra el sistema social vigente impulsado por algún interés mundano. Quienes avanzan ignorando los obstáculos y la opresión de los intereses establecidos son los aptos para el nuevo ideal. Solo durante la época de lucha es posible seleccionar a ese tipo de personas. En la época de la victoria, incluso personas oportunistas pueden sentirse atraídas por el ideal. Entonces resulta sumamente difícil seleccionar a los portadores desinteresados del ideal. Por eso, después de la victoria, el movimiento ideológico se ve gradualmente perjudicado por los egoístas.
El movimiento islámico y el sistema de cuadros
Para establecer en la práctica cualquier ideología, es indispensable formar un liderazgo y un cuerpo de trabajadores dotados de esa ideología en su mente, intelecto y carácter. Si el liderazgo de la organización establecida con este propósito se rige, en lugar de por cualidades y aptitudes ideológicas, únicamente por influencia política y capacidad económica, tal organización jamás podrá establecer dicha ideología. Por ello, un movimiento basado en una ideología se ve obligado a adoptar algún tipo de sistema de cuadros para formar líderes y equipos de trabajadores adecuados.
Del mismo modo que no se puede alcanzar el objetivo de la educación si se matricula a todos los estudiantes de una madrasa, escuela o universidad en la misma clase y se les asigna el mismo nivel de trabajo, tampoco se puede alcanzar el objetivo de formar la mente, el intelecto y el carácter si se considera a toda clase de personas en la organización como iguales. Por eso se necesita una progresión natural y gradual: primero simpatizante, luego trabajador y finalmente miembro, asumiendo las responsabilidades correspondientes. A este tipo de método se le llama sistema de cuadros.
Quienes creen que en la organización del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) no existía un sistema de cuadros cometen un grave error de cálculo. La extrema oposición a la que se enfrentaban, por parte de los intereses establecidos, como consecuencia de creer en el Mensajero hizo que el sistema de cuadros surgiera de manera espontánea. En aquella época era fácil distinguir quiénes no estaban dispuestos a abandonar al Mensajero a pesar de la opresión y la persecución, y quiénes no se atrevían a prepararse para asumir el riesgo del peligro.
Mientras el movimiento islámico de la sociedad musulmana actual no se enfrente a una situación tan difícil, habrá que aplicar artificialmente el sistema de cuadros. Sin embargo, el verdadero sistema de cuadros se formará cuando el conflicto con las fuerzas del batil se vuelva manifiesto. Antes de que surja esa situación, es necesario establecer una clasificación, como en los colegios y universidades, para determinar los distintos niveles de actividad de cada persona en el movimiento islámico y cuánto puede sacrificar de su vida y sus bienes. Esto se debe a que, en la sociedad musulmana actual, todos pretenden ser musulmanes. Entre ellos, incluso una persona muy piadosa quizá no sea en absoluto apta para el movimiento islámico. Incluso un buen muḥaddiz quizá no esté dispuesto a avanzar en el campo del movimiento. E incluso un imán competente de una mezquita puede no estar dispuesto a salir al campo de batalla contra el batil. Reconocer como miembros de la organización del movimiento islámico a personas de este tipo no permite que avance la labor de establecer el dīn. Por eso, sin un sistema de cuadros no puede alcanzarse el objetivo de formar personas.
Incluso después de aplicar este sistema de cuadros, durante el conflicto extremo entre el haqq y el batil, algunos dirigentes pueden quedarse atrás mostrando debilidad, mientras que algunas personas menos adelantadas pueden avanzar. Solo entonces el sistema de cuadros alcanzará su nivel natural.
¿Por qué es inevitable el conflicto entre el haqq y el batil??
Todos los profetas y mensajeros que han venido al mundo cumplieron la responsabilidad de establecer el dīn del haqq. Allí donde no estaba establecido el dīn del haqq, necesariamente estaba establecido el batil. Si se intenta establecer el haqq, es natural que surja oposición por parte del batil, porque el haqq y el batil no pueden estar vigentes simultáneamente. La luz y la oscuridad no pueden coexistir. Solo Adán (la paz sea con él) y Sulaimán (la paz sea con él) no se enfrentaron a oposición. En la época de Adán (la paz sea con él) no había ningún ser humano; ¿quién habría de oponerse? Y como Sulaimán (la paz sea con él) era el administrador del Estado islámico establecido por su padre, Dawud (la paz sea con él), no existía ninguna fuerza del batil capaz de oponérsele.
La primera declaración que se hace, dentro de la verdad, mediante la kalima tayyiba consiste en rechazar toda falsedad diciendo la-ilaha, antes de reconocer a Allah como Ilah. Precisamente porque en la sociedad existen fuerzas falsas que se atribuyen ser ilah, señores o autoridades, es necesario rechazar primero la falsedad. Es absurdo reconocer la verdad mientras se mantiene la falsedad en la mente y el corazón. Por eso, primero se rechazan todos los falsos ilah diciendo la-ilaha, y luego se acepta únicamente a Allah como Ilah diciendo illallah.
فَمَن يَكْفُرْ بِالطَّاغُوتِ وَيُؤْمِن بِاللَّهِ فَقَدِ اسْتَمْسَكَ بِالْعُرْوَةِ الْوُثْقَىٰ
Significado: «Quien rechazó al taghut y creyó en Allah, ese se ha aferrado al asidero más firme». (Sura Al-Baqara: 256, Ayat al-Kursi)
Taghut significa una fuerza rebelde contra Allah. El kafir simplemente niega a Allah. Pero el taghut impide que las personas se sometan a Allah y las obliga a obedecerle a él en lugar de a Allah. Puesto que Faraón era un taghut de esa clase, cuando Allah envió a Musa a Faraón, dijo——
اذْهَبْ إِلَىٰ فِرْعَوْنَ إِنَّهُ طَغَىٰ
«Ve a Faraón; ciertamente se ha rebelado». (Sura An-Nazi’at: 17)
En una palabra, toda fuerza contraria al islam es taghut. En el din se declara la rebelión contra las fuerzas de la falsedad diciendo: la-ilaha, es decir, no reconocemos a ningún gobernante. Solo después de rechazar a todas las demás autoridades se puede reconocer a Allah como el único Ilah diciendo illallah. Por tanto, la primera palabra del islam es la rebelión contra la falsedad. Por eso, todo profeta que vino con la invitación a la kalima fue considerado naturalmente enemigo por el taghut o la falsedad.
Todos aquellos a quienes Allah el Altísimo eligió como profetas y mensajeros eran populares en sus respectivos países debido a su honestidad, fe, veracidad y todas las demás cualidades humanas.أَنِ اعْبُدُوا اللَّهَ وَاجْتَنِبُوا الطَّاغُوتَHasta antes de invitar al din de la verdad, el último Profeta también era elogiado como Al-Amín y As-Sadiq. Pero, al invitar diciendo
Al escuchar el llamamiento del profeta, Nimrod, el Faraón y Abu Yahl comprendieron que el profeta quería cambiar las leyes con las que gobernaban el país y los principios según los cuales dirigían la sociedad, e implantar un nuevo sistema. El Faraón dijo claramente: إِنِّي أَخَافُ أَن يُبَدِّلَ دِينَكُمْ«Temo que él —Moisés— cambie vuestra religión». (Sura Al-Mumin: 26)
Quienes gobiernan un país elaboran las leyes y normas de tal manera que se salvaguarden los intereses de la clase gobernante. Se mantienen en vigor las leyes y el sistema económico adecuados para explotar al pueblo y preservar la supremacía del grupo gobernante. Esta es precisamente la característica de las leyes creadas por los seres humanos; por tanto, mantener el sistema social y estatal vigente responde a los intereses de los gobernantes. Por eso se les llama intereses creados. Es decir, quienes conservan sus intereses cuando se mantiene el sistema vigente son los intereses creados (Vested Interest).
Cada vez que un profeta invitó a la servidumbre a Allah, los intereses creados comprendieron que esto contradecía sus intereses. Por eso consideraron necesario oponerse. No solo las fuerzas políticas y económicas, sino también los intereses sociales y religiosos, fueron incapaces de tolerar a los profetas. El padre de Ibrahim —la paz sea con él—, Azar, era un líder religioso. En la corte de Nimrod tenía la posición de sumo sacerdote real. Vivía cómodamente bajo el gobierno de Nimrod gracias al negocio de la religión. El llamamiento de Ibrahim —la paz sea con él— golpeó los intereses creados religiosos de Azar. El último profeta esperaba que los ulemas y los pirs de los judíos y los cristianos —llamados ahbar y ruhban en el lenguaje del Corán— aceptaran fácilmente su llamamiento. Pues ya estaban familiarizados con Allah, el Más Allá, los profetas y la revelación. Pero se vio que, cuando surgió el conflicto entre el Mensajero —la paz y las bendiciones de Allah sean con él— y los intereses políticos, económicos y creados de La Meca, los intereses religiosos de aquellos ahbar y ruhban también los obligaron a colaborar con los Abu Yahl. Así, el conflicto entre la verdad y la falsedad es inevitable, y todos los tipos de intereses creados se unen para oponerse a la verdad.
Alguien podría preguntar: ¿por qué surge este tipo de conflicto entre el movimiento islámico y los gobernantes musulmanes en un país de mayoría musulmana? Llevar un nombre musulmán no convierte a alguien en un verdadero partidario del islam. Yazid también era un gobernante musulmán. Sin embargo, Yazid no pudo tolerar al Imam Husain —que Allah esté complacido con él—, portador del ideal islámico. En este país hay muchos líderes y partidos que llevan nombres musulmanes, pero son ateos, secularistas, comunistas o socialistas, y son acérrimos enemigos del movimiento islámico.
La cuestión fundamental es que, cuando quienes se benefician de los intereses creados comprenden que, si el movimiento islámico triunfa, las leyes y el sistema social que se implanten pondrán fin a sus intereses establecidos actuales, se convierten entonces en enemigos de este movimiento.
Las fuerzas de la falsedad que obstaculizan el establecimiento de la verdadera religión son de dos tipos. La principal fuerza de la falsedad es la fuerza gobernante que está en el poder. Quienes tienen en sus manos el poder del Estado no pueden tolerar de ningún modo el movimiento para establecer la religión. Saben muy bien que, en una sociedad no islámica, no puede implantarse un sistema social islámico bajo el liderazgo de la persona o del partido que está en el poder. Se oponen al movimiento islámico por el interés de preservar su propia existencia en un Estado islámico.
En la sociedad existe otro tipo de fuerza opuesta al movimiento islámico que, aunque se cuenta directamente entre las fuerzas de la falsedad, no se activa a favor de la verdad en el conflicto entre la verdad y la falsedad. Directa o indirectamente, coopera con la falsedad. Quienes no actúan en el campo de batalla contra la falsedad no pueden permanecer neutrales hasta el final en ese conflicto. Incluso quienes sirven a la religión se ven obligados a desempeñar un papel de este tipo. Quienes no se atreven a cumplir la responsabilidad de establecer la religión terminan demostrando ser aliados de la falsedad.
¿Por qué no surge este conflicto con el servicio religioso??
En un país donde no está establecido el dīn de la verdad, si se lleva a cabo la labor de establecer el dīn o un movimiento islámico, los intereses creados inevitablemente se opondrán. Es natural que consideren el movimiento islámico perjudicial y objetable para el dīn falso. Si los intereses creados no consideran peligrosa alguna actividad islámica, debe entenderse que, por valiosa que sea dicha actividad, no es un movimiento para establecer el dīn.
Sin duda, las madrasas prestan un gran servicio al dīn. Pero los intereses creados no consideran que la da‘wa y el programa de las madrasas vayan a derrocar al gobierno y al sistema social falsos. La madrasa más grande del mundo está situada en Deoband, India. El Gobierno de la India no la considera perjudicial. En marzo de 1980 se celebró una gran conferencia internacional con ocasión del centenario de la madrasa de Deoband. La primera ministra de la India, Indira Gandhi, pronunció un discurso en aquella conferencia. El Gobierno de Indira no consideró que la da‘wa y el programa de la madrasa de Deoband fueran perjudiciales de ningún modo para el sistema social y estatal de aquel país.
La nación musulmana está agradecida a todas las madrasas de nuestro país, grandes y pequeñas, incluida la madrasa de Deoband, por el gran servicio que prestan al dīn. Ningún musulmán puede negar la importancia de este servicio. Sin duda, estas madrasas son un apoyo para el movimiento islámico. Muchos ulemas capacitados para el movimiento han salido de ellas. Pero las madrasas no están llevando a cabo directamente, por sí mismas, el movimiento para establecer el dīn.
Del mismo modo, la Jamaat Tabligh está prestando un gran servicio al dīn. Esta Jamaat está orientando hacia Allah, el Mensajero y la Otra Vida a un gran número de personas en todo el mundo. El centro de esta Jamaat está situado en Delhi, India. El emir de esta Jamaat mundial es ciudadano de la India. Sin embargo, ningún gobierno considera que esta Jamaat sea perjudicial para sus intereses. Incluso China y Rusia no le han impedido entrar en sus territorios. Gracias a esta gran Jamaat, el mensaje de la kalima y la oración, así como la da‘wa hacia Allah, el Mensajero y la Otra Vida, puede llegar incluso a los países comunistas; esto es motivo de gran alegría. Es injusto considerar pequeño este servicio.
Sin importar cuán grande sea el servicio religioso prestado por la labor de Tabligh, el programa y la da‘wa de esta Jamaat no contienen ningún plan para establecer el dīn. Esta Jamaat tiene que trabajar en países donde los musulmanes son minoría, e incluso en países comunistas. Por tanto, esta Jamaat aprovecha únicamente las oportunidades posibles para servir al dīn evitando el enfrentamiento con lo falso.
Tuve la fortuna de trabajar en esta Jamaat durante cuatro años y medio, entregándome en cuerpo y alma. Inmediatamente después de presentarme al examen de maestría, mientras permanecía continuamente con esta Jamaat durante tres chillahs (cuatro meses), sentí el fervor y la inspiración de consagrar mi vida al islam. Por eso, en mi vida, mi amor por la Jamaat Tabligh es naturalmente profundo y duradero.
Amo de todo corazón a todos los dirigentes de la Jamaat Tabligh de Bangladesh. Como trabajé junto a ellos durante varios años en una misma Jamaat, tuve la oportunidad de formarme personalmente una idea correcta de su sinceridad y dedicación. A algunos de ellos los respeto en mi corazón como maestros; por ejemplo, a Hazrat Maulana Abdul Aziz, antiguo emir de la Jamaat Tabligh de Bangladesh. A otro lo considero un venerable guía religioso, de quien recibí inspiración para consagrar mi vida al islam; por ejemplo, al hermano ingeniero Abdul Muqit. Entre los dirigentes había varios a quienes tuve como estrechos compañeros de trabajo y queridos amigos.
Presento, con profundo afecto y apremio, una humilde súplica a aquellos maestros, guías religiosos y amigos míos: que no permitan que nadie cree entre los musulmanes de este país ninguna idea equivocada sobre esta gran Jamaat dirigida bajo su liderazgo. Algunos proclaman que la labor de la Jamaat Tabligh es exactamente el mismo movimiento islámico dirigido por el Mensajero de Allah. En las madrasas de la época actual se enseñan el Corán y el hadiz. Pero, aunque el Mensajero (saw) prestó un gran servicio al dīn mediante una labor de este tipo, no debe permitirse que se genere la idea de que cumplió la responsabilidad de establecer el dīn adoptando exactamente un programa tan limitado.
El movimiento arduo y lleno de lucha que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dirigió para hacer victorioso al Islam, y cuyo programa utilizó para establecer realmente la religión, si la Jamaat Tabligh hubiera adoptado exactamente ese programa, no habría podido trabajar de esta manera en todos los países sin oposición ni enfrentamiento con la falsedad. Para cumplir el deber inicial de transmitir por todo el mundo las enseñanzas fundamentales de la religión, el programa que esta Jamaat ha adoptado es correcto si se quiere evitar el enfrentamiento. Sin embargo, todos deben comprender que este programa es de ningún modo suficiente para hacer victoriosa y establecer la religión de Allah en el mundo. Si se crea la impresión de que la invitación y el programa mismos constituyen el movimiento del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), existe el riesgo de que esta Jamaat cause más daño a la religión que el servicio que le presta. Por la conducta de quienes han adquirido esta idea equivocada se puede estimar la naturaleza y la magnitud de ese daño.
Es natural que surjan varias ideas equivocadas entre quienes consideran que el programa de seis principios de la Jamaat Tabligh y su método de trabajo (tariqa de trabajo) son semejantes a la invitación religiosa del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) durante su vida en La Meca, y esperan que mediante esta cantidad de trabajo se establezca la religión de Allah en la tierra:
Primero: En primer lugar, considerarán que el Islam se limita únicamente al ámbito religioso. No verán ninguna necesidad de las disposiciones que el Islam ha establecido para todos los ámbitos de la vida. La economía, la ley y la política del Islam les parecerán innecesarias.
Segundo: Considerarán que el movimiento para establecer un Estado islámico y un gobierno islámico es una actividad mundana, y pensarán que quienes realizan esta labor ansían el poder.
Tercero: La idea de establecer la religión evitando el enfrentamiento con la falsedad les inculcará una actitud tal que se conformarán con aquel aspecto del Islam al que la falsedad no se opone.
Cuarto: Como consecuencia de esta idea, menospreciarán todas las demás formas de servicio a la religión. Les parecerá que solo el Tabligh es una labor religiosa y no tendrán la capacidad de comprender el valor de los demás servicios religiosos.
Quinto: Durante las elecciones, este tipo de personas no tendrá reparos en votar incluso por personas contrarias al Islam. Más bien, sentirán aversión por quienes hacen política exigiendo la aplicación de la ley islámica. Como consideran censurable hacer política en nombre del Islam, a la hora de votar elegirán precisamente a quienes ni siquiera hablan del Islam.
Sexto: También pueden llegar a pensar que la Jamaat Tabligh está intentando establecer la religión del Islam de una manera tan admirable que los enemigos del Islam ni siquiera se dan cuenta. Se está trabajando con una sabiduría tan extraordinaria que quienes se oponen al Islam no encuentran ningún medio para obstaculizarlo.
¡Qué grave sería una concepción semejante! ¿Acaso Allah no pudo enseñar a los profetas una sabiduría tal que pudieran trabajar sin obstáculos, como Tabligh? ¿Acaso los profetas soportaron entonces en vano tanta opresión y persecución?
Alguien podría decir que los profetas encontraron obstáculos precisamente porque predicaban entre los incrédulos. En cambio, como Tabligh trabaja únicamente entre los musulmanes, no encuentra obstáculos. Si se intenta convertir individualmente a los musulmanes en buenos musulmanes
¿por qué habría de surgir oposición por parte de las fuerzas del error? Pero si se trabaja con el llamamiento y el programa de cambiar las leyes, el gobierno y el sistema social del país, las fuerzas gobernantes que llevan nombre musulmán se opondrán del mismo modo que los no musulmanes.
Precisamente por estas preocupaciones me he visto obligado a exponer tantas cosas ante los responsables de Tabligh Jamaat. Tabligh Jamaat no es un movimiento para establecer el din. Esta Jamaat es un movimiento mundial dedicado a un servicio sumamente valioso al din. Considero correcta esta concepción de Tabligh. Sería sumamente perjudicial para el sistema de vida islámico considerar que el llamamiento y el programa de Tabligh son tan completos como el movimiento islámico del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Como consecuencia, se consideraría al Profeta del mundo nada más que un líder religioso. Que Allah proteja a la nación musulmana de semejantes concepciones erróneas.
Cada año, en la gran reunión mundial de Tabligh que se celebra en el extenso terreno de Tongi, se congregan en distintas ocasiones entre 1,5 y 2,5 millones de personas. Esto es verdaderamente alentador. Yo también participo en ella y deleito mis ojos contemplando esta muestra del amor de los musulmanes por el islam.
Si tan solo una décima parte de esas personas se reuniera con el llamamiento y el programa de derrocar el din de la falsedad y establecer el din de la verdad, el gobierno y los intereses establecidos de este país se pondrían nerviosos. Los círculos secularistas y socialistas iniciarían en los periódicos una enorme algarabía contra ellos.
En febrero de 1981, la conferencia y marcha de apenas entre 15.000 y 20.000 militantes de una organización estudiantil islámica en Daca provocó una extraña conmoción en todos los círculos antiislámicos. Sin embargo, esta organización no es un partido político. Precisamente porque hablan de establecer el din y exhortan a la comunidad estudiantil a establecer un Estado islámico, los intereses establecidos están tan inquietos.
Todas las fuerzas de la falsedad y los círculos antiislámicos saben muy bien que Tabligh es una Jamaat puramente religiosa, sin mezcla alguna, y que no se ocupa de la política, el Estado ni el gobierno. Por tanto, no hay razón para preocuparse por ellos ni motivo alguno para alarmarse.
Por exactamente la misma razón, las fuerzas de la falsedad no temen las reuniones de millones de musulmanes en los urs y mahfiles de los pires. En esos mahfiles ciertamente se sirve al islam mediante el sermón, el talqīn y el dhikr. Pero, como allí no existe ningún programa para la iqāmat al-dīn, los sectores hostiles al islam no están preocupados.
Precisamente para aclarar este punto mencioné, a modo de ejemplo, las madrasas, el tabligh y las khanqahs. Las fuerzas de la falsedad no entran en conflicto con la khidmat del dīn. Este conflicto surge únicamente con el llamamiento y el programa de la iqāmat al-dīn. La vida de todos los profetas ha demostrado que esto es cierto.
De lo que se expone en el Sagrado Corán acerca de los profetas y mensajeros se desprende que las fuerzas gobernantes de su época y los intereses religiosos establecidos no pudieron tolerar a ningún profeta. Salvo Hazrat Adán (la paz sea con él) y Hazrat Salomón (la paz sea con él), todos los profetas entraron en conflicto con las fuerzas de la falsedad. Si los propios profetas tuvieron que enfrentarse a la falsedad por trabajar con el programa de la iqāmat al-dīn, ¿cómo podría ser posible que la comunidad de un profeta estableciera este islam evitando tal conflicto?
Quienes consideran que evitar el conflicto con la falsedad es hikmat deberían reflexionar sobre por qué Allah Todopoderoso no enseñó esa hikmat a los profetas y mensajeros. Quienes desean trabajar con el propósito de hacer victoriosa la religión de Allah ni siquiera pueden pensar en evitar este conflicto. Sin duda pueden dedicarse a servir algún aspecto de la religión, y ese servicio también puede contribuir a la iqāmat al-dīn. Pero ese trabajo suyo no puede ser directamente el trabajo de la iqāmat al-dīn. La religión no quedará establecida mediante ese servicio limitado. Para establecer la religión es absolutamente necesario un programa independiente.
¿Por qué no están todos los ulemas “activos en la iqāmat al-dīn”??
Es cierto que en Bangladesh hay varios cientos de miles de ulemas. Se dedican a diversos tipos de servicio religioso. La pregunta de por qué no participan activamente en el movimiento islámico conforme a las exigencias de la iqāmat al-dīn no es irrelevante. Tras haber estado durante mucho tiempo en estrecho contacto con la comunidad de los ulemas, he buscado la respuesta a esta pregunta. Solo Allah Todopoderoso conoce la verdadera razón. Pero esta cuestión es tan pertinente que, sin encontrar su respuesta, el pueblo musulmán no podrá comprender correctamente la importancia del movimiento islámico. Deseo exponer aquí el resultado de mis modestas observaciones.
Primero: las madrasas de nuestro país funcionan con las donaciones de la población. Incluso las que reciben ayuda gubernamental reciben muy poca. Los pobres profesores de las madrasas también tienen que dedicar tiempo y esfuerzo a resolver los problemas financieros de estas. Casi todos los que acuden a estudiar en las madrasas son hijos de familias pobres. Como para los pobres no es posible estudiar en escuelas y universidades de forma gratuita o con un coste reducido, las madrasas son su único recurso. Las propias madrasas reúnen los libros y materiales de estudio de los alumnos. Incluso, en la mayoría de los casos, las madrasas deben encargarse también de proporcionarles comida y alojamiento.
Durante la época del gobierno musulmán, el Estado asumía los gastos de la educación. También en la actualidad, el Gobierno sufraga la mayor parte del coste de la educación general (escuelas, institutos y universidades). Pero la educación de las madrasas constituye una excepción. Que las madrasas sobrevivan gracias a las donaciones de la población es ya una gran misericordia de Allah. En estas circunstancias, es imposible siquiera expresar suficiente gratitud por la parte de la protección del Corán y del hadiz que se realiza mediante las madrasas. Por eso, no es posible que la calidad de la educación en las madrasas alcance el nivel que debería. En consecuencia, son pocos los ulemas de alto nivel que se forman.
Dos: Puesto que no esperan ningún progreso mundano mediante la educación de la madrasa, los ricos ni siquiera envían a sus hijos a la madrasa. La mayoría de los pobres también envía a sus hijos talentosos a las escuelas. Como resultado, relativamente pocos buenos estudiantes llegan a la madrasa. Incluso los que llegan, después de graduarse de la madrasa o antes de terminar sus estudios, bajo la presión de la vida mundana se orientan hacia la universidad.
Tres: En el entorno actual, quienes estudian en la madrasa lo hacen por amor al Islam. Saben que en el mundo no tendrán la oportunidad de hacer algo grande. Dan por hecho que, aparte de oportunidades como ser imán de una mezquita, maestro de madrasa, a lo sumo profesor de árabe y diniyat en una escuela, o cadí de nikah, no les corresponderá hacer nada grande en la vida.
Quienes se ven obligados a estudiar en la madrasa con esta mentalidad solo esperan la vida del Más Allá. Se ven obligados a considerar suficiente el honor de servir al Din como imanes de mezquita y mudarris de madrasa. Además, el entorno de la madrasa y las perspectivas futuras de esa vida no generan en los estudiantes la determinación de hacer algo grande por el país y la nación.
Después de graduarse de la madrasa, el problema del sustento de los ulemas pobres se vuelve muy grave. Hay muy pocos ulemas que, mientras cumplen con las responsabilidades de su profesión religiosa —la imamía o la enseñanza—, puedan dedicar suficiente tiempo al movimiento islámico y asumir grandes responsabilidades organizativas.
Cuatro: Existe otra importante razón por la que el movimiento islámico no recibe la debida importancia de muchos ulemas. En la educación de la madrasa no existe un sistema para enseñar el Islam como un movimiento revolucionario. El Islam se enseña únicamente como una enseñanza religiosa. Hasta ahora, en las madrasas no se ha implantado una educación islámica desde la perspectiva de cómo Rasulullah (s.a.w.) transformó la sociedad humana, cómo el Corán dirigió el movimiento del Mensajero (s.a.w.) durante veintitrés años, y qué es necesario hacer, a partir de ese Corán y de la vida del Mensajero (los hadices), para establecer el Islam en la época actual. Por eso, solo llegan a conocer el Islam como una religión. La educación de la madrasa no está generando una comprensión del movimiento islámico. Por esa misma razón, tampoco se está creando un sentido de responsabilidad por la Iqamat-e Din.
¿Cómo pueden los estudiantes aprender más Islam del que les enseñan los maestros de la madrasa? Sin embargo, la educación por medio de la cual los estudiantes talentosos de la madrasa llegan a comprender el movimiento islámico del país es la que reciben fuera de la madrasa. Naturalmente, cuando los estudiantes de la madrasa adquieren una perspectiva del movimiento, se orientan hacia él mucho más rápidamente que los estudiantes de educación moderna. Si en las madrasas se enseñara el Islam como un sistema social completo, la comunidad de ulemas sería capaz de ejercer el liderazgo islámico en todos los niveles de los asuntos nacionales.
Cinco: Probablemente, la razón más importante sea la falta de una comprensión correcta de aceptar al Mensajero (s.a.w.) como el modelo supremo. En realidad, la Iqamat-e Din debería considerarse el verdadero programa de vida de la comunidad de ulemas. Pero ¿por qué no ha sucedido esto? En mi opinión, la causa principal es la falta de aceptar al Mensajero de Allah (s.a.w.) como Uswatun Hasana. Esta carencia también tiene una causa. Ha aparecido una grave enfermedad en la sociedad musulmana. A casi toda persona que es respetada por algún gran servicio al Din se le concede el rango de Uswatun Hasana o del modelo supremo. Basta con reconocerlo como un buzurg para que se le considere sucesor del Mensajero o, al menos, cercano a él. Por eso, cuando se empieza a respetar a un alim o a un pir como modelo del Islam, se empieza a considerarlo sucesor del Mensajero.
La cuestión se entenderá fácilmente con un solo ejemplo. Durante un período difícil del subcontinente, Hazrat Maulana Qasim (r.a.) llevó a cabo en Deoband un movimiento de educación islámica; sin duda, aquel servicio suyo fue muy valioso. Toda la nación musulmana le está agradecida. También es natural sentir por él un profundo respeto. Pero si alguien piensa que no puede existir un servicio religioso mayor que el que él realizó y, por tanto, hacer algo como establecer una madrasa siguiendo su ejemplo es el objetivo de mi vida, entonces se entiende que esa persona ha otorgado a Hazrat Nanotvi (r.h.) el rango de Uswatun Hasana. ¿Acaso el Mensajero de Allah vino al mundo para establecer una madrasa? ¿Por qué no se considera objetivo de la vida la tarea que realizó de hacer victorioso en la sociedad el Din completo de Allah? Si se considerara al Mensajero (s.a.w.) el modelo supremo en todos los asuntos de la vida, entonces el servicio de todos los demás servidores del Din se consideraría apenas una parte del servicio integral del Mensajero.
¿Por qué no consideramos que todo lo que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) hizo por la religión junto con sus nobles Compañeros (que Allah esté complacido con ellos) sea enteramente un deber obligatorio para nosotros? Lo que hizo Hazrat Abd al-Qadir al-Yilani (que Allah esté complacido con él) no constituye todo lo que hizo el Mensajero. Si se lo considera el criterio del ideal, ¿cómo podría seguir siendo el Mensajero el criterio? El nivel del ideal que mostró el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es el único estándar o medida. A quienquiera que logre alcanzar una parte de ese nivel hay que respetarlo conforme a ese nivel. Pero todos deben tener claro que nadie puede alcanzar el nivel del Mensajero y que no se puede otorgar a nadie un lugar de honor igual al del Mensajero.
El único criterio de la religión es el Mensajero
Allah, el Altísimo, hizo únicamente al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) uswatun hasana, es decir, el criterio de la religión. Los nobles Compañeros, precisamente porque siguieron al Mensajero más que nadie, son el mejor ejemplo en cuanto a la obediencia al Mensajero (اطاعة رسول) al respecto. Pero, así como el Mensajero es en sí mismo el modelo, los nobles Compañeros no poseen, por ello, una dignidad igual a la del Mensajero. Incluso todos los Compañeros no tienen el mismo nivel. Tampoco los cuatro califas tienen todos el mismo nivel. Por tanto, el único criterio de la religión es el Mensajero (معيار) y todos deben esforzarse por seguir únicamente al Mensajero.
¿Por qué aceptamos a los nobles Compañeros? No los aceptamos por el propósito de aceptarlos a ellos, sino con el propósito de aceptar al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Ellos establecieron el modelo en cuanto a seguir al Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por eso debemos seguirlos precisamente para seguir al Mensajero. Porque (اتباع الرسول) en cuanto a la obediencia y el seguimiento del Mensajero, los nobles Compañeros son el mejor ejemplo. Pero es sumamente importante comprender que la dignidad de los nobles Compañeros no puede ser igual a la del Mensajero en el sentido en que el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es un modelo o uswa.
Puede darse un ejemplo sencillo para comparar al Mensajero con los nobles Compañeros. Para saber si el oro es puro o impuro y, si es impuro, en qué medida lo es, se utiliza una piedra sobre la que se frota. A esa piedra se la llama piedra de toque. La piedra de toque es un patrón o criterio, que en árabe se dice (معيار) . Aunque al frotar una pieza de oro contra la piedra de toque se llegue a saber que es oro completamente puro, esa pieza no puede llamarse piedra de toque. El oro no puede ser una piedra de toque. Del mismo modo, el Mensajero de Allah es la única piedra de toque. Al examinar a los Compañeros con esa piedra de toque se puede saber que son oro puro, pero eso no significa que ellos mismos sean piedras de toque.
Aunque la comunidad de los nobles Compañeros sea pura en su conjunto, como individuos no todos poseen la misma dignidad. La dignidad de los califas rectamente guiados es mayor que la de los demás Compañeros. ¿Cómo se estableció esta diferencia de dignidad? Todos deben reconocer que el único criterio para determinarla es el Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El único patrón o criterio para reconocer que Abu Bakr (que Allah esté complacido con él) es superior a Umar (que Allah esté complacido con él) es el Mensajero. Esta valoración se obtuvo examinándolos con la piedra de toque del Mensajero.
Otra comparación hace aún más clara esta diferencia. ¿Por qué no se cuenta a Hazrat Muawiya (que Allah esté complacido con él) entre los califas rectamente guiados, pese a haber sido un Compañero? ¿Cómo se concedió a Hazrat Umar ibn Abd al-Aziz (que Allah esté complacido con él), llamándolo el segundo Umar, una dignidad cercana a la de los califas rectamente guiados, aunque no fue un Compañero? ¿Con qué criterio se estableció esta diferencia entre ambos? Sin duda, puede decirse que la comunidad llegó a esta conclusión juzgando según el criterio del Mensajero.
Estos argumentos demuestran con gran fuerza que el Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es el único criterio ideal y la única piedra de toque. Es examinando con esta piedra de toque como se determina qué grado de dignidad puede alcanzar cada persona. Si, además del Mensajero, se considera a otra persona una piedra de toque y se la toma como criterio, esa persona será necesariamente de un nivel inferior al del Mensajero. Allah, el Altísimo, no nos ha ordenado aceptar como uswa o modelo a ninguna persona de nivel inferior aparte del Mensajero.
Es lamentable que, aunque en principio no se reconozca a ninguna otra persona la posición única que Allah concedió al Mensajero (s.a.s.) como Uswa-e Hasana, en la práctica se otorgue a grandes personalidades religiosas una posición que corresponde exclusivamente al Mensajero.
Puesto que el Mensajero es guiado mediante la revelación, él es infalible; ninguna otra persona puede serlo. Así como hay que seguir ciegamente al Mensajero, no se puede seguir de ese modo a ninguna otra persona. Obedecer las órdenes del Mensajero, se comprenda o no su justificación, es una exigencia de la fe; ninguna otra orden puede tener ese rango. Así como el Mensajero (s.a.s.) está por encima de toda crítica, nadie más lo está. Así como Allah ordenó obedecer al Mensajero sin exigir una justificación, no dio una orden semejante respecto de ninguna otra persona.
Por muy grande que sea una personalidad religiosa, si se cree que es infalible, se la sigue ciegamente y se la considera por encima de toda crítica, en realidad se le está otorgando una posición igual a la del Mensajero. Sin embargo, nadie puede igualar al Mensajero en cuanto a rango.
La base fundamental de la religión del islam es el Tawhid y la Risalat. Nadie es comparable a Allah en cuanto a Su esencia y Sus atributos. Del mismo modo, debido a que es guiado por la revelación, nadie puede ser infalible como el Mensajero. Por eso, así como hay que seguir ciegamente al Mensajero, no se puede seguir de ese modo a ninguna otra persona. Es decir, el Mensajero es único como Uswatun Hasana. Nadie más puede ocupar esta posición. Mediante la Kalima Tayyiba reconocemos precisamente este significado del Tawhid y la Risalat.
Si se considerara al Mensajero el único modelo y se considerara que seguir plenamente la vida del Mensajero era el objetivo de la vida islámica, entonces necesariamente se consideraría un deber la lucha por la Iqamat-e Din, o el Yihad fi Sabilillah. No habría sido difícil comprender que quien no intenta aplicar la ley islámica ni participa en el movimiento para establecer un Estado islámico no sigue verdaderamente al Mensajero.
Precisamente por considerar modelos, aparte del Mensajero, a grandes eruditos, pires o santos, algunos creen que basta con servir a la religión mediante una madrasa, otros creen que cumplen con su responsabilidad religiosa simplemente pronunciando sermones y otros se contentan con ejercer como imanes. Si consideraran al Mensajero (s.a.s.) el único modelo, incluso después de prestar ese servicio se afanarían por hacer triunfar la religión. Si los responsables de la Jamaat de Tabligh consideran el movimiento del Mensajero (s.a.s.) para la Iqamat-e Din como el modelo principal, considerarán el programa de los seis principios redactado por Hazrat Maulana Ilyas (r.a.), fundador de esta organización, como un servicio inicial. Entonces nadie considerará el programa actual del Tabligh exactamente igual al movimiento dirigido por el Mensajero. Pero si el Mensajero (s.a.s.) no está presente como el mejor modelo, pueden considerar a Hazrat Maulana Ilyas (r.a.) como el modelo y su programa como el programa definitivo del islam.
Para comprender correctamente la posición del Mensajero (s.a.s.) como Uswatun Hasana, puede ser especialmente útil otro ejemplo. El programa de estudios o nisab que se elabora para los estudiantes de colegios, universidades y madrasas es la base a partir de la cual se preparan las preguntas del examen final. Si los estudiantes no están muy atentos a ese programa, si no se preocupan de que los profesores enseñen todo el programa y si no se estudia el programa completo, de ningún modo se puede esperar aprobar el examen. Por mucho respeto que los estudiantes muestren al profesor, si queda por estudiar una parte del programa, nunca obtendrán buenos resultados en el examen. Si un profesor enseña solo la parte fácil del programa y omite la difícil, por bueno que sea el estudiante, no se pueden esperar buenos resultados en el examen.
Allah ha establecido la vida completa del Mensajero (s.a.s.) como el programa para triunfar en el examen del Más Allá. Después de la muerte, desde la propia tumba, se formularán preguntas conforme a ese programa. A nadie se le preguntará si imitó o siguió a Hazrat Abu Bakr (r.a.), al imam Abu Hanifa (r.a.) o a Hazrat Abdul Qader Jilani (r.a.).
Si comparamos al Mensajero con un plan de estudios, podemos comparar a todas las personas religiosas, comenzando por los Compañeros honorables, con maestros o ustads. De los Compañeros honorables aprendemos precisamente sobre la vida del Mensajero. Para aprender el plan de estudios del Mensajero, debemos considerar a los Compañeros como los mejores ustads. Precisamente porque es necesario seguir al Mensajero en todos los ámbitos de la vida, debemos seguir a los imanes del fiqh. Así como todos los asuntos mundanos se aprenden de un ustad, también se necesita un ustad para aprender la vida religiosa, aunque se desee aprenderla. Sea cual sea el nombre que se dé a ese ustad —a uno se le puede llamar emir de una organización religiosa y a otro jeque o pir—, en realidad todos son ustads. Debemos intentar aprender de ellos el plan de estudios completo de la vida del Mensajero. Puede que no sea posible aprender todo el plan de estudios con un mismo ustad. Si consideramos al Mensajero como el plan de estudios, después de aprender con ese ustad todo lo que se pueda, debemos buscar otro ustad para aprender el resto del plan de estudios. Si consideramos a un solo ustad como el plan de estudios y creemos suficiente lo que él enseña, estaremos en peligro en el examen final del Más Allá.
Esta es la verdadera razón por la que, a pesar de que hay tantos ulemas, pires y servidores de la religión en el país, no se concede la debida importancia a la instauración de la religión. En lugar de aceptar al Mensajero como el plan de estudios, se considera suficiente seguir al ustad. Si se supera este gran error, todos podrán comprender su responsabilidad respecto a la instauración de la religión.
¿Por qué los grandes ulemas del subcontinente no llevaron a cabo un movimiento por la instauración de la religión??
Si analizamos brevemente los aproximadamente doscientos cincuenta años de historia, desde que los ingleses arrebataron a los musulmanes el gobierno de este subcontinente hasta la actualidad, la respuesta a esta pregunta se comprenderá fácilmente. Muchos no conceden importancia a esta historia. Si la sociedad de los ulemas, que actualmente se encuentra dividida, conociera esta historia, podría reflexionar sobre sus propios deberes. Por eso, analizaré muy brevemente algunos acontecimientos importantes tomados de las páginas de una larga historia.
Cuando, tras el inicio del dominio inglés en el subcontinente de Pakistán, India y Bengala, la opresión y la persecución contra los musulmanes se extendieron en todos los ámbitos, un gran movimiento para establecer nuevamente un Estado islámico ganó popularidad entre los musulmanes que habían perdido su reino. Siguiendo la corriente del pensamiento islámico revolucionario de Shah Waliullah Dehlawi, bajo el liderazgo de Maulana Sayyid Ahmad Barelvi y Maulana Shah Ismail Dehlawi, se estableció un Estado independiente en la Provincia de la Frontera Noroccidental mediante el Tahrik-e-Muyahidín (movimiento muyahidín). Muchos muyahidines participaron también en ese movimiento desde la lejana Bengala. En 1831, aquellos dos grandes líderes muyahidines fueron martirizados en una sangrienta batalla librada en un lugar llamado Balakot, situado entre Punyab y la Provincia de la Frontera; y, tras la derrota de su ejército muyahidín ante las fuerzas conjuntas de los ingleses y los sijes, aquel Estado islámico no pudo sobrevivir.
Aquellos dos grandes líderes muyahidines, célebres como los dos mártires de Balakot, habían despertado entre los musulmanes una conciencia tan profunda del movimiento islámico y de la instauración de la religión que incluso entre los musulmanes enrolados en el ejército inglés se manifestó una intensa reacción a la derrota de Balakot. La rebelión contra los ingleses comenzó a arder entre ellos y en 1857 tomó la forma del motín de los cipayos. Puesto que los cipayos musulmanes desempeñaron el papel principal en esta rebelión, el imperialista inglés se ensañó con los musulmanes.
Aquellos fueron tiempos de extrema adversidad para los musulmanes. Con la ayuda de los hindúes y los sijes del subcontinente, el dominio inglés se fue consolidando. Los ingleses impulsaron a los no musulmanes en todos los ámbitos y ataron a los musulmanes con las cadenas de una doble esclavitud. La esclavitud política bajo los ingleses, combinada con la servidumbre económica bajo hindúes y sijes, estableció un sistema firme para mantener sometida para siempre a la nación musulmana.
Cuando la nación musulmana, derrotada, abatida y oprimida, se encontraba desorientada, Sir Sayyid Ahmad inició el movimiento educativo de Aligarh con el noble propósito de promover a los musulmanes, junto con los hindúes y los sijes, en ámbitos como la educación, el empleo y los negocios, permaneciendo bajo el dominio inglés. Con una actitud de conciliación hacia los ingleses, emprendió este camino con el deseo compasivo de que los musulmanes aprendieran inglés y pudieran volver a sostenerse por sí mismos. Aunque, desde la perspectiva del islam, esta actitud derrotista era objetable, dio este paso con absoluta sinceridad. Incluso, como consecuencia de dicha actitud derrotista, comenzó a ofrecer una interpretación del Corán que perturbó a los verdaderos ulemas. Como resultado de ello comenzó el movimiento de Deoband.
Bajo el liderazgo de Hazrat Maulana Qasim Nanutavi (que Dios tenga misericordia de él), siguiendo la línea del pensamiento de Maulana Shah Waliullah Dehlavi, se fundó el Darul Ulum deobandí con el noble propósito de proteger el islam mediante la enseñanza correcta del Corán y el hadiz. Hoy, las innumerables madrasas de todo el subcontinente son fruto de aquel movimiento.
El movimiento de Aligarh creó una actitud de cooperación con los ingleses en lugar de una actitud de lucha contra ellos. Por su parte, el movimiento de Deoband procuró mantener vivo el espíritu de rebelión contra la esclavitud inglesa. Sin embargo, tras la derrota de Balakot y el fracaso de la rebelión de los cipayos, los musulmanes ya no pudieron enfrentarse solos a los ingleses.
Después del final de la Primera Guerra Mundial, en 1918, cuando los ingleses comenzaron a poner fin al califato musulmán de Turquía, volvió a despertar entre los musulmanes del subcontinente un movimiento para proteger el califato. Este movimiento, conocido como el movimiento del Califato, comenzó bajo el liderazgo de los musulmanes, y el papel de Deoband en él fue sumamente importante.
En aquella ocasión, el movimiento independentista del Congreso, dirigido por el señor Gandhi, cooperó con el movimiento antiinglés del Califato y estrechó sus relaciones con Deoband. Pero el movimiento del Califato también fracasó. Como consecuencia, la organización de ulemas de toda la India llamada Jamiat Ulema-e-Hind, fundada bajo el liderazgo de Deoband, se volvió aún más hostil a los ingleses. Los ulemas de la India creían sinceramente que los musulmanes no podrían progresar de ningún modo ni sería posible establecer un califato islámico mientras no expulsaran a los ingleses de la India. Creían que los musulmanes no podían expulsar solos a los ingleses y liberar el país. Por eso, junto con el movimiento independentista dirigido por Gandhi y Nehru, intentaron expulsar a los ingleses.
Por otro lado, las amargas experiencias de los musulmanes modernos y educados surgidos del movimiento de Aligarh los volvieron naturalmente hostiles a los hindúes. Observaron que la comunidad hindú, adelantada en la educación inglesa, había ocupado los empleos públicos, el comercio y todo tipo de profesiones, estableciéndose de tal manera que, aunque estaban educados, los musulmanes no conseguían empleo en ninguna parte. Los ingleses habían concedido a los hindúes un derecho exclusivo. Ahora que los musulmanes querían participar en todos los ámbitos, los hindúes intentaron mantenerlos arrinconados en todas partes. Era natural que esta conducta de los hindúes en los empleos, los negocios y las distintas profesiones volviera hostiles a los hindúes a los musulmanes modernos y educados. Pero en este asunto no existía ningún conflicto entre los ulemas y los hindúes. La sociedad musulmana educada pudo comprender, a partir de su experiencia práctica, que si el país se independizaba bajo el liderazgo de los hindúes, estos dominarían en todas partes; la sociedad de los ulemas no pudo comprenderlo. La razón era que, en el ámbito de la sociedad musulmana en el que trabajaban los ulemas, no había posibilidad de un conflicto de intereses con los hindúes, ni se había producido en ningún lugar una causa de competencia entre los ulemas y los hindúes.
La sociedad musulmana educada sintió intensamente que, aunque el país se independizara bajo el liderazgo del Congreso, los musulmanes seguirían siendo esclavos de los hindúes. El movimiento por Pakistán nació de este sentimiento. Bajo el liderazgo del señor Muhammad Ali Jinnah, la Liga Musulmana exigió que, en las zonas donde los musulmanes fueran mayoría, se estableciera un Estado separado para ellos. Esta exigencia provocó un nuevo despertar en la sociedad musulmana, oprimida bajo la esclavitud de los ingleses y los hindúes. El señor Jinnah alcanzó entre los musulmanes la dignidad de Quaid-e-Azam (el gran líder).
Alarmado por este movimiento separado de los musulmanes, el Congreso afirmó que todas las personas de la India, cualquiera que fuera su religión, formaban una sola nación india. No era correcto dividir de ningún modo a esta gran nación basándose en la religión. Contra esta doctrina secular del Congreso, la Liga Musulmana sostuvo que el ideal de los musulmanes era el islam y que el islam no era únicamente una religión. Por ello, sobre la base del sistema de vida islámico, los musulmanes constituían una nación distinta. En consecuencia, en la India había dos naciones. La nación musulmana que creía en el ideal islámico no podía formar una sola nación junto con quienes no creían en este ideal. Esta doctrina se hizo célebre como la teoría de las dos naciones o «Two Nation Theory».
Así, cuando surgió el conflicto entre la teoría de una sola nación del Congreso y la teoría de las dos naciones de la Liga Musulmana, los ulemas de la India apoyaron al Congreso. En el famoso discurso que el líder de los ulemas de la India, Hazrat Maulana Husain Ahmad Madani (que Dios tenga misericordia de él), pronunció en 1938 en la Mezquita Real de Lahore, intentó demostrar que la teoría de una sola nación no era contraria al islam. Su discurso se publicó en forma de folleto con el título Muttahida Qaumiyat aur Islam (La teoría de una sola nación y el islam). En 1939, refutando todos los argumentos de aquel discurso y presentando sólidos argumentos tomados del Corán, el hadiz y la historia de los primeros tiempos del islam, Maulana Maududi (que Dios tenga misericordia de él) demostró que la teoría de una sola nación del Congreso era completamente contraria a la nacionalidad islámica. Su libro se publicó con el título Masala-e Qaumiyat (El problema de la nacionalidad); la traducción bengalí de esta obra se tituló Islam o Jatiyatabad (El islam y el nacionalismo).
Como resultado de este debate sobre la nacionalidad, el movimiento del Congreso por independizar la India manteniéndola unida y el movimiento de la Liga Musulmana por establecer un Estado independiente separado para los musulmanes crearon una extrema amargura en el ámbito político. En particular, la sociedad musulmana educada se levantó profundamente indignada contra los ulemas de la India que apoyaban al Congreso. Esta reacción también se manifestó entre los ulemas. Aunque la mayoría de los ulemas de Deoband se unió al Congreso, bajo el liderazgo de Maulana Sabbir Ahmad Usmani (r.a.) y Maulana Muftí Muhammad Shafi (r.a.), muchos ulemas establecieron en 1943 una organización alternativa llamada Jamiat Ulama-e-Islam en favor del movimiento por Pakistán y apoyaron a la Liga Musulmana. Maulana Zafar Ahmad Usmani (r.a.), Maulana Shamsul Haq Faridpuri (r.a.), Maulana Muftí Din Muhammad Khan (r.a.), el Pir Sahib de Sharsina, el Pir Sahib de Furfura y muchos otros ulemas apoyaron activamente el movimiento por Pakistán. Hazrat Maulana Ashraf Ali Thanvi (r.a.) también apoyó a la Liga Musulmana.
De este modo, los honorables ulemas se dividieron: un grupo apoyó la doctrina del Congreso de una India unida, mientras que el otro adoptó la postura favorable a dividir la India y establecer Pakistán. La amargura que esto produjo hizo que, por parte de la Liga Musulmana, se acusara a los ulemas de la India de oponerse a la independencia y, por parte de estos, se acusara a la Liga Musulmana de ser colaboradora de los ingleses.
En aquel tiempo, como estudiante y activista del movimiento por Pakistán, yo tenía la actitud que fuera hacia los ulemas de la India. Sin embargo, posteriormente, al juzgar todos los acontecimientos con la perspectiva de un historiador imparcial, llegué a la conclusión de que los ulemas de la India, por razones comprensibles, no creían posible establecer un Estado islámico mediante los dirigentes de la Liga Musulmana. Por eso no consideraban sensato dividir el país y separar a la nación musulmana entre dos países. Pero, por razones comprensibles, no comprendieron que la doctrina del Congreso de una India unida era funesta para los musulmanes. A pesar de la sinceridad, no es imposible que una decisión política sea equivocada. No puedo creer que una persona como Maulana Madani (r.a.) pudiera trabajar por algún interés mundano aun comprendiendo que ello perjudicaría al islam y a los musulmanes. No me atrevo a atacar las intenciones de personas de tal categoría. Equivocarse es una cosa; actuar con mala intención es otra.
En fin, cuando la comunidad de ulemas del subcontinente estaba dividida y un grupo actuaba como partidario del Congreso mientras el otro lo hacía como partidario de la Liga Musulmana, Maulana Maududi presentó, mediante su revista mensual “Tarjuman ul-Qur’an”, una tercera perspectiva que satisfizo a ambos grupos de honorables ulemas. Los ulemas favorables a la Liga Musulmana utilizaron el libro del maulana sobre el nacionalismo como un arma poderosa contra la doctrina de la nación única de Maulana Madani (r.a.). Sin embargo, el círculo de la Liga Musulmana se indignó profundamente ante la conferencia de Maulana Maududi titulada “Cómo se establece un gobierno islámico”, pronunciada en 1940 en la Universidad de Aligarh (el título de la traducción bengalí del libro es “El camino de la revolución islámica”). En aquella conferencia demostró mediante argumentos que, aunque el movimiento por formar un Estado independiente separado para los musulmanes sobre la base de la teoría de las dos naciones era sumamente correcto y plenamente digno de apoyo, aun si se establecía un país musulmán, ellos no podrían establecer de ningún modo un gobierno o Estado islámico. Al analizar el movimiento del Noble Profeta (s.a.s.), observó que, al no contar los dirigentes de la Liga Musulmana con ningún programa para formar un liderazgo y un cuerpo de trabajadores que conocieran el islam y lo practicaran en sus propias vidas, no solo serían incapaces de establecer un Estado islámico, sino que, si intentaban establecer el islam, considerarían necesario ejecutar al líder de ese movimiento. Exactamente catorce años después de aquella conferencia, su predicción demostró ser cierta. En 1953, durante el gobierno de la Liga Musulmana, se le condenó a muerte con un pretexto.
Después de la publicación del libro de Maulana Maududi contra la doctrina de la nación única de Maulana Madani (r.a.), desde Deoband comenzaron a emitirse continuamente fetuas contra Maulana Maududi. Cuanto más enfáticamente escribía Maulana Maududi que los musulmanes no debían apoyar de ningún modo al Congreso, más aumentaba el número de fetuas. Así, Maulana Maududi se convirtió, por un lado, en víctima de las fetuas de los honorables ulemas partidarios del Congreso y, por otro, pasó a ser objeto de censura ante el círculo de la Liga Musulmana. Sin embargo, como algunos escritos de Maulana Maududi habían sido muy favorables al movimiento por Pakistán hasta su establecimiento, los dirigentes de la Liga Musulmana no dijeron nada contra él. Pero, inmediatamente después de la creación de Pakistán, cuando en 1948 exigió la redacción de una constitución islámica, fue arrestado por ser considerado contrario a Pakistán y encarcelado sin juicio.
Aunque Maulana Maududi fortaleció el movimiento por Pakistán con sus escritos más firmes y sobresalientes en favor de la teoría de las dos naciones, no se unió a la Liga Musulmana. Durante un año después de la conferencia mencionada, pronunciada en Aligarh en 1940, propuso continuamente a los dirigentes de la Liga Musulmana, a través de su revista mensual, ciertos programas sin los cuales no sería posible convertir Pakistán en un Estado islámico. Pero, como los dirigentes de la Liga no respondieron, en agosto de 1941 comenzó a organizar la “Jamaat-e-Islami” con setenta y cinco personas que habían llegado a Lahore desde distintas provincias del subcontinente, basándose en aquellos programas. Precisamente por haber realizado aquellos trabajos preparatorios para formar un Estado islámico, después de la creación de Pakistán el movimiento por una constitución islámica cobró tanta fuerza, a pesar de la intensa oposición del gobierno de la Liga Musulmana.
Después del martirio de Sayyid Ahmad Barelvi (r.a.) y Shah Ismail Shahid (r.a.) en el campo de Balakot, en 1831, cayó el Estado islámico que ellos habían establecido. He intentado presentar aquí una breve idea de la situación que prevaleció entre los musulmanes durante el largo siglo posterior. De ello puede deducirse por qué no pudo iniciarse otro movimiento por el establecimiento del din durante cien años. Cuando el movimiento de independencia contra los ingleses cobró fuerza y los musulmanes volvieron a despertar y adquirieron la capacidad de exigir la formación de un Estado musulmán independiente, fue entonces cuando se creó el ambiente para organizar un movimiento por el establecimiento del din. El sueño de establecer un Estado islámico volvió a despertar una respuesta en los corazones de los musulmanes. Si en aquel momento los grandes ulemas, en lugar de seguir a los dirigentes del Congreso y de la Liga Musulmana, hubieran podido liderar el movimiento por establecer un Estado islámico, quizá la historia del subcontinente habría sido diferente. Tal vez se habría cumplido el grandioso objetivo de convertir Pakistán en un Estado islámico. Fue una desgracia para los musulmanes del subcontinente que, en aquel momento oportuno, los honorables ulemas no pudieran proclamar el llamamiento al establecimiento del din.
Ese llamamiento lo hizo Maulana Maududi en 1941. Entonces solo tenía treinta y ocho años. Pero en aquel momento casi todos los grandes ulemas estaban divididos entre el Congreso y la Liga. Sin embargo, ninguno de esos dos caminos estaba dirigido por un liderazgo islámico. Esto hace pensar que, en el entorno político de entonces, el objetivo principal de los ulemas de la India era obtener la libertad de los ingleses. Para los ulemas partidarios de la Liga, el objetivo fundamental era dividir el país y establecer un país musulmán independiente. No tenían una posición que les permitiera ejercer su propio liderazgo para alcanzar ninguno de esos dos objetivos. Por eso tuvieron que seguir a los dirigentes del Congreso y de la Liga.
Para que la comunidad de ulemas de Bangladesh extraiga la lección correcta de esa amarga experiencia histórica, debe reflexionar profunda y serenamente. Ha llegado el momento de comprender que la exigencia del Din consiste en emprender, mediante el llamamiento y el programa de la Iqamat-e Din, el movimiento para transformar este país en un Estado islámico. Si se retrasa, existe el riesgo de sufrir una esclavitud perpetua como la de Bujará o, de lo contrario, calamidades como las de Afganistán. Dios no lo permita; si se llegara a tal situación, es dudoso que los ulemas pudieran conservar siquiera la oportunidad de servir al Din que ahora tienen.
Importancia de los esfuerzos colectivos organizados en jamaat
A nadie le es posible realizar por sí solo la tarea de la Iqamat-e Din. Incluso ningún profeta, pese a todas sus cualidades, pudo hacer triunfar el Din por sí solo. Naturalmente, al principio el profeta tuvo que comenzar solo. Pero el profeta a cuyo llamamiento la gente no respondió y que no tuvo la oportunidad de trabajar de forma organizada en jamaat no pudo hacer triunfar el Din.
La tarea de transformar un sistema social y reconstruir esa sociedad de una nueva manera es tan difícil y compleja que este gran objetivo no puede tener éxito de ningún modo sin el esfuerzo unido de un grupo de personas en número suficiente. Por eso, cada profeta, al mismo tiempo que invitaba a la gente a aceptar la servidumbre de Allah, la exhortaba a obedecerle y a convertirse en sus compañeros en el cumplimiento de la responsabilidad de la Iqamat-e Din.
Significado: «Temed a Allah y obedecedme». Cada profeta hizo este llamamiento, porque no es posible hacer triunfar el Din sin obtener la obediencia de un grupo de personas.
Por eso la importancia de la jamaat es tan grande en el islam. Al ordenar que se realice diariamente la oración de las cinco plegarias con la jamaat, se ha dispuesto que se experimente profundamente la importancia de una vida organizada en jamaat. Incluso se ha hecho obligatoria la vida en jamaat para la obediencia al islam. El hadiz advierte de este modo a quien se separa de la jamaat: así como el lobo se lleva a la oveja que se aparta del rebaño, Satanás atrapa en sus garras a la persona que se separa de la jamaat.
Incluso durante un viaje, aunque dos personas viajen juntas, el Mensajero ordenó que aceptaran a una de ellas como amir y siguieran la disciplina de la jamaat. No es posible una vida islámica sin jamaat, ni puede existir una jamaat sin amir. Esto demuestra que un musulmán debe ser necesariamente amir (el que da órdenes) o mamur (el que obedece las órdenes). Del mismo modo, al realizar la oración en jamaat, debe ser imam o muqtadi. Si no es ni imam ni muqtadi, debe entenderse que no se ha incorporado a la jamaat de la oración. De igual manera, quien no se ha incorporado a ninguna jamaat religiosa ni siquiera ha adoptado el programa correcto para vivir una vida islámica. En tal situación no podrá protegerse de los engaños del nafs y de Satanás.
En la época del Noble Profeta, solo eran considerados musulmanes quienes se incorporaban a la jamaat del Profeta y prestaban bayat ante él o ante su representante. Si permanecían fuera de aquella jamaat, ni siquiera eran considerados musulmanes. Aquella jamaat era la única jamaat del Din, es decir, Al-Jamaat. En la actualidad, ninguna jamaat individual puede alcanzar la categoría de Al-Jamaat. Todas las jamaat que puedan constituirse sobre la base del modelo del Mensajero, tomadas en conjunto, son consideradas Al-Jamaat. Sin embargo, quien ni siquiera se haya incorporado a alguna jamaat religiosa no se encuentra en absoluto seguro en lo que respecta a su fe.
Ningún alim podrá negar esta importancia de la jamaat en el islam. Incluso para servir a la religión de Allah, no hay más remedio, desde la perspectiva de los hadices, que reconocer como mínimo que pertenecer a alguna jamaat es wajib. Por tanto, todo musulmán consciente debe integrarse en una u otra jamaat. Si no le gusta ninguna de las jamaats existentes, esa persona debería intentar formar una nueva jamaat. Sin embargo, es sumamente importante que todos se esfuercen por conocer bien cada jamaat religiosa. Hay que acercarse a cada jamaat y tratar de informarse por medio de sus responsables. Es completamente irracional decidir sobre este asunto escuchando rumores o dejándose confundir por la propaganda de los adversarios de alguna jamaat. Un juez que dicta sentencia tras escuchar solamente la acusación del demandante, sin tomar la declaración de los acusados, no es digno de ser juez. Por eso, para formarse una opinión sobre una jamaat, es necesario observarla de cerca.
Los hermanos de Tabligh Jamaat explican esto de manera muy clara. Dicen que, si se quiere saber correctamente cómo es Tabligh Jamaat, hay que dedicarle tiempo y permanecer con la jamaat al menos durante algunos días. Lo que dicen los hermanos de Tabligh es muy razonable. Sin embargo, este razonamiento se aplica igualmente a todas las jamaats. Si los hermanos de Tabligh también quieren conocer otras jamaats, ellos igualmente deben dedicarles algún tiempo para conocerlas. Si uno solo realiza la labor de Tabligh, ¿cómo puede estar capacitado para comparar con otras jamaats?
Si no hubiera tenido la oportunidad de trabajar en Tabligh Jamaat, no habría podido adquirir desde lejos una idea correcta sobre ella. De este modo también tuve la oportunidad de conocer el Majlis-e-Tamaddun. Fue por medio de este majlis que adquirí mi primera noción de que el islam es un movimiento ideológico. Durante tres años trabajé simultáneamente en Tabligh Jamaat y en el Majlis-e-Tamaddun. En una tuve la oportunidad de cultivar el aspecto religioso del islam, y en la otra percibí sus dimensiones social, política y económica. Cuando tuve la oportunidad de conocer Jamaat-e-Islami, encontré allí todos los aspectos del islam dentro de una misma jamaat y me incorporé a ella. Por supuesto, reconozco de todo corazón las contribuciones de Tabligh y de Tamaddun. Si no hubiera tenido la fortuna de hacer esta comparación, tampoco habría podido sentirme satisfecho en la jamaat en la que trabajo.
No digo que todos deban adoptar la jamaat que finalmente acepté entre las varias jamaats que tuve la oportunidad de conocer. Lo que sostengo es que los musulmanes conscientes deberían esforzarse por conocer bien todas las jamaats religiosas. Tras juzgarlas comparativamente, cada persona encontrará mayor satisfacción trabajando en aquella que prefiera. Además, al comparar, podrá reconocer el servicio religioso de todas las jamaats. Preferir una jamaat por encima de otra no significa que haya que considerar malas a las demás. Aunque se reconozca que una es «mejor», también se debería considerar al menos «buena» a la otra. Preferir una por encima de las demás no obliga en absoluto a considerar malas a todas las otras.
Características de la jamaat formada con el propósito de establecer el din
Toda organización, jamaat o institución tiene un objetivo específico. Naturalmente, allí se planifica formar personas precisamente para alcanzar ese objetivo. Por ejemplo, las madrasas se establecen para formar ulemas. Se redacta un plan de estudios del tipo correspondiente a la clase de ulemas que se pretende formar. Quienes fundan colegios desean formar personas con un propósito distinto del de las madrasas, por lo que sus planes de estudios también son diferentes. El programa de formar personas devotas de Allah por medio de las khanqahs produce personas de ese nivel. Sobre la base de los seis usul de Tabligh Jamaat y mediante el método de la chilla se están formando personas del tipo que este programa puede producir. Esta jamaat procura que las personas, en lugar de quedar absortas en la vida mundana, dediquen de vez en cuando algunos días a la labor de Tabligh, alejándose de sus hogares y profesiones, con el propósito de construir la vida eterna del ajirah. Orientar a las personas hacia el ajirah es, sin duda, un servicio religioso.
Pero la organización que desea cambiar el sistema social falso y construir la sociedad conforme a la ley de Allah y al modelo del Mensajero debe tener un programa adecuado para este gran objetivo. Este tipo de jamaat tiene varias características:
Primera: La invitación de esta jamaat no puede limitarse a algunas partes o aspectos del islam. Su invitación será tan amplia como lo es el islam. Se extenderá a la servidumbre exclusiva a Allah y a la obediencia al Mensajero en todos los ámbitos de la vida. Esta jamaat continuará invitando a reconocer a Allah como único Legislador y al Mensajero (s. a. s.) como único líder ejemplar en la vida individual, social y estatal.
Dos: Esta Yamaat se esforzará por presentar a la sociedad humana las enseñanzas completas del islam. Hará todo lo posible por comprender el Corán entero. Se esforzará al máximo por difundir ampliamente en la sociedad todas las enseñanzas del islam: desde el iman, el islam, el taqwa, el ihsan, la oración, el ayuno, el hach, el zakat, el dhikr y el taháyyud, hasta la vida familiar, política y económica, así como todos los demás aspectos de la vida individual y social.
Tres: Para hacer triunfar al islam completo, esta Yamaat, naturalmente, procurará incorporar personas a esta organización con el fin de reunir recursos humanos. Quienes se incorporen a una organización de este tipo lo harán considerando el objetivo de la Yamaat como el objetivo de sus propias vidas. Intentarán lograr que el pueblo esté de acuerdo con este noble objetivo y continuarán incorporando personas a la Yamaat también mediante la invitación individual.
Cuatro: Esta Yamaat tomará medidas especiales para desarrollar entre quienes se incorporen a ella las capacidades, el carácter y las cualidades necesarios para cumplir la difícil responsabilidad de establecer el din. Mediante todos los tipos posibles de tarbiyat o capacitación, formará un grupo de trabajadores cualificados.
Cinco: Como consecuencia de movilizar a la gente con el llamamiento a hacer triunfar al islam, el gobierno establecido y toda clase de intereses creados —políticos, económicos, sociales y religiosos— no podrán dejar de mantenerse alerta contra esta organización. El nizam del batil o el din del batil considerará peligrosa para ellos a una Yamaat de este tipo.
Por ello, intentarán con todas sus fuerzas impedir por todos los medios posibles el progreso de esta Yamaat. El gobierno y los demás grupos contrarios al islam se unirán para emprender una campaña contra los dirigentes y trabajadores de una Yamaat de este tipo, a fin de confundir al pueblo. Para evitar que aumente la fuerza de esta organización, si fuera necesario, los envolverán en una red de casos falsos sin juicio y enviarán a sus dirigentes y trabajadores a la cárcel. De este modo, todos los intereses creados se lanzarán con empeño, mediante toda clase de persecuciones, contra el triunfo del islam.
Si, a pesar de ser una Yamaat islámica, los intereses creados toleran a una organización y no hacen nada contra ella, habrá que entender que, aunque esta Yamaat preste algún gran servicio al islam, no está trabajando con un programa para establecer el din. Si los intereses creados o el gobierno vigente no consideran enemiga a una Yamaat, habrá que comprender que esa Yamaat no tiene ningún programa para establecer el din de la verdad.
Seis: Esta oposición de las fuerzas del batil y de los intereses creados resulta sumamente beneficiosa para el movimiento islámico. Debido a esta oposición, las personas cobardes y pusilánimes no se atreven a incorporarse a este movimiento. Tampoco vienen por este camino quienes consideran que los intereses mundanos son lo más importante. A esta organización se incorporan precisamente las personas desinteresadas, valientes, luchadoras y de espíritu yihadista que este camino necesita. Aquí permanecen únicamente quienes no temen a nadie salvo a Allah. Este camino es tal que Allah pone a prueba a todos los que dan un paso por él.
Significado: «¿Acaso creen las personas que se les dejará sin ser puestos a prueba simplemente por decir: “Hemos creído”? Aunque ciertamente también fueron puestos a prueba quienes les precedieron» (Sura Al-Ankabut: 2-3).
Precisamente porque existía el movimiento para establecer el Din, los compañeros del Mensajero (s. a. s.) tuvieron que afrontar tantas pruebas en su época. Si hoy alguna jamaat realiza esa labor, sus miembros también tendrán necesariamente que superar pruebas. Sin estas pruebas no es posible formar personas capaces de establecer el islam.
Séptimo: Otra característica del movimiento para establecer el Din es que a ninguna persona de esta organización se le concede el liderazgo según otro criterio que no sea la sinceridad, la taqwa, el sacrificio y la dedicación por el movimiento. En los partidos cuyo objetivo principal es conquistar el poder, se acepta como líder a alguien de otro partido por conveniencia política. En una organización dedicada al establecimiento del Din no se puede aceptar a nadie como líder «prefabricado». Pues hacer líder a quien desea el liderazgo contradice los principios islámicos.
Por esta razón, en esta organización no puede existir competencia por el liderazgo. Tampoco es posible que haya aquí disputas por el liderazgo. Nadie tiene la oportunidad de incorporarse a una organización de este tipo con el propósito de convertirse en líder. Sin embargo, si una persona destacada y capacitada de cualquier partido se incorpora sinceramente a esta organización, su conducta y su forma de trabajar la conducen rápidamente al liderazgo. Esto se debe a que los responsables de una organización de este tipo se apresuran a confiar responsabilidades a personas más capacitadas cuando las encuentran.
Nadie en una organización de este tipo intenta convertirse en líder. Y se pide a las personas que poseen las cualidades necesarias para el liderazgo que lo asuman. A nadie se le hace líder únicamente por su fama, su dinero o sus títulos. El liderazgo se selecciona según los criterios del ideal y del carácter.
Octavo: Una verdadera jamaat islámica no utiliza a una persona particular como medio para atraer a la gente hacia el movimiento. Para la jamaat constituida con el propósito de establecer el Din, el ideal islámico es la verdadera atracción. Su característica consiste en atraer a la gente hacia este ideal. El centro y la base de la organización del Profeta era la personalidad del Profeta. Aparte del Profeta, la base de una organización no debe ser la personalidad de ninguna otra persona. Si una organización se construye alrededor de una personalidad, no puede conservar su existencia después de la muerte de esa persona. Pero si el ideal es la base principal de la organización, la muerte de su fundador no pone en peligro la existencia de la organización.
¿Existe en Bangladés una jamaat de este tipo??
Para quienes realmente sienten la responsabilidad de establecer el Din, esta pregunta es sumamente importante. Es necesario considerar profundamente si ante Allah habrá que responder por no realizar la labor de establecer el Din con la excusa de que no se encuentra una jamaat completa y atractiva en todos los aspectos. Del mismo modo que es injusto dejar de rezar en congregación y rezar solo porque no nos gusta el imán de la mezquita, también es un gravísimo error vivir sin jamaat por no encontrar una jamaat ideal.
Si usted está capacitado para ser imán, al acudir regularmente a la mezquita y dirigir la oración en congregación, los fieles pueden destituir al imán incompetente y nombrarlo a usted como imán. Entonces la mezquita prosperará aún más al tener un imán competente. Del mismo modo, puede incorporarse a la jamaat cuyo propósito de establecer el Din le parezca comparativamente más conveniente e intentar mejorarla. Y si usted mismo tiene la capacidad de formar una jamaat, hágalo. Pero hay que reconocer que, sin una jamaat, a nadie le es posible en absoluto cumplir con la responsabilidad de establecer el Din.
Hubo un tiempo en que esta pregunta también surgió con gran fuerza en mi mente: ¿con qué organización realizaré esta labor? Ya he dicho que todavía amo las dos organizaciones en las que trabajé simultáneamente. Sin embargo, cuando mi conciencia consideró que otra organización era más adecuada para el establecimiento del din, desde entonces he estado trabajando en esa organización. Este asunto depende por completo de la conciencia de cada persona. Basándose en el conocimiento del din, el sentido de responsabilidad por su establecimiento y el islam, cada uno debe tomar por sí mismo una decisión al respecto. No todos tienen que estar de acuerdo conmigo en la decisión a la que he llegado. Pero todos tienen la responsabilidad de elegir la organización de su preferencia juzgándola según los criterios necesarios para el establecimiento del din.
La responsabilidad del establecimiento del din no es un asunto tan trivial como para ingresar de repente y sin comprenderlo en cualquier organización, sin compararla ni examinarla debidamente. Hay que elegirla teniendo en cuenta si la organización a la que uno se incorpora cuenta con una dawah y un programa adecuados para el establecimiento del din, hasta qué punto dispone de medios para formar personas capacitadas para ello y en qué medida posee las cualidades necesarias para su establecimiento. Con el conocimiento, el entendimiento y la conciencia que Allah me ha concedido, no he encontrado, para el propósito del establecimiento del din, ninguna organización superior a Jamaat-e-Islami. Estoy haciendo todo lo posible para mejorar aún más esta organización y eliminar sus carencias y defectos. Porque, a mi juicio, la única organización ideal es la de los Sahabah. Cuando la juzgo tomando a aquella organización como criterio, encuentro muchas carencias y defectos en Jamaat-e-Islami. Pido la ayuda de Allah para no desarrollar una mentalidad tan pequeña que me lleve a enorgullecerme de la superioridad de Jamaat-e-Islami al compararla con las demás organizaciones del país. Si esta organización quiere cumplir la gran responsabilidad del establecimiento del din, debe considerar como modelo a la organización de los Sahabah y esforzarse por alcanzar ese nivel, en la medida de lo posible. No hay lugar para sentirse satisfecho de uno mismo por compararse con cualquier partido existente.
Declaro, con sincero fervor religioso, que si encontrara una organización aún mejor que Jamaat-e-Islami para establecer el din de Allah en este país, consideraría obligatorio abandonar esta organización e incorporarme a aquella. Porque mi objetivo es precisamente el establecimiento del din. Creo que es mi deber unirme a la organización mediante la cual haya mayores posibilidades y esperanzas de alcanzar ese noble objetivo.
Jamaat-e-Islami y Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él)
Corresponde al criterio de quien desea incorporarse decidir si debe unirse a Jamaat-e-Islami con el propósito de establecer el din. El fundador de esta organización fue Maulana Sayyid Abul A’la Maududi (que Allah tenga misericordia de él). Aunque ya no se encuentra en este mundo, puesto que circulan diversas opiniones acerca de él, expondré algunas cuestiones necesarias sobre cuál es la relación del difunto con la actual Jamaat-e-Islami:
Primero: Maulana Sayyid Abul A’la Maududi (que Allah tenga misericordia de él) insistió durante toda su vida en que no se debe seguir ciegamente a ninguna persona salvo al Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Solo el Mensajero, al estar guiado por la revelación, es infalible. Nadie más está libre de error.
Por tanto, no estoy dispuesto a aceptar ninguna afirmación de Maulana Abul A’la Maududi (que Allah tenga misericordia de él) sin verificarla a la luz de las enseñanzas del Mensajero. Acepto de sus opiniones únicamente aquello que considero aceptable a la luz del Corán y la Sunna. Esta es la norma de Jamaat-e-Islami.
Cuando fue elegido emir de la organización en 1941, hizo la siguiente declaración:
«Por último, quiero aclarar una cosa. En cuanto al fiqh y al ilm al-kalam, tengo un método propio. Lo he establecido basándome en mi investigación y estudio personales. Quienes han leído Tarjuman al-Qur’an durante los últimos ocho años lo saben muy bien. Actualmente se me ha confiado el cargo de amir de esta Jamaat. Por ello debo dejar claro que todo lo que he escrito anteriormente y todo lo que escriba o diga en el futuro sobre el fiqh y el kalam no será considerado una decisión del amir de la Jamaat Islami, sino mi opinión personal. No deseo imponer mi opinión personal sobre estos asuntos a los demás ulemas e investigadores de la Jamaat, ni quiero que la Jamaat me imponga restricciones que me priven de la libertad de investigar y expresar mis opiniones en el ámbito del conocimiento. Ordeno a los miembros de la Jamaat —los arkan—, poniendo a Allah por testigo, que ninguno de ustedes presente ante otros mis declaraciones relativas a las ciencias del fiqh y el kalam como prueba. Del mismo modo, nadie debe tomar como prueba mis actos personales —que he considerado permitidos después de mi propia investigación y estudio— ni seguirlos sin investigar, simplemente porque yo los haya hecho. En este asunto, cada persona goza de plena libertad. Quienes poseen conocimiento deben actuar conforme a su propia investigación y estudio; y quienes no lo poseen, conforme a la investigación y el estudio de aquellos en cuyo conocimiento confían. Además, todos tienen libertad para sostener opiniones contrarias a la mía en este asunto y expresar sus propios puntos de vista. Todos podemos tener opiniones diferentes sobre asuntos menores y detalles, presentar argumentos y pruebas unos frente a otros, entablar debates y, aun así, seguir perteneciendo a la misma Jamaat, tal como lo hicieron los nobles Sahaba, que Allah esté complacido con ellos.»
Dos: En la Jamaat Islami hay personas que siguen el madhhab hanafí y personas que siguen a Ahl al-Hadiz. En esta Jamaat puede integrarse quien siga cualquiera de los madhhabs de Ahl al-Sunna wa al-Jamaat. Como Jamaat, la Jamaat Islami no obliga a seguir el fiqh de un madhhab determinado. Quienes se incorporan a la Jamaat siguen su propio madhhab. Mawlana Maududi seguía el madhhab hanafí. Sin embargo, en la Jamaat también hay personas de Ahl al-Hadiz.
Tres: Todos los miembros de la Jamaat tienen plena libertad para formarse sus opiniones de manera independiente a partir de los libros de todos los autores, antiguos y contemporáneos, sobre el islam. Al adquirir conocimiento de las tafsirs, los hadices, el fiqh y otras disciplinas antiguas y modernas, cada persona tiene derecho a determinar libremente su propia opinión. Precisamente porque Mawlana Maududi concedió tanta importancia a la libertad de pensamiento, no existe peligro de seguirlo ciegamente.
Cuatro: La Jamaat Islami no considera a Mawlana Maududi —que Allah tenga misericordia de él— un imán del fiqh o de las creencias, ni es política de la Jamaat aceptar su iytihad. Para la Jamaat Islami, Mawlana Maududi merece una consideración especial por tres razones.
(a) En esta época, mediante sus escritos, Mawlana Maududi presentó el islam como el único sistema de vida completo y restableció la verdadera dignidad del din del islam. A través de la gran cantidad de libros que escribió, la gente aprendió que era errónea la idea extendida en la sociedad de que el islam se limitaba únicamente al ámbito religioso. Él fue quien explicó claramente a los habitantes del subcontinente que someterse a Allah y obedecer al Profeta en todos los ámbitos de la vida individual y social es una exigencia del islam. Expuso de manera sumamente bella que el Corán y la Sunna constituyen la única guía amplia y correcta para toda la vida humana.
(b) Mawlana Maududi —que Allah tenga misericordia de él— presentó con gran firmeza que establecer en la práctica el din del islam en la sociedad humana es la principal responsabilidad de los musulmanes. No solo eso: en este siglo, él fue quien, convocando a la iqamat al-din, inició en este subcontinente un esfuerzo organizado contra el primer batil. Quienes respondieron y siguen respondiendo a este llamamiento a la iqamat al-din consideran obligatorio organizarse en una Jamaat, al comprender la importancia del movimiento.
Precisamente porque convocó a un movimiento de este tipo para hacer triunfar al islam, hoy el islam se ha convertido en un movimiento revolucionario en todo el subcontinente. Incluso entre los sectores modernos, educados y estudiantiles, se ha extendido la respuesta al despertar islámico.
(c) En esta época no tiene igual el talento organizativo que Mawlana Maududi —que Allah tenga misericordia de él— demostró al organizar a los musulmanes de manera sistemática y científica. Para convertir a los musulmanes en una fuerza disciplinada, capaz de competir con las sólidas organizaciones de los partidarios del batil en la era moderna, les proporcionó una estructura organizativa y métodos de trabajo. Gracias a ello, aunque haya abandonado este mundo, no existe temor de que la organización se debilite en ningún aspecto.
La Jamaat-e-Islami no considera al Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) un superhombre ni una entidad capaz de generar una devoción ciega. Aunque a lo largo de toda su vida se esforzó por acabar con los excesos de la devoción en el ámbito religioso, y aunque poseía muchas cualidades poco comunes, la Jamaat no le otorgó ningún tipo de veneración excesiva.
Sin embargo, los círculos intelectuales del mundo han reconocido unánimemente al Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) como el más grande pensador islámico, escritor y muyahid de esta época, así como la personalidad más firme en la resistencia contra la jahiliyyah moderna o las ideologías contrarias al islam. A pesar de ello, la Jamaat-e-Islami no consideró necesario presentar la personalidad del Maulana como algo grandioso ante la gente para la causa del movimiento islámico. El Maulana estaba tan atento a este asunto que no permitió celebrar su cumpleaños. Incluso después de su fallecimiento, en ningún lugar del subcontinente se celebran su nacimiento ni su muerte. Y eso que en Bangladesh, India, Pakistán y Sri Lanka la Jamaat-e-Islami existe como organización pública. Sin embargo, en ningún lugar se está exaltando la personalidad del Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él).
El Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) analizó los problemas de la época moderna y las diversas soluciones elaboradas por el ser humano, señaló claramente sus deficiencias a la luz del Corán y el hadiz, y presentó la solución islámica con tal competencia que a personas de educación moderna como nosotros nos resultó fácil comprender el islam. Por eso, en la época moderna se ha vuelto imposible llevar a cabo el movimiento islámico sin la literatura islámica escrita por el Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él). Por tanto, la Jamaat-e-Islami se ve obligada a beneficiarse de sus libros. Si el objetivo hubiera sido promover al Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él), sin duda se celebrarían su cumpleaños y el aniversario de su muerte.
El verdadero líder de la Jamaat-e-Islami es precisamente el Profeta del mundo, a quien el Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) enseñó a seguir como único líder en todos los ámbitos de la vida. Cuando el Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) era el amir de la Jamaat, nunca se mostró hacia él una devoción excesiva. Solo Allah, el Altísimo, puede concederle su verdadera dignidad. La Jamaat no asumió ninguna responsabilidad de aumentar su dignidad en este mundo.
Quinto: Durante casi siete años tuve la oportunidad de reunirme con grandes pensadores islámicos y ulemas eminentes de muchos países del mundo, incluido el mundo árabe. Encontré que todos ellos eran grandes admiradores del Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él). Todos lo reconocieron como el más grande pensador islámico de esta época. Fuera de Pakistán, India y Bengala, ninguna personalidad islámica planteó objeciones a los escritos del Maulana. Y eso a pesar de que su literatura ha sido ampliamente traducida al árabe y al inglés.
Al leer en la literatura del Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) la misma interpretación del islam que sostienen los grandes pensadores islámicos del mundo, llegué a la conclusión de que los pocos ulemas de nuestro país que emitieron fetuas contra el Maulana probablemente no habían leído bien su literatura.
En las décadas de los treinta y los cuarenta de este siglo, en el contexto del movimiento por la India unida frente al movimiento por Pakistán, el firme pensamiento político islámico del Maulana Maududi se oponía a la ideología política de muchos grandes ulemas. De parte de estos últimos se difundieron esas fetuas. Por tanto, parece que fueron emitidas por razones políticas. No se encuentra una base religiosa sólida para ninguna de esas fetuas.
Fetuas contra la Jamaat
La Jamaat-e-Islami no pierde el tiempo entablando disputas con quienes emiten y difunden fatwas contra ella. Las fatwas de este tipo, difundidas por quienes no luchan contra las fuerzas de la falsedad, no tienen ningún valor para los musulmanes conscientes: aquellos que no tienen ningún enfrentamiento con la jahiliya moderna, que no cuentan con ningún programa para el establecimiento del din y que no hacen nada de manera organizada para hacer triunfar al islam. Tal vez su propósito sea mantener alejadas de la Jamaat, mediante estas fatwas, a las pocas personas que sienten una devoción ciega por quienes las difunden.
La Jamaat reconoce sus servicios religiosos y no alberga ninguna animosidad contra ellos. En el contexto del movimiento islámico, no los considera sus adversarios. Los adversarios de la Jamaat son los movimientos secularistas, socialistas y nacionalistas estrechos. En el conflicto entre el din de la verdad y el din de la falsedad que se libra en el país, esas fatwas, ciertamente, están siendo utilizadas en favor de la falsedad. Aun así, la Jamaat no se preocupa por las fatwas, porque no quiere hacer ni decir nada contra quienes las emiten. La Jamaat no los considera una fuerza opositora. No tiene ninguna lucha con ellos.
De las declaraciones de estas fatwas se desprende que quienes las emiten consideran objetables algunas afirmaciones de los libros de Maulana Mawdudi (que Allah tenga misericordia de él) y, puesto que él es el fundador de esta Jamaat, creen necesario emitir la fatwa también contra la Jamaat. Ya he dicho que es irracional considerar cada afirmación de Maulana Mawdudi (que Allah tenga misericordia de él) como una declaración de la Jamaat. Si es necesario emitir una fatwa, debería emitirse contra el autor mismo, no contra la Jamaat.
No es necesario que todos estén de acuerdo con cuanto aparece en los libros escritos por Maulana Mawdudi. Por tanto, si entre los ulemas hay quienes encuentran errores en sus escritos y los critican desde una perspectiva erudita, basándose en los argumentos del Corán y los hadices, los miembros de la Jamaat también se beneficiarán de sus conocimientos. Todos pueden cometer errores de iytihad. Si eruditos cualificados señalan esos errores, prestarán un gran servicio al din. Naturalmente, esta es una tarea bastante difícil. Si, en lugar de realizarla, se considera fácil emitir fatwas, la dignidad de quienes las emiten no aumenta por ello. Allí donde se libra la lucha entre la verdad y la falsedad, estas fatwas sirven de apoyo a la falsedad.
Si los emisores de fatwas establecieran una organización religiosa mejor que la Jamaat-e-Islami con el propósito de cumplir la grandiosa responsabilidad del establecimiento del din, y trabajadores como nosotros consideráramos que, al unirnos a la organización que ellos hubieran establecido, alcanzaríamos con mayor éxito el objetivo por el cual nos incorporamos a la Jamaat para establecer el islam, no dudaríamos ni un instante en abandonar esta organización y unirnos a la suya. Pero cuando quienes no tienen un programa para el establecimiento del din consideran cumplido su deber al emitir fatwas contra la Jamaat, su prestigio también se deteriora ante sus mu’taqids conscientes, seguidores y discípulos.
No hay nada más que decir sobre esos servidores del din como ellos, salvo pedir a Allah Todopoderoso que les conceda la capacidad de comprender que emitir estas fatwas no constituye ningún servicio verdadero al islam, sino que, mediante ello, sus nombres están siendo incluidos en la lista de opositores al movimiento islámico. Solo en el tribunal del Más Allá se verá finalmente quiénes trabajaron en favor de la verdad y quiénes fueron auxiliares de la falsedad.
Solicito a los emisores de fatwas que examinen correctamente el esfuerzo que la Jamaat-e-Islami está realizando por el establecimiento del din. Les pido que no empleen en obras negativas la capacidad que Allah Todopoderoso les ha concedido, sino que la dediquen a obras positivas en favor del islam. Y si, con la intención de reformar a la Jamaat-e-Islami, señalan cualquier tipo de error o deficiencia, la Jamaat les agradecerá este grandioso servicio. Quienes intentan realizar este tipo de reformas con un corazón sincero no hablan en el lenguaje de las fatwas.
Maulana Mawdudi (que Allah tenga misericordia de él): fatwa contra él
Maulana Sayyid Abul A‘la Maududi (que Allah tenga misericordia de él) escribió más de cien libros, grandes y pequeños, sobre el islam, incluidos un tafsir del Noble Corán y una biografía del Mensajero de Allah (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Sus innumerables lectores y lectoras están dispersos dentro y fuera del país. No es extraño que haya algunos errores y defectos en los escritos de quien ha escrito tanto. Si quienes se dedican al estudio del conocimiento critican sus escritos basándose en argumentos y pruebas, ello será sin duda beneficioso para la religión y constituirá un servicio a ella. Yo también me he beneficiado mucho al leer los escritos de algunos eruditos del subcontinente sobre este tema.
Sin embargo, algunas personas han tomado citas de sus diversos escritos y les han dado una interpretación tan distorsionada que cualquier lector que lea tanto el libro original como los escritos de los críticos se verá obligado a reconocer que la crítica no guarda ninguna relación con la idea principal del autor. El lenguaje de algunos críticos deja ver claramente su animadversión.
Quienes se oponen ciegamente y actúan con animadversión utilizan el arma de la fatua en lugar de emplear un lenguaje apropiado para la corrección; incluso las declaraciones de algunos llegan al nivel de los insultos vulgares. Quienes buscan la verdad solo podrán juzgar si intentan leer el libro original. Si quienes no han leído el libro original toman una decisión basándose únicamente en lo escrito por algún crítico, sin duda se cometerá una injusticia contra él. Un juez que dicta sentencia después de escuchar únicamente la denuncia del demandante, sin tomar la declaración del acusado, nunca puede ser llamado un juez justo.
No acepto que algo sea correcto simplemente porque lo haya escrito Maulana Maududi. Acepto las ideas que él presenta con pruebas del Corán y la Sunna solo después de verificarlas mediante mi razón y mi entendimiento. Por eso no dudo en aceptar las palabras de quienes lo critican basándose en pruebas y argumentos. La razón es que no considero infalible a Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él). Pero no considero dignas de consideración las palabras de quienes hablan con el lenguaje de la fatua, pues su propósito parece ser desorientar a la gente, más que corregir los errores del Maulana.
Varios eruditos de Bangladesh han presentado fuertes objeciones contra el libro de Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) titulado “Khilafat y Mulukiyyat”. Entre ellos, considero ciertamente digno de lectura el folleto “Corrección de errores”, escrito por Hazrat Maulana Shamsul Haq Faridpuri (que Allah tenga misericordia de él). Maulana Faridpuri amaba profundamente a Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) y también me trataba con gran afecto. Debido a mi trato cercano con él, sabía que tenía objeciones considerables respecto de “Khilafat y Mulukiyyat”. No atacaba la intención de Maulana Maududi ni lo consideraba contrario a los nobles Compañeros. Maulana Faridpuri consideraba chiíes a algunos de los historiadores citados por Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) al escribir “Khilafat y Mulukiyyat”, y creía que el autor había llegado a conclusiones erróneas como consecuencia de aceptar las opiniones de historiadores chiíes.
Por el lenguaje que Maulana Faridpuri (que Allah tenga misericordia de él) utilizó al criticar el libro “Khilafat y Mulukiyyat”, se entiende que no albergaba animadversión y que escribió basándose en una sinceridad plena. Esto queda claro desde el propio título “Corrección de errores”. No escribió con la intención de desorientar al pueblo. Intentó corregir aquellos pasajes de los escritos de Maulana Maududi en los que consideró que había errores. Sin embargo, en algunos lugares del libro hay palabras que no concuerdan con el lenguaje decoroso que era propio de Maulana Faridpuri (que Allah tenga misericordia de él). Solo Allah, el Altísimo, sabe si esas palabras fueron añadidas por otra persona. El editor del libro añadió al principio declaraciones sumamente indecorosas de varios eruditos. Esto hace sospechar que no todas las afirmaciones del libro pertenecen a Maulana Faridpuri.
Pido a quienes desean ser justos y buscar la verdad que lean y comparen el libro “Khilafat y Mulukiyyat” con “Corrección de errores”, escrito por Maulana Faridpuri (que Allah tenga misericordia de él). Las respuestas a todas las objeciones planteadas en “Corrección de errores” también se encuentran en la parte final del libro original. Después de leer el libro, basta con no aceptar aquellos pasajes en los que el lector considere que Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) se equivocó. No es necesario que todo lo que diga un autor sea correcto.
Sin embargo, es sumamente lamentable que, basándose en lo expuesto sobre Hazrat Muawiya (que Allah tenga misericordia de él) en el libro “Khilafat y Mulukiyyat”, algunos críticos hayan intentado demostrar que Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) era un difamador e insultador de los nobles Compañeros. El lenguaje lleno de animadversión de sus escritos da la impresión de que Maulana Maududi hubiera escrito el libro con el propósito de suscitar odio hacia los Compañeros; sin embargo, no sé si han leído las alabanzas exaltadas y emotivas que, conforme a la doctrina de Ahl al-Sunna wa al-Jama‘a, el tafsir de Maulana titulado “Tafhim al-Qur’an” y sus demás libros contienen acerca de los nobles Compañeros. El tema tratado en “Khilafat y Mulukiyyat” está relacionado con ciertos acontecimientos dolorosos de la historia del islam, de modo que a cualquiera que escriba sobre este asunto le resulta imposible demostrar simultáneamente que Hazrat Ali (que Allah tenga misericordia de él) y Hazrat Muawiya (que Allah tenga misericordia de él) estaban ambos en lo correcto. Según la doctrina de Ahl al-Sunna wa al-Jama‘a, Hazrat Ali (que Allah tenga misericordia de él) forma parte de los califas rectamente guiados. Hazrat Muawiya (que Allah tenga misericordia de él) no reconoció el califato de Hazrat Ali (que Allah tenga misericordia de él). En esas circunstancias, ¿cómo podrían ambos tener el mismo rango?
El Maulana Faridpuri intentó demostrar que Hazrat Muawiya (que Allah tenga misericordia de él) era un califa mucho más competente que Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él). Afirmó que todas las acusaciones contra Hazrat Muawiya (que Allah tenga misericordia de él) eran completamente falsas. A pesar de ello, por qué la umma musulmana no considera a Hazrat Muawiya (que Allah tenga misericordia de él) como parte de los califas rectamente guiados es una gran cuestión.
Aunque Hazrat Muawiya (que Allah esté complacido con él) era un Compañero, Ahl al-Sunnat wa al-Jamaat no lo considera parte de los califas rectamente guiados. En lugar de llamarlo califa, se le llama Amir Muawiya (que Allah esté complacido con él). Sin duda, debe haber una razón para ello. Aunque reconocen que Hazrat Muawiya (que Allah esté complacido con él) prestó grandes servicios al islam, los historiadores han señalado que, desde el punto de vista de los principios y el ideal del califato islámico, su política no fue correcta. Todos los que han intentado argumentar en favor de Hazrat Muawiya (que Allah esté complacido con él) se han visto obligados a declarar culpable al califa rectamente guiado Hazrat Ali (que Allah esté complacido con él). Por tanto, esta historia es tan problemática que resulta prácticamente imposible considerar a estos dos hombres poseedores del mismo rango.
Por ello, quienes tratan este asunto por una necesidad ineludible de la historia no deberían difundir innecesariamente sus opiniones entre el público en general. Si quienes no son historiadores entran en debate sobre este tema, existe el riesgo de que se produzca fitna.
Al tratar los principios fundamentales de la constitución islámica, el Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) señaló el Corán, la Sunna y el ijma como fuentes de la ley. Ijma significa veredicto unánime. Si alguien acepta como prueba jurídica o evidencia de la sharía el consenso de los ulemas de la umma de Muhammad sobre un asunto, no hay razón para dudar de que considere el consenso de los Compañeros del Profeta una prueba de rango aún más elevado.
En 1950, en la conferencia celebrada en Karachi bajo la presidencia de Allama Sayyid Sulaiman Nadvi (que Allah tenga misericordia de él), en la que treinta y un grandes ulemas de todas las tendencias proclamaron los veintidós principios fundamentales del sistema de gobierno islámico, el Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) desempeñó un papel destacado. Entre los treinta y un mejores maulanas del entonces Pakistán, el Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) ocupaba una posición distinguida. Quienes emiten fetuas contra una persona así solo menoscaban su propia dignidad. Refutar mediante argumentos las declaraciones del Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) es ciertamente un deber religioso. Pero pido a todos los involucrados que consideren si la difusión de fetuas está beneficiando de algún modo a la religión.
Creo que no sería inoportuno mencionar aquí otra cuestión. Algunos ulemas de Pakistán, India y Bangladesh ciertamente han hecho comentarios desfavorables contra el Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él). Sin embargo, los grandes ulemas y pensadores islámicos del mundo reconocen al Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) como uno de los más destacados ulemas del mundo actual y como un gran especialista del islam. Sus obras de exégesis y sus demás libros han sido traducidos a cuarenta idiomas del mundo, y la luz del islam está llegando a millones de personas. Por tanto, unas pocas personas de este país no podrán ocultar esa luz mediante fetuas ni mantenerla reprimida. Creo que, si leyeran con atención los libros del Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él), les gustarían.
Al servicio de los nobles ulemas y mashayekh
Siento un profundo respeto por los nobles ulemas y los grandes mashayekh. Porque ellos son los herederos de los profetas. De ellos se obtiene el conocimiento del Corán y la Sunna. Para las personas sin educación, no existe otro camino para aprender el conocimiento y la práctica religiosos que acudir a su servicio. Incluso las personas modernas y educadas no tienen otra opción que buscar la ayuda de los nobles ulemas y los mashayekh si desean obtener un conocimiento correcto del islam y seguir al Mensajero. El amplio conocimiento de la religión debe obtenerse del Corán y del hadiz, y yo mismo soy testigo de que los angloparlantes educados y los titulados de colegios y universidades no tienen otra opción que contar con la ayuda de quienes poseen conocimiento en esta materia.
No tuve la fortuna de estudiar en ninguna madrasa qaumí o alia para adquirir un conocimiento profundo del Corán, el hadiz y el fiqh. El poco conocimiento que Allah el Altísimo me concedió lo obtuve por medio de ulemas y jeques veraces. Debido a la insistencia especial de mi padre, que era un erudito, me vi obligado a estudiar árabe como una de las materias principales hasta la licenciatura; con el poco dominio de la lengua árabe que había adquirido, intenté estudiar algo sobre el islam. Desde mi época escolar tuve la oportunidad de leer en bengalí los libros traducidos de Hazrat Maulana Ashraf Ali Thanvi (que Allah tenga misericordia de él). Cuando era estudiante de octavo grado, en 1938, me sentí profundamente atraído por los sermones razonados de Hazrat Thanvi (que Allah tenga misericordia de él), de quien era lector habitual desde entonces de la revista mensual llamada “Neyamat”. Por ello, gracias a mi labor como traductor de los escritos de Hazrat Thanvi (que Allah tenga misericordia de él), establecí una relación estrecha con Hazrat Maulana Shamsul Haque Faridpuri (que Allah tenga misericordia de él).
Unos meses antes del examen de maestría, en 1950, influido por la Tabligh Jamaat, después del examen salí para realizar tres chillas. Tuve la oportunidad de hacer la chilla junto con Hazrat Maulana Abdul Aziz, el amir de la Tabligh Jamaat en este país, y durante el viaje a Hindustán con ocasión de la chilla de Tabligh, la compañía de numerosos ulemas capacitados me inspiró a consagrar mi vida al camino de la religión. Gracias a la capacidad que Allah el Altísimo me concedió para trabajar regularmente durante cuatro años y medio en la Tabligh Jamaat, nació en mi vida esta convicción: la religión del islam debe ser la única misión u objetivo de la vida musulmana.
En 1952, al relacionarme con el Majlis-e-Tamadun, tuve la oportunidad de comprender el islam como un movimiento revolucionario. Entonces comencé a estudiar el islam también desde la perspectiva de que la vida del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no se limitó únicamente al ámbito religioso, sino que el Mensajero llevó a cabo una revolución asimismo en la vida social, estatal y económica. Fue precisamente a través del Majlis-e-Tamadun como tuve por primera vez la oportunidad de leer algunos libros de Maulana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) en bengalí y en inglés.
Durante los dos años siguientes continué trabajando con dedicación plena en la Tabligh Jamaat y en el Majlis-e-Tamadun. Al trabajar simultáneamente con estas dos organizaciones, tuve la oportunidad de leer detenidamente los libros de ambas corrientes. Entonces comprendí que, para los aspectos religiosos y espirituales del islam, era indispensable para mí permanecer en la Tabligh Jamaat, mientras que me resultaba imposible abandonar el Majlis-e-Tamadun por los aspectos políticos, económicos y demás del islam. Después de aceptar de corazón y alma el islam como un sistema de vida completo, no encontraba el alimento que necesitaba mi espíritu sediento únicamente en la Tabligh Jamaat o en el Majlis-e-Tamadun. Por ello intenté alcanzar un islam completo mediante la combinación de ambas.
En aquella época se celebraba una gran reunión mensual de la Tabligh Jamaat en la mezquita Shahi de Lalbagh. Yo también tenía que pronunciar discursos allí. Al escuchar los discursos sobre los seis principios que pronunciaba desde la plataforma de Tabligh, Hazrat Maulana Shamsul Haque Faridpuri (que Allah tenga misericordia de él) comentaba sobre mí a sus allegados: “Este hombre no puede sentirse satisfecho con el programa de la Tabligh Jamaat”. Más tarde, cuando fui a visitarlo después de incorporarme a la Jamaat-e-Islami, dijo, poniendo como testigos a muchos de los presentes: “¿Acaso no dije que la Tabligh Jamaat no podría retenerlo?”. Al oír sus palabras, comprendí que, incluso cuando pronunciaba discursos desde la plataforma de la Tabligh Jamaat, quizá el tono de la revolución islámica del Majlis-e-Tamadun se manifestaba en mis palabras. Por eso una persona tan erudita pudo percibirlo. Como me animó después de mi incorporación a la Jamaat-e-Islami, quedé aún más convencido.
En 1968 escribí en el prólogo de mi libro en inglés titulado A Guide to Islamic Movement (Guía del movimiento islámico): “Por medio de mi padre había comprendido el islam simplemente como una religión. A través de los escritos de Hazrat Maulana Thanvi (que Allah tenga misericordia de él) y de la compañía de Maulana Faridpuri (que Allah tenga misericordia de él), comprendí que el islam es una gran misión y que consagrar la vida a ella es una exigencia de la fe. Al llegar a la Jamaat-e-Islami comprendí que el islam es un movimiento revolucionario mediante el cual esforzarse por establecer la ley de Allah en la tierra de Allah constituye el mayor deber obligatorio en la vida del creyente. Ahora reconozco agradecido que Hazrat Thanvi, la Tabligh Jamaat, el Majlis-e-Tamadun y la Jamaat-e-Islami me inspiraron sucesivamente a convertirme en un musulmán verdadero. Al llegar a la Jamaat-e-Islami tuve la oportunidad de conocer detalladamente la forma completa del islam.
Fuera de la Jamaat-e-Islami mantenía relación con varios grandes ulemas, de quienes recibí abundante luz sobre distintos aspectos de la religión. Como me tenían afecto, me permitían obtener de ellos mucho beneficio incluso en poco tiempo. A través de Hazrat Maulana Shamsul Haque Faridpuri (que Allah tenga misericordia de él), tuve la fortuna de estrechar relación con un gran sabio como Hazrat Maulana Nur Muhammad Azmi (que Allah tenga misericordia de él). En Bangladesh no encontré personas de mente tan amplia como estos dos en cuanto al respeto por toda clase de servicio religioso y por todas las organizaciones religiosas, ni en cuanto a mantener una actitud generosa hacia todos. Aunque tuve la oportunidad de relacionarme estrechamente con estos dos durante mucho más tiempo que con los demás, también aprendí muchas lecciones valiosas sobre los otros. Entre ellos, merecen una mención especial:
Hazrat Maulana Sayyid Mahmud Mustafa al-Madani, mártir (que Allah tenga misericordia de él)
Hazrat Mawlana Muhammad Akram Khan (que Allah tenga misericordia de él)
Hazrat Mawlana Abdullahil Kafi Al-Quraishi (que Allah tenga misericordia de él)
Hazrat Mawlana Atahar Ali (que Allah tenga misericordia de él)
Hazrat Mawlana Muftí Dini Muhammad Khan (que Allah tenga misericordia de él)
Hazrat Mawlana Muftí Saiyid Amimul Ihsan (que Allah tenga misericordia de él)
He tenido la fortuna de entrar en contacto estrecho con numerosos ulemas de Pakistán, Hindustán y Bangladesh pertenecientes a la Jamaat-e-Islami. Los libros de ellos y de muchos pensadores islámicos ajenos a la Jamaat se convirtieron en provisión para mi vida religiosa.
Mediante esta exposición deseo dejar claro que, para innumerables personas modernas y educadas como nosotros, no existe otro medio que la ayuda de los ulemas y los mashayij para aprender sobre el conocimiento y la práctica del islam. Por la gracia de Allah, hoy, en las escuelas, colegios y universidades, incluso la comunidad estudiantil se ha sentido atraída hacia el islam gracias a los libros de Mawlana Maududi (que Allah tenga misericordia de él) y de otros honorables ulemas. En los lugares donde ese sistema educativo está formando personas cuyas mentes, intelecto y carácter son contrarios al conocimiento y la práctica islámicos, la literatura islámica que ha creado un despertar tan alentador fue escrita precisamente por los ulemas.
No cabe duda de que la mayoría de los libros que los estudiantes y demás miembros de la labor del movimiento islámico consultan para conocer los diversos aspectos del sistema de vida islámico y para comprender el Sagrado Corán a la luz del movimiento islámico del Mensajero son obras de Mawlana Maududi (que Allah tenga misericordia de él). También adquieren un conocimiento considerable mediante los libros de otros ulemas del pasado y del presente, escritos sobre la base del Corán y los hadices, que están disponibles en bengalí. Sin embargo, como no hay manera de prescindir de estos escritos de Mawlana Maududi (que Allah tenga misericordia de él), todos leen sus libros por necesidad. Si algún otro hubiera contado con abundante literatura islámica y sus escritos hubieran podido establecer un movimiento sólido contra las ideas y los caminos contrarios al islam, muchos modernos y educados como nosotros habrían podido avanzar por este camino incluso sin la literatura de Mawlana Maududi (que Allah tenga misericordia de él).
¿Podrían los honorables ulemas y jeques mencionar el nombre de alguna otra persona cuya obra pueda impartirnos una enseñanza detallada sobre el sistema de vida islámico en un lenguaje apropiado para esta época? En esta situación, cuando algún erudito religioso emite una fatua contra el maulana Mawdudi (que Dios tenga misericordia de él), ¿qué impresión puede formarse sobre él entre los militantes educados del movimiento islámico? Cuando una persona religiosa dice: «No me gusta el islam de Mawdudi», surge naturalmente en la mente de los militantes la pregunta: el esfuerzo que Mawdudi (que Dios tenga misericordia de él) hizo por comprender el islam se ve claramente en sus obras escritas. Sin embargo, nadie ha tenido la oportunidad de saber si quien pronuncia esas palabras ha ofrecido alguna buena interpretación del islam. Entonces, ¿puede una declaración de ese tipo hacer que miles de militantes del campo formen una buena opinión sobre esa persona? Si hubiera podido presentar el islam correcto y demostrar que era capaz de protegerse del «islam erróneo de Mawdudi», quienes luchan contra la falsedad por la causa del islam lo habrían aceptado a él como líder y no habrían considerado necesario leer los libros del maulana Mawdudi (que Dios tenga misericordia de él).
Solicito con suma humildad a todos los ulemas y jeques sinceros que, por favor, dediquen algo de tiempo y esfuerzo a leer las obras del maulana Mawdudi (que Dios tenga misericordia de él): su exégesis en seis volúmenes, «Tafhim al-Qurán», y la obra en siete volúmenes que responde a las innumerables preguntas de la gente de esta época, titulada «Rasa’il wa Masa’il». No tomen una decisión basándose únicamente en los comentarios de otros; examinen ustedes mismos las obras y emitan su juicio. Es una enorme responsabilidad. Todos tendremos que rendir cuentas ante Dios.
¡Cuántas grandes fitnas se han alzado hoy en Bangladesh contra el islam! El secularismo, el nacionalismo basado en la lengua, el socialismo y otras fuerzas poderosas están conspirando para expulsar el ideal islámico de este país. Todo el pueblo puede ver quién está trabajando en favor del islam y hasta qué punto en el campo real para hacer frente a estas fitnas. Todos pueden ver a quiénes consideran verdaderos enemigos las fuerzas contrarias al islam. Quienes se están dedicando al movimiento islámico en el campo, incluidos los colegios y las universidades, y contra quienes los secularistas y los socialistas se han unido, ¿acaso no tienen derecho a recibir la ayuda, la simpatía y el apoyo de todos ustedes?
En estas circunstancias, quienes, sin emprender ningún movimiento contra los enemigos del islam, emiten fatuas contra el movimiento islámico calificándolo de «fitna de Mawdudi», ¿acaso su acción no favorece indirectamente a los enemigos del islam? Si existe un verdadero interés por el islam, lo natural es ayudar a los militantes islámicos que trabajan en el campo. Si alguien considera que algunas afirmaciones de los libros del maulana Mawdudi (que Dios tenga misericordia de él) no concuerdan con el Corán y el hadiz, debe señalar esos errores con argumentos. Señalar así los errores sería un gran servicio al islam, y los militantes del movimiento islámico estarían agradecidos a tales ulemas y jeques. Pero si, sin asumir siquiera esta molestia, se intenta cumplir la responsabilidad emitiendo únicamente una fatua, ¿cómo podrán quienes emiten fatuas ocupar un lugar de respeto ante las personas conscientes?
Ruego encarecidamente a los ulemas y jeques que sirvieron a los Compañeros que reflexionen y consideren especialmente una cuestión. Seguramente han observado cómo, en mi querida patria, Bangladesh, los partidos secularistas, proindios y socialistas intentan apoderarse del poder con apoyo extranjero. También existen muchas organizaciones de estos partidos entre la comunidad estudiantil. Tampoco desconocen la lucha que la Jamaat-e-Islami libra en el campo más amplio y que el Islami Chhatra Shibir libra entre los estudiantes contra estas fuerzas contrarias al islam. Consideren ustedes mismos cuál debe ser el deber de quienes aman el islam. En estas circunstancias, ¿acaso no es un deber religioso ayudar y cooperar con la Jamaat-e-Islami? Si, por no cumplir este deber, las fuerzas contrarias al islam resultaran victoriosas, todavía tienen tiempo para pensar si conservarán la oportunidad de continuar con sus actuales servicios religiosos.
Por último, quiero solicitar que nos ayuden a identificar cualquier afirmación de los libros escritos por el maulana Mawdudi (que Dios tenga misericordia de él) que contradiga la doctrina de Ahl al-Sunna wa al-Yama’a. Creemos pertenecer a Ahl al-Sunna wa al-Yama’a. Por ello, si sus libros contienen errores en este aspecto, de ningún modo los aceptaremos. También quiero llamar la atención de todos sobre otro asunto. Algunas personas separan ciertas afirmaciones del maulana Mawdudi (que Dios tenga misericordia de él) del contenido de la obra original —sin su contexto— y las presentan de tal manera que se produce confusión. Por tanto, no es seguro llegar a ninguna conclusión basándose únicamente en una afirmación aislada, sin consultar el libro original.
Mantengo un amplio contacto con innumerables personas educadas de formación moderna. La mayoría de ellas no tiene un buen conocimiento de la comunidad de los ulemas. Debato con ellas y les explico que el conocimiento religioso debe obtenerse de los ulemas. Si no se les tiene respeto, ¿de dónde se obtendrá el conocimiento religioso? Para que la comunidad de los ulemas sea considerada digna de respeto por las personas educadas de formación moderna, en lugar de criticar al maulana Mawdudi (que Dios tenga misericordia de él) con el lenguaje de una fatua, deben señalar sus errores con la intención de corregirlos. Las personas educadas que desean conocer el islam encuentran en los libros de Mawdudi su principal recurso. Si, a causa de las fatuas, surge en sus mentes desprecio por los ulemas y los jeques, se producirá un enorme perjuicio para la religión. Pero si señalan sus errores con un lenguaje lleno de comprensión, aumentará aún más el respeto que les tienen.
— Fin —